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Ya en el terreno de las religiosida-des alternativas algunos dicen que da igual pertenecer a

tal o cual iglesia, al fin y al cabo todas tienen un mismo origen y conducen a Dios. Otros
fre-cuentan cursos de superación personal aparentemente inofensivos, pero que van
minando los principios funda-mentales de la fe.
La acción proselitista, que las sec-tas y nuevos grupos religiosos desarrollan en no pocas
partes de México, es un grave obstáculo para el esfuerzo evangelizador. La palabra
"proseli-tismo" adquiere aquí su sentido negativo porque estamos ante un modo de ganar
adeptos no respetuoso de la li-bertad de aquellos a quienes se dirige su insidiosa propaganda
religiosa. La Iglesia católica censura el proselitismo de las sectas y, por esta misma razón,
en su acción evangelizadora excluye el recurso a semejantes métodos. Al proponer el
Evangelio de Cristo en toda su integridad, la actividad evangelizadora ha de respetar el
santuario de la conciencia de cada individuo, en el que se desarrolla el diálogo decisivo,
absolutamente personal, entre la gracia y la libertad del hombre.
Recordemos también que respecto a las religiones no cristianas la Iglesia católica no rechaza
nada de lo que en ellas pueda haber de verdadero y santo. Subraya los elementos de verdad
dondequiera que puedan encontrarse, pero a la vez testifica la novedad de la revelación de
Cristo, custodiada en su integridad por la Iglesia Católica.
Los avances proselitistas de las sectas y de los nuevos grupos religiosos no pueden
contemplarse con indiferencia. Exigen un profundo estudio, para descubrir los motivos por
los que no pocos católicos abandonan la Iglesia. Según un estudio realizado el año pasado
por la Comisión Pontificia para América Latina se calcula que diariamente hay en América
Latina un aumento de poco más o menos 12 mil no católicos, es decir, 12 mil personas pasan
a otro tipo de religiosidad alternativa. A la luz de sus conclusiones será oportuno hacer una
revisión de los métodos pastorales empleados, de modo que cada Iglesia particular ofrezca
a los fieles una atención religiosa más personalizada, consolide las estructuras de comunión
y misión, y use las posibilidades evangelizadoras que ofrece una religiosidad popular
purificada, a fin de hacer más viva la fe de todos los católicos en Jesucristo, por la oración y
la meditación de la palabra de Dios.
Por otra parte, como señala Iglesia en América, hay que preguntarse si una pastoral orientada
de modo casi exclusivo a las necesidades materiales de los destinatarios no termina por
defraudar el hambre de Dios que tienen muchos contemporáneos, dejándolos así en una
situación vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual.
Por eso, es indispensable que todos tengan contacto con Cristo mediante el anuncio
kerigmático gozoso y transformante, especialmente a través de la predicación en la liturgia.
Una Iglesia que viva intensamente la dimensión espiritual y contemplativa, y que se entregue
generosamente al servicio de la caridad, será de manera cada vez más elocuente testigo
creíble de Dios para los hombres y mujeres en su búsqueda de un sentido para la propia vida.

Actividades
1. Investiga en grupo y presenta un informe crítico sobre las costumbres, tradiciones de
religiosidad popular en nuestra región; argumenta la importancia, el propósito y las
incoherencias en sus celebraciones.
2. Elabora un Articulo Periodístico sobre la Religiosidad Popular en tu Distrito.

Profesor James C. Gonzales García Área Religión 4º Grado de Secundaria


RELIGIOSIDAD POPULAR y
LAS TRADICIONES DE MI PUEBLO
Cuando hablamos de “religiosidad popular” unimos dos palabras. La “religiosidad” equivale a
la práctica y esmero en cumplir las obligaciones religiosas. Y la religión, como virtud, mueve
a dar a Dios el culto debido. “Popular” es lo relativo al pueblo; lo que es peculiar de él o
procede de él; es decir, lo que viene de la gente común.

Las personas más formadas en la fe pueden experimentar una cierta repulsa hacia esta forma
de religión. Parecería, en principio, una realidad a superar, un modo insuficiente de vivir la
entrega a Dios; la escucha y la obediencia, que son características de la fe.
Las grandes disyuntivas no siempre son aconsejables. Muchas veces no se trata de “o esto
o lo otro”, sino de “esto y lo otro”. En la historia de la espiritualidad cristiana se constata que
grandes movimientos de renovación han ido unidos a la promoción de la piedad del pueblo.
Los benedictinos, por ejemplo, fomentaron la devoción a los santos, a los nombres de Jesús
y de María, o las misas por los difuntos. Los franciscanos divulgaron la devoción a la pasión
de Jesús, al “Via Crucis” o al Belén.

El Cardenal Pironio vinculaba religiosidad popular e inculturación. La religiosidad popular es


“la manera en que el cristianismo se encarna en las diversas culturas y estados étnicos, y es
vivido y se manifiesta en el pueblo”.
La gran tentación de la religiosidad popular es la superstición. Pero la superstición es una
deriva indeseada de lo religioso. Una deriva menos anti-religiosa que el ateísmo o el
indiferentismo. Aunque, naturalmente, una deriva que debe ser corregida. Pero no
necesariamente la religiosidad popular ha de caer en la superstición.
El pueblo necesita expresar su fe, de forma intuitiva y simbólica, imaginativa y mística, festiva
y comunitaria. Sin olvidar la necesidad de la penitencia y de la conversión.
Dios está lejos y a la vez está cerca. Algo de esto se percibe en la religiosidad popular. La
Iglesia debe velar para purificar, fortalecer y elevar todas estas manifestaciones de fe (cf
“Lumen gentium”, 13), atendiendo a la capacidad que este tipo de vivencia posee para
mantener abierto el puente, o el paso, a la trascendencia.
No es bueno que decaiga la vida devocional. Máxime si las devociones no son sustituidas
por nada. El itinerario habitual no es dejar los “primeros viernes” por la recitación diaria de la
Liturgia de las Horas. No, el paso habitual ha sido abandonar los “primeros viernes” por la
nada.
Pablo VI decía que la religiosidad popular “puede producir mucho bien”.

La Religiosidad Popular, Herramienta de Expresión Pública de la Fe


El Papa Juan Pablo II dice que esta manifestación, “cuando es genuina, tiene como fuente la
fe y, por lo tanto, tiene que ser apreciada y favorecida”. En esta línea, el pontífice reflexiona
sobre la idea de que la religiosidad popular no es contraria al carácter central de la liturgia

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sino que, fomentando la fe del pueblo que la considera una expresión connatural, prepara
adecuadamente para la celebración de los sagrados misterios.
Sobre el que algunas veces las muestras de religiosidad popular son contaminadas por
elementos no coherentes con la doctrina católica, Juan Pablo II comenta que esta manera de
transmitir la creencia en Dios “tiene que estar purificada con prudencia y paciencia”. Como
ejemplo claro, está el de las traducciones de textos litúrgicos, que no tienen que ser “un
ejercicio de creatividad, sino un gran esfuerzo para conservar el sentido del original sin
cambios, omisiones o añadidos”.
En el mundo, decenas de millares de creyentes forman parte de cofradías y hermandades de
todo tipo (sacramentales, marianas, penitenciales...). El gran reto del siglo XXI para llenar de
valores morales y espirituales este importante sector es, sin duda, la formación. Los
hermanos y los cofrades tienen que ser también sujetos y actores de la nueva evangelización.
De hecho ya se han puesto en marcha, en algunas diócesis, experiencias formativas dirigidas
principalmente a dirigentes de entidades que promueven esta vertiente de la vivencia
cristiana.

Las Imágenes, un Elemento Clave


Las imágenes son la gran fuente de la devoción de las cofradías y la religiosidad popular en
general. De hecho, una imagen de Cristo crucificado, bajo las ricas y diversas
manifestaciones, o una de la Madre de Dios también bajo cualquier advocación representan
el gran espejo donde los creyentes expresan su fe y desde el cual se dirigen a Dios ya sea
directamente o mediante la figura de algún intercesor.
La manera de entender la iconografía o las imágenes ha generado a menudo controversias
incluso entre muchos cristianos. Decir una frase bonita o un calificativo elogioso a un trozo
de piedra, a menudo con gritos apasionados, no siempre es bien visto por los creyentes.
Como todo, estas muestras de afecto siempre son positivas si tienen como idea no el convertir
la imagen en una persona sino simplemente utilizarla como un instrumento desde el cual se
llega a lo que es sobrenatural. Ésta es la esencia de la religiosidad popular. Por eso las
procesiones, en muchos casos llenas de muestras de sacrificio y expresiones de adoración
a una escultura o un icono, requieren unas auténticas motivaciones de relación con la
Divinidad aunque estén llenas de ritos que son, por ejemplo, bien distintos a los de la liturgia,
aunque sean respetables o compatibles con la doctrina de la Iglesia católica.

La Formación, Clave para Poner a Cada Uno a su Sitio


Ciertamente, hace falta una auténtica catequesis de la religiosidad popular y también de las
devociones en general. María o los santos sin Cristo no tienen sentido. Es decir, la Madre de
Dios o las vidas ejemplares de hijos de Dios son unos instrumentos que tienen que ayudarnos
a llegar, a conocer o a encontrar a Nuestro Señor y, si en cambio son un obstáculo, no sirven.
Por ejemplo, los ortodoxos tienen una religiosidad popular que saben adecuar muy bien a la
liturgia, que constituye siempre la gran herramienta que evita que haya excesos. Los
practicantes de esta confesión, a través de la liturgia, moderan los posibles excesos de esta
forma de expresar la fe. En esta línea, la Santa Sede quiere difundir pronto un directorio que
regule las prácticas devocionales especialmente arraigadas en muchas comunidades
cristianas.
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“Examinarlo todo y retener aquello que es bueno”. Éste tiene que ser el principio básico a la
hora de hablar cristianamente de cofradías y religiosidad popular. Algunas formas de
apasionamiento excesivo, que existen en acontecimientos como los peregrinajes en El Rocío,
tendrían que ser replanteadas o incluso eliminadas. Sólo con una formación desde el
principio, puede conseguirse esto. No debemos olvidar que, cuando hablamos de fe cristiana,
cada uno (Cristo el primero) tiene que estar en su lugar.

La Proliferación de la Nueva Religiosidad Peligro para la Fe


Introducción
Es un hecho patente e incon-testable que estamos asis-tiendo a una verdadera cri-sis de la
fe con la aparición de las nuevas formas de religiosidad alternativas que confunden y seducen
a tantas almas incautas. Chesterton resumía muy bien este fenómeno de la siguiente forma:
"desde que los hombres han dejado de creer en Dios, no es que no crean en nada. Ahora
creen en todo".
Estamos asistiendo a un verdadero despertar de nuevas religiosidades que día a día van
ganando terreno en la conquista de las almas, y de las conciencias de las personas. Se trata
de un auténtico supermercado de religiones que ofrecen atractivas ofertas seductoras,
auténticos paliativos espirituales para llenar un profundo vacío espiritual. No solamente me
refiero al fenómeno de las sectas fundamentalistas, sobre todo al creciente aumento del
esoterismo y de las ciencias ocultas (quiromancia, cartomancia, astrología, cartas astrales,
cábala, teosofía, espiritismo, brujería y satanismo).
Seguramente cada uno de Uds. conocerá a personas, incluso familiares, que participan de
alguna manera en alguno de estos movimientos religiosos. Lo peor de todo es que
actualmente se está dando un tremendo sincretismo religioso entre la fe católica y otras
creencias. Así tenemos a personas que se dicen católicas, pero que asisten a sesiones de
espiri-tismo, o aquellas otras que dicen que no se confiesan porque ellos se arreglan
direc-tamente con Dios. Esto crea un caos religioso y una vivencia inauténtica de la fe
católica. A estos se les podría llamar católicos mediocres, tibios, relajados porque viven un
estilo de catolicismo caricaturesco que dista mucho del auténtico perfil ca-tólico delineado en
el Evangelio.
Tomando como fuentes de inspiración Iglesia en América y la carta pastoral de los obispos
Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, intentaré hacer un breve análisis de
este fenómeno religioso, para sugerir en un segundo momento algunas propuestas de acción
a fin de colaborar activamente en la nueva evangelización tan deseada por Juan Pablo 11.

Análisis de la Situación
El fondo del problema es el relativismo filosófico y teológico que invade cada vez más la
conciencia de los creyentes. Ya no existen verdades absolutas, seguras, puntos de
referen-cia inamovibles doctrinalmente. Cada uno se inventa sus propias verdades a
conveniencia personal. Hoy día, por ejemplo, se cuestionan los principios fundamenta-les de
la fe y de la moral católica: que la Iglesia sea una, santa, católica, apostólica y romana; la
infalibilidad del Papa, el derecho a la vida del no nacido, la familia como núcleo esencial de
vida y desarrollo humano.

Profesor James C. Gonzales García Área Religión 4º Grado de Secundaria