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LEONARDIS.

LA EMPRESA SOCIAL

1. LA EMPRESA SOCIAL NO ES

- La empresa social no es una empresa con algo de social

- La empresa social no es asistencia con algo de trabajo

- La empresa social no es lo social como empresa

2. UNA POSIBILIDAD REAL

- La empresa social busca y produce sinergias entre el mundo de la asistencia y el mundo de la producción.

- La empresa social se apoya en la simultaneidad de los procesos de formación profesional y del trabajo. Aprender haciendo.
Aprender a emprender.

- La empresa social construye, al mismo tiempo, espacios de riesgo y redes de seguridad para los participantes.

- La empresa social conquista y combina las energías de los contextos locales

- La empresa social se expande en la pequeña dimensión y en la diversificación de los campos de acción

- La empresa social produce calidad en los productos, en los procesos, en el hábitat social

- La empresa social desarrolla una actividad reparadora de los recursos del medio ambiente y de las capacidades de las personas

- La empresa social cambia las pautas de la asistencia

3. ¿QUÉ PODEMOS APRENDER DE LOS EMPRENDEDORES SOCIALES?

- Los sueños de la buena administración

- Acerca de los operadores

- Otras aspiraciones acerca de la administración pública

- ¿De qué sinergia se trata?

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EMPRESA SOCIAL:

• Se empezó a hablar de empresa social en 1987 para dar nombre a las nuevas estrategias dirigidas a enfrentar la crisis del
trabajo y la crisis de la asistencia en algunas experiencias históricas de innovación de las instituciones y de las políticas sociales
en diferentes lugares de Europa e Italia. En la actualidad, la expresión empresa social circula en esferas bastantes heterogéneas:
entre los que se ocupan desde distintas perspectivas de la privatización o recalificación de la asistencia social, o bien de las
políticas laborales capaces de enfrentar el desempleo y la desocupación. La noción circula y se utiliza con significados diferentes,
cuando no opuestos.

• La noción de empresa social, sobre en todo en los lugares originarios, aunque no sólo allí, significa: “realizar empresas, mejor
aún, emprendimientos que produzcan lo social” que generen valor social agregado. La fascinación de la empresa reside en la
idea de “emprender”. En el sentido de ocuparse de lo social en tanto mal administrado, mal cuidado, descalificado, así como de
la pésima asistencia social de hoy en día, mezquina y derrochadora al mismo tiempo. Con un carácter esencialmente hostil,
propio de esa cultura profundamente arraigada, por la cual las personas (hoy se llaman usuarios) son tratadas como objetos,
portadoras de problemas, miserables, incomodas, cuando no peligrosas, y pasivas. Y luego esas personas terminan siendo
realmente así, se les recrimina. Por consiguiente, un presupuesto central de la idea de empresa social es preguntarse y
demostrar cómo podría ser una asistencia que realiza un emprendimiento, que invierte en el único capital que posee: las
personas. Que comience por dar crédito a las personas. A todas, en principio. Mediante el reconocimiento de sus capacidades y
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la creación de las condiciones necesarias para que estas capacidades se puedan implementar, utilizar y transformar en algo
coherente y real. Una asistencia que emprende tiene mucho por aprender y utilizar del mercado. De las reglas del mercado, por
supuesto, como dicen todos, pero sobre todo de sus potencialidades, de sus aspectos positivos: el mercado crea sujetos.
Estamos cansados de decir y de oír decir que el mercado excluye. Lo sabemos demasiado bien pero, en este sentido, no
podemos hacer nada, al mismo tiempo, sabemos también que el mercado no es sólo eso y que sigue siendo un instrumento,
imperfecto, de democracia y civilización. El mercado crea sujetos porque alimenta intercambios, encuentros, experiencias,
emociones. Por lo tanto, nuestra tarea será recoger y contar historias de experiencias, reflexiones, estrategias que se desarrollan
en los límites: entre el mundo de la empresa y de la producción, por un lado y el mundo de la asistencia y de los costos sociales,
por el otro. En los límites que separan y oponen estos dos mundos hay un espacio donde las fuerzas del crecimiento económico
y de la asistencia social pueden transformarse, conjuntamente, en una fuente de sinergia. Se trata de poblar esos límites, de
abrir espacios de intercambio entre mundos que hasta el momento han estado separados, de establecer relaciones entre cosas
que no pueden compararse, de reunir recursos diferentes e inconmensurables para que, como dice Geertz, los distintos tipos de
conocimientos se transformen en comentaros, unos de otros, de manera que unos iluminen los aspectos oscuros de los otros.

• Aquel que razona y opera en la perspectiva de la empresa social ya no se hace ninguna ilusión acerca de la posible capacidad
del Estado social para enfrentar las presiones de la política y fuerzas “antiestatistas”, así como el conjunto de problemas que
debería abordar y tendrá que abordar cada vez más en el próximo futuro. Sin embargo, considera importante incidir
positivamente en el proceso de desmantelamiento en marcha, trabajando desde adentro para desmontar y reconstruir,
valorizando las energías de que allí surgen, las culturas y experiencias que estaban depositadas en él. Es decir, utilizando esa
competencia en muro e instituciones acumuladas hasta el momento por nosotros, que escribimos sobre la empresa social, y por
aquellos que, de distintas formas, actúan buscando esa posibilidad.

• Las estrategias de empresa social desarman las instituciones, “desinstitucionalizan (lo cual no quiere decir que destruyan)
aparatos administrativos, servicios, balances, formas de trabajo, hábitos, lenguajes, espacios. No importa que las energías que se
invierten en esta obra sean privadas o públicas, morales, físicas, intelectuales, estéticas; importa, en cambio, que esta obra
tienda a valorizar todo aquello que se ha ido acumulando adentro, alrededor, contra el Estado social, como alternativa respecto
del mismo. Como decíamos anteriormente, hoy resulta más importante que nunca valorizar el Estado Social para reformular su
cometido originario: conectar, crear intercambios, contaminaciones, sinergias entre los dos mundos de las producción y la
asistencia, entre los que tienen trabajo garantizado y los vulnerables, entre la acumulación de riqueza y la diseminación de la
miseria. Estas estrategias contrarrestran la polarización y sus efectos multiplicados. O por lo menos, impulsan un movimiento en
esta dirección. Por un lado experimentan y proponen formas para hacer productiva la asistencia. Mas precisamente reconvierte
la enorme cantidad de recursos financieros y humanos absorbidos (incluso los de sus destinatarios, hoy malgastados y
desperdiciados en la marginalidad y en el carácter crónico de los problemas sociales) mediante la inversión (no el consumo) en
la producción de bienestar social. Lo cual supone, entre otras cosas, la apertura del campo de la asistencia a la intervención de
política, intereses, tópicos de carácter económico, capaces de invertir en estos recursos asumiendo la responsabilidad de
producir, precisamente, bienestar social; no selección y exclusión, sino justicia social. La capacidad emprendedora, entendida
como capacidad de riesgo, constituye un ingrediente decisivo. Por otro lado, las estrategias de empresa social se abren paso en
el mundo de la economía, de la producción y del trabajo, con unidades productivas guiadas, prioritariamente, por criterios de
política social; en primer lugar, el de limitar los daños, los estragos que ocasionan “el viento frío del mercado” que hoy sopla con
fuerza por todas partes.

• Este libro, nombra, pone a foco, ante todo, un muro. El muro que mantiene rotundamente separados dos mundos y cuya
polarización es hoy uno de los peligros más graves: el mundo de la producción y el de la asistencia, el del Estado y el mercado, el
del interés económico y la justicia social, el de las férreas leyes de la economía y sus costos sociales. La empresa social es un
oxímoron que, a su vez, relaciona estos dos mundos: es el nombre de experiencias, ideas, estrategias que trabajan sobre esta
separación para transformarla en un espacio (un espacio de limites) en el cual los dos mundos interactúan, intercambiando
razones, recursos, lenguajes, contaminándose recíprocamente, extrayendo sinergias gracias a las cuales ambos mundo se
enriquecen.

El espacio en el que trabaja la empresa social es el que hasta ahora ha ocupado el llamado Estado social, las políticas sociales, los
servicios y los derechos sociales. El andamiaje del Estado social ha crecido en los últimos 50 años según estrategias que en su
origen estaban destinadas a conectar el mundo de la producción y el mundo de la reproducción social, el trabajo y el no trabajo,
el desarrollo económico y el bienestar social, con procesos de redistribución e inclusión por una parte y con procesos de
ampliación de la demanda y del mercado por el otro; y a extraer sinergias de ese modo. La apuesta no se ha perdido del todo; en
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algunos aspectos, resulta más real que nunca, casi ineludible. Pero debe reformularse: el andamiaje del Estado social ha
construido otras barreras, muros, obstáculos, vinculados con el objetivo de conectar los dos mundos, hasta el punto que hoy,
como sabemos, lo que está en discusión es su propia razón de ser. El estado social está desacreditado y en su caída arrastra con
él a la fuerza estratégica de ese objetivo originario, a sus razones de más largo alcance que, hoy, son más importantes que
nunca. Existen dos ilusiones. Que los problemas que resuelven si se nos libera no sólo del Estado social, sino también del peso de
la construcción de nexos, relaciones, que conecten los dos mundos: es la ilusión de corte librecambista; o, de manera
complementaria, que la única esperanza de contrarrestrar la polarización entre los dos mundos consiste en defender el Estado
social, racionalizando: es lo que queda de la perspectiva socialdemócrata, de izquierda.

Aquel que razón y opera en la perspectiva de la empresa social ya no se hace ninguna ilusión acerca de la posible capacidad del
Estado social para enfrentar las presiones de las políticas y fuerzas antiestatistas, así como el conjunto de problemas que
debería abordar y tendrá que abordar cada vez más en el próximo futuro. Sin embargo, considera importante incidir
positivamente en el proceso de desmantelamiento en marcha, trabajando desde adentro para desmontar y reconstruir,
valorizando las energías que de allí surgen, las culturas y experiencias que estaban depositadas en él. Es decir, utilizando esa
competencia en muros e instituciones acumuladas hasta el momento por nosotros, que escribimos sobre la empresa social y
por aquellos que, de distintas formas, actúan buscando esa posibilidad.

• La empresa social no es una empresa con algo de social. O, en todo caso, una situación semejante no es más que una de las
formas concretas posibles (y, por sí sola, no una de las más interesantes) de la empresa social. Empresa social y empresa no
pertenecen al mismo orden lógico: en síntesis, la primera es una estrategia y la segunda es uno de los campos que debe ser
investido por esta estrategia y, quizá, no el campo prioritario.

• Nos interesa las experiencias de empresa que, al reducir al personal supranumerario, utilizan los costos sociales para inventar
nuevos espacios de mercado y de producción: podemos realizar juntos una joint venture. Nos interesan las advertencias de
matriz Keynesiana sobre el carácter subdesarollado y subutilizado del mercado: la empresa social trabaja en estos límites, crea
intercambios económicos y sociales en esferas excluidas por el mercado. Nos interesa los costos de transacción, los
impedimentos y fracasos del mercado, y las lecturas del mercado como institución: porque tenemos experiencia en instituciones
y sabemos cómo se pueden transformar y dinamizar. Nos interesan las experiencias y estrategias de inversión social y mercado
social, las economías del desarrollo local: porque compartimos la idea de que el desarrollo económico hoy depende también de
la socialización de recursos financieros, de la valorización de las capacidades de emprendimiento, del reconocimiento de la
dimensión ecológica del desarrollo económico. Y naturalmente, nos interesa la historia que surge de la cooperación, porque el
nudo de la democracia y de la participación nos incumbe de cerca: la razón social de la empresa social es cooperativa.

Todo aquello que se mueve, a nivel teórico y empírico, en las anomalías del paradigma económico es importante y coherente
con respecto a las estrategias de empresa social, pero no es suficiente para distinguir a esta última. La distinción es la siguiente:
el punto de partida de las estrategias de empresa social no es el mundo de la producción de riqueza, sino el mundo de su
distribución y redistribución. La empresa social es, en efecto, una estrategia productiva, pero cuyo lugar de elección es lo social,
la reproducción, la asistencia, la redistribución.

La empresa social es una estrategia de transformación de los aparatos administrativos y organizativos de la asistencia que se
propone invertir en los recursos materiales y humanos que se han depositado en ella, comenzando por los destinatarios de la
asistencia misma. Amplía, por lo tanto, los espacios de acción del mercado y las posibilidades de emprendimiento, de trabajo e
intercambio social.

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De modo que la empresa social es una estrategia para que lo social (tradicionalmente improductivo, puro costo, puro gasto, o
peor) se vuelva rentable. La riqueza existente en lo social, de la que dispone la empresa social, puede identificarse en cuatro
tipos de recursos esenciales:

1. Los recursos humanos inutilizados: una cuota inmensa de ciudadanos que no es convocada para trabajar. Más aún, de
diversas maneras se la invita a no producir nada.

2. Las culturas de empresa inutilizadas: las competencias y conocimientos de los productores no se ponen en circulación. Las
tecnologías simples, accesibles a muchos, son destruidas y desalentando por el sistema productivo. Las capacidades de
emprendimiento, de riesgo, invención e innovación, que se expresan en los mundos marginales, son neutralizadas u obligadas
de manera sistemática a sumergirse en él su mundo de la economía informal.

3. Los recursos públicos inutilizados: Son inmensos edificios públicos, terrenos públicos, bienes culturales, bienes ambientales,
etc.; pero también las plazas abandonadas a sí mismas, las tierra de nadie.

4. Los recursos tratados como costos: los aparatos públicos en general y los asistenciales en particular, los especialistas, la
formación, los administradores públicos, son un inmenso patrimonio de recursos que son tratados, funciona y se comportan
como puro costo.

Por consiguientes, existen vastos yacimientos de recursos que podrían convertirse en capitales de la empresa social. Por eso, nos
interesan sin dudas las cosas que se mueven en el mundo de la empresa y de la economía de mercado, pero para buscar puntos
de contacto, espacios comunes de reinterpretación, intereses convergentes y sinergia.

Existe el mercado de invalidación y existe el mercado de validación. Nosotros tenemos que trastocar estos dos mundos: el
mundo del Welfare, por un lado, y el mundo del mercado de trabajo, por el otro. Mientras estos dos mundos permanezcan
separados, paralelos y distantes entre sí, las consecuencias serán siempre desastrosas para todos: para los que trabajan en los
bunkers del llamado mercado de trabajo y para los asistidos. Se destruyen energía para reproducir una cultura asistencialista,
cuando el dinero de la asistencia debería ser utilizado para activar las energías, aun las residuales, de las personas. Todos tienen
energías, residuales y no residuales, y habría que usar el dinero para activarlas, y no para suprimirlas para luego pasarles
subsidios a cambio, o institucionalirzarlos o internarlos. Hablamos de una transformación cultural profunda que debe producirse
en el ámbito del sistema de Welfare que gasta cientos de millones para asistir a la gente, para lo cual adiestra a centenares de
miles de operadores. Podría imaginarse qué cuotas importantes de este sistema podrían emplearse en estimular a la gente y no
en asistirla. Y que, por consiguiente, podría adiestrarse a miles de operadores para reconocer los recursos de la gente y para
activar dichos recursos en los contextos en que vive la gente.

• Hemos ubicado las estrategias de la empresa social en el campo de la asistencia, pero también en este campo hace falta
distinguir, definir puntos de discriminación con respecto a ideas y experiencias más o menos innovadoras que en él circulan.

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La ergoterapia tiene una larga tradición: a partir de las work – house de la década del setenta, el principio del trabajo como
tratamiento moral de las desviaciones ha conversado su lugar estable en la historia de las instituciones y de las disciplinas. El
ocio, padre de todos los vicios: éste es el principio que aún hoy orienta los grandes programas de incentivos a la independencia;
o que orienta, en versión doméstica, a las comunidades terapéuticas que hacen de la disciplina del trabajo su principal
instrumento organizativo. Pues bien. Diremos entonces que las estrategias de empresa social son otra cosa. Es más, son lo
opuesto a la ergoterapia. Si el problema es el tratamiento moral de las desviaciones, el instrumento en este caso no consiste en
(hacer) trabajar, sino en emprender, en condiciones económicas, organizativas y relacionales para hacerlo. Porque el
tratamiento no es para normalizar sino para restituir la confianza y el respeto de sí, la integridad y la complejidad de las
personas; y porque la libertad, la autonomía, la responsabilidad, crecen con el uso.

Y si se trata de trabajo, lo importante no es la disciplina, la fatiga, el sacrificio y la privación, sino la invención, el riesgo, el placer
de hacer y el valor agregado que se produce para sí y para otros. Hablamos de contextos en los cuales in – disciplina (la de
toxicómanos, locos, desocupados crónicos) es un punto de partida que la empresa social no se propone normalizar, sino
valorizar y reconvertir en energías de vida. Se interrumpen también los mecanismos disciplinarios que se operan a través de
instituciones y profesiones especializadas: la complejidad de la vida reducida y constreñida a un único papel de asistido (de
toxicómano, enfermo mental, discapacitado, madre soltera, desocupado, viejo).

En el mundo de la asistencia hay tres tipos de instituciones diferentes. Mejor dicho, hay sólo dos: el tercer tipo se perfila como
una posibilidad real o cuya realidad constituye el núcleo de la apuesta de la empresa social. Y hay dos pasajes cruciales que
definen las diferencias entre uno u otro tipo. El primer tipo de asistencia es el que se encarna en la institución total: fundado en
la sustracción de libertad y subjetividad (jurídica, moral y económica) de la persona y organizada para la producción de
dependencia, de relaciones de dominio y subordinación personal.

El pasaje del primero al segundo tipo, el crecimiento del welfare, tiene sus puntos de discriminación en: la
desinstitucionalización, los derechos civiles y sociales, las profesiones de servicio, el paciente redefinido como usuario, etc. El
segundo tipo de asistencia se funda en los servicios. Su principio organizativo fundamental es la prestación del especialista, que
se distribuye con criterios de derecho y a través de relaciones de tipo contractual o que querrían serlo. Pero estas relaciones
siguen siendo fuertemente asimétricas: por una parte, hay alguien que tiene una necesidad, un problema, un padecimiento más
o menos graves y urgente y, por otra, hay alguien que detenta el saber poder de responderle; por una parte, hay alguien que
detenta el código para definir esa necesidad, por la otra, hay alguien que si quiere encontrar una respuesta, debe saber, poder y
querer expresarlo y aun sentirlo, en este código. Por lo tanto, la dependencia no desaparece, se transforma. Se transforma en
dependencia impersonal, institucional; se transforma en lealtad y sumisión al orden discursivo y a las expectativas de
comportamiento del servicio y de sus especialistas. La subjetividad y la libertad de la persona se reconocen mediante la
atribución de un único requisito: la persona en cuestión es un asistido. Entonces las diferencias fundamentales entre los dos
tipos de asistencia: las relaciones constitutivas del primer tipo son de dependencia personal, y la meta principal es la
invalidación como “desestructuración de sí”, las relaciones constitutivas del segundo tipo son de lealtad institucional fundada en
la desconfianza y la infantilizacion y desembocan fundamentalmente en la invalidación entendida como reducción de la persona
al papel de asistido.

Las estrategias de la empresa social trabajan en la reconstrucción de un tejido de intercambios sociales, porque los derechos de
la ciudadanía se construyen materialmente y se traducen, de manera práctica, en validaciones de las personas; mediante el
cultivo de relaciones de confianza y la construcción de condiciones de autoestima. La confianza no es un presupuesto moral o
psicológico de individuos o de relaciones interpersonales particulares: esta noción nos interesa en tanto se la aplique a
contextos asociativos, instituciones o, más en general, a los intercambios sociales, comprendido el mercado. Y, en no menor
medida, ella implica autoconfianza, la posibilidad de tener confianza en nosotros mismos. La confianza supone tres condiciones:

a) El crédito material y moral de las personas; las posibilidades morales y materiales para cumplir con los compromisos. Dicho en
otras palabras, no se pueden establecer relaciones de confianza si no se otorga cierto crédito a las personas; y si las personas no
usan, no invierten este crédito en alguna relación, empresa o proyecto.

b) Condiciones de reconocimiento y de intercambio de confianza: un nosotros, un principio de pertenencia aunque sea mínimo,
o, si se prefiere, esa pertenencia y distribuciones de lenguajes que preside los intercambios sociales.

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c) La licencia, la distancia entre las personas, la no intrusión y la salvaguarda de su integridad: la confianza se alimenta con la
posibilidad de entrar en competencia y en conflicto, y con la posibilidad de defeccionar, de salir. Una última connotación
importante: la confianza es generadora de relaciones de confianza, es un recurso que crece en el uso.

Decíamos que la confianza implica autooconianza: se produce sobre la base de la autoestima y a su vez la produce. Si confiamos
en nuestra capacidad de llevar a término nuestros propósitos, de preservar en nuestro proyecto de vida y si consideramos que
éste merece realizarse y aun antes, formularse. Esto es autoestima en sentido pertinente. Por lo tanto, un contexto que alienta,
que crea estas condiciones. Pero ¿de qué contextos hablamos? hablamos de un contexto de asistencia que prefiguran las
estrategias de empresa social; una asistencia que, como decíamos, produce validación.

La empresa social es un contexto de asistencia estructurada sobre la base de relaciones que disminuyen la incertidumbre y la
desconfianza en nosotros mismos y en los otros, que acrecientan el sentido del valor personal y capitalizan el placer que se
extrae de las cosas que se hacen. Qué hacemos nosotros, qué hacen los otros y qué se hacen en común.

La diferencia entre la empresa social y el trabajo asistido se coloca en tres diferentes vertientes:

- La primera diferencia refiere a la naturaleza y al significado del trabajo. Aquellas diferentes formulas del trabajo asistido aún
están fuertemente marcadas por la ideología, por la ética del trabajo: el trabajo como valor en sí misma, cifra de valor de la
persona. O representan la parodia del mismo. El mundo de la asistencia redescubre el mito del trabajo cuando, por el contrario,
en el mundo del trabajo, se buscan dinámicas de efectos incalculables, que ponen en duda el estatuto del trabajador. No se
discrimina trabajo de no trabajo. En la empresa social se trabaja y mucho: si hay un suministro importante que hacer, si hay que
preparar una comida especial, o hacer un balance, se trabaja también de noche y el sábado y el domingo. La diferencia reside en
la calidad del trabajo; y sobre todo, en la calidad de las relaciones, de los procesos y de los contextos de producción. Aun así se
trata de una empresa de limpieza o de un trabajo de faquir. En la empresa social se prefiere no tanto hablar de trabajo como de
actividad. Lo que cambia es el sentido del trabajo: se nos perdonará esta noción subjetivista que sirve para cualquier uso, pero
nuestra intención es destacar el hecho de que aquello que se hace, se hace por uno mismo; o por lo menos, se intenta mantener
a distancia la dimensión heterónoma del trabajo. Se habla de actividad porque más que logos (la racionalidad del interés) y más
que el ethos (las justificaciones morales) del trabajo, se valoriza el pathos, es decir, el gusto, la tensión, el placer de hacer. Más
que las motivaciones materiales (la ganancia) más que las motivaciones morales (el deber), cuentan las motivaciones estéticas,
la dimensión sensible de la actividad.

- Una segunda diferencia distintiva de la empresa social tiene que ver con el papel del trabajo en la asistencia. Para hablar de
empresa social no basta que un servicio enriquezca el arco de sus prestaciones especiales proporcionando espacios de
rehabilitación laboral a algunos de sus asistidos, delegando en uno de sus operadores la tarea de ocuparse de los casos de
inserción laboral o destinando una parte del propio day hospital a alguna actividad artesanal de jardín de infantes, o
estableciendo una relación con una cooperativa que asume personas con problemas de discapacitación física, mental o social.
No basta porque en este caso, la dimensión trabajo está inscripta en una forma de ser de la asistencia que permanece
inmutable, de servicios que ofrecen este tipo de prestación especializada, sin discutir las lógicas de la especialidad y de la
prestación y la relación dual e intransitiva operador – usuarios. En la empresa social, el trabajo no es un campo para ampliar la
oferta de los servicios. Es un timón para transformar los mismos servicios o si se prefiere para transformar el estatuto de las
relaciones entre operadores y usuarios, entre los que se encargan de la asistencia y los asistidos. Los primeros no reparten
trabajo a lo segundos, sino que trabajan con ellos. Su trabajo profesional consiste en emprender con ellos una actividad. Sobre
todo una actividad productiva. Hay empresa social cuando una enfermera del Usl local es presidente de una cooperativa, cuando
un psicólogo del servicio de toxicomanía administra una radio local, cuando un médico psiquiatra va a comprar los arboles para
el parque del barrio y trabaja con pala. Y no se crea que hay confusión de papeles o desprofesionalizacion. Las relaciones de
ayuda y de atención se arraigan y se multiplican con las opciones, con materiales que se tocan, con los riesgos, errores y éxitos,
con sueños y miedos, con otras relaciones que se entretejen; más vinculados con la vida real, ya que devolverle riqueza a esta
última es la razón de ser de esas relaciones.

- Una tercera diferencia distintiva de la empresa social concierne al papel del trabajo para construir solidaridad. Para hablar de
empresa social no basta tampoco que el trabajo conjunto se convierta en la razón de ser y principio organizativo de una
asistencia alternativa respecto de los servicios. Por lo menos, cuando sobre estas bases, se desarrolla una tarea subordinada a
dichos servicios, sin poderes ni intenciones de transformar el estatuto institucional de la asistencia. Estamos hablando en
particular de las cooperativas: de solidaridad, o de lucha contra la marginación, o mixtas, o sociales, que desempeñan

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actividades de formación profesional e inserción laboral para personas discapacitadas; donde cuenta mucho el sentido de la
pertenencia, la solidaridad interna, la participación conjunta en un proyecto común. No pretendemos, por supuesto, disminuir el
valor y la importancia de este archipiélago y de los recursos del trabajo voluntario y de la solidaridad a los que apelan las
cooperativas. Más aún: se trata fundamentalmente de un campo de cultivo para las estrategias de la empresa social. Pero
también aquí es necesario establecer criterios de discriminación, para reconocer cuales de estas iniciativas, cuándo y cómo se
mueven hacia la empresa social.

• La empresa social no es lo social como empresa: Lo social como empresa evoca imágenes de uso de lo social (de la
reproducción social, de la organización de la vida en sociedad, de los bienes y servicios colectivos, etc.) con fines privados, con
fines de ganancia o aprovechamiento privado. Podríamos decir: tangenciales. Sin embargo, no es en esta dirección que nos
interesa formular las discriminaciones. Lo social como empresa que nos interesa aquí, refiere al hacer y desarrollar empresa
sobre la base de la necesidad de esos bienes comunes sobre los cuales se funda la felicidad pública. Más precisamente aquellos
bienes comunes que hoy se definen y se distribuye en términos de justicia social. La perspectiva a la que nos referimos es la del
llamado tercer sector entre Estado y mercado: no tanto el desarrollo genérico de iniciativas de trabajo social voluntario y
solidario, como las tendencias presentes en él que pueden articular estas iniciativas en empresas, más precisamente en
empresas non – profit. Esta noción ha ingresado recientemente en la jerga de las políticas sociales para definir un universo muy
variado y magnatico de fórmulas asociativas que ofrecen bienes y servicios, en particular en el campo de la asistencia. La
empresa non – profit indica, por un lado, la idea de que la asistencia se transforma en empresa, que hace oferta privada de
bienes públicos; por otro, el vínculo por el cual esta empresa no se realiza con fines de lucro, no distribuye utilidades a sus
asociados.

• Tenemos la intención de establecer algunos puntos de discriminación que nos permitan aclara, en negativo, qué es y cómo se
ubica la empresa social. Los puntos de discriminación en cuestión son de dos tipos. El primero tiene que ver con el uso del
espacio entre mercado y Estado: si se lo usa y hasta qué punto, para romper la separación entre estos dos sectores, para
transformar las lógicas de funcionamiento que la separación alimenta en cada uno de ellos y para producir sinergia. Parece útil
solo para decir que todo aquello que crece a la sombra de la impotencia del Estado no es empresa social. Pero, por otro lado,
este punto de discriminación es tan crucial e intrínseco a la propia razón de ser de la empresa social, que constituye un hilo
conductor de todo el libro. No consentimos a la vieja ideología estatista ni pretendemos reducir el papel estratégico del tercer
sector o sistema, a los límites entre el Estado y el mercado. Esta perspectiva se vincula de manera estrecha con la empresa
social, justamente porque ésta se coloca en estos límites, los tematiza, los complejiza, los vuelve densos en el plano conceptual y
franquable en el plano operativo.

Pero el punto de discriminación es, precisamente, el siguiente, las estrategias de la empresa social trabajan fundamentalmente
con aquello que crea sinergia entre Estado y mercado, con los híbridos irresueltos que no se conforman con los quasi mercados
paralelos o las quasi empresas asistidas, con los multiplicadores de intercambios en los límites entre el mundo de la asistencia y
el mundo de la producción, entre la administración pública y la sociedad civil. Lo que sucede en este universo magnatico de las
empresas non profit se considera en relación con la capacidad de romper tanto las leyes mercantiles de la oferta y la demanda
por las cuales el destinatario es un consumidor (libre, pero solitario y a menudo sin poder) como también las leyes
institucionales de la prestaciones burocrática, por las cuales el destinatario es un asistido (tutelado, pero a la vez carente,
cuando no coartado)

El segundo punto de discriminación concierne al uso de este espacio entre estado y mercado para hacer justicia social,
redefiniéndola. La empresa social es también una forma de recombinación de lo público y lo privado en la producción de bienes
públicos.

El problema es la justicia social. Partamos del reconocimiento de los límites de la solución estatista: la mediación institucional es
una garantía inadecuada de justicia; porque al mismo tiempo es intrínsecamente local, es decir, parcial y paternalista; la
intención redistributiva choca con la escasez de recrusos y multiplica, en su interior, conflictos redistributivos, en una palabra
luchas corporativas y guerras entre pobres; los principios de la justicia social, constreñidos en el marco del universalismo
asegurador tomado del principio del derecho y del Estado de derecho, estallan en el dualismo entre igualdad y diferencia. Y los
procedimientos de la justicia social confiados a la imparcialidad de la burocracia profesional homologan, alienan, excluyen o
imponen. Vale decir, son contradictorios en sí mismos.

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Sin embargo, por debajo de todos estos motivos de fracaso, queda la exigencia: a menos que se renuncie a la construcción de
una sociedad más justa debemos preguntarnos si se da y en qué consiste una instancia de justicia social en las fórmulas de
ofertas privadas de bienes públicos, sobre qué principios se funda y a qué procesos se remite. Porque la empresa social invierte
en lo social, pero para producir justicia social.

Hemos aprendido que no hay igualdad redistributiva si no hay redistribución de poderes; si no se dan condiciones de
participación en la definición de bienes, en los criterios de distribución, en los problemas y las soluciones; si los principios de
justicia social no son el resultado de procesos de participación. En una palabra, intercambios, conflictos, comunicaciones,
elaboraciones culturales y aprendizajes, prácticas y experiencias compartidas: es decir, procesos sociales.

• La empresa social implica coparticipación, con una cualidad más vinculada a la democracia económica. En rigor, su
rendimiento se evalúa a partir de la responsabilidad compartía, del crecimiento de la capacidad de elección y riesgo y de la
capacidad emprendedora, sobre todo de sus miembros más débiles. Por eso, la distancia entre los roles de decisión y os roles
ejecutivos es tematizada y puesta en tensión por las constantes tentativas dirigidas a socializar los procesos de decisión.

• Las inversiones de la empresa social están orientadas por el objetivo de multiplicar las posibilidades de emprendimiento de
aquellos socios que más necesitan de estas posibilidades o de otro que podrían convertirse en socios por esta vía. La expansión
de la empresa social se evalúa a partir de la multiplicación de actividades y de trabajo, de los espacios de emprendimiento en los
que cada uno tiene la posibilidad de cultivar sus capacidades, intereses, competencias, sus propias relaciones con el mundo, sus
propias esferas de autoridad. Para hacerlo, también ella tiene necesidad de capitales.

• La incorporación de alguien a la producción se puede hacer con el único criterio de responder a su necesidad de trabajar (de
hacer algo o ganar algo) o bien se lo puede hacer como decíamos con el objetivo de promover sus capacidades. Y al revés: se
puede dar asistencia a partir de las carencias, discapacidades, debilidades de las personas, tratándolas como destinatarios
pasivos y necesitados, o bien, se la puede dar a partir de sus capacidades incluso residuales como se dice la jerga, ayudándolos a
ayudarse, a retomar las riendas de su propia vida.

• Nosotros pensamos que el punto de discriminación que cuenta en realidad, de algún modo, es preliminar: de todas formas, el
que opera es el principio del ghetto, el principio de la separación que divide el mundo en dos. La empresa social hace empres
sobre la base de la superación de esta superación: entrevera riqueza y miseria, problemas y recursos porque juntos entran en
circulación en la vida social, porque se multiplican modos y razones de intercambio social. Se levantan muros cuando se acepta
una lógica comunitaria; para esto, está el reciclaje de la pobreza, en la comunidad. En cambio, la empresa social se propone
reciclar la riqueza que circula, que no está concentrada en un lugar. Cuanto más nos recluimos en una comunidad de presuntos
iguales, más se obstruye el acceso a la riqueza social, mayores son las posibilidades de tomar los hilos, reconstruir los circuitos.
Lo que la empresa social propone no es liberalismo, sino un régimen de competitividad por objetivos.

• Con demasiada frecuencia, loables iniciativas, tales como un centro de acogida de inmigrantes, un centro de asistencia para
espásticos, un laboratorio protegido para discapacitados mentales ofrecen, sin duda, bienes y servicios a estos sujetos
diferentes, pero los confirman como tales. Confirman las diferencias como elementos de discriminación, diferencias respecto de
la normalidad, de la norma. Las estrategias de empresa social, por el contrario, valorizan las diferentes entre las personas, las
mezclas, como multiplicadoras de relaciones, intercambios y experiencias, como recursos de singularización. Por eso, la empresa
social no procede sólo como operador económico en el mercado sino que se convierte ella misma en mercado. Un buen
mercado, una plaza pública del mercado: donde se mezclan, cruzan, multiplican las demandas y los intercambios, donde las
clases sociales se entreveran e intercambian, donde los individuos se miran, juegan y trabajan (y también pueden ser muy
diferentes, muy locos). Se trata de uno de los pocos lugares, un buen mercado, donde el cuerpo social se reconoce, existe por
entero. Se singulariza a través de la participación.

La empresa non – profit difiere de la empresa social cuando su fuerza e identidad reproducen ghettos, separaciones y
descalificaciones. Y también difieren de la empresa social cuando producen pertenencia sacrificando individualidades, cuando se
construyen no mediante la multiplicación de encuentros y relaciones sociales, la valoración de intereses y ventajas recíprocas
entre sujetos diferentes, sino mediante la distribución de valores jerarquizados y heterónomos. Cuando la pertenencia no es un
by – product de acciones e interacciones que producen otra cosa (identidades individuales ricas y complejas) sino un valor y un
objetivo en sí mismo.

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Las estrategias de la empresa social son proyectos colectivos que tienen en cuenta también, en gran medida, el sentido de
pertenencia, la identidad de grupo. Por otra parte, la teoría de la empresa ha reconocido en esta última un recurso estratégico:
elevada identidad de grupo y estructura organizativa de amplio reticulado es la receta de la famosa industria japonesa. En este
sentido, la empresa social se parece más a la empresa que a la comunidad terapéutica. Pero con una especificidad que concierne
al producto. La naturaleza del proyecto y la fuerza en la que se nutre la identidad de grupo están destinadas a producir el
bienestar de las personas, a crear justicia social.

Hay individuos y grupos en la experiencia de la empresa social que pertenecen a aquellos que quieren cambiar el mundo. Pero la
empresa social no es un movimiento o lo que queda de un movimiento.

Decíamos que, en la empresa social, la identidad de grupo se produce generando justicia social ya que en este caso no se trata
sólo de cumplir principios de justicia prefijados, siguiendo los procedimientos, desarrollando honestamente la tarea
redistributiva, delimitada y compartimentada. Se trata de elaborar y transformar los principios de justicia. Y, sobre todo, se
trata de construir, ampliar, socializar los procesos sociales en los que tienen lugar esta elaboración y transformación. Esto se
realiza a través de un trabajo cotidiano, acaso trivial pero concreto, que cambia las estructuras y las culturas administrativas y
técnicas de la asistencia. Una labor que trata de manera insistente de romper las separaciones entre el mundo de la asistencia y
el mundo de la producción; de desmantelar los muros, más o menos inmateriales, de los ghettos, de redistribuir poderes, no
sólo bienes; de valorizar las particularidades individuales, las diferencias, las capacidades de los individuos; de multiplicar los
espacios, los objetos y las razones de intercambio social, de producir sociabilidad: ni soledad, ni comunidad.

Solidaridad no como sinónimo de altruismo sino como correctivo social. Debe ser asimismo una vía para superar la tolerancia sin
pertenencia, evitando sin embargo caer en una comunidad sin conflictos y sin salida. Debe ser asimismo una tercera opción
entre el modelo jerarquico y el modelo individualista. O, por lo menos, es justamente a esta posibilidad real a la que apuesta la
empresa social.

• La empresa social busca y produce sinergias entre el mundo de la asistencia y el mundo de la producción:

- La intención y la tensión respecto de la producción de relaciones sinergéticas entre la asistencia y la producción: trabajando,
por un lado, para convertir cada lugar de asistencia en un laboratorio productivo de bienestar económico y social; de recursos
destinados a circular a los intercambios sociales; trabajando, de manera complementaria, en la realización de actividades
productivas, de trabajo e intercambio, en la creación de espacios de atención y cura de los daños que han sufrido las personas y
el ambiente humano, producidos también por un sistema asistencial que invalida, empobrece, estanca y derrocha recursos.

Experiencia de Trieste, Parma, Genova.

Las personas no se las consideran ni se las trata por los problemas y carencias que padecen sino por su energías, condiciones,
recursos, pasiones, por su capacidad para invertir, intercambiar o ejercer, más allá de sus desviaciones y de la magnitud de las
mismas. El trabajo se convierte en uno de los espacios importantes sobre los cuales es posible cultivar esta impronta de las
relaciones entre personas, a la vez, nacen otras cooperativas que trabajan en calidad de socios operativos o usuarios, con
distintas competencias.

Pero las cooperativas y el trabajo sólo constituyen una parte de la empresa social. La empresa social es un laboratorio, o un
politécnico, que recompone ámbitos de vida con normas especificas en un proyecto comprehensivo que trasciende las
dimensiones de la psiquiatría y de la asistencia en general, para ligarse a los mundos productivos normales, a los contextos
normales de vida y a las profesionalidades existentes. La empresa social nace en el pasaje: de la liberación de algo (de todo
aquello que ha exigido la clausura de los hospitales psiquiátricos) a la liberación para algo (para todo aquello que está adentro
del laboratorio en el territorio).

La ley 180 ha sancionado derechos que antes se negaban, pero su construcción material está por hacerse. Este es precisamente
el objetivo de la empresa social: es evidente que el derecho de la ciudadanía siempre puede ser revocado cuando no se lo
conquista y se lo lleva a la práctica materialmente; si las personas siguen en estado de privación material y cultural, la tentación
de reconstruir ghettos se fortalece. Por lo tanto, la tarea institucional de los operadores de la asistencia, de los psiquiatras, es
tener en cuenta este riesgo. Y es raro que así sea, que en algunas ocasiones ellos pongan su poder de decisión y sus capacidades
de iniciativa para trabajar en concreto en aquello que supone la práctica terapéutica por excelencia: la construcción minuciosa
de los derechos de la ciudadanía, del derecho a la salud y al bienestar.

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…Un pasaje emblemático: la figura “operaria” del socio trabajador” (central en las primeras experiencias cooperativas, que
vincula y sigue vinculando la experiencia de Trieste al mundo del trabajo) se desvanece. Toma cuerpo la figura del socio
emprendedor. Hemos descubierto que el emprendedor, por definición, se propone conseguir un determinado objetivo
invirtiendo en los recursos de los que dispone…

…Las sucesivas prácticas de riesgo e intercambio tal vez nos permitan alcanzar una rehabilitación gradual, una reconversión
productiva y una salida gradual de la marginación y la separación, que acaso nos reproducen como asistentes o asistidos, pero
no como hombres y mujeres.

…Las sucesivas prácticas de riesgo e intercambio tal vez nos permitan alcanzar una rehabilitación gradual, una reconversión
productiva y una salida gradual de la marginación y la separación, que acaso nos reproducen como asistentes o asistidos, pero
no como hombres y mujeres. Comenzamos a ver que aun en nuestro Welfare un poco mezquino, en los lugares abandonados
del viejo manicomio, así como en aquellos más vitales abiertos por el Centro, en los sujetos enfermos, toxicómanos, pacientes,
marginales, se escondían recursos infinitos para producir vida, reproducción social, intercambios, acaso calidad y riqueza y, por
consiguiente, una posible redistribución. Con quienes era posible crear lugares de producción de cultura, de trabajo, relaciones
entre gente distinta; lugares donde los roles fueran intercambiables y el trabajo de los operadores que lo coordinaba tuviera
como fin experimentar prácticas innovadoras que valorizaran los recursos. Hacer proyectos de transformación con los cuales
sólo se producen conocimientos, proyectos que deben tener en cuenta al mismo tiempo el universo de las instituciones y las
particularidades especificas de los individuos que se integran a los servicios; proyectar usinas de solidaridad y de producción de
riqueza, intercambios plurales y por lo mismo terapéuticos. El emprendedor social nace y se realiza a partir de estas y otras
imágenes. Se trata de un individuo que se propone inventar una condición social para una sociabilidad que de otro modo está
ausente, una condición social contaminada que se nutre del máximo de contaminación y que sea el lugar de revalorización de
gestos, de hechos que, de lo contrario, se repliegan en síntomas. Se trata de la empresa que da existencia, nervio y materia a lo
social. La materia prima está dada por los individuos, por sus saberes y sus estrategias. Lo importante es que exista un tráfico
entre ellos mientras que la tarea del emprendedor social es vivificar la escena, activar las plazas del mercado, animado y
combinando las mejores y más diversas energías del territorio. El servicio público puede y debe formar parte crucial de este
proyecto, en e momento en que deja de ser parasitario, autárquico e invalidante.

…El acto administrativo siempre seguía a un movimiento de opinión y de presión que provenía de los grupos, asociaciones
organizaciones de base que, por otro lado, como administrador, intentaba estimular y alimentar. Este es el centro motor de
nuestra iniciativa: que muchas personas, muchos profesionales, muchos emprendedores, se involucrarán y colaboraran en una
empresa en la que cada cosa que se hace genera otras. El criterio es poner en marcha algo que poco a poco se agranda, se
expande en otras direcciones, multiplica los lazos y las colaboraciones. Es una cosa que se aprende en el camino de hacer, que
exige que la gente aprenda a usar todas las ocasiones, las grandes potencialidades existentes. La empresa social es eso: disponer
de un gran laboratorio que no tiene límites, que corresponde a toda la ciudad.

• El dinero es indispensable, no hay ninguna duda al respecto. El dinero público y el privado. Las experiencias de empresa social
se desarrollan sobre la base del aporte de ambas fuentes combinadas. Por eso, ellas se fundan en dos requisitos. Por un lado, se
necesitan condiciones de emprendimiento, de ese emprendimiento social capaz de activar y combinar estas dos fuentes
distintas de financiamiento (y las razones y opciones que subyacen). Pero, por otra parte, también necesitan poderes y
responsabilidad institucionales, públicas, que proporcionen faciales, incentivos y espacios para hacer. Es decir, es necesario que
se den opciones de políticas y políticas en este sentido; que haya un gasto social (esto sigue siendo indispensable) pero que éste
se invierta en sujetos y estructuras capaces de producir valor social agregado, y no sólo que se gaste y se consuma.

La idea de la sinergia se concentra hoy en un punto simbólico y al mismo tiempo concreto; éstas se visualizan y son posibles, en
la medida en que se llegue a formular un balance social de empresa. Decíamos que la empresa social es una empresa para todos
los fines, sólo que sus beneficios se miden por su capacidad de producir un valor agregado de naturaleza social, un valor del que
puede disfrutar toda la comunidad civil. Por otra parte, este principio es un elemento constitutivo del estatuto de las
cooperativas sociales, de su propia razón de existencia, tal como está prevista por la ley. Pero ¿cómo se puede evaluar este valor
agregado? ¿Cuáles son sus indicadores? ¿Cómo se cuantifica en términos de balance la calidad social de los productos de
empresa, el ahorro y la reconversión del gasto público en el plano local, o la valorización de las personas, o la calidad del hábitat
social? Por ahora, dejamos planteados estos interrogantes: los retomaremos al final del recorrido, cuando tengamos más
conocimientos sobre ellos.

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• La empresa social se apoya en la simultaneidad de los procesos de formación profesional y de trabajo.

Como ya hemos visto, una cuota importante de los fondos públicos invertidos surge de financiamientos de distintas fuentes
destinados a la formación profesional. Esta última es importante en la empresa social porque funciona como un eslabón entre la
asistencia y el trabajo, un transmisor de elementos, tanto cognitivos como prácticos, de transformación de una en otro y
viceversa.

A pesar de estos límites, aquí la formación tiene un potencial propulsor. Hay muy pocos cursos, frecuencias, aprendizajes, etc.,
en que los dos momentos del aprendizaje y del hacer se separen: se aprende, y se enseña, haciendo. Aquí se invierte el
tradicional mecanismo de la formación asistencial y paternalista, según el cual es necesario que una persona (loca, toxicómana,
etc.,) primero demuestre que está mejor, que se sabe comportar y que está capacitada para sostenerse, más que hacer
aprendido la profesión. En ese caso puede ser candidato a una integración laboral. De este modo, el trabajo es un premio.
Aprender haciendo invierte esta lógica: se crean espacios productivos donde las personas trabajan, ganan, toman decisiones,
valorizan sus capacidades, tienen intercambios y razones para intercambiar, en la medida en que esto es un presupuesto, una
condición preliminar, para que estas personas estén mejor. Tampoco los objetos y los contextos físicos son inertes sino
formativos. La distinción entre el que enseña y el que aprende, no es lineal ni simple: la formación consiste en aprender juntos.
Esto quiere decir que los operadores de la asistencia, más o menos especializados en el sector de la salud mental, deben
aprender competencias técnicas y de gestión en los sectores de mercado específicos en los que actúan, así como también
aquellos que trabajan en calidad de alumnos en formación.

• Aprender a emprender:

Nosotros hemos usado el instrumento de la formación profesional para hacer proyectos. Un proyecto se hace con actores:
hemos usado la formación profesional justamente para esto, para hacer actores, para convertirnos en actores. En un proyecto,
los participantes no son considerados como el punto de llegada de intervenciones planificadas e implementadas exclusivamente
desde arriba, como ejecutores de actividades predeterminadas bajo las indicaciones de una estructura técnica. Al contrario, para
un proyecto (también formativo) y sus participantes, es importante que la capacidad de estos últimos se constituya en una
pluralidad de voces de diferentes peso, con características autónomas, interconectadas entre sí, que hablan de lo que hay que
hacer, que discuten, deciden, litigian. Son los recursos de los sujetos los que dan lugar al crecimiento, la producción, el riesgo de
un proyecto. La formación es utilizada justamente para hacer esta inversión con los recursos de los sujetos, con sus capacidades,
para que éstas puedan expresarse y crecer. Las capacidades tienen la ventaja estratégica de que deben aplicarse para volverse
visibles. Necesitan de la práctica. Por eso, también nosotros por supuesto, hemos adoptado el método de aprender haciendo.

Si la formación no crea sujetos responsables de lo que se ha creado gracias a ella, todo ha sido inútil. Esta responsabilidad se
creó, a nivel del servicio público.

¿Quién forma a quien? Formación, aquí, consiste en aprender a reconocer y usar los recursos de las personas. Los de los
participantes, los que se producen por el hecho de que es un grupo el que construye un proyecto, los del contexto. La formación
profesional es una inversión productiva. Cuanto más se la usa, más crece. Esta dimensión la distingue de la distribución que
consume los recursos con el uso, como los fármacos o los subsidios. Pero una inversión como la formación profesional exige
aplicación, necesita un sentido, vive de intercambios. El pasaje de aplicación más directo lleva de la formación al trabajo
remunerado. Pero por esta vía directa corremos el riesgo de reproducir contextos laborales poco cooperativos y muy
competitivos, que excluyen a muchos y tienen sentido para pocos. Nuestra acción formativa busca, inventa y aplica estrategias
indirectas, par producir sentido en un contexto social constituido por actores diversos.

…Es esta forma de reciprocidad de intereses la que permite aprender del otro, invertir en un proyecto común, aceptando
asimismo el riesgo de transformarse.

• La empresa social construye al mismo tiempo espacios de riesgo y redes de seguridad para los participantes:

A menudo, riesgo y seguridad son dos condiciones polarizadas que pertenecen una al mercado y la otra a la asistencia, al Estado,
a la burocracia (empezando por la seguridad en el puesto de trabajo). El riesgo de empresa implica un crédito, un
abastecimiento de recursos para arriesgar (también para intentar, equivocarse, etc.,): este abastecimiento, la posibilidad de
crédito, es otro tipo de seguridad. El riesgo (a diferencia del peligro) se elección, decisión, producción de futuro y de sí:
emprendimiento. Para retomar una formulación que circulaba hace años en Trieste: el riesgo es terapéutico.

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La condición para que el emprendimiento y la capacidad de riesgo se expresen y se construyan reside, fundamentalmente, en
que los recursos monetarios, humanos y estructurales no se consuman, sino que se inviertan. También la inercia de las
instituciones necesita del aporte de recursos, energías que, sin embargo, se consumen, se absorben por completo. Por el
contrario, como sabemos, la empresa (industrial y capitalista) los invierte en procesos productivos cuya finalidad es
aumentarlos. Por eso, las empresas (de producción o servicios, de distinto tipo) constituyen un lugar central, un motor, de las
estrategias de la empresa social.

También en Trieste el carácter central de las empresas en las estrategias de empresa social (en nuestro caso se trata de
cooperativas de producción y servicios) está en el hecho de que éstas activan y expanden una lógica de la inversión, del
emprendimiento. Pero para invertir hace falta tener capacidad de crédito, en dos sentidos: capacidad de obtener y de dar
crédito. Más aún, para poder usufructuar del crédito, para saber usarlo, hay que saber concederlo. Conceder crédito, al menos
en nuestro caso, significa presuponer la existencia de un valor, atribuir valor a un recurso humano (aun residual) e invertir en él.
Sin duda, las empresas normales se proponen reducir el aporte de recursos humanos, para reducir el riesgo de hacer depender
el logro de sus objetivos de la enloquecida variable de la energía humana. Nosotros, empresarios sociales, no podemos ni
queremos reducir los recursos humanos, el factor humano, porque este último, estas energías enloquecidas, constituyen
nuestro capital principal. Porque en el momento en que sustituyamos una sola energía humana con una maquina más simple y
más confiable, en el momento en que desechemos una sola energía humana porque no estamos capacitados para
intercambiarla en forma más rica, habremos fracasado en nuestro objetivo, habremos perdido nuestro valor agregado. Nuestro
objetivo empresario es producir un valor agregado de naturaleza social, por lo tanto, no una cosa (mercadería o dinero) sino
relaciones, intercambios, sociabilidad. Como empresarios sociales, éste es el primer riesgo que corremos, el más esencial: se
corre el riesgo de las relaciones y se lo corre de a dos o de a muchos. Se afronta el riesgo de un futuro menos seguro, pero
también mucho menos inerte y empobrecedor que la rutina institucional de la asistencia. Por consiguiente, en primer lugar,
concedemos crédito: de todos aquellos que están cerca de nosotros, esperamos lo mejor: que se valoricen en nuestra empresa.

…Entonces es necesario contar con un instrumento para que este riesgo se comparta, para que se convierta en un riesgo
calculado que, efectivamente, pueda hacer crecer a las personas. Por eso el espacio del ejercicio público, con estos riesgos,
obliga a trabajar mucho con las personas y enseña mucho acerca de los mecanismos de la condición crónica, no sólo del usuario
sino del operador y de la organización de ciertas características. La palabra transparencia no es una palabra abstracta, es una
forma de organización compleja.

La posibilidad de correr riesgos implica la posibilidad de verificaciones y confrontaciones continuas. Por lo tanto, se necesita una
organización flexible que se subordine al crecimiento de la capacidad de riesgo, a la capacidad de asumir responsabilidades a la
gente. Es imporantisimo estimular a las personas a correr riesgos, pero también es importante darles la posibilidad de declara
sus propios límites, miedos, errores, etc., poniendo trampas para que esto ocurra sin controles preventivos que restablecerían
una relación de tipo paternalista. Es importantísimo hacer crecer la modalidad de control horizontal, extendida, de los
dispositivos, para que se rompa la lógica empresarial que apela a los jefes y a la sumisión de los que no se quieren
comprometer. Se desarrolla una conciencia extendida (hecha de tolerancia pero no de indiferencia porque se trata de una
empresa colectiva) de que todos podemos cometer errores en la vida. Lo importante es que las personas admitan los errores,
que los vivan sin ocultarlos, que se prueben. Este es el mecanismo que hemos creado por el cual las personas quieren demostrar
lo que saben hacer, dan lo mejor de sí: una cosa que, en principio, es totalmente extraña para ello (durante mucho tiempo se les
ha dicho que no puede hacer nada). Este es el proyecto de empresa de nuestra cooperativa: convertir a nuestros socios
(haciendo todos los días ejercicios públicos de calidad) en emprendedores, no en trabajadores.

• Dar confianza quiere decir algo más sustancial que una calidad relacional. Se da confianza creando y multiplicando las
situaciones de opción, las decisiones a tomar, los lugares de intercambio. La capacidad de decisión, la autonomía, la libertad, son
recursos que crecen con el uso.

• Todos aprenden en las cooperativas sociales, aprenden cosas que tienen que ver con la vida real cotidiana del que trabajo,
pero esto no equivale a ser emprendedores. El emprendedor es una figura de mercado, con algunas características precisas y
entonces hay que entenderse. Cuando se ha hablado de carácter emprendedor, desde el comienzo, no era en este sentido
literal: emprendimiento. La perspectiva del emprendimiento se coloca en relación con la vida. Ser capaz de emprendimiento
consiste en ser protagonista de la propia vida. El usuario de un servicio no es tradicionalmente alguien capaz de hacer de su vida
un emprendimiento, sino que, con su propio sufrimiento, padece también la institucionalización de este sufrimiento. Por
consiguiente, el problema no consiste tanto en que cada se vuelva capaz de dirigir una empresa en el mercado, sino que logre

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tener capacidad de emprendimiento con respecto a sí mismo, aumentando la capacidad de control y de elección de lo que
ocurre a su alrededor, y de acción en el proyecto en que está involucrado. Y eso se puede hacer para muchos. Ha crecido su
capacidad de hacer contratos en relación con el mundo, los servicios, la familia; han aumentado sus expectativas sobre la calidad
de vida, en forma conjunta. Gustos, competencias, capacidad de jugarse y de administrarse, dignidad.

Pero entonces ¿para qué se necesitan empresas, mercado, dinero, trabajo, balances, etc., si se trata de generar la capacidad de
arriesgar la propia vida, de imprimirle un carácter de emprendimiento? ¿No bastaría con una buena asistencia que pueda
recrear situaciones de vida? En este sentido, circulan dos respuestas o mejor, dos modos diferentes de decir lo mismo. Si, basta
recrear situaciones de vida, pero de vida real, no ficticia y en la vida real están el trabajo, el dinero, los balances, el mercado, los
impuestos, la competencia, etc. Y en la medida en que, por profesión o vocación, tenemos que ver con aquellos que están
parcial o totalmente excluidos de situaciones de vida, tenemos que crearlas. Las empresas sirven para eso. Esta es la primera
respuesta. La segunda es: también la asistencia, no sola la pública, tiene necesidades de aprender a emprender, para producir
sujetos capaces de desarrollar una condición de emprendimiento en la propia vida. Es necesario por lo tanto aprender algunas
cosas de la empresa económica; en primer lugar a invertir y por, consiguiente, a arriesgar. Por eso se hacen cooperativas,
cuadros de trabajo, listas de tareas, comités o consejos de administración, que producen lugares de encuentro, hábitat sociales
de calidad, ejercicios públicos, espacios para proyectar, espacios para usar. Teniendo en cuenta fundamentalmente que estas
empreas, sin embargo, deben tener los requisitos esenciales de la empresa. A veces se logra demasiado poco, otras veces
demasiado, con oscilaciones y contradicciones continuas. Y con el riesgo de que toda la vida que se logra producir y transformar,
todo este patrimonio de culturas y capacidades, rebote contra el muro de goma de una administración pública de la asistencia
cuyos funcionarios y técnicos siguen operando impertérritos según las lógicas de la prestación, de la concesión, del gasto, del
consumo y del ahorro.

• A propósito de la reestructuración del Estado Social y de la oferta de servicios, se habla mucho de mix entre lo público, lo
privado y lo voluntario. Las estrategias de empresa social interpretan los mix en formas originales.

• Es sobre todo la capacidad de producir mezclas y coaliciones entre actores y poderes distintos la que califica a la empresa
social.

• Para estimular las relaciones con el contexto se confía a menudo en el azar, cuyas oportunidades se utiliza. Pero se confía
también en el azar particular de esa persona con sus problemas. De cada una de ellas. En una palabra, también se estimulan las
energías en torno del caso particular: prioritariamente en algunas experiencias y algunos contextos.

• Que quede claro: el territorio es hostil. Y, a menudo, los estímulos no funcionan: hay resistencias de la administración pública,
hay mala disposición por parte de los operadores de los servicios para cambiar las modalidades de trabajo, hay inercias
mecánicas y culturales. Pero, en especial, se suele partir de una relación marcada por una condición subalterna: pedir y obtener.
¿Cómo podría invertirse esta condición subalterna y cómo generar crédito en el contexto local? Algunas veces, es más, muchas
veces, parece funcionar la vieja regla de Adam Smith: no hay que contar con la benevolencia del cervecero o del carnicero, sino
considerar sus propios intereses. Los intereses constituyen un resorte importante para estimular y promover energías en la
empresa social. La empresa social crea espacios, lenguajes y proyectos para que estos intereses puedan encontrarse,
intercambiarse y desarrollarse.

En las experiencias de la empresa social figuran muchísimos como él. Y todos señalan dos aspectos importantes. Primero habría
que precisar lo que hemos definido como “terapeuta potencial”. Como dice Antonio Villas, arquitecto y alma del taller de
carpintería Hill de Trieste, de quien hablaremos luego, estas figuras “son inyecciones de normalidad”. Los externos tienen
criterios de valoración diferentes, modos de relacionarse con los otros y con las cosas que dan lugar a otra situación. Aportan
discursos de calidad allí donde no suele haber calidad. Aportan una mirada orientada hacia afuera, e historias de relaciones con
el mundo. Y a la inversa suelen tener, en general, algo que no es precisamente la buena conciencia de la solidaridad, niel interés
económico en sentido estricto. Ya que lo hacen por intereses, pero en una acepción más amplia del término: el cálculo es más
complicado y más estratégico y el sujeto que surge es más rico que el individuo racional y autointeresado en el mercado.
Aunque también se trate de mercado. Podríamos decir: lo hacen por el gusto de hacerlo, un gusto que se alimenta de muchas
cosas, entre las cuales la estética de las relaciones ocupa un lugar que no carece de importancia.

Pero la cuestión más importante es la siguiente: los actores se hacen. El territorio es hostil, decíamos, no es fácil encontrar
sujetos disponibles, actores dispuestos a inventase a desempeñar un papel. Al comienzo, nunca están. Hay que crearlos. Es
necesario construir las escenas, elaborar proyectos, en una palabra, es necesario hacer un emprendimiento y entonces las
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personas empiezan a adquirir contornos más claros, un espesor mayor, un lugar y un peso. Las empresas sociales producen
muchas cosas en términos devienes y servicios, pero sólo tienen sentido cuando, al hacerlo, producen sujetos.

• La empresa social se expande en la pequeña dimensión y en la diversificación de los campos de acción:

Los lugares de la empresa social son pequeños. Mejor dicho, sus dimensiones se adecuan a las exigencias de las personas
concretas que las frecuentan y al mismo tiempo están diversificadas. No hay un conglomerado de gente anónima y relaciones en
serie: se trata de una medida de prudencia, ante todo, contra los riesgos de la institucionalización. Al tratarse de pacientes
psiquiátricos crónicos, viejos o jóvenes, de toxicodependientes, de discapacitados psíquicos, ancianos, es a menudo una
residencia difícil que tiene las dimensiones y las características del departamento o de la casa. Por lo tanto, muchos
departamentos y muchas casas. Lo mismo ocurre con los lugares de trabajo, con las unidades productivas.

La pequeña dimensión corresponde en este caso a los vínculos con el mercado: por razones obvias, no nos coloca en el terreno
de las grandes producciones en serie, sino que nos construye un nombre en el mercado cualitativo. La pequeña dimensión de las
unidades productivas favorecen una mayor transparencia y horizontalidad de las decisiones y de los papales y procesos de
decisión: responde a criterios de democracia económica y al objetivo, ya señalado, de promover y difundir el ejercicio de la
iniciativa emprendedora. Naturalmente, no se trata de que esta opción carezca de problemas. La pequeña dimensión siempre
corre el riesgo de condenar a las unidades productivas a la invisibilidad, a la debilidad y a la fragilidad en el plano económico, a
una fatigosa sobrevivencia dentro de nichos del mercado. El mismo riesgo que debe enfrentarse también con las alianzas, los
carteles, los consorcios: pero más tarde hablaremos sobre esto.

…Es un ambiente de trabajo que produce una ecología social positiva, donde las personas pueden reconocer y desarrollar sus
potencialidades como personas.

…Aquí se puede ver que la pequeña dimensión y la diversificación marchan y deben marchar juntas. Porque existen lugares
múltiples y dimensionados a los que las personas pueden ir, de los que pueden entrar y salir, haciendo cosas pequeñas también,
pero concretas, que entran en circulación, que tienen efectos visibles y que corresponden a la dimensión personal de la
experiencia. Donde cada uno puede identificar y usar su propio lugar. Inventar el lugar justo para cada uno, que es lo contrario
de colocar a cada uno en su lugar: una lógica que reúne, en la matriz mecanicista, tanto los lugares de trabajo normal como los
lugares de la asistencia normal.

Pequeña dimensión y diversificación: no hay un solo puesto justo porque si hay muchos se puede elegir y se puede cambiar. El
puesto justo cambia según la situación, las experiencias realizadas, el momento y la fase de la propia vida. Esto vale para todos,
operadores y usuarios (las comillas son un signo de nuestra renuencia a reducir la diversidad de actores de la empresa social a
estos roles. Pero a veces es necesario para recordarnos y recordar que siempre se trata de asistencia, de responsabilidades
profesionales e institucionales, de gente que tiene necesidades más o menos urgentes y dramáticas) Pequeña dimensión y
diversificación responden a un dato constitutivo de la existencia moderna: “componer la vida2 es lo que hacemos al entrara y
salir de redes múltiples, atravesando saltos y roturas, restaurando los fragmentos, eligiendo y singularizándonos.

Pero pequeña dimensión no es sinónimo de pequeño y bello. Al contrario, porque acompaña y favorece la diversificación: de
espacios, sujetos, intercambios, experiencias. Dilata y complejiza el mundo que es justamente lo contrario de la clausura en lo
pequeño y lo bello. Pequeña dimensión y diversificación valorizan las diversidades y las posibilidades que se encuentran y se
intercambian. Por eso, en las experiencias de empresa social son tan frecuentes los negocios, los bares y los restaurantes, los
ejercicios públicos.

Las pequeñas dimensiones y la diversificación tienen otra virtud. Permiten mantener los contactos entre aquellos que impulsan
las estrategias de empresa social y aquello que dejan detrás, con cruces, puntos de pasaje y posibilidades de confrontación y
enriquecimiento reciproco entre los pequeños pasos y los grandes eventos: entre el albergue sobre el mar, siempre lleno y la
conquista de la palabra por parte del muchacho oligofrénico y autista.

La capacidad de la empresa social para evitar e invertir los mecanismos de la condición crónica y de la expulsión social es
limitada. Siempre hay un fondo de barril que no hay que olvidar.

La pequeña dimensión y la diversificación multiplican los intercambios. Lugares, interlocutores, objetos, razones de intercambio.
Producen aquello que en Trieste llaman, como hemos visto, plazas de mercado. Es decir, no mercado o intercambio en términos

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abstractos, sino la vida que circula en la compra, la vente, la contratación, el consumo, el encuentro, los deseos y las
representaciones. Mezclas y singularizaciones. También para esto se insiste tanto en el trabajo que es una fuente de rédito y que
produce bienes de intercambio. Los bienes, los objetos, son importantes: no son cosas, sino medios de comunicación. Para esto
es importante el mercado.

Los intercambios que se producen no son ficticios. Estamos pensando en una relación de diferencia respecto de los propósitos
de venta de los laboratorios protegidos, que es todo lo que consigue realizar la buena asistencia cuando es eficiente y está bien
organizada. Pero estamos pensando también en otros lugares donde el mercado está ausente, allí donde no hay nada para
intercambiar y donde se pone en escena un “como sí”, un mercado ficticio.

Los intercambios que se producen son plenos, se siguen en todos sus pasos, y cada tanto crean situaciones de opción. Los
intercambios plenos producen sujetos.

• La empresa social produce calidad en los productos, en los procesos, en el hábitat social

La despersonalización, la estandarización, las listas de espera, la indiferencia hostil de la burocracia, la degradación de los
lugares de asistencia, son expresiones de una lógica de la cantidad que soportamos todos los días: los aparatos de la asistencia
son maquinas de descalificación. Para advertirlo, basta observar los espacios institucionales, escuelas, ambulatorios, servicios
territoriales, casas de reposo, hospitales, etc. Estamos acostumbrados a evaluar estos lugares con criterios funcionales neutros.
Pero tratemos de verlos con criterios de calidad. Por ejemplo, la arquitectura, los colores, las luces, los arreglos de un servicio
para toxicodependientes, transmiten en forma insistente, mensajes de indiferencia, serialidad, pobreza de relaciones y
experiencias de vida. Mensajes, recursos simbólicos que confirman un destino, que plasman las relaciones entre operadores y
usuarios y olvidan las intenciones terapéuticas. No es dificil advertir una relación profunda entre la pobreza arquitectónica de
estas estructuras y su inadecuación para albergar, promover prácticas sociales, representaciones colectivas de una sociedad
descentrada. En cierto sentido, sólo el trabajo y la imaginación de los operadores puede dar vida a estas estructuras, dotándolas
de un sentido social. Pero, en general, estas estructuras sin sentidos (sin rostros, sin historia, sin calidad ni riqueza de ningún
tipo) son más fuertes que la capacidad y la imaginación de los operadores. La calidad de los contextos, de los ambientes, es
importante. Pero no es lo único en la perspectiva de la empresa social. Hay otros aspectos de la calidad en juego, conectados
entre sí. La calidad de los productos, hacer y hacer circular cosas bellas por el mundo; la calidad de los procesos con que se
hacen, las relaciones; la calidad de los consumos, materiales y culturales, sobre todo para gente que ha vivido la espiral de la
carencia. La calidad de aquello que las estrategias de empresa social se proponen producir y a partir de lo cual valoran lo
realizado: crear, cuidar, mejorar la calidad de hábitat social.

La calidad del producto también tiene otros aspectos. El producto reenvía a la producción. La producción de bienes y servicios
de alta calidad es un requisito decisivo, sobre todo, para valorizar el potencial terapéutico (de construcción de identidad)
implícito en el hecho de manipular materiales, de plasmar materia. Cuando se plasma materia, se la transforma, se vive la
experiencia concreta (es decir, corpórea) de que la realidad, como la materia (y uno mismo), se puede cambiar, se puede
producir. Pero sólo si se expresa con excelencia, con belleza, se pueden reconocer las razones personales e impersonales de la
producción, del cambio.

Por eso, los productos por sí solos no bastan: es importante la calidad de las mediaciones que se instauran entre producto y
productor. Son importantes los instrumentos, su calidad: la maquina láser de la cooperativa Nocello, la fotocopiadora del
negocio de Ginebra, los caballos de la granja de Génova, la cámara de grabado de vidrio de Primavalle, etc.

Y tal como surge de lo que hemos referido, son importantes las relaciones. La calidad supone también: relaciones adecuadas a
las personas. Lugares de trabajo y producción, proyectos de vida: deben poder proveer espacios para hacer, pensar y jugarse en
la relación con los otros, también para aquellos que no logran trabajar más de una hora por día, también para aquellos quienes
les quedan pocos meses.

…Hizo falta tiempo, fatiga, y una infinidad de discusiones para que este énfasis sobre la dimensión estética entrará en la cabeza
de las personas (también en la de los emprendedores) cambiando la forma de mirar los espacios, los contextos, las relaciones.
Porque hay que comprender que no se trataba ni se trata de un melindre estetizante, sino de un instrumento poderoso para
romper la inercia, la opacidad, la condición crónica involucrada en los objetos y en los lugares, en la cabeza de la gente.

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… El rigor de una exigencia estética para hacer frente a la precariedad. El rigor contra la miseria, más allá de la estética de la
normalidad. Provocar, liberar la imaginación. No sólo para el Espacio Joven, por ejemplo, sino también para la autoescuela. Más
que la exigencia de lo bello está la cuestión del sentido de los lugares. No se trata simplemente de embellecer objetos: los
objetos son un trámite para transformar, para construir los lugares. Es una cuestión que va más allá del aspecto formal. Calidad
significa hacer cosas que se relacionen con las personas que las usan. Los muebles que gustan en la casa vogue le gustan
también a la persona que carece de instrumentos culturales. Se han incorporado a un discurso de relaciones, en espacios
sensatos. Un espacio construido también con objetos bellos, pero no sensatos: una bella biblioteca de pino escandinavo en el
Centro de Salud Mental, vacía…Lo fundamental es quienes van a esos lugares, quienes los usan, cómo los viven, cómo los
instrumentan, qué esperan, qué quieren que pase.

El rigor de la exigencia estética tiene justamente este sentido: vuelve a tematizar la relación entre los individuos y las
instituciones y el carácter central de los individuos en las instituciones. Pero de individuos asociados, relacionados, no privados
ni carentes. Esta calidad constituye un potencial que aún debe desarrollarse. Para romper el número infinito de círculos que
clausura, que establecen separación, privacidad, ausencia de relaciones de vida y sobre todo sufrimiento. Para construir una
gran mediación cultural con la gente. Cuyo estupor, envidia, adminiracion, gusto, interés, llevan a hablar de otra cosa y no sobre
el otro y su padecimiento privado, mediando en forma distinta la relación con los locos, los toxicodependientes, los
desgraciados. Para crear ecosistemas que den lugar a que las personas se relacionen más, y con instrumentos y razones
culturales más ricos. Esto queremos decir cuando hablamos de producir calidad de hábitat social: donde el aspecto estético de la
vida social califica su consistencia ética. El deber institucional consiste en cuidar y reconstruir las culturas civiles, la democracia,
la esfera pública. La calidad es, justamente, este cuidado.

• La empresa social desarrolla una actividad reparadora de los recursos del medio ambiente y de las capacidades de las
personas:

Las estrategias de la empresa social “reparan” los daños producidos por el mal uso de los recursos mediante la combinación de
los criterios de inversión y de calidad con los requisitos que hemos visto. Los daños y el despilfarro del patrimonio ambiental, así
como el despilfarro y la destrucción de los recursos de las personas.

Si se prefiere el cuidado se aplica a la relación entre los objetos y los sujetos como por otra parte lo exige una perspectiva
ecológica. Como decíamos antes, reconstruir ecosistemas, aunque sean pequeños que, sin embargo, se encuentren fuera de esa
práctica ecológica que trabaja en la separación, en el privatismo higienista, en la pureza y la reducción de los contactos entre la
gente. En cambio, con las contaminaciones, como hemos dichos tantas veces, la empresa social se ejercita en la reconstrucción
de ecosistemas que permitan a la gente relacionarse más, no menos: producen calidad de hábitat social.

Volvamos un momento a la relación entre objetos y sujetos, porque el problema reside precisamente allí. Las experiencias de
empresa social prestan una gran atención a la recuperación y reconversión del patrimonio ambiental, por empezar a las áreas
desechadas, las tierras abandonadas, las tierras de nadie. Un trabajo importante, que además no es exclusivo de la empresa
social pero que por sí solo resulta insuficiente. Se califica: la discriminación reside en la calidad del proceso en que se da esta
recuperación, cómo se la hace, quien la hace, cómo es este proceso, quienes son los sujetos involucrados. Se trata de una
recuperación mediada por el trabajo complementario que se destina a reconvertir y reactivar los recursos de los sujetos y a los
sujetos como recurso (no como problemas, recluidos en el privatismo de su vida, con más o menos sufrimiento). Objetos y
sujetos juntos, por lo tanto. También por eso, es necesario reparar y reconvertir los aparatos de la asistencia y los recursos que
están depositados allí, que reducen, bloquean, institucionalizan las relaciones entre objetos y sujetos.

Es evidente que cuando se habla de patrimonio ambiental, no se habla sólo de edificio, parques, campos. Se habla de obras,
usos, personas. Los daños que hay que reparar están en los muros y también en la vida y en la cabeza de la gente. Dicho así,
puede parecer una aspiración excesiva, presuntuosa. Pero el hecho es que las personas en cuestión tienen nombre y apellido, un
domicilio, una historia y un espacio de vida concreto. El trabajo de reparación se lleva a cabo con cada individuo en forma
específica. Hablamos de “reparar” con un matiz que también a nosotros nos molesta: durante años nos dedicamos a denunciar
la lógica reparatoria de la medicina en primer lugar y de la asistencia en general. Pues bien, se trata de reparar, pero ¿qué?. No
órganos enfermos ni familias rotas. Se trata de reparar los daños que han sufrido las capacidades de las personas, esos daños
que las han reducido al sufrimiento (privado), al problema (social), la hándicap, a la carencia, a la falta y a la desviación. Las
capacidades son a la vez personales y sociales. Son el individuo, su historia, su capacidad y su posibilidad de elegir. “Capacidad y
posibilidad de elección”: así se llama al instrumento de articular y mediar, que aún está en construcción, para evaluar el

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producto de los servicios de la asistencia. Las capacidades son libertad: tiene razón Amartya Sen: hablan del contexto que las
hace posible y de aquello que su ejercicio produce en el contexto.

Son la energía transformadora esencial que actúa en el contexto y cuyo empleo repara el medio social. Para reparar un medio,
hay que vivirlo, habitarlo: por eso hablamos de hábitat social. Para reparar el hábitat social, para infundirle calidad, es necesario
reparar y calificar las capacidades que tienen las personas para vivirlo. O quizá, para empezar, solo es necesario dejar que lo
viva. Pero este “dejar hacer” exige un mayor compromiso institucional, y una calificación: se trata de un compromiso para
producir lo que llamamos esfera pública.

La actividad reparadora de la empresa social se ejerce también por vías directas o indirectas, sobre las instituciones y sobre las
culturas institucionalizadas de la asistencia. Los contextos institucionales suelen estar gravemente degradados. O en todo caso,
sometidos a la rápida usura. Y por otro lado contienen un patrimonio de energías y experiencias que deben repararse y
reconvertirse.

• La empresa social cambia las pautas de asistencia

La apuesta de la empresa social se juega a fondo en la posibilidad de cambiar las culturas de las políticas sociales, las pautas de
asistencia. Hacer productivos los servicios, pero no en el sentido usual de su reconducción a las metodologías de la eficiencia
económica.

Tomemos una cooperativa social de asistencia que ha hecho y hace un excelente trabajo con niños y muchachos discapacitados,
innovando métodos de intervención y enriqueciendo la intervención misma de los recursos y relaciones, introduciendo criterios
de calidad reconocidos y apreciados por los interesados, en primer lugar, por los familiares. Sin embargo, esa cooperativa pierde
a menudo una serie de licitaciones, porque la competecencia ofrece precios rebajados a cambio de servicios de baja calidad,
pero que se corresponden con la mediocridad de las expectativas y de las culturas de la entidad pública. A través de esto se
percibe que esa cooperativa no pudo ni supo generar una transformación de estas culturas, de este cambio de pautas que a la
larga es necesario para su arraigo en el contexto y para su propio desarrollo. Tal vez, no ha sabido invertir en las competencias y
en las atribuciones que los familiares han adquirido a través de su trabajo. Tal vez, resulta muy difícil cambiar desde afuera las
culturas administrativas e institucionales.

El ejemplo opuesto de un cambio de pautas logrado, en última instancia es fácil: lo que se produjo en Parma es precisamente
esto, pero gracias también a la transformación cultural e institucional que ha atravesado la administración pública desde
adentro. Por ejemplo, fue posible cerrar orfanatos y cárceles de menores, a lo largo de un desarrollo que ha cambiado las
culturas de la gente. Administradores, funcionarios, operadores y ciudadanos en general: los ha liberado, ha liberado su cabeza,
de la necesidad de recurrí a estas instituciones. No obstante, algo parecido, aunque más circunscripto, se produjo también en
otras experiencias de empresa social.

…Esta es también la esencia del trayecto de formación profesional construido en Primavalle. En un cierto momento de dicho
trayecto se constituyó una cooperativa. Sin duda, un indicador del éxito del trayecto formativo: con la formación también se
generí trabajo. Pero se trató solo de esto, ya que este logro (desde un punto de vista estratégico) no es en realidad lo que
cuenta para la empresa social. Lo que verdaderamente cuenta es que en esta cooperativa participan operadores públicos, que
han decidido asumir la responsabilidad de su existencia y expansión como su tarea institucional, de servicio público. También
esto constituye un cambio de pautas de la asistencia

La apuesta de las empresas sociales se concentra actualmente en torno de este pasaje. Su expansión, si se da, no reside
simplemente en el crecimiento de sus dimensiones sino, al mismo tiempo, de su difusión. Difundir estas culturas de empresa,
contar, mostrar, exhibir. Y hacer coaliciones, cadenas, joint venture, para consolidarse y reforzar el mensaje tanto en el plano
cultural, como en sus criterios de calidad, en las áreas de mercado así como en las fuentes de crédito.

… A mí me interesa la relación entre el mercado y las instituciones reguladoras, no el mercado en sí mismo. Me parece que éste
es el problema: las viejas formas de regulación no funcionan más, y entonces ¿cómo construir formas distintas de regulación del
mercado? Esta cuestión atañe asimismo a la empresa social. Más aún, su propia razón de existencia consiste en contribuir a
crear nuevas formas de regulación del mercado. Empresa social no significa arrojarse sobre el mercado. Sin duda, el mercado, la
relación con el mercado, es un elemento constitutivo de la empresa social, representa una confrontación con la realidad, para
todos aquellos que participan en él. Sin embargo, sabemos también que si no hay regulación, es decir, relación con la

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administración pública, el hecho de estar en el mercado en realidad no existe y seguramente no existe para nadie. Por otra
parte, el mercado (concreto) está hecho de regulaciones. Por eso, en tanto emprendedores sociales debemos volver a trabajar
en la cuestión de la marginación y la solidaridad: no la institucional del ciudadano que paga los impuestos y tampoco la caritativa
del voluntario , porque la cuestión es tener un punto de vista comunitario sobre la vida social y en particular sobre la
marginación y qué tipo de pertenencia, participación, integración o conflicto de la colectividad en mente.

Y tenemos que retomar con carácter central la cuestión de nuestra relación con otras instancias sociales en la comunidad.
Lanzamos la idea de pedir una hora de inteligencia a aquellos (individuos, grupos o instituciones) que, por alguna razón están
interesados en realizar intercambios y proyectos con nosotros. Pero hay alguna traba en nuestro sistema de aproximación por el
cual esto funciona sólo a nivel individual: el arquitecto, el comerciante, o la señora bien de Trieste que promueve la
presentación del libro sobre los parques de Trieste. Pero no logramos construir intercambios y proyectos, ni logramos constituir
un punto de referencia para otras situaciones sociales significativas. Hasta con el grupo juvenil y cultural de la ciudad tenemos
relaciones episódicas. El uso de la hora de inteligencia no produce sinergias si se limita a las relaciones individuales. Y además
tenemos que invertir en los espacios intermedios entre los servicios y las cooperativas, tenemos que reconectar los fragmentos
dispersos de la empresa en su conjunto.

…La calidad es la antítesis de la inercia de las instituciones, de su carácter estático: de manera constante, reclama inyecciones de
invención, un esfuerzo individual y colectivo, y se produce en forma paralela a la dignidad. También en el caso de la limpieza: no
se trata sólo de cuidar los lugares, sino de cuidar también la calidad de las relaciones, la organización, el trabajo, las opciones:
para que produzcan sujetos.

No se trata de funcionar de mediadores entre la gente de la serie B y los buenos ciudadanos, sino de cambiar esta relación. Y ni
yo, ni ningún otro individuo en particular tiene la respuesta; a veces, la tienen otros. Se trata de hacer surgir las potencialidades,
de estabilizar los resultados de un proceso del cual van a surgir y multiplicarse los actores. Así se difunden culturas de empresa
social. Pero no es sólo eso: hay que encontrar la forma de que los productos y los actores multiplicados produzcan cambios en
las pautas de la asistencia, es decir, en las culturas administrativas, técnicas y en las de la gente que dice: “queremos esto”.
Tiene que ver con una articulación diferente de los poderes entre los ciudadanos y el Estado. Y eso no significa simplemente que
los ciudadanos tengan más poder frente al Estado. Lo importante es que nosotros seamos el Estado, que lo hagamos como
nosotros queremos.

Y por eso es importante la licitación de la limpieza. Construir una lógica de mercado dentro del ente público. Nuestro objetivo es
justamente éste: que el ente público se convierte en un cliente exigente, que obligue a realizar un servicio de calidad, con un
alto valor agregado. Es gracias a un tipo de cliente así que se pueden hacer cosas distintas. De modo tal que el crecimiento de la
cooperativa corresponda también, por una parte, a una elevación de la identidad profesional de los socios, y por otra, a un
crecimiento de la demanda en forma más global, un crecimiento de las expectativas de calidad, de culturas. Quiero que la
calidad que producen se convierta en la pauta exigida por el Estado, quiero poder determinar esta pauta, en la medida que sé de
qué estoy hablando. La calidad del servicio que produzco es justamente la que el Estado debería exigir, alentar, promover.

• Algunas experiencias de empresa social enfrentan el problema del cambio de las pautas discutiendo e intentado hacer un
balance social de empresa: en forma sustancial, el cálculo económico de ganancias y gastos para la comunidad local si ésta
invierte en empresa social. Con dos matices evidentes: en primer lugar, el principal interlocutor potencial interesado en este
cálculo es la administración pública, pero, por otra parte, esto reenvia a criterios distintos de valoración del gasto público, a u
cambio de pautas que es, justamente, el problema que está en discusión. Se trata de una perspectiva que aun resulta vaga, que
está llena de aspectos oscuros, sobre la cual por ahora, solo podemos proporcionar algunos elementos que van surgiendo a
medida que los emprendedores desarrollan un trabajo.

…Para no hablar de la eficacia social y de la eficacia económica que suponen que aquella persona se haya convertido en un
sujeto activo de la sociedad. Por lo tanto, ya no se trata de un costo sino de un recurso. Con el instrumento de balance social,
quizás, logramos demostrar que con esta fórmula de la empresa social, se beneficia todos (tanto social como económicamente),
en especial al administración pública.

¿Qué implica introducir la idea del balance en la asistencia?

El balance contiene las finalidades de una organización, está construido en relación con los proyectos.

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El balance implica que, entre entradas y salidas, hay un proceso de transformación, de trabajo, de producción; sirve para ver si
se ha producido valor agregado. Y el gasto se computa como inversión.

El balance es un instrumento de evaluación, para el que invierte en la empresa y para el que consume sus productos. Y es un
instrumento e autoevaluación.

…El gasto está distribuido, bien o mal. Si por otra parte, se quiere demostrar que se ha logrado hacer tanto con poco gasto, el
milagro resultará ser producto de la capacidad de ahorro, no de la capacidad de inversión (que es justamente la capacidad
emprendedora)

Valor social agregado: las empresas sociales no pueden son hacer un balance social. El riesgo de promover los objetivos
económicos con menoscabo de los sociales no se olvida nunca y no sólo por parte de las propias empresas sociales. Los sujetos
interesados en un balance social son muchos y muy diferentes y con intereses diferentes: la misma construcción del balance
deberia registrar de algún modo su presencia. Y además ¿Qué quiere decir producir un valor social agregado? Supone muchas
cosas distintas, en diferentes planos, que no son coherentes ni orgánicas. Imagenemonos que quiere decir formularlas dentro de
un balance. Es importante que la comparación entre lo que es cuantificable esté en equilibrio, pero no basta. Las dificultades,
quizá, son insuperables. En la medida en que ciertas calidades sociales, decisivas, no pueden reducirse fácilmente a cantidades
calculables, tanto por el lado de los recursos invertidos, como por el lado del producto y del valor producto. La empresa social
vive esta dificultad como gap y como desafio, pero también como un juego de contaminación. El balance social de empresa,
como gran parte de los instrumentos que emplea la empresa social, sirve para transformar, para redefinir, para connotar de un
modo diferente, no para denotar.

Volvamos entonces a las pautas: sin duda, es un indicador importante que la administración pública logre transformar en cifrar
ciertos criterios de calidad: tantos socios en formación, tanto partner y capitales para este proyecto, tanto clientes, tanto dinero
gastado para el cuidado de los espacios públicos, tanto participantes se mostraron satisfechos…tanto dinero invertido por la
administración pública. Los balances son inevitablemente aridos. No obstante, quizá lo serían menos si sirviesen para verificar
ciertas pautas de calidad: para valorar proyectos, no productos; para computar a todas las personas involucradas como
participantes y a ningún ser viviente como cosa hecha; para calcular el ahorro sobre los costos de la administración pública
sobre la base de las inversiones realizadas y de los recursos activados, porque el bien público que se produce, con el tiempo,
vuelve como reducción de los costos. Pero las pautas no son medidas, son culturas. Y entonces es inevitable que por esta vía
algunas cifras se transfomen en sucesos, sujetos, historias, palabras y comunicación pública. O por lo menos, esto podría
suceder y en parte sucede, cuando los dos mundos abismalmente remotos de la empresa y de la asistencia se ponen en
contacto. Un contacto que pasa a través de la administración pública y cuyos efectos beneficos, si se dan, se evalúan con la
transformación de las medidas cuantitativas en cualidades culturales.

• En la medida en que las experiencias de las que hemos dado cuenta constituyen espacios ricos en calidad social, no son ni
pueden ser autárquicas: el valor social agregado que produce, lo es en la medida que se invierte. Pero ¿Dónde, cómo invertir y
quien invierte? Aquellas experiencias no demuestran nada. Por el momento, éste es el único valor social del que disponen: sean
cuales fueran las opiniones y reacciones que suscitan, las contradicciones e imposibilidades en las que se debaten, los límites
localistas que las confinan a un papel minoritario, los esfuerzos que suponen recomenzar cada día, ellas ayudan a comprende ry
a señalar donde están los problemas. Permiten tener aspiraciones. En un panorama científico y político empobrecido dominado
por lenguajes ritualizados, una aspera agresividad, rutinas de oficio, estas estrategias elevan el nivel de la elaboración cultural y
de la comunicación pública.

La empresa social es aún una sociedad ficticia, un artefacto, un juego, por más dramáticamente real que sea para quien la vive.
Se trata sólo de una posibilidad real que, más que producir realidad, suscita deseos. Los Andrea y las Renatas y tantos otros
personajes únicos de las historias que hemos narrado y trnascripto, la calidad de los contextos y de las relaciones y la
multiplicidad de la gente, de los espacios, de los tiempos, de lo que se hace y se produce, es otra cosa: todo esto nos
proporciona razones, experiencias, lenguajes, para dar forma a un sueño, el sueño de la buena administración, y articularlo en
aspiraciones. Aspiraciones que, además de elevadas, son sensatas.

Queremos tener una administración pública que sea capaz de reconocer y valorizar los recursos de los que dispone.

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El paradigma económico de la escasez obliga a la administración pública a realizar y considerar el empleo de recursos en el
campo social, como gastos a reducir, a economizar, e impide que selo pueda siquiera imaginar como un uso productivo, como
inversión. Para no hablar, además, de esa opacidad que le impide ver y valorizar recursos ocultos, implícitos.

Queremos tener una administración pública capaz de razonar, de organziarse y actuar. Una administración teatro en la mediad
en que deja de ser un poder que produce efectos de los que los ciudadanos son destinatarios, sujeto supeditados y rompe la
lógica vertical de las jerarquías y de las divisiones por funciones y por competencias especializadas. Una administración teatro
supone acciones en función de objetivos.

Una administración teatro construye un escenario, o muchos. Pero son los actores los que deben recorrerlos, los que
representan las escenas. Los actores, los sujetos de una administración teatro son los ciudadanos. Una administración teatro es
una administración capaz de activar, e poner en escena, de mezclar, hacer actuar y hablar a sujetos múltiples. Y para empezar:
capaz de generar una comunicación mutua entre los cuerpos separados, abrir caminos transversales en su interior.

Una administración teatro ilumina la escena, vuelve visible aquello que allí sucede: produce transparencia.

Para funcionar como teatro, una administración pública debe pasar por un proceso de privatización. Pero no por un proceso
cualquiera. No un proceso destinado a convertir a la administración pública en un sujeto económico del mercado, que se reparta
una vez más el control monopólico con otros potenciados económicos; y tampoco un proceso que delegue en el mercado
privado esa esencial res publica que es la sociabilidad, la propiedad del vínculo social.

Queremos una privatización que multiplique los intercambios, que extienda el área de acción de la iniciativa privada y al mismo
tiempo refuerce la consistencia social, que socialice. Que cree plazas de mercado también en las áreas sociales donde no hay
intercambio, donde no hay emprendimiento, comenzando desde adentro.

Nos atrae la idea de mirar la otra cara del mercado, respecto de la cara visible desde la perspectiva de la asistencia, respecto del
mercado que excluye. La otra cara es la buena, el mercado crea sujetos porque activa encuentro, intercambios, experiencias,
deseos. Por lo tanto, la aspiración es lograr que este lado bueno del mercado, sea reconocido y valorado también por la
administración pública.

Queremos una administración pública que en sus articulaciones operativas tenga muchos lugares y muchos sujetos que pongan
en escena sociedad, que produzcan representaciones de sociedad, que den vida a muchos laboratorios teatrales de una
sociedad posible, sobre todo allí donde de otro modo ésta no existiría.

Queremos servicios y operadores que midan su propia competencia y profesionalidad en la tarea de valorizar, emplear,
reconocer y hacer reconocer y hacer ejercitar las capacidades de aquellos que entran en relación con aquellos servicios y
aquellos operadores, porque estas capacidades son el patrimonio esencial que les ha sido confiado para que, de la mejor
manera posible, lo pongan en circulación en la vida social.

El riesgo forma parte integrante de la profesionalidad a la que aspiramos. Lenguajes y saberes que no denotan sino que connota,
y que por lo mismo no privatizan sino que socializan.

Sí, reparar, este es el término que se utiliza en las estrategias de empresa social. Reparar los daños producidos en las personas
por una vida de relaciones rotundamente empobrecidas. Porque las capacidades existen y crecen s se las ejercitan. Y las
incapacidades, las discapacidades se curan homeopatiacamente. Las capacidades no son tareas cumplidas: son opciones. De
modo que esta reparación no obedece solo a un objetivo de cura, sino también a un objetivo de justicia social, que es parte
constitutiva de la asistencia. Y obedece también a un imperativo económico: es eficiente porque valoriza e invierte en los
recursos disponibles.

Deciamos antes que la tarea de la administración pública teatro es poner en escena intercambios sociales, erigir plazas de
mercado, en particular, donde todo eso es inexistente o pobre. Deciamos empezando por su interior. Esta aspiración, en
realidad, es excesiva y sin embargo crucial. Y en cierto aspecto también trivial: pero, por más inusitado que parezca, se
necesitaría una administración empresa.

Cuando decimos administración empresa, nos reconocemos (con cierto embarazo) en la cultura liberal, por lo menos, en una de
sus raíces profundas: la inversión en actores y la valorización de todo aquello que produce y amplia la sociabilidad. Sin duda, el

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mercado ante todo, en virtud de algunos de sus requisitos importante: tentativa y error, libertad de experiencia, encuentros,
intercambios, comunicaciones, conflictos, identidades, diferencias como razones para intercambiar, carácter emprendedor,
capacidad de crédito y de riesgo. Empresa y mercado también suponen todo esto. Pero suponen asimismo la negación de todo
esto: son intrínsecamente contradictorios. Contienen en sí los gérmenes de su autodestrucción. Y esto ocurre en la medida en
que la vida del mercado se institucionaliza cada vez más, estimulando clausuras y muros, exclusiones y parcialidad, monopolios y
jerarquías, produciendo objetos y no sujetos. Por lo tanto, es necesario también una administración empresa, una empresa que
produce y amplia la sociabildiad, apropiándose de esos mismos requisitos del mercado.

Un hábitat descalificado, destruido, también por el mercado: también el mercado y el mundo de la empresa necesitan una
administración empresa, para curar homeopáticamente su componente destructivo y autodestructivo, y evitar la
institucionalziación, manteniendo abierta y vital la condición contradictoria.

Cuando decimos administración empresa, en realidad no hacemos sino volver a los orígenes del welfare state, y descubrimos
que nuestras aspiraciones son hijas de esa promesa originaria y de lo que ha producido en términos de desafíos, tentativas, una
historia, culturas. La promesa era la siguiente: crear una sinergia entre producción economica y reproducción social, entre
política económica y política social, manteniendo por un lado la vitalidad del mercado y por otro transformando el crecimiento
económico en condiciones de vida civil, en ciudadanía.

…Algunos de nuestros lectores recordará tal vez la idea del desarrollo del Estado social como vector e dos fuerzas: la fuerza
propulsora de los derechos sociales, de la redistribución, de la garantía del trabajo. Y la fuerza racionalizadora de la contención
de los costos sociales del desarrollo económico, de la ampliación de la demanda, del control social.

Como decíamos, la sinergia entre estas dos fuerzas debía producir ciudadanía y en parte lo ha hecho. Propagación de los
derechos fundamentales de la persona; ampliación de las bases sociales de la democracia: con garantías normativas y
condiciones materiales para su ejercicio y por lo tanto de manera complementaria ampliación y complejizacion del mercado.
Pertenencia casi diríamos comunidad participación en la producción, simbólica pero también material, de una ética pública, de
una comunicación y una discusión pública sobre los fundamentos morales de la sociedad; participación en la producción de la
esfera pública. No pretendemos sostener que la promesa de la ciudadanía implica la construcción de un sisteam fuerte de
valores compartidos, sino sólo que ésta garantiza, alimenta y amplía una discusión sobre valores, sobre qué se quería y se quiere
construir. Se trata de una discusión política, pero no sólo eso.

Hoy es necesario admitirlo, la fórmula de la sinergia experimentada con la construcción del Welfare State ya no funciona.
Cuando se deja pensar en que, bien o mal, esas políticas sociales funcionan para responder a ciertas exigencias comunes, que
estas exigencias son justas y que de ellas se está hablando, entonces ella ha llegado a su fin. Cuando ese patrimonio cultural,
moral y político no es reinvertido y se bloquea y dispersa, entonces irrumpen y encuentra espacio y razones, las criticas y las
políticas orientadas al desmantelamiento del estado social. Aquellas dos fuerzas han comenzado a divergir y su relacion de
oposición, si por un lado destruye al estado social, por el otro revela, de manera dramática, la exigencia originaria sobre la cual
se había construido una exigencia que hoy es más actual que nunca: hacer que aquellas dos fuerzas converjan como para
alimentarse recíprocamente. O, para decirlo en otros términos, una cierta forma de redistribución, de inversión en la
reproducción social, también resulta necesaria para el crecimiento económico, para la ampliación del mercado, para la
producción industrial. Reconstituir una cierta forma de sinergia.

La empresa social proporciona algunas sugerencias en este sentido.

Por el momento, tenemos la impresión de que hay que repensar un elemento crucial de esa vieja fórmula que no funciona más:
el welfare state ha dado lugar a una relación sinergetica entre economía y políticas sociales, entre mundo de la producción y
mundo de la asistencia, manteniendo no obstante a este último en una colocación subsidiaria con respecto al modelo de
sociabilidad de matriz industrial. Este ha desarrollado y desarrolla funciones suplementarias respecto de la fuerza aglutinante
del mercado y de la producción y respecto de sus efectos desgarradores. La dependencia de las políticas sociales respecto de las
condiciones de afluencia económica y de las condiciones de empleo casi pleno, su anclaje más o menos directo y apremiante en
la generalización de un estatuto garantizado del trabajo, su condición paternalista y patriarcal, su carácter de costo que absorbe
recursos producidos en otra parte: todos ellos son aspectos de esta condición subsidiaria.

La condición subsidiaria está en la noción de eficiencia, en los criterios adoptados para evaluarla, en las valoraciones acerca de
cuales son los costos y los beneficios, en suma, en su halo semántico que reenvía a la matriz de la racionalidad económica. Está
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en esa irracionalidad reguladora de la burocracia pública cuyos efectos destructivos reconocemos, sobre todo en las políticas
sociales. Y surge, por un lado, del entrelazamiento de la acción socialen la mecánica del taylorismo: el modelo funcioanl, la
especialización profesional del trabajo, del setting y de los producros, la compartimentalizacion de las intervenciones, la
centralización y la verticalidad de los poderes, la normalización y serialidad burocratica. Y surge, por otra parte, del carácter
disciplinario que se impone, en el sistema cognitivo del marginalismo y el utilitarismo, a los procesos culturales que acompañan
a la acción social y con los cuales ella se nombre, se denota, se reconoce y se evalua.

Es subsidiario el principio de separación que allí domina. Comenzando por la separación de esta esfera de acción colocada en
otro lugar respecto del mercado y la economia, esfera de acción que hoy no casualmente se llama asistencia, servicios,
distribución, etc. Subsidiario el hecho de cargar con aquello que ha sido excluido de la primera esfera todos aquellos que están o
queda fuera del mundo de la produccion, del comercio, del trabjo; pero sobre todo, el hecho de que esto se produzca
reduplicando la exclusión: convirtiendo a la asistencia en el lugar de la ausencia de obra, de los intercambios bloqueados y
reducidos a relaciones duales en serie.

En la medida en que la asistencia interviene a partir y a través de la separación su principal producto es justamente la
separación. Esta muchas veces constituye un pasaje irreversible: incapacidad, cronicidad, dependencia, invalidación son frutos e
esta separación. De este modo se vuelve cierta por fin, la ineficencia constitutiva de la asistencia, su carácter de puro costo: más
allá de que éste sea necesario.

La justicia social se reduce a ser justicia distributiva.

Los derechos sociales subordinados a la disponibilidad de recursos se vuelven dadivas; los titulares resultan destinatarios, no
sujetos, de la sopciones distributivas; los bienes a distriburi son tratado como obejetos, como mercancías, no como poderes; los
procesos sociales de justificación son desactivados y sustituidos por procedimientos institucionales de selección y erogación,
fundados en criterios de competencia especializada y pertinencia. La subsidiariedad de una justicia concebida y ejercía como
mera distribución genera injusticias.

En una palabra, la fórmula distributiva de la justicia social es intrínsecamente contradictoria: diseca los procesos sociales, las
energías, las culturas, las prácticas, los sujetos de la misma justicia social. Sobre todo, obstaculiza la justicia social en su tarea
prioritaria de multiplicar los sujetos. De esto hablamos los emprendedores sociales cuando hablamos del rigor de una exigencia
estética: la estética, que es creacion, es la ética de la que hablamos aquí.

Entendámonos: el proceso de subjetivizacion que ha alimentado el welfare state es un patrimonio de no poco valor. Pero que
vive en la sombra y bajo las condiciones de una vida productiva, desplazada hacia otra parte, que lo haga posible; corre el riesgo
de reducirse a una articulación del consumismo. Y de este modo, la cosistencia moral y política del vínculo social se reduce a una
cuestión de solidaridad mediada institucionalmente: recaudación fiscal, por un lado, distribuciones de bienes y servicios por el
otro. Con una institucionalización de la responsabilidad social que se da dentro de una forma impositiva, autoritaria y una
institucionalización complementaria de los derechos sociales de índole paternalista. No crea esfera pública. Para que ésta se
produzca, se cree y se recre continuamente, aún hacen falta las instituciones, los poderes y las responsabilidades.

La subsidiariedad ha construido parasitismo, asistencialismo y paternalismo. Todo lo que hasta aquí había sido concebido y
practicado como costos necesarios se convierte, por un lado, en un lujo que ya no puede sostenerse, en un despilfarro, en un
vínculo con la renovación economica y por otro lado resulta totalmente inadecuado con respecto a la entidad y la calidad de los
problemas sociales emergentes y de las mutaciones sociales que ellos dejan entrever: nuevas condiciones de extrema pobreza,
nuevas formas de vulnerabilidad social, fin del estatuto del trabajo garantizado, flujos migratorios y desplazamientos en masa de
polaciones, localismo, identidad por negación del otro, que parecen crecer en la converegencia, mediante una sinergia negativa,
entre las fuerzas del interes de índole mercantil y las fuerzas de la pertenencia y la solidaridad por semejanza, de tipo étnico,
religioso, etc. Los aparatos y las culturas de las políticas sociales son absolutamente impotentes frente a estos problemas.

Frente a la subsidiariedad, a la justificacion funcionalista del recorte de los costos sociales del crecimiento económico, se
reformularon muchos argumentos a favor del desarrollo del Welfare State. Y, complementariamente, es a esta subsidiareidad
que hoy apela la argumentación liberal. Precisamente el orden subsidiario del Estado social, de las políticas sociales respecto de
las politicas económicas, a la larga, ha invalidado su razón de existencia. Ha alimentado una creciente separación entre el mundo
de la produccion y el mundo de la asistencia, ha vuelto a esta última, constitutivamente ineficiente, deficiatiara, de modo tal que
aquella relación ha dejado de ser sinergetica para convertirse en lo contario, dando lugar a círculos viciosos en los que el
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desarrollo económico y el bienestar social tiendne a bloquearse recíprocamente. La existencia y el funcionamiento de los
aparatos del Estado social entendidos solo como costos necesarios, con respecto a la maquina de la economia, fundan los
argumentos a favor de su desmantelamiento, más aún cuando ello han dejado de ser (de funcionar y reconocerse como)
multiplicadores, también en el sentido económico.

Por lo tanto, este principio de subsidiarieadd que ha plasmado el estado social como solución al problema de la sinergia, se ha
convertido a su vez en el problema; este principio desmiente hoy la razón por la cual ha sido buscado y arraigado entonces, a
nivel institucional.

¿Qué ha sido de nnuestras aspiraciones? ¿Qué nos enseñan a aspirar en ese sentido, los emprendedores sociales?

Nos enseñan a abandonar la defensa de oficio y las recriminaciones sobre la caída del welfare statte, ya irreversible; a reciclar
sus escombros, antes de que estos nos hundan. Y que se reconozca la promesa originaria: construir sineriga entre crecimiento
económico y bienestar social, entre políticas económicas y políticas sociales, entre producción y asistencia.

Tratamos de que se hable de esto cuando se habla de welfare state, de su desmantelamiento y de su regeneración. Pero la
aspiración es más precisa y más riesgosa: que se trabaje en el sentido de rediseñara aquellas sinergias fuera de la vieja formula
subsidiaria. O por lo menos, que se dé lugar y se aliente el trabajo de quienes tratan, experimentan, inventan, producen otra
formulas de aquellas sinergias. Sociedades ficticias: trazos sutiles de un nuevo compromiso social. Ya que de esto se trata, aquí y
ahora

TRABAJO:

• Las consideraciones sobre el trabajo que hemos expuesto anteriormente valen también aquí: no basta con dar la posibilidad
de trabajar y obtener un salario; tampoco basta el trabajo asistido; y menos aún la integración a la disciplina del trabajo. Lo que
importa son las relaciones y las razones del trabajo. Tomemos por ejemplo el caso de las cooperativas sociales de producción
que han incorporado al trabajo a una cuota de personas con discapacidades físicas y psíquicas o sociales. Hay cooperativas en las
que estas personas incorporadas, sencillamente, han sido estacionadas allí y obligadas a cumplir reglas rígidas de prestación y
disciplina. O que, a lo sumo, son consideradas como trabajadores poco productivos. Las estrategias de empresa social se
mueven en una dirección distinta: estas personas son asociadas para todos los fines, ya que se trata de desarrollar la capacidad
emprendedora; los procesos de trabajo y los proyectos de inversión se distribuyen en el sentido de sus energías y
potencialidades. Esta diferencia se reformula de manera análoga con respecto a los voluntarios. Hay asociaciones, cooperativas
y empresas non profit que utilizan a los voluntarios como fuerza de trabajo, mano de obra de bajo costo. También en esto se
diferencia la empresa social, en la medida en que invierte en su formación, valorizando sus intereses y competencias,
multiplicando por su mediación, los nexos e intercambios internos y con el contexto social.

CAPACIDAD EMPRENDEDORA:

• La capacidad emprendedora, entendida como capacidad de riesgo,

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