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NO ES LO MISMO EYACULACIÓN QUE SQUIRT

elperroposteador
21 Julio 2015
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SQUIRT
Que es SQUIRT… Se sabe de ella desde el siglo XVI a.C., expuesta en los textos
eróticos hindúes Ananga-Ranga. Aunque en Occidente nos tomó un poquito más
aceptarla médicamente: para los años 70 del siglo pasado. La eyaculación femenina
fue entonces motivo de investigación.
NO ES LO MISMO EYACULACIÓN QUE SQUIRT

Cuando la eyaculación femenina comenzó a estudiarse formalmente, el término


‘Squirt’ o ‘Squirting’ se convirtió en sinónimo de dicha expresión del orgasmo.
Hasta el día de hoy, enciclopedias e innumerables publicaciones, desde los más
casuales hasta las súper especializadas continúan englobando los términos. Y, al
parecer, hemos estado equivocados.
En 2011, el sexólogo Emmanuele A. Jannini de la Università degli Studi di Roma Tor
Vergata, y el biólogo mexicano Alberto Rubio-Casillas, quienes han estudiado de
fondo el fenómeno de la eyaculación femenina, encontraron que no era lo mismo
eyacular que producir un squirt. Es decir, no toda expulsión de líquido desde la
uretra durante la excitación intensa, o una fuerte oleada de placer, es una
eyaculación.
Para saber qué es el squirt, primero debemos distinguir qué dos tipos de
eyaculación femenina existen. Estos son:
La eyaculación más común entre las mujeres, la que más pasa desapercibida, es en
forma de una pequeña cantidad de líquido traslúcido blanquecino.
Squirting o squirt, es una expulsión en chorro de grandes cantidades de líquido
eyaculatorio.
Este segundo término ha suscitado, recientemente, el debate sobre las posibilidades
que el cuerpo de una mujer puede alcanzar. El fenómeno de eyaculación en squirt
depende de las glándulas de Skene, estas son las encargadas de expulsar el líquido
generado en el punto G. El tamaño de las glándulas varía en función de cada
persona. Esto explica por qué no todas las mujeres pueden eyacular en squirt. Una
talla reducida en el tamaño de las glándulas, podría hacer que el fluido se vaya a
la vagina en lugar de salir al exterior en chorro.

Durante años, se ha tendido a pensar que las mujeres no eyaculaban y que, aquellas
ocasiones en las que expulsaban una cantidad de líquido superior a la habitual
cuando alcanzaban el clímax sexual se producían porque sufrían pequeñas
incontinencias urinarias. Nada más lejos de la realidad. Las mujeres eyaculan, sí,
hasta hace poco casi nadie conocía su nombre propio: Squirting.
La eyaculación nace en la próstata femenina. Anteriormente se le llamaba Punto G
(aún muy discutido), lo cierto es que se reconoce una zona, digamos Zona G, que se
encuentra en la pared anterior de la vagina (es decir, en la pared detrás del hueso
púbico) y cuya sensibilidad es mayor al resto de las paredes vaginales. Esto
obedece a que el clítoris, como saben el órgano sexual femenino mismo que es
nuestro productor de orgasmos, se extiende hasta 8 centímetros al interior de la
vagina, topan justo con esa pared anterior.

Se creía que nuestra única forma de vivir el clímax era a través de contracciones
uterinas-vaginales y extra lubricación. ¿Entonces qué sucede con aquellas cuyos
orgasmos se acompañan de un proyectil eyaculatorio? ¿Se orinan? ¿Tienen “una fuga”?
En 2001 se reconoció médicamente el término “próstata femenina” y que él “chorro”
proviene de ella, pese a que Aristóteles escribió sobre ésta, y algunas disciplinas
milenarias la mencionan. Entonces dichas mujeres dejaron de sentirse freaks para
crear la simiente de uno de los últimos descubrimientos de nuestra anatomía: todas
pueden eyacular. La cosa es cómo inducirla.
Si lo que se quiere es provocar o auto provocarse un squirt. Se requiere de arte
manual. A continuación un paso a paso.

1. Localiza la zona G
Híncate o acuclíllate con las piernas abiertas. Coloca una muy buena cantidad de
lubricante con base de agua en tus dedos cordial y anular. Comienza por estimular
el clítoris por fuera, éste se llenará de sangre y pondrá erecto y por ende la Zona
G será más palpable. Introduce el dedo medio o ambos, con la palma de la mano
viendo hacia el ombligo, no penetres demasiado adentro, está a unos centímetros de
la entrada vaginal, hacia arriba, exactamente detrás del hueso púbico. Mueve el
dedo hacia el frente y siente una zona, acanalada, como una nuez. Al presionarlo
sientes la dureza del hueso que está más adelante. La sensación es parecida a la de
ganas de orinar. Precisamente ese es un signo frecuente de que estás trabajando
sobre la zona indicada.

2. Masajea
Para entrar al Squirt Room hay que ejercitar la Zona G de manera frecuente. Mueve
los dedos de manera circular, presionando un poco, da toques rápidos, detente y
empuja ligera y extensamente hacia arriba. Estás entrenándolo, sensibilizándolo.
Esto hará que se hinche más y más, la sensación de inicio puede ser extraña pero
dale unos minutos. Es posible que llegues al orgasmo sin eyacular. En especial si
el estímulo es combinado con caricias al clítoris “externo”.

3. El "bautizo"
“Aprender” a eyacular requiere preparación, movimientos básicos, cadencia, ritmo y
duraciones. De preferencia sobre las rodillas en una superficie cómoda (y que
puedas lavar), aplica los masajes anteriores a la Zona G, insiste hasta que
percibas con claridad que su tamaño ha aumentado; siente que todo lo que rodea es
esponjoso. Ahora, combínalos con Kegels, o sea contrae intermitentemente los
músculos pubococcígeos o PC (mismos que sostienes cuando aguantas la orina). Irás
activando los circuitos nerviosos (cuando el orgasmo proviene del clítoris, el
nervio pudendo es quien responde y a eso vienen las contracciones y la lubricación
abundante en la vagina, y no hay eyaculación vía uretra).
Continúa, frota la Zona G, rota el dedo, presiona y conforme te excites, recuéstate
sin dejar de estimular, levanta las caderas presionando las nalgas. Sigue y repite
los movimientos.
Ahora, saca el dedo con rapidez y puja (o pídele que puje). ¡Puja!, contrae las
nalgas con la cadera elevada y presiona por fuera haciendo círculos con la mano
sobre los labios mayores que casi cubren el clítoris, o bien, sigue estimulando
manualmente el clítoris externo. Si sientes que la sensación inminente se escapa,
repite. Concéntrate en sentir, va a venir, va a llegar. Lo importante es que no
pienses, siente. Entrégate a la sensación y déjala fluir. Es una manera de vencerse
calmando la mente.
*Si no sucede a la primera, no te angusties, repite el proceso esa y otras
ocasiones; es cuestión de entrenamiento.
Ya has eyaculado y no lo sabes
De acuerdo a los estudios del doctor Francisco Santamaría Cabello cuando la
eyaculación es arrojada desde la próstata femenina puede tomar dos rumbos: ir hacia
la abertura uretral y ser notoria, o retrógrada y depositarse en la vejiga. Analizó
la orina de 24 mujeres antes y después del orgasmo y encontró antígeno específico
prostático (PSA) en la de todas las que no habían eyaculado aparentemente.

El secreto para lograrlo


Desde al menos el siglo IV, los maestros chinos taoístas han creado sistemas y
masajes como parte de las labores amatorias en busca de esa potente catarsis
erótica. Para ellos, los líquidos eyaculatorios femeninos, Marea Yin o el Amrita,
de manera literal, son elíxires de la vida eterna; en sánscrito significa ‘sin
muerte’. Para ellos, la eyaculación va a suceder imperativamente cuando haya una
total entrega al placer, eliminando los bloqueos sexuales, ya sean emocionales
(culpas, incomprensión), circulatorios y articulares. Para ello tienen otras
herramientas como el masaje Karsai, el cual se aplica directamente en los
genitales, en puntos de acupresión y zonas al interior de la vagina. Muchas otras
prácticas que pretenden la perfección y sanación del cuerpo con base en una
sexualidad plena, incluyen el entrenamiento femenino para ser una eyaculadora
total. No solo por placer sino por un correcto funcionamiento físico, espiritual,
mental y emocional de nuestros sistemas.
Desde algunas perspectivas, una eyaculación –no un squirt- es el más allá del
orgasmo. Expresión de una mega descarga de gozo sexual. Pero no existen estudios de
mediciones cerebrales que siquiera indiquen vivencia de mayor placer VS el orgasmo
clitorial. El reporte de mujeres ‘eyaculadoras’ de diversos estudios indican que la
sensación es distinta pero no pueden afirmar que sea más potente ya que en sí el
orgasmo clitorial es una variable y su intensidad depende de muchos factores. Cada
uno es único.
Lo que no debemos olvidar es que la exploración de nuestras posibilidades sexuales,
personalísimas, son la verdadera puerta a una sexualidad ideal. Lograr o no chorros
o mareas no debe limitarnos sino ampliar nuestro espectro de búsqueda y –en
especial- de desmitificación. La ciencia occidental tendrá sus teorías, pero la
propia vivencia es la que nos da las conclusiones.
1. No pienses, siente. No te juzgues.
2. Ten conciencia erótica, o sea déjate guiar por los sentidos no por la idea de
querer eyacular.
3. Es necesario que el cuerpo esté erotizado, haya excitación tras besos, caricias
y juego previo.
4. De preferencia comienza por estimular el clítoris, el cual al ingurgitarse, hará
más palpable la Zona G, la cual también se hinchará.
5. Una vez que hay dicha estimulación, accede a la Zona G manualmente o con un
juguete vibrador con curvatura. Híncate sobre la cama con las piernas abiertas, con
una almohada entre la cadera y tus pantorrillas para descansar la pelvis. Si lo
haces en pareja, puedes recostarte.
6. La Zona G se encuentra al interior de la vagina a no más de dos falanges de
profundidad, con dirección hacia el frente, hacia el clítoris.

7. Introduce los dedos cordial y anular muy bien limpios y lubricados a dicha Zona,
percibirás que su textura es más rugosa que el resto de las paredes vaginales, las
cuales previamente puedes estimular en círculos o espirales.
8. Con el dedo pulgar puedes seguir estimulando externamente el clítoris.
9. Con los dedos que están dentro realiza ligeras presiones en círculos de lentos a
rápidos en la Zona G y de manera intermitente crea pulsaciones con las yemas hacia
adelante. Esto, promoverá presión en las glándulas de Skene, las cuales producirán
el líquido prostático que saldrá disparado en un pico de placer o clímax.
10. La sensación de ganas de orinar es común pero también comenzarás a percibir
placer que se va extendiendo.
11. Echa hacia adelante tu pelvis apretando las nalgas. Ahora, contrae los músculos
pélvicos o pubococcígeos, al soltar la contracción puja como si quisieras orinar, y
vuelve a apretar tu vagina. Una y una repetidamente. Todo esto durante el masaje
manual.
12. Repite y explora, probablemente expulses orina (squirt), o bien, surja una
eyaculación.

No es orina, créeme. El punto G al hincharse presionó las glándulas de Skene


contenidas en la esponja uretral y éstas expulsaron su producción eyaculatoria. La
sensación no es igual a la de hacer pipí, el líquido es blanquecino, más espeso y
huele distinto. Químicamente es básicamente glucosa, su PH es mayor, contiene menos
urea y creatinina que la orina, además del llamado antígeno específico prostático
PSA presente también en la eyaculación masculina (es la sustancia que se busca en
el cuerpo de una mujer para comprobar un caso de violación).
La cantidad depende de factores hormonales, en qué momento del ciclo menstrual se
está y que tan fuertes están los músculos pélvicos para poder lanzar un chorro
modesto o una gran cascada.