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El problema Mente y cuerpo.

He decidido trabajar en el área de las ciencias cognitivas y sus ramas debido a la


importancia que esta puede tener en un futuro. Es por esta razón que a lo largo de este
ensayo se desarrollaran diferentes cuestiones tales como: ¿Qué relación tiene la mente y
el cuerpo? ¿Cómo ha evolucionado este problema a lo largo de la historia humana? ¿Por
qué se volvió tan importante hoy en día el estudio de la mente? ¿Podemos permitir la
investigación científica de cualquier tipo en pos del desarrollo cognitivo? Estas son
algunas de las preguntas que estarán muy presentes a lo largo del escrito y que intentará
lograr una reflexión por parte del lector sobre un nuevo campo que refiere a la mente, el
cual, es el estudio de la Inteligencia Artificial y sus posibles consecuencias en un futuro.

Dos existencias diferentes

¿En que pensamos cuando nos referimos al cuerpo y a la mente? En primer lugar,
cuando hablamos de cuerpo nos referimos a ella como una entidad propia del mundo
sensible, es decir, que se puede tocar, oler, oír, etc., mientras que, cuando hablamos de
la mente, nos referimos a ella como una entidad psíquica, invisible e intangible, que, a
lo largo del tiempo, fue adoptada con diferentes nombres y conceptos tales como alma,
espíritu, conciencia, etc.

Si nos vamos al ámbito de la filosofía de la mente, podemos decir que el problema del
abismo ontológico entre el cuerpo y el alma surge con la antropología cartesiana, sin
embargo, nos encontrarnos con que esta cuestión ya venía desde la antigüedad,
podríamos decir que con Homero, que ya concebía un cuerpo separado del alma, y que
esta última era la que iluminaba la razón y acciones del hombre, pues al morir, Homero
los describe como “cabezas sin brío”. Otros afirmaran que esta relación entre dos
realidades de naturaleza distintas, esto es, entre alma (y todas sus variables) y cuerpo,
inició con el dualismo de Platón, teoría que ha trascendido a través del tiempo y que
tuvo una gran influencia e impacto en las posteriores culturas. Este, a la hora de mirar su
experiencia y la del mundo, se da cuenta de que hay una certeza original en el ser
humano que brota de la presencia de sí mismo ante sí mismo. Ante la observación del
hombre frente a la naturaleza, ante lo exterior; surge aquí la observación de nuestro
interior, de un “yo”, o mejor dicho, de un “Nous” que se maravilla de sí mismo y de su
existencia. Recordemos que lo que hoy conocemos como mente, en ese entonces era
concebido como el alma, y la misma tenía una especie de relación del tipo jerárquico
con el cuerpo, siendo este último una cárcel que no permite al alma conocer esas
anheladas ideas. Otra concepción es la aristotélica, que afirma que el alma es una
propiedad del cuerpo, y, cuando muere uno también lo hace el otro, a excepción de una
parte, que es la racional, esto es, el elemento del alma que permite el conocimiento.

Esta idea de lo sensible por debajo de lo inteligible o lo divino se extendió a otras de las
posturas más populares que es la del cristianismo, la cual postula que no somos
solamente cuerpo, sino también espíritu, y que esta última es mucho más que el cuerpo,
por lo que sobrevive a la muerte, muy parecido a la concepción platónica. Al igual que
el alma de Platón, el espíritu también es aquello que nos permite conocer la Verdad, o
parte de ella, es decir, que nos permite conocer a Dios (que es toda la Verdad).

Luego Descartes, llegando a la modernidad, dirá que el ser humano es un compuesto de


res extensa (cuerpo) y res cogitans (alma). El filósofo francés no podía concebir al
cuerpo como una especie de máquina, debido a sus creencias religiosas, por lo que
afirma que el cuerpo no solo es movido por el cerebro, pues con esto sostendría que
tendríamos una concepción muy mecanicista parecida a los de los animales, sino que
llegó a la conclusión de que debía haber una interacción con algo que lo trascienda,
siendo este el alma, y que la misma debía manejar al cuerpo a través de algo que él
concibió como la glándula pineal. La res cogitans es para Descartes la primera certeza
indubitable que nos permitiría conocer todo lo demás. Sin embargo, muchos de sus
críticos le objetaban que, si el alma y el cuerpo son de naturalezas distintas entre sí,
sería imposible que exista una interacción entre las mismas, algo que Descartes jamás
pudo responder. De esta forma, podemos ver que, a lo largo del tiempo, esta concepción
dual del ser humano separaba cuerpo, que es aquella materia que no posee la capacidad
cognitiva, y alma, que es aquello que nos permite conocer el mundo.

Dichas concepciones provocaron que:

 Se hable de dos realidades en el ser humano: lo mental y lo físico.


 Que el cuerpo quede en un segundo plano, esto es, que siempre sea menos que lo
mental (y todos sus correlatos).
 Que el problema siempre gire en ese ámbito, reduciendo el campo de posibles
soluciones.
El planteamiento dualista del ser humano también dio lugar a diferentes concepciones,
como los Espiritualistas que creen que el ser humano es solo espíritu y está atrapado en
un cuerpo, o los materialistas que dirán que es el cuerpo el que condiciona lo psíquico, y
que esta última solo puede ser estudiada a través de la actividad neuronal o sináptica.
Después surgieron otras como el Fisicalismo, que afirma que todo lo que existe es
material, o el idealismo, que afirma que todo lo que existe es producto de la mente, es
decir, sostiene que los objetos no pueden tener existencia si es que no hay una mente
que esté consciente de ello. Parece ser que esto está más allá que el realismo científico,
que afirmaba que, cuando no percibimos a un objeto, sus propiedades desaparecen, sin
embargo, siguen existiendo. (fenomenalismo)

En ambos polos existe un reduccionismo que devora al otro, pero sin embargo siempre
se habla de dos entidades. Podemos notar como esta relación es demasiado compleja y
difícil de concebir, por lo que trajo diferentes maneras de tratar de explicarlas. En su
libro “Introducción al Análisis Filosófico”, John Hospers (1953) hará un recorrido
histórico de los diferentes intentos de darle solución a este problema; algunos de ellos
son:

 Interaccionismo: establece que todos los acontecimientos físicos causan


sucesos mentales y viceversa, es decir, cada vez que hay un estímulo físico, algo
se registra en la conciencia, pero también al revés, pues, los sucesos mentales
causan acontecimientos físicos, como, por ejemplo, cuando tenemos miedo se
nos acelera el corazón. De esta forma, el cuerpo y la mente interaccionan.
 Paralelismo psicofísico: afirman que no hay relación causal entre lo mental y lo
físico. Estos ocurren en sendas paralelas sin tocarse jamás. En otras palabras, se
dice que la relación no es causal entre ambos, sino lo que causa un suceso físico
es otro suceso físico y los sucesos mentales solo acompañan a estos, mas no lo
causan.
 Epifenómenalismo: establece que la mente solo es un epifenómeno, por
ejemplo, cuando me muevo causo que la sombra se mueva, pero la sombra no
causa mi movimiento. Análogamente, lo físico causa lo mental, pero lo mental
nunca lo físico, siendo una relación causal de una dirección.
 La teoría del doble aspecto: establece que los sucesos mentales y físicos son
meramente dos aspectos de la misma substancia que es desconocido para los
seres humanos, a excepción de sus dos aspectos, esto es, lo mental y lo físico.
Ahora el problema seria, ¿Qué es aquello de lo que son aspectos lo mental y lo
físico?
 La teoría de la identidad: de acuerdo con esta teoría, los estados mentales son
idénticos a los estados físicos del cerebro, esto es, son el mismo suceso.

De estas, el interaccionismo es una de las más fuerte y es la que actualmente predomina,


sin embargo, encontramos un problema, pues hay cosas físicas que no tienen correlatos
con lo mental, como la digestión, o sucesos mentales que no poseen correlatos con lo
corporal, como pensar una idea. Sin embargo, hay un problema de origen que da fuerza
a este interaccionismo, pero uno que no sea al extremo, esto es, que no “todos” los
sucesos mentales expliquen los corporales y viceversa, sino que se acepta que estos
funcionan conectados entre sí, pero no siempre. Dicho problema afirma que cuando
miramos a la experiencia de nosotros mismos, del yo, descubrimos que lo material y lo
psíquico no lo experimentamos como dos realidades separadas entre sí, sino que lo
psíquico y corpóreo se experimentan en unidad. Por ejemplo, cuando tengo hambre,
experimento diferentes movimientos corpóreos internos, pero a la vez también
pensamos “tengo que comer”, es decir, que entendemos que tenemos hambre y que
debemos que comer. Entonces ahí tenemos una situación orgánica, pues
experimentamos esa hambre, pero también es un suceso mental, porque nos damos
cuenta, entendemos y comprendemos esta hambre, y nos lleva a tomar una decisión en
ese momento.

Podemos preguntarnos también cuando nos golpeamos una parte de nuestro cuerpo ¿Le
duele a esa parte en particular o a nuestro “yo”? Normalmente respondemos “a mí”, y
con esto podemos decir que no se trata solo de un juego de palabras, sino que es un
intento lingüístico por reconocer un fenómeno concreto, pues al golpearnos, no sufre
solo esa parte del cuerpo, sino que todo el “yo” es el que sufre al unísono, mostrándonos
así que hay una unidad entre el organismo humano y lo psíquico. Si esto no es suficiente
para admitir que lo mental y lo físico no son existencias con naturalezas diferentes,
podemos afirmar que existen cosas que tienen un origen físico, como situaciones que
vienen del exterior y que nos afligen a nivel mental, provocando consecuencias
orgánicas, como las enfermedades psicosomáticas, que indica que los problemas
psicológicos provocan síntomas físicos. De esta manera, podemos encontrar tres
posturas: la primera es la que concibe al ser humano como la relación entre dos
sustancias de naturaleza diferentes (dualismo), otras que dicen que solo existe la mente
y que el cuerpo es solo una ilusión (ciencia) y otra que cree que solo somos cuerpos y
que la mente es una ilusión de ella.

Actualmente se cree que la mente y el cuerpo no son la unión de dos sustancias


diferentes que se encuentran unidas y que nos da existencia, sino que somos una única
realidad, un solo ser psíquico y somático a la vez, pues, no podemos decir que somos
solo mental, porque encontramos procesos corporales diariamente, ni tampoco
solamente puro cuerpo, pues es imposible negar la influencia de los sucesos mentales en
nuestras conductas. Es por esta razón que decir “yo”, es decir que la mente y el cuerpo
es una sola unidad, siendo así una especie de monismo no materialista (pues esta
concepción ha sido vinculada con posiciones que reducen al ser humano a la pura
estructura material), esto es, un solo ser con una sola realidad donde se dan procesos
mentales y somáticos a la vez. Esta es la teoría que más se podría acercar a la verdad,
sin embargo, hay un largo camino por recorrer para poder saber qué tipo de relación que
poseen estos dos, pero lo más importante, para saber qué es la mente. (cita de error
categorial. Descartes)

La mente

Aunque hayamos estado de acuerdo en que la mente y el cuerpo pertenecen a una


misma unidad, eso no quiere decir que dejen de mostrar dificultades a la hora de sus
estudios, pues, el cuerpo es un objeto accesible a la experiencia, por lo que puede y fue
estudiado a lo largo de la historia, originando con esto diferentes disciplinas, como lo
son la medicina y sus diferentes ramas; sin embargo, la mente no es algo accesible a la
experiencia empírica del ser humano, por lo que se desprende de que su estudio es más
complicado ¿Cómo estudiar algo que no puedo percibir ni localizarlo pero que, sin
embargo, sé que existe? Sin duda alguna, esta es una de las preguntas que atormenta a
cualquier estudioso de la mente.

Desde que el hombre obtuvo conciencia de su mente o de sí mismo, se ha preguntado


por su funcionamiento o por su procedencia, sin embargo, esta empresa ha sido difícil
de llevar. Para llevar a cabo este estudio, debería servir el estudiar la procedencia y
formación de la misma a lo largo del tiempo, pues es llamativo que solo nosotros
tengamos conciencia de nuestra mente (o al menos eso creemos). Entonces ¿Cómo llegó
la mente al lugar en dónde está?
Este desarrollo cognitivo es largo, sin embargo, trataré de explicarlo lo más breve
posible. Es sabido que nuestros antepasados no nacieron con un desarrollo intelectual
enorme, sino con uno menor, y que después de largos procesos llegó a ser lo que es
ahora. En ese periodo, podemos considerar que las especies más inteligentes son
aquellas que, según la Teoría de Selección Natural de Darwin, mejor se adapten al
medio ambiente. Para adaptarse a este medio, estos hombres empezaron a organizarse
en sociedades debido al reconocimiento de sus debilidades frente al medio ambiente y
por sus temores a la muerte. Con la formación de estas sociedades vino acompañado la
comunicación, esto es, el desarrollo del lenguaje, y con ella, poco a poco, se llevaron a
cabo diferentes construcciones conceptuales, primitivo en su momento, pero ya
mostraban grandes indicios cognitivos. A su vez, este lenguaje y la acumulación de la
misma permitió que se forme una cultura, algo que estas sociedades compartían y que
lograba una unión de identidad; esto no queda ahí, pues la cultura es muy importante a
la hora de permitir la retroalimentación del individuo, por lo que pudo desarrollar de
mejor manera sus capacidades cognitivas. En pocas palabras, parece ser que el
desarrollo cognitivo depende del medio ambiente en donde se inserta, pero también de
la cultura.

Sin embargo, no basta con entender el desarrollo evolutivo de la mente para poder
entenderla y descubrir sus misterios. Como habíamos dicho anteriormente, su existencia
invisible hace complicada la tarea de su estudio, pero se han encontrado algunas formas
de estudiarlas, como, por ejemplo, el “modo espejo”, que sugiere utilizar como reflejo la
mente de los demás; otra forma es estudiar el funcionamiento de las neuronas y el
cerebro para tratar de comprender de donde proviene la mente o utilizar sistemas
artificiales como espejo para comprender nuestra propia mente. Esta última es la más
llamativa e interesante, y tratará, a través de la inteligencia artificial como espejo de
nuestra propia mente, de comprender a la misma, desarrollando sistemas artificiales que
simulan la inteligencia humana, proporcionándonos las bases o la guía necesaria para
poder pensarnos a nosotros mismos.

Inteligencia artificial

Podemos asegurar que esta concepción nos parece familiar, pues, actualmente se habla
mucho de ella y estamos rodeados de la misma, aunque no tengamos conciencia de esto.
Ejemplos de esta afirmación es el uso del celular o computadoras que casi la totalidad
de las personas poseen y que, sin darse cuenta, son ayudados en su vida diaria por esta
inteligencia artificial. Pero, ¿Sabríamos definir lo que es IA? Actualmente se la concibe
como una simulación de los procesos de inteligencia humana que es realizado por las
máquinas. Esto incluye el aprendizaje, el razonamiento y la autocorrección. Además,
podemos decir que la IA es cualquier software que replique tareas humanas de manera
efectiva, algo que actualmente es posible y es llevado a cabo por nuestros dispositivos
tecnológicos. Sin embargo, el mayor desafío de los estudiosos de este campo es lograr
que estas máquinas sean capaces de responder y reaccionar con el entorno a un nivel
más profundo, como poder relacionarse de manera natural con otras personas, poder
dialogar, debatir o reflexionar sobre los diferentes dilemas éticos.

El estudio de la inteligencia artificial inicio a mediados del siglo XX, donde, por
influencia de los problemas mencionados anteriormente, se contempló a la mente como
un ente aislado del cuerpo, lo que llevo a un desarrollo de sistemas basados en el
conocimiento abstracto, que tenían una perspectiva de la mente como un ente aislado
del mundo, enfocándose en simular las actividades de la mente que no tuvieran
correlatos con el cuerpo, como juegos mentales, razonamientos lógicos, solución de
problemas, etc. Hasta este momento todos los estudios marcharon de maravilla, pero a
la hora de la simulación de esta inteligencia artificial con procesos que involucran al
cuerpo o al medio ambiente fue que estos sistemas basados en el comportamiento
empezaron a fallar.

Una de las dudas de los estudiosos de este campo era si las maquinas poseían
inteligencia humana, pues pareciera ser que estos podían llegar a resolver una respuesta
específica, pero no eran consciente de que fue lo que hicieron, sin embargo, esto no era
razón suficiente para concluir que las maquinas no tengan inteligencia humana, pues,
por ejemplo, muchos de nosotros manejamos cosas sin tener necesidad de conocerlas
completamente, ya que no se necesita ser un experto en informática o un gran mecánico
para saber usar una computadora o aprender a manejar. Entonces ¿Cómo podemos
pretender juzgar a una computadora si tiene o no inteligencia porque no sabe qué es lo
que hace si nosotros tampoco sabemos cómo funciona nuestra mente?

Esta cuestión era un gran problema en el campo de la inteligencia artificial, por lo que
Alan Turing, matemático que dejo una profunda huella en la historia de la computación
y la IA, afirmó que solo podemos juzgar a la inteligencia a partir de las acciones que
estas máquinas tienen. Con esto en la mente, propuso en 1936 la famosa prueba
conocida como la máquina de Turing, que juzgaría la inteligencia de una máquina de
acuerdo a su capacidad de reproducir el comportamiento humano. Para ello, se pone a
una persona a interrogar a un hombre y a una máquina, los cuales están aislados del
interrogador; si el interrogador confunde a la maquina con un hombre, podríamos decir
que la maquina posee inteligencia humana. Con este método, se pone énfasis no en el
funcionamiento de la máquina, sino en su capacidad de poder reproducir el
comportamiento humano. De esto sacamos las siguientes conclusiones: primero, para
que un sistema sea inteligente este tiene que realizar una acción; segundo, estas acciones
son juzgadas por un tercero; y por último, la inteligencia es percibida en el
comportamiento de los sistemas.

Pero los estudiosos de la inteligencia artificial no se quedaron en la mera comparación


de la inteligencia del hombre con el de la máquina, sino que también incluyeron la
inteligencia animal, la cual depende de cómo se adaptan a su medio. Estas máquinas
simularon de forma satisfactoria ciertos comportamientos de insectos y de algunos
mamíferos, además del comportamiento característico de una gran variedad de
animales. De esta forma, podemos afirmar que los mecanismos neuronales en relación
con el resto del cuerpo y en relación con el medio ambiente son suficientes para que el
sistema se adapte y exhiba inteligencia. En resumen, la línea evolutiva de la mente y la
inteligencia artificial la encontramos gracias a la capacidad de adaptarse al medio a
través del comportamiento y de conocimiento y razonamiento abstracto.

Reflexiones sobre la IA

Actualmente, la inteligencia artificial generó diferentes cuestiones: ¿Cómo manejamos


los hombres estas nuevas tecnología? ¿Qué significa para nosotros? ¿Se volverá
superfluo el hombre por esta inteligencia? Estas preguntas hoy las preguntas filósofos,
éticos y científicos de todo el mundo. Estos profesionales advierten que, según el modo
que se lo use, será beneficio y perjudicial para las personas. Por ejemplo, en Japón se
logró diagnosticar rápidamente a una persona con Leucemia, diagnostico que
normalmente tardaría una dos o tres semanas, salvando así su vida. Sin embargo esto
nos lleva a preguntarnos: ¿Esto daría origen a un reemplazo de los médicos o solo será
un instrumento más? ¿Sería bueno reemplazar a los médicos humanos por maquinas
mucho más efectivas a la hora de realizar estos trabajos?
El profesor de informática de la universidad de Massachusetts Joseph Weizenbaum
argumentó que la inteligencia artificial no debería de reemplazar las labores humanas
donde se necesite el uso del respeto y la dignidad. Por ejemplo, puestos como la de un
juez, de policías, niñeros, etc., requieren de auténticos sentimiento de empatía. ¿Acaso
no sería mejor que estas tareas, que muchas veces son arbitrarias, la realice una
maquinaria imparcial?

Si nos vamos más allá, lo que más preocupa a estos profesionales es que se lleve a cabo
una carrera armamenticia de inteligencia artificial, pues aumentaría el poderío militar de
los países y con ello, incrementaría el riesgo de otra posible guerra o atentados. ¿Se
imaginan tener la posibilidad de enviar pequeños drones con enfermedades biológicas
dentro, como el Ébola, y que sean capaces de expandir estas enfermedades según el
gusto de quien la use? Sin duda alguna, son ideas que podrían parecer exageradas, pero
los nuevos descubrimientos científicos demostraron que lo que antes era pura
imaginación o mera literatura, hoy son hechos reales. Estas maquinaria podrían reducir
el umbral para una próxima guerra y es algo que éticos temen. Sumado a esto,
normalmente se pasa por alto el debate de estos temas en el campo de la IA, aún se
prefiere dejar de lado la parte ética de algunas cosas, como el uso de armas autónomas
letales, algo que en EEUU ya es una realidad.

En Boston, Massachusetts, el físico y experto en IA Max Tegmark advierte que, a pesar


de los grandes logros de la física, esta ha hecho posible la creación de la bomba
atómica, por ello, afirma que si no se regula el uso de esta IA, podríamos estar en el
mismo camino. ¿No es preocupante pensar en drones a los que podamos programar una
dirección y un rostro a quien matar, y que éste al cumplir su objetivo se autodestruya?
Sin duda alguna esto significaría un caos en la sociedad, aumentando el grado de
atentados contra otros países. Este físico hace una gran reflexión, pues afirma que
cualquier ciencia, según como se emplee, puede servir para ayudar o para dañar al ser
humano. Esto lo podemos ver en el campo de la biología, donde los biólogos han
logrado prohibir las armas biológicas, es por ello que normalmente se habla de logros en
el campo de la biología, en cambio, los físicos han fallado, pues, las bombas atómicas
siguen en los arsenales de las potencias mundiales. Por esta razón cree que el campo de
la IA debe ser como la biología y convertirse en un avance para el desarrollo humano
más que en un retroceso.
Otra cuestión que merece nuestra reflexión es la inteligencia artificial social, esto es, la
intersección entre el hombre y la máquina. Como sabemos, algunos sistemas de
comunicación de la IA ya no se distingue de los seres humanos, por lo que, según
Thomas Metzinger, se deben de trazar límites claros, pues, estas no deben ser capaz de
manipularnos, y para evitar esto, siempre debemos saber que estamos hablando con una
máquina y no con otro humano. Sin embargo, cada vez estamos más lejos de esto, pues,
ya se empezaron a crear sistema complejos capaces de poder debatir sobre diferentes
temas con otros seres humanos, de llevar a cabo una charla cada vez más natural.
Sistemas también como Google Dúplex ya simulan ser un ser humano y son capaces de
mantener una conversación con otras personas, como por ejemplo, poder sacar un turno
en el hospital, pasando totalmente desapercibido de ser visto como un sistema de
inteligencia artificial. Estas son solo algunas de las cuestiones y peligros que mantienen
en velo a filósofos, éticos y científicos de todo el mundo en el campo de la Inteligencia
artificial. ¿Será la inteligencia artificial, en un futuro, un instrumento que beneficie al
hombre, o será como otras tantas veces, la causa de la autodestrucción entre nosotros
mismos? Sin duda algunas son problemáticas que se tendrían que tener en cuenta a la
hora de llevar a cabo todas estas investigaciones.

En conclusión, vimos como el problema de la mente en relación con el cuerpo ha


evolucionado a lo largo de toda la historia y ha estado presente desde tiempos muy
remotos, podríamos decir, desde Homero hasta la actualidad, dando lugar a muchos
debates y teorías, pero lo más importante, dando lugar al estudio y a la reflexión de
nuestra mente a través de un método conocido modo espejo, que usa de reflejo a la
inteligencia artificial para verse a sí misma. Estos nuevos estudios llevó la investigación
hacia límites nunca antes pensados, originando con esto diversos debates en las
diferentes disciplinas humanas, como la ética y la filosófica, disciplinas que reflexionan
sobre cómo debería de usarse a la misma y si deberían de tener leyes y límites que
regulen su uso indiscriminado, pero que sin embargo no están recibiendo la atención
que se merecen. Sin duda alguna, estamos antes una nueva era que podría cambiar el
modo de vida y convivencia de toda la población mundial, y que, dependiendo del cómo
se la use, podría ser beneficioso o perjudicial para nosotros mismos.