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LA GRANDEZA DE CRISTO EN EL DOLOR Y EN LA MUERTE

Introducción:

vivir para glorificar o alabar a Cristo es costoso.

Marcos 8:34

Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en


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pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Exaltamos a Cristo cuando estamos satisfechos en él, su belleza brilla con


mayor refulgor cuando se le desea y atesora por encima de la salud, la riqueza
y nuestra vida misma.

El sufrimiento es el camino para hacerlo real a él, por esto nos llama a ello.

Él nos ama y el amor nos consiste en hacernos la vida fácil, cosnsiste en


hacernos capaces de disfrutar de el al exaltarlo a él siempre, sin que importe
las circunstancias que estemos pasando, sin importar el precio.

1. Lo exaltamos cuando cargamos su cruz.

La vida cristiana normal solo se gloria en la cruz mirándolo, su gloria se vive mientras lo cargamos.
27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.
El precio de la gracia: el seguimiento

“la cruz nos es el final terrible de una vida feliz y temerosa de Dios, sino el comienzo de nuestra
comunión con Cristo. Cuando Cristo llama pide que nos acerquemos a él y muramos”

La fe que justifica produce cambios en las personas.

La única Pasion

Existimos para hacer que le se vea en el mundo, si nuestra vida y nuestra muerte no muestran el
valor y la belleza de Jesús, la estamos desperdiciando.

conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado;


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antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será
magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte.
21 Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.
Cuál es el objetivo en nuestras vidas magnificar a Cristo, mostrar su valor.
7Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero
pérdida por causa de Cristo. 8 Es más, todo lo considero pérdida por razón del
incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido
todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo 9 y encontrarme unido a
él. No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene
mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe. 10 Lo
he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se
manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser
semejante a él en su muerte. 11 Así espero alcanzar la resurrección de entre los
muertos.

Nuestra muerte debe glorificar a Dios

Juan 21

De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a


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donde querías; más cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te


ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.

Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios.
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Y dicho esto, añadió: Sígueme.

Pedro en su muerte iba hacer que Jesús sea el centro de todo.

Si tenemos la actitud y vemos la muerte como ganancia, estaremos


magnificando a Cristo en la muerte.

Como puede ser esto v.2322 Pero si el vivir en la carne,


esto significa para mí una labor fructífera, entonces, no sé cuál
escoger, 23 pues de ambos lados me siento apremiado, teniendo el deseo
de partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor; 24 y sin
embargo, continuar en la carne es más necesario por causa de
vosotros. 25 Y convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con
todos vosotros para vuestro progreso y gozo en la fe, 26 para que vuestra
profunda satisfacción por mí abunde en Cristo Jesús a causa de mi
visita[r]otra vez a vosotros.

Eso es lo que hace la muerte nos lleva a una mayor intimidad con
Cristo.

Partimos y estamos con Cristo y Pablo dice que eso es ganancia.

Mejor que los amigos, hijos, el éxito profesional, etc.

Si sufrimos o morimos en el camino del calvario de obediencia a Cristo

Jesús dijo:

El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que
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ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí;


Cuando llegue la hora de que todo nos sea quitado, a excepción de
Cristo, lo exaltamos al decir “en él lo tengo todo y por eso el morir es
ganancia”.

Si amamos a Jesus como podríamos magnificarlo con nuestras actitudes


y conducta.

La vida crsitiana es morir dia a dia

Morir a la comodidad, la seguridad, la reputación, la salud, la familia, los


amigos, las riquezas y la patria.

Todo esto puede sernos quitado en cualquier momento en el camino de


la obediencia.

Es abrazar con pasión está perdida y contarlo como ganancia.

En nuestra vida, todo debe magnificar a Cristo, sea atravez del dolor o
del placer de disfrutar.

Debemos disfrutar de la vida como regalo de Dios y glorificarlo con


gratitud.

El mayor gozo de Dios es darnos todo, y el nuestro compartir y no


guardarlo para nosotros.

Es bueno trabajar y tener, pero es mejor trabajar, tener y dar.

La mayor gloria de Dios brilla más cuando él nos provee en tiempos de


perdida, que cuando provee en tiempos de abundancia.

El evangelio de la prosperidad de la salud empalidece la belleza de


Cristo, con sus regalos y convierte esos regalos en ídolos.

El mundo no se impacta cunado los cristianos se enriquecen y dan


gracias Dios, sino cuando Dios nos provee y compartimos nuestras
riquezas en nombre de Cristo y contamos eso como ganancia.

Nadie jamás ha tenido encuentros poderosos en tiempos de abundancia


sino en tiempos de sequía.

Él es magnificado en nuestra vida con más claridad cuando lo


experimentamos en nuestras perdidas.
2 corintios 1:8-9
8Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra
tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados
sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun
perdimos la esperanza de conservar la vida.
9Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no
confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los
muertos;

El designio del sufrimiento tanto de Pablo como de nosotros que solo


Dios es el único tesoro perdurable.

Cuando nos quitan todo en nuestra vida, con excepción de Dios, y


confiamos en el mas no importando la perdida, eso es ganancia y lo
glorificamos de esa manera.

Hay más gloria de Dios en el sufrimiento que en el escape.

2 corintios 4:16-17
16 Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre
exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en
día.

Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada


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vez más excelente y eterno peso de gloria;

Momentánea se refiere a corta duración de nuestra vida en comparación


con la eternidad de Dios, leve se refiere al sufrimiento y la muerte en
comparación con el peso del gozo eterno en la presencia de Dios. Esto
es lo que ganamos si nos aferramos a Cristo.

Dios determina que las tribulaciones intensifiquen nuestra esperanza por


su gloria.

Romanos 5:3-4
3Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones,
sabiendo que la tribulación produce paciencia;
4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;
La esperanza crece y se profundiza a través del sufrimiento, fuimos
creados para disfrutar de la gloria de Dios, y Dios en su amor utiliza las
tribulaciones que se requieran para intensificar nuestra capacidad de
saborearla.
Dietrich Bonhoeffer: La gracia barata
201 7 1908
Tiempo estimado de lectura: 4 minutos
El 9 de abril de 1945, se recuerda la muerte de Dietrich Bonhoeffer, quien en vida fue pastor y
teólogo de la iglesia luterana de Alemania.

A este erudito, que se ordenó y doctoró a los 21 años, escritor de varios libros, se le conoce por su
coraje y compromiso cristiano. Cuando la Iglesia Católica guardó silencio y las iglesias cristianas
protestantes se mantuvieron al margen promoviendo la “neutralidad” ante el régimen tirano y
déspota que pretendía levantar Hitler, Bonhoeffer consecuente con su discurso, levantó su voz.

Tuvo la oportunidad de quedarse en los Estados Unidos en medio de los albores que
pronosticaban una Guerra Mundial. No obstante, prefirió regresar a su amada tierra a cuidar del
rebaño que Dios le había entregado. Estuvo a cargo de un seminario que fue clausurado por la
Gestapo. Se le prohibió hablar y enseñar, pero obediente a su llamado continuó sus labores de
manera clandestina.

Acusado por complicidad para matar a Hitler, Bonhoeffer fue arrestado y pasó sus dos últimos años
de vida en una cárcel en Berlín esperando su sentencia final. Allí se dedicó a producir varios de
sus libros que hasta hoy conocemos.

Entre ellos sobresale: “El Costo del Discipulado”, una joya literaria cristiana. La tesis de esta obra
es una exposición a la luz del Sermón del Monte en Mateo capítulo 5. Su argumento, evidenciar lo
que significa profesar una fe abstracta, legalista y desencarnada del verdadero compromiso y la
transformación que exige Jesús como el corazón del Reino de Dios para sus seguidores.

Una fe que no toca el alma ni la consciencia, un cristianismo sin Cristo y sin cruz, es una fe estéril,
inútil y hueca porque al final no es sostenible. A esto Bonhoeffer lo llamó: “la gracia barata”.

“La gracia barata es la predicación del perdón sin requerir arrepentimiento, el bautismo sin la
disciplina de la iglesia, la Comunión sin la confesión, la absolución sin la confesión personal. La
gracia barata es la gracia sin discipulado, la gracia sin la cruz, la gracia sin Jesucristo, vivo y
encarnado” (pág.16).

A los 73 años de que este pastor escribiera estas palabras, en un contexto de tribulación por
defender su posición, es triste reconocer que en la actualidad algunos sectores caminan por este
mismo sendero que pretende abaratar la fe.

La fe se vuelve barata cuando se ofrece como producto de consumo para satisfacer a las masas
que buscan un mensaje acomodado a la realidad de sus deseos personales. Cuando se ofrece
como espectáculo para un público que desea que se le endulcen los oídos y se le prometa
estabilidad para su “Statu Quo” y cuando se promueve la identidad de ser hijo o hija de Dios como
una garantía para reclamar las promesas materiales a cambio de una módica suma o transacción
monetaria que algunos llaman: “La ley de la siembra y la cosecha”, o el “pacto con Dios.”

Hace poco tiempo observaba a un tele-evangelista latinoamericano. Este enseñaba, (si es que se
puede llamar enseñanza), que debíamos reclamarle a Dios por cualquier necesidad material
existente y pedirle por el “carro de nuestros sueños como un derecho adquirido por ser sus hijos”.
En sus 30 minutos de exposición, en ningún momento hizo mención a otros elementos presentes
en el mensaje apostólico, tal como la justicia, la responsabilidad, la obediencia, el arrepentimiento y
el seguimiento como parte integral del discipulado que Jesús vivió, encarnó y demandó.

Estos promotores de estas corrientes corren el peligro de enseñar falsas enseñanzas y por ende,
reducir el mensaje a “migas espirituales”. Razón tenía Bonhoeffer al afirmar que la “gracia barata
es el enemigo mortal de la iglesia”.

La pasada conferencia mundial Lausana III celebrada en la Cuidad del Cabo en Sudáfrica, se
pronunció en contra de la mala interpretación bíblica y hasta la manipulación que se ha hecho para
alimentar el materialismo. Uno de los expositores mencionó en su discurso titulado: “Dios promete
bendecir a su pueblo”, que el evangelio de la prosperidad distorsiona la bendición en el sentido que
sólo lo ubica como bendición material.

Otros comentarios en Lausana III fueron: “No podemos utilizar la opción de comprar la gracia de
Dios y esto es lo que hace el evangelio de la prosperidad…” “Dar es parte de nuestra adoración,
pero el evangelio de la prosperidad hace que el dar sea una actividad transaccional”, comentó otro
expositor africano y puntualizó: “A los creyentes se les enseña que cuando hacen una ofrenda a
Dios pueden esperar una rentabilidad determinada. Pero Dios bendice de acuerdo con su sabiduría
y no necesariamente con la riqueza material.”

Como creyentes no podemos permanecer callados ante estas falsas enseñanzas que continúan
permeando a la iglesia y encarecen la fe. Pero lo más preocupante es que continúan arrastrando a
miles de seguidores a beber de estas aguas turbias e ilusorias. Y aún más preocupante es que
están dejando un legado a las próximas generaciones de un discipulado que en nada refleja el
corazón del Reino.

Bonhoeffer no calló porque reconoció que su deber como discípulo del Señor era
pronunciarse. ¿Acaso Dios espera algo menos de cada uno de nosotros hoy en día?

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