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1.

Los campos semánticos del latín, y posteriormente de las lenguas romances, a los que
hicieron considerables aportaciones los pueblos germánicos fueron muy diversos. Tenemos
el campo bélico, al que introdujeron palabras como “werra” que desembocó en “guerra” en
el español y sustituyó al término latino “bellum”. Otro campo fue el de la vestimenta, del
cual podemos apreciar palabras como “falda” que pasó tal cual al español. Respecto a las
labores del campo encontramos palabras como “waithanjan” de la que se derivó el verbo
“apacentar” del español. En el campo de la construcción hay palabras como “sal” que
significaba “espacio abierto donde recibía el señor” de donde surgió la palabra “sala” del
español. En cuanto a la música tenemos palabras como “harpa” que terminó en “arpa” para
el español. En el campo del derecho y de la diplomacia hallamos palabras como “ban” que
hacía referencia a lo proscrito, y “hariwald” que entraron en el español como “bandido” y
“heraldo” respectivamente. Finalmente, en lo relacionado con los afectos tenemos palabras
como “skernjan” la cual llegó al español como “escarnio”, y así encontramos otras palabras
como los adjetivos “blank” y “wisa” que en el español se convirtieron en “blanco” y
“guisa”, una voz ya antigua que se refería a la manera de hacer algo.

2. Las aportaciones lingüísticas que los alanos y los vándalos hicieron al vocabulario
hispano se refleja en los topónimos. Tenemos varios ejemplos como “Puerto del Alano” y
“Bandaliés” en Huesca, “suevos” en Galicia, “Puerto sueve” en Asturias y particularmente
nos encontramos con “wandalus”, palabra de la cual procede “andaluz” en español, y de la
cual se derivó el importante topónimo de “Andalucía”.

3. Durante la época en que los visigodos estuvieron en Hispania se llevaron a cabo varios
procesos evolutivos respecto a la lengua, puesto que las voces góticas se fueron ajustando
poco a poco a la gramática latina y romance, sobre todo en cuanto a la morfología, la
fonética y el léxico. El elemento visigodo dejó una huella relativamente ligera en el
español, pero no dejó de tener implicaciones relevantes. Esto lo podemos observar en
palabras como “brotar”, “rapar”, “hato” en que no fueron sonorizadas las oclusivas
intervocálicas, debido a que al parecer los sonidos góticos eran más consistentes que los
latinos correspondientes. También vemos una tenue influencia del sufijo “ing” en palabras
como “abolengo”.
Hay vocablos que encontraron claras correspondencias en otras lenguas romances como el
italiano, el francés y el provenzal. Por ejemplo, palabras como “bramar”, “albergue”,
“espuela”, “guarecerse”, “tregua” y “tejón”. Existen más de cien palabras del español cuya
etimología se ha querido relacionar directamente con la lengua de los visigodos, pero son
pocos los casos en que se ha logrado hacer una comprobación plausible. Tenemos muchos
ejemplos parecidos a los que ya vimos en los campos semánticos. Sin embargo, podemos
ver otros en la onomástica española como “Álvaro” que se formó de los vocablos “all” que
significaba “todo” y “wars” que quería decir “prevenido”. Otro ejemplo es el de “Rodrigo”
que proviene de “hroths” que significaba “fama” y “riks” que quería decir “poderoso”. Por
último, tenemos el de “Fernando” que surgió de “frithu” que significaba “paz” y “nanth”
que quería decir “atrevido”.

4. Fueron bastantes las aportaciones fonológicas que propició el acercamiento visigodo, de


las cuales podemos observar algunos ejemplos. La sonorización de fonemas sordos en
posición intervocálica la hallamos en casos como /eklésiae/ y /pontifikátus/ que se
volvieron /eglésie/ y /pontivikatus/. Resaltan los diversos efectos de yod en sus distintas
formas, dentro de las cuales está la palatalización, propia de yod primera del segundo tipo,
es decir, /kj/ que se encontraba aún en curso, pero alcanzó a muchos nombres propios
visigodos, por lo que ahora no tiene pronunciación velar, sino dental o interdental por una
refonologización. Asimismo, tenemos la reducción del grupo consonántico /mb/ como es el
caso de /palumba/ que pasó a /palóma/, así como la diptongación de las vocales medias y
breves. Otra caso interesante fue el de la conservación de /f/ y de /y/ a principio de palabra
como sería el ejemplo de /farína/ y /yenésta/, puesto que esto le dio un rasgos particular a la
lengua de Hispania de aquellos tiempos, aunque después ocurriría un cambio opuesto.
Hubo otros cambios fonológicos en estos años, pero esta es una muestra de lo que ocurría
con nuestra lengua ante la influencia de la lengua de los visigodos.