Sie sind auf Seite 1von 3

Tema 7.

Estética marxista y Sociología de la


literatura (II): la Escuela de Frankfurt

Ángel Iglesias Amaro

La denominada Escuela de Frankfurt, plantea unos procedimientos teóricos que,


asumiendo buena parte del legado marxista, intentan romper con cualquier atisbo de
“tradición” en el arte, ya sea ésta la que promulgaban los grandes pilares de la
modernidad (la literatura como algo esencial), o los mismos teóricos marxistas
anteriores, sobre todo en el caso de Lukács.
Sus investigaciones se basan en temas concernientes a la filosofía y la sociología,
estudios sobre la autoridad, el nazismo, crear una nueva estética literaria marxista, o el
importante rol de los medios de comunicación de masas. Y todo desde un pensamiento
dialéctico conocido como Teoría crítica. Esta teoría se fundamenta en Kant,
Shopenhauer y Marx, y atañe sobre todo a la crisis del individuo provocada por los
excesos de las sociedades modernas, por lo que se nutre también de los postulados del
psicoanálisis. Para estos pensadores el capitalismo no se “encuentra” en la realidad
objetiva, por eso, a través del psicoanálisis, buscan lo oculto (el deseo, los sueños), que
les sirve para revelarse contra lo existente, porque todo lo dado está mediado por la
institución, que vendría a ser algo así como el padre freudiano.
La Escuela de Frankfurt mantiene una sólida defensa del arte de vanguardia, ya que
considera, como también lo haría B. Brecht, que éste es el instrumento adecuado para
desenmascarar los elementos subversivos de la tradición, pues al desprenderse de ésta,
acaba mostrando la verdadera cara de la libertad, es decir, que al romper con lo pasado,
con las formas establecidas (la mimesis), las cuales están impregnadas del jugo de la
ideología dominante, la vanguardia se erige como el camino hacia la “liberación” del
hombre. Por otra parte también consideraban que este “nuevos” medios subvierten el
valor de cambio y el papel de mercancía otorgado al arte por la sociedad de consumo,
restaurándole de alguna forma su valor de uso (Asensi, 1998: 82).
Sin embargo, estos teóricos no sólo consideran esto en relación exclusiva con el arte de
vanguardia, sino que son partidarios del papel revolucionario general del arte debido a
su autonomía.

1
Para la Escuela de Frankfurt, y en particular para Benjamín, las nuevas tecnologías, los
nuevos medios de comunicación (cine, fotografía, etc.), deben ser aprovechados, puesto
que rompen con los medios tradicionales de reproducción, y con ello, con el lastre de su
concepción burguesa-capitalista. Aunque esto es muy cuestionable, como veremos a
continuación.
Frente al “aura” -elementos circundantes al arte tradicional-, Benjamín quiere establecer
el “shock”, que en relación con el arte de vanguardia y los nuevos medios de
comunicación, viene a representar el reflejo de la sensación de discontinuidad de la vida
actual. Ver una película, moverse entre la multitud, etc. Quiebran el aura de los objetos
artísticos (Asensi, 1998: 85).
Pero esta idea de la utilización, por parte del artista, de las nuevas técnicas y medios de
comunicación como elemento para transformar la realidad, es cuestionada por otros
miembros de la escuela como Adorno y Horkheimer. Para estos teóricos la industria de
la cultura no es sino un medio más de esclavización de las sociedades modernas, ya que
en rigor, y contrariamente a lo referido por Adorno, desvirtúa el valor de uso de la obra
de arte, en beneficio de su valor de cambio, del mismo modo que se presenta como un
instrumento que “apacigua” la relación entre la masa y el sistema.
Otro punto interesante es el que se conoce como dialéctica negativa (Adorno). Se trata
de una crítica al sistema hegeliano de tesis-antítesis-síntesis, con la que el teórico
alemán quiere demostrar cómo este proceso, tan utilizado por pensadores marxistas,
lleva siempre a una solución “positiva”, en la que el consenso por ambas partes queda
definido, pero sin llegar a la solución esperada en un principio, perdiendo así cualquier
carácter revolucionario. En palabras de Adorno: Cambiar esta dirección de lo
conceptual, volverlo hacia lo diferente en sí mismo: ahí está el gozne de la dialéctica
negativa. (Adorno, 1996:21). Quedarse con todo lo que está fuera del concepto.
De aquí que estos pensadores apostaran por la vanguardia artística, ya que ésta niega la
realidad, la transforma, la rompe.
En este mismo sentido propone Adorno, en su Discurso sobre lírica y sociedad (1957),
que la lírica no ha de estar más que a su propio servicio, en tanto que ésta es la imagen
de un mundo “libre” de las agonías capitalistas.
Hay una relación muy estrecha entre esta dialéctica negativa y lo que, desde Sócrates,
podemos denominar como filosofía negativa, aquel sólo sé que no sé nada, que prima la
importancia del problema en sí, antes que cualquier solución. Se trata de aquel “objeto”
mismo de la filosofía, del filosofar, aquello que está en una constante presencia-

2
ausencia y, que mueve al deseo de conocer lo trascendente, pues cualquier solución
dada (síntesis), a parte de ser materia para las ciencias exactas, pierde, como hemos
dicho, todo su carácter inconformista, revolucionario, transgresor.
A modo de epílogo, me gustaría añadir cuán curioso me resulta que estos marxistas, que
se me aparecen tan razonables y tan brillantes en ocasiones, se empeñen una y otra vez
en citar la libertad; sí, libertad para el pueblo, libertad en la poesía, libertad, libertad,
libertad, y por en cima de todo la libertad; cuando es ésta, en mi humilde opinión, el
concepto que sustenta de una forma sólida, e incluso indestructible, la base misma del
sistema capitalista, pues, parece que no recuerdan mis queridos teóricos que la libertad
también ampara al dueño del capital, y a su concepción de no repartir equitativamente
la ganancias de “su” producción, y de ahí que me parezca inapropiado el uso excesivo
de tal concepto (¡concepto que habría que cambiar!), con el cual, no hacemos sino
legitimar el mismo sistema contra el que luchamos. Pero claro, seguramente estas
cuestiones sean tratadas en otros estudios que este pobre ignorante desconoce.