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Colegio de Bachilleres Plantel 1

“El Rosario”
AMÉRICA COMO CONCIENCIA
por
Leopoldo Zea

Grupo:
666

Materia:
Filosofía IV

México D.F. Fecha de Entrega:


14/Junio/2016
AMÉRICA COMO CONCIENCIA

Por Leopoldo Zea

Críticas a la búsqueda de una filosofía americana


Numerosos estudiosos de la filosofía en América, al hacer un balance sobre las
orientaciones que ésta sigue en nuestros países, han realizado acerba crítica a
quienes orientan sus investigaciones por el camino de la historia de las ideas o de
las posibilidades de una filosofía americana. En este, se ha presentado una
corriente como si se orientase hacia lo que llaman el camino de la universalidad,
mientras otra es presentada como si sólo se preocupase, con abandono de la
tradición, por tareas de tipo limitado, por ende, poco filosóficas.
Una corriente aparece como fiel seguidora de la gran tradición filosófica occidental,
persiguiendo fielmente la solución de los problemas que de acuerdo con esta
filosofía forman la temática de lo que se considera auténtica filosofía. La otra, por el
contrario, parece sólo preocuparse por temas que más bien pertenecen a la historia,
la sociología o la psicología. La primera, como se ha dicho, es calificada de
universalista, la segunda de historicista. Los estudiosos de la filosofía en México
son colocados, al menos provisionalmente, dentro del grupo que se orienta por la
segunda corriente. Su historicismo, patente en varias obras y publicaciones de
carácter filosófico, es visto como una peligrosa desviación del camino que, se
considera, conduce a un auténtico filosofar.
Sin embargo, aunque no creo sea necesario esta aclaración no está de más hacerla:
no todos los estudiosos de la filosofía en México siguen la corriente indicada. Todo
lo contrario, son muchos, quizá los más, los que están preocupados por seguir las
corrientes de lo que se ha llamado el universalismo filosófico. Entre nosotros hay
estudiosos que siguen al tomismo, la filosofía de los valores, la filosofía crítica, la
fenomenología, etcétera. También los mexicanos han discutido apasionadamente
en torno a estas dos actitudes que se pueden tomar en filosofía. Pero, hay que
agregar algo más, que la preocupación en torno a los problemas de una posible
filosofía americana y la realización de una historia de nuestras ideas, es algo que
se encuentra también en pensadores y estudiosos de otros países de nuestra
América. La bibliografía sobre estos temas, como lo podrá comprobar un lector
atento, crece día a día.
La filosofía, se dice a modo de crítica, es algo universal y eterno; no se la puede
someter a determinaciones temporales. El que esto escribe ha dicho en otra
ocasión: "Esta tarea de tipo universal y no simplemente americano, tendrá que ser
el supremo afán de esta nuestra posible filosofía. Esta nuestra filosofía no deberá
limitarse a los problemas propiamente americanos, a los de su circunstancia, sino a
los de esta circunstancia más amplia, en la cual estamos insertos como hombres
que somos, la llamada humanidad. No basta querer alcanzar una verdad americana,
es menester, además, tratar de alcanzar una verdad válida para todos los hombres,
aunque de hecho no pueda lograrse. No hay que considerar lo americano como un
fin en sí, sino, por el contrario, como un límite y punto de partida para un fin más
amplio. De aquí la razón por la cual todo intento de hacer filosofía americana, con
sólo la pretensión de que sea americana, tendrá que fracasar. Hay que intentar
hacer pura y simplemente filosofía, que lo americano se dará por añadidura".
Ahora bien, lo primero que debemos preguntarnos es si hasta ahora hemos hecho
auténtica filosofía, filosofía sin más. Esto es, si los problemas que nos planteamos
o nos hemos planteado dentro de ese terreno que llamamos la universalidad son
auténticos problemas, aporías, "callejones sin salida", a los cuales hemos tratado
de dar una solución. ¿Sentimos los problemas que nos planteamos como los
filósofos clásicos han sentido los suyos? ¿Al plantearnos un problema nos jugamos,
en la solución de éste, todo nuestro ser, tal como se lo han jugado todos los filósofos
en sus soluciones? ¿Sentimos la filosofía, el afán de saber, en nuestra alma, en
nuestra carne? O, en otras palabras, ¿los problemas de nuestro filosofar son
nuestros, en la medida en que lo han sido para cada uno de los grandes maestros
de la filosofía?
Los grandes filósofos, nos enseña la historia de la filosofía, se han puesto
simplemente a filosofar, sin más. Esto es, se han puesto a resolver una serie de
problemas que su circunstancia les reclamaba. Las soluciones que ofrecieron
fueron filosóficas, como lo fueron los problemas, por su afán de dar a éstos
soluciones de validez permanente. Para los filósofos nunca fue un problema la
originalidad de estas soluciones. Filosofaban pura y simplemente. Nunca un filósofo
griego habló de una filosofía griega, ni un francés de una filosofía francesa, ni un
alemán de una filosofía alemana. Su filosofar trascendía todas estas limitaciones
espaciales y temporales. Lo griego, lo francés y lo alemán de su filosofía les fue
dado por añadidura, sin que lo hubiesen pretendido, se les dio a pesar suyo. Más
que lo griego, lo francés y lo alemán se les dio lo humano con todo lo que esto
significa. ¿Por qué entonces los americanos hablamos sobre la posibilidad y aun la
necesidad de una filosofía que podamos considerar como propia?
La necesidad de esta filosofía ha venido a ser la natural consecuencia de nuestra
actitud anterior, siguiendo ese camino que hemos llamado de la universalidad. Más
que filosofar nos ha preocupado coincidir, aunque fuese por la vía de la imitación,
con lo que llamamos filosofía universal. No hemos filosofado con auténtica pureza.
No hemos hecho filosofía sin más. Nos preocupaba la filosofía como oficio y no el
filosofar como tarea. Para nosotros filosofar equivalía a reflexionar sobre lo
reflexionado por otros, o encuadrar nuestro pensamiento a los sistemas con los
cuales nos encontrábamos. Más que filósofos hemos sido expositores de sistemas
que no habían surgido frente a nuestras necesidades. Nos hemos conformado con
ser buenos profesores de filosofía. Los problemas de la filosofía han sido nuestros
en la misma forma que lo pueden ser los problemas que plantean el teatro y el
cinematógrafo (en la pantalla). Nos interesan, pero no podemos siempre sentirlos
como propios. Sólo nos interesan porque sabemos que eso es filosofía. En cuanto
un problema aparece fuera del cuadro de lo que estamos acostumbrados a llamar
filosofía, lo desechamos considerándolo como no filosófico. No filosofamos,
únicamente nos preocupamos por repetir eso que llamamos filosofía. La filosofía se
nos convierte en letra muerta, en forma sin sentido. Nos hacemos reflejo de ajena
vida, como ya nos criticara alguna vez Hegel.