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LLENO DE

GRACIA
Fuentes, Pedro Pablo
Lleno de Gracia 1a edición especial - Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, Sembrar Ediciones Cristianas, 2019.

128 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-47168-0-4
1. Gracia. 2. Vida Cristiana. I. Título.
CDD 234.1

© 2019 Pedro Fuentes


Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción parcial o total
de esta obra sin la autorización previa de los editores.

Sembrar Ediciones
sembrarediciones.com.ar
Impreso en Argentina

Corrección literaria: Natalia Fuentes


Diseño de cubierta e interior: Lucas Fuentes
Para alabanza de la gloria de su gracia
Efesios 1:6
ÍNDICE
***
PRÓLOGO ............................................................................... 9
INTRODUCCIÓN .................................................................. 13
CAPÍTULO UNO: LLENO DE GRACIA .................................. 15
CAPÍTULO DOS: ENTRAR A LA GRACIA............................. 23
CAPÍTULO TRES: GRACIA PARA ESCUCHAR ..................... 33
CAPÍTULO CUATRO: GRACIA PARA PERDONAR ................ 41
CAPÍTULO CINCO: GRACIA PARA DAR .............................. 51
CAPÍTULO SEIS: GRACIA PARA RECIBIR............................ 63
CAPÍTULO SIETE: GRACIA PARA TRABAJAR...................... 71
CAPÍTULO OCHO: GRACIA PARA BENDECIR ..................... 81
CAPÍTULO NUEVE: GRACIA PARA SERVIR ......................... 91
CAPÍTULO DIEZ: GRACIA PARA VIVIR .............................. 97
CONCLUSIÓN ..................................................................... 105
BIBLIOGRAFÍA ................................................................... 109

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PRÓLOGO
***
L a gracia es un elemento naturalmente ajeno al corazón
humano, es absolutamente extraño y extranjero para
quienes nacimos en el exilio del Edén.
Como sabemos que este es un recurso necesario para vivir,
creímos que sería aconsejable y prudente investigarlo en
detalle. Después de todo… ¿Será un recurso renovable? ¿Y si
no lo fuera? ¿Y si lo desperdiciamos pensando que siempre
habrá más, para después descubrir, fatalmente un día, que
estábamos equivocados?
“Hay que investigar bien”, dijo la religión, entonces encerró
la gracia en sus claustros.
Allí la pusieron bajo potentes luces, sin saber que la gracia
se ve mejor en la oscuridad. Programaron un ambiente
de condiciones ideales y controladas. Con una atmósfera
debidamente esterilizada y asegurándose de cumplir las
más estrictas normas de higiene y seguridad exigidas por el
protocolo de los dogmas y las tradiciones, decidieron analizar
esta extraña y multiforme virtud para saber qué es, ¿cómo se
manifiesta?, ¿de dónde viene?, ¿por qué tiene una apariencia
tan atractiva cuando viene hacia nosotros, pero no luce
igualmente encantadora cuando la tenemos que dejar fluir para
que otros la disfruten?, ¿quiénes la reciben? Incluso algunos se
atrevieron a proponer que era importante investigar muy bien
quiénes eran aquellos que son “dignos” de recibirla, como si la
gracia fuese algo que se pudiera merecer…

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Le cosieron un vestido de hojas, porque desnuda resultaba
demasiado escandalosa.
La maquillaron tanto que le opacaron su brillo.
Le añadieron un montón de comentarios y aclaraciones
que terminaron desluciendo su aspecto de “bella noticia”.
Reescribieron el guion de sus provocativas paradojas para
hacerla “razonable”.
La exhibieron como bandera en la cúpula de las Iglesias
como atractiva propaganda para los que pasaban por el
camino, pero su majestuoso flamear no se podía ver cuando,
una vez adentro, te sentabas en sus fríos bancos. Fue así que en
muchos casos el estandarte de la gracia sirvió más para atraer
a los que estaban afuera que para contener, animar y retener a
los que estaban adentro.
Durante largas centurias fue revisada, corregida y editada
por la religión, de modo que cuando la gracia y la verdad
fueron finalmente encarnadas en la maravillosa persona de
Jesús, se nos volvió irreconocible.
Hubo quienes la usaron como andamio para sostener los
proyectos más fastuosos y ambiciosos, mientras que a otros
les sirvió como tirante para apuntalar las ideas más egoístas y
justificar los actos más dudosos.
Dicen que, en algunos lugares, hasta le dieron escalafón
de “fuero parlamentario” para que, amparados en su nombre
y protegidos por las supuestas prerrogativas que ella otorga,
no pocos se dediquen a condenar en público los pecados que
practican en privado, sin el más mínimo atisbo de sonrojo en
sus conciencias, total… ¡estamos bajo la gracia!
Es que finalmente, le habíamos quitado su blanco
guardapolvo de docente, siendo que ella también es la maestra
que nos enseña que renunciando a la impiedad y a los deseos
mundanos vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente
(Tito 2:11-12).

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La gracia es la esencia del Evangelio. Es el evangelio dentro
del evangelio, pero desde sus mismos comienzos la Iglesia
halló complicaciones a la hora de relacionarse con ella.
Las doctrinas gnósticas y judaizantes y el improvisado
nuevo testamento de Marción de Sinope, que hacía un gran
esfuerzo por pretender mostrar que el Jesús que trajo “la
gracia y la verdad” no tenía nada que ver con el airado Dios de
la ley que tronaba desde el Sinaí, confundieron a muchos que
empezaron a pensar que la Gracia era el antónimo de la Ley.
Identificar una era particular de la historia con el nombre
de “período o dispensación de la gracia” es ignorar que no hay
una sola página de la Biblia y de la historia en que no esté
presente como elemento distintivo la maravillosa y siempre
asombrosa gracia de Dios.
Tal vez, el tener que enfatizar de modo especial y desde el
mismo comienzo de la historia cristiana que la salvación es
por gracia, llevó el péndulo al extremo de que la doctrina de
la gracia fue vinculada principalmente, y en algunos casos casi
exclusivamente, al tema de la salvación.
Sin embargo, somos exhortados a “crecer en la gracia” y el
conocimiento de nuestro Señor (2ª Pedro 3:18), ya que esta
es una virtud cardinal de la vida de fe y está inseparablemente
ligada a cada aspecto práctico de la vida cotidiana.
Por este motivo, celebro con el mayor entusiasmo que el
Pastor Pedro Fuentes haya decidido hacer un “doble click” sobre
la palabra “gracia”, pues cuando esto ocurre, se comienzan a
abrir una tras otra las ventanas de la revelación, mostrándonos
las multiformes manifestaciones de la gracia de Dios en tantos
aspectos de la vida.
La gracia es el recurso más grande y menos utilizado del
mundo entero, por eso es tan oportuna la llegada de este libro
que seguramente será una herramienta más que el Señor
utilizará para llevar al lector a disfrutar y a vivir la gracia para

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escuchar, para perdonar, para dar, para recibir, para trabajar,
para bendecir y para servir.
Con su clásico lenguaje directo y práctico, el Pastor Pedro
Fuentes nos invita en esta oportunidad a beber del manantial
de la gracia de Dios para ser manifestada en cada área de
nuestra vida y es mi sincero deseo que así lo podamos y
sepamos experimentar.
Y después de que ustedes hayan sufrido por un poco de
tiempo, el Dios de toda gracia, que los llamó a su gloria eterna
en Cristo, Él mismo los perfeccionará, afirmará, fortalecerá y
establecerá (1ª Pedro 5:10).

Gerardo Ferace, Enero 2019

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INTRODUCCIÓN
***
Este libro no es para los que se sienten bien
No es para los que viven conformes con ellos mismos
No es para los sanos, ni para los justos
No es para los exitosos
No es para aquellos a quienes todo les sale bien
No es para los que superaron todos los obstáculos…

Escribo este libro para quienes se dan cuenta


de su miseria
Para los que asumen su vergüenza
Para quienes se sienten desprotegidos
Para quienes sufren la decepción
Para quienes perdieron la esperanza

Escribo este libro para los que desean vivir en libertad


Para quienes desean ser ayudados
Para los que quieren vivir vidas aprobadas por Dios
Para los que anhelan ser útiles en la obra del Señor
Para quienes desean servir sin la presión ni la carga de
conformar a los demás
Para quienes desean ser saciados no con los halagos de
abajo, sino con la aprobación de Dios

Por estas razones te desafío a vivir teniendo presente cada


día que la gracia es para recibirla: todo lo que necesitamos para

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vivir la vida cristiana es la gracia de Dios y esta está disponible
en abundancia para cada uno de nosotros. Así lo dice
Santiago 4:6: “Pero la gracia que él nos da es mayor. Por eso
dice: Dios se opone a los soberbios, y da gracia a los humildes”
(RVC). Si nuestro corazón se inclina en humildad delante de
Dios, él está dispuesto a darnos mucha gracia, toda la gracia
que necesitamos para enfrentar cada situación y circunstancia,
no importa cuán difíciles sean.
También debemos recordar que la gracia es para
administrarla: Dios espera que utilicemos todos los recursos
que él, en su gracia, pone a nuestra disposición para bendecir a
los demás. El apóstol Pedro dice: “Cada uno según el don que ha
recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores
de la multiforme gracia de Dios.” (1ª Pedro 4:10 RVR1960).
Recorramos juntos las páginas de este libro, dispuestos a ser
conmovidos por la bendita gracia del Señor y a tomarnos de
ella para vivir el resto de nuestros días disfrutando y ayudando
a que otros también disfruten de la bendición de recibir gracia
sobre gracia.
Finalmente escribo este libro para los que buscan de todo
corazón refugiarse en aquel “que habitó entre nosotros… lleno
de gracia”.

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CAPÍTULO UNO

LLENO DE
GRACIA
“Vimos su gloria… lleno de gracia y de verdad.”

***
“¡Q uién fuera sol para alumbrarte! ¡Quién fuera una
flor para verte pasar!”. Así exclamaba el poeta
cuando meditaba en la persona de Jesús, porque quienes
vieron al Salvador, vieron a alguien distinto a todos los demás.
El evangelista Lucas nos dice de Jesús: “Y el niño crecía y se
fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era
sobre él.” (Lucas 2:40 RVR1960). La vida de Jesús fue única y
distinta a la de todas las demás personas. Nadie jamás logró
conquistar el corazón de quienes lo rodearon de una manera
tan natural como él. Su ternura con los débiles y su firmeza con
los poderosos marcaron un estilo diferente de liderazgo. Los
griegos venían a oírle y los alguaciles romanos se asombraron
y no se atrevieron a detenerlo; fueron ellos los que dijeron:
“¡Jamás ningún hombre ha hablado así!” (Juan 7:46 DHH). El
estilo con el que Jesús hacía las cosas dejó a todos asombrados,
porque no era un mediocre ni un improvisado. Jesús siempre
hizo las cosas de una sola manera: ¡Bien! Este es el comentario
que hacía la multitud que lo rodeaba: “Y se asombraron en gran
manera, diciendo: Todo lo ha hecho bien.” (Marcos 7:37 LBLA).

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Podemos afirmar que el texto que introduce la vida de Jesús
en el mundo de los mortales es Juan 1:14, que dice: “Y el Verbo
se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria
como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.”
(LBLA). Para comprender qué significa “vimos su gloria”,
debemos definir qué es gloria. El Antiguo Testamento, cuando
habla de la gloria de Dios, nos refiere a esplendor, majestad,
magnificencia, resplandor. Todas estas palabras nos remiten
a la presencia misma de Dios. Podemos pensar que cuando
hablamos de la gloria de Dios nos referimos al mismo rostro
de Dios. Juan nos dice que “a Dios nadie le vio jamás”, por lo
que no es posible ver la gloria de Dios. Pero el texto continúa
diciendo: “el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él
le ha dado a conocer.” (Juan 1:18 RVR1960). Por esta razón, al
mirar a Jesús como el modelo máximo que seguir, debemos
ver qué propósito trajo cuando nos visitó. El texto nos dice
que vino para mostrar la gloria de Dios, es decir, para mostrar
a Dios. Así lo explicó Jesús cuando, antes de regresar al cielo,
tuvo una charla con sus discípulos y les explicó el plan sobre su
muerte y resurrección. Los discípulos estaban muy angustiados
por el miedo de perder a su líder, por lo que el Señor los animó
con la promesa de su regreso. La charla fue íntima, pero a la
vez muy tensa, porque les estaba diciendo que los dejaría
por un tiempo para irse a preparar un lugar en el cielo para
todos sus seguidores. Luego de esta explicación, Tomás, uno
de sus discípulos, le pidió que le dijera algo acerca del lugar y
del camino para llegar a la casa del Padre. Es aquí cuando el
Señor pronunció la famosa frase que define cómo una persona
puede llegar a establecer una relación con Dios el Padre: “Yo
soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino
por mí.” (Juan 14:6 RVR1960). Todo parecía estar resuelto
hasta que Felipe, otro de sus discípulos, levantó la voz y con
su intervención nos dio a todos la posibilidad de saber cómo

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se hace para conocer a Dios: “Felipe le dijo: Señor, muéstranos
el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que
estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me
ha visto a mí, ha visto al Padre.” (Juan 14:8-9 RVR1960). Con
esta declaración, Jesús le estaba diciendo con toda claridad
que solo basta conocerlo a él para saber cómo es Dios. Si
queremos saber cómo piensa Dios, cómo siente Dios, cómo
trata a las personas, debemos mirar a Jesús. El escritor bíblico
explica esta idea y nos dice lo siguiente refiriéndose a Jesús:
“Él es el resplandor de la gloria de Dios. Es la imagen misma
de lo que Dios es.” (Hebreos 1:3 RVC). El conocido maestro
de Biblia, John MacArthur, hablando de la manifestación de
Dios en Jesucristo, exclama: “Qué maravilloso es darse cuenta
de que Jesucristo, el cual es la expresión total de Dios en la
historia humana, vino a nuestras vidas y nos dio la luz para ver
y conocer a Dios”.

La gracia y la verdad
Sigamos con nuestro texto de presentación sobre la vida de
Jesús: “Vimos su gloria… lleno de gracia y de verdad”. Para
poder mostrar la gloria de Dios y mostrarnos cómo es Dios,
Jesús se manifestó entre los hombres “lleno de gracia y de
verdad”. Si entendemos que el propósito del cristiano es que
los hombres conozcan a Dios y tengan cada día una relación
más íntima con él, debemos, al igual que Jesús, vestirnos de
esa misma gracia con la que se dio a conocer nuestro Señor.
Jesús mostró con su vida que la gracia debe llenar todo el
ser de una persona que dice tener comunión con el Dios de
toda gracia. Su manera de pensar, de sentir, de opinar y de
decidir siempre estuvo llena de gracia, de igual manera que su
trato con los demás. David Seamands cita al escritor Robert
Girdlestone cuando dice: “Debemos estar en guardia en contra

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de la suposición de que la gracia sea una cualidad abstracta; la
gracia es un principio personal activo, que se exhibe en nuestro
trato con aquellos que nos rodean”.
La manera en la que medimos y evaluamos a quienes
nos rodean debe seguir el estilo de Jesús. La gracia es lo que
diferenciaba al Maestro de los líderes religiosos de su época.
Veremos en los distintos capítulos de este libro cómo Jesús
trató con cada una de las personas que tuvo algún contacto
con él.
La vida de Jesús une las dos grandes virtudes del cristianismo:
la gracia y la verdad. Solo cuando estas dos virtudes caminan
juntas se puede tener comunión con Dios y andar en sus
caminos. El apóstol Pablo, cuando habla acerca de su estilo
pastoral y de cómo él hacía el trabajo de cuidar personas,
utiliza estas mismas verdades. Él las define en su carta como
ternura y firmeza. Al escribirle a la iglesia de Tesalónica, les
recuerda cómo fue el trato que les dio cuando los pastoreaba:
“En vez de eso, los hemos tratado con ternura, con el mismo
cuidado de una madre por sus hijos. Tan grande es nuestro
cariño por ustedes, que hubiéramos querido entregarles no
solo el evangelio de Dios sino también nuestra propia vida. ¡A
tal grado hemos llegado a amarlos!” (1ª Tesalonicenses 2:7-8
RVC). El estilo de Jesús fue siempre así. Él nunca maltrató a
ninguna persona, nunca humilló a nadie. Nunca dejó personas
heridas en el camino, no lastimó ni con sus palabras ni con sus
acciones. La ternura con la que el Maestro trataba a la gente
hacía que ellos desearan estar con él. La palabra gracia incluye
amabilidad, buen trato y esto es lo que hacía Jesús. Cuando no
hay buen trato es porque falta gracia, porque la gracia siempre
procura hacer sentir bien a los demás, siempre cede el lugar de
privilegio y no reclama agradecimiento. Las personas llenas
de gracia tienen cara de sí, siempre dan la bienvenida, siempre
reciben a los demás con una sonrisa, porque no tienen nada

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para reclamar, porque la gracia es dar, no exigir. Los cristianos
debemos destacarnos en el buen trato, en la cordialidad que les
brindamos a todas las personas con las que nos relacionamos.
Las personas que se relacionan con nosotros debieran sentir
que estuvieron cerca de Jesús
cuando tratamos con ellas. La ternura con la que
Debemos tener presente que el Maestro trataba a la
la manera de decir y hacer las gente hacía que ellos
cosas son en representación desearan estar con él
del mismo Jesús, así lo
expresó el apóstol Pablo:
“Y todo lo que hagan o digan, háganlo como representantes
del Señor Jesús y den gracias a Dios Padre por medio de él.”
(Colosenses 3:17 NTV).
Siguiendo la explicación del cuidado que el apóstol tenía con
los cristianos en Tesalónica, veamos cómo Pablo les habló con
la verdad y no les ocultó los errores: “Ustedes saben, además,
que los hemos exhortado y consolado, como lo hace un padre
con sus hijos, y les hemos recomendado vivir con dignidad
ante Dios, que los llamó a su reino y gloria.” (1ª Tesalonicenses
2:11-12 RVC). Así también fue el estilo de Jesús, él siempre
habló con la verdad, pero la dijo con gracia, porque Dios se
hacía presente en cada una de sus palabras. De esta manera
Jesús mostraba la gloria de Dios, es decir, el rostro mismo de
Dios.

Gracia sobre gracia


Cuando hablamos de la gracia mostrada en Jesucristo, nos
referimos a esa abundante bendición que su vida derramaba
a quienes lo vieron caminar. El evangelista Juan dice que: “De
su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.” (Juan 1:16
RVR1960). La expresión “gracia sobre gracia” ha sido explicada

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de varias formas. El pastor Enrique Moreira, en su comentario
del evangelio de Juan, sugiere la siguiente explicación: “…
un flujo ilimitado de gracia… podemos compararla a cada
nueva ola tomando el lugar
de la otra sin destruir la Gracia es lo mejor
anterior”. El maestro de del cielo para lo
Biblia, el profesor Ryrie, para peor de la tierra
explicar esta misma frase
dice en el comentario de la
Biblia anotada por él: “Apoyada sobre gracia cada experiencia
cristiana”. El comentario del Nuevo Testamento de W. Barclay
explica:
En el original griego dice literalmente gracia en lugar de
gracia. ¿Qué quiere decir esa extraña frase? Puede que
quiera decir que en Cristo encontramos una maravilla
que conduce a otra. […] En Cristo encontramos gracia
en vez de gracia. Las diferentes edades y situaciones de la
vida requieren una clase diferente de gracia. Necesitamos
una gracia en los días de prosperidad, y otra en los
días de adversidad. Necesitamos una gracia en los días
primaverales de la juventud, y otra cuando se empiezan a
dilatar las sombras de la edad. […] A lo largo de toda la
vida estamos constantemente recibiendo gracia en lugar
de gracia, porque la gracia de Cristo es adecuada para
resolver triunfalmente cualquier situación.

La gracia siempre será dada en abundancia y estará


disponible para cualquier situación o circunstancia que nos
toque vivir. Las palabras de Santiago resumen esta idea cuando
dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo
alto.” (Santiago 1:17 RVR1960). Todo lo bueno viene del cielo,
y solo debemos recibirlo por la fe, creyendo en el ofrecimiento
incondicional de Dios. Me parece tan acertada esta definición
de gracia que leí en estos días: “gracia es lo mejor del cielo
para lo peor de la tierra”. Cuando leemos al profeta Oseas,

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percibimos un poquito más acerca del significado de esa gracia
que viene del cielo: “Yo los sanaré de su rebelión, los amaré
de pura gracia, porque mi ira se apartó de ellos.” (Oseas 14:4
RVR1995). El profeta le está diciendo al pueblo que el amor
que ellos reciben de Dios es dado solo por la libre voluntad de
Dios y que ellos nada han hecho para recibirlo. Si entendemos
la gran lección de que Dios ha derramado en Jesucristo toda
su gracia para nosotros y que esta se encuentra a nuestra
disposición, viviremos una vida de libertad y podremos ser de
gran bendición en la vida de los demás.
Concluimos con las palabras de David Seamands en su
libro El poder liberador de la gracia: “Estoy convencido de que
la causa fundamental de algunos de los problemas espirituales
y emocionales más perturbadores que acongojan a creyentes
evangélicos es dejar de recibir y vivir la gracia incondicional de
Dios, y la falta correspondiente de ofrecer esa gracia a otros.”.

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