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EL ARTE COMO PRODUCTO SOCIAL-HISTÓRICO

EL TIEMPO Y EL ESPACIO EN LA CREACIÓN ARTÍSTICA

Aunque las formas políticas pertenezcan a la modalidad histórica (que por esta razón se ha
llamado “historia política”), no podemos dejar de lado en nuestra consideración histórico-
cultural esta gran zona de la actividad del hombre.

El hombre desde los tiempos más remotos ha sentido en sí una inquietud por acoplar
su convivencia con los otros hombres SOCIABILIZACION y por relacionarse con la
divinidad —aspectos no tan separados como pueda parecer—, que han tomado formas
culturales o son fuentes de manifestaciones de cultura que no pueden ser dejadas de
lado.

El hombre llegó a esta inquietud por el cambio directo del padecimiento de injusticia y de
errores de organización, o por la búsqueda afanosa de soluciones que remediaran de una vez
la convivencia de los hombres y el dominio y control de los fenómenos naturales. Las
soluciones que pudo dar al particular tuvieron por ello, desde un comienzo, esta doble
modalidad práctica y teórica. En el curso de los siglos han surgido infinidad de soluciones,
muchas de ellas prácticas, que han respondido a un principio teórico; otras puramente
teóricas y otras realizadas sobre la marcha, sin fundamento previo en el intelecto humano,
dejando actuar a las circunstancias.

Lo que no podemos ignorar es que, aunque la historia política nos haga la exposición de los
hechos, éstos se agrupan siempre obedeciendo a dominantes que tienen tanto del medio
histórico general del momento como respondiendo a razones de orden cultural —o influyendo
en ellas— y que, por tanto, forman en sí un cuerpo que interesa en gran manera a cualquier
quehacer histórico-cultural.

No se trata aquí de hacer una teoría de las doctrinas políticas, sino de extraer, de lo que la
historia nos ha dado a conocer, una serie de constantes que nos ayuden a entender la
conexión que posee lo que se ha entendido generalmente por cultura (arte, ciencia, letras,
etc.) con el mundo político y en qué medida ambas áreas se vinculan.

En cuanto a la religión, porque ésta, en muchas ocasiones, entró en la materia política, por la
base que da a las colectividades y a los individuos, conformando su modo de ser o
llevándolos a actividades externas que, como en el caso del cristianismo, tienen no sólo
repercusión intensamente política, sino a todas luces cultural.

(Conviene aclarar lo que debe comprenderse por política: La política no es el problema de la


estructura social, que el hombre ya arregló desde antiguo, incluso por medios religiosos o en
contacto con las creencias. Debemos entender que la política es un producto civilizado, por
tanto, como las mismas palabras griega y romana indican, de la ciudad. No podemos
considerar a la política separada de la polis. La política va unida a la convivencia social,
cuyo embrión es la ciudad, y cuyas consecuencias son el Estado y las normas que éste
arbitra para dirigir a esta sociedad.

El Estado es, pues, un producto de la sociedad, un producto político, y tiene sus


problemas propios que, aunque descansa en los problemas de la sociedad, no son los
mismos, sino la consecuencia de ellos.

LA FUNCIÓN SOCIAL DEL ARTE

Si sabemos que el Estado descansa sobre la sociedad y está encargado de dirigir la vida de
ésta, debemos conocer en qué consiste la estructura social. Hemos de considerar como
origen de la vida social del hombre, obedeciendo a impulsos colectivos espirituales y
materiales, la tendencia social para conservar los nexos establecidos. Así, de las relaciones
familiares nacerá la tribu, de las relaciones de compañerismo las funciones sociales y, por
ende, el Estado. A este efecto dice Lasch: Las relaciones entre personas de distinto sexo y las
relaciones de la sangre dan lugar a la entidad o sociedad primera, integrada por hombre,
mujer e hijos, de que las que nacerán las familias, tribus, ramas, etcétera.

EL PROCESO CREATIVO Y LA ACTIVIDAD ESTÉTICA

Como dice Boas en Primitive Art: casi no hay pueblo sin arte. ¿Qué es lo que le incita a
producirlo? ¿Por qué unas veces este arte es naturalista y otro esquemático, y obedece a
leyes?

Tales enigmas culturales, en los que el arte se halla vinculado a la sociedad, hacen que la
creación estética se enlace con otras preocupaciones y obligan a un estudio más detenido.
Así, La integración del arte en una doctrina de la historia, título de uno de los más brillantes
trabajos doctrinales de Montero Díaz, nos lleva a la convicción de que en ninguna doctrina
histórica debe prescindirse de una estimativa, de la tendencia estética del hombre.

No podemos contentarnos con decir que el arte es una manifestación más del genio
creador del hombre y perdernos luego en la historización objetiva de escuelas,
tendencias y obras artísticas, sino que hemos de sacar de todo lo que es manifestación
artística la esencia fundamental, planteándonos la grave cuestión del enlace del arte con la
vida de los pueblos.

Hemos de integrar el arte en una doctrina general de la historia, porque al arte confluyen otros
impulsos humanos que, como tales, han de ser también historiados, quizá porque sólo a
través del arte es posible estudiarlos. Pero esto no sería propiamente doctrina de la historia,
sino quehacer del historiador, y lo que a nosotros interesa poner de manifiesto es que con
demasiada frecuencia se han estudiado por los doctrinarios los factores político, económico y
religioso, abandonando un poco este campo inmenso en que el espíritu humano ha sido tan
fecundo. Debe, por tanto, atraer nuestra intención el arte, no en cuanto obra artística en
sí, aunque sea muy interesante, sino en cuanto expresión de una zona espiritual
poderosamente reveladora.

No existe pueblo sin arte, esto basta para comprender hasta qué punto no tendremos una
imagen completa de lo que es la cultura de un pueblo si no extraemos también la esencia
radical que le impulsa a manifestarse estéticamente de un modo o de otro. No hemos de
creer, sin embargo, que en la estimación de los valores artísticos de una cultura haya que
proceder necesariamente por comparación con lo que produjeron otras culturas, porque este
procedimiento nos llevaría a considerar la creación artística como algo relativo y, en realidad,
ha de presentarse ante nosotros como cualidades positivas, que se dan en todo grupo social y
en todo ser humano, en mayor o menor grado.

Es muy importante tener en claro que la expresión artística ha llegado a la superficie de la


actividad humana después de una peregrinación subterránea, en la que muchas veces lo
puramente estético no ha sido la causa determinante. No se pretende con ello edificar toda
una teoría del arte, sino reducir éste a sus proporciones dentro del marco histórico cultural que
vamos trazando. Si además de expresión estética el arte es función social, no podemos
dejarlo a un lado, fuera de nuestra consideración general. Pero debemos tener algo muy
presente: el arte es más que nada el reflejo fiel de los avatares de la cultura humana y (sin
querer pragmatizar) no dudamos que tanto sabremos del ser de una cultura por su altura
política y económica, como viéndola reflejada en las serenas aguas de la creación artística.