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7 actitudes de mujeres de la Biblia que toda cristiana debería imitar

Conozca a algunas mujeres de la Biblia e inspírese¡


Hoy, investigaciones afirman que las mujeres ya no son mayoría en las iglesias. Ellas
han sido una gran bendición en la vida de la Iglesia del Señor Jesús. A pesar del gran
machismo existente en las culturas descritas en la Biblia, encontramos a grandes
mujeres que tienen mucho que enseñarnos.
En homenaje a las mujeres, les gustaría destacar siete actitudes de mujeres de la
Biblia que todo cristiano debería imitar.
1 – La humildad de María, madre del Señor Jesús
María fue elegida entre diversas muchachas para ser la madre del Salvador. Tal vez
eso pudiera haber llevado a su corazón cierto orgullo, cierta altivez. Ella, sin
embargo, dijo algo que todos necesitamos decir diariamente a Dios: “Y dijo María:
«Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque
ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las
generaciones me llamarán bienaventurada (Bien vista por Dios)…” (Lc 1:46-48).
La humildad de María, al ponerse en las manos de Dios y cooperar con el Señor en
su gran misión, es algo realmente fascinante, que todo creyente debería imitar.
2 – La perseverancia en la oración de Ana
Ana no había tenido una vida fácil. Su marido Elcana se había aprovechado de la
tradición para tener dos mujeres (1 S 1:2). Además, Ana era estéril, algo considerado
como una especie de maldición en su época.
Era despreciada por la otra esposa del marido y cargaba una gran tristeza en su
corazón a causa de todo eso (1 S 1:6). Pero no desistió de su objetivo de tener un hijo
y no se entregó a la murmuración, por el contrario, fue perseverante en la oración y
pudo decir: “Concibió Ana y llegado el tiempo dio a luz un niño a quien llamó
Samuel, «porque, dijo, se lo he pedido a Dios” (1 S 1:20).
3 – La valentía de María Magdalena para superar el pasado
La Biblia dice que María Magdalena era una endemoniada. Jesús expulsó de ella siete
demonios (Lc 8:2). No tenemos muchos detalles del pasado de esa mujer, sin
embargo, ciertamente no fue un pasado que agradara a Dios.
Ella, no obstante, tuvo el valor de superar su pasado negro y ser una gran sierva del
Señor Jesús. Ella es mencionada siempre en compañía de los discípulos, y fue la
primera en saber y creer en la resurrección de Jesucristo (Mt 28:1).
Fue una mujer que mostró una superación inigualable, un verdadero retrato de
transformación que Dios opera en la vida de las personas.
4 – La sabiduría de Miriam para superar las crisis
El faraón había determinado que cada egipcio tenía que matar a los niños que
nacieran de judías (Ex 1:22). Esa orden puso en riesgo la vida de Moisés, que aún
era bebé. Pero la estrategia de la madre de Moisés y Miriam, su hermana, le salvó la
vida.
No fue fácil. Miriam mostró una sabiduría grandiosa al seguir al niño que fue
colocado en una cesta en el río, convenciendo a la hija del faraón de entregar al niño
a su propia madre, para que cuidara de él durante algún tiempo (Ex 2:7). Ella salvó
la vida de Moisés con su forma sabia de lidiar con las situaciones adversas.
5 – El temor de Dios de la prostituta Raabe
Raabe es mencionada en la Biblia como prostituta. La Biblia no esconde lo que era
ella. Pero tampoco esconde el cambio que estaba ocurriendo en su corazón. En el
diálogo que tuvo con los espías de Israel, que ella escondió en su casa con el objetivo
de protegerlos, ella nos muestra un grandioso temor de Dios: “Al oírlo, ha
desfallecido nuestro corazón y no se encuentra ya nadie con aliento en vuestra
presencia, porque Yahveh vuestro Dios, es Dios arriba en los cielos y abajo en la
tierra” (Jos 2:11). Una gran confesión de temor al Señor. Considerando que Raabe
vivía en medio de un pueblo pagano, la declaración de ella muestra cuán grande fue
su temor. Tan grande fue su actitud frente a Dios, que formó parte de la genealogía
de Jesucristo (Mt 1:5).
6 – El fervor misionero de la mujer samaritana
La mujer samaritana, como todos saben, tuvo un gran encuentro con Jesús cerca de
un pozo donde fue a buscar agua (Jn 4:9). Jesús le revela los errores que ella había
cometido en el pasado y el presente, y le dijo algo muy poderoso que impactó su
corazón.
¿El resultado? El fervor misionero se apoderó del corazón de esa mujer, que llevó las
palabras de Jesús a su pueblo, que no lo conocía: “La mujer, dejando su cántaro,
corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo
lo que he hecho. ¿No será el Cristo?» Salieron de la ciudad e iban donde él”
7 – El carácter de la mujer virtuosa sin nombre de proverbios
Los últimos versículos del libro de Proverbios están dedicados a alabar el carácter de
una mujer que no tiene nombre, pero que bien podría ser alguna de las grandes
mujeres de Dios, que existieron y existen en nuestros tiempos.
Esa mujer presenta virtudes en el cuidado de la familia, del marido, de los hijos; en
la forma honesta y dedicada con la que trabaja; en el ejemplo que da al prójimo, en
la forma sabia con la que vive su vida, etc. Este texto muestra un resumen de las
cualidades de las mujeres de Dios y cómo éstas son importantes.
Proverbios 31:10…

NACEN 4 CARACTERÍSTICAS DE LA MUJER CRISTIANA


La mujer cristiana tiene la oportunidad de ser una de las personas más influyentes
sobre la tierra. La belleza impactante de su espíritu puede ganar el alma de su esposo
incrédulo.

Su adherencia al diseño de Dios en el matrimonio puede proclamar la gloria del


evangelio. Su fe y conocimiento de la Palabra de Dios, pueden ser evidentes en los
ámbitos del ministerio.

Sin embargo, si una mujer no conoce a su Dios ni a su Palabra, y tampoco se aferra


a sus preciosas promesas, comenzará a parecerse a Eva, su madre en la carne. Su
corazón podrá ser engañado fácilmente por las artimañas del enemigo y sus afectos
pueden desviarse.

Nosotras que hemos confiado en Cristo no sólo somos descendientes de Eva, sino
que ahora somos descendientes de Sara, la libre (Gal. 4:31). Somos las hijas de la
promesa y ya no estamos bajo la esclavitud de la naturaleza de Eva.

En 1 Pedro 3:1-6 y Hebreos 11:11-12, recibe el honor de tener la fe de Sara, y muestra
su vida como ejemplo de femineidad bíblica. Al imitar la fe de Sara, puede
aprovechar su género y los dones únicos que Dios les ha dado con el fin de glorificarse
y extender Su reino en ella.

1. Ella espera en Dios


“Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que
esperaban en Dios” (1 Pe. 3:5).

Es preciosa a los ojos del Señor, la mujer cuyo corazón está lleno de una esperanza
profunda y permanente en su Dios. Este es el fundamento de todo aquello a lo que
Dios la ha llamado a ser. Sara esperaba en Dios, y ella “consideró fiel al que lo había
prometido” (He. 11:11). Las mujeres jamás deberían abandonar la búsqueda de Dios
por medio de su Palabra.

A medida que formamos nuestras familias y nos adentramos en el ministerio,


muchas de nosotras deseamos cuidar con diligencia a quienes tenemos a nuestro
cargo. Sin embargo, a menudo estamos tan vacías porque nuestra fuente espiritual
está seca.

Nos quedamos sin nada que valga la pena compartir con las almas necesitadas, y
mucho menos para alimentar las nuestras. La mujer que espera en Dios, conoce bien
el carácter del Dador de las promesas y los detalles específicos de las mismas. Ella
pasa tiempo con Él en su Palabra y en oración; cree en su evangelio y encuentra
refugio en su nombre.

2. Ella descansa en Dios


“Y que vuestro adorno no sea externo… sino que sea el yo interno, con el adorno
incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios” (1
Pe. 3:4).

Matthew Henry, describe un espíritu manso y tierno como “la sumisión silenciosa
del alma a la ‘providencia’ de Dios con respecto a nosotros”. La mujer que conoce a
su Dios pondrá su esperanza y hallará su descanso en Él. Ella calma y aquieta su
alma, y no se agita ni lucha contra el Dios que es su refugio y el que determina sus
circunstancias.

En vez de preocuparse, la mujer mansa y tranquila confía en el Señor. Ella se deleita


en Él, encomendándole sus caminos y confiando en Él. Ella se deleita en una paz
abundante. Confía en que Dios es quien dice ser, permanece quieta ante Él y lo espera
pacientemente.

No busca justificarse y no busca vengarse de los males que le han hecho, pues su
torre fuerte y refugio está en el nombre del Señor en quien espera. Ella espera en
Dios (Sal. 37:7, 9, 34). Salmos 103:2…Bendice alma mía a Dios y no te olvides los
beneficios que ha recibido…Ella ministra su alma para su bienestar y fortaleza.

3. Ella se sujeta a su esposo, no pelea con él.


“Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que
esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos. Así obedeció Sara a Abraham,
llamándolo señor, y vosotras habéis llegado a ser hijas de ella, si hacéis el bien y no
estáis amedrentadas por ningún temor” (1 Pe. 3:5–6).

El desbordamiento de la esperanza y del descanso en Dios de la esposa, es la


sumisión a su esposo. Sara se sometió a Abraham porque confiaba en Dios y le
obedecía. La sumisión a su esposo no se debía a su dependencia de Abraham; en
cambio, sus ojos estaban fijos en un Dios confiable que era digno de su sumisión.

Cuando una mujer se niega a obedecer al mandato de someterse a su esposo, sigue


los pasos de Eva, su madre en la carne. Esto ensucia el evangelio que Dios diseñó
para ser representado a través de su matrimonio. Más la mujer que descansa en Dios
y se somete al señorío de Jesús, imitará el ejemplo de Sara, quien llamaba a su esposo
“señor” (un reconocimiento de autoridad, no de alabanza). Mientras que hay
explicaciones bíblicas importantes acerca de lo que es la sumisión (y de lo que no es)
y de cómo una esposa debe respetar y responder a su esposo, una hija de Sara
comprende el secreto que hay detrás de la sumisión a su esposo: su esperanza está
en Dios.

4. Ella no tiene temor


“Y vosotras habéis llegado a ser hijas de ella, si hacéis el bien y no estáis
amedrentadas por ningún temor” (1 Pe. 3:6).

La mujer que espera en Dios no tiene temor, no retrocede, no se rinde, no duda de lo


que Dios le ha dado. Pues conoce a su Dios. No tiene temor del camino que su Dios
la ha llamado a transitar. No le teme a la enfermedad; no le teme al futuro. No le
teme a la muerte ni a los valles oscuros. Salmos 23:4.

Ella le encomienda a Dios día y noche a sus hijos, su matrimonio y su ministerio. Ella
extiende el reino de Dios por medio de una sumisión valiente al diseño de Dios en
cuanto a su femineidad, el matrimonio, la maternidad y el ministerio porque ella
espera en Dios.

Y aunque tropieza como Sara y se ríe en su incredulidad ante las promesas de su


Dios, Él transformará su risa incrédula en una risa de confianza en su Salvador y de
esperanza gozosa en su Palabra.

Por fe se ríe, porque ve esa ciudad permanente, la celestial. Por fe se une a la lista de
las santas mujeres, que consideraron fiel al que prometió. Ella era una mujer de la
que este mundo no es digno, y Dios no se avergüenza de ser llamado el Dios de ella.