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Juan Esteban Cardona López

Universidad de Antioquia
Historia de América Latina IV
Profesora: Tatiana Pérez Robles

Reflexiones sobre la obra Seis Ensayos en Busca de Nuestra Expresión


por Pedro Enríquez Ureña.
El dominicano Pedro Enríquez Ureña, problematiza la situación que se presentaba en la
América de finales del siglo XIX y primera mitad del XX, la cual tuvo la oportunidad de
conocer por medio de los viajes que realizó a lo largo de su vida mientras se desempeñaba
en el mundo académico e intelectual. Al haber conocido el entorno y contexto político
social de las naciones de Latinoamérica, en la cual una élite criolla se encargaba de
concentrar el poder desde la independencia, en la cual se creído que “el romanticismo
nos abriría el camino a la verdad, nos enseñaría a complementarnos”1, pero en realidad
termino por alejarnos de nuestra expresión latinoamericana. Para este efecto hace alusión
al rioplatense Esteban Echavarría, al cual cita textualmente para traer a colación las ideas
románticas que proliferaron después de la independencia que “el espíritu del siglo-decía-
lleva hoy a las naciones a emanciparse, a gozar de independencia, no solo política, sino
filosófica y literaria”2, este es el argumento principal para entender las reflexiones que
giran en torno a este autor.
En América latina, junto con el proceso de conformación y construcción de las naciones
sobre lo que antes habían sido los territorios de la corona española, comenta Pedro
Enríquez, como la clase dirigente “habla siempre de “ciudadanía en arte como en
política” y de “literatura que llevara los colores nacionales”3, es interesante dado que
el análisis de las constituciones políticas escritas para justificar la independencia, dan
puntualmente unas características para entender quién es ciudadano de la república,
separándolos así del termino abstracto de novedosa aparición en el contexto que comenzó
a ser utilizado, el cual es de pueblo, que era usado para llamar a los habitantes en general
a la causa revolucionaria. Esto es lo que Enríquez critica, por qué si somos
latinoamericanos y nos independizamos de Europa, existe una élite local que se ensaña
en tratar de replicar, a lo cual llama “criollismo cerrado”4, el cual se caracteriza por tener
“el afán nacionalista” y un “uniforme el delirio en que coinciden hombre y mujeres hasta
de bando enemigos”, que se refleja en los importantes políticos conservadores y liberales,
que a pesar de tener diferencias en su pensamiento, comparten este “criollismo” que los
permite mantenerse por encima de a lo que en la época ellos llamaban chusma, además
por medio de literatura nacionalista romántica en la que se alaba los padres de sus
respectivas patrias, para legitimar su gobierno sobre los demás.

1
Pedro Enríquez Ureña. Seis Ensayos en Busca de Nuestra Expresión (Buenos Aires; Cielo Naranja, 2016)
Página 5.
2
Ibídem Página 5.
3
Ibídem Página 5.
4
Ibídem Página 6.
Pedro se remonta a la antigüedad para darle sentido a su argumento, haciendo referencia
al imperio romano, sobre el cual escribió que “el alma romana halló la expresión en la
literatura, pero bajo preceptos extraños, bajo la imitación, erigida en método de
aprendizaje”, así, muestra como los romanos habían alcanzado el desarrollo que
tuvieron, debido al importante proceso de aprender, asimilar e incorporar las culturas que
se anexaban al imperio, para así aplicarlas a su estructura política, o en el caso de las
religiones, permitir el libre culto por lo menos hasta el que cristianismo toma fuerza a lo
largo y ancho del territorio imperial. Pero en esta lógica, continúa con el análisis de los
momentos históricos, llega a preguntarse por el Renacimiento, a lo cual indica que “el
esfuerzo renaciente se consagra en buscar, no la expresión característica, nacional ni
regional, sino la expresión del arquetipo, la norma universal y perfecta”, que es uno de
los grandes defectos que es evidente en América latina, por lo menos desde la ocupación
de la península ibérica llevada a cabo por las tropas napoleónicas, que permitió evidenciar
como las distintas juntas de cabildos de ciudades, villas, provincias y reinos que no se
ponían de acuerdo debido a la defensa de su propia autonomía por encima de las
jurisdicciones que se encontraban contiguas a la suya, las cuales desde la colonia ya
habían tenido diferencias de distinta variedad, ya cuando se quitó el poder al monarca
español por completo, estas particularidades terminaron por dar origen a los
regionalismos donde las élites defienden sus intereses entre sí. De esta manera, trata de
llamar la atención sobre lo divida que la América hispana se encuentra, debido a la
carencia de una expresión latinoamericana, que es lo que él llama en el Renacimiento, la
búsqueda de “la norma universal y perfecta”5, obviamente en una formula
completamente positivista.
Según Enríquez, “la expresión genuina de cada pueblo está en la esencia de la revolución
romántica”, debido a que en base a ésta, se hacía una negación a “la doctrina de la
retórica”, llamando así la atención sobre lo predominante que resultó la influencia de
ideas europeas en América en el periodo que él vivió, la cual negaba “las reglas del arte”
latinoamericanas que mostrarían nuestra verdadera expresión en el continente. Para
mayor comprensión, para esto Ureña da dos definiciones de nacionalismo, la primero
que es “espontaneo”, al cual dice es el “natural y elemental sabor de la tierra nativa”,
que responde más a las características que sin importar donde se encuentre el individuo,
hacen notorio que pertenece a otro lugar ante una comunidad que lo encuentra como
extranjero en su diario vivir, pero el segundo es el “perfecto” que responde más a lógica
de tomar una nación que busca su “expresión superior del espíritu de cada pueblo, con
poder de imperio, de perduración y expansión”6, que se ve reflejado en las pretensiones
imperialistas que imperaron en el siglo XIX hasta el estallido de la Gran Guerra, la cual
se encuentra inscrita en esta lógica.
Teniendo clara estas dos definiciones de nacionalismos que realizó Pedro, es posible
entender la división o las dicotomías que estableció la élite latinoamericana, para la cual
da evidencia de la tendencia que existió, “particularmente en Argentina, a dividirlos en
grupos únicos: la América mala y la buena, la tropical y la otra, los petits pays chauds y
las naciones “bien organizadas”7, todo esto como un mecanismo para diferenciarse de

5
Ibídem Página 7.
6
Ibídem Página 16.
7
Ibídem Página 19.
la clase baja y la poca y casi inexistente clase media, incluso haciendo uso de francés trata
de evidenciar su disgusto, el cual es que a pesar de la independencia, estos gobernantes
aún siguen atados a Europa por vía intelectual hasta el punto que abandonaron el español
para escribir en esta lengua, ésta es la lucha de Pedro Enríquez Ureña en sus ensayos,
llamar la atención sobre la necesidad de hallar nuestra propia expresión, en un continente
que bebe de los países “bien organizados” , mientras que los nativos americanos que son
realidad los poseedores de la verdadera y genuina expresión del continente, junto con los
demás sectores sub alternos, viven en desgracia por las lógicas de un mundo liberal
capitalista, en un continente donde “las instituciones de cultura, tanto elemental como
superior, son víctimas de los vaivenes políticos y del desorden económico, la literatura
ha comenzado a flaquear”8, indicando así la razón del comienzo de la búsqueda de
nuestra expresión cultural, la cual fue remplazada por las ideas creadas y pensadas para
aplicar en Europa, no en América.
La idea que el autor tiene sobre la identidad latinoamericana es ésta, la de una que no a
lo grado tomar su propia independencia literaria y de pensamiento, sino que ha
permanecido sometida por pensamientos euro centristas, para lo deja muy claro en sus
análisis se sus distintos ensayos que “nuestras tierras, nuestra vida libre, pedían su
expresión”. En cuanto a es ser mimbro de América latina en la expresión literaria,
Enríquez apoyó a Rodó, el cual dijo que “sólo han sido grandes en a América aquellos
que se han desenvuelto con la palabra o por la acción un sentimiento americano”9,
haciendo referencia a los autores que se han dedicado, según Pedro a rescatar la expresión
latinoamericana, y no a aplicar las ideas dadas por Estados Unidos o Europa.
Para concluir es importante esta reflexión que realizó sobre lo dicho por Rodó, que según
él “ahora, treinta años después hay de nuevo en la América española juventudes
inquietas, que se irritan con sus mayores y ofrecen trabajar seriamente en busca de
nuestra expresión genuina”, que si bien esto lo escribió en la primera mitad del siglo XX,
actualmente la lucha latinoamericana por nuestra expresión continua, debido a que en
estos momentos somos los hijos bastardos de la cultura norteamericana, por más que
alguien crea que no se encuentra inmerso en ésta, siempre encontraremos algo de origen
anglosajón en ellos, pero la característica que más compartimos, es el afán de consumo
en el que nos han envuelto, el cual resulta gravemente costoso para la salud del planeta
Tierra.

8
Ibídem Página 20
9
Ibídem Página 6.