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‘‘El Cabildo y la ganadería colonial en el Litoral Rioplatense a

comienzos del siglo XVIII: vaquerías, recogidas de ganado y


mercado local en Buenos Aires y Santa Fe’’.

Mauro Luis Pelozatto Reilly

Universidad Nacional de Luján

Trabajo final de Especialización

Introducción

Sin dudas, si hay algo que caracterizó a la sociedad rioplatense colonial, siempre ha sido
su carácter fundamentalmente rural. Éste se vio reflejado en el tipo de prácticas productivas
que tuvieron lugar durante todo el Período Colonial (vaquerías, recogidas de ganado alzado,
estancias de cría, chacras y quintas trigueras, etc.), así como también en la sociedad, tanto
urbana como rural. En este contexto, la economía agro ganadera y la propiedad de recursos
como la tierra y el ganado eran primordiales, tanto para las autoridades como para los
vecinos y habitantes. A partir de este tema han surgido diferentes problemáticas, como las
características jurídicas de la propiedad de la tierra y el ganado, la estructura y composición
de las unidades productivas, las condiciones de vida de los diferentes actores sociales de la

1
campaña, las formas de trabajo y mano de obra, etc. Empero, creemos que, si bien las
miradas desarrolladas han sido muchas, diferentes y muy bien elaboradas, hay ciertos
temas, problemáticas y períodos que han sido menos estudiados detalladamente por la
Historiografía colonial argentina. Por ejemplo, mucho se ha trabajado sobre la estancia
colonial rioplatense entre fines del siglo XVIII y comienzos del siguiente, o sobre las
vaquerías antes de su extinción, mientras que no son tantos los estudios que se han
enfocado en estas prácticas económicas durante el período previo a las Reformas
Borbónicas y las guerras de Independencia, sobre todo desde las perspectiva local y
regional.

Por eso nos hemos propuesto estudiar y analizar las actividades ganaderas durante la
primera mitad del siglo XVIII, donde creemos que tuvieron lugar importantes cambios
sobre las mismas, y dónde se destacó la intervención de las autoridades locales y los
vecinos criadores. Este trabajo de investigación tiene por objeto central analizar las
medidas tomadas por el Cabildo de Buenos Aires, representante del poder colonial a nivel
municipal, y su par santafesino durante la primera mitad de la ya mencionada centuria,
orientadas fundamentalmente a la provisión del mercado de la ciudad y la organización de
la producción rural, tanto para el ámbito interno como para la exportación. En el mismo se
tendrán en cuenta las características de las decisiones encabezadas regularmente por los
alcaldes capitulares dentro de su jurisdicción, analizando también los aspectos particulares
de las diferentes formas de explotación ganadera, con el fin de apreciar el grado de
importancia que tenía, en ese entonces, dicha producción para la población urbana y rural.
Es decir, que la investigación seguirá dos ejes temáticos principales: las medidas de los
cabildantes entorno a la ganadería vacuna y sus derivaciones; y las transformaciones que se
fueron dando en las prácticas pecuarias durante el período seleccionado.

El recorte cronológico que se tomará para este análisis se inicia con la decadencia de las
vaquerías ‘‘tradicionales’’1, concluyendo hacia mediados de siglo, por varias razones: en
primer lugar, porque a partir de 1756 la zona rural de Buenos Aires se divide en dos
jurisdicciones capitulares distintas (el Cabildo de Buenos Aires y el de Luján), con lo que se
altera el escenario al que se hace referencia; pero sobre todo porque hacia la década de

1 Se hace referencia a las expediciones de caza destinadas fundamentalmente a hacer corambre.

2
1750 pueden apreciarse nuevas formas de explotar el ganado ya consolidadas: las recogidas
de ganado y la estancia colonial. Asimismo, vale la pena aclarar que si bien el foco de
análisis está en el espacio correspondiente a la Banda Occidental del Plata, se considerará la
interrelación existente con las prácticas ganaderas que se desarrollaban en la Banda
Oriental. En el caso de Santa Fe, vale la pena resaltar que las fuentes y los casos
encontrados se utilizarán principalmente a modo de comparación con la situación
bonaerense, para captar los diferentes matices que se daban a nivel local dentro del espacio
regional (el Litoral).

Para desarrollar más sobre las medidas tomadas por el Ayuntamiento en la región, y poder
ver cómo estas influyeron sobre las prácticas económicas de la época, se atenderán
fundamentalmente dos fuentes oficiales pertenecientes a dicha institución: los Acuerdos del
Extinguido Cabildo de Buenos Aires (AECBA), que comprende una compilación con lo
más destacado de las sesiones capitulares, y el Archivo del Cabildo de Buenos Aires
(ACBA), compuesto por diferentes correspondencias que el Cuerpo intercambiaba con
diferentes funcionarios y distintos lugares de su jurisdicción, así como también registros de
navíos y exportaciones, padrones de la misma jurisdicción, etc. Además, se incluirán otras
fuentes para analizar diversos aspectos vinculados a las características las prácticas
económicas, del ganado y la población rural en otros puntos de la región: las recopilaciones
de diversas fuentes encontradas en las Actas del Cabildo de Santa Fe.

A partir de los intereses presentados, surgen los siguientes objetivos de investigación:

A) Explicar los cambios que se produjeron en las prácticas productivas, y cómo


éstas se relacionaron con las modificaciones que se dieron en la propiedad y el
usufructo del ganado durante el período temporal correspondiente.
B) Identificar las causas que llevaron a la progresiva extinción del ganado
cimarrón en la Banda Occidental del Río de la Plata.
C) Describir las distintas prácticas pecuarias que se fueron imponiendo por sobre
las vaquerías tradicionales.
D) Indagar acerca del carácter de las relaciones entre las autoridades citadinas y de
los poblados, las poblaciones rurales, los grupos denominados generalmente
como ‘‘indios infieles’’ y la propiedad y explotación del ganado vacuno.

3
E) Diferenciar las características de las actividades ganaderas que se desarrollaron
durante este período en la campaña de Buenos Aires con otras regiones de la
misma jurisdicción, como Santa Fe y la Banda Oriental.

1) Describir y analizar las diferentes funciones del Cabildo como organizador y


regulador de la economía rural, los intereses con los que debió mediar y el impacto
de sus decisiones en la conformación de la economía rural.
A) Analizar las diferentes iniciativas tomadas por los cabildantes en relación a las
transformaciones que se fueron dando en las prácticas ganaderas.
B) Identificar los problemas que el Gobierno Municipal debió resolver, en el
ámbito de la producción ganadera, y el modo en el que se llegó a las soluciones
arbitradas.
C) Analizar la relación entre los miembros del Cabildo y los vecinos en el
tratamiento de temas como el abasto carne, la producción de cueros y la
propiedad de haciendas.
D) Identificar el impacto sobre las modalidades de las recogidas de ganado con las
diferentes medidas tomas en función del abasto de carne local, la exportación de
cueros y la provisión de otros géneros.
E) Describir y analizar las diferentes políticas capitulares vinculadas a la
designación de funcionarios (comisionados, jueces, Alcaldes de la Hermandad,
etc.), con el fin de administrar el ganado (cimarrón, orejano, alzado), controlar
las poblaciones (robo de ganados, crimen y conflictos armados contra los
‘‘indios infieles’’2) y las problemáticas a nivel local entorno a la ganadería en las
áreas rurales (falta de abastecimiento, recogidas de ganado, faenas, entre

A partir de dichos objetivos, este trabajo parte de la idea de que el Ayuntamiento, tanto en
Buenos Aires como en Santa Fe, tuvo una incidencia primordial en la regulación y
organización de la explotación ganadera y en los cambios producidos en la estructura de la
producción pecuaria durante este período. Asimismo, se partirá de la base de que la
evolución de las prácticas productivas rurales no fue idéntica en todas las áreas
pertenecientes a la región rioplatense, existiendo una marcada diferencia y
complementariedad entre las actividades ganaderas que se desarrollaron en la Banda
Occidental y la Banda Oriental del Río de la Plata, así como también en Santa Fe.
2 Denominación frecuentemente utilizada por los documentos oficiales.

4
Consecuentemente, también habrían de diferir las medidas municipales destinadas a una
zona u a la otra. Por otra parte, si bien la actividad exportadora tuvo una importancia
fundamental, también era muy relevante el abasto de la ciudad, por lo que las medidas del
Ayuntamiento3 con este último fin habrían de tener un fuerte impacto en las prácticas
ganaderas vigentes, sobre lo cual también hará foco nuestro análisis.

Si los objetivos se enfocan en desarrollar analíticamente todas esas problemáticas, resulta


necesario tener en cuenta diferentes enfoques y puntos de vista metodológicos.

Como ya se ha explicado antes, la siguiente investigación bien podría dividirse en dos ejes
centrales: el primero, correspondiente al Cabildo de Buenos Aires y el abanico de funciones
que supo desempeñar en torno a la ganadería vacuna durante la primera mitad del siglo
XVIII; el segundo, correspondiente al universo de las relaciones sociales y las formas
productivas que se daban en la campaña (a ambos márgenes del Río de la Plata).

Sin mayores cuestionamientos, podríamos estudiar a la Sala Capitular y sus representantes


(alcaldes ordinarios y demás funcionarios) siguiendo los lineamientos postulados por la
llamada ‘‘nueva’’ historia política. Antes que nada, resulta preciso aclarar que esta última
difiera bastante de la historia política tradicional conocida como tal hasta la renovación
científica e historiográfica que se dio en el mundo occidental desde la década de 1980. Ésta
historiografía se caracterizaba por su foco extremo en lo acontecimental, en la historia de
los grandes personajes, los ‘‘héroes’’, aquellos ‘‘próceres’’ de la sociedad. Por otra parte, se
trataba de estudios basados fundamentalmente en la reproducción de documentos escritos,
que solamente daban un panorama histórico muy parcial, en cuanto transcripción de la
‘‘versión oficial’’ de las cosas.

Asimismo, otros aspectos primordiales como los grupos sociales, las actividades
económicas, las relaciones sociales y políticas, las redes relacionales quedaban totalmente
al margen. Justamente, lo que se buscará en este escrito es no caer en esa postura rankeana
de creer que se están narrando las cosas ‘‘como en realidad ocurrieron’’4

3 Para no ser tan reiterativos, se utilizarán otros términos sinónimos de Cabildo, tales como Ayuntamiento,
Sala Capitular, gobierno municipal, concejo de la Ciudad de Buenos Aires, etc.

5
Por otro lado, hay que tener en cuenta que estamos parados en un lugar resultado de la
renovación de los cambios en los paradigmas científicos que se dieron desde la década del
80 del siglo XX. El mismo estuvo marcado por algo no menor como la caída de los
paradigmas de los años 60, basados fundamentalmente en las estructuras que dirigían los
mecanismos económicos, políticos y sociales5. Éstos se vieron reflejados también en parte
por el surgimiento de una ‘‘nueva’’ historia política, cuyos objetos de estudio van mucho
más allá de los mencionados para la tradición acontecimental sostenida por la obra de
Leopold von Ranke. Por ejemplo, los nuevos estudios, en el caso de nuestro país, se sitúan
sobre la relación entre el Estado y la sociedad civil, las redes familiares y clientelares, entre
otras cosas6.

También la caída de los estructuralismos se ve en el retorno del individuo, el renacimiento


del actor, la recuperación del accidente el azar en la historia7, es decir, la reactivación de un
enfoque centrado más en los actores y no tanto en las estructuras y los acontecimientos.
Esta investigación tratará de analizar a determinados actores, pertenecientes al poder
político municipal y vinculado a la producción pecuaria, centrándonos en su intervención
en torno al poder político local y las prácticas económicas rurales como las vaquerías y
recogidas de ganado. Pero no se dejarán de lado, ni mucho menos, las estructuras políticas
y económicas, en cuanto se analizarán mediante fuentes pertinentes las problemáticas
vinculadas a los Cabildos de Buenos Aires y Santa Fe, las unidades productivas de la época
(estancias, chacras, rodeos, etc.) y los modos de producción pecuarios. Entonces, en esta
4 WALLERSTEIN, I. (1995). ‘‘Abrir las Ciencias Sociales’’, en Boletín del Social Science
Research Coincil, Vol. 50:1, marzo de 1996, p. 2. Traducción de Fernando Cubides.

5 CHARTIER, R. (1994). ‘‘L’ Histoire entre récit et connaisance’’, en Au bord de la falaise. L’


histoire entre certitudes et inquietudes. París, Éditions Albin Michel, 1998. Traducción al tiempo
libre y literal, autorizada por Roger Chartier, de Renán Silva.

6 HALPERÍN DONGHI, T. (2004). ‘‘El resurgimiento de la historia política: problemas y


perspectivas’’, p.11, en BRAGONI, B. Microanálisis. Buenos Aires, Prometeo.

7 PALACIOS, G. (2007). ‘‘Entre una ‘nueva historia’ y una ‘nueva historiografía’ para la historia política de
América Latina en el siglo XIX’’, en PALACIOS, Guillermo (Coordinador). Ensayos sobre la nueva historia
política de América Latina, S. XIX. México, El Colegio de México.

6
investigación se intentarán combinar enfoques estructurales con aquellos una mirada
también centrada en el actor. La idea es profundizar sobre esto más adelante,
implementando herramientas correspondientes a esta Historiografía renovada que se centra
en la lógica y el accionar de los actores (redes, sociabilidad, prosopografía, etc.).

Creemos y sostenemos que esta investigación forma parte de la historiografía actual, en la


medida que presenta una heterogeneidad y multiplicidad de objetos de estudio, teorías y
metodologías, ampliando sus preocupaciones más allá de la historia fáctica y abordando las
problemáticas políticas desde diferentes perspectivas demostrando dinámica interna y
externa propias así como la dimensión cultural dentro de la cual tiene lugar8.

En pocas palabras, el enfoque que se buscará seguir durante la presente investigación dista
mucho de la historiografía menor y arcaica de la historia acontecimental o la solamente
estructuralista que explicaba las relaciones políticas desde explicaciones de otras
dimensiones de lo social9. Nuestro trabajo hará hincapié, principalmente, en las medidas
tomadas por el cuerpo capitular, así como también las acciones políticas y económicas
encabezadas por sus miembros, parte de la elite mercantil porteña y algunos de los diversos
sectores del mundo rural (por ejemplo, los vecinos criadores). Si bien se abordarán las
dimensiones económicas y sociales, también se tendrán en cuenta otros insumos
metodológicos procedentes de la nueva Historia Política, como se ha dicho.

Para cumplir con los objetivos planteados, es necesario ampliar y diversificar las
herramientas metodológicas. No se trata solamente de leer los documentos escritos y
elaborar un relato exclusivamente a partir de los mismos. Se requiere, primeramente,
analizar los aportes previos más allá de su horizonte intelectual, reflexionando sobre los
documentos disponibles o los instrumentos técnicos utilizados 10, al mismo tiempo que es
fundamental realizar nuevos cuestionamientos y establecer diferentes relaciones entre las
fuentes disponibles.
8 CURI AZAR, C. G. (2008). ‘‘François Guerra y la revalorización de la historia política’’, en
Tiempo y espacio, Año 17, Vol. 20, p. 77.

9 SABATO, H. (2007). ‘‘La política argentina en el siglo XIX: notas sobre una historia renovada’’,
en PALACIOS, G. (Coordinador). Ensayos sobre la nueva historia política de América Latina, S.
XIX. México, El Colegio de México.

7
Las fuentes documentales utilizadas vienen condicionadas por el objeto de estudio, y
viceversa. Por lo tanto, es vital usar diferentes compilaciones de fuentes y variables
empleado distintos métodos a la hora de analizar las problemáticas seleccionadas
(tratamiento, descripción y triangulación de fuentes).

Siguiendo esta línea, resulta necesario partir de una descripción, al menos general, de las
características correspondientes a la ganadería rioplatense durante el siglo XVIII y las
transformaciones que se fueron dando, para a partir de allí ir desprendiendo y desarrollando
las distintas problemáticas planteadas.

La ganadería rioplatense y sus características a comienzos del siglo XVIII

El tema que se intentará desarrollar en esta investigación se inscribe en el cruce de dos


ejes temáticos que han sido transitados de manera desigual por la historiografía: las
transformaciones económicas que se desarrollaron en la campaña bonaerense durante este
período, y el papel del Cabildo como institución reguladora e interventora en las prácticas
productivas en el Río de la Plata. Con respecto a las características de la economía rural
rioplatense durante el siglo XVIII, para Juan Carlos Garavaglia, los vacunos constituyen un
elemento central en la economía pecuaria durante todo el período (él estudió en su libro
entre 1700-1830), resumiendo los cambios que se produjeron de la siguiente manera: ‘‘la
progresiva desaparición de animales dispersos y la lenta extensión del sistema de rodeos
(hatos de vacunos de tamaño medio y que giran alrededor de las 2.500 cabezas), desde fines
del período colonial, con una división en unidades productivas que tienen entre 5.000 y
6.000 animales con rodeos bipartitos o tripartitos’’11. Por su parte, Fernando Barba sostiene
que ‘‘la disminución primero y la desaparición luego del ganado cimarrón obligaron a
modificar los modelos de actividad económica’’12, como lo fueron las recogidas de ganado
y las estancias de cría. Siguiendo esta misma línea, Emilio Coni sostenía, a fines de la

10 DEVOTO, F. (2007). ‘‘La historia de la historiografía, itinerarios y problemas’’, en Revista de historia


intelectual, Nº 11, p. 183.

11 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Pastores y labradores de Buenos Aires. Una historia agraria de la
campaña bonaerense 1700-1830. Buenos Aires, Ediciones de la flor, p. 206.

8
década de 1970, que no era aventura pensar que los vecinos, mientras tuvieron ganado
silvestre en cantidad y a mano, prestaron poca atención a la cría del doméstico. Por esto la
desaparición de esa clase de hacienda los encontró con un stock doméstico sumamente
reducido13.

Para otros autores como José Luis Moreno, durante el siglo XVIII tuvieron lugar
importantes cambios en la estructura económica, ligados a la extinción de las vaquerías y
nuevas prácticas vinculadas a la ganadería, la agricultura y el transporte en carretas 14. Con
relación a las vaquerías, Tulio Halperín Donghi sostiene que en Buenos Aires y el Litoral
rioplatense ‘‘hasta mediados del siglo XVIII ha predominado una ganadería destructiva,
que caza y no cría el ganado’’15, y que a partir de su progresiva extinción se consolidaría
una expansión ganadera destinada principalmente a la exportación de cueros y más adelante
a la industria de la carne salada 16. Carlos Mayo señala que las nuevas prácticas productivas
ganaderas, como la estancia colonial, se fueron afirmando ‘‘a medida que se agotaba, en la
pampa, el cimarrón, y la cría del vacuno se fue imponiendo sobre su mera caza’’17. Citando
asimismo a Enrique Wedovoy, para quien la estancia tenía su origen en el tipo de pastoreo
nómade a campo abierto que se desarrolló en Buenos Aires desde el siglo XVII 18. En este
punto, Mayo no le quita para nada importancia al rodeo y las recogidas de ganado, que eran

12 BARBA, F.E. (2007). ‘‘Crecimiento ganadero y ocupación de tierras públicas, causas de


conflictividad en la frontera bonaerense’’. En Revista ANDES, Nº 18, Facultad de Humanidades,
Universidad Nacional de Salta, p. 1.

13 CONI, E. (1979). Historia de las vaquerías del Río de la Plata. Buenos Aires, Platero, p. 24.

14 MORENO, J.L. (1989). ‘‘Población y sociedad en el Buenos Aires rural a mediados del siglo
XVIII’’. En Desarrollo económico, Vol. 29, Nº 114, p. 270.

15 HALPERÍN DONGHI, T. (2010). Historia contemporánea de América Latina. Buenos Aires,


Alianza Editorial, p. 41.

16 Op. Cit., p. 42-43.

17 MAYO, C. (2004). Estancia y sociedad en la pampa (1740-1820). Buenos Aires, Editorial


Biblos, p. 39.

9
actividades permanentes y muy importantes dentro de las estancias rioplatenses desde
mediados del siglo XVIII19. Según Carlos Birocco, quien investigó acerca de la relación
entre los alcaldes capitulares, la producción-exportación de cueros y la beneficencia pública
a comienzos del siglo XVIII, la extinción de las vaquerías no trajo solamente cambios en la
estructura económica, sino también la profesionalización de la figura del vaqueador o
recogedor, diferente del accionero, a los cuales las autoridades locales les daban permiso
para hacer recogidas de ganado y corambre20. Estas transformaciones en la ganadería serán
tratadas más adelante.

En relación a las distinciones entre la evolución de la ganadería en la campaña de Buenos


Aires y en otras áreas rurales pertenecientes a la misma jurisdicción capitular,
fundamentalmente la Banda Oriental, habría que decir que varios sostienen esa idea. En
este punto, Raúl Fradkin marca una similitud importante con su argumento, haciendo
referencia a las vaquerías, que ‘‘esta forma de explotación pecuaria fue llegando
progresivamente a su fin entre fines del siglo XVII y principios del siguiente en un amplio
espacio, desde Tucumán y Cuyo hasta Córdoba y desde Corrientes y Santa Fe hasta Buenos
Aires. De este modo, durante el siglo XVIII el área principal de la vaquería quedó
circunscripta a Entre Ríos y la Banda Oriental, donde la actividad cobró tal intensidad que
fue necesario realizar operaciones de repoblamiento ganadero’’21. Garavaglia también le da
importancia a las campañas orientales, sosteniendo que ‘‘al menos desde 1719 se habla de

18 WEDOVOY, E. (1990). La estancia argentina. Explotación capitalista o bárbara. Buenos Aires,


Mimeo, p. 29. En MAYO, C. (2004). Op. Cit., p. 39.

19 MAYO, C. (2004). Op. Cit., p. 126.

20 BIROCCO, C. (2003). ‘‘Alcaldes, capitanes de navío y huérfanas. El comercio de cueros y la


beneficencia pública en Buenos Aires a comienzos del siglo XVIII’’. Ponencia presentada en las III
Jornadas de Historia Económica, AUDHE, Montevideo (Uruguay), 9 al 11 de julio de 2003, p. 1.

21 FRADKIN, R. (2000). El mundo rural colonial. En TANDETER, E. (Director). Nueva Historia


Argentina. La sociedad colonial. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, p. 270.

10
‘‘ganado invernado’’ para hacer referencia a los animales en pie que se traían para el abasto
de la ciudad, los cuales en su mayoría eran provenientes de la Banda Oriental22.

Con respecto a las vaquerías ‘‘tradicionales’’23, mucho se ha discutido sobre sus


características, las causas y consecuencias de su extinción en la campaña oeste del Río de la
Plata. Según Carlos Assadourian, el ganado cimarrón tuvo su origen en pequeños grupos
que escapaban de la pampa que comenzaban a reproducirse y desparramarse por la
campaña hacia tierras más ricas en agua y pastos. Este ganado fue víctima de las vaquerías,
que eran el fundamento de las industrias derivadas del sebo y los cueros, que se extraían
mediante técnicas muy rudimentarias24. Sin embargo, hacia comienzos del siglo XVIII éstas
prácticas fueron llegando progresivamente a su fin, debido a las características propias.

Debido a la extinción de las vaqueadas tradicionales en la Banda Occidental del Río de La


Plata, explica Mayo, las faenas de cueros eran mucho más comunes en las estancias
orientales que en las pampeanas de fines del período colonial 25, lo cual está directamente
relacionado a la disponibilidad de ganado salvaje y disperso en esas regiones. Por su lado,
Jorge Gelman, al referirse a los patrones de inversión de un gran comerciante de Buenos
Aires a lo largo de un tramo del siglo XVIII (más precisamente en 1764 y 1786), afirma
que ‘‘la posesión de una estancia en lugares como la Banda Oriental, muy común entre los
grandes comerciantes porteños, podía dar acceso a otros negocios lucrativos, como la
explotación del ganado cimarrón que aún quedaba allí’’26, agregando que aún quedaba

22 GARAVAGLIA, J.C. Op. Cit., p. 216.

23 Se utiliza el término vaquerías ‘‘tradicionales’’ para hacer referencia a las expediciones de caza
de ganado cimarrón destinadas a hacer corambre.

24 ASSADOURIAN, C.S. (1982). El sistema de la economía colonial. Mercado interno, regiones y


espacio económico. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, pp. 30-31.

25 MAYO, C. (2004). Op. Cit. Ibídem.

26 GELMAN, J.D. (1989). ‘‘Sobre el carácter del comercio colonial y los patrones de inversión de
un gran comerciante en el Río de la Plata del siglo XVIII’’. En Boletín del Instituto de Historia
Argentina y Americana ‘‘Dr. E. Ravignani’’, Tercera Serie, núm. 1, p. 62.

11
ganado de este tipo a fines de la centuria. Sobre este mismo tema, Eduardo Azcuy
Ameghino, luego de analizar los Acuerdos del Cabildo de Buenos Aires correspondientes al
año 1723, nos afirma que ‘‘aunque la introducción de ganado vacuno en la Banda Oriental
se remonta a los inicios del siglo XVII, recién a comienzos del siguiente comenzaría a ser
explotado por las vaquerías que autorizaba el cabildo de Buenos Aires, estimuladas por la
incipiente demanda comercial de cueros, en especial la efectuada por los Asientos de
esclavos de Francia e Inglaterra y por el contrabando, favorecido por los portugueses
instalados en Colonia desde 168027. Por otra parte, ‘‘el poblamiento incipiente y anárquico
que iba teniendo lugar desde comienzos del siglo XVIII, el descontrol de las corambres de
ganado cimarrón y el contrabando inglés y portugués, impulsaron a las autoridades
españolas a fundar una plaza fuerte en Montevideo, lo que comenzó a realizarse en 1724,
cuando fueron demarcados sus límites jurisdiccionales’’28. Y esto no es de menor relevancia
para los objetivos de este trabajo, puesto que a partir de entonces la jurisdicción sobre las
áreas rurales de la Banda Oriental quedó dividida entre Buenos Aires y Montevideo, al
tiempo que la región comenzó a tener mayor importancia para Buenos Aires, debido a las
recogidas de ganado destinadas al abasto para la Banda Occidental del Plata.

En un trabajo conjunto, Raúl Fradkin y Juan Carlos Garavaglia disienten con esta postura,
restándole importancia a la ganadería y resaltando la producción agrícola de Montevideo y
la región de los arroyos de las Víboras, Soriano y otros 29. Se trata, como se ve, de un asunto
que merece un tratamiento más profundo, que se intentará abordar en cierta medida durante
esta investigación.

Asimismo, no se deben considerar estos cambios solamente desde el punto de vista local.
Hay que recordar que esta región estaba inserta en importantes redes de producción,
intercambio y comercio interregionales. Y las transformaciones que se produjeron en la

27 AZCUY AMEGHINO, E. (1995). El latifundio y la gran propiedad colonial rioplatense. Buenos


Aires, Fernando García Cambeiro, p. 39.

28 Op. Cit., p. 40.

29 FRADKIN, R. y GARAVAGLIA, J.C. (2009). La Argentina colonial. El Río de la Plata entre


los siglos XVI y XIX. Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, pp. 103-105.

12
campaña de Buenos Aires y Santa Fe no escaparon a las modificaciones sufridas en el
mercado virreinal30 e ‘‘internacional’’ de la época. Desde el siglo XVI existía un ‘‘espacio
peruano’’ (tomando las palabras de Carlos Assadourian) centrado en Lima y Potosí como
principales centros económicos. ‘‘Este espacio, que abarcaba desde Quito hasta el Río de
La Plata, estaba articulado por el capital mercantil generado en esos dos centros, sobre todo
por la minería potosina’’31. Según Fradkin y Garavaglia, ‘‘durante la segunda mitad del
siglo XVIII, se acelera un proceso que venía esbozándose desde al menos medio siglo atrás.
El crecimiento del tándem Buenos Aires-Montevideo como mercado más relevante del
espacio rioplatense se consolida. La paulatina integración de la economía pecuaria con el
Atlántico se acentúa. Esto tiene como resultado una orientación hacia el mercado mundial
cada vez más evidente, pese a que la continuidad del tráfico mular con el Alto Perú y el
Perú presenta siempre la otra cara de la moneda de la producción pecuaria’’32. Para Oscar
Trujillo, quien analizó las características de los negocios, las inversiones y los
comportamientos de los mercaderes de Buenos Aires desde las primeras décadas del siglo
en cuestión, estos cambios se vieron reflejados en una marcada diversificación de la
producción, la cual estaba destinada a diferentes mercados regionales 33. Los ya citados
Gelman y Garavaglia, refiriéndose al crecimiento agrario que se dio en la región a fines del
período colonial, afirmaban que ‘‘el elemento dinamizador del sistema es la demanda de
alimentos y medios de transporte para los mercados internos, así como algunos derivados
pecuarios para el mercado exterior’’34. Es que, sin dudas, las actividades pecuarias estaban

30 Para esa época, la región rioplatense formaba parte del Virreinato del Perú.

31PAZ, G. (1999). ‘‘A la sombra del Perú: mulas, repartos y negocios en el Norte Argentino a fines
de la colonia’’. En Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana ‘’Dr. Emilio Ravignani’’,
Tercera Serie, Nº 20, p. 45.

32 FRADKIN, R. y GARAVAGLIA, J.C. (2009). Op. Cit., p. 87.

33 TRUJILLO, J.O. (2013). ‘‘Negocios, inversiones y comportamiento de los mercaderes del


Buenos Aires colonial’’, UFPR, pp. 466-474.

34 GARAVAGLIA, J.C. y GELMAN, J.D. (2003). ‘‘Capitalismo agrario en la frontera de Buenos


Aires y la región pampeana en el siglo XIX. En Historia Agraria, Nº 29, p. 108.

13
destinadas a diferentes circuitos mercantiles, como deduce Garavaglia a partir de su
investigación basada en el uso de diferentes fuentes para el período 1700-1830: por un lado
estaba el abasto de carne de la ciudad y su inmediata campaña, y por el otro, las faenas
destinadas a hacer cueros, sebo y grasa35. Por otra parte, hay que tener en cuenta la cuestión
de la producción y el tráfico de mulas desde las estancias de Buenos Aires, las cuales eran
mucho más importantes que los vacunos, debido a que estaban directamente relacionas a la
producción de plata en el Alto Perú. A lo largo de este trabajo intentaremos apreciar cómo
el Cabildo tomaba medidas para regular las diferentes actividades productivas (recogidas de
ganado alzado, abasto de carne, ajustes de cueros, producción de ganado vacuno y mular en
las estancias, comercio local, regional y de exportación, etc.), y los cambios que en ellas se
fueron produciendo hasta mediados del siglo XVIII (es decir, desde la extinción de las
vaquerías hasta la consolidación de la estancia colonial rioplatense y su ganadería
diversificada y orientada hacia distintas redes comerciales).

El otro gran eje temático bajo el cual se desarrollará esta investigación es el referido al
Concejo y a las medidas tomadas por esta institución hispano-colonial sobre las prácticas
económicas de las poblaciones rurales y en función de, como decían sus propios miembros,
‘‘del bien común’’. Este carácter del Ayuntamiento es bien previo al período que aquí se
pretende estudiar, ya que, como sostiene Carlos Birocco, ya tomaba medidas sobre la
producción ganadera por lo menos desde comienzos del siglo XVII, cuando en relación al
ganado cimarrón ‘‘para evitar su explotación indiscriminada, el cabildo porteño procedió a
matricular a los propietarios y reconocerles su acción a ese ganado’’36. Según Garavaglia,
desde comienzos del siglo XVIII, el Cabildo se encargaba de regular no solamente la
producción rural sino también el mercado local, por ejemplo fijando precios máximos u
obligando a vendedores y compradores a concentrarse en una sola plaza física de venta 37.
Siguiendo la línea de Harari, habría que sostener la idea de que las funciones capitulares en
35 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., Ibídem.

36 BIROCCO, C. (2003). Op. Cit., Ibídem.

37 GARAVAGLIA, J.C. (1991). ‘‘El pan de cada día: el mercado del trigo en Buenos Aires, 1700-
1820’’. En Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana ‘‘Dr. E. Ravignani’’, Tercera
Serie, núm. 4, p. 20.

14
este sentido eran amplias y diversas: ‘‘el Cabildo autorizaba el comercio, dictaminaba quién
podía vaquear, negociaba las cantidades, preciosas y formas de pago, lo que se llama ajuste
de cueros y cobra un tercio de la producción de corambre’’38. Éstas son, justamente, las
funciones que se tratarán de analizar y sobre las cuales se va a profundizar en este trabajo.
Resulta importante para el objeto de estudio de esta investigación el intentar de analizar
más detalladamente las características de éstas medidas, y cómo intervenían en ellas tanto
los cabildantes como los diferentes actores sociales y políticos de la época (comerciantes,
estancieros, hacendados, pequeños y medianos productores, otros funcionarios, etc.). Por
otra parte, es necesario desarrollar más sobre aspectos particulares de las prácticas
productivas (vaquerías, recogidas de ganado, cría de vacas y mulas en los establecimientos
productivos, las características y la organización de éstos últimos, la mano de obra, entre
otras cosas).

Además, la Sala Capitular tenía otras atribuciones sobre los recursos y las poblaciones
rurales vinculadas a la explotación pecuaria: por ejemplo, las analizadas por Carlos Mayo,
vinculadas a la administración de justicia y la regulación de recursos, designado vecinos
con funciones judiciales y de policía como los Alcaldes de la Santa Hermandad y jueces
rurales, para que se ocuparan de combatir la ‘‘ociosidad’’ de los pobladores 39. Estos temas
también serán desarrollados en este proyecto, partiendo de la base de que no carecieron de
importancia para la regulación de la economía ganadera y sobre los cambios que en ella
tuvieron lugar durante la primera mitad del siglo XVIII.

En este trabajo se seguirá la línea de análisis abierta por Juan Carlos Garavaglia al
destacar la importancia del abasto de carne de la ciudad y su inmediata campaña; además
de las faenas de cueros, sebo y grasa, tanto para el mercado local como para la exportación.
Además, se tendrán en cuenta los otros circuitos mercantiles como el de los envíos de
ganado en pie hacia el Alto Perú40. Asimismo, compartimos la tesis de Carlos Mayo, para
quien la extinción de las cacerías de ganado salvaje devino en transformaciones de las

38 HARARI, E.F. (2003). ‘‘Las vaquerías a comienzos del siglo XVIII: una aproximación desde el
marxismo’’. Ponencia presentada en las III Jornadas de Historia Económica, AUDHE, Montevideo
(Uruguay), 9 al 11 de julio de 2003, p. 2.

39 MAYO, C. (2004). Op. Cit., pp. 102-103.

15
estructuras productivas, que llevaron a la estancia colonial, en donde las recogidas de
ganado tuvieron un papel muy importante41. Con respecto a las funciones de los
cabildantes, creemos que deben analizarse más a fondo las funciones del Cabildo, señaladas
por algunos autores, como regulador de las prácticas productivas, los precios, el comercio y
el mercado local42. Al mismo tiempo, recuperamos la idea del ‘‘espacio peruano’’43
elaborada por Assadourian, para denotar los diversos circuitos en los que estaban inscriptos
los productos pecuarios producidos en la campaña de Buenos Aires aparte del abasto de
carne local, y de la exportación de cueros desde el Atlántico, ya que además circulaban por
los diferentes mercados y ferias regionales que se encontraban dentro de este espacio.

A partir de este recorrido sobre los rasgos y transformaciones generales de la economía


ganadera rioplatense durante los primeros años del siglo XVIII y de haber realizado un
esbozo de las funciones capitulares al respecto, se desarrollará el análisis de dichos temas
teniendo en cuenta diferentes problemáticos sobre las cuales debieron intervenir los
alcaldes porteños y santafesinos: la organización de las prácticas productivas (vaquerías,
recogidas de ganado), la regulación del mercado local y el comercio en sus diferentes
niveles (local, regional y de exportación), siempre entorno a los efectos pecuarios
producidos en la campaña.

La organización de las prácticas productivas

La extinción de las vaquerías y la transición hacia las recogidas de ganado

Podría decirse que desde los primeros tiempos de la fundación de Santa Fe de la Vera Cruz
(1573), y la definitiva de Buenos Aires (1580), y a lo largo de todo el siglo XVII, las
40 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., pp. 216-216.

41 Ver MAYO, C. (2004). Estancia y sociedad en la pampa (1740-1820). Buenos Aires, Editorial
Biblos.

42 HARARI, E.F. (2003). Op. Cit., Ibídem.

43 Ver ASSADOURIAN, C.S. (1982). Op. Cit. Ibídem.

16
vaquerías predominaron como forma de explotación pecuaria en las áreas rurales
correspondientes al Río de la Plata. Éstas consistían, básicamente, en la organización, por
parte de los vecinos y autoridades, de expediciones grupales destinadas a cazar al ganado
cimarrón que se encontraba pastando libremente por los campos. El recurso más interesante
para los productores eran las pieles de toro, mientras que una considerable parte de la carne
animal se desperdiciaba, sobre todo cuando las faenas se realizaban campaña adentro muy
lejos del matadero urbano.

Desde comienzos del siglo XVII, se sabe que el ganado vacuno cimarrón era abundante en
los campos bonaerenses, santafesinos y orientales. El mismo tuvo su origen en los animales
que habían llegado con los españoles conquistadores que fundaron Buenos Aires y otros
puntos, los cuales posteriormente se fueron dispersando y huyendo, siendo considerado un
bien de todos los vecinos de la jurisdicción que tenían estancia poblada 44. Desde muy
tempranamente, se encontraba al Cabildo interviniendo en dichas prácticas pecuarias, para
evitar la matanza indiscriminada del vacuno salvaje. En primera instancia, el Cuerpo solía
dar acción a los vecinos criadores sobre el ganado disponible, es decir, que generalmente
solo los propietarios de cabezas tenían acceso al usufructo del cimarrón. ‘‘Estos vecinos
accioneros fueron representados a partir de 1609 por el Cabildo, que corrió con la
legitimación de sus títulos, la autorización de las expediciones de caza o vaquerías y la
venta de cueros en las embarcaciones que se presentaban en el puerto. Los cimarrones se
convirtieron, en suma, en un bien de administración comunal pero de propiedad
individual’’45. Esto fue lo normal en la región, puesto que en otros puntos como Santa Fe de
la Vera Cruz se puede hallar al municipio organizando las vaquerías desde al menos 1594
en adelante46.

Con respecto a la intervención capitular, vale aclarar que la primera vaquería documentada
en Buenos Aires data de 1609, cuando el vecino don Francisco Maciel fue nombrado como

44 BIROCCO, Carlos María (2003). Op. Cit., p. 1.

45 Ídem.

46 AGPSF, ACSF, Tomo II, Primera Serie, folios 181-182b.

17
accionero para recoger el ganado alzado y usufructuarlo47, lo cual nos habla de cierta
propiedad de dicho sujeto sobre el mismo. La pregunta sería, ¿por qué se preocupaba el
gobierno municipal por nombrar este tipo de accioneros? Si bien los ganados y las tierras
abundaban y eran de fácil acceso en la campaña, justamente por dichas características
estructurales era muy complicado para los estancieros y las autoridades controlar a una
población y un stock ganadero naturalmente disperso y móvil, lo cual fue fuente de
innumerables conflictos por la propiedad y el usufructo de los recursos. Como bien sostenía
Carlos Mayo, estos rasgos hicieron posible el desarrollo de una ganadería extensiva a
campo abierto en estancias sin cerco, en las cuales el ganado se alzaba o se iba en busca de
fuentes de agua hacia el interior de la campaña 48, la cual tenía un problema existencial que
era cazaba y no criaba al vacuno 49. Por eso es que, para evitar la progresiva desaparición de
este recurso, el Ayuntamiento decidía intervenir en la organización previa a las cacerías y
faenas.

Desde inicios del siglo XVII, como ya se ha mencionado, los alcaldes ordinarios ya
intervenían abiertamente en la concesión de acciones para vaquear y hacer corambre. Por
ejemplo, en 1626 recibieron licencias para hacer vaquerías los vecinos Juan López,
Domingo Griveo y el capitán Bartolomé López 50. Y esto fue oficial no solamente en la
jurisdicción del Cabildo porteño, sino también en otras regiones del Litoral como Santa Fe,
cuyo gobierno se encargaba de las vaquerías desde muy temprano: ya en 1594, el Cuerpo
pidió autorización para recolectar ganado cimarrón dentro de la jurisdicción de Buenos
Aires51. Sin embargo, las acciones entraron en un bache temporal hasta 1619, cuando se
comenzaron a conceder con mucha mayor regularidad, desde que se intervinieron las

47 HARARI, E. (2003). Op. Cit., p. 2.

48 MAYO, C. (2004). Op. Cit., p. 35.

49 HALPERÍN DONGHI, T. (2010). Op. Cit., p. 41.

50AZCUY AMEGHINO, E. (1995). Op. Cit., p. 32.

51 AGPSF, ACSF, Tomo II, Primera Serie, folios 181-182b.

18
vaquerías que Juan Cano de la Cerda, santiagueño, estaba realizando sin control en Santa
Fe52.

Las preguntas que surge en esta parte serían, ¿cómo eran éstas prácticas pecuarias?, ¿qué
objeto tenían?, y ¿por qué no se pudo evitar su extinción en la Banda Occidental de Buenos
Aires y parte de Santa Fe hacia el decenio de 1720? Con relación a la primera cuestión,
podrían agregarse algunos casos ejemplares que denotan el carácter depredador de las
mismas, más la importancia que el Cabildo le daba a la preservación de los recursos
escasos. Durante las primeras décadas del siglo XVIII, puede verse como ésta forma de
explotar el ganado se encontraba encaminado a su desaparición, reflejado en las negativas
del Cabildo a hacer vaquerías de caza, las licencias cada vez menores y los testimonios que
indican la falta del ganado cimarrón: por ejemplo, la última acción concedida por el Cuerpo
en Buenos Aires que pudimos registrar fue el caso de doña Bárbara Casco, quien fue
nombrada accionera el 11 de diciembre de 172353; en el caso de Santa Fe, estos caracteres y
problemas relacionados también pueden apreciarse: en 1700 le concedieron al alcalde
provincial Antonio Márquez Montiel una vaquería de 1200 cabezas, correspondientes a la
acción que tenía la ciudad sobre los campos de la otra banda del Paraná, estableciéndose
200 pesos como derecho sobre las mismas 54; en 1707 el Alcalde Interino Juan de Aguilera
propuso hacer una vaquería de entre 1.500 y 2.000 vacunos sobre la acción de la otra banda
del Paraná, por la falta de carne que había para el sustento de los vecinos. Aunque las
recogidas estaban prohibidas, le respondieron que el gobernador no pondría impedimentos
debido al objetivo de las mismas, ya que otros gobernadores lo habían hecho reiteradas
veces y en mayores cantidades de ganado. Se nombró como encargado de las vaquerías al
vecino feudatario y benemérito capitán Pedro de Medina 55. Los casos puede ser más, pero
no resulta necesario citarlos a todos ni es la idea de este trabajo. Lo que sí podemos ver, con

52 AGPSF, ACSF, Tomo I, Segunda Serie, folios 258-259b.

53 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 223.

54 AGPSF, ACSF, Tomo VI, folios 245-246b.

55 AGPSF, ACSF, Tomo VI, folios 477-479b.

19
estos ejemplos, es que en ambas jurisdicciones la Ciudad y los vecinos poseían acciones
sobre la propiedad del ganado, y que nombraban vecinos ‘‘accioneros’’ que tenían el
derecho de realizar las vaquerías y faenas dentro de la jurisdicción correspondiente.

¿Cuál era el fin de dichas empresas? Las respuestas pueden ser varias, lo cual puede
palparse mejor en el caso de Santa Fe, donde el ganado cimarrón, si bien era escaso,
perduró hasta 1750, o sea más tiempo que en la Banda Occidental de Buenos Aires. Por
ejemplo, En 1709 el teniente de gobernador hizo presente una carta del gobernador de
Tucumán, Maestre de Campo Esteban de Urizar, en la cual se pedía autorización para
ingresar en los confines del Valle Calchaquí con la idea de hacer una vaquería para
conseguir los recursos necesarios para la guerra que se iba a efectuar contra los mocobíes 56;
en 1713 el Sargento Mayor Francisco Carvallo, vecino feudatario de la ciudad, pidió que le
dieran permiso para hacer una vaquería que le permitiera evitar que le embargaran su casa y
bienes personales57; En 1716 no se dio lugar a la suspensión de las vaquerías que estaban
por efectuarse, debido a los recursos que éstas daban para los vecinos 58; un año después, el
Cabildo acordó darle permiso para vaquear al reverendo prior de Santo Domingo en los
campos de los ríos Negro y Uruguay, las cuales serían destinadas a obtener fondos para la
reedificación del convento59. Como vemos, los fines de las cacerías de ganado eran muchos,
desde el mantenimiento de la familia hasta el abasto de carne urbano y rural, pasando por
los gastos de las milicias, las obras de construcción, la recaudación de bienes por parte de
establecimientos religiosos, etc. En este sentido, se estaría corroborando la línea elaborada
por autores como Garavaglia, Mayo, Halperín Donghi y Fradkin, entre otros, para quienes
las alternativas económicas y comerciales de las vaquerías tradicionales estaban lejos de
concentrarse exclusivamente en la elaboración de cueros para exportación.

56 AGPSF, ACSF, Tomo VII, folios 2-3b.

57 AGPSF, ACSF, Tomo VII, folios 140-142b.

58 AGPSF, ACSF, Tomo VII, folios 277-279b.

59 AGPSF, ACSF, Tomo VII, folios 348-348b.

20
En vinculación a la responsabilidad que cabía en todo esto a los miembros de la Sala
Capitular, habría que decir que intentaron, a lo largo de décadas, impedir la extinción de ese
recurso tan apreciado como lo era el ganado vacuno cimarrón. Entre otras cosas, se negaron
acciones y licencias, y hasta se suspendieron las recorridas y faenas en distintas ocasiones.
En 1723 se hizo descripción de un conflicto entre el Cabildo de Buenos Aires y la
Compañía de Jesús por la propiedad del ganado recogido en la Banda Oriental60, mientras el
disponible en este margen del río no sería abundante en ese entonces; a fines de 1724 se
leyó un memorial de Jorge Burjes en el cual pedía que se prohíban las recogidas y matanzas
de ganado en la zona de Montevideo, en la cual era poblador 61. También puede observarse
la intervención en relación a la concesión de acciones para los vecinos: en 1723 se presentó
ante el Ayuntamiento una petición por procurador general don Juan de Ribas en la cual
hacía referencia al estado de la campaña en ese momento y la escasez de ganado vacuno,
pidiendo que se hiciera una corrida general en las pampas. Teniendo en cuenta que las
tierras se encontraban en tiempos de cultivo, el Cabildo no vio conveniente hacer dicha
corrida. Se prefirió mandar a 5 personas (3 españoles y 2 indios) para que reconocieran las
campañas y que luego informasen sobre su estado 62; Diego Ramírez Flores presentó una
petición el 7 de diciembre de 1723 solicitando acción sobre el ganado cimarrón, la cual fue
mandada a discusión entre las partes interesadas63.

El Cuerpo Capitular santafesino también mediaba activamente para evitar las cacerías
indiscriminadas, y bien tempranamente en el período. A comienzos del 1700, el procurador
general Pedro Rodríguez presentó una petición haciendo referencia al auto del gobernador
Agustín de Robles, el cual prohibía las vaquerías y las faenas de sebo y grasa en las
cercanías de los límites jurisdiccionales con Buenos Aires 64; en 1701, el procurador general
solicitó que se impidieran las vaquerías efectuadas por los vecinos de Corrientes y los

60 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 45.

61 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX., p. 410.

62 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 59.

63 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 214.

21
indios de las misiones jesuíticas en la otra banda del Paraná 65; en 1703 el procurador
general Francisco de Vera Mujica solicitó la adopción de medidas para impedir que los
vecinos de Córdoba y Santiago del Estero continuaran vaqueando en la campaña y en el
Valle Calchaquí. Se comisionó al Alcalde de la Hermandad Manuel Martínez de Santa Cruz
para que, utilizando la gente necesaria, pusiera presos a los intrusos y les quitaran los
animales recogidos66; en 1715 el Gobernador mandó a suspender las vaquerías que se le
habían concedido a Márquez Montiel, mandando a llamar a éste último y a los
representantes de la Compañía de Jesús para conocer sus opiniones al respecto 67; dos años
más tarde se propuso el cierre de las vaquerías del Paraná, a pedido del Procurador General,
debido a la escasez de ganado disponible68; en 1720 notificaron desde el Cabildo de Buenos
Aires la suspensión de las vaquerías por 4 años, pidiendo que se hiciera lo mismo en Santa
Fe y también por parte de la Compañía de Jesús. Finalmente se ordenó que ninguna persona
saliera a vaquear y que no se trasladaran ganados desde la otra banda 69; tres años más tarde
se suspendieron 5 licencias que se habían otorgado a vecinos de Santa Fe para que hiciesen
vaquerías70.

Los casos como estos son innumerables, pero lo que importa aquí son las aproximaciones
que pueden hacerse respecto a las medidas de los cabildantes en tiempos de escasez: tanto
en Buenos Aires como en Santa Fe, prácticamente durante la misma época (de hecho se
menciona un caso en el cual ambas jurisdicciones suspendían las vaquerías

64 AGPSF, ACSF, Tomo VI, folios 214-214b.

65 AGPSF, ACSF, Tomo VI, folios 268-269b.

66 AGPSF, ACSF, Tomo VI, folios 353-354b.

67 AGPSF, ACSF, Tomo VII, folios 254-255b.

68 AGPSF, ACSF, Tomo VII, folios 321-322b.

69 AGPSF, ACSF, Tomo VIII, folios 156-158b.

70 AGPSF, ACSF, Tomo IX, folios 9b-11b.

22
simultáneamente), trataron de impedir la extinción definitiva de los rodeos de vacunos
salvajes, limitando o no dando licencias para vaquear o faenas, o directamente
suspendiendo las expediciones, iniciativas que también podía tomar, al menos de hecho, el
Gobernador y Capitán General, lo cual trajo problemas jurisdiccionales entre el poder
provincial y el municipal. Por otro lado, si bien las vaquerías tradicionales se dieron por
muertas en Santa Fe recién en 1750 mientras se trataban las relaciones comerciales con el
Paraguay71, hay que tener en cuenta que se dieron períodos de varios años sin
emprendimientos de ese tipo (por ejemplo, no las hubo entre 1730-1733), y que ya desde
comienzos de la centuria el cimarrón hacía falta como en Buenos Aires.

Lamentablemente los esfuerzos del Cabildo por evitar la extinción del ganado salvaje
fueron insuficientes, puesto que debido a la depredación el mismo llegó a su fin entre fines
del siglo XVII y comienzos del siguiente, al menos en el caso porteño. Esto fue debido a la
explotación desmedida por parte de los vecinos, las incursiones que llegaban de otras
regiones y se llevaban ganado y los arreos realizados por grupos de nativos que acechaban
las fronteras rurales hicieron que los cimarrones fueran escasos y su aprovechamiento cada
vez más complicado72. Por otra parte, debido a que los vecinos se confiaron de la
abundancia que había desde los primeros tiempos, hacia comienzos del XVIII el stock de
ganado doméstico disponible era considerablemente reducido si comparamos con otros
períodos posteriores: en 1713 se registraron 18.100 cabezas en la zona norte de la campaña
y 12.950 hacia el sur73.

Cuadro Nº 1: Stock de ganado doméstico en la campaña bonaerense (1713)


Región Norte 18.100
Región Sur (Matanza y Magdalena) 12.950
Fuente: CONI, E. (1979). Historia de las vaquerías en el Río de la Plata. Buenos Aires, Platero, p. 24.

71 AGPSF, ACSF, Tomo XII, folios 104-112b.

72 BARBA, F.E. (2007). Op. Cit., p. 1.

73 CONI, E. (1979). Op. Cit., pp. 24-26.

23
A su vez, es necesario aclarar que los alcaldes ordinarios no solamente se encargaban de
nombrar vecinos accioneros, sino que había otros asuntos como el abasto de carne, el cual
era moneda corriente en el siglo XVII. En 1696, para ejemplificar, se ve a los miembros del
Cabildo nombrando a los encargados del abasto de carne y ordenando que se hicieran
matanzas en los corrales de la ciudad solamente tres veces a la semana 74. Se profundizará
sobre éstas medidas y su relación con el mercado más adelante. Por desgracia para los
habitantes de la jurisdicción, hacia comienzos del siglo XVIII ya no se encontraban los
suficientes animales salvajes para satisfacer las demandas de carne y cueros, por lo que se
tuvieron que buscar otras alternativas productivas. La crisis del cimarrón ya era muy
notoria a principios de dicho siglo: en los períodos 1700-1704, 1709-1710 y 1715-1719 las
vaquerías fueron prohibidas por el municipio porteño, mientras que la última expedición de
caza fue registrada en 1718 y finalmente en 1732 la Corona quitó al Cabildo el derecho de
realizar ajustes de cueros, lo cual no es un dato menor75. Empero, pese a los especificado
por Harari y otros autores como Garavaglia, quien hace hincapié en las recogidas de ganado
‘‘invernado’’ en la Banda Oriental desde por lo menos 1719 76, hemos encontrado aquí
algunos casos dispersos de este tipo de prácticas productivas todavía hacia 1723: ese mismo
año se nombró a doña Bárbara Casco puntualmente como ‘‘una de las accioneras del
ganado cimarrón’’77; a su vez, también se hacía mención por esos tiempos de la falta de
ganados salvajes, por ejemplo cuando se presentó ante el Cabildo una petición por
procurador general don Juan de Ribas en la cual hacía referencia al estado de la campaña en
ese momento y la escasez de ganado vacuno, pidiendo que se hiciera una corrida general en
las pampas. Teniendo en cuenta que las tierras se encontraban en tiempos de cultivo, el
Cabildo no vio conveniente hacer dicha corrida. Se prefirió mandar a 5 personas (3
españoles y 2 indios) para que reconocieran las campañas y que luego informasen sobre su

74 AGN, ACBA, 1690-1728, 19-1-7, p. 70.

75 HARARI, E.F. (2003). Ídem.

76 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., p. 216.

77AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 223.

24
estado78. O también cuando el vecino Diego Ramírez Flores presentó una petición
solicitando acción sobre el ganado cimarrón, la cual fue mandada a discusión entre las
partes interesadas79, debido a la poca disponibilidad del mismo. A partir de situaciones
problemáticas como éstas, tanto las autoridades como los productores rurales comenzaron a
enfocarse en otro tipo de prácticas productivas: las estancias de cría –sobre las cuales luego
se desarrollará- y las recogidas de ganado.

Las vaquerías tradicionales vieron su fin en el margen occidental de la campaña rioplatense durante las
primeras décadas del siglo XVIII.

Organización y finalidades de las recogidas de ganado

Pero entonces, ¿cómo hicieron las instituciones, autoridades y los vecinos criadores para
solucionar la falta de ganado vacuno cimarrón?, sería la pregunta más relevante e indicada
aquí. Como sostiene Enrique Barba, ‘‘la situación de los rebaños salvajes provocó el directo
perjuicio de los ganaderos y por consiguiente también de los indios. La disminución
primero y la desaparición luego del ganado cimarrón obligaron a los dos sectores que hasta
78 Ibídem, p. 59.

79 Ibídem, p. 214.

25
entonces lo habían aprovechado, a modificar sus modelos de actividad económica’’80.
Como respuesta a ello, se intentó concentrar el ganado donde más o menos era posible su
cuidado, dando así origen a la estancia colonial. Para otros autores previos como Enrique
Wedovoy, en cambio, ya en el siglo XVII existía en la campaña bonaerense un sistema de
pastoreo nómade a campo abierto y basado fundamentalmente en el aprovechamiento de los
pastos disponibles, y en el cual el ganado era regularmente recogido, marcado y castrado 81.
Por su lado, otros historiadores especialistas como Mayo y Emilio Coni sostuvieron que la
estancia se fue consolidando poco a poco mientras se extinguía el ganado cimarrón82.

Sin embargo, parece ser que la cría del doméstico no fue la única alternativa posible ante
la desaparición del ganado salvaje disponible. Como bien descubrió Juan Carlos
Garavaglia, al menos de 1719 se habla de ganado invernado para hacer referencia a las
cabezas que eran recogidas en las áreas rurales de la Banda Oriental (pertenecientes a la
jurisdicción de Buenos Aires) con el objetivo de abastecer el mercado de carne, entre otras
cuestiones83. Dentro de las mismas estaban las faenas para hacer cueros, sebo y grasa para
el mercado local y la exportación, y la comercialización de ganado en pie hacia los
mercados del norte84. Según Azcuy Ameghino, ya desde el siglo XVII se había introducido
el ganado vacuno en la Banda Oriental, el cual comenzó a ser explotado con mayor
intensidad desde comienzos del siguiente, mediante las vaquerías que autorizaba el Cabildo
de Buenos Aires, estimuladas por la creciente demanda de cueros por los Asientos de
esclavos de Francia e Inglaterra y por el comercio de contrabando, favorecido por los
portugueses instalados en Colonia del Sacramente desde 168085.

80 BARBA, F.E. Op. Cit., p. 1.

81 WEDOVOY, E. (1990). La estancia argentina. Explotación capitalista o bárbara. Buenos Aires,


Mimeo, p. 29. Citado por MAYO, C. (2004). Op. Cit., p. 39.

82 CONI, E. (1979). Op. Cit., p. 21; MAYO, C. (2004). Op. Cit., Ibídem.

83 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., p. 216.

84 Ibídem, pp. 216-217.

26
Como en el caso de las vaquerías tradicionales, el Cabildo de Buenos Aires también se
encargaba de organizar las recogidas en la Banda Oriental. Por ejemplo, en 1726 se
presentó una petición en nombre de don Andrés López Pintado, en la que informaba al
Cabildo que se encontraba realizando una recogida de ganado en la campaña en virtud de
una aparcería que tenía con don Juan de Rocha, rematador de las vaquerías, el cual
finalmente fue aprobado por la Sala Capitular86. Las mismas se hacían, también, dentro de
las tierras ubicadas al oeste del Río de la Plata, como cuando en 1749 los vecinos del pago
de La Matanza salieron a la campaña a hacer la recogida de los ganados que allí se hallaban
dispersos. Éstos recogieron porciones considerables sin marcas ni señales y el Cabildo
nombró al teniente Domingo Díaz para que cuidara quienes eran los vecinos que entraban a
la campaña a hacer la recogida de ganado y hacerles declarar con qué licencia la habían
realizado87. En estos dos casos vemos al cuerpo municipal encargándose de nombrar
encargados de las vaquerías y dando permisos para realizarlas, como fue el caso de don
Juan de Rocha en la Banda Oriental y de los vecinos de La Matanza en estos pagos.

Aparte de ordenar y regular su realización, el Ayuntamiento debía ocuparse de otras


cuestiones de suma importancia, como el reparto del ganado recogido, la administración de
permisos, las faenas que se realizaban, y el abasto de carne, entre otras. Con respecto a las
cantidades de ganado, el Cabildo trataba de ocuparse de que no fueran excesivas, y como
consecuencia de ello perjudiciales para la población: en 1723 se trató sobre la vaquería que
se quería realizar en el Uruguay, considerando perjudiciales las 30.000 cabezas de ganado
puestas en Santa Fe establecidas en la concordia con la Compañía de Jesús, por la
posibilidad de que hubiese fraude para conseguirlas y reunirlas, se asignaron 10.000 al
rematador de refacción sobre las otras 30.000 y se decidió proceder esa misma tarde al
remate de dicho ganado, citando a las partes para que estuvieran presentes, el rematador y
los representantes de la Compañía88. En ese ejemplo, se lo ve mediando por la propiedad
del ganado alzado entre los jesuitas, los vecinos de Buenos Aires y la jurisdicción de Santa

85 AZCUY AMEGHINO, E. (1995). Op. Cit., p. 39.

86 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 620.

87 AGN, ACBA, 1747-1750, 19-2-3, p. 302.

27
Fe, con el fin de que no se agotaran los recursos y de que no hubiese excesos en las
recolecciones organizadas. Años más tarde, el Gobernador había denunciado
irregularidades en otras recogidas en la Banda Oriental, declarándose un total de 4.909
vacas faltantes, para lo cual los alcaldes ordenaron que no salieran más vecinos a hacer
recogidas momentáneamente89.

Otro tema importante era la concesión de licencias. El gobierno municipal solía controlar
la cantidad de permisos que daba a los vecinos para recoger ganado y la frecuencia de los
mismos. En 1743, para mencionar un caso, cuando se mencionó una extracción de ganados
hacia el Paraguay, la cual no tenía licencia reconocida por el Cabildo. Se establece que la
extracción de ganados y las faenas para hacer cueros no debían hacerse en perjuicio del
abasto de la Ciudad, a menos que hubiera una Real Cédula que lo permitiera, lo cual no
podría discutirse sino solamente obedecerse. Se nombró como diputados a los regidores
Juan Vicente Betolasa y Carlos Narváez para que hicieran todo lo posible para el bien de la
Ciudad y rogaran al Gobernador para que se presentara ante el Cabildo y diera la
providencia que creyera conveniente90. En Santa Fe, el Cuerpo también se ocupaba de las
mismas: A fines de 1721 se le concedió licencia a don Juan Eusebio de Chávez para recoger
2.000 vacas destinadas para el abasto de carne de la ciudad, afirmando que los 800 pesos
que ofrecía les serían cobrados una vez finalizada la vaquería 91; al año próximo el Sargento
Mayor Antonio Vargas Machuca pidió licencia para hacer recogida de vacunos
pertenecientes a la acción de la ciudad, prometiendo traer 200 para el mantenimiento del
Destacamento y los 500 animales que eran obligatorios por cada vaquería, según lo
establecido en la legislación municipal92; en 1724 los cabildantes le dieron permiso a Juan

88 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, pp. 89-90.

89 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, pp. 597-598.

90 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII: Libros XXIV y XXV, p. 509.

91 AGPSF, ACSF, Tomo VIII, folios 272-273b.

92 AGPSF, ACSF, Tomo VIII, folios 288-291b.

28
Martínez para recoger 50 cabezas entre toros y vacas, debido a que estaban destinadas al
mantenimiento de su familia93. Hasta ahí, pueden considerarse varias cosas: en primer
lugar, la diferencia de tamaño en de algunas recogidas en relación a otras, lo cual tiene que
ver seguramente con la coyuntura del momento (disponibilidad o no de ganado disperso) o
con las cabezas que tuvieran bajo su propiedad los vecinos criadores; el segundo término, la
coexistencia, más visible en el caso de Santa Fe, de las vaquerías tradicionales y las de
recolección (en Buenos Aires la diferencia parece ser más acentuada desde 1723); por
último, los diferentes objetivos que buscaban los vecinos solicitantes con esas licencias:
abasto de carne, mantenimiento familiar, ayuda al Destacamento, etc.

A su vez, también podía encontrarse a los cabildantes negando permisos para hacer
recogidas, por los mismos motivos que negaban las cacerías y faenas. En pocas palabras, no
permitían las recolecciones sin permiso para no arriesgar el abasto de carne de la ciudad y
mantener el control sobre los diferentes efectos pecuarios de importancia. Tenía la
capacidad de ser el órgano político exclusivo que daba este tipo de licencias a nivel local y
de prohibirlas, a menos que un orden de la Corona dijera lo contrario. También se
ocupaban, como lo hicieron con un pedido presentado por los vecinos de Santa Fe (quienes
pidieron 6.500 en vez de 6.000 vacas, lo cual fue concedido) 94, de especificar el número de
animales que se juntarían, según lo que creyeran conveniente para el bien público.

Un interrogante interesante aquí sería, ¿era regla común que el Cabildo se ocupara, a nivel
local, de todos esos asuntos? La respuesta es afirmativa, al menos en el caso de otros puntos
de la región conocida como Litoral Rioplatense. Por ejemplo, en 1723 el Cabildo de la
Ciudad de Santa Fe mandó a revisar que las personas que hiciesen recogidas y matanzas sin
licencias fueran castigadas con el embargo de los animales, las herramientas y útiles de
tropas95. Más tarde, en 1728 se suspendieron las vaquerías y recogidas por 3 años, sin
excepciones, y en particular para los vecinos de Corrientes que habían causado varios

93 AGPSF, ACSF, Tomo IX, folios 190-191b.

94 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 652.

95 AGPSF, ACSF, Tomo IX, folios 82-82b.

29
desórdenes en las faenas de sebo y grasa 96. En 1737 se lo ve nombrando encargados de
hacer las notificaciones de las vaquerías y dar razón de los animales recogidos en las
mismas97. En síntesis, el cuerpo santafesino actuaba en forma similar a su par porteño, en
cuanto a la organización de las recogidas, el impedimento de las mismas en caso de ser
necesario, el control del stock ganadero, etc.

Por otra parte, es preciso aclarar en este momento que las vaquerías a las que se hace
referencia desde el decenio de 1720 son las que aquí llamamos recogidas de ganado (en las
fuentes aparecen bajo las dos nomenclaturas), puesto que –al menos en la Banda Occidental
de Buenos Aires y la Ciudad de Santa Fe-, el cimarrón se había extinguido o al menos
escaseaba. Resulta oportuno tener en cuenta la diferenciación hecha por Garavaglia hace ya
algunos años: los ganados domésticos eran aquellos que estaban bajo control de los
hombres; los alzados eran los que ocasionalmente y como consecuencia de las sequías se
dispersaban; mientras que los cimarrones eran los ganados salvajes, que se alimentaban y
reproducían libremente98. La distinción más relevante para esta investigación está en que,
por lo general, las vaquerías tradicionales se practicaban sobre ganado salvaje, y luego de la
extinción de éste se consolidaron las recogidas organizadas sobre los alzados. Esto último
resulta válido para el lado oeste del Río de la Plata, mientras que en la parte
correspondiente al territorio actual del Uruguay continuaron existiendo rebaños salvajes
que de allí se traían periódicamente para repoblar las estancias porteñas y santafesinas 99. De
ahí que en alguno de los casos anteriormente citados se hablara de expediciones
organizadas que partían directamente hacia la Banda Oriental para buscar recursos
pecuarios.

96 AGPSF, ACSF, Carpeta Nº 14 A, folios 74-75b.

97 AGPSF, ACSF, Tomo X B, folios 369-369b.

98 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., p. 26.

99 Ibídem, p. 27.

30
Administración del ganado recogido

Resulta central hablar ahora sobre el destino de los alzados recolectados. Como bien
propone Garavaglia, existían distintas orientaciones productivas y mercantiles para los
productos pecuarios: por un lado estaba el abasto de carne de la ciudad y su inmediata
campaña, y también las faenas para hacer sebo y grasa, los cueros para exportar y el ganado
en pie que se destinaba a al mercado peruano, al igual que otras actividades que se
desarrollaron con la misma orientación, como la cría de mulas 100. Asimismo, hay que
destacar la producción de cueros, acaso el producto pecuario más importante en cuanto a
las exportaciones que salían desde el puerto de Buenos Aires, sin tener en cuenta la plata
altoperuana que correspondía a prácticamente el 80% del total de las mismas 101. Se tratará
algo del tema de las faenas de cueros y los niveles de producción, aunque resulta valioso
observar, por lo menos, las cantidades producidas en el período correspondiente a este
trabajo, a modo de ver la importancia de dicho producto para el mercado porteño y cómo
fueron creciendo en número a la largo del siglo XVIII:

Cuadro Nº 2: Exportaciones anuales de cueros desde el puerto de Buenos Aires


Período Nº de unidades
1700-1725 75.000
1725-1750 50.000
1756-1778 130.000
Fuente: GARAVAGLIA, J.C. (1999). Pastores y labradores de Buenos Aires. Una historia agraria de la
campaña bonaerense 1700-1830. Buenos Aires, Ediciones de la flor, p. 221.

Por otro lado, pero también con una importancia más que destacable, estaba el abasto de
carne para toda la jurisdicción. Sin dudas, el Cabildo estuvo siempre atento a que no se
pusiera en duda el abastecimiento suficiente a la hora de planificar las recogidas y demás
faenas. Por ejemplo, en 1723 ya podemos encontrar a los alcaldes ordinarios sacando a
remate una vaquería anual destinada exclusivamente al abasto de carne 102; tres años más
tarde, cuando se encontraron sin repartir de las vaquerías de Juan de Rocha unas 1.780

100 Ibídem, pp. 216-218.

101 HALPERÍN DONGHI, T. (2010), Op. Cit., p. 40.

31
cabezas sobre un total de 6.500, y que al ser esto para los cabildantes muestra de que la
población de Buenos Aires contaba ya con ganado suficiente para su manutención,
decidieron repartir esos animales entre instituciones religiosas103; ese mismo año, se trató
sobre las diligencias formadas por don Gaspar de Bustamante para hacer conteo de los
vacunos que se había recogido en la campaña de la Banda Oriental, y se decidió de común
acuerdo que se diera voz al procurador general sobre dichas diligencias y que informara lo
más rápido posible al gobernador, para evitar que se sigan recogiendo vacas antes de que
trajeran las que estaban en exceso104. En estos casos, vemos claramente como el gobierno
municipal accionaba sobre el ganado disponible de diferentes formas, según la coyuntura:
si el stock juntado no era suficiente para alimentar a la población, se hacían vaquerías
directamente para eso, o se evitaba continuar con las mismas para que no hubieran excesos,
y cuando el ganado abundaba, se repartía para otros fines como lo era en ese caso el
repoblamiento de las estancias de diversas órdenes religiosas.

Cuadro Nº 3: Abasto anual de vacunos en Buenos Aires (por cabezas de ganado


1722 18.000
1748 25.000
Fuente: GARAVAGLIA, J.C. (1999). Pastores y labradores…, Buenos Aires, Ediciones de la flor, p. 218.

Ahora bien, resulta importante el control sobre las licencias, las marcas y la penalización
en caso de no cumplir. En 1726 el Cabildo ordenó que los encargados de las dos vaquerías
en la Banda Oriental reintegraran el ganado que había recogido de más 105. Citando otro
caso, se sabe que el encargado de las vaquerías en 1734, el ya nombrado don Juan de
Rocha, no había cumplido con las 12.000 cabezas solicitadas, por lo que los capitulares lo

102 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 75.

103 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 616.

104 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 533.

105 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 636.

32
enviaron de nuevo a la campaña y además se le aplicaron 2.000 pesos de multa 106.
Volviendo al caso concreto de los vecinos de La Matanza que mencionamos en alguna
oportunidad, los mismos habían salido a hacer recogidas en la campaña, encontrando
porciones considerables sin marcas ni señales, ante lo cual el Cabildo nombró al teniente
Domingo Díaz para que cuidara quienes eran los hombres que entraban a la campaña a
hacer la recogida de ganado y hacerles declarar con qué licencia la habían realizado. En
caso de no tener licencia, se ordenó que se embargaran las cabezas de ganado recogidas107.

En cuanto a la misma institución pero correspondiente a la Ciudad de Santa Fe de la Vera


Cruz, para comparar y hacer un análisis de carácter más regional, habría que decir que las
marcas, señales y licencias también eran problemáticas consideradas por los alcaldes de la
Sala. Ya en el año 1723, los miembros de la misma designaron al capitán Andrés de la
Bastida evitar los desórdenes que había en las faenas de sebo y grasa y para que además
verificara que las recogidas se hicieran en la cantidad autorizada y que impidiera las
clandestinas, aclarándose además que el otorgamiento de licencias correspondía
exclusivamente al Cabildo108. Con respecto a ese mismo caso, días después explicitaron que
los excedentes de las vaquerías y los animales recogidos sin licencias serían embargados109.

En 1737, en relación a los excesos que estaban cometiendo los vecinos correntinos en las
recogidas y faenas, debido a que las mismas se encontraban suspendidas, se encargó al
Alcalde 1º para que actuara sobre cualquier tropa que estuviera en esas condiciones, se
tomara registro y diera razón de los animales recogidos 110. Lo que importa resaltar es que en
ambos lugares el Ayuntamiento actuaba en forma similar, actuando sobre las recogidas que
eran excesivas o se hacían directamente sin permiso oficial. Con respecto a la marcación,

106 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII: Libros XXIII y XXIV, p. 106.

107 AGN, ACBA, 1747-1750, 19-2-3, p. 302.

108 AGPSF, ACSF, Tomo IX, folios 9-9b.

109 AGPSF, ACSF, Tomo IX, folios 13-15b.

110 AGPSF, ACSF, Tomo X B, folios 367-369b.

33
éstas solían hacerse en las estancias de los propietarios, y junto con la castración
comprendían las faenas más importantes111, aunque en realidad, como vimos, resultaba
difícil controlarlas y escapar a las irregularidades entre las mismas.

Otro tema derivado de las recogidas era el repoblamiento de estancias en la jurisdicción,


hacia lo cual también se orientaban. No era extraño, tampoco, que surgieran conflictos por
el ganado para repoblar, como el que tuvo lugar desde 1722 entre el Cabildo porteño y la
Compañía de Jesús por unos vacunos encontrados en la Banda Oriental 112. También solía
ocurrir que el Ayuntamiento sacara a remate público los animales recogidos entre los
vecinos criadores de sus territorios, como cuando en 1726 ordenó que se informara a los
estancieros de toda la jurisdicción sobre el remate del ganado obtenido por las vaquerías,
puesto que Juan de Rocha ya se encontraba con el ganado reunido113.

Además, el Cuerpo se ocupaba de nombrar delegados para que controlaran los procesos de
recolección y redistribución del ganado recogido. Un buen caso para ilustrar esto es el de
unas recogidas que se realizaron en la región sur de la campaña bonaerense en 1749:
durante las mismas, el vecino Domingo Díaz envío una carta en la cual informaba sobre
que se había encontrado con un tal Gutiérrez en una de las estancias del difunto Juan De
Rocha. Gutiérrez traía el ganado recogido en presencia de ‘‘buenas personas’’,
argumentando que había entrado a la campaña a hacer la recogida por orden de Gaspar de
Bustamante, Alcalde Provincial. Para demostrarlo, le mostró a Domingo Díaz la orden de
dicho Alcalde. Se hallaron 700 cabezas de ganado vacuno entre grande y chico, además se
registraron 130 orejanos, y el resto eran animales con diferentes marcas y señales, las
cuales no se identificaron todas debido a su variedad. El Capitán Tomas Billoldo, que había
venido con su gente del pago de la Magdalena, recogió 134 cabezas que les correspondían a
él y a otros vecinos según sus marcas, presentando las órdenes que le dieron los mismos

111 MAYO, C. Op. Cit., p. 48.

112 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 45.

113 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 567.

34
para que las recogiera. Se le obligó a dar cuenta de ello 114. Por otra parte, ese mismo año
Juan Gutiérrez de Lea, Alcalde de la Santa Hermandad, recordó que Gaspar de Bustamante,
Alcalde Provincial de la Santa Hermandad, no tenía la facultad ni jurisdicción para dar
licencias ni mandar a que los vecinos hiciesen recogidas de ganado, y que dichas facultades
eran del Cabildo115. En este sentido, podría decirse que los alcaldes ordinarios se
aseguraban del nombramiento de funcionarios o vecinos comisionados en las áreas rurales
para que controlaran los procesos de producción, limitaran las faenas, evitaran los robos,
supervisaran las marcas, señales y repartos, entre otras cosas.

Además de controlar la recolección, redistribución, marcos y robos de ganados, estas


autoridades de la campaña tenían que convivir con otras problemáticas habituales de la
frontera, como por ejemplo el frecuente contacto con las poblaciones nativas, algunas de
ellas bastante hostiles para las poblaciones rurales y sus ganados. Los conflictos son, según
las fuentes y testimonios, muy frecuentes y diversos: hacia el año 1723 se mencionaba que
la gente que formaba grupos para ir en carretas a las salinas y para recoger granos, ante lo
cual el alcalde de primer voto propuso al Cabildo designar alguien conveniente para
recoger a los que se encontraban en los campos del otro lado del río de La Plata y controlar
a los indios minuanes116; dos años más adelante, se presentó ante el Ayuntamiento una
petición por don Juan de Illescas con una carta del capitán Juan Pascual González en la que
se quejaba de que los indios minuanes habían causado varios daños a los grupos de vecinos
que se encontraban en la Banda Oriental haciendo cueros117; más tarde, ya en 1740 el
Alcalde de Primer Voto informaba al Cabildo que el Gobernador y Capitán General había
decidido mandar al Sargento Mayor Pablo Barragán con 130 hombres a la frontera de la
nueva población, cerca de los pagos de Matanza y Magdalena, por alguna acechanza de los
‘‘indios infieles’’, para lo cual se necesitaban víveres. Se trató el tema y se acordó que

114 AGN, ACBA, 1747-1750, 19-2-3, p. 303.

115 AGN, ACBA, 1747-1750, 19-2-3, p. 303b.

116 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 216.

117 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 517.

35
dicho Alcalde solicitara 2/3 de yerba, 6 arrobas de tabaco y 4 quintales de bizcocho 118. En
cuanto a esto pueden denotarse al menos dos cosas importantes: la relación de cercanía
entre ‘‘indios’’ y vecinos criadores, la intervención de los comisionados y alcaldes cuando
surgían problemas, y cómo éstos últimos aparecen relacionados a la posesión del ganado,
acaso un bien primordial para las poblaciones indígenas.

En el caso de Santa Fe, las relaciones conflictivas, podría decirse, eran aún más frecuentes
y violentas, o al menos esos se pueden extraer de los testimonios. A fines de 1700 se
recibió una carta de Gabriel Casco de Mendoza, capataz de las vaquerías que los jesuitas
estaba realizando en la otra banda del Paraná, dando razón de que los indios boganes,
charrúas y yaros estaban robando y habían amenazado de atacarlos si entraban en sus tierras
del Uruguay. Ante los ataques acontecidos en el camino hacia Corrientes, se ordenó a
Mendoza que no recogiera las haciendas en el corral de Aguilera sino en un paraje más
seguro, todo lo cual se informaría al gobernador119. Al año siguiente, puede verse a los
nativos que formaban parte de las misiones de la Compañía de Jesús participando en las
vaquerías junto a los vecinos de Corrientes120.

Los casos que se pueden citar son bastantes ilustrativos: en 1709 se mencionaba ante el
Cabildo, mediante una carta del vecino José de Peralta, sobre los asaltos y muertes
ocasionados en Corrientes por los charrúas sobre unas balsas de la Compañía de Jesús, para
lo cual se mandaron hombres a recobrar las balsas y enterrar los cadáveres 121; A finales de
1713 se mencionó ante el Cabildo la derrota completa de las escuadras en Ascochingas. El
teniente de gobernador salió de inmediato con la gente que pudo reunir y casi sin armas
disponibles, perseguidos por la indiada122. Días después, el gobernador hacía mención de

118 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII: Libros XXIV y XXV, p. 162.

119 AGPSF, ACSF, Tomo VI, folios 249-249b.

120 AGPSF, ACSF, Tomo VI, folios 268-269b.

121 AGPSF, ACSF, Tomo VII, folios 2-3b.

122 AGPSF, ACSF, Tomo VII, folios 158-159b.

36
los desórdenes producidos en las acciones por los vecinos de Corrientes y los indios de las
misiones123. Un año después el alcalde de primer voto del Cabildo de Buenos Aires, Pablo
de la Cuadra, encargado del gobierno político en ese momento, presentó una carta en la
cual autorizaba al Alcalde Provincial Antonio de Márquez Montiel para que dispusiera de
los indios vaqueadores de la reducción de Santo Domingo Soriano durante las vaquerías
que estaban por hacerse en los campos del Río Uruguay 124. Por último, en 1720 se
mencionó ante las autoridades municipales que el día 11 de julio los capitanes Ambrosio
Alzugara y José del Peso Montiel habían sido decapitados por los indios en un galpón que
se había montado como guardia en las cercanías de la ciudad. A su vez, se resalta que los
vecinos más capaces estaban ocupados en las vaquerías, por lo que Santa Fe se hallaba sin
gente125. Pocos días más tarde se hablaba sobre los inconvenientes que generaba para la
defensa de la ciudad que los hombres estuviesen en las faenas de los campos 126. Luego de
leer y repasar estos ejemplos, uno puede apreciar otro rasgo no menor: la activa
participación de los mal llamados ‘‘indios infieles’’ en las prácticas productivas de la época
(caza, recolecciones de animales, faenas, etc.), lo cual generó no solamente choques debido
a los malones que asaltaban estancias, robaban ganados, interferían en los rodeos y
causaban destrozos materiales y humanos, sino que también se los puede ver participando
conjuntamente con los criadores y trabajadores rurales, sobre todo en el caso de los jesuitas.

123 AGPSF, ACSF, Tomo VII, folios 163-164b.

124 AGPSF, ACSF, Tomo VII, 242-243b.

125 AGPSF, ACSF, Tomo VIII, folios 133-134b.

126 AGPSF, ACSF, Tomo VIII, folios 142-144b.

37
Los grupos aborígenes, según los testimonios de los mismos funcionarios y alcaldes capitulares, tuvieron una
importancia incidencia sobre las recogidas de ganado y las faenas en la campaña rioplatense.

Volviendo a la cuestión de las autoridades rurales y su intervención en las prácticas


pecuarias, resulta interesante también pensar cómo procedían concretamente cuando los
actores violaban el orden establecido. A modo de caso, en 1749 el Cabildo nombró un
comisionado para que controle a aquellos que especulaban con las marcas y señales para
recoger ganado. Se estableció una pena de 50 pesos para los españoles, 100 azotes para los
negros, mulatos, esclavos y libertos127. De esta manera, vemos que el municipio se
encargaba de que los infractores recibieran ciertas penas o castigos, pero a su vez estos no
eran iguales para todos. Aquí juega, claramente, la estructura social jerarquizada de la
época, característica del Antiguo Régimen, según la cual los españoles y sus descendientes
directos eran considerados superiores a los nativos americanos, el resto de las castas, y
obviamente los esclavos. En otros lugares como Santa Fe esta regla también se cumplía, y
ya desde más tempranamente, lo cual puede apreciarse cuando en 1673 la Sala Capitular
prohibió hacer faenas de cueros, sebo y grasa en la otra banda del río Carcarañá,
especificando que a los infractores se les darían por perdidos los animales recogidos,

127 AGN, ACBA, 1747-1750, 19-2-3, p. 305b.

38
cabalgaduras, carretas y bueyes, mientras que a los indios, mestizos y multaros se los
castigaría con 200 azotes128. En pocos términos, podría sostenerse que las autoridades
municipales lejos estaban de ausentarse ante problemas como la organización de las
recogidas, el control de marcas, la administración de los alzados, etc.

Conclusiones provisionales

Luego a analizar una serie actas y demás fuentes capitulares de Buenos Aires, y en
segunda instancia documentos similares de Santa Fe, podrían sacarse algunas
aproximaciones en relación al Cabildo y las recogidas de ganado. A partir del objeto de
estudio planteado para este apartado, el cual consistía en identificar las causas que llevaron
a la progresiva extinción del ganado cimarrón en la campaña bonaerense, y por otra parte
analizar las diferentes medidas tomadas por los cabildantes en relación a las
transformaciones que se fueron dando en las prácticas ganaderas, podría establecerse lo
siguiente:

Con respecto a las vaquerías y el ganado salvaje:

 El principal objetivo de las vaquerías tradicionales era la extracción de pieles de


toro para exportación, y en menor medida para el mercado local. Sin embargo,
tenían otras finalidades como el abasto de carne, grasa y sebo para consumo local y
regional.
 La progresiva desaparición de los cimarrones se fue dando a partir de la caza
excesiva por parte de los distintos actores sociales en la campaña.
 Como respuesta a la escasez –y luego casi total ausencia- del ganado cimarrón
disponible en los campos de la Banda Occidental, las autoridades coloniales y los
vecinos ganaderos buscaron recursos en otras partes de la jurisdicción, como la
Banda Oriental.
 Desde la crisis de las vaquerías fueron consolidándose otro tipos de prácticas
productivas pecuarias, las cuales ya existían con menos fuerza, como la cría de
128 AGPSF, ACSF, Tomo IX, folios 319-319b.

39
animales en las estancias y las recogidas organizadas en donde sí había un planteles
de vacunos más fuertes.

Sobre el accionar del Cabildo en las recogidas de ganado y la administración de las


mismas:

 La intervención de los alcaldes ordinarios en las actividades productivas de la


época era, al menos, activo.
 Durante la época de las vaquerías tradicionales, los cabildantes eran los encargados
de otorgar licencias para hacerlas y de nombrar a los vecinos accioneros que se
beneficiaban con los frutos de las faenas. Asimismo, había otras materias
importantes como los ajustes de cueros y sacar a remate el abasto anual de carne.
 A partir de la decadencia de los planteles de salvajes, comenzaron a organizarse las
recogidas de ganado, principalmente en la Banda Oriental, donde el número de
cabezas era mucho más abultado.
 En el marco de las recolecciones grupales, el Cabildo se encargaba de dar permisos
para su realización, especificar el número de cabezas que debían traerse, limitar las
faenas, asegurarse de que los ganados sirvieran y fueran los suficientes para el
abasto urbano, entre otras cosas.
 Además, se nombraban encargados de encabezar las vaquerías, comisionados para
que evitaran los excesos en las mismas, o para dar razón de las cantidades juntadas,
controlar las marcas y señales, impedir robos, etc.
 Con respecto a las infracciones, se castigaba a los vecinos u otros hombres que
robaran o que hicieran fraudes en las recogidas o con las marcas de los animales,
con multas en plata o con castigos físicos en el caso de los individuos que
pertenecieran a alguno de los sectores subalternos.
 En lo que toca al ganado vacuno en sí mismo, vale la pena resaltar que existían
diferentes alternativas mercantiles y de consumo: el abasto de carne local, la
producción de otros géneros para el mercado urbano, las faenas de sebo y grasa,
los cueros que eran muy valiosos para el mercado internacional (aunque también
circulaban a escala local y regional, tanto en la ciudad como en el campo), y los
ganados que eran trasladados a pie hacia las ferias del Norte (para abastecer a las
unidades productivas mineras del Potosí y los centros comerciales de la región,
como Lima).

40
 Queda claro que las medidas del Cabildo estaban orientadas a garantizar la
producción de dichos efectos y que nunca escasearan o faltaran, lo cual llevaba a
suspensiones en la concesión de licencias, o la prohibición por meses e incluso por
años de las recogidas, vaquerías y faenas, como observamos que sucedía en Santa
Fe desde el siglo XVII.

Por último, hay que aclarar que las recogidas estaban vinculadas a otro tipo de prácticas
ganaderas, como la cría en las estancias y otros establecimientos productivos, los cuales
deben analizados más detalladamente en otro capítulo. A su vez, las medidas capitulares no
se limitaban exclusivamente a la organización de las expediciones vaqueras o la regulación
de los ganados y sus frutos. Como se intentará describir y analizar, había más iniciativas
puntuales vinculadas directamente al mercado local, el abasto de carne, el control de
precios, la exportación, la administración de justicia (fundamental para la economía en las
zonas rurales), la mano de obra, entre otras.

Las recogidas de ganado alzado (también llamadas vaquerías), fueron una práctica muy frecuente en los
campos de Buenos Aires, la Banda Oriental y Santa Fe.

41
El mercado local

Ya se ha explicado que la ganadería bovina tenía al menos dos rutas mercantiles


principales para sus productos y derivados, entre las cuales una era el abastecimiento del
mercado local. El mismo, como se puede apreciar en las fuentes, no carecía de importancia
en absoluto para los vecinos y autoridades de la ciudad y la campaña. Sin dudas, las
medidas económicas de los alcaldes ordinarios y las órdenes que éstos daban a las
autoridades rurales (Alcaldes de la Hermandad, comisionados, etc.), estaban directamente
relacionadas a el aseguramiento de la carne y los efectos pecuarios suficientes para
satisfacer las demandas de los habitantes de la urbe y su inmediata campaña.

Algunos de los especialistas consultados en este trabajo elaboraron posturas al respecto.


Un tema vinculado a todo esto es, sin duda, el carácter de los efectos que se destinaban al
mercado urbano. En cuanto a ello, José Luis Moreno, quien analizó exhaustivamente los
padrones de 1744, sostiene la idea de un importante desarrollo de la agricultura respecto a
la ganadería129. Por su parte, Garavaglia dice que la producción de cueros y el trigo se
complementaban130, ya que podríamos decir que los primeros eran el principal producto
pecuario de exportación y el otro era un cereal que constituía una base fundamental de la
dieta de los porteños de aquella época. No por nada las autoridades capitulares comentaban
en ese entonces que hacia 1721 se necesitaban entre 15.000 y 16.000 fanegas para la
alimentación de toda la población131. Empero, como ya está claro, este trabajo ha preferido
centrarse en la ganadería y sus alternativas productivas y mercantiles, por lo que no se
ahondará demasiado en el tema de la elaboración y comercialización del trigo y los
panificados, solamente se hará mención cuando se hable del control de los precios por parte
del Cabildo.

Ya se ha argumentado anteriormente que hasta comienzos del siglo XVIII, las vaquerías
tradicionales ocuparon un lugar central como explotaciones productivas, ligadas

129 MORENO, J.L. (1989), Op. Cit., p. 266.

130 GARAVAGLIA, J.C. (1989). Op. Cit., p. 8.

131 Ibídem, p. 9.

42
directamente a la producción de cueros destinados fundamentalmente al mercado externo.
Sin embargo, como sostiene Azcuy Ameghino, parece ser que durante el siglo XVII este
mercado era muy inestable, en cuanto dependía directamente de la cantidad de navíos
comerciantes (legales o ilegales) que arribaran al puerto de Buenos Aires, y la frecuencia
con la cual lo hacían132. Dicha situación conllevó a que los precios de las pieles de toros
fueran irregulares, al igual que la llegada y salida de los barcos133. Esto no quiere decir, ni
mucho menos, que el abasto local no ocupara un lugar importante entre las preocupaciones
de los alcaldes ordinarios ni en los intereses de los productores bonaerenses. Sobre eso
mismo, Raúl Fradkin establece que las cacerías organizadas de ganado cimarrón no estaban
destinadas exclusivamente a la extracción de cueros sino que también se exportaba ganado
en pie hacia otras regiones134. Esta postura se podría relacionar muy bien con la de
Garavaglia, quien demostró, mediante el análisis de diferentes fuentes para el período 1700-
1830, que la ganadería rioplatense tenía distintas alternativas económicas, como el abasto
de carne de la ciudad, las faenas de cueros y otros géneros (sebo y grasa), y la
comercialización de animales en pie135. En síntesis, el ganado constituía una pieza clave en
la estructura económica y productiva de la campaña bonaerense y la también para la ciudad,
lo cual puede verse desde otra perspectiva como la establecida por Carlos Mayo, quien
demostró que el ganado constituía la mayor inversión, por encima de la tierra y la mano de
obra, dentro de las unidades productivas de este espacio según unos cuantos inventarios del
período 1740-1820, llegando en algunos incluso hasta el 90%136, dando una cifra para nada
despreciable.

132 AZCUY AMEGHINO, E. (1995). Op. Cit., p. 35.

133 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., p. 217.

134 FRADKIN, R. (2000). Op. Cit., p. 270.

135 GARAVAGLIA, J.C. (1999) Op. Cit., pp. 216-217.

136 MAYO, C. (2004). Op. Cit., p. 40.

43
Lo que se intenta demostrar en este segmento es que, básicamente, el mercado local no
carecía de importancia para autoridades y los vecinos, y que a su vez tenía diferentes
variantes económicas vinculadas a los cueros, la grasa, el sebo y la carne. Éste último
producto constituye, según la línea de esta investigación, una preocupación central para el
Ayuntamiento a lo largo de todo el recorte cronológico tomado (1700-1750). Mediante el
estudio de las actas y el archivo capitular, se intentará ver cómo se adaptaba el Cabildo,
tanto en Buenos Aires como en Santa Fe, a los condicionamientos coyunturales de la
economía colonial, y qué medidas se tomaban sobre la producción, los precios y las
transacciones, casi siempre con una fuerte tendencia a proteger la provisión de carnes para
los pobladores.

Sin lugar a demasiados cuestionamientos, un importante número de las medidas


productivas tomadas por el Municipio buscaban, explícita o implícitamente, asegurarse el
abasto de carnes y otros efectos para el consumo local, es decir, los que se comerciaban en
el mercado de la ciudad y circulaban por la urbe, su inmediata campaña y otros puntos del
interior.

Las faenas para hacer sebo y grasa

Entre otras cosas, los alcaldes porteños y santafesinos tenían la facultad de otorgar
licencias o permisos oficiales a los vecinos criadores que quisieran realizar faenas
destinadas a la elaboración de piezas de sebo y grasa. Los casos sobre ello abundan: 1724,
Jorge Burjes presentó un pedido para hacer grasa y sebo en Montevideo, prometiendo que
traer dichos productos para el abasto de Buenos Aires, por lo que se le dio licencia durante
4 meses137. Ese mismo año se mostró un memorial por don Joseph Gutiérrez en el cual
pedía que se le diera permiso para elaborar sebo y grasa, y siendo que no había un obligado
establecido para dicha tarea, el Municipio decidió darle licencia por dos meses con el
compromiso de que trajera sus productos al mercado bonaerense, dejando para él solamente
lo que necesitara para consumo. Además se le dio permiso para hacer hasta 100 cueros con

137AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 424.

44
el ganado que iba a utilizar para hacer la grasa y el sebo 138. el capitán Francisco Navarro
pidió al Cabildo licencia para hacer algo de sebo y grasa en la Banda Oriental, para
consumo familiar. Se le dio licencia por dos meses para que extrajera sebo y grasa del
ganado cimarrón con la condición de que trajera productos para el abasto139.

Juan Jofre pidió lugar al Cabildo el 20 de marzo de 1725 para poder hacer sebo y grasa
por tres meses en la Banda Oriental, el cual se le otorgó con el condicionante de que
concurriera al Ayuntamiento a buscar el pase necesario para hacerlo 140. Al año siguiente,
llegó un pedido de permiso por Joseph de Mansevillaga para poder hacer 80 piezas de sebo
y grasa, y otro de Jorge Burjes para hacer 100 piezas, los que fueron aprobados con la
aclaración de que enviaran los productos al abasto de Buenos Aires 141. A Juan de Soria de le
dieron permiso para hacer 50 piezas de sebo y grasa en la Banda Oriental durante 3 meses,
pero obligándole a que trajera dichos géneros al abasto de la ciudad, siendo el fiel ejecutor
el encargado de la distribución de los mismos142. Si pasamos a la jurisdicción de la Ciudad
de Santa Fe, la situación no dista demasiado en este punto: en 1722 el Alcalde 2º afirmaba
que correspondía al Cabildo otorgar las licencias143; un año después se decidió, ante la falta
de animales para el abasto, que las faenas de sebo y grasa se darían solamente para cumplir
con las necesidades de la población144. Los casos son similares a los bonaerenses, aunque
distintos en el procedimiento de la concesión de licencias (en el caso de Buenos Aires eran
más frecuentes y especificaban más a menudo las cantidades y el plazo de las faenas), ya

138 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, pp. 368-369.

139 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 363.

140 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 461.

141 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 653.

142 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 687.

143 AGPSF, ACSF, Tomo VIII, folios 337-339b.

144 AGPSF, ACSF, Tomo IX, folios 23-31b.

45
que en Santa Fe las vaquerías estuvieron cerradas durante más tiempo y más períodos. Pero
en cuanto a la intervención, no se encuentran mayores diferencias entre un organismo y el
otro, teniendo en cuenta que no respondían a contextos idénticos.

En lo que respecta a los ejemplos anteriormente citados, podemos arribar a algunas


conclusiones sobre las medidas capitulares:

 Durante el período en el cual se estaban extinguiendo las vaquerías tradicionales, el


Cuerpo daba licencias para hacer piezas de sebo y grasa con una considerable
frecuencia.
 Los permisos solían estar acompañados de condicionamientos, fundamentalmente el
de traer el total de las pizas, o una parte, para el mercado de la ciudad.
 Lo anterior hace pensar que el sebo y la grasa también eran útiles para las
necesidades de la población porteño y el consumo local. Podría pensarse en que
dichas faenas estuvieran vinculadas a la fabricación de productos de consumo
artesanales como las velas y los jabones, característicos del uso cotidiano.

Si uno avanza más en el tiempo a lo largo del período, las iniciativas mantienen una
estructura muy similar. Sin embargo, parece ser que no siempre se procedía de la misma
manera. Más bien, la Sala Capitular debía adaptarse a diferentes situaciones coyunturales,
lo cual se veía reflejado en sus medidas. Recuérdese que durante este período se estaba
produciendo la extinción definitiva del cimarrón en la Banda Occidental de la campaña
bonaerense, y que se estaba pasando al predominio de otras prácticas productivas como las
recogidas de ganado, las cuales comenzaron a expandirse, sobre todo en los campos de la
Banda Oriental, ‘‘a efectos de iniciar o aumentar los rodeos de vacunos domésticos.
Simultáneamente no se habla más de ganado cimarrón y sí de alzado, o sea escapado al
control de los pastores’’145.

En este marco, es lógico pensar en que las medidas del Ayuntamiento se orientaran al
control de las cantidades de animales disponibles para hacer sebo y grasa, puesto que
también había otras necesidades principales como el ganado en pie, la carne y los cueros de
exportación. Por ejemplo, en 1740 se ve a los municipales ordenando a los comisionados

145 AZCUY AMEGHINO, E. (1995). Op. Cit., p. 36.

46
que prohibieran la saca de sebo y grasa por los perjuicios que seguirían de no evitarse la
misma146. Dos años más tarde, se dio representación por el Procurador General sobre las
extracciones que había de ganado vacuno hacia afuera de la Jurisdicción, como para que se
impidieran las faenas de sebo y grasa, para lo cual había presentado un escrito al
Gobernador, para evitar los desórdenes que esto ocasionaba proponiendo que se hiciera el
repartimiento de ganado entre los criadores para que pudieren matar en el matadero según
las posibilidades de cada uno147. En conclusión, bien podría decirse que entre 1740-1742
hubo la necesidad de limitar las extracciones de ganado para la elaboración de piezas de
sebo y grasa, ya sea porque escaseaba o porque había una mayor demanda de carne y
cueros, lo cual llevó a los cabildantes a optar por la limitación de licencias para los fines
mencionados primero.

Ahora bien, ¿qué sucede si se observa esta problemática a nivel más regional? Por
ejemplo, si tomamos el caso del Cabildo de Santa Fe, correspondiente a una zona donde
también el consumo de carne y otros derivados del bovino eran importantes para el
mercado local (sobre todo el de la ciudad), podría apreciarse que las políticas entorno a ello
no eran muy diferentes a las tomadas por su par bonaerense. En este punto, llama la
atención un caso de 1673, en donde por orden del Cabildo santafesino se cancelaron las
faenas de grasa y sebo a orillas del río Carcarañá, aunque no solamente por lo temprano de
éstas medidas (cuando todavía había considerables stocks de ganado salvaje), sino porque
la iniciativa fue encarada por los vecinos de Santa Fe y los de Buenos Aires para controlar
las matanzas148. Los casos similares a éstos recorren toda la mitad del siglo XVIII: a
principios de 1723, a modo de ejemplo, se ve que el Cuerpo designó al capitán Andrés de la
Bastida para evitar los desórdenes que se cometían en las faenas de sebo y grasa, para
verificar que las recogidas se hicieran bajo el número autorizado y evitar las clandestinas 149.

146 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII: Libros XXIV y XXV, p. 136.

147 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII: Libros XXIV y XXV, p. 329.

148 AGPSF, ACSF, Tomo IV, Folios 318-319b.

149 AGPSF, ACSF, Tomo IX, Folios 9-9b.

47
Ese mismo año, en el marco de la limitación de las vaquerías y recogidas a solo 4 por año
(en realidad se realizaron 16, desobedeciendo a las autoridades), se explica bien claro que el
Cabildo era el encargado de dar las licencias para hacer sebo y grasa150. En 1727, recibieron
licencia los vecinos Pedro de Zevallos y Pedro de Mendoza, sin imposiciones
significativas151. Dos años más tarde, cuando se le dio permiso a Antonio Monzón, se
aclaraba que era vecino del pueblo de Santo Domingo, pero tampoco hay especificidades
con respecto a qué debía hacer con las piezas152.

Empero, no por esto debemos pensar en que la Sala Capitular santafesina no se ocupara de
asegurar el abastecimiento de productos rurales para su mercado interno, sino que habría
que encontrar la explicación de la menor cantidad y frecuencia de licencias en una menor
disponibilidad de ganado para hacer elaboraciones. Como muestra de ello, en algunas
oportunidades el Concejo municipal tuvo que cerrar las vaquerías y explotaciones de
ganado, como lo hizo en 1723, 1728, 1732 y 1737.

A modo de cierre en esta parte, habría que decir que el Cabildo era un órgano activo en lo
vinculado a la entrega o negación de licencias para hacer piezas de sebo y grasa, lo cual
variaba según la disponibilidad del ganado. En el caso de Santa Fe, podría sostenerse que
esto se ve mejor, en cuanto hay más posturas negativas por parte de los cabildantes, sobre
todo vistas en los cierras por meses e incluso varios años de las recogidas de ganado y
matanzas en general (lo que no quiere decir que esto se respetara, ni mucho menos). Lo que
coincide en ambos casos es el papel protagónico del Municipio en la dirección de las
faenas, notándose en el caso porteño un mayor ímpetu en asegurar la provisión de géneros
para el abasto.

150 AGPSF, ACSF, Tomo IX, Folios 23-31b.

151 AGPSF, ACSF, Tomo IX, Folios 378-381b.

152 AGPSF, ACSF, Carpeta Nº 14 ‘‘A’’, Folios 94-95b.

48
‘‘El Cabildo y la plaza’’ (1817), acuarela de Emeric Essex Vidal.

El abasto de carne

Sin lugar a mayores dudas, se puede decir tranquilamente sin miedo a equivocarse que la
carne, en este caso la vacuna, constituía un alimento clave en la dieta de los porteños de
aquella época. Esto puede apreciarse, sin demasiadas dificultades, en las energías
empleadas por los funcionarios locales en el tema de juntar todos los años la carne para
alimentar a sus pobladores.

Sin ir más lejos, habría que empezar diciendo que el Cabildo era el encargado del matadero
urbano y de nombrar anualmente a los encargados del aprovisionamiento de carne. A fines
de 1726, por no haber mejor postura, se nombró al alcalde de primer voto como encargado
del abasto153. Ese mismo año, se presentó un memorial por don Joseph Ruiz de Arellano en
el que pedía que se le recibiera la carnicería, la cual finalmente fue reconocida por el

153 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 696.

49
Ayuntamiento154. Hacia 1736, el escribano capitular dio cuenta de los pregones para el
abasto de carne, los cuales se sacaron a remate con citación del procurador general, el
postor y el fiel ejecutor; también se acordó que sacaran a remate los pregones para el
cuartillo de mulas para el día 31 de enero 155. En 1737 el Cabildo dio concesión para
abastecer de carne al mercado a don Luis Giles, quien nombró como fiador a don Esteban
Gómez156. Al año siguiente el mismo Luis Giles hizo postura al abasto de carne por término
de un año157. Casos como estos son casi innumerables, y no es la idea central mencionarlos
a todos ahora, sino más bien ver que existía cierto grado de intervención por parte del
Cabildo en la provisión de carne.

Para explicarlo de una manera sencilla, la concesión del derecho de abasto de carne anual
funcionaba de la siguiente manera: a) los alcaldes ordinarios de ocupaban de sacar a pregón
el derecho (es decir, a remate público); b) los vecinos criadores presentaban sus posturas (la
cantidad de animales que podían vender y a qué precio; c) las autoridades evaluaban las
proposiciones y decidían a quien darle la tarea. Este proceso podría verse más
concretamente con algunos ejemplos: en 1740 Antonio Orencio del Águila, Alcalde Mayor
de la Santa Hermandad, ofreció hacer postura por 2 años, lo cual fue aprobado 158, aunque
luego el Alférez Real Francisco Díaz Cubas presentó un pedido en el cual hacía mejora en
la postura para el abasto de carne. Al haber varias posturas hechas, se mandó a colocar
dicha petición con los autos para enviarlos al Gobernador y Capitán General para que
decidiera lo más conveniente159. Luego se acordó, teniendo en cuenta el remate del abasto
de carne por 2 años que había recaído en dicha persona, y que se lo habían dado con la

154 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 629.

155 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII: Libros XXIII y XXIV, p. 285.

156 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII: Libros XXIII y XXIV, p. 387.

157 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII: Libros XXIII y XXIV, p. 448.

158 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII: Libros XXIV y XXV, p. 127.

159 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII: Libros XXIV y XXV, p. 135.

50
condición de repartirlo entre los vecinos criadores cada 6 meses, que el susodicho debía
presentar el repartimiento lo antes posible160. En 1742 Joseph Correa de Sa hizo postura al
abasto de carne para el corriente año. Se admitió dicha postura admitiendo la posibilidad de
mejoras sobre la misma161. A los pocos días hizo postura por 2 años el Teniente Pedro
Clemente, la cual fue admitida y se continuó con los pregones162.

En el caso santafesino, parece ser que también se le daba mucha importancia a la carne.
Inclusive, se lo puede ver accionando desde muy temprano: ya en 1618 se registró la
primera designación para el abasto, cuando el fiel ejecutor nombró al Alcalde Primero
como encargado, por no haber en ese entonces postores en condiciones de hacerlo163. En
cuanto al mismo período aquí abordado, hay que decir que los cabildantes de Santa Fe se
ocupaban del abasto de carne tomando diferentes medidas. Por ejemplo, en 1724 se
autorizó al Sargento Mayor Fuentes a recoger 500 animales, de los cuales 100 debían ser
para los costos de zanjeo y 200 para el abasto local 164. Con respecto a los pregones, resulta
significativo una situación que se dio en 1744, cuando ante la escasez de abasto de carne a
la población, el Teniente de Gobernador propuso rematar el matadero, y que, en caso de no
haber postor, se obligara a ello a los vecinos hacendados, prohibiéndose a cualquier persona
que no sea el rematador hacer dichas matanzas y ventas. Los pregones del remate se
encargan al Alcalde 1º y al Fiel Ejecutor 165. En este caso, vemos una notoria similitud con
los procesos de Buenos Aires, aunque las coyunturas fueron diferentes para las dos
jurisdicciones, por faltas de ganado disponible en distintos momentos. Entre otras cosas,
porque en el caso de Santa Fe, los ataques indígenas de las fronteras comenzaron a hacerse

160 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII: Libros XXIV y XXV, pp. 257-258

161 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII: Libros XXIV y XXV, p. 318.

162 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII: Libros XXIV y XXV, p. 320.

163 APSF, ACSF, Tomo I, Segunda Serie, Folios 175-175b.

164 APSF, ACSF, Tomo IX, Folios 201-202b.

165 AGPSF, ACSF, Tomo XI, Folios 241-242b.

51
sentir con fuerza desde comienzos del siglo XVIII, lo cual llevó a despoblar gran parte de
las mismas166.

‘‘El matadero del S.O. de Buenos Aires’’, acuarela de Emeric Essex Vidal.

Los precios en el mercado local

Otro tema que resulta fundamental a la hora de intentar comprender las consideraciones
del Ayuntamiento a la hora de implementar políticas económicas, es el de los precios para
el mercado local. Este apartado parte de la idea de que los precios eran regulados por las
autoridades citadinas para controlar el consumo y en cierta forma impedir los excesos en las
faenas, debido a que, como ya se vio, era indispensable mantener el abasto de carne.

Siguiendo esta línea de pensamiento, no era para nada extraño encontrarse al Cuerpo
fijando los valores monetarios a los cuales se venderían los diversos efectos en los puestos
de la ciudad. A modo de ejemplo, podría tomarse el caso de 1725, cuando por iniciativa
capitular se mandó a que se matara a cada vaca por 10 reales, el ganado en pie valdría 12
reales por cabeza y a 14 para los navíos, la grasa y el cuero a un real por pieza 167. Por otro
lado, también evaluaba y controlaba los precios a la hora de recibir las mejores posturas

166 FRADKIN, R. y GARAVAGLIA, J.C. (2009). Op. Cit., p. 100.

52
para el abasto, como cuando en 1734 Francisco Díaz Cubas la hizo ofreciendo la carne a 2
reales por cuarto, el cuero a 4, el sebo y la grasa a 6, y 3 lenguas a medio real. Finalmente
le concedieron dicho abasto168. O también, como era la regla general, solían fijarse
directamente los precios de los productos del abasto urbano. Esto se hacía todos los años,
como se puede ver en las actas, casos como el de 1735 que se dispuso de la siguiente
manera:

Cuadro Nº 4: Aranceles del abasto de Buenos Aires (año 1735)


Productos Precios (en reales)
Pan blanco (3 libras) 1
Pan bazo (6 libras) 1
Semillas (6 libras) 1
Vino añejo (frasco) 10
Vino ordinario (frasco) 8
Aguardiente (frasco) 11
Miel (frasco) 12
Yerba (1/2 libra) 1
Tabaco de hoja (1 libra) 4
Azúcar rubia (1 libra) 2
Azúcar blanca (1 libra) 3
Azúcar negra (1 libra) 1½
Tabaco de media hoja (1 libra) 3
Ají (1 almud) 5
Porotos (1 almud) 3
Lentejas (1 almud) 2
Garbanzos (1 almud) 8
Maní (1 almud) 3
Pasa de higo (1 libra) 1
Pasa de uvas (1 libra) 1
Velas (8 unidades) 1
Huevos (8 unidades) 1
Jabón blanco (2 panes) 1
Jabón negro (2 panes) 1
Grasa (2 ½ libras) 1
Sebo (1 arroba) 4

167 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 455.

168 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII: Libros XXIII y XXIV, p. 148.

53
Aceite (frasco) 12
Vinagre (frasco) 4
Sal (1 almud) 5
Queso (1/2 libra) 1
Fuente: AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII: Libros XXIII y XXIV, pp. 175-176.

Pues bien, si se observa el cuadro anterior, pueden apreciarse algunas cosas no menores:

1) El alto precio de los productos de elaboración artesanal con respecto a los bienes
menos trabajados.
2) El bajo costo de los productos derivados de la ganadería vacuna.
3) No aparecen en ninguna parte del listado los precios de la res en pie, el cuarto de
animal o el precio por kilos.

Con relación al punto 1, habría que decir que es lógico pensar en un mayor precio para los
géneros artesanales porque dependían directamente de un grado más complejo (y costoso)
de empleo de la mano de obra disponible. En cuanto al segundo aspecto resaltado, hay que
argumentar que todos los productos sin demasiada elaboración valían poco, por las razones
recientemente expuestas: por ejemplo, la arroba de sebo costaba 4 reales contra 12
correspondientes a cada frasco de miel. Por último, no es extraño que no aparezcan los
precios de la carne, puesto que, como ya se ha dicho, éstos eran fijados entre el Cabildo y
los hacendados a la hora de definir el abasto de carne, mientras que el valor monetario de
los cueros de exportación era establecido en las transacciones entre los alcaldes ordinarios,
el Real Asiento de Gran Bretaña y los productores porteños. Sería interesante ahondar
mucho más sobre este último bosquejo más adelante en otro artículo. En otros casos

54
similares tampoco aparecen explícitos los precios de esos géneros, como cuando se
establecieron los aranceles de 1736, donde se menciona a las mismas mercancías169.

En el caso de Santa Fe, se puede pensar que era algo distinto, al menos en la frecuencia de
las fijaciones y los productos que se valoraban: para citar un caso, en 1727 se presentaron
los precios la carne, el pan, yerba, tabaco, azúcar blanca y morena, vino y aguardientes 170.
Por otra parte, no se hacían todos los años. Hay baches entre 1715-1722, 1722-1727, 1728-
1730, 1730-1735 y 1735-1739171. Esto se debe, sin dudas, a las diferencias regionales entre
las economías pecuarias de un punto y el otro. Por lo que puede apreciarse, la producción
ganadera vacuna y las faenas eran más estables y regulares en el territorio de la jurisdicción
capitular de Buenos Aires.

El matadero

Otra de las cuestiones que corresponde desarrollar aquí es la organización y regulación del
matadero de la ciudad por parte de las autoridades municipales. Según Fradkin, el
abastecimiento de carne representaba un destino fundamental para la producción
ganadera172. Éste se concentraba fundamentalmente en el mercado de la ciudad, cuyos
mataderos y carnicerías se organizaban, al menos en el siglo XVIII, en varios corrales
donde se efectuaban las faenas de carne y demás productos173.

Según las fuentes, una de las funciones relevantes del Ayuntamiento se basaba,
justamente, en el control de dichos corrales: por ejemplo, en 1725 se leyó una carta
presentada por el general don Joseph de Arellano, la misma del 2 de julio, en la cual
169 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII: Libros XXIII y XXIV, p. 292.

170 AGPSF, ACSF, Tomo IX, Folios 370-371b.

171 Ver ACSF correspondientes a este período.

172 FRADKIN, R. (2000). Op. Cit., p. 271.

173 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., p. 226.

55
mencionaba un matadero en construcción, anta la cual los miembros del Concejo
reconocieron a dicho matadero y nombraron diputado a don Lucas para que traiga razón de
dicha obra174.

Por otra parte, estaba la concesión del derecho de matadero que recaía sobre algunos
vecinos criadores que podían llevar animales para los corrales citadinos: en 1726 los
miembros del Ayuntamiento nombraron de común acuerdo como diputado al alcalde de
segundo voto, para que se hiciese responsable de los mataderos y que el fiel ejecutor se
hiciera cargo de las vacas que debían traerse para el matadero, las cuales serían sacrificadas
entre diciembre y febrero los días lunes, miércoles y viernes 175; ese mismo año se presentó
un memorial de don Josep Ruiz de Arellano en el que pedía que se le recibiera la carnicería,
la cual finalmente fue reconocida por el Cabildo 176; en 1736 los vecinos Lozano y Matías se
ofrecieron como encargados del matadero de la primera y segunda semana del año,
respectivamente177.

Además de otorgar el derecho de matanzas, el Cuerpo se encargaba de fijar los precios de


la carne: en 1725 el Cabildo dio la orden de matar el ganado reunido por el encargado de
reunir el ganado para el abasto de la ciudad. Además se fijaron precios: que se mate a cada
vaca por 10 reales, el ganado en pie valdría 12 reales por cabeza y a 14 para los navíos, la
grasa y el cuero a un real178; ya en 1734 el fiel ejecutor, don Pedro Zamudio, dio cuenta ante
el Cabildo que se estaba alterando medio real el precio de cada cuarto de carne, ya que si
bien se había establecido que se vendiera el cuarto a 2 reales y medio, se estaba vendiendo

174 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 486.

175 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 696.

176 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 629.

177 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII: Libros XXIII y XXIV, p. 272.

178 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 455.

56
a 3. Con respecto a esto, se dijo que dicho medio real no beneficiaba a los estancieros sino a
los regatones que sacaban las reses en pie179.

Otras intervenciones muy importantes fueron las que se daban sobre el control del ganado
reunido y los fines para los cuales se los pasaría por el matadero. Con el fin de ilustrar eso,
podría mencionarse la ocasión en la cual los cabildantes, hacia 1723, designaron 12.000
cabezas que tenían reunidas exclusivamente para el abasto urbano 180; en 1735 se presentó
un decreto firmado por el gobernador al memorial presentado por Francisco Serrano, que
pretendía hacer matanza en el barrio del Alto de San Pedro, en el que mandaba que la
Ciudad informara en el primero acuerdo siguiente, ante lo cual el Cabildo acordó aprobar
que Serrano hiciera matanza en dicho barrio, ya que los pobres vecinos se encontraban lejos
del mercado de Buenos Aires, a más de 12 cuadras y con la zanja de por medio, por lo que
llegar era muy difícil para ellos sobre todo en invierno y los días lluviosos 181; por último,
en 1742 el Procurador General, debido a los desórdenes generados en la campaña por las
extracciones de ganado a otros lugares fuera de Buenos Aires, pidió al Cabildo y al
Gobernador que el remate del abasto de carne se hiciese repartiendo los ganados entre los
vecinos criadores para que cada uno realizara las matanzas en el matadero según lo que le
correspondiera. El día siguiente se acordó en forma unánime que todo lo expresado por el
Procurador General era conveniente y necesario para el bien público182.

Ahora bien, ya se ha mostrado que el abastecimiento de carne era más que necesario, al
menos en la consideración de capitulares y demás funcionarios. Habría que comparar dicha
actitud con el consumo de dicho producto dentro de la ciudad de Buenos Aires.

179 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII: Libros XXIII y XXIV, pp. 91-92.

180 AGN, AECBA, Serie II, Tomo V: Libros XVIII y XIX, p. 91.

181 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VII: Libros XXIII y XXIV, p. 165.

182 AGN, AECBA, Serie II, Tomo VIII: Libros XXIV y XXV, pp. 329-330.

57
Cuadro Nº 5: Abasto anual de carne en Buenos Aires
Año Nº de cabezas
1722 18.000
1748 25.000/30.000
Fuente: GARAVAGLIA, J.C. (1999), Pastores y labradores de Buenos Aires. Una historia agraria de la
campaña bonaerense 1700-1830, Buenos Aires, Ediciones de la flor, p. 218.

Pese a que éstas confiables estadísticas elaboradas por Garavaglia nos permiten ver la
cantidad de animales ingresados al matadero solamente para los años 1722 y 1748,
permiten apreciar un rasgo no menor: el alto número de animales destinados a la carne que
se consumía dentro de la jurisdicción. Si bien dicho elemento era clave en la dieta de los
porteños, tanto como el cereal, resulta significativo que el consumo fuera tanto
considerando la población que había en ese entonces: recuérdese que, por ejemplo, en 1744
la población rural bonaerense estaba comprendida por 6.035 habitantes183, mientras que
hacia la misma fecha la ciudad contaba con 11.600 personas184. Esto nos daría como
resultado un promedio bastante considerable de vacas consumidas por persona en un solo
año. Asimismo, eso explicaría la importancia de administrar la carne dentro de las
iniciativas capitulares del período, y no solo en Buenos Aires, sino también en otros puntos
como la ya mencionada Santa Fe.

También hay que hacer mención de que el mercado representaba una estructura bastante
más compleja de lo que se cree, en donde ya a comienzos del siglo XVIII actuaban los ya
citados encargados del abasto (vecinos criadores que proveían a la ciudad de vacunos), los
carniceros (encargados de las faenas), y los reseros o corraleros (que se ocupaban de
conducir a los animales hacia el lugar)185.

183 MAYO, C. (2004). Op. Cit., p. 31.

184 MILLETICH, V. (2000). ‘‘El Río de la Plata en la economía colonial’’, en TANDETER, E. (Director).
Nueva Historia Argentina. La sociedad colonial. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, p. 225.

185 GARAVAGLIA, J.C. (1999). Op. Cit., p. 236.

58
Conclusiones finales

Luego de analizar las fuentes capitulares de Buenos Aires (y compararlas en algunos de


los temas con sus pares santafesinas) y ponerlas en discusión con opiniones de especialistas
en ganadería colonial y destacadas estadísticas tomadas de los mismos, se han alcanzado
algunas conclusiones provisionales sobre el papel del Cabildo en la producción ganadera y
su intervención sobre el mercado local:

 La participación de los alcaldes ordinarios en cuestiones vinculadas al abasto fue


regular y abundante durante todo el período tomado para este estudio. Se destacaban
el remate público del derecho a brindar el abasto de carne urbano (el cual era
recibido por los vecinos criadores de la jurisdicción), las licencias o permisos para
hacer piezas de grasa, sebo, cueros, carne, etc., el nombramiento de funcionarios
para evitar los desórdenes en las matanzas, faenas y repartos de ganado (control de
marcas, señales, número de cabezas, etc.), la fijación de los aranceles anuales de
productos del mercado y los precios de la carne y los derivados del vacuno, la
limitación de la producción cuando lo creía necesario, la suspensión de las
recogidas y mataderos por diversos períodos de tiempo (lo cual se puede ver mejor
en el caso santafesino).
 La carne era un elemento fundamental en la dieta diaria de los porteños, siendo que
decenas de miles de bovinos entraban anualmente a las plazas comerciales de la
ciudad para ser destinados a dicho alimento. No fue posible hacer un promedio
general para todo el período, pero según la población estimada para algunos años, la
cantidad de animales consumida por habitante en el plazo de un año no sería algo
para ignorar, sino un dato importante a la hora de analizar a sociedad como estas.
 Otros géneros pecuarios, como el sebo y la grasa, tuvieron un rol para nada
insignificante en el mercado porteño: fundamentalmente como materia prima para la
elaboración de jabones y velas, productos de uso cotidiano. Por eso es que tienen
tanto protagonismo en los documentos y se puede ver al Cuerpo actuando sobre la
producción y comercialización de los mismos.
 Las medidas del Cabildo en torno a la carne fueron de diversa índole: fijación de
precios, concesión de los derechos anuales (o en algunos casos bianuales) del abasto
59
y las carnicerías, regulación del stock ganadero disponible para distintos fines,
control sobre las faenas, etc. La prioridad siempre fue, o al menos eso pareciera ser,
el aseguramiento de carne para alimentar a toda la población existente. Esta
característica corresponde tanto a Buenos Aires como a Santa Fe.
 El control de precios y de los niveles de producción se implementaron también
sobre las explotaciones de cueros, sebo y grasa. Además, se establecían los valores
monetarios de todos los efectos que entraban en las transacciones comerciales
locales, incluso los que venían de otras regiones del Virreinato del Perú. De esta
manera, vemos que no solamente se comerciaban productos elaborados a nivel
local, sino que se sumaban elaboraciones de otros puntos, como por ejemplo la tan
consumida yerba mate de Corrientes y el Paraguay. A su vez, los derivados del
vacuno hechos en Buenos Aires (y también habría que decir lo mismo para Santa
Fe), no tenían salida únicamente en el mercado citadino y su inmediata campaña,
sino que tuvieron protagonismo en las ferias del Norte (Tucumán, Perú, Alto Perú,
etc.), en el contexto del Espacio Peruano, y en otros lugares como Cuyo y Chile.
 La limitación de las licencias para hacer distintas piezas fue una herramienta usada
por el Gobierno Municipal para impedir (o intentar) la explotación desmedida de los
vacunos recogidos, en un contexto en el cual el ganado cimarrón comenzaba a faltar
verdaderamente en algunos puntos de la región litoraleña. Los casos de abusos en
las mismas eran comunes y bastante frecuentes (vecinos que hacían corambre y
faenas sin permiso oficial, habitantes de otras jurisdicciones e ‘‘indios infieles’’ que
‘‘invadían’’ para llevarse ganados o matarlos y conseguir sus bienes, accioneros y
recogedores que se quedaban con animales que no eran suyos, irregularidades en los
repartos de vacas y terneros, etc.), los cuales son importantes por haber llevado al
Ayuntamiento a tomar medidas como el cierre de vaquerías y recogidas de ganado,
inclusive durante algunos años enteros.
 La situación no era idéntica en toda la región rioplatense: si bien las intervenciones
fueron activas tanto en Buenos Aires como en Santa Fe, las suspensiones en las
faenas y la falta de ganado para el consumo interno se vieron en períodos más
frecuentes en el último caso, pese a que en la Banda Occidental bonaerense el
cimarrón se extinguió a comienzos de la centuria en cuestión. Para contrarrestar
esto, se organizaban las famosas expediciones de recogidas hacia los campos de la

60
Banda Oriental, ricos en ganado salvaje hasta bien entrado el siglo XVIII. Las
mismas, como se ha desarrollado en el capítulo precedente, tenían como objetivos
no solamente el matar bovinos para extraerles la piel, sino también para hacer uso
de su carne y las grasas, además de ser trasladados hacia el margen occidental del
Río de la Plata para poblar y repoblar algunas estancias y/o establecimientos
productivos de diversa índole. Se hablará sobre dichas unidades de producción más
adelante.

A partir de estas ideas, y de las conclusiones provisionales elaboradas en los otros


apartados correspondientes a las prácticas productivas (vaquerías y recogidas, y las distintas
situaciones e inconvenientes que surgían durante ellas) y el mercado local (abasto, precios,
orientaciones económicas, carnicería y matadero) sería interesante continuar con otras
problemáticas como la relación entre los miembros del Cuerpo y la propiedad del ganado,
las características de las unidades productivas, su vinculación a las vaquerías y recogidas de
ganado, los grupos sociales que intervenían en la producción y el comercio, y los rasgos de
las demás orientaciones mercantiles para los productos pecuarios como las ferias regionales
y el mercado externo (cueros). Para ello, resulta indispensable revisar y analizar otros datos
de las Actas Capitulares y el Archivo del mismo Cuerpo, así como también triangular la
información con la obtenida de otras fuentes que permitan apreciar las temáticas
recientemente citadas.

61
‘‘Trabajo con el ganado vacuno’’ (1817), acuarela de E. Essex Vidal.

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