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en-la-historia-de-la-liberacion-sexual

A 100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA


La despenalización de la homosexualidad en la URSS: un
hito en la historia de la liberación sexual
La Unión Soviética fue el primer país que cumplió con el principal clamor de los
osados activistas homosexuales a inicios del siglo XX, la despenalización de la
sodomía.
Rodrigo López
Pablo Herón

A inicios de siglo XX en la mayoría de los países la homosexualidad era


considerada, un acto inmoral o directamente un acto penable. Los primeros
activistas del siglo XIX, surgen al calor la lucha por la despenalización de su
sexualidad.

En la historia rusa fueron muchos los momentos en los que se intentó instalar el
mito de una nación heterosexual y masculina, mito fundante que es común a casi
todos los Estados nacionales modernos. En Rusia se combinaba con la idea de que
la homosexualidad vendría a ser un producto “importado” de Europa Occidental.
Argumentos similares se escucharon en los últimos años a propósito de las leyes
antihomosexuales de Putin, pero que también fueron formulados en las campañas
del estalinismo contra la “sodomía” en la década del ´30.
“Fueron los bolcheviques en los ’20 los primeros en el mundo en cumplir con el
principal clamor de los osados activistas de la época, sacando del Código Penal el
“pecado” de la sodomía”

La historia de la persecución contra los homosexuales en la década del ’30 en la


Unión Soviética opacó un hecho histórico de magnitud: fueron los bolcheviques en
los ’20 los primeros en el mundo en cumplir con el principal clamor de los osados
activistas de la época, sacando del Código Penal el “pecado” de la sodomía,
convirtiéndose en un ejemplo mundial para las incipientes organizaciones de gays
y lesbianas que reclamaban por su derecho a vivir su sexualidad.

Antes de la revolución
Muy por el contrario de la idea de una Rusia heterosexual y masculina, la
homosexualidad estaba mucho más extendida de lo que se quiso reconocer. Hacia
finales del siglo XIX se puede constatar la existencia de una subcultura homosexual
rusa en las principales ciudades del Imperio Zarista. Fueron Moscú y Petrogrado el
escenario donde se desplegó gran parte de este proceso.
La emancipación de los siervos en 1861 y la industrialización de las décadas del ’80
y ’90, condujeron a que gran número de campesinos migren a las ciudades. Sin
lazos familiares constituidos o debilitados por la distancia, pasaban a formar parte
de un ambiente donde las normas sociales y morales eran menos rígidas que en las
aldeas. Así empiezan definirse los límites de una comunidad homosexual, con
códigos y espacios propios. Baños de encuentro, avenidas y bulevares
frecuentados por homosexuales, clubes de poesía y hasta diarios íntimos de la
nobleza zarista, fueron quedando en los registros que permiten reconstruir esta
historia.

Interior de una casa de baño de San Petersburgo

La sodomía fue prohibida formalmente por el Código Penal en 1835, pero en


contraste con el incremento de la vigilancia policial hacia el sexo entre hombres que
se dio en Francia, Inglaterra y Alemania durante el siglo XIX, el sistema judicial
zarista no llevó adelante una persecución sistemática a “pederastas” o “sodomitas”.
Hasta 1905 una gran parte de los juicios llevados adelante eran iniciados por
denuncias de civiles y no eran el resultado de la investigación policial. Las
preocupaciones de la policía estaban dirigidas al mantenimiento del orden y la
decencia pública.

Con este escenario heredado del siglo pasado, la revolución ocurrida en 1905 dio
pie a una mayor libertad de expresión sobre todo en el terreno de la cultura y la
literatura. Si bien no surgen organizaciones en defensa de los derechos de
homosexuales, aparecen figuras de estos ámbitos que reclaman contra la
penalización.

La conquista de la despenalización
En la discusión del borrador del Código Penal aprobado en 1903 bajo el orden
zarista, se conocen debates encabezados por liberales que tendían a exigir la
despenalización de la sodomía bajo el argumento del derecho a la privacidad y la
autonomía personal. Aun así, se mantuvo como un delito. No es hasta la revolución
bolchevique que en 1918, a través de la liquidación del viejo Código Penal, excluye
de hecho las penas de los actos de “sodomía” consentidos entre adultos. La medida
se confirma en mayo de 1922 con la entrada en vigencia del nuevo Código Penal
Soviético.

Pasaje Nevski, lugar de encuentro de hombres homosexuales

El hecho implicó un hito, fueron los bolcheviques quienes llevaron adelante la


principal demanda por la que pugnaban los activistas más audaces y reconocidos
para aquel entonces. Desde Berlín, Magnus Hirschfield era una de sus caras más
visibles que ya en 1898 había solicitado la despenalización de la homosexualidad
al parlamento alemán de la mano del bloque de la socialdemocracia. En esta
exigencia también se encontraban sus predecesores como Karl Heinrich Ulrichs o
Karl-María Kertbeny. El primero es reconocido por haber dado un discurso, un 29
de agosto de 1867, admitiendo su homosexualidad frente al Congreso de Juristas
Alemanes en Múnich, protestando contra el artículo 143 del código penal prusiano.
El segundo, también condenaba enérgicamente la penalización en sus escritos
literarios y fue el primero en utilizar la palabra “homosexual” para describir a quienes
practicaban relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo. Término que
posteriormente en 1886 es utilizado en el primer libro psiquiátrico dedicado
enteramente las perversiones sexuales y que logró popularidad en la época,
Psychopathia Sexualis.

La importancia de este hecho no solo radica en se conquistó la principal demanda


de la época, sino también que en comparación al occidente la URSS se adelantó
medio siglo. Recién en los 70’, con Stonewall como puntapié y el nacimiento del
movimiento de liberación sexual signado por una juventud que a nivel internacional
abrazaba las ideas de la revolución socialista, se conquista la despenalización en
importantes países como Alemania Oriental en 1968, Holanda en 1971, España en
1978 y Francia en 1982.

Contradicciones de época
En la génesis de este acontecimiento se encuentra la propia realidad rusa de ese
momento y el rol del partido bolchevique, que llevado al poder con el apoyo de los
soviets tomó esa decisión en un momento atravesado por la primera posguerra, una
gran crisis económica y la guerra civil llevada adelante por las potencias
imperialistas que pretendían aplastar a la URSS.

Aun así, la realidad de las personas homosexuales continuó siendo sumamente


hostil. Dos grandes lineamientos se sostuvieron durante la década del 20’ para
abordar las disputas que surgieron alrededor de la cuestión. Una tenía raíz en la
postura que justificó la despenalización, que recogía sus frutos de una larga
tradición revolucionaria de liberación y emancipación, basada en la crítica feroz al
rol de instituciones reaccionarias como la Iglesia. La segunda, se apoyaba en el
peso de la moral conservadora, una idea de la sexualidad en clave reproductivista
y en los desarrollos de la psiquiatría, que ubicaban a los homosexuales como
elementos dañinos de la sociedad y a la homosexualidad como una psicopatología.
Una visión que era generalizada, y que dio paso a que aun siendo ilegal persista la
persecución y enjuiciamiento a homosexuales en los 20’.

“La contradicción de la época, radicaba en que las exigencias de los


homosexuales, lejos estaban de ser una problemática que llegara a un sector de
masas, y mucho más aun, lejos estuvieron de ser el puntapié para que surja un
movimiento real que pelease por esas demandas.”
Enmarcados en la primer visión, hay ejemplos como el de Alexandra Kollontai, parte
del Comité Central del Partido Bolchevique, que estando al mando del Comisariado
del Pueblo para la Asistencia Pública en la década del 20’ se asoció con la Liga
Mundial por la Reforma Sexual, con base en Berlín y encabezada por Magnus
Hirschfeld, que la vincularía con las campañas por la emancipación homosexual en
Europa Occidental. También estuvieron los esfuerzos realizados por sectores del
Comisariado de la Salud, como el higienista social Grigorri Batki, quien a su vez
presidía el Instituto de Higiene Social de Moscú, que sostenía: “La legislación
soviética declara la absoluta no interferencia del Estado y la sociedad en las
cuestiones sexuales”. Desde aquí también se vincularon con Hirschfeld en Berlín y
tradujeron al ruso trabajos del alemán.

La contradicción de la época radicaba en que las exigencias de los homosexuales


lejos estaban de ser una problemática que llegara a un sector de masas, y mucho
más aun, lejos estuvieron de ser el puntapié para que surja un movimiento real que
pelease por esas demandas. Una realidad que se complementaba con la falta tanto
de conocimiento, desarrollos científicos y teóricos en el área de la sexualidad. En
ese sentido, la cuestión distaba años luz del movimiento de mujeres que para ese
momento tenía en su haber profundas batallas dadas con organización mediante
durante el siglo XIX e inicios del XX, una política que a su vez era una oficial dentro
del Partido Bolchevique.

Afiche de propaganda stalinista contra dos soldados alemanes que lucen


afeminados.

Más adelante la contrarrevolución llevada adelante por Stalin, opuesta por el vértice
a los primeros años de la URSS con Lenin y Trotsky a la cabeza, implicaría que en
mayo de 1934 fuese aprobada una nueva ley que penaba la homosexualidad
masculina. Así comenzó una campaña por identificar a los homosexuales como
elementos “desclasados” y retóricamente se los vinculó como agentes importados
por los “fascismos” de Europa Occidental, en particular Alemania. Una política
criticada por figuras como Wilhelm Reich, expulsado de la sección alemana del
Partido Comunista a raíz del giro en su política a partir de los 30’, que en su artículo
“La Revolución Sexual” señaló a la legislación soviética como la más progresiva de
la época y crítico furibundamente el retroceso conducido por el estalinismo.

“Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes


y totalmente libres"

La despenalización de la homosexualidad en la Revolución Rusa, fue una de las


tantas medidas que impartió la Unión Soviética en su camino hacia la emancipación
de la humanidad de la esclavitud asalariada y cualquier tipo de opresión. En un
mundo donde el capitalismo continúa usufructuando de la discriminación por
orientación sexual e identidad de género para fortalecer el poder represivo de sus
gobiernos y dividir a los explotados y oprimidos, así como sus luchas, es necesario
retomar esta experiencia. Cuando el sistema sostiene estos valores morales
buscando subyugar a la mayor parte de la sociedad en función a las ganancias de
unos pocos, se vuelve imperioso levantar las banderas de una perspectiva de lucha
por la libertad sexual indisolublemente ligada a la pelea revolucionaria por erradicar
las cadenas de la explotación.