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¿QUE ES SER EMPRENDEDOR?

Los emprendedores tienen características comunes tales como el sentido de la oportunidad y


la constancia en su idea. Si es una persona decidida, toma este camino porque piensa que le
puede proporcionar mejores compensaciones que las que se podrían obtener como empleado
raso o con cargo directivo en una empresa.
Se ha definido al emprendedor como un productor de valores de mercado, que está en
permanente alerta para descubrir las oportunidades que aún no han sido descubiertas y actúa
en consecuencia para aprovecharlas.
Son individuos con visión, que manifiestan una conducta y orientan su comportamiento al
desarrollo de una actitud emprendedora, generando y aprovechando ideas innovadoras,
desarrollándolas como oportunidades de negocio rentable en las que normalmente
comprometen su tiempo y esfuerzo.
El emprendedor es una persona que percibe la oportunidad, que tiene confianza en su idea,
que tiene una capacidad de convocatoria y de convicción mayor que el promedio, que sabe
vender las ideas y, sobre todo, que tiene la capacidad de ofrecer resultados.
El espíritu emprendedor es sinónimo de innovación, cambio, fundación de una empresa y
toma de riesgos.
El emprendedor es una persona que, percibida una oportunidad que ofrece el mercado, tiene
la motivación, el impulso y la habilidad de movilizar recursos a fin de ir al encuentro de esta
oportunidad.
Una persona con fuerte confianza en sí mismo, en sus capacidades y en sus ideas; que es capaz
de transformarlas en realidades y apostar por ellas con todas sus fuerzas para sacarlas
adelante y convertirlas en empresas exitosas.
Un emprendedor es aquella persona que convierte una idea en un proyecto concreto, en una
realidad que genera algún tipo de innovación

¿QUE ES HACER EMPRESA?

En primer lugar, la empresa exige cierto afán de permanencia. No se hace una empresa con un
fin temporal predeterminado. Salvo casos excepcionales, no se funda una empresa con una
fecha acordada en la cual dejará de existir.

En segundo lugar, la empresa ha de tener una misión externa; esto quiere decir que su razón
de ser se basa en un producto o servicio que satisface alguna necesidad real de un cierto grupo
de personas. Cuando dos décadas atrás, en Estados Unidos, una organización comercial
desarrolló la Pet Rock, una línea de mascotas que no eran otra cosa que piedras de distinto
tipo y color que las personas adquirían y cuidaban como si fueran mascotas vivientes, no se
puede decir que estuviera satisfaciendo una necesidad real. Un tiempo después las piedras
mascota habían pasado a la historia, nadie sensato las mantenía en su poder salvo como
recuerdo de uno de los éxitos comerciales más absurdos del siglo XX. La organización que las
había comercializado hizo un buen negocio en términos financieros, pero no hizo empresa,
pues al no satisfacer una necesidad real, no pudo cumplir con la condición primera, la vocación
de permanencia.

En tercer lugar, la empresa mercantil ha de generar valor. En otras palabras, tiene que producir
riqueza, beneficios, utilidades, rentabilidad o como se le quiera llamar. Pero no alcanza con
que genere dinero. Una empresa lleva consigo el afán de generar la mayor cantidad de dinero
posible de acuerdo a las circunstancias que la rodean. Y eso lo consigue cuando satisface
necesidades reales. ¿Cómo darse cuenta si se está siguiendo este camino? Es sencillo: si esas
empresas ponen por delante la misión externa, sus directivos trabajan centrándose en
satisfacer a sus clientes, en cumplir su misión, en hacer aquello para lo que la empresa fue
creada. Saben que si lo hacen bien y si la necesidad que satisfacen es real, los resultados
económicos vendrán por añadidura. Por contrapartida, están aquellos otros directivos que se
focalizan en los números como si fueran el fin, y no se dan cuenta de que así destruyen sus
posibilidades de convertirse en empresarios. Los que sólo miran los números no hacen
empresa, hacen negocio.