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LA TERAPIA COGNITIVA PROCESAL SISTEMICA DE VITTORIO

GUIDANO.
ASPECTOS TEORICOS Y CLINICOS

Alfredo Ruiz
INTECO Instituto de Terapia Cognitiva
Santiago de Chile

Artículo publicado en:


"Integración en Psicoterapia". Editor R. Opazo. Santiago de Chile, 1992

Notas introductivas

El trabajo que expondremos a continuación tiene por objeto presentar a


Uds. los principios básicos en que se sustenta la Terapia Cognitiva
Procesal Sistémica. No obstante, previo a ello, permítanme algunas
reflexiones.

La primera de ellas es que Guidano nos ha conducido a un "darnos


cuenta" de que estamos siendo partícipes de la experiencia de un
cambio de paradigma de la ciencia psicológica. Nos señala, que más que
una expansión de las bases teóricas que sustentan la Psicología, hay un
cambio epistemológico. Nos dice, a raíz de la crisis de la Terapia
Cogntiva:

"...a diferencia de lo acaecido un año antes en el tiempo de la crisis


conductista, no era posible continuar ni ampliar aquel mismo paradigma
empirista.asociacionista que hasta entonces había servido de punto de
referencia. En primer lugar, era evidente que el paradigma empirista se
había llevado hasta sus límites máximos, más allá de los cuales su
estructura misma no se había podido sostener. Como se dice en la jerga
colorista de la vida cotidiana, "se había restregado el fondo de la olla".
En segundo lugar, el problema no era el de introducir ésta o aquélla
novedad para lograr explicar ésta o aquélla anomalía, sino que se veía
por el contrario, la necesidad de modificar conceptos básicos como
"organismo", "conocimiento", "realidad", "objetividad", etc." (Guidano V.,
1990).

La segunda reflexión y que también deriva del "insight" de Guidano se


enfoca hacia la integración entre las ciencias, que estaría dada por la
pérdida de los límites entre las diferentes disciplinas. En este sentido, se
pone de manifiesto que las ciencias o disciplinas se influyen y modifican
unas a otras. Guidano lo pone de la siguiente manera:

"...si se consideraban con la debida atención los datos ofrecidos por la


convergencia interdisciplinaria producida al final de los 70 entre Teoría
de Sistemas, 2ª cibernética, termodinámica irreversible, ciencia
cognitiva, epistemología evolutiva, etc., se llegaba casi inevitablemente
a un cambio radical de la noción de realidad y organismo, y, en
consecuencia, a un cambio en la relación observado-observador"
(Guidano, 1990).

Marco Teórico. El problema Epistemológico

Es por eso que es ineludible, en esta exposición, empezar por tratar el


problema del conocimiento; es decir el problema epistemológico; cómo
entender al ser humano, cómo entender el organismo humano, cómo
también entender la realidad; y cómo entender la relación entre el
conocimiento que caracteriza los organismos humanos y todos los
organismos vivientes, y la realidad en la cual estos organismos viven.

Guidano, señala que el problema epistemológico es básico, y él lo


resuelve en los términos siguientes.

Empieza por definir su enfoque terapéutico como post-racionalista ya


que al definirlo de esta manera, le da el contexto para desarrollar los
puntos teóricos que le permiten tratar la estrategia terapéutica y el
método terapéutico.

¿Qué significa post-racionalista? ¿Por qué se prefiere este término al de


no racionalista?

El término post-racionalista, según Guidano, significa que estamos


viviendo un momento en el cual la epistemología empirista ha cambiado
profundamente en el curso de este siglo.

Para Guidano, toda la psicología de nuestra época, en lo que va corrido


de este siglo; no importa si es una psicología conductista o psicoanalista,
o cognitivista tradicional, todas ellas no comportan diferencias
epistemológicas. Los modelos psicológicos que conocemos hasta este
momento, son psicologías que derivan de la posición epistemológica que
se llama empirismo, y que en general es común a toda la ciencia
occidental.

El empirismo ha sido por 400 a 500 años sinónimo de ciencia. El tema


básico de la epistemología empirista es que la realidad es única para
todos los seres humanos. La realidad es única y es externa a los
organismos vivientes; y, en nuestro caso, si nos referimos a los seres
humanos puede ser conocida en forma más o menos perfecta; en forma
más o menos próxima a la verdad.

Se cree entonces que existe una realidad externa, y que el conocimiento


humano es una representación de esta realidad externa; y que esta
representación es más o menos correspondiente a la realidad externa.
Ahora, se llega a esta representación de la realidad por la suma global
de todas las experiencias sensoriales. Es decir basta con tener estas
impresiones sensoriales para asegurarse el conocimiento.

A fines del siglo pasado y a principios de este siglo, este planteamiento


fue puesto en duda; y la racionalidad tomó el puesto que tenían las
impresiones sensoriales. Es decir, la realidad externa, única, y con un
solo significado para todo el mundo fue identificado con un conjunto de
principios y de axiomas lógicos-deductivos. Esta fue la contribución del
Círculo de Viena. Lo que iba a garantizar la perfecta correspondencia
entre la representación y la realidad externa, eran las leyes o principios
de la lógica como era concebida en su tiempo.

El primer gran cambio de esta perspectiva a que nos referimos, ocurre


en 1903, con la famosa Carta de B. Russel (que a la sazón tenía 21-22
años) le envía al gran lógico Freege. En esta carta le muestra que era
imposible resolver una proposición paradójica a través del sistema lógico
que proponía Freege, y que si no se tomaba en consideración el
contexto relacional, interpersonal e histórico, que daba origen a la
conclusión paradójica, no se podía resolver de ninguna manera.

Lo que B. Russel formuló, en forma lógica-matemática, es que existe una


propiedad de los organismos. La propiedad autorreferencial. Esto
significa que el observador es parte integrante de lo que observa. Desde
esta posición, entonces, es posible resolver algunas proposiciones
paradójicas. Si estas proposiciones paradójicas son vistas desde un
observador imparcial u objetivo, fuera de cada acontecimiento, se
quedan sin solución lógica las proposiciones mencionadas.

Cambios en la relación observador-observado

Los acontecimientos se sucedieron con la teoría de la relatividad de


Einstein, con la mecánica cuántica; y ésta última probablemente fue la
que más influyó para cambiar radicalmente la relación entre el
observador y lo observado. La crisis del paradigma empirista, por ende,
era ya irreversible.
La relación entre el observador y lo observado es el tema básico de la
psicoterapia post-racionalista. Pero no nos dejemos engañar; todavía la
psicología contemporánea está fuertemente enraizada o habitada por
los parámetros empiristas.

La relación entre observador y observado, produjo cambios en todas las


ciencias; así en la física, la química, la biología, las ciencias sociales, la
historia. Hoy la nueva perspectiva es ver al observador como parte
integrante de lo que observa, y que todo conocimiento, en
consecuencia, es en cada circunstancia una actividad autorreferencial.
Esto quiere decir que el conocimiento siempre está reflejando las
estructuras del organismo que está conociendo, mucho más que la
estructura de la realidad externa o la realidad en sí.

Examinemos ahora, cómo todo este nuevo planteamiento, es decir, la


nueva perspectiva entre observador y observado, influye en la
psicoterapia. En la posición terapéutica tradicional, el observador es una
persona que tiene una posición de privilegio, porque puede ver las cosas
como ocurren en sí mismas, y por lo tanto en forma absoluta, siendo una
persona que puede garantizar la objetividad de lo que ocurre. Esta
posición determina una aproximación particular en cualquier parte del
diagnóstico o terapia psicológica. El terapeuta es la persona objetiva que
dice cuándo su paciente objetivamente está mal y objetivamente decide
qué es lo que tiene que hacer y qué es lo que tiene que cambiar
Guidano señala:

"...Una de las sensaciones más desagradables que experimentaba al


principio de mi trabajo como cognitivista era precisamente el hecho de
tener que comportarme como un depositario de la verdad, derivada de
esta actitud terapéutica, y de hecho las terapias cognitivas clásicas
acababan siempre por transformar la relación con el paciente en una
especie de curso didáctico con impronta científica, filosófica, pedagógica
según la tendencia personal del terapeuta" (Guidano, 1990).

Noción de realidad

Examinemos ahora qué sucede si aplicamos en la psicoterapia este


cambio de perspectiva. Es decir, que el observador ahora, es parte
integrante de lo que observa. Lo primero que sucede es que la noción de
realidad cambia completamente. La noción de realidad ya no es única; la
noción de realidad, ahora, es entendida como una serie de procesos que
ocurren en muchos niveles; niveles que son diferentes unos de otros;
que son simultáneos, pero no están subordinados unos a otros. Es decir,
la realidad es considerada como una red de procesos, que están todos
entrelazados. Y esto tiene dos características más: cada proceso ocurre
en su nivel de procesamiento, que es diferente de otros niveles. Pero, a
pesar de que esto era admitido también en la perspectiva empirista, en
la cual podrían verificarse, en una situación compleja, diversos niveles
de observación, o diversos puntos de vista, sin embargo, uno solo tenía
que ser el verdadero, y los demás tenían que subordinarse a éste, que
era considerado el global y que daba cuenta de todos los demás.

En esta nueva perspectiva, el punto básico es que todos los puntos de


vista ocurren simultáneamente, en diferentes niveles, y no pueden ser
subordinados unos a otros. Cada punto de vista es verdadero en sí
mismo, y su aparente contradicción con otro que está ocurriendo a otro
nivel, es una aparente contradicción para el observador que está
percibiendo desde fuera, y no para el sistema de realidad que está
observando. En este sentido, cada contradicción pertenece más al orden
del observador. Es una contradicción dada por la estructura
autorreferencial del observador. Este, con su observación, introduce un
orden en esta red de procesos interrelacionados, merced a lo cual las
posibles irregularidades inherentes a las interacciones múltiples y
simultáneas, que continuamente tienen lugar, adquieren para él
características de regularidad. Dicho de otra manera: cada observación,
lejos de ser externa y neutra, es autorreferencial; es decir, se refleja
siempre a sí misma. Por lo tanto, el orden y la regularidad con la cual
estamos habituados a tratar las cosas y a nosotros mismos, no es algo
externo y objetivamente dado, sino que es el producto de nuestra
interacción con lo externo y con nosotros mismos. Por lo tanto, son
nuestras construcciones. Este cambio radical en la concepción de la
relación observador-observado, implica consecuencias epistemológicas,
psicológicas, y terapéuticas, de crucial importancia.

H. Maturana (1990), propone un nombre diferente para llamar la


realidad. Hasta ahora hemos hablado de "Universo". Universo es el
término de realidad única, externa, típicamente empirista. Universo o
sea las cosas van solamente en una dirección. El propone el término de
Multi-verso, como sustituto de Universo. Multiverso seria como se
manifiesta la realidad. Y el manifestarse según sus muchos aspectos, es
su característica peculiar; y de hecho nosotros solamente podemos
coger nada más que un aspecto y ordenarlo en nuestra experiencia. O
sea, es una información sobre nosotros, no es una información sobre la
realidad externa. Y una información sobre nuestra exigencia de orden,
de precisión, de regularidad.

Autoorganización

Si la realidad es algo así como una red de procesos que están


entrelazados; si la realidad es multiversa -como dice Maturana-
entonces, como hemos visto, que cualquier observador, al tener una
experiencia de esta realidad, introduce un orden con su conocimiento,
su percepción; de esto se infiere que tanto el organismo humano como
cualquier otro organismo, es un sistema que es capaz de
autoorganización. Cambia, por tanto, completamente el modo en que el
organismo se ordena en la realidad.

En una óptica empirista, en cambio, el organismo no crea un orden, sino


que simplemente va a ocupar un orden en la realidad, que simplemente
le precedía antes de que apareciera en el mundo. Y la función de ese
organismo es adecuarse o adaptarse a ese orden.

Ahora, en la óptica post-racionalista, la verdad única en sí misma es


incognoscible, porque es multi-versa. (Nótese que esta posición no
deriva en un escepticismo, ya que asume primero que la verdad existe;
y luego, que es multi-versa); y lo que los seres humanos conocemos es
la construcción de un orden que puede darnos un sentido. La noción de
capacidad autoorganizativa, que cambia la noción de realidad, y del
organismo como un sistema capaz de organizarse continuamente a sí
mismo (su orden temporal. su orden perceptivo, su orden emotivo, su
orden cognitivo), cambia también completamente la noción de
adaptación.

En el enfoque empirista, adaptación es la noción de correspondencia con


la realidad. La adaptación se produce cuando un organismo responde a
las presiones ambientales, deviniendo casi en una copia del ambiente
externo. En este enfoque, la adaptación significa que el organismo se
transforma dejándose modelar por las presiones externas.

Noción de adaptación

En cambio, en una óptica o en una perspectiva de autoorganización la


adaptación es un proceso contrario. Es decir, un organismo transforma
las presiones ambientales externas, en un orden interno. O sea, el
concepto mismo de experiencia significa que lo que serían presiones
ambientales, o perturbaciones ambientales casuales, pueden llegar a ser
significativas para el organismo, ya que entran a formar parte de su
mundo de significados, de su mundo de consistencia perceptiva, de su
mundo de regularidad temporal, que no existía antes. Este mundo de
regularidades perceptivas, temporales y otras, no existe
independientemente del organismo.

Para Guidano, el problema principal que se impone hoy en una


problemática cognitiva, entrando en los años 90, es superar una
concepción epistemológica empirista que, como muchos epistemólogos
dicen, es el conocimiento, desde el punto de vista de Dios, desde el
punto de vista impersonal de uno que mira como un observador
privilegiado, fuera de la contingencia humana. Hasta el momento hemos
tenido una serie de concepciones del conocimiento individual humano,
que pueden ser consideradas como concepciones desde un punto de
vista de Dios, esto es, impersonal; viendo a la criatura humana como
algo que es un transeúnte en este mundo; y que se miran aquellos
aspectos del conocimiento que son más invariantes, aspectos del
conocimiento que pudieran existir también sin tomar en cuenta como es
la experiencia humana.

Es el caso de Piaget, quien fue capaz de construir todo un sistema de


conocimiento humano, sin considerar las emociones y la afectividad.
Guidano entiende esta aproximación como el conocimiento desde el
punto de vista de Dios, a la forma piagetiana de ver el conocimiento del
niño. No pertenece -según Guidano- al mundo del niño. Si lo vemos del
punto de vista del niño, es mucho más importante la reciprocidad
emotiva que tiene con su madre, con su padre, con otros niños. Es
mucho más importante para él el hecho de ser aceptado o no por los
otros. Estos son elementos que van a determinar la organización de sus
significados personales.

Epistemología evolutiva

Si nosotros vemos el conocimiento desde un punto de vista ontológico, o


desde el punto de vista de quien lo vive, es decir del observador, nos
cambia completamente lo que hemos pensado acerca de los aspectos
básicos en los cuales se manifiesta el conocimiento. En estos tiempos es
prácticamente normal hablar de conocimiento tácito, conocimiento que
es parte de nuestra experiencia directa del vivir; es un conocimiento que
ocurre a través de la percepción, de la sensorialidad, de la emoción, de
la afectividad. En suma, también; todo conocimiento que es información,
pero que no está ligado a la palabra, al concepto, a la actividad
cognitiva. Es decir, en una concepción de conocimiento ontológico en
que, no consideramos más al conocimiento únicamente como una
actividad representativa. En otras palabras, el conocimiento no es
solamente cognitivo, sino que el conocimiento es, en cada momento,
cognitivo, motórico, sensorial, afectivo. En una óptica ontológica,
conocer es vivir, es existir; no se pueden diferenciar ambos aspectos. En
esta óptica, se puede caracterizar mejor la relación entre conocimiento
tácito y conocimiento explícito; y en este sentido, lo que pasa a cada
persona humana, es que su experiencia básica es experimentar en sí
misma, lo que Maturana llama "vivencia" o la "praxis del vivir" y que
Guidano llama la experiencia inmediata.
La experiencia inmediata es algo con lo cual nos encontramos, como
algo que es dado; algo que pertenece a la misma experiencia de tener
un cuerpo, de estar en una realidad física en la cual vivimos. Y lo que
hacemos es que todo el conocimiento explícito, todas las explicaciones
que nosotros elaboramos o procesamos en nuestra vida, son todas
explicaciones no tanto de la realidad externa, sino que son explicaciones
de nuestra experiencia de vida, de nuestro propio vivenciar, de la
experiencia inmediata.

Esto es muy importante, porque no es sólo un aspecto individual; es una


experiencia común para toda la especie humana, y en la ciencia misma.
Podemos decir, que toda la ciencia que conocemos no es una
explicación del mundo estructural externo. Cada explicación es una
explicación de nuestra experiencia de vivir, y pertenece solamente a
esta experiencia de vivir. Nosotros no podemos sustraernos a eso. Todo
lo que podemos percibir lo podemos explicar; y siempre dentro de
nuestra experiencia es siempre una explicación de nuestra experiencia
inmediata.

En este punto, Guidano plantea que la explicación es parte integrante de


la experiencia de vida; y no es simplemente algo de segunda clase o
calidad. Cada explicación es siempre explicación de nuestra experiencia
de vida. No nos podemos salir de esta experiencia. Y esto es crucial en
la terapia.

Terapia Cognitiva Procesal Sistémica Vs Terapia Persuasiva

De lo anteriormente expuesto, ya no es posible seguir sustentando el


considerar que las representaciones de cada ser humano, corresponden
necesariamente a un orden externo, válido para todo el mundo; ya no es
posible concebir una terapia en términos de persuasión.

El elemento básico que permitió el desarrollo de una serie de terapias


cognitivas, todas persuasivas, todas con la cualidad de persuadir, de
cambiar las convicciones de la persona, era que estaban sustentadas
sobre las teorías de la correspondencia; la teoría de la correspondencia
entre la representación y un orden externo único y válido para todo el
mundo. Entonces lo que uno tenía que hacer era mejorar la
correspondencia, criticando algunos aspectos de la representación, que
no permitían una correspondencia perfecta.

Entonces ésta es la primera aplicación del enfoque post-racionalista a la


terapia: la verdad es multiforme, y cada uno organiza su orden en esta
multiformidad. Lo que se requiere entonces es que una persona pueda
encontrar otros tipos de equilibrio dentro de su capacidad de darse un
orden, y no simplemente corresponder a algo exterior.

Otra importante diferencia es cómo entender o percibir las


explicaciones, las creencias, las convicciones que la persona tiene. En la
óptica de correspondencia empirista, es la creencia misma la que hay
que cambiar para mejorar la correspondencia.

La Terapia

Hemos hablado del problema epistemológico y evolutivo: ahora vamos a


traducir estos problemas en términos terapéuticos.

¿Qué tipos de enfoques terapéuticos podemos conceptualizar desde una


perspectiva de tipo empirista, y cuáles enfoques desde una perspectiva
procesal sistémica? ¿Cuáles son las principales características y los
principales conceptos en el cambio terapéutico en cada una de estas
concepciones?

Autocontrol

La primera característica básica entre los enfoques cognitivos


tradicionales, es que son preferentemente enfoques que tienen como
objetivo el autocontrol en el paciente; mejorar el control sobre las
emociones, o reacciones afectivas intensas, que son experimentadas
como extrañas a la naturaleza del "Self". Este es el problema básico, en
el cual cada paciente pone al terapeuta en antecedente que él ha estado
experimentando algo que lo está afectando muchísimo, y que él no
puede evitar el experimentar algunas emociones muy perturbadoras.
Por otro lado, estas mismas emociones no son percibidas como algo que
pertenece a la experiencia misma de la persona, sino como algo extraño
o externo a ella.

En esta perspectiva, generalmente el enfoque cognitivo tradicional


(representado por terapeutas cognitivos muy conocidos, como A. Beck y
A. Ellis), consiste en procurar aumentar el autocontrol del paciente a
través de una técnica de persuasión, de modificación de las actitudes, o
del sistema de creencias del paciente, y que el terapeuta puede percibir
como críticas o irracionales. Es el punto de vista de la correspondencia
con un orden externo percibido como tal.

En otras palabras, la mayoría de las técnicas cognitivas tradicionales,


usan un set de creencias irracionales, como si estuvieran escritas en
alguna parte de un modo definitivo. Por ejemplo, una persona podría
tener tales y tales creencias irracionales, previamente seleccionadas por
el terapeuta (por ejemplo: A. Ellis ha seleccionado alrededor de 300);
entonces la finalidad del terapeuta cognitivo tradicional es reconstruir la
diferencia de correspondencia a través de un proceso de enfrentamiento
dialéctico, que frecuentemente puede asumir la forma de duelo,
cuestionamiento o desafío del sistema de creencias del paciente. Se
acepta entonces que el terapeuta ponga en dificultad al paciente. Este
es el método socrático o el autodescubrimiento guiado.

Entonces, en la terapia cognitiva tradicional, el objetivo es el


autocontrol; y el método para obtener el autocontrol, es básicaménte el
método de persuasión. La persuasión significa técnicamente la
modificación de las estructuras semánticas del conocimiento individual.
Es decir, la modificación de lo que la persona se dice a sí misma, de la
manera en la cual la persona se cuenta sus cosas. Y desde un punto de
vista epistemológico, persuación es un procedimiento que tiene como
objetivo solamente la explicación; no la experiencia inmediata. Y de la
explicación, tiene como objetivo solamente el aspecto semántico de la
explicación.

Así, en cierto modo, un paciente puede tener el mismo comportamiento,


las mismas actitudes; pero, cuando habla de ellos de una manera
diferente, un terapeuta cognitivo tradicional, puede considerar que el
paciente ha mejorado. Por ejemplo, tomemos el caso de un agorafóbico
muy grave, aquel que no puede ir por sí solo al trabajo, o que no puede
estar solo en su casa cuando no hay nadie en ella. O el típico
agorafóbico, que en una calle con mucho tráfico, estando en un taco de
autos, sufra un ataque de pánico. Sin dudas que todas las instrucciones
que el terapeuta cognitivo le da, mejora en forma significativa el control
de si mismo. Ya que, el decirse por ejemplo, "esto yo lo puedo
controlar ..." "Todo consiste en controlar mi respiración"..."No me va a
dar un ataque al corazón, porque nunca lo he sufrido; mi corazón está
sano". "Estos síntomas son muy desagradables, pero no son muy
peligrosos". "Este ataque tiene un límite, tiene una duración y un final"...
"No voy a seguir de por vida así asustado", etc.".

Sin duda que este autodiálogo le ayuda a tolerar su ansiedad entre el


tráfico.

Pero lo que realmente sucede es que el significado, el por qué él es una


persona más vulnerable a situaciones de no ser protegido o constreñido,
es algo que todavía no pertenece al conocimiento que él tiene de sí
mismo. El, por lo tanto, continúa teniendo un control sobre estas
emociones perturbadoras, pero es un control externo. Es un control en el
cual él sigue considerando estas sensaciones y emociones como algo
extraño a sí mismo. En este sentido, es que nosotros decimos que hay
un cambio semántico, pero no hay un cambio sintáctico del significado.

Conciencia de sí mismo

Desde la perspectiva procesal sistémica el cambio semántico es paralelo


a que este paciente agorafóbico, a través de una reconstrucción del
modo en el cual se explica su experiencia inmediata; llegue a descubrir
alguna área de su significado personal que antes ignoraba. El tiene
ahora que explicarse entonces por qué él es de este modo vulnerable a
una serie de condiciones que parecen específicas de la manera con la
cual él ordena su experiencia cotidiana. Y no solamente ahora que tiene
algunos disturbios emotivos, sino que emerge como un continuum en su
modo de ordenar las experiencias, que también estaba presente antes
de que todos los disturbios emotivos aparecieran.

El enfoque procesal sistémico, en otras palabras, tiene el objetivo de


aumentar el conocimiento que el paciente tiene de sus reglas de
funcionamiento. Y en este sentido nosotros hablamos de aumentar la
"conciencia de sí mismo".

Aquí el término "conciencia de sí mismo", hay que entenderlo así: es la


conciencia del modo en el cual la persona funciona al ordenar la
experiencia, poner en secuencia eventos significativos, y explicarlos. Es
el conocimiento, entonces, de las propias reglas de funcionamiento.

Método de la comprensión

En este sentido el objetivo que se persigue es que, a través del


conocimiento de las reglas del propio funcionamiento, la persona pueda
reorganizar su experiencia personal. Y el método que es concordante
con este objetivo no es la persuasión, sino la comprensión. Ahora, lo
importante es que la comprensión se dé en el paciente, más que en el
terapeuta. Pues se presupone que el terapeuta ya tendría que tener un
set de teorías muy elaboradas y complejas, que le permiten comprender
mucho antes que el paciente cuál fue el problema existencial que éste
no supo elaborar y no supo integrar.

El problema que se impone ahora, por tanto, es cómo mejorar la


comprensión en el paciente, para que él esté en condiciones de
reorganizar su experiencia personal.

Actitud del Terapeuta


La actitud del terapeuta, en este sentido, tiene que ser completamente
diferente a la del terapeuta racionalista tradicional. En primer lugar, éste
no está muy interesado en la comprensión de sí mismo del paciente, ni
tampoco está muy interesado en la conciencia que de sí mismo tiene el
paciente. Aún más, el terapeuta cognitivo tradicional puede usar
técnicas para efectuar intervenciones paradójicas, con la intención de
producir modificaciones en la conducta del paciente, y el hecho de que
el paciente no sea consciente de esto, no es algo que le preocupe. Y
esto sucede no sólo en el caso de los conductistas, sino también en los
cognitivistas tradicionales, y otros enfoques terapéuticos.

Desde esta perspectiva, el terapeuta debe procurar que la reformulación


coincida con la emergencia de nuevas tonalidades emotivas, y que
coincida a su vez con el descubrir algunas reglas de funcionamiento
personal.

Lo que viene ahora es un esquema de algunos aspectos de estos dos


tipos de enfoques: el autocontrol mediante la persuasión; y la
reorganización de la experiencia personal a través del método de
aumentar la comprensión que el paciente hace de su modo de funcionar.

Uno de los puntos importantes a tratar entonces es el principio de


intervención terapéutica:

Intervención Terapéutica

El principio de intervención terapéutica cognitivista tradicional, consiste


en que la perturbación emocional, o las reacciones afectivas intensas,
dependen de las creencias irracionales. Sólo en la medida en que
cambiemos las creencias, cambiarán las emociones. Este es el punto
central.

Ahora, desde el punto de vista de la terapia procesal sistémica,


podemos hacer una profunda modificación de esta afirmación, afirmar
que los pensamientos cambian los pensamientos y sólo las emociones
cambian las emociones. El problema teórico de las terapias racionalistas,
no está solamente en postular que las emociones son productos
secundarios del pensamiento. Otro aspecto importantísimo de este
enfoque es que pensamientos y emociones son considerados como
procesos de conocimiento que ocurren al mismo nivel operativo; y en
este sentido a las emociones se les puede aplicar las reglas de la lógica
formal, que pertenecen al nivel operativo del pensamiento.

En la óptica procesal sistémica, la observación que está fundada sobre el


tema de la autoorganización, y que a su vez está cimentada sobre la
evolución de la experiencia humana (objetivo de estudio de la
epistemología evolutiva), nos hace ver que lenguaje-pensamiento y
emocionalidad-afectividad, parecen ser dimensiones distintas de
procesamiento; cada una presentando diferentes reglas de combinación
y recombinación. Las emociones corresponden al nivel de la experiencia
inmediata, y parece ser que son mucho más estables que el
correspondiente al nivel del pensamiento. Examinemos esto con mayor
atención: en la experiencia cotidiana ninguno de nosotros tiene especial
dificultad para cambiar una idea, y es en este sentido que Guidano
plantea que el pensamiento; o también nuevas ideas cambiarán (a
través de la lógica formal, o vía dialéctica de confrontación, o mediante
el método de observación empírico, etc.), las ideas anteriores. En suma,
la experiencia muestra que, en la vida del individuo, no cuesta gran
esfuerzo o no reviste motivo de grave perturbación el hecho de que
cambie de ideas.

Cambio de las Emociones

Pero también la experiencia nos muestra que la continuidad emotiva, y


los asuntos afectivos y emotivos básicos, cambian mucho menos en la
vida de las personas. Esto significa que las emociones siguen otras
reglas combinatorias, diferentes a las de la lógica formal. Por tanto, si se
quiere modificar lo que es un estado de perturbación emocional, lo que
tendríamos que cambiar o modificar sería la autopercepción de esa
perturbación. La única posibilidad de cambio, entonces, es hacer que la
persona pueda experimentar -en la situación terapéutica- nuevas
tonalidades o instancias emotivas, que tendrán que ser integradas,
elaboradas y procesadas al interior de la autopercepción originaria con
la cual estamos trabajando.

Pero volvamos a lo que decíamos: el pensamiento cambia el


pensamiento. Esto se plantea como uno de los aspectos típicos de la
epistemología contemporánea, puesto que todas las teorías pertenecen
al nivel del pensamiento. Todas las teorías son proposiciones, y las
proposiciones pueden cambiar solamente otras proposiciones; no
cambian lo que es la experiencia de vida inmediata, que esas
proposiciones pretenden explicar. Y también señalábamos que en la
persona humana los aspectos emotivos tienen mucho más estabilidad y
mucho menos flexibilidad y que sus experiencias emocionales sólo
pueden ser modificadas por otras experiencias emotivas.

El punto que se plantea entonces es el siguiente: ¿Cómo es posible


aplicar, en una situación terapéutica, lo que estamos diciendo acá?
¿Cómo puede el terapeuta producir, elaborar o construir una situación
terapéutica en la cual puedan surgir nuevas tonalidades emotivas, que
permitan al paciente cambiar o modificar la percepción emotiva de sí
mismo?

Comunicación no Instructiva

Aquí tenemos que referirnos por un momento al tópico de la


comunicación no instructiva, porque esto es crucial ahora. Si hubiera la
posibilidad de que el terapeuta pudiera traspasar información directa
desde su mente a la mente del paciente, innumerables problemas
terapéuticos serian resueltos con suma facilidad. No obstante, la
situación real es la siguiente: El terapeuta es A, y el paciente es B, y
ellos no están en comunicación directa; es decir, el mensaje X que
entrega el terapeuta, no está llegando como X al paciente. Lo que hoy
se sabe es que el punto crucial es que en cualquier interacción dada el
sistema siempre se conduce de acuerdo a su estructura. Por lo tanto, la
explicación que es empleada ya sea por un racionalista como por un
procesal sistémico, es una concepción del mundo, de la realidad, que no
se reduce sólo a lo explícito, pues también hay explicaciones implícitas,
que el terapeuta puede provocar con su comportamiento y su actitud. El
punto importante entonces, en nuestra óptica, y que hace la diferencia
fundamental con las terapias racionalistas, es que toda explicación del
terapeuta es funcional a la producción de un cambio desde el punto de
vista del paciente. Este cambio no se logra tanto por el contenido, sino
que funciona por el grado de discrepancia respecto a las explicaciones
que el paciente tenía por sí mismo. Así, pues, la diferencia más
importante está dada por el grado de discrepancia que produce el
cambio en el punto de vista del paciente, y no por el nivel de contenido.

Uno de los aspectos centrales de toda teoría racionalista, tenía que ver
con una especie de dogmatización de este asunto: que el terapeuta
tenía o poseía una concepción del mundo mejor que la del paciente, y
que el contenido de la explicación era crucial para la estructuración
cognitiva. Sin embargo, nos parece que el contenido de la explicación es
mucho menos relevante en este sentido. Lo que sí es importante es el
nivel de discrepancia percibido por el paciente.

Discrepancia

La discrepancia percibida por el sistema paciente lo perturba en su


estructura; y el sistema-paciente, para reorganizar o elaborar esta
perturbación percibida, tiene que reorganizar su punto de vista en ese
momento. Pero esto es lo decisivo: la discrepancia percibida por el
paciente, puede "gatillar" una reorganización de sí mismo solamente si
el paciente se encuentra en una situación emotiva de no poder evitar la
confrontación con el terapeuta. Lo que hoy se ve es que, para producir
un cambio desde el punto de vista del sí mismo del paciente, dos son las
condiciones esenciales: la primera es la discrepancia percibida por el
paciente respecto a las explicaciones del terapeuta. Y el segundo
elemento importante es la cualidad, el nivel de involucramiento
emocional de la relación terapéutica. Nuevamente, el involucramiento
emotivo hace así que uno no pueda evitar de referir a sí mismo la
discrepancia que ha percibido, porque la relación emotiva es importante.

El principio es muy simple: equivale a decir que una crítica que nosotros
recibimos de una persona que para nosotros es importante, y con la cual
nos sentimos muy involucrados, es una crítica que no podemos evitar o
ignorar. En el mismo momento que la percibimos nos cambia
completamente la percepción de uno mismo. En cambio, si la misma
crítica viene de una persona que nosotros no consideramos importante,
en tal caso podemos tranquilamente evitar de considerarla seriamente.

En otras palabras: el nivel de involucramiento emotivo es lo que pone al


paciente en una condición inevitable de autorreferencialidad; es lo que
pone al paciente en la condición de autorreferirse la discrepancia que ha
percibido. En consecuencia, aquí tenemos que ver dos cosas: de dónde
vienen las discrepancias en una situación de este tipo; y en qué consiste
el involucramiento emotivo en la relación terapeuta-paciente.

Las discrepancias podemos esquematizarlas de este modo: las


discrepancias principales, por parte del paciente, vienen de dos fuentes.
La primera es (por lo menos en la parte inicial de la terapia) la
discrepancia que el paciente percibe de las explicaciones, de la actitud
que el terapeuta le pone enfrente, o la modalidad con la cual el
terapeuta le reformula sus problemas. Podemos decir por lo tanto:
discrepancias más directamente relativas a la actitud del terapeuta.

El segundo tipo de discrepancias, son las que el paciente percibe cada


vez que descubre aspectos antes ignorados de su funcionamiento. Para
Guidano, esta segunda clase de discrepancias son de un nivel más
intenso, o sea se perciben con más intensos efectos emotivos. Y en la
medida que en la terapia el trabajo se va haciendo cada vez más
profundo y más completo, es muy frecuente ver pacientes que
repentinamente se dan cuenta de algo que nunca habían considerado
antes, un recuerdo muy intenso por ejemplo, y manifiestan algunas
reacciones emotivas de una intensidad que habría sido muy difícil ver en
otras circunstancias. Seguramente estos son los aspectos más
activantes. Para Guidano, lo asombroso de esto es que la persona logra
un darse cuenta de su manera de funcionar, que era completamente
diferente a como siempre ella había creído. Y ésta sería, por ende, una
de las fuentes de discrepancias más importantes.
En este punto es importante decir algo a propósito del "involucramiento
emocional". Porque, en primer término, "involucramiento emocional"
tendría que ser considerado naturalmente como una relación
terapéutica de una cualidad emotiva positiva; pero sin embargo, no
siempre es así. En todo caso, si no la hay, es mejor tener una cualidad
emotiva negativa, que no tener ningún involucramiento con el paciente.

Además es necesario decir que el aspecto de involucramiento emotivo,


no es algo que interesa únicamente al paciente; sino que es algo que
interesa también al terapeuta, desde el momento en que cada terapia es
una relación real, en la cual también el terapeuta cambia -y no sólo el
paciente-. También el terapeuta está en contacto con una experiencia
humana, que no puede dejar de reconocer como una experiencia propia,
y esto le produce un cambio en el conocimiento de sí mismo. Es
importante entonces que el terapeuta esté involucrado emocionalmente,
porque de otro modo no podría producir las discrepancias..

En este sentido, el involucramiento no significa que el terapeuta tenga


que ser muy gentil, o que tenga que decir sólo palabras de amor, etc. El
involucramiento emocional significa, más bien, que el terapeuta tiene
que dar constantemente la impresión al paciente de que él está
dispuesto a asumir todas las consecuencias, en todos los sentidos, de lo
que él está diciendo o de lo que él está ofreciendo. Es como si fuera,
metafóricamente, un juego de cartas. De este modo el terapeuta juega
verdaderamente, participa en el juego poniendo la apuesta, corriendo el
riesgo inherente a todo juego. En este sentido hablamos de
involucramiento del terapeuta.

Si el terapeuta no está así involucrado, es muy difícil que pueda producir


la calidad de autorreferencialidad, con la cual el paciente se ve obligado
a referir a sí mismo la discrepancia que ha percibido.

Rol de Perturbador

En este sentido, el rol del terapeuta es un rol que podría definirse como
el de un perturbador emocional estratégicamente orientado. No un
perturbador que perturba simplemente porque es importante perturbar,
o porque es importante producir discrepancias, sino un perturbador que
se esfuerza en controlar la situación emocional, y de graduar con la
explicación que está ofreciendo para producir cambios paulatinos del
punto de vista de si mismo en el paciente. Y cambios en forma gradual
significa, en este sentido, estratégicamente orientados, para conseguir
aumentar el conocimiento de sí mismo.
Podríamos decir en general, como elemento de clarificación, que al inicio
del enfoque procesal sistémico, se sospechó que el rol dado a la
comprensión y a la conciencia de sí mismo en los pacientes, podría
devenir en un rol absoluto, al modo como era absoluto el criterio
atribuido a la racionalidad. La sospecha consistiría entonces en que la
conciencia de sí mismo podría tomar el puesto de la racionalidad de
hace cinco o diez años atrás, ya que los terapeutas cognitivos
tradicionales ofrecían este tipo de imagen, vale decir, como si la
racionalidad fuera algo que comportaba un fin en sí mismo (puesto que
era ese el modo justo de vivir, o el modo correcto de vivir).

Ahora, lo mismo podría ocurrir con la terapia cognitiva procesal


sistémica, en cuanto que el terapeuta pudiera dar al paciente la idea de
que perseguir una conciencia de sí mismo, lo más posiblemente
articulada y compleja, sea el modo justo de vivir. Y que, junto con ello,
esa conciencia de sí mismo tenga que ser perseguida en sí misma al
modo de una religión.

En todo caso, la situación es mucho más compleja. La noción


racionalista ya clásica de nuestra época (todavía influida por el Círculo
de Viena), postula que el conocimiento es unidimensional. Y
precisamente esta concepción de la conciencia de sí mismo como
objetivo absoluto, como meta que coincide con el modo justo de vivir,
corresponde a esa dimensión del conocimiento que tiene sólo una
dimensión. En un extremo estaría la ignorancia, y en el otro estaría el
conocimiento, y entonces, en la medida en que disminuye la ignorancia,
aumenta el conocimiento, hasta llegar a una situación en la que al final
toda la ignorancia será vencida por el conocimiento que la persona
alcance.

Pero en la versión que nosotros estamos exponiendo o dando a conocer,


el conocimiento es como la realidad, es decir, tiene muchos niveles,
simultáneos pero distintos, y cada nivel de conocimiento tiene su nivel
de ignorancia. Y lo más importante, sobre todo, es lo que pasa cuando
aumenta el conocimiento de sí mismo; éste es, al parecer, el problema
que tenemos hoy. Porque parece que en la medida que aumenta el
conocimiento de sí mismo, paralelamente aumenta el surgimiento de
emociones y afectividades muy complejas y perturbadoras, que no
conocíamos antes. Así, todas las emociones de ambigüedad, de sentido
del absurdo existencial, de inutilidad. Para Guidano, estas emociones
han caracterizado nuestro siglo.

La razón de esto puede ser muy simple: aparentemente habría una


relación inversamente proporcional entre la conciencia de sí mismo y la
inmediatez de la experiencia emocional. En la medida que aumenta la
conciencia de sí mismo en base a un argumento, la persona pierde la
inmediatez merced a ese argumento. Y en esta pérdida de inmediatez,
estaría el origen del sentido de ambigüedad, de absurdo, etc.

Reorganización

Por tal razón, un terapeuta tendría que trabajar siendo capaz de producir
el máximo nivel de reorganización de la experiencia personal, con el
mínimo nivel de conciencia de sí mismo en el paciente. El terapeuta
entonces, teniendo presente las desventajas del aumento de la
conciencia de sí mismo, tendría que ser capaz de producir el máximo de
reorganización de la experiencia personal en el paciente (donde
"máximo" significa: la reorganización que le permita ya no percibir más
tales emociones como perturbantes), con la mínima modificación de la
conciencia de sí mismo. Sin poner en el campo de trabajo todas las
cosas: su vida afectiva, su vida pasada, su vida sexual, su vida
profesional, etc. En otras palabras: se trata de producir el máximo de
reorganización con el mínimo de discrepancia.

Para Guidano, el terapeuta no tendría que ofrecer -implícitamente


también- la idea de que existe en una cierta parte del mundo, una
manera exacta o perfecta de vivir; el terapeuta tendría que ser siempre
un poco relativista en esto. Porque el paciente, en la medida en que
empieza a descubrir cosas de sí mismo, quisiera luego perseguir la
conciencia de sí mismo como un fin en si mismo. Así que el terapeuta
tendría que poner el acento sobre todas las cualidades emocionales que
se acompañan a un incremento de la conciencia de sí mismo.

Relación terapeuta-paciente

Por último, otro problema derivado del estudio y del interés de la terapia
procesal sistémica en cuanto a la relación terapeuta-paciente, y de los
aspectos ahora del terapeuta- tiene que ver con el problema de la
conciencia de sí mismo en el terapeuta.

El problema de la conciencia de sí mismo en el terapeuta ha llegado a


ser, en los últimos años, un tema álgido. Porque, merced también a este
cambio en el rol de observador privilegiado, que era el rol que tenía el
terapeuta hasta hace algunos años, ahora se comienza a poner en el
tapete el problema de quién es el terapeuta como persona. Pero por
esta vez el problema queremos solamente dejarlo planteado, y dejar
abierto así un posible campo de discusión.

En conclusión
A modo de conclusión quisiéramos señalar dos aspectos importantes del
modelo de Guidano.

El primero, es que su enfoque emerge como un modelo comprensivo


explicativo de los procesos de conocimiento humano y que el conocer es
visto desde quien vive la experiencia, es decir, desde el punto de vista
del observador, representando de esta manera su condición ontológica,
y que la terapia propuesta por Guidano es consistente con su modelo
teórico.

Este hecho, coloca a la ciencia psicológica por primera vez en el status


de ciencia madura:

"Las ciencias maduras son más bien explicativas que descriptivas. La


explicación consiste en hacer inteligible el cómo y el por qué los
fenómenos dentro de un dominio exhiben las propiedades, que
descriptivamente ellos poseen. La ciencia explica por suposiciones
teóricas (ya sea una construcción tácita o explícita, después del hecho)
que dicen por qué las cosas deben ser como se observa que son. Los
psicólogos, en contraste, han limitado sus explicaciones al análisis
disposicional del dominio psicológico. El análisis disposicional en el
mejor de los casos es descriptivo y no puede ser considerado
explicativo. Le incumbe por lo tanto, a la psicología el desarrollar la
clase de teoría explicativa, que poseen las ciencias maduras" (Weimer,
1982 b).

También el modelo de Guidano posee la potencia explicativa científica


de acuerdo al criterio de explicación científica que señala H. Maturana
(1990).

"Las explicaciones científicas tienen validez porque tienen que ver con
las coherencias operacionales de la experiencia en el suceder del vivir
del observador y es allí donde tiene potencia la ciencia. Las
explicaciones científicas son proposiciones generativas que se presentan
en el contexto de la satisfacción del criterio de validación de las
explicaciones científicas. El criterio de validación de las explicaciones
científicas hace referencia exclusivamente a coherencias operacionales
del observador en la configuración de un espacio de acciones en el que
tiene que satisfacer ciertas operaciones del observador en un ámbito
experiencial" (pp. 51).

La consideración de las referencias arriba señaladas permiten concluir


entonces que el modelo de Guidano es esencialmente explicativo de la
conducta humana y que cualquier aspecto de la experiencia humana
puede ser explicado desde este enfoque. Esto también es válido para
todos los aspectos que tienen relación con la psicoterapia y con la
psicopatología.

El segundo aspecto que quisiera señalar como conclusión es la


imposibilidad de integración de las psicoterapias que están basadas en
una epistemología empirista, con las terapias post-racionalistas. Esta
afirmación tan drástica proviene de la argumentación que las terapias
empiristas participan de la creencia de una realidad externa única para
todos. Esto las reduce, en el estudio de la psicología, a la descripción de
la interacción entre organismos y ambientes. Esta tendencia las hace en
extremo reduccionistas y también partícipes de la existencia de una
causalidad lineal de la conducta humana. Este determinismo causal es
ontológicamente imposible, de acuerdo a Maturana (1978). Creemos por
lo tanto que la integración de las terapias conductuales, cognitivas y
psicoanalíticas con el modelo propuesto por Guidano es definitivamente
no viable y nos parece que la integración en psicoterapia, entendida
como la integración de diferentes enfoques terapéuticos y por lo tanto
de diferentes técnicas terapéuticas, sin considerar los aspectos
epistemológicos que los sustentan parecen imposibles.

REFERENCIAS

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Maturana H. (1986). Ontology of observing: The biological


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Hachette/CED.

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Meditations leibniziennes. In W.B.Veimer & D.S. Palermo (Eds.),
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