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BORGES Y EL INFINITO

Matemáticas y literatura

Luis Cornelio Recalde Caicedo Profesor Departamento de Matemáticas Universidad del Valle

El

objetivo central de esta charla es referirme a la manera como está presente el infinito en

la

obra de Jorge Luis Borges. Obviamente que será sólo un acercamiento parcial, en el cual

seguramente se quedarán muchas cuestiones importantes por fuera. Fundamentalmente voy a referirme a algunos matices del infinito matemático que se pueden visualizar en la obra de Borges.

Particularizando un poco más, mi propósito es identificar lugares de encuentro de dos disciplinas aparentemente disjuntas: las matemáticas y la literatura. Encontrar convergencia donde clásicamente se observa divergencia, a tal punto que generalmente, muchos se dedican a la literatura porque no tiene nada que ver con matemáticas y viceversa.

A riesgo de caer en un reduccionismo facilista, que seguramente demandará una buena

crítica, he identificado dos aspectos básicos, desde los cuales abordar esta cuestión: un

aspecto tiene que ver con el funcionamiento interno de las dos, y el otro con la manera como los literatos utilizan las matemáticas como materia prima de sus narraciones. Me da

la impresión de que la obra de Borges da buena cuenta del segundo aspecto.

Un acercamiento al funcionamiento interno de las dos, nos muestra diversos puntos de contacto. Por lo menos en la dimensión poética y retórica. La retórica juega un papel determinante en los procesos de comunicación ya sea en la idea de persuadir, seducir o conmover a nuestros interlocutores. Nos interesa aquí el aspecto persuasivo y seductor. La literatura seduce a través de los personajes y del mundo simbólico que involucran sus textos narrativos o versificados. La matemática también se organiza en un universo simbólico donde la argumentación cumple un papel decisivo en los procesos de demostración. La poética, tomada en su versión más amplia, cobra importancia en los procesos de significación. Existe poesía cuando logramos construir un singular espacio de significaciones, que se dinamiza en la comunicación. Es decir, donde hay transmutación de lenguaje (imitación por medio del lenguaje, como dice Aristóteles en su poética). Cuestión que alcanza su síntesis en la metáfora, aunque en diversos niveles.

Al igual que los conceptos matemáticos, la metáfora surge de un proceso de concertación, mediante el cual se establece una negociación de significados. Dado que estas negociaciones las establecen seres humanos de carne y hueso, en contextos específicos, vemos que son productos culturales, cuyo grado de valoración y de interpretación depende

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de sí participamos o no de un sistema de convenciones comunes a la cultura donde surge la metáfora.

Esta es una dimensión muy interesante para analizar, porque nos permite establecer comparaciones, al menos en el aspecto general. Por lo menos, es común, en matemáticas, establecer desplazamientos de significado de manera que a veces se nos antoja “natural”.

Veamos algunos ejemplos:

v

Cuando escribimos:

( "x Î R ) (x 2 ³0 ),

significa que todo número real multiplicado por él mismo es mayor o igual que cero. Este es un grado de elaboración metafórica muy profundo; especialmente por el uso del cuantificador universal “para todo”, representado por el símbolo: " , el cual permite codificar un conjunto de infinitas componentes.

v

Para definir un número primo usamos la expresión;

s es primo, si y sólo si (s>1)( "tÎ N)(s=m.t ® m=1 Ú m=s).

Lo cual indica que los únicos divisores de s son él mismo y la unidad.

El uso de las variables en matemáticas tiene un fuerte aroma de metonimia de la forma parte-todo.

El uso de la metáfora en la literatura tiene muchos más problemas que en las matemáticas. Por lo menos las convenciones matemáticas surgen de acuerdos más o menos bien especificados en la comunidad de matemáticos. Si partimos de la matemática como actividad humana, como un constructo social, no es difícil entender que los resultados se dan en un ambiente consensual, aunque, obviamente, no exento, de envidias, pasiones, intuiciones, errores y enfrentamientos vehementes. 1 Además en teorías matemáticas formalizadas, el cuerpo axiomático marca los derroteros generales.

El la literatura es más complicado el asunto, porque no existe un espacio de significaciones específico como en las matemáticas, la interpretación dada a las diferentes figuras depende de condicionamientos religiosos, idiosincrasias, costumbres, modismos, leyendas, creencias, ideologías, etc. Por eso no nos parece escandaloso que un libro metafórico como la Biblia resista tantas interpretaciones, muchas de ellas encontradas. Tomemos, por

1 Es famosa la histórica polémica de Newton y Leibniz sobre quien de los dos fue el primero en establecer las bases del cálculo diferencial e integral. También se ha inmortalizado la rivalidad sin tregua entre Cantor y Kroneker, sobre la teoría de los transfinitos.

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ejemplo, unas cuantas metáforas, que gozan de buen prestigio, tomadas del ensayo de Borges, Las Kenningar:

La casa de los pájaros, Fiesta de vikingos, Castillo del cuerpo, Techo del combate, Remo de la sangre, Delicia de los cuervos, Espada de la boca, Prado de las gaviotas, Nave del corazón, Sudor de la guerra, Hermano del fuego,

Y tratemos de comparar las diversas interpretaciones. Seguramente encontraremos grandes dificultades para lograr un consenso. No hay un traductor universal que decodifique el arte. Los críticos sólo tienen valor referencial ¡Afortunadamente!

Para analizar el segundo aspecto, se pueden tomar muchos caminos; sin embargo, en este caso he tomado el que me parece más sugestivo. La idea es realizar una especie de seguimiento detectivesco en las obras literarias, y auscultar en ellas las referencias matemáticas. Uno se queda sorprendido de la rica veta que representa la matemática para los literatos. Muchos reconocidos escritores hacen alusión a las matemáticas desde diversos ángulos, ya sea para satirizar esa fría labor de quienes enseñamos o para resaltar algún concepto, una demostración o un determinado axioma.

Seguramente el inventario que a continuación presento se quedará corto ante la prolija producción en este sentido; pero creo que este aspecto amerita un estudio más profundo y concienzudo.

Divulgación y ensayos:

* El hombre que calculaba

Malba Tahan

* Carnaval matemático Matemática recreativa

Martín Gardner

* Matemática e imaginación

James R. Newman

* Obra de Russell

Premio nobel de literatura 1950

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* Escher - Gödel - Bach

* Experiencia matemática

Obras Literarias:

Douglas Hofstadter

Davis - Hearts

® EDGAR ALLAN POE ( 1809 - 1849 ) El doble asesinato de la calle Morgue El misterio de María Rogêt La carta robada El escarabajo de oro Eureka (ensayo)

® LEWIS CARROL (1842 - 1898) (Charles Lutwidge Dodgson) Alicia en el país de las maravillas (1865)

® ALDOUS HUXLEY Joven Arquímedes

(1894 - 1963)

® JONATHAN SWIFT(1667-1745) Los viajes de Gulliver - La isla de Laputa

® JUAN JOSE ARREOLA (1918-) Botella de Klein

® JEREMY BERNSTEIN (1930-) Teorema de Gödel

® ROBERT MUSIL (1880-1942) Las tribulaciones del estudiante Törless.

Particularmente nos interesan Edgar Allan Poe Y Robert Musil, por sus referencias al infinito.

En su famoso ensayo Eureka, Poe expone su punto de vista sobre el infinito. Para él, el infinito no se ubica en la categoría de los conceptos sino en un nivel netamente verbal: “es, no la expresión de una idea, sino la expresión de un esfuerzo hacia una idea”. Al no tener existencia conceptual, el infinito es la representación de un intento del hombre por abarcar un imposible que ha construido en la mente, es el “pensamiento de un pensamiento”; o mejor “una tentativa posible hacia una concepción imposible”.

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En sus cuentos analíticos, Poe critica duramente a los matemáticos, especialmente en lo concerniente a su método. Es importante destacar que en El Doble asesinato de la Calle Morgue, hace alusión al principio, proveniente de la antigüedad griega, según el cual, el todo es mayor que una de las partes. Poe entiende que este principio, al igual que el resto de axiomas, no constituye una verdad inmutable sino que depende de cual sea el campo donde nos movamos. Este es otro ejemplo muy revelador que nos muestra como, en muchas ocasiones, el artista, puede “ver” aquello que está negado al matemático, por estar absorto en su mundo particular, que le impide mirar hasta más allá de su principios (La Carta Robada).

Con el estudiante Törless, Musil aborda el problema de los principios fundamentales de las matemáticas. Törless es un joven estudiante que sufre de constantes tribulaciones personales; pero al contrario del joven Werther, por ejemplo, sus penas no son amorosas o teológicas. Tampoco son existenciales ni mucho menos pecuniarias. Sus tribulaciones obedecen al hecho de que no entiende qué son y de donde provienen los conceptos matemáticos. Fundamentalmente su problema es con el infinito:

“¡El infinito!” Törless conocía la expresión por las clases de matemáticas. Nunca se había representado nada preciso, al pronunciar aquella palabra. Alguien la había inventado alguna vez y desde entonces era posible contar con ella como algo seguro. Era precisamente lo que ocurría en los cálculos matemáticos. Pero más allá de ellos, Törless nunca había tratado de buscarle sentido.

Y ahora le penetraba como un puñal y esa palabra contenía algo terriblemente inquietante. Se le antojó que era como un concepto domesticado, amansado, con el cual diariamente él hacía sus pequeños malabarismos y que, de pronto, ahora, se había desenfrenado. Los trabajos de algún inventor habían hecho dormir aquella cosa salvaje, violenta, anonadadora, que ahora se despertaba súbitamente y volvía a ser temible; y en aquel cielo se le imponía como algo vivo, que lo amenazaba, se mofaba de él.

Como sabemos, el joven Werther escapa a la pena de ese amor imposible, a través del suicidio. El estudiante Törless, por recomendación de su profesor, cansado de sus

constantes interrogantes, recurre a la filosofía

otra forma de suicidio.

El infinito como concepto corruptor

De toda la gama de epítetos (y los hay muchos) que se han usado históricamente para describir el infinito, tanto en su profundidad conceptual, como en sus horrores, debemos a Borges el más afortunado. Uno se imagina al joven Borges de los años 40, buscando, con esa avaricia por la palabra que lo caracterizó siempre, las expresiones exactas y los adjetivos precisos que le permitieran la descripción de ese monstruo milenario.

Por eso no es casual que en la entrada a su famoso cuento-historia-ensayo, Avatares de la Tortuga, escribiera:

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Hay un concepto que es el corruptor y el desatinador de los otros. No hablo del Mal cuyo limitado imperio es la ética; hablo del infinito.

A primera vista, da la impresión que Borges intenta confundirnos con una retórica sutil al presentarlos al mal, ese almacén de los pecados, en una categoría perniciosa inferior al infinito. Si aceptamos esto, el infinito desbordaría lo ético y ocuparía el lugar de los selectos, mas allá del bien y del mal.

palabra

( y después concepto) de zozobra que hemos engendrado con temeridad y que

una vez consentida en el pensamiento lo estalla y lo mata.

Dirá en La Perpetua Carrera de Aquiles y la Tortuga. En este ensayo, al igual que en el anterior, Borges intenta decirnos algo profundo y conmovedor. Nos está alertando sobre la presencia de un terrorista de la razón. ¿Qué es eso que nos está tratando de decir Borges? ¿A qué oscuros territorios nos quiere conducir?

Para entender un poco ese llamado que nos está haciendo Borges, para orientarnos un poco en ese universo conceptual, es necesario puntualizar algunos aspectos.

En primer lugar, hay que decir que si bien muchos pensadores, desde los filósofos griegos, pasando por Musil, Goethe, hasta Poe, Nietzche Y Paul Valery, han intentado dar cuenta de ese carácter corrosivo del infinito, en ninguno de ellos aparece como el personaje central que teje la trama.

En segundo lugar, hay que entender que Borges realiza una fina labor arquitectónica de reconstrucción del infinito. Para ello recurre a la cábala, a la metafísica, a la filosofía y por supuesto a las matemáticas. A partir del infinito, logra construir puentes de contacto entre los seres imaginarios que deambulan por sus cuentos y los seres abstractos que maneja la matemática.

De otro lado, Borges entiende que ese afán por dominar el infinito es un afán milenario que abarca la historia del hombre y su cultura. En Avatares de la tortuga, nos confiesa que su idea primigenia fue escribir una biografía del infinito. No es difícil imaginarnos los obstáculos que fue encontrando en cada paso y que lo obligaron a desistir de tal acometido. Sin embargo, al leer sus ensayos a uno le queda la sensación de haber surcado algunos tramos de ese vasto mar que es la historia del infinito. Su obra corresponde al camino seguido por un itinerante obsesivo, un odiseo que llega a su Itaca luego de sortear las más asombrosas aventuras. Desde su primer escrito, sobre el tema, en 1932, hasta su obra cumbre, El Libro de Arena, en 1975, se observa un desarrollo conceptual, del infinito potencial al infinito actual, del infinito como concepto al infinito como objeto. Al igual que Georg Cantor, Borges logra rescatar el infinito del recinto de la sola imaginación; logra sacarlo del mundo de los pegasos, los lestrigones y los cíclopes y volverlo objeto.

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Esta discusión es larga y milenaria. Ya desde el siglo IV A.C., Zenón de Elea y Aristóteles plantearon la cuestión. Para Aristóteles el infinito no es un todo completo, pues lo completo tiene fin, y el fin es un elemento que limita. De esta manera, le niega legitimidad al infinito en acto, infinito actual, o sea al infinito tomado como un todo y sólo acepta el infinito potencial, es decir, el que se da como proceso. “infinito es aquello que tomada una determinada cantidad, siempre es posible tomar algo fuera de ella”, dice Aristóteles en su Física, y se plantea dos tipos de infinitos: por divisibilidad y por adición. El primero se puede visualizar en el proceso de contar, pues aunque no exista un conjunto infinito de números como un todo, siempre se podrá obtener un número más grande que otro, agregándole una unidad. El segundo infinito aparece en el proceso de división de magnitudes. Por ejemplo se puede dividir un segmento en subsegmentos que a su vez se pueden dividir en segmentos mas pequeños y así sucesivamente.

De esta manera, durante más de veinte siglos, el infinito actual, fue desterrado y condenado al ostracismo, no sólo porque teóricamente llevaba a contradicciones sino también por cuestiones ideológicas. Por lo menos se adaptaba muy bien a los planteamientos escolásticos, de darle sólo a Dios el atributo de infinito actual. Pero, si sólo Dios poseía ese atributo ¿cómo era posible que el hombre, ser efímero, fuera capaz de concebirlo? Plantear esto era plantear una contienda, que entendieron muy bien San Agustín y Santo Tomás. Es bastante significativo que en Suma Teológica, Santo Tomás tome muy en serio la cuestión de demostrar por qué Dios es el único que tiene la propiedad de ser infinito en acto. Su preocupación central es demostrar que en el infinito en acto como tal, no puede existir más que en Dios. El infinito actual fuera de Dios es algo que contradice al mismo Dios, pues hace confundir al creador con la creación. Por eso, de entrada, para Santo Tomás, el demonio, arquetipo del mal, era sólo un enemigo de segunda, el enemigo a vencer era el infinito actual. 2 Eso también lo entendió Borges, lector de aquellos y lo denuncia públicamente más de diez siglos después, presentándolo como concepto corruptor y desatinador por encima del mal.

En el renacimiento se da un viraje importante; pero no proviene de la matemática, viene del arte, concretamente de la arquitectura, la literatura y la pintura. La perspectiva que posteriormente se convertirá en la geometría proyectiva escapa al orden impuesto por los conservadores. La Anunciación de Ambrogio Lorenzetti (1290-1348) marca una revolución muy interesante, pues por primera vez se introduce el punto de fuga en una representación. El punto de fuga es un punto que se supone en el infinito, es el punto de encuentro de las paralelas. Lo novedoso es que resiste una representación en un espacio finito. Posteriormente Masaccio, y Piero della Francesca y la mayoría de pintores renacentistas seguirían por esta misma línea.

2 San Agustín, sustentaba no solamente que Dios era infinito, sino que podía pensar cosas infinitas. Santo Tomás (Suma Teológica) argumentaba que si bien Dios era ilimitado, él no podía hacer cosas absolutamente infinitas, pues entonces la creación igualaría al creador, lo cual es contradictorio. Esto es, obviamente, paradójico, pues entonces Dios no sería ilimitado pues su límite sería la creación de lo ilimitado.

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En La Divina Comedia, Dante hace algo similar al localizar a Dios en un punto en el infinito. Describe el paraíso cuando es conducido por Beatriz a través del espacio. Primero atraviesa las nueve esferas del mundo (los planetas). Más allá de estas nueve esferas estaban los ángeles y posteriormente, mucho después, estaba el punto en el infinito llamado el empíreo: morada de Dios.

¿Qué hacían mientras tanto los matemáticos? Tiraban la piedra y escondían la mano. Utilizaban los procesos infinitos para lograr resultados; pero luego escondían los procesos y daban los resultados sin ningún escrúpulo. Sólo Galileo se atreve a ir un poco más allá, al visualizar que se llega a la contradicción de igualar la “parte” con el “todo” si se acepta el infinito actual.

Tendría que esperarse hasta finales del siglo XIX para que el infinito actual recibiera su ciudadanía matemática.

Los inicios del siglo XIX, se conocen en la historia de las matemáticas como el período de rigorización del análisis. En este período, fundamentalmente, se buscaba legalizar todos aquellos procesos que tenían que ver con el infinito. Muchos matemáticos se dieron a la búsqueda de salidas efectivas. Después de muchas discusiones, varios concursos e infinita paciencia pareció que se le encontraba salida con la incorporación del concepto de límite. Parecía ser el golpe de gracia a ese monstruo milenario. Pero, en poco tiempo nos dimos cuenta que aún faltaba mucho para ello.

Es cuando aparece Georg Ferdinand Ludwig Philipp Cantor en escena. Cantor empezó derrumbando un viejo principio, instaurado en los lejanos tiempos de Euclides el cual establecía que el todo es mayor que una de las partes. Durante siglos, los matemáticos de todas las latitudes tomaron esta sencilla inecuación como una verdad sagrada que no necesitaba demostración. En realidad, Cantor no fue el primero en percibir que algo fallaba en este principio; muchos otros, como Bolzano y Galileo ya lo habían notado antes que él.

Extendiendo el concepto de número de lo finito a lo infinito, Cantor construyó los ordinales transfinitos y los cardinales transfinitos. En este caso voy a referirme únicamente a los segundos, por su estrecha relación con los trabajos de Borges.

El medio para medir conjuntos es la biyección: dos conjuntos tienen la misma cantidad de componentes cuando se puede establecer apareamientos monogámicos entre los elementos de los dos conjuntos, sin que ninguno se quede sin pareja. Esta es una manera muy “natural” de verificar cuando un conjunto tiene mayor número de elementos que otro; por ejemplo, si yo entro a un salón, y observo que todos los individuos están sentados, pero que hay sillas vacías, entonces yo concluyo que hay más sillas que individuos. Este sencillo principio que se utilizaba para conjuntos finitos lo generalizó Cantor para todo tipo de conjuntos. De esta manera se llegan a resultados que sorprenden: Los números naturales tienen igual número de elementos que los pares, a pesar de que estos están contenidos en ellos.

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La demostración que es tan irreprochable como baladí, dice Borges, establece el apareamiento de los naturales y los impares. Siguiendo razonamientos similares se puede demostrar que hay tantos impares como números naturales. Hay tantos naturales como números racionales.

Además, podemos demostrar que el número de puntos que hay en una recta que atraviesa el universo es el mismo que hay en un metro de recta, o también en un centímetro de recta. Pero, esto es sólo el comienzo, porque también se puede demostrar que el conjunto de los números reales es más numeroso que el conjunto de los números naturales. Lo cual significa que ¡hay infinitos más grandes que otros!

Esto es algo muy sobrecogedor y sutil, pues cuando creíamos que la palabra infinito ya abarcaba toda la grandeza que pudiéramos abarcar en nuestras mentes, Cantor demuestra que también en las altas latitudes de los conjuntos infinitos hay unos más grandes que otros.

El conjunto de puntos de una recta es más “grande” que el conjunto de números naturales.

Para designar la cantidad de elementos de un conjunto infinito, Cantor utilizó la primera letra del alfabeto griego, la lengua sagrada por antonomasia, llamada aleph y representada por el signo À. De esta manera estableció:

À 0 : representa la totalidad de los números naturales.

À 1 : representa el siguiente infinito “mayor”que À 0 .

Y siguió construyendo infinitos cada vez más grandes:

À 0 , À 1 , À 2 , À 3 , À 4 ,

Son los números cardinales transfinitos.

Una de las cuestiones que preocupó enormemente a Cantor fue establecer la potencia del conjunto de los números reales, es decir, determinar cual de los alephs daba cuenta del número de elementos del conjunto de los números reales. Recordemos que en la teoría

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clásica, los números reales “llenan” completamente la recta infinita llamada también continuo geométrico. 3

Los resultados anteriores nos llevan a ciertas cuestiones muy profundas. En primer lugar, la aceptación de los transfinitos fue posible por la aceptación del infinito actual, mejor dicho aleph cero sólo es posible porque aceptamos sintetizar en un acto la colección infinita de los números naturales. Los tratamos como un todo. Lo múltiple que es uno.

De otro lado, la construcción de cadenas interminables de aleps lleva a la idea de que podemos superar (a partir de ir construyendo alephs cada vez más grandes) la totalidad de los componentes del universo. La razón, entonces, desbordaría el universo mismo. Esto se muestra intolerable para los teóricos de la iglesia, quienes sustentaban que ésta es una propiedad divina. Los conservadores lanzaban clamores de protesta. Pero Cantor era un tipo que no le corría a la polémica. Ya antes había debido librar una batalla portentosa contra muchos matemáticos importantes que se negaban a abandonar la tradición. Son famosas las polémicas en intensos cambios epistolares con el obispo Franzelín, quien participara en el concilio de 1869-1870. Franzelín sostenía, muy “sabiamente”, que la teoría transfinita era altamente peligrosa pues podía conducir a confundir a Dios con su creación.

Aquí afirmo algo: sólo un acérrimo creyente como Cantor pudo construir los transfinitos, tenía el terreno abonado para ello, tenía las bases matemáticas conceptuales, pero sobre todo tenía la fe. Por eso Cantor no podía reproducir el grito de Zarathustra “ Dios ha muerto”, en el fondo lo estaba reedificando; por eso el manifiesto sobre los transfinitos de Cantor terminó convenciendo al obispo Franzelín que la teoría de los transfinitos en lugar de ir en contra de la fe, la reafirmaba. En el manifiesto, cantor afirmaba:

investigar al infinito real en tres relaciones principales: primero, en cuanto al

infinito real se realiza en la perfección suprema, en existencia plenamente independiente más allá del mundo, en Dios, de donde lo llamo el infinito absoluto o simplemente el absoluto: segundo, en cuanto al infinito verdadero se manifiesta en el mundo creado independiente: tercero, en cuanto magnitud matemática, número o tipo ordenador que puede ser comprendido por el pensamiento en abstracto. En las dos últimas relaciones, es donde el infinito verdadero aparece claramente limitado, susceptible de ulterior extensión, y en este sentido semejante al infinito, le llamo el tansfinito y lo contrapongo estrictamente al absoluto

Uno puede

El capítulo final de la vida de Cantor es bastante conmovedor, especialmente porque se dedicó a tratar de convencer, o mejor convencerse, que efectivamente su teoría del infinito absoluto no era incongruente con la idea de Dios. Durante veinte años estuvo errando de sanatorio en sanatorio intentando afirmarse a sí mismo. Me da la impresión que al ver que no podía llegar a nada cayó en una crisis espiritual de la que nunca pudo recuperarse.

3 Cantor pensó que À 1 correspondía al cardinal transfinito de los números reales, en lo que se conoce como hipótesis del continuo. Sin embargo, esto nunca pudo demostrarlo. Años después, Paul Cohen demostraría la independencia de la hipótesis del continuo, o en otras palabras, demostraría que no se podía demostrar lo que intentaba demostrar Cantor.

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Termino sus últimos años releyendo la Biblia, e intentando explicaciones a algunos misterios clásicos como el de la virginidad de María en el nacimiento de Jesús.

Los resultados de Cantor fueron inmediatamente incorporados por jóvenes matemáticos que visualizaban en la nueva teoría de conjuntos la recuperación del paraíso perdido. Sin embargo, ese paraíso mostró estar plagados de esas serpientes tentadoras, que son las paradojas. Fue cuando volvimos a ser humanos. Entendimos que las rejas que habíamos construido eran muy frágiles. La fiera parecía imposible de domar, y Aquiles no terminaba de alcanzar a la tortuga.

Estamos asistiendo a cambios muy significativos en la historia de las matemáticas. Las paradojas ocasionan fisuras en al edificio matemático, en lo que se denomina la crisis de los fundamentos. Esta crisis toma ribetes insospechados en 1931, con la aparición del teorema de incompletitud del matemático austríaco Kurt Gödel que hecha por tierra las pretensiones de Formalizar completamente las matemáticas.

No sabemos hasta que punto esto tuvo incidencia en el joven Borges de los años treinta, lo cierto es que, precisamente, sus primeros escritos al respecto datan de esta época. En 1932 empieza una elaboración conceptual que va hasta 1975, con el Libro de Arena. Del infinito potencial al infinito actual, en una construcción equiparable a la de Cantor.

En un mirada macro de la obra de Borges se puede visualizar un esfuerzo profundo por caracterizar el infinito. Más que caracterizar, de evidenciar sus desatinos, de mostrar su carácter corruptor. En este sentido, su obra no es una construcción ordinaria de albañil, es la construcción de un arquitecto matemático en un decorado intelectual donde la filosofía también tiene la palabra.

Clasificación de la obra de Borges sobre el infinito:

EL INFINITO POTENCIAL:

Avatares de la tortuga, (ensayo) (Discusión, 1932) La perpetua carrera de Aquiles y la tortuga (ensayo) (Discusión, 1932) La esfera de Pascal (ensayo) (Otras Inquisiciones, 1952) Pascal (ensayo) (Otras Inquisiciones, 1952) La doctrina de los ciclos (ensayo) (Historia de la eternidad, 1936) El tiempo circular (ensayo) (Historia de la Eternidad, 1936)

EL INFINITO ACTUAL:

Funes el memorioso (cuento) (Artificios, 1944) El Aleph (cuento) (El aleph, 1949)

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El libro de Arena (cuento) (El libro de Arena, 1975)

El INFINITO NUMERABLE: Se refiere al infinito de los números naturales

La biblioteca de Babel (cuento) (Ficciones, 1944) El libro de Arena

EL INFINITO NO NUMERABLE: Infinitos mas grandes que el infinito de los naturales. Funes el memorioso (cuento) El Aleph (cuento)

Revisión analítica de algunos textos.

Como se ha insistido el programa literario de Borges, en la línea del infinito, se sitúa en la perspectiva de hacer posible materialización del infinito actual. En la idea de hacer posible el infinito en acto en un mundo finito. Para ello, Borges recurre a ciertos medios concretos que convierten al infinito en protagonista de sus narraciones.

El espejo, el laberinto, el libro, la memoria, la biblioteca,

identificar en Borges y que hacen posible la materialización del infinito.

son elementos que uno puede

El espejo como elemento multiplicador aparece en concordancia ya sea con los sueños o con la divinidad. En los espejos (5) reconoce Borges ese carácter asombroso del reflejo como generador de formas ilusorias. Son equiparados con los sueños, pues ambos son fábricas de ilusiones y de formas.

El laberinto ocupa un lugar central para Borges, su obra misma es un laberinto.

Laberinto

palabra que con sólo enunciarla, invoca encrucijadas, largos corredores, puntos sin retorno o rectas galerías que se curvan en círculos secretos, como dice de Borges. El laberinto borgiano se identifica plenamente con lo infinito, fundamentalmente en los

Laberinto

recinto

que hace evocar al minotauro, a Teseo, al hilo de Ariadna

vericuetos del destino,

No esperes que el rigor de tu camino Que tercamente se bifurca en otro Que tercamente se bifurca en otro Tendrá fin.

Sin embargo, para Borges, el laberinto más temible no consta de vastas galerías ni de secretas puertas ni de intrincados pasadizos. El laberinto más atroz lo constituye la

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inmensidad

ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso”, tal como lo describe en su relato Los dos reyes y los dos laberintos.

el infinito desierto, “donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar,

La biblioteca es uno de los elementos más interesantes en la obra de Borges. La Biblioteca de Babel es una metáfora del universo como espacio inagotable que lo contiene todo. De entrada, se hace una descripción física que presagia el infinito, un infinito en el sentido de extensión. Podemos recorrer las vastas galerías una a una, ya sea hacia arriba o hacia abajo, como en los números enteros,

¬ ¾ ¾ ¾ ¾ ¾ ¾ ¾ ¾ ®

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.

. -3, -2, -1, 0, 1, 2, 3,

.

.

.

De esta manera, el infinito de La Biblioteca de Babel es un reflejo del infinito numerable, sólo que en ella las galerías se extienden hacia arriba y hacia abajo, sin llegar a un tope, como en los números enteros.

El infinito potencial en la obra de Borges

En sus dos ensayos La Perpetua Carrera de Aquiles y la Tortuga y Los Avatares de la Tortuga, Borges da cuenta del infinito potencial a partir de las paradojas de Zenón. El tratamiento que hace Borges en estos dos escritos tiene mucha significancia histórica, pues sigue los mismos delineamientos del horror al infinito presente en la cultura griega.

La Paradoja de Aquiles y la Tortuga le permite a Borges abordar la problemática del

infinito potencial de una manera patética. La descripción nos lleva a vivir la carrera en toda su intensidad. Al final, uno mismo siente el desespero de Aquiles en pos de ese imposible.

Lo ve flotando punto a punto sin lograr su cometido

es el horror del infinito.

La idea de fondo en este ensayo y en La Perpetua carrera de Aquiles y La Tortuga, es, como él mismo lo dice, “registrar ciertos avatares de la segunda paradoja de Zenón”. Pero esto es una modestia de Borges, porque a través de 184 líneas distribuidas en cinco densas páginas, asistimos al seguimiento de las más sonadas refutaciones. La síntesis del texto es abrumadora. Aristóteles, Stuart Mill, Lotze, Russell, Descartes, Hobbes, Leibniz, Renouvier, Gompers, Bergson y Georg Cantor, aceptan el desafío y salen derrotados. Borges entiende muy bien la problemática que encierra el horror al infinito que caracteriza la matemática griega antigua. Descorazona (Ese horror que nos hace sentir lastima de) ver al Aquiles legendario en pos de un imposible. Cada vez que Aquiles ocupa el lugar de la tortuga, ésta ha avanzado un poco más, de tal suerte que el más rápido nunca alcanzará al más lento. Borges transcribe la versión de la siguiente manera:

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Aquiles corre diez metros más ligero que la tortuga y le da diez metros. Aquiles recorre esos diez metros, la tortuga corre uno; Aquiles corre ese metro, la tortuga corre un decímetro; Aquiles corre ese decímetro, la tortuga corre un centímetro; Aquiles corre ese centímetro, la tortuga corre un milímetro; Aquiles Piesligeros el milímetro, la tortuga un décimo de milímetro y así infinitamente, sin alcanzarla

No hay que dejarse engañar por el matiz del planteamiento que parecerá baladí a la luz de un profano. Seguramente nos dirá que si se toma la velocidad de Aquiles como 10 metro por segundo y la velocidad de la tortuga de un metro por segundo, después de 2 segundos Aquiles habrá recorrido 20 metros y la tortuga sólo dos. De tal suerte que Aquiles le llevaría una ventaja de ocho metros, y por lo tanto en algún momento debe haberla alcanzado. Pero insistamos en precisar el momento en el que se produce ese hecho:

V A : velocidad de Aquiles = 10 m/s V T : velocidad de la tortuga = 1 m/s

D A : distancia recorrida por Aquiles D T : distancia recorrida por la tortuga.

Aquiles alcanzará la tortuga en el momento en el cual D A = D T +10

D A = V A t,

D T = V T t, de donde

V A t = V T t+10, y por lo tanto, t = 10/9.

Después de 10/9 de segundo, Aquiles alcanzaría la tortuga.

Todo parece terminado y la paradoja aparentemente se ha desvanecido. Pero, permítanme preguntar por el significado de ese tiempo. Veamos más de cerca este resultado: 10/9=

1.11111 es un número periódico. Si tomamos 1.11111, Aquiles se encuentra muy cerca de

la tortuga, pero aún no la alcanza. Si tomamos 1.1111

así

podemos continuar sin que podamos alcanzar el último uno. En el fondo, la solución encontrada es otra cara de la paradoja. Por que si bien las matemáticas nos dicen que sí la alcanza y hasta nos dan un valor determinado, en nuestro interior una espinita empieza a molestarnos. Es la incomodidad de ver a Aquiles flotando eternamente en pos de un imposible (obsérvese que será una eternidad que abarca un tiempo finito, en el caso particular no pasa del minuto y dos segundos). Porque a pesar de los esfuerzos del legendario héroe, siempre le faltará un pedacito de tiempo (y por ende de espacio) que le impide alcanzar su acometido. Aquiles se quedará flotando en precipicios cada vez más minúsculos, pero sin llegar nunca al insondable fondo, sin alcanzar ese “último” uno localizado en el infinito

tomamos 1. 1111

( mil unos) está más cerca. Si

1

1

(un millón de unos) estará aún más cerca, pero aún no la alcanza

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Sin embargo, la idea de Borges es no dejarse atrapar por la salida matemática, porque si bien a través del cuerpo teórico parecen escabullirse las paradojas, Borges nos invita pensar en la interpretación de la solución teórica. Sólo queda una mezcla de idealismo y poesía, ¿acaso sólo somos sueños?

Nosotros hemos soñado el mundo (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sin razón para saber que es falso.

En sus ensayos La esfera de Pascal y Pascal, Borges aborda el problema del hombre frente

al universo. La soledad y la desazón del hombre ante lo infinitamente grande.

El problema sobre el tamaño del universo era algo que llamaba la atención, y el espacio era presentado como ejemplo típico de infinito actual inaccesible. Ya en el siglo primero, el poeta romano Lucrecio, en su obra De Rerum Natura, presenta la argumentación clásica de

la no acotación del universo: "Supongamos por un momento que la totalidad del espacio

fuera acotado y que alguien emprende el camino hacia su más distante frontera y lanza una flecha. Sucede que, o la flecha pasará la frontera en cuyo caso ésta no es la cota del espacio,

o la flecha parará, y por lo tanto existirá justamente algo más allá de la frontera que la detiene. Esto significa que la mencionada frontera no es el fin del universo".

Actualmente, hemos desarrollado formas de explicar la finitud del espacio sin llegar a las contradicciones de Lucrecio. Podemos concebir formas ilimitadas (sin frontera), pero no infinitas. Así como podemos concebir el plano incrustado en el espacio de tres dimensiones,es posible por ejemplo, imaginar el espacio tridimensional en una hiperesfera. Fue precisamente B. Riemann quien primero vislumbró esto en 1854.

En esta linea existe una creencia antigua, descrita con gran acierto en el ensayo de Borges:

La esfera de Pascal. El ensayo se centra en el análisis de una frase y sus variantes: "Dios es una esfera intelegible, cuyo centro está en todas partes y la circuferencia en ninguna". La encontramos en Jenófantes de Colofón (siglo VI a.C.), Platón, Parmenides, Alain de Lille ( s. XII d.C.), Rabelais, en Bruno: Bruno es un tipo muy interesante en este aspecto, proclamaba que el mundo es el efecto infinito de una causa infinita y que la "divinidad está dentro de nosotros más aún de lo que nosotros mismos estamos dentro de nosotros", esto le llevó en su obra De la causa, principio de uno, a escribir: "Podemos afirmar con certidumbre que el universo es todo centro, o que el centro del universo está en todas partes y la circuferencia en ninguna" enunciado claramente atentatorio a la idea cristiana que el hombre es el centro del universo. Como se sabe, Bruno fue condenado a la hoguera por negarse a retractarse de sus creencias.

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Esa idea de un espacio absoluto, liberación para Bruno, escribe Borges. fue un tormento para Pascal: " Deploró que no hablara el firmamento, comparó nuestra vida con la de náufragos en una isla desierta. Sintió el peso incesante del mundo físico, sintió vértigo, miedo y soledad, y los puso en otras palabras: LA NATURALEZA ES UNA ESFERA INFINITA, CUYO CENTRO ESTA EN TODAS PARTES Y LA CIRCUFERENCIA EN NINGUNA". Borges compara el horror de Pascal ante el infinito con la salida poética que le da Lucrecio, acuñando, el resumen de dos épocas:

La infinitud, que embriagó al romano, acobardo al frances.

Pascal, anonadado ante los vórtices del infinito, tuvo conciencia de lo que es la verdadera soledad y tratando de atraparla en el lenguaje forjó con un temple sin igual un himno a la desazón y el desamparo:

Cuando yo considero el pequeño espacio de mi vida, absorbido en la eternidad de todos los tiempos o la pequeña parte del espacio que yo puedo tocar o ver, incrustado en la infinita inmensidad de espacios que ignoro y que me ignoran, yo me quedo aterrado y atónito de verme a mi mismo aquí en lugar de allí, ahora en lugar de entonces

Borges entreve aquí las ideas atómicas de Demócrito y la influencia de Anaxágoras, quien planteaba que todo está en cada cosa. Pascal recoge estas ideas y él mismo plantea la posibilidad de universos dentro de universos, de tal manera que cada átomo en si mismo contendría todo un universo. Es este un antecedente interesante del infinito actual en el sentido que se está abriendo la oportunidad a la existencia de puntos que a su vez contengan otros puntos, hablando en términos conjuntistas.

Hasta aquí, sólo hemos hecho referencia a ese aspecto potencial del infinito, que nos hace evocar un universo que se extiende sin fin o una temporalidad que va y va para siempre, que en términos generales no permite desviarlo de su carácter místico, reflejado en el símbolo mismo: técnicamente llamado "lemniscata" (6) , adoptado en el siglo XVII, y que aparecía ligado a las cartas del tarot y la cábala.

El infinito actual en la literatura de Borges

Como habíamos dicho antes, Borges no se queda únicamente en la postura del hombre griego o renacentista, que impotente, miraba con asombro lo infinitamente grande o lo infinitamente pequeño. Lo interesante es que Borges intenta a describir la posibilidad del infinito actual en un mundo finito. ¿Cómo materializar el infinito actual? Ese es el problema que se plantea Borges.

Para ello recurre al tiempo, al espacio, a la memoria y al libro.

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En Funes el memorioso, uno de los cuentos que yo más quiero, Borges nos evidencia la fragilidad de la memoria. El cuento es una larga metáfora del insomnio, como el mismo dice. Quienes hayan leído la narración, recordaran (aunque Borges dice que sólo un hombre tuvo el derecho de conjugar ese verbo) que, Irineo Funes, domador profesional, habitante de la anónima provincia de Fray Bentos, como consecuencia de una caída, pierde la movilidad de sus miembros, pero gana una abrumadora capacidad de recuerdo; sólo que el recuerdo de Funes no es un recuerdo secuencial ni discreto, es un recuerdo continuo y totalizante. Funes guarda en su memoria no sólo la forma general de un rostro, sino todos los poros, las vellosidades, los capilares, en fin, todos los detalles que lo componen. Para Funes no tiene sentido hablar de un “momento”, exento de su entorno. No tendría significancia hablar del lunes, en el sentido genérico del término, para él, existe este lunes, con ustedes, con las sillas, con todos los detalles de este escenario. La memoria de Funes representa la metáfora de lo múltiple en uno, es la idea de abarcar la totalidad en una singularidad, de tal forma que la singularidad no deje por fuera cada elemento de la totalidad.

En la Doctrina de los ciclos, Borges aborda el mito del Eterno Retorno. El planteamiento general de esta perspectiva, puede resumirse así: Si la cantidad de materia del universo es finita, el cálculo de probabilidades nos enseña que existe una cantidad finita de combinaciones, por lo tanto, la combinación particular de este instante en el cual escribo estas páginas y enunció estas palabras se repetirá tal cual está ahora.

Para refutarla, Borges recurre a “Cantor y su heroica teoría de conjuntos”. Borges dice que quienes reivindican tal teoría ignoran la ubicación espacial en un universo que aunque finito, consta de un número infinito de puntos. Borges recurre aquí, a la estructura de los reales y la posibilidad de establecer biyecciones entre la recta real y una parte de ella. Entre el plano y la recta. Entre el espacio y la recta. A quienes le suene familiar, Borges argumenta a partir de las propiedades topológicas de la recta real.

En El Aleph, Borges hace tangible el infinito actual y hace posible la objetivización platónica de lo multiple en lo uno. Allí reposa la esencia del infinito actual en el más profundo sentido cantoriano, pues cuando Cantor define el transfinito À 0 , como un número para ser incorporado a la teoría matemática, no está haciendo otra cosa que tomar en forma actual un conjunto con infinitos componentes, un punto que da cuenta de la totalidad de los números naturales, un punto que contiene el todo. El Aleph borgiano, es un punto en el que se encuentra sintetizado el continuo espacio-temporal, desde la más minúscula particula subatómica hasta una galaxia completa, incluyendo los avatares de cada uno de nosotros hasta nuestras propias entrañas. Es la objetivización de un instrumento transfinito, desde el cual percibir a partir de nuestros finitos sentidos el universo en su totalidad.

El primer problema que enfrentó Borges fue la descripción física de lo infinito. La esencia del relato se enmarca precisamente en esta dimensión y es aquí donde se percibe la magia

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de la palabra. Después de leer el pasaje, inevitablemente nos queda el sabor de lo infinito en acto:

El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la terde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mi rostro como en un espejo, vi todos los espejos el planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa de Fary bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de los granos de aren, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi la violenta cabellera,

El libro de la arena va aún más allá, pues ya no se trata de un objeto abstracto como el aleph, sino un objeto material con dimensiones finitas que encapsula el infinito como un todo. No es casual que precisamente sea su obra culminante en la línea del infinito.

En este cuento Borges retoma una idea que venía trabajando y que se había convertido en una de sus obsesiones: el diseño de un libro con un número infinito de hojas. Ya en un pie de página, al final de su cuento La Biblioteca de Babel, hace notar la “posibilidad” de un libro infinito usando el famoso principio del matemático del siglo XVII, Bonaventura Cavalieri, según el cual un sólido se formaba de la superposición de un número infinito de planos.

En realidad, este principio de construcción ya se vislumbraba en las ideas atómicas de Demócrito y la manera de calcular áreas de Arquímedes. Sin embargo, la discusión primaria, planteada por Aristóteles en el siglo V a.C. radica en determinar la naturaleza de

la recta geométrica. Para Aristóteles, al igual que para Euclides, la recta no es un agregado de puntos, los cuales son indivisibles. Para la matemática moderna en cambio, la recta está formada de un número infinito de puntos, el plano está formado de un número infinito de rectas y el volumen de un número infinito de planos. Estos planos carecen de espesor y constituyen la naturaleza íntima del volumen. Lo puntos son a la recta, lo que las rectas

para el plano, lo que los planos al volumen,

son indivisibles.

Para algunos parece claro que el infinito manejado por Borges en el cuento, corresponde al infinito de la recta geométrica, es decir un infinito no numerable, el infinito de los números reales. De ser así, la disposición de las hojas deberían seguir ciertas propiedades de los reales. Por ejemplo el hecho que dado un número real determinado, no podamos saber cual es el siguiente. Sin embargo, en la descripción del libro se lee:

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Me llamó la atención que la página par llevara el número (digamos) 40.514 y la impar, la siguiente, 999.

Eso significa que ubicados en una posición determinada del libro, se pueden diferenciar dos hojas contiguas. Tal vez cause confusión la idea que no se pueda volver a retornar a una página abierta al azar, pues aunque se puede contar página a página (por ejemplo se dice que la ilustraciones distan dos mil páginas unas de otras ), no están numeradas con el orden usual. La idea del autor es referir el carácter arbitrario de la relación de orden de los naturales que nos parece normal. Me refiero a que dados dos números naturales, una rápida inspección nos permite determinar el mayor de ellos. Utilizando la ubicación en la recta real significa que el mayor está a la derecha del menor. Mas concretamente hablando, si necesitamos ubicar el número 2000, por ejemplo, no lo vamos a buscar antes del 1000 ni después del 3000.

El problema del libro de la arena es que sus hojas son infinitas, pero están numeradas de manera arbitraria, sin una regla determinada, así, al 40.514 le sigue el 999. De esta forma, sería imposible ubicar una determinada página por su numeración, sencillamente porque no existe una regla explícita.

El Libro de la Arena entonces, no corresponde a un diseño tipo Cavalieri, puesto que este principio los componentes o sea las indivisibles capas no poseen dos caras como sí sucede con las hojas de El Libro de la Arena, las cuales tienen dorso y pueden individualizarse. Además Cavalieri trabaja con un infinito no numerable, mientras que el diseño borgiano corresponde a uno numerable (8) , pues aunque de manera arbitraria, su hojas se pueden numerar, que es la característica de los conjuntos numerables, tal como su propio nombre lo indica.

Ultimas palabras

Es imposible agotar el infinito borgiano en el reducido espacio de un artículo o de algunos tomos. Obviamente esto no es nada nuevo, La Bibilioteca de Babel y El Libro de la Arena, ya de por si enmarcan tal imposibilidad. Temo haber sido profano en el intento de abarcar en un esquema matemático el pensamiento literario de Borges. Creo que el arte no responde ni corresponde a esquemas preestablecidos, y lo que lo hace más inteteresante es precisamente la imposibilidad de encasillarlo. Sin embargo, es imposible abstraerse completamente de nuestros sentires y saberes, y abordar una lectura tan compleja, como lo es el universo borgiano, sin la tentación de hacer comparaciones.

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