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Ensayo:

El docente en la formación de ética

Mauricio Ramírez Cuevas

Ciudad de México 14 de diciembre de 2018

El docente en la formación de ética

Introducción

La ética es una ciencia y teoría del comportamiento moral de las personas en sociedad, siendo de esta manera una ciencia de una forma específica de a conducta humana (Sánchez Vázquez, 1984). Es así mismo, una ciencia que responde a la necesidad de tratar científicamente los problemas morales, no solamente describe los hechos, sino que los hace conceptos, hipótesis y teorías (Sánchez Vázquez,

1984).

Siguiendo con las definiciones del mismo autor:

“La moral es un sistema de normas, principios y valores, de acuerdo con el cual se regulan las relaciones mutuas entre los individuos, o entre ellos y la comunidad, de tal manera que dichas normas, que tienen un carácter histórico y social, se acaten libre y conscientemente, por una convicción íntima, y no de un modo mecánico, exterior o impersonal.” (Sánchez Vázquez, 1984).

A partir de esta definición, podemos concluir que la ética es una ciencia general que tiene entre sus postulados a la moral y que la ética, siendo una forma específica de la conducta humana, como toda conducta humana, es una actividad que tiene una motivación íntima, es decir hacia sí misma y la moral refiere a la relación entre esta conducta íntima (ética) y las normas, principios y valores sociales, dominantes y cambiantes de su época (moral).

En este campo, la labor docente tiene aportaciones importantes a realizar, en virtud del papel que desempeña con sus estudiantes, la relación con ellos y el vínculo que puede crear con ellos, mismo que potencializa las posibilidades en su formación ética.

¿Es el docente un pilar en la formación ética?

En el presente ensayo haremos un repaso de las posibilidades del docente en la formación ética,

apoyándonos en las aportaciones de varios autores: (Bulgarelli, 1985),

(López de Dicastillo Rupérez, Iriarte Redín, & González-Torres, 2006), (Hernández, 1986) y (Ponce,

1984).

(Sánchez Vázquez, 1984),

El campo de acción del docente en la formación ética

Para entender el ámbito del docente en materia ética, primero tenemos que contextualizar el papel de

la

educación en la sociedad, e iniciaremos con la exposición de Anibal Ponce (Ponce, 1984) referente a

la

formación de lo educativo en las sociedades.

Ponce explica que en la comunidad primitiva “la educación no estaba confiada a nadie en especial, sino a la vigilancia difuso del ambiente”, es decir que a partir de la convivencia y la asimilación de lo que hacían los adultos, los niños aprendían las creencias y las prácticas de su ambiente. Y los adultos enseñaban en la vida práctica, lo que deberían saber para sobrevivir y para las convivencias. El castigo era ajeno a estas prácticas educativas. (Ponce, 1984)

Estas condiciones fueron cambiando en cuanto la sociedad fue dividiéndose en clases, al aumentar la productividad y la sustitución de la propiedad común por la propiedad privada. La división del trabajo trajo consigo la separación entre dos tipos de personas: las que tenían el conocimiento y las que solamente realizaban el trabajo. Quienes tenían acceso a información técnica empezaron a tener mayor poder respecto de los demás y poco a poco esta situación devino en una condición de privilegios, los que tenían acceso a la información empezaron a gobernar sobre los demás (y a vivir de los demás). La educación se adecuó a esta nueva situación y entonces fue enseñándose que los que gobernaban lo hacían por alguna causa divina, debía de reverenciárseles, y tenerles obediencia. De la misma manera, fue cambiándose la condición de las mujeres, porque de haber formado parte de la actividad productiva, por ser quienes procrearon a los hijos, al instituirse el matrimonio monogámico, la actividad productiva pasó a ser responsabilidad del hombre y la mujer fue relegada a actividades de cuidado de los hijos y el esposo (Ponce, 1984).

A partir de estos cambios se fue construyendo un sistema educativo basado en la conservación de los

privilegios de las clases gobernantes (y las familias de estos) y de toda la compleja justificación que fue desarrollándose respecto al origen divino del mandato, la necesidad de obedecer y mantener el sistema. En el marco de todo esto se encuentra la educación que existía y que no era la misma para unos que para otros. A los de la clase privilegiada se les enseñaban las técnicas necesarias para mantener el control económico y social (en qué momento habría eclipses, fechas de la subida de las mareas,

fórmulas para la fabricación de medicamentos, aritmética, etc.) y a la masa solamente lo necesario para realizar su trabajo. (Ponce, 1984). En este aspecto, la enseñanza tenía como base de lo moral, todo aquello que justificara el estado de cosas tal y como estaban.

Al pasar distintos modos de producción económica y social, la educación en ética y moral solamente se

fue adaptando. Aquí o que debe resaltarse es que la moral, ha venido adaptándose a los cambios socioeconómicos y siempre ha estado ligada a esta situación, toda vez que trata de las interpretaciones sociales de lo correcto, en el contexto en que se encuentra.

Entendida la relación entre la educación ética y moral respecto de las condiciones sociales y culturales dominantes, cabe aclarar un poco sobre la relación de la ética y la moral. Estas tratan de “dos realidades ineludibles que constituyen la integridad del hombre: intimidad de su vida personal y sus relaciones sociales (Bulgarelli, 1985). Entendiendo lo explicado por (Sánchez Vázquez, 1984) en el sentido que lo ético es más general y tiene entre sus campos de estudio la moral, podemos diferenciar a la ética como un acto “íntimo” del ser humano que ocurre hacia adentro de sí, siendo sus creencias, pensamientos y valores propios e íntimos y que la moral refiere a las relaciones y valoraciones que una comunidad tiene en sus relaciones sociales y que puede referirse a valores que se han representado en normas morales de algún tipo.

A manera de concusión, podemos decir que esta relación entre la intimidad de la vida personal y las

relaciones sociales trata del encuentro de la persona consigo misma y con los otros, y ocurre en una doble dimensión “interioridad-alteridad” (Bulgarelli, 1985). Es decir, lo ético y lo moral ocurren de manera simultánea, de la misma manera que el individuo existe a la vez que los otros con quienes conviven y quienes también tiene, en la “intimidad” sus valores, sentimientos y creencias. Y que lo ético-moral en la actualidad compleja de nuestra sociedad requiere de un complejo sistema educativo en el que participan millones de docentes y mas millones de estudiantes y es en este ámbito en el que la labor

docente crece en importancia.

Labor docente en la formación ética

En “educación y ética” se expone (Hernández, 1986):

“…todo proceso educativo, al igual que cualquier formulación ética, presupone al individuo como un ser capaz de relacionarse con el otro a través del saber, condición que implica una responsabilidad y un deber personal de actuar, de tal manera que los valores hacia los cuales se tienda sean los mismos para todos los seres humanos reunidos en sociedad.

A lo expresado anteriormente, (López de Dicastillo Rupérez et al., 2006) expone como propuesta a la

“Escuela como contexto privilegiado donde tienen lugar gran parte de los aprendizajes sociales y donde se sientan las bases para la posterior integración y participación de los alumnos como ciudadanos que conviven y se relacionan con otros. Dentro de este contexto se ha decidido centrar la atención en la figura del profesor.” (negritas agregadas)

Para los autores citados el desarrollo social del niño, su capacidad de creación lazos de unión con otras personas, el proceso de socialización, la transmisión de valores, normas, costumbres y conocimientos de unas generaciones a otras y la incorporación de los jóvenes como ciudadanos y miembros activos de la sociedad.”, (López de Dicastillo Rupérez et al., 2006) son prioritarios de ahí que los conceptos de “habilidades sociales o competencia social”, deben desarrollarse para el logro de un mayor bienestar personal e interpersonal (o “interioridad-alteridad” (Bulgarelli, 1985)). Y enfatizan en la importancia de la prevención en el referido campo. Para ello desarrollan una serie de propuestas que responden a la pregunta de este ensayo.

Ellos refieren que el docente puede ser un líder que equilibre su responsabilidad y la participación de los estudiantes y para ello refieren una propuesta a partir de las ideas de otros autores. La tarea del profesor que proponen se basa en:

1. Promover la disciplina inductiva y democrática, establecer normas claras en las que los alumnos sean partícipes y “coautores”.

2. Fomentar el trabajo cooperativo.

3. Ayudar a los alumnos a resolver los conflictos de forma constructiva a través del diálogo y la negociación.

4. Ser modelo de aquello que pretende enseñar a sus alumnos.

A manera de resumen, esta propuesta tendría la siguiente aplicación:

Promover la disciplina inductiva y democrática, establecer normas claras en las que los alumnos sean partícipes y “coautores”.

Establecimiento de normas de aula por medio de la participación democrática. Lo cual implica reflexión, investigación y debate en pequeño en la que el profesor hace la función de facilitador y moderador: “Si queremos que los alumnos desarrollen y se comporten con responsabilidad, hay que darles responsabilidades.(López de Dicastillo Rupérez et al., 2006). Y para ello proponen utilizar el recurso: Asamblea. El formato de esta es simple:

Actividad de sensibilización

Propuesta de normas de distinto tipo relacionado con la vida del aula o centro

Negociación y consenso de la propuesta

Aplicación y seguimiento de los acuerdos

Se busca la participación de todos, se fomenta la cohesión de grupo, les dota de identidad y con la adopción de normas propias, se prevé futuros actos de indisciplina.

En palabras de los autores citados:

Es decir, las clases en las que se enseña competencia social están cuidadosamente organizadas, los límites explícitamente definidos, las consecuencias derivadas del hecho de romper las normas son claras y las expectativas del profesor realistas y expresadas a los alumnos. Éstos pueden comunicar sus necesidades de modo eficaz porque se escuchan los unos a los otros. Además, conocen qué se espera de ellos y son conscientes de la necesidad de interactuar apropiadamente. La claridad y la consistencia contribuyen a alcanzar tanto las metas individuales como las grupales.(López de Dicastillo Rupérez et al., 2006)

Aprendizaje cooperativo. Se trata de establecer un tutor compañero con la finalidad de que interactúen y a la vez aprendan. Ayudan a la integración, el conocimiento entre ellos, refuerzan la empatía, forman en responsabilidad, fortalecen la confianza, la participación activa les da elementos para la vida adulta. Requiere de un tiempo para su implementación, el beneficio es mayor.

Ayudar a los alumnos a resolver los conflictos de forma constructiva a través del diálogo y la negociación. La cooperación requiere de compartir normas y valores. El mismo trabajo cooperativo promueve el aprendizaje de la negociación.

Ser modelo de aquello que pretende enseñar a sus alumnos. Esta es la parte más compleja toda vez que requiere de que los docentes sean ejemplo de lo que están enseñando en valores a sus estudiantes y ello implica que entre ellos tengan comportamientos que reflejen lo que están enseñando.

Conclusión

A la pregunta inicial del presente ensayo: ¿Es el docente un pilar en la formación ética? La respuesta está dada en el desarrollo del presente texto. Cabe resaltar que en la actualidad existen estrategias y técnicas de enseñanza-aprendizaje que permitan a los docentes la formación ético-moral de sus estudiantes y que es el docente el llamado a esta labora, por las condiciones que solamente él tiene

hacia sus estudiantes, que es su ascendente de autoridad que da la naturaleza de sus funciones, lo cual implica una gran responsabilidad, porque el estudiante siempre tiene el ojo puesto en él para tratar de constatar que su comportamiento corresponde con lo que enseña. Y eso sí que es un gran reto.

Referencias

Bulgarelli, A. A. (1985). Persona: dimensión individual y social. Estudios, (6), 159177.

https://doi.org/10.15517/RE.V0I6.30558

Hernández, S. M. (1986). Educación y ética. Sociológica, 25(72), 215227. Recuperado a partir de

https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=305026713010

López de Dicastillo Rupérez, N., Iriarte Redín, C., & González-Torres, M. C. (2006). La competencia social y el desarrollo de comportamientos cívicos: la labor orientadora del profesor. Estudios sobre Educación, 11, 127147. Recuperado a partir de

https://core.ac.uk/download/pdf/83560945.pdf

Ponce, A. (1984). Educación y lucha de clases (8a ed.). Buenos Aires: Cartago. Recuperado a partir de https://olhequenao.files.wordpress.com/2011/05/ponce-anc3adbal-educacic3b3n-y-lucha-de-

clases-1934.pdf

Sánchez Vázquez, A. (1984). Ética (4a ed.). Barcelona: Crítica. Recuperado a partir de

https://aproximandonosalaetica.files.wordpress.com/2016/10/etica_sanchez-vazquez-adolfo.pdf