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CAPITULO I

CUESTIONES PREVIAS

Una ciudad que se olvida de perpetuar sus cualidades, sus pensamientos y


características, será una ciudad llamada a desaparecer, diluido a otras
ciudades que si han sabido mantenerlas.
Hombres e instituciones pueden seguir viviendo; la identidad desaparece.
Por ende, debemos mantener nuestra identidad, revalorando nuestra
historia y proyectando nuestros ideales hacia un futuro próspero.
HISTORIA E IDENTIDAD DE CERRO DE PASCO
Quien quiera formarse una idea
del futuro mire el pasado, despierte sus
sentimientos de identidad hojeando la
historia oficial y popular.

Basadre enseño asumir una actitud razonablemente sensata, expectante frente al futuro; esto
es, ubicarse en una perspectiva de proyecto, de sentido teleológico, hacia delante. Dice sobre el
particular Ernesto Yépez; “Que la memoria histórica es lo único que nos mantiene unidos e
integrados. Es una línea invisible de continuidad lo que nos tiene eslabonados a la época
prehispánica, colonial y republicana”.

Descuidamos el cultivo de nuestra identidad y nos subordinamos a decisiones ajenas cuando


justamente necesitamos superiores niveles de vida, compatibles con la dignidad de la persona
humana. Nuestra educación no cultiva el desarrollo de la identidad y el espíritu de lucha contra
la injusticia y la opresión, ni el afán de afirmar y acrecentar los logros positivos de la nación
peruana, se limita por presión política del Gobierno de turno solo a instruir mal. Cuando sean
necesarios los ejemplos de nuestra historia nacional, regional o local es conveniente recurrir a
ellos para facilitar los aprendizajes. Un caso digno de muchos comentarios es el siguiente:

La primera huelga nacional, ante la mayor penetración imperealista favorecidos por el


régimen de Sánchez Cerro, en que se produjeron despidos masivos, rebaja de salarios, y el
desconocimiento de servicios sociales de la clase obrera, los maestros primarios del Perú
organizaron 107 bases sindicales en todo el país para participar en la “Marcha de los
hambrientos” organizados por la CGTP, en 1931, con su clara identidad de proletarios, que
culminó con la toma del Ministerio de Instrucción, Justicia y Culto. Frente a esas acciones el
Gobierno tuvo que restituir en sus cargos a los maestros subrogados y reapertura de la
Universidad Mayor de San Marcos. Ese ejemplo fue inolvidable en la historia sindical del
magisterio peruano pese a que afrontaron acciones represivas del Gobierno: cárcel, torturas,
desaparición de dirigentes, muertes y persecuciones.

Nuestra educación tiene contenidos divorciados de los intereses y preocupaciones de


las grandes mayorías nacionales de donde proviene el grueso del alumnado que concurre a
nuestras escuelas. Es la educación que no brinda ayuda para la vida y resulta incapaz de
estimular y promover en ellas el afán de alcanzar los más altos niveles de cultura. Nuestra
educación es superficialmente peruanista, obra de espaldas al Perú y no contribuye al
conocimiento de sus problemas, necesidades y derechos como nación. No refuerza la identidad
nacional y hace un uso retorico de símbolos que enmascara la verdad de la situación peruana,
como el caso de otorgar a Cerro de Pasco los títulos de “Ciudad Opulenta”, “Capital Minera del
Perú”, “Villa Minera de Cerro de Pasco” y “Ciudad Real de Minas”, o para esconder la miseria en
que vive, ahora derruido por el tajo abierto, la contaminación ambiental, la carencia parcial de
agua potable, la pobreza y la extrema pobreza. A falta de actividades reflexivas algunos
pasqueños todavía se dan por agredidos cuando se analiza si esos mensajes alienantes son
verdaderos o falsos, si son referidos a los propietarios de las minas o a la población laboral
cerreña. Se sienten “orgullosos” (no engañados) por semejantes títulos, creen vivir en la
opulencia a pesar de no poder satisfacer sus necesidades básicas.

Nuestros gobernantes y autoridades educativas ignoran o pretenden ignorar


intencionalmente que, cuando nuestra cultura es original y vigorosa y expresa la auténtica
personalidad de una nación el vehículo educativo cumple una función de afianzamiento y
expansión del ser nacional. Pero, por ser el contrario, cuando la cultura es defectiva, su
transmisión y mantenimiento mediante la educación hace de esta un instrumento alienante.

Lo que importa es el hombre y su sentido humano que crecen de adentro hacia fuera y
no la imposición mecánica de ideas que van de afuera hacia adentro como en el acto instructivo
tradicional. Por eso, identificarse el uno con el otro en todas sus circunstancias humanas es una
necesidad social en tanto el hombre debe trascender. La multiplicidad de hechos históricos
resume la realización de estas connotaciones para que ahora venciendo el tiempo se evoque el
pasado, se viva el presente como un reto y se espere en el futuro mejorar nuestros niveles de
vida en toda área.

Hay necesidad de cultivar nuestra identidad de peruanos y de pasqueños, por eso el


currículo debe buscar en todo momento la conexión con la realidad social y económica del país.
Es indispensable una verdadera movilización social para alcanzar los objetivos de una nueva
educación que pretenda formar al hombre en todo cuanto tiene el hombre y no se satisfaga con
solo transmitir datos y conocimientos aislados de cualquier modo. Sin menoscabo de la libertad
de conciencia, la nueva educación debe vigorizar las fuerzas espirituales de los educandos, con
el objetivo de lograr hombres moralmente responsables, cívicamente formados y abiertos a
todos los valores a partir de su identidad. A falta de reforzamiento de nuestra identidad nacional,
regional, local y personal, nuestra situación de dependencia cultural se proyecta en hábitos de
imitación que se traduce en suerte de colonialismo mental que invalida la creatividad y la
posibilidad de una cultura de fisonomía propia.

El hombre no es solo fruto de la historia y de las fuerzas que lo mueven. Tampoco la


historia es el resultado de la sola voluntad humana. El hombre no está en la historia, sino, es
historia.

Porque la historia e identidad debieron incidir en el hombre situado y fechado (en


nuestro caso pasqueño del siglo XXI) entre otros factores es necesario retomar los hechos
históricos oficiales y populares. Con la intencionalidad de ofrecer a las nuevas generaciones
hechos históricos significativos de la región de Pasco a fin de fomentar mayores criterios y
mejores actitudes de identidad personal, local, regional y nacional. Pues, Pasco (la patria chica)
y Perú (la patria grande) deben ser imágenes de hombres con identidad y compromiso.