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Evaluación objetiva

(terapia cognitiva de la ansiedad)

El miedo es una experiencia universal asociada tanto a situaciones de peligro como a situaciones inocuas,
e incluso al hecho mismo de estar vivos. Normalmente se considera como una sensación que puede
evitarnos daños mayores. Sin embargo, constituye de por sí una gran fuente de malestar y sufrimiento;
muchas veces es la ansiedad el problema, y de hecho nos puede poner en un peligro mayor que si
permaneciésemos tranquilos, o avisarnos de peligros inexistentes.

La actuación contra la ansiedad se puede dar en tres frentes. En primer lugar, podemos actuar cambiando
la situación, alejando el peligro. Por ejemplo, si me preocupa quedarme sin dinero, puedo ahorrar para
sentirme más seguro. Sin embargo, puede que no sea posible ahuyentar el peligro, o puede que el miedo
persista a pesar de todo. En este caso, podemos actuar intentando modificar la sensación de desagrado
mediante técnicas de relajación, o bien mediante fármacos, o drogas (esto último puede resultar
contraproducente a largo plazo).

No obstante, el miedo no es una mera reacción fisiológica, sino que se produce siempre con un fuerte
componente cognitivo, es decir, requiere de una interpretación hecha con el pensamiento. No hay
ansiedad sin la percepción de peligro, y esta percepción es siempre una valoración subjetiva de las
situaciones (aunque la sensación parezca ser independiente por ser inmediata). Así pues, una tercera vía
de intervención frente a la ansiedad es el control del pensamiento.

Sentimos lo que creemos. Si creemos que estamos en peligro, sentiremos miedo aunque el peligro sea
imaginario. Si creemos que estamos seguros, nos sentiremos confiados aunque en realidad estemos en
peligro (en este caso podemos hablar de “exceso de confianza”).

En general, un ánimo sereno nos ayuda, no sólo a sentirnos mejor, sino también a afrontar las situaciones
con más éxito, siempre que no se ignore el verdadero peligro hasta el punto de dejar de tomar las
mediadas apropiadas a cada situación (por ello, no todo pensamiento positivo es beneficioso, ya que si
ignoramos la realidad podemos vernos en situaciones comprometidas).

La técnica para reducir la ansiedad mediante el pensamiento consiste en la evaluación objetiva de las
situaciones. Al principio, esta forma de pensar no evitará la tensión (aunque ya desde el primer momento
puede producir alivio) pero, persistiendo en ella, poco a poco modificaremos nuestra forma de ver la
realidad hacia una percepción más objetiva y más eficiente.

Ante cada situación ansiógena, hay que tener en cuenta que la sensación de miedo no tiene por qué
corresponderse con el peligro, y hay que plantearse cuál es la verdadera situación, qué es lo que
realmente nos puede pasar y qué probabilidad hay de que suceda, y en qué medida vale la pena
preocuparse. Normalmente no hacemos esto porque dejamos que el pensamiento sea dirigido por lo que
nos dicen nuestros miedos (que a su vez son provocados por pensamientos ansiógenos, en un círculo
vicioso).

Es conveniente reforzar la evaluación objetiva con pensamientos de tolerancia (“no es para tanto”), de
autoestima (“podré superarlo”) y de optimismo (“no hay mal que por bien no venga”).

En qué medida la objetividad alivia la tensión, se entiende si tenemos en cuenta que la mayoría de
nuestras preocupaciones son distorsiones del pensamiento (“el miedo es libre”), y que, si aprendemos
poco a poco a liberar a la mente de pensamientos irracionales, un mayor realismo derivará en una mayor
confianza.

Francisco Bengochea
motivacioncognitiva.blogspot.com