Sie sind auf Seite 1von 5

José Rodó – El Americanismo Literario

“La aspiración de comunicar al boceto apenas delineado de la literatura


americana un aire peculiar y distinto, que fuese como la sanción y el alarde de la
Independencia material y complementara la libertad de pensamiento con la
libertad de expresión y la forma, es una de las energías que actuaron con
insistentes entusiasmos, a partir del definitivo triunfo de aquella independencia y
en medio de las primeras luchas por la organización, en el espíritu de los
hombres que presidieron esa época inicial de nuestra cultura.” (787)

“El más generalizado concepto de americanismo literario se funda,


efectivamente, en cierta limitada acepción que la reduce a las inspiraciones
derivadas del aspecto del suelo, las formas originales de la vida en los campos
donde aún lucha la persistencia del retoño salvaje con la savia nueva de la
civilización, y las leyendas del pasado que envuelven las nacientes históricas de
cada pueblo.
Atribuir la magnitud de una reivindicación del espíritu de nacionalidad a la
preferencia otorgada a esas inspiraciones tiene mucho de exclusivo y quimérico.
- Es indudable que el carácter nacional de una literatura no ha de buscarse sólo
en el reflejo de las peculiaridades de la naturaleza exterior, ni en la expresión
dramática o descriptiva de las costumbres, ni en la idealización de las tradiciones
con que teje su tela impalpable la leyenda para decorar los altares del culto
nacional.” (787)

“El principio de imitación de modelos irreemplazables, base de las antiguas


tiranías preceptivas, era, con relación al pensamiento y la sociabilidad de la
colonia, una fuerza que trascendía de su significado y alcance literario para
convertirse en la fatal imposición del ambiente y el molde natural de toda
actividad, lo mismo se tratara de las formas de la producción y la cultura que de
otra cualquiera de las manifestaciones de la vida del espíritu.
La colonia, privada de toda espontaneidad en la elección de las ideas y la
confesión de los sentimientos, enteramente extraña al impulso que encauzaba su
vida e inconsciente de la educación que modelaba su carácter, dócil arcilla
dentro de una mano de hierro, no pudo sino imitar el modelo literario que venía
sellado por la autoridad de que recibía leyes, hábitos, creencias. - El remedo
servil estaba en la naturaleza del terreno que se nutría aquella lánguida
vegetación literaria, como lo estaba el gusto prosaico y enervado que, sin dejar
de explicarse por las influencias y modelos de la decadencia española, era en
gran parte el reflejo de la monotonía tediosa de la vida y del tímido apagamiento
de la servidumbre.
Faltaba para que la literatura tuviera cierto valor de significación social y
sintética, la efectividad de un espíritu colectivo, y ella era un resultado
exclusivamente personal.” (789)

“...'Las memorias nacionales – afirma Humboldt – se pierden insensiblemente en


las colonias, y aun aquellas que se conservan no se aplican a un pueblo ni a un
lugar determinado. La gloria de Pelayo y del Cid Campeador ha penetrado hasta
las montañas y los bosques de América; el pueblo pronuncia algunas veces esos
nombres ilustres, pero ellos se presentan a su imaginación como pertenecientes
a un mundo puramente ideal o al vacío de los tiempos fabulosos' (Viajes a las
regiones equinocciales del Nuevo Continente).
Y en cuano a las memorias y las leyendas de las razas que representaban la
tradición de libertad salvaje de la América junto a la posteridad del conquistador,
sólo con las protestas de la Independencia debía venir la reivindicación de tales
vestigios del pasado como cosa propia de la tierra, como abolengo de su historia.
'El colono de la raza europea – añade Humboldt – se desdeña de cuano tiene
relación con los pueblos vencidos. Colocado entre las tradiciones de la metrópoli
y las de la tierra de su cuna, considera las una y las otras con la misma
indiferencia, y muy raras veces arroja su miradas sobre lo que fué.'
Mudo y desierto el horizote del pasado, contenida dentro del cauce de un reposo
sin gloria la vida del presente, y velada por una fatalidad ajena a toda
intervención de esfuerzos propios la perspectiva del porvenir, no era posible para
la vida colectiva la expresión literaria, ni para la obra del pensamiento individual
la repercusión del espíritu público que la convierte en luz y fuerza de todos.”
(790)

“Con la proximidad de la Revolución, ciertas audacia e inquietudes del


pensamiento parecen estremecer las páginas de la literatura colonial, como el
soplo de viento levantado por un batir de alas.” (791)

“Llegamos ya a la época en que pudo manifestarse sin reatos el espíritu de la


colonia transfigurada en pueblo autónomo. – La literatura de la Independencia
americana, como la actividad de la época a que dió expresión, fue absorbida por
un sentimiento y una idea. Reflejando esta inalterable unidad del espíritu de una
época heroica, aquella literatura fué eminentemente nacional; pero no pudo serlo
si por nacionalidad literaria ha de entenderse la expresión compleja y armónica
de la vida de un pueblo, ni si se exige la condición de la forma propia y
espontánea.
Sólo era dado al poieta aspirar al aplauso de las multitudes, si les devolvá en sus
cantos el eco de la gloria que ellas conquistaban en la acción.” (791)

“No era posible, dentro de la escuela de la época, la reconciliación que había de


ser el significado prestigioso de La Cautiva y el secreto de su poderosa
originalidad, la obra de nacionalizar el espíritu de la poesía nacida de la cultura
urbana y ennoblecer la forma de verso humedecido en el aliento del desierto.
Para que pudiera ser escrita aquella obra de iniciación, para que el acento del
poeta adquiriera originalidad expresiva de las cosas propias, era preciso que un
vuelco radical de las ideas literarias se verificara, y que salvase los mares el
espíritu de la revolución que debía ofrecerse al pensamiento de América con los
prestigios de una nueva sanción de su autonomía, en cuanto propagaba a los
dominios de la forma el aura bulliciosa de la libertad.
Estaba en las afirmaciones y en los ejemplos del romanticismo, la gran idea de la
nacionalización de las literaturas.” (793)

“La poesía dejaba de ser considerada como el patrimonio de ciertas selectas


civilizaciones que hacían durar su espíritu en el legado de perennes modelos, y
pasaba a ser un don universal, un don humano, cuya originalidad daba en cada
una de sus formas históricas la medida de su valor, y cuya génesis debía
buscarse en el modo de pensar y sentir propio de cada raza y cada pueblo, en las
inspiraciones de su naturaleza, de sus costumbres, de sus glorias.” (793)

“... la 'multitud' de Shakespeare se incorporó para difundir por el mundo la gloria


de su solar nativo...” (793)

“Llevantábanse así las voces de los pueblos que Herder percibía en el rumor de
la agitación literaria, y se aspiraba a que las literaturas fuesen la expresión de la
personalidad de las naciones, como el estilo es la expresión de la personalidad
del individuo.” (793)

“La literatura descendía de la Academia y el Liceo para poner la mano sobre el


corazón de la muchedumbre, para empapar su espíritu en el hálito de la vida
popular.
El poeta americano contó en su obra de crear una expresión nueva y enérgica
para la naturaleza y las costumbres con otra gran conquista del romanticismo: la
democratización del lenguaje literario, el bill retórico que concedió los fueros de
la ciudadanía a esa 'negra muchedumbre de las palabras' que Hugo, en Las
Contemplaciones, se jactaba de haber confundido, anonadando la distinción de
vocablos plebeyos y vocablos patricios, con 'el blanco enjambre de las ideas'.”
(794)

“Desde entonces, la fundación de una literatura emancipada de todo influjo


extraño, vivificada por el aliento de la tierra, por el sentimieto de la nacionalidad,
aparece como una de las aspiraciones constantes y ardorosas de la generación
que hizo del poema de Echeverría el lábaro de sus entusiasmos literarios y le
amó como una poética representación de la patria ausente que evocaba, en las
horas amargas del destierro, imágenes queridas y deleitosas memorias.” (795)

“Juan María Gutiérrez, Mármol, Balcarce, el poeta del Celiar continúan y


complementan la obra iniciada por Echeverría en la pintura del suelo, la
evocación del pasado legendario y la reproducción de las costumbres; la prosa
descriptiva se manifiesta llenar de color y sentimiento en las páginas de Alberdi
y Marcos Sastre; el Facundo da la expresión de la vida del desierto, y los
Recuerdos de Provincia, la de la interioridad local y doméstica en los centros
urbanos...” (795)

“A principios del siglo, rasgando inesperadamente la atmósfera de afectación y


frialdad de la literatura de su tiempo con el soplo de la naturaleza y la pasión, un
libro se publicaba en Francia que los corazones estremecidos todavía por el
horror de la tempestad que había pasado acogieron con íntima y ansiosa
gratitud. – Tenía la oportunidad de la palabra que lleva al oído del enfermo
acentos de piedad y ternura; hablaba, en medio de una sociedad sacudida en sus
cimientos por el desborde de las pasiones humanas, del encanto de la soledad,
del misterio reparador de los desiertos infinitos, y era como un soplo balsámico
venido de Occidente para dulcificar el ardor de las frentes abatidas y sudorosas.
Aquel libro: la Atala (…) verificaba en el mundo literario la revelación de la
naturaleza de América.” (795-796)

“Humboldt y Chateaubriand convertían casi simultáneamente la naturaleza de


América en una de las más vivas y originales inspiraciones de cuantas animaron
la literatura de luminoso amanecer de nuestro siglo; el uno, por el sentimiento
apasionado que tiende sobre la poética representación del mundo exterior la
sombra del espíritu solitario y doliente; el otro, por cierto género de transición
de la ciencia al arte, en que amorosamente se compenetran la observación y la
contemplación, la mirada que se arroba y la mirada que analiza.
En la naciente literatura americana debía germinar bien pronto la misma
poderosa inspiración, como una de las formas naturales de la espontaneidad del
sentimiento, sustituida al tema convencional y a la imitación exótica.” (796)

“Poco antes de que la silva de Bello viese la luz en las páginas de aquel
Reportorio Americano que fue, como gallarda ostentación de la inteligencia y la
cultura de la América libre en el seno de la vida europea, habíanse publicado en
Nueva York los versos de un desterrado de Cuba, cuyo nombre debía tener para
la posteridad la resonancia del Niágara a aquellos versos daban ritmo.
El sentimiento de la naturaleza en poesía americana era una realidad consagrada
por dos obras de genio, y se manifestaba por dos modos de contemplación
esencialmente distintos. En la una, de serena objetividad; de pasión intensa, en
la otra.” (797)

“En nuestros pueblos del Plata, la revelación del sentimiento literario de que
hablamos no se manifestó plenamente hasta llegada la época de Echeverría.”
(798)

“La descripción de la naturaleza, realzada por el sentimiento íntimo de su


hermosura y las galas de la imaginación que la refleja, ofreció a la pluma de
Alberdi sus primicias y tuvo brillante manifestación en uno de los ensayos de la
adolescencia que hicieron destacarse, sobre todas, su personalidad en el grupo
que se inició en la vida pública bajo la inspiración de las ideas de reforma social
y literarias lanzadas por Echeverría.” (798)

“El verdadero impulso de innovación no se manifestó, sin embargo, hasta el


poema que lanzado al par de la idea generosa y fecunda formulada en el credo
de la Asociación de Mayo, se armoniza con esta otra iniciativa de reforma para
determinar los orígenes de una época nueva en la orientación de los espíritus.
Al significado de aquel poema se identifica hoy la parte segura, inconmovible, de
la gloria literaria de su autor, y su legado imperecedero transmitido al porvenir
de la poesía americana.
El poeta de la regeneración social y política vivirá, más que por la excelencia de
su arte, por la grandeza del propósito y la originalidad del pensamiento que
propagó y en el que germinaba la solución futura del problema fundamental de la
nacionalidad, la idea que determinó su forma orgánica; el poeta individual de los
Consuelos no despertará en el porvenir, como no la despierta ya en nuestros
corazones, la resonancia que en el espíritu de la generación a cuyo ser interno
dio la expresión de las primeras notas que vibraron en el acento de nuestra
poesía, dictadas por numen de la confidencia y el ensueño románticos…” (799)

“Ese carácter de intimidad, que asoma bajo apariencia de objetivismo en la


descripción del desierto, imprime más definidamente su nota al canto en que por
vez primera era pronunciado el nombre del Plata con la entonación de la
verdadera poesía…” (800)

“La descripción de la naturaleza, que Echeverría convirtió en suprema


inspiración de poesía, fue levantada a las más altas manifestaciones de la prosa
literaria por el autor de Facundo.
Las páginas de descripción de aquel gran libro forman, efectivamente, un
magistral fondo pictórico, el magno cuadro del duelo de la Civilización y la
Barbarie, y contribuyen a darle el valor de síntesis épica de la vida de un
pueblo.” (800)

“Casi simultáneamente a las manifestaciones primeras del sentimiento de la


naturaleza local en el lirismo del autor de los Consuelos y las Rimas, Juan María
Gutiérrez comunicaba igual inspiración al verso esbelto y grácil de que tuvo el
secreto y que fue en sus manos una forma flexible a toda novedad oportuna, a
toda discreta innovación, sin mengua de la serenidad constantemente prevenida
del criterio y el gusto.” (800)

“El pasado no podía brindar sino motivos de composición artificiosa y erudita en


pueblos a quienes no les era dado contemplarle con los deliquios de la gloria, con
el sentimiento de la tradición. De las entrañas de la sociedad colonial, sólo pudo
nacer, en condiciones de vida, la abominable literatura de recepciones, de
exequias, de fiestas reales, que arropaba vistosamente la lisonja trivial y
aparatosa, de las ciudades en que se asentaba el poder de los Virreyes.
Nacida tardíamente, en el seno de sociedades a quienes las singularidades
condiciones de la colonización que les dio origen imprimieron carácter de
democracias embrionarias, parcas y austeras, sin lugar para el remedo de las
opulencias de la corte y modeladas en el hábito varonil de la labor, la literatura
del Río de la Plata se halla en gran parte exenta de ese introito de abyección y
mal gusto con que precede los anales de la cultura literaria de otras secciones de
América el proceso de la actividad de su pensamiento colonial; pero ella hubo de
participar forzosamente en tales tiempos de la radical falsedad impuesta por la
desvinculación del espíritu literario y las fuentes generosas y límpidas del
sentimiento; del ambiente del poeta, clausurado dentro de una ficticia
prolongación del mundo español o el mundo clásico, y la atmósfera que
embalsamaba una virgen naturaleza con sus agrestes perfumes y una sociedad
naciente coloreaba con los tintes originales de su vida.” (807)

Verwandte Interessen