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UNIVERSIDAD NACIONAL FEDERICO VILLARREAL

MONOGRAFÍA

EL ARTE DE HABLAR

Elaborado por: Larrea Ponce Anthony

Docente: Jaime Llancán Obispo

Curso: Psicoterapia Psicodinámica

Lima, Perú

2019
INDICE
INTRODUCCIÓN
En la actualidad es fundamental saber expresarse, saber comunicarse, en
pocas palabras saber hablar; ya que en todo ámbito es necesario poder expresar en
forma clara y concisa, lo que pensamos, deseamos, sentimos o queremos; ya que a
la vez esto garantiza poder establecer relaciones acordes y duraderas y a la vez
fortalecer vínculos que mejoren nuestro desarrollo personal.

Aquí reunimos información de algunos autores que reflexionaron acerca de la


importancia de aprender y perfeccionar en el arte de hablar y de la comunicación;
proporcionándonos unas pautas elementales para mejorar las técnicas en la
construcción y en la expresión de los discursos tanto orales como escritos. Estos
autores fundamentan que, si se lee reflexivamente y si se aplica de manera adecuada
a las diferentes situaciones o ámbitos donde se desenvuelven, puede ayudarlos a
perfeccionar la calidad de sus mensajes o expresiones. Estos autores esbozan unas
pistas orientadoras que servirán a las personas para que corrijan sus defectos más
graves y, sobre todo, para que descubran las cualidades personales que, debidamente
cultivadas, pueden constituir los rasgos característicos de su estilo personal.

Hay que recordar que el primer vehículo de comunicación, es la puerta de


interrelaciones de los seres humanos, es su facultad articular palabras a través del
habla; por ello cuán importante es mantener una adecuada conversación, expresar las
ideas con claridad y precisión; todo esto garantiza dejar una buena impresión en el
medio donde se desenvuelve.

Lamentablemente no todas las personas dominan una adecuada habilidad para


hablar o expresarse de manera idónea; ya sea por falta de entrenamiento, falta de
cultura, de una apropiada articulación o poco deseo de hacerlo bien; o en algunos
casos desconocimiento del mismo y su poca importancia en las relaciones sociales,
profesionales, académicas, etc.

Deseamos que este trabajo sirva para responder a esas preguntas clave que
se hacen algunas personas interesadas en este tema suelen hacerse: ¿Cómo decir
cosas interesantes y cómo pronunciarlas de manera adecuada? Cuando nos
decidimos a hablar en público, pretendemos, sobre todo, que los oyentes no sólo nos
oigan sino que, además, nos escuchen con atención y con interés: que comprendan
nuestras palabras, que acepten nuestras propuestas y que valoren nuestros mensajes.

Recordemos que hablamos para comunicarnos, para expresarnos, para decir


tantas cosas en el día a día; pero hemos de reconocer que los oyentes sólo escuchan
las palabras que les interesan. Es cierto que oyen los sonidos y los ruidos que
estimulan sus oídos, pero sólo escuchan las ideas que penetran hasta el interior de
sus mentes, que atraen su atención, interpretan sus aspiraciones más profundas o
interpelan sus comportamientos más habituales.
Por ello es imprescindible que las personas interesadas en hablar en una forma
correcta; adopten una postura adecuada y que esté sinceramente dispuestos a
aprender, a mejorar, a autocriticarse, a autocorregirse, a ponerse en el lugar de los
oyentes y, sobre todo, a decir lo que sabe, lo que siente y lo que vive.
CAPÍTULO I: ORIENTACIONES GENERALES

Según el Instituto terapéutico de Madrid; nos explican lo siguiente:

Es fascinante cómo hemos llegado a dominar la comunicación, el lenguaje. Esta


es una habilidad tremendamente compleja y, sin duda, exclusivamente humana, pero la
llevamos a cabo con total soltura y sin ni siquiera darnos cuenta. Expresarnos
retóricamente tiene grandes ventajas, como poder transmitir ideas, sentimientos y
sensaciones complejas o nuevas utilizando otros términos que resultan más simples o
ya son conocidos. De esta manera, por ejemplo, hablamos de “mariposas en el
estómago” para hacer referencia a la parte fisiológica de una emoción elicitada o de
“perder un tornillo” para dar cuenta de un comportamiento anómalo. No obstante, la
forma en la que manejamos el lenguaje no sólo facilita la expresión de nuestro “mundo
interior” y ayuda a la comprensión del de los otros, sino que influye en la manera en que
estructuramos el conocimiento y la experiencia diaria.

Quienes trabajamos en el ámbito clínico, de hecho, necesitamos a menudo


hablar de forma figurada, pues en ocasiones esto es lo más terapéutico Sin embargo,
en otras muchas dificulta la terapia. Cuando los clientes emplean términos como
“represión”, “bloqueo”, “herida abierta” u otros tantos términos del lexicón popular, los
psicólogos hemos de moldear esa expresión hacia otra más adecuada para favorecer
el cambio que se pretende conseguir. Pero, como comentábamos, aunque en nuestro
día a día e incluso en sesión la retórica puede tendernos la mano, en el campo
académico nos come el brazo. Y es que las formas de hablar en psicología han ido
demasiado lejos, han traspasado el horizonte y gozan de un puesto fijo en su acervo de
conocimientos, son empleadas formalmente para describir el comportamiento.

También cuantas veces habremos escuchado que una imagen vale más que mil
palabras. Por ejemplo, una persona que mira constantemente el reloj, principalmente
suelen ser por dos motivos, o está esperando a alguien, o le aburre mucho la situación.
Por supuesto, siempre hay que tener en cuenta que también depende mucho de la
situación y contexto en que nos encontremos.

La postura (lenguaje corporal), además de darnos información sobre la situación


que puede estar viviendo la persona, si se encuentra enfadada, relajada, nerviosa, etc.,
también nos puede dar mucha información sobre su personalidad. Sin darnos cuenta a
través de nuestro cuerpo estamos constantemente dando información sobre nuestras
intenciones, nuestros sentimientos, etc., incluso damos información de nuestro grado de
acuerdo o desacuerdo sobre la conversación que estamos manteniendo. Hace tiempo
leí una frase que decía lo siguiente “Hablar es mucho más que reunir palabras y
escuchar es mucho más que oír, por tanto, la comunicación es compartir información
racional y emocional” y para ello es necesario el lenguaje del cuerpo.

Una gran parte de nuestra comunicación no verbal proviene del inconsciente, por
ello es, que este tema, puede llegar a pasar totalmente desapercibido durante una
conversación, llegando a ser a veces incluso inevitable o inconsciente la realización de
algún gesto o cara… Como, por ejemplo, cuando de repente alguien nos pregunta algo
que no esperábamos para nada, la aparición de una persona o la mítica cara de póker,
son muchas las ocasiones en las que nuestro lenguaje corporal habla por nosotros y
nos delata.

También Picó Vila, David. (2013); en la Revista Cuadernos Gestalt; nos señala algunos
alcances pero con respecto a la voz en el campo de la psicoterapia; lo cual lo tomamos
como una referencia, relacionándolo con el tema de esta monografía:

En el campo de la psicoterapia también nos resulta más fácil relacionarnos con


cosas que con procesos. Nos es más fácil lo discreto que lo continuo. En la carrera de
Psicología el tema de la voz apenas se trata. Tampoco en las formaciones y en la
literatura de terapia gestalt. Sabemos mucho más sobre los aspectos verbales de la voz
(qué decimos paciente y terapeuta, con qué giros verbales, con qué palabras exactas)
que sobre los no verbales (el propio sonido).

Hablar con diferentes tonos, son recursos que se utilizan a veces en psicoterapia
pero suelen tener una presencia marginal. O están, pero no de forma muy consciente.
La información que nos llega del paciente a través de la calidad de su voz en cada
momento forma parte a menudo de lo que “intuimos”: lo sentimos más que lo podemos
pensar. Nuestros tonos de voz como terapeutas ante nuestros pacientes surgen de
nuestra presencia en cada momento, de nuestra actitud y nuestras intenciones. Sin
embargo, solemos ser más conscientes de nuestra posición corporal, nuestra expresión
facial o nuestras sensaciones internas, que del timbre de nuestra voz y sus matices.
Sabemos cómo mostrar una postura erguida o tranquila, pero nos suele costar más
modular nuestra voz.
Lo verbal y lo no verbal:
Cuando hablamos de la voz distinguimos habitualmente dos aspectos: el verbal
y el no verbal. La parte verbal de la voz incluye la emisión de palabras y frases, y otros
aspectos que contienen información de tipo lingüístico, como por ejemplo la entonación
que denota que una frase es una pregunta. Los aspectos no verbales incluyen todo lo
demás: los sonidos no verbales (resoplidos, gritos, suspiros) y también varios
parámetros sonoros que se dan en el sonido verbal y el no verbal, como la riqueza
tímbrica, la intensidad, la velocidad de dicción, la claridad de las consonantes, la
proyección, el ritmo, el tono, etc.

Una misma frase puede ser emitida por diferentes personas en diferentes
situaciones y, aunque la frase sea la misma, la voz que la emite contiene información
no verbal que cambia de una persona a otra y nos informa, no sobre el contenido del
que se habla, sino sobre las características del hablante y del contexto. Podemos llegar
a distinguir si quien habla es un hombre o una mujer, qué edad aproximada tiene, qué
origen geográfico y sociocultural, estado de salud, estado anímico, a quién se dirige
cuando habla, cuán convencido está de lo que dice, si hay algo que se deja por decir, si
se siente amenazado, etc. Alguna vez, en talleres de trabajo sobre la voz, he pedido a
los participantes que escuchen el sonido de escenas de películas sin ver las imágenes.
Les he puesto el sonido en lenguas que no puedan entender (por ejemplo, en chino o
danés). Se suelen sorprender de la gran cantidad de información que son capaces de
extraer respecto a lo que está ocurriendo en la escena: qué personas hay, qué
emociones sienten y cómo se relacionan entre ellas, todo esto sin ver las imágenes ni
entender el lenguaje.

La voz y el cuerpo
La emisión de la voz es un acto que implica prácticamente a todo el cuerpo. Para
emitir un sonido vocal intervienen el suelo pélvico, los músculos abdominales, la caja
torácica, el diafragma, los pulmones, la tráquea, la laringe y las cuerdas vocales, la
faringe, la lengua, los dientes y la mandíbula, los labios, el paladar y la cavidad nasal.
El estado de tensión o relajación de estas partes del cuerpo influyen directamente en
las cualidades y posibilidades de la voz. Otras partes del cuerpo, aunque no participen
directamente en la creación del sonido, también están conectadas y pueden influir en la
emisión. Pienso, por ejemplo, en la tensión de hombros y músculos del cuello, que
puede reducir la capacidad respiratoria y/o estresar la laringe, o en el estado de
congestión del tracto digestivo, que puede dificultar el movimiento de los músculos
abdominales o del diafragma.
El poder de la voz en grupo para mover emociones y producir cohesión y sentido
de pertenencia es incuestionable. Otros aspectos de la voz hablada nos informan
también de los vínculos grupales de cada individuo. El acento, y el uso de algunas
palabras y giros, permite a menudo reconocer el grupo de procedencia de una persona,
no solo el país, sino la región concreta y a veces hasta la población o el barrio. Hay
expresiones y tonos de voz que pertenecen a los hablantes de una determinada
generación. Cuando escuchamos noticias de radio o televisión antiguas es fácil observar
cómo la manera de entonar las frases ha ido cambiando a lo largo de los años.
Por otro lado, así como nuestra voz comunica a los demás información relativa a
nuestros grupos de pertenencia, también contiene información que nos identifica como
individuos. La voz de cada persona es única como una huella digital y nuestro sistema
auditivo está especialmente dotado para distinguir los matices tímbricos que diferencian
la voz de una persona de la de otra. Cada persona tiene una voz diferente, pues cada
aparato fonador es diferente (una laringe más ancha o más estrecha, unas cuerdas más
largas o más cortas, etc.)

Enfoques terapéuticos de la voz


La voz es, como hemos visto, un fenómeno complejo que nos puede abrir varias
puertas a la psique de las personas. Esta complejidad se refleja en una gran cantidad
de enfoques terapéuticos que utilizan explícitamente la voz como vehículo de
transformación. Una posible clasificación de estos enfoques podría ser la siguiente: 1)
enfoques que intentan entrenar la voz para conseguir unas cualidades determinadas; 2)
enfoques que usan propiedades transformadoras de la voz, cuando es emitida de una
forma especial; 3) enfoques que hacen uso de los poderes catárticos de la expresión
vocal; y 4) enfoques que utilizan la voz como mediador artístico.

En la primera categoría podemos incluir varias disciplinas que intentan que la


persona aprenda a emitir su voz de forma diferente a como lo hace habitualmente. Se
pretende "mejorar" la voz, o "corregirla", desde unos ciertos criterios que determinan
qué se considera una voz “óptima”. Ejemplos de este tipo de enfoque los encontramos
en la logopedia y la foniatría, la enseñanza del canto, la oratoria o las técnicas actorales.
En estas orientaciones se ve al cliente/paciente como alguien que aprende una habilidad
nueva.
En la segunda categoría encontramos enfoques que se basan en el supuesto de
que ciertos tipos de emisión de voz, en sí mismos, producen efectos curativos. Aquí se
incluyen las meditaciones sonoras (p.e., con la silaba om), el canto armónico o difónico,
la recitación de mantras, y otros acercamientos a la voz que atribuyen diferentes
propiedades curativas a las vocales y consonantes, como por ejemplo el llamado “Arte
de la palabra”, una modalidad terapéutica enraizada en la filosofía antroposófica de
Rudolf Steiner. En estos enfoques se considera al cliente/paciente receptor de los
efectos curativos del sonido (y del acto de emitirlo).
La tercera categoría de enfoques utiliza la voz como una vía para conseguir
algún tipo de catarsis emocional. Giran alrededor de la idea de que la voz libera
emociones retenidas. Se busca facilitar la expresión intensa y profunda del grito, el llanto
o la risa. Aquí encontramos enfoques como los trabajos con el grito primal o la
risoterapia.
La cuarta categoría de aproximaciones utiliza la voz como un elemento mediador
en la terapia, de manera parecida a como se utiliza la pintura o la arcilla en un trabajo
con mediadores plásticos. En estos enfoques la voz, en especial la voz no verbal (el
canto, los sonidos no verbales), es un canal de expresión que se utiliza para que la
persona pueda manifestar su experiencia y ampliar su consciencia y sus posibilidades
expresivas. En estos enfoques, el terapeuta tiene un papel activo en el acompañamiento
vocal del paciente. Le sugiere, por ejemplo, que explore formas de emitir sonido que el
paciente no se permite, como producir una voz más grave o más aguda, que puede
tener resonancias con su relación con su propia masculinidad/feminidad. También
puede apoyar al paciente con su propia voz o algún instrumento y, por ejemplo,
improvisar juntos una nana dedicada a su niño interior. Ejemplos de estos enfoques
pueden ser la Voice Movement Therapy [4] de Paul Newham o la psicoterapia vocal de
Diane Austin [5], ambos de orientación psicoanalítica.

La voz y el self
Por otro lado, las estructuras del self se reflejan también en la voz. La voz es una
puerta de acceso privilegiada a las funciones del self, personalidad, ello y yo [8]. La
función personalidad se nos muestra a través de la voz de múltiples formas. Adoptamos
tonos de voz de nuestros padres y de nuestro entorno cultural. Modulamos la voz
conforme a nuestra autoimagen. Los patrones de personalidad que se cronifican en
nosotros y se hacen parte de nuestra fisiología secundaria tienen un reflejo inmediato
en la voz. Como ya hemos dicho antes, la voz implica prácticamente a todo el cuerpo y,
por tanto, las tensiones musculares de nuestra “coraza” tienen un correlato inmediato
en nuestra voz. Una voz sistemáticamente chillona, o nasal, o aterciopelada, que suena
así siempre, sin tener en cuenta el contexto, puede ser producto de un sistema muscular
cronificado. Una voz espontánea y natural es capaz de variar según la necesidad del
contexto y transformarse en chillona o aterciopelada en función de lo que demande la
situación.
La voz es también una puerta de entrada privilegiada a la función ello. En una
sesión de terapia, por ejemplo, podemos en gran medida rastrear qué es lo que empuja,
dónde está puesto el deseo y la urgencia del paciente, escuchando los tonos de su voz
según habla. Si el cuerpo es una entrada a la función ello, la voz nos ofrece un correlato
acústico de cómo está el cuerpo. Nos hace audibles aspectos del cuerpo que pueden
no sernos visibles. A veces es más fácil detectar una respiración retenida si escuchamos
cómo suena la voz que si intentamos observar los movimientos de la caja torácica. La
respuesta muscular que se produce cuando una persona contacta con un tema que le
mueve emocionalmente puede ser más audible a través de la voz que visible si miramos
su cuerpo.
CAPÍTULO II: NOCIONES FUNDAMENTALES

Paul C.Jagot (Ed. 1998) en su libro “El arte de hablar bien” nos señala lo siguiente:

1. Adquirir seguridad:

A ciertas personas les faltan más o menos las ideas, las palabras, el
sentido de la construcción de las frases; a otras es sencillamente la seguridad lo
que les falta. Cuando a ello haya lugar, hay que atreverse a hablar, incluso
aunque uno no se sienta todavía en condiciones de hacerlo con habilidad; y
puesto que la idea constituye el origen de la acción, repita desde hoy y muchas
veces al día, con firme determinación: “Yo me atreveré a hablar”.

2. Ser claro y preciso:

El que habla sin rodeo, se encuentra de pronto ventajosamente situado.


Desde el niño que recita sus lecciones y, más tarde, debe responder en público
a las preguntas de sus examinadores, hasta el hombre que desempeña una
situación de responsabilidad y que, por consiguiente, se ve obligado a continuos
informes verbales, cada cual tiene necesidad de su entera libertad de elocución
para manifestar plenamente su valer, su voluntad, o para sacar por completo
partido de su valor intrínseco. Pero la influencia directa de la palabra, la
impresión que determina, su poder persuasivo, dependen de su claridad y de su
precisión. No consiste todo en atreverse a hablar: también hace falta hacerse
comprender exactamente, saber dar en pocas palabras la explicación requerida;
exponer lo preciso, sin quitar ni poner nada a lo esencial de un hecho, de una
situación: dar o transmitir órdenes o comunicaciones con la certeza de que
permiten darse cuenta exactamente del pensamiento inicial.

3. Saber sostener la controversia:

Poseer la osadía, la claridad, la precisión es, además, hallarse en


situación de sostener el propio punto de vista, sin dejarse desconcertar, sin
doblegarse, en las inevitables respuestas que deban darse en las discusiones
que a cada paso surgen. Para ello hay que adquirir la costumbre de darse
cuenta, de penetrar la significación precisa de las palabras y distribuir los propios
argumentos en frases cortas, claras, bien encadenadas.

4. Conversar con atractivo:

Es un deseo bien legítimo el de tomar parte de una manera honorable y


atrayente en la conversación. Y esto, incluso cuando se hallan libres de las
inhibiciones causadas por la impresionabilidad, muchos encuentran que no es
nada fácil. El hablar de un modo cautivador, como asimismo el arte de hallar para
cada cual la palabra amable, la atención delicada, la aprobación tácita que
suscitan la inclinación, es cosa que se adquiere. Un individuo, puede ser
buscado, admirado, querido, por sólo lo agradable de sus razonamientos, si
cultiva su voz, su manera de articular las palabras, su vocabulario y su ingenio.
Las satisfacciones de la sociabilidad: reuniones amistosas, comidas,
recepciones, visitas, exigen que se esté en plena posesión de los medios de
expresión; de otro modo, en vez de experimentar en ello placer, se siente uno
molesto y se ve relegado.

5. Causar buena impresión:

El hablar bien es actuar sobre sí mismo, vencer la propia espontaneidad,


obligarse al cuidado de la rectitud, a una intención minuciosa, a un esfuerzo de
discernimiento del alcance de los términos empleados en la conversación. Todo
esto engendra dichosas repercusiones sobre el aspecto exterior, sobre la
expresión del rostro, sobre la mirada principalmente, y concurre a ese conjunto
de características con las cuales “se produce buena impresión”.

6. Influir:

No es menos deseable el saber influir en el pensamiento, en las


disposiciones de aquellos que nos rodean. El estímulo, la incitación, el reproche
toman toda su eficacia de la forma como son enunciados. La paciencia, la calma,
la insistencia, resuelven no pocos conflictos de orden íntimo; pero esas
cualidades suponen un dominio de sí mismo y una confianza en las propias
fuerzas que sólo vienen dados por la certeza de una superioridad verbal. Algunas
palabras pronunciadas con acierto pueden aclarar la razón o herir la sensibilidad,
y su repetición, bajo formas sutilmente variadas para evitar la extenuación, ejerce
su predominio por decirlo así matemáticamente.
Los inquietos, los nerviosos, los atormentados, también reaccionan según la
manera cómo, se Ies hable habitualmente, y asimismo reaccionan, por otra parte,
aquellos a quienes su sentido moral debilitado predispone a los desarreglos y a
las malas acciones. Calmar a los unos, dar motivo de reflexión a los otros, he
aquí lo que aún puede hacer aquel o aquella que sepa evocar en términos
precisos las imágenes más convenientes.

José Antonio Hernández Guerrero y María del Carmen García Tejera (2015) en su
libro “El arte de comunicar” nos señalan:

En primer lugar, hemos de preguntarnos qué entendemos cuando decimos que


pretendemos “hablar bien”. Para responder a esta cuestión inicial, hemos de empezar
distinguiendo varios conceptos diferentes que, a veces usamos de manera imprecisa:
charlar, hablar, expresar, comunicar, convencer, persuadir, rebatir, disuadir, argumentar
y conmover.
1. Charlar:

Charlar es establecer un contacto afectivo con los interlocutores mediante


las palabras. La charla es un vehículo de amistad o, al menos, de camaradería.
Los temas que tratamos en la charla suelen ser intrascendentes y, casi siempre,
puros pretextos para llenar el tiempo de la reunión o de la tertulia. No se sigue
un orden en el tratamiento de los asuntos ni en la intervención de los hablantes.
Posee un carácter informal, ligero y espontáneo.
Aunque es cierto que con este nombre se suele denominar de manera
genérica los diferentes tipos de discursos en público como, por ejemplo, la
conferencia, hemos de evitar que estas intervenciones se contagien de unos
modos escasamente cuidados, de unos tonos y de un lenguaje que darían una
impresión de frivolidad, de indolencia y de desaliño convirtiendo la disertación en
pura palabrería de un “charlatán” o, quizás, en un alarde impertinente de
verborrea.

Cuando no tenemos en cuenta los objetivos del discurso ni las funciones


del lenguaje, las palabras se convierten en palabrería, y la preocupación por la
lengua, en puro juego de un diletante. El lenguaje es, sobre todo, un instrumento,
una herramienta y, en consecuencia, su valor estriba en los servicios que
proporciona. Si prescindimos de sus aplicaciones "pragmáticas" de su utilidad,
lo vaciamos de sentido.

El comunicador al que sólo o principalmente le preocupa la palabra es,


en el mejor de los casos, un inaguantable "charlatán" y su discurso es una frágil
pompa vacía.

2. Hablar:

Aunque este término posee también un significado general y los usamos


para designar cualquier tipo de uso lingüístico, en el ámbito de la comunicación
solemos reservarlo para referirnos a la transmisión de información.

El lenguaje, como es sabido, es un comportamiento significativo, es una


acción vicaria. Cuando hablamos, no operamos con realidades sino con sus
representantes, que son los nombres, los adjetivos, los verbos y las demás
categorías gramaticales. Con las palabras transmitimos conocimientos,
experiencias, noticias o, en resumen, información.

3. Expresar

Expresar es descubrir el propio mundo interior. Es manifestar, de manera


consciente, intencionada o involuntaria, las sensaciones, los pensamientos o los
sentimientos. La palabra y todo el cuerpo es inevitablemente un síntoma:
proporciona informaciones del que la pronuncia. El tono de la voz, las
construcciones sintácticas habituales, los términos más repetidos, las imágenes
y comparaciones más usadas, etc. descubren una mentalidad, un talante, unas
actitudes, unas preferencias, unos hábitos, un nivel social, una posición
económica, una preparación cultural, una edad, un sexo y una profesión.

Cuando escuchamos un discurso, por la manera de hablar del orador,


descubrimos quién es y qué es, qué fue y qué no quiere ser. Pero hemos de
tener en cuenta que esta “expresión”, esta manifestación, esta confesión es, la
mayoría de las veces, involuntaria, incontrolada e inevitable.
Otra cuestión es la autorreferencia discursiva que ocurre cuando la
persona y la vida del hablante se convierten en objeto del discurso, en materia
de la disertación, cuando el comunicador se refiere a él mismo y nos cuenta su
vida. Entonces, el discurso autobiográfico deriva fácilmente en
autocomplacencia o en autodefensa, y suele provocar distracción, broma o
rechazo. El autobombo produce siempre el efecto contrario del que se pretende.
La palabra, en este caso, puede resultar petulante, cursi o aduladora.

4. Convencer:

Esta operación tiene por objeto mostrar y demostrar una verdad.


Mediante la convicción, por lo tanto, se pretende que el destinatario acepte una
propuesta, llegue a una conclusión a través de un razonamiento científico o de
una argumentación lógica.

5. Persuadir:

La persuasión posee un carácter más global y en ella intervienen, sobre


todo, los procedimientos emotivos. En todo caso, la persuasión no debe ser
confundida con el asentimiento derivado de la verosimilitud o el encanto de lo
que se dice con este propósito recurría Sócrates al relato de un mito o la
autoridad que se atribuye al hablante.
El grado extremo de la persuasión es la fascinación. En ella se cumple
plenamente la segunda parte de una sentencia de Sartre: "la palabra es mágica
para quien la escucha; es mágica porque no sólo por la razón y la evidencia le
No debemos confundir la persuasión con otras formas menos éticas de
influir en el pensamiento y en las conductas de los oyentes. La adulación, la
seducción o la amenaza, por ejemplo, constituyen procedimientos sutiles para
ejercer la violencia.

6. Rebatir:

La acción de rebatir se propone rechazar las propuestas y las tesis del


oponente o contrincante. Consiste en demostrar la inconsistencia o la falsedad
lógica de sus argumentos o la inutilidad e ineficacia pragmática de sus
propuestas.

7. Disuadir

La acción de disuadir se dirige al destinatario y se propone hacerle


cambiar de opinión, de actitudes o de comportamientos.

8. Argumentar:

Consiste en dotar de pruebas razonables y de argumentos sólidos a las


propuestas. Esta operación es el objeto preferente de la Dialéctica.
9. Conmover:

Esta tarea se orienta hacia la sensibilidad y, sobre todo, hacia la


afectividad de los oyentes: consiste en estimular los sentimientos hacia un
objeto, persona o acción.

10. Comunicar:

La comunicación es el nivel más elevado de lenguaje oratorio y constituye


su función suprema. Engloba y culminan diferentes operaciones. La
comunicación establece un contacto, descubre los sentimientos, transmite
información, favorece el intercambio de valores y la nivelación de estimaciones:
la comunicación nos une y nos reúne.
La palabra es interesante sólo cuando genera y estimula una verdadera
comunicación: cuando es respetuosa, generosa y amable. Los antiguos
reconocieron a la Retórica un poder extraordinario, hasta mágico, como
podemos comprobar en las críticas que contra ella hizo Platón3.
CAPÍTULO III: CONSIDERACIONES DIDÁCTICAS

Paul C. Jagot (Ed. 1998) en su libro “El arte de hablar bien nos señala lo siguiente en
sus Primeros ejercicios reeducativos:

1. Domine sus espontaneidades verbales:

Lo primero que hay que hacer es un esfuerzo de intervención para llegar


a hablar como le gustaría hacerlo, empiece por someter a su voluntad todas las
manifestaciones de sus mecanismos verbales que al presente le son asequibles.
Así, vigílese y reprima todo impulso a las palabras automáticas, es decir, a
aquellas que todos estamos propensos a pronunciar espontáneamente cuando
nos dejamos llevar por nuestras impresiones. Es preciso, pues, desterrar las
exclamaciones al uso de esas pequeñas fórmulas a la moda que se está tentado
de repetir sin motivo, y contener todo aflujo verbal que sobrevenga bajo el efecto
de un sacudimiento de la imaginación o de una emoción, de cualquier naturaleza
que sea. No se deje arrastrar jamás a hablar y ponga cuidado en no decir sino
aquello que importe. Si debe tratar con una persona muy voluble, no se deje
llevar por la extrema rapidez de su charla a precipitar la suya; con quienquiera
que sea, tome el tiempo necesario para hablar reposadamente con tranquilidad,
sin alzar jamás la voz ni reaccionar impulsivamente a las palabras excesivas que
le puedan ser dirigidas.

2. Adopte una actitud resuelta:

Hasta en los más medrosos hay latencias de valor; de igual modo entre
los más tímidos existen virtualidades de audacia. Así se ve a veces una actitud
enérgica, que resiste en vez de ceder, que se enardece bajo todos los aspectos
e incluso que sobrepasa en intrepidez a la mayoría de aquellos que antes le
consideraban como de carácter débil. Por eso la autosugestión, practicada bajo
la forma afirmativa, contribuye siempre a la adquisición de la seguridad verbal.
Nadie está enteramente desprovisto de elementos generadores de vigor
psíquico. La autosugestión los dinamiza y los transforma en cualidades activas.

Las fórmulas deberá construírselas cada uno a su gusto, precisando sus


propias necesidades. A título de indicaciones, he aquí algunas:

 No seré tímido; no estaré nervioso al hablar a quienquiera quesea.


 Me sentiré perfectamente a gusto en cualquier circunstancia.
 Mi voluntad es fuerte; puedo y quiero hablar a todos en tono de seguridad.
 Hablo con gusto en cualquier lugar y a cualquier persona.
 Tengo sangre fría, calma y lucidez por mucha que sea la importancia de la
persona que m e hable.
 Soy invulnerable a la influencia de otro; me encuentro muy a gusto en una
reunión numerosa.
 Domino perfectamente mis impresiones.
 Mi elocución se hace cada día más fácil y más clara.
El conjunto de su personalidad deberá estar cuidado de manera que
cree una impresión de dominio de sí mismo: corrección en el vestir, supresión
de los gestos y movimientos nerviosos, involuntarios; el cuerpo erguido, pero
sin rigidez; el andar, reposado. Ponga cuidado asimismo en que nada
comprima el libre juego de sus órganos respiratorios, y si por azar se sintiera
turbado, respire muchas veces profundamente, dilatando bien sus pulmones
desde su base a su cima.

3. Precise y frasee correctamente sus pensamientos, incluso cuando esté solo:

Para ello hay que habituársela precisar sus propios pensamientos bajo
una forma lo bastante correcta para ser comprendidos en el acto por todo el
mundo si fueran enunciados. Un ejemplo sería que por la noche, inmediatamente
antes de dormir describa minuciosamente sus hechos y gestos del día, fraseando
correctamente las diversas observaciones que le hayan acudido a la
imaginación. Enseguida reflexione en lo que se prepara, en lo proyectado para
el día siguiente y exprese con claridad su programa. Si en el curso de una
conversación se aborda un tema que no le sea familiar o se le hace una pregunta
a la que no esté preparado para responder, no se desconcertará desde que ha
adquirido la costumbre de las frases cortas y conectas. Así dirá, por ejemplo: “He
aquí un tema enteramente nuevo para mí”, o “no he pensado en esta
eventualidad”, “no poseo nociones precisas acerca de esta cuestión”, o algo por
el estilo. De igual modo, cuando se hable en su presencia de hechos o de
conocimientos extraños a su dominio, resuma, lo que entienda.

Su memoria lo registrará con tanta mayor seguridad cuanto mejor lo haya


definido. Enseguida podrá hablar a su vez. En todo ello no conviene aún
preocuparse de elegancia o de belleza. Ahora sólo se trata de adquirir seguridad
y claridad.

4. Escuche:

El niño educado entre personas cultas habla muy pronto correctamente.


Inconscientemente imita a aquellos que le rodean y su lenguaje refleja, por
decirlo así, el de tales personas. Todos nos vemos influidos por el verbo de
aquellos a quienes oímos con frecuencia y en esto, como en otras mil
acepciones, «lo que entra por la imaginación sale por los músculos». Nuestra
boca se conforma automáticamente a lo que nuestro oído oye. Saque provecho
de este fenómeno de automatismo; escuche con atención a aquellos que hablan
bien y busque las ocasiones de educar así su memoria auditiva. En tal sentido
es excelente asistir a conferencias, a discursos, a comedias, tragedias clásicas,
a sermones, a pleitos y discusiones entre oradores de valía. Sin tratar de retener
el sentido de aquello que se escucha o de analizar la construcción de los
períodos, se registra, pasivamente, y el inconsciente hace el resto.
5. Preste atención al exacto significado de las palabras:

Para expresar sus pensamientos con precisión, son necesarios dos recursos:
1°disponer de un número de palabras suficientes;
2°conocer exactamente el significado de cada una de ellas, a fin de
utilizarla tan sólo cuando a ello haya lugar, excluyendo otras palabras de
acepción análoga pero no idéntica.

No deje, pues, pasar bajo sus ojos una palabra cualquiera sin asegurarse
de su exacto significado. Subraye todas las que lea, anote aquellas que entienda
v recurra al léxico. Con sólo que se limitara a hacer eso al leer un diario, su
lenguaje variaría ventajosamente. Pero, para enriquecer su vocabulario, también
sería del mayor interés leer una serie de monografías relativas a cuestiones
corrientes.
El recuerdo de las palabras se fortifica si cada una de ellas retiene
suficientemente la atención. Considerar bien la forma gráfica y después las
asonancias de cada uno de los vocablos. Represéntese claramente lo que
expresan. En fin, imagine muchas frases cuando a ello haya lugar. También
convendrá que analice su construcción, que deduzca sus raíces, así como los
prefijos y sufijos que pudieran entrar en su composición.

6. Estúdiese:

La base de todo progreso personal consiste en una especie de auto


vigilancia mediante la cual se busca el darse cuenta de las propias insuficiencias,
a fin de poner enseguida remedio a cada una. Evalúe una o dos veces por mes
las mejoras obtenidas y aquellas que son aún necesarias. Escrute sus medios
oratorios, escúchese cuando hable y tome nota de sus puntos débiles.

7. El papel del saber:

No encontramos nada que decir mientras no poseemos suficientes


conocimientos de los asuntos de que se pueden hablar en nuestra presencia.
Cada uno debe buscar antes que nada la manera de ensanchar su horizonte
intelectual, a fin de formarse nociones, siquiera generales, acerca de todos los
dominios accesibles a la inteligencia humana. Documentar su memoria, formar
su juicio por la observación, la comparación y la reflexión metódica; tales serán
los primeros cuidados de aquel que quiera saber hablar bien. Enseguida añadirá
a sus medios puramente cerebrales los medios dialécticos necesarios para
encontrar siempre las palabras y las fórmulas exactamente expresivas de su
pensamiento, sobre todo mediante un extenso vocabulario. Se perfeccionará
aún por la flexibilidad de sus medios vocales: voz y dicción. En fin, si ambiciona
además una cierta influencia persuasiva, afirmará sus medios psíquicos
iniciándose en las leyes de la sugestión oral.
8. Utilice sus conocimientos para hablar, no hable para hacer uso de sus
conocimientos:

El hecho de haber estudiado, reflexionado y madurado un gran número


de materias fertiliza el espíritu, el cual reacciona entonces a las ideas que oye
expresar y a propósito de cada una concibe puntos de vista nuevos y originales.
Antes que nada conviene ser atrayente, y por lo tanto, evitar el tono doctrinal del
profesor en su cátedra. Con ayuda de sus conocimientos, fórjese conceptos
personales, pero sólidamente afianzados, acerca de todas las cuestiones que
comúnmente solicitan el pensamiento.

9. Tenga en cuenta el nivel intelectual de cada uno:

En la vida hay que tratar con personas de diversas generaciones de


edades varias, de formaciones muy diversas. Para hablar a cada uno tal como
conviene, hay que saber evaluar rápidamente con ayuda de la experiencia y de
la observación, sus disposiciones y sus medios.

José Antonio Hernández Guerrero y María del Carmen García Tejera (2015) en su
libro “El arte de comunicar” nos señalan:

1. Sólo debemos decir aquellas cosas que interesan a los oyentes:

El interés es una cualidad que hace referencia a los sujetos. Los objetos
y los asuntos no son interesantes por sí solos. Interesan o no interesan a
alguien. En consecuencia, si pretendemos identificar el grado de interés de un
tema, hemos de determinar hasta qué punto importa o afecta a los
destinatarios. El interés de los oyentes por un asunto podemos conocerlo,
suponerlo o, en caso contrario, estimularlo.

2. No debemos hablar sin conocer los intereses de los oyentes.

Hablar es responder y, en consecuencia, la primera actividad del orador,


es escuchar las preguntas de los oyentes, identificar sus expectativas,
interpretar sus inquietudes y, en el caso de que el orador advierta que carecen
de ellas, las desconocen o no las saben descifrar, deberá gastar tiempo en
creárselas o estimularlas: "sólo podemos vender un aparato de calefacción a
los que tienen frío".

3. Hablar es actuar:

Hablar en público es una tarea difícil, compleja y arriesgada. Hablar bien


es una destreza cuya adquisición supone algunas dotes naturales, es una
pericia que, además de reflexión, esfuerzo y disciplina, exige el recorrido de un
dilatado proceso de aprendizaje y de perfeccionamiento. Hablar no es sólo
pronunciar sonidos significativos. Hablar es pensar, expresar, confesar,
significar, contar, describir, comunicar, ocultar, disimular y mentir. Hablar en
público, además, es actuar en el doble sentido de la palabra: el teatral, el
pragmático. El que habla encarna un personaje, representa un papel y, además,
influye en el ánimo y en los comportamientos de los oyentes y, en ocasiones,
modifica la realidad.

4. Escuchamos el discurso “en cuerpo y alma”

Como es sabido, no es lo mismo "oír" que "escuchar". Oímos con el oído


y escuchamos con todos los sentidos y con todas las facultades, con la
memoria, con el entendimiento y con la voluntad; con la mente y con el
corazón.
Recordemos que, cuando escuchamos un discurso, observamos la
figura del orador, sus expresiones, sus gestos, sus miradas y sus vestidos, y
leemos los significados de todos estos datos, y esta lectura matiza o
contradice lo que escuchamos con los oídos. Para pensar, para amar y para
hablar necesitamos ver, oír, oler, gustar y tocar. Escuchar es abrirse de par en
par, es poner en tensión todas las facultades y poner en funcionamiento todos
los sentidos.

El hombre es uno y hemos de hablarle al hombre entero.


Frecuentemente, cuando tratamos de los deberes morales, por ejemplo, nos
esforzamos por aclarar y por justificar las convicciones racionales. Hablamos
sólo al cerebro y, cuando apelamos a las sensaciones o a las emociones, lo
hacemos de una manera marginal. En nuestros análisis hemos de distinguir
entre ideas, sentimientos, emociones, sensaciones; entre ética, estética,
política, religión, etc.

5. Necesidad de aprendizaje:

Hemos de tener suficientemente claro que la habilidad comunicativa o


el arte de hablar se aprende, pero también hemos de rechazar la idea ingenua
de que existen fórmulas mágicas para aprender a hablar en público y para llegar
a ser un comunicador.

Aunque es cierto que la comunicación, como las demás destrezas


culturales, supone ciertas cualidades naturales y algunas aptitudes, también es
verdad que sólo llegará a ser comunicador el que se ejercite con abundantes
ejercicios prácticos y, sobre todo, el que persista en una permanente actitud de
autocrítica.

6. La práctica no es suficiente:

La práctica por sí sola no perfecciona la actividad, no corrige los


defectos. Conocemos a algunas personas que, a pesar de estar hablando toda
la vida, siguen hablando mal. A veces, cuanto más practicamos una actividad,
más acentuamos los defectos y más aumentamos los vicios.
7. Aprendemos mediante la crítica:

La persona que busca aprender el arte de hablar; ha de ser un receptor


atento, un oyente respetuoso y, además, un observador de la vida, de los
comportamientos, de las actitudes, de las mentalidades, de las inquietudes, de
las aspiraciones y de las frustraciones de los demás seres humanos; ha de ser
un analista de los acontecimientos sociales, económicos, políticos y culturales;
un crítico riguroso de la actualidad, de las modas y de las corrientes.

8. La construcción de un modelo ideal:

La práctica se mejora y se perfecciona mediante la imitación de unos


modelos que han de ser atractivos, asequibles y estimulantes; pero no podemos
olvidar que la atención a los modelos sirve, sobre todo, para que cada uno
encuentre o componga su propio proyecto ejemplar, su ideal personal, diferente
de todos los demás.

9. Captar la benevolencia:

“Captar la benevolencia” de los oyentes es el primer objetivo de la


persona que habla. Es una condición previa a la transmisión de los mensajes y
una exigencia ineludible de la eficacia comunicativa. Entendemos y aplicamos el
término "benevolencia" en su significado etimológico y en su valor psicológico.
La persona para hablar con comodidad, con fluidez y con acierto necesita
sentirse respetado, valorado y querido. El hablante, para abrirse y para dejar
que fluya el discurso, necesita un clima cálido en el que respire comprensión y
aprecio. A veces, el ambiente es palpable y existe antes del comienzo del
discurso: el comunicador y el público se conocen y se estiman mutuamente;
pero, en otras ocasiones, el comunicador es desconocido, se siente un extraño
y, quizás, rechazado.

10. Plantear problemas:

Para estimular la curiosidad el orador podrá plantear problemas y


formular preguntas a condición de que posteriormente los resuelva de forma
correcta y las responda de manera adecuada ya que, en el caso contrario,
generaría en los oyentes irritantes frustraciones. Hemos de caer en la cuenta de
que hay una tarea más difícil que la de resolver problemas: la de plantearlos de
una manera adecuada. El que habla ha de saber ver que las cuestiones humanas
son más complicadas de lo que parecen. Cualquier noción -"verdad", "belleza",
"bien", "vida", "muerte", "dolor", "justicia", "amor", son difíciles de comprender y
de explicar.
11. Despertar el interés:

El interés del oyente por el contenido del discurso constituye uno de los
factores determinantes de su presencia en el acto, un estímulo para su atención
y una clave para su interpretación y para su valoración. Pero el interés no se
garantiza por los valores intrínsecos de una disertación sino por su conexión con
las aspiraciones o con los temores más profundos, por la relación con las
cuestiones y con los problemas más importantes, no necesariamente
conscientes.

12. Atraer y mantener la atención:

La atención, esa aplicación de los sentidos y de la mente a un objeto, es


una actividad difícil, frágil y fatigosa. Casi todas las personas poseemos una
capacidad de atención muy reducida. La atención no es sólo ni principalmente
una función de la voluntad. Aunque mediante la aplicación de determinadas
técnicas se puede controlar, es imposible dominarla totalmente. A veces, la
voluntad y el esfuerzo atraen sobre ellos la atención y, por lo tanto, distraen de
su objeto inicial. La atención, más que una iniciativa del sujeto, es su respuesta
a un estímulo: la atención hemos de atraerla y mantenerla.

13. Tranquilizar los ánimos:

Para recibir, entender, interpretar y valorar lo que alguien nos dice, es


necesario tener el ánimo sereno y distendido. La tensión provocada por el
entusiasmo o por el miedo, por los afectos o por los odios, turba la capacidad de
juicio crítico. Las emociones excesivas e incontroladas y, sobre todo, las bajas
pasiones deben ser apaciguadas y enfriadas.

14. Inspirar credibilidad:

Hemos de ser conscientes de que un discurso convence y persuade más


que por la coherencia de los argumentos o por la fuerza de las comparaciones;
que por la credibilidad que inspira la persona que habla. Es cierto que esta
persona ha de mostrar que está informado sobre el asunto del que trata y ha de
dominar la lengua para expresarse con corrección, claridad y elegancia, pero,
además, ha de dar testimonio. Esta persona ha de ser un especialista, un testigo
que transmite su verdad. La credibilidad se inspira mediante una imagen que
proyecte más que integridad, coherencia, más que verdad, sinceridad. La
credibilidad no se inspira proclamando honradez, santidad, virtud o vergüenza.
La credibilidad no se demuestra, no se exhibe ni se impone, sino que, como
ocurre con los valores más auténticos, se muestra.

15. Crear un clima de empatía:

Propiciar un ambiente agradable que fomente la compresión de


sentimientos y emociones del otro, poniéndose en su lugar siempre.
CAPÍTULO IV: NOCIONES BÁSICAS Y CONCEPTOS

José Antonio Hernández Guerrero y María del Carmen García Tejera (2015) en su
libro “El arte de comunicar” nos dicen:

1. El ser humano es lenguaje:

El lenguaje ocupa un puesto central en la vida humana -personal y


social, moral y cultural, política y económica y, en consecuencia, es objeto
preferente de las Ciencias Humanas. Pero estas afirmaciones no se refieren
sólo al lenguaje articulado, a la lengua, sino que también abarcan los otros
lenguajes como los gestuales y los icónicos. Sabemos que los vestidos, por
ejemplo, además de abrigar, hablan; además de cubrir el cuerpo, descubren el
alma: expresan los gustos, las aspiraciones, los temores y los complejos, pero
hemos de advertir que los atuendos los uniformes y los hábitos influyen en la
manera de pensar, en las actitudes y en los comportamientos de quienes los
llevan. El hombre piensa gracias al lenguaje. Los lenguajes son los soportes de
nuestros pensamientos. Podemos afirmar que, cuando hablamos, más que
decir lo que y como pensamos, pensamos lo que y como hablamos. Las
palabras, no sólo exteriorizan las ideas, sino que también interiorizan, a través
de los conceptos, los objetos e, incluso, los sujetos con los que hablamos. Ser
humano es reconocerse conectado con los demás seres mediante el lenguaje.

2. La comunicación:

El hombre piensa gracias al lenguaje. Los lenguajes son los soportes de


nuestros pensamientos. Podemos afirmar que, cuando hablamos, más que
decir lo que y como pensamos, pensamos lo que y como hablamos. Las
palabras, no sólo exteriorizan las ideas, sino que también interiorizan, a través
de los conceptos, los objetos e, incluso, los sujetos con los que hablamos. Ser
humano es reconocerse conectado con los demás seres mediante el lenguaje.

3. La voz:

La voz es el significante de la palabra, el soporte del significado y el


síntoma más expresivo de lo que se dice. De la voz podemos decir como de la
cara: "es el espejo del alma... y del cuerpo". Por la voz conocemos el sexo, la
edad, la procedencia, el estado de salud y el estado de ánimo. Tiene voz de
deprimido, de asustado, de ansioso, de alegre, de esperanzado, a veces
decimos. Por la voz del comunicador descubrimos el buen o el mal genio, la
seguridad, la timidez. La voz constituye un retrato personal, identifica el
temperamento y define la actitud frente a la vida. La voz nos influye para que
recibamos el mensaje con agrado o que lo rechacemos con disgusto. Debemos
tener en cuenta:
 Claridad de articulación:

Para que la voz ejerza la función significativa, para que la


comunicación sea eficaz, cómoda y económica, es necesario que la
articulación de los sonidos sea correcta, precisa y clara: que los diferentes
sonidos no se confundan y que el oyente los perciba con distinción y con
facilidad. Para alcanzar un nivel de corrección aceptable y para articularlas
de manera fácil, son convenientes unos ejercicios metódicos que corrijan
los defectos y mejoren los hábitos articulatorios.

Paul C. Jagot (Ed. 1998) en su libro “El arte de hablar bien añade lo siguiente:

1. La voz:

Muy aguda, demasiado grave, gutural, nasal, la voz carece de claridad;


es de emisión fatigosa para el que la posee y desagradable para los demás. Es
preciso, pues, hablar con una tonalidad media. Es necesario ejercitarla con
ejercicios de dicción y articulación para una adecuada modulación. En cuanto
a ello se puede agregar:

 La articulación:
Articular bien es pronunciar distintamente todas las consonantes. Esto
permite, entre otras cosas, hacerse comprender claramente incluso
cuando se habla en voz muy baja. De ese modo se causará impresión
sin elevar la voz. La articulación es casi siempre imperfecta a menos de
una educación especial. Se efectuarán, pues, prácticas sucesivamente,
con todas las consonantes y, después, con grupos de ellas.

 Mecanismos de la influencia verbal:


Todo el mundo puede ser influido por la palabra. Usted puede, pues,
influir sobre cualquiera no digo dominar a cualquiera modificando más o
menos sus disposiciones. Podrá, pues estar seguro de que, en el
inconsciente de toda persona sobre la que quiera influir, hay elementos
favorables a su plan.

 De la repetición:
La repetición de las mismas palabras, he escrito en una exposición
precedente de las leves de la influencia personal, puede fatigar, imitar o
afectar cada vez menos. Sin embargo, no siempre sucede así. Toda
afirmación reiterada marca su huella sobre nuestras convicciones, lo
mismo que un ejemplo frecuente repercute siempre más o menos sobre
nuestras costumbres, nuestras tendencias.

2. La conversación:

 Nociones psicológicas:
El placer puro y sencillo conduce a que entablen conversación,
individuos a quienes la semejanza de puntos de vista aproxima. Cada
uno de ellos encuentra satisfacción en oír confirmar o aprobar sus
propias ideas, y también en que se le presente la ocasión de
enriquecerlas, de precisarlas. Igualmente crean la atracción una extrema
divergencia en la formación, la originalidad de los personajes y el saber
o la experiencia probados que cierta persona pueda poseer. Con sus
diversas ocurrencias, la conversación estimula el pensamiento y le
provee de elementos nuevos.

 Actitud general:
Cuando se haya dado cuenta del nivel, de la mentalidad, de las
tendencias de cada persona asociada a una conversación, sabrá de qué
hablar: cómo hablar para hacerse atrayente y atractivo, significando esa
última palabra el estado de alguno que atrae a los otros hacia él, que les
inspira el deseo de serle agradables o útiles, de obtener de él una
consideración particular.

 El papel del saber:


Cualesquiera que sean el nivel intelectual de los interlocutores y el tema
de la conversación, su saber resultado del estudio, de la observación:
de la reflexión le permitirá entender a quién habla y de lo que habla,
después de reaccionar, por lo menos honorablemente, gracias al valor
y a la cantidad de aquellas de sus ideas adquiridas que puedan
asociarse con las que oiga expresar. Discernirá qué pensamientos, que
intenciones inspiran a cada uno, a qué criterios habrá que recurrir para
apreciar o comentar sus palabras.

 La seguridad:
Analice a toda persona que intime más o menos con usted. La impresión
que le produzca se disipará muy pronto. No se deje engañar ni por las
apariencias ni por las actitudes. Recuerde que los mejor dotados tienen
sus límites y que aquellos que parecen creerse autorizados a manifestar
desdén carecen especialmente de la sutileza requerida para darse
cuenta del carácter muy relativo de sus posibilidades. La verdadera
superioridad aborrece toda pretensión porque lo precario y relativo de
sus atributos no se le escapa.

 El “self control”:
Cuando se halle solo, acostúmbrese a dominar sus impulsos, a
gobernarse según su juicio reflexivo. La obra de este último adquirirá
autoridad, influencia, y su poder persistirá en presencia de otro. Cuando
quiera hablar claramente y no lo consiga porque está impresionado, es
el espíritu subjetivo el asiento de la turbación y el espíritu objetivo es el
que se esfuerza en gobernar su palabra, sin conseguirlo. Procure, pues,
fortificar su espíritu subjetivo. Hágase dueño y señor de sus acciones.
Vele porque sus automatismos permanezcan constantemente
subordinados a su voluntad deliberada. De ese modo llegará
rápidamente a ser invulnerable a la influencia de los demás.
CAPÍTULO V: CONSIDERACIONES

José Antonio Hernández Guerrero y María del Carmen García Tejera (2015) en su
libro “El arte de comunicar” nos explican lo siguiente:

1. ¿Cuáles son las destrezas que ha desarrollar alguien desea hablar bien?

 Suscitar la curiosidad de los oyentes


 Generar preguntas
 Despertar su interés
 Mantener su atención
 Explicar con claridad un asunto
 Transmitir mensajes
 Propiciar la aceptación de propuestas
 Lograr la identificación con proyectos
 Estimular compromisos
 Cambiar las actitudes
 Mover a la acción.

2. ¿Dónde se apoya la eficacia comunicativa?

Uno de los principales pilares sobre los que se apoya la eficacia comunicativa es
la credibilidad que inspira la persona que habla, una cualidad que está
determinada por tres factores pertenecientes, respectivamente, a los ámbitos
éticos, psicológicos y profesionales:

 Su integridad, que genera la convicción de que, aunque pueda


equivocarse, no nos engañará.
 Su coherencia entre su discurso y sus comportamientos.
 Su equilibrio emocional y su capacidad de empatía.
 Su competencia profesional, que transmite la convicción de que habla
de lo que sabe, de lo que ha aprendido por el estudio o por la
experiencia.

3. ¿Cuáles son los rasgos principales que definen a alguien que habla bien?

En nuestra propuesta recogemos las cualidades que hemos advertido en


diferentes profesionales que son considerados como buenos comunicadores u
oradores. Podemos afirmar que, en líneas generales, coinciden con las aptitudes
con las que Caridad Hernández define a los creadores:

 Actitud abierta y crítica frente al entorno,


 Adaptabilidad a las diversas condiciones del medio,
 Capacidad de reacción,
 Posibilidad de percibir cambios en su campo perceptivo,
 Interés y predilección por lo nuevo
 Persistencia y confianza en la solución de los problemas,
 Fuerza del “yo”
 Aceptación de sí mismo,
 Autonomía personal e independencia de juicio,
 Rapidez para producir ideas,
 Flexibilidad de pensamiento,
 Capacidad de análisis y de síntesis

4. ¿Cuándo podemos afirmar que un comunicador ha hablado bien?

Por escasos que sean nuestros conocimientos teóricos y técnicos sobre la


comunicación, todos los oyentes advertimos cuándo un hablante se comunica
bien o cuándo, por el contrario, lo hace mal. En contra de lo que nos ocurre con
otras artes como, por ejemplo, con la pintura, con la escultura, con la arquitectura
o con la música, nos resulta fácil diagnosticar el grado de competencia
comunicativa de los diferentes profesionales de la palabra.

Cuando afirmamos que una conferencia es larga, pesada, aburrida, ininteligible,


inaguantable, vacía, inoportuna o, simplemente, mala, estamos señalando unos
defectos graves que no sólo deben ser descritos de forma clara y rigurosa, sino
que pueden proporcionarnos unas pistas orientadoras para conocer las
cualidades de los discursos persuasivos.

5. ¿Qué cualidades son indispensables en la persona que habla bien?

 Una voluntad decidida de llegar a ser comunicador.


 Una agudeza introspectiva suficiente para analizar el
significado de sus experiencias.
 Curiosidad por conocer los sucesos de actualidad.
 Habilidad para descubrir las expectativas de los destinatarios.
 Amor a la palabra clara, transparente y exacta.
 Deseos de seguir creciendo.
 Sensibilidad solidaria.

6. ¿Qué destrezas debe desarrollar; tanto verbales como no verbales?

 Destrezas no verbales:

 Saber callar y administrar hábilmente las presencias y las ausencias, las


actuaciones y las inhibiciones, las pausas y los silencios.
 Saber escuchar atentamente, interpretar adecuada- mente y valorar con
rigor los interrogantes, las expectativas y demandas explícitas o
implícitas de los destinatarios de sus discursos.
 Prestar atención para leer las expresiones de los rostros.
 La autocrítica serena y permanente.
 La elección de diferentes modelos de identificación
 El hábito de analizar críticamente las intervenciones de los
comunicadores profesionales.
 La paciencia y la tenacidad para progresar de manera gradual y continua.
 Destrezas verbales

 Agilidad y claridad en la articulación de los sonidos.


 Corrección gramatical.
 Riqueza y precisión léxica.
 Dominio de los procedimientos retóricos.
 Creatividad literaria.
CAPÍTULO VI: CONCLUSIONES

1. Lo primero que debemos tener en cuenta que aunque algunas cualidades son
innatas y facilitan el aprendizaje de las destrezas y de las técnicas que exige la
tarea de hablar correctamente, es posible alcanzar un nivel aceptable de
habilidades si se adquieren los conocimientos necesarios mediante el estudio,
y si se desarrollan las cualidades personales en ocasiones desconocidas a
través de ejercicios prácticos adecuadamente articulados y hábilmente
dirigidos.

2. El entrenamiento de saber hablar bien, es una actividad compleja que exige,


además de la adopción de diversas disposiciones psicológicas y de diferentes
actitudes sociológicas, el dominio de algunas pautas lingüísticas y de diversas
técnicas retóricas.

3. Los modelos de comunicadores, oradores, o personas expertas en el acto de


saber hablar correctamente; pueden ser diferentes dependiendo de las
características personales de los profesionales, la naturaleza de los contenidos
que han de explicar y de las peculiaridades de los mensajes que pretendan
transmitir.

4. Mediante una adecuada preparación, es posible alcanzar un nivel satisfactorio


de destreza y de eficacia comunicativas, con ello se logra poder tener o
perfeccionarse en el arte de hablar correctamente.

5. La comunicación propicia la identificación, al menos parcial, con el emisor del


discurso a través de la aceptación de unas propuestas que, generando deseos
o ilusiones, sirven de pautas de comportamiento.

6. Toda persona puede lograr un mejor nivel en el campo de las habilidades


comunicativas; o dicho de otra forma toda persona que se lo proponga puede
lograr, hablar “correctamente y en forma eficaz”; solo depende de sí mismo y
de las intenciones de lograrlo.

7. Toda persona que tenga como herramienta de trabajo “la comunicación” debe
entrenarse para perfeccionarse en el arte de “saber hablar”; ya que más que un
compromiso son su profesión, es un acto perfeccionamiento personal; el cual
repercutirá en muchos ámbitos de su vida.
REFERENCIAS

1. Hernández; Guerrero A. y García; Tejera M. (2015). “El arte de Comunicar”. Club


de las letras. UCA

2. Instituto terapéutico de Madrid. (2017). Instituto terapéutico de Madrid. Acceso


en: https://www.itemadrid.net/formas-hablar-errar-psicologia/

3. Jagot; Paul, C. (1998). “El arte de hablar bien y con persuasión”. Iberia. España

4. Picó Vila, David. (2013). La voz en psicoterapia. Revista Cuadernos Gestalt. Nº


4. Diciembre 2013. Acceso en: https://gestaltnet.net/documentos/la-voz-en-
psicoterapia