Sie sind auf Seite 1von 2

SIRVIENDO CON GOZO

“Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien,


por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que
ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (Hebreros
12:2 NVI).
Era un estudiante de secundaria y mi deporte favorito era el basquetbol, mis
padres no podían comprarme zapatillas caras así que estaba acostumbrado a
usar zapatillas baratas; no eran muy cómodas y tampoco duraban mucho que
digamos, pero era lo que tenía a la mano. Ver a mis amigos usar zapatillas de
marcas reconocidas y ver la calidad de las mismas, me animo a tomar la decisión
de comprarme un par de esas. Aunque el precio parecía muy alto, me propuse
trabajar, ahorrar y privarme de algunas cosas por conseguir lo que serían mis
primeras zapatillas de cuero. Recuerdo haber ido varias veces a la tienda solo
para ver esas zapatillas en la vitrina, ello me motivaba a esforzarme más para
reunir el dinero suficiente para comprarlas. Aunque me costó sacrificio, por fin lo
logré, valió la pena todo el esfuerzo y la espera, eran tan cómodas y las puede
usar por mucho más tiempo que las otras. Cuando tenemos un propósito claro,
una visión nítida de lo que se espera, todo esfuerzo, todo sacrificio, toda espera,
todo tiene sentido y todo se hace con gozo, con satisfacción.
Si le preguntáramos al Señor Jesús: ¿Se puede tener gozo, en el esfuerzo, en
el sacrificio y aun en el sufrimiento?, estoy seguro que nos respondería con un
contundente ¡Sí! Esto podría sonar contradictorio ya que por lo general
concebimos la alegría como una experiencia donde no hay dolor ni sufrimiento.
Pero el Señor soporto la cruz y la vergüenza con gozo, sí, él se gozó, no por
sufrir los dolores de la cruz lógicamente, sino por el resultado de su sacrificio. Él
se gozó al ver que su sacrificio glorificaría al Padre y traería salvación a un
incontable número de personas “de toda lengua y nación”. Si, ese era su más
grande gozo y propósito por eso oró: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como
en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10 RVR).
Ese mismo sentir de honrar a Dios dando testimonio a todos del inmenso amor
de Dios fue lo que llevo al apóstol Pablo a decir: “No me importa cuánto haya de
sufrir ni trato de salvar mi vida. Lo único que me importa es terminar con gozo mi
carrera y la tarea que me señaló el Señor Jesús: dar testimonio del inmenso
amor de Dios”. (Hechos 20:24 NBV).
Como podemos ver, el servicio a Dios y a las personas, no está exento de dolor,
sacrificio, esfuerzo, privaciones y peligros; pero todo ello no es suficiente para
robarnos el gozo de glorificar al Padre y ver personas siendo bendecidas por El.
Nada ni nadie puede robarnos este gozo de servir al Señor, porque no depende
de las circunstancias, situaciones y ni siquiera de la respuesta de las personas
sino solo de Dios. Podemos gozarnos en medio de sufrimientos, peligros,
adversidades, privaciones y contradicciones solo porque es nuestro gozo
agradar al Señor y honrarle con todo nuestro corazón, esa es nuestra meta, esa
es nuestra visión y propósito. Y mientras tengamos esto claro, nada será capaz
de opacar nuestro gozo ni apagar nuestro servicio.
Es cierto, hay tiempos y circunstancias cundo es fácil servir al Señor con gozo,
pero humanamente hablando, no siempre tenemos los resultados que
esperamos, no todos responden como esperamos, no todos entienden lo que
hacemos ni porque lo hacemos, es más, como sucedió con nuestro Señor, a
veces recibimos una cruz en lugar de gloria. Pero no perdamos de vista la meta,
no perdamos de vista el resultado final “Glorificar a nuestro Dios y Padre”
“agradarle a Él” y esperar aquel día en que le veremos cara a cara y
escucharemos de sus labios decir: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido
fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).
Fijemos nuestra mirada en Jesús, no nos rindamos ante las contrariedades sino
sigamos sirviéndole con gozo y con todo el corazón sabiendo que un día
estaremos con El, pues como nos recuerda Pablo: “No nos cansemos, pues, de
hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9
RVR).
Dios te Bendiga.
Ptr. José Torres.
Iglesia Vida Abundante.

Jua 12:27 Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora?
Mas para esto he llegado a esta hora.
Jua 12:28 Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he
glorificado, y lo glorificaré otra vez.

Jua 15:8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis
discípulos.

Jua 8:29 Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre,
porque yo hago siempre lo que le agrada.

Mat 6:10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

Luc 22:42 diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi
voluntad, sino la tuya.