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Colegio los Niños de Santa María

Escuela de Padres
Parte 1
SER PADRES Y EL DON DEL ESPIRITU
Después de todo, ¿qué es Dios?
Un Niño eterno que juega
Un juego eterno en el jardín
De la eternidad.
SRI AUROBINDO

El anhelo más profundo del corazón de un padre es ver a su hijo triunfar en la vida. Sin embargo, ¿cuántos
de nosotros reconocemos que el camino más directo hacia el éxito es a través del espíritu? En nuestra
sociedad generalmente no nos percatamos de esa conexión. Todo lo contrario: enseñamos a nuestros
hijos a sobrevivir, a asumir ciertos comportamientos para obtener nuestra aprobación, a defenderse, a
competir, a perseverar a pesar de las frustraciones, los obstáculos y los tropiezos. Aunque en general
creer en Dios se considera una buena cosa, el espíritu siempre se ha mantenido separado del éxito en
la vida cotidiana. Esto es un error que ha afectado profundamente a nuestra vida desde la infancia.

Muchas personas creen ciegamente que el éxito es material y puede medirse en términos de dinero,
prestigio o abundancia de posesiones. No cabe duda de que todas esas cosas pueden ser importantes,
pero poseerlas no es garantía del éxito. El éxito que deseamos para nuestros hijos debe incluir también
muchas facetas que no son materiales, entre ellas la capacidad para amar y sentir compasión, la
capacidad para sentir alegría y contagiarla a los demás, la seguridad de saber que la vida tiene un
propósito y por último, la sensación de estar conectados con el poder creador del universo. Todos estos
aspectos constituyen la dimensión espiritual del éxito, la dimensión que produce satisfacción interior.

Si todos los días logramos ver el significado de la vida en forma de simplicidad y asombro, habremos
alcanzado el éxito lo cual significa, en el fondo, que cuando nace cada ser humano ya posee el éxito.
La capacidad que tienen los niños para asombrarse ante la existencia cotidiana es la prueba más
certera de que la naturaleza desea que tengamos éxito. Está en nuestra propia naturaleza responderle
a la vida con alegría. Las semillas de Dios están dentro de nosotros. Cuando emprendemos el viaje del
espíritu, regamos con agua las semillas de la divinidad.

Una vida buena no es más que el reflejo de nuestra intención interna. Con el tiempo, las flores de Dios
florecen dentro de nosotros y a nuestro alrededor, y comenzamos a presenciar y a reconocer el milagro
de lo divino a donde quiera que vamos. Por tanto, nuestra responsabilidad como padres es afianzar a
nuestros hijos en el camino del espíritu. Es lo mejor que podemos hacer para garantizar su éxito en la
vida, mucho mejor aún que darles dinero, una casa o incluso amor y afecto. Quisiera que
reflexionáramos juntos acerca de esta noción espiritual de nuestro papel como padres, aunque parezca
diferente de la noción convencional.

Para hacer realidad esta nueva visión de nuestro papel como padres debemos contar con principios
prácticos que podamos enseñarles a nuestros hijos. Los principios que tengo en mente son los que ya
presenté en un libro anterior como las "siete leyes espirituales del éxito". A fin de establecer conexión con
el espíritu, es crucial conocer la ley espiritual. Cuando ponemos en práctica las leyes espirituales,
entramos en armonía con la naturaleza.

Cualquier otra forma de vida conlleva solamente esfuerzo y lucha. Si bien el éxito alcanzado a expensas
de una lucha puede traernos cosas buenas, jamás se traducirá en la realización interior que
pretendemos obtener con ellas.