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CANÍBAL DE JULIÁN HERBERT

En este ensayo Julián Herbert reflexiona sobre la poesía mexicana reciente. Comienza por
hablarnos acerca de la problemática que existe en torno a lo antológico y lo generacional.
Analiza tres antologías en particular; Poesía en movimiento, Asamblea de poetas jóvenes de
México y El manantial latente. Se concentra sobre todo en el método que emplearon los
compiladores para elegir a los poetas que formarían parte de su obra respectivamente.
Así pues, nos dice que Poesía en movimiento representa un diálogo entre los poetas
jóvenes de aquella época y los poetas pertenecientes a la generación inmediatamente
anterior, lo cual permite en alguna medida observar la transformación de la poesía
mexicana, idea que le da sentido al título de esta antología y cuyo método de selección
responde a este propósito de Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Alí Chumacero y Homero
Aridjis.
Luego nos habla sobre Asamblea de poetas… y afirma que el método utilizado por
Zaid para escoger a los poetas que conformarían esta antología es muy cuestionable, puesto
que puso toda su atención en la generación, es decir, el año en que habían nacido los poetas
con el fin de reunir a aquellos que se asemejaban más en edad, por lo que en algunos casos
la calidad de los poemas resulta insuficiente.
Por último, nos dice que el método de que se sirvieron Ernesto Lumbreras y Hernán
Bravo para elegir a los poetas de El manantial latente aventaja a la antología de Zaid, esto
en el sentido de que los criterios fueron más rigurosos en cuanto a la calidad estética de los
poemas. Sin embargo, aquí lo polémico gira alrededor de los gustos de los compiladores
con que se rigió notablemente el proceso de selección de los poemas.
Respecto a lo generacional Julián hace una reflexión interesante, ya que nos señala
que uno tiene que considerar el sentimiento del tiempo que se ha tenido en cada periodo
histórico, para entender esta cuestión que se ha vuelto tan próxima a la poesía
contemporánea. Tomando esto en cuenta podemos ver que parece como si el tiempo se
hubiera acelerado, puesto que mientras en tiempos antiguos la poesía sufría algunos
cambios a lo largo de un siglo, digamos, en nuestros días la poesía sufre muchos cambios
en pocos años, lo cual dificulta la labor de dividir a los poetas por generaciones.
Más adelante, Julián nos habla acerca de algunos poetas por grupos, por decirlo así,
a pesar de que el estilo de cada uno se diferencia bastante de los demás. Nos dice que
después de Octavio Paz hubo algunos poetas cuya obra manifiesta cierta madurez. Unos
que eran muy allegados de la revista Vuelta, entre los que se encontraban Alfonso
D’Aquino, Aurelio Asiain y Luis Ignacio Helguera, y otros que decidieron tomar un rumbo
distinto, entre los que estaban Jorge Fernández Granados, José Eugenio Sánchez y el propio
Lumbreras.
Al juicio de Julián la obra de los segundos era más sólida. Las técnicas de estos
poetas eran más modernas, propias de la vanguardia, y por lo tanto sus poemas resultaban
en alguna medida experimentales. No obstante, otro grupo de poetas se opuso a éste en
cuanto al estilo, un grupo aún más joven encabezado por Mario Bojórquez. Estos poetas
tenían una educación académica y eran de la idea de que la vanguardia había tenido su
momento, pero ya era algo anticuado, por lo que se tenía que buscar otra manera de
escribir, una que fuera novedosa y estuviera más cerca de la tradición.
Enseguida, Julián continúa con una reflexión acerca de la manera de leer poesía en
nuestro tiempo y en nuestro país. Nos dice que acorde a su propia experiencia hay poetas
cuya obra es juzgada con frágiles argumentos, ya que ha escuchado comentarios que
reflejan una carencia de conocimiento sustancial de los poemas a que se dirigen. Defiende
el derecho de la opinión propia, pero pide que ésta descanse sobre la experiencia, la
percepción y el discernimiento.
Asimismo, nos habla de la rivalidad que existe entre los propios poetas, la cual está
relacionada con diversas circunstancias. Los poetas en nuestros días no se comprenden y si
no concuerdan en cuestiones estéticas o estilísticas entablan pleitos que no ayudan al
propósito que Julián considera fundamental en torno a este conflicto; distinguir un buen
poema de otro que no lo es. Nos dice pues, que en muchos de los casos alrededor de estas
disputas están inmiscuidos el dinero, el prestigio y el poder, lo cual hace todavía más
complicada la situación.
Finalmente, afirma que no niega la posibilidad de que esté en un error respecto a lo
que ha reflexionado sobre la poesía. Sin embargo, asegura que no habla desde la postura de
un teórico literario, sino desde un ávido lector de poemas mexicanos contemporáneos.
Juan de Dios Hernández Gómez.
COMENTARIO

Acorde a la experiencia que he tenido al leer poemas escritos por poetas mexicanos de
nuestro tiempo, tengo que decir que lo mejor es hablar en términos de forma y fondo, a fin
de expresar lo más claramente que pueda mi opinión. Me parece que respecto a la forma
son más grandes las diferencias que las semejanzas, ya que los estilos son muy diversos. Se
han hecho enormes esfuerzos por perfeccionar la técnica y hacerla a su vez siempre original
e impredecible. Pienso que en este aspecto se han llevado a cabo transformaciones
evidentes, se ha renovado la forma.
Sin embargo, no encuentro otra manera de decirlo sin dejar de ser sincero, a mi
entender se ha descuidado el fondo de los poemas, en el sentido de que los poetas parecen
muy ensimismados, hablan sobre temas de interés muy específico o se hacen referencias
muy ajenas al conocimiento colectivo, es decir, hace tiempo que se dejó de escribir para la
gente, ya sé hace más bien para los demás poetas, para los críticos o para sí mismos.
Además, y esto es lo que a mi modo de ver las cosas es lo más triste, las ideas que
son el alma de las palabras, han dejado de ser profundas y trascendentales, puesto que para
mí la poesía es una necesidad espiritual, propia de la naturaleza humana. Bueno, es sólo mi
opinión y nada más.

Juan de Dios Hernández Gómez.