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Temas del Apocalipsis

El último libro de la Biblia, el Apocalipsis o Revelación de Juan, es un libro de consuelo muy especial para nuestro tiempo. Permite incursionar en el plan de redención de Dios. Este libro es fascinante por el hecho de que revela cosas muy importantes sobre la meta de nuestra fe.

Todos quisieran entender en toda su profundidad los misterios que se abordan en él. Más de un Servicio Divino durante nuestra vida de fe se basó en este libro, pero todos estos Servicios Divinos sólo permitieron incursionar muy poco en las enunciaciones del Apocalipsis, máxime teniendo en cuenta que en los Oficios la palabra se centra en un texto determinado sin abarcar otros contextos.

La Revelación de Juan una introducción

El “libro con siete sellos”

El libro profético del Nuevo Testamento, el Apocalipsis, ha fascinado desde siempre a muchísimos lectores. En todos los tiempos se creyó que, basándose en él se podrían sacar conclusiones sobre el desarrollo de la historia de la humanidad. También fue utilizado para pretender interpretar el futuro, en especial para recabar precisiones sobre el fin del mundo. Se lo considera el “libro con siete sellos”, una escritura misteriosa cuya interpretación se hace muy difícil. Esto trajo aparejado que teólogos e historiadores una y otra vez lo hicieran objeto de investigaciones científicas. Los libros que se escribieron sobre él, ya se cuentan de a miles.

Tan incontables como los libros, son las interpretaciones que surgieron. Por eso el Apocalipsis es considerado como un libro cuestionado. No existen interpretaciones científicas aceptadas universalmente. Tengamos en cuenta esto: por ser el Apocalipsis un libro inspirado por el Espíritu, tiene que ser el mismo Espíritu el que eche luz sobre las visiones y las alegorías, sobre las promesas misteriosas y las exhortaciones proféticas. El nombre “Revelación de Juan” tiene su origen en las palabras iniciales del primer capítulo. Además de esta denominación, se usa ante todo título “Apocalipsis”, derivado de la palabra griega “apokallypsis”, que significa “descubrimiento, revelación”.

Autor y origen

El mismo Apocalipsis menciona como autor a “Juan su siervo” (es decir, el siervo de Jesucristo, cap. 1,

vers. 1).

A

pesar de que en lo concerniente a los destinatarios, podría suscitarse en principio la impresión de que

el

Apocalipsis estuviese dirigido únicamente a siete iglesias asiáticas (compárese capítulos 2 y 3), se

deduce claramente su contenido (compárese Apocalipsis 22: 18) que el Apocalipsis hace referencia a la comunidad del Señor de todos los tiempos. Por lo tanto, todo lo que fue revelado por el Señor es válido también para nosotros en la actualidad.

El Apocalipsis tiene gran trascendencia para nosotros, los cristianos, porque es una fuente importante de esperanza en el futuro, dado que resalta de manera muy particular la segunda venida de Cristo y

clarifica hechos relacionados con su venida. Nos alienta a esperar la venida del Señor, incluso bajo el agobio de los sucesos temporales.

El llamado que se encuentra en el capítulo 22: 7: “Y he aquí, vengo presto”, constituye el mensaje central

del Apocalipsis. La fe en la pronta segunda venida de Cristo para buscar a su novia, es para nosotros importante e imprescindible. La preparación de la comunidad para este acontecimiento constituye el centro de la

prédica y de la asistencia espiritual. Esta fe tan especial es parte de nuestra identidad.

Al ocuparnos del Apocalipsis hay que tener muy en cuenta lo siguiente:

Dado que el Señor mismo nos brindó este libro, al interpretarlo debemos dejarnos guiar por su Espíritu. Recordemos nuestro compromiso de que las opiniones personales no deben estar por encima del reconocimiento proveniente del Espíritu Santo. Lo que vale es, no apagar el Espíritu.

El Apocalipsis está conformado en un lenguaje propio, el cual, especialmente por sus alegorías y simbolismos, requiere de una interpretación guiada por el Espíritu. Las visiones del Apocalipsis no son sueños, ni la imaginación de un individuo que eventualmente se podría interpretar de una manera psicoanalítica, ni fantasías religiosas. Tampoco se recurre a visiones del Antiguo Testamento sobre el futuro. Más bien son manifestaciones provenientes del Espíritu Santo.

El Apóstol Juan mismo es consciente de que el lenguaje humano no alcanza para describir lo divino en toda su magnitud. No obstante, intenta vencer la insuficiencia de la palabra para dar a conocer la revelación de la realidad. Se deben tener en cuenta estos principios cuando se traten a continuación cada una de las áreas temáticas.

“Y he aquí, vengo presto”

La fuente de esperanza en el futuro

Para nosotros, los cristianos, la Revelación de Juan es una importante fuente de esperanza para el futuro. Resalta de manera expresa la segunda venida de Cristo y explica los hechos relacionados con esta venida. Como “libro de consuelo”, el menaje que contiene nos alienta a esperar la pronta venida del Señor justamente cuando las circunstancias del tiempo nos abruman, remitiéndonos siempre a la esperanza grandiosa de que Cristo, el Cordero, vencerá definitivamente. El anuncio mencionado en el capítulo 22: 7 “Y he aquí, vengo presto”, es el mensaje central del Apocalipsis. A este foco están dirigidos todos los demás enunciados. Es importante e imprescindible creer en la pronta segunda venida de Cristo en la que llevará a casa a su novia. La preparación de la comunidad para este acontecimiento, conforma el eje de la prédica y de la asistencia espiritual. En el Apocalipsis hay tres enunciados relacionados con la segunda venida de Cristo:

El Señor viene presto.

Cristo no volverá una sola vez.

El Señor espera de nosotros una vida de esperanza y preparación para su venida, en la que nos esforzamos para vencer.

El Señor viene presto

La venida de Cristo, tema central del Apocalipsis, la encontramos al final del libro como coronación de la promesa de Jesús: “El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente, vengo en breve. Amen, sea así. Ven, Señor Jesús” (capítulo 22: 20).

En ese entonces también se preguntaban por qué el Señor se hacía esperar, es decir que no se cumplía la promesa de su venida. Conforme a la indicción de que Dios es soberano del tiempo y no está sujeto a las ideas humanas de tiempo, el Apóstol Pedro escribió a los hijos de Dios: “El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3: 9).

No es conveniente ni tiene sentido establecer una fecha determinada o hasta hacer cálculos sobre la venida del Novio, Cristo. La indicación dada por Jesús en Mateo 24: 43 y 44, también se encuentra, en el mismo sentido, en el Apocalipsis: “He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus vestiduras…” (Apocalipsis 16: 15). La segunda venida de Jesús será repentina y sorpresiva, exigiendo que la comunidad esté muy alerta.

Cristo no volverá una sola vez

Los enunciados del Apocalipsis nos comprometen a distinguir en la segunda venida del Señor dos hechos:

la venda de Cristo para llevar a casa a los suyos, a su novia, y la venida del Señor para establecer su

reinado en la tierra, es decir, para establecer el reino de paz. Estos dos hechos se deben separar temporalmente el uno del otro. Entre ambos se sitúan las bodas del Cordero. En primer lugar vendrá el Señor como novio a su comunidad. Vendrá para llevar a las bodas a aquellos que están preparados para su venida. Al respecto leemos en Apocalipsis 19: 6 y 7: “…Aleluya: porque reinó el Señor nuestro Dios Todopoderoso. Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque son venidas las bodas del Cordero, y su esposa se ha aparejado.” Llevará a casa a la comunidad nupcial así como fue anunciado por el Apóstol Pablo en 1 Tesalonicenses 4: 16 - 17 “Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero: luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir a Dios en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” La necesidad de estar preparados y esperar con alegría al Señor cuando venga a los suyos, también se ve claramente con las palabras de Apocalipsis 3: 11 y 16: 15: “He aquí, yo vengo presto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.” – “He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus vestiduras, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza.” Después de las bodas del Cordero vendrá Cristo con su comunidad, para vencer al anticristo y su séquito, y establecer su reino en la tierra. Esta venida de Cristo es descripta con contundencia en Apocalipsis 19:

11 a 21. También el capítulo 17: 14 subraya la interpretación de que Cristo vendrá para establecer su reinado en la tierra: “Ellos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque es el Señor de los señores, y el Rey de los reyes: y los que están con él son llamados, y elegidos, y fieles.” Asimismo se puede relacionar con el capítulo 6: 16, donde se menciona la “ira del Cordero”. Entre la venida del Señor para llevar su comunidad a casa y su venida para establecer su reino, habrá un tiempo terrible para aquellos que no estén con el Señor. Éste será el tiempo que señala Jesús en Lucas 21:

36: “Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre.” El reinado de los seguidores de Satanás se describe en Apocalipsis 13. Éste llegará a su fin por la intervención del Señor victorioso (compárese capítulo 19: 19 a 21). En la tradición de las iglesias cristianas se suele hablar de la venida de Cristo para el Juicio Final. Antiguamente se renunciaba a esperar la próxima y cercana segunda venida de Cristo para reunir y consumar a su comunidad y establecer su reino de paz. En su lugar se esperaba la venida de Cristo como juez, el cual juzgaría a todo el mundo. En la confesión de fe de Nicea-Constantinopla (381 d.C.) dice:

“Y vendrá otra vez en gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos:

su reino no tendrá fin.” El Señor no habló de una venida de Cristo para el Juicio Final. Cuando hablamos de la segunda venida de Cristo, se deben diferenciar entre sí dos acontecimientos: el llevar a casa a la comunidad nupcial y el establecimiento de su reinado en la tierra.

El Señor espera de nosotros una vida de esperanza y preparación para su venida en la que nos llevará a casa

El Señor mismo estableció que la participación en su venida, para llevarnos a casa dependiera de algunas condiciones, entre otras, del vencer. “Al que venciere…”, a ésta está dirigida la promesa del Señor de que tendrá parte en su reinado. Los siete textos dirigidos a los vencedores que se pueden leer en las misivas de Apocalipsis 2 y 3, tienen en común lo siguiente: Esperar al Señor, también en padecimientos y tribulaciones, guardarle fidelidad y renunciar a Satanás, logrando así salir victoriosos.

1. “…Al que venciere, daré de comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios” (capítulo 2: 7).

2. “…El que venciere, no recibirá daño de la muerte segunda” (capítulo 2: 11).

3. “…Al que venciere, daré de comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe” (capítulo 2: 17).

4. “Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo le daré potestad sobre las gentes; y las regirá con vara de hierro…” (capítulo 2: 26- 27).

5. “El que venciere, será vestido de vestiduras blancas: y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles” (compárese capítulo 3: 5)

6.

“Al que venciere, yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de con mi Dios, y mi nombre nuevo” (capítulo 3: 12).

7. “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he

sentado con mi Padre en su trono” (capítulo 3: 21). Por lo tanto, Cristo, el Señor, espera de su comunidad una vida de esperanza y santificación, y una preparación auténtica para su venida. Ésta se hace ostensible en la lucha decidida contra Satanás y los poderes diabólicos, de la cual los suyos saldrán victoriosos. “Vencer” no significa otra cosa. El objetivo de obrara del Espíritu Santo, asimismo en la actualidad, consiste en la preparación de los creyentes para la venida del Señor en la que los llevará a casa. Su comunidad y a ella nos podemos contar se puede alegrar en esta espera, y en su conjunto, pero también individualmente, debe estar preparada en todo momento.

Cristo, el Cordero

La imagen dominante del Apocalipsis: Cristo, el Cordero

Bajo la imagen del Cordero queda claramente definido quien es el Hijo de Dios.

En el Apocalipsis se habla del Cordero 29 veces (28 veces como descripción de Cristo y una vez como su adversario). La gran cantidad de veces que se menciona, indica la importancia que se le asigna a Cristo para la salvación de los seres humanos.

En el nuevo Testamento, el término “Cordero” aparece por primera vez con relación a Cristo en las palabras de Juan el Bautista. En Juan 1: 29 y 30 dice: “El siguiente día ve Juan a Jesús que venia a él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es del que dije: Tras mí viene un varón, el cual es antes de mí: porque era primero que yo.”

Esta designación es para presentar a Cristo como el Redentor, remitiendo a Isaías 53:7: “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca”. Mas recién resulta una relación inequívoca, al incluir los versículos anteriores: “Ciertamente llevo él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados”. En la Sagrada Escritura se habla del valedero sacrificio de Jesucristo con gran simbolismo: El muere como corresponde a un cordero para la Pascua (compárese Éxodo 12: 46; Números 9: 12). Ningún hueso le es quebrado (como sí sucedió con los dos malhechores crucificados junto a El; compárese Juan 19: 32). Cristo muere a la misma hora que en el templo son sacrificados los corderos para la Pascua. En el Antiguo Testamento, los corderos contaban desde tiempos remotos, entre los animales preferidos para el sacrificio. Simbólicamente contestó Abraham a la pregunta de Isaac, cuando éste debía ser sacrificado: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío” (Génesis 22: 8). Este simbolismo continúa durante la ceremonia del sacrificio pascual: El cordero debía ser sin tacha.

Lo profundo del Apocalipsis recién se revela verdaderamente al poder comprender el concepto central de este libro: Sin el sacrificio de Cristo, sin el Cordero de Dios “inmolado”, no habría cumplimiento de la ley ni de muchas otras promesas y tampoco habría futuro junto a Dios, dado que Cristo permitió la reconciliación con Dios e indica el camino que lleva a la redención.

Enunciados centrales del Apocalipsis sobre el Cordero y su correspondiente interpretación

Cristo, el Cordero su esencia divina

El Cordero es, sin lugar a dudas, Cristo, la primicia de la resurrección (compárese 1 Corintios 15: 20). Él es presentado como mediador de la salvación y consumador del plan divino con los seres humanos. A Él los seres divinos ofrecen la merecida gloria (capítulo 5: 9). Toda la creación acompaña adorándole (capítulo 5: 13).

El Cordero como mediador de la salvación

Están frente al Cordero todos aquellos que fueron redimidos por el mérito de Cristo. Se trata del rebaño

de los redimidos de todos los tiempos, como consta en el capítulo 7: 9 a 14: “Después de estas cosas

miré, y he aquí una gran compañía, la cual ninguno podía contar, de todas gentes y linajes y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos… Y él me dijo: Éstos son los que han venido de grande tribulación, y han lavado sus ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero”. El Cordero significaba para ellos más que su propia vida.

En el incontable gran rebaño se destacan en partículas los que están sellados e inscriptos en el libro de la vida del Cordero (compárese capítulo 13: 8). El “libro del la vida del Cordero” (no confundir con el “libro de la vida”) es un símbolo de la dedicación de Dios y de su hijo hacia aquellas almas que afirmaron su elección divina mediante la adopción de las virtudes de gracia de Cristo. Llevan en su frente la señal de propiedad del Cordero, el nombre del Padre y del Hijo, recibida por el Sellamiento. Esto les permite llegar al lugar de gloria del Hijo de Dios, que comparte con los fieles. Con relación a esto leemos en el capítulo 14: 1, 4 y 5: “Y miré, y he aquí, el Cordero estaba sobre el monte de Sión , y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de su Padre escrito en sus frentes… Éstos son los que con mujeres no fueron contaminados; porque son vírgenes. Éstos, los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere. Éstos fueron comprados de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero. Y en sus bocas no ha sido hallado engaño; porque ellos son sin máculas delante del trono de Dios.” Son primicias porque en la segunda venida de Jesucristo en la que llevará a casa a su novia, no resucitarán ni serán transfigurados, sino que serán arrebatados (compárese 1 Tesalonicenses 4: 16 y 17). Aquellos que siguen al Señor, tienen que pasar por sufrimiento igual que El, mas también serán glorificados como su Señor.

El significado del Cordero para la consumación del plan divino de redención

El señor determina la historia del mundo y de la humanidad. El Cordero no tiene principio ni fin. Cristo es el Novio que une a la comunidad consigo conforme a las palabras: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque son venidas las bodas del Cordero, y su esposa se ha aparejado… Y él me dice: Escribe:

Bienaventurados los que son llamados a la cena del Cordero. Y me dijo: Estas palabras de Dios son verdaderas” (capítulo 19: 7 y 9). En el futuro, Cristo se manifestará como Rey de reyes y Señor de señores, como está escrito en el capítulo 17: 14: “Ellos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque es el Señor de los señores, y el Rey de los reyes: y los que están con él son llamados, y elegidos, y fieles. “ Además, en el capítulo 19:

16 dice: “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.” Finalmente Él será con el Padre el punto central de la nueva creación: “Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. Y la ciudad no tenía necesidad de sol, ni de luna, para que resplandezcan en ella: porque la claridad de Dios la iluminó, y el Cordero era su lumbrera” (capítulo 21: 22 - 23). Luego en el capítulo 22: 13 dice: “Yo soy el Alpha y Omega, principio y fin, el primero y el postrero.” En la nueva creación ya no serán necesarios ni templos ni ofrendas ni lugares de adoración, dado que Cristo realizó el sacrificio que lo abarca todo. En la nueva creación, el Cordero y el Padre son la luz en sí, como también los sustentadores de toda vida.

El enemigo del Cordero

El enemigo de Cristo, el verdadero Cordero, es Satanás que se da a conocer como un cordero: “Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, más hablaba como un dragón” (capítulo 13: 11) Por su aspecto exterior, el animal que emerge de la tierra parece un cordero, pero su manera de hablar delata a un dragón, a Satanás. Esta representación se ajusta a un principio muchas veces utilizado en el Apocalipsis: el principio de la contraposición. Tan poderoso como supuestamente es el diablo; en definitiva es el Cordero quien triunfa (compárese Apocalipsis 20: 10)

Temas del Apocalipsis

“Primera Resurrección”

“Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad en éstos; antes serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20: 6). Estas palabras nos son muy familiares. Vinculamos con ellas nuestra meta de la fe, la segunda venida de Cristo para llevar a casa a su novia. El concepto “Primera Resurrección” implica más de lo que suponemos:

“Bienaventurado y santo” está dirigido a aquellos que están descriptos en los dos versículos previos:

Versículo 4, primera parte: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado juicio”.

Sentarse con el Hijo de Dios en su trono y reinar con El (juicio) está prometido a los vencedores (compárese Apocalipsis 3: 21), que son aquellos que participen en la venida de Jesús para llevar a casa a los suyos, es decir, a la novia de Cristo. El primer grupo: En el versículo 4 se habla, en primer lugar, de aquellos que se sentaron sobre tronos y que les fue dado juicio. Esto tiene un significado especial. Son aquellos que fueron arrebatados como almas nupciales consumadas en la venida el Señor para llevar a casa a la novia y ahora están en estrecha comunión con Cristo. El capítulo 19 del Apocalipsis describe a estas almas y al hecho en sí con las palabras: “Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio” (versículo 14; compárese también con versículo 8). Ellos tienen parte en el reinado de Cristo, lo que ya señala Apocalipsis 3: 21. Pertenecen a la compañía mencionada en Apocalipsis 20: 6, de los sacerdotes de Dios y de Cristo, que reinaran con el Señor.

Además el Apóstol Juan ve a otras almas que también están incluidas en el acontecimiento de la Primera Resurrección:

Versículo 4, segunda parte y versículo 5: “Y vi las almas de los degollados por el testimonio de Jesús, y por la palabra de Dios, y que no habían adorado a la bestia, ni a su imagen, y que no recibieron la señal en sus frentes, ni en sus manos, y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Mas los otros muertos no tornaron a vivir hasta que sean cumplidos mil años. Esta es la primera resurrección.”

Aquí no se hace alusión a la novia, sino a los mártires. Después de ser llevada a casa la novia, ellos se confesaron a Cristo durante el tiempo de la gran tribulación sobre la tierra y por eso fueron matados. Consecuencia: Participan de la Primera Resurrección la novia y adicionalmente también los mártires. Juntos conforman la compañía de los sacerdotes de Dios y de Cristo, que reinarán con Cristo en el milenario reino de paz. Para ellos es válido: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección.” El segundo grupo: Apocalipsis 20: 4 informa además, de las almas que fueron degolladas en el tiempo de la gran tribulación “por el testimonio de Jesús, y por la palabra de Dios”. Ellas permanecieron firmes: no adoraron a la bestia ni a su imagen y no recibieron su señal en su frente ni en sus manos. Son los así denominados mártires (del griego: testigos de Cristo), que se confesaron a Jesús, vencieron en las tentaciones de la gran tribulación e incluso dieron su vida por Cristo. Estos muertos volverán a vivir, y también ellos reinaran como sacerdotes de Dios y de Cristo con el Señor mil años. La Escritura dice al respecto: “Ésta es la primera resurrección” (versículo 5). La comunidad del Señor consumada que se sentó sobre los tronos (compárese Apocalipsis 3: 21) a la que le fue dado juicio, también está comprendida, según el versículo 5, en el desarrollo o bien, en el acontecimiento de la Primera Resurrección. En conexión con esto, al mismo tiempo, cuando la novia se siente sobre tronos, los llamados mártires vivirán su resurrección; “y vivieron” (versículo 4). Ambos grupos conformarán, entonces, la compañía de los sacerdotes de Dios y de Cristo, que reinarán con el Señor mil años. La resurrección de ambos grupos, sin embargo, no acontecerá al mismo tiempo. En el período entre la venida para llevar a casa a la novia y la resurrección de los mártires, tendrá lugar en el cielo la boda del Cordero (compárese Apocalipsis 19: 6- 9) y paralelamente, sobre la tierra “la gran tribulación.” Por esto es que para nosotros la siguiente frase es de gran importancia:

¡La venida de Cristo para llevar a casa a la novia es y seguirá siendo nuestra meta de fe!

Desarrollo de los acontecimientos futuros

Observemos en primer lugar las promesas de la Sagrada Escritura y lo que dicen sobre los hechos futuros. Debemos considerar los enunciados del Apocalipsis con relación a los del Apóstol Pablo. En 1 Corintios 15: 51 - 52 y 1 Tesalonicenses 4: 15 - 17 él habla de la transfiguración o bien, resurrección y del arrebatamiento de la propiedad de Jesús. Ése es el instante de la venida de Cristo (compárese Juan 14: 3), es decir, su venida para llevar a casa a los suyos. El Apocalipsis de Juan nos permite saber que después de la venida del Señor para llevar a los suyos tendrá lugar la boda del Cordero (compárese Apocalipsis 19: 7 - 9). Esta boda une a Cristo con su comunidad nupcial y es un acontecimiento festivo único. Después del arrebatamiento - paralelamente con la boda en el cielo - comenzará aquí sobre la tierra el tiempo de la gran tribulación, un período de agitación de todos los espíritus y poderes satánicos en el que éstos tendrán total libertad para actuar. Este tiempo terrible terminará cuando Cristo, como Rey de todos los reyes, vuelva con su comunidad e intervenga, en forma visible para todo el mundo, en lo que acontezca sobre la tierra (compárese Apocalipsis 19: 11 - 16). Él vencerá al sequito de Satanás, que el Apocalipsis describe como la bestia y el falso profeta, y lo lanzará al lago de fuego, haciéndolo, por lo tanto, inofensivo (compárese Apocalipsis 19: 19 - 20; 10: 10). Finalmente prenderá a Satanás y lo atará por mil años (compárese Apocalipsis 20: 1 -

3).

Vinculación entre lo expresado por el Apóstol Pablo y el Apocalipsis

Para explicar lo que comprende la “Primera Resurrección” se debe tomar y evaluar todo el contexto bíblico. En 1 Corintios 15, el Apóstol Pablo hace un análisis de la resurrección. Escribe: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin…” (1 Corintios 15: 20; 22 - 24). La resurrección del Señor es el motivo por el cual resucitarán todos los seres humanos. En 1 Corintios 15:

20 y 23, el Apóstol Pablo habla de un orden de sucesión en la resurrección:

la resurrección de la primicia Cristo (que a aconteció)

la resurrección de los que son de Cristo, en su venida,

la resurrección en relación al juicio final.

En la palabra citada, el Apóstol Pablo menciona la resurrección de “los que son de Cristo”, en su venida. (Cristo volverá dos veces: para llevar a casa a su novia y para establecer el reino de paz). Su resurrección, por lo tanto, tiene lugar en conexión con los dos acontecimientos de su venida, es decir, no acontece al mismo tiempo. Entre cada resurrección están tanto la boda del Cordero como también la gran tribulación.

¿A quiénes cabe la expresión: “los que son de Cristo”? Pertenecen a ellos, por un lado, los que serán arrebatados, de los cuales el Apóstol Pablo habla en 1 Tesalonicenses 4: 13 -18:

“Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús. Por lo cual, os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no seremos delanteros a los que durmieron. Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire, así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, consolaos los unos a los otros en estas palabras”.

Por otro lado, también pertenecen a la compañía de aquellos que son de Cristo, aquellos mártires que durante el tiempo de la gran tribulación dieron su vida por Cristo y por eso serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con el Señor.

Conclusión

Lo expresado en la Biblia en Apocalipsis 20: 4-6 y los textos del Apóstol Pablo en 1 Corintios 15: 20; 23; 51-52 y en 1 Tesalonicenses 4: 15-17 nos permiten reconocer que la Primera Resurrección comprende tanto la venida para llevar a casa a la novia como también la resurrección de los mártires. A ambos grupos está dirigida la bienaventuranza: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección…” Entre cada resurrección están, por una parte, la boda del Cordero y, por la otra, el tiempo de la gran tribulación sobre la tierra, del que surgirán los llamados mártires (versículo 4).

El concepto “Primera Resurrección” no alude, por lo tanto, a un suceso que acontecerá en un determinado instante, sino está incluido en un orden de sucesión de hechos que tendrán lugar en la resurrección.

Perspectiva

No nos podemos imaginar lo que significará, de últimas, confesarse al Señor en la gran tribulación e incluso dejar su vida por Él. Un martirio de ese tipo, por cierto no es deseable. Por eso, el pensamiento de recibir misericordia como mártires después de la venida del Señor para llevar a casa a los suyos, no es una alternativa frente a la grandiosa promesa y la posibilidad de vivir como novia la transfiguración y de poder entrar en la cena del Cordero (compárese Apocalipsis 19: 9). Todos nuestros esfuerzos se concentran en la venida del Señor para llevar a casa a los suyos. El eterno Dios nos ha elegido para su propiedad. Él hoy nos prepara mediante toda la gracia proveniente del sacrificio y el mérito de Cristo, en palabra y Sacramentos, para ser partícipes de la gloria junto a Él.

¡La venida de Cristo para llevar a casa a la novia es para nosotros de suma importancia y sigue siendo nuestra meta de fe!

Anexo

A continuación, los pasajes bíblicos más importantes sobre el tema “Primera Resurrección”:

La Primera Resurrección comienza con la venida del Señor para llevar a casa a la comunidad nupcial: 1 Corintios 15: 51-52; 1 Tesalonicenses 4: 15-17

También forma parte de la Primera Resurrección la resurrección de los mártires del tiempo de la gran tribulación, que seguirá a la venida para llevar a casa a la comunidad nupcial: Apocalipsis 20: 4

A ambos grupos está dirigida la palabra: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección…”: Apocalipsis 20: 6

La resurrección general o bien, la última resurrección recién tendrá lugar al final del milenario reino de paz: Apocalipsis 20: 5; 11-15

El Apóstol Pablo describe el orden de sucesión de los hechos que tendrán lugar en la resurrección. En 1 Corintios 15: 23-24.

Temas del Apocalipsis

Los ciento cuarenta y cuatro mil

La cantidad 144.000 no es una cantidad establecida matemáticamente, sino es una cantidad simbólica. Cuántos serán realmente, esto lo sabe el Señor. Leed en el Apocalipsis cómo se llega as estos 144.000. Allí se mencionan las 12 tribus de Israel como alusión al nuevo pueblo de Dios. De cada tribu mencionada simbólicamente son sellados 12.000 y 12 veces 12.000 da como resultado 144.000 (compárese Apocalipsis 7: 4-8). Pero una cantidad simbólica no se transforma repentinamente en una cantidad real…”

En el Apocalipsis de Juan y en ninguna otra parte de la Sagrada Escritura se mencionan los ciento cuarenta y cuatro mil. Esta particular cantidad de almas es mencionada en los capítulos 7: 4 y 14: 1 y 3. Mientras que en el capítulo 7 dice que estos 144.000 eran “de todas las tribus de los hijos de Israel” (versículo 4), en el capítulo 14 se lee: “Éstos fueron redimidos de entre los hombres como primicias.” ¿Quiénes son y qué circunstancia los liga a la cantidad 144.000? En primer lugar tratemos de explicar la cantidad 144.000:

En esta cantidad se trata de una cantidad simbólica y no de una cantidad numérica. No obstante que representa un resultado matemático (producto de 12 x 12 x 1.000), con ella se debe expresar un simbolismo. En la cantidad 12 vemos simbolizado el orden divino; indica la perfección divina. Esto se puede corroborar con ejemplos del Apocalipsis como éste: “…la gran ciudad santa de Jerusalén… tenía… doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son de las doce tribus de los hijos de Israel… Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero” (capítulo 21: 10-14). Además de la cantidad 12, como ya fue mencionado, en los 144.000 también está incluida la cantidad 1.000. Con ello se hace alusión a que no obstante ser una cantidad limitada, es enorme. ¿Qué hace que estas almas logren su impronta divina? Por recibir el signo de propiedad divina, el Sellamiento. Sobre ello nos explayaremos más delante de manera más puntual. En primer lugar se debe poner en claro la pregunta de dónde provenían los 144.000. ¿Provienen estas almas de las doce tribus de Israel, con 12.000 de cada una de ellas? En esta parte de la Sagrada Escritura no se mencionan hechos históricos. Por lo tanto, no se refiere a las tribus históricas de Israel. Aquí se trata más bien de una descripción simbólica. Esto se hace evidente por las siguientes relaciones:

En el capítulo 14: 4 leemos: “Éstos fueron redimidos de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero.” De ninguna manera dice: Éstos fueron redimidos de entre los israelitas, las doce tribus de Israel. Cuando Juan escribió esto ya existía el pueblo del nuevo pacto, el nuevo linaje sacerdotal de Dios (compárese 1 Pedro 2: 9-10). Además de esto, queremos tener en cuenta que en los versículos 1 a 3 del capítulo 7, se presupone que aún existen 12 tribus de la antigua Israel. Históricamente esto no es así. Mucho antes de que el Apóstol Juan recibiera la revelación, ya se daban por desaparecidas diez tribus de Israel. Después del cautiverio de los israelitas del reino del norte bajo los asirios esto sucedió 722 años antes de Cristo , sólo quedaban las dos tribus del reino del sur: Judá y Benjamín. Los hombres mencionados en Apocalipsis 7 y 14 que fueron sellados, son almas elegidas provenientes de la “Israel espiritual”. Los ciento cuarenta y cuatro mil son aquellos que llevan el signo de propiedad de Dios, independientemente de cualquier pertenencia a pueblo y tribu.

Ahora nos referiremos al concepto “sellar”.

El sello, el sellar, al “ángel que sella”, los sellados

En Apocalipsis 7: 1 3 dice: “Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. Y vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo: y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de

hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.” Aquí se dice que eran sellados “siervos”, es decir, personas que ya se relacionaban estrechamente con Dios. ¿Qué significa esto, que se entiende por “sello”? El “sello” es tanto la herramienta como también la marca producida por la herramienta. Muchas veces se graba una figura, nombre o signo para identificar una propiedad. La donación del Espíritu Santo bajo oración e imposición de manos de un Apóstol (compárese en particular Los Hechos 8: 15 y 17), la denominamos “sellar”. Por este acto se coloca un sello como signo de propiedad de Dios. Las diferentes denominaciones del sello confluyen en el hecho del Sellamiento con el Espíritu Santo. En relación con esto debe ser mencionado 2 Corintios 1: 21 - 22: “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.” También se debe tener en cuenta Efesios 1: 4 - 5 y 13: “Según nos escogió en él [Cristo] antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad… En él [Cristo] también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo.” Además, en Efesios 4: 30 podemos leer una frase que resalta el objetivo del acto de sellar: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” A través del Sellamiento, Dios toma posesión del hombre como su propiedad y le promete la futura heredad en gloria, como está escrito en el versículo 14 del capítulo 1 de esta epístola: “[El Espíritu Santo] que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.” El ángel mencionado en Apocalipsis 7: 2 - 3 que tenía el sello de Dios, es a nuestro entender Cristo, el Señor. Se puede decir de Él que es el “ángel que sella” (en el Apocalipsis frecuentemente se califica a Cristo de “ángel”, por ejemplo, en el capítulo 10: 1 y 5; 20: 1). Él es el “apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión” (Hebreos 3: 1). Si al hablar de Él lo hace en plural (“…hayamos…”), es porque con ello al igual que en la historia de la creación (“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen…” Génesis 1: 26) , se refiere a la Trinidad. En Cristo activa el trino Dios y sólo éste tiene poder para manejar los destinos del mundo. Es Cristo mismo para nosotros no visible , el que activa en el Sellamiento, no obstante que se sirve de sus enviados, los Apóstoles (compárese también Mateo 10: 40; Juan 13:20; 2 Corintios 3: 8). En el Apocalipsis no dice cómo se realiza este acto. Lo importante es el resultado: las almas se transforman en propiedad del trino Dios. Que sólo será un tiempo limitado en el cual se realizará el Sellamiento, esto se desprende de las palabras:

“…hasta que hayamos sellado…” Mientras que en Apocalipsis 7: 1 - 8 se describe el reunir a aquellos que conformarán los 144.000, en el versículo 1 del capítulo 14 se describe uno de los efectos del Sellamiento: “Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él [Jesús] y el de su Padre escrito en la frente.” Ésta es una descripción poco común que muestra la pertenencia al Padre y al Hijo. El Apóstol Juan considera que el reunir la cantidad de elegidos ha llegado a su fin. Por lo tanto, Apocalipsis 14 parte de la consumación. Trata sobre la meta que alcanzarán los que fueron redimidos de la tierra y llevan el sello en sus frentes (compárese Apocalipsis 14: 1; 22:4). Comparten la gloria del Cordero. Al mismo tiempo se cuentan entre aquellos cuyos nombres están escritos en “el libro de la vida del Cordero” (compárese Apocalipsis 21: 27). Los 144.000 portan el Espíritu Santo, llevan el nombre del Padre y del Hijo en sus frentes y se encuentran en el seguimiento de Cristo. En Apocalipsis 14: 4, los sellados también son llamados “primicias”.

¿Qué entendemos bajo el concepto “primicias”?

El concepto “primicias” se utiliza generalmente en la Biblia en relación con la entrega personal y la ofrenda o sacrificio. Refiriéndose a hombres y animales, con “primicia” se hace alusión a la primogenitura. Ésta se debía ofrendar al Señor en sacrificio; también en caso de los hombres (compárese Éxodo 13: 2 y 12). En todo caso, el hijo nacido en primer lugar era “puesto a salvo” sacrificando en su lugar un animal (compárese Éxodo 13: 13 y 15). Jesucristo, para “salvar” a los hombres, realizó el sacrificio plenamente válido, es decir, se ofrendó a sí mismo; lo hizo conscientemente y de manera voluntaria. Con este sacrificio salva a los que pertenecen a Dios. Esto encuentra su culminación en las palabras: “Éstos [144.000] fueron redimidos de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero” (Apocalipsis 14: 4)

Ya antes del tiempo de la ley mosaica, sabiendo que todo lo que produce la tierra pertenece al Señor, los hombres ofrendaban una parte de los frutos en señal de agradecimiento, especialmente lo primero que se cosechaba cada año (compárese Génesis 4: 4). Esta tradición se arraigó en la ley de Moisés. Todos los años durante la conmemoración del Pésaj (Pascua) se ofrendaba la “primera gavilla”, mientras que para la fiesta del Schawuoth (que corresponde a nuestro Pentecostés), se ofrendaban los dos primeros panes”. En el pasaje completo de Apocalipsis 14: 4 dice: “Éstos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Éstos fueron redimidos de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero.” En el texto griego se habla de la “primicias de los frutos.” Esto hace pensar en la ley de la cosecha del antiguo pacto (compárese Levítico 23: 9 22). El capítulo 14 del Apocalipsis permite una relación muy estrecha de su contenido. Allí en el versículo 15 se menciona la cosecha: “Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura.” Esto permite vislumbrar la venida de Cristo para recoger su “cosecha”. Esta “cosecha” es la comunidad nupcial. Cabe mencionar al respecto, que no habrá una “cosecha complementaria” (compárese Levítico 23: 22). Por lo tanto, las “primicias” son aquellos que vendrá a buscar el Señor en su día; expresado alegóricamente: “cosechará”. El Apóstol Pablo se refiere a Cristo como “primicia” (compárese 1 Corintios 15: 20). Por lo tanto, existe un detalle a tener en cuenta para aquellos que se mencionan en Apocalipsis 14: 5: “Y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios”. El Apóstol Santiago también se guía por la primicia Jesucristo cuando escribe: “Él [el Padre], de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1: 18). De todo esto se deduce que: Quien en la venida de Cristo es arrebatado hacia el Señor (compárese 1 Tesalonicenses 4: 17), es primicia y al mismo tiempo novia. A éstos también pertenecen aquellos que recién adquirieron la infancia divina en los ámbitos del más allá. Las primicias también son denominadas vencedores; por medio de Cristo lograron la victoria por fe (compárese 1 Corintios 15: 57)

¿Quién se cuenta entre los ciento cuarenta y cuatro mil?

Los requisitos para poder ser contados entre los 144.000 en el día del Señor, son: haber sido escogidos, adoptados y redimidos (compárese Efesios 1: 4 - 7; Apocalipsis 14: 4), sellados (compárese 2 Corintios 1:22; Efesios 1: 13 y 14; Apocalipsis 7: 4) y haber seguido a Cristo, el Cordero (compárese 1 Pedro 2: 21 - 23; Apocalipsis 14: 4). Los que se cuenten entre los 144.000 cuando Cristo venga a buscar a los suyos accederán a la eterna comunión con el Señor, serán, conforme 1 Corintio 15: 50 - 53 y 1 Tesalonicenses 4: 16 y 17, los justos que entonces vivan en la tierra y alcanzaron la terminación, y los que murieron en Cristo. Y según nuestro reconocimiento, también los fallecidos que accedieron a la infancia divina recién en los Servicios Divinos en ayuda para los difuntos. Por lo tanto, son todos aquellos que llevan el nombre de Dios el Padre y el nombre del Cordero en sus frentes. Pero todos ellos tienen que haber sido hallados dignos. En Apocalipsis 14: 3 leemos: “Y los [144.000] cantaban un cántico nuevo delante el trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra.” El cántico nuevo es, inequívocamente, un cántico de agradecimiento y de victoria. El tenor del cántico nuevo está dedicado a Cristo, el Cordero, y conforme Apocalipsis 5: 9 - 10, es el siguiente:

“Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación, y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes [traducción interlineal: “…para nuestro Dios como un reino y como sacerdotes”], y reinaremos sobre la tierra.” Partimos del hecho de que también los fieles confesores del antiguo pacto forman parte de los 144.000.

El futuro de los ciento cuarenta y cuatro mil

Ahora observemos una vez más el versículo 1 del capítulo 14: “Después miré, y he aquí el Cordero

estaba en pie sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.” Al hablar de este “monte de Sión” no se trata de un lugar determinado aquí en la tierra. Con esta imagen alegórica más bien se quiere hacer ver un lugar en la gloria.

Y esta gloria la pueden compartir con Cristo las primicias, los vencedores.

A esta multitud transfigurada y arrebatada hacia la gloria, además le fue prometido lo siguiente:

Vivir las bodas del Cordero como novia (Apocalipsis 19: 6-9) y por lo tanto, quedar preservada de la gran tribulación que se abatirá sobre toda la redondez de la tierra (compárese Lucas 21: 36; véase también Apocalipsis 3: 10).

Conformar el ejército que siga al Señor cuando después de las bodas vuelva a la tierra (compárese Apocalipsis 17: 14; 19:14).

En relación con el establecimiento del reino de paz, le será dado el juicio (respecto a este juicio no se puede pensar en el Juicio Final. Esto incumbe sólo al Señor, como se desprende de Apocalipsis20: 11-12; compárese también Juan 5:22. A la comunidad que fue llevada a casa le será permitido tomar parte del reinado de Cristo. Con ello se cumplen las palabras de Jesús de Lucas 19: 17 y 19 correlacionadas con Apocalipsis 1: 26-27). Esta multitud también se cuenta entre los sacerdotes de Dios y de Cristo que reinarán con el Señor mil años. (Apocalipsis 20: 4 y

6).

Por último, serán los moradores de la nueva Jerusalén que desciende del cielo (De las exposiciones de Apocalipsis 21: 24-26 y versículo 27, se puede deducir que también en la nueva creación habrá diferentes “ámbitos habitables”: dentro de la ciudad y fuera de ella. El tema será tratado más adelante). Son aquellos que están escritos en el libro de la vida del Cordero (compárese Apocalipsis 21: 27). También en vistas a su futuro podemos equiparar a estos 144.000 con la “novia de Cristo” (compárese Apocalipsis 19: 6-7). Si por un particular acto de gracia el Señor, también formarán parte de la novia otras almas no selladas, esto queda reservado a la soberanía de Dios.

Consecuencias

Los 144.000 comprenden a aquellas almas que por elección de Dios fueron distinguidas para ser aceptadas por Cristo a su llegada al haber quedado fieles y haber vencido. En su venida para llevar a los suyos a casa, estas almas resucitarán o serán transfiguradas. Como primicias vivirán el gran suceso del arrebatamiento y se alegrarán como novia por la unificación con el Novio del alma. Solamente el Señor sabe qué cantidad de almas conformarán esta multitud.

Temas del Apocalipsis

Las bodas del Cordero

Apocalipsis 19: 7 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. En Apocalipsis 22: 17 dice: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven”. Este llamado lo asociamos a nuestra

meta de fe. Después de nuestro arrebatamiento, quisiéramos vivir la comunión bienaventurada con nuestro Novio del alma. El cumplimiento de esta grandiosa promesa es nuestro objetivo más ansiado. La comunión con el Señor está descripta en Apocalipsis 19 mediante la alegoría de las bodas del Cordero. Allí dice en los versículos 6-9:

6. “Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!

7. Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se

ha preparado.

8. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las

acciones justas de los santos.

9. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena del Cordero. Y me dijo:

éstas son palabras verdaderas de Dios.” En las bodas del Cordero, Cristo se unificará con su comunidad consumada, las primicias, los 144.000, por toda eternidad. Entonces se cumplirán las palabras de Juan 17: 24: Los suyos estarán con Él y verán su gloria. Bajo la alegoría de la novia se debe entender la comunidad de Cristo. Ya en el antiguo pacto hay una alusión en Oseas (“Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehová”- Oseas 2: 19- 20), donde el Señor y su pueblo elegido son descriptos como el Novio y la novia respectivamente. En el nuevo pacto, por su parte, se puede deducir del reconocimiento del Apóstol Pablo en 2 Corintios 11: 2 (“Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.”), que el Señor quiere preparar a través del ministerio de Apóstol la comunidad de Cristo, es decir, la novia, para desposarla con Él. Al final del tiempo de preparación, se ve el resultado de este trabajo divino: la comunidad nupcial se ha entregado totalmente al Señor: “Éstos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Éstos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Éstos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios” (Apocalipsis 14:4-5). En su primera epístola, el Apóstol Pedro resalta que la fe y el amor al Señor, como asimismo el seguimiento, son requisitos para poder ver al Señor (“En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa… sea hallada… cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (1 Pedro 1: 6-9) Con las bodas del Cordero queda concluido el desarrollo para la total redención de los suyos. Previamente son llevados a casa. Con la alegoría de las bodas, no se quiere dar a entender la unión de sólo dos personas como en lo humano, sino la unión íntegra, inseparable, eternamente efectiva de espíritu y alma de Cristo con las almas elegidas por el Padre para Él. Con este acontecimiento, la novia se hace partícipe de la herencia prometida. Esto surge de Efesios 1: 11-14: “En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”. La visión futura de la unificación de Cristo con su comunidad, se inicia con la expresión “Aleluya”. Con ello queda claro que las bodas del Cordero serán un acontecimiento único y por demás jubiloso, esto se confirma con las palabras: “Gocémonos y alegrémonos”. Mas la Escritura también menciona a aquél al que todo se debe: “… y démosle gloria”. La participación

en este acontecimiento que glorifica a la novia, tiene su causa en el amor de Dios, el Padre, y su Hijo. Esto confirma la feliz expresión del Apóstol Juan en su primera epístola (“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; […] ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha

manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” – 1 Juan 3: 1-2). La novia lo verá como Él es y también ella será glorificada.

En Apocalipsis 19: 9 no sólo se mencionan las bodas, sino que la alegoría se extiende también a una cena festiva, un banquete extraordinario. Aquellos que participan, son considerados bienaventurados. ¡Qué firme promesa del Señor! En el versículo anterior se describe la vestimenta de la novia. De ello se deduce que lo que destaca a la novia es una dádiva de la elección y la gracia de Dios. Ella es justificada a pesar de venir del pecado. La gracia de Cristo posibilita a los suyos, que por su fieldad puedan vivir la plena cancelación de todos sus pecados. Su mérito consiste en que aceptaron con fe la dádiva de la gracia. Dice: “Y a ella se la ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente”. Dado que el mismo texto bíblico expresa qué se entiende por “lino fino”, está demás cualquier otra explicación. La traducción del texto básico griego dice en esta parte: “el lienzo fino es la acción justa de los santos”. En este estado de gracia plena consumada, las almas nupciales viven la bienaventuranza prometida conforme a las palabras del capítulo 19: 9: “Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios”. Luego de las bodas del Cordero, vendrá Cristo a la tierra con su comunidad. Estos está descripto en Apocalipsis 19: 11-16. Por lo tanto, las bodas del Cordero tienen lugar entre la venida del Señor para llevar a casa a su comunidad nupcial y su venida antes de establecer su reino. En la Sagrada Escritura no se menciona nada concreto sobre cuánto durarán las bodas del Cordero. De Apocalipsis 12 se deduce que desde que será llevada la novia a casa hasta el final del reinado desenfrenado de Satanás en la tierra, habrá un lapso de “un tiempo y tiempos, y la mitad de un tiempo” (comparar con capítulo 12:14); es el tiempo de “la gran tribulación” en la tierra. La promesa del Señor a los suyos expresada en la alegoría de las bodas, es una de las más grandiosas de la historia del reino de Dios. Es la promesa de un bendecido y glorioso futuro para los que son propiedad del Señor. Esperemos su cumplimiento y preparémonos con la mayor dedicación. Y precisamente porque solamente Dios determinó el instante en que acontecerá (compara con Mateo 24: 36 y Marcos 13: 20), queremos estar preparados en todo tiempo.

Anexo

A las explicaciones sobre las “bodas del Cordero”, se agregarán además algunas indicaciones. Estas se relacionan con enunciados bíblicos y con el desarrollo de la prédica.

1. La cena de la bodas

Se debe mencionar de manera expresa, que no existe paralelo alguno entre Apocalipsis 19: 9 y 3: 20.

Muchas traducciones del capítulo 3: 20 son muy libres: “He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo”. Mientras que en el texto básico griego dice: “He aquí yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré donde él está y comeré con él, y él conmigo”. De esto s sólo se deduce que el Señor promete una comunión de vida con Cristo a aquél que lo acepta, no haciendo alusión alguna al Sacramento de la Santa Cena ni a una relación conceptual con la cena de las bodas.

2. La novia del cielo

En Apocalipsis 21: 2 dice: “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido”. Si se entiende como que Jerusalén es la

novia, es incorrecto. Aquí se describe más detalladamente la hermosura de la nueva Jerusalén mediante la alegoría de una novia ataviada (comparar con capítulo 21: 2 y 9). Esta descripción no tiene nada que ver con la alegoría del a novia del Cordero.

Tampoco la descripción de Apocalipsis 18: 23: “Luz de lámpara no alumbrará más en ti, ni voz de esposo y de esposa se oirá más en ti”, se puede relacionar con la alegoría con la novia del Cordero. Este enunciado más bien debe poner en claro que durante el tiempo de los juicios divinos ya no habrá lugar para el amor que brinda felicidad a los seres humanos.

3. “El salón de las bodas”

En Apocalipsis 19 no se hace mención a un salón en el cual se celebrarán las bodas del Cordero. Tal

vez la utilización de este concepto se retrotrae al pasaje de Amós 9: 5 y 6:”El Señor Jehová de los ejércitos,… Él edificó en el cielo sus cámaras, y ha establecido su expansión sobre la tierra…”. Estas descripciones hacen imaginar cómo será una vez. Pero es importante no abusar de esta alegoría. No es conveniente utilizar los detalles usuales de una boda (mesa, asignación de lugares, espacios limitados, entre otros) para describir las bodas del Cordero.

En Apocalipsis 19 donde se describen las bodas del Cordero, se menciona a Dios, el Todopoderoso, a

Cristo, el Cordero, y a la novia. Nada dice sobre otros participantes en la cena de bodas, por lo tanto, tampoco menciona nada sobre invitados. Si la bienaventuranza está en plural, es decir, Bienaventurados los que son llamados…”, se deduce por sí solo que la novia está formada, conforme a Apocalipsis 14:4, por las primicias, o sea los 144.000, lo que significa por los “santos(comparar con capítulo 19:8).

5. El atavío nupcial

En oportunidades se dice que al apropiarnos de virtudes cristianas, adquirimos el atavío para nuestro

vestido nupcial. Estas alegorías no se relacionan directamente con los enunciados de Apocalipsis 19. Más bien responden a la necesidad de querer graficar las ideas.

6. La parábola de las bodas reales

En una parábola dice Jesús, que un rey prepara una fiesta de bodas para su hijo (comparar con Mateo 22: 1-13). El padre había establecido la fecha de la boda independientemente de si los convidados podían venir o no. De la parábola se deprende que el anfitrión entregaba la vestimenta para la fiesta. Quien no vestía con ella era echado de la celebración por la fuerza. Esta parábola solo quiere demostrar que hay que mostrarse digno de la elección aprovechando los ofrecimientos de gracia. Es un error relacionar estos hechos con las bodas del Cordero.

Resumiendo hay que decir: Las alegorías bíblicas se deben interpretar en su correspondiente contexto. Pero no se debería sondear más profundamente que lo que la alegoría en su esencia quiere dar a entender.

A continuación se responderán algunas preguntas. Además se presentará un cuadro que ilustrará lo relacionado con la Primera resurrección.

1. ¿Quién se cuenta entre los mártires de la gran tribulación?

En Apocalipsis 20: 4 no figura el concepto “mártires”. La palabra “testimonio” allí utilizada significa en griego “martyria”, de la cual se desprende la denominación “mártires”. Éstos son testigos de la fe por

cuanto dan testimonio de la muerte y resurrección de Jesús. Alrededor del año 150 d.C. fue modificado el significado de ese concepto. A partir de ese momento se les dice mártires a aquellos creyentes que por profesarse al Señor sufren una muerte violenta (“testigos de sangre”). Los mencionados en Apocalipsis 20: 4, que nosotros denominamos mártires, e distinguen por las siguientes características:

Fueron decapitados (muertos) por causa del testimonio que daban sobre Jesucristo, a quien se profesaban inquebrantablemente, y por la palabra de Dios, a la cual se atenían.

No adoraban a la bestia (una potestad espiritual satánica, al anticristo) ni a su imagen.

No recibieron la marca de la bestia en sus frentes ni en sus manos. De estas marcas dice en Apocalipsis 13: 16 y 17: “Y [la bestia] hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre”. Estos creyentes que se profesaban de manera inamovible a Cristo, se dejaban matar por la causa del Señor (comparar con Apocalipsis 13: 15).

2. ¿De qué se deduce que aquí sólo se trata de aquellos mártires que se manifiesten como tales

después de que la novia haya sido llevada a casa? Recién durante la gran tribulación en la tierra, la cual tendrá lugar durante las bodas del Cordero en el cielo, se manifestará la bestia con sus exigencia (comparar con Apocalipsis 13:15). Por eso también la persecución y muerte de los mártires recién tendrá lugar en el tiempo de la gran tribulación.

3. Los mártires de la gran tribulación ¿pertenecen después de su muerte a la novia de Cristo?

No. El reunir a la novia estará definitivamente concluido en el momento en que ésta será llevada a casa.

4. Los mártires de la gran tribulación ¿son almas selladas?

El Santo Sellamiento no es una condición para ser contado entre los mártires mencionados en Apocalipsis

20: 4. Pero se pueden contar entre ellos los sellados que cuando la novia fue llevada a casa no fueron

aceptados; no obstante, participan de la Primera Resurrección como mártires. Pasan por la gran tribulación y tienen que cumplir los criterios mencionaos en la pregunta 1.

5. ¿Entonces también almas no selladas toman parte de la Primera Resurrección?

La Primera Resurrección abarca dos acontecimientos (ver cuadro: La primera Resurrección relacionada con acontecimientos futuros). Por lo tanto, hay que diferenciar entre participar de la Primera Resurrección

en el primer acontecimiento: el retorno de Cristo para llevar a casa a la novia

y el segundo acontecimiento: la resurrección de los mártires, que ocurrirá en forma previa inmediata al establecimiento del milenario reino de paz. Vale el principio: quien participa del retorno del Señor (comparar con Juan 14: 3) es portador del Espíritu Santo (comparar con Juan 3: 3 y 5; Efesios 1: 4, 13 y 14; 4: 30; Apocalipsis 7: 1-8 en relación con Apocalipsis 14: 1-5. Ver también trabajo sobre “Los 144.000”) Sin embargo, la donación de los Sacramentos finaliza con el retorno de Cristo descripto en Juan 14: 3, es decir, antes de la gran tribulación. Esto se desprende principalmente de Apocalipsis 7: 3: “No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios”. Y entre ellos se cuentan los que resucitarán según Apocalipsis 20: 4 (resurrección de los mártires de la gran tribulación como el segundo acontecimiento de la Primera Resurrección), para lo cual no es necesario estar sellado.

6. Si los mártires no tienen que estar sellados y no obstante resucitarán, ¿cómo se entiende

esto bajo las palabras: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. […] De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3: 3 y 5)? Como referencia a ello es importante aclarar en primer lugar, qué se entiende por “reino de Dios”. Existe un reino de Dios presente y uno futuro (ver Pensamientos Guías 1993, página 2. Además “El reino de Dios” en Doctrina y reconocimiento, “Nuestra Familia” 2003, Nº 9, página 24). Juan 3: 3 y 5 reproduce el principio válido hasta que la novia sea llevada a casa. En cuanto a tomar posesión del reino de Dios, en cierto modo se lo menciona en lo relacionado con las bodas del Cordero (comparar Apocalipsis 19: 6). La condición para participar de ello es el renacimiento.

Consecuentemente, aquí hay una delimitación entre la novia y los mártires. Si Cristo vuelve a la tierra para establecer el reino de paz, también éste es su reino. Entonces será el espacio vital de todos los seres humanos.

7. Para ser partícipes en el reinado del milenario reino de paz como sacerdotes, en lo que se

entendía antes sobre la Primera Resurrección se requería haber renacido de Agua y Espíritu. ¿Es correcto que también los que no renacieron podrán reinar como sacerdotes? Sí, en Apocalipsis 20: 4 se mencionan claramente las características de aquellas almas que como sacerdotes no son al mismo tiempo la “novia”.

8. ¿Cómo se debe clasificar Apocalipsis 6: 9-11?

En primer lugar hay que remitirse al artículo de introducción para el Apocalipsis de Juan (1ª entrega). Donde dice entre otras cosas: “Los enunciados del Apocalipsis no se dejan entender de la manera habitual, es decir como una simple sucesión de hechos. Las repeticiones y los matices más bien hacen ver que en lugar de la sucesión temporal se insertan tanto lo simultaneo como lo retroactivo…” En Apocalipsis 6: 9-11 dice: “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? […] Y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos”. Tanto la formulación “muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio” como también la indicación “…y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos”, permiten llegar a la conclusión que esto se ubica en el tiempo de la gran tribulación y por consiguiente, se trata del clamor de los mártires que según Apocalipsis 20: 4 hallaron la muerte.

9. ¿Qué sucede con los demás mártires cristianos dentro de la historia de la Iglesia?

En el curso de la historia de la Iglesia hasta nuestro tiempo, hubo cristianos que por causa de su fe y su testimonio hallaron una muerte violenta. Aquí tenemos que diferenciar entre

los mártires del tiempo “apostólico”, es decir, el tiempo del activar de los primeros Apóstoles. Si eran portadores del Espíritu Santo, entonces en el día del retorno de Cristo para buscar a su novia y llevarla a casa rigen para ellos los mismos parámetros que para todos los demás hijos de Dios.

Los mártires del tiempo posapostólico que durante sus días sobre la tierra no recibieron el sello de la infancia divina. De esta multitud surgen dos grupos diferentes:

- Aquellos que en los Servicios Divinos para difuntos aceptaron el ofrecimiento de gracia al recibir los Sacramentos donados por los Apóstoles. Éstos no se diferencian de los demás hijos de Dios, sino que pueden vivir la resurrección y la transfiguración cuando venga Jesús a buscar a su novia para llevarla a casa.

- Aquellos que no aceptaron el ofrecimiento de gracia. Para éstos rigen los mismos parámetros que para todos los demás difuntos.

10.

¿Se puede explicar más detalladamente, cómo los enunciados de 1 Corintios 15: 20, 22-24

se relacionan con la Primera Resurrección? En este capítulo de la primera epístola a los Corintios, el Apóstol Pablo se refiere a la vida después de la

muerte y la resurrección. Y allí dice: “Porque así como Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden:

Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Pare, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia…” (1 Corintios 15: 22-24) De este pasaje se puede deducir:

Cristo es la causa de la resurrección de todos los seres humanos. En ella hay un orden gradual conforme a un desarrollo cronológico. Primero se produce la resurrección de la primicia, Cristo. Luego el Apóstol Pablo menciona otros dos “órdenes” de muertos. En primer lugar, la resurrección de aquellos que pertenecen a Cristo cuando Él venga. Luego viene el fin, con lo cual se alude a la resurrección de todos los demás seres humanos. A pesar de que el versículo 23 no establece diferencias de manera expresa, igual hay que diferenciar entre dos “venidas” de Jesucristo, con lo cual queda establecida una conexión conceptual con la Primera Resurrección:

Su venida para buscar a la novia y llevarla a casa.

Su venida a la tierra antes de establecer el reino de paz.

Con ambos acontecimientos se relaciona una resurrección de aquellos que pertenecen a Cristo:

1.- La resurrección de los muertos en Cristo (1 Tesalonicenses 4: 16: primer acontecimiento de la Primera Resurrección) 2.- La resurrección de los mártires mencionados en Apocalipsis 20: 4, segundo acontecimiento de la Primera Resurrección. El “fin” mencionado por el Apóstol Pablo, se relaciona con la resurrección de los “otros muertos” (comparar con Apocalipsis 20: 5)

11. ¿Qué se entiende por “la gran cena de Dios”?

El banquete mencionado en Apocalipsis 19: 17-21, se lo denomina “la gran cena de Dios”. Tendrá lugar

después de las bodas del Cordero y antes de la resurrección de los mártires, o bien, al comienzo del milenario reino de paz.

Cuadro: La Primera Resurrección relacionada con acontecimientos futuros

Resurrección relacionada con acontecimientos futuros P r i m e r a c o n t

Primer acontecimiento

La Primera Resurrección

o n t e c i m i e n t o La Primera Resurrección Segundo

Segundo acontecimiento

Retorno de Cristo (Juan 14:3) Resurrección de Para llevar a casa a la novia los
Retorno de Cristo
(Juan 14:3)
Resurrección de
Para llevar a casa a la novia
los mártires
-Resurrección de los muertos
en Cristo
-Transfiguración de los
vivientes
Arrebatamiento de
Participación de la novia en
el reinado de Cristo
(juicio)
ambos grupos
Venida de Cristo
con su comunidad
(novia) a la tierra
(Apocalipsis 20: 4)
(1 Corintios 15: 51-52;
1 Tesalonicenses 4: 16-17)
(Apocalipsis 19: 11-16)
Reinado de Cristo con los
sacerdotes de Dios y de
Cristo (novia y mártires)
Bodas del Cordero
Reunir a
(Apocalipsis 20: 6)
la novia
(Apocalipsis 19: 6-9)
C
R
I
S
T
O
Gran tribulación (tres tiempos y medio) Persecución de aquellos que se confiesan a Cristo (más
Gran tribulación
(tres tiempos y medio)
Persecución de aquellos
que se confiesan a Cristo
(más tarde mártires)
(Apocalipsis 6: 9-11; 11; 12: 9-12; 13; 20:4)
 

Gran cena de Dios

   

(Apocalipsis 19: 17-21)

(La Biblia no indica su duración)

Milenario reino de paz

(Apocalipsis 20:6)

 

Destrucción del reinado del anticristo

20:6)   Destrucción del reinado del anticristo Bestia y falso profeta en el lago de fuego

Bestia y falso profeta en el lago de fuego

 

Satanás

atado

(Apocalipsis 20:

(Apocalipsis 19:20)

1-3)

Indicaciones generales para la conformación del cuadro:

Horizontalmente no se debe entender como un eje cronológico exacto. Sólo quiere dejar en claro el curso cronológico de cada acontecimiento. Por lo cual, el espacio entre las flechas verticales no se debe tomar como un período exacto. Las flechas horizontales indican el comienzo y el final de un acontecimiento. Así las flechas horizontales entre la primera y la segunda flecha vertical, significan que la gran tribulación tiene lugar durante las bodas del Cordero. Ambos acontecimientos comienzan después del retorno de Cristo para llevar a casa a la novia y concluyen con la venida de Cristo con su comunidad a la tierra. Dado que los tres tiempos y medio constituyen una cifra simbólica, este período no corresponde a una fecha exacta. El período entre la segunda y tercera flecha vertical no contiene flechas horizontales. Esto deja en claro que para el acontecimiento de “la gran cena de Dios” no se puede establecer ni el comienzo ni el final, dado que en la Biblia no se menciona lapso alguno de tiempo. Por lo tanto, el cuadro solamente quiere mostrar que la gran cena de Dios es un acontecimiento que se ubica entre la venida del Señor con su comunidad a la tierra y la resurrección de los mártires. Las partes grises de abajo solamente quieren mostrar un decurso. Satanás será atado después de ser lanzados la bestia y el falso profeta al lago de fuego y azufre. Tampoco en este caso el espacio entre las dos pequeñas flechas corresponde a una fecha exacta. Por la distancia casi igual (de una flecha a la otra) de los períodos de “la gran tribulación” y “la gran cena de Dios”, por los motivos arriba mencionados, no se les puede adjudicar a estos acontecimientos la misma duración.

Explicaciones sobre el cuadro “La primera Resurrección relacionada con acontecimientos futuros” A continuación se hará un listado con cada acontecimiento en su orden cronológico:

Jesucristo viene a buscar a su novia para llevarla a casa.

En el cielo tienen lugar las bodas del Cordero.

Al mismo tiempo que las bodas del Cordero ocurre en la tierra la gran tribulación, en la cual los mártires hallan la muerte.

Después de las bodas, Cristo viene a la tierra con su séquito (su novia).

Durante “la gran cena de Dios”, la bestia y el falso profeta (formas por las cuales se presentan las potestades satánicas) son lanzados al lago de fuego.

Satanás es atado por 1.000 años.

La propiedad de Jesús, su séquito, ocupa los tronos para juzgar (para participar del reinado).

Resucitan los mártires de la gran tribulación.

La novia y los mártires reinan como sacerdotes de Dios y de Cristo con el Señor por 1.000 años.

Temas del Apocalipsis La alegoría de la mujer vestida del sol y del hijo varón

Para interpretación del capítulo 12 del Apocalipsis de Juan

1.- Introducción e idea general del contenido del capítulo 12 El capítulo 12 del Apocalipsis de Juan contiene la alegoría de la mujer vestida del sol y del hijo varón, que es especialmente importante para los cristianos en cuanto a su fe en el futuro. Brinda la posibilidad de reconocer acontecimientos del futuro concernientes a la historia de la salvación en contextos esenciales. En el centro de la interpretación está el arrebatamiento del hijo varón. Al ser entendido este suceso como el arrebatamiento de la comunidad de Cristo, se puede hablar, a la vez, de uno de los acontecimientos más importantes del futuro que esperamos. Como todas las imágenes de la Sagrada Escritura, tampoco se debe exigir demasiado de la interpretación de la alegoría de la mujer vestida del sol y del hijo varón. Es imposible querer leer de esta alegoría todo lo que se podría explicar respecto del retorno de Cristo, la resurrección de los difuntos, el arrebatamiento de los fieles aún vivientes, la boda del Cordero por un lado, y la gran tribulación por el otro. La presente elaboración estuvo sustentada por el esfuerzo de deducir enunciados esenciales de la descripción alegórica que contiene le capítulo 12, no interpretando los detalles de forma especulativa. ¿Qué contiene el capítulo12? En el cielo aparece la alegoría de la mujer vestida del sol. Está encinta y es amenazada por un gran dragón, cuya intención es destruir al varón que nacerá. Mas el hijo varón es arrebatado para Dios y para su trono. La mujer huye del desierto, donde Dios la sustenta por un tiempo determinado. Después se verifica la batalla de Miguel con el dragón, el cual es vencido junto con su séquito de ángeles. Entonces resuena en el cielo un himno triunfal. Nuevamente se describe la huida de la mujer para alejarse del dragón. Ella queda amparada. Entonces el dragón, en su ira, se vuelve contra el resto de la descendencia de ella. Con esto finaliza la sucesión de imágenes que ahora será interpretada.

2.- ¿Quién es la “mujer vestida del sol? Bajo la “mujer vestida del sol” (Apocalipsis 12:1) se entiende la congregación de los creyentes que se encuentran en una relación de cercanía especial con Jesucristo, que creen en Él y se profesan a Él. Si se presta atención a los detalles de la alegoría de la “mujer vestida de sol”, tal como son mencionaos en el capítulo 12: 1-2, se puede deducir los siguientes reconocimientos:

- Ella está en el cielo. Esto significa que se encuentra cerca de Dios el Padre y su Hijo.

- Está “vestida del sol”: Esto indica que está rodeada de luz y que resplandece en majestuosidad divina. Además se la describe bajo otro esplendor de luz divina: tiene “la luna debajo de sus pies”. (En este punto es apropiada la referencia a 1 Corintios 15: 40-41). Este detalle de la alegoría corrobora la relación de cercanía con Jesucristo descripta antes.

- La mujer lleva sobre su cabeza “una corona de doce estrellas”. Esta indicación simbólica esboza la dignidad, el prestigio y el poder de los que goza la mujer. Las estrellas, especialmente, simbolizan el reinado futuro de las primicias (véase el versículo 5) y del “resto de la descendencia de ella” (véase el versículo 17) ellos juntos reinarán como sacerdotes de Dios y de Cristo (véase capítulo 20:6).

Apocalipsis 20: 6: Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”

- Dice de la mujer que estaba encinta, clamaba con dolores de parto y que tenía la angustia del alumbramiento. De esta alegoría se puede reconocer que en la congregación de los creyentes va creciendo un grupo especial elegido, que lleva vida de Dios en sí y que ha sido escogido para ser arrebatado. Este desarrollo no se verifica sin dificultades ni pesares, sino con tentaciones y tribulaciones.

3.- ¿Quién es el dragón escarlata? El dragón escarlata simboliza a Satanás, que quiere causar sufrimiento, miseria, destrucción y muerte. Mediante el simbolismo numérico “siete” en relación con cabezas y diademas, se expresa que le fue dado

un cierto poder. Esto deja en claro, asimismo, un contraste con la mujer, que tiene una cabeza y lleva una corona (lo cual indica su cercanía a Dios, el Uno). Además, Satanás utiliza una gran cantidad de poderes diabólicos, simbolizados mediante los diez cuernos. (Este simbolismo aparece también en los capítulos 13: 1 y 17: 12).

Apocalipsis 13: 1: Y vi subir del mar una bestia que tenia siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. Apocalipsis 17: 12: Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.

Satanás logra atraer hacia su esfera a seres angelicales que estaban cercanos a Dios. Esto se deduce del detalle que cuenta la alegoría de que la cola del dragón arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo (véase el versículo 4). En este punto es apropiada la referencia a 2 Pedro 2: 4 y Judas 6.

2 Pedro 2: 4: Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio. Judas 6: Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día.

Satanás también tiene influencia sobre acontecimientos cósmicos, tal como se puede leer en los capítulos 6: 13 y 8: 12, que describen la situación en la tierra durante la gran tribulación.

Apocalipsis 6: 13: Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Apocalipsis 8: 12: El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche.

El objetivo principal de Satanás no es la destrucción de la mujer, sino de la nueva vida que ha de nacer. Por consiguiente, Satanás quiere emplear todos los medios para destruir a la Iglesia de Cristo. Quiere impedir su arrebatamiento.

4.- ¿Quién es el hijo varón? La alegoría del hijo varón que fue arrebatado para Dios y para su trono (véase el versículo 5), alude a la comunidad de Cristo. En el capítulo 14 del Apocalipsis, este grupo de personas es denominado primicias y es equiparado a los 144.000. En el capítulo 19, el mismo grupo es representado como novia del Cordero. La omnipotencia y potestad que el Hijo de Dios ejercerá en su condición de Rey de reyes (según capítulo 19:15) les serán conferidas también a los que vencieron (véase capítulo 2: 26-27).

Apocalipsis 19:15: De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Apocalipsis 2: 26-27: Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero.

Así como Jesús se sentó con su Padre en su trono, así la comunidad de Cristo será arrebatada según su promesa hacia ese lugar. Tomará parte de su reinado (véase el capítulo 3: 21)

Apocalipsis 3: 21: Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

5.- ¿Qué significa la huida de la mujer vestida de sol al desierto? Si se establece una relación entre el versículo 6 y el versículo 14 se llega al resultado de que la mujer no huye dos veces al desierto. Antes bien, en el versículo 14 se describe con mayor precisión (se desarrolla) lo que se bosqueja en el versículo 6. La mujer huye del dragón al desierto. No se debe interpretar esta alegoría geográficamente, sino en el sentido espiritual, aludiendo a que la congregación de los creyentes es llevada a estados de sufrimiento, de privación y renunciamiento. Sobre “alas de águila” Dios llevó antiguamente al pueblo de Israel al desierto (véase Deuteronomio 32:11) y lo conservó maravillosamente allí.

Deuteronomio 32:11: Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas.

También la congragación de los creyentes vive hechos parecidos. Las alas (véase el versículo 14) simbolizan el poderoso amparo de Dios. El dragón lo intenta todo para aniquilar a la mujer (véase el versículo 15), más el propósito diabólico es desbaratado (véase el versículo 16). Hay que partir del hecho de que la congregación de los creyentes no se encuentra en un lugar (geográfico), sino que los creyentes se pueden hallar en todo el mundo. Allí donde viven experimentan que son atendidos por Dios. Los mil doscientos setenta días o un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo simbolizan el tiempo de la gran tribulación, por lo tanto, el período entre el arrebatamiento del varón (la novia es llevada al hogar) y la nueva venida de Cristo con su comunidad será antes de la institución del reino de paz. En el capítulo 12 no se entra en más detalles sobre ese tiempo de tribulación. Apocalipsis 13 describe detalladamente la situación en ese tiempo. De esta interpretación se puede deducir lo siguiente:

Antes del arrebatamiento del hijo varón, la mujer vestida de sol es vista en el cielo. De esto se puede reconocer que la congregación de los creyentes experimenta la cercanía de Dios y de Cristo. Después del arrebatamiento del hijo varón, esta relación de cercanía amenaza perderse, pues de ahí en más está cerca otro: el dragón, Satanás. De los demás enunciados del texto bíblico en el capítulo 12 se puede deducir que la congregación de los creyentes también en esta situación de sufrimientos, renunciación y privación está bajo las “alas de Dios”, bajo su poderos amparo. Dios la sustenta (véase el versículo 14). Esto permite reconocer que el Espíritu Santo está también activo en este tiempo. La Sagrada Escritura no describe de qué manera concreta lo hace.

6.- ¿Qué significa la lucha de Miguel con el dragón? ¿Quién es Miguel? Miguel con sus ángeles vence al dragón y a sus ángeles en una gran batalla y lo arroja a la tierra. Ya que solamente Jesucristo tiene el poder de deshacer las obras del diablo (véase 1 Juan 3:8), esta alegoría indica que en el caso de Miguel (en el texto original “el Miguel”) no se trata del arcángel Miguel, sino de Jesucristo, el Hijo de Dios.

1 Juan 3: 8: El que practica el pecado es el diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.

Su lucha contra Satanás había comenzado con su venida a la tierra y su muerte en sacrificio y ahora tiene una victoria más. Después de haber sido arrojado el dragón a la tierra, las primicias (iguales o equivalentes al varón arrebatado) alaban en el cielo los hechos de Dios y la victoria de Cristo (véase versículo 10; véase también Apocalipsis 19: 6-7).

Apocalipsis 19: 6-7: Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.

Expresan también su agradecimiento por el hecho de que sus “hermanos” han vencido al dragón por la sangre del Cordero. A quién hay que entender bajo sus “hermanos” no se puede comprobar con exactitud. La enunciación “…menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (versículo 11) podría hacer referencia a los mártires mencionados en el capítulo 20: 4. Pero hay ciertas preguntas que quedan pendientes.

Apocalipsis 20: 4: Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

7.- ¿Quienes son el “resto de la descendencia de ella”? Como Satanás no puede dañar la fe de la congregación de los creyentes, se vuelve contra los descendientes de la mujer vestida del sol, el “resto de la descendencia de ella”. La descripción de “la descendencia de ella” caracteriza su origen (es decir, de la mujer vestida del sol). Su actitud (guardar los

mandamientos y tener el testimonio de Jesús) deja en claro, más allá, que pertenecen interiormente a la mujer vestida del sol.

A pesar de que por el versículo 17 no nos enteramos de lo que acontece con el “resto de la descendencia

de ella”, la interpretación de los capítulos 13: 7 y 20: 4 justifica la equiparación del “resto de la descendencia de ella” con los mártires.

Apocalipsis 13: 7: Y se les permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se les dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.

8.- Preguntas que llevan a un conocimiento más amplio:

8.1.- ¿Por qué la mujer vestida de sol no es la Iglesia ? Se infiere del texto bíblico que de la mujer vestida del sol no solamente procede el hijo varón, sino que (en el tiempo de la gran tribulación) también “el resto de la descendencia de ella”. Hay que considerar en este punto que las personas que forman parte de la Iglesia y las que forman el hijo varón, por lo tanto, la Iglesia de Cristo que ha sido arrebatada, han recibido el Espíritu Santo, mientras que “el resto de la descendencia de ella” no manifiesta esta característica del sellamiento.

El hijo varón nacido de la mujer vestida del sol es una alegoría que simboliza la Iglesia de Cristo, descrita

también en la alegoría de los 144.000 y de la novia. También forman parte de ella (según nuestro criterio) las almas selladas de la Iglesia inicial, de la Iglesia católica apostólica y héroes en la fe (no sellados) del antiguo pacto.

8.2.- ¿Por qué bajo “corona de 12 estrellas” no se entiende el ministerio de Apóstol? La corona de 12 estrellas no puede ser considera como símbolo del ministerio de Apóstol. El Apostolado, es decir, “el ministerio del espíritu”, el que dona el Espíritu (véase 2 Corintios 3: 8), no puede ser entendido como “corona” de la congregación de los creyentes, o sea un grupo de personas que si bien tienen fe, no tienen el Espíritu Santo.

2 Corintios 3: 8: ¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu?

8.3.- ¿Existe una relación entre la congregación de los creyentes y los cristianos bautizados según la nueva interpretación del Bautismo? En los “Enunciados Doctrinarios de la Iglesia ” (febrero 2006) dice lo siguiente sobre el Bautismo con Agua:

“…A través del Bautismo con Agua, el creyente es sacado del alejamiento de Dios y llevado a una relación de cercanía con Dios. …Por el Santo Bautismo con Agua, el bautizado tiene parte del mérito que Jesucristo logró para los hombres con su muerte en sacrificio. Con ello el hombre es conducido a una

primera relación de cercanía con Dios. De allí en más lleva el nombre del Señor y es un cristiano, por lo cual también es adoptado en la congregación de aquellos que creen en Jesucristo y se profesan a Él como su Señor.” “El Bautismo llevado a cabo en otras congregaciones cristianas, es reconocido por la Iglesia siempre que haya sido donado formalmente, es decir, en el nombre del trino Dios y con agua…”

Si

relacionamos estos enunciados con el enunciado doctrinario sobre la mujer vestida del sol llegamos a

la

conclusión de que los cristianos bautizados con agua que creen en Jesús y se profesan a Él como su

Señor forman ese grupo denominado la congregación de los creyentes, es decir, la mujer vestida del sol.

Dentro de ese grupo va madurando el grupo de las almas selladas con el Espíritu Santo, que será arrebatado como el “hijo varón”.

9.- Interpretación resumida

La alegoría de la mujer vestida del sol y el hijo varón, desarrollada en el capítulo 12 del Apocalipsis, muestra los siguientes aspectos importantes:

- Habrá un arrebatamiento de un grupo especial.

- Antes del arrebatamiento habrá dos grupos de creyentes que se hallarán en una relación de cercanía especial entre sí y de Dios, o bien de Cristo.

- El dragón (Satanás) no podrá dañar espiritualmente a estos dos grupos.

- Mientras que el hijo varón (la comunidad de Cristo) será arrebatado, el “resto de la descendencia de ella” (los mártires) se tendrá que acreditar en la gran tribulación.

Extracto:

1.- Bajo la “mujer vestida del sol” se entiende la congregación de los creyentes que se encuentran en una relación de cercanía especial con Jesucristo, que creen en Él y se profesan a Él. 2.- La “mujer vestida del sol” no se debe interpretar como la Iglesia . 3.- La corona de doce estrellas se debe entender como símbolo de la iluminación divina de la congregación de los creyentes y como símbolo para el futuro reinado de las primicias y mártires como sacerdotes de Dios y de Cristo. Por lo cual, la alegoría de la corona de doce estrellas no se debe interpretar como el ministerio de Apóstol. 4.- La alegoría del hijo varón es la comunidad de Cristo que será arrebatada (las primicias, los ciento cuarenta y cuatro mil). 5.- En el tiempo de la gran tribulación, la “mujer vestida de sol” será sustentada por Dios. De esto se deduce que el Espíritu Santo también estará activo en este tiempo. La manera concreta en que esto sucederá, no está descrita en la Sagrada Escritura. 6.- El relato bíblico de la batalla de Miguel con el dragón, no se debe vincular con el arcángel Miguel, sino hace alusión a Cristo que vence a Satanás. 7.- En una visión conjunta con los enunciados respectivos del Apocalipsis, el “resto de la descendencia de ella” es equiparable con los mártires de la gran tribulación.

Texto bíblico Apocalipsis 12

1.

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

2.

Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.

3.

También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas;

4.

su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar á su hijo tan pronto como naciese.

y

5.

Y

ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue

arrebatado para Dios y para su trono.

6.

Y

la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por

mil doscientos y sesenta días.

7.

Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles.

8.

Pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.

9.

Y

fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual

engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.

10.

Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, y el poder, y el

reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.

11.

Y

ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de

ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

12.

Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.

13.

Y

cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió á la mujer que había dado

a

luz al hijo varón.

14.

Y

se le dieron a la mujer las dos alas de gran águila, para que volase de delante de la serpiente

al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.

15.

Y

la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por

el

río.

16.

Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca, y tragó el río que el dragón había

echado de su boca.

17.

Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.