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Italia del norte en la alta edad media[editar]

A finales de la edad media, el centro y sur de Italia, que había sido el corazón del Imperio
romano, era más pobre que el norte. Roma era una ciudad llena de ruinas, y los estados
papales constituían una región pobremente administrada, con poco orden y legalidad. En
parte a causa de ello, el papado se había trasladado a Aviñón, un enclave católico en
Francia. Nápoles, Sicilia y Cerdeña estaban bajo dominación extranjera. Las principales
rutas de comercio con oriente pasaban a través del Imperio bizantino o las tierras árabes, y
desde entonces por los puertos de Venecia, Pisa y Génova. Los artículos de lujo comprados
en oriente, por ejemplo especias, tintes, y sedas se importaban a estos estados italianos, para
luego ser revendidas a toda Europa.

Panorámica de la ciudad-estado de Génova, en un grabado de 1493.

Además, las ciudades-estado del interior se beneficiaban con la rica tierra de cultivo del
valle del Po. Desde Francia, Alemania y los Países Bajos, a través de rutas terrestres y
fluviales, se compraban en esta región artículos como lana, trigo y metales preciosos. El
comercio generalizado, extendido desde Egipto hasta la región báltica, generaba ganancias
sustanciales, que permitieron inversiones significativas en minería y agricultura. De esta
forma, aunque el norte de Italia no era más rico en recursos que otras regiones europeas, el
nivel de desarrollo estimulado por el comercio le permitió prosperar.