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El papel del trabajador social

en una sociedad precarizada


The role of the social worker in a precarious society
Luis F. SAIZ VARGAS
Trabajador Social
Comunidad de Madrid (España)
luis.saiz@madrid.org

Recibido: 24/07/2015
Revisado: 16/09/2015
Aceptado: 05/10/2015
Disponible on line: 25/11/2015

Resumen
El desgaste del Estado de bienestar y los acelerados cambios experimentados durante los últimos tiempos en el proceso pro-
ductivo han propiciado una transformación radical del mercado de trabajo. En unas sociedades cuya estructura se ha confi-
gurado entorno al trabajo remunerado, la creciente carencia de empleos ha generado una acusada polarización y desigual-
dad, y con éstas el nacimiento de una nueva clase mayoritaria de trabajadores precarios y vulnerables, así como una nueva
disposición territorial de la marginalidad en nuevos guetos.
El trabajador social, testigo directo de las peores consecuencias de estas transformaciones, no termina de encontrar alterna-
tivas de intervención adecuadas para esta nueva sociedad de «crecimiento sin empleo» en la que el pleno empleo nunca vol-
verá a ser un objetivo realista.
Palabras clave: Trabajo Social, trabajador precarios, desempleo, desigualdad, guetos.

Abstract
The decline of the welfare state and the rapid recent changes in production processes have brought about a radical transfor-
mation of the labour market. In societies whose structure has been shaped around paid work, the increasing lack of employ-
ment has created acute polarization and inequality. This has led to the birth of a new majority class of precarious and vul-
nerable workers as well as a new layout of marginality in unfamiliar ghettos.
The social worker, a direct witness of the most devastating consequences of these transformations, cannot find suitable in-
tervention procedures for this new society of «growth without employment», where full employment will never again be a
realistic aim.
Keywords: Social Work, unemployment, inequality, exclusion, ghettos.

Referencia normalizada: Saiz Vargas, L. F. (2015): «El papel del trabajador social en una sociedad precarizada». Cuader-
nos de Trabajo Social, 28(2): 187-197.

Sumario: Introducción. 1. El/la trabajador/a social como agente del Estado protector. 2. La inserción laboral como
instrumento del Trabajo Social. 3. Individualización, dualización y precarización. 4. Cambio de escenario y descon-
cierto del Trabajo Social. 5. La concentración territorial de la marginación. Los nuevos guetos. 6. Perspectivas para el
futuro. 7. Referencias bibliográficas.

Introducción asalariados contemporáneos con «los procesos


Tras comprobar los efectos de la crisis económi- de desvertebración que sufrió la clase obrera en
ca que aún azotan nuestras sociedades, ya no ca- las primeras etapas de la revolución industrial,
be la menor duda de que la magnitud de la trans- cuando millones de campesinos fueron obliga-
formación social que contemplamos es la mayor dos a trasladarse a los nuevos conglomerados ur-
a la que nos hayamos enfrentado en los últimos banos viéndose desligados radicalmente de sus
decenios e incluso en el último siglo. modos tradicionales de relación» (p. 47).
Algunos años antes del comienzo de esta cri- Pareciera como si, de repente, todo lo que
sis, José F. Tezanos (1999) comparaba ya la aparentaba ser una sólida base sobre la que asen-
transformación social a la que se enfrentan los tábamos un modelo social aceptablemente segu-

Cuadernos de Trabajo Social 187 ISSN: 0214-0314


Vol. 28-2 (2015) 187-197 http://dx.doi.org/10.5209/rev_CUTS.2015.v28.n2.49685
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ro, se tambaleara ahora mostrando su auténtica Sin embargo, dentro del colectivo de trabado-
naturaleza débil y precaria. res sociales, siempre existió una vocación última
Personas, pertenecientes hasta ahora a las de trascender ese rol profesional de mero gestor
clases medias acomodadas, tienen que recurrir a de prestaciones.
ayudas y subsidios públicos para su subsistencia, Como nos recuerda Manuel Castells (1997),
se multiplican los desahucios y las situaciones la exclusión es el «proceso por el cual a ciertos
de «sinhogarismo», proliferan los comedores so- individuos o grupos se les impide sistemática-
ciales que nos retrotraen a tiempos de caridad y mente el acceso a posiciones que les permitiría
beneficencia que creíamos ya superados, y fami- una subsistencia autónoma dentro de los niveles
lias enteras tienen que recurrir a las exiguas pen- sociales determinados por las instituciones y va-
siones de sus mayores para poder, a duras penas, lores en un contexto dado» (p.98). En cierta me-
llegar a fin de mes. dida, corresponde a las/los trabajadores sociales
En este estado general de confusión e inesta- desentrañar los mecanismos de dicho proceso,
bilidad, las y los trabajadores sociales se confi- desactivarlo y restituir en esos individuos o gru-
guran como testigos de excepción que ven pasar pos su condición de integrados.
ante sus ojos las peores consecuencias de una En el fondo de este objetivo está implícito el
crisis que tan bien sufren como colectivo, obliga- reconocimiento de que no todos los individuos y
dos a obrar el milagro de multiplicar y repartir grupos tienen las mismas oportunidades ni par-
panes y peces entre una creciente clase desfavo- ten desde la misma posición inicial. Compensar
recida, necesitada de cada vez más recursos pú- estas diferencias se convierte por tanto en una
blicos para una subsistencia digna. cuestión de justicia social.
El presente trabajo no pretende ser más que Para Amartya Sen (2010), no es posible al-
una reflexión desde el punto de vista del Trabajo canzar este ideal de justicia sin tener en cuenta,
Social acerca de los factores que han influido en e incluso poner en un primer plano, ciertas
esta histórica transformación, realizada a partir características personales y ambientales que in-
de las aportaciones de unas pocas, pero excep- ciden en las personas. Heterogeneidades perso-
cionales, figuras de la teoría sociológica contem- nales, diversidades en el ambiente físico, varia-
poránea. ciones en el ambiente social o diferencias en las
perspectivas relacionales, causan todo un mundo
1. El/la trabajador/a social como agente del de ventajas y desventajas entre individuos, afec-
Estado protector tando de lleno a sus capacidades.
Aun a riesgo de caer en la simplificación de una Sen advierte de que incluso puede producirse
realidad nada homogénea, definiremos aquí el una suerte de acoplamiento entre distintas des-
Estado de bienestar que en mayor o menor me- ventajas. Así, cuando consideramos las condi-
dida se desarrolló en los países democráticos de ciones de acceso de una persona discapacitada a
la Europa de postguerra como el pacto social los bienes y servicios que han de proporcionarle
que, de la mano de una alternancia de corrientes una buena vida, no sólo tendremos que tener en
socialdemócratas y demócrata cristianas, hizo cuenta su desventaja de ingreso (las dificultades
compatible el crecimiento y la prosperidad de que tiene para acceder a fuentes de ingresos eco-
una economía capitalista y la cobertura de unos nómicos), sino también a su desventaja de con-
servicios públicos universales y de calidad. versión (entendidas como aquellas dificultades
El tardío desarrollo de este Estado benefactor añadidas para, a igualdad de bienes primarios,
en España no impidió que finalmente se implanta- alcanzar el nivel de bienestar buscado). Sin du-
ra en nuestro país un sistema público de Servicios da, una persona en silla de ruedas tiene más di-
Sociales que, aunque con una vocación universa- ficultades que una persona sin discapacidad pa-
lista, centró su acción en los sectores de población ra encontrar un puesto de trabajo que le
más marginados. La figura del trabajador social proporcione unos ingresos medios, pero además
público se convirtió en un agente intermediario en- también tendrá más dificultades para que esos
tre esa población y los recursos que, con forma de ingresos medios alcancen para proporcionarle
prestaciones, ponía el Estado a disposición de es- un nivel de bienestar aceptable.
tos colectivos con el propósito de propiciar su in- Como decimos, las desventajas de partida pue-
tegración y preservar la cohesión social. den condicionar o dificultar el acceso a la subsis-

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tencia autónoma, pero ¿cuál es el proceso por el su subsistencia digna. Sólo en aquellos casos de
que se llega a la condición de excluido? ausencia absoluta de capacidad laboral estaba le-
En una ya clásica propuesta metodológica gitimada la búsqueda de soluciones estables a
para la clasificación de la población conforme a partir de los recursos públicos que el Estado de
su situación respecto a la integración o exclusión bienestar ponía a disposición de sus ciudada-
social, Robert Castel (1995) contemplaba tres nos/as. Estos recursos, en tanto que escasos, de-
zonas en el continuo que va de la exclusión a la bían ser reservados para aquellas personas en las
integración. En un extremo, una primera zona de que se observaba una incapacidad manifiesta de
integración estaría compuesta por el conjunto de obtener los medios para su subsistencia a través
individuos con un trabajo seguro y unas relacio- del empleo.
nes familiares y sociales sólidas. En el otro ex- El Estado de bienestar, a su vez, se encarga-
tremo, la zona de marginalidad o exclusión agru- ba de corregir las injusticias a las que natural-
paría al conjunto de personas en las que mente tendía el mercado laboral, propiciando su
confluyen la ausencia de trabajo y el aislamien- regulación a través del establecimiento de un sa-
to social. Entre ambas zonas, el autor reconoce lario mínimo, limitando los horarios y las condi-
una zona de vulnerabilidad caracterizada por la ciones abusivas en la contratación o asegurando
fragilidad de los vínculos que unen al individuo la cobertura de los riesgos económicos de las/los
con el mundo laboral y con sus apoyos y redes trabajadores ante la pérdida del empleo. Estas
sociales. Esta última es una zona de riesgo en la garantías fueron el resultado de décadas de es-
que puede ser relativamente fácil resbalar en su fuerzo de una clase asalariada organizada a tra-
pendiente hasta caer en la zona de exclusión. vés, fundamentalmente, de la acción sindical.
El papel del Trabajo Social tiene mucho que En estas circunstancias, la labor del Trabajo
ver con favorecer el tránsito desde las zonas de Social se desarrolló durante años en condiciones
exclusión y de vulnerabilidad hasta la zona de de relativa estabilidad, aunque con los avatares y
integración y con evitar, en la medida de lo posi- dificultades propios de unos ciclos económicos
ble, que los individuos y los grupos se deslicen en los que, a duras penas, la acción protectora de
en esa pendiente en sentido contrario. Para la un Estado de bienestar poco vigoroso (al menos
consecución de esos fines, favorecer la solidez en España), compensaba las situaciones de des-
de los lazos sociales de estos individuos y gru- ventaja y vulnerabilidad de la bolsa de excluidos
pos ha sido sin duda un objetivo importantísimo, que componían la inmensa mayoría de las perso-
pero aún más lo ha sido la promoción de sus po- nas usuarias de los Servicios Sociales.
siciones dentro del mercado de trabajo. Sin embargo, la situación actual dista bastan-
te de ese panorama descrito en el que, hasta no
2. La inserción laboral como instrumento del hace mucho tiempo, transcurría el ejercicio del
Trabajo Social Trabajo Social público. Pero ¿qué es lo que ha
Desde la Revolución Industrial, «el salariado ha precipitado esa transformación? ¿Cómo ha lle-
llegado a estructurar nuestra formación social gado a producirse? ¿Cómo hemos pasado de esa
casi absolutamente» (p. 389). Tradicionalmente, aparente estabilidad a un escenario en el que nin-
la posición del individuo dentro del mercado la- gún modelo de intervención profesional parece
boral ha marcado de una forma definitiva su gra- ser adecuado a las nuevas circunstancias?
do de integración social. Esto es así no sólo por- Como en casi todas las transformaciones so-
que el trabajo es la fuente principal de ingresos ciales, no encontraremos su origen en un mo-
que permite una subsistencia digna, sino tam- mento concreto. Más bien debemos buscarlo en
bién porque es alrededor del empleo donde pivo- la progresión de factores soterrados que, enmas-
tan la mayoría de los vínculos que anclan a los carados en los ciclos económicos alcistas, se han
individuos y grupos a su comunidad. ido abriendo paso casi sin darnos cuenta.
En estas circunstancias, el Trabajo Social
siempre ha buscado como objetivo prioritario la 3. Individualización, dualización y precari-
inserción laboral de sus clientes. Este objetivo se zación
legitimaba en el convencimiento de favorecer así No falta quien ha querido ver precisamente en la
tanto los vínculos con su comunidad como la ob- consolidación del Estado de bienestar una de las
tención de los medios materiales necesarios para raíces principales de los problemas que hoy azo-

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tan nuestras sociedades avanzadas. Al margen de las situaciones y estilos de vida que no respeta el
otras interpretaciones interesadas que, desde un modelo jerárquico de las clases y capas sociales»
punto de vista neoliberal, intentan deslegitimar los (p. 102), y que ha contribuido de forma funda-
logros del Estado social, algunos autores propo- mental a la aparición de un nuevo orden de des-
nen que los progresos sociales que se tradujeron igualdades y de nueva pobreza.
en la consolidación del Estado de bienestar escon- Beck señala cómo durante las décadas de pos-
dían al mismo tiempo un proceso individualizador tguerra, a consecuencia de importantes periodos
que supuso el germen del actual precariado. de crecimiento y el fortalecimiento del estado de
Durante siglos, las comunidades recurrieron bienestar, se produjo un importante impulso edu-
a los vínculos de cercanía y parentesco para tejer cativo del que se beneficiaron todos los estratos
una red de protección solidaria a la que se recu- sociales. A su vez esto propició un efecto ascen-
rría en aquellos casos en los que alguno de sus sor que difuminó las diferencias de clase, mez-
miembros caía en situaciones de riesgo o despro- clando «de una nueva manera los círculos socia-
tección. les» (pp. 103-104) y diluyendo sus diferencias en
Con la llegada de la industrialización y los mo- el consumo de masas. Sin embargo, este efecto
vimientos obreros organizados, y tras décadas de afectó por igual a todos los grupos, elevando las
esfuerzos colectivos de la clase trabajadora, esta condiciones de vida de una forma general, de
responsabilidad protectora se va trasladando pau- manera que operó una transformación en la rela-
latinamente al Estado como parte de su contra- ción de trabajo y vida pero permaneciendo cons-
prestación en el contrato social que caracterizó a tantes las relaciones de desigualdad y la distancia
las sociedades avanzadas de postguerra, cristali- real entre grupos. Así, el Estado de bienestar ex-
zando así el Estado de bienestar. Como nos re- tiende la regulación del trabajo asalariado y al di-
cuerda Castel recurriendo a la nomenclatura we- luir las diferencias de clase, sustituye la antigua
beriana, éste es el paso de la Gemeinschaft identificación colectiva por relaciones marcadas
(comunidad) a la Gesellschaft (sociedad). por la individualización.
Pero este autor advierte de que este tránsito Pierre Bourdieu (1999), en una propuesta te-
es a su vez un camino sin retorno, ya que las an- órica que transcendía la tradicional concepción
tiguas formas de protección colectiva, una vez marxista de lucha entre clases, nos habla del
sustituidas por la regulación del mercado y el es- conflicto que surge entre los distintos campos.
tablecimiento de las protecciones de nuestros in- Dichos campos utilizan todo su capital económi-
acabados estados de bienestar, agotaron los re- co, simbólico o cultural para imponerse sobre los
cursos de solidaridad informal que antes demás, buscando así una hegemonía social.
existieron. De alguna manera, la comodidad del Es innegable la extraordinaria influencia del
Estado protector atrofió el músculo de la acción capital económico en casi cualquier sociedad ac-
colectiva. tual. La práctica desaparición de otros modelos
Al dejar que la cohesión social recayera sobre basados en una economía planificada (que por
las espaldas de esas regulaciones estatales, cual- otra parte también sirvieron a Bourdieu para te-
quier erosión de ese papel regulador contribuiría orizar sobre el importante papel del capital polí-
al mismo tiempo a quebrar la cohesión social. tico acumulado por las élites de los partidos co-
Cuando Castel se refiere a los «efectos indivi- munistas en los países del bloque soviético), ha
dualizantes temibles» (1997, p. 398) del Estado dejado una vía expedita al capital económico co-
social, se refiere a la práctica desaparición de to- mo la herramienta fundamental mediante la que
dos los instrumentos de solidaridad colectiva los grupos sociales ejercen su influencia.
que las sociedades habían construido en su ante- Esta notable influencia del capital económico
rior estadio. en la configuración del panorama social está ya
En un análisis de la sociedad alemana que en la génesis del concepto marxista de conflicto
bien puede ser extrapolado a cualquiera de las de clases. Sin embargo, Bourdieu va más allá en
sociedades de nuestra Europa actual, el reciente- su exposición acerca de la naturaleza y funciona-
mente desaparecido profesor de la Universidad miento de los conflictos sociales y, si bien no
de Munich y de la London School of Economics niega la importancia del capital económico co-
Ulrich Beck (1998), incide también en este pro- mo medio por el cual unas clases se imponen so-
ceso de «individualización y diversificación de bre otras, pone el énfasis más en la legitimación

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de dicha dominación. Bourdieu coincide con Junto a este debilitamiento del Estado, otra
Marx en que es el capital económico el que per- consecuencia de este nuevo orden es la transfor-
mite a las clases privilegiadas someter al resto, mación acelerada del mercado de trabajo. El tra-
pero es el capital social, cultural y simbólico el bajo comienza a ser considerado como un ele-
que permite legitimar dichos privilegios perpe- mento más del sistema productivo, obviando
tuando así la relación de dominio. cualquier otra función social que hasta el mo-
En esta lucha continua, cobra especial impor- mento viniera cumpliendo, y de la mano de las
tancia en la teoría de Bourdieu el concepto de nuevas tecnologías se acelera un proceso en el
violencia simbólica. Esta violencia es ejercida que ya no es necesario aumentar la fuerza de tra-
por unos campos sobre otros de una forma sutil bajo para aumentar la productividad y, con ella,
a través de la cultura, y tiene la particularidad de los beneficios.
que incluso se ejerce en colaboración con los Algunos han querido ver en el desarrollo de
propios violentados. las tecnologías de la información la causa del
Un ejemplo clásico de esta violencia es la inicio del desempleo masivo y de la dualizacíón
ejercida históricamente por el hombre sobre la y precarización del mercado de trabajo. A este
mujer, en la que muchos casos, y sin aparentes respecto, Manuel Castells (1996), discrepa de
puntos de fricción entre ambos géneros, no se esta interpretación. Para este autor, la tecnología
conciben otras formas de relación salvo aquellas de la información, si bien reduce el tiempo de
que perpetúan esa subordinación de lo masculi- trabajo por unidad de producción, no genera des-
no sobre lo femenino. El género subordinado empleo por sí misma. Los nuevos sistemas de
termina, de forma inconsciente, incorporando un producción hacen que los nuevos puestos labora-
sistema de disposiciones impuestas que configu- les cambien en cantidad y en calidad, por lo que
ran sus prácticas sociales naturales o, para utili- es necesario observar el mercado laboral a través
zar otro de los conceptos básicos en la teoría de del prisma de un nuevo paradigma. Sin embargo,
Bourdieu, su habitus. un nuevo sistema de producción requiere de una
Las transformaciones políticas y sociales que nueva mano de obra. En esta evolución, las per-
comienzan a producirse en los principales países sonas que no reciclen su cualificación conforme
desarrollados en el último cuarto del siglo XX, a las nuevas exigencias pueden quedar excluidas
coinciden con un golpe de mano en la hegemonía del mercado laboral o verse devaluadas como
global de los campos que representan los intere- trabajadoras.
ses económicos de las grandes corporaciones y En palabras de Castells, «la forma tradicional
del gran capital. Estos campos, cada vez más he- de trabajo basada en un empleo de tiempo com-
gemónicos, ven la posibilidad de maximizar sus pleto, tareas ocupacionales bien definidas y un
beneficios desgastando el papel de los estados. El modelo de carrera profesional a lo largo del ci-
Estado, a los ojos de estos campos hegemónicos, clo vital, se está erosionando de forma lenta pe-
es identificado como un agente que coarta con ro segura» (p. 297).
sus regulaciones las posibilidades de crecimiento Este mismo autor, en un análisis del panora-
económico y que atenta contra sus intereses. Los ma urbano estadunidense que bien puede ser ex-
logros sociales se convirtieron así en obstáculos trapolado a toda la sociedad red, señala entre
para una movilización que avanzaba imparable otros factores determinantes dos procesos a los
en pro de la máxima competitividad. que merece la pena prestar una atención prefe-
Una de las principales consecuencias de este rente (Castells, 1997). Por un lado, una paulatina
nuevo equilibrio entre los distintos campos es el desindustrialización que se viene produciendo
desgaste evidente del pacto social y las bases so- como resultado del traslado de la producción a
bre las que en algún momento llegó a asentarse aquellas partes del mundo en las que los bajos
el Estado de bienestar. De alguna manera las co- costes laborales permiten mayor margen de be-
rrientes ideológicas neoliberales que ven al Esta- neficio industrial.
do más como problema que como una solución, Esta desindustrialización ha corrido paralela
comienzan a dominar la acción política de los al desmantelamiento progresivo de las estructu-
gobiernos, precipitando la convalecencia de un ras sindicales y por ende al debilitamiento de la
modelo que, sobre todo en nuestro país, nunca fuerza colectiva de las/los trabajadores, lo que ha
tuvo una salud de hierro. permitido o coadyuvado al segundo proceso ci-

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tado por Castells (1997): la individualización del dad social (planteamientos neoliberales) y unos
trabajo. nuevos modelos de producción emergente. Esta
En este entorno de debilitamiento de las es- es la receta de la precarización que, a juicio de
tructuras colectivas de trabajadores, las actuales Castel, se ha convertido en la nueva cuestión so-
empresas red, tienen una gran facilidad para in- cial, al igual que lo fue el pauperismo en la pri-
dividualizar sus relaciones con sus empleados, mera mitad del siglo XIX.
que se ven obligados a aceptar las condiciones
impuestas por las leyes de un mercado cada vez 4. Cambio de escenario y desconcierto del
más desregulado. Según estas leyes sólo aque- Trabajo Social
llas/os trabajadores que, en virtud de su prepara- En las sociedades postfordistas, la exclusión so-
ción para el trabajo, aporten algún valor único o cial es un proceso que descalifica a una persona
muy escaso y de gran importancia en el proceso como trabajadora. Esta imperante concepción
productivo accederán a unas condiciones favora- capitalista, ha llevado a nuestras sociedades, en
bles mientras que, quienes presenten una cualifi- su intento por detener el creciente aumento de
cación no especialmente alta, conscientes de su personas y grupos que pasan a formar parte de la
condición de piezas fácilmente sustituibles den- bolsa de excluidos, a orientar casi todos sus es-
tro del engranaje productivo, tendrán que acep- fuerzos en la inclusión laboral de estos sectores
tar exiguos salarios y desfavorables condiciones. de población. Este predominio de las políticas
Y en este punto es donde la empresa, otrora activas de empleo como medio para la inserción
máximo agente socializador, «escuela del éxito y social ha corrido paralelo, sin embargo, al dete-
modelo de eficacia y competitividad» (Castel, rioro de sistemas públicos de gran potencialidad
1995, p. 407) se convierte en una máquina de ge- redistributiva, como el sanitario y el educativo.
nerar vulnerabilidad y de excluir, propiciando En cierto modo, el Trabajo Social ha sido
otra de las características propias de nuestras so- cómplice en estos esfuerzos que, a la vista de los
ciedades del siglo XXI: La dualización del mer- resultados, no sólo han sido tan poco eficaces
cado de trabajo. como los intentos de apagar a soplidos un incen-
Castel define este proceso como el estableci- dio forestal, sino que incluso han contribuido en
miento de dos segmentos de empleo: «un merca- alguna medida a reforzar los factores estructura-
do primario, formado por elementos calificados, les que nos han llevado a la fragmentación y
mejor pagados, más protegidos y estables, y un dualización del mercado laboral y a la precariza-
mercado secundario, constituido por personal pre- ción de los empleos de baja cualificación.
cario, menos calificado, sometido directamente a Volviendo sobre el esquema ya citado de
las fluctuaciones de la demanda» (p. 411) Castel, podríamos decir que el advenimiento de
Tal como nos recuerda Tezanos, otros autores esta clase mayoritaria en la que se está constitu-
han coincidido con este diagnóstico. Así, Mario yendo este nuevo «precariado», viene a engrosar
Gaviria, Miguel Laparra y Manuel Aguilar han hasta extremos grotescos e impensables hace
llamado la atención sobre la dualización de la so- unos años, la zona intermedia de vulnerabilidad.
ciedad y del mercado de trabajo en el que: Este engrosamiento, por supuesto, no se ha pro-
ducido como consecuencia de un estrechamien-
Se va dando paso a un nuevo tipo de trabaja- to o reducción de la zona de exclusión. La tradi-
dor en unidades productivas más descentraliza- cional bolsa de personas excluidas no se ha
das, con menor presencia sindical, con menor es-
reducido en absoluto, es más, a consecuencia del
tabilidad en el empleo y mayor flexibilidad en la
jornada de trabajo, con menos garantías y unas re- trasvase procedente de esa zona de vulnerabili-
laciones laborales cada vez menos definidas por dad también sigue creciendo. Lo peor de ese cre-
un gran pacto de los agentes sociales a escala es- cimiento de la zona de vulnerabilidad es precisa-
tatal y menos intervenidas por el Estado (Tezanos, mente que se ha producido a costa únicamente
1999, p. 28). de la zona de integración. Cientos de miles de
personas que siquiera habían imaginado verse en
Tezanos resume en tres los factores decisivos una situación económica comprometida han pa-
que nos han traído hasta aquí: Un importante au- sado, casi sin saber cómo, a perder su empleo y
mento de las desigualdades, el predominio de a ver como su actual experiencia y preparación
enfoques políticos poco sensibles a la solidari- laboral no son estimadas en absoluto por el mer-

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cado de trabajo. En este entorno inestable en el vez de menos horas, o que aumenta sensiblemen-
plano económico, basta una sacudida de las rela- te el peso relativo de los contratos a tiempo par-
ciones que cimientan su universo social como cial en el total de contratos de trabajo. Si en 2008
una separación o conflicto familiar para que la sólo uno de cada siete contratos era a tiempo par-
persona se deslice por la pendiente, casi sin re- cial, hoy ya son uno de cada cinco (INE, 2015).
medio, hasta la zona de exclusión. Quienes tienen la fortuna de conservar ese
La individualización de la que nos hablan bien tan escaso que es hoy el empleo, además lo
Beck (1998) o Castells (1997) ha actuado como han conseguido a costa de ver reducidos sus sa-
la semilla de la que surgen los nuevos pobres. larios y condiciones laborales hasta extremos
Cuando los ciclos económicos nos muestran su que nunca hubieran imaginado hace pocos años,
peor cara y ese efecto ascensor se vuelve descen- lo que debilita aún más la demanda interna y, co-
dente, quedan al descubierto los efectos secun- mo consecuencia, las perspectivas de mejora pa-
darios de esa descolectivización de las/los traba- ra los próximos años. En este sentido, existen re-
jadores como los restos de un naufragio se posan cientes previsiones para nuestro país que
en la arena al bajar la marea. pronostican tasas de paro superiores al 21 por
En épocas de desempleo masivo, si bien que- ciento, al menos hasta 2019 (El País, 2015).
dan aún más expuestos los que parten con mayo- Por si esto fuera poco, el incompleto Estado
res desventajas (madres con cargas, personas sin de bienestar español que durante tres décadas y
formación, extranjeras, con discapacidad, etc.), a duras penas intentó equipararse al que disfru-
se produce un «reparto de la carencia, una igua- taban en el resto de los países de la Europa de
lación de las oportunidades hacia abajo» en el nuestro entorno, se ha visto en los últimos años
que cualquiera puede salir mal parado. En este cuestionado y debilitado hasta el punto de cargar
punto, es interesante la apreciación de que nos sobre los ya hombros exhaustos de las personas
hace Beck, a propósito de la «paradójica desva- usuarias de sus servicios, los costes de prestacio-
lorización y revalorización de los diplomas» nes cuya cobertura debería ser pública. Por po-
(1998, p. 114). Los títulos educativos son cada ner un ejemplo, en la actualidad más de 150.000
vez menos suficientes para asegurar una existen- personas esperan recibir una ayuda legalmente
cia profesional pero, al tiempo, se vuelven cada reconocida en virtud de la Ley de Promoción de
vez más necesarios si se quiere tener una míni- la Autonomía Personal y Atención a las Personas
ma opción de acceder a la misma. en Situación de Depenencia (Pi, 2015).
Basta con una somera aproximación a las es- Con este escenario, las y los trabajadores so-
tadísticas de empleo en España, para confirmar ciales se ven desbordados ante una demanda cre-
que el mercado de trabajo ha sufrido una trans- ciente que proviene de un doble flanco. De un la-
formación acelerada en los últimos años. La tasa do, un nuevo perfil de usuario/a de los Servicios
de paro en España ha pasado de estar por debajo Sociales compuesto por personas cuya formación
del 10 por ciento a comienzos del 2008 a regis- y capacidad bastaban en el pasado para su inser-
trar el 23,7 por ciento de la población activa a ción laboral, pero que no encuentran su sitio en
finales del 2014 (INE, 2015). Si a este dato su- esta nueva sociedad del crecimiento sin empleo.
mamos que el 34 por ciento de las personas tra- Del otro, el perfil tradicional, cada vez más nu-
bajadoras recibe unas retribuciones ajustadas a meroso, de personas que caen en la más absoluta
un salario mínimo interprofesional de 645 euros marginación, alejadas de toda esperanza de
(Núñez, 2014), tenemos que son ya una minoría encontrar una forma digna de ganarse la vida y
las personas que disfrutan de unos ingresos pro- condenadas a subsistir gracias a la acción de un
cedentes de su trabajo, que les permitan mante- Estado protector en franca retirada que, económi-
ner una sobrada satisfacción de sus necesidades camente exhausto, se sacude sus responsabilida-
más básicas. des e incumple su parte del pacto social.
Resulta innegable la existencia de una preocu- Este sentimiento de desborde profesional y
pante tendencia a la dualización y precarización desorientación resulta común entre las/los actua-
del empleo en nuestras sociedades. Por seguir les trabajadores sociales públicos. Las limitadas
con el caso español, es muy significativo com- herramientas de las que disponen y el origen es-
probar que las jornadas para las que se contrata a tructural de las causas que han llevado a este
las/los trabajadores menos cualificados son cada nuevo escenario, hacen que muchos se cuestio-

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nen a diario la utilidad de sus esfuerzos. En pa- riqueza en unos pocos y más pobreza en mu-
labras de un anónimo trabajador social, algunos chos. Estos guetos, a su vez, se convierten en in-
de ellos se sienten como «tenderos sin produc- visibles para el propio sistema, al ser intrascen-
to», obligados a mantener la tienda abierta, pero dentes para su objetivo de generación de riqueza,
sin nada que vender a sus clientes, testigos impo- zonas en sombra ajenas a esa red informacional
tentes de la gestación de un nuevo orden de pre- por la que fluye toda esperanza de formar parte
cariedad, pobreza y exclusión. de la sociedad red, quedando así condenados a la
Loïc Wacquant (2007) anuncia el advenimien- eterna oscuridad de la exclusión social.
to de un nuevo régimen de marginalidad. Cuando El papel que juega el territorio en este nuevo
nos adentramos en su obra, nos resulta imposible régimen o esta nueva forma en la que se mani-
no recordar los sucesos de 2005 cuando el «cintu- fiesta la marginalidad en las sociedades actuales,
rón rojo» de París fue azotado por numerosos in- forma parte fundamental en la reflexión que nos
cendios provocados por la ira de jóvenes france- traslada Wacquant que, citando a Pétonnet, alu-
ses, la mayoría de origen magrebí y subsahariano. de a los espacios penalizados como algo que
Wacquant advierte de que, pese a lo que pudiera amenaza en convertirse en un componente per-
parecer por las similitudes que existen entre la manente del paisaje urbano postindustrial (Pé-
creciente conflictividad de las banlieue francesas tonnet, 1982; Wacquant, 2007).
(y por extensión, otros suburbios europeos) y los En este punto recuerda que Erving Goffman
procesos de generar guetos, producido en Estados (1963), en su clásico estudio acerca del estigma,
Unidos, no estamos ante dos procesos o fenóme- clasificaba éste en a tres grandes tipos: Las de-
nos sociales homologables. formidades del cuerpo, las fallas en el carácter y
El citado autor nos habla de algunas peculia- las marcas de raza, nación y religión. Wacquant
ridades del fenómeno a nivel europeo que nos ha- añade, además, la contaminación de lugar, que si
cen pensar que este aparente momento de infle- bien es más fácil de disimular (basta con trasla-
xión social que vivimos, marcado por la creciente dar la residencia fuera del lugar asociado al es-
degradación de determinadas zonas urbanas, tie- tigma), opera de la misma forma que los citados
ne más que ver con un crecimiento económico tres grandes tipos que proponía el autor cana-
polarizado y con la fragmentación del mercado diense.
de trabajo que con otros factores relacionados La práctica universalidad es una de las carac-
con fracturas raciales o culturales, más presentes, terísticas de esta disposición territorial de la mar-
estos sí, al otro lado del Atlántico. ginalidad, a la que se refiere Wacquant. El autor
Una de las peculiaridades más presente en el la ilustra con ejemplos de países nórdicos europe-
modelo francés y europeo y a la que hace refe- os para demostrar que, incluso en los estados en
rencia Wacquant, es el mayor peso del Estado los que mejor han funcionado las recetas contra
como elemento de protección y compensación, la marginalidad extrema, se da esta disposición.
sin cuya función una fracción aún más numero- Por supuesto, España no es una excepción. A
sa del proletariado urbano quedaría marginada. cualquier habitante de la Comunidad de Madrid
Sin embargo, tampoco puede ponerse en duda el le viene a la cabeza el ejemplo de «La Cañada
deterioro progresivo que esta función compensa- Real Galiana» o «El Gallinero» como caso para-
dora del Estado ha sufrido en las en los últimas digmático de esta disposición territorial de la
décadas y, de una forma acelerada, en los últi- nueva marginalidad. Cabe recordar que, a pesar
mos años. de la antigüedad del problema de la Cañada Re-
al, la transformación que este territorio ha ido
5. La concentración territorial de la margi- sufriendo a lo largo de las últimas décadas es
nación. Los nuevos guetos evidente. De ser un problema de naturaleza fun-
Los guetos urbanos de nuestras sociedades son damentalmente administrativa, relacionado con
la manifestación más evidente de lo que Castells edificaciones de uso agrario a las que circuns-
(1997) llama los agujeros negros del capitalismo tancialmente se les da un uso residencial y sin
informacional. De alguna forma, en ellos se acu- apenas relevancia social, el territorio ha llegado
mulan todos los efectos negativos de un sistema, a convertirse en un problema social de primer or-
fruto de una mezcla de globalización con tecno- den con ramificaciones legales, morales, urba-
logización, que genera a un tiempo cada vez más nísticas o de seguridad ciudadana, entre otras.

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La historia de lLa Cañada Real coincide con sociedades avanzadas de postguerra como una he-
el relato de Wacquant acerca de cómo se ha rramienta redistributiva y de cohesión, dando sen-
transformado el espacio de la marginalidad en tido al contrato social que arbitraba un equilibrio
las sociedades postfordistas. La marginalidad o que finalmente se ha demostrado inestable.
exclusión más severa, cuyos efectos eran antes Es evidente que esta crisis ha degradado las
más transversalmente apreciables a lo largo y an- condiciones de vida en general y en mayor
cho del territorio, se ha venido concentrando de medida la de los individuos y grupos más desfa-
una forma muy especial en esta porción de tierra vorecidos. Pero pese a lo que cabría suponer,
en la que ya no vive nadie que no pertenezca por anteriores periodos recientes de bonanza y creci-
derecho propio a ese ámbito de marginalidad ex- miento macroeconómico no significaron un me-
trema. La evidencia del estigma que supone vi- joramiento de las condiciones de esas clases.
vir hoy en la Cañada Real no merece el esfuerzo Éste es otro de los rasgos distintivos de este
de ser demostrada, y la «alienación espacial y di- nuevo régimen de marginalidad que anuncia
solución del lugar», en palabras de Wacquant, es Wacquant: la desconexión funcional de las ten-
también un efecto palmario en este territorio. dencias macroeconómicas. En este punto el au-
No hace tanto, los espacios de especial con- tor, citando a Dunkerley (1996), señala la poca
centración de marginalidad en Madrid [también probabilidad de que en los nuevos escenarios de
eran especialmente activos en cuanto organiza- crecimiento sin empleo se pueda recuperar para
ciones vecinales y otras estructuras de organiza- el mercado laboral a la inmensa bolsa de perso-
ción de la sociedad civil. En los antiguos barrios nas que durante periodos muy prolongados han
de aluvión con especiales problemas socioeco- estado desplazadas del mismo.
nómicos surgieron movimientos organizados de Uno de los aspectos que Wacquant entra a
respuesta, enfrentamiento y reivindicación fren- analizar en el texto y en el que merece la pena
te a las administraciones, dispuestos a pelear su detenerse es la orientación que, a su juicio, de-
acceso a los derechos sociales y económicos. Sin ben tomar las soluciones a los nuevos problemas
embargo ésta no es la realidad actual de la Caña- sociales planteados en este modelo marginalidad
da Real. avanzada. En este sentido, el autor reclama de
Éste sería un ejemplo claro del debilitamiento los estados una mayor intervención, trascendien-
de los vínculos fundados en las comunidades te- do las políticas que limitan su acción al estricto
rritoriales que el nuevo panorama postfordista y ámbito del empleo.
las nuevas formas de producción han provocado. En este sentido pronostica que si, como en el
El antiguo sentimiento constructivo de colectivi- caso de Estados Unidos, emprendemos una vía
dad ha sido sustituido por estrategias individuales de desarrollo abundante de empleos precarios,
de subsistencia, convirtiendo estos territorios en mal pagados y de escasa calidad y profundiza-
espacios en los que todos se enfrentan a todos o, mos en la flexibilización del mercado laboral,
en palabras de Wacquant en un «campo de bata- nunca conseguiremos siquiera paliar esta situa-
lla entrópico y peligroso» (p. 280). ción de marginalidad. Debido precisamente a so-
Estas circunstancias suponen en la práctica luciones de esta naturaleza, el empleo ya no es
una nueva dificultad añadida para el Trabajo So- una garantía de integración en nuestras socieda-
cial que ve cómo se debilitan también los apoyos des. Ni siquiera es garantía para evitar una situa-
comunitarios que tradicionalmente le habían ser- ción de pobreza extrema.
vido como instrumento fundamental de su inter- Wacquant espera del Estado unas políticas
vención. La intervención social comunitaria re- sociales que garanticen lo que ya no puede ga-
sulta cada vez más dificultosa en estos nuevos rantizar el mercado de trabajo: la seguridad de
escenarios urbanos de marginación. un ingreso suficiente para una subsistencia dig-
na junto con una distribución equitativa de los
6. Perspectivas para el futuro bienes públicos que atenúen los devastadores
La actual crisis económica y el creciente déficit efectos que han tenido las políticas de desinver-
fiscal en el que han incurrido los Estados han ser- sión social llevadas a cabo durante las últimas
vido de argumento para menoscabar el papel del décadas en nuestras sociedades.
Estado protector en la provisión de servicios públi- Tanto Wacquant como otros autores de sol-
cos. Estos servicios habían funcionado en nuestras vencia intelectual incuestionable, nos han ilumi-

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nado el camino por el que debemos transitar pa- Sin embargo, Bauman se muestra escéptico en lo
ra que este nuevo marco de marginalidad y pre- que se refiere a la aceptación social de este tipo
cariedad no se lleve por delante todo lo que en de soluciones ya que «no parece haber fuerza po-
algún momento nos pareció sólido. Wacquant lítica de importancia que ante las ideas de Offe y
(2007) alcanza a vislumbrar tres posibles estrate- otras similares, no reaccione rechazándolas, sea
gias con las que enfrentar el futuro. La primera por oportunismo político o simplemente para ga-
pasaría por refortalecer el debilitado Estado de nar votos» (Bauman, 2005, p. 147).
bienestar. La segunda, por el recurso de la vía re- Sin embargo, en nuestros días los cambios
presiva y la criminalización de la pobreza me- sociales se producen a una gran velocidad y esta
diante la contención punitiva. Wacquant advier- última aseveración de Bauman (2005) acerca del
te que ninguna de las dos tendrían resultados rechazo social de soluciones radicales como la
satisfactorios al pecar de insuficiente, la prime- del establecimiento de una renta básica y univer-
ra; y de no atender a las verdaderas causas de sal puede estar perdiendo vigencia de una forma
marginalidad, la segunda. ciertamente acelerada. La aparición de movi-
Descartadas ambas, Wacquant sólo ve plausi- mientos ciudadanos y nuevas formaciones polí-
ble una tercera solución: «una reconstrucción ac- ticas de gran penetración social que advierten de
tiva del Estado Social que pondría su estructura la necesidad de un radical cambio de rumbo,
y sus políticas en consonancia con las nuevas puede ser la señal inequívoca de que se acerca un
condiciones económicas». Este nuevo Estado nuevo tiempo de nuevas soluciones para los nue-
Social debería acometer «innovaciones radica- vos problemas.
les, como la instauración de un salario del ciuda- Sea como fuere, lo que cierto es que la solu-
dano» no condicionado, que separe la subsisten- ción, como nos recuerda Castel (1995) no puede
cia del trabajo, «el acceso gratuito a la enseñanza venir de otras instancias distintas del Estado So-
y a la formación durante toda la vida, y la garan- cial y «su responsabilidad de cumplir con su
tía universal de gozar de esos bienes públicos mandato de garante de la pertenencia de todos a
esenciales que son la vivienda, la salud y el una misma sociedad». «Cuando el buque hace
transporte» (p. 320). agua, todos tienen que achicar» (p. 407), pero
Como decimos, otros han propuesto solucio- «nadie puede reemplazar al Estado en la direc-
nes muy similares. Zygmunt Bauman (2005) ci- ción de las maniobras» (p. 407).
tando a Claus Offe (1996), también apuesta por la Finalmente, antes o después, también los tra-
instauración de un derecho individual a un ingre- bajadores sociales públicos, en tanto que agentes
so, disociado de la capacidad real de obtenerlo de ese Estado social, encontrarán su sitio para
por la vía del trabajo asalariado, como la solución continuar desempeñando su insustituible fun-
más idónea a un futuro en el que el pleno empleo ción, coadyuvando en el mantenimiento de la co-
queda más allá de lo realista e incluso deseable. hesión y la justicia social.

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