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Diagnóstico del Cáncer de piel

Melanoma
La detección precoz del melanoma es esencial para evitar la diseminación del cáncer por el resto del cuerpo
humano. En los estadios iniciales la supervivencia del enfermo es del 90-95%, mientras que en el caso de
melanomas avanzados la supervivencia cae al 20% y se reducen las opciones de tratamiento. Por ello es
aconsejable examinarse toda la extensión de la piel con la ayuda de espejos una vez al mes y acudir al
dermatólogo ante el descubrimiento de una mancha cutánea con signos de alarma.
Hay varios métodos sencillos y rápidos para poder detectar signos de alarma que indiquen el posible desarrollo
de un melanoma. Ningún método es infalible y se deben usar al unísono.
Regla ABCDE
-Un melanoma tendrá las siguientes características:
-Asimetría.
-Bordes irregulares y festoneados.
-Coloración heterogénea (2 o más tonos: negro, marrón, rojizo…).
-Diámetro mayor de 5 mm.
-Evolución con sangrado, picor, enrojecimiento, endurecimiento…
Además de la exploración física por parte del dermatólogo, existen otras pruebas diagnósticas que pueden
ayudar a identificar con más claridad la presencia de un melanoma. La más conocida o utilizada es la
dermatoscopia digital, que permite fotografiar la zona sospechosa y ampliarla para poder observarla con detalle
para analizar e incluso poder llevar un seguimiento del paciente. Esta prueba permite detectar cánceres de piel
en etapas iniciales, descartar una lesión tumoral u orientar al especialista para saber si es preciso solicitar una
biopsia de piel.
La biopsia cutánea consiste en extraer una muestra de piel para analizarla en el laboratorio y confirmar así si se
trata de una lesión cancerosa o una patología de la piel autoinmune.

No melanoma
Cualquier lesión sospechosa de indicar la presencia de cáncer de piel debe ser examinada por el médico para un
diagnóstico visual o mediante dermatoscopia digital, o seguimiento de la lesión y, si lo considera indicado, se
realizará una biopsia (quitar parte o toda la lesión), para luego examinarla en el microscopio y diagnosticarlo
(diagnóstico anatomopatólogico).
El diagnóstico clínico del cáncer de piel (no melanoma) por parte del dermatólogo incluirá también la
exploración de los territorios linfáticos cercanos, con el fin de determinar la presencia de ganglios afectados,
que en algunos casos han de ser biopsiados si fuera necesario.
El tipo de biopsia cutánea a realizar dependerá del tipo de piel a criterio del dermatólogo, pero en algunas
lesiones circunscritas, localizadas y sobre-elevadas es fácil que con técnicas como el curetaje o similares, la
propia biopsia sirva de extirpación de la lesión con márgenes cutáneos amplios para eliminar completamente el
tumor.
Ante la sospecha de diseminación locorregional o a distancia, se deberá completar el estudio con otras pruebas
de imagen (ecografía, TAC o RMN -resonancia magnética), analíticas, etcétera.

Tratamiento del cáncer de piel


Melanoma
El tratamiento ideal es la extirpación en quirófano del melanoma, y la supervivencia del paciente depende del
grado de invasión que tenga el tumor. Se suele extirpar con un margen de 0’5-3cm, pero también hay técnicas
más minuciosas como la cirugía de Mohs. La cirugía de Mohs consiste en extirpar todo el melanoma,
conservando el máximo tejido sano que lo rodea, gracias a la realización de biopsias intraoperatorias
sistemáticas.
Los ganglios linfáticos se extirpan solo si se demuestra que hay metástasis tumoral mediante palpación (ganglios
indurados poco móviles y sin dolor), o mediante la técnica del ganglio centinela. El ganglio centinela es el ganglio
que recibe una metástasis cancerosa antes que cualquier otro, si este no está afectado, ninguno más lo estará.
Se detecta gracias a la inyección de una sustancia radiactiva en el melanoma, que se infiltra hasta llegar a un
primer ganglio, que es el ganglio centinela, el cual se extrae y se analiza microscópicamente.
Para asegurar los efectos de la cirugía se utiliza inmunoterapia con interferón-α; solo se utiliza radioterapia en
el lentigo maligno-melanoma, y a veces es la única opción en personas muy ancianas o no aptas para la cirugía.

No melanoma
Los tratamientos del cáncer de piel varían en función del tipo de piel del paciente, del tamaño de la lesión, la
profundidad de penetración, del resultado estético, de su localización, así como de la edad o de otros problemas
de salud que presente el paciente.
Algunas de las principales opciones de tratamiento del cáncer de piel disponibles son:
Cirugía: resecar (quitar) total o parcialmente el tumor. La mayoría de las veces el tratamiento se puede realizar
de manera ambulatoria (sin ingreso). Por lo general, se utiliza anestesia local para estos procedimientos
quirúrgicos. Hay varios tipos de cirugía que se pueden emplear, en función de la clase de tumor y su localización.
Curetaje: utilizando un instrumento llamado cureta, se va raspando el tumor hasta quitarlo en su totalidad. Esta
cureta puede ser eléctrica, lo que permite controlar mejor el sangrado, gracias al efecto calor.
Radioterapia: consiste en tratar la lesión con aparatos que emiten radiaciones para matar a las células
tumorales (aceleradores lineales, bombas de cobalto, etcétera).
Crioterapia: al igual que se hace con las verrugas vulgares, se aplica nitrógeno líquido sobre la lesión y se congela
el tejido expuesto. Esto produce una costra que se desprende a los pocos días. Es el tratamiento más utilizado,
ya que no requiere instalaciones muy aparatosas, es ambulatorio, sin cirugías, sin sangrado, y se puede indicar
en casi todas los pacientes (incluso aquellos con problemas de coagulación).
Terapias tópicas (cremas): al igual que la radioterapia, mata las células tumorales allí donde se aplica.
Tras el tratamiento es imprescindible llevar a cabo revisiones rutinarias para el diagnóstico precoz de lesiones
nuevas, o por si se produce una recidiva de las lesiones tratadas. Estas revisiones las realiza el médico (bien de
medicina general o bien el dermatólogo), pero la “auto-revisión” semanal o mensual por parte del propio
paciente es imprescindible.
Varios científicos han identificado unas variantes genéticas relacionadas con la pigmentación del ser humano
que aparentemente incrementan el riesgo de padecer cáncer de piel, según publica la revista científica británica
Nature.
En un primer trabajo, unos expertos islandeses, encabezados por Daniel Gudbjartsson, descubrieron
inicialmente una serie de variantes de secuencias genéticas vinculadas a la pigmentación del pelo, los ojos y la
piel. Después, comprobaron la asociación de once de ellas con la susceptibilidad de contraer cáncer de piel.

Relación Genética
La incidencia del melanoma cutáneo ha aumentado en todo el mundo durante los últimos 20 años. La
investigación sobre los factores de riesgo potenciales, tanto ambientales como genéticos, nos ha conducido a
algunas nuevas e interesantes conclusiones. La radiación ultravioleta es claramente el factor de riesgo ambiental
principal para el melanoma, pero su relación es compleja y controvertida. Respecto a los factores genéticos, el
descubrimiento de dos clases de genes ha sido un gran avance con más entendimiento de biología del
melanocito. CDKN2A (p16) es el prototipo de gen de alta penetrancia y baja prevalencia relacionado con el
melanoma. Este gen ha sido estudiado en algunas familias con varios miembros diagnosticados de melanoma.
En la población general con melanoma no familiar, los genes de baja penetrancia pero alta prevalencia como el
MC1R parecen ser más interesantes. Los estudios sobre el gen MC1R no sólo han mostrado su importancia en
la pigmentación de la piel y el pelo, sino también en el desarrollo de melanoma. Los estudios funcionales sobre
CDKN2A y MC1R nos han llevado a nuevas conclusiones importantes. El análisis de los datos procedentes de
estudios familiares, gemelos y casos-control. Para la prevención primaria y secundaria de este tumor, debemos
fomentar la realización de campañas de salud públicas sobre la exposición al sol y el reconocimiento de
individuos con alto riesgo.

Descubren relación genética entre la pigmentación y el cáncer de piel


Los científicos observaron que unas variantes localizadas cerca del ASIP, un gen importante en la pigmentación,
conferían un mayor riesgo de melanoma cutáneo, un tumor maligno de las células que producen el pigmento
de la piel.
También hallaron una relación cancerígena con una variante del gen TYR, que codifica un enzima necesario para
la producción de la melanina, otro pigmento de la piel.
Los expertos observaron que cada gen estaba asociado también con otro tipo de cáncer, el carcinoma
basocelular, más común que el anterior, aunque menos mortífero.
Otro estudio, dirigido por Stuart MacGreggor en Australia, halló que dos variantes genéticas situadas en la
región del ASIP están asociadas al riesgo de desarrollar melanoma cutáneo.
Finalmente, en otra investigación, también publicada en Nature, el equipo islandés comprobó que dos variantes
del gen TPCN2, que codifica proteínas transportadoras de calcio, están asociadas con el pelo rubio, lo que
confirma la importancia de esas proteínas en la pigmentación.