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UNIVERSIDAD DEL MAR

RELACIONES INTERNACIONALES

Relaciones México-Estados Unidos


De enemigos a aliados, una relación incomoda y la visión
estratégica.

Néstor Alejandro Cosmes González.

Tercer examen parcial

Enero 2019
INTRODUCCIÓN

En la historia de México, la relación con los Estados Unidos ha significado siempre un continuo
cambio de percepciones, pasando de enemigos a aliados, socios incomodos y amos o vasallos.
La vida política y económica de México, inequívocamente ha permanecido estrechamente
ligada a su vecino del norte, siendo esta relación un factor imprescindible para explicar la
historia de México y su situación en la actualidad.

Es por eso que, en este ensayo se abordaran dos periodos de la historia de México y Estados
Unidos con la finalidad conocer las interacciones críticas de esta relación y conocer el
antecedente necesario que pueda ayudar a realizar prospecciones a medio y largo plazo de dicha
relación.

Es por ello que, este ensayo se realizará en un formato descriptivo y comparativo para agilizar el
proceso de análisis, además se evitará el formato narrativo ya que este se ha utilizado en
trabajos anteriores y no se contempla su necesidad. Para ello, este trabajo se dividirá en dos
capítulos, el primero de ellos versará sobre la guerra México- Estados Unidos de 1848 y la
pérdida del territorio mexicano, el segundo lo hará sobre la alianza de ambos países durante la
Segunda Guerra Mundial en 1945.

Así pues, se analizarán las repercusiones que estas interacciones tuvieron para el desarrollo
histórico de la nación latinoamericana, la racionalidad detrás de cada elección tomada por los
actores principales y el contexto histórico que enmarcaron dichos sucesos. Para ello, se hará uso
de teorías como el realismo y el constructivismo que ayudarán a explicar estas acciones y
ampliarán la perspectiva del análisis.

En las consideraciones finales se abordarán los errores y aciertos estratégicos de México durante
los dos periodos previamente señalados, al igual que las coyunturas históricas que Estados
Unidos aprovechó con acierto. De igual forma, se abordarán algunas reflexiones sobre la
estrategia de México en la estructura internacional actual con la intención de mejorar las cartas
disponibles para México, fortaleciendo su posición de cara a la interdependencia asimétrica y
una realidad en constante cambio.

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GUERRA MÉXICO-ESTADOS UNIDOS 1846-1848

Todo comenzó en 1824, cuando los habitantes de Texas que no eran mexicanos sino originarios
de Estados Unidos recibieron un permiso especial de parte del gobierno mexicano para
asentarse en los territorios del norte con la intención de poblar dichos territorios bajo la
protección del gobierno mexicano (Rodríguez, 2010). Sin embargo, en 1835 los texanos
buscaron la independencia de ese territorio del país, ellos alegaban no sentirse representados por
el gobierno mexicano, además de que la capital del país se encontraba a una considerable
distancia y la ausencia del estado en esa parte del país.

Ante esta rebelión en el norte, el entonces presidente Antonio López de Santa Anna comando un
ejército contra los rebeldes tejanos derrotándolos en el Álamo en 1836. Sin embargo, tras la
victoria Santa Anna fue emboscado mientras él y su ejército descansaba, causando su captura y
reconocimiento de la independencia con el tratado de Velasco a cambio de perdonarle su vida.
Sin embargo, el congreso mexicano negó este reconocimiento alegando que dicho tratado era
inválido a causa de las circunstancias en la que se llevó a cabo pues asumían coerción debido a
que el presidente era cautivo durante su firma.

No obstante, 10 años después, Texas pidió integrarse como un estado más a los Estados Unidos
ante la amenaza de un intento de parte de las fuerzas mexicanas de recuperar el control de ese
territorio.

En 1846, Texas formaba parte de los Estados Unidos lo cual provocó conflictos con México por
el reconocimiento y el trazado de las fronteras, pues para México la frontera se encontraba
delineada por el rio Nueces cerca del actual Corpus Cristi mientras que para Estados Unidos se
encontraba delimitado por el rio Bravo. Esta disonancia en el establecimiento de las fronteras
provocó que patrullas fronterizas de ambos lados tuvieran enfrentamientos en el territorio en
disputa, cuyo resultado fue la muerte de miembros de ambos bandos. No se sabe con claridad al
día de hoy quien inició las hostilidades, pero el entonces presidente estadounidense James K.
Polk conocido en ese entonces por tener una retórica belicista contra México por los sus vastos
territorios despoblados y alimentada por el destino manifiesto, se dirigió al congreso
estadounidense para pedir la declaración de guerra a México (Nacional, 2015), declarando:

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“Sangre norteamericana ha sido derramada en suelo norteamericano”

Bajo esta justificación, Estados Unidos declara la guerra a México el 13 de mayo de 1846.

Así entonces, las fuerzas estadounidenses fueron ganando varias batallas que poco a poco los
acercaban a la ciudad de México, atacando por el norte y haciendo varias incursiones desde la
costa mexicana del golfo. Y a pesar de la incorporación del batallón San Patricio conformado
por irlandeses desertores del ejército estadounidense identificados con la causa mexicana, en la
batalla de la Angostura las fuerzas mexicanas estuvieron a cerca de hacerse con la victoria, pero
debido a las carencias del material y equipo adecuado el general Santa Anna decidió no
perseguir a las desgastadas fuerzas de Taylor.

Durante la batalla de Churubusco el fantasma de la carencia de munición, el escaso


equipamiento y la carencia de una logística eficiente cobro una derrota más para los defensores
mexicanos a tal punto en el que ya no teniendo más que piedras para defenderse, el general
estadounidense Twiggs pide la entrega del parque y las armas, ante lo cual el general Pedro
María Anaya encargado de la defensa del convento respondió:

“Si hubiera parque, no estaría usted aquí”

De la misma forma, estas carencias del ejército y las propias circunstancias de la realidad
mexicana, cobraron la última derrota y humillación del enemigo del norte hacia México en el
actual Castillo de Chapultepec. Pues debido a la deserción de varios soldados mexicanos ante el
aplastador avance enemigo, cadetes del Colegio Militar cuyas edades variaban entre los 12 y 17
años, fueron la última defensa de la capital previa a su caída. Marcando así el inicio de una
rivalidad y relación asimétrica entre los dos países norteamericanos.

Durante la guerra que libró México contra Estados Unidos de 1846 a 1848, la configuración de
la sociedad y las estructuras de poder del Estado eran diferentes al México actual, sin embargo,
algunos de los errores cometidos en aquella época siguen perdurando en la actualidad.

Para comenzar se deben describir las estructuras sociales y políticas de ambos países durante el
periodo de la guerra, fundamentales para explicar las complejidades que orillaron a la nación
azteca al conflicto con su vecino del norte.

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La estructura política en México durante mediados del siglo XIX era caótica debido a la falta de
consenso sobre el proyecto de nación. Por un lado, los conservadores, apoyados en el clero,
querían para México una estructura política a imagen y semejanza de las casas imperiales de
Europa, con una clase política aristócrata y una clase obrera cuasi esclava. Por otro lado, los
liberales creían que la estructura más apta para la nación era una basada en el federalismo a
imagen de una república con mayor independencia del poder de la iglesia.

Esta divergencia en la visión de un proyecto nacional solo generó confrontaciones que pasaron
de lo político a confrontaciones armadas, estas solo provocaron la agudización en las fisuras
preexistentes en el tejido social, además de proyectar una imagen hacia el exterior de
incapacidad de autogestión y anarquía. Además de dificultar la organización de un ejército o
defensa civil ante una agresión.

En los Estados Unidos la estructura política gozaba de una mayor estabilidad, esto por su parte
generó consenso y cohesión en torno a un proyecto de nación cada vez más ambicioso que
contemplaba la paulatina expansión territorial hacia el oeste y sur de su origen en las 13 ex
colonias europeas lo que actualmente es la costa este de los Estados Unidos. Esta ambición
expansionista tenía como base ideológica el Destino Manifiesto.

La estructura social en México estimada en alrededor de 7 a 8 millones de habitantes (Jáuregui,


2003), fuertemente influida por el poder clerical católico que dogmatizaba y fanatizaba además
de que dividía a una sociedad ya dividida en clases sociales, con una mayoría analfabeta,
ignorante y sin un sentido real de pertenencia nacional.

Cabe señalar que la independencia de México se lleva a cabo por españoles nacidos en México
a los cuales no se les conceden los privilegios concedidos a los españoles nacidos en Europa y
no necesariamente por la población mestiza común, la cual es utilizada como carne de cañón.

Mientras tanto, la población en los Estados Unidos rondaba entre los 17 a 23 millones
(Heritage.es), era mayoritariamente protestante, de origen europeo y migrante por lo que a
diferencia de la población mexicana, su riqueza no era limitada por concepciones religiosas,
ergo su esfuerzo personal era recompensado con propiedades y una mejor calidad de vida al

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contrario de la población mexicana que estaba sujeta a los impuestos e influencia del clero
católico.

Cabe señalar que, la independencia de Estados Unidos se lleva a cabo por la alianza de 13
colonias europeas conformada por colonos y no por vasallos como en el caso de México.

Por lo tanto, a pesar de ser colonias de diversos países europeos, estas se unen con un solo
objetivo, lo cual generó cohesión y un sentido de pertenencia.

Así pues, se pueden ver claras diferencias en las estructuras políticas y sociales al interior de
cada uno de los países. Esas pequeñas diferencias en el inicio de sus respectivos procesos de
construcción de nación, generaron una gran diferencia a largo plazo. El efecto mariposa en un
sistema social, cuyas consecuencias se vuelven determinantes para comprender la evolución
histórica de estos países y su realidad actual.

Así mismo, se debe tener en cuenta el factor externo imperante en aquella época. Este último,
consistía en una estructura internacional dominada y regida por los imperios europeos basados
en una primicia: la supervivencia del más fuerte, la dominación y sumisión de los débiles. Esta
misma estructura castiga la debilidad y carecía de medios por los cuales las naciones débiles
pudieran defenderse por sí mismas. La anarquía del sistema internacional.

Esta es la descripción de los principales factores de la realidad de ambas naciones que


enmarcaron la guerra de 1846-1848.

De igual forma, se deben señalar factores específicos de determinaron la inclinación de la


balanza en esta guerra.

Por el lado estadounidense, la ambición expansionista orilló a esta nación a enfrentarse a


Inglaterra en el año 1812 –mientras México seguía en plena guerra de independencia-, con la
intención de apropiarse del vasto territorio canadiense que estaba bajo protección británica. Esta
guerra no consiguió su cometido ya que Inglaterra logró repeler la agresión, impuso un bloqueo
naval que estranguló la economía estadounidense e incluso llegó a tomar Washington y quemar
la casa blanca.

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Lejos del hecho de que Inglaterra ha sido la única nación en la historia que ha tomado la capital
de Estados Unidos, es claro que esta derrota estadounidense se debió principalmente a dos
grandes factores que dejaron una gran lección a este país.

El primero consistió en un error de cálculo estratégico al suponer que Inglaterra no tendría la


capacidad de respuesta suficiente ni en suficiente tiempo debido a su desgaste en las guerras
napoleónicas libradas en Europa, además de que Inglaterra era mundialmente conocida por ser
una potencia naval y no terrestre y que, en caso de una respuesta terrestre, Estados Unidos
podría hacerles frente sin muchas complicaciones. No obstante, la respuesta inglesa fue
inmediata y quedó evidenciada la superioridad táctica de las fuerzas inglesas sobre las
estadounidenses debido a su experiencia. Esto por sí mismo frenó la ofensiva estadounidense y
lejos de mantenerse en una posición agresiva pasó a una postura defensiva.

Este hecho marcaría la visión estratégica de Washington de ahí en adelante al optar por no
enfrentarse de nueva cuenta con los protectorados o directamente con ninguna potencia que
tuviera la capacidad de vencer a Estados Unidos o de causarle un daño crítico. Por ello, desde
entonces, en cada expansión territorial estadounidense y en cada conflicto bélico en el que se ha
enfrascado Washington, se ha asegurado de tener aliados respaldándolo o ser claramente
superior al objetivo a enfrentar.

El segundo factor es la inferioridad naval ya que esta fue crucial en la derrota estadounidense,
debido al bloqueo naval que Inglaterra impuso sobre el comercio y el abastecimiento de
pertrechos de guerra al ejército agresor. En consecuencia, a partir de esa guerra Washington
entendió la importancia de una flota para la defensa de las costas y la proyección de poder que
le permitirá a Estados Unidos consolidar sus ambiciones en talasopolítica.

Estas dos lecciones dieron pie al fortalecimiento estratégico del ejército y armada
estadounidense, mismas que serían vitales en la futura guerra contra México.

Por el lado mexicano, de acuerdo a Patricia Galeana, durante la guerra de 1846-1848, el ejército
mexicano apenas contaba con los pertrechos suficientes para llegar al campo de batalla y mucho
menos para resistir una guerra de largo duración.

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Si a lo anterior se suma la ausencia de una industria militar nacional que proveyera al ejército
nacional, la raquítica flota militar, la crisis política interna, el desinterés de varios estados de
nación por apoyar al esfuerzo de guerra, la fragmentación social a nivel nacional, el escaso
sentido patriótico, los pocos recursos en las arcas nacionales, el nulo adiestramiento de los
soldados mexicanos, el desprecio por los estudios de Alexander von Humboldt, el ego de Santa
Anna y la completa ausencia de una visión estratégica, podemos entender el porqué de la
ambición expansionista de Estados Unidos hacia México, la derrota de Santa Anna en Texas
mientras dormía a manos de los rebeldes texanos, la incapacidad del ejército mexicano por
derrotar al general Taylor en la batalla de la angostura, la incapacidad de México de hacer frente
a las invasiones navales, la utilización de mexicanos como espías al servicio del enemigo, la
frustración del Pedro María Anaya ante la carencia de municiones en la batalla de Churubusco,
la renuncia de Santa Anna previa a la completa derrota y la ausencia de voluntarios y la
deserción que dio pie a que cadetes del ahora Heroico Colegio Militar fuesen los últimos
defensores de Chapultepec.

Todo ello fueron los errores y circunstancias de México del siglo XIX amalgamadas en un
orden y estructuras débiles, cuya precipitación se materializó en la pérdida de más de la mitad
del territorio nacional. Estos mismos territorios ricos en recursos importantes como oro y
petróleo fueron unos de los motores de los Estados Unidos después de este capítulo en la
historia de México.

Así mismo, los dos anteriores casos pueden ser explicados a través del lente teórico del realismo
que contempla la maximización de la superioridad militar y territorial como medio de poder
para la supervivencia del Estado y castiga la debilidad del mismo, este es el caso de Estados
Unidos encarnando la parte activa del realismo. Por lo tanto, en este marco conceptual la
superioridad del poder duro de Estados Unidos le permitía hacer lo que quería con México y al
mismo tiempo adueñarse de territorios y recursos que aumentaran su poder.

México por su parte al carecer de los medios militares necesarios para hacer frente a la agresión
encarna la parte pasiva del realismo.

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Por lo anterior, la guerra México-Estados unidos es un claro ejemplo del realismo clásico,
debido a que en aquella época el sistema internacional carecía de una estructura que obligara a
los Estados a justificar sus ambiciones realistas por medio de argumentos constructivistas que le
hubiesen permitido legitimar dichas intervenciones.

En otras palabras, los Estados no necesitaban hacer uso de eufemismos e hipocresías en su


política exterior para dar paso directo a acciones en el terreno, esto es debido a que no existía
una estructura internacional basada en el derecho que obstruyera y obligara a reconsiderar los
costos y beneficios políticos y legales a nivel internacional de llevar a cabo dichas acciones.

Aunque es cierto que en la actualidad la estructura internacional basada en el derecho


internacional no garantiza el respeto a la soberanía de los Estados con escasos medios de poder
duro, también es cierto que esta misma estructura obstaculiza las acciones directas de un posible
agresor haciéndolo revalorar los costos y beneficios políticos de llevar a cabo una determinada
acción y en muchos casos estos obstáculos inclinan la balanza hacia la negociación antes que la
confrontación, no por voluntad política sino por el costo político y económico que una agresión
implica. Además, también se tiene que contemplar el hecho de que las propias características de
la estructura internacional actual, inmersa en un sistema bipolar o multipolar que incluyen
armas nucleares, - en el caso de las potencias-, como medio de disuasión hacen irracional una
confrontación directa entre estados nucleares, regiones o bloques debido a la mutua destrucción
asegurada.

Por lo tanto la teoría del liberalismo institucional no tiene capacidad explicativa en la guerra
México-Estados Unidos dado que el contexto histórico carece de la base estructural en la cual el
liberalismo institucional apoya sus argumentos.

Por su parte, la teoría constructivista tiene capacidad de explicar una arista de este conflicto.

Si bien, debido a las características de la estructura internacional de aquella época no era


necesaria una legitimación de la agresión hacia el exterior, si lo era hacia el interior para generar
un consenso en torno a un plan expansionista. Este es el caso del Destino Manifiesto que
haciendo uso de la retórica de la elección y decisión de origen divino, justifica la expansión
territorial y la superioridad racial y moral del pueblo estadounidense.

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Lo anterior es fundamental para explicar el comportamiento, discurso y planes del presidente
estadounidense James K. Polk con respecto a México. De tal manera que, la constante
producción y reproducción de un discurso de superioridad y la construcción de un enemigo hace
creer a la población estadounidense que sus acciones son legítimas, por lo que el componente
divino solo coadyuva a aumentar la legitimidad del argumento cuyo resultado es un completo
apoyo hacia una acción evidentemente injusta.

Así mismo, esta teoría también puede explicar la razón detrás de las exigencias de
independencia de Texas al no sentirse identificados con la nación mexicana y la integración del
batallón San Patricio al bando mexicano al sentirse identificados con las tradiciones, cultura y
religión, además del paralelismo de la situación mexicana con la irlandesa.

El constructivismo también tiene capacidad de explicar la racionalidad detrás de la no


integración total del territorio mexicano a la Unión Americana, puesto que, una vez doblegadas
las defensas nacionales ante una evidente superioridad militar y la toma de la capital del país, la
integración del resto del territorio seria racional respecto a la teoría realista, sin embargo, esto
no sucedió así ya que los estadounidenses solo tomaron los territorios del norte de México. Esto
se debe a que no querían integrar a una “raza inferior” puesto que contaminaría racialmente a
los sajones, además de que a los mexicanos conquistados se les tendría que dar la nacionalidad
estadounidense y que la confrontación entre religiones y costumbres podría significar un gran
riesgo a largo plazo como quedo de evidencia durante la guerra de secesión estadounidense.
Esta aseveración se sustenta en las discusiones llevadas a cabo en el congreso estadounidense
durante la guerra con México, en una de las cuales, John Calhoun realizó la siguiente
declaración en 1848 (Júnior, 2012):

“Nosotros nunca hemos soñado con incorporar a nuestra Unión cualquier otra
raza que no sea la Caucásica —la raza libre de los blancos. La incorporación de
México sería el primer caso de incorporación de la raza india, puesto que más de
la mitad de los mexicanos son indios y el resto está formado principalmente por
tribus mixtas. ¡Yo protesto contra esa unión! El nuestro es el Gobierno de la raza
blanca. Los grandes infortunios de la América española son consecuencias del
error fatal de poner esas razas de color en pie de igualdad con la raza blanca”

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De manera tal que, durante la guerra de 1846-1848, Estados Unidos hizo lo que quiso y lo que
le permitieron hacer y México lo que pudo, pues carecía de todos los medios propios para
defenderse dentro de los márgenes de la estructura que imperaba en esa época y cuya alternativa
solo se reducía a una alianza con alguna potencia europea, que muy posiblemente terminaría
con la pérdida total de la soberanía nacional o la instauración de un régimen títere de estas
potencias. De cualquier forma, México esta-ba condenado a sufrir por sus debilidades
estructurales en una época en la que naciones canallas determinaban el destino de los débiles.

Por todo lo anterior podemos decir que la pérdida del territorio mexicano ante el vecino del
norte se debió a la total falta de una visión estratégica que englobara factores tan comunes que
incluso los estados medianamente racionales -como lo supone el realismo-, tuvieron y tienen
como base para la existencia del propio estado; como lo son: cohesión nacional, orden político,
proyecto de nación, autosuficiencia armamentística, monopolio de recursos estratégicos,
diversificación de relaciones económicas y una profesionalización del servicio exterior, así
como una astuta política exterior basada en la información de inteligencia estratégica.

Al mismo tiempo cabe señalar que, es por demás irónico que la supervivencia de México se
debiera en gran medida al racismo de los Estados Unidos, uno de los factores que promovieron
la campaña contra México y a la oposición de algunos legisladores como Abraham Lincoln en
el congreso estadounidense, que eran conscientes de la injusticia que la nación de la libertad
libraba al sur de la frontera.

En la actualidad, es inevitable hacer un paralelismo entre James K. Polk y el presidente Donald


Trump pues su retórica respecto a México es por demás similar. Lo cual ineludiblemente
obliga preguntarnos: ¿Qué pasaría si las condiciones de la estructura internacional del siglo
XIX perduraran hoy en día? Y ¿Con que medios cuenta México en la actualidad para
contrarrestar el ataque de cualquier tipo de otra nación?

Por otro lado, a raíz de este suceso traumático para México, la semilla del sentimiento
nacionalista comenzó a florecer llegando a una de sus icónicas expresiones durante los años de
la intervención francesa y sobre todo durante la dramática batalla del 5 de mayo de 1862. Este

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mismo sentimiento significaría casi 100 años después un sólido obstáculo para consolidar una
alianza evidentemente necesaria con el histórico adversario, Estados Unidos.

MÉXICO EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

La noche del 18 de marzo de 1938 el expresidente Lázaro Cárdenas, apoyado en el fervor del
sentimiento nacionalista, realizaba una declaración sobre la expropiación petrolera en la cual la
infraestructura de las empresas extranjeras pasaba a ser parte de los bienes del estado. Dando
inicio así a un periodo de tensión con los gobiernos de aquellas empresas y el gobierno
mexicano. Principalmente Estados Unidos y Reino Unido.

Estas tensiones derivaron en un bloqueo hacia PEMEX, el cual consistía en no comprar el


petróleo mexicano y no vender las piezas para reparar la maquinaria necesaria para el correcto
funcionamiento de la maquinaria de PEMEX, (Cosío, 1966).

En este contexto la wehrmacht de Hitler se apoderaba de Austria y México a través de Isidro


Fabela, en una reunión de la Sociedad de Naciones se proclamaba en contra de esta ocupación y
llamaba a las demás naciones a sumarse en contra del intervencionismo. Esta declaración se
realizaba solamente un día después de la declaración de la expropiación petrolera en México.

Este hecho mostraba la preocupación de México por la escalada del conflicto en Europa y al
mismo tiempo tenía una connotación nacional pues ante la posible intervención de Estados
Unidos y Reino Unido a causa de la expropiación de sus empresas, México buscaba tener un
respaldo político a nivel internacional. Esta sensación de inseguridad no era infundada pues ya
en 1927 Estados Unidos, a través del ahora desclasificado plan verde, mostraba intenciones de
intervenir México y sustituir el gobierno de Plutarco Elías Calles por uno más dócil y amigable
con sus intereses. (Revista Proceso, 2003).

Así pues, a través del constructivismo podemos notar que México buscaba la creación de un
consenso internacional que le proveyera de un paraguas ante la posible agresión estadounidense
e inglesa y la carencia de una fuerza militar de disuasión efectiva. Este mismo consenso se
sustentaba en una insipiente estructura internacional basada en el derecho internacional que si
bien no podía evitar una intervención, servía como contrapeso en la estructura internacional.

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De tal manera que, durante los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, México mantuvo
su neutralidad. No obstante, entre el 1 al 8 de abril de 1941, México incauta barcos petroleros de
origen alemán e italiano anclados en diferentes puertos mexicanos, llevando a su tripulación
hacia el centro del país y poniéndolos en prisión preventiva. Haciendo uso del derecho de
Angaria, (INEHRM, 2015). Cabe señalar que la incautación de estos barcos y su posterior
puesta en servicio, el gobierno mexicano se hizo de una flota de transporte de hidrocarburos, la
cual era indispensable para la exportación.

Por otra parte, tras el ataque japonés a la base naval estadounidense en Hawái, el gobierno
mexicano comenzó una restructuración del ejército y marina, designando al expresidente y Gral.
Lázaro Cárdenas como comandante de la región militar del pacifico.

Este reordenamiento responde a un análisis del Estado Mayor Presidencial en el cual se


contempla la posibilidad de la ocupación de la península de Baja California por parte de fuerzas
estadounidenses ante el posible desembarque de fuerzas japonesas en Bahía Magdalena. Como
lo muestra en un informe confidencial el Gral. Arturo Dávila Caballero, subjefe del Estado
Mayor Presidencial, (Narro, 2007).

"Creo que los Estados Unidos tienen un verdadero interés tanto militar como económico en
Baja California y que esperan la oportunidad propicia, que por otra parte tratan de provocar,
para iniciar una ocupación solapada".

Cabe señalar que, este interés de Estados Unidos por ocupar la península de Baja California no
se origina durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial, sino que tiene sus orígenes en las
negociaciones posteriores a la guerra de 1848. Así mismo, durante los últimos años del
porfiriato, los Estados Unidos y Japón tenían presencia significativa y constante en Bahía
Magdalena por ser un punto geoestratégico en el pacífico. (Jasso, 1989)

Esta presencia estadounidense en una parte de la geografía mexicana dejó como legado el casco
de un submarino estadounidense hundido precisamente en Bahía Magdalena. (OROZCO, 2014)

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A pesar del reordenamiento de las fuerzas mexicanas y del despliegue de las mismas en el
territorio nacional, los Estados Unidos intentaron ocupar Baja California como lo declara el
Gral. Armando R. Pareyón Azpeitia exjefe de Estado Mayor del Gral. Lázaro Cárdenas del Río,
(Narro, 2007)

"El Cuarto Ejército de Estados Unidos, a las órdenes del Gral. Isaac de White, apareció de
pronto a lo largo de nuestra frontera de Baja California y la costa de Alta California, hasta las
alambradas que marcan la línea divisoria, con órdenes de Washington de cruzar nuestra
frontera con fines de protección y ocupar los puntos claves de la costa del Pacífico en
prevención de un ataque naval de largo alcance procedente del Japón.”

Ante esta intervención el Gral. Lázaro Cárdenas establece comunicaciones con el general
estadounidense White y este último le pide la autorización de paso para sus fuerzas bajo el
argumento de un acuerdo previamente establecido por los presidentes de ambas naciones.
Lázaro Cárdenas hábilmente y sin el respaldo presidencial oficial le dice a White: (Narro, 2007)

"General White, diga usted al señor Presidente de los Estados Unidos que estimo innecesario
que tropas extranjeras den apoyo para mantener la seguridad de las costas de la península de
Baja California; que los mexicanos somos capaces de responder con nuestras vidas cualquier
intento de penetración de tropas extranjeras de donde quiera que estas vengan “

Sin embargo, a raíz de e la incautación de los barcos alemanes e italianos, el submarino alemán
U-564 comandado por el capitán Reinhard Suhren hunde en las costas de Florida el 13 de mayo
de 1942 el petrolero mexicano Potrero del Llano, dando inicio a una serie de ataques alemanes a
buques mexicanos. Es necesario señalar que la mayoría de los buques hundidos por submarinos
alemanes eran los navíos incautados por el gobierno mexicano en 1941.

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Así pues, tras el envío de una nota diplomática de México a Alemania, la cual no tuvo
respuesta, el 28 de mayo de 1942 el presidente Manuel Ávila Camacho declara el estado de
guerra de México contra las potencias del eje y entra a la Segunda Guerra Mundial del lado de
Estados Unidos y el bando aliado.

Este hecho trajo implicaciones importantes para la vida nacional, ya que a raíz de este suceso se
instauró el servicio militar obligatorio, se llevaron a cabo varios simulacros y apagones en las
principales ciudades del país, inició el programa bracero con el envío 300 mil trabajadores a los
Estados Unidos y el inicio de la Ley de Prestamos y arriendo en Estados Unidos.

Durante los siguientes 2 años, México se preparó para una invasión que nunca llegó. Por medio
de la ley de préstamos y arriendos, el ejército y marina mexicana se rearmaron con el fin de
contar con una capacidad defensiva. Sin embargo, no fue hasta 1944 en que se decidió a raíz de
negociaciones entre los presidentes Ávila Camacho y Roosevelt, un contingente de fuerzas
mexicanas que colaborara directamente con el esfuerzo de guerra aliado en territorio enemigo.

Sin embargo, a pesar del rearme de la esfuerzas mexicanas, el envío de un contingente


mexicano apertrechado por México seguía siendo inviable para las condiciones económicas del
país, además del costo político que un movimiento así significaba. De esta forma, tras varios
cálculos políticos y económicos, se decidió que lo óptimo sería enviar u contingente aéreo hacia
el frente europeo. De tal manera que el 24 de julio de 1944 un contingente compuesto por
voluntarios de diferentes ramas de las fuerzas armadas mexicanas partió rumbo a los Estados
Unidos para iniciar su entrenamiento.

No obstante, a finales de 1944 y tras finalizar el entrenamiento del contingente mexicano, la


decisión de combatir en el frente europeo es modificada a raíz de la sugerencia del General
Alamillo Flores agregado militar en la embajada mexicana en Washington, que proponía la
intervención en Filipinas debido a relación histórica y la semejanza cultural.

De esta manera el 28 de marzo de 1945, el contingente mexicano zarpa desde San Francisco
hacia Filipinas, llegando el día 1 de mayo y encuadrándose en el 58 grupo de pelea de la 5ta
fuerza aérea de los Estados Unidos, haciendo uso del avión P-47D y formándose como el
escuadrón aéreo 201.

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Tras varios meses de combate y misiones de patulla, el escuadrón regresaría a al continente
americano el día 13 de noviembre de ese mismo año para posteriormente dirigirse vía terrestre a
la Ciudad de México.

Así también, debemos tener en cuenta que las decisiones que se tomaron por parte del gobierno
mexicano en ese periodo, fueron fuertemente influidas por la coyuntura internacional. Ya que el
sistema internacional de durante la Segunda Guerra Mundial estaba caracterizado por una
estructura multipolar basada en un sistema de alianzas, enmarcado por un contexto de
competencia y revolución tecnológica.

Este sistema buscaba la maximización de los medios de poder a través de la integración de las
naciones a los bloques de alianzas, lo cual daba un mayor peso racional la acción de establecer
alianzas con naciones con potencial militar y ó riqueza en recursos estratégicos como el hierro y
el petróleo.

En este contexto, México se inserta en el sistema de alianzas del lado de Estados Unidos, no por
su capacidad militar pues estaba limitada por el presupuesto y desarrollo económico del país, así
como por su alto costo político derivado de las cicatrices de la revolución. México se inserta en
la alianza por su aporte en recursos estratégicos y la mano de obra que este pudiera suministrar
al bando aliado, quedando de muestra el programa bracero, debido a que la mano de obra
estadounidense requerida para mantener la industria de guerra, se encontraba encuadrada en los
diferentes ejércitos que luchaban en el frente.

Esta alianza por si misma cambia la relación intersubjetiva entre las dos naciones pues a pesar
de que las dos naciones trabajan por generar un consenso y mejorar su percepción mutua, sus
identidades chocan ineludiblemente por cuestiones culturales y sobre todo históricas. Lo cual se
ve de manifiesto en las palabras del Gral. Lázaro Cárdenas ante la presencia de tropas
estadounidenses en la península de Baja California en 1941 y sus planes para instalar radares en
aquella zona operados por personal estadounidense

En otras palabras, ambas naciones se daban la mano mientras crujían los dientes. Esto es el
ejemplo claro de un choque de visiones entre el liberalismo institucional que interpretaría la
cooperación como una señal de amistad en torno a un objetivo en común y supondría que

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después de la guerra los dos países tendrían una relación más sólida basada en la cooperación e
interdependencia, además de amistosa. Mientras que la visión del realismo interpretaría la
incómoda pero necesaria alianza en un ambiente de desconfianza y rivalidad histórica para
lograr un fin que no necesariamente era el mismo y supondría la polarización de ambas naciones
apenas terminar la guerra.

Por lo cual, las suposiciones al término de la guerra en ambas teorías no fueron totalmente
correctas puesto que ambas contrastaban con la condición de la relación de las dos naciones al
finalizar la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo de esta relación en años posteriores. Luego
entonces, este choque deriva de la limitación puramente teórica puesto que la realidad
demuestra que es posible la coexistencia de las dos visiones, ya que cada una de ellas es una
cara de la misma moneda. Un ejemplo actual de ello es la guerra económica en la que están
inmersos Estados Unidos y China. Por demás curioso ya que ambos son importantes socios
comerciales de cada uno, lo cual no evitó la guerra comercial y el constante despliegue de
fuerzas como proyección de poder.

Por lo anterior, la incongruencia de la visión del liberalismo y el realismo sobre el caso de


México y Estados Unidos en 1942, se puede explicar a raíz del contexto histórico intersubjetivo
de ambas naciones que es provisto por el lente del constructivismo.

No obstante, lo anterior no significa que el realismo o el liberalismo no tengan capacidad para


explicar una parte de este caso.

Por ejemplo. A través del lente teórico realista clásico podemos observar la desventaja táctica de
México frente a su vecino del norte en una potencial intervención. Esta desventaja deriva de la
inferioridad militar y económica y, por ende, la susceptibilidad del gobierno mexicano a aceptar
las imposiciones del vecino del norte. Sin embargo, esta teoría, aunque explica en gran medida
la racionalidad detrás de las ambiciones de Estados Unidos por ocupar la península de Baja
California y su intento, no explica el porqué no se concretó dicho plan. Este hecho solo es
explicado a través de un cálculo racional por parte de los Estados Unidos que toma como
variables otros factores distintos a la sola superioridad militar.

16
Por ello, en la racionalidad estadounidense, una intervención en México solo arrojaría al
gobierno y nación mexicana a los brazos de las potencias del eje, sirviéndoles como plataforma
para una posterior invasión alemana o japonesa hacia Estados Unidos, además de que los
recursos estratégicos de México serían automáticamente redirigidos a alimentar la maquinaria
de guerra del eje y que una intervención en México sería desgastante y solo obstruiría el apoyo
estadounidense hacia sus aliados en Europa. Sin olvidar que un acto así solo reavivaría el
nacionalismo mexicano, provocando un factor de solidificación nacional en el enemigo.

Por tanto, para Estados Unidos, una intervención en México con el objetivo de ocupar Baja
California solo significaría la materialización del telegrama Zimmerman sin intervención
alguna. Además de una torpeza estratégica.

Mientras que, detrás de la racionalidad en el actuar de México durante el intento de ocupación


estadounidense, se encontraba un análisis geoestratégico por el cual Ávila Camacho y Lázaro
Cárdenas sabían de la ventaja estratégica de México frente a Estados Unidos, otorgada por el
aprovechamiento de la coyuntura en la estructura internacional ya que en ese momento Estados
Unidos necesitaba más de México que México de Estados Unidos, por sus recursos naturales,
posición geográfica y mano de obra. Sin olvidar la condición y alineación ideológica del pueblo
mexicano que era cada vez más simpatizante con Alemania y antagónica a la estadounidense.
Este último punto puede ser explicado a través del lente constructivista.

De tal manera que, esta coyuntura es aprovechada por el gobierno mexicano para eliminar el
boicot a PEMEX y las tensiones con Estados Unidos y Reino Unido, originadas por la propia
expropiación, exportando petróleo a su vecino del norte a través de la utilización de los navíos
alemanes e italianos.

No obstante, tras la declaración de guerra de México a las potencias del eje, la ventaja
geoestratégica de México se diluía, pero la relación interdependiente con Estados Unidos se
fortalecía a través del envió de mano de obra y recursos naturales, sin olvidar del simbólico
envío del escuadrón aéreo 201.

Por ello, puedo decir que la teoría de juegos es una buena herramienta para analizar casos
similares.

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REFLEXIONES FINALES

Tras la Segunda Guerra mundial, México y Estados Unidos comenzaron a tener una relación
cada vez más cercana y a desarrollar una relación de interdependencia asimétrica cuyos
resultados e implicaciones se ven reflejados en la política exterior actual de ambas naciones.

Sin embargo, aunque esta interdependencia puede representar una fortaleza de México hacia
competidores comerciales y amenazas ajenas a la región, la relación asimétrica también
representa una vulnerabilidad toda vez que México se vea arrastrado a situaciones indeseables
por su conexión con la potencia hegemónica. Tal como una espada de Damocles que se cierne
sobre México.

Por ello, es necesario preguntarse si la firma T-MEC ha sido un acierto o un desacierto


estratégico. Para ello tendremos que tener en cuenta varios factores como el hecho de que la
inmensa mayoría de nuestras exportaciones tienen por destino Estados Unidos y las que no,
tienen que pasar por ese país debido a la insuficiente capacidad infraestructural de nuestros
puertos y la relativa inexistencia de una flota mercante propia. Por este simple, pero a la vez
complejo hecho, la firma del T-MEC podría interpretarse como un éxito debido a la carencia de
opciones y la asimetría de la relación, además del confort que otorga asociarse con la actual
economía con mayor dinamismo del mundo, sin olvidar la ventajosa cercanía geográfica, ¿pero
a qué precio?

Como hemos observado durante los últimos años, una relación interdependiente como la de
México y Estados Unidos, aun compartiendo un vínculo histórico y geográfico no garantiza una
buena relación diplomática ni asegura la tolerancia y amistad entre los ciudadanos de ambos
países, así como tampoco afianza un acuerdo migratorio a pesar de que la interdependencia esté
estrechamente ligada al tema migratorio y económico. Sin olvidar que, tras 25 años de un
acuerdo comercial, no se ha dado el siguiente paso hacia un proceso de integración formal,
aunque la integración ya se esté dando de facto en algunas áreas y en otras se tenga plenamente
congelada.

Es por eso que, un estado racional tendría que mantener una diversificación en sus relaciones
económicas, políticas e incluso militares para asegurar el espacio suficiente de acción que le

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permita actuar con libertad e independencia a pesar de los intereses de sus socios. Sin embargo,
el caso de México es totalmente contrario dado que desde la revolución mexicana, ha estado
estrechamente ligado a su vecino del norte en el ámbito económico, ergo México ha tenido que
valorar constantemente los intereses de su vecino antes de tomar una acción en el interior y
cuanto más en el exterior, llegando en la actualidad al punto en el que también tiene que valorar
el humor del dirigente de aquella nación.

Por lo anterior podemos hacernos algunas preguntas: ¿Hasta cuándo México seguirá estando a
merced de lo que al inquilino de la Casa Blanca le dé en gana?, ¿Realmente es determinante la
opinión de Estados Unidos para llevar a cabo acciones soberanas?, ¿En verdad existe una
sumisión de México ante Estados Unidos o solo es un discurso ideológico-político?

Por otro lado, en el T-MEC se menciona en el apartado 10 capítulo 32 las limitaciones que
México tiene para hacer acuerdos comerciales con las unilateralmente llamadas “economías que
no promueven el libre comercio”, obligándolo a avisar a los otros socios para realizar dichos
acuerdos y en caso de que Estados Unidos o Canadá consideren que tal acuerdo no los beneficia
o infringe algún apartado del tratado, estos tienen el derecho a salir del T-MEC. Esto si bien no
prohíbe explícitamente la suscripción de acuerdos comerciales con las “economías sin libre
mercado”, claramente es un chantaje para limitar las relaciones comerciales con China.

Esto, por supuesto no es para menos si se toma en cuenta que el país asiático en la actualidad es
la segunda potencia económica del planeta y posible futura primera potencia económica,
además del hecho que es el mercado potencial más grande del mundo por sí mismo debido a su
población.

Esto nos obliga a pensar si nos hemos encadenado a un barco que se hunde o por el contrario
subido al que no lo hará o incluso si estamos en uno de muchos que no lo harán. De cualquier
forma, con la intención de solucionar los problemas actuales optamos por la solución más
próxima y rápida obedeciendo a una visión de corto plazo y omitiendo una visión de largo
plazo, limitándonos a una sola opción. Esto es entendible, pues México, torpemente se ha
mantenido en una posición de vulnerabilidad económica, comercial y financiera frente a Estados
Unidos, lo cual provocó que sus negociadores se vieran presionados si no es que casi obligados

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a aceptar el tratado. Esto último, desde una visión estratégica es totalmente reprobable, pues
como se ha visto en situaciones anteriores, un error de esta naturaleza puede derivar en un
escenario peor.

Por otra parte, esta interdependencia que, pareciera más dependencia que interdependencia, se
puede explicar por el confort de los empresarios mexicanos al exportar y hacer negocios con
Estados Unidos, debido a la cercanía geográfica, por el dinamismo económico de ese país y
debido a que la infraestructura mexicana está orientada hacia el norte –de nuevo otro error-.

Sin embargo, ese mismo confort de los empresarios mexicanos ya ha pasado factura a la
estructura económica del país en ocasiones anteriores. La sensación de seguridad de los
empresarios mexicanos, promovida por el Sistema de Sustitución de Importaciones que les
protegía de la competencia externa, tuvo un costo alto, pues al abrirse México al libre mercado
en la década de los 90, muchas empresas mexicanas fueron a la quiebra debido a su
incompetitividad en relación con las empresas extranjeras.

Por ello, la pregunta obligada es ¿Cómo se obliga a los empresarios a innovar y comerciar con
otros socios? Pues bien, no existe una panacea que pueda arreglar este problema estructural en
un sexenio o menos, pero si se pueden tomar medidas con resultados a largo plazo. Por ejemplo,
la inculcación de una cultura empresarial desde el propio sistema educativo que tenga como
base la diversificación comercial, además de facilitar este comercio a través de la construcción
de infraestructura necesaria, es decir: puertos de altura, red de telecomunicaciones, vías
ferroviarias y el fomento a la construcción de una flota mercante, etc. No obstante, nos
encontramos con problemas estructurales de fondo como el atraso y disparidad educativa a nivel
nacional y la propia corrupción.

Por lo tanto, si la racionalidad detrás de los empresarios mexicanos para exportar hacia los
Estados Unidos son las implicaciones de que ese país sea una potencia económica, los
potenciales negocios con China se vuelven cada vez más racionales y más aún cuando la
relación con el país asiático puede ser fundamental para la financiación y desarrollo de la
infraestructura en comunicaciones y transportes.

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Es por ello que, la visión estratégica en la administración pública vuelve a estar ausente al
limitar la interacción con China a través de no solo la firma del T-MEC sino también con las
actitudes emprendidas por el propio gobierno mexicano. Este es el caso del tren México-
Querétaro cuya licitación ganó una empresa paraestatal china y que posteriormente fue
cancelada por el propio gobierno mexicano para beneficiar a una empresa ligada al presidente
Enrique Peña Nieto.

Cabe señalar, que con todo lo anterior no se intenta decir que sea imperativo realizar negocios o
abrir las puertas al país asiático de forma inmediata y desmedida, puesto que, la creciente
competitividad de las empresas chinas podría generar un déficit en la balanza de pagos, sino que
se debe dejar abierta la posibilidad para acuerdos comerciales, lo cual con la cláusula antes
señalada del T-MEC esta posibilidad de vuelve más estrecha, además de proyectar una imagen
negativa del país hacia socios estratégicos potenciales. Por otra parte, tampoco significa que
debemos dejar de lado nuestra asociación con los Estados Unidos o tomar acciones radicales
que perturben al vecino del norte.

No obstante, mantenerse fuertemente ligados a una sola economía que, dicho sea de paso, es la
primera potencia militar del mundo, es una moneda al aire a largo plazo, toda vez que las crisis
derivadas de una estructura internacional en continuo cambio pueden posicionarnos en una
situación desventajosa. En fin, un claro ejemplo en la teoría de juegos.

Por lo anterior, se debe señalar la imperiosa necesidad de mejorar el sistema diplomático y la


política exterior mexicana con una base en la inteligencia e investigaciones estratégicas que
contemplen la necesidad de la diversificación e intensificación de las relaciones diplomáticas,
comerciales e incluso personales con las potencias militares y económicas emergentes como
China, Corea del Sur, Japón, Rusia, Alemania, Brasil y Sudáfrica. Esto último con
independencia de cuestiones ideológicas. Es decir, establecer profundos lazos a través de la
cooperación, el intercambio cultural y tecnológico sin realizar exigencias o imposiciones
ideológicas, con la intención de ampliar el margen de maniobra geoestratégico de México frente
a su interdependencia asimétrica con Estados Unidos.

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En otras palabras, debemos diversificar no solamente nuestras relaciones comerciales sino
también nuestras relaciones políticas y culturales con los demás lados de la balanza, con el
objetivo de adquirir mayores y mejores alternativas de acción dentro de la jaula geopolítica.
Todo ello con base en un análisis de inteligencia estratégica. Para lo cual sería necesario un
profundo apoyo y coordinación entre la academia mexicana dedicada a estudios internacionales
e instituciones, centros de investigación estratégica de orden nacional como el ININVESTAM
de la Secretaria de Marina y el IMEESDN de la Secretaria de Defensa y la Secretaría de
Relaciones Exteriores. Además de la creación de un centro especializado en seguridad nacional
enfocado en las nuevas dinámicas de la estructura internacional y separado de los vicios del
sicariato político o presidencial.

En otras palabras, la creación de un think tank que sirva como base para la toma de decisiones
en política exterior, aprovechando las coyunturas internacionales al igual que lo hicieron Ávila
Camacho y Lázaro Cárdenas durante la Segunda Guerra Mundial.

“Por el honor de México”

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