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Los costos de la Independencia fueron evidentemente muy altos, el mayor de los cuales fue la

pérdida del orden político que mal que bien sostuvo el imperio español de ultramar por más de tres
siglos.
"Los obstáculos institucionales al crecimiento económico... fueron mayores en las zonas de
población autóctona estable, donde quedaron encarnados en un 'pacto' colonial entre España y la
élite colonial", anota John Coatsworth, para la América colonizada por Iberia.

Fueron este tipo de regiones las que se vieron más polarizadas por el conflicto que dividió a los
criollos y a los mestizos y sumó a los indígenas a la causa real.

Se podría afirmar que la estabilidad política solo llegó a Colombia después de la Guerra de los Mil
Días (1899-1902), a partir de 1905, cuando los partidos alcanzaron un acuerdo de paz perdurable.

Lo cierto es que la caída de la monarquía española desató la anarquía en casi todas sus colonias.
Surgieron iniciativas constitucionales en villas y provincias, a la vez que un gobierno provisional
instaurado por las Cortes de Cádiz ofreció amplia representación a sus congéneres de ultramar.

La Constitución aprobada en Cádiz en 1812 fue progresiva, porque instauró el voto universal
masculino sin requisito de propiedad o literalidad, que incluyó a criollos, mestizos e indígenas
(excluyó a los esclavos) y estableció gobiernos provinciales y ayuntamientos de origen popular
(Rodríguez, 2005).

La restauración de Fernando VII en el poder en 1814 le permitió abolir las Cortes y desconocer la
Constitución gaditana. En la Nueva Granada solo en el pronunciamiento constitucional de
Cartagena se hizo sentir la influencia de las Cortes de Cádiz y la versión más radical de los
Derechos del Hombre. (Martínez Garnica, 2006) En sentido opuesto, la Constitución de
Cundinamarca de 1811 propuso una monarquía constitucional que mostró el carácter excluyente de
los criollos frente a las castas inferiores y el temor de perder el dominio sobre el orden político
legado por España.

Otras iniciativas más federales en otras provincias de diferente inclinación política, inspiradas en la
experiencia norteamericana y promovida por Camilo Torres, llevaron a guerras intestinas que
facilitaron la reconquista española de 1817.

La historiografía tradicional ha llamado a este período la 'Patria Boba', pero el conflicto no surge de
la estupidez humana, sino de la inexistencia de gobiernos proto-nacionales en cada colonia -cuerpos
colegiados con funciones políticas y económicas donde existiera representación de los criollos- que
la Corona nunca permitió ni en la propia España, lo cual dificultó la construcción de espacios de
negociación política que se debieron construir desde la nada con el derrumbe del imperio
hispánico.

Por contraste, las asambleas de las 9 colonias anglosajonas, que sí contaban con experiencias de
auto-gobierno, se apoyaban en un área de libre comercio, legislaban sobre impuestos y contaban
con recursos para hacer inversiones en educación e infra-estructura. Fue menos difícil para ellas
entrar en una negociación compleja que culminó en una confederación dotada de una constitución
eficiente y legítima que perdura al día de hoy.
Clement Thibaud sugiere que las estructuras castrenses de los ejércitos bolivarianos jugaron un
importante papel en la conformación de las identidades nacionales. Ante la ausencia de poder
generada por la confrontación con la metrópoli, su influencia en las instituciones de gobierno llevó
a la aparición del caudillismo y retrasó la conformación de un sistema de gobierno parlamentario
que permitiera la creación de espacios de negociación política de los conflictos.

Bolívar, en particular, se oponía al federalismo, a la división de poderes y a una representación


universal. Por tanto, no existieron las condiciones institucionales y políticas necesarias para que el
proceso económico se desarrollara de manera dinámica, en los países que antes conformaron la
Nueva Granada, al menos durante la primera mitad del siglo XIX. (Thibaud, 2002)

La pugna fundamental en los años de la post independencia en los países liberados por Simón
Bolívar fue la oposición a formas de gobierno centralistas con un enorme poder concentrado en la
presidencia vitalicia del propio Bolívar, quien además podía nombrar a su sucesor, combinado con
restricciones de ciudadanía a los que no contaban con propiedad o no sabían leer y escribir, contra
unos gobiernos más liberales que contaban con reglas menos restrictivas de participación política.

Las fuerzas localistas y regionales que desató la Independencia fueron contenidas por las
necesidades militares de los criollos. La guerra de liberación obligó a centrar todos los esfuerzos en
fortalecer el ejército y, con ello, a centralizar el incipiente Estado.

Una vez expulsados los españoles del territorio que se vendría a denominar La Gran Colombia, pero
todavía con un poder realista amenazante en territorio peruano, Venezuela aprobaría su
Constitución de Angostura en 1819, muy influida por Simón Bolívar que le introdujo rasgos
dictatoriales.

Entre estos figuraban la división de ciudadanos entre activos y pasivos (sin derecho a elegir o ser
elegidos), acreditar propiedad de 500 pesos para los activos, mientras que el presidente concentraba
todos los poderes, pudiendo incluso invalidar sentencias judiciales.

Le seguiría la Constitución de Cúcuta en 1821 que federaba a Venezuela, Ecuador y a la República


Granadina y que intentaba darse una organización un tanto más liberal y descentralizada que la
propuesta por Bolívar.

La Constitución de 1821 se inspira en el derecho divino como fuente de soberanía: reconoce la


religión católica como única verdadera que acoge y protege. Era muy difícil para los criollos
implementar el ideal de la Ilustración sobre establecer instituciones sobre la base de la razón, para
lo cual era imprescindible separa al Estado de la religión.

Los ciudadanos deben saber leer y escribir a partir de 1840 para participar en elecciones, lo cual
fuera de restrictiva reconoce un problema de analfabetismo generalizado, pero además deben tener
un patrimonio de 100 pesos o en su defecto una profesión que les permita la independencia,
excluyendo de la ciudadanía a jornaleros, arrendatarios y sirvientes.

Había un sistema de votación indirecto, mediante electores cantonales cuyos requisitos de


propiedad y sapiencia eran mayores.
Ellos conformaban asambleas electorales que elegían presidente, senadores departamentales y
representantes de provincia, dando lugar a un sistema de votación indirecta, proclive a la
manipulación.

Se daban un cuerpo legislativo dividido en dos, donde la cámara contaba con representantes que
ejercían por 4 años, mientras que los senadores tenían períodos de 8 años y se cambiaba la mitad
cada 4 años, siguiendo el modelo norteamericano. (Restrepo Piedrahita, 1995)

La lucha entre el caudillo libertador y los políticos se zanjó a favor de los republicanos
santanderistas en el caso de Colombia que surgió como tal después de la disolución de la
confederación en 1832, dando al traste con otro de los sueños del caudillo libertador de ser
conductor de un gran imperio americano. (Rodríguez, 2005)

Las guerras de independencia fueron también guerras civiles, en tanto el partido realista
representaba la tradición y la religión legadas por el imperio español, siendo los criollos desafectos
hijos rebeldes del mismo tronco.

Los indígenas sabían que las instituciones que les había provisto la Corona, y que alguna protección
les ofrecía, serían desmanteladas por las reformas modernizantes del partido independentista.

Los esclavos, por su parte, le dieron la bienvenida a la Independencia porque les prometía la
libertad en una generación, y aún inmediata para los que participaran en la contienda, pero algo
similar le ofrecieron los realistas y pronto quedarían desilusionados con la lentitud que tomaría su
emancipación.