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RECIENTES ESTUDIOS SOBRE ARQUEOLOGIA ANDALUSI

• EN EL SUR DE AL-ANDALUS

Manuel Acién Almansa

Para concretar desde un primer momento lo que puedo decir sobre los
recientes estudios de arqueología andalusí en el S de al-Andalus es necesario
referirse a modo de preámbulo a dos problemáticas muy distintas entre sí,
pero totalmente necesarias para el correcto entendimiento de la exposición.
Una de esas problemáticas es la que se refiere a que las novedades en
arqueología andalusí no son un hecho aislado, sino que hay que contem-
plarlas dentro del contexto más amplio de la estructuración de la arqueo-
logía andaluza en general, por lo cual el punto de partida viene impuesto
con el momento de las transferencias de las competencias arqueológicas
del Estado central a la Comunidad Autónoma, hecho que tiene lugar en el
año 1984. La otra problemática, de signo muy distinto, atiende a que
buena parte de esos recientes estudios forman parte de proyectos a medio
o largo plazo, que, por lo tanto, se siguen ejecutando por los respectivos
equipos o investigadores y, en consecuencia, se encuentran al amparo de
la propiedad intelectual de sus autores; por esta causa, en la presente co-
municación me centraré en los trabajos que viene realizando mi equipo,
limitándome en los restantes proyectos a las aportaciones ya publicadas o
a la mera enunciación de sus títulos y objetivos. Diré, no obstante, que
esta limitación que asumo convencidamente, para el lector se verá paliada
al estar presentes en este mismo Seminario investigadores como Miquel
Barceló o Patrice Cressier, vinculados a varios de esos proyectos.
Como decía, las novedades de la arqueología andalusí se integran en el
ámbito más amplio de la estructuración de la arqueología andaluza en
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MANUEL ACIEN ALMANSA

general, por lo que aludiré en principio a sus líneas fundamentales de


carácter administrativo, parcela de la que nos solemos olvidar los investi-
gadores, pero que es de justicia reconocer y adjudicar a sus legítimos auto-
res. Dichas líneas fundamentales establecen una división en las actuaciones
arqueológicas desde el punto de vista administrativo en actuaciones siste-
máticas y actuaciones de urgencia, sin que ello suponga la exclusividad de
la investigación o la articulación en proyectos para las primeras, como
ahora se verá, además de que el apartado presupuestario, creo que con
buen criterio, se inclina más hacia las segundas.
Con respecto a la arqueología sistemática, la novedad más sugestiva
quizás consista en la inserción de las posibles actuciones en proyectos de
investigación en objetivos, fases, equipo, etc., siendo dichos proyectos los
que se aprueban en su globalidad, independientemente de que con carácter
anual se autoricen las actuaciones previstas dentro del proyecto. Se trata
con ello de supeditar la arqueología a la problemática histórica, intentando
impedir vicios consolidados como la identificación entre yacimiento e in-
vestigación, hipervaloración de los materiales, etc.
En cuanto a lä arqueología de urgencia, su apuesta fundamental consiste
en evitar las emergencias (aquí la terminología es arbitraria pero ya con-
solidada en la Comunidad) mediante una arqueología preventiva que re-
quiere la colaboración con el resto de las instituciones a nivel de gestión y
con los equipos de sistemática a nivel de investigación. De esta forma los
resultados aleatorios de las urgencias se incardinan en los proyectos de
investigación, redundando en un enriquecimiento para el proyecto, que se
ve así ampliado, y para la urgencia, dejando ésta de ser un dato aislado.
Dentro de la arqueología preventiva adquieren un especial significado la
arqueología urbana y la de apoyo a la restauración. La primera de ellas,
que en algunos lugares cuenta con equipos específicos, establece sus propios
proyectos de investigación con estrategias claramente determinadas para
unos objetivos prioritarios, rehusando la consecución indiscriminada de
información. Por su parte, la arqueología de apoyo a la restauración se ha
conseguido implantar como una premisa imprescindible para la labor ar-
quitectónica, y sus líneas han quedado establecidas a partir de la interven-
ción en la Cartuja de Sevilla, donde se ha podido experimentar con medios
casi ilimitados; al papel obvio de suministrar información o.elementos a la
restauración, se suma el interés para proyectos específicos i , correspondiendo
aquí al arqueólogo la autolimitación en la intervención, huyendo de exca-
vaciones extensivas en base al respeto debido al yacimiento.
Resta por tratar en este preámbulo dedicado a la administración la figura

1. Como, por ej., la intervención de P. Cressier en el castillo de Laujar de Andarax (Almería),


totalmente vinculada a sus investigaciones sobre la Alpujarra; P. CRESSIER, A. SUAREZ y
M. de CARDENAL-BRETON, Memoria de la excavaciOn de urgencia realizada en el recinto
de la Alcazaba de Laujar (Almería), 1985, en Anuario Arqueológico de Andalucía (en adelante
A.A.A.)I 1985, t. III, Actividades de urgencia, Sevilla, 1987, pp. 7-13.

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RECIENTES ESTUD1OS SOBRE ARQUEOLOGIA ANDALUSI: EL SUR DE AL-ANDALUS

de los conjuntos arqueológicos o monumentales, entre los cuales, en el ám-


bito que nos interesa se cuentan, además del de la Alhambra y Generalife,
con la autonomía que le confiere su Patronato, el de Madinat al-Zahrá y
el de la Alcazaba y cerco murado de Almería entre los arqueológicos, y el
de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, entre los monu-
mentales. Los conjuntos se conciben como unidades de gestión, dotados
de dirección y plantilla apropiada, más las respectivas comisiones técnicas
asesoras, si bien en el aspecto puramente arqueológico dependen de la mis-
ma organización que el resto de los yacimientos, actuándose en ellos a tra-
vés de las dos fórmulas: proyectos sistemáticos o la gama de las urgencias.
Este esquema administrativo lógicamente no recae sobre un medio idí-
lico, sino que los problemas son reales y constantes, pero su validez reside
en estar planteado y, por tanto, en saber qué camino seguir. Asimismo
explica en buena parte los estudios que se están realizando en la actualidad,
por lo que, con las limitaciones que antes indicaba, los expondré siguiendo
esa misma articulación.
Así pues, comenzando por la arqueología sistemática, además de los
proyectos en que están aquí presentes sus autores o codirectores, merecen
mencionarse el que dirige V. Salvatierra y F. J. Aguirre sobre el pobla-
miento islámico en la Campiña de Jaén, que ya cuenta con varias publica-
ciones 2 , y constituye un buen ejemplo de cómo con el aporte de los datos
e interpretaciones arqueológicos se pueden enriquecer los planteamientos
de la historia del islam que se venían utilizando hasta hace muy poco 3 ; el
mismo Salvatierra, junto con García Granados, había actuado en arqueo-
logía urbana, de lo que son buena muestra sus trabajos sobre el Maristán de
Granada, edificio nazarí que se creía totalmente perdido 4 , y en la actualidad
ya se ha dado la conveniente conjunción entre arqueología urbana y el
proyecto sistemáfico s . Otro proyecto realmente fructífero es el que dirige la
investigadora de la Casa de Velázquez Maryelle Bertrand, que se inició como
2. V. SALVAT1ERRA CUENCA y F. J. AGUIRRE SADABA, Prospección con sondeo estra-
tigráfico en «Cerro Miguelico» (Torredelcampo, Jaén), en A.A.A.I1986, t. II, Actividades
sistemáticas, Sevilla, 1987, pp. 242-246; V. SALVATIERRA CUENCA, F. J.; AGUIRRE
SADABA y M. a del M. GALVAN SANCHEZ, Prospecciones arqueolOgicas medievales en la
Campiña de Jaén, 1985, en A.A.A.I1985, t. II, Sevilla, 1987, pp. 97-100; V. SALVATIERRA
CUENCA y F. J. AGUIRRE SADABA, La cerámica medieval del yacimiento de Puente
Tablas (Jaén), en Estudios. Homenaje al profesor Alfonso Sancho Sáez, Granada, 1989, pp.
301-313; y la síntesis de los mismos autores, Cuando Jaén era S'ayyán, en Jaén, vol. II,
Historia, Granada, 1989, pp. 453-490.
3. Pese a que era de las mejores y más actuales monografías de carácter local; F. J. AGUIRRE
SADABA y M. a C. JIMENEZ MATA, Introducción al Jaén islámico (Estudio geográfico-
hisuirico), Jaén, 1979.
4. J. A. GARCIA GRANADOS, F. GIRON IRUESTE y V. SALVATIERRA CUENCA, El
Maristán de Granada. Un hospital islámico, Granada, 1989, donde se recoge la bibliografía
anterior.
5. Un precedente de ello es V. SALVATIERRA CUENCA y F. J. AGU1RRE SADABA, El
Baño del Naranjo en Jaén: notas sobre una transformación urbana, «Miscelánea de Estudios
Arabes y Hebraicos», XXXVI (1987), I, pp. 125-136.

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MANUEL ACIEN ALMANSA

un análisis de las viviendas rupestres, pero que ha evolucionado hacia el


estudio del poblamiento en el valle de Guadix, cuyos resultados parciales
constituyen ya un buen modelo, al mismo tiempo complejo y preciso6.
Por nuestra parte, el proyecto que v •nimos realizando trata sobre la
cultura material de la época del Emirato, con la pretensión de estudiar
cómo se llevó a cabo el proceso de islamización a partir de sociedades tan
distintas como las tribales o las protofeudales 7. Los trabajos se desarrollan
a tres niveles distintos, como son los de excavación, prospección y revisión
de las fuentes.
La primera de estas actividades se ha centrado en el yacimiento de El
Llano de Benítez en Pechina (Almería), la antigua Baána, donde a lo
largo de tres campañas de excavación se ha sacado a la luz un barrio
artesanal de dicha ciudad. Sobre ello existen ya diversas publicaciones8,
por lo que solamente resaltaré aquí que se trata de un yacimiento plena-
mente urbano, que representa un momento de islamización alcanzado por
una población híbrida, árabe e indígena, al margen del Estado cordobés y
con importantes relaciones con el mundo mediterráneo: actividades de los
sarracenos y contactos con los aglabíes principalmente. La excavación ha
aportado también unas pautas excelentes para conocer el ajuar cerámico
de época emiral, tanto del material de lujo vinculado a las poblaciones
islamizadas, como el de torno lento relacionado con un poblamiento rural
de altura, sobre cuya vigencia también ha aclarado bastante9.
6. Las cuevas artificiales medievales y su relación con la estructura de poblamiento en la Hoya
de Guadix (Granada), 1985, en A.A.A.I1985, t. II, Sevilla, 1987, pp. 185-192; Cuevas artificiales
y estructuras de poblamiento medievales de la Hoya de Guadix (Granada), en A.A.A.I1986,
t. II, Sevilla, 1987, pp. 236-241; Trogloditismo artificial y estructuras medievales de poblamiento
de la Hoya de Guadix. Estudios comparativos con otras zonas de Andalucía oriental, en
A.A.A.I1987, t. II, Sevilla, 1990, pp. 200-206.
7. Los planteamientos teóricos y metodológicos del proyecto se pueden ver en mi colaboración,
La cultura material de época emiral en el sur de al-Andalus. Nuevas perspectivas, en I Encuentro
de Arqueología y Patrimonio. La cerámica altomedieval en el sur de al-Andalus, Salobreña,
16, 17 y 18 de octubre, 1990, (en prensa).
8. F. CASTILLO GALDEANO y R. MARTINEZ MADRID, Excavación sistemática del yaci-
miento hispano-musulman de Ba99ána. Pechina, Almería. • a campafia, 1985. Informe preli-
minar, en A.A.A.I1985, t. II, pp. 427-435; F. CASTILLO GALDEANO, R. MARTINEZ
MADRID y M. ACIEN ALMANSA, Urbanismo e industria en Ba99ána. Pechina (Almería),
en Arqueología Medieval Española. 11 Congreso, 1987, t. II, Comunicaciones, Madrid, 1987,
pp. 539-548; F. CASTILLO GALDEANO y R. MARTINEZ MADRID, II Campafia de
excavación sistemática en el yacimiento hispano-musulmán de Ba99ána, Pechina (Almería),
en A.A.A.I1987, t. III, pp. 665-671; F. CASTILLO GALDEANO y R. MARTINEZ MA-
DRID, La vivienda hispanomusulmana en Ba995na, Pechina (Almería), en La casa hispano-
musulmana. Aportaciones de la arqueología - La maison hispano-musulmane. Apports de
l'archéologie, Granada, 1990, pp. 111-127; y M. ACIEN ALMANSA, F. CASTILLO GAL-
DEANO y R. MARTINEZ MADRID, Excavación de un barrio artesanal de Ba99ána (Pe-
china, Almería), «Archéologie Islamique» 1 (1990), pp. 147-168.
9. Además del trabajo citado en nota 7, véase, en el mismo Encuentro, F. CASTILLO GAL-
DEANO y R. MARTINEZ MADRID, Producciones cerámicas en Ba99ána (en prensa); y
M. ACIEN ALMANSA y R. MARTINEZ MADRID, Cerámica islámica arcaica del sureste
del al-Andalus, «Boletín de Arqueología Medieval» 3 (1989), pp. 123-135.

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RECIENTES ESTUDIOS SOBRE ARQUEOLOGIA ANDALUSI: EL SUR DE AL-ANDALUS

En cuanto a la utilización de la prospección, ésta se ha realizado a su


vez en tres modalidades: de tipo intensivo, extensiva y toponímica. De
prospección intensiva hasta ahora se ha ejecutado tan sólo una primera
fase en la Hoya de Archidona (Málaga), con el objetivo que ya habia
anunciado de buscar el asentamiento de un j)und árabe en el momento de
establecerse en la Península 10. Pese a que la hipótesis de trabajo se basaba
en referencias textuales y algunos paralelos arqueológicos, sin embargo,
los resultados de la prospección invitan a la prudencia, pareciendo lo más
probable que ese gran recinto responda a un nivel protohistórico orienta-
lizante. No obstante, y aparte de resultados interesantes para la época
bajomedieval, la prospección reveló dos nuevos asentamientos de altura,
uno fortificado previo al califato en el cerro del Conjuro y otro, más
sorprendente, en la cima de Las Grajas, un pico extremadamente escarpado,
con presencia de cerámica verde y manganeso 1.
La prospección extensiva tiene como fin primordial el estudio del po-
blamiento de la primera época islámica, aunque lógicamente también ha
aportado otros resultados de los que hablaré más adelante. Por este medio
se ha encontrado una densa malla de asentamientos de altura, entre los cua-
les se puede establecer una tipología que va desde los más próximos a los
husŭn-refugio de los investigadores franceses hasta los grandes ummaldu
al-hurrin como Duŝ Amantiŝ (Peña de los Enamorados, Antequera) o Belda
(Cuevas de San Marcos). Para la mayoría de ellos, por,tanto no de forma
exclusiva, creo que hay que seguir con la interpretación de un primer ascen-
so de la población campesina en unos momentos coincidentes con la con-
quista islámica, y una segunda subida de carácter más aristocrático, la de
los aslyab de los ummahlit al-husTin, controladores de los restantes husiin
y enfrentados al Estado cordobés 12. Un aspecto que resulta novedoso en es-
ta primera estructura del poblamiento es la continuidad o reocupación de
antiguos centros romanos, como se deriva de los trabajos que viene reali-
zando el equipo de arqueología clásica de la Universidad de Málaga, fenó-
meno que aŭn está muy mal estudiado, pero que aŭn así resulta incontro-
vertible la pres. encia de cerámica tipo Pechina en la villa de Manguarra y
San José (Cártama) 13, o la identificaciónd e la Sanyila de la que • habla Ibn
Hayyán con la ciudad de Singilia Barba en término de Antequera".
Con respecto a los asentamientos de altura un problema que por ahora
permanece sin resolver, pese a que lo consideramos fundamental, consiste

10. Poblamiento y fortificación en el sur de al-Andalus. La formacién de un país de husiin, M


Congreso de Arqueología Medieval Española. Actas, t. I, Ponencias, Oviedo, 1989, p. 143.
11. Prospección arqueológica superficial en la Hoya de Archidona, en A.A.A.I 1989 (en prensa).
12. Véanse trabajos citados en notas 7 y 10.
13. F. ALIJO HIDALGO, Cerámica musulmana en una villa romana del Bajo Imperio en Cártama
(Málaga), «Mainake» 1 (1979), pp. 217-222.
14. R. ATENCIA PAEZ, La ciudad romana de Singilia Barba (Antequera-Málaga), Málaga,
1988.

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MANUEL AC1EN ALMANSA

en la interpretación que hay que darle a esa presencia de cerámica verde y


manganeso en tales yacimiento, como se ha comentado para Las Grajas,
pero que aparece en muchos otros I5 y también los encuentra V. Salvatierra
en la provincia de Jaén 16. El dilema radica en que si dichas piezas se
deben de considerar como un producto adquirido en el mercado con una
clara finalidad de diferenciación social, lo que se puede interpretar como
una especie de aculturación de ciertos linajes de origen indígena o, por el
contrario, se han de entender como exclusivos de personajes vinculados a
Madinat al-Zahrá o al Estado cordobés en general, alcaides o algo seme-
jante. Como se puede observar, el problema tiene su importancia y se
enlaza con el del origen de la cerámica verde y manganeso. Un reciente
trabajo de Miquel Barceló argumenta muy inteligentemente la vinculación
de dicha cerámica con la ciudad de 'Abd al-Rahmán al-Násir 17, lo que
inclinaría la balanza hacia la segunda de las posibilidades expresadas; de
todas formas, una posible solución salga de la sistematización del resto de
la cerámica de Madinat al-Zahrá', con objeto de ver si lo que se desplaza
son tan sólo esas piezas significativas, o bien lo hace toda la vajilla, trabajo
que con la ayuda entusiasta de Antonio Vallejo se va a iniciar de inmediato
en el Conjunto Arqueológico.
Con la prospección toponímica no se trata de la b ŭsqueda indiscrimi-
nada de topónimos de posible origen árabe sin más, sino que se orienta
también a la información que dicha fuente nos puede dar sobre los asenta-
mientos de primera época islámica. Sobre ello se presentan aquí dos mapas,
elaborados con distinta metodología, pero con un idéntico fin. En el primero
se incluyen en el territorio de la actual Andalucía los topónimos que han
pervivido hasta la actualidad compuestos a partir de los términos qal'a,
Iiisn y beni- o bena-. Se considera como un modelo aleatorio, ya que el
criterio de recogida de los datos es el de su pervivencia en la cartografía
general, evitando los problemas de la microtoponimia, así como de forma
intencionada no se han incluido topónimos perfectamente conocidos de
zonas mejor investigadas con objeto de no distorsionar el modelo. Se trata,
por tanto, de un punto inicial de la investigación que se habrá de corroborar
con estudios locales, pero que, sin embargo, ofrece la ventaja de una gran
extensión superficial.
En él se puede observar la ubicación de los Alcalá/s prácticamente en el
mismo valle del Guadalquivir, con las semiexcepciones de Qal'at Ra'wáq
(Alcalá de los Gazules) y Qal'at Yahlub (Alcalá la Real) fácilmente expli-
cables, y las más irregulares de las dos de la sierra onubense y el Alcolea

15. M. ACIEN ALMANSA, Cerámica a torno lento en Bezmiliana. Cronología, tipos y difusión,
en Actas del I Congreso de Arqueología Medieval Española, t. IV, Zaragoza, 1986, p. 247.
16. Trabajos citados en nota 2.
17. Al-mulk, el verde y el blanco. La vajilla califal omeya de Madinat al-Zahrä', en I Encuentro
de Arqueología y Patrimonio (en prensa). Agradezco aquí la deferencia del autor al procurarme
el texto manuscrito.

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RECIENTES ESTUDIOS SOBRE ARQUEOLOG1A ANDALUSI: EL SUR DE AL-ANDALUS

en la entrada de la Alpujarra. Creo que se ratifica así el hecho de que los


qiIii'aparecen ya como topónimos consolidados en las fuentes, respondiendo
a los asentamientos de la población árabe en un primer momento I8 , mien-
tras que los topónimos con Izn- se sitŭan en el arco montarioso que rodea
el valle, precisamente en los lugares donde lafitna contra el Estado cordobés
alcanzará más virulencia, ahora con la excepción de los sevillanos (curio-
samente conservados como Azn-), que posiblemente respondan a un origen
distinto, y pese a que hisn al-Faray^ se cite ya en época de taifas 19 . Final-
mente, el tercer grupo de topónimos se nos ofrece con claras agrupaciones
locales en la vertiente sur de la Sierra de los Filabres, en las estribaciones
de la Sierra de Gádor, en la zona de Vélez-Málaga y en la Serranía de
Ronda. La cronología de estos asentamientos es difícil de establecer, ya
que para ello surgen de inmediato muchos problemas. En principio diré
que la mayoría de ellos son bien conocidos a través de la documentación
fiscal castellana inmediata a la conquista, donde aparecen como akarias,
y que por tanto, no hay por qué considerarlos como predios personales o
familiares, sino como unidades de poblamiento. Aparte de eso, su ubicación
tras el cerco montarioso que rodea el valle del Guadalquivir haría pensar
en una fecha relativamente tardía, sin embargo, para la zona de la Baja
Alpujarra tenemos la constancia en de cómo sus ancestros estaban
ya asentados en el siglo VIII 20 ; por otra parte, la zona de la Serranía
ronderia entraba dentro del primitivo distrito de Magila y, con toda razón,
P. Guichard la puso como ejemplo de área berberizada 21 . Pero, no obstante,
las referencias textuales a ese tipo de topónimos son inexistentes en las
fuentes sobre el Emirato y Califato, donde sólo aparece Banú Baŝir (Be-
namej0, pero como hisn y aislado en nuestro mapa, mientras que cuando
se identifican lugares de la Serranía de Ronda, éstos corresponden a topó-
nimos preárabes, como Gaucín, Castellar o Casares22.
De esta suma de problemas creo que la coinclusión que se puede extraer
es la configuración de los topónimos en beni- a lo largo de. diversas épocas,
18. Poblamiento y fortificación, p. 141. Se incluye en el maya La Calahorra del Cenete, de acuerdo
con la aleatoriedad del método, pese a que su sentido es distinto; véase, E. TERES - M . J.
VIGUERA, Sobre las calahorras, «Al-Qantara» Il (1981), pp. 265-275.
19. E. MOLINA, Una descripción anánima de al-Andalus, t. I, Edición, Madrid, 1983, p. 61.
Sobre él se sabe que fue reconstruido en el s. XI por al Muctamid; L. TORRES BALBAS,
Aznalfarache = hisn al-fara9, «Al-Andalus» XXV (1960), p. 223. •En el mapa figuran Izcar,
pese a su casi segŭtla identidad con el de Valladolid, que aparece el Muqtabis V como Illcar, e
Iznate, pese a su posible identidad con Zanata.
20. M. SANCHEZ MARTINEZ,. La cora de Ilbira (Granada y Almería) en los siglos X y XI,
segŭ n A1 c Udri (1003-1085), «Cuadernos de Historia del Islam» 7 (1975-76), p. 17.
21. Al-Andalus. Estructura antropolágica de una sociedad islámica en Occidente, Barcelona, 1976,
pp. 367-380.
22. IBN HAYYÁN, Al-Muqtabas (V) de ed por P. CHALMETA: F. CORRIENTE, M.
SUBH, Madrid, 1979, p. 87; 1BN HAVYÁN, de Cérdoba, Cránica del califa Abdarratiman
an-Nasir entre los arios 912 y .942 (al-Muqtabis V), trad. M.' J. VIGUERA y F. CO-
RRIENTE, Zaragoza, 1981, p. 76; J. VALLVE, De nuevo sobre Bobastro, «Al-Andalus»,
XXX (1965), p. 154.

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MANUEL ACIEN ALMANSA

que no tienen que ser exclusivamente tardías como pretenden ciertos in-
vestigadores, ya que eso se conjuga difícilmente con su extensión a nivel
peninsular, hasta casi la desembocadura del Ebro y por encima de la línea
de Lisboa 23 ; tampoco son exclusivos de ning ŭn grupo étnico, como lo
muestran los Benimaurell y Benamaurel (< Maurellus) 24 o la denominación
de Banú Hábil que da el Muqtabis a los conocidos rebeldes de Jaén25,
pero su desarrollo sí implica un mismo medio social, muy posiblemente el
de partición de linajes y terrenos irrigados que defiende Miquel Barceló26
pero teniendo en cuenta que, segŭ n su ubicación, estos desarrollos tienen
lugar en áreas relativamente marginales o, si se quiere, en zonas donde la
implantación de los sucesivos estados ha sido menor. Se explica así su casi
inexistencia en la Depresión Bética, pero también en torno a ciudades
como Málaga o Granada.
El segundo mapa, como se decía, se diferencia del anterior en cuanto a
su metodología, si bien sus fines y provisionalidad son iguales, ya que los
topónimos están extraídos de las fuentes de la época, puesto que versa
sobre hagiotoponimia y la difusión de los Munt-, que la cartografía o las
fuentes más modernas podían tergiversar 27 . Expresa indudablemente los
asentamientos de altura de la población indígena, en consonancia con la
prospección extensiva, y asimismo la coincidencia de ubicación con los
topónimos en Izn-, ya que todos los hagiotopónimos aparecen en los textos
como busún, al igual que la mayoría de los Munt-, donde a veces se da la
vacilación, como el hisn Aqút del Muqtabis V, que en la Crónica Anómina
aparece como Munt Aqrit 28 . La prospección toponímica contin ŭa en esta
línea que, por ahora, parece autorizar la hipótesis de poblamiento lanzada
en un trabajo anterior 29 , adelantando ahora que, para los casos mejor do-
23. G. ROHLFS, Aspectos de toponimia espatiola, en idem, Antroponomía e Toponomastica
nelle lingue neolatine, Tiibingen, 1985, p. 47.
24. M. SANCHIS GUARNER, Introducción a la historia lingüística de Valencia, Valencia, 1945,
p. 47.
25. IBN HAVYAÄN, Muqtabis V, p. 60; trad., p. 56.
26. El diseño de espacios irrigados en al-Andalus: un enunciado de principios generales, en El
agua en zonas áridas: arqueología e historia (I). Actas del I Coloquio de historia y medio
físico, Almería, 1989, p. XV-XLVII.
27. Dentro de la provisionalidad aludida, no se han incluido hagiotopánimos indudablemente
antiguos, pero no documentados, como Santiponce, o los suministrados por la documentación
castellana inmediata a la conquista de los s. XIII y XV, de indudable constancia, por tanto,
en el mundo andalusí, pero que responden a investigaciones muy desiguales para los distintos
lugares, con la consiguiente deformación. A ŭn así, el mapa se podría ampliar con topónimos
recogidos en las obras árabes y bastante seguros, como Mojácar, de un muy probable Munt
Šaqr, que aparece en Idrisi como al-caqaba Šanar; véase, E. TERES, Al-caqaba. Notas de
toponimia hispanoárabe, «Al-Andalus» XLIII (1978), p. 372, y J. COROMINAS, Tópica
hespérica. Estudios sobre los antiguos dialectos, el substrato y la toponimia romances, t. I,
Madrid, 1971, pp. 54-56; pero es una investigación que no he hecho.
28. IBN HAYYAÁN, Al-Muqtabis V, p. 114; trad. p. 96; Una cránica anónima de ,Abd al-
Rahmún Editada por primera vez y traducida, con introducción, notas e índices,
po; E. LEVI-PROCENçAL y E. GARCIA GOMEZ, Madrid-Granada, 1950, p. 137, n. 102.
29. La cultura material (en prensa).

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RECIENTES ESTUDIOS SOBRE ARQUEOLOGIA ANDALUSI: EL SUR DE AL-ANDALUS

cumentados de dispersión de los .P undies árabes, como son el de Damasco


en Elvira y el de Quinnasrin en Jaén, al parecer, no dejaron topónimos de
tipo poblacional30.
Por lo que respecta a la arqueología de urgencia, la estrategia que se
sigue consiste en el estudio preferencial de la doble ruptura; es decir, la tran-
sición del mundo antiguo al islámico por una parte, y, por otra, cómo se
produce la castellanización del reino nazari. Indudablemente, dichos obje-
tivos no se pueden llevar siempre a cabo, teniendo que diversificarse en la
práctica en una multitud de problemas, unos más gratificantes que otros.
Siguiendo el orden antes expuesto, aludiré en primer lugar a la exca-
vación de emergencia en la Plaza de la Marina de la ciudad de Málaga.
Aquí, aparte de estudios muy interesantes sobre la relación entre la ciudad
y el puerto a lo largo de toda la Edad Moderna, más la observación de
decisiones que aŭ n perduran en la urbanística de la ciudad actual, para
nuestros propósitos se evidenció una importante ruptura entre la ciudad
antigua y la islámica, al poder constatar cómo entre los s. III y IX se
formó una playa sobre lo que era la escollera del puerto romano, en la
cual se instalará una necrópolis de primera época islámica, configurándose
un indicio bastante claro del deterioro de la vida urbana o, al menos, de
una actividad mercantil de envergadura que necesitara la conservación de
las instalaciones portuarias. También se pudo observar la recuperación de
dicho espacio a partir del Califato y en época almohade, aunque su inte-
gración definitiva con la ciudad no se logrará hasta el reino nazari, pero
no por obra de dicho Estado, sino por mediación de los genoveses, de-
mostrándonos la supeditación exterior de dicho reino y el carácter de la
ciudad de Málaga en la época como colonia genovesa, en palabras de F.
Melis 31 . Se pudo precisar la original construcción del Castil de los Geno-
veses hacia la mitad del s. XIV, aunque, debido a la versatilidad de sus
ocupantes, la ruptura de la castellanización no se dejará notar, ya que los
mercaderes ligures seguirán en las nuevas condiciones, hasta su desaparición
atraídos por el nuevo comercio atlántico.
Por lo que respecta a la arqueología urbana de carácter preventivo,
ésta ha aportado también datos en el mismo sentido de deterioro urbano
en el paso del mundo antiguo al medieval, como son buena prueba de ello
la constante inutilización de las fosas de elaboración del garum, empleadas
a partir de ese momento como vertederos de muy diversos productos. Una
de esas inutilizaciones resultó ser como testar de un alfar de época emiral,
donde se constató por primera vez la fabricación de esa cerámica en Má-

29. La cultura material (en prensa).


30. M. ACIEN ALMANSA, Poblamiento y fortificación, p. 143; y F. J. AGUIRRE SADABA y
V. SALVATIERRA CUENCA, Cuando Jaén era Ýtryyrin, p. 464.
31. Málaga nel sistema economico del XIV e XV secolo, en F. MELIS, Mercaderes italianos en
Esparia. Siglos XIV-X VI (Investigaciones sobre su correspondencia y su contabilidad), Sevilla,
1976, pp. 1-65.

363
MANUEL ACIEN ALMANSA

laga32 , si bien su relación con la topografía urbana venía a redundar en el


mismo tema: o bien se había reducido notablemente el espacio amurallado
de la ciudad, o bien, de seguir el mismo recinto murado de la Antig ŭedad,
la ocupación de éste sería muy poco densa, como para dar lugar al esta-
blecimiento de dicho tipo de industria.
La no continuidad del espacio urbano también se pudo ver en la exca-
vación realizada en el patio de la iglesia del Sagrario, lugar que ocupó la
mezquita, ya que ésta resultó levantada en el s. XI, el que inicia el auge de
la ciudad, pero sobre antiguas viviendas, no sobre un anterior lugar de
culto; el que se espere a un momento tan relativamente tardío como el s.
XI para que la mezquita, con todos los servicios anejos que supone, ocupe
el «centro» de la ciudad indica de nuevo la precariedad del mundo urbano
en los siglos anteriores y explica la ubicación que nos dan los textos de la
primera mezquita en el mismo recinto de la alcazaba 33 . Ariadiré aquí que
esa centralidad sí se mantuvo con la castellanización, mediante la recon-
versión primero del edificio de la mezquita en catedral, y la nueva cons-
trucción de siglos posteriores.
El cambio de la mezquita a catedral es uno de los notables y simbólicos
a partir de la presencia castellana, pero, sin embargo, al nivel actual de
conocimientos, la arqueología no consigue confirmar los trascendentes cam-
bios que nos indican las fuentes escritas, salvo en el ámbito de la vajilla o
de la alimentación donde la transformación es total, o en el abandono de
algŭ n tipo de industria, tales como alfares junto a la ciudad, que no se
recuperarán hasta el s. XVII 34. La conversión de barios en bodegas, la
integración de mezquitas de barrio en viviendas o el abandono de talleres
especializados es el panorama que nos ofrece la documentación castellana
del primer momento que, sin embargo, aŭn no se ha advertido arqueoló-
gicamente, e incluso la adición de varias viviendas musulmanas para formar
una de los repobladores tampoco debió implicar obras de envergadura, limi-
tándose tan sólo por regla general a la apertura de nuevos vanos de comu-
nicación entre unas y otras, además de los lógicos cambios de función.
Obviamente, sí se dará una transformación radical en un elemento tan
significativo como es el cementerio islámico, que quedará en un principio
abandonado y tardará bastante tiempo en ser ocupado por la ciudad mo-
derna. Debido a los azares de la arqueología urbana se ha podido estudiar
bien el cementerio de Ñ'abal Faruh, con una gran extensión de acuerdo
con las fuentes de la época, encontrándose una gran secuencia cronológica,
desde el s. X al s. XV, que ha permitido establecer una tipología evolutiva

32. M. C. IÑIGUEZ SANCHEZ y J. F. MAYORGA MAYORGA, Un alfar emiral en Málaga,


en I Encuentro de Arqueología y Patrimonio (en prensa).
33. E. LEVI-PROVENCAL, La Péninsule Ibérique au Moyen Age d'apres le Kiráb aI-Rawd
milar d7bn ,Abd al-Mun'im al-Himyart, Leiden, 1938, p. 1 ,78, trad. p. 214.
34. M. ACIEN, C. PERAL y A. RECIO, Informe preliminar de la intervención arqueológica
efectuada en la calle 011erías de Málaga, «Mainake» XI-XII (1989-90), pp. 233-250.

364
RECIENTES ESTUDIOS SOBRE ARQUEOLOGIA ANDALUSI: EL SUR DE AL-ANDALUS

de los enterramientos, así como novedades en el ritual funerario, tales


como las inhumaciones con ata ŭdes, que era algo totalmente ínsospechado.
Contamos ya con algunas publicaciones sobre él35, pero la investigación
continŭa aportando novedades, apareciendo ahora, junto a los conocidos
mausoleos, pequerias mezquitas en el interior del recinto funerario también
utilizadas para enterramientos36.
La arqueología de apoyo a la restauración quizás sea la que cuenta con
un mayor nŭmero de actuaciones en toda Andalucía, interviniéndose en el
presente en gran n ŭmero de yacimientos de la Comunidad, en buena parte
de los cuales los trabajos a ŭn continŭan o todavía no han podido ser publi-
cados. Quiere esto decir que dentro de muy poco contaremos con una gran
cantidad de información sobre esta arqueología vinculada a lo monumental,
pero por ahora nos limitamos tan sólo a la excelente labor pionera de Alfon-
so Jiménez y sus estudios ya conocidos sobre la mezquita de Almonaster
La Real (Huelva), la Giralda y la Gran Mezquita de Sevilla, más el de la
Puerta de Sevilla en Carmona37, trabajos todos ellos que nos devuel-
ven a las mejores épocas de Torres Balbás y Félix Hernández. Por nuestra
parte, hemos intervenido en el castillo de Monda (Málaga), donde hemos
podido comprobar arqueológicamente la evolución de un musulmán,
siguiendo un esquema que se puede considerar bastante lógico, pero que
nunca se había constatado en nuestra Comunidad. Se trata en su origen de
un lyisn-refugio de altura utilizado en las revueltas del s. IX, con muy escasa
edificación, al igual que sigue en el momento subsiguiente marcado por la
presencia de la cerámica verde y manganeso, con el problema de interpre-
tación ya apuntado con anterioridad, que sufrirá una importante transfor-
mación en época almohade con la división entre albacar y celloquia, esque-
ma que virtualmente continuará hasta su destrucción a raíz de la conquista,
a pesar de las refacciones de época nazarí y cristiana. Sin saber exactamente
su causa, hacia el s. XIII se le adosa una alquería en su ladera N, que
continuará durante toda la época nazarí y morisca, advirtiéndose para
este ŭltimo momento una acusada aculturación en el material cerámico,
así como la autodestrucción definitiva en el momento de la expulsión38.
Otra actuación de muy diverso signo es la que se ha llevado a cabo en
la fortaleza de Gibralfaro, mucho más limitada que la anterior, pero con
conclusiones también interesantes, como pueden ser el poner en duda, a
35. I. FERNANDEZ GUIRADO, Una necrópolis musulmana en la ciudad de Málaga, «Mainake»
X (1989), pp. 213-228; y C. PERAL BEJARANO e I. FERNANDEZ GUIRADO, Excava-
ciones en el cementerio islámico de Faruh (Málaga), Málaga, 1990.
36. Excavación que dirige en la actualidad M. C. Fernández Domínguez.
37. A. JIMENEZ MARTIN, Lit mezquita de Almonaster, Sevilla, 1975; Las yeserías de la Giralda,
«Andalucía Islámica. Textos y Estudios» II-III (1983), pp. 195-206; El Patio de los Naranjos y
la Giralda, en La Catedral de Sevilla, Sevilla, 1984, pp. 83-132; La Puerta de Sevilla en
Carmona, Sevilla, 1989.
38. M. ACIEN ALMANSA y J. A. RAMBLA TORRALBO, La evolución de un Itisn musulmán.
Actuación arqueológica en el castillo de Monda, «Mainake» XIV (en prensa).

365
MANUEL ACIEN ALMANSA

partir de los datos de la excavación, lo que se consideraba como mejor


ejemplo de barbacana islámica 39, que resulta ser de época cristiana. Asi-
mismo, se ha podido constatar una sensible reducción del espacio tras la
ocupación castellana, limitándose ésta a un pequerio alcázar en un extremo
de la fortificación, de acuerdo con las necesidades feudales de ubicación
de un alcaide y una pequeria guarnición. El estudio del monumento ha
aportado también lo que podemos interpretar como una «puerta de la
justicia», con algunas características semejantes a la del recinto de la Al-
hambra, y que ha servido de base para una hipótesis que creo fructífera.
Miquel Barceló criticaba hace poco en una publicación famosa cómo
la arqueología feudal se centraba en castillos e iglesias, lo que él llamaba
el escenario del feudalismo, dejando de lado propuestas de investigación
más trascendentes 40 . Es algo con lo que necesariamente hay que estar de
acuerdo con él, pero por mi parte con una pequeria matización, como es
la referente a la defensa del patrimonio, tarea en la que la amenaza es más
que real, y somos nosotros los que estamos obligados a conocer y explicar
ese patrimonio cada vez más escaso. Se comprenderá, por consiguiente,
por qué a través de la prospección extensiva, además de recoger los datos
referentes a nuestro proyecto sobre el Emirato, se ha atendido también a
otros períodos y, en concreto, hayamos decidido afrontar algo que toda la
bibliografía que lo ha tocado, desde la más antigua a la más reciente de
André Bazzana41 , ha considerado siempre como totalmente problemático
o irresoluble. Me refiero a la posible diferenciación entre las fortificaciones
castellanas y nazaríes de los ŭltimos siglos medievales, y más precisamente
a las fortificaciones fronterizas, donde, seg ŭn se dice, lo que predominan
son las influencias mutuas.
El problema se ha abordado a partir de tres factores, y si bien la inves-
tigación aŭn continŭ a, parece ser que empieza a dar resultados. Dichos
factores son el ya aludido de reducción de espacio en las fortificaciones en
base a la nueva función que adquieren con la ocupación feudal; la difusión
de «puertas de la justicia», lógicamente en los islámicos, que suponen unas
construcciones de muy dudosa eficacia defensiva, de las que carecen todos
los castillos feudales; y, finalmente, la identificación del amplio programa
de fortificación que llevó a cabo Muhammad V en las fronteras del reino,
bien conocido por las fuentes escritas y que ya se puede distinguir en el terre-
no. Indudablemente, no se trata sólo de problemas constructivos, sino que
dicho estudio es el punto de partida ineludible para abordar otra proble-
mática más compleja, como es el de la funcionalidad Cle los husfin, su rela-
ción con las quriz, protagonismo del Estado en la defensa del territorio, etc.
39. L. TORRES BALBAS, Arte almohade. Arte nazarl. Arte mudéjar, Madrid, 1949, p. 163.
40. La arqueología extensiva y el estudio de la creación del espacio rural, en M. BARCELO y
otros, Arqueología medieval. En las afueras del «medievalismo», Barcelona, 1988, p. 257.
41. A. BAllANA, Forteresses du Royaume nasride de Grenade (XIII-XV siécles): la défense des
frontiéres, «Chateau-Gaillard. Etudes de Castellologie Médiévale» Xl (1983), pp. 29-43.

366
RECIENTES ESTUDIOS SOBRE ARQUEOLOGIA ANDALUSI: EL SUR DE AL-ANDALUS

Finalmente, diré que, como se ha podido observar, prácticamente la


totalidad de lo expuesto se refiere a Andalucía oriental, faltando casi de
forma absoluta alusiones a la otra mitad. Ello se debe, aparte de las limi-
taciones sobre propiedad intelectual que me impuse al principio, al ya casi
atávico abandono que estas investigaciones han sufrido en dichas provincias.
Sin embargo, ese panorama tradicional empieza a romperse, teniendo un
lugar destacado en dicho giro el impulso dado a la arqueología de urgencia
y la labor de los Conjuntos. En cuanto a éstos, el de la Cartuja de Sevilla
se ha convertido en una auténtica escuela, habiéndose podido estudiar allí
de forma exhaustiva la industria alfarera almohade, así como los sistemas
de irrigación en las huertas de la misma época, demostrando la existencia
de una agricultura irrigada, curiosamente en la primera ocasión en que se
ha buscado, frente a las teorías que defienden lo contrario 42 . Sobre Madinat
al-Zahrá', Antonio Vallejo expuso recientemente las líneas de trabajo adop-
tadas 43 que, en resumen, se limitan a la paralización de la excavación
sistemática hasta que se consiga poner en orden la ingente cantidad de
material de los arios anteriores, atención prioritaria a la consolidación y
equipamiento, y continuidad de la restauración en el salón de c Abd al-
Ralunán III considerado como un mismo conjunto con el jardín alto, el
pabellón frontero y las albercas. No obstante estas imposiciones lógicas,
la documentación para los trabajos de consolidación ya ha ofrecido exce-
lentes estudios por parte del mismo autor 44 y, puedo adelantar, que para
las obras de equipamiento se ha realizado la investigación de toda la red
de conducción de aguas y saneamiento del conjunto palatino, hallándose
en perfecto estado de conservación, y cuya inmediata presentación consti•-
tuirá un aporte realmente sorprendente.
Como decía, esta actividad de los Conjuntos ha facilitado la formación
de equipos para las urgencias, habiéndose emprendido ya, a partir de éstas
ŭltimas, proyectos más amplios, como el que se lleva a cabo en Morón de
la Frontera con el objeto de estudiar la evolución del poblamiento medieval
en todo el término, proyecto que, junto con el de arqueología sistemática
que dirigen A. Bazzana y P. Cressier en la isla de Saltés sobre las relaciones
entre el campo y la ciudad 45 , comenzarán a cambiar la pobre impresión
que hasta ahora se ha tenido sobre la historia de al-Andalus en Andalucía
occidental.

42. M. GONZALEZ JIMENEZ, Repartimientos andaluces del s. XIII. Perspectiva de conjunto y


problemas, en De al-Andalus a la sociedad feudab los repartimientos bajomedievales, Bare,elona,
1990, pp. 95-117.
43. A. VALLEJO TRIANO, Madinat al-Zahrá": pasado, presente y futuro, en Arqueología Me-
dieval Española. 11 Congreso, t. I, Ponencias, Madrid, 1987, pp. 205-217.
44. El baño próximo al salén de `Abd al-Rahmän III, «Cuadernos de Madinat al-ZahrFtS> (1987),
pp. 141-165; La vivienda de servicios y la Ilamada casa de i rdfar, en La casa hispano-musul-
mana, pp. 129-145.
45. A. BAllANA y P. CRESSIER, Shaltishl Saltés (Huelva). Une ville médiévale d'al-Andalus,
Madrid, 1989.

367
MANUEL ACIEN ALMANSA

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0 100 Krn

Figura 1
Akalá: 1. Arroyo de Alcalá. 6. Benahavís.
2. Rivera de Alcalaboza. 7. Benajara.
3. A. de Guadaira. 8.. Benajarafe.
4. A. de los Gazules. 9. Benajarafe (río).
5. A. del Río. 10. Benalauría.
6. A. del Valle. 11. Benalija (rivera).
7. A. la Real. 12. Benalŭa de Guadix.
8. Alcolea (Córdoba). 13. Benalŭa de las Villas.
9. Alcolea (Almeria). 14. Benalup de Sidonia.
10. Alcolea del Río. 15. Benamahoma.
11. Cala. 16. Benamargosa.
12. La Calahorra. 17. Benamaurel.
18. Benamejí.
Izn-: 1. lzbor. 19. Benamocarra.
2. Izcar. 20. Benaocaz.
3. Iznadiel. 21. Benaoján.
4. 1znájar. 22. Benaque.
5. 1znalloz. 23. Benarrabá.
6. Iznate. 24. Benatae.
7. Iznatoraf. 25. Bencarrón.
8. Aznalcázar. 26. Benecid.
9. Aznalcóllar. 27. Benejar (arroyo).
10. San Juan de Aznalfarache. 28. Benejí.
29. Benharán.
30. Benínar.
Beni- I Bena-: 1. Benacazán. 31. Benitagla.
2. Benacebada. 32. Benitorafe.
3. Banadalid. 33. Benizalón.
4. Benagalbón. 34. Bentarique.
5. Benahadux. 35. Benzal.

368

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Figura 2

Munt-: I. Almonte. Hagiotopónimos: 1. Santisteban.


2. Munt šant. 2. Santa Eulalia.
3. Montemayor. 3. Santa María.
4. Munt NTŠ. 4. Santillana.
5. Monteleón. 5. San Justo.
6. Monterrubio. 6. Santopitar.
7. Montejicar. 7. San Vicente.
8. Bentomiz (= Munt Mas). 8. Santipetri.
9. Monteagudo. 9. šant AfliSf.
10. Sancti Petri.

369