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“Britez, Nélida Patricia c/


Galeano Smith, Ascencio
s/ Daños y Perjuicios”
C. 120.778

Suprema Corte de Justicia:

La Sala Tercera de la Cámara de Apelación en lo Civil y

Comercial de San Martín -en cuanto aquí resulta relevante-

resolvió en fs. 389/408, modificar parcialmente la sentencia de

primera instancia, y en consecuencia juzgó que correspondía

asignar un 30% de responsabilidad al conductor demandado en

autos y un 70% a la víctima, valuando así la incidencia causal del

obrar de cada uno de ellos en la ocurrencia del fatídico accidente

que se ventila en el presente expediente.

Para así decidir, la Alzada tuvo por acreditado que el día

18 de enero de 2010, ocurrió el incidente de autos que cobró la

vida del Sr. Carlos Gabriel Fernández. También tuvo por

corroboradas algunas circunstancias que rodearon al mismo tal

como que el Sr. Fernández circulaba por la Ruta Nacional N° 3 en

la provincia de Chubut, conduciendo el camión Mercedes Benz en

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compañía de su concubina Nélida Patricia Britez y la hija de

ambos, Jésica Melina Fernández (aquí actoras).

Que a la altura del kilómetro 1652 de dicha ruta, un

automóvil marca Chevrolet Astra que circulaba por el carril

contrario, invadió el suyo luego de perder el control. Que como

consecuencia de ello, embistió al camión en sus ruedas traseras,

deteniendo su marcha en la banquina con el frente destrozado. Así

como también que, a consecuencia de ello, el Sr. Fernández

detuvo su camión en la banquina correspondiente a su sentido de

circulación y fue a socorrer a los accidentados.

Fue entonces en dichas circunstancias, en que el Sr.

Fernández cruzaba la ruta cuando fue embestido por una

camioneta Pick up Ford, modelo Eco Sport, conducida por el Sr.

Ascencio Dionisio Galeano Smith (aquí demandado) lo que

provocara su fallecimiento inmediato.

Los hechos controvertidos en la instancia, se

circunscribían a la determinación de la alegada “culpa de la

víctima” como eximente de la responsabilidad objetiva derivada

del artículo 1113 del Código de Vélez aplicable al caso. Esto

aparece claramente señalado en la sentencia en análisis. Así como

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también la estimación de que para su determinación se vuelve

fundamental la valoración de todos los elementos de prueba, sean

provenientes de la causa penal o civil. Aunque a ello agregó que

ante la dificultad de obtener prueba directa del hecho

controvertido, resulta facultad de los jueces el recurso a las

presunciones hominis.

Sobre la base de tales premisas fundamentales, la Alzada

procedió a la revisión de la sentencia de origen. En dicha tarea,

comenzó exponiendo que conforme el artículo 384 del CPCC

habría de analizar exclusivamente las pruebas que fueran

decisivas para fallar en la causa. Ello, con apoyo en la Doctrina

legal de V.E. que explícitamente citó. Estimó las constancias

agregadas de la causa penal N° 26.576 (acta de procedimiento

policial, fotografías, pericia accidentológica y testimonios)

instada por el Ministerio Público Fiscal de Comodoro Rivadavia,

la que a su vez concluyó con la resolución de “Suspensión de

Juicio a Prueba”, declarando la extinción de la acción penal y el

sobreseimiento total y definitivo del demandado, Galeano Smith.

También, valoró el dictamen pericial mecánico, efectuado en el

presente expediente y obrante en fs. 217/218vta.

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Así es que sostuvo, a partir de la reconsideración de la

prueba, que el accidente tuvo lugar en una ruta nacional, en una

zona donde era lógico que no se previera el cruce de un peatón.

Que no se trataba de una zona de tránsito urbano, sino de una ruta

donde la posibilidad de circular a mayor velocidad se permite,

justamente para lograr recorrer grandes trayectos sin

obstrucciones de tránsito.

Tuvo por probado así, que la víctima, en su “reconocido y

valiente intento de auxiliar a quienes previamente chocaron con

su camión, emprendió el cruce de la ruta sin adoptar las medidas

necesarias de precaución. No debe perderse de vista que

seguramente se trató de una situación de tensión y adrenalina

que tal vez hizo perder de vista a la víctima el contexto que

rodeaba al primer accidente (art. Arts. 163 inc. 5 y 384 del

CPCCBA).”

Entendió entonces la Alzada que “la víctima dio la

espalda al tránsito que venía en sentido contrario al cual él

circulaba con su camión, resultando lamentablemente embestido

por la camioneta que conducía el demandado”. Fue entonces por

ello que estimó configurada -en la proporción que estableció

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(70%)- la excepción de responsabilidad consagrada en el artículo

1113 del Código Civil aplicable al caso.

Contra dicha resolución se alza la parte actora e interpone

a través de apoderado, recurso extraordinario de inaplicabilidad

de ley. Alega en síntesis la configuración del vicio de absurdo y la

patencia en el caso, de una cuestión constitucional federal. En fs.

471 se confiere vista a este Ministerio Público en razón de estar

involucrados los derechos de la menor: Jésica Melina, hija del Sr.

Fernández, víctima fatal del accidente de autos (arts. 38 inc.1° b y

283 del CPCC).

En respuesta a la vista conferida, habré de pasar revista a

los argumentos traídos por la actora en su libelo recursivo.

Expone el letrado apoderado que la sentencia en crisis

viola la doctrina legal elaborada por V.E. en punto a la figura del

“peatón distraído”. Manifiesta además, que el fallo impugnado

aplica erróneamente el artículo 1113 del Código de Vélez y la

atribución consecuente de la responsabilidad a la víctima en el

acaecimiento del accidente.

Sustenta el alegado vicio de absurdo en la falta de

consideración de la prueba obrante en la causa, la que a su

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entender, daba lugar a una decisión en sentido contrario al

adoptado. Es decir, que el conductor de la Camioneta Ford Eco

Sport, el Sr Galeano Smith, obró desaprensivamente, porque no

tuvo prudencia ante la escena del accidente, lo que no pudo

pasarle desapercibido, dado además su carácter de chofer

profesional.

Expone que el conductor de tal rodado no adoptó los

resguardos de precaución que le permitieran mantener el control

de su rodado, con el objeto de evitar efectos dañosos como el de

autos. Arguye que el haber circulado a 72km/h (según dato que

extrae de la Pericia traída de la causa penal) denota un notorio

desapego a las circunstancias que se presentaban en el lugar del

accidente. El circular a esa velocidad -señala- agravó las

circunstancias, impidiendo maniobrar adecuadamente. Insistió

entonces, sobre el carácter profesional del chofer y que además,

en el caso, el peatón tenía derecho a esperar que el conductor de la

Camioneta Ford Eco Sport, teniendo en cuenta el accidente

acaecido minutos antes, disminuyera la velocidad o frenara.

Añadió que este último vehículo tenía defensas en su

paragolpe, lo que potenciaba el riesgo del rodado, en violación de

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las normas de tránsito que cita (arts. 29 inc. “c” y 48 inc. “y” de la

ley 24.449). Y en particular, que la actitud de la víctima no tuvo la

eficacia suficiente para interrumpir el nexo causal entre la cosa

riesgosa y el hecho dañoso. Que no se debió calificar como

imprevista o inevitable la aparición de la víctima, siendo por ello

que se postula la configuración del vicio de absurdo en el

razonamiento del tribunal revisor.

Concluye afirmando que no hay en la causa probanzas

que permitan tener por demostrada la culpa de la víctima,

cuestionando ahora la pericia agregada a la causa, pues sostiene

que la misma no tuvo más fundamento que las constancias de la

causa penal. Por ello, juzga el recurrente que la Alzada no debió

apartarse de las conclusiones del dictamen pericial obrante en

dicha causa. Concluye insistiendo en la afirmación de que el

accidente se debió exclusivamente a la torpeza del conductor y no

a la responsabilidad de la víctima.

El recurso es de recibo. Sin perjuicio de apartarme de la

línea argumental seguida por el recurrente, entiendo que le asiste

razón y la sentencia debe ser casada.

Si bien la impugnación, al apoyarse en la crítica de la

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sentencia de Alzada se detiene en consideraciones de índole

subjetiva, relativas a la responsabilidad del conductor del

vehículo, acierta en señalar también la falta de acreditación del

único extremo que debía demostrarse para que procediera la

eximición de responsabilidad del demandado, así como la errónea

aplicación del artículo 1113 del corpus civilístico que se

configura en el caso.

Entiendo que bajo la apariencia de una sentencia

correctamente fundada, se presentan no obstante vicios que la

apartan de las reglas de la lógica y de la sana crítica, lo que la

descalifica como razonamiento judicial válido (art. 163 inc. 5, 384

del CPCC y doctrina de la CSJN en los precedentes: “Colalillo”,

Fallos 238:550 y “Oilher”, Fallos 302: 1611). Como consecuencia

de ello, resulta además, erróneamente aplicado el artículo 1113

del CC.

Como se ha destacado en la reseña antecedente, la Alzada

demarcó correctamente cuál era el objeto de prueba y el marco

jurídico que determinaba la calificación jurídica de las constancias

de autos. Entonces, dado que se trataba de un accidente vial, en

donde un automóvil (camioneta Ford Eco Sport) había embestido

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a un peatón, causando su muerte, se debía determinar sólo la

relación causal entre el hecho de la embestida y el fatal desenlace,

constituido por la muerte del Sr. Fernández. Esta circunstancia

estaba corroborada en autos, por lo que se activaba con ello la

operatividad de la responsabilidad objetiva del dueño o guardián

de la cosa, en el caso el Sr. Galeano Smith.

Para eximirse de dicha responsabilidad, no cabía en el

caso ningún tipo de consideración subjetiva respecto de si el

embistente había sido o no prudente en el manejo del vehículo, ni

siquiera condiciones de previsibilidad del accidente o velocidad

de circulación del automóvil. Sólo quedaba acreditar,

suficientemente, es decir, con grado de “certeza”, la configuración

de la “culpa de la víctima”. Noción ésta no enteramente subjetiva,

sino con la aptitud suficiente para interrumpir el nexo causal

(doctrina legal del artículo 1113 del CC, en causas C. 102.388,

sent. del 10-VI-2009; C. 94.517, sent, del 24-VIII-2011; e.o.).

En el caso, la Alzada argumentó que allí donde los hechos

no pueden ser probados de manera directa es viable recurrir a las

presunciones hominis. Este aserto es correcto. Habitualmente, es

muy difícil obtener una prueba directa de los hechos que son

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objeto de acreditación. Por ello, la mayor parte de los medios

probatorios constituyen prueba indirecta que abonan la mayor o

menor verosimilitud de las tesis reconstructivas de los hechos

objeto de autos. También es correcto que los jueces gozan de la

facultad de elaborar argumentos de prueba a partir de las

constancias de la causa en los términos de la previsión expresa del

artículo 163 inc. 5° del ritual.

Sin embargo, dicha carga impone al juzgador basarse en

hechos reales y probados, cuyo número, precisión, gravedad y

concordancia produzcan convicción conforme las reglas de la

sana crítica. Esto último, impone pues una demostración

argumentativa de la conexión probable entre los llamados indicios

y las conclusiones que de ellos se pretende extraer. Para ello, es

necesario demostrar que la conexión responde a las reglas de la

lógica o a las máximas de la experiencia. Es decir, se debe

demostrar explícitamente cómo es probable que a partir de los

elementos de la causa se puede concluir en aquello que entonces,

se presume.

En el caso, la Alzada no pudo probar de modo directo la

culpa de la víctima. En cambio, recurrió para ello a la

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construcción de argumentos probatorios de tipo indiciario. Los

párrafos que arriba transcribí y que aquí me permito repetir dan

cuenta de ello:“Conforme las pruebas arrimadas, no caben dudas

que la víctima, en su reconocido y valiente intento de auxiliar a

quienes previamente chocaron con su camión, emprendió el cruce

de la ruta sin adoptar las medidas necesaria de precaución. No

debe perderse de vista que seguramente se trató de una situación

de tensión y adrenalina que tal vez hizo perder de vista a la

víctima el contexto que rodeaba al primer accidente (art. Arts.

163 inc. 5 y 384 del CPCCBA).”

Entendió entonces la Alzada que “la víctima dio la

espalda al tránsito que venía en sentido contrario al cual él

circulaba con su camión, resultando lamentablemente embestido

por la camioneta que conducía el demandado”. Fue entonces por

ello que estimó configurada la excepción de responsabilidad

consagrada en el artículo 1113 del Código Civil aplicable al caso,

en la proporción que determinó.

En los mismos, luce evidente que la presunción hominis,

por la que se afirma la culpa de la víctima incumple con la carga

argumental impuesta por el artículo 163 inc. 5 del código de

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forma. Ello se vuelve patente en la afirmación de la Alzada, en

cuanto sostiene que “conforme las pruebas arrimadas, no caben

dudas que la víctima (…) emprendió el cruce de la ruta sin

adoptar las medidas necesarias de precaución”.

Este argumento es entimemático. Justamente se debió

demostrar cuáles eran los indicios reales y probados, que por su

número, precisión, gravedad y concordancia permitían tener por

probada dicha culpa. De la lectura de las constancias probatorias,

las mismas que aparecen reseñadas por el sentenciante, esto no es

indubitado, sino todo lo contrario.

El sentenciante expone que: “(…) seguramente se trató

de una situación de tensión y adrenalina que tal vez hizo perder

de vista a la víctima el contexto que rodeaba al primer

accidente”. Así como también: “Entiendo que en tal contexto, y

en su afán de auxilio, la víctima dio la espalda al tránsito que

venía en sentido contrario (…)”.

Los términos señalados en negrita ponen de resalto la

ausencia de demostración suficiente de los elementos indiciarios

tomados como insumo de la presunción. Este tipo de

razonamiento, viciado en sus entrañas, más se acerca a un

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prejuicio probatorio (carente de corroboración fáctica) que al

ejercicio de la facultad judicial, que aquí se viene analizando.

Insisto, sostener que la víctima, tal vez guiada por la

adrenalina -cuestión en sí inverificable- y en su afán de auxilio

-término igualmente inverificable- dio la espalda al tránsito

-cuestión que tampoco se encuentra verificada en la causa- no

constituye una derivación razonada de las constancias

comprobadas de la causa. Para esto último, se debió mostrar

cuáles eran en concreto las constancias que permitían sostener

estas conclusiones. Las mismas, en cambio, aparecen aquí más

bien como “íntimos pareceres” del juzgador, lo que resulta

violatorio de los recaudos impuestos por el sistema de la sana

crítica racional.

Sin perjuicio de entender que todo lo hasta aquí expuesto

resulta suficiente fundamento para aconsejar el acogimiento del

recurso en vista, he de agregar una última consideración.

La adecuada calificación del caso, a la luz de la teoría del

riesgo, excluye toda consideración subjetiva del obrar del

demandado. Por consiguiente, la sentencia en crisis presenta otro

desvío argumental cuando pese a señalar cuál sería el marco

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normativo aplicable al caso, se detiene no obstante en la

consideración de circunstancias relativas al contexto del accidente

y la velocidad de marcha del automóvil, los que a los efectos de la

solución del caso resultan totalmente irrelevantes.

Entonces, contrasta el excesivo rigor con el que se valora

el obrar de un hombre que guiado por sentimientos obvios de

humanidad cruza a ayudar a su embistente y en cambio, se diluyen

los deberes de cuidado que recaen sobre quien está al mando de

una cosa riesgosa. Siendo además, que esto último era irrelevante

para la solución del pleito. Es por ello que reitero que la sentencia

yerra en la calificación jurídica de las constancias de la causa,

aplicando erróneamente el artículo 1113 del Código Civil para

regir el caso.

Por todo cuanto hasta aquí llevo expuesto, aconsejo a

V.E. hacer lugar al recurso en vista, casando la sentencia en

revisión y dictando un nuevo pronunciamiento en la causa (arts.

289 del CPCCBA).

Tal es mi dictamen.

La Plata, de septiembre de 2016.

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