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Fernando Carratalá

taller de
textos descriptivos
Taller de TEXTOS DESCRIPTIVOS

autor
Fernando Carratalá Teruel

Primera edición: junio de 2014

© Fernando Carratalá Teruel

© Derechos exclusivos de esta edición:


Ediciones Octaedro, s.l.
Bailén, 5 - 08010 Barcelona
Tel.: 93 246 40 02  –  Fax: 93 231 18 68
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ISBN: 978-84-9921-545-7
Depósito legal: B. 12.598-2014

Diseño y realización: Servicios Gráficos Octaedro.

Impreso en Novagràfik

Impreso en España - Printed in Spain


Sumario

Introducción 7

I. Textos comentados y textos con actividades 9


Rubén Darío 11
Juan Ramón Jiménez 16
José Martínez Ruiz, Azorín 22
Pío Baroja 27
Wenceslao Fernández Flórez 31
Manuel Machado 39
Antonio Machado 45
José Ortega y Gasset 49
Gabriel Miró 53
Federico García Lorca 59
Jorge Guillén 68
Gerardo Diego 71
Rafael Sánchez Ferlosio 76
Vicente Soto 80
Miguel Delibes 85
Camilo José Cela 93

II. Propuestas de actividades para el comentario de otros


textos descriptivos 101
Carmen Laforet 103
Ignacio Aldecoa 106
Ana María Matute 108
Ramón J. Sender 111

Glosario y referencias culturales 113


Índice 117

I  5
Introducción

En febrero de 2013, la Editorial Octaedro publicaba el manual Textos descriptivos.


Composición, análisis y comentarios; una obra en la que, a través de 11 capítu-
los —y tomando como referencia un total de 57 textos de algunos de los grandes
autores del Realismo, el Modernismo, la Generación del 98, el Novecentismo, la
Generación del 27 y el Realismo social, fundamentalmente—, se establecen, desde
una perspectiva didáctica, las claves de la técnica descriptiva y su formalización
lingüística. Este manual incluye también innumerables actividades apoyadas en el
indispensable soporte teórico, que pueden servir para que quienes las realicen es-
tén capacitados para elaborar textos descriptivos con una finalidad literaria expresa.
A los pocos meses de la edición de este manual hemos visto la necesidad de
complementarlo con un Taller de textos descriptivos, que tiene una finalidad diferen-
te —insistimos: son libros complementarios, aunque distintos en sus planteamien-
tos metodológicos—. Este taller se adentra en el comentario de textos descriptivos
de algunos de los escritores de mayor prestigio de todo el siglo xx. Cada capítulo
ofrece un texto descriptivo de un determinado autor, comentado desde una pers-
pectiva estilística (textos en verso o en prosa, completos o fragmentarios, exclusiva-
mente descriptivos o narrativos con elementos descriptivos), seguido de otro texto
del mismo autor, que el lector deberá comentar a través de preguntas concretas que
incluyen sugerencias para su realización, y tomando como referencia —y modelo—
el texto que se ha ofrecido comentado.
De esta forma, se presentan comentarios de textos descriptivos de autores como
Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Azorín, Pío Baroja, Manuel Machado, Antonio
Machado, Gabriel Miró, José Ortega y Gasset, Federico García Lorca, Jorge Gui-
llén, Gerardo Diego, Wenceslao Fernández Flórez, Rafael Sánchez Ferlosio, Vicente
Soto, Miguel Delibes y Camilo José Cela. El propósito último es que, conforme se
avance en el estudio de los textos comentados y se vayan efectuando los comenta-
rios personales —guiados—, se obtenga, de modo inferencial, la metodología para
afrontar el análisis estilístico de cualquier texto de naturaleza descriptiva.
En este sentido, en la última parte del taller se presentan textos de Carmen Lafo-
ret, Ignacio Aldecoa, Ana María Matute y Ramón J. Sender que no llevan un modelo
alternativo comentado y que habrán de ser explicados —respondiendo a las cues-

I  7
tiones planteadas— a título personal, aplicando cuanto se haya podido aprender a
través de la práctica y la imitación de modelos.
Por otra parte, los textos seleccionados constituyen una muestra representativa
del quehacer literario de sus respectivos autores y resultan lo suficientemente sig-
nificativos y sugestivos como para reflejar e incluso definir los rasgos de un estilo
personal, la mayoría de las veces representativo de tendencias literarias concretas.
Por esta razón, los breves comentarios estilísticos se han realizado desde criterios
interpretativos bien diferentes, y de ahí su irregular extensión. Y dado que el deno-
minador común de estos textos es el de su innegable calidad literaria, y que, ya sean
en prosa o en verso, se percibe con nitidez la técnica descriptiva empleada por sus
autores, suponemos que los lectores, al término del taller, estarán en condiciones
de producir textos literarios descriptivos manejando con cierta soltura estilística su
propia lengua ajustada a sus personales gustos estéticos.

El autor

8  I  Taller de textos descriptivos


I Textos comentados y textos con actividades

I  9
Rubén Darío

Comentario
Azul
Azul. Madrid, Cátedra, 1995. Editor literario: Juan María Martínez.
Colección Letras Hispánicas, 403. [El volumen incluye también Cantos de vida y esperanza.]

Caupolicán

Es algo formidable que vio la vieja raza;


robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules o el brazo de Sansón.

5 Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,


pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,


10 le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

«¡El Toqui, el Toqui!», clama la conmovida casta.


Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta»,
e irguiose la alta frente del gran Caupolicán.

Versos 3-4: «cuya fornida maza / blandiera el bra- por sus prodigiosas hazañas en la lucha del pueblo
zo de Hércules o el brazo de Sansón». El héroe de Israel contra los filisteos (cf. Libro de los jueces,
mitológico griego Heracles —identificado con el capítulos 13-16), encarnan la personificación de la
Hércules romano— y el Sansón bíblico, célebre fuerza. La fortaleza de Caupolicán es tan excep-

I  11
cional que su «fornida maza» bien podría haber riendo, nuevamente, a Heracles. [En un acceso de
sido blandida por cualquiera de esos legendarios locura furiosa, Heracles mató a su mujer Mégara,
personajes. Un halo mítico de resonancias tanto hija de Creonte, rey de Tebas, y a los hijos habidos
clásicas como bíblicas envuelve, así, al guerrero en el matrimonio. Para expiar su crimen, la pitia
araucano, y subraya todavía más su extraordinaria —profetisa que emitía oráculos en nombre de
fuerza. Apolo, en Delfos—, lo envió al rey de Tirinto, Eu-
Verso 7: «lancero de los bosques, Nemrod que risteo, que sentía hacia él un profundo odio. Para
todo caza». Nemrod, nieto de Cam, fue el fun- deshacerse de Heracles, Euristeo le impuso doce
dador del imperio babilónico. La Biblia dice de él: trabajos; y dos de ellos fueron, precisamente, cap-
«Etiopía engendró a Nemrod, que fue el primer turar el toro cretense de Minos —«desjarretar un
héroe sobre la tierra, un cazador valiente delante toro»— y matar al león de Nemea —«estrangular
del Señor; de ahí el proverbio: «Cazador valeroso un león».]
delante del Señor, como Nemrod» (Génesis, 10, Verso 12: «¡El Toqui ! ¡El Toqui!, clama la conmovi-
8-10). da casta». Los indios araucanos eligen como cau-
Versos 6 y 8: «pudiera tal guerrero, […] / desjarre- dillo a Caupolicán —Toqui, jefe en tiempo de gue-
tar un toro o estrangular un león». Con la figura rra—, que cargó sobre sus hombros, durante más
retórica denominada alusión, Darío se está refi- tiempo que nadie, un «robusto tronco de árbol».

El soneto «Caupolicán»,1 escrito en sonoros versos alejandrinos, está incluido en


Azul…, libro que Rubén Darío publica cuando solo tiene 21 años, en 1888, y que le
abre las puertas de la fama.2 Darío se inspira en un episodio de La Araucana —con-
cretamente, en el canto II de la primera parte—, largo poema heroicohistórico sobre
la conquista de Arauco (Chile), original de Alonso de Ercilla y Zúñiga.3
Los caciques de Arauco, que disputan acerca de quién debe ser el caudillo que
a todos gobierne, deciden llevar a la práctica el consejo del anciano Colocolo para
poner fin a tal discordia: «este [capitán primero] será quien más un gran madero /
sustentare en el hombro sin pararse» (canto II, estrofa 35, versos 5-6). Y es Caupo-
licán el que sale vencedor de la prueba, al llevar «en el hombro poderoso», durante
más tiempo que ningún otro cacique, y «como si peso alguno no trujere» (estrofa 53,
verso 8), «un macizo líbano [cedro por antonomasia] fornido / que con dificultad se
rodeaba» (estrofa 39, versos 3-4), «con un desdén y muestra [expresión] confiada /
asiendo el tronco duro y ñudoso / como si fuera vara delicada» (estrofa 51, versos
1-3); y, tras su triunfo, es proclamado sumo capitán por los indios araucanos: «el
circunstante pueblo en voz conforme / pronunció la sentencia y le decía: / Sobre

1.  «Caupolicán» apareció publicado por vez primera, y con el título de «El Toqui», en La Época (San-
tiago, 11 de noviembre de 1888), junto con otros dos sonetos, «Chinampa» y «El sueño del Inca»–, agru-
pados bajo el título de «Sonetos americanos».
2.  Conforman esta obra (precedida de una Carta-prólogo de Juan Valera a Rubén Darío, fechada
en Madrid, el 22 de octubre de 1988) diez cuentos, encabezados precisamente por el título «Azul»; las
doce breves secciones de «En Chile», y otros dos cuentos más: «La muerte de la emperatriz de la China»
y «A una estrella»; textos, todos ellos, escritos en una prosa refinada y colorista, y tras de los cuales se
encuentran varios poemas, entre los que destacan cuatro sobre las estaciones (en la sección titulada «El
año lírico»).
3.  La Araucana, I y II. Editorial Castalia, 1979. Colección Clásicos Castalia, números 91 y 92. Edición,
introducción y notas de Marcos A. Morínigo e Isaías Lerner. [Aconsejamos la lectura, al menos, de las 93
octavas del canto II de la primera parte de este largo poema épico, págs. 147-173 de la citada edición,
para poder valorar en su justa medida la grandeza del soneto de Rubén Darío.]

12  I  Taller de textos descriptivos


tan firmes hombros descargamos / el peso y grave carga que tomamos» (estrofa
58, versos 7-8).
A Rubén Darío le interesa destacar tanto la impresionante fuerza de Caupolicán,
a cuya descripción física dedica los dos serventesios, como la extraordinaria haza-
ña que lleva a cabo, narrada en los tercetos.
Las referencias mitológicas (Hércules, Titán) y bíblicas (Sansón, Nemrod) contri-
buyen a recalcar la fortaleza del «campeón / salvaje y aguerrido»; fuerza asombrosa
que se ve, además, acrecentada gracias a los procedimientos fónicos y rítmicos
empleados por Darío, que confieren a todo el soneto una potente sonoridad: las
rimas agudas de serventesios (campeón / Sansón; región / león) y tercetos (titán /
Caupolicán); los sorprendentes efectos musicales del léxico —casi todas las sílabas
pares de ambos hemistiquios de los alejandrinos van rítmicamente acentuadas—;
el eficaz quiasmo4 del verso 5, que realza la corpulencia de Caupolicán, sin yelmo
ni peto; la expresividad de las aliteraciones de vibrantes, nasales y velares, en los
serventesios…
Los tercetos en los que se relata la proeza de Caupolicán se inician con la rei-
teración de la forma verbal anduvo, que recalca la duración casi interminable de la
acción de andar: anduvo, anduvo, anduvo —sosteniendo a hombros el pesado tron-
co—; y que se ve realzada, además, por las tres oraciones yuxtapuestas que siguen:
un magnífico montaje paralelístico, formado por tres secuencias, compuestas cada
una de tres elementos básicos (versos 9-10):

Le vio (A1) la luz (B1) del día (C1),


le vio (A 2) la tarde (B 2) pálida (C2),
le vio (A 3) la noche (B 3) fría (C3).

El segundo terceto comienza con el reconocimiento de la superioridad de Cau-


policán: «la conmovida casta» lo proclama jefe de los araucanos con entusiasmo:
«¡El Toqui!, ¡el Toqui!» (verso 12); pero Caupolicán sigue caminando con el tronco a
cuestas, hasta que la Aurora ordena el final de la prueba: «Basta» (verso 13). El ale-
jandrino que cierra el soneto presenta a un Caupolicán vencedor, que aún sigue con
el ánimo firme: «e irguiose la alta frente del gran Caupolicán».
El soneto «Caupolicán» es, en definitiva, una clara muestra de la estética moder-
nista: arte refinado de gran belleza plástica y exquisita perfección formal.

4.  Consiste el quiasmo en la ordenación cruzada de dos secuencias bimembres paralelas, de modo
que en la segunda secuencia se invierte el orden de la primera: «Por casco sus cabellos, / su pecho por
coraza» (la simetría del verso primero del segundo serventesio es perfecta, tanto en el aspecto morfo-
sintáctico como rítmico).

Rubén Darío  I  13
Actividades
Azul
[Azul, op. cit.]

Acuarela

Ya las azucenas floridas y llenas de miel han abierto sus cálices pálidos bajo el oro
del sol. Ya los gorriones tornasolados, esos amantes acariciadores, adulan a las
rosas frescas, esas opulentas y purpuradas emperatrices; ya el jazmín, flor sencilla,
tachona los tupidos ramajes como una blanca estrella sobre un cielo verde. Ya las
5 damas elegantes visten sus trajes claros, dando al olvido las pieles y los abrigos
invernales.
Y mientras el sol se pone, sonrosando las nieves con una claridad suave, junto a
los árboles de la Alameda que lucen sus cumbres resplandecientes en un polvo de
luz, su esbeltez solemne y sus hojas nuevas, bulle un enjambre humano en un ruido
10 de música, de cuchicheos vagos y de palabras fugaces.
He aquí el cuadro. En primer término, está la negrura de los cohes que es-
plende y quiebra los últimos reflejos solares; los caballos orgullosos con el brillo
de sus arneses, con sus cuellos estirados e inmóviles de brutos heráldicos; los
cocheros taciturnos, en su quietud de indiferentes, luciendo sobre las largas libreas
15 los botones metálicos flamantes, y en el fondo de los carruajes, reclinadas como
odaliscas, erguidas como reinas, las mujeres rubias de los ojos soñadores, las que
tienen cabelleras negras y rostros pálidos, las rosadas adolescentes que ríen con
alegría de pájaro primaveral; bellezas lánguidas, hermosuras audaces, castos lirios
albos y tentaciones ardientes.
20 En esa portezuela está un rostro apareciendo de modo que semeja el de un
querubín; por aquella ha salido una mano enguantada que se dijera de niño y es de
morena tal, que llama los corazones; más allá se alcanza a ver un pie de Cenicienta
con zapatito oscuro y media lila, y acullá, gentil con sus gestos de diosa, bella con
su color de marfil amapolado, su cuello real y la corona de su cabellera, está la
25 Venus de Milo, no manca, sino con dos brazos, gruesos como los muslos de un
querubín de Murillo, y vestida a la última moda de París.
Más allá está el oleaje de los que van y vienen: parejas de enamorados, herma-
nos y hermanas, grupos de caballeritos irreprochables; todo en la confusión de los
rostros, de las miradas, de los colorines, de los vestidos, de las capotas, resaltando
30 a veces en el fondo negro y aceitoso de los elegantes sombreros de copa, una cara
blanca de mujer, un sombrero de paja adornado de colibríes, de cintas o de plumas,
o el inflado globo rojo, de goma, que pendiente de un hilo lleva un niño risueño, de
medias azules, zapatos charolados y holgado cuello a la marinera.
En el fondo, los palacios elevan al azul la soberbia de sus fachadas, en las que los
35 álamos erguidos rayan columnas hojosas entre el abejeo trémulo y desfalleciente
de la tarde fugitiva.

14  I  Taller de textos descriptivos


Tornasolado. Que hace visos y tornasoles, esto Arneses. Guarniciones de las caballerías, es decir,
es, que hiere la vista con un especial color o re- conjunto de correajes y demás efectos que se les
flexión de la luz. ponen para que tiren de los carruajes o para mon-
Adular. Hacer o decir con intención, a veces inmo- tarlas o cargarlas.
deradamente, lo que se cree que puede agradar a Taciturno. Callado, silencioso.
otro; deleitar. Librea. Traje que los señores dan a sus criados; por
Opulento. Que tiene opulencia, o sea, abundancia, lo común, uniforme y con distintivos.
riqueza y sobra de bienes. Odalisca. Esclava dedicada al servicio del harén del
Purpurado. De color rojo más o menos oscuro, o gran turco.
rojo violáceo. Albo. Blanco.
Tachonar. Cubrir una superficie casi por completo; Acullá. A la parte opuesta (de quien habla). Se usa
en este caso, de jazmines. en contraposición a adverbios demostrativos de
Tupido. Que tiene sus elementos muy juntos o cercanía, como aquí o acá, y menos frecuente-
apretados mente a los de lejanía, como allí o allá, de los que
Bullir. Dicho de una masa de personas: moverse, puede ser un intensivo.
agitarse con viveza excesiva, no parar, no estarse Abejeo. Murmullo.
quieta en ninguna parte. Trémulo. Tembloroso.
Esplender. Resplandecer.

1. Enumerar los caracteres del arte de Rubén Darío presentes en este cuento.

2. Analizar el vocabulario empleado; en especial, las palabras que denotan sun-


tuosidad, así como la cuidada adjetivación y los diferentes efectos sensoriales,
como las asociaciones sinestésicas.

Rubén Darío  I  15
Índice

Sumario 5

Introducción 7

I. Textos comentados y textos con actividades 9


Rubén Darío 11
Comentario (Azul) 11
Actividades (Azul) 14
Juan Ramón Jiménez 16
Comentario (Platero y yo) 16
Actividades (Platero y yo) 20
José Martínez Ruiz, Azorín 22
Comentario (La voluntad) 22
Aproximación a la técnica descriptiva de Azorín 23
La interpretación del texto 24
Actividades (Los pueblos) 25
Pío Baroja 27
Comentario (Aurora roja) 27
Actividades (La nave de los locos) 29
Wenceslao Fernández Flórez 31
Comentario (Las gafas del diablo) 31
Actividades (Las gafas del diablo) 35
Manuel Machado 39
Comentario (Alma) 39
Actividades (Alma) 42

I  117
Retrato de Felipe IV, de Velázquez 44
Antonio Machado 45
Comentario (Soledades) 45
Actividades (Campos de Castilla) 46
José Ortega y Gasset 49
Comentario (El espectador) 49
Actividades (El espectador) 51
Gabriel Miró 53
Comentario (Años y leguas) 53
Actividades (El Libro de Sigüenza) 55
El capitel corintio 57
Federico García Lorca 59
Comentario (Romancero gitano) 59
Actividades (Poeta en Nueva York) 64
Jorge Guillén 68
Comentario (Cántico) 68
Actividades (Cántico) 70
Gerardo Diego 71
Comentario (La suerte o la muerte: Poema del toreo) 71
Actividades (Alondra de verdad) 74
Rafael Sánchez Ferlosio 76
Comentario (El Jarama) 76
Actividades (El Jarama) 77
Vicente Soto 80
Comentario (La zancada) 80
Actividades (La zancada) 83
Miguel Delibes 85
Comentario (El camino) 85
Asunto y eje temático 87
Estructura 88
La técnica narrativa 88
Actividades (El camino) 90
Camilo José Cela 93
Comentario (Viaje a la Alcarria) 93
Cela, autor de libros de viajes 94

118  I  Taller de textos descriptivos


Asunto y eje temático 94
Estructura 95
La técnica narrativa 96
Actividades (La colmena) 97

II. Propuestas de actividades para el comentario de otros


textos descriptivos 101
Carmen Laforet (Nada) 103
Ignacio Aldecoa (Cuentos) 106
Ana María Matute (El arrepentido y otras narraciones) 108
Ramón J. Sender (Crónica del alba) 111

Glosario y referencias culturales 113