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MÓDULO 1 “EL DERECHO A LA EDUCACIÓN COMO ACCIÓN POLÍTICA DEL ESTADO”

Sociedad y Escuela: acerca de los procesos de exclusión e inclusión


LOS CAMBIOS SOCIALES Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA ESCUELA: PROCESOS DE EXCLUSIÓN-
INCLUSIÓN

Construir un enfoque a partir del cual efectivizar la inclusión nos enfrenta al desafío de
reestructurar las formas sociohistóricas que convierten las diferencias entre las personas en
causales de desigualdad y aspectos determinantes de exclusión o inclusión.
En las sociedades actuales, las relaciones entre educación, desigualdad y exclusión son
sumamente complejas y difíciles de aprehender, ya que los patrones de desigualdad y exclusión
social se reproducen en la educación. Sin embargo, la escuela también puede ser un medio
para reducir no solo dichas desigualdades, sino también la exclusión en la sociedad.
Expresiones como la pobreza, la violencia y la exclusión forman parte en muchas ocasiones de
la cotidianeidad.
Souto (2017:1) plantea: (…) el hambre, los problemas de salud, de vivienda, de educación, de
acceso a condiciones de vida digna son violencia en sí mismos. La violencia de nivel macro, que
parece pasar más imperceptible o diluida o que se esconde tras ideologías diversas que
cumplen una función justificatoria, genera condiciones para otras violencias (…)
La escuela de “igualdad de oportunidades” ubica, orienta y jerarquiza a los/las alumnos/as en
función de sus desempeños. Sin embargo, las realidades sociales actuales no se condicen
directamente con el mandato fundacional y el formato escolar aún vigente. En este sentido,
partimos de considerar a las escuelas como conjuntos de prácticas sociales específicas
poseedoras de un carácter situado, en un tiempo y un espacio que se constituye por el mandato
político. Estamos haciendo referencia al medio sociocultural inmediato, como el escenario
cotidiano en el que los sujetos desarrollan sus prácticas y configuran diariamente las
instituciones.
La inclusión se percibe tan solo como un movimiento, que pretende incorporar a las escuelas
comunes a aquellos/as alumnos y alumnas que estaban fuera de ellas. Y se piensa, que estos
están "incluidos" desde el momento que están en la escuela. Sin embargo, entendemos a la
inclusión supone, la especificación de la dirección que debe asumir el cambio y esto es
relevante para cualquier escuela, independientemente de lo inclusiva o excluyente que sea su
cultura, sus políticas y sus prácticas. La inclusión significa, que las instituciones educativas se
comprometan a realizar un análisis crítico sobre lo que se puede hacer para mejorar las
condiciones de enseñanza, el aprendizaje y la participación de todos y todas los/las
estudiantes.
Así, las escuelas inclusivas representan un marco favorable para asegurar la igualdad de
oportunidades y la plena participación, fomentan la colaboración entre todos los miembros de
la comunidad escolar y constituyen un paso esencial para avanzar hacia sociedades más
inclusivas y democráticas. La oferta curricular, la gestión escolar, las estrategias de aprendizaje
que se utilizan en el aula y las expectativas de los/las docentes, entre otros, son factores que
pueden favorecer o dificultar el proceso educativo.
En síntesis, la escuela inclusiva es una construcción permanente porque parte de respetar las
singularidades de los/las que allí enseñan y aprenden. La diversidad no es un obstáculo es un
valor que no solo mejora el aprendizaje sino también la enseñanza. La escuela tiene, por tanto,
un papel fundamental para evitar que las diferencias de cualquier tipo se conviertan en
desigualdades educativas y por esa vía en desigualdades sociales.
La educación inclusiva como generadora de oportunidades y respeto a la diversidad
Estamos transitando un momento de transformación profunda, donde conviven diferentes
perspectivas o modalidades de “hacer escuela”, desde aquellas más tradicionales hasta las que
se asumen como integradoras o inclusivas. Mientras que en la integración el énfasis está puesto
en la adaptación de la enseñanza en función de las necesidades específicas de los sujetos
integrados, la educación inclusiva implica que todos y todas aprendan juntos
independientemente de sus características individuales. Se trata de una nueva visión de la
educación, basada en las diferencias inherentes de todos los seres humanos, de un proceso,
de una búsqueda permanente, de la mejor manera de responder a estas diferencias. Desde
esta perspectiva, la inclusión está relacionada con el acceso, la participación y logros de
todos/as los/las estudiantes, con especial énfasis en aquellos/as que están en riesgo de ser
excluidos. Ello implica una visión de la educación superadora de miradas y formas
homogeneizantes, que reconoce las múltiples formas de ser y estar en la escuela.
El paradigma de la educación inclusiva se construye a partir de la regulación normativa. En este
sentido, la Constitución Nacional, en su Artículo 14, establece que: “Todos los habitantes de la
Nación gozan de los siguientes derechos, conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio, a
saber: […] de enseñar y aprender”.
Cuando se habla de educación inclusiva nos referimos a una perspectiva de derechos humanos
en la cual, la educación de calidad se constituye como un derecho para todos y todas. Cabe
señalar que, la educación inclusiva es una acción política y un instrumento para valorar la
diversidad.
La responsabilidad política nos interpela a abordar y proponer acciones que contribuyan a una
educación que posibilite una inclusión genuina de los sectores históricamente marginalizados
del espacio escolar, porque el problema de la exclusión muchas veces sigue presente, dado que
la permanencia en el interior de la escuela no garantiza la inclusión.
Para poner en acción la inclusión es poder aceptar la existencia de las diferencias.
Ingenuamente, nos han hecho pensar que todos somos iguales, con la consecuencia de que las
diferencias surgidas son responsabilidad de cada sujeto, quienes no han sabido valorar las
oportunidades de superarse a través de la educación. Somos iguales en cuantos sujetos de
derechos: todos tenemos los mismos derechos, pero somos diferentes en cuanto al capital
cultural, simbólico y social.
La inclusión genuina del otro se concibe como realización del diálogo entre las/los sujetos y la
consiguiente superación de las barreras que impiden “hablar y escucharnos”.
Es preciso concebir la finalidad de la educación escolar como aquella que debe brindar
oportunidades, para transformar una cultura del silencio en otra capaz de restituir la “palabra”
a los sujetos, para que así ejerciten su pleno derecho a luchar a través y con la “palabra” por
una sociedad más justa e igualitaria.
Derribando mitos para una Educación Inclusiva
En la cotidianeidad escolar, circulan discursos, prácticas estereotipadas, que obturan y/o
dificultan el pleno desarrollo de una educación inclusiva.
1. La educación inclusiva está asociada a la discapacidad
Si bien la educación inclusiva presta especial atención a grupos vulnerables, su fin es desarrollar
el potencial de todo individuo y no solo el perteneciente a grupos específicos. Educación
Inclusiva supone valoración y respeto de la diversidad como elemento fundamental del
proceso de aprendizaje y del desarrollo de su potencialidad. Por lo tanto, la Educación Inclusiva
no solo está relacionada a la discapacidad, sino que se basa en el derecho de todos los
estudiantes a recibir una educación de calidad que se ocupe de sus necesidades de aprendizaje
y enriquezca su vida.
2. “Yo no estoy preparado para esto”
El profesor asume en el acto educativo su “no poder” aceptando, que no tiene ningún medio
directo para actuar sobre otro, sin advertir que puede actuar sobre las condiciones
posibilitadoras del aprendizaje. Pero para lograr este objetivo, antes de estar preparados,
debemos estar disponibles, porque la disponibilidad supone la empatía que es la base de la
cooperación.
3. ¿Qué diagnóstico tiene?
Pensar el diagnóstico desde un modelo médico supone considerar al sujeto desde el déficit y
no desde su potencial. Cuando las dificultades educativas se atribuyen a las dificultades de los
estudiantes, dejan de considerarse las barreras para el aprendizaje y su participación existente
en todos los niveles del sistema educativo y se inhiben los cambios en la cultura, las políticas y
las prácticas educativas. El diagnóstico no es una profecía autocumplida para diseñar las
mediaciones didácticas; este debe implicar una oportunidad para conocer desde donde
comenzar a trabajar con cada uno de los sujetos.
4. Las familias son complejas
Todo grupo familiar tiene su propia estructura, su dinámica y sus reglas y pasa por distintas
etapas en las cuales se producen incertidumbres y cambios. Y es allí donde las instituciones
educativas deben proporcionar el acompañamiento, para no reproducir y culpabilizar a las
familias de ciertas situaciones que se pueden suscitar como obstáculos en la trayectoria
educativa de sus hijos. De esta manera, recuperar la confianza es un elemento fundamental
para poder trabajar de forma conjunta entre las instituciones educativas y las familias. La
comunicación y la participación es el elemento fundamental, posibilita atender el interés
común y consensuar el desarrollo de la trayectoria educativa de los estudiantes, comunicación
permanente habilita evaluar conjuntamente los avances, progresos y retrocesos de los
trayectos. Por lo que, valorar la opinión de las familias enriquece las prácticas inclusivas y
establece una relación de confianza.
Sintetizando, estos mitos son también parte de los problemas señalados inicialmente en
relación con el binomio inclusión-exclusión, que se presentan y se desarrollan dentro de las
instituciones educativos.
Las tensiones entre la versión que la escuela pretende y las que las/los estudiantes portan,
producen severos conflictos entre quienes enseñan y las/los que aprenden. Estos intereses
encontrados -entre diferentes actores institucionales-, pueden promover diversas
posibilidades: o bien la escuela queda inmóvil, atada a lo que ya conoce y ratificando
mecanismos defensivos que generan círculos sin salidas. O, habilita nuevas estrategias que den
lugar a “incluir” a todos y todas, ofreciendo oportunidades.
En el marco de la inclusión, sus necesidades son vistas como necesidades de la institución.
Desde esta perspectiva, la preocupación se centra en el contexto educativo y en los modos de
mejorar las condiciones para la enseñanza y el aprendizaje.
Para hacer efectiva la inclusión, es fundamental desde la posición directiva promover los
procesos que lo hagan posible, entre ellos: promoción del reconocimiento del estudiante en el
ámbito escolar como sujeto de derecho, creación de dispositivos de acompañamiento y
seguimiento de las trayectorias educativas, generación de espacios y tiempos para el trabajo
colectivo de los docentes, revisión de las formas de evaluación; entre otras.