Sie sind auf Seite 1von 874

nuevo –como lo avisoró

La elaboración de un tratado de temas de economía política marxista Francisco Francisco Chaparro Za-
en las actuales condiciones, según nuestro nuevo esquema, confronta Chaparro
el gran amauta José Car- pana, hijo de una familia
una serie de dificultades, sobre todo si se perfila en perspectiva la tesis
los Mariátegui– continúa
de una economía de mercado socialista.
Zapana campesina de estirpe indí-
siendo posible, que ello gena, nació en la comuni-
solo depende de la capa- La teoría económica marxista, por su potencialidad explicativa del Francisco Chaparro Zapana dad de Isani, del departa-
cidad para defender nues- pasado y previsora del futuro, continúa arraigándose como elemento mento de Puno, en 1939.
tros derechos y el futuro cultural de la civilización moderna. Por tanto, con la presente obra Cursó sus estudios de

TEORÍA ECONÓMICA DEL CAPITALISMO


de la humanidad. aspiramos no solo a enriquecer el acervo teórico y el debate, sino primaria y secundaria en
también a contribuir a la renovación metodológica de la investigación la sureña Heroica Ciudad
En la actualidad el autor de Tacna. Posteriormente,
marxista de la economía.
comparte con entusias- estudió en la Universidad
mo y responsabilidad sus
tareas académicas y admi-
En ese sentido, el trabajo que proponemos en el presente texto tiene
por finalidad contribuir a la búsqueda de propuestas, principios y
TEORÍA de la Amistad de los Pue-
blos de Moscú (Unión
ECONÓMICA

Análisis marxista actualizado


nistrativas de autoridad métodos nuevos de orientación, dirección y gestión para democratizar Soviética), donde optó el
universitaria con las del la vida económica de la sociedad contemporánea. En esa perspectiva, título profesional de Eco-
estudio y la investigación,
habiendo tenido que pos-
poner momentáneamen-
asumimos el compromiso con un amplio y democrático debate teórico
que actualice y desarrolle con audacia y creatividad las concepciones DEL CAPITALISMO nomista y el grado acadé-
mico de Maestro en Cien-
cias Económicas en 1971.
te otras investigaciones
científicas –económicas, filosóficas, políticas y sociológicas– de Análisis marxista actualizado Posteriormente, en 1983,
los geniales maestros del proletariado: Marx, Engels y Lenin, para
–como Perú: tendencias se especializa en la misma
del desarrollo socioeconó-
ponerlas a la altura de las exigencias actuales. Porque, sin duda, la universidad en Teoría del
mico y perspectivas de de- renovación de sus postulados es la mejor forma de contribuir con la Desarrollo Económico, y
mocratización y La histo- creación heroica del nuevo socialismo humanista del siglo XXI. luego obtiene el Doctora-
ria, la ciencia y la lógica–, do de Filosofìa (PhD) en
para culminar la presente, Economía, entre 1984 y
considerando que esta 1986.
responde mejor al análisis
ISBN: 978-612-302-139-9
de la actual coyuntura de Desde sus años de adoles-
la economía mundial ca- cencia hasta hoy, el autor
pitalista. se identifica con la lucha
justa de los verdaderos
9 786123 021399
productores de la rique-
za, que son explotados
EDITORIAL SAN MARCOS
Oficina principal: Jr. Dávalos Lissón 135 Lima por el capitalismo, y se
Telfs.: 331-1535 / 331-0968 / 332-3664, fax: 330-2405 ratifica en la convicción
E-mail: ventas@editorialsanmarcos.com
Librería: Av. Garcilaso de la Vega 974 Lima, telefax: 424-6563 de que la conquista de un
E-mail: ventaslibreria@editorialsanmarcos.com Perú nuevo en un mundo
www.editorialsanmarcos.com

teoria economica del capitalismo.indd 1 12/02/2010 06:27:30 p.m.


TEORÍA ECONÓMICA
DEL CAPITALISMO
ANÁLISIS MARXISTA ACTUALIZADO
Francisco Chaparro Zapana

TEORÍA ECONÓMICA
DEL CA P I TA L I S M O
ANÁLISIS MARXISTA ACTUALIZADO
Teoría económica del capitalismo
Francisco Chaparro Zapana

© Francisco Chaparro Zapana

Diseño de portada: Gonzalo Espinoza Lamas


Composición de interiores: Nathalie Bartolo

© Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica.



© Editorial San Marcos E.I.R.L., editor
Jr. Dávalos Lissón 135, Lima
Telefax: 331-1522
RUC 20260100808
E-mail: informes@editorialsanmarcos.com

Primera edición: 2010


Tiraje: 1000 ejemplares

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú


Reg. n.° 2010-02212
ISBN: 978-612-302-139-9
Reg. de proyecto editorial n.° 31501001000086

Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra,


sin previa autorización escrita del autor y el editor.

Impreso en el Perú / Printed in Peru

Pedidos:
Av. Garcilaso de la vega 974, Lima
Telefax: 424-6563
E-mail: ventaslibreria@editorialsanmarcos.com
www.editorialsanmarcos.com

Composición, diagramación e impresión:


Aníbal Paredes Galván
Av. Las Lomas 1600, Urb. Mangomarca, S. J. L.
RUC 10090984344
ÍNDICE

PRESENTACIÓN.................................................................................................... 29

INTRODUCCIÓN................................................................................................... 31

CAPÍTULO I: INTRODUCCIÓN A LA ECONOMÍA POLÍTICA: OBJETO Y


MÉTODO DE LA INVESTIGACIÓN ECONÓMICA
1. La producción de bienes materiales, base primaria del desarrollo de la
sociedad humana.............................................................................................. 37
1.1. El rol de la producción y su trascendencia social e histórica................... 37
1.2. Los elementos o factores del proceso productivo.................................... 38
2. El sistema económico o modo de producción social....................................... 41
2.1. Las fuerzas productivas del sistema......................................................... 41
2.2. Las relaciones sociales del modo de producción..................................... 42
3. Surgimiento de la Economía Política como disciplina independiente............. 43
4. El objeto de estudio de la Economía Política................................................... 46
5. El método de la Economía Política.................................................................. 49
5.1. La ciencia y el método científico en general............................................ 49
5.2. Principios teóricos del método de investigación...................................... 52
5.3. Las etapas del proceso de la investigación científica............................... 54
5.4. Los niveles cognitivos de las relaciones económicas.............................. 58
6. El carácter clasista de la Economía Política.................................................... 62

CAPÍTULO II: EL SISTEMA O MODO DE PRODUCCIÓN COMUNAL


PRIMITIVO
1. Etapa del salvajismo o del régimen pregentilicio: surgimiento y formación
del hombre....................................................................................................... 65
1.1. Estadio inferior del salvajismo: situación de completa dependencia
del hombre de la naturaleza..................................................................... 65
1.2. Estadio intermedio del salvajismo: producción de los primeros
instrumentos de trabajo............................................................................. 70
1.3. Estadio superior del salvajismo: aparición de la agricultura y la
ganadería incipientes................................................................................ 71
2. Período del régimen gentilicio: las fuerzas productivas y las relaciones
sociales comunitarias de producción............................................................... 74
6 Francisco Chaparro Zapana

2.1. Primera fase del régimen gentilicio: matriarcado.................................... 75


2.2. Segunda fase del régimen gentilicio: patriarcado.................................... 77
3. Rasgos generales y leyes fundamentales de desarrollo económico-social
de la sociedad primitiva................................................................................... 80
4. Desintegración del sistema comunal primitivo: el rol histórico de la
propiedad privada y la aparición de las clases sociales................................... 84
4.1. Consecuencias de las primeras dos grandes divisiones sociales del
trabajo: economía mercantil y economía individual................................ 84
4.2. Formación de las castas sociales sobre la base de la producción del
plusproducto............................................................................................. 87
4.3. Desintegración de la comunidad primitiva: el régimen gentilicio
desplazado por la sociedad de clases....................................................... 89

CAPÍTULO III: EL SISTEMA ECONÓMICO O MODO DE PRODUCCIÓN


ESCLAVISTA
1. Establecimiento del régimen económico-social esclavista.............................. 93
1.1. Significado histórico de la transición del régimen de la barbarie a la
civilización, al régimen esclavista........................................................... 93
1.2. Período de la democracia militar: premisas del tránsito al régimen
esclavista y las formas de esclavizamiento.............................................. 95
1.3. Economía mercantil urbana: la propiedad privada de los medios de
producción. La formación y rol del Estado.............................................. 98
2. Las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción en el
régimen esclavista.......................................................................................... 101
2.1. Los rasgos esenciales del régimen esclavista patriarcal........................ 101
2.2. Rasgos esenciales del esclavismo clásico: Grecia y Roma.................... 103
3. Rasgos generales y leyes económico-sociales fundamentales del régimen
esclavista........................................................................................................ 108
4. Crisis, decadencia y hundimiento del régimen esclavista...............................111
4.1. Estancamiento y crisis del sistema esclavista.........................................111
4.2. La necesidad histórica de que sean sustituidas las relaciones esclavistas
de producción..........................................................................................115

CAPÍTULO IV: EL SISTEMA O MODO DE PRODUCCIÓN FEUDAL


1. La génesis y el establecimiento del sistema económico feudal..................... 120
1.1. Premisas históricas del proceso de transición al feudalismo................. 120
1.2. Establecimiento del sistema económico feudal..................................... 124
2. Evolución de las relaciones sociales de producción y de las fuerzas
productivas del régimen feudal . ................................................................... 127
2.1. Las formas de explotación del campesinado siervo y la renta feudal.... 127
2.2. El desarrollo de las fuerzas productivas en el feudalismo..................... 129
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 7

2.3. Los rasgos esenciales y leyes económico-sociales


fundamentales del sistema.. ...................................................... 132
3. Las clases y las capas sociales en el feudalismo. La jerarquía social y el
Estado feudal.................................................................................................. 135
4. Rasgos característicos de la economía urbana medieval............................... 137
4.1. Los gremios y las hermandades artesanales........................................... 138
4.2. Las corporaciones de comerciantes....................................................... 140
5. Surgimiento de los elementos del capitalismo en el seno del feudalismo.
Crisis y hundimiento del sistema feudal........................................................ 141
5.1. Evolución del sistema económico mercantil.......................................... 141
5.2. El rol del capital comercial.................................................................... 142
5.3. El proceso de acumulación originaria del capital.................................. 144
5.4. La revolución burguesa y las luchas insurreccionales del
campesinado...................................................................................146

CAPÍTULO V: ECONOMÍA DE MERCADO CAPITALISTA: LA MERCANCÍA


Y LA LEY DEL VALOR
1. Lugar histórico y rasgos generales de la economía de mercado mercado
capitalista....................................................................................................... 149
1.1. Lugar histórico de la producción mercantil........................................... 149
1.2. La producción mercantil y los rasgos esenciales que la caracterizan.... 152
1.3. Economía mercantil simple y economía mercantil capitalista............... 153
1.4. El carácter universal de las relaciones mercantiles en el capitalismo... 154
2. La mercancía y sus propiedades.................................................................... 154
2.1. Definición de mercancía........................................................................ 154
2.2. La utilidad o valor de uso de la mercancía............................................ 155
2.3. El carácter histórico del valor de uso de la mercancía........................... 156
2.4. El valor de cambio de la mercancía....................................................... 156
2.5. El valor de la mercancía......................................................................... 157
2.6. La contradicción entre el valor y el valor de uso................................... 158
3. El carácter del trabajo contenido en la mercancía......................................... 158
3.1. El doble carácter del trabajo: el trabajo concreto y el trabajo
abstracto................................................................................................. 158
3.2. La contradicción fundamental de la economía mercantil simple........... 160
3.3. La importancia del análisis marxista sobre el doble carácter del trabajo.... 161
3.4. El tiempo de trabajo individual y el tiempo de trabajo socialmente
necesario........................................................................................ 162
3.5. La magnitud del valor y la productividad del trabajo social.................. 164
3.6. El trabajo simple y el trabajo complejo................................................. 165
4. El proceso histórico de desarrollo del cambio y las formas del valor........... 166
4.1. El valor y el valor de cambio................................................................. 166
A) El intercambio casual y la forma simple (o casual) del valor......... 166
A-1. La esencia y la magnitud del valor relativo (o precio de la
mercancía).............................................................................. 167
8 Francisco Chaparro Zapana

A-2. Las particularidades de la forma equivalente del valor.......... 168


A-3. La contradicción interna de la mercancía y su expresión
externa..............................................................................169
A-4. El tránsito de la forma casual del cambio a la forma regular...... 169
B) La forma plena o ampliada del valor............................................... 170
C) El desarrollo posterior del cambio y la forma general del cambio . .... 171
D) El tránsito de la forma universal a la forma dinero del valor.......... 172
4.2 La conclusión general del análisis de las formas del valor.................... 172
5. Las funciones de la ley del valor en la economía de mercado capitalista...... 173
5.1. El contenido esencial de la ley del valor................................................ 173
5.2. La ley del valor como instrumento regulador del desarrollo espontáneo
de la economía de mercado.................................................................... 173
5.3. La ley del valor como acelerador del desarrollo espontáneo de las
fuerzas productivas................................................................................ 175
5.4. La ley del valor como base del proceso de diferenciación entre los
productores............................................................................................. 175
5.5. La ley del valor en las formaciones económico-sociales
precapitalistas y en el capitalismo.......................................................... 176
6. El fetichismo mercantil.................................................................................. 177
6.1. El poder del fenómeno mercantil y el dominio de la mercancía sobre
los productores....................................................................................... 177
6.2. Las imágenes fetichizadas de la mercancía........................................... 178
6.3. El fetichismo mercantil en su sentido objetivo...................................... 179
6.4. El fetichismo mercantil como un fenómeno histórico........................... 179
7. Crítica a las teorías burguesas subjetivas del valor........................................ 180
7.1. Crítica a la teoría del valor de los clásicos............................................. 180
7.2. Crítica a la teoría de la demanda y la oferta........................................... 182
7.3. Crítica a la teoría de los gastos de producción....................................... 183
7.4. Crítica a la teoría de la utilidad marginal............................................... 184
7.5. Crítica a la moderna teoría ecléctica del valor....................................... 186
8. La teoría marxista del valor en el estudio del capitalismo imperialista
“globalizado”..........................................................................................188
8.1. Importancia actual de la ley del valor de Carlos Marx.......................... 188
8.2. La ley del valor como teoría crítica de las actuales contradicciones
de la globalización................................................................................. 191

CAPÍTULO VI: SISTEMA MONETARIO


PARTE I: EL DINERO: PROPIEDADES Y FUNCIONES
1. La propiedad esencial del dinero................................................................... 203
1.1. La mercancía y el dinero como la unidad de contrarios........................ 203
1.2. La forma dinero del valor resuelve la contradicción interna de la
mercancía........................................................................................204
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 9

1.3. El dinero como instrumento contable espontáneo del trabajo social en


la economía mercantil............................................................................ 205
1.4. El fetichismo monetario......................................................................... 205
1.5. El contenido de clase social del dinero.................................................. 206
2. Las funciones del dinero................................................................................ 206
2.1. El dinero como medida del valor........................................................... 207
2.2. El dinero como medio de circulación.................................................... 208
2.3. El dinero como medio de pago.............................................................. 210
2.4. El dinero como medio de atesoramiento.................................................211
2.5. Del dinero internacional......................................................................... 213
3. Las leyes de la circulación monetario-mercantil........................................... 213
3.1. La cantidad necesaria de dinero circulante............................................ 213
3.2. La primacía de la circulación mercantil sobre la circulación monetaria..... 215
3.3. La dependencia de la cantidad de dinero circulante en función de la
magnitud de su propio valor.................................................................. 215
3.4. La influencia de la función medio de pago sobre la cantidad de dinero
circulante................................................................................................ 216
3.5. La ley de circulación de los diversos tipos de dinero............................ 217
4. Análisis crítico de las teorías burguesas del dinero....................................... 217
4.1. Crítica a la teoría metalista del dinero................................................... 217
4.2. Crítica a la teoría nominalista del dinero............................................... 218
4.3. Crítica a la teoría cuantitativa del dinero............................................... 220
4.4. Crítica a la teoría de la “moneda regulable a voluntad”........................ 222

PARTE II: PROBLEMAS ACTUALES DE LA CIRCULACIÓN MONETARIA


5. La circulación de la moneda metálica . ......................................................... 223
5.1. El monometalismo y el bimetalismo .................................................... 223
5.2. El estándar monetario de oro................................................................. 224
6. Los instrumentos de crédito de la circulación .............................................. 224
6.1. La necesidad de instrumentos de crédito para la circulación . .............. 224
6.2. La circulación de las letras de cambio bancarias .................................. 225
6.3. La circulación de las notas de crédito bancarias . ................................. 225
6.4. Las notas de crédito no cambiables y su transformación en dinero papel... 227
6.5. La circulación de los cheques................................................................ 228
7. La circulación del papel moneda y la inflación............................................. 228
7.1. Las diferencias entre el dinero papel y el dinero de crédito.................. 228
7.2. Las leyes de la circulación del dinero papel.......................................... 229
7.3. La inflación............................................................................................ 230
7.4. El carácter social clasista de la inflación................................................ 231
7.5. Efectos negativos de la inflación sobre la economía nacional............... 231
7.6. Las reformas monetarias........................................................................ 232
7.7. Crítica a las diversas interpretaciones burguesas del proceso
inflacionario....................................................................................233
10 Francisco Chaparro Zapana

8. Las particularidades de la inflación en el capitalismo contemporáneo.......... 235


8.1. Las dimensiones mundiales de la inflación............................................ 235
8.2. El carácter prolongado de la inflación................................................... 235
8.3. La inflación sirve también como instrumento para obtener una
elevada ganancia de monopolio............................................................. 236
8.4. Los nuevos fenómenos en el mecanismo de la inflación....................... 237
8.5. El nivel inflacionario en los diversos países.......................................... 238
8.6. La actual crisis financiera global y la guerra monetaria........................ 240

CAPÍTULO VII: EL CAPITAL Y LA PLUSVALÍA


1. La propiedad privada capitalista de los medios de producción..................... 245
1.1. Los rasgos esenciales de la propiedad capitalista.................................. 245
1.2. Las principales formas de propiedad capitalista.................................... 245
2. La transformación del dinero en capital......................................................... 246
2.1. La circulación mercantil simple, la fórmula general del capital y su
contradicción.......................................................................................... 246
2.2. La imposibilidad de que la plusvalía se origine en la esfera de de la
circulación.............................................................................................. 248
2.3. El surgimiento de la plusvalía no puede prescindir de la
circulación.............................................................................................. 249
2.4. La contradicción de la fórmula general del capital................................ 250
3. La fuerza de trabajo como mercancía. La acumulación primaria del capital
o etapa del capitalismo mercantil................................................................... 250
3.1. La fuerza de trabajo y el trabajo............................................................ 250
3.2. La esencia de la acumulación primaria del capital................................ 251
3.3. El rol de la violencia en el origen del capitalismo................................. 251
3.4. La fuerza de trabajo como mercancía y su valor................................... 252
3.5. Las tendencias del valor de la fuerza de trabajo.................................... 253
4. El proceso del trabajo y el proceso de incremento del valor......................... 254
4.1. El proceso de la producción y sus particularidades............................... 254
4.2. La fuente creadora de plusvalía............................................................. 255
4.3. Particularidades de la explotación capitalista........................................ 257
4.4. La fórmula general del capital: solución de su carácter contradictorio........258
4.5. La esfera de circulación y la esfera de producción................................ 258
5. El capital y su estructura ............................................................................... 259
5.1. El capital como relación de producción................................................. 259
5.2. Crítica a las concepciones burguesas del capital................................... 260
5.3. Capital constante y capital variable....................................................... 261
5.4. El doble carácter del trabajo en la producción capitalista...................... 263
6. La tasa y el volumen de plusvalía.................................................................. 263
6.1. La tasa o norma de plusvalía.................................................................. 263
6.2. El volumen o masa de plusvalía............................................................. 264
6.3 El incremento de la tasa y el volumen de la plusvalía........................... 265
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 11

7. Las dos formas de incrementar la plusvalía................................................... 266


7.1. El método de la plusvalía absoluta......................................................... 266
7.2. La jornada diaria de trabajo y sus límites.............................................. 267
7.3. La prolongación y la limitación de la jornada diaria de trabajo............ 267
7.4. El método de la plusvalía relativa.......................................................... 269
7.5. El método de la plusvalía extraordinaria............................................... 270
7.6. La unidad indesligable entre la plusvalía absoluta y la plusvalía
relativa.................................................................................................... 271
8. La producción de plusvalía relativa en las tres etapas del desarrollo
industrial capitalista....................................................................................... 272
8.1. La cooperación capitalista simple y sus ventajas................................... 273
8.2. La naturaleza de clase de la cooperación capitalista simple.................. 274
8.3. La manufactura: origen y desarrollo...................................................... 274
8.4. Las formas de desarrollo de la manufactura.......................................... 275
8.5. La división social y manufacturera del trabajo...................................... 276
8.6. El carácter progresista de la manufactura.............................................. 277
8.7. La manufactura y la situación de la clase obrera................................... 277
8.8. El rol de la manufactura en el tránsito a la gran industria maquinizada.......278
8.9. La máquina y sus partes conformantes.................................................. 278
8.10. La revolución industrial y el desarrollo de la producción maquinizada...... 279
8.11. La aplicación de máquinas como medio de explotación del trabajador
asalariado. Sus limitaciones................................................................... 280
8.12. Los efectos negativos de la producción mecanizada sobre la situación
de la clase obrera . ................................................................................. 281
8.13. Las principales etapas del desarrollo de la producción maquinizada.... 282
8.14. La revolución científico-técnica contemporánea................................... 282
8.15. La crítica a la teoría reformista de la “segunda revolución industrial”...... 286
9. La subordinación formal y real del trabajo al capital. La contradicción
fundamental del capitalismo.......................................................................... 287
9.1. La subordinación formal y real del trabajo al capital............................ 287
9.2. Las dos formas de subordinación del trabajo al capital y las dos formas
de plusvalía............................................................................................ 288
9.3. El carácter progresista de la economía capitalista................................. 288
9.4. La contradicción fundamental del capitalismo...................................... 289
9.5. El rol del Estado en el capitalismo......................................................... 290
10. La ley de la plusvalía - Ley económica fundamental del capitalismo.
Importancia de la teoría de la plusvalía......................................................... 291
10.1. El rol de la ley económica de la plusvalía............................................. 291
10.2. El significado de la teoría de la plusvalía en la teoría económica objetiva...292
10.3. Crítica a las teorías que niegan el carácter explotador del capitalismo.... 294
12 Francisco Chaparro Zapana

CAPÍTULO VIII: LOS SALARIOS: LOS NIVELES DE LAS REMUNERACIONES


DE LOS TRABAJADORES
1. El salario como la forma transfigurada del valor y precio de la fuerza
de trabajo................................................................................................297
1.1. El salario no es la remuneración al trabajo............................................ 298
1.2. La transformación del valor y precio de la fuerza de trabajo en
valor y precio del trabajo....................................................................... 299
1.3. Las tres formas históricas de explotación.............................................. 300
1.4. Definición de la categoría de salario...................................................... 300
2. Las principales formas o sistemas salariales.................................................. 301
2.1. El salario por tiempo de trabajo............................................................. 301
2.2. El salario por piezas o al destajo............................................................ 303
2.3. Las “formas premiales” del salario........................................................ 305
2.4. Los modernos métodos y el empleo de los sistemas salariales para
consolidar el dominio del capital sobre el trabajo................................. 307
3. El nivel de los salarios................................................................................... 309
3.1. El salario nominal y el salario real.......................................................... 309
3.2 La diferencia de niveles del salario para las diversas categorías de
trabajadores............................................................................................ 310
3.3. Los niveles nacionales de los salarios.....................................................311
3.4. Dos tendencias en el movimiento del salario real.................................. 312
3.5. La regulación estatal del salario............................................................. 315
3.6. La legislación antilaboral y la lucha huelguística durante el período
de posguerra........................................................................................... 316
4. Crítica a las teorías burguesas y reformistas del salario................................ 317
4.1. Características generales y particulares de las teorías burguesas sobre
el salario................................................................................................. 317
4.2. Crítica a la teoría de los medios mínimos de subsistencia (o “ley de
hierro de los salarios”)........................................................................... 318
4.3. Crítica a la teoría de la productividad del trabajo.................................. 319
4.4. Crítica a la “teoria social” del salario.................................................... 321

CAPÍTULO IX: LA LEY GENERAL DE LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA


Y LAS PARTICULARIDADES DE SU ACCIONAR EN LA ÉPOCA
DEL IMPERIALISMO
1. La composición orgánica del capital y su tendencia creciente con el
desarrollo del capitalismo.............................................................................. 323
1.1. Composición técnica, valorativa y orgánica del capital......................... 323
1.2. La acumulación del capital con una composición orgánica constante
del capital............................................................................................... 325
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 13

1.3. La creciente composición orgánica del capital y el desarrollo del


capitalismo..................................................................................... 325
2. Acumulación del capital y formación del ejército industrial de reserva........ 327
2.1. La creciente composición orgánica del capital y la aparición del
ejército industrial de reserva.................................................................. 327
2.2. La ley capitalista de la población........................................................... 328
2.3. Los factores que acrecientan el desempleo............................................ 329
2.4. El rol del ejército industrial de reserva.................................................. 329
2.5. Las formas de la superpoblación relativa............................................... 330
2.6. El carácter crónico del desempleo en el período de la crisis general
del capitalismo....................................................................................... 332
3. Crítica a la “teoría” malthusiana de la superpoblación y a la teoría
keynesiana del “pleno empleo”...................................................................... 333
3.1. La esencia de la “teoría” de Malthus..................................................... 333
3.2. Crítica a la teoría de Malthus................................................................. 333
3.3. El extremado carácter reaccionario de las actuales corrientes
malthusianas........................................................................................... 335
3.4. La teoría keynesiana del desempleo y su inconsistencia....................... 336
3.5. El programa keynesiano para garantizar el pleno empleo..................... 337
4. El empeoramiento relativo y absoluto de la situación de los trabajadores
en el capitalismo............................................................................................ 339
4.1. Ley general de la acumulación capitalista............................................. 339
4.2. El empeoramiento relativo de la situación del proletariado................... 339
4.3. El empeoramiento absoluto de la situación del proletariado................. 340
4.4. El empobrecimiento masivo de los pequeños productores.................... 342
5. La ley general de la acumulación capitalista en la época del capitalismo
monopolista.................................................................................................... 343
5.1. La caída posterior de la participación del salario en la renta nacional
y en el producto social........................................................................... 343
5.2. El crecimiento del desempleo................................................................ 343
5.3. La intensificación del trabajo................................................................. 344
5.4. La diferencia creciente entre el salario real y el valor de la fuerza de
trabajo.................................................................................................... 345
5.5. El rol del Estado burgués y de la militarización en el empobrecimiento
del proletariado...................................................................................... 345
5.6. La distorsión de la teoría marxista y de la realidad capitalista por los
teóricos burgueses.................................................................................. 347
5.7. La acumulación del capital y el enriquecimiento de la burguesía......... 348
6. La tendencia histórica de la acumulación capitalista..................................... 349
6.1. El surgimiento de las premisas materiales del socialismo en las
entrañas del capitalismo......................................................................... 349
14 Francisco Chaparro Zapana

6.2. La agudización de la lucha de clases del proletariado y la inevitabilidad


de la revolución socialista...................................................................... 351

CAPÍTULO X: LA GANANCIA Y EL COSTO DE PRODUCCIÓN.


LA GANANCIA Y EL PRECIO DE MONOPOLIO
1. Los costos capitalistas de producción............................................................ 353
1.1. El valor y los costos de producción....................................................... 353
1.2. Los gastos o costos de producción como categoría económica del
capitalismo............................................................................................. 354
1.3. La estructura de los costos de producción y sus variaciones................. 354
1.4. Los costos de producción ocultan las diferencias entre el capital
constante y el capital variable................................................................ 356
2. La ganancia es la forma figurada de la plusvalía .......................................... 356
2.1. La esencia de la plusvalía y su forma de manifestarse externamente.... 356
2.2. La ganancia y los costos de producción................................................. 357
2.3. La ganancia como la forma realizada de la plusvalía............................ 358
2.4. Conclusiones generales respecto a la ganancia...................................... 358
3. La tasa de ganancia y el volumen de ganancia.............................................. 359
3.1. Diferencia entre la tasa de ganancia y la tasa de plusvalía.................... 359
3.2. La importancia de la tasa de ganancia en la economía capitalista......... 360
3.3. Los factores determinantes de la tasa de ganancia................................. 360
3.4. Los métodos para elevar la tasa de ganancia......................................... 362
3.5. La tasa y el volumen de ganancia.......................................................... 363
4. La formación de la tasa media de ganancia................................................... 364
4.1. La desigualdad de las tasas de ganancia intersectoriales....................... 364
4.2. Las tasas sectoriales de ganancia desiguales no son permanentes......... 365
4.3. La competencia intrasectorial y la formación del valor social o valor
de mercado............................................................................................. 365
4.4. El valor de mercado y la diferencia de las tasas de ganancia dentro de
un determinado sector............................................................................ 366
4.5. La competencia intersectorial y la nivelación de las tasas de ganancia
entre los sectores de la economía........................................................... 367
4.6. La determinación de la tasa media de ganancia..................................... 368
4.7. Los factores que influyen sobre la tasa media de ganancia................... 369
5. El precio de producción como la forma figurada del valor............................ 369
5.1. La aparente contradicción entre la ley del valor y la ley de la tasa
media de ganancia.................................................................................. 369
5.2. La nivelación de las tasas de ganancia y la formación de los precios
de producción......................................................................................... 370
5.3. Las desviaciones de los precios de producción de los valores de las
mercancías.............................................................................................. 371
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 15

5.4. La tesis subjetiva acerca de la supuesta contradicción entre los tomos


I y III de El capital................................................................................. 372
5.5. El valor como la base de los precios de producción.............................. 372
5.6. El proceso histórico de transformación del valor en precio de producción...... 375
5.7. Particularidades de la ganancia media y del precio de producción
como categorías económicas.................................................................. 376
5.8. El contenido social de la teoría de la ganancia media y del precio de
producción.............................................................................................. 376
6. Crítica a las teorías subjetivas de la ganancia................................................ 377
6.1. Crítica a la teoría mercantilista (siglos XVI-XVII).............................. 377
6.2. Crítica a la teoría de los clásicos............................................................ 378
6.3. Crítica a la “teoría de la productividad del capital”............................... 379
6.4. Crítica a la teoría de la “renta del trabajo empresarial”......................... 381
7. La ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia............................. 382
7.1. El factor causal de la tasa media de ganancia decreciente..................... 382
7.2. El volumen creciente de la ganancia con una tasa de ganancia
decreciente............................................................................................. 383
7.3. Factores neutralizantes de la caída de la tasa de ganancia..................... 384
7.4. La ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y el
desarrollo de las contradicciones del capitalismo.................................. 386
8. La tasa de ganancia monopólica.................................................................... 387
8.1. Formación de la tasa de ganancia monopólica...................................... 387
8.2. Las diferencias entre la ganancia media y la ganancia monopólica...... 388
8.3. Las diferencias entre la superganancia monopólica y la superganancia
corriente................................................................................................. 389
8.4. Las fuentes de la ganancia monopólica................................................. 389
8.5. La ganancia monopólica es una categoría económica del capitalismo
monopolista............................................................................................ 391
8.6. La ganancia monopólica y la tasa media de ganancia........................... 391
8.7. La apología burguesa de la ganancia monopólica................................. 392
9. Los precios de monopolio y la ley del valor.................................................. 393
9.1. Las dos formas de precios de monopolio............................................... 393
9.2. Los elevados precios de monopolio....................................................... 394
9.3. El precio de monopolio y la ley del valor.............................................. 396

CAPÍTULO XI: REPRODUCCIÓN Y ACUMULACIÓN DEL CAPITAL.


FORMACIÓN Y DESARROLLO DE LOS MONOPOLIOS
1. Conceptos generales de la reproducción social. Las particularidades de la
reproducción capitalista................................................................................. 399
1.1. La producción y la reproducción........................................................... 399
1.2. Las particularidades de la reproducción capitalista............................... 399
16 Francisco Chaparro Zapana

1.3. La reproducción simple y la reproducción ampliada............................. 400


2. La reproducción capitalista simple y sus leyes.............................................. 402
2.1. La reproducción del capital variable...................................................... 402
2.2. La reproducción de todo el capital......................................................... 403
2.3. La reproducción de la fuerza de trabajo................................................. 404
2.4. La reproducción de las relaciones capitalistas de producción............... 405
3. La reproducción capitalista ampliada o acumulación del capital.................. 406
3.1. La necesidad de la acumulación del capital y su diferencia de la
reproducción social................................................................................ 406
3.2. Las condiciones materiales de la reproducción ampliada...................... 407
3.3. La esencia social de la acumulación del capital..................................... 407
3.4. La ley de apropiación capitalista............................................................ 408
4. Los factores que determinan las proporciones de la acumulación de capital.......408
4.1. La acumulación y el grado de explotación de la fuerza de trabajo........ 409
4.2. La acumulación y la productividad del trabajo...................................... 410
4.3. La dependencia de las dimensiones del capital acumulado de la
cantidad de capital invertido...................................................................411
4.4. Crítica a la “teoría de la abstinencia” de N. W. Senior...........................411
5. La concentración y la centralización del capital............................................ 413
5.1. La concentración del capital.................................................................. 413
5.2. Las dos formas de acrecentamiento del capital...................................... 414
5.3. Las dos formas de centralización del capital......................................... 416
5.4. La intensificación de la concentración y centralización del capital
en la época del imperialismo.................................................................. 418
6. La concentración de la producción y la formación de los monopolios
industriales..................................................................................................... 419
6.1. La concentración de la producción y sus causas.................................... 419
6.2. La intensificación de la concentración de la producción en la época
del imperialismo..................................................................................... 420
6.3. La concentración de la producción y las causas que originan los
monopolios............................................................................................. 421
6.4. La relación entre la ley económica fundamental del capitalismo y la
aparición de los monopolios.................................................................. 423
6.5. Las etapas de desarrollo de los monopolios........................................... 424
7. Las principales formas de asociación monopólica. Su dominio hegemónico
en el capitalismo contemporáneo................................................................... 424
7.1. Principales formas de asociación monopólica....................................... 424
7.2. El poder de los monopolios en el capitalismo contemporáneo.............. 427
7.3. La mayor concentración de la producción en el capitalismo
monopolista............................................................................................ 428
8. Los monopolios y la competencia.................................................................. 429
8.1. La unidad del monopolio y la competencia........................................... 429
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 17

8.2. La competencia entre las empresas no monopolizadas.......................... 429


8.3. La competencia entre los monopolios y los “outsiders”........................ 430
8.4. La competencia entre los propios monopolios....................................... 432
8.5. La competencia dentro de los propios monopolios................................ 433
9. Crítica a las teorías subjetivas acerca de los monopolios.............................. 434
9.1. Las pretensiones de ignorar las diferencias entre los monopolios
imperialistas y las formas anteriores de monopolios............................. 434
9.2. Contraposición entre monopolio y “oligopolio”.................................... 435
9.3. La desfiguración de las causas del origen y desarrollo de los
monopolios............................................................................................. 436
9.4. La teoría de las “fuerzas equilibrantes”................................................. 437

CAPÍTULO XII: LA ROTACIÓN CÍCLICA DEL CAPITAL INDUSTRIAL


1. La circulación del capital y sus formas.......................................................... 439
1.1. Las tres fases de la rotación cíclica del capital industrial y sus tres
formas.................................................................................................... 439
1.2. La primera fase del ciclo de circulación del capital............................... 440
1.3. La segunda fase del ciclo de circulación del capital.............................. 441
1.4. La tercera fase del ciclo de rotación del capital..................................... 441
1.5. El ciclo de rotación del capital dinero en su conjunto........................... 441
1.6. El ciclo de rotación del capital productivo............................................ 443
1.7. El ciclo de rotación del capital-mercancías........................................... 443
1.8. La unidad de las tres formas del ciclo del capital.................................. 444
2. La producción y la circulación capitalista. Crítica a la concepción
cambista......................................................................................................... 445
2.1. La unidad entre la producción y la circulación...................................... 445
2.2. La primacía de la producción sobre la circulación................................ 445
2.3. Crítica a la teoría subjetiva burguesa del cambio.................................. 447
3. La rotación del capital. El capital fijo y el capital circulante......................... 449
3.1. Concepto de la rotación del capital........................................................ 449
3.2. El capital constante y los elementos que lo conforman......................... 449
3.3. El capital fijo y el capital circulante....................................................... 450
3.4. Capital fijo: desgaste físico y desgaste moral........................................ 451
3.5. El incremento del capital fijo y la agudización de las contradicciones
del sistema capitalista............................................................................ 452
3.6. La tendencia decreciente del capital contenido en el producto.............. 453
4. El tiempo de rotación o circulación del capital.............................................. 454
4.1. El tiempo y el número de rotaciones del capital.................................... 454
4.2. El período de trabajo.............................................................................. 455
4.3. El tiempo de producción........................................................................ 456
4.4. Los métodos para reducir las diferencias entre el tiempo de
producción y el período de trabajo......................................................... 457
4.5. El tiempo de circulación........................................................................ 457
18 Francisco Chaparro Zapana

5. La influencia de la rotación del capital variable sobre la magnitud de la


plusvalía ........................................................................................................ 459
5.1. El volumen anual de plusvalía................................................................ 459
5.2. La tasa anual de plusvalía....................................................................... 460

CAPÍTULO XIII: EL CAPITAL COMERCIAL Y LA GANANCIA COMERCIAL


1. La esencia y el rol del capital comercial........................................................ 463
1.1. Concepto de capital comercial............................................................... 463
1.2. El capital comercial como una parte disociada del capital industrial
en la sociedad capitalista........................................................................ 464
1.3. El rol del capital comercial en el capitalismo........................................ 465
1.4. Acción inversa del capital comercial sobre la producción..................... 466
1.5. Las formas del capital comercial........................................................... 467
2. La ganancia comercial................................................................................... 467
2.1. Las fuentes de la ganancia comercial..................................................... 467
2.2. Crítica a las teorías burguesas sobre el comercio y la ganancia
comercial................................................................................................ 469
2.3. La magnitud de la ganancia comercial................................................... 469
2.4. El mecanismo de obtención de la ganancia comercial........................... 470
2.5. El rol del capital comercial en la elevación de la tasa media de ganancia... 471
2.6. La explotación a los trabajadores asalariados en el comercio............... 473
2.7. La explotación de los pequeños productores por los capitalistas
comerciantes.......................................................................................... 474
3. Los gastos de circulación en el comercio capitalista .................................... 475
3.1. Dos clases de gastos de circulación....................................................... 475
3.2. La amortización de los gastos de circulación........................................ 477
3.3. Los gastos de circulación y la ganancia comercial................................ 477
4. Las formas del comercio capitalista............................................................... 478
4.1. El comercio al por mayor y al por menor. La bolsa comercial.............. 478
4.2. Concentración y centralización del capital en el comercio al por menor.... 479
4.3. El comercio cooperativo. Crítica a la teoría del “socialismo
cooperativista”....................................................................................... 480
5. El comercio internacional capitalista............................................................. 481
5.1. La necesidad del comercio externo para el capitalismo......................... 481
5.2. La acción de la ley del valor y de la ley de la plusvalía en el comercio
exterior................................................................................................... 482
5.3. Los precios mundiales de monopolio y el intercambio desigual en
el comercio internacional....................................................................... 483
5.4. La balanza comercial y la política comercial externa............................ 484
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 19

CAPÍTULO XIV: EL CAPITAL DEL PRÉSTAMO Y EL CRÉDITO.


.LOS BANCOS EN LA ÉPOCA DEL IMPERIALISMO
1. El capital de préstamo.................................................................................... 489
1.1. La formación del capital de préstamo.................................................... 489
1.2. El capital de préstamo como una clase especial de capital.................... 490
1.3. La relación entre el capital de préstamo y el capital industrial.............. 492
1.4. El capital de préstamo y el capital real. El capital de préstamo y el
dinero..................................................................................................... 492
2. El interés y la tasa de interés.......................................................................... 493
2.1. El interés como precio del capital y como una forma de plusvalía....... 493
2.2. La naturaleza explotadora del interés negada por los economistas
burgueses................................................................................................ 493
2.3. La tasa de interés y los factores que la determinan................................ 495
2.4. La tendencia decreciente de la tasa media de interés............................. 496
3. El crédito capitalista y sus formas................................................................. 497
3.1. Las diferencias del crédito capitalista en relación al crédito usurario......... 497
3.2. El crédito usurario en el capitalismo...................................................... 497
3.3. El crédito comercial y el crédito bancario............................................. 498
3.4. El crédito de consumo............................................................................ 499
3.5. Los créditos estatales............................................................................. 500
4. Las sociedades accionistas y el capital ficticio.............................................. 501
4.1. Las acciones y las obligaciones............................................................. 501
4.2. El capital ficticio y su desarrollo expansivo en el capitalismo.............. 503
4.3. La bolsa de valores y la especulación en la bolsa.................................. 503
4.4. La ganancia institucional....................................................................... 504
4.5. Crítica a la teoría de la “democratización” del capital........................... 505
5. Las funciones del crédito en la economía capitalista y en el proceso
de su desarrollo contradictorio....................................................................... 506
5.1. Las funciones del crédito en el capitalismo........................................... 506
5.2. Las funciones del crédito en la agudización de las contradicciones del
capitalismo............................................................................................. 508
5.3. El doble carácter del sistema crediticio................................................. 508
5.4. Crítica a las teorías burguesas del crédito.............................................. 509
6. Los bancos y sus operaciones........................................................................ 510
6.1. Las funciones de los bancos................................................................... 510
6.2. Las clases de bancos.............................................................................. 512
6.3. Las operaciones bancarias...................................................................... 512
6.4. La ganancia bancaria.............................................................................. 514
7. La concentración y la centralización del capital bancario. Los monopolios
transnacionales bancarios............................................................................... 515
7.1. La concentración del capital bancario.................................................... 515
7.2. La centralización del capital bancario.................................................... 515
7.3. La separación de un puñado de bancos poderosos................................. 517
7.4. El surgimiento de los monopolios bancarios y sus formas.................... 518
20 Francisco Chaparro Zapana

7.5. La competencia entre los bancos............................................................ 519


8. La nueva función de los bancos en la época del imperialismo...................... 520
8.1. El crecimiento del crédito y la ampliación de sus plazos...................... 520
8.2. El crédito como arma de dominación del capital monopolista.............. 521
8.3. La expansión directa del capital bancario monopolista sobre la
industria.................................................................................................. 522

CAPÍTULO XV: EL CAPITAL FINANCIERO Y LA OLIGARQUÍA


FINANCIERA
1. Formación del capital financiero y su contenido........................................... 525
1.1. La fusión de los monopolios industriales y bancarios........................... 525
1.2. La esencia del capital financiero y su rol en el enrriquecimiento de la
burguesía monopolista........................................................................... 526
1.3. La fusión personal de los magnates de la banca y la industria.............. 528
1.4. Crítica a la teoría del capital financiero de R. Hilferding...................... 529
2. Los fenómenos actuales del capital financiero............................................... 530
2.1. El llamado “autofinanciamiento”........................................................... 530
2.2. Los cambios estructurales del capital financiero................................... 531
2.3. El rol de las operaciones crediticias en la fusión de los bancos con la
industria ................................................................................................ 533
3. Los grupos financieros monopolistas............................................................. 534
3.1. Concepto de grupo financiero monopolista........................................... 534
3.2. El número y el poder de los grupos monopolistas financieros
en los diversos países............................................................................. 534
3.3. La estructura de los grupos financiero-monopolistas ........................... 535
3.4. Ejemplo clásico de un grupo financiero monopolista............................ 537
3.5. La lucha entre los grupos financiero-monopolistas............................... 538
4. La oligarquía financiera................................................................................. 539
4.1. La esencia social de la oligarquía financiera ........................................ 539
4.2. Métodos de dominación de la oligarquía financiera.............................. 540
4.3. Crítica a la teoría del “sistema de gerenciamiento”............................... 543
4.4. El poder político de la oligarquía financiera.......................................... 544
4.5. La faz reaccionaria de la oligarquía financiera...................................... 545

CAPÍTULO XVI: LA RENTA DE LA TIERRA Y LAS RELACIONES


.AGRARIAS EN EL CAPITALISMO
1. Los orígenes de la renta capitalista de la tierra.............................................. 549
1.1. Las vías de instauración del capitalismo en la agricultura . .................. 549
1.2. Las diferencias entre la renta capitalista de la tierra y la renta feudal ........ 552
1.3. La renta, categoría económica de la sociedad capitalista...................... 553
2. La renta diferencial de la tierra...................................................................... 554
2.1. El monopolio de la tierra en la economía capitalista y la formación del
precio .................................................................................................... 554
2.2. Surgimiento de la renta diferencial de la tierra....................................... 555
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 21

2.3. Las formas y la diversidad de la renta diferencial................................. 556


2.4. La renta diferencial según la fertilidad del suelo................................... 557
2.5. La renta diferencial I según la ubicación del suelo................................ 559
2.6. La renta diferencial II ........................................................................... 560
2.7. Las diferencias entre ambas formas de renta diferencial y la renta
diferencial en su conjunto...................................................................... 561
2.8. Crítica a la llamada “ley de la fertilidad decreciente de la tierra”.
Su contenido clasista.............................................................................. 563
3. La renta absoluta de la tierra.......................................................................... 566
3.1. Las dos formas de monopolio en la agricultura..................................... 566
3.2. El mecanismo de formación de la renta absoluta ................................. 567
3.3. La fuente de la renta absoluta................................................................ 568
3.4. La propiedad de la tierra y la composición orgánica del capital
en la formación de la renta absoluta...................................................... 569
3.5. La renta monopolista en la agricultura ................................................. 569
3.6. La renta en la industria minera y en la construcción............................. 570
4. El precio de la tierra y su elevación en el capitalismo................................... 572
4.1. Los factores determinantes del precio de la tierra................................. 572
4.2. La elevación de la renta y del precio de la tierra con el desarrollo
del capitalismo....................................................................................... 573
5. El desplazamiento de la pequeña producción por la gran producción
capitalista en la agricultura............................................................................ 575
5.1. Las peculiaridades del capitalismo en la agricultura............................. 575
5.2. Las ventajas de la gran producción agrícola.......................................... 576
5.3. Crítica a la teoría de “estabilidad de la pequeña economía
campesina”............................................................................................. 578
6. El retraso de la agricultura respecto a la industria y la contradicción entre
la ciudad y el campo...................................................................................... 579
6.1. El retraso técnico y económico del agro en el capitalismo.................... 579
6.2. Causas del retraso agrario con respecto a la industria........................... 580
6.3. La contradicción antagónica entre la ciudad y el campo....................... 582
6.4. Consecuencias de la explotación del campo por la ciudad.................... 584
7. La renta y el desarrollo de la agricultura en la época del imperialismo........ 584
7.1. La unión del capital financiero con la propiedad de la tierra y la
apropiación de una parte de la renta por los monopolios capitalistas.... 584
7.2. El dominio del capital monopolista en la agricultura y los métodos
de explotación de los monopolios a los pequeños granjeros................. 585
7.3. La elevación de la composición orgánica del capital en la agricultura
y su influencia sobre la renta . ............................................................... 588
7.4. La regulación estatal en la agricultura y la política agraria de los
gobiernos burgueses............................................................................... 590
8. La nacionalización de la tierra y la renta de la tierra..................................... 591
8.1. La posibilidad de la nacionalización de la tierra en el capitalismo........ 591
8.2. La influencia de la nacionalización de la tierra sobre la renta............... 593
22 Francisco Chaparro Zapana

CAPÍTULO XVII: LA REPRODUCCIÓN Y LA CIRCULACIÓN DEL CAPITAL


SOCIAL
1. El problema de la reproducción del capital social......................................... 597
1.1. La reproducción del capital social y el problema de la realización....... 598
1.2. Los supuestos metodológicos del análisis en el problema de la
realización.............................................................................................. 599
2. El producto social global y su estructura....................................................... 600
2.1. La división del producto social según su valor y según su forma
natural.................................................................................................... 600
2.2. Las diferencias entre los sectores I y II . ............................................... 602
3. El modelo de la reproducción simple ........................................................... 602
3.1. Las magnitudes iniciales del modelo..................................................... 602
3.2. La realización de la producción del sector I.......................................... 603
3.3. La realización de la producción del sector II......................................... 603
3.4. Condiciones del equilibrio requeridas para la realización de la
reproducción simple............................................................................... 604
3.5. El intercambio mercantil intersectorial y el rol del dinero circulante...........605
3.6. La diversidad de proporciones de la reproducción capitalista............... 606
4. El modelo de reproducción ampliada. La ley del crecimiento preferente
de la producción de medios de producción.................................................... 606
4.1. Las condiciones de equilibrio de la reproducción ampliada.................. 606
4.2. El modelo de reproducción ampliada. Premisas iniciales...................... 607
4.3. La realización del producto en el primer año......................................... 607
4.4. La reproducción ampliada en los balances totales del segundo y
tercer años.............................................................................................. 608
4.5. Las leyes de la reproducción capitalista ampliada . .............................. 609
4.6. La ley del crecimiento preferente de la producción de medios de
producción ............................................................................................ 610
5. Las contradicciones antagónicas de la reproducción capitalista.
El aporte de Lenin a la teoría marxista de la reproducción .......................... 613
5.1. La contradicción fundamental de la reproducción capitalista................ 613
5.2. La contradicción entre la producción y el consumo.............................. 613
5.3. El desarrollo asimétrico de las diversas esferas y ramas de la
producción capitalista............................................................................ 614
5.4. El análisis leninista de la reproducción ampliada en condiciones de
creciente composición orgánica del capital........................................... 615
5.5. La posición leninista sobre el carácter contradictorio de la
reproducción capitalista......................................................................... 617
5.6. Crítica leninista a la teoría populista de los mercados........................... 618
5.7. Crítica de Lenin a las distorsiones de la teoría marxista de la
reproducción por los “marxistas legales”.............................................. 620
5.8. La lucha de Lenin librada en dos frentes............................................... 621
6. La renta nacional en la sociedad capitalista................................................... 621
6.1. Definición de renta nacional.................................................................. 621
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 23

6.2. Las fuentes generadoras de la renta nacional y los factores que


incentivan su crecimiento...................................................................... 623
6.3. La distribución primaria de la renta nacional........................................ 625
6.4. La redistribución de la renta nacional. Las funciones del presupuesto
nacional.................................................................................................. 627
6.5. El consumo de la renta nacional en el capitalismo................................ 630
7. Particularidades de la reproducción capitalista en la segunda mitad del
siglo XX......................................................................................................... 632
7.1. Influencia del Estado burgués sobre la reproducción capitalista........... 632
7.2. La militarización de la economía y el proceso de la reproducción........ 633
7.3. La influencia de la revolución científico-técnica sobre el proceso de
la reproducción....................................................................................... 636
7.4. Los ritmos de la reproducción capitalista ampliada en las actuales
condiciones............................................................................................ 637
8. Crítica a las teorías burguesas contemporáneas de la reproducción y de la
renta nacional................................................................................................. 638
8.1. Crítica a la teoría keynesiana de la reproducción.................................. 638
8.2. Crítica a la teoría del “crecimiento económico”.................................... 643
8.3. Crítica a los métodos del cálculo contable de la renta nacional............ 647
8.4. Crítica a las teorías burguesas de las tres fuentes “generadoras” de la
renta nacional......................................................................................... 648

CAPÍTULO XVIII: LAS CRISIS ECONÓMICAS DE SOBREPRODUCCIÓN


EN EL SISTEMA ECONÓMICO CAPITALISTA
1. La posibilidad de las crisis............................................................................. 651
1.1. La base general de posibilidades de las crisis........................................ 651
1.2. Las posibilidades abstractas de las crisis en la producción mercantil
simple..................................................................................................... 652
1.3. Las posibilidades reales de las crisis en el ciclo de rotación y
reproducción del capital......................................................................... 653
2. El carácter inevitable de las crisis en el capitalismo..................................... 654
2.1. La contradicción fundamental del capitalismo como causa de la
inevitabilidad de las crisis...................................................................... 655
2.2. La expansión de la producción capitalista por encima de los límites
de la capacidad adquisitiva.................................................................... 656
2.3. La anarquía y las desproporcionalidades en el desarrollo económico
capitalista............................................................................................... 657
3. La periodicidad de las crisis y el ciclo industrial........................................... 659
3.1. La periodicidad de las crisis y el concepto de ciclo............................... 659
3.2. Los rasgos característicos de las crisis económicas............................... 660
3.3. Los rasgos característicos de la depresión............................................. 661
3.4. Los rasgos característicos de las fases de la reactivación y el auge ..... 662
3.5. La crisis como la fase más importante del ciclo industrial.................... 663
24 Francisco Chaparro Zapana

3.6. El mecanismo de transición de la crisis a la depresión y a la


reactivación.....................................................................................664
3.7. La innovación del capital fijo y la transición de la reactivación al
auge........................................................................................................ 665
4. Las crisis agrarias en el capitalismo ............................................................. 666
4.1. La influencia de las crisis industriales sobre la economía agraria y
las crisis agrarias específicas.................................................................. 666
4.2. La crisis agraria europea de fines del siglo XIX.................................... 666
4.3. La crisis agraria mundial de los años veinte y treinta del siglo XX...... 668
4.4. El rol del monopolio de la propiedad privada sobre la tierra y el
de las rentas en la agudización de las crisis agrarias............................. 669
4.5. La crisis agraria de posguerra y sus particularidades............................. 669
5. Las crisis económicas y sus consecuencias en la época del imperialismo.... 671
5.1. La aceleración de las crisis durante el siglo XX.................................... 671
5.2. La profundización de las crisis durante el siglo XX.............................. 671
5.3. Particularidades de la crisis mundial de los años 1929-1933................ 674
5.4. El sui géneris ciclo industrial de los años treinta del siglo XX............. 676
5.5. La dinámica de la economía capitalista de los años 1939-1946............ 677
5.6. Particularidades del ciclo y de las crisis posteriores a la Segunda
Guerra Mundial...................................................................................... 679
5.7. La capacidad reguladora del Estado y la militarización de la
economía en el desarrollo cíclico del capitalismo................................. 682
6. La crisis actual del sistema financiero-productivo capitalista........................ 684
6.1. Antecedentes socioeconómicos y políticos . ......................................... 684
6.2. El rol del capital financiero y las actuales crisis del capitalismo........... 688
6.3. Visión panorámica de la actual crisis financiera.................................... 692
6.4. La esencia estructural de la sobreproducción tras la actual crisis
financiera . ............................................................................................. 695
6.5. Similitudes y diferencias entre la crisis de los años 2007-2009 y la de
1929-1933.............................................................................................. 702
7. Las consecuencias de las crisis y su significado............................................ 706
7.1. En el capitalismo: la falta de correspondencia de las relaciones de
producción con el carácter de las fuerzas productivas se expresa
mediante la crisis .................................................................................. 706
7.2. Las crisis y la agudización de las contradicciones del capitalismo....... 707
7.3. Las crisis y el carácter histórico transitorio del capitalismo.................. 708
8. Crítica a las teorías burguesas y pequeñoburguesas acerca de las crisis....... 709
8.1. Crítica a la teoría de la desproporcionalidad ........................................ 709
8.2. Crítica a la teoría del infraconsumo........................................................711
8.3. Crítica a la teoría monetario-crediticia.................................................. 713
8.4. Crítica a la teoría sicológica de Jhon M. Keynes................................... 714
8.5. Las concepciones teóricas de la apología burguesa acerca de un
desarrollo capitalista sin crisis............................................................... 715
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 25

CAPÍTULO XIX: EL SISTEMA ECONÓMICO MUNDIAL CAPITALISTA


1. El surgimiento y la esencia del sistema económico mundial capitalista ...... 719
1.1. Surgimiento y desarrollo del mercado mundial..................................... 719
1.2. La división internacional capitalista del trabajo.................................... 720
1.3. El sistema económico mundial capitalista............................................. 722
1.4. El sistema económico mundial capitalista como una categoría
económica del imperialismo.................................................................. 723
2. La exportación de capitales............................................................................ 724
2.1. La diferencia entre la exportación de capitales y la exportación de
mercancías.............................................................................................. 724
2.2. Particularidades de la exportación de capitales en la época del
imperialismo.......................................................................................... 725
2.3. La posibilidad y la necesidad de exportar capitales............................... 726
2.4. Los tipos y las formas de la exportación de capitales............................ 727
2.5. Las causas y las tendencias de la exportación de capitales.................... 728
2.6. La influencia de la exportación de capitales sobre los países
exportadores e importadores de capitales.............................................. 729
3. Las particularidades de la exportación de capitales en las condiciones del
capitalismo contemporáneo........................................................................... 732
3.1. La estrechez de las esferas de la exportación de capitales..................... 732
3.2. Los cambios estructurales en la exportación de capitales...................... 733
3.3. La tendencia creciente de la exportación de capitales estatales............. 736
4. La migración internacional de la fuerza de trabajo........................................ 738
4.1. Las escalas y direcciones de la migración de la fuerza de trabajo ........ 738
4.2. Las causas económicas de la migración internacional de la fuerza
de trabajo............................................................................................... 739
4.3. La relación entre la exportación del capital y la migración de la fuerza
de trabajo................................................................................................ 740
4.4. La trascendencia económica y social de la migración internacional
de la fuerza de trabajo............................................................................ 741
5. La balanza de pagos y el tipo de cambio....................................................... 742
5.1. La balanza de pagos y su estructura . .................................................... 742
5.2. La balanza de servicios y la balanza en cuenta corriente ..................... 743
5.3. La balanza de capitales.......................................................................... 744
5.4. Las particularidades de la balanza de pagos en la época del imperialismo.....745
5.5. Situación de las balanzas de pagos de las potencias imperialistas
después de la Segunda Guerra Mundial................................................. 747
5.6. Los tipos de cambio de las divisas......................................................... 748
5.7. El dumping monetario . ......................................................................... 750
6. Los monopolios transnacionales, el reparto económico del mundo y la
lucha por los mercados ................................................................................. 751
6.1. Las causas del surgimiento de los monopolios internacionales............. 751
6.2. El desarrollo de los monopolios internacionales................................... 752
6.3. Las formas de monopolios transnacionales........................................... 754
26 Francisco Chaparro Zapana

6.4. División económica del mundo y la lucha por una nueva repartición..........755
6.5. Agudización de la lucha por los mercados externos en la época del
imperialismo.......................................................................................... 756
6.6. El rol de los monopolios internacionales en la preparación de las
guerras.................................................................................................... 757
7. El reparto territorial del mundo y los sistemas colonial y neocolonial del
imperialismo.................................................................................................. 759
7.1. Los dominios coloniales de fines del siglo XIX y comienzos del XX........ 759
7.2. El reparto territorial del mundo y la política colonial en la época del
imperialismo.......................................................................................... 761
7.3. El sistema colonial del imperialismo..................................................... 763
7.4. El rol de las colonias durante el imperialismo....................................... 765
7.5. Evolución de la política de dominación imperialista: el
neocolonialismo..................................................................................... 766
7.6. La situación de los trabajadores en las colonias.................................... 770
7.7. Crítica a la apología burguesa del colonialismo.................................... 771
8. La acción de la ley del desarrollo desigual en el sistema capitalista de la
economía mundial.......................................................................................... 773
8.1. La desigualdad del desarrollo económico en el capitalismo.................. 773
8.2. La disparidad de ritmos de crecimiento de la producción en los países
capitalistas en la época del imperialismo............................................... 774
8.3. La consolidación de la disparidad de ritmos de crecimiento económico
de los países durante el imperialismo.................................................... 777
8.4. El carácter específico del desarrollo desigual de los países capitalistas
en la época del imperialismo.................................................................. 777
8.5. La ley del desarrollo económico y político desigual del capitalismo
bajo el imperialismo............................................................................... 779

CAPÍTULO XX: EL CAPITALISMO IMPERIALISTA GLOBALIZADO:


ORIGEN, DESARROLLO Y PERSPECTIVAS
1. El imperialismo: fase superior del capitalismo.............................................. 783
1.1. Rasgos esenciales del imperialismo....................................................... 783
1.2. El monopolio como la unidad en la diversidad...................................... 785
1.3. El imperialismo como la fase superior del capitalismo......................... 786
2. Capitalismo imperialista globalizado............................................................. 787
2.1. Los orígenes tendenciales de la globalización en el desarrollo económico....... 787
2.2. Características del actual imperialismo capitalista globalizado............. 791
3. Problemas centrales de la globalización........................................................ 797
3.1. Nivel esencial del capitalismo. Fases y estadios.................................... 797
3.2. La nueva división internacional “globalizada” del trabajo.................... 799
3.3. El Estado-Nación frente a la globalización............................................ 804
3.4. Los países subdesarrollados frente a la globalización........................... 805
4. Reflexiones finales y alternativas................................................................... 807
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 27

CAPÍTULO XXI: INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LAS DOCTRINAS


ECONÓMICAS
1. Economía política, historia de las ideas y doctrinas económicas.................. 815
2. Las ideas económicas en las sociedades precapitalistas................................ 816
2.1. En Grecia: Platón y Aristóteles.............................................................. 818
2.2. En Roma: Plinio y Cicerón.................................................................... 819
2.3. En la sociedad feudal: el derecho canónico escolástico......................... 820
3. Formación de las primeras doctrinas económicas......................................... 821
3.1. La corriente mercantilista..................................................................... 821
3.2. Las ideas económicas mercantilistas fundamentales............................. 821
3.3. Los fundadores de la economía política................................................. 824
3.4. La escuela económica fisiócrata............................................................. 826
3.4.1. Antecedentes y contenido............................................................ 826
3.4.2. Principales postulados teóricos de tipo burgués de los fisiócratas.....828
4. La escuela económica clásica: Adam Smith y David Ricardo....................... 830
4.1. Las premisas materiales para su surgimiento......................................... 830
4.2. Principales antecesores inmediatos de A. Smith.................................... 832
4.3. Principales aportes de los clásicos......................................................... 834
5. La teoría económica marxista........................................................................ 837
5.1. Los antecedentes históricos y sus fuentes teóricas................................ 837
5.2. Obras y aportes marxistas más importantes........................................... 841
5.3. El método marxista de investigación..................................................... 843
5.4. Economía política marxista-leninista del imperialismo......................... 844
6. Descomposición y crisis de la teoría económica burguesa............................ 847
6.1. Economía política burguesa vulgar o subjetiva.................................... 847
6.2. Economía política burguesa del imperialismo....................................... 850

BIBLIOGRAFÍA GENERAL................................................................................ 857


PRESENTACIÓN

Con motivo del 49.º Aniversario de Apertura y Funcionamiento de la Universidad


Nacional San Luis Gonzaga de Ica (UNICA) me es sumamente grato y honroso ren-
dir un justo homenaje a nuestra superior casa de estudios, la magistral obra Teoría
económica del capitalismo. Crítica marxista actualizada, resultado de un prolonga-
do y arduo trabajo de investigación, docencia y creatividad intelectual del Dr. Fran-
cisco Chaparro Zapana, distinguido docente y actual Vicerrector Administrativo de
la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica (UNICA), es, sin lugar a dudas,
una contribución académica de calidad magistral capaz de actualizar y repotenciar
en nuestra casa de estudios las sabias enseñanzas que nos legara el gran maestro y
filósofo Dr. César Guardia Mayorga; por todo ello, le expresamos nuestro reconoci-
miento personal e institucional. En tal sentido estamos seguros de que este valioso
libro preparado por él, será de gran utilidad no solo para los estudiantes, investigado-
res y docentes universitarios de todos los niveles y especialidades, sino también para
todos los lectores deseosos siempre de comprender, aprender y conocer.

Teoría económica del capitalismo es un compendio en el que se exponen los prin-


cipales temas de actualidad sobre los orígenes, estructuras, categorías, leyes y ten-
dencias del desarrollo del sistema capitalista, cuyo esquema metodológico –según el
autor– es incorrecto dividir en dos o tres secciones compartimentadas, tal como hasta
ahora se ha hecho, puesto que la acción y validez de las categorías y leyes econó-
micas del desarrollo capitalista mantiene su vigencia en todas sus etapas históricas.
De este modo, los problemas teóricos generales del capitalismo no se diseccionan
orgánicamente ni se analizan sus partes en forma aislada. Según este esquema, los
planteamientos teóricos se sustentan e ilustran con información concreta debida-
mente seleccionada; en la exposición de cada tema, en la medida de lo posible, se
emplean informes estadísticos actualizados. Y, simultáneamente, se le asigna una es-
pecial atención al análisis crítico de las teorías económicas subjetivas de la economía
política burguesa y pequeño-burguesa contemporánea.

Asimismo, cabe destacar que el trabajo objeto de mención es una magnífica


muestra de que su autor domina con elevada solvencia académica las categorías,
conceptos, tendencias y leyes del materialismo dialéctico e histórico que rigen
el origen y desarrollo de la vida económica del sistema capitalista. En cada uno
de los temas expuestos nos ilustra que el conocimiento científico de la realidad
económico-social comienza y avanza siempre por el conocimiento de los he-
chos, de lo simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior y de lo concreto a
lo abstracto, y viceversa. Pero el hecho no es todavía ley ni la recopilación de
los hechos es todavía ciencia. Generalizando los hechos, la ciencia penetra en
las estructuras fundamentales de la realidad (el trabajo, la mercancía, el dinero,
la ganancia, el capital, etc.), refleja su esencia, las leyes y tendencias que le son
propias en forma de ideas y categorías, fórmulas y teoremas. Precisamente la
práctica respecto al mundo, o sea la transformación de la naturaleza y su adapta-
ción a las necesidades del hombre, torna imprescindible el conocimiento de to-
das las particularidades de los bienes y servicios útiles o perjudiciales al hombre,
de las leyes y propiedades que le son inherentes y que hacen posible el éxito de
su actividad transformadora y creadora.

Mg. JUAN MARINO ALVA FAJARDO


Rector de la UNICA
INTRODUCCIÓN

En la actualidad, después de la caída del Muro de Berlín y del llamado socialismo


real, se impone en el mundo la hegemónica dominación imperialista unipolar de los
EE. UU, cuyo irracional sistema socioeconómico capitalista no solo explota a los
trabajadores asalariados del mundo, sino que, incluso, agrava aún mucho más el pe-
ligro de la supervivencia misma de la especie humana (contaminando el medio am-
biente y provocando el calentamiento global; generando guerras y una desenfrenada
carrera armamentista, desempleo masivo, crisis económica y subdesarrollo, etc.);
ahora es cuando se hace más imperiosa la necesidad del estudio renovado e integral
de su sistema económico imperante.

Los temas expuestos en el presente compendio titulado Teoría económica del capi-
talismo. Crítica marxista actualizada –fruto de un prolongado trabajo de docencia e
investigación universitaria– tienen por objeto reformular y actualizar sus postulados
fundamentales (relacionados con el trabajo y la producción de bienes materiales, la
economía de mercado, la ley del valor-trabajo, el dinero, el capital, la plusvalía y
la ganancia, la acumulación y reproducción del capital social, la crisis del sistema
económico capitalista, etc.).

La estructura del presente compendio de teoría económica marxista, a diferencia


de otras publicaciones marxistas, ya sea de tendencia ortodoxa o heterodoxa, tiene
una configuración esquemática distinta de interpretación, exposición y análisis del
sistema económico capitalista de la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI.
Por eso consideramos pertinente sintetizar aquí brevemente el esquema aplicado en
el presente trabajo.

A nuestro criterio, metodológicamente no es correcto dividir el estudio del sis-


tema o modo de producción capitalista en dos o tres secciones compartimenta-
das: 1. Economía política del capitalismo mercantil, 2. Del capitalismo de libre
competencia y 3. Economía política del capitalismo monopolista o imperialismo
(y con esa lógica, se podría también agregar la del “imperialismo globalizado”).
Toda vez que la acción de la mayoría de las categorías y leyes económicas del
desarrollo económico del capitalismo mantiene su vigencia en todas sus etapas.

La Economía política no es la historia de la economía de la sociedad, y el orden de su


secuencialidad lógica no es idéntico ni coincide siempre con el curso del desarrollo
histórico. El método del materialismo dialéctico e histórico aplicado a la Economía
política de ningún modo presupone un análisis por separado de las diversas etapas
históricas de desarrollo del capitalismo. Este método se aplica mejor y con mayor
congruencia, si en el curso de toda la economía política del capitalismo las catego-
rías y las leyes económicas son analizadas en su integridad histórica, es decir, en su
accionar en las diversas etapas de desarrollo del capitalismo, incluyendo el actual
capitalismo imperialista “globalizado”.

Es necesario combinar orgánicamente la teoría general del capitalismo creada por


Carlos Marx con la teoría del imperialismo de Vladimir Ilich Lenin, impregnando
de actualidad a todos los importantes temas del compendio de Economía política del
capitalismo. Esta combinación dialéctica puede ser lograda solo si en los temas de
la teoría general las categorías y las leyes económicas respectivas son reactualizadas
en su interpretación, no solo en forma general, sino también en sus manifestaciones
específicas en la época del imperialismo.

En los primeros cuatro capítulos de la presente exposición se formulan los conceptos


generales de la Economía política y la caracterización general de los clásicos mo-
dos de producción precapitalistas de las sociedades europeas (comunidad primitiva,
esclavismo y feudalismo), y en la primera sección del capítulo V exponemos una
resumida caracterización de las tres etapas fundamentales del capitalismo, en coin-
cidencia aproximada con Immanuel Wallerstein. Hacemos esto para que el lector, al
iniciar el estudio de la teoría económica marxista, tenga ya clara idea (se sobreen-
tiende, por ahora aún en sus aspectos más generales) de qué ha de estudiar.

El rasgo más importante del imperialismo es el predominio de los monopolios, los


que surgieron sobre la base de la concentración del poder económico en las fases
premonopolistas (del comercio durante el capitalismo mercantil y de la producción
industrial y la banca en el capitalismo de libre competencia). Por ello es correcto
vincular orgánicamente el rasgo característico de los procesos de la concentración y
centralización del capital con el análisis de los monopolios industriales, que apare-
cieron como resultado del desarrollo de estos procesos. Esto también está formulado
en el capítulo XI (de la sección 1 al 4) donde dichos procesos son analizados en
los marcos de todo el desarrollo histórico del capitalismo, al mismo tiempo que se
muestra los monopolios capitalistas como el resultado final de la concentración y
centralización del capital. Y con relación a lo mismo. También en el mismo capítulo
XI (de la sección 5 a la 8) la ley general de la acumulación capitalista no solo es
analizada en forma general, sino que también es ilustrado el carácter de su accionar
en las condiciones del capitalismo contemporáneo.

Según el principio que establece una relación orgánica entre la teoría general del
capitalismo y la teoría del imperialismo, el tema “La ganancia y el precio de pro-
ducción” es suplido por el de “La ganancia media y el precio de producción. La
ganancia y el precio de monopolio”. En este tema la ganancia es analizada según la
secuencialidad del desarrollo histórico, es decir que se analiza no solo aquella forma
concreta de ganancia que era obtenida aún en las condiciones del capitalismo pre-
monopolista (la ganancia media), sino también su nueva forma concreta creada por
el capitalismo monopolista (la ganancia de monopolio). De igual modo, el problema
del mecanismo de acción de la ley del valor-trabajo en el capitalismo es examinado
aquí en forma aplicada no solo al capitalismo premonopolista, sino también al capi-
talismo monopolista.

El imperialismo se caracteriza por el dominio del capital financiero. Al definir el


lugar y la importancia de esta categoría económica en el curso de Economía política,
nos guiamos por la definición leninista de capital financiero, capital conformado por
la unificación de los más poderosos monopolios de la banca con los de la industria.
El punto de partida de la formación del capital financiero –el surgimiento y desarro-
llo de los monopolios industriales– es expuesto en el tema “La concentración y cen-
tralización del capital. La concentración de la producción y los monopolios”. Pero
para comprender el concepto de capital financiero, es necesario, además, esclarecer
el nuevo rol de los bancos en la época del capitalismo monopolista, el problema de
los bancos relacionados con el tema “El capital de préstamo y el crédito” (capítulos
XIV y XX). Por eso en este compendio el tema “El capital financiero y la oligar-
quía financiera” continúa después de aquel. Y esto se debe al orden en el que Lenin
definió estas categorías. Él investigó el capital financiero y la oligarquía financiera
después de analizar el nuevo rol de los bancos en la época del imperialismo.

En la actualidad el capitalismo se caracteriza no solo por los nuevos importantes


fenómenos de la industria y de la actividad financiero-bancaria, sino también por
los de la esfera de la circulación monetaria. Sin embargo, los problemas de la circu-
lación del dinero de los países capitalistas son estudiados con frecuencia de modo
tangencial en los cursos tradicionales de Economía política, asignándoseles la condi-
ción de “apéndice” del tema “Capital de préstamo y tasa de interés”. Considerando
que estos problemas tienen una importancia crucial, a este tema le dedicamos la par-
te II del capítulo VIII (del tema “Sistema monetario”), con el subtítulo “Problemas
actuales de la circulación monetaria”.

Guiándonos por el principio de la combinación orgánica de la investigación del ca-


pitalismo en general y del capitalismo monopolista en particular, incluimos en el
compendio, en el capítulo “La renta de la tierra y las relaciones agrarias en el capi-
talismo”, una sección especial dedicada a la renta y al desarrollo de la agricultura
en las condiciones del capitalismo monopolista, cuando la propiedad de la tierra se
une con el capital financiero. En el capítulo “Las crisis económicas” se incluyen sec-
ciones dedicadas a las crisis en la época del capitalismo monopolista, y también a la
reciente crisis financiero-productiva del “imperialismo globalizado”.

Entre los aportes de mayor actualidad de la presente publicación figuran los temas
“El sistema económico mundial capitalista”, y El capitalismo imperialista globali-
zado (capítulos XIX y XX respectivamente). En ellos son analizadas las diversas
formas de las relaciones económicas internacionales del capitalismo, al mismo tiem-
po se le presta una especial atención a los fenómenos que caracterizan al sistema
capitalista de la economía mundial en la época del imperialismo, en particular a los
de la llamada “globalización”.
La teoría del imperialismo no se circunscribe solo al análisis de los aspectos econó-
micos aislados del imperialismo, sino que también se refiere a cómo actúan las leyes
económicas aisladas en la época del imperialismo. La caracterización general del
imperialismo como una fase especial y última del capitalismo es de significativa im-
portancia para poder comprender el lugar histórico del imperialismo (incluido el del
“imperialismo globalizado”). En este capítulo se incluye también la caracterización
de la esencia y las etapas de la crisis general del capitalismo, por eso precisamente
en la crisis mundial del capitalismo se caracteriza en forma concreta la “decadencia”
del capitalismo, la descomposición y el ocaso inexorable como sistema.

Así como la Economía política proporciona la generalización teórica de diversos


procesos económicos reales, en el transcurso de todo este compendio los postulados
teóricos son expuestos en estrecha relación con el respectivo material fáctico con-
frontable. Además, así como empleamos profusamente informaciones estadísticas
de los años sesenta y setenta del siglo XX, también recogemos las suministradas en
las últimas décadas, aunque aún no sistematizadas del todo.

En especial, se debe señalar que a la crítica de las teorías burguesas y pequeño-


burguesas, en este compendio se le concede mucha atención. En calidad de objetos
de crítica se analizan principalmente aquellas teorías que ejercen influencia signifi-
cativa sobre la actual Economía política burguesa. Al mismo tiempo, la crítica a ellas
se orienta en cuatro direcciones: crítica metodológica, crítica lógica, crítica fáctica
y crítica sociológica. El autor se esmera en alcanzar a los lectores y estudiantes una
exposición resumida, objetiva del contenido de las teorías criticadas, y las somete
a crítica de forma más demostrativa que declarativa. Además de la serie de páginas
y secciones dedicadas a la crítica de las teorías antimarxistas en los capítulos por
temas separados, al final del curso formulamos un capítulo especial, que contiene en
sí la crítica selectivamente resumida de las teorías burguesas y pequeño-burguesas
del capitalismo en sus tres etapas.

La elaboración de un tratado de temas de Economía política marxista del capitalismo


en las actuales condiciones según este nuevo esquema confronta una serie de difi-
cultades, sobre todo si en él perfilamos en perspectiva la tesis de una economía de
mercado socialista. El autor es plenamente consciente de que el presente compendio
de teoría económica marxista no deja de adolecer de insuficiencias, y por ello esta-
remos muy agradecidos por las observaciones críticas que los lectores tengan a bien
alcanzarnos.

Hasta ahora, la teoría económica marxista ha sido objeto de múltiples interpretacio-


nes distorsionadas, sobre todo en su aplicación práctica. Una de las más ostensibles
es no haber logrado inculcar en los trabajadores una identidad cultural con suficiente
convicción en la necesidad de desarrollar sus facultades productivas, puesto que el
trabajo no solo debe ser fuente de subsistencia sino, también, fuente de creatividad
y satisfacción personal y social. Esta falla se pone de manifiesto en la actitud del
trabajador que tiende a enajenarse del proceso productivo, lo que es muchas veces
alentado por los propios dirigentes de sus organizaciones (llámense sindicatos o par-
tidos). Así, cuando sus reivindicaciones redundan en exigencias populistas en el ca-
pitalismo –más de redistribución del producto que de participación en la gestión de
su producción–, se traduce en una lucha mayormente economicista, sin la necesaria
visión histórica de una sociedad cualitativamente superior: el socialismo.

Según algunos textos de teoría económica marxista, se ha "difundido" la idea dis-


torsionada de que el mercado –en sentido económico– era un mecanismo exclusivo
del capitalismo y casi su máxima expresión, mientras que la planificación y la demo-
cracia eran creaciones exclusivas del socialismo, por lo que sus regímenes políticos
se sustentaban en una "gestión infalible" incuestionable. Entonces se planteaba que
en el socialismo, mercado, planificación y democracia eran incompatibles, no obs-
tante que dichos elementos –por ser conquistas valiosas de la humanidad– pueden
ser también medios de desarrollo económico y social de este sistema. Por tanto, el
mencionado antagonismo irresoluble es una desviación teórica en la que incurrió la
versión estaliniana del marxismo por influencia de vicisitudes propias de la etapa
inicial de la construcción del socialismo.

Hoy, una visión histórica retrospectiva nos muestra que el mercado, como punto de
confluencia de productores y consumidores –tanto de bienes como de servicios– está
en proceso de desarrollo desde las más antiguas civilizaciones y con el paso del
tiempo ha sido escenario creciente –en profundidad y extensión– del intercambio y
la consiguiente competencia. En el capitalismo llega a un nuevo nivel cuantitativo
y cualitativo, por lo que sufre un cambio esencial, pero no es causa sino medio de
explotación. De igual forma, la planificación y la democracia, como métodos y téc-
nicas de regulación de la producción, la distribución, el intercambio y el consumo de
bienes y servicios, tampoco son exclusividad del socialismo, ya que en las antiguas
sociedades –como, por ejemplo, en la antigua Grecia o en el Imperio de los incas– ya
habían sido practicadas. Lo que sucede en el socialismo es que pueden llegar a un
nuevo nivel de expresión. Mercado, planificación y democracia cambian de conte-
nido según la esencia de cada sistema económico-social y los intereses de clase que
representan.

Por tanto, al retomar una concepción teórica objetiva, hay que distinguir entre his-
toria de la humanidad –que corresponde al desarrollo de los sistemas económico-
sociales– e historia de la hominización, entendida como la búsqueda y realización
de los valores supremos del hombre, esto es, la satisfacción de sus crecientes nece-
sidades materiales, sociales y espirituales en un mundo de ascendente liberación y
respeto de los derechos humanos, sin que sean el capitalismo y el socialismo puntos
únicos de partida o de llegada. Si bien hace 25 siglos Protágoras dijo que el hom-
bre debe ser la medida de todas las cosas, hoy la ciencia económica debe darnos la
medida del hombre; y el mercado, la planificación y la democracia son los medios
inobjetables de su realización.

Por eso es indispensable la búsqueda de una concepción socialista del mercado


–distinta en su esencia a la del capitalismo–, así como de un sistema de precios
y medios de distribución que tengan en cuenta que el socialismo también es una
sociedad mercantil, en donde la ley del valor-trabajo mantiene plena vigencia. Por
consiguiente, tampoco puede soslayarse las contradicciones entre valor y precios,
y entre producción y consumo; para las que debe encontrarse soluciones distintas a
las del capitalismo, no tanto por la forma cuanto por el contenido. Hay que buscar la
síntesis entre la planificación estatal que regula el proceso económico, de un lado, y
el espacio garantizado para las relaciones mutuas entre los productores y consumido-
res de mercancías, de otro lado. En esta búsqueda se encontrarán caminos nuevos e
insospechados, que ayudarán mucho a quienes aspiramos conseguir un nuevo orden
social de veras democrático, más humano, justo y libre: la sociedad socialista.

Así, el pensamiento económico marxista continúa confirmándose como la expre-


sión teórica de los genuinos intereses no solo de la clase obrera, sino también de
las más amplias fuerzas revolucionarias y democráticas de nuestra época. Por su
potencialidad explicativa del pasado y previsora del futuro continúa arraigándose
como elemento cultural de la civilización moderna, pese a las estridentes campañas
de desprestigio de parte de los representantes más reaccionarios del pensamiento
económico neoliberal, quienes sueñan con haberlo sepultado. Precisamente por eso,
el trabajo que a continuación proponemos pretende no solo enriquecer el acervo teó-
rico y el debate, sino servir también como una fuente válida de información teórica
para la investigación.

Como corolario, a 160 años de la publicación de El Manifiesto Comunista y a 141


años de El capital, los economistas marxistas, al mismo tiempo que buscamos pro-
puestas, principios y métodos nuevos de orientación, dirección y gestión para demo-
cratizar la vida económica de los pueblos en todo el mundo, estamos comprometidos
en un amplio y democrático debate teórico que actualice y desarrolle, con audacia
y creatividad, las concepciones científicas –económicas, filosóficas, políticas y so-
ciológicas– de los geniales maestros del proletariado: Marx, Engels y Lenin, para
ponerlas a la altura de las exigencias actuales. Porque, sin duda, la renovación de sus
postulados es la mejor forma de contribuir con la creación heroica del nuevo socia-
lismo humanista del siglo XXI.

El autor
CAPÍTULO I

Introducción a la economía política:


objeto y método de la investigación económica

1. LA PRODUCCIÓN DE BIENES MATERIALES, BASE PRIMARIA DEL DE-


SARROLLO DE LA SOCIEDAD HUMANA

1.1. El rol de la producción y su trascendencia social e histórica


La vida de la sociedad humana de todos los tiempos gira en torno a la pro-
ducción de bienes materiales. En su acepción conceptual más genérica, bien es todo
aquello capaz de satisfacer alguna necesidad humana, por ejemplo, las carnes, los
granos, la vivienda y los vestidos, entre los bienes materiales de primera necesidad;
o la música, los ritos religiosos y los espectáculos artísticos entre los bienes espiri-
tuales. Para vivir, los hombres necesitan de bienes materiales elementales como el
alimento, el vestido, el abrigo y otros, sin los cuales su existencia es inconcebible.
La importancia de la producción de bienes materiales radica fundamentalmente en el
trabajo del hombre, al respecto Marx advertía que: “Hasta el último de los chiquillos
sabe que cualquier nación moriría de hambre si suspendiese el trabajo no ya por un
año, sino incluso por unas cuantas semanas” 1.

Los bienes materiales son los objetos tangibles que sirven al hombre para sa-
tisfacer sus necesidades, sean estos de consumo personal o de consumo productivo.
Si son obtenidos directamente de la naturaleza se les denomina bienes naturales, y
cuando son creados por los hombres se les denomina bienes económicos o bienes
producidos. Para poseerlos se tiene que trabajar. La producción de bienes materiales
consta de la fabricación de medios de producción, cuando estos son empleados pos-
teriormente para producir otros bienes materiales (herramientas, máquinas, materias
primas, insumos, etc.), y de medios de consumo, cuando son destinados a satisfacer
directamente las necesidades del hombre (alimentos, ropas, vivienda, calzados, etc.).
Este proceso productivo debe renovarse permanentemente porque “ninguna socie-
dad puede dejar de consumir ni puede tampoco, por tanto, dejar de producir” 2.

1 Marx, Carlos y Federico Engels. Cartas escogidas. Moscú, Gospolizdat, 1947, p. 208.
2 Marx, Carlos. El capital. T. 1, Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1980, p. 512.
38 Francisco Chaparro Zapana

Los hombres, al producir los bienes materiales, es decir, cuando libran su


lucha frente a la naturaleza, nunca actúan individualmente, sino colectivamente, en
grupos, en sociedades. Por eso, la producción es siempre, bajo cualesquiera condi-
ciones en las que se realice, una producción social, y el trabajo una actividad del
hombre social. Tesis reconocida y compartida también por el renombrado economis-
ta burgués Robert L. Heilbroner, quien dice: “Desde que el hombre bajó de las ramas
de los árboles, encaró el problema de supervivencia, no como individuo, sino como
miembro de un grupo social” 3.

Así, en todas las etapas del desarrollo de la sociedad humana, la producción


de bienes materiales ha tenido siempre un carácter social. El hombre no puede vi-
vir al margen de la sociedad, de las relaciones de producción con sus semejantes.
Los Robinsones, los personajes aislados que tanto gustan resaltar especulativamente
muchos economistas burgueses, jamás existieron más allá de su imaginación. De
ser cierta la historia de Robinson Crusoe, este solo pudo haber sobrevivido como
portador de las habilidades productivas de la sociedad en la que se formó como ser
racional. Los hombres intercambian sus actividades de manera ininterrumpida en el
proceso de producción de bienes materiales. Por cuanto cualquier tipo de producción
es social, resulta natural que entre los hombres que la realizan se establezcan siem-
pre, en la producción misma y en todo lo referente a ella, determinadas relaciones a
las que llamamos relaciones sociales de producción.

La producción social de cualquier formación económico-social represen-


ta siempre la unidad de las fuerzas productivas con las relaciones de producción
correspondientes, en cada etapa histórica, o sea un modo de producción o sistema
económico. Y la humanidad en su desarrollo transita por cinco modos de producción
hasta ahora conocidos, nítidamente diferenciados en el espacio y el tiempo: a) Pri-
mitivo, b) Esclavista, c) Feudal, d) Capitalista y e) Socialista, obviando varios otros
sistemas intermedios, yuxtapuestos y/o atípicos, o en perspectiva histórica como el
de la sociedad comunista.

1.2. Los elementos o factores del proceso productivo


En cualquier proceso de producción de bienes materiales, sea cuales fueran
las condiciones sociales en que se lleva a cabo, concurren siempre los siguientes
elementos o factores productivos: 1. El trabajo del hombre; 2. El objeto del trabajo,
y 3. Los medios de trabajo, a cuyo conjunto la teoría económica burguesa cataloga
también como recursos económicos.

El trabajo es la actividad consciente del hombre orientada hacia un determi-


nado fin, mediante la cual transforma y adapta los objetos de la naturaleza para ob-

3 Heilbroner, Robert L. Vida y doctrina de los grandes ecomistas. T. I, Barcelona, Ed. Orbis. 1972, p. 25.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 39

tener los bienes con los cuales satisface sus necesidades. El trabajo es una exigencia
natural y una condición indispensable de la existencia del hombre. Sin el trabajo,
hasta la misma vida humana sería imposible. Federico Engels destacaba que el tra-
bajo “es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado
que, hasta cierto punto, podemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre” 4. Sin
el hombre no hay trabajo. Solo el hombre, a diferencia de los animales, puede poner
en movimiento los medios y los objetos de trabajo, haciéndolos participar en una
determinada función en el proceso de producción. Según palabras de Marx, solo “el
trabajo vivo tiene que hacerse cargo de estas cosas, resucitarlas de entre los muertos,
convertirlas de valores de uso potenciales en valores de uso reales y activos” 5. El
hombre, al actuar sobre la naturaleza e introducir en ella modificaciones mediante el
trabajo, modifica su propia naturaleza, evoluciona él mismo a la par que se desarrolla
la producción, se perfeccionan sus órganos naturales en especial su cerebro, progresa
su intelecto y adquiere nuevos hábitos. El hombre es el único ser de la naturaleza que
se ha creado y se recrea a sí mismo. Esto ha sido posible gracias a su actividad cons-
ciente, a la práctica humana. El ser humano para sobrevivir y desarrollarse requiere
del éxito de su práctica social y la base de su éxito depende de la objetividad de su
pensamiento; para conocer y reflejar correctamente los fenómenos de la naturaleza
en sus distintos aspectos y relaciones internas y externas, para intervenir en los pro-
cesos de cambio de acuerdo con sus propias necesidades.

Solo gracias al trabajo ha podido el entendimiento humano lograr grandiosos


descubrimientos técnicos como el empleo de la energía atómica, el lanzamiento de
las naves cósmicas, etc. Y gracias al trabajo la mano del hombre ha conseguido
crear obras maravillosas, descubrir muchas propiedades de la materia y distinguir los
vínculos entre los diversos fenómenos de la naturaleza y la sociedad. Al inventarse
nuevas maquinarias productivas, cambia también de nivel el desarrollo de la propia
fuerza de trabajo. La moderna producción maquinizada presupone un elevado grado
de evolución de los hombres, quienes han de ser capaces, gracias a una determinada
experiencia productiva, de poner en movimiento la maquinaria. Así, el empleo de la
electricidad, del gas o de la energía atómica requiere un nuevo y elevado nivel de
conocimientos del hombre, un mayor perfeccionamiento de su intelecto.

En la sociedad humana en general la principal fuerza productiva son siempre


todos los productores directos; y en la sociedad capitalista, los trabajadores asala-
riados. Son ellos quienes producen la mayor parte de los bienes materiales, contri-
buyendo, a su vez, a crear los valores de la cultura material y espiritual, además de
transformar y perfeccionar los instrumentos de producción. Lenin destacaba que “la

4 Marx, Carlos y F. Engels. Obras escogidas. T. II, Ed. Ciencias del Hombre. Buenos Aires, 1973, p. 71.
5 Marx, Carlos. El capital, óp. cit., t.1, p. 145.
40 Francisco Chaparro Zapana

primera fuerza productiva de toda la humanidad es el obrero, el trabajador” 6, o sea


el productor directo y fundamental del sistema económico capitalista.

El trabajo se divide en: a) trabajo simple, que es aquella actividad cuya eje-
cución no requiere de un aprendizaje previo, sino que es suficiente la capacidad bio-
lógica elemental del hombre, por ejemplo: bolear ladrillos en la construcción, reco-
ger y cargar leña, cavar la tierra, etc.; y b) trabajo complejo, cuando se trata de una
actividad productiva que requiera de un previo aprendizaje (breve o prolongado), por
ejemplo: el trabajo del sastre, del ingeniero, del maestro, del científico, etc.

La realización de cualquier trabajo solo es posible gracias a la participación de


la fuerza de trabajo. Y se llama fuerza de trabajo al conjunto de capacidades físicas
e intelectuales del hombre para llevar a cabo una determinada actividad productiva.
Por eso, la mayor o menor productividad del trabajo por cada unidad de tiempo de-
pende fundamentalmente del grado de calificación de la mano de obra o fuerza de
trabajo.

El objeto del trabajo es todo aquello sobre lo que recae el trabajo del hombre,
es decir, las cosas susceptibles de ser transformadas por el trabajo en bienes. Los
objetos de trabajo pueden ser: a) la materia bruta, cuando son elementos suminis-
trados directamente por la naturaleza, como ocurre, por ejemplo, con las tierras vír-
genes, los árboles de los bosques, los minerales del subsuelo o los peces de los ma-
res y los ríos, susceptibles de ser extraídos o transformados por el trabajo humano;
b) las materias primas, cuando son elementos sometidos previamente a la acción
del trabajo, como los minerales sustraídos del subsuelo, el algodón cosechado en la
agricultura, etc.; c) los insumos, los que son bienes semielaborados que sirven para
producir bienes acabados, como los hilados o la hilaza de lana o algodón utilizados
en la industria textil, las láminas metálicas en la industria metal-mecánica, etc.; d) la
tierra, cuando es transformada en su estructura físico-química como en la agricul-
tura o en la minería.

Los medios de trabajo son todas las cosas de que se sirve el hombre para
actuar sobre los objetos del trabajo y transformarlos o adaptarlos a sus necesidades
de consumo. Figuran a la cabeza de ellos los instrumentos de producción. Estos
elementos se clasifican en: a) medios directos, cuando sirven o participan directa-
mente en el proceso mismo de la producción de bienes, como los instrumentos
de producción: herramientas, maquinarias e insumos, tanto en la industria como
en la agricultura; b) medios indirectos, cuando sirven como elementos condi-
cionantes del proceso productivo, por ejemplo, las carreteras, los canales, los
almacenes, puertos, aeropuertos, etc., y c) la tierra, cuando sirve como lugar de

6 Lenin, Vladimir Ilich. Obras completas. T. 29. Ed. Cartago. Buenos Aires, 1970, p. 334.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 41

ubicación tanto de los centros de producción como de los medios indirectos. Enton-
ces, los más importantes de todos los medios de trabajo son los instrumentos de
producción, que comprenden las más diversas herramientas empleadas por el hom-
bre para trabajar, desde los toscos instrumentos de piedra del hombre primitivo hasta
las máquinas modernas más sofisticadas. El grado de desarrollo de los instrumentos
de producción mide el poder de la sociedad sobre la naturaleza y el nivel al que ha
llegado la producción. Las épocas económicas se distinguen unas de otras no por lo
que se produce, sino por el modo cómo se producen los bienes materiales, es decir,
por la calidad de instrumentos de producción empleados.

Los objetos de trabajo más los medios de trabajo en su conjunto conforman


los medios de producción o elementos materiales productivos. De por sí solos, ais-
lados de la fuerza de trabajo, los medios de producción no pueden crear nada en
absoluto. Para que el proceso de trabajo, de creación de bienes materiales, se inicie
es necesario que a los medios de producción se les incorpore la fuerza de trabajo.
Por eso, la fuerza de trabajo constituye el elemento más activo de la producción, el
elemento que crea y pone en movimiento los medios de producción disponibles. Al
perfeccionarse los instrumentos de producción se perfeccionan también la capacidad
de trabajo del hombre, su conocimiento, su destreza, sus hábitos y sus experiencias
productivas.

2. EL SISTEMA ECONÓMICO O MODO DE PRODUCCIÓN SOCIAL

2.1. Las fuerzas productivas del sistema


Los medios de producción con que se crean los bienes materiales y los hom-
bres que los ponen en acción constituyen las fuerzas productivas de la sociedad.
“Cualesquiera que sean las formas sociales de la producción, sus factores son siem-
pre dos: los medios de producción y los trabajadores” 7. Las fuerzas productivas no
están conformadas solamente por los instrumentos de producción, sino también por
los objetos del trabajo. Y aunque los instrumentos de producción tengan una impor-
tancia determinante, el desarrollo de los objetos de trabajo (el descubrimiento de
nuevos tipos de materias primas, incluyendo los materiales; para fabricar instrumen-
tos de producción, la invención de nuevos recursos energéticos, etc.) constituye un
exponente muy importante del nivel de las fuerzas productivas. Se sabe, por ejem-
plo, qué tan enorme importancia tuvieron para la producción de los instrumentos de
trabajo el paso del uso de la piedra al de los metales, la aplicación del petróleo, de la
energía eléctrica; y, en los últimos tiempos, los cambios que han experimentado los
objetos de trabajo en relación con el desarrollo de la química, la producción de los
novísimos metales y la utilización de la energía nuclear. Sin embargo, la fundamen-
tal fuerza productiva de la sociedad humana, en todas las etapas de sus desarrollo,
han sido y lo serán siempre las masas trabajadoras.

7 Marx, C. El capital. óp. cit., T. 2, p. 38.


42 Francisco Chaparro Zapana

2.2. Las relaciones sociales del modo de producción


Es preciso establecer, desde ya, que en la producción existen y se van confor-
mando relaciones de carácter ambiguo.

En el proceso de la producción, los hombres no solo actúan sobre la naturale-


za, sino que, al mismo tiempo, entran necesariamente en interacción mutua, relacio-
nándose unos con otros. Para producir, los hombres contraen determinados vínculos
y relaciones, a través de los cuales, y solo a través de ellos, es que se relacionan con
la naturaleza y se efectúa la producción. Las relaciones sociales de los hombres en el
proceso de producción de bienes materiales forman las relaciones de producción.
Estas relaciones económicas incluyen las formas predominantes de propiedad sobre
los medios de producción; la situación que ocupan las clases y los grupos sociales en
la producción; las relaciones mutuas que existen entre ellos; y las formas de distribu-
ción, cambio y consumo del producto social.

Cualquier forma de producción presupone necesariamente una u otra forma de


propiedad, es decir, una forma social históricamente determinada de apropiación por
los hombres de los bienes materiales, sobre todo, de los medios de producción. El
carácter de las relaciones de producción depende, ante todo, de quiénes dispongan en
propiedad los medios de producción (las tierras, los bosques, los edificios donde se
produce, los medios de comunicación, etc.), de que estos sean propiedad de ciertos
individuos, grupos sociales o clases que los usen para explotar a los trabajadores, o
de que pertenezcan a la sociedad, la cual se proponga como fin la satisfacción de las
necesidades materiales y culturales de las masas populares. La forma de propiedad
sobre los medios de producción ejerce, por tanto, una influencia determinante y
decisiva sobre el sistema de las relaciones de producción.

La forma de propiedad sobre los medios de producción determina la posición


que los hombres ocupan dentro del sistema de la producción social, la estructura de
clases de la sociedad. Donde impera la propiedad privada capitalista sobre los me-
dios de producción, los obreros carecen de medios de producción propios, por lo que
están obligados a trabajar para los capitalistas, quienes se apropian del producto de
su trabajo. Asimismo, ello determina que las relaciones de producción, bajo el ca-
pitalismo, se caractericen por la existencia de contradicciones antagónicas, por una
aguda lucha de clases entre obreros y capitalistas, y por la aciaga competencia entre
unos y otros capitalistas con el fin de obtener la ganancia máxima.

Las relaciones de producción determinan, a su vez, las relaciones de distribu-


ción congruentes con ellas. La distribución sirve de nexo, de engarce, entre la pro-
ducción (oferta) y el consumo (demanda). Todo lo producido por la sociedad puede
servir ya sea para el consumo productivo o para el consumo personal. Se llama con-
sumo productivo al empleo de los medios de producción (o bienes de capital) para
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 43

fabricar otros bienes materiales, como las herramientas, máquinas, insumos, etc. Y
se llama consumo personal a la satisfacción directa o indirecta de las necesidades
individuales o colectivas del hombre, como los alimentos, los vestidos, la vivienda,
el transporte, los valores culturales, etc.

La distribución de los productos del trabajo depende del modo en que se en-
cuentran asignados los medios de producción. Si pertenecen a las clases explotado-
ras, los productos se distribuyen siempre en función al enriquecimiento de estas y en
detrimento de los intereses del trabajador. En cambio, si los medios de producción
son (o tienden a ser) de propiedad social socialista, la distribución de los productos
del trabajo deberá tener como meta la expansión cada vez mayor de la producción
socialista, además de la elevación constante del bienestar material y del nivel cultu-
ral de la sociedad y sus trabajadores.

La producción, la distribución, el cambio y el consumo forman una unidad


cuyo factor determinante es la producción. A su vez, las formas de distribución,
cambio y consumo, aunque estén determinadas por la producción, repercuten activa-
mente sobre ella, estimulándola o entorpeciéndola en su desarrollo.

3. SURGIMIENTO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA CIENTÍFICA

A medida que la sociedad humana se desarrolla –lo que implica ante todo el
desarrollo de la producción–, se va acumulando gradualmente, en el proceso del
trabajo, la experiencia y las habilidades para la elaboración de distintos tipos de
productos. Estos conocimientos se conservan y se transmiten de generación en ge-
neración en forma de hábitos, costumbres y normas determinados. A la vez, junto
con la transmisión de los medios y procedimientos utilizados para la fabricación de
unos u otros productos, surgen y se consolidan los conocimientos relativos a cómo
organizar la producción, es decir, cuántos hombres deben ocuparse de cierto tipo de
producción, qué debe hacer cada uno de ellos, en qué sucesión debe realizarse el
proceso productivo, cuánto tiempo se requiere para llevarlo a cabo, etc. Todo ello
ha quedado registrado en forma de distintos preceptos y normas de conducta, y nos
ha sido revelado por los papiros egipcios, la Biblia cristiana, las tablas del rey Ha-
mmurabi, los antiguos Vedas hindúes, etc., cuyos restos se conservan hasta nuestros
días. Estos fueron precisamente los embriones de la futura ciencia económica, o sea
la ciencia de la organización, dirección y evaluación de la producción.

Claro está que inicialmente los conocimientos económicos se incluían en las


normas generales de conducta de los hombres; estaban diseminados en la compi-
lación general, pequeña todavía, de informaciones sobre la organización social y
las relaciones humanas. Empero, ya en la antigua Grecia, Aristóteles introduce el
término oikonomia, cuya traducción literal significa administración de la casa. Para
44 Francisco Chaparro Zapana

los griegos la oikonomia era un código de preceptos que se aplicaba en la dirección


administrativa de la casa. Como hijos de la época esclavista, Aristóteles y otros gran-
des pensadores griegos consideraban simples y naturales las relaciones dentro de la
“casa”; es decir, entre los señores y los esclavos: al esclavo, como cualquier otro
objeto perteneciente al amo, hay que alimentarlo, al igual que al buey, concederle
tiempo para descansar, apalearlo de cuando en cuando si es indolente, etc. Y así, para
ellos eran más importantes y complejas las relaciones entre las “casas”, es decir, los
métodos y normas que regían para el intercambio, etc. En sus trabajos hay no pocos
datos interesantes sobre estos problemas y en cuanto a Aristóteles, como lo señalara
Marx, ya había abordado intuitivamente el concepto de valor.

Durante un prolongado período histórico, en el término “economía” se con-


centró todo un cúmulo de conocimientos y proposiciones sobre las normas de or-
ganización y administración de la hacienda, de la “casa” esclavista primero, y de la
finca feudal, posteriormente. La superación de la dispersión feudal y la formación de
estados centralizados trajeron como consecuencia intentos de establecer normas para
la dirección, no ya de una finca aislada, sino de la economía. Conocida desde hacía
tiempo, adquiere un nuevo significado, se convierte en economía política.

El francés Antoine de Montchrétien fue el primero en introducir este tér-


mino. En 1615 se publica su Tratado de economía política, que contiene consejos
para la dirección de la economía estatal, para conservar y acrecentar la riqueza. De
este modo la ciencia económica en cierto grado empieza a bifurcarse: a la par que la
antigua economía (dirección de una casa, de una hacienda, como unidad microeco-
nómica), surgía la economía estatal o economía política (dirección de la economía
social, o sea en su acepción macroeconómica).

Es preciso destacar que al recibir una denominación la nueva ciencia está aún
muy lejos de precisar su objeto de estudio claramente delimitado, pues en aquel tiem-
po el concepto de economía política era todavía muy genérico e incluía: el comercio
exterior, la emisión de dinero y la política impositiva, es decir, abarcaba la política
exterior, la legislación y otros tipos de actividad del Estado. Por ello la economía po-
lítica de aquel período, a diferencia de la anterior “administración de la casa”, puede
ser caracterizada como un código sobre la conducción de la economía estatal, como
una suma de preceptos y conocimientos para la “administración del Estado”.

El carácter genérico de la economía política se reflejó también en el hecho de


que se dedicaban a ella, preferentemente, hombres a quienes no se podía considerar
todavía economistas “netos”. La cantidad relativamente limitada de conocimientos
científicos que había acumulado la humanidad hasta entonces, permitía a los hom-
bres cultos ser bastante versados en varias ramas científicas, como Filosofía y Ma-
temáticas, Medicina y Economía Política, etc. Y muchas veces filósofos, escritores
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 45

o científicos que se dedicaban preferentemente a las ciencias naturales, por ejemplo,


escribían extensos e interesantes estudios económicos. Hasta el angloirlandés Sir
William Petty, a quien Marx llamaba Padre de la Economía Política, era médico
de profesión, marino y constructor de barcos por vocación, tenía el título cientí-
fico de doctor en física y se desempeñaba como profesor de anatomía. Por eso es
completamente natural que en los tratados científicos de ese período los problemas
político-económicos estuvieran estrechamente entrelazados con conocimientos de
otros ámbitos del saber.

Sin embargo, se puede decir que la economía política, como una rama cien-
tífica especializada sobre los métodos de organización y dirección de la eco-
nomía estatal, nació entre fines del siglo XVI y comienzos del XVII, cuando en
las entrañas de la sociedad feudal comenzaron a dar señales de existencia el nuevo
sistema de economía mercantil capitalista y dos nuevas clases sociales: la burguesía
(con su naciente poder explotador) y la clase obrera.

Marx señala en El capital que la burguesía surge y actúa primero en la esfera


de la circulación, en el comercio y no en la producción, donde todavía continúa pre-
dominando el régimen feudal. El nuevo sistema económico se manifiesta en forma
de riquezas que se acrecientan rápidamente en manos de los individuos del “tercer
estamento”, los que se dedican al comercio y las operaciones monetarias. El oro lle-
gó a ser la más clara materialización de estos nuevos tipos de riquezas. Así, la prime-
ra doctrina político-económica fue el mercantilismo, que se difundió con bastante
amplitud a principios del siglo XVII en Italia, Inglaterra y Francia, y algo más tarde
en otros países. En síntesis, la esencia de esta doctrina se reducía a lo siguiente:
la riqueza es, en primer término, el oro, con el cual se puede comprar todo. El
comercio trae consigo la riqueza. Al mismo tiempo, se enriquecían los estados que
estaban en condiciones de importar mucho oro, evitando su exportación. Por eso, el
Estado debía estimular las manufacturas que producían artículos para el comercio
que se dedica a la exportación de mercancías, y prohibir la exportación del oro, así
como restringir la importación de mercancías de otros países que deben ser pagadas
con oro 8.

No obstante, “La verdadera ciencia de la economía moderna –señala Marx–


comienza solo cuando el examen teórico pasa del proceso de circulación al de pro-
ducción” 9. Al subrayar que la verdadera fuente de la riqueza de la nación es el tra-
bajo agrícola, los fisiócratas (Quesnay, Turgot y otros) criticaron el régimen feudal
vigente en Francia por la coerción con la que los señores feudales sometían a los
campesinos mediante recaudaciones e impuestos de todo tipo. Propusieron al rey que

8 Roll, Eric. Historia de las doctrinas económicas. México D. F., 1974, pp. 63-88.
9 Marx, C. El capital, óp. cit. T. 3, pp. 537-538
46 Francisco Chaparro Zapana

introdujera una reforma que liberase al campesino de innumerables y graves trabas y


le abriera las posibilidades para desarrollar su laboriosidad e iniciativa, lo que asegu-
raría la riqueza y la prosperidad del Estado. Los fisiócratas no exhortaron a realizar
una transformación revolucionaria del régimen feudal, consideraban suficiente la
ayuda del poder real para modificarlo. Pero como lo acotara con acierto Marx, tras el
rótulo feudal, en realidad, comenzaba a tomar cuerpo en los fisiócratas la concepción
de la organización capitalista de la producción.

En Inglaterra, donde el régimen feudal fue quebrantado mucho antes que en


Francia y donde la burguesía actuaba ya sin subordinación, la economía política si-
guió un rumbo distinto, y sus más caracterizados representantes –los clásicos: Adam
Smith y David Ricardo– se liberaron definitivamente del iluso papel “transforma-
dor” del rey y el Estado. Según esta doctrina, la riqueza de los pueblos es creada por
el trabajo productivo (a diferencia de los fisiócratas, que consideraban como rama
productiva solo a la agricultura, ellos incluían también a la industria). ¿Pero quién
otorga al trabajo la posibilidad de producir riqueza? ¡Los empresarios!, quie-
nes organizan la producción, invierten su dinero en la industria o en la agricultura,
y de ese modo aseguran un salario a los obreros, una renta a los propietarios de la
tierra, impuestos al Estado, y una “modesta” renta sobre su capital para sí mismos.
Contribuir a la “riqueza de los pueblos” significa dar plena libertad de acción (por lo
que a esta concepción también se la conoce como liberalismo) a estos magnánimos
empresarios. El Estado debe eliminar todo aquello que los obstaculice, dejando que
la marcha económica de la sociedad solo sea regulada por la “sagrada” propiedad
privada capitalista de los medios de producción y la “libre competencia” basada en
la ley de la oferta y la demanda.

Al caracterizar a las raíces históricas de la teoría económica científica del


marxismo, Lenin señala que esta es continuación directa de la economía política
clásica inglesa. Pero, al referir el nexo histórico entre la economía política marxista
y la escuela clásica burguesa, se debe subrayar que Marx, una vez que hubo enmen-
dado las limitaciones de Smith, Ricardo y otros, continuó sus investigaciones a partir
del punto en que aquellos se habían detenido. Según él, la economía política es la
ciencia que trata el desarrollo de las relaciones sociales de producción; estudia las
leyes económicas que rigen la producción, la distribución, el cambio y el consumo
de los bienes materiales en la sociedad humana, durante sus diversas etapas. (Todo
lo aquí expuesto sobre el origen y la evolución de la Economía política no es más
que un esbozo inicial de la exposición contenida en el capítulo XXI del presente
compendio).

4. EL OBJETO DE ESTUDIO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

Todas las ciencias que reflejan el mundo que nos circunda se dividen en cien-
cias naturales (que estudian los fenómenos de la naturaleza, como la geología, bio-
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 47

logía, física, química, etc.) y ciencias sociales (que estudian los fenómenos de la
sociedad humana, como la historia, economía, antropología, filosofía, psicología, el
derecho, etc.). La economía política figura entre las ciencias sociales porque estudia
las leyes de la producción social y distribución de los bienes materiales en las dife-
rentes fases de desarrollo de la sociedad humana, o sea en el contexto de los distintos
sistemas o modos históricos de producción.

Todo proceso productivo presenta un aspecto técnico y un aspecto social. El


primero lo estudian las ciencias naturales y técnicas, es decir, la física, química,
metalurgia, mecánica, agronomía, etc. Mientras que la economía política estudia lo
segundo, que son las relaciones sociales de producción o sea las relaciones econó-
micas entre los hombres. “La economía política -escribe V. I. Lenin– no se ocupa en
modo alguno de la “producción” sino de las relaciones sociales de los hombres en la
producción, del régimen social de la producción” 10.

La economía política estudia las relaciones de producción en su interdepen-


dencia con las fuerzas productivas. Las fuerzas productivas y las relaciones de pro-
ducción, en conjunto, forman un sistema económico o modo de producción.

El elemento más dinámico y revolucionario de la producción son las fuerzas


productivas (y entre ellas la fuerza de trabajo). Por eso, el desarrollo de la produc-
ción parte siempre de los cambios operados en las fuerzas productivas y, principal-
mente, de los cambios y desarrollo de los instrumentos de producción, a tono con
los cuales se efectúan luego los cambios congruentes en el campo de las relaciones
de producción. Además, al desarrollarse las relaciones de producción entre los hom-
bres, de acuerdo con el progreso de las fuerzas productivas, influye activamente
sobre estas últimas.

Es necesario que las relaciones de producción sean congruentes con el carác-


ter de las fuerzas productivas de la sociedad para que estas puedan progresar más
o menos sin problemas que las obstaculicen. Las fuerzas productivas, al llegar a un
determinado nivel de su desarrollo, rebasan el marco existente de las relaciones de
producción y entran en conflicto con ellas. En consecuencia, las relaciones de pro-
ducción empiezan a frenar el desarrollo de las fuerzas productivas.

A consecuencia de ello, las viejas relaciones de producción se ven despla-


zadas, más tarde o más temprano, por otras nuevas más compatibles con el nuevo
nivel de desarrollo y con el carácter de las fuerzas productivas de la sociedad. Las
premisas materiales para el cambio surgen y se desarrollan en el seno del viejo modo
de producción; y las nuevas relaciones de producción desbrozan el camino para el
progreso y perfeccionamiento de las fuerzas productivas.

10 Lenin, Vladimir Ilich. El desarrollo del capitalismo en Rusia. Editorial Progreso. Moscú,1950, pp. 40-41.
48 Francisco Chaparro Zapana

Por tanto, la ley de la correspondencia entre las relaciones de producción y el


carácter de las fuerzas productivas es una ley económica del desarrollo de la sociedad.

En una sociedad basada en la propiedad privada y en la explotación del hom-


bre por el hombre, los conflictos entre las fuerzas productivas y las relaciones de
producción se expresan y materializan en la lucha de clases. En tales condiciones, la
sustitución del viejo modo de producción por el nuevo se lleva a cabo mediante la
transformación revolucionaria de la sociedad.

Las “relaciones de producción forman la estructura económica de la sociedad,


la base real sobre la que se levanta la supraestructura jurídica y política y a la que co-
rresponden determinadas formas de conciencia social”11. Y, a su vez, al formarse esta
supraestructura reacciona activamente sobre la base, acelerando o entorpeciendo su
desarrollo. Al cambiar la base económica de la sociedad, también cambia en forma
dialéctica la supraestructura.

La economía política estudia las relaciones de producción, la base estructural


de la sociedad y su interaccionar con la supraestructura, esto es, con la política, la
ideología, la jurisprudencia, las concepciones e instituciones socioculturales, etc.

La economía política estudia la producción material bajo su forma social his-


tóricamente determinada, y las leyes y tendencias económicas inherentes al modo de
producción correspondiente. La ley económica expresa la esencia de los fenómenos
y procesos económicos, el nexo causal, necesario y permanente, es decir, constante-
mente reiterado, y las relaciones de dependencia que conllevan estos fenómenos y
procesos.

La economía política “investiga, ante todo, las leyes específicas de cada fase
de desarrollo de la producción y del cambio. Solo después de haber realizado esta
investigación puede formular algunas leyes verdaderamente generales, aplicables a
la producción y al cambio en su conjunto”12. Por tanto, el desarrollo histórico de los
diferentes regímenes económico-sociales está determinado, al igual que las leyes
económicas específicas de cada fase, por las leyes económicas que rigen con carácter
universal para todos los modos de producción, como son, la ley de la corresponden-
cia de las relaciones de producción con el carácter de las fuerzas productivas; la ley
de la creciente productividad del trabajo; la ley de la división social del trabajo, y
otras. Lo que quiere decir que las formaciones sociales, aun diferenciándose las unas
de las otras por las leyes económicas específicas inherentes a un determinado modo
de producción, se hallan enlazadas entre sí por algunas leyes económicas de vigencia
general para todas las formaciones.

11 Marx, Carlos. “Contribución a la crítica de la economía política”, en C. Marx y F. Engels. Obras escogidas, óp. cit., p. 331.
12 Engels, Federico. El anti-Duhring. Berlín, 1955, p. 179.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 49

La economía política estudia los siguientes tipos fundamentales de relaciones


de producción conocidos por la historia: el régimen de la comunidad primitiva, el
régimen esclavista, el feudalismo, el capitalismo y el socialismo. La comunidad
primitiva es el régimen social anterior a la existencia de clases. Los otros representan
diferentes formas de sociedad basadas en la propiedad privada sobre los medios de
producción, en el sojuzgamiento y la explotación de las masas trabajadoras. El socia-
lismo es el régimen basado en la propiedad social sobre los medios de producción,
que tiende a eliminar la explotación del hombre por el hombre.

Estudia, además, la trayectoria de desarrollo que va desde las fases inferiores


y elementales de la producción social hasta sus fases superiores y más complejas.
Expone cómo nacen, se desarrollan y son derrocados los regímenes sociales basados
en la explotación del hombre por el hombre. Pone de manifiesto cómo todo el curso
del progreso histórico va preparando siempre el advenimiento de un sistema econó-
mico superior, del modo socialista de producción en definitiva.

Por consiguiente, la economía política es la ciencia del desarrollo de las


relaciones sociales de producción, es decir, de las relaciones económicas entre
los hombres, y esclarece las leyes que gobiernan la producción y la distribución
de los bienes materiales en la sociedad humana, a lo largo de las diversas fases
de su desarrollo.

5. EL MÉTODO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

5.1. La ciencia y el método científico en general


El término ciencia es una palabra de amplio uso en nuestros días, tanto por
los científicos y profesionales calificados como por la población en general, lo que
nos permite imaginar que la mayoría de las personas tenemos una idea más o menos
clara de su significado. No obstante, se debe precisar los aspectos formales y de con-
tenido que entrañan esta definición y otras conexas a ella.

La ciencia en su sentido más amplio es un sistema de conocimientos racio-


nales y verdaderos o probables sobre la naturaleza, la sociedad y el pensamiento
(de conceptos, categorías, principios, teorías, leyes y otras expresiones) obtenidos
como resultados de la investigación empleando el método científico y que encierra
en un determinado momento histórico todo el desarrollo del hombre 13. Y según lo
enunciado, a ello hay que agregar, fundamentalmente, que la ciencia es también
un método de acercamiento, un camino para llegar a la esencia de los fenómenos;
un medio de descubrimiento de las relaciones de causa-efecto, particular-general,

13 Sagaró del Campo, Nelsa María y Meydis María Macías Navarro. El método científico. Apuntes, p. 1. Fuente:
malito:nsagaroasierra.scu.sid.cu, publicado el 24/11/2005.
50 Francisco Chaparro Zapana

forma-contenido, etc. Así, para que la ciencia llegue a la predicción, lo hace solo
a condición de presentar un marco teórico que permita comprender el mundo en la
medida en que lo comprende por medio de la abstracción y al apropiarse de él, lo
transforma, transformándose a la vez a sí misma.

De este modo, el paso de lo abstracto a lo concreto y de lo concreto a lo abs-


tracto es el método específico de las ciencias sociales. Y la relación íntima entre la
teoría y la praxis aclara la confusión que existe entre la teoría y el fenómeno, entre
lo abstracto y lo concreto.

Son varias las propiedades que diferencian al conocimiento científico del no


científico (o vulgar), pero sin duda la discrepancia más sustancial radica en que el
primero se adquiere aplicando el denominado Método Científico, mientras que el
segundo se obtiene de forma coyuntural.

“El materialismo dialéctico dice que el método, o sea el camino o el medio


de conocimiento de la realidad, solamente puede considerarse científico cuando
refleja la verdad objetiva, las leyes objetivas por las que se rigen las relaciones
y la acción mutua entre los fenómenos reales, las leyes objetivas de su constante
cambio y desarrollo, leyes que son independientes de la conciencia y de la vo-
luntad de los hombres. Por esto, la exigencia más elevada del método dialéctico
es la comprobación de las leyes investigadas en la práctica y, ante todo, en la
práctica social, que es la base y el criterio para comprobar la verdad de nuestros
conocimientos de la naturaleza, de la sociedad y de nosotros mismos”14. Y para
el Diccionario de la Lengua Española, el método es un “modo ordenado de pro-
ceder para llegar a un resultado o fin determinado, especialmente para descubrir
la verdad y sistematizar los conocimientos”15.

El Método Científico se define como una regularidad interna del pensa-
miento humano empleada de forma consciente y planificada como un instru-
mento para explicar y transformar al mundo. De esta definición se desprende
que el método es el modo en que se actúa para conseguir un propósito, lo cual lleva
implícito la aplicación de un sistema de principios y normas de razonamiento que
permiten establecer conclusiones de forma objetiva, es decir, explicaciones de los
problemas investigados sobre determinado objeto de estudio.

14 Academia de Ciencias Pedagógicas de la RSSFR. Instituto de Investigación Científica. Psicología, México D. F.,
1960. Redactado por A. A. Smirnov, A. N. Leontiev, S. L. Rubinshtein y B. M. Tieplov, p. 28.
15 Diccionario de la Lengua Española, cita tomada de los apuntes de Sagaró del Campo, Nelsa María y Meydis María
Macías Navarro, El método científico, óp. cit, p. 2.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 51

CUADRO N.° 1: CLASIFICACIÓN DEL MÉTODO CIENTÍFICO*

Se emplea en todas las


esferas en la realidad y
Universal Materialismo dialéctico e histórico
todas las etapas del proceso
(Filosofía).

Observación
Empleado por todas las Empíricos Medición
Generales ciencias pero solo en Experimentación
determinadas etapas.
• Hipotético-
deductivo
• Análisis y
síntesis
• Deducción e
inducción
• Histórico y
Empleado en una sola Teóricos lógico
ciencia para investigar • Generalización
Particulares
determinado fenómeno de y abstracción
la realidad. • Inducción
matemática
• Ensayo clínico
• Intervención
comunitaria, etc.

Reproducido del cuadro N.° 1.1 de Sagaró del Campo, Nelsa María y Meydis María Macías Navarro, La ciencia y
la activida científica. El método científico, pp. 3-4.

Un verdadero método científico de obtención de conocimiento da la dirección


correcta al trabajo del investigador, le ayuda a escoger el camino más corto para el
logro de conocimientos verdaderos.

Con vistas a clasificar el Método Científico han surgido numerosos ejes taxo-
nómicos, de los cuales, por su grado de utilidad expositiva, abordamos el siguiente
que lo clasifica en:
a) método universal, b) métodos generales y c) métodos particulares. Esta
clasificación (ver: cuadro N.° 1) parte de los límites de las áreas de aplicación de los
métodos en el proceso cognitivo.

Según los teóricos marxista-leninistas, el método universal de la ciencia está


constituido exclusivamente por el materialismo dialéctico e histórico. Los méto-
52 Francisco Chaparro Zapana

dos generales resultan útiles para la obtención del conocimiento científico de varias
ciencias, en tanto que los métodos particulares son aquellos que se emplean en la
investigación en las diversas ramas de la ciencia (ciencias particulares).

La relación entre estos tres tipos de métodos es estrecha e interactuante. Así,


el método dialéctico e histórico señala la orientación general del proceso cognitivo,
revela los principios metodológicos del conocimiento16, pero no puede sustituir, ni
mucho menos, a todos los métodos de la lógica formal.

El materialismo histórico es la base científica (teoría y método) de las cien-


cias sociales (en especial, de la economía política). La interconexión de los fenóme-
nos conduce a la unidad y concatenación de las ciencias sociales. Ningún fenómeno
puede ser válidamente analizado con exclusión de los demás. Si bien los fenómenos
económicos adquieren un carácter fundamental, existe una relación dialéctica entre
estos y los fenómenos de la superestructura. Es por eso que ningún fenómeno social
puede ser aislado, en primer lugar, de su base económica, y por consiguiente de su
base social. Por ello la economía política no puede ser aislada de la sociología, o de
la antropología, etc. Por lo que a la historia se refiere, es la realidad social misma,
en su movimiento dialéctico, en su perpetuo devenir, fuera del cual ella no existe.
La integración total de la historia en la sociología es un principio fundamental de la
teoría marxista.

Las corrientes científicas en el mundo occidental están divididas, grosso


modo, en las corrientes que tienen como base el materialismo dialéctico e histórico y
las que no lo toman en cuenta (las de la economía política burguesa) como punto de
apoyo. La falta de esta base científica conduce al aislamiento de las diversas disci-
plinas científicas. Sin una teoría científica general se ven obligadas a elaborar teorías
parciales en el marco de cada disciplina particular. De este modo, se pierde de vista
(el panorama de) la conexión entre todos los fenómenos sociales. Es más, diríamos
en lo que respecta a las ciencias sociales, el hecho de que la ideología de las clases
dominantes exprese intereses que contradicen el desarrollo de la sociedad y el pro-
greso de las ciencias sociales conduce a la frustración y la confusión de las llamadas
teorías sociales que pierden de vista el conjunto, la totalidad social concreta.

5.2. Principios teóricos del método de investigación


El método de la economía política científica es el del materialismo dialéctico
e histórico. La economía política marxista aplica los principios del materialismo dia-
léctico e histórico al estudio de los regímenes económicos de la sociedad.

16 Dentro de ellos se incluyen, entre otros, el principio de la concatenación universal de los fenómenos, el de flexibilidad
y movilidad de los conceptos y representación es, el de historicismo, el de la objetividad y la multilateralidad en el
análisis del objeto de investigación. (Una exposición detallada se puede encontrar en Andreiev, Iván Amitrievich.
Problemas lógicos del conocimiento científico. Editorial Progreso. Moscú, 1984).
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 53

Al estudiar el régimen económico de la sociedad, la economía política, a di-


ferencia de las ciencias naturales, no puede recurrir a los ensayos y experimentos en
los laboratorios, donde el investigador prescinde de los fenómenos que entorpecen
el análisis del proceso bajo su forma más pura. Según Marx, “En el análisis de las
formas económicas de nada sirven el microscopio ni los reactivos químicos. El único
medio de que aquí disponemos es la capacidad de la abstracción”17.

Entre los rasgos distintivos de cada ciencia figuran las particularidades del
método de conocimiento, que están condicionadas por la especificidad del objeto que
se estudia. Es por ello que también la economía política, como rama independiente
de las ciencias económicas, o sea, con un objeto de estudio y con tareas propias,
posee un conjunto de rasgos específicos en el método de estudio, generalización y
exposición del material informativo o de análisis.

El problema del método de investigación es extraordinariamente importante


porque se refiere a los instrumentos con que se trabaja, al mecanismo interno de
la cognición científica y señala, al mismo tiempo, la cuestión de las posiciones de
enfoque desde las cuales se debe partir, los principios sobre la base de los cuales se
selecciona y se analiza el material de estudio. En resumen, los resultados a los que
llega el investigador dependen del método empleado.

El mérito revolucionario de la economía política científica radica en la elabora-


ción y aplicación de un método esencialmente nuevo a la investigación de las relaciones
económicas, basado en los principios de la objetividad dialéctica e histórica (la filosofía
provee a todas las ciencias de las posiciones iniciales en el método de cognición).

En el terreno de las relaciones económicas, los principios más importantes son:


a) Que lo primario que existe objetivamente en el desarrollo social es la vida
material (la producción material), cuyo proceso está subordinado a leyes.
b) Que al observar, estudiar y generalizar los fenómenos y procesos que ope-
ran en la producción material, los hombres conocemos sus causas, sus nexos e inter-
dependencias internas, es decir, descubrimos las leyes que regulan el desarrollo de
la producción social.
c) Que en el curso del estudio de cualquier fenómeno de la vida económica,
este debe ser examinado en interdependencia con los otros fenómenos y procesos
(simultáneos, anteriores y posteriores).
d) Que la vida económica, lo mismo que todos los otros aspectos de la natura-
leza y la sociedad, está en incesante proceso de movimiento, cambio y desarrollo.
e) Que el proceso de este desarrollo se da sobre la base de las leyes fundamen-
tales de la dialéctica: ley de la transición de la cantidad en calidad, ley de la unidad
y lucha de contrarios, y ley de la negación de la negación.

17 Marx, Carlos. El capital, óp. cit., T. 1, p. XIII.


54 Francisco Chaparro Zapana

Tales son las posiciones metodológicas iniciales sobre cuya base debe reali-
zarse cualquier investigación científica en el campo de la economía política. Solo
a partir de ellas se puede llegar a resultados auténticamente científicos. Porque el
propósito de la teoría –no solamente de la económica sino de la teoría general– es
predecir y explicar. Es decir, una teoría se abstrae de los detalles de un aconteci-
miento y concentra su atención en una o dos relaciones consideradas como las más
importantes para predecir y explicar el acontecimiento o fenómeno.

Asimismo, cada ciencia tiene también su método de investigación con parti-


cularidades específicas, un conjunto especial de procedimientos, medios y formas
de estudio, generalización y manejo científico del material. En consecuencia, ¿por
dónde se debe empezar la investigación? Guiándonos por los principios de la dia-
léctica materialista debemos apoyarnos en los hechos existentes objetivamente, por
ende, comenzar por reunir y estudiar los hechos y fenómenos de la realidad. “... En
todos los campos de la ciencia –anotó Engels en Dialéctica de la naturaleza–, tanto
en las naturales como en la historia, hay que partir de los hechos dados”18. “Hechos
exactos, hechos indiscutibles –señaló Lenin– (...) son especialmente necesarios si
queremos formarnos una idea justa de este problema complicado, difícil...”19.

La ciencia se asemeja a un árbol: por alto que se eleve su copa, sus raíces
siempre estarán en la tierra. Incluso las teorías científicas más abstractas tienen su
origen en el mundo realmente existente, en la práctica de la actividad humana, en los
hechos de la vida cotidiana. Por eso la recopilación de información sobre las relacio-
nes económicas de los hombres en la producción, la distribución, el intercambio y el
consumo; o la circulación de las mercancías y el dinero; las formas de los precios; el
salario y otros elementos de la vida económica de la sociedad, constituyen el inicio
del camino que recorre cada proceso de investigación económica.

Pero no todos los hechos y no toda recopilación de información son útiles


como base para extraer generalizaciones y conclusiones científicas. Aislados, disper-
sos, desgajados del vínculo general (esencial) no pueden servir de base a verdades
científicas. Porque con hechos y pequeñeces de ese tipo se puede “demostrar” cual-
quier cosa, por ejemplo, que el financista estafador Bernie Madoff es el hombre más
honrado de los EE. UU., o que el Papa es un conspicuo materialista.

5.3. Las etapas del proceso de la investigación científica


En consecuencia, hay una serie de exigencias para seleccionar los hechos que
se utilizan en la investigación científica: a) es necesario examinar no hechos aislados,
“desmembrados”, sino la totalidad de los mismos que atañe a uno u otro fenómeno

18 Engels, F. Dialéctica de la naturaleza. Ed. Cartago, Buenos Aires, 1975, p. 47.


19 Lenin, V. I. Obras completas, óp. cit., T. XXIV, p. 303.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 55

o proceso económico, que lo caracterice en todos sus aspectos. Un material fáctico


debe tener carácter masivo, lo que es especialmente importante para las investigacio-
nes político-económicas 20; b) los hechos (datos) deben ser fidedignos y reflejar en
forma correcta la realidad; y c) los hechos sometidos a análisis deben ser uniformes
y comparables.

De tal modo que ya la primera etapa de la cognición científica exige una


habilidad determinada bastante grande. La recopilación, selección, elaboración y
análisis de los hechos de la vida económica es tarea de varias disciplinas económi-
cas, sobre todo de la contabilidad, la estadística, la planificación, etc. Estas ciencias,
como auténticas pioneras, suministran el material fáctico a todas las otras disciplinas
económicas. Por eso, refiriéndose al significado que tienen para la economía política
los estrechos vínculos con las ciencias que le proporcionan material fáctico, Lenin
decía que: “No se puede estudiar economía política... sin conocimientos previos, sin
haberse familiarizado con los muchos e importantes problemas relativos a la historia,
la estadística”21.

Por consiguiente, el acopio de hechos, su elaboración por medio de procedi-


mientos estadísticos, matemáticos y otros, es la primera etapa de la cognición políti-
co-económica (igual que en otras ciencias). Se debe tener en cuenta que los hechos
no son toda la verdad, sino solo la materia prima de la cual se debe extraer la autén-
tica verdad. Por sí solos, los hechos aún no garantizan la obtención de conclusiones
teóricas y prácticas correctas. Para extraer conclusiones científicas de la masa de
hechos escogidos es preciso comprenderlos teóricamente.

Esta segunda etapa de la cognición científica es más importante y más com-


pleja. En el proceso de la captación teórica debe resolverse un conjunto de proble-
mas: primero, de la masa de material fáctico hay que tomar lo fundamental típico,
desechando todo lo casual y secundario; segundo, es preciso poner de manifiesto
los nexos recíprocos entre los diversos hechos o grupos de hechos (es decir, cumplir
una de las primordiales exigencias del método dialéctico); tercero, del sistema de
interconexiones establecidas deben destacarse las más esenciales, firmes, reiteradas,
los nexos causa-efecto. Dicho de otro modo, en el proceso de aprehensión teórica,
el investigador debe ir de la superficie de los fenómenos y procesos, o sea de lo que
ve y percibe directamente, hacia el interior de los mismos, revelando las leyes de su
movimiento y desarrollo. En el lenguaje de la ciencia esto se denomina movimiento
de la investigación de lo concreto a lo abstracto.

Las abstracciones científicas son conceptos elaborados por los hombres en el


proceso del pensamiento teórico, conceptos separados de la diversidad inmediata de

20 Se entiende que en la investigación es posible operar también con ejemplos aislados, pero deben ser hechos típicos,
confrontables con los datos masivos de la realidad.
21 Lenin, V. I. Obras completas, óp. cit., T. IV, p. 49.
56 Francisco Chaparro Zapana

los fenómenos concretos, pero que reflejan su contenido fundamental y característi-


co. El método de la abstracción científica es particularmente importante en economía
política, en la que, a diferencia de las ciencias naturales, no es posible crear condicio-
nes artificiales a fin de examinar uno u otro fenómeno en su forma pura. Por ejemplo,
no es posible crear y variar a voluntad de los investigadores “trocitos” y “núcleos”
de los distintos tipos de relaciones de producción, por ejemplo, organizar en algún
sitio “una región de esclavismo puro” o, menos aún, “una zona socialista en el seno
del capitalismo”.

Por supuesto que esto no quiere decir que en las ciencias económicas el expe-
rimento sea absolutamente imposible. Pero es mucho más complejo y, en ocasiones,
sencillamente imposible organizar un experimento de orden político-económico. “El
análisis de las formas económicas no cuenta con la ayuda del microscopio o de los
reactivos que proporciona la química; la abstracción es la única fuerza que puede
servirle de instrumento” 22.

La abstracción, es decir, la separación mental de cualquiera de los caracteres


secundarios, accesorios, colaterales, etc., del objeto o fenómeno que se investiga,
permite poner en evidencia sus rasgos más esenciales, determinar su contenido. Pero
a pesar de toda la importancia que tiene el método para estudiar las relaciones econó-
micas, debemos tener en cuenta que será un procedimiento de cognición realmente
científico si la abstracción posee un carácter racional, o sea, si no se aparta de la rea-
lidad, del contenido fundamental de los fenómenos y procesos objetos de estudio.

Cuando, por ejemplo, los economistas burgueses contemporáneos se dedican


a bosquejar infinidad de macro y micromodelos del funcionamiento de los diferentes
sistemas económicos (empresas, ramas, la economía del país en su totalidad) y lo
hacen apartándose del carácter de las relaciones de producción en el capitalismo,
de las contradicciones antagónicas que le son inherentes, estas no son abstracciones
científicas, sino escolásticas. No constituyen un procedimiento para conocer la reali-
dad, sino que las velan y tergiversan artificialmente. En esos casos, las abstracciones
se apartan de la verdadera ciencia e incluso pueden poner de cabeza la correlación
entre el ser y la conciencia, presentando a esta última (ideas, intenciones, deseos,
etc.) como desarrollo primario, determinante del mundo material.

El método de abstracción es un medio poderoso de cognición solo en caso de


que se base en los principios ya mencionados del materialismo dialéctico, cuando los
conceptos abstraídos reflejan no el “movimiento de la razón pura”, sino la realidad
objetivamente existente.

22 Marx, C. y F. Engels. Obras escogidas, óp. cit., T. I, pp. 21-22.


Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 57

Por consiguiente, en la etapa de aprehensión teórica de los hechos acumulados


y sistematizados es preciso guiarse por las reglas o más exactamente por las leyes
que rigen la investigación, y que surgen de la lógica dialéctica, a fin de que la labor
siga un curso acertado y científico.

La primera de ellas consiste en que los fenómenos y procesos complejos y


multifacéticos de la vida económica real sean divididos mentalmente en niveles, en
etapas diferentes. Así, por ejemplo, al examinar el sistema de relaciones de produc-
ción de cualquier formación económico-social, una vez separados sus elementos
componentes, se debe destacar de entre ellos las relaciones más simples, las que se
repiten más a menudo, para determinar de ese modo los puntos de partida de la in-
vestigación. Esas relaciones elementales, las más simples, del sistema capitalista son
la producción y el intercambio de mercancías. La mercancía es la célula primaria,
elemental del sistema de producción capitalista; por eso Marx comienza la investi-
gación del capitalismo precisamente por la mercancía.

Esta etapa del proceso de captación teórica es la del análisis23 en la cual el


pensamiento se mueve del objeto concreto, o sea real, complejo, multifacético, a lo
abstracto, a la elaboración de conceptos más simples y elementales, mediante los
cuales se investigan las distintas partes integrantes o aspectos del objeto.

Una vez cumplida la primera tarea es preciso pasar gradualmente de lo sim-
ple a lo más complejo, de las particularidades al todo. El ascenso de lo simple a lo
complejo es, a la vez, el movimiento de lo abstracto a lo concreto, es decir, de los
conceptos y categorías abstraídas a los procesos existentes en la realidad con su va-
riedad e interdependencia. Esta etapa es la síntesis.

Por consiguiente el proceso de aprehensión teórica consiste de dos partes o


etapas: análisis y síntesis, en las cuales el pensamiento se mueve de lo concreto a
lo abstracto y, a la inversa, de lo abstracto a lo concreto. En el curso del análisis se
ponen de manifiesto los rasgos característicos y esenciales de cada parte del objeto
investigado (por ejemplo, cierto sistema de relaciones económicas), se determinan
sus caracteres o propiedades primarias y derivadas, esenciales y no esenciales. Al
efectuar la síntesis se restablece el cuadro íntegro, o sea que el objeto investigado se
examina tal como existe en la realidad. Para aclarar lo dicho veamos el proceso eco-
nómico, bastante complejo, de circulación de las mercancías. Al analizar este proce-
so ponemos de relieve sus elementos: mercancías, dinero, precio, acto de compra-
venta, etc. Después de definir las propiedades de cada elemento, es decir, de destacar
los rasgos esenciales de la mercancía, el dinero, etc., podemos, mediante la síntesis

23 El concepto de análisis es –en este caso– la división mental del todo en sus partes. No se lo debe confundir con el
concepto usual de análisis como sinónimo de concepto de investigación. En el segundo caso, análisis constituye el
proceso de examen científico multilateral del objeto, aplicando todos los procedimientos y medios conocidos.
58 Francisco Chaparro Zapana

de los conocimientos obtenidos en el curso del análisis, llegar a una noción integral
sobre este proceso, pero ya en un nivel distinto de su cognición, más profundo que
el inicial.

Engels señaló que “el pensamiento científico consiste tanto de la división de


los objetos (por consiguiente, de los fenómenos y procesos) en elementos, como de
la unión de los elementos vinculados entre sí en un sistema, en una unidad, ya que
sin análisis no hay síntesis”24.

Un principio muy importante de la lógica dialéctica es combinar en la inves-


tigación lo lógico y lo histórico. Esta unidad deriva de que lo “lógico” (el concepto)
está condicionado por lo “histórico” (el mundo objetivo); es decir, la conciencia es
determinada por la existencia y la teoría, por la práctica.

Sin embargo, dicha unidad no significa identidad plena. Al caracterizar el mé-


todo de investigación aplicado por Marx en sus trabajos económicos, Engels ob-
servó que el método lógico de Marx es el mismo método histórico, pero corregido,
depurado de los detalles secundarios, de los zigzags y desviaciones de diverso tipo
que se producen en la historia. (De este modo, Marx examina en El capital la trans-
formación de la producción mercantil simple en producción mercantil capitalista, la
génesis de la renta del suelo y otros procesos de desarrollo del modo de producción
capitalista). Lo lógico como lo histórico “corregido” refleja más profundamente la
realidad que lo meramente histórico, repleto de una serie de hechos casuales.

Por último, al hablar de los rasgos que caracterizan el método de las investiga-
ciones político-económicas, es preciso señalar que cualquier trabajo científico en este
campo debe ser una unidad de análisis cualitativo y cuantitativo (y por consiguiente
de síntesis). Por la especial importancia que tiene este principio en las circunstancias
actuales, más adelante nos detendremos a estudiarlo de manera particular.

5.4. Los niveles cognitivos de las relaciones económicas


Después de haber dado una caracterización general de los rasgos básicos del
método que aplican las investigaciones político-económicas, podemos examinar
más concreta y demostrativamente los niveles y etapas del proceso cognitivo de las
relaciones económicas, cuyo estudio constituye la tarea fundamental de la economía
política de cada modo de producción.

El primer nivel de la cognición por los hombres de sus relaciones económicas


es el conocimiento empírico, que resulta de la observación y percepción directas de
los hechos que tienen lugar en la vida cotidiana. Se entiende que en la percepción

24 Marx, C. y F. Engels. Obras escogidas, óp. cit., T. VI, p. 39.


Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 59

(contemplación) directa solo se reflejan en la conciencia de los hombres los rasgos


exteriores, superficiales, de unos u otros fenómenos y procesos, así como también
las interconexiones superficiales entre los mismos (por ejemplo, las mercancías se
venden por dinero, y cuanto más cara es una mercancía es necesario pagar más di-
nero por ella).

Hay que hacer notar que ya la cognición empírica va elaborando algunos con-
ceptos e impone a los hombres determinadas reglas de conducta, pues se opera una
acumulación de experiencia y una adaptación intuitiva a las circunstancias. Así como
el herrero de una aldea que no tiene una noción clara de las leyes de la mecánica,
pero actúa en correspondencia con ellas, los pequeños comerciantes y artesanos no
conocían la ley del valor; sin embargo, basándose en la experiencia diaria, se adap-
taban a su acción al producir y vender sus mercancías.

Ya hemos señalado al comienzo de este capítulo, que la economía política


empezó a transformarse de ciencia descriptiva de la “administración de la casa” o
“administración del Estado” a una ciencia auténtica solamente cuando se desarro-
llaron suficientemente las relaciones capitalistas, tanto en la producción como en el
intercambio de mercancías, es decir, cuando estos procesos adquirieron un carác-
ter regular y masivo. Observarlos y generalizarlos permitió a los hombres captar el
contenido de estos procesos, responder a interrogantes del tipo: cómo y por qué las
mercancías se intercambian por dinero, en qué se basa la diferencia de precios de las
distintas mercancías. De este modo, en el proceso del conocimiento de la realidad se
fue operando el paso gradual de la contemplación directa (etapa empírica) al pensa-
miento teórico abstracto. En su curso, a medida que el pensamiento se movía de la
superficie de los fenómenos y procesos hacia su profundidad, se iban precisando y
modificando sus nociones anteriores sobre uno u otro objeto (se pueden comparar,
por ejemplo, las ideas sobre las fuentes de la riqueza de la sociedad en los mercanti-
listas, los fisiócratas y los clásicos ingleses de la economía política burguesa).

Es preciso advertir que el conocimiento de la realidad, en especial su capta-


ción teórica, es un proceso prolongado y en constante desarrollo. Para que adopte
un carácter científico hace falta –además de hechos masivos– un método correcto de
estudio. Y aunque los representantes de la economía política clásica burguesa dieron
un enorme paso en lo referente a la transformación de los conocimientos económicos
en ciencia, su imagen teórica del sistema capitalista distaba de reflejar plenamente
la realidad, porque no llegaron a conocer el método de la dialéctica materialista. Por
eso, solamente Marx y Engels dotaron de una auténtica base científica al proceso de
cognición de las relaciones económicas.

Durante el estudio y aprehensión teórica de la realidad, los diversos aspectos y


procesos del sistema de relaciones económicas son registrados por la conciencia en
forma de conceptos lógicos generalizados o categorías económicas.
60 Francisco Chaparro Zapana

Como todas las categorías científicas, las económicas son peldaños lógicos en
la escalera infinita de la cognición del mundo objetivo que nos rodea. Fijan y graban
los conocimientos obtenidos en el proceso de la cognición. “Las categorías econó-
micas –señaló Marx– no son más que expresiones teóricas, abstracciones de las rela-
ciones sociales de producción” 25. La particularidad fundamental de estas categorías
consiste en que son efímeras en su mayoría, porque las relaciones económicas que
se reflejan en ellas están en un proceso incesante de modificación y desarrollo. Por
eso, “estas categorías tan poco son eternas como las relaciones a las que sirven de
expresión. Son productos históricos y transitorios” 26.

Existen, por cierto, categorías que reflejan las condiciones más generales de
la producción social tales como los elementos integrantes de las fuerzas productivas
y los vínculos entre ellas, por ejemplo, “producción de bienes materiales”, “produc-
tividad del trabajo social”, “medios de producción”, “fuerza de trabajo”, “división
del trabajo”, “producto social global”, etc. En cierto sentido se puede decir que son
verdades eternas. Pero la cantidad de dichas categorías es limitada, y operando solo
con ellas es imposible descubrir y comprender los rasgos característicos y las parti-
cularidades de un sistema económico históricamente determinado.

Cada sistema o modo de producción, que se distingue por su tipo de relacio-


nes de producción, posee también su propio sistema de categorías económicas. Por
ejemplo, son categorías específicas de la producción capitalista: “propiedad capita-
lista de los medios de producción”, “mercancía-fuerza de trabajo”, “trabajo asalaria-
do”, “capital”, “plusvalía”, “ganancia”, “competencia”, etc.

La deducción de las categorías económicas es un paso muy importante, pero


no el último en el camino que lleva a penetrar en la esencia de las relaciones eco-
nómicas. Por medio de las categorías estudiamos algunos aspectos, formas y condi-
ciones de la vida económica de la sociedad, ascendiendo poco a poco en espiral los
peldaños del conocimiento científico: de lo inferior a lo superior y de lo simple a lo
complejo.

El paso más importante y más complejo en el proceso de aprehensión cientí-


fica de la realidad es aclarar y descubrir las leyes económicas objetivas inherentes a
cada sistema de relaciones de producción, lo cual constituye precisamente la meta
fundamental de la economía política. No es casual que Engels, al definir su conteni-
do subrayara que “es la ciencia de las leyes que rigen la producción y el intercambio
de los medios materiales de vida en la sociedad humana” 27.

25 Ibídem, T. VII, p. 74.


26 Ibídem.
27 Ibídem, T. VI, p. 121.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 61

Para responder a la pregunta: ¿qué es una ley económica?, nos remitimos a la


tesis de Lenin sobre el concepto de leyes de la ciencia en general. “Ley es lo perma-
nente (lo persistente) en los fenómenos (...). Ley y esencia son conceptos del mismo
tipo (del mismo orden); o más bien del mismo grado, y expresa la profundización del
conocimiento, por el hombre, de los fenómenos del mundo, etc.” 28. “El concepto de
ley es una de las etapas de la cognición por el hombre de la unidad y de la conexión,
de la dependencia recíproca y la totalidad del proceso mundial” 29.

Teniendo como base estas tesis podemos determinar que la ley económica es
el nexo y la interdependencia permanente, esencial, causa-efecto en los fenómenos
y procesos de la vida económica de la sociedad.

El desarrollo económico de la sociedad es regulado por la acción de leyes


objetivas. Las leyes surgen, independientemente de la voluntad de los hombres, a
consecuencia de determinadas condiciones económicas, cuya vigencia se extingue al
desaparecer las mismas. Las leyes económicas regulan el desarrollo de las relaciones
de producción; gobiernan las relaciones sociales de producción y distribución de los
bienes materiales y espirituales de la sociedad.

Los hombres no pueden destruir ni crear a su antojo las leyes económicas.


Pueden únicamente llegar a conocerlas y apoyarse en ellas para hacer cambiar las
condiciones económicas en interés de la sociedad. Pero, actuando sobre la vida eco-
nómica en consonancia con las leyes que se conocen y con las necesidades ya madu-
ras de su desarrollo, los hombres contribuyen a que surjan nuevas relaciones econó-
micas con nuevas leyes inherentes a ellas.

En una sociedad clasista, la utilización de las leyes económicas tiene siem-


pre un carácter de clase. Las clases de avanzada o de vanguardia de la formación
socioeconómica de que se trata se valen de las leyes económicas para impulsar el
desarrollo progresivo de la sociedad, mientras que las clases caducas y conservado-
ras se oponen a ello.

Cada modo de producción lleva consigo su ley económica fundamental.


Esta expresa la esencia del modo de producción de que se trata; es la ley que rige
su movimiento y define la trayectoria central de desarrollo de la sociedad. Además,
se halla en interdependencia con las demás leyes económicas de la sociedad en
cuestión y ejerce sobre ellas una influencia predominante.

28 Lenin, V. I., Obras completas, óp. cit., T. XLII, p. 146.


29 Ibídem.
62 Francisco Chaparro Zapana

Tanto las categorías como las leyes económicas reflejan una misma realidad
objetiva, o sea, las relaciones sociales de producción de los hombres; esto las une y
las hace semejantes entre sí. En cierto sentido, se puede decir que la ley es también
una categoría del conocimiento científico. Pero mientras que en las categorías eco-
nómicas se ilumina, se destaca un aspecto cualquiera o una faceta de las relaciones
de producción, la esencia de un fenómeno (por ejemplo, de la mercancía, el dinero,
la fuerza de trabajo, el salario, etc.), en las leyes económicas se descubre la interco-
nexión, la dependencia interna de algunos o muchos fenómenos del mismo orden.
En otras palabras, en las categorías se registra lo estático, en tanto que en las leyes se
expresa la dinámica, los procesos de movimiento y desarrollo de la vida económica
de la sociedad. La deducción de las categorías es resultado del análisis, el estableci-
miento de las leyes es fruto de la síntesis científica.

Lo dicho evidencia que la revelación de las leyes económicas constituye la


etapa más elevada de la cognición científica, la cual puede llevarse a cabo solo sobre
la base de la definición previa de las categorías económicas. Por ende, descubrir y
estudiar las leyes económicas es la tarea primordial de la economía política.

6. EL CARÁCTER CLASISTA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

En la sociedad de clases, toda ciencia, sea esta una ciencia natural o social, es
instrumento de la lucha de clases, puesto que cada clase la utiliza en su propio prove-
cho y para el logro de sus objetivos. Ello sucede también con la Economía política al
estudiar los problemas reales y de más candente actualidad que afectan los intereses
vitales de las diferentes clases de la sociedad. Sin embargo, el contenido, los datos
objetivos de las ciencias que estudian la naturaleza y se ocupan del aspecto técnico
de la producción son indiferentes respecto a las clases sociales, ya que se ocupan de
las relaciones entre el hombre y la naturaleza, de los procesos concretos de la pro-
ducción material. Por tanto estas ciencias pueden ser utilizadas en igual medida por
los integrantes de diferentes clases, en beneficio de cualquiera de ellas. Por ejemplo,
la ley de la gravitación universal ha servido con igual éxito y sigue sirviendo a todas
las clases de la sociedad. Mas el hecho de que las ciencias naturales, según su índole,
no sean clasistas en su esencia, no descarta la posibilidad de su uso partidista.

Tampoco las ciencias naturales y técnicas se desarrollan al margen de deter-


minadas relaciones de producción. Los intereses y los criterios de la clase dominante
influyen en su metodología o en su interpretación filosófica de las conclusiones. La
clase dominante, sea cual fuere la sociedad, tiende a aprovecharse de la ciencia para
su propio interés. La burguesía, por ejemplo, propende a la utilización de datos de
las ciencias naturales y técnicas para incrementar sus ganancias. A diferencia de las
ciencias naturales y técnicas, la Economía política es clasista y partidista incluso por
su contenido. Dado que estudia las leyes de la aparición, desarrollo y extinción de
los diversos períodos y fases de la producción y, por consiguiente, de las diversas
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 63

clases de la sociedad, se ocupa de los intereses más vitales de todas estas, y explica
el hecho de que las distintas clases enfoquen y aprecien de manera distinta tales o
cuales fenómenos de la vida económica.

Por eso, refiriéndose a la Economía política en la sociedad burguesa, Marx


advirtió que “la libre investigación científica tiene que luchar con enemigos que
otras ciencias no conocen. El carácter especial de la materia investigada levanta
contra ella las pasiones más violentas, más mezquinas y más repugnantes que anidan
en el pecho humano: la furia del interés privado. La venerable Iglesia Anglicana, por
ejemplo, perdona de mejor grado que se nieguen 38 de sus 39 artículos de fe que el
que se le prive de un 1/39 de sus ingresos pecuniarios” 30.

Así se explica, precisamente, por qué no existe una Economía política úni-
ca, imparcial y común a todas las clases de la sociedad, sino que existen varias: la
Economía política burguesa, la proletaria y la pequeño-burguesa (de las clases
medias). De ahí se desprende que los economistas burgueses se equivocan de medio
a medio al afirmar que la economía política es una ciencia neutral, situada al margen
de los partidos, que nada tiene que ver con la lucha de clases que se libra en el seno
de la sociedad capitalista ni guarda relación, abierta o embozadamente, con ninguna
agrupación política.

¿Es posible una economía política objetiva, imparcial, que no tema a la ver-
dad? Sí, sin duda que es posible. Pero esta solamente puede ser la de las clases, que
no se hallan interesadas en ocultar las contradicciones; las lacras del capitalismo; las
clases cuyos intereses se confunden con la meta de liberar a la sociedad de la explo-
tación y se identifican con los intereses del desarrollo progresivo de la humanidad.
Estas son las clases trabajadoras, en especial la clase obrera. Por tanto, no hay ni pue-
de haber más economía política objetiva que la que se apoya en los intereses de las
clases explotadas. Y esta es la economía política marxista científicamente objetiva.

La economía política burguesa nació en el período en que la clase represen-


tada luchaba contra el feudalismo con vistas a consolidar el régimen de producción
capitalista. Mientras la burguesía era una clase progresista, sus intereses coincidían
en cierta medida con el curso objetivo del desarrollo económico de la sociedad. En-
tonces estaba interesada en el estudio objetivo de las leyes de la realidad económica.
Los clásicos de la economía política burguesa, Adam Smith y David Ricardo, podían
hasta cierto punto combinar en sus obras el partidismo burgués con la exposición
objetiva y con la escrupulosa investigación científica, aunque su partidismo no podía
menos que conducirles a la distorsión y el subjetivismo en cuanto a las apreciaciones
de las perspectivas del desarrollo histórico de la sociedad capitalista.

30 Marx, Carlos. El capital, óp. cit., T. 1, p. XII (Prólogo).


64 Francisco Chaparro Zapana

Con la evolución del capitalismo y al incrementarse la lucha de clases, cuando


el proletariado sale a la palestra como clase independiente, la burguesía deja de ser
una clase progresista, y su economía política pasa al campo de lo anticientífico y lo
vulgar. En vez de descubrir las leyes del desarrollo del capitalismo, pretende lograr
un fin: negar, ocultar y distorsionar las contradicciones flagrantes del capitalismo y,
con ello, poner a salvo su existencia, al extremo de sostener que sus estructuras son
imperecederas31.

Los dirigentes y teóricos más destacados de la clase obrera, Carlos Marx y Fe-
derico Engels, fueron también los fundadores de la Economía política proletaria. En
su genial obra El capital, Marx descubrió las leyes sobre la aparición, el desarrollo y
el hundimiento del capitalismo y señaló los fundamentos económicos sobre los que
descansa el carácter inevitable de la revolución socialista. Marx y Engels expusieron
en sus rasgos más generales la doctrina del período de transición del capitalismo al
socialismo, cuyos postulados son totalmente compatibles con las necesidades de la
democratización y la moralización de la sociedad capitalista contemporánea.

La teoría económica marxista encontró posteriormente en Vladimir Ilich Le-


nin, fundador del Partido Comunista y del Estado Soviético, al genial continuador
de la obra de Marx y Engels. Lenin creó la teoría económica marxista de la etapa del
capitalismo imperialista y la nueva teoría de la revolución socialista. Por tanto, estos
tres pensadores fueron los que crearon la economía política objetivamente científica,
la que pe rtrecha a la clase obrera y a toda la humanidad progresista con una podero-
sa arma ideológica en su lucha por liberarse de la explotación capitalista. La fuerza
vital de la teoría económica del marxismo-leninismo reside en que fortalece a las
masas trabajadoras con el conocimiento de las leyes del desarrollo económico de la
sociedad, les da claridad de perspectivas y les infunde la convicción científica del
triunfo final del socialismo, de un mundo nuevo sin explotadores ni explotados.

31 Ver: Fukuyama, Francis. El fin de la Historia y el último hombre. Buenos Aires, 1998. Toffler, Alvin. El shock del futuro.
Barcelona, 1980; y otros.
CAPÍTULO II

El sistema económico o modo de producción


comunal primitivo

La información para el estudio del primer sistema económico-social de la his-


toria de la humanidad nos la proporcionan ciencias como la antropología, paleonto-
logía, geología, arqueología, etnografía, lingüística, entre otras.
El estudio del régimen comunal primitivo, aunque muy lejano para nosotros,
es de enorme importancia en la historia de la sociedad humana, porque en ella co-
menzaron a formarse los primeros elementos básicos de toda la evolución posterior
de la vida material y espiritual del hombre (capacidades productivas y hábitos de
consumo, normas de convivencia, etc.). Por eso cuando estudiamos los fenómenos
económico-sociales contemporáneos de mayor complejidad para alcanzar un cono-
cimiento coherentemente científico, casi siempre debemos escudriñar sus raíces en
las entrañas de la sociedad primitiva.
La época del régimen comunal primitivo (que duró aproximadamente hasta
el IV milenio antes de nuestra era, para los pueblos más adelantados de entonces)
comprende varias fases y especies intermedias. Esta época se caracteriza por la sepa-
ración del hombre del reino animal, o sea su tránsito del estado zoológico al estado
social. Según el esquema de periodización histórica de Engels y Lewis Henry Mor-
gan, esta época comprende dos grandes tramos: la etapa pregentilicia (o período del
estado salvaje, anterior a las “gens”) y la etapa gentilicia (o período de la barbarie,
o de las “gens”)1.

1. ETAPA DEL SALVAJISMO O DEL RÉGIMEN PREGENTILICIO:


SURGIMIENTO Y FORMACIÓN DEL HOMBRE

1.1. Estadio inferior del salvajismo: situación de completa dependencia del


hombre de la naturaleza
Hace aproximadamente 30 millones de años habitaron la Tierra los Parapite-
cos, variedad más remota de simios que dio origen a los Driopitecos que, según la

1 Ver: Engels, Federico. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Marx, C. y Engels F. Obras escogidas.
T. 21. (cita traducida del ruso por Francisco Chaparro Zapana).
66 Francisco Chaparro Zapana

ciencia, constituyen el tronco ancestral común más remoto del hombre y de los an-
tropomorfos actuales. Hacia los 7 millones y los 300 000 mil años atrás2, entre fines
de la era terciaria y comienzos de la cuaternaria, en diversas regiones templadas y
húmedas de África, Europa y Asia habitaron diversos especímenes de antropoides
altamente desarrollados (de caminar casi regularmente erguido y con una masa encé-
falo-craneana que bordeaba entre los 600 y 900 gramos), como el ATLANTROPO,
el AUSTRALOPITECO, el PITECÁNTROPO, el SINÁNTROPO, etc., dentro de
los cuales, a través de un largo proceso de desarrollo de sus habilidades productivas
de trabajo semiinstintivo, emergió el Homo sapiens3, entre los 600 y 300 mil años
a.n.e., aproximadamente. Su aparición representa, pues, una de las más grandiosas
transformaciones operadas en el desarrollo de la naturaleza.

El hombre en su primer estadio de desarrollo, durante la época pregentilicia, o


período de transición de la fase animal a la social, vive un largo tiempo consumiendo
plantas, frutas, semillas, raíces y algunos animales menores, a los que él accede con
su incipiente actividad “productiva”, cuya práctica continua le permite adoptar gra-
dualmente la posición de caminar erguido y desarrollar, al mismo tiempo, el pulgar
opuesto a los demás dedos de la mano, por lo que podía coger los objetos con mucha
más ventaja que los demás antropoides4. Esta transformación se inicia cuando los
antepasados comienzan a usar productos de la naturaleza como instrumentos de tra-
bajo. Sin embargo, la diferencia definitiva entre el hombre y los animales arranca del
momento en que él crea sus propios instrumentos de trabajo, por más rudimentarios
que hayan sido aún. En cambio, los simios podrán continuar usando el palo o la pie-
dra para derribar los frutos del árbol, para atacar o para defenderse, pero hasta ahora
no han llegado nunca a producir el más rústico de los instrumentos de trabajo.

2 National Geographic Channel, junio-2006. El Comercio, suplemento El Dominical, 02.01.2005, pp. 1 y 8-9.
3 Visto desde la perspectiva de las ciencias naturales, el hombre es un ser constituido de acuerdo a las leyes que
rigen el conjunto entero de la naturaleza. Las ciencias biológicas lo consideran como una especie incluida dentro del
orden zoológico de los primates. Hoy ningún biólogo pone en duda la teoría de la evolución de las especies, según
la cual unas especies han surgido de otras, siguiendo un proceso de desenvolvimiento que se remonta a la aparición
de la vida sobre la Tierra hace mucho más de mil millones años.
4 La originalidad biológica humana “puede determinarse teniendo en cuenta los siguientes rasgos: posición vertical,
erecta; constitución y uso de la mano como órgano de aprehensión; rostro pequeño en relación al volumen del
cráneo; un cerebro excepcionalmente grande; y órganos de fonación especiales. Es su unidad dinámica la que da
al hombre originalidad biológica. Estos rasgos son particularmente importantes tomados en conjunto y consideran-
do su funcionamiento correlacionado. Cada uno de ellos está vinculado con los otros en su surgimiento evolutivo.
En efecto, la posición vertical ha posibilitado la liberación de las manos y su especialización como órgano prensor
para el trabajo, lo cual ha permitido a su vez la liberación de las mandíbulas y su orientación hacia los usos de la
fonación. El aligeramiento de las mandíbulas ha hecho posible el crecimiento del cráneo en la medida necesaria
para permitir una gran expansión del cerebro. Por su parte, el cerebro así desarrollado ha determinado el desen-
volvimiento del lenguaje articulado y este, a su vez, por el paso de la expresión oral a la escritura, una acentuación
del uso instrumental de la mano. Es preciso también destacar que el cerebro del hombre es notable no solo por su
tamaño, es decir, por el número de neuronas que lo componen (catorce mil millones), sino además y sobre todo
por la complejidad y variedad de las relaciones nerviosas que ese gran número de células permite, o sea, por su
enorme riqueza funcional. Considerando todos estos caracteres y sus interconexiones se puede pues decir que el
tipo humano es una nueva estructura biológica en movimiento. (Salazar Bondy, Augusto y Francisco Miró Quesada.
Introducción a la Filosofía y la Lógica. Lima. Ed. Universo; 1978, pp. 15-16.; palabras en cursiva y negrita por F.
Ch .Z.).
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 67

Desde esta perspectiva resulta interesante determinar el salto dialéctico en


donde las leyes de la evolución biológica quedan subsumidas por las leyes de la evo-
lución histórica, es decir, el punto crítico en donde se puede legítimamente hablar de
la historia humana en lugar de la evolución natural. La historia humana –si bien se
divide convencionalmente a la historia en el sentido más amplio– existe desde que
los homínidos fueron capaces de transformar de manera más o menos consciente su
propio entorno y con ello transformarse a sí mismos y sus relaciones sociales (crean-
do cultura, lenguaje, arte, instituciones sociales y estatales, etc.)5.

Durante centenares de miles de años, el hombre primitivo vivió principal-


mente de la recolección de productos alimenticios de la naturaleza, cuya labor la
realizaba colectivamente con ayuda de herramientas muy rústicas, utilizando piedras
y palos tal como se encontraban. Entre el estadio de la utilización de piedras y palos,
tomados y usados en su estado natural, y el de su elaboración, media una época muy
larga en la que, si bien los instrumentos aún no eran elaborados en lo mínimo, no
todos los palos y piedras eran considerados como instrumentos aptos, sino que eran
escogidos del derredor con cierto criterio. La existencia de la comunidad primitiva
se inició el día en que el hombre dejó de buscar por la mañana la piedra y el bastón
necesarios para procurarse el alimento, y lo consiguió con la piedra y el palo que
había recogido y conservado del día anterior, o quizá del día tras anterior aun; es
decir, cuando empezó a agenciarse su propio alimento provisto con los instrumentos
usados ya con anterioridad.

Entonces, la fabricación de herramientas, la transformación social del hombre


conjuntamente con sus herramientas (conjunto llamado fuerzas productivas), consti-
tuye la clave de la historia humana porque es el factor decisivo que nos diferencia del
resto del reino animal y nos sitúa en el terreno de la sociedad humana: una realidad
cambiante que se emancipa de las leyes de la biología y que se rige por las leyes
objetivas de la historia; leyes descubiertas por Marx y Engels. Por eso en el estudio
del surgimiento y desarrollo dialéctico de los primeros homínidos se encuentran las
claves del desarrollo y funcionamiento del cerebro y la ruta que nos lleva del “mono”
al hombre; los elementos que nos conducen, pues, de la evolución biológica a la
historia humana se encuentran en germen en estos antepasados de más de 6 millones
de años de antigüedad, en ellos residen las claves del surgimiento de la historia: la
locomoción bípeda y una mano estructuralmente capaz de fabricar herramientas.

La esencia del ser humano radica en la capacidad de transformar su entorno,


sus relaciones sociales y a si mismo por medio del desarrollo de herramientas, en

5 No obstante, Marx afirma en la ideología alemana que solo con las revoluciones socialistas comienza la historia de
la humanidad y constituye su prehistoria.
68 Francisco Chaparro Zapana

supeditar la naturaleza a sus propìas relaciones sociales objetivas que reflejan el


desarrollo de las fuerzas productivas, un desarrollo que no depende esencialmente
de la subjetividad humana, sino que, al contrario, refleja e interactúa dialécticamente
con su base material. No existe una esencia metafísica, inmutable, separada del des-
envolvimiento histórico humano; paradójica y dialécticamente la esencia humana es
permanentemente cambiante, y está dada en la transformación conciente del medio
por el hombre, a través de la creación y transformación de ciencia y tecnología y
gracias a ello la transformación del hombre en sus relaciones sociales, físicas e in-
telectuales.

Así, el trabajo realizado sistemáticamente contribuyó a transformar todo el or-


ganismo humano, consolidando definitivamente su posición vertical y diferenciando
completamente sus extremidades anteriores de las posteriores. Asimismo, gracias a
la utilización de los instrumentos naturales, inicialmente, los hombres primitivos po-
dían alimentarse no solo de vegetales, sino también de la carne de diferentes anima-
les, que regularmente les suministraba las proteínas indispensables para el desarrollo
de todo el organismo y en especial del cerebro. Debido al desarrollo del cerebro, el
trabajo poco a poco fue dejando de ser una actividad enteramente instintiva para
tornarse cada vez más consciente.

Simultáneamente, en todo este proceso va surgiendo y desarrollándose el len-


guaje articulado como medio de comunicación. En los inicios, cuando los hombres
vivían en grupos muy pequeños, a lo más de 15 a 25 individuos, la comunicación se
hacía a través de gritos y gestos (modulados con diferentes intensidades de acuerdo
con lo que se pretendía expresar, transmitiéndose solamente las ideas más sencillas
y rudimentarias), que se van transformando gradualmente en sílabas y palabras aún
poco coherentes. Los hombres tienen la necesidad de sintetizar las imágenes de la
realidad que los circunda en conceptos que se expresan a través de las palabras. Por
eso, más tarde, cuando los hombres viven ya en grandes grupos aislados entre sí,
estas palabras llegan a configurar los idiomas, los cuales son diferentes del resto de
lenguajes articulados de los demás grupos humanos. Así, el lenguaje desempeña la
función de instrumento imprescindible del desarrollo de la sociedad, permitiendo
sobre todo la comunicación en la organización y la ejecución mancomunadas de las
actividades productivas de los hombres.

“Por lo demás, el habla no es únicamente un vehículo por medio del cual


los padres transmiten sus propias experiencias a los hijos. También es un medio de
comunicación entre todos lo miembros de un grupo humano que habla el mismo
lenguaje, o sea, que observa convenciones comunes respecto a la pronunciación de
los sonidos y a los significados atribuidos a ellos. Cada uno de los miembros puede
comunicar a los demás lo que ha visto y hecho, y todos pueden comparar sus accio-
nes y reacciones. Así se mancomunan las experiencias de todo el grupo. Lo que los
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 69

padres imparten a sus hijos no son simplemente las lecciones de su propia experien-
cia personal, sino algo mucho más amplio: la experiencia colectiva del grupo. Tal
es la tradición que pasa de generación en generación, cuyo método de transmisión,
con ayuda del lenguaje, parece ser una peculiaridad de la familia humana Y esta
peculiaridad constituye la diferencia vital definitiva entre la evolución orgánica y el
progreso humano”6.

Como los antepasados más remotos del hombre, que vivían en el mundo
animal en manadas salvajes, también los primeros hombres vivieron en manadas y
hordas semisalvajes. Simultáneamente a la aparición del hombre surgió la sociedad
humana. A lo largo de un proceso de desarrollo bastante prolongado, fueron estre-
chándose entre los hombres relaciones diferentes a las del mundo animal, relaciones
económicas y socioculturales basadas en el trabajo. A diferencia de sus predecesores,
solo el hombre comenzó a producir los medios de sustento necesarios valiéndose de
instrumentos de trabajo.

La escasez de alimentos motivaba, a veces, que se manifestase entre los hom-


bres primitivos la antropofagia. En aquel entonces dependían casi íntegramente de
la naturaleza que los circundaba. El proceso que permitió al hombre dominar las
fuerzas de la naturaleza transcurrió con extremada lentitud, porque sus instrumentos
de trabajo eran también extremadamente rudimentarios. Entre las primeras herra-
mientas toscamente talladas que actuaban potenciando artificialmente los órganos
de su cuerpo destacan: la piedra, que ejercía como la prolongación del puño para la
acción de golpear; y el palo, como la prolongación del brazo extendido para coger,
empujar o golpear.

En aquella fase más remota de la época pregentilicia, las condiciones de vida


del hombre eran muy precarias. Por lo general los hombres estaban subalimentados,
y el alimento, además de insuficiente en cantidad, era pésimo en su calidad nutriti-
va. Por tanto, la fuerza de trabajo que podían desplegar era mínima. Graham Clark
ilustra de manera muy elocuente esta situación, suponiendo que “si fijamos la fuerza
de un hombre en un décimo de caballo de fuerza y consideramos que la fuerza de
los niños, de los ancianos y de los enfermos era inferior, nos encontramos con que la
energía máxima de los mayores grupos sociales de la edad salvaje alcanzaban apenas
un caballo de fuerza. Comparada con la unidad de medida moderna, la energía total
de los hombres que vivieron en Europa en la edad salvaje no superó quizá nunca a
la energía de un cuatrimotor de bombardeo. También se debe tener presente que esta
fuente de energía tan magra solo podía ser utilizada de manera insuficiente, por las

6 Childe, Gordon. Los orígenes de la civilización.htm//www.noda50.org/ciencia_popular/articulos/childe.htm


- 07/07/2009
70 Francisco Chaparro Zapana

malas condiciones de alimentación y por la consiguiente incapacidad para trabajar


en forma continuada durante un período muy prolongado”7.

En aquella época no hubo en general ninguna forma de división del trabajo,


ni siquiera entre los sexos, porque varones y mujeres compartían actividades pro-
ductivas del mismo género. Por eso, durante mucho tiempo, el trabajo del hombre
primitivo a duras penas rendía solo el producto necesario para satisfacer sus necesi-
dades de vida más elementales, era todavía incapaz de crear el excedente económico
o plusproducto.

1.2. Estadio intermedio del salvajismo: producción de los primeros instru-


mentos de trabajo
El hombre “completo”, el hombre que produce instrumentos y que utiliza el
fuego, vive en un nivel relativamente superior al del ser primitivo y prehumano del
primer estadio de la época salvaje. Por una parte, ya no utiliza palos y piedras tal
como caen en sus manos, sino que los trabaja; por otra, ya no vive solo de los frutos
de la naturaleza que recoge afanosamente, buscándolos por aquí y por allá, sino que
está en condiciones de proveerse medios de alimentación que hasta ahora le eran
inaccesibles, que solo la caza y la pesca los convierten en su presa.

Pero aún tienen lugar otras transformaciones: las mejores condiciones de ali-
mentación requieren que se extienda el espacio vital de los hombres. El territorio
dentro del cual buscan sus medios de sustento se amplía extraordinariamente hasta
abarcar centenares de kilómetros, que son recorridos durante el año para proveerse
de carne en mayor abundancia. La captura de peces para la alimentación restringe,
por otra aparte, la superficie a través de la cual deben desplazarse los hombres en
busca de aquellos medios. En parte, la pesca empieza a emancipar a los hombres de
las estaciones, y hacia fines de la época salvaje, en el período de transición a la bar-
barie los conduce a cierto estado sedentario. Los primeros campamentos con alguna
estabilidad estaban situados en zonas donde los hombres podían vivir, en proporción
no desechable, de la pesca. Sin embargo, la actividad de la mujer, que recolecta
plantas, frutos, raíces, semillas, etc., conserva gran importancia tanto en las tribus de
cazadores como en las de pescadores.

Estos progresos, que determinaron sustanciales modificaciones en el proceso


de desarrollo del hombre, se potenciaron con el descubrimiento del fuego, al que
siguió más tarde su encendido y conservación. El descubrimiento de las propiedades
del fuego fue una de las conquistas de mayor trascendencia para el hombre primitivo
en su lucha con la naturaleza, porque cambió sustancialmente las condiciones mate-
riales de su vida. El fuego lo utilizaba tanto para asar sus alimentos: carne, pescado,

7 Clark, Graham. From Savagery to Civilization. London, 1946, p. 26.


Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 71

plantas, raíces feculentas, tubérculos, etc., como para elaborar algunos instrumentos
de trabajo, además, para protegerse del frío y de las fieras. Solo así, después de
centenares de miles de años, a tientas y a fuerza de rodar a la ventura acumulando
experiencias muy lentamente, el hombre aprendió a producir los más elementales
instrumentos aptos para golpear, cortar, remover la tierra y para realizar algunas
otras operaciones muy simples a las que se reducían entonces casi todas sus activi-
dades productivas.

En el transcurso de un tiempo muy prolongado –al cabo del cual se diferencia-


ron del mundo animal–, los hombres habían vivido en manadas, en hordas. Pero, al
perfeccionarse los instrumentos de trabajo, la horda primitiva fue cediendo su lugar,
necesariamente, a una colectividad de producción más sólida y dotada de mayor
cohesión interna. Fueron ensanchándose más y más los límites de la cooperación
simple entre los hombres. En aquella época de desarrollo, los lazos de parentesco
adquieren una importancia decisiva para la agrupación de sus miembros. Surge así
la necesidad de pasar de la horda primitiva salvaje a la organización gentilicia de la
sociedad. En los primeros tiempos, la “gens” era un grupo circunscrito solo a unas
cuantas decenas de personas unidas entre sí por vínculos sanguíneos.

En la sociedad primitiva, los instrumentos de trabajo eran tan rudimentarios


que no permitían al hombre hacer frente por sí solo a las fuerzas de la naturaleza.
De ahí la necesidad del trabajo colectivo y de la propiedad también colectiva o co-
munitaria de la tierra y demás medios de producción. Por eso, no fue posible que el
hombre primitivo conociera la propiedad privada sobre los medios de producción,
ni que existieran clases sociales que posibilitaran la explotación del hombre por el
hombre. Simplemente, no existían productos excedentes de los cuales apropiarse.
Solo algunos instrumentos de producción, que servían al mismo tiempo como ar-
mas para defenderse de las fieras, pertenecían en propiedad personal a determinados
miembros de la comunidad por la necesidad de su uso. La propiedad social existía
dentro de los límites de cada comunidad por separado; se trataba de comunidades
relativamente pequeñas, más o menos aisladas unas de otras.

1.3. Estadio superior del salvajismo: aparición de la ganadería y la agricultu-


ra incipientes
Hacia fines de la época salvaje, en el período de transición del salvajismo a la
barbarie, la pesca emancipa al hombre de los períodos estacionales, conduciéndolo a
cierto estado sedentario en los primeros campamentos construidos por él. Así como
la pesca funda lo que podemos llamar la civilización doméstica, sedentaria, la caza
trae consigo la primera división del trabajo; la división natural de trabajo según el
sexo y la edad al interior de la propia comunidad. En efecto, la constitución física
permite que los hombres tiendan a especializarse en la caza (incluida la preparación
de los instrumentos); mientras que las mujeres, tanto en las tribus cazadoras como
72 Francisco Chaparro Zapana

en las pescadoras, debían especializarse –además de amamantar a sus hijos el ma-


yor tiempo posible– en todos los trabajos restantes, como recoger plantas, semillas,
frutos, raíces, etc. Cuanto mayor importancia llega a tener la caza en la vida de los
hombres, tanto más nítida se hace la división del trabajo. Entre los instrumentos de la
última fase de la época pregentilicia, usados para la caza y la recolección, figuran: el
puñal, el arco y la flecha, aparecidos después de la invención del bastón, la clava, el
raedor y la lanza con punta; y para la pesca: la red, el anzuelo, el arpón y las prime-
ras embarcaciones primitivas. Estos instrumentos hicieron posible una caza mayor y
dieron impulso a la pesca. Con todos estos logros, los hombres empiezan a liberarse
más o menos de las condiciones del clima y del lugar, lo que les permite poblar una
mayor extensión territorial.

Al establecerse la organización social gentilicia, las relaciones entre los sexos


experimentaron un cambio radical. Anteriormente, en el seno de la horda prevale-
cían unas relaciones sociales muy desordenadas entre hombres y mujeres. Se prac-
ticaba el incesto, y ello obstruía su crecimiento. Era una necesidad imperiosa que
las relaciones entre los sexos se ordenasen, imponiéndose la exogamia (prohibición
de relaciones conyugales entre consanguíneos). El resultado fue que las comunida-
des primitivas que no practicaban el incesto se desarrollaban más rápidamente que
aquellas donde las relaciones matrimoniales entre consanguíneos eran habituales. Se
comenzó a difundir la exogamia, la práctica de casarse entre individuos de distintas
“gens”, con lo que se ampliaban las posibilidades de la cooperación simple y se im-
pulsaba el desarrollo de las fuerzas productivas. Al pasar el tiempo, fue aumentando
el número de personas agrupadas dentro de cada “gens”, hasta llegar a contarse cen-
tenares de individuos. Fue extendiéndose la costumbre de la vida comunal. Las ven-
tajas del trabajo colectivo estimulaban cada vez más a los hombres a formar grupos.
Así, varias “gens” conformaban una tribu, que fue la forma superior de organización
en la sociedad comunal primitiva.

En aquella sociedad, las actividades de trabajo de los hombres se basaban


en la cooperación simple, que era la aplicación simultánea de una cantidad más
o menos grande de fuerza de trabajo para la ejecución de labores homogéneas. La
cooperación simple brindaba ya al hombre primitivo la posibilidad de ejecutar tareas
que eran irrealizables para un solo hombre, por ejemplo, la caza de fieras de gran ta-
maño. Los productos del trabajo, conseguidos a duras penas, escasamente satisfacían
las necesidades más elementales del hombre primitivo. Esta insuficiente producción
de bienes de consumo imponía la necesidad de una distribución equitativamente
proporcional del producto social.

En la vida de la sociedad primitiva, el inicio del proceso de la división del


trabajo fue un acontecimiento histórico trascendental. Su forma más elemental fue la
división natural del trabajo, o sea la división del trabajo dentro de la misma unidad
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 73

productiva (la comunidad) con arreglo al sexo y la edad, entre hombres y mujeres,
niños y ancianos. La división natural del trabajo fue consolidándose paralelamente
con el desarrollo de las fuerzas productivas. La especialización de los hombres en la
caza y de las mujeres en la recolección de alimentos vegetales además de las faenas
domésticas, contribuyó a elevar significativamente la productividad del trabajo.

En este punto, es necesario destacar la importancia que tiene para el incre-


mento de la producción el trabajo en común y el precaverse en común ante la nece-
sidad de alimentos. El proceso de la simple cooperación, o la simple colaboración,
contiene dos importantes elementos de progreso, señalados ya por Marx. En primer
lugar, la capacidad de rendimiento de un grupo humano es superior a la suma de la
capacidad de rendimiento por separado de cada uno de los individuos que lo com-
ponen. La presión de un hombre sobre un elefante puede ser nula; pero la presión de
veinte hombres sobre un elefante no es una nada multiplicada por veinte, sino algo
considerable. En segundo lugar, “el simple contacto social engendra en la mayoría
de los trabajos productivos una emulación y una excitación especial de los espíritus
vitales, que exaltan la capacidad individual de rendimiento de cada trabajador”8.

La imposibilidad de la existencia del individuo aislado imponía la necesidad


del trabajo colectivo. Al mismo tiempo, el extremado bajo nivel de la producción y
la insuficiencia de medios de subsistencia imponían la necesidad de una distribu-
ción igualitaria entre los miembros de la comunidad primitiva. La desigualdad en
la distribución habría condenado a morir de hambre a una parte de sus miembros,
poniendo en peligro con ello la vida misma de toda la colectividad. El debilitamiento
del colectivo a causa de la pérdida de alguno de sus miembros podía significar la
imposibilidad de que la actividad productiva continúe, y podía provocar que los res-
tantes puedan morir. La falta del producto excedente no solo excluía la explotación
del hombre por el hombre, sino que también imponía la práctica de la distribución
equitativa.

El principal material empleado durante un prolongadísimo período para hacer


armas fue la piedra. Por eso, se conoce con el nombre de Edad de Piedra a la época
de empleo de instrumentos de este material, que abarca cientos de miles de años.
Durante la Edad de Piedra, la invención del arco y la flecha fue otro importante acon-
tecimiento en el camino de perfeccionamiento de los instrumentos de trabajo. Con
esta invención, la caza comenzó a suministrar al hombre los medios de sustento más
variados y abundantes. Y, a su vez, el progreso de la caza hizo surgir la ganadería
primitiva mediante la domesticación de animales salvajes, cuyo primer exponente
fue el perro. Tras él vinieron –según las características de las distintas regiones en

8 Marx, Carlos. El capital. Crítica de la economía política. T. 1. Ed. Ciencias Sociales, La Habana 1980, p. 282, pala-
bras en cursiva por F. Ch. Z.
74 Francisco Chaparro Zapana

que se estableció el hombre– la cabra, la vaca, el cuy, la llama, el cerdo, el caballo,


etc. De igual forma que de la caza surgió la ganadería primitiva, la agricultura pri-
mitiva surgió y se desarrolló a partir de la recolección de granos, frutas, hojas y
raíces, mediante la domesticación de plantas silvestres comestibles. El cultivo de
la tierra permaneció durante largo tiempo en un estado sumamente incipiente. Al
principio se removía la tierra con la mano, con un simple palo en su forma natural; y
corvado, más tarde, por uno de sus extremos, en forma de azada. En las tierras ribe-
reñas de los ríos y lagos, las semillas eran echadas en el limo depositado por las cre-
cidas. La domesticación de los animales permitió utilizar el ganado como fuerza de
tracción. Más adelante, ya en la últimas etapas de desarrollo de la sociedad primitiva,
el hombre aprendió a fundir los metales y aparecieron las herramientas metálicas, su
empleo hizo más productivo el trabajo agrícola. La agricultura se asentó así sobre
bases más sólidas.

La agricultura y la ganadería incipientes empezaron a ser practicadas en una


época que puede ser ubicada entre los quince y diez mil años antes de nuestra era.
El cultivo de los campos, la domesticación de los vegetales silvestres –que origina-
riamente lo eran el trigo, el centeno, la cebada, la quinua y la papa– precede a la cría
de ganado, a la domesticación de animales salvajes, que según los descubrimientos
más actualizados, puede remontarse, a lo más, a diez mil años a. n. e. Al principio,
la agricultura tuvo en el bastón su instrumento más importante. Con el perfecciona-
miento creciente de los instrumentos –del puro y simple palo con que se removía el
suelo para plantar semillas o almácigos, se pasó al bastón y la azada para excavar–
aumentó la extensión del terreno cultivable. Entonces le cupo a la mujer la obliga-
ción de cultivar el campo y, a diferencia de lo que ocurría en la caza y en la búsqueda
de bayas, a menudo muy extenuantes, aquí fue posible emplear a los niños de tierna
edad, lo que contribuyó a un desarrollo considerable de las fuerzas productivas. Esta
actividad económica consolidó luego la posición de la mujer, entonces ya más sig-
nificativa que la del hombre debido a la nueva forma social de la “vida familiar”9, la
“gens” matriarcal.

2. PERÍODO DEL RÉGIMEN GENTILICIO: LAS FUERZAS PRODUCTIVAS Y


LAS RELACIONES SOCIALES COMUNITARIAS DE PRODUCCIÓN
Durante el régimen gentilicio (o época de la barbarie) –que a su vez compren-
de dos fases: matriarcado y patriarcado–, los hombres practican sistemáticamente el
cultivo de la tierra y la cría de animales para consumo doméstico. A diferencia del
régimen pregentilicio, en esta etapa una parte muy considerable de los hombres llega

9 Puesto que la función del hombre en el proceso de la procreación era, en un principio, ignorada y más tarde, cuando
ya se la conoció, no tuvo peso sobre la asignación de los hijos debido a los numerosos casos de promiscuidad, la
mujer tuvo en la sociedad una función directiva en la edad del estado salvaje (matriarcado).
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 75

ya a vivir en estado sedentario por lo menos temporalmente, conformando pequeñas


colonias relativamente estables en sus inicios.

2.1. Primera fase del régimen gentilicio: el matriarcado


La época gentilicia aporta un progreso económico decisivo, un aumento ex-
traordinariamente importante de las fuerzas productivas en la sociedad primitiva. En
ella, el hombre llega a practicar en forma regular la agricultura y la cría de ganado
para uso doméstico. Las consecuencias de estas dos actividades económicas –in-
terdependientes entre sí– son enormes. Ante todo se insertan en la cadena de otros
progresos, de los que ya hemos hablado, en cuanto reducen ulteriormente el espacio
vital del que se extraen los medios de sustento. Si los progresos técnicos registrados
en la caza y especialmente en la pesca habían hecho disminuir la frecuencia de las
migraciones (en el caso de la pesca ya habían conducido alguna vez a cierta forma de
vida sedentaria), ahora con la agricultura y con la cría de ganado esta tendencia es fa-
vorecida de tal manera que, entrando en la época gentilicia, encontramos un número
cada vez mayor de colonias relativamente estables. Es natural que la agricultura y la
cría de ganado no determinen necesariamente la aparición de colonias de este tipo.
En particular, cuando la cría de ganado no está ligada a la agricultura, aún encontra-
mos muy a menudo una vida nómada muy acentuada. La infecundidad del suelo y
el primitivismo de los medios de cultivo, con frecuencia obligaban a abandonar los
campos ya cultivados luego de un período relativamente corto, para roturar nuevas
tierras. Pero, a diferencia de la época salvaje, en los inicios de la etapa gentilicia una
parte significativa de hombres ya vivía en estado sedentario, por lo menos de manera
temporal.

La productividad del trabajo en la agricultura no solo creció tan rápido como


para que una zona territorial relativamente pequeña bastara para sostener a un cre-
ciente número de hombres, permitiéndoles instalarse hasta formar colonias estables,
sino que hizo posible nutrir a un número mayor de hombres en un espacio menor.
La productividad creciente de la agricultura y la ganadería hizo posible la concen-
tración de una mayor población en un espacio restringido, hasta el punto de hacer
surgir más tarde las primeras aldeas y ciudades10. Estas dos especialidades no solo
aseguraron una alimentación más abundante en un territorio menos extenso, sino que
entre otras cosas posibilitaron una seguridad y regularidad mayores en la aliment-
ación misma. Las consecuencias de un mejoramiento sustancial de la alimentación
también se manifiestan en un mejoramiento de las condiciones generales de salud,
lo que a su vez permite que nazcan más niños vivos y que lleguen en número mayor
a la madurez, es decir, que la población aumente cada vez más rápido. Y como las

10 Al respecto, es útil recordar que siempre se consideró como un gran progreso en la historia de la humanidad el
hecho de que los hombres pudieran vivir mejor en un espacio vital más exiguo. Solo en la época del imperialismo, y
en particular con el nazismo alemán, nace la teoría de que “cuanto mayor es el nivel alcanzado por un pueblo o por
una raza” tanto más extenso debería ser el espacio vital que necesitan.
76 Francisco Chaparro Zapana

capacidades de aprovisionamiento se iban incrementando más aceleradamente que


la población, se comprende cómo una población en crecimiento puede vivir mejor11.
Además, los medios de sustento no solo aumentan, no solo afluyen de un modo más
seguro y continuo, sino que se distribuyen de modo equitativamente proporcional
durante todo el curso del año. En parte esto depende del hecho de que se pueda or-
deñar y carnear ganado también en el invierno, y en parte, de que con el transcurso
del tiempo se proceda al almacenamiento de productos agrícolas. Los cereales no
solo eran trillados y molidos, también eran guardados; es evidente que entonces se
construían, aunque de manera totalmente primitiva, silos para conservar provisiones
suficientes para determinados períodos.

Hacia fines de la época del estado salvaje y comienzos del período gentilicio
(entre los quince y diez mil años a. n. e.), los hombres vivían en pequeñas comu-
nidades conforme a la exigua duración de sus vidas y en consonancia con las difi-
cultades en la obtención de los medios de subsistencia. Al mejorar las condiciones
de alimentación y con el crecimiento de cada una de las comunidades, debido a la
mayor duración de la vida humana y la natalidad creciente, la esfera de las relaciones
sexuales se fue restringiendo hasta evolucionar en matrimonio monogámico.

Mientras la relación sexual se desarrollaba en promiscuidad, en general, solo


había certeza sobre la madre, quien daba nacimiento al niño. Este hecho no tenía
importancia, era insignificante en una época en que la especie humana aumentaba
lentamente y en la que la duración de la existencia individual era breve. En efecto, en
estas condiciones, la comunidad no crecía al extremo de tener que subdividirse con
cierta frecuencia. Pero, cuando los grupos aumentaron hasta tener que subdividirse
con mucha más continuidad, para poder asignar a cada nuevo grupo un territorio
especial en el que pudiera agenciarse sus medios de sustento, llega a ser importante
encontrar un criterio por el cual fuera factible llevar a cabo la separación. Entonces,
basándose en el criterio biológico, se dispone que los hijos puedan continuar vivien-
do con la madre, y que hermano y hermana no fueran separados. Así, la madre asume
una función especial. En torno a su persona se agrupaba la comunidad y, a veces,
determinaba la composición de una nueva. Esta función de la madre llega a ser de
fundamental importancia social solo cuando está sostenida y sustentada por factores
económicos, cuando a las mujeres les corresponden las actividades más importantes
de la producción de medios de subsistencia, con excepción de la caza. En realidad,
el período del derecho matriarcal se inicia en la época del salvajismo y dura hasta la
plena época de la barbarie. La división de un grupo en dos, efectuada según las reglas

11 La “teoría” según la cual los hombres se reproducen más rápidamente que los medios de sustento, es solo el pro-
ducto de una concepción apologética orientada a mantener relaciones sociales en que la gran masa de los hombres
vive en condiciones de explotación, atraso y miseria.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 77

del matriarcado, no creaba ninguna dificultad desde el punto de vista de la propiedad


de grupo, por cuanto esta propiedad aún era exigua y podía ser subdividida con suma
facilidad. La propiedad personal se circunscribía únicamente a una mínima cantidad
y no ejercía función de importancia alguna.

En resumen, en la primera fase del régimen gentilicio (o matriarcado), la mu-


jer asumía una posición dominante, según las condiciones materiales de vida de
entonces. La caza, realizada con armas muy rústicas y que corría a cargo de los hom-
bres, no podía garantizar a plenitud la existencia de una población creciente, pues
sus resultados eran más o menos fortuitos e insuficientes. En esas condiciones van
adquiriendo mayor importancia la agricultura y la ganadería, pese a su grado de pre-
cariedad e incipiencia, constituyéndose en una fuente de vida más segura y estable
que la caza. Mientras la agricultura y la ganadería se mantuvieron en su fase rudi-
mentaria (domesticación de plantas y animales), estaban preferentemente a cargo de
la mujer, que permanecía en el campamento mientras el hombre salía a la caza. La
mujer, cuyo trabajo por mucho tiempo fue la fuente de sustento de la comunidad gen-
tilicia, asumió en esta un rol hegemónico. El parentesco se computaba entonces por
línea materna. Tal fue el régimen del matriarcado, período de florecimiento máximo
de la sociedad primitiva. Todos los pueblos han conocido el matriarcado como la
forma más temprana del régimen gentilicio, pero en algunas sociedades este sistema
llegó a alcanzar un desarrollo mayor y más prolongado. Se han conservado no pocos
vestigios del matriarcado en las etapas posteriores del desarrollo de la sociedad.

2.2. Segunda fase del régimen gentilicio: patriarcado


En las postrimerías del período matriarcal, el hombre empezó a producir in-
strumentos de metal. Primero de metal nativo, principalmente de cobre (aunque este
metal, por su blandura, se empleó relativamente poco en la producción de armas).
Más tarde, de bronce (aleación de cobre y estaño) y, posteriormente, de hierro. Con
el desarrollo posterior de las fuerzas productivas, la agricultura de azada pasó a una
etapa superior, a la agricultura de arado. Al emplearse el ganado como fuerza de tiro
y desarrollarse la ganadería (el pastoreo), estas actividades, encomendadas ahora
al hombre, comenzaron a desempeñar un rol decisivo en la vida de la comunidad
primitiva; entonces, el matriarcado fue desplazado por el patriarcado. El hombre
pasó a ocupar el lugar predominante en este tipo de sociedad, convirtiéndose en jefe
de la comunidad gentilicia, en el patriarca. El parentesco se empieza a computar,
ahora, por línea paterna. El patriarcado constituye la última fase del régimen comu-
nal primitivo.

La invención del arado y la innovación que le siguió muy pronto, y hasta casi
simultáneamente, de utilizar el ganado como medio de tiro y tracción –cuyo acon-
78 Francisco Chaparro Zapana

tecimiento se remonta a no menos de cinco mil años a. n. e.–, permitieron el paso a


la agricultura propiamente dicha12, sin que se abandonaran las formas más rudimen-
tarias de cultivo. Con el empleo del arado hizo su aparición en la agricultura el hom-
bre desplazando a la mujer, hecho que tuvo importantes consecuencias posteriores
para la vida social. Por tanto, el paso de la agricultura incipiente a esta fase superior
de desarrollo es el resultado de la utilización de nuevos y más complejos medios de
producción, que facilitaron extraordinariamente la producción misma.

Si bien en la época pregentilicia es la pesca la que más progreso técnico apor-


ta, en el régimen gentilicio es la agricultura la que hace avanzar más rápidamente la
producción. El empleo del ganado como medio de tracción revoluciona el empleo
de las fuerzas productivas. Por primera vez una fuerza extraña, una fuerza superior a
la del hombre, es puesta al servicio de la producción (poco después, o quizá simul-
táneamente, se introduce el empleo de la fuerza natural del viento: la vela). Junto
al arado, los principales instrumentos que encontramos son: la guadaña, la piedra
de moler, el molino a mano y la prensa para la uva. Además, hay otros importantes
medios para acrecentar la producción. De este modo hace su aparición el abono,
primero humano y después animal. También adquiere gran importancia la irrigación
de la tierra y, en particular, el paso de la irrigación natural a la artificial, del simple
aprovechamiento de lagos y ríos a la creación de sistemas de irrigación que, hacia
fines de esta época, ya no son tan primitivos.

A los inicios de la agricultura sigue la domesticación de los animales. En un


comienzo, la cría del ganado, al igual que la caza, fue una obligación del hombre
antes que de la mujer. En el período gentilicio ya encontramos todos los tipos posi-
bles de animales domésticos: cerdos, ovejas, vacas, cabras, y además los animales
propios de las distintas regiones, como por ejemplo el reno en el extremo norte o la
llama en las culturas andinas. También se empieza a criar abejas. El perro y el caba-
llo se convierten en animales domésticos.

En un comienzo, la cría de ganado fue practicada sobre todo para hacer frente
a las necesidades de alimentación, en especial para el ordeño, y solo posteriormente
se llega a carnear. La crianza de animales es superior al simple cultivo de los campos
(Feldbau), en la medida que a menudo asegura una mayor afluencia de medios de
sustento. En cambio es inferior su influencia sobre el desarrollo cultural y civil, por
cuanto raramente conduce al estado sedentario, promoviendo más bien la vida nó-
mada. La agricultura y la crianza de ganado no solo suministran una mayor cantidad
de medios de sustento, sino que también permiten hacer más variada la selección de

12 Traducimos como “agricultura propiamente dicha” el término Ackerbau. El autor distingue Ackerbau, agricultura en
la que ya se hace uso del arado, de Feldbau, que es el cultivo de los campos practicado solo con la mano o con la
azada. (N. del T.).
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 79

las comidas que en el estado salvaje. Ahora se incluyen en el consumo: mantequilla,


queso, miel, salchichas, sopas, asados, vino, cerveza, sidra, etc. Salsas, condimentos
y hierbas aromáticas estimulan el gusto. Se comienza a usar la mesa y el plato. De
todo ello derivó la posibilidad de una vida más sana y un acrecentamiento tanto de
la familia como de la colonia.

Pero, es en pleno período de la barbarie cuando crece la importancia de la


propiedad personal y luego también cambia el carácter de esta. A los adornos, al-
gunos utensilios de uso doméstico y armas de defensa personal, se suman ahora los
instrumentos de trabajo y el ganado. Así, de la propiedad personal se pasa a la pro-
piedad privada de los medios de producción. Además, como la división del trabajo
por el sexo se hace cada vez más compleja y una parte cada vez mayor de medios
de producción proviene del trabajo de los hombres, mientras que las mujeres se
concentran en la producción de los medios de consumo, los problemas relativos a la
propiedad se combinan con los del sexo y los del trabajo especializado. Todos estos
hechos deberán ser tomados en cuenta, a su vez, cuando se examinen las modifica-
ciones ocurridas en la misma vida sexual. El matrimonio monogámico suscita en los
hombres un interés por sus hijos a los que ahora sí reconocen, así como, a la inversa,
el interés por los propios hijos contribuye a difundir el matrimonio monogámico.
En la división por grupos surgen los siguientes problemas: En primer lugar, el de
diferenciar la propiedad privada de la propiedad común, distinción que no siempre
habrá sido fácil de establecer. Y en segundo lugar, el de establecer cómo debe ser
distribuido el grupo, ahora que los hombres se interesan en sus hijos. El padre empie-
za a ejercer una función más activa ya que la descendencia por línea materna no es
más un factor decisivo. Luego surgen problemas de herencia. Antes solo se heredaba
–siempre que esto ocurriera– la escasa propiedad personal de la madre; en cambio
ahora se desarrolla en el padre el interés por asegurar la propiedad personal para sus
hijos –propiedad que antes era devuelta por los hombres a la comunidad– en particu-
lar porque, con el transcurso del tiempo, crecería en importancia y se transformaría
en propiedad privada.

Todo esto ocurre en un ambiente de creciente rivalidad entre el hombre y la


mujer. En primer lugar, la mujer es desplazada de su posición dominante de cabeza
de familia natural. Y en segundo lugar, la mujer es relegada a una posición disminui-
da, en la medida en que los hombres tienen en su poder la creación y administración
de la mayor parte de la riqueza y de los medios de producción. Bajo el dominio de la
mujer el hombre se encontraba –es cierto– en una posición subordinada, pero no en
una condición de categórica opresión13. En cambio, cuando el patriarcado suplantó

13 Esto no excluye una opresión en algunos casos, por ejemplo, en la costumbre de las “reinas”, sobre la que existen
varios testimonios, de elevar al hombre a los honores de divinidad y hacerlo morir luego de haber sido fecundadas
por él. (S. Thomson, Studies in Ancient Greek Society. London, 1949, p. 158).
80 Francisco Chaparro Zapana

al matriarcado comenzaron la opresión y la degradación de la mujer, sobre todo


sobre la base de la propiedad privada y a la institución del matrimonio monogámi-
co, difundida hacia fines de la época de la barbarie y precedido por un período en
el que cada hombre tenía a su lado una mujer “suya” durante largo tiempo. En esta
situación, “suya” significa que ella no podía pertenecer a otros hombres, ya que de
tener relación sexual con otros, la descendencia sería impura y el hombre no podría
estar seguro de sus hijos. La situación del hombre era totalmente distinta. Él podía
tener una vida sexual libre sin encontrarse por eso con una prole mixta en su casa.
A propósito del significado histórico-cultural de la monogamia, F. Engels escribe
que: “Fue la primera forma de familia que no se basaba en condiciones naturales,
sino económicas, y concretamente en el triunfo de la propiedad privada… Preponde-
rancia del hombre en la familia y procreación de hijos que solo pudieran ser de él y
destinados a heredarle”14. “Solo es monogamia para la mujer, y no para el hombre”15.
“Por lo tanto, la monogamia no aparece de ningún modo en la historia como una re-
conciliación entre el hombre y la mujer, y menos aun como la forma más elevada de
matrimonio. Por el contrario, entra en la escena bajo la forma de esclavizamiento de
un sexo por el otro, como la proclamación de un conflicto entre los sexos, descono-
cido hasta entonces en la prehistoria… El primer antagonismo de clase que apareció
en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer
en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el
masculino”16. Y ahora consideremos también su ulterior observación, que podremos
repetir siempre en la historia de la humanidad y que tan bien expresa la abismal
desigualdad del desarrollo y su carácter dialéctico: “La monogamia fue un gran pro-
greso histórico, pero al mismo tiempo inaugura, juntamente con la esclavitud y con
las riquezas privadas, aquella época que dura hasta nuestros días y en la cual cada
progreso es al mismo tiempo un retroceso relativo, y el bienestar y el desarrollo de
unos se verifican a expensas del dolor y la represión de otros”17.

El régimen de la comunidad primitiva alcanzó su máximo florecimiento du-


rante el matriarcado. El patriarcado llevaba ya en su seno los gérmenes de la desin-
tegración de este régimen.

3. RASGOS GENERALES Y LEYES FUNDAMENTALES DE DESARROLLO


ECONÓMICO-SOCIAL DE LA SOCIEDAD PRIMITIVA
El bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, el insuficiente perfec-
cionamiento de los instrumentos de trabajo y su escasa productividad, la propiedad

14 Engels, Federico. El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado. En: Obras escogidas, óp. cit., p. 596.
15 Ibídem, p. 594.
16 Ibídem, p. 596.
17 Ibídem, p. 596.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 81

social, colectiva, de los medios de producción y de los frutos de esta, en su forma


específica comunal, determinan el peculiar carácter igualitario de las relaciones de
distribución. Como los productos del trabajo eran todavía escasos y apenas cubrían
las necesidades más elementales de los hombres, en aquella época no cabía la des-
igualdad en la distribución de los productos –tal como se anotó líneas arriba– porque
ello, en primer lugar, habría significado la muerte de una parte de la comunidad o de
algunos miembros, lo cual habría reducido la vitalidad de la colectividad entera, y, en
segundo lugar, no hubiera sido admisible esta situación, puesto que los integrantes
de la comunidad eran copropietarios, dueños comunes de los medios de producción
y de los productos del trabajo conjunto. Por tanto, la distribución de los productos
elaborados u obtenidos se llevaba a cabo en condiciones de igualdad entre los
miembros de la comunidad primitiva.
En esas condiciones, de una parte, era imposible que alguien dejara de traba-
jar, porque nadie podía vivir a expensas de los demás y porque el trabajo de todos era
necesario a la sociedad. De otra parte, porque el pleno empleo de todos sus miem-
bros era una condición imprescindible para la existencia de la comunidad entera. Por
ello, en la sociedad primitiva fue inevitable, en primer lugar, que la actividad laboral
de todos los miembros o de un colectivo fuera terriblemente agobiante, y en segundo
lugar, no hubo ni pudo haber una población excedente o una superpoblación relativa
determinada por las relaciones de producción. Aquellos miembros de la comunidad
que no podían trabajar –como los inválidos, ancianos y enfermos graves– podían ser
eliminados o bien podían autoeliminarse (suicidándose) para no ser una carga para
la tribu ni sus parientes.

A medida que el hombre va apartándose del mundo animal, elevándose sobre


la naturaleza circundante y avanzando por el camino de su desarrollo, crecen sus
necesidades tanto cuantitativa como cualitativamente, aunque este proceso fue muy
lento. Este crecimiento paulatino de las necesidades crea nuevas exigencias de canti-
dad y de calidad respecto a la producción social, estimulando su desarrollo. En esto
consiste la esencia y la importancia de la ley general del crecimiento de las necesi-
dades, ley que comenzó a regir ya en la sociedad primitiva.

Para satisfacer las necesidades de los hombres, en aumento paulatino, es ne-


cesario intensificar la producción de bienes materiales y elevar el rendimiento del
trabajo social. El aumento de la productividad del trabajo constituye una necesidad
objetiva del desarrollo de la producción en la sociedad, por tanto, es una ley gene-
ral del desarrollo económico. Surgió con la aparición de la sociedad humana, y
su vigencia comenzó a hacerse más patente, por primera vez, en el régimen de la
comunidad primitiva.

Es una peculiaridad de la economía comunal primitiva el hecho de que sus


miembros consumían en conjunto, dentro de la comunidad y en forma natural, todo
82 Francisco Chaparro Zapana

lo obtenido mediante su trabajo social colectivo. El carácter natural de la econo-


mía, de consumo directo, es uno de los rasgos específicos y preponderantes de la
sociedad primitiva, una particularidad de su existencia y de su evolución.

Entre las leyes económicas específicas privativas de esta sociedad, se debe


destacar, ante todo, la ley económica fundamental que expresa el rasgo más acusado
y esencial de su desarrollo económico, el fin objetivo y la orientación de su dinámica.
Esta ley económica surgió y tuvo vigencia sobre la base de determinadas condicio-
nes económico-políticas de la producción social. Las condiciones de la producción
primitiva, determinadas por el bajo nivel de las fuerzas productivas, eran tales que
cada agente de la producción, miembro de la comunidad gentilicia, no podía existir
ni satisfacer sus necesidades individualmente, de por sí, sino solo gracias al trabajo
conjunto de la colectividad entera, es decir, que el individuo pudo subsistir, salir
adelante en la lucha contra la naturaleza y garantizar la vida de sus descendientes
únicamente como miembro de la comunidad, como partícipe de la propiedad colec-
tiva comunal sobre los medios de producción. A partir de ello, podemos formular
aproximadamente que la ley económica fundamental del régimen comunal pri-
mitivo se manifiesta en la necesidad objetiva y la posibilidad de producir los bienes
indispensables para la subsistencia de los miembros de la comunidad, basándose en
instrumentos rudimentarios de producción de propiedad colectiva, el trabajo comu-
nitario y una distribución proporcionalmente igualitaria del producto social.

En la sociedad primitiva se observa la ley económica específica del intercam-


bio de actividades y de productos entre los propios miembros de la comunidad,
sobre la base del trabajo conjunto, de la propiedad común y de la división del trabajo
en el seno de la comunidad. Esta es una división natural, limitada al marco de cada
comunidad y en función a sus necesidades y posibilidades. La división intracomunal
del trabajo y el intercambio de actividades, basado en ella, determinaron el estable-
cimiento de ciertas proporcionalidades establecidas de acuerdo a la distribución del
trabajo en la comunidad, de acuerdo con el nivel de desarrollo de los instrumentos de
trabajo, la productividad del mismo, las necesidades de la colectividad, la magnitud
de esta y las condiciones de vida. Las proporciones en cuestión, surgidas en virtud de
los mencionados factores, se fueron modificando lenta y paulatinamente.

A menudo, la división del trabajo se hacía tradicional, convirtiéndose en cos-


tumbre. Al respecto es ilustrativo el ejemplo de la comunidad en la India, que C.
Marx hace referencia en El capital: “Aquellas antiquísimas y pequeñas comunida-
des indias, por ejemplo, que en parte todavía subsisten, basándose en la posesión
colectiva del suelo, en una combinación directa de agricultura y trabajo manual y en
una división fija del trabajo, que, al crear nuevas comunidades, servía de plano y de
plan”18.

18 Marx, Carlos. El capital, óp. cit., T. 1, p. 312.


Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 83

La ley de la población de la sociedad primitiva se distinguía por algunos ras-


gos específicos. En opinión de muchos investigadores, en la época de la horda primi-
tiva, la reproducción del hombre era relativamente lenta a causa de la baja natalidad
resultante de los matrimonios precoces, de la escasez de alimentos y de la ausencia
de una higiene elemental. La transición al régimen gentilicio, con el consiguiente in-
cremento de las fuerzas productivas de la sociedad, contribuyó a una más rápida re-
producción poblacional, a un mayor crecimiento demográfico en comparación con la
época del salvajismo. Al diseminarse los hombres hacia nuevas latitudes del planeta,
rebasando gradualmente los límites de las zonas de climas templados y moderados,
se expandían más allá de las regiones pobladas ya antes. La ley de la población de
la sociedad comunal primitiva podría formularse aproximadamente: como la incor-
poración al trabajo y el empleo en la producción de todos los miembros hábiles de
la comunidad, de toda la población con capacidad de trabajo, dentro de las posi-
bilidades que ofrecía el bajo nivel de las fuerzas productivas, con un crecimiento
lento de la población.

Bajo el régimen de la comunidad primitiva, la reproducción se llevaba a cabo


dentro de cada comunidad gentilicia por separado. Produciéndose los elementos vi-
tales para la existencia de los hombres primitivos, se garantizaba la reproducción
de los individuos como miembros de la comunidad gentilicia y la de su fuerza
de trabajo, y también se reproducían las relaciones económico-sociales entre los
miembros de la comunidad. El carácter natural de la economía primitiva –cuyos
artículos eran producidos y consumidos directamente en el seno de la comunidad por
sus propios miembros– predeterminaba la relativa lentitud del aumento de la pro-
ducción. Por ello, la reproducción comunal primitiva era eminentemente simple, es
decir, constituía una repetición rutinaria de la labor de los miembros de la comunidad
en la misma escala anterior de producción. Sin embargo, la producción no se hallaba
estancada, crecía en consonancia con el incremento gradual de las necesidades de
la sociedad. Este incremento no era sensible ni visible, a lo largo de la existencia
de una sola generación de hombres primitivos, sino de muchas. No existía tampoco
esa fuente constante y sólida de crecimiento de la producción que aparece más tarde
en forma de trabajo excedente. Todo esto confirma que en la sociedad primitiva no
había reproducción ampliada como sistema; solo aparecía en casos esporádicos y,
además, en estado aún muy embrionario.

En la sociedad primitiva aún no había un poder estatal, pues la existencia


de este presupone la división de la sociedad en clases. “En la sociedad primitiva…
–decía Lenin– no vemos todavía síntomas de la existencia del Estado. Observamos
el reinado de las costumbres, observamos la autoridad, el respeto y el poder de que
gozaban los jefes de tribu; vemos que a veces esta autoridad se les reconocía a las
mujeres (...) pero en ningún caso vemos un tipo especial de hombres que se desta-
84 Francisco Chaparro Zapana

quen para dirigir a los otros y que para dirigir mantengan sistemáticamente un cierto
aparato coercitivo, un aparato de violencia...”19.

Estas son, en líneas generales, la esencia, las peculiaridades y las principales


leyes de desarrollo del régimen económico de la sociedad primitiva.

4. DESINTEGRACIÓN DEL SISTEMA COMUNAL PRIMITIVO: EL ROL HIS-


TÓRICO DE LA PROPIEDAD PRIVADA Y LA APARICIÓN DE LAS CLA-
SES SOCIALES

4.1. Consecuencias de las primeras dos grandes divisiones sociales del tra-
bajo: economía mercantil y economía individual
Hasta la época del patriarcado, las comunidades humanas habían vivido prác-
ticamente en una economía autárquica. Ahora, en cambio, por un lado con la ex-
tensión de las instalaciones estables, por el otro, con la introducción de la cría de
ganado y, por tanto, con el acrecentamiento de los medios de sustento, comienza
paulatinamente a tomar forma un intercambio de bienes entre comunidades dis-
tintas. Comunidades dedicadas al pastoreo comienzan a visitar más a menudo los
centros poblados para intercambiar animales y productos derivados de la crianza con
productos agrícolas. Los centros habitados pasan a ser, de lugares de encuentro oca-
sionales, metas fijas. Del intercambio espontáneo y casual se pasa a un acto premedi-
tado. La crianza de ganado llega a ser una fuente regular de objetos de intercambio,
que impide al grupo dedicado al pastoreo la producción de otros bienes que, con una
vida nómada, no pueden ser elaborados tan fácilmente como en un centro poblado.
Poco a poco, los bienes intercambiados se transforman en mercancías. Con el paso a
la ganadería y la agricultura se configura la primera gran división social del trabajo:
la división entre unas comunidades que practican de modo sistemático la agricultura;
y otras, el pastoreo que suministra carne, pieles, animales de tiro, etc. Este aconteci-
miento trajo consigo un aumento significativo de la productividad del trabajo. Así,
surge al mismo tiempo el comercio y lo hace precisamente como comercio exterior,
por llevarse a cabo entre comunidades distintas.

A su vez, el comercio crea la mercancía. Ahora no solo se producen valores


de uso, sino también valores de cambio. De manera premeditada se producen “exce-
dentes” de un bien, se producen valores de intercambio, mercancías, para intercam-
biarlos por otros bienes. Naturalmente, el proceso no comenzó como intercambio de
mercancías. Al principio, cuando el trueque aún tenía un carácter casual y fortuito,
solo se producían valores de consumo que luego se convertían, casual y fortuitamen-
te, en valores de intercambio. Pero con el correr del tiempo, ya en la época de la bar-
barie nace lo que nosotros podemos llamar la economía de mercado embrionaria,

19 Lenin, Vladimir Ilich. Obras completas. T. 29. Ed. Cartago. Buenos Aires, 1970, p. 681.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 85

porque ella representa apenas un sector mínimo del sistema económico general. En
otras palabras, nace la economía fundada en el intercambio de mercancías entre dis-
tintas comunidades. Como anota C. Marx, “El intercambio de mercancías comienza
allí donde termina la comunidad, allí donde esta entra en contacto con otras comuni-
dades o con los miembros otras comunidades”20.

Con el comercio y la economía mercantil también aparece el dinero. No en


forma de moneda sino en forma de collares preciosos, de vestimentas (paño, pieles,
granos, cueros), de herramientas (puntas de arado, anzuelos) o de conchas marinas21.
Y muy pronto con el dinero también aparece la figura del comerciante profesional.

De este modo, vemos cómo la mayor producción de medios de subsistencia


conduce a un nuevo tipo de economía: la economía mercantil, basada en la división
social del trabajo (a diferencia de la que se sustentaba en las diferencias de sexo y
edad).
Con el tiempo, y particularmente en relación con el aumento del ganado, la
producción crece más rápidamente que el consumo individual. Cada uno puede pro-
ducir más de lo que necesita para su propio sustento. Pero antes de llegar a ello, este
proceso insumió mucho tiempo cultivando primitivamente los campos. Al comien-
zo, cosechas favorables fueron utilizadas para equilibrar años desfavorables o bien
para intercambiar unos productos agrícolas por otros. El cuidado puesto en la cría
del ganado condujo, sin embargo, a un aumento tal de cabezas que, tras las primeras
empresas, colocó a los hombres ante una situación totalmente nueva. Si hasta en-
tonces el aumento de los medios de subsistencia había sido un recurso para nutrirse
mejor y asegurarse la supervivencia cotidiana con un menor esfuerzo, luego se daría
la posibilidad, al principio solo en las poblaciones sedentarias y en combinación con
la agricultura, de liberar a algunos hombres, cuyo número crecía cada vez más, de
la producción de los medios de subsistencia. Esto no significaba que estos hombres
fueran liberados del trabajo en general. Sino que podían dedicarse completamente, o
por lo menos de manera preeminente, a otras ocupaciones, sobre todo a lo que noso-
tros podemos llamar artesanía. Ya en esta época el hombre aprendió los trabajos de
alfarería. Más tarde surgió la elaboración manual de tejidos. Así empieza a configu-
rarse la segunda gran división social del trabajo, con la aparición de la manufactura
artesanal como una actividad independiente. La causa de esta segunda gran división
social del trabajo no es un simple aumento de la producción, sino una plusproduc-
ción. Los artesanos, que se ocupan preferentemente en la fabricación de nuevos ins-
trumentos, practican aún la cría de ganado y el cultivo de los campos, pero poco a
poco, particularmente al desarrollarse las villas y ciudades, se concentran cada vez
más en la producción de otros productos, no destinados a la alimentación.

20 Marx, Carlos. El capital, óp. cit. T. 1, p. 54.


21 Sedillot, René. Historia de las principales monedas. Ed. Guadarrama. Madrid, 1975, p. 179.
86 Francisco Chaparro Zapana

En las postrimerías del patriarcado, con la aparición de herramientas más per-


feccionadas (de metal), con las que una sola familia podía cultivar una parcela de
tierra y procurarse los medios necesarios de sustento, los estrechos marcos de la pro-
piedad colectiva y la distribución igualitaria de los productos del trabajo comenzaron
a frenar el desarrollo de las fuerzas productivas de la naciente economía individual.
Así se van configurando las premisas para el paso de la economía colectivista co-
munitaria a la economía individual, la cual, en tales condiciones históricas, resultaba
más productiva.

Junto a la creciente producción de instrumentos también hizo su aparición


la producción de las correspondientes materias primas, extraídas sobre todo de las
minas. La industria minera, así como la instalación de un sistema artificial de irriga-
ción, presupuso la creación de un plusproducto, por cuanto los hombres dedicados a
la minería o a la construcción del sistema de irrigación debián ser dispensados, por
lo menos en parte, de la producción de los medios de subsistencia. Se ocupaban de
la extracción de sílice y metales, utilizando como instrumentos la zapa y los troncos
de árbol estribados (primera forma de escalera) para descender a los pozos, que al-
canzaban una profundidad de hasta veinte metros. A esto se agregaba la producción
artesanal de bienes de consumo, como los tejidos y objetos domésticos; aunque esta
producción no fuera muy a menudo objeto de ocupación especial, pues la asumían
las mujeres junto a sus otras ocupaciones. Como el intercambio de ganado y de
productos de la ganadería por productos agrícolas creó el “comercio exterior”, la
división del trabajo entre producción de medios de subsistencia y producción arte-
sanal de otras mercancías –consecuencia de la plusproducción agrícola–, condujo a
la creación del comercio exterior, pero no inmediatamente, ya que al principio los
productos de la agricultura y de los oficios eran aún de propiedad comunal. Mas al
constituirse la propiedad privada, la división del trabajo entre agricultores y artesa-
nos llega a ser a la postre la base del comercio interior.

El surgimiento de la artesanía como oficio, o sea la creación de una ocupación


especializada que no está directamente dirigida a procurar los medios de subsisten-
cia, es solo el primer efecto de la plusproducción. La segunda y aún más importante
consecuencia llega a ser comprensible solo si tenemos en cuenta otro desarrollo que
se remonta a un período más antiguo, durante el cual tuviera lugar el rápido incre-
mento de los medios de subsistencia y, por lo tanto, es una época anterior aún a la
plusproducción.

Entonces, el principal objeto de las operaciones de cambio era el ganado. Las


comunidades de pastores poseían grandes rebaños de ovejas, cabras y vacunos. Los
jefes y patriarcas, en quienes se había ido concentrando un poder notable dentro
de la comunidad, solían disponer de estos rebaños como si fuesen de su propiedad
personal. Y los demás miembros de la comunidad reconocían su derecho efectivo a
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 87

proceder de tal modo. Así, la propiedad privada comenzó encarnándose primero en


el ganado, extendiéndose luego, gradualmente, a todos los demás instrumentos de
producción. La forma que durante más tiempo se mantuvo en vigencia fue la propie-
dad colectivista comunitaria sobre la tierra.

4.2. Formación de las castas sociales sobre la base de la producción del


plusproducto
Con el incremento del número de instrumentos y, en particular, con la domes-
ticación del ganado y la cría de rebaños, el concepto de riqueza (patrimonio) adquie-
re, a diferencia de la utilidad, una importancia siempre mayor en la economía. En
verdad, la riqueza en un principio pertenece a todos. No es siquiera capital, riqueza
que explota a otros, sino que promueve el beneficio del bienestar. En el período del
salvajismo aún no existe la riqueza, solo hay beneficio. El bastón y la piedra, que son
utilizados por poco tiempo como instrumentos y que al día siguiente son desechados
y sustituidos por otros, aún no constituyen una riqueza. Pero ya la elección del ins-
trumento –aún sin elaboración– confiere a este una forma de riqueza, en cuanto la
elección incluye el trabajo de la búsqueda, un trabajo que tiende a reducir el esfuerzo
utilizando más veces y continuadamente los instrumentos seleccionados cierto día.
Es de este modo que la riqueza hace su aparición en la vida económica. Sin embargo,
en la práctica aún no ejerce ninguna función. Pero cuanto más se desarrolla y afina la
actividad económica, cuanto más avanza el progreso técnico, tanto más importante
llega a ser la función de la riqueza. Durante el régimen gentilicio esta función ya
es tan grande que en cierto modo contribuye a determinar el carácter del régimen
económico, al extremo de que la riqueza comienza a ejercer más bien una acción
que tiende a minar la base social de la economía, tal como se presenta en la época
del estado salvaje y durante gran parte de la barbarie, o sea, a socavar la propiedad
comunal institucionalizada de los medios de producción.

La creciente producción de ganado, que se incrementa más rápidamente que


los hombres, al principio no condujo a una considerable plusproducción, sino sim-
plemente a una falta de hombres que cuidaran del ganado. En virtud de ello, la plus-
producción desaparecía inmediatamente en gran parte o se perdía, volviendo a caer
en el estado salvaje. En cierto modo se disponía de un plusproducto, pero no se lo
podía utilizar por falta de condiciones para su conservación. A causa de esta escasez
de hombres se inició la búsqueda del plusproducto, tomándolo de otras comunidades
mediante métodos de coacción física violenta: saqueos, asesinatos y matanzas.

Pero los asesinatos y matanzas se llevaban a cabo mucho antes de que el ace-
lerado aumento del ganado provocara la escasez de hombres. Con estos actos se
despojaba a otras comunidades de sus “propias” reservas de caza; más tarde se agre-
día a estas comunidades para robarles su ganado. Los hombres de las comunidades
derrotadas por lo general eran asesinados y devorados. No se podía hacer nada con
88 Francisco Chaparro Zapana

ellos, porque no producían ningún plusproducto y, en tales circunstancias, hubiera


afectado sus propios medios de subsistencia. Por eso, el ganado y los hombres ro-
bados representaban solo un excedente, un suplemento de víveres. Constituían un
feliz descubrimiento, logrado con muchos esfuerzos, pero sin ellos las cosas habrían
avanzado igualmente. De ningún modo, los asesinatos y las matanzas eran recursos
indispensables para satisfacer las necesidades de alimentación ni una forma necesa-
ria de supervivencia de la sociedad.

La situación cambió completamente cuando, al mejorar los métodos de la


crianza de ganado, este registró un aumento capaz de suministrar con regularidad un
plusproducto. Hasta entonces, los asesinatos y las matanzas se transformaron en gue-
rras para procurarse cuidadosamente de ganado y, eventualmente, también de fuerza
humana de trabajo destinada a otras actividades económicas como, por ejemplo, a la
agricultura y el pastoreo. El enemigo derrotado y capturado, en vez de ser muerto y
devorado como alimento, empezó a ser utilizado como trabajador.

Así, tanto la guerra como el robo de hombres se convierten en sólidos e in-


dispensables elementos constitutivos de la economía. Durante un largo período la
humanidad progresa a costa de enormes sacrificios. “De este modo –dice F. Engels–
la violencia fue puesta al servicio de la situación económica”. Sin la guerra hubiera
sido imposible una economía en sus nuevas formas. Esta evoluciona hasta llegar a
ser una condición natural. Aristóteles no solo considera a la guerra como un tipo de
industria, sino que la incluye junto al robo, la caza y la pesca, entre las actividades
económicas naturales; considero en cambio actividades económicas no naturales al
comercio y a los negocios con dinero.

Así, cuando se disponía de hombres en mayor cantidad para cuidar el ganado,


cada nuevo pastor estaba en condiciones de aumentar el rebaño en la cantidad que
necesitaba para vivir y de obtener también algo de plusproducción. De modo que
cada vez era más ventajoso el agredir a otras comunidades y capturar prisioneros,
que devienen en esclavos. Con esto hemos llegado a una de las más importantes
instituciones que se apoyan en la existencia de la plusproducción: la esclavitud.
Por ser esta resultado de la creación del plusproducto, su función será crear siempre
nuevo plusproducto. Así surge la división de la sociedad en clases, según la cual
los esclavos trabajan más rudamente y más tiempo que los trabajadores libres y re-
ciben menos para alimentarse; el “excedente”, el plusproducto de su trabajo pasa a
ser de los libres. Debió transcurrir mucho tiempo antes que –quizá en el período de
transición de la comunidad primitiva a la civilización– la esclavitud, apoyada en el
plusvalor, lograra liberar a otros hombres del trabajo manual en general, poniendo
las bases para la aparición de hombres profesionalmente dedicados a las actividades
científico-culturales como los sacerdotes, astrónomos, filósofos, artistas, etc.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 89

La primera forma de esclavitud fue la esclavitud patriarcal, en cuyo sistema


el esclavo era un colaborador del amo esclavista, quien también era todavía un traba-
jador. En algunos pueblos esta constituye, entre la diversidad de variantes, la única
forma de esclavitud en su historia, como en las antiguas sociedades aborígenes de
Alemania, Rusia, Asia y América.

Los dos grandes resultados de la formación del plusproducto son pues: por
una parte, una división del trabajo entre hombres dedicados a la producción de ins-
trumentos artesanales, de materias primas o de productos artesanales acabados; y por
otra, la división de los hombres en libres y esclavos, en una clase explotadora y otra
explotada. En resumen, en la época de la barbarie la esclavitud no conduce aún a una
nueva división del trabajo, en el sentido de que un determinado tipo de trabajo sea
hecho solo por los esclavos y otro solo por los hombres libres.

4.3. Desintegración de la comunidad primitiva: el régimen gentilicio despla-


zado por la sociedad de clases
La aparición de la propiedad privada –posesión privada de los medios de pro-
ducción y de las fuerzas productivas en general– se procesa con gran lentitud y está
ligada estrechamente al desarrollo de las fuerzas productivas. Se inicia cuando el
principio de la distribución en partes iguales dentro de la comunidad primitiva pierde
fuerza. Aparece primero en la esfera de la distribución, en forma muy vaga, y aún
irreconocible como tal. Cuando todos los medios de subsistencia ya no deben ser
distribuidos en partes iguales para mantener con vida a cada miembro de la comuni-
dad, aparecen costumbres por las que, por ejemplo, el que ha golpeado primero con
la lanza o con la flecha al animal, tiene derecho a una parte mayor del producto de la
caza. De este modo se abre, en cierta medida, una primera brecha en el sistema eco-
nómico de la comunidad primitiva. Una segunda brecha se abrirá con el considerable
aumento de la productividad, logrado por una guerra victoriosa y por la conquista
de nuevas fuerzas productivas. Es de suponer que los comandantes de guerra fueron
los primeros grandes poseedores de una propiedad privada. Al comandante de gue-
rra se le reservaba un trato especial, poniendo a su disposición una parte de lo que
había sido capturado para la comunidad. El individuo sobresaliente, no solo recibía,
como en los comienzos de la caza, privilegios especiales en el consumo, sino una
alícuota personal de fuerzas productivas. Luego este trato privilegiado se extendía a
un mayor número de guerreros y la constitución de la propiedad privada de bienes
patrimoniales (ganado y a veces también esclavos) llegó a generalizarse y difundirse
cada vez más. Sin embargo, la institución de la propiedad comunal no desapareció
del todo. Pero el orden social de la comunidad primitiva –en el que todos los medios
de producción eran de propiedad común, cuando nadie poseía medios de producción
por cuenta propia– comenzó a decaer. Al principio lo sustituyó un régimen econó-
90 Francisco Chaparro Zapana

mico mixto, en el que la tierra aún queda como propiedad comunal, mientras que
ganado e instrumentos llegan a ser propiedad privada.

Con la propiedad privada aparece también la división de la sociedad en ricos


y pobres, apoyada en la desigual distribución de los medios de producción. Es una
división que solo comprende a los hombres libres. División que desempeñará una
gran función en la historia posterior de la humanidad y que ya en la época gentilicia
comienza a corroer las bases de la comunidad primitiva y la organización de la so-
ciedad según grupos ligados por vínculos de sangre.

El desarrollo de las fuerzas productivas, el surgimiento de la propiedad priva-


da y la aparición de la economía individual trajeron consigo la desintegración de la
“gens”. Esta se fue disgregando en una serie de grandes familias patriarcales. Más
tarde, se formaron en el seno de la gran familia patriarcal pequeños núcleos fami-
liares aislados, que convirtieron en propiedad privada suya, familiar, los utensilios
domésticos y el ganado. A medida que se iba desarrollando la propiedad privada,
se debilitaban los vínculos gentilicios. La comunidad gentilicia fue desplazada por
la comunidad rural. La comunidad rural o de vecinos, a diferencia de la gens, se
hallaba formada por individuos no necesariamente unidos entre sí por vínculos con-
sanguíneos. A cada familia pertenecían en propiedad privada la casa, la economía
doméstica y el ganado. En cambio, los bosques, las praderas, las aguas, etc., así
como también las tierras labrantías, hasta llegar a cierto período, seguían siendo de
propiedad colectiva. Al principio, las tierras de labor se distribuían periódicamente
entre los miembros de la comunidad, hasta que más tarde pasaron a ser de propiedad
privada.
El trabajo colectivo fue desplazado por el trabajo individual; la propiedad
social, por la propiedad privada; y el régimen gentilicio, por la sociedad de cla-
ses. Y las relaciones de colectivismo primitivo son sustituidas por las relaciones de
dominación y dependencia. En consonancia con las alteraciones que va sufriendo la
vida económica se producen cambios en la vida social. La democracia gentilicia es
suplantada por la democracia militar, y luego, al fortalecerse las relaciones de clase,
de sometimiento, de dependencia y desigualdad, la democracia militar será sustitui-
da por el Estado.

Según F. Engels: “Acababa de surgir una sociedad que, en virtud de las condi-
ciones económicas generales de su existencia, había tenido que dividirse en hombres
libres y en esclavos, en explotadores y explotados pobres; una sociedad que no solo
no podía conciliar estos antagonismos, sino que, por el contrario, se veía obligada a
elevarlos a su límites extremos. Una sociedad de este género no podía existir sino en
medio de una lucha abierta e incesante de estas clases entre sí o bajo el dominio de
un tercer poder que, puesto aparentemente por encima de las clases en lucha, supri-
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 91

miera sus conflictos abiertos y no permitiera la lucha de clases más que en el terreno
económico, bajo una forma “legal”. El régimen gentilicio era ya algo caduco. Fue
destruido por la división del trabajo, que dividió la sociedad en clases, y reemplaza-
do por el Estado”22.
En adelante, toda la historia de la humanidad se convertirá en la historia de la
lucha de clases, bajo diversas formas (o sistemas) de explotación y en sus distintas
etapas de desarrollo.

22 Marx, Carlos y Engels Federico. Obras escogidas, óp. cit. T. II, p. 296.
CAPÍTULO III

El sistema o modo de producción esclavista

Al igual que los demás modos o sistemas de producción, el régimen escla-


vista ocupa un sitial histórico destacado. Su rol histórico consiste en que aseguró el
tránsito de la humanidad de su estado primitivo, semianimal, a la civilización. Y una
vez agotadas sus posibilidades, el modo esclavista de producción se extinguió y fue
sustituido por un nuevo sistema económico, más avanzado y progresista.

Según el esquema de análisis económico marxista sobre el desarrollo de la


mayoría de culturas del Viejo Mundo, el régimen esclavista transita en su desarro-
llo por dos etapas: 1. La del esclavismo patriarcal, y 2. La del esclavismo clásico,
haciendo la salvedad de que en las antiguas culturas de Asia y del Nuevo Mundo,
América, se desarrolló casi contemporánea y paralelamente el modo asiático de pro-
ducción1, a cuyo sistema se asemeja más el modo de producción andino o incaico2.
El sistema económico esclavista alcanzó su máximo desarrollo en las antiguas cultu-
ras de Egipto, Grecia y, sobre todo, en la Roma clásica.

1. ESTABLECIMIENTO DEL RÉGIMEN ECONÓMICO-SOCIAL ESCLAVISTA

1.1. Significado histórico de la transición del régimen de la barbarie a la civi-


lización, al régimen esclavista
Históricamente, el régimen esclavista viene a ser el segundo sistema del de-
sarrollo social de la humanidad, pero, el primero de clases sociales antagónicas.
Surgió al desintegrarse el régimen comunal primitivo, dando origen a la división
de la sociedad en clases y la instauración de la explotación de los hombres, o sea la
esclavitud. Esta primera forma de explotación del hombre por el hombre representa
un nuevo tipo de relaciones sociales, en el cual los poseedores (señores esclavistas)
de los medios de producción se apropian del producto del trabajo ajeno, de los pro-
ductores directos (los esclavos) de los bienes materiales, privados en absoluto de
medios de producción.

1 Núñez Anavitarte, Carlos. “Teoría del desarrollo incásico”. En Espinoza Soriano, Waldemar. Los modos de produc-
ción en el Imperio de los incas. Ed. Amaru, Lima, 1989, pp. 15-87.
2 Ibídem, pp. 15-87.
94 Francisco Chaparro Zapana

La esclavitud es el método coercitivo de obligar a trabajar a los productores


directos. Y como los esclavos eran propiedad de los dueños de los medios de produc-
ción, o sea de los esclavistas, eran empleados por los amos en los trabajos más pe-
sados y extenuantes, de preferencia en las grandes unidades productivas (haciendas,
minas y construcciones) para obtener el mayor plusproducto posible.

No obstante, el paso del régimen comunal gentilicio al esclavismo en general


representa un avance extraordinariamente grandioso en el desarrollo económico, so-
cial y cultural de la humanidad.

Sin embargo, pese al relativo progreso que significó la individualización de la


producción en el seno de la comunidad patriarcal, la tecnología productiva de aque-
lla época seguía siendo bastante primitiva y limitada. Por eso, el trabajo individual
no era lo suficientemente productivo como para satisfacer a plenitud y sin interrup-
ciones las crecientes necesidades del desarrollo social ni de garantizar la sucesiva
expansión de la producción. En esas condiciones, el progreso de la sociedad solo era
posible liberando del trabajo físico a una parte de la población y satisfaciéndole sus
necesidades a expensas del trabajo de los esclavos.

Al interpretar el significado histórico de la necesidad del tránsito de la barba-


rie al sistema económico esclavista, Engels decía: “La introducción de la esclavitud
fue en aquellas circunstancias un gran progreso. Es, en efecto, un hecho que la hu-
manidad ha empezado en la animalidad, y que, por tanto, ha necesitado medios casi
animales y bárbaros para conseguir salir a flote de la barbarie”3.

La esclavitud imperó, en mayor o menor medida, en todas las sociedades y


pueblos de mayor desarrollo cultural de la Antigüedad. Si bien la característica esen-
cial de las relaciones de producción del esclavismo en general es la explotación de
los esclavos por los esclavistas, este sistema económico presenta, en los diversos
pueblos y culturas del mundo, peculiaridades propias y esenciales.

El curso posterior que siguió la producción social trajo consigo necesariamen-


te la formación de clases, la aparición y la consolidación de un nuevo sistema de pro-
ducción, el esclavista, mucho más progresista que el régimen primitivo. La aparición
de la sociedad clasista marca uno de los momentos cruciales de la evolución de la
humanidad, a partir del cual toda su historia posterior, hasta el inicio de la edificación
de la sociedad socialista, es la historia de las clases sociales, del nacimiento y la for-
mación de unas, y la descomposición y hundimiento de otras. Es la historia de una
lucha de clases irreductible, en cuyo campo de acción se confrontan, conviven y/o
alternan en función a la correlación de sus fuerzas y capacidad de negociación.

3 Engels, Federico. Anti-Dühring. Ed. Grijalbo. México, 1964, p. 175.


Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 95

1.2. Período de la democracia militar: premisas del tránsito al régimen escla-


vista y las formas de esclavizamiento
El tránsito de la barbarie a la esclavitud se caracteriza por la transformación de
la comunidad primitiva, fundada en lazos de consaguinidad, de constitución gentili-
cia, en sociedad de clases, en estado esclavista. Esta transición la podemos estudiar
en la historia de los egipcios y los babilonios, los asirios y los persas, los fenicios y
los hebreos, las antiguas culturas de China e India, como también en sus manifesta-
ciones sui géneris en las culturas de los pueblos aborígenes de América.

Hemos visto cómo la propiedad privada tuvo su origen sobre todo en la parte
especial del botín de guerra asignada al comandante de guerra. En cuanto la guerra
llegó a ser cada vez más una institución permanente como factor necesario de la
economía y como medio para procurarse hombres, tanto mayor sería también la
función del comandante en la sociedad. La función de jefe militar se convierte, de
actividad ocasional que era antes, en profesión permanente después. “El jefe militar
del pueblo –dice Engels– llegó a ser un funcionario indispensable y permanente”4.
En consecuencia las asignaciones extraordinarias que el jefe y sus ayudantes recibían
en ocasión de las operaciones de guerra, se transformaron en un donativo de carácter
permanente, el cual en un primer momento era aún conferido por la comunidad5.
Por eso esta época es llamada período de la democracia militar. “Militar porque la
guerra y la organización para la guerra constituían ya funciones regulares de la vida
del pueblo”6; democracia porque la asamblea popular es todavía un órgano de la so-
ciedad al que efectivamente corresponde el poder de decidir. La democracia militar
ejerce, hacia fines del período gentilicio y en el de tránsito al régimen esclavista, una
función muy importante.

Al período de la democracia militar sucede el período de transferencia y cen-


tralización gradual de las funciones de la comunidad en la persona del jefe mili-
tar. Y para afianzar su posición personal, el comandante militar promueve, a menudo
con éxito, que las asignaciones de parte del botín destinadas a los jefes subordinados
a él pasaran por sus manos para su distribución. De la función profesional del co-
mandante en jefe surge a continuación la figura del rey, quien luego, con el correr del
tiempo, legará su cetro por derecho hereditario a sus descendientes. Para consolidar
aún más su posición, el rey asume también la dirección ideológica, sobre todo, la
dirección mágico-religiosa del pueblo, arrogándose el derecho a ser el intermediario
entre los hombres y los poderes sobrenaturales. Y, al pasar por sus manos las ofren-
das del pueblo a los dioses, el rey obtiene también beneficios materiales adicionales.

4 Engels, Federico. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Óp. cit., p. 653.
5 Por ejemplo, compárense muchos pasajes de la Ilíada de Homero, algunos de los cuales cita S. Thomson. Studies
in Anciente Greek Society, óp. cit., London, 1949, p. 329.
6 Engels, Federico. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Óp. cit., p. 653.
96 Francisco Chaparro Zapana

De este modo pudo disponer de una doble fuente de ingresos: la terrenal, que le
pertenece por su condición de rey y comandante en jefe, y la mágico-religiosa, que
proviene de sus funciones de mediador entre el pueblo y los dioses. Con el tiempo,
también los comandantes de grado inferior llegaron a ostentar los mismos derechos.
Ellos también logran transmitir por herencia sus funciones de comando de guerra y
muy pronto, cuando el comandante en jefe consigue convertirse en monarca, llegan
a ser príncipes o virreyes. Paralelamente, estos virreyes también pudieron ejercer
oficios religiosos que ya eran inherentes a la función del rey. Por ejemplo, Ulises
como señor de Ítaca era un importante subordinado de Agamenón, rey legendario
de Mecenas y de Argos. Pero frente a los príncipes de Ítaca Ulises era un rey. Y los
sacerdotes de Apolo en Delfos –reclutados dentro de un exclusivo círculo de familias
nobles– percibían ingresos considerables provenientes en parte del ejercicio de las
funciones religiosas.

En la época de la que tratan los poemas homéricos, la principal riqueza de


los reyes y príncipes ya no solo consistía en ganado sino, como consecuencia del
rápido incremento de la productividad agrícola, en tierras en gran parte y también
en riquezas muebles (como los tesoros) obtenidas mediante el saqueo, lo mismo
que el ganado y los hombres (y por esto a su vez la esclavitud ejercía una particular
influencia sobre la producción de los medios de guerra). Estos eran prisioneros de
guerra7 o bien comprados a los mercaderes8. Los tesoros eran botín de guerra o bien
resultado de ventajosos negocios. Los héroes de la Ilíada, Menelao, Ulises y todos
los demás, eran ladrones y piratas profesionales. Como lo advierte con mucha clari-
dad Heichelheim9, la disputa entre Aquiles y Agamenón, motivo básico de la Ilíada,
versa precisamente sobre un botín robado. Pero la verdadera base del poderío no
reside en los tesoros robados o acumulados con el comercio, sino en la propiedad te-
rritorial. Esta es la fuente más importante y regular de la que provienen los ingresos.
La subdivisión de esta propiedad, que a través de los virreyes y príncipes es repartida
entre los restantes miembros de la tribu, con el correr del tiempo llega a ser uno de
los principales pilares de poderío.

La fragmentación progresiva de la propiedad territorial se veía favorecida,


sobre todo, por el nuevo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. La labranza
agrícola con ganado y arado ya no necesita de la cooperación comunal, sino que bien
puede ser practicada por la unidad económica familiar; esto es, bajo la forma de pro-
piedad personal. De modo que la familia patriarcal reemplaza a la familia gentilicia
basada en el derecho matriarcal, en un principio en el interior de la comunidad más

7 Homero. Ilíada, XXI, 102.


8 Homero. Odisea, XV, 482.
9 Ver: Heichelheim, Fritz M. Wirtschaftsgeschichts des Altertuns. Vol. I. Leiden, 1933.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 97

vasta ligada por vínculos de parentesco, más tarde ya en una comunidad similar a la
estatal.

El tipo particular de acumulación en forma de tesoros estaba condicionado por


el hecho de que la acumulación se producía más rápidamente que las posibilidades
de su empleo. Así, con los robos se acumulaba más que cuanto podía ser consumido
e invertido en nuevos medios de saqueo. Cuando la acumulación supera las posi-
bilidades de uso, el tipo ideal de acumulación es el atesoramiento, ya que cuando
se ofrece la oportunidad de ampliar la base productiva, el tesoro permite convertir
inmediatamente el producto congelado en riqueza activa para el aprovechamiento de
los otros.

De la necesidad de congelar los productos bajo la forma de objetos preciosos,


generalmente metales, se hizo costumbre acumular grandes tesoros sin limitar las
posibilidades productivas ni acumular negativamente instrumentos de producción,
sino provocando guerras, más numerosas que para saquear ganado y esclavos, solo
con la intención de robar oro y otros metales preciosos. Así acrecentaban hasta el
máximo de posibilidad el tesoro mismo. Por esta razón, también la industria mine-
ra ejerció una función muy importante en la economía del mundo antiguo, ya que
suministraba, además de materia prima necesaria para la producción, los objetos
preciosos. Se podía producir cuanto se deseara, de modo que, como ya lo señalara
Marx, la intensidad del trabajo y la explotación de los esclavos en las minas llega-
ron a escalas nunca antes alcanzadas. Por eso el comercio exterior pudo superar en
su desarrollo a muchos otros sectores de la economía, pues además de importantes
bienes económicos de empleo inmediato, también suministraba objetos preciosos,
siempre bienvenidos. Jamás se podía decir que se los poseía en exceso. Por ejemplo,
según la correspondencia cursada entre monarcas de la Antigüedad, en el siglo XIV
a. ºn. e., un rey babilonio lamenta que los suministros de oro provenientes de Egipto
fuesen tan limitados, mientras que un rey chipriota desea intercambiar cobre con
plata egipcia.

Toda esta avidez insaciable por los objetos preciosos no nos debe hacer ol-
vidar que lo socialmente decisivo no era la posesión de tesoros, sino la propiedad
territorial. Por lo general, el rey estaba en condiciones de regular en líneas genera-
les la distribución de la propiedad territorial. Los jefes militares de grado inferior
recibían del rey grandes propiedades en asignación, que ellos, a su vez, subdividían
en parte entre su propia gente. De este modo, junto a la propiedad común surgió y
se difundió ampliamente la forma de propiedad privada de la tierra. En un princi-
pio esta propiedad privada era otorgada a cada persona por un período breve y más
tarde por un período más largo, hasta que finalmente se convirtió efectivamente en
posesión privada, heredable. En otros casos se hace costumbre, en particular en las
comunidades de aldeas, realizar nuevos repartos de la tierra en el ámbito mismo de la
98 Francisco Chaparro Zapana

propiedad común subsistente, la que es asignada a título personal para ser cultivada
con medios de producción y de explotación privados.

Por tanto, para transitar al régimen esclavista, la sociedad se basó en el incre-


mento de las fuerzas productivas concentradas en unidades económicas individuales
y en el desarrollo de la división social del trabajo y el intercambio de productos
(comercio).

1.3. Economía mercantil urbana: la propiedad privada de los medios de pro-


ducción. La formación y el rol del estado
El progreso de los oficios y del cambio condujo ya en la más remota antigüe-
dad, en los albores del régimen económico esclavista, a la formación de las ciudades.
Al principio, la ciudad –residencia del comandante militar y centro administrativo de
la comunidad, donde se depositaban las armas de reserva– no se diferenciaba en gran
medida de la aldea; pero, poco a poco, fueron concentrándose en ella los oficios y el
comercio. La cuidad fue diferenciándose cada vez más de la aldea por la naturaleza
de las ocupaciones de sus habitantes y por su nuevo estilo de vida. Así se inició el
proceso de disociación entre la ciudad y el campo y de contraposición entre ellas.

Al aumentar el poder del comandante militar y transformarse en rey, la ciu-


dad se convirtió, lentamente, de centro militar en centro administrativo e ideológico
(religioso). Aunque otras veces, una ciudad surgió por el progresivo desarrollo de
un núcleo de intercambio, de un mercado, que luego también llegaría a ser lugar
fortificado, en parte como protección del mismo mercado, y en parte para dominar,
por medio de este centro económico, el territorio circundante. La base económica de
las ciudades es esencialmente la práctica de la economía mercantil, el comercio y las
actividades artesanales. Y el rasgo característico esencial de la economía mercantil
es la producción de bienes para el cambio. La segregación de los oficios artesanales
de la agricultura y la conversión de estos en actividades independientes determinó el
nacimiento de la producción mercantil (la mercancía es el producto que no se desti-
na directamente al consumo del productor, sino al cambio, a la venta en el mercado),
configurando así la segunda gran división social del trabajo.

Mientras el cambio tuvo un carácter puramente fortuito o casual, unos pro-


ductos del trabajo se cambiaban directamente por otros (trueque). Pero, a medida
que el cambio fue extendiéndose y convirtiéndose en una operación generalizada, se
destacó poco a poco, de entre todos ellos, una mercancía que todo el mundo aceptaba
de buen grado a cambio de otra cualquiera. Esta mercancía de aceptación universal
(forma del valor anterior al dinero) sirve para medir el valor de todas las demás y
actúa como intermediaria en las operaciones del cambio. A medida que aumentaba
el volumen de mercancías destinadas al cambio, iban ensanchándose también los
límites territoriales de su circulación. Surgió así la necesidad de intermediarios en-
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 99

tre vendedores y compradores, cuyas funciones fueron desempeñadas inicialmente


por los mercaderes. La segregación de la clase social de los mercaderes, personas
dedicadas no a producir sino solo a cambiar productos, constituye la tercera gran
división social del trabajo. Los mercaderes, empujados por el afán insaciable de lu-
cro, compraban mercancías a los productores para llevarlas a los mercados, situados
muchas veces a grandes distancias del lugar de producción, y venderlas a los consu-
midores obteniendo pingües ganancias.

El incremento de la producción y del cambio acentuó considerablemente las


desigualdades patrimoniales. En manos de los ricos se acumularon el dinero, el ga-
nado de labor, los aperos y las simientes. Los pobres se veían obligados a recurrir
a los ricos, cada vez con mayor frecuencia, en solicitud de préstamos en especie, la
mayoría de veces, pero también en dinero. Los ricos les prestaban con fines de lucro
los aperos de labranza y la simiente, les daban dinero a crédito con elevadas tasas de
interés; tenían sojuzgados a sus deudores y si no pagaban los despojaban de sus tie-
rras y los reducían a la esclavitud. Surgió la usura, que contribuyó al enriquecimiento
de unos pocos y al sojuzgamiento económico de muchos.

Al extenderse la propiedad privada a la tierra, esta comenzó a venderse y a


hipotecarse. Engels advierte que: “Apenas se introdujo la propiedad privada de la
tierra, se inventó la hipoteca”10. Pero la hipoteca presuponía el préstamo a interés.
Tomar a interés era una cosa obvia, si se piensa que los primeros préstamos fueron
en ganado o en cereales, luego de una mala cosecha o de una mortandad de ganado a
causa de enfermedades o por una sequía. Era lo más natural exigir la restitución del
ganado o de los cereales prestados más una parte adicional de la cosecha o del gana-
do joven. Y si el campesino no podía pagar era obligado a hipotecar una parte de su
propia tierra y de sus rebaños. Por ejemplo, según las leyes de Hamurabi de hace dos
mil años a. n. e., los préstamos en dinero o en cereales debían ser restituidos luego
de la cosecha con un interés del 33%. Y como originariamente el préstamo fuera de
cosas, era natural que a cambio de él se entregara una cosa en garantía: la forma más
primitiva de la hipoteca.

Esta garantía material pronto fue explotada por los prestamistas –terratenien-
tes más ricos y afortunados– para procurarse nuevas tierras. Cuando Engels dice
que con la creación de la propiedad privada también se descubrió la hipoteca, puede
agregarse que también se descubrió la concentración de la riqueza, el avasallamiento
y la reducción a esclavitud por endeudamiento. Porque si el deudor no podía pagar
al prestamista, se veía obligado a despojarse de su tierra y a vender en esclavitud su
persona y la de sus hijos para saldar la deuda. Así, los grandes terratenientes, hacien-
do uso de su poder, arrebataban a las comunidades rurales campesinas parte de sus

10 Engels, Federico. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, p. 655.


100 Francisco Chaparro Zapana

prados y pastizales. O luego de una serie de malas cosechas, a menudo una cantidad
numerosa de campesinos era obligada a entregar su propia tierra o a empeñarse en el
pago de tributos anuales particulares.

En manos de los esclavistas ricos fueron concentrándose cada vez más las
tierras, las riquezas en dinero y grandes masas de esclavos. Mientras los pequeños
campesinos se iban hundiendo más en la miseria, la economía esclavista se ensan-
chaba y fortalecía, extendiéndose a todas las ramas de la producción. El trabajo de
los esclavos se convirtió en la base de existencia de la sociedad. Y esta terminó
escindida en dos clases antagónicas fundamentales: la de los esclavos y la de los
esclavistas.

Así se estableció e impuso el sistema o modo esclavista de producción.

Además, en el régimen esclavista la población se dividió también en hombres


libres y esclavos. Los hombres libres disfrutaban en mayor o menor grado de los de-
rechos cívicos, patrimoniales y políticos. En cambio, los esclavos carecían de todos
estos derechos. Los hombres libres, a su vez, se dividían en la clase de los grandes
terratenientes, que eran al mismo tiempo grandes esclavistas, y la clase de los peque-
ños productores (campesinos y artesanos), entre los que existían capas acomodadas
que también explotaban el trabajo de los esclavos y compartían la posición de es-
clavistas. Los sacerdotes, cuya importancia era grande en la época de la esclavitud,
pertenecían o se identificaban por su posición (de defensores espirituales del orden
establecido) con los intereses de clase de los grandes terratenientes esclavistas.

En sus inicios, al desarrollarse la división social del trabajo y el cambio, las


“gens” y las tribus fueron contactándose y agrupándose entre sí. Fue cambiando el
carácter de las instituciones gentilicias. Los órganos del régimen gentilicio fueron
perdiendo poco a poco su carácter democrático popular y se convirtieron en órganos
de dominación sobre el pueblo, en instrumentos de despojo, usurpación y opresión
violenta sobre sus tribus y las tribus vecinas. De los jefes y caudillos militares de las
“gens” y las tribus –como ya lo vimos– surgieron los reyes y príncipes. Su autoridad
emanaba en otro tiempo del hecho de haber sido elegidos democráticamente por las
“gens” o agrupaciones de estas. Ahora, empleaban su poder para defender los inte-
reses de la minoría de propietarios, para tener a raya a los miembros arruinados de
su “gens” y para reprimir a los esclavos. Tal era la finalidad de los primeros destaca-
mentos armados, tribunales y demás órganos de represión.

Por tanto, la división del trabajo, el comercio y la producción de mercancías,


la creación del plusproducto y, como consecuencia, la organización de la sociedad
en clases sociales de explotadores y explotados, en ricos y pobres, la disolución de
la propiedad comunal por obra de la propiedad privada, el interés y la usura son en
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 101

definitiva los factores que destruyeron la constitución gentilicia y crearon el Estado


como única forma de organización social apropiada a las nuevas circunstancias. El
Estado, organización política de la clase económica dominante, tiene como objeto
mantener el orden de cosas existentes y aplastar la resistencia de las otras clases11.
En él los hombres se distribuyen territorialmente, organizados según censo y oficio
y donde los vínculos de consanguinidad aún ejercen una función en cuanto crean
relaciones y hacen posible la transmisión hereditaria de la propiedad.

Según Lenin: “La historia demuestra que el Estado, como aparato especial
de constricción de los hombres, solo ha surgido allí donde y cuando aparece la di-
visión de la sociedad en clases, vale decir cuando los hombres se dividen en grupos
tales que los unos pueden apropiarse continuamente del trabajo de los otros, que los
unos exploten a los otros”. “Solo cuando apareció la primera forma de división de
la sociedad en clases, cuando apareció la esclavitud, cuando fue posible, para una
determinada clase de hombres, concentrándose en las formas más rudas del traba-
jo agrícola, producir cierto excedente, cuando este excedente no fue absolutamente
necesario para la misérrima existencia del esclavo y cayó en manos del dueño de es-
clavos, cuando de este modo se consolidó la existencia de esta clase de amos, y para
que esta se pudiese consolidar, fue necesario que apareciera el Estado”12.

Y así surgió el poder del Estado, que nació con el fin de someter a la mayoría
explotada, en interés de la minoría explotadora.

El Estado esclavista desempeñó un importante papel en el desarrollo y afian-


zamiento de las relaciones de producción de la sociedad basada en la esclavitud.
Mantenía a las masas de esclavos sujetas a obediencia y acabó convirtiéndose en
un frondoso aparato de sojuzgamiento y de violencia. La democracia de Grecia y
de Roma antiguas, que tanto ensalza la historiografía burguesa, eran, en realidad,
apenas democracias de esclavistas.

2. LAS FUERZAS PRODUCTIVAS Y LAS RELACIONES SOCIALES DE PRO-


DUCCIÓN EN EL RÉGIMEN ESCLAVISTA

2.1. Los rasgos esenciales del régimen esclavista patriarcal


En la sociedad esclavista, las ramas fundamentales de la producción de bienes
materiales tenían un orden de prioridades: la agricultura, la ganadería y las industrias
estrechamente vinculadas entre sí; las cuales dieron un gran paso adelante al implan-
tarse el régimen esclavista.

11 Rosental, M. M. Diccionario Filosófico. Ed. Pueblos Unidos. Buenos Aires, 1990, p. 199.
12 Lenin, Vladimir Ilich. “Sobre el Estado”, en Marx, Engels y el marxismo. Ed. Lenguas Extranjeras. Moscú, 1947, pp.
453 y 457.
102 Francisco Chaparro Zapana

Para que este desarrollo fuese posible era necesario que se perfeccionaran
los instrumentos de trabajo en comparación con los de la época anterior. Tuvieron
que aparecer nuevos instrumentos, elevando la productividad del trabajo social y el
dominio del hombre sobre la naturaleza. En ese sentido, el paso de las herramientas
de piedra a las de metal ensanchó enormemente el campo de acción humana (de
trabajo). Dentro de la economía rural, que siguió siendo la principal actividad pro-
ductiva, se perfeccionaron los métodos de la agricultura y la ganadería. Surgieron en
consecuencia, una tras otra, nuevas ramas en la economía agraria: la horticultura, la
viticultura, el cultivo del lino, los cultivos de plantas oleaginosas, etc. Se ampliaron
los pastizales y se incrementaron los rebaños de las familias ricas, por lo que cada
vez se necesitaban más pastores para cuidar el ganado. Asimismo, se perfeccionaron
gradualmente la producción textil, la alfarería, la minería, elaboración de los meta-
les, la construcción, los medios de transporte, etc.

“A consecuencia del desarrollo de todos los ramos de la producción –ganade-


ría, agricultura, oficios manuales domésticos–, la fuerza de trabajo del hombre iba
haciéndose capaz de crear más productos que los necesarios para su sostenimiento.
También aumentó la suma de trabajo que correspondía diariamente a cada miembro
de la “gens”, de la comunidad doméstica o de la familia aislada. Era ya conveniente
conseguir más fuerza de trabajo, y la guerra la suministró: los prisioneros fueron
transformados en esclavos”13.

Durante un largo período de aquella fase de su desarrollo, la esclavitud tuvo un


carácter doméstico, patriarcal. La cantidad de esclavos era, entonces, relativamente
limitada. Su trabajo no constituía aún la base de la producción, sino que desempeñaba
un rol secundario y complementario en la economía. La finalidad de esta economía
seguía siendo la satisfacción de las necesidades de la gran familia patriarcal, cuya
institución apenas empezaba a recorrer el proceso de su transformación. Sin embar-
go, el poder del señor sobre sus esclavos era ya en aquel tiempo ilimitado, absoluto,
no obstante que el campo de acción del trabajo de los esclavos aún no había llegado a
desarrollarse. Por ejemplo, en los países esclavistas del antiguo Oriente estaban muy
enraizadas las formas comunales y estatales de propiedad de la tierra. La existencia
de estas formas de propiedad guardaba relación con el sistema agrario de regadío.
“La irrigación artificial es, en estas regiones, condición primordial de la agricultura e
incumbencia del municipio, de la provincia o del gobierno central”14. La agricultura
de regadío, en las tierras ribereñas de los ríos del Oriente, requería enormes obras
para la construcción de diques, canales, embalses y desecación de pantanos. Para dar
cima a estas empresas, había que recurrir al régimen de centralización de los trabajos
y aplicar los sistemas de irrigación a grandes zonas, funciones que solo podían ser

13 Rosental, M. M. Diccionario Filosófico. Ed. Pueblos Unidos. Buenos Aires, 1990, p. 289.
14 Carta de Federico Engels, a Carlos Marx, 6 junio 1853. En: Marx-Engels. Gasmtausgabc. Sección III, T. I.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 103

realizadas por el poder estatal. Al desarrollarse la esclavitud, las tierras comunales


fueron concentrándose en manos del Estado. El más poderoso poseedor de tierras era
el rey, dotado de poderes ilimitados.

En aquella época el Estado esclavista sometía a los trabajadores del campo


a un régimen de sojuzgamiento y, con frecuencia, de esclavitud, imponiéndoles tri-
butos desmesurados y obligándolos a ejecutar diversas clases de prestaciones; re-
solviendo así parte del problema de la necesidad de mano de obra para trabajar las
grandes propiedades de tierras concentradas en su poder. Desde entonces empieza a
adquirir gran importancia el sistema de esclavitud por endeudamiento. Si el cam-
pesino miembro de la comunidad no podía pagar una deuda al usurero prestamista,
o la renta al dueño de la tierra, era esclavizado. Por entonces, las comunidades que
basaban su economía en la combinación de la industria doméstica con la agricultura
primitiva eran de carácter cerrado y estancado. Como resultado de este estancamien-
to, la concentración de las tierras en manos del Estado esclavista determinaba que la
comunidad no fuera otra cosa que una sólida base del despotismo oriental, es decir,
del poder autocrático y absoluto del monarca. En los países esclavistas del Orien-
te, desempeñaba un papel extraordinariamente importante la aristocracia sacerdotal.
Las extensas tierras de propiedad de los templos eran cultivadas también mediante
el trabajo de los esclavos.

Al desarrollarse la economía esclavista, el cambio de productos fue adqui-


riendo poco a poco mayor importancia, sobre todo en la fase de apogeo del régimen.
En una serie de ramas de la producción, cierta parte de los productos se elaboraban
regularmente como mercancías y se vendían en el mercado. Pero al desarrollarse el
cambio, fue aumentando la importancia del dinero. Generalmente, la función del
dinero era ejercida por la mercancía más conocida como objeto de cambio. Muchos
pueblos, especialmente los que se dedicaban al pastoreo, empleaban como dinero,
en sus inicios, el ganado. Después de numerosas transformaciones y cambios, la
función del dinero fue asumida por diversas mercancías particularmente aptas por
sus cualidades naturales. Nos referimos a los metales, entre los cuales terminó im-
poniéndose el oro.

2.2. Rasgos esenciales del esclavismo clásico: Grecia y Roma


Si bien en el período de la esclavitud patriarcal, el esclavo era considerado
como miembro de la familia, dentro del régimen de producción esclavista clásico ya
no era considerado un ser humano, sino un simple objeto de propiedad íntegra de su
señor. Los esclavos no eran solamente explotados, sino comprados y vendidos como
bestias, y sus dueños podían, incluso, matarlos con toda impunidad. El esclavista se
apropiaba del producto íntegro del trabajo de sus esclavos, del cual les suministraba
apenas una mínima cantidad de medios de sustento, lo suficiente como para que no
104 Francisco Chaparro Zapana

muriesen de hambre y pudieran seguir trabajando para él. El esclavista se beneficia-


ba no solo con el plusproducto, sino también con una parte considerable del producto
necesario del trabajo del esclavo.

“El esclavo no vendía su fuerza de trabajo al esclavista, del mismo modo


que un buey no vende su trabajo al labrador. El esclavo es vendido de una vez y
para siempre, con su fuerza de trabajo, a su dueño”15. El trabajo del esclavo tenía
un carácter abiertamente conminatorio. Se le obligaba a trabajar mediante la más
brutal coacción física y el empleo del látigo, en tanto que sus más leves faltas eran
castigadas con severas penas. Se le marcaba a fuego para poder capturarlo fácil-
mente si se fugaba. Muchos portaban permanentemente un collar de hierro con la
grabación del nombre de su amo, afrentoso estigma de esclavitud.

La base económica de la antigua Grecia era la explotación de los esclavos.


Esto no quiere decir que los hombres libres no fueran también explotados. Sin em-
bargo, el rasgo esencial característico de esta etapa es la expoliación de los esclavos,
quienes constituían la mayoría.

En general, el esclavo por ser comprado, o ser botín de guerra, representaba


una inversión considerable. Por eso el propietario de esclavos tenía interés en hacer
trabajar al esclavo de continuo durante toda su vida, además, el trabajo esclavista
solo era altamente rentable si era aplicado en una ocupación de carácter duradero,
o si podía ser continuada en otras, por ejemplo, en las labores domésticas, en las
minas, en el trabajo de remeros de las naves, los oficios artesanales o las grandes
propiedades de tierra en las que hay variedad de ocupaciones todo el año. Pero para
que la rentabilidad fuera factible, también era importante que el trabajo del esclavo
pudiera ser vigilado con facilidad y que no requiriese de ninguna habilidad particu-
lar. Como todo lo producido terminaba en manos del amo, el esclavo no tenía el más
mínimo interés por su trabajo ni por su calidad. El trabajo esclavista se adaptaba me-
nos a las pequeñas empresas en las que se requería de un trabajo calificado, porque
el adiestramiento del esclavo requería de mucho tiempo. Enseñar un oficio al esclavo
equivalía a renunciar al empleo de su fuerza de trabajo durante un lapso prolongado
para su aprovechamiento. Luego, cuanto más progresaba y se elevaba el nivel téc-
nico en el mundo antiguo, tanto más se reducían las posibilidades de empleo de los
esclavos. A la recíproca, se puede decir que el empleo de esclavos en gran escala
como fuerza de trabajo impedía superar cierto nivel de desarrollo técnico, ya que la
mayor parte de trabajadores estaba conformada por esclavos incapaces de realizar
un trabajo calificado. En ese aspecto el trabajo esclavista impedía el progreso técnico
del mundo antiguo.

15 Marx, Carlos y Federico Engels. “Trabajo asalariado y capital”. Obras escogidas. T. I. Ed. en español, Moscú, 1952,
p. 70, cursiva en negrita por F. Ch. Z.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 105

Además, la tendencia ambigua a reducir o ampliar el empleo de esclavos en-


cuentra una expresión interesante, por ejemplo, en el desarrollo de la industrial textil
y la confección de vestidos. En general, durante toda la antigüedad griega, los tejidos
y piezas de vestuario se producían en el hogar. Solo dos tipos de tejidos y de vestidos
se producían cada vez más por vía industrial: los de lujo y los destinados a la masa.
Los tejidos de lujo, cada vez más refinados, eran producidos en Grecia, sobre todo,
por artesanos libres; en cambio, los más corrientes y destinados al consumo masivo
se confeccionaban en grandes talleres donde trabajaban los esclavos.

Pero la economía del mundo antiguo no solo se caracterizó por el empleo de


esclavos, sino también por la ocupación de personas libres. La proximidad de es-
clavos y trabajadores libres en la producción tenía sus ventajas particulares para el
empresario esclavista. En efecto, podía contraponer hasta cierto punto a los dos es-
tratos entre sí. El éxito de esta maniobra se revela en el hecho de que eran muy raros
los levantamientos de esclavos coronados, por lo menos en parte, por el triunfo, y
las rarísimas victorias siempre fueron de corta duración. Al mismo tiempo, también
fueron raramente eficaces las asociaciones de trabajadores libres en su lucha, pues se
empleaba a los esclavos contra ellas.

Así vemos que la situación de los esclavos y de los libres está determinada
por las tendencias más dispares y contradictorias, y que las condiciones de vida de
unos y otros se agravan recíprocamente. Mientras la existencia de los esclavos ejerce
una gran influencia sobre la situación de los trabajadores libres, la de estos sobre la
situación de los esclavos es relativamente mucho menor, porque el número de los
esclavos supera al de los trabajadores libres y, sobre todo, porque la vida de los es-
clavos está determinada por su particular posición de ser propiedad del empresario;
en cambio, la situación de los trabajadores libres está condicionada, en parte, por su
estado de mano de obra explotada y, en parte, por su posición de ciudadanos libres,
por lo que son en algunos aspectos iguales a los empresarios y a los otros ciudadanos
libres.

Con el transcurso del tiempo, los campesinos libres son cada vez más opri-
midos y se endeudan cada vez más con los grandes terratenientes. Al aumentar sus
deudas terminan por ser reducidos en general a la servidumbre, de la que pasan lue-
go a la esclavitud por deudas. Por eso, dentro de un mismo pueblo encontramos a
menudo un tránsito directo de la libertad a la esclavitud. No es extraño entonces que
en la antigua Grecia la lucha de clases entre ciudadanos libres adquiera a menudo la
forma de una lucha entre deudores y acreedores, por lo que la consigna de los cam-
pesinos pobres será la reforma territorial y anulación de las deudas.

La esclavitud por deudas provocaba, sobre todo en el campo, la transforma-


ción de cierto número de ciudadanos en esclavos, estos en su mayoría eran extranje-
106 Francisco Chaparro Zapana

ros. En gran parte, los esclavos eran capturados en las guerras o en las expediciones
de saqueo. A menudo fueron esclavizadas ciudades enteras con millares y millares
de hombres. El número de esclavos nacidos como tales y que habían sido reducidos
a esclavitud por endeudamiento era relativamente limitado frente a los prisioneros
de guerra. Pero un cierto número de esclavos provenía también del comercio pacífico
con jefes de tribus extranjeras que vendían a sus súbditos Con el transcurso del tiem-
po el comercio de esclavos llegó a ser una de las actividades más rentables.

Además del comercio, se desarrolló el sistema de alquiler de esclavos, es de-


cir que empezó a producirse una separación entre propietarios de esclavos y personas
que empleaban esclavos. Esta separación acrecentó la posibilidad de emplear a los
esclavos, quienes ahora también podían ser colocados en trabajos de corta duración
para ser luego alquilados a otro empresario. Pero, al mismo tiempo, este sistema
reducía aún más el rendimiento de los esclavos, ya que a cada cambio de ocupación
debían pasar por un período de aprendizaje. Por eso, la institución del arriendo de
esclavos no significó un aumento sensible de su empleo en los trabajos estacionales
o de corta duración, ni pudo establecerse en todas partes. En otros casos no era rara
la manumisión de esclavos. Los emancipados vivían entonces en Atenas como me-
tecos, como extranjeros libres. En otros Estados a menudo formaban sectores de la
población. No obstante, la cantidad total de emancipados siguió siendo muy baja.

De este modo, durante todo este período, desde comienzos del siglo VI hasta
fines del siglo IV a. n. e., en el curso de unos 300 años, el número de esclavos en la
antigua Grecia creció continuamente hasta alcanzar, en todos los países dominados
por los griegos, una cifra de muchos miles.

La economía griega, como toda la economía antigua y también la feudal, se


basaba en la agricultura. Solo en algunas importantes ciudades, como Atenas, en
la segunda mitad del siglo VII, la primacía pasó de la agricultura al comercio. Las
ciudades, donde se verifica esta transición, luego de haber llegado a ser durante el
período aristocrático centros políticos, ahora se convierten también en centros eco-
nómicos. En varias de estas ciudades, y por la misma época, el dominio de la nobleza
fue abatido por los regímenes de las tiranías; los tiranos eran en parte hombres de
la vieja nobleza, en parte nuevos ricos, pero casi siempre gente cuya base económica
principal había dejado de ser la agricultura. No se trataba de tiranos en el sentido de
enemigos del progreso, sino muy a menudo de hombres detrás de los cuales estaban
los campesinos pobres y una parte considerable de la pequeña y mediana burguesía
urbana.

Al llegar el siglo VII, los reyes en general habían perdido el poder y, ya en la


segunda mitad del mismo, el propio régimen aristocrático se encontraba en decaden-
cia. Así, alrededor del año 650 a. n. e., Cipselo llega a ser tirano de Corinto, entonces
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 107

primera ciudad de Grecia, sobresaliente por la amplitud de su movimiento comer-


cial, que ya se realizaba sobre la base del sistema monetario. En el año 630 a. n. e.
aparece la tiranía de Teógenes en Megara, ciudad célebre por su intensa actividad
industrial. Sición, Mileto y otras ciudades siguieron el ejemplo. Atenas, retrasada en
su desarrollo para esta etapa, se incorporó a este movimiento recién en el año 560
con la tiranía de Pisístrato, después del fracaso de numerosas tentativas precedentes
para abatir el poder de la aristocracia rural.

Con estas fechas concernientes a la aparición de las tiranías, coincide el ascen-


so de la industria y el comercio al poder político (y por ende también la supremacía
sobre la agricultura). El comercio, surgido de las dos primeras grandes divisiones
sociales del trabajo, terminó, entonces, por hacer de la ciudad el centro económico
en la historia de los hombres, abatiendo en consecuencia por primera vez la posición
económica de la gran propiedad territorial, que hasta entonces siempre había deten-
tado el poder. Y así como la división entre la producción de los medios de subsisten-
cia y el artesanado fue originada por el comercio interno, el comercio externo fue,
a su vez, el factor que en Grecia promovió el artesanado de manera extraordinaria.
Si bien el comercio exterior en gran escala comenzó en el siglo VIII a. n. e., sobre
todo en forma de intercambio de cereales por otros productos agrícolas o en forma
de compra-venta de esclavos, también en este siglo se configura como una fuerte
corriente exportadora de productos industriales desde la metrópoli hacia las colo-
nias. Por eso, en este período, fue el comercio el que intensificó la industria. Cabe
anotar que el comercio en la Antigüedad conservó siempre su preeminencia sobre la
industria. Esta, elaborada en establecimientos pequeños y medianos, al igual que la
minería y las construcciones públicas, no pudo desarrollarse hasta convertirse en el
sector principal del sistema económico esclavista; y como el comercio se apoyaba
por igual en la agricultura y en la industria, estaba llamado a ser la actividad econó-
mica predominante en Atenas y, temporal, en Grecia.

El desarrollo del sistema esclavista de producción iba acompañado por el au-


mento de la demanda de esclavos. El trabajo humano era, en aquel tiempo, muy poco
productivo y arrojaba un escaso remanente sobre los medios indispensables para el
sustento del trabajador. Esto determinaba que la economía esclavista solo podía ser
lucrativa si se basaba en la explotación del trabajo de grandes masas de esclavos y en
la baratura de la mano de obra esclava. La rapaz expoliación de los esclavos se tradu-
cía en su rápido agotamiento físico. El contingente de esclavos tenía que reponerse
a cada paso, cubriendo el gran número de bajas que se producía, sobre todo por lo
extenuante del trabajo. La procreación era insuficiente para satisfacer la creciente de-
manda de esclavos. Además, al esclavista no le convenía mantener a los hijos de los
esclavos en la edad en que aún no estaban aptos para trabajar y rendir plusproducto.
108 Francisco Chaparro Zapana

En Roma, al igual que en Grecia, aparte del comercio de esclavos y de otras


mercancías, llegó a adquirir gran importancia el comercio de artículos de lujo impor-
tados de los países de Oriente. Y el comercio se hallaba frecuentemente relacionado
con el saqueo a las poblaciones aborígenes y con la piratería.

Bajo el régimen esclavista, el dinero ya no era solo un instrumento intermedia-


rio de la compra y venta de mercancías, sino también un medio de apropiación del
trabajo ajeno a través del comercio y la usura. Así, el dinero invertido con el fin de
apropiarse del plustrabajo y el plusproducto ajenos empieza a convertirse en capital,
es decir, en medio de explotación.

Marx demostró que el capital comercial y el capital usurario preceden al modo


capitalista de producción. Ambos nacen en las entrañas del régimen esclavista y
no modifican las relaciones de producción basadas en la esclavitud, sino que, por
el contrario, contribuyen mediante la competencia desigual a la conversión de los
pequeños productores libres en esclavos al empujarlos a la ruina. Al mismo tiem-
po, estas formas de capital, que no intervienen en la producción, contribuyen a la
concentración de grandes recursos pecuniarios en manos de los mercaderes y los
usureros. Además, una parte considerable de estos recursos se destina a su consumo
parasitario. Por tanto, no tienen razón los historiadores burgueses que suponen las
relaciones esclavistas existentes en Roma y Grecia antiguas como relaciones de tipo
capitalista, porque las relaciones capitalistas de producción surgen y se erigen en las
relaciones económicas predominantes cuando aparecen las clases de obreros asala-
riados y de capitalistas industriales.

Así, la sociedad esclavista alcanzó su apogeo en el mundo antiguo, en Grecia,


en Fenicia y en Roma.

3. RASGOS GENERALES Y LEYES ECONÓMICO-SOCIALES FUNDAMEN-


TALES DEL RÉGIMEN ESCLAVISTA
En la sociedad esclavista no solo los medios de producción son propiedad
de los esclavistas, sino también los productores directos, los esclavos. Si bien en el
período de la esclavitud patriarcal el esclavo era considerado como miembro de la
familia, dentro del régimen de producción esclavista clásico ya no era ni siquiera un
ser humano, sino un simple objeto de propiedad íntegra e ilimitada de su señor.

El amo se apropiaba del producto íntegro del trabajo de sus esclavos, del cual
les suministraba apenas una mínima cantidad de medios de sustento, lo suficiente
como para que no muriesen de hambre y pudieran seguir trabajando. De este modo
el esclavista se beneficiaba no solo con el plusproducto, sino además con una parte
considerable del producto necesario del trabajo del esclavo.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 109

La guerra era la principal fuente de suministro de nuevos esclavos. Los Es-


tados esclavistas del antiguo Oriente sostenían incesantes guerras para someter por
la fuerza a otros pueblos. La historia de la Grecia antigua nos relata de las constan-
tes guerras libradas entre los diversos Estados-ciudades, entre las metrópolis y las
colonias y entre los Estados griegos y los orientales. Roma, por su parte, no dejó
de guerrear nunca y, en el período de su apogeo, sometió a la mayor parte de los
territorios hasta entonces conocidos. La esclavitud era la suerte reservada, no solo a
los prisioneros de guerra, sino también a una parte importante de la población de los
territorios conquistados.

Otra importante fuente de suministro de esclavos eran las provincias y las


colonias. Desde allí se enviaba para los esclavistas la “mercancía viva”, junto a otras
remesas de productos. El comercio de esclavos constituía una de las actividades
más lucrativas y florecientes de la economía. Existían mercados especiales para el
comercio de esclavos, donde se organizaban ferias con este fin y a las que afluían
mercaderes y compradores procedentes de lejanas tierras.

La economía esclavista era, fundamentalmente, una economía natural, por-


que los productos del trabajo en su gran mayoría eran agrícolas y destinados al con-
sumo interno de la propia unidad productora. En ella la producción artesanal se su-
bordinaba a la agrícola. No obstante ello, el cambio continuó desarrollándose. Al
principio, los artesanos laboraban manufacturas por encargo, por lo que aun con
posterioridad siguieron explotando durante largo tiempo pequeñas parcelas, las que
cultivaban para cubrir sus necesidades de alimentación. Los campesinos mantenían,
básicamente, una economía natural, pero también se veían obligados a vender en el
mercado una parte de sus productos agrícolas, para poder comprar a los artesanos y
pagar los impuestos en dinero. Todo esto determinó que una parte de lo producido
por el trabajo de los artesanos y los campesinos fuera convirtiéndose poco a poco en
mercancía.

La producción esclavista tenía como finalidad suprema obtener el producto


excedente creado por el trabajo de los esclavos, del cual se apropiaban los esclavis-
tas. El desinterés de los esclavos por el trabajo que desempeñaban para sus amos y la
baja productividad del mismo hacían que los esclavistas, para obtener el plusproduc-
to, tuvieran que recurrir a la cooperación simple en gran escala, basada en el trabajo
de masas de esclavos y su inhumana explotación. Esto era posible debido a que ellos
pertenecían en propiedad omnímoda a los esclavistas y a la enorme afluencia de es-
clavos baratos como resultado de las guerras de conquista.

El sistema económico esclavista significaba mayores posibilidades de desa-


rrollo de las fuerzas productivas que el régimen de la comunidad primitiva. El gran
número de esclavos concentrados en manos del Estado y de los esclavistas permitía
110 Francisco Chaparro Zapana

emplear en gran escala la cooperación simple del trabajo. Así lo atestiguan las gi-
gantescas construcciones levantadas en la Antigüedad por los pueblos de Babilonia,
Egipto, India, China, Grecia, Roma, Transcaucásica, el Asia central, etc., así como
los sistemas de riego, calzadas, puentes, acueductos, caminos, obras de fortificación
y otros monumentos culturales.

La división social del trabajo adquirió un desarrollo considerable, que se tra-


dujo en la especialización de la producción agrícola y artesanal, y creó las condicio-
nes necesarias para elevar la productividad del trabajo.

En Grecia, el trabajo de los esclavos era aprovechado en vastas proporciones


dentro de la producción artesanal. Surgieron grandes talleres, los ergasterios; en
cada uno de los cuales trabajaban varias decenas de esclavos. El trabajo de los escla-
vos se realizaba también en la rama de la construcción y en las minas de hierro, plata
y oro. En Roma, se empleaba a los esclavos en grandes proporciones en la agricul-
tura. La nobleza romana poseía vastas extensiones de tierras, los latifundios, en los
que trabajaban cientos y miles de esclavos. Estos latifundios se formaron mediante
la usurpación de las tierras de los campesinos y de las tierras públicas pertenecientes
al Estado.

La depreciación del trabajo de los esclavos y el aprovechamiento de las venta-


jas de la cooperación simple permitieron a los esclavistas producir en sus latifundios
el trigo y otros productos agrícolas con costos menores que en las pequeñas tierras de
los campesinos libres. Estos eran despojados de sus tierras, caían en la esclavitud o
pasaban a engrosar las filas de las capas indigentes de la población urbana: el lúmpen
proletariado.

La ley económica fundamental del régimen esclavista se define, por tanto,


como la producción del plusproducto para la clase esclavista, mediante la explota-
ción coactiva del trabajo forzado de las masas de esclavos y la propiedad esclavista
de los medios de producción. Económicamente este régimen se basaba en la violen-
cia que significaba el obligar físicamente a los esclavos a realizar un trabajo forzado,
y en la apropiación natural y directa del producto de su trabajo por los esclavistas.

Entre los objetos de propiedad esclavista más importantes figuraba la tierra,


medio universal de producción. En determinadas etapas y en diversos países, la pro-
piedad del suelo tenía formas distintas: comunal, estatal, eclesiástica y privada. Las
tierras comunales, del Estado y de los conventos eran en esencia formas de pro-
piedad conjunta o, a su modo, colectiva. La forma más generalizada de propiedad
territorial esclavista era la privada. Además, existía la pequeña propiedad de arte-
sanos libres en las ciudades, que ocupaba un lugar considerable en la producción
social. Conforme se expande el sistema esclavista, la pequeña propiedad campesina
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 111

y artesana se reduce gradualmente, pasando, en la mayoría de casos, al poder de los


grandes propietarios, de los esclavistas ricos. Además, cabe señalar que por ser una
propiedad sobre las condiciones naturales de producción representa, según Marx,
“simplemente un atributo de la propiedad de determinadas personas sobre las perso-
nas de los productores directos…”16.

La contradicción entre la ciudad y el campo, que había surgido ya en la época


del tránsito del régimen de la comunidad primitiva al régimen esclavista, fue ahon-
dándose cada vez más. Las ciudades se convirtieron en los centros de aglomeración
de la nobleza, de los mercaderes, los usureros y los funcionarios del Estado esclavis-
ta, dedicados a esquilmar a las grandes masas de población campesina.

El empleo en gran escala de la mano de obra servil eximía a los esclavistas de


todo trabajo físico, el que descargaban sobre los hombros de los esclavos. Los es-
clavistas menospreciaban el trabajo físico, en el que veían una ocupación indigna de
hombres libres, y entonces llevaban una vida parasitaria. Conforme iba extendiéndo-
se la esclavitud, una parte cada vez mayor de la población libre volvía las espaldas a
las actividades productivas. Los negocios públicos y el cultivo de las ciencias y las
artes, que alcanzaron en la Antigüedad un considerable desarrollo, se concentraban
en manos de una parte de la minoría esclavista y del resto de la población libre.

El régimen esclavista, al sentar las bases de la separación contrapuesta entre


el trabajo físico y el trabajo intelectual y crear la escisión entre uno y otro, consumó
la cuarta gran división social del trabajo.

4. CRISIS, DECADENCIA Y HUNDIMIENTO DEL RÉGIMEN ESCLAVISTA

4.1. Estancamiento y crisis del sistema esclavista


El período de crisis de la historia romana, anterior a la disolución del Imperio,
abarca la época imperial hasta fines del siglo IV d. n. e.

El Imperio se iba ampliando ulteriormente con nuevas conquistas, mientras en


muchos países conquistados en forma contemporánea se elevaba el nivel económico.
En África, por ejemplo, se cultivaron los territorios de Túnez y Argelia –cosa que
no había ocurrido bajo el dominio de Cartago–; y Galia, España y Britania fueron
convertidos en regiones exportadoras de cereales. Es decir que, en muchos territorios
ya poseídos por Roma se habían introducido nuevas formas de cultivo, mientras que
otras regiones eran conquistadas y sus agriculturas elevadas al nivel técnico de los
países ya integrantes del Imperio. Sin embargo, en el interior del mismo, la técnica
no registraba perfeccionamientos posteriores. Se puede apreciar que al finalizar la

16 Marx, Carlos. El capital. T. III. Fondo de Cultura Económica. México - Buenos Aires, 1959, p. 591.
112 Francisco Chaparro Zapana

República, la agricultura empezó a estancarse; el progreso había alcanzado su cul-


minación.

En los métodos mismos de cultivos, encontramos una ulterior subdivisión par-


celaria de la gran propiedad, que pasa a manos de pequeños arrendatarios. De este
modo, junto a los cultivos extensivos, apareció el pequeño cultivo intensivo sobre la
base de la gran propiedad. Pero ni siquiera el incremento de este llevó a una supera-
ción técnica. Por el contrario, la inseguridad de la posesión y la situación financiera
cada vez más gravosa condujeron a cierto retroceso de la producción, que a partir
del siglo II, cuando cesaron las búsquedas de nuevas tierras cultivables, se tradujo en
una regresión general de la renta agrícola en el Imperio romano.

Por su parte, el continuo aumento de los gravámenes fiscales, que condujo a


grandes zonas del Imperio romano a una parcial desolación y a un completo empo-
brecimiento, indica simplemente que la clase dominante ya no estaba en condiciones
de continuar operando con los métodos de producción existentes. Las fuerzas pro-
ductivas entraron en frontal contradicción con las relaciones de producción y fue la
masa de la población quien debió asumir los costos de este conflicto, hasta que no
surgieran nuevas relaciones sociales de producción.

De la misma forma que en la agricultura, en el comercio exterior observa-


mos un creciente desarrollo, luego un estancamiento y finalmente un retroceso. Era
lógico que en el período de las nuevas conquistas, a comienzos de la era imperial,
el volumen del comercio exterior aumentara pero sin crecer ya en intensidad pro-
porcional a la población. Pronto empezó a estancarse, para comenzar a retroceder a
partir del siglo II d. n. e. Este retroceso, en parte, fue provocado por el agotamiento
de las provincias a consecuencia de los enormes tributos en especie; por el nivel re-
lativamente bajo de los transportes; y, también en parte, por los fuertes gravámenes
financieros que se extendían a lo largo y ancho de todo el Imperio. Estos impuestos y
el retroceso consiguiente del comercio afectaron, a su vez, el nivel de los transportes,
cuya racionalización se mostraría cada vez menos ventajosa. Mientras el comercio
a gran distancia iba disminuyendo, el comercio interno, en el ámbito de su distrito
aduanero, todavía se mantenía en un nivel elevado. De este modo se desarrolló una
especie de autarquía provincial. Aunque el mercado de Roma siguió siendo cosmo-
polita hasta el último día de su poderío de capital imperial. Si se tiene en cuenta las
otras grandes ciudades del Imperio, se observará que estas llegan a ser cada vez más
provinciales respecto al tipo de mercancías que podían ofertar.

El nivel técnico se estancó también en la industria. Si bien en muchos y diver-


sos sectores se afirmó una producción en masa, esta fue acompañada sobre todo por
un deterioro de la calidad, que constituye el primer factor negativo. En segundo lugar
se llegó a ese punto acumulando pequeños talleres artesanales y combinando a veces
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 113

varios oficios en una empresa más grande. La producción en masa no fue implanta-
da sobre nuevos métodos particulares de producción que representaran un progreso
técnico con respecto a la producción del mundo griego –como sucedería más tarde
con el capitalismo en muchas ramas de la industria–. Predomina aquí la misma ten-
dencia que por un período más largo también podemos observar en la agricultura:
un incremento de los centros de producción y una expansión en la extensión de la
producción, pero sin incremento alguno de la productividad, sin ninguna mejora en
la utilización de las fuerzas productivas.

Finalmente, podemos hacer la misma observación para la industria minera. Si


Claudio desplegó enormes fuerzas en la conquista de Britania; y Domiciano, en la
de algunas regiones meridionales de Germania, fue porque los atraía la riqueza mi-
nera de estos países, entre otras cosas. Aumentó el número de minas y se acrecentó
la extracción de metales nobles, pero este incremento no fue resultado de mejoras
técnicas, sino solo de una explotación más extendida de la industria minera.

Así llegamos a la conclusión de que con el ocaso de la República, también,


el desarrollo de la productividad del trabajo llegó en conjunto a su punto máximo.
Luego, solo hubo una ampliación extensiva de la economía, pero no un desarrollo
ulterior. Esta ampliación no dio resultados de naturaleza cualitativa, ni siquiera allí
donde estos resultados habrían de verificarse: desmembró al Imperio en muchas uni-
dades económicas cerradas, de modo que la ampliación fue más aparente que real.
Como en el campo de la industria la formación de empresas más grandes, por lo
general, no se produce sino agrupando diversos oficios, así el Imperio romano no fue
económicamente otra cosa que una suma de potencialidades provinciales.

Un examen del nivel técnico alcanzado en la época de la República nos mues-


tra progresos mínimos con respecto a los niveles alcanzados por Grecia en la época
de su florecimiento. En suma, Roma reproduce en proporciones gigantescas la eco-
nomía del mundo antiguo, sin aportar innovación sustancial alguna. Este imperio
es la última y la mayor realización de un sistema que llevó a la humanidad, durante
algunos milenios, a realizar grandes progresos en el campo de la actividad económi-
ca. Pero la economía esclavista impide cumplir el salto de la cantidad a la calidad,
solo conduce a una multiplicación de la cantidad, no a una integración y formación
de una nueva base sobre la que pudiera cumplirse el repentino tránsito a un estado
de desarrollo superior de las fuerzas productivas; había agotado su función. Lo que
los hombres podían encontrar de progresivo en ella, ya lo habían obtenido. Llegó el
momento de pasar a nuevos métodos de producción. Así como en nuestra época, la
humanidad del llamado mundo capitalista globalizado se está viendo ante la alterna-
tiva de pasar a un nuevo régimen económico o retroceder hacia la barbarie, el caos
y la destrucción del mundo, llevado por los más graves fenómenos de decadencia y
114 Francisco Chaparro Zapana

aniquilación de la humanidad, para los hombres del siglo IV d. n. e. la única salva-


ción consistía en pasar a formas económicas nuevas y más avanzadas.

La gran descentralización, la integración económica relativamente muy esca-


sa y la organización yuxtapuesta de las distintas partes del Imperio se revelaban tam-
bién nítidamente en que las principales tareas de la autoridad central solo consistían
en defenderse de los enemigos externos e imponer nuevas tasas y aduanas. Todas
las demás funciones eran ejercidas por las provincias y por administraciones locales
aún más restringidas. Esta situación se refleja en el presupuesto, en el sentido de que
la mayor parte de los gastos es absorbida por el ejército, incluyendo cifras consi-
derables como emolumentos para los veteranos de las distintas guerras. El término
“gastos” no es solo el primero en orden de importancia, sino también el que supera
ampliamente a todos los demás. Si tenemos en cuenta también que a fines de la era
imperial, más o menos a partir del siglo II, el segundo lugar del balance está ocupado
por las dádivas en especies otorgadas a la población y por los gastos para los juegos
(“pan y circo” en el argot común), es fácil comprender el carácter parasitario de esta
economía, en la cual, para una minoría siempre creciente de la población, empieza a
decaer la relación entre el trabajo y la renta.

Asimismo, los soldados caen, en cierto modo, en esta posición parasitaria. Du-
rante toda la Antigüedad, hasta llegar a esta época, la guerra había sido un elemento
esencial de la economía, servía al pueblo más desarrollado para acumular riquezas,
generalmente, a costa de pueblos menos desarrollados. En esta etapa, en cambio, el
saqueo y la guerra dejan de ser económicamente rentables. No obstante, las guerras
siguen proporcionando grandes botines, pero se han vuelto demasiado costosas, ya
que la ganancia neta es mínima o se convierte en pérdida. La función de la guerra y el
Ejército comienza a ser negativa: sus propósitos serán impedir, dentro de lo posible,
la merma del número de esclavos, defender al Imperio contra las incursiones de los
pueblos enemigos o, en algunos casos, realizar algunas conquistas para redondear
los confines o por razones de mayor seguridad; pero estas conquistas revelan, en
razón de su costo, ganancia mínima o pérdida total. Además, estas empresas gravan
económicamente de un modo muy fuerte a la grande y a la pequeña propiedad, a los
latifundios y a los pequeños arrendatarios, con el resultado de que la base de todo
el sistema económico, la agricultura, se hace cada vez menos rentable y el Imperio
romano se empobrece cada vez más.

Vemos así cómo durante la era imperial la economía del mundo antiguo se va
agotando, en el sentido más literal de la palabra; cómo determinadas ramas impor-
tantes de la economía pierden sus funciones; cómo ciertas fuentes de recaudación se
agotan; y cómo se abren grietas cada vez más peligrosas en la base de la sociedad.
Las viejas estructuras económicas ya han dejado de ser útiles. Refiriéndose a la si-
tuación creada en vísperas de la caída de la esclavitud, Lenin decía: “La esclavitud
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 115

ya no producía más de lo que costaba, y por eso acabó por desaparecer. Pero al morir
dejó detrás de sí su aguijón venenoso bajo la forma de proscripción del trabajo pro-
ductivo por los hombres libres. Tal es el callejón sin salida en el cual se encontraba
el mundo romano: la esclavitud era económicamente imposible, y el trabajo de los
libres estaba moralmente proscrito. La primera no podía ya y el segundo no podía
aún ser la forma básica de la producción social. La única salida posible era una re-
volución radical”17.

4.2. La necesidad histórica de sustituir las relaciones esclavistas de pro-


ducción
El régimen esclavista, entonces, representó una etapa necesaria en el proceso
de desarrollo de la sociedad humana. La explotación milenaria de generaciones de
esclavos sirvió de pedestal a la cultura que impulsaría el progreso ulterior de la hu-
manidad. Muchas ramas del saber –las matemáticas, filosofía, astronomía, mecánica,
arquitectura y la literatura– llegaron a alcanzar importantes progresos en el mundo
antiguo. Tanto los conocimientos científicos como las obras de arte que nos ha lega-
do la Antigüedad, las obras cumbres de la literatura, la escultura y la arquitectura han
quedado incorporados para siempre al gran acervo de la cultura universal.

Pero el régimen esclavista encerraba en su seno irreductibles contradicciones


que habrían de llevarlo a la ruina. Las relaciones de producción de la sociedad es-
clavista abrieron posibilidades más amplias al desarrollo de las fuerzas productivas
que el régimen de la comunidad primitiva. Posibilidades que se cifraban, sobre todo,
en el aprovechamiento en gran escala de las ventajas de la cooperación simple del
trabajo de los esclavos. Pero estas posibilidades fueron agotándose cada vez más.
Por otra parte, el hecho de que los esclavos no tuvieran el más mínimo interés por los
resultados de su trabajo impedía que sus actividades se encauzaran por una senda de
progreso técnico más o menos sostenible. A medida que se propagaba la esclavitud,
iba estampándose en el trabajo el sello de una tarea solo propia de esclavos e indigna
de hombres libres. “Esta contradicción arruina toda producción basada en la esclavi-
tud y a la comunidad cimentada sobre ella”18.

Esto significaba que el régimen esclavista había dado ya de sí todo lo que


podía. Se agudizaba cada vez más la contradicción fundamental de clases de la so-
ciedad esclavista, la contradicción entre esclavos y esclavistas. La forma esclavista
de explotación aniquilaba la fuerza productiva básica de esta sociedad, que eran los
propios esclavos. La lucha de estos contra las brutales formas de expoliación a que
se veían sometidos se traducía con frecuencia cada vez mayor en sabotajes a la pro-

17 Marx, Carlos y Federico Engels. Obras escogidas. T. II, Ed. en español, Moscú, p. 280.
18 Engels, Federico. Anti-Dühring, óp. cit., p. 434.
116 Francisco Chaparro Zapana

ducción y sublevaciones armadas. Estas acciones minaron los propios cimientos de


la economía esclavista.

A la par con ello, se agudizaban las contradicciones de clase entre los campe-
sinos libres y los grandes terratenientes. La competencia que hacía la gran produc-
ción, basada en el trabajo esclavizado desplazaba a los pequeños productores libres,
campesinos y artesanos, quienes también se veían agobiados por toda suerte de tri-
butos y cargas que el Estado les imponía, además de ser explotados por el capital co-
mercial y el usurario. Empujados los pequeños productores a la ruina, se convertían
en personas privadas de medios de producción y de sustento.

La afluencia constante de esclavos y su baratura fueron la condición funda-


mental de existencia y desarrollo de la economía esclavista. La principal fuente de
suministro de esclavos era la guerra. La potencia militar de los estados esclavistas
descansaba sobre la población campesina y artesana. De ella se nutrían las filas del
Ejército y sobre sus hombros recaía el peso fundamental de los tributos necesarios
para financiar las guerras. La expoliación y la ruina de los campesinos libres y de los
artesanos socavaron el poderío económico y la potencia militar y política de los esta-
dos esclavistas, entre ellos el Imperio romano. A las victorias siguieron las derrotas.
Tras las guerras de conquista vinieron las guerras defensivas. Se cerró la fuente de
la que fluía un torrente incesante de esclavos baratos. Como consecuencia, dejaron
de ser rentables los grandes latifundios agrícolas y los talleres artesanales de las
ciudades. Y las inconveniencias del trabajo de los esclavos cada vez eran mayores.
Los últimos dos siglos de existencia del Imperio romano fueron una época de crisis
generalizada de la producción. El comercio cayó en la postración, las tierras que
habían sido fértiles se empobrecieron, los oficios decayeron, la población comenzó
a decrecer y las ciudades se fueron despoblando.

Por lo tanto, las relaciones de producción basadas en el trabajo de los esclavos


devienen en obstáculos que impiden el desarrollo ulterior de las fuerzas productivas
de la sociedad. Se plantea así la necesidad histórica de que las relaciones de pro-
ducción del régimen esclavista sean sustituidas por otras nuevas, que cambiaran la
situación de la fuerza productiva fundamental de la sociedad, es decir, de las masas
trabajadoras. La ley de la correspondencia de las relaciones de producción con el ca-
rácter de las fuerzas productivas exigía la sustitución de los esclavos por trabajadores
interesados, hasta cierto punto, en los resultados de su trabajo.

Como la gran producción esclavista había dejado de ser económicamente ren-


table, los esclavistas comenzaron a dividir sus haciendas en pequeñas parcelas, que
eran entregadas en determinadas condiciones a los antiguos esclavos manumitidos o
a ciudadanos antes libres. Pero ahora estaban obligados a soportar numerosos tribu-
tos y prestaciones en beneficio del terrateniente. Los nuevos cultivadores quedaban
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 117

vinculados al terruño y podían ser vendidos con la tierra que trabajaban, sin embargo,
habían dejado de ser esclavos. Así surgió una nueva capa de pequeños productores,
quienes ocupaban una posición intermedia entre los hombres libres y los esclavos y
se hallaban más o menos interesados en su trabajo. Recibieron el nombre de colonos
y fueron los predecesores de los siervos de la Edad Media.

De esta manera, en el seno de la sociedad esclavista fueron gestándose los


elementos de un nuevo modo de producción: el régimen feudal. La historia de las
sociedades esclavistas de los países del antiguo Oriente, Grecia y Roma, demuestra
cómo, al desarrollarse la economía esclavista, fue en aumento la lucha de clases
de las masas sojuzgadas contra los opresores. Las sublevaciones de los esclavos se
fundían con la lucha de los pequeños campesinos explotados contra la minoría escla-
vista, contra los grandes terratenientes esclavistas.

La contradicción entre los pequeños productores y los grandes terratenientes


nobles engendró ya, en una temprana fase de desarrollo de la sociedad esclavista, un
movimiento democrático de hombres libres, que se proponía como objetivos acabar
con la esclavitud por deudas, propiciar un nuevo reparto de la tierra, la supresión de
los privilegios de la democracia agraria y la entrega del poder al “demos”, es decir,
al pueblo.

Las sublevaciones de las masas explotadas, y principalmente las de los escla-


vos, minaron las bases del otrora todopoderoso Imperio romano. Los golpes descar-
gados desde dentro fueron entrelazándose cada vez más con los embates desde fuera.
Los pueblos y tribus libres que habían sufrido el yugo, la rapiña y la expoliación de
los tributos impuestos por los estados esclavistas constituyeron la fuerza decisiva en
el derrumbamiento de los imperios y otras potencias semejantes de la antigüedad.
Las sociedades esclavistas del antiguo Oriente y de otros países sucumbieron, al
igual que el Imperio romano, bajo las acometidas de tribus libres (o pueblos bárba-
ros) en lucha contra la esclavitud.

Así fue cómo el régimen de la esclavitud se hundió en la antigua Roma para


ser sustituido por el régimen feudal.
C CAPÍTULO IV

El sistema o modo de producción feudal

El modo de producción feudal sustituyó al régimen económico esclavista, en


particular, en las sociedades más desarrolladas de Europa occidental. El feudalismo,
que tiene como base la propiedad privada feudal de los medios de producción y, ante
todo, de la tierra, es un sistema específico de explotación de los productores directos
(la gran masa de campesinos siervos), personalmente subordinados a los señores
feudales a cambio de obtener una mínima economía de subsistencia familiar.

La tierra asignada en esas condiciones se llamaba feudo. De ahí el nombre del


naciente régimen social.

Los primeros elementos de servidumbre feudal empezaron a germinar en las


propias entrañas del esclavismo, cuando los terratenientes esclavistas empiezan a
entregar parcelas de sus tierras a los productores directos (esclavos manumitidos o
trabajadores libres y pobres), a quienes se les denomina colonos. En el sistema del
colonato, que se gestó en proporciones limitadas aún en el seno de la sociedad escla-
vista (ver: capítulo anterior)1, los colonos estaban obligados a trabajar las tierras de
su señor (el terrateniente), a pagarle determinada renta en dinero o con una parte de
los productos de su cosecha y a realizar otras prestaciones en su favor. No obstante,
los colonos tenían mayor interés que los esclavos en los resultados de su trabajo,
puesto que poseían su propia hacienda.

En Europa Occidental se distinguen, más o menos, tres etapas de desarrollo


del feudalismo: 1. Alta edad media (siglos V a IX), que se caracteriza por la forma-
ción de la propiedad feudal y por el sometimiento paulatino a la servidumbre de los
campesinos de las comunidades libres y de los antiguos esclavos y colonos; 2. Edad
Media Propiamente Dicha (siglos X a XIV), período de apogeo del feudalismo, y
3. Baja Edad Media (desde fines del siglo XVI hasta fines del siglo XVIII), período
de desintegración del feudalismo y de gestación en su seno del sistema de las nuevas
relaciones de producción capitalistas2.

1 Avdakov, Polianski y otros. Historia económica de los países capitalistas. Ed. Grijalbo. México, 1965, pp. 98-104.
2 Editorial Grijalbo. Curso Superior de Economía Política. T. 1, México, 1965, pp. 53-54.
120 Francisco Chaparro Zapana

1. LA GÉNESIS Y EL ESTABLECIMIENTO DEL SISTEMA ECONÓMICO


FEUDAL

1.1. Premisas históricas del proceso de transición al feudalismo


La transición de un sistema histórico de producción a otro está condicionada
por la incapacidad de continuar produciendo con las formas y los métodos econó-
micos tradicionales de explotación. En general, son las clases sociales oprimidas
las que promueven este cambio mediante la fuerza, en la medida en que su propia
existencia es amenazada o agredida por el accionar de las viejas formas sociales
imperantes.

¿Cuáles eran las clases oprimidas amenazadas por las formas de produc-
ción esclavistas? En primer lugar, los esclavos y los campesinos; en segundo lugar,
los ciudadanos pobres y los trabajadores libres. Pero los esclavos eran incapaces de
consumar una revolución que derribara las viejas estructuras de la sociedad. Ellos
solo pudieron dar lugar a grandes insurrecciones (por ejemplo, la de Espartaco, en el
año 73 a. n. e. abrazó a más de cien mil combatientes efectivos), que solo llegaron
a obrar en un sentido destructivo en el seno de la sociedad esclavista, por cuanto
ellas no eran portadoras de las premisas para un nuevo y mejor orden social; de ahí
su incapacidad para desarrollar una ideología positiva, constructiva. Además, por
carecer de propuestas con perspectivas de poder, ningún otro estrato de la población,
ya sea artesanos o campesinos libres, aceptaba conformar con ellos un frente común
en sólida alianza contra el poder de la clase opresora. Por eso el Imperio romano
esclavista no fue derribado por la insurrección directa de sus clases oprimidas contra
la clase dominante.

Solo en sentido traslaticio, podemos decir que el Imperio romano (expo-


nente máximo del régimen esclavista clásico) y la sociedad antigua no fueron de-
rribados por obra de las clases directamente oprimidas, sino por acción de grupos
“nacionales”3 oprimidos (externos) o amenazados en su libertad más que todo. Junto
a la opresión social, la “nacional” fue la que, sobre la base de una decadencia política
y social generalizada, hizo saltar finalmente en pedazos a la sociedad esclavista. No
fueron los esclavos, los campesinos, los trabajadores libres o los ciudadanos pobres
quienes destruyeron definitivamente la vieja estructura social ya maltrecha desde
sus cimientos, sino los germanos, una agrupación “nacional” de pueblos residentes
en el exterior del Imperio romano y que aún vivían en el estadio superior de la edad
bárbara, al igual que galos, eslavos y otros, que poblaban las regiones oriental y
septentrional de Europa.

3 Ponemos la palabra “nacional” entre comillas para subrayar el hecho de que no se trata todavía de naciones consti-
tuidas plenamente, sino de comunidades de las que nacieron, en el curso de la lucha contra Roma, “nuevas nacio-
nalidades” (Engels) y que ya en esa época tenían “características nacionales” (Engels).
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 121

Con la lucidez que lo caracteriza, Engels analiza este fenómeno de la siguiente


manera: “Pero ¿qué misterioso sortilegio permitió a los germanos infundir una fuer-
za vital nueva a la Europa agonizante? ¿Era un poder milagroso e innato a la raza
germana, como nos cuentan nuestros historiadores patrioteros? De ninguna manera.
Los germanos, sobre todo en aquella época, eran una tribu aria muy favorecida por
la naturaleza y en pleno proceso de desarrollo. Pero no fueron sus cualidades nacio-
nales específicas las que rejuvenecieron a Europa, sino sencillamente su barbarie, su
constitución gentilicia.

Su capacidad y valentía personales, su espíritu de libertad y su instinto demo-


crático, que veía como asunto propio todos los negocios públicos; en una palabra,
todas las cualidades que los romanos habían perdido, únicas capaces de formar, con
el cieno del mundo romano, estados nuevos y nacionalidades nuevas, ¿qué eran sino
los rasgos característicos de los bárbaros del estadio superior de la barbarie, frutos
de su constitución gentilicia?

“Toda la fuerza y la animación vitales que los germanos aportaron al mundo


romano, era barbarie. En efecto, solo bárbaros eran capaces de rejuvenecer un mun-
do servil que sufría una civilización moribunda. Y el estadio superior de la barbarie,
al cual se elevaron, y en el cual vivieron los germanos antes de la migración de los
pueblos, era precisamente el más favorable para ese proceso. Esto lo explica todo”4.

Entonces, las verdaderas causas de la decadencia del Estado romano y de


la invasión victoriosa de las tribus germanas fueron naturalmente de orden eco-
nómico, por cuanto su clase dominante, para mantenerse en pie, exigió impuestos
tan numerosos y desmesurados que a la gran masa de trabajadores apenas si le
quedaba con qué vivir. La agricultura fue afectada fuertemente, pero también la
artesanía industrial, lo que ocasionó la desaparición de todo dinamismo en pro de
la plusproducción. El Estado, instrumento de poder y explotación al servicio de un
círculo restringido de ricos, y “protector” de otro círculo nada restringido de solda-
dos profesionales (reclutados entre los estratos más dispares de la población), se vio
obligado a imponer un agobiante sistema de tributación que liquidó toda iniciativa
económica; por lo que la economía no pudo continuar produciendo los medios que
asegurasen el poder de la clase explotadora.

Las tribus germanas que sometieron a Roma transitaban la época del régimen
patriarcal en pleno proceso de descomposición. Se trataba pues de un estadio inferior
de desarrollo de la sociedad que se imponía aquí frente a un estadio más evoluciona-
do. Esto era posible porque este último se encontraba en profunda crisis y en proceso
de regresión hacia la barbarie, hacia una forma social inferior; y también porque es-

4 Engels, Federico. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, óp. cit., pp. 648-649.
122 Francisco Chaparro Zapana

taba en franco proceso de disolución social, debido a las permanentes insurrecciones


de esclavos.

Originariamente, los germanos libres estaban agrupados en comunidades de


la marca, organizaciones territoriales democráticas ligadas por vínculos de con-
sanguinidad. Esta forma de organización comunal aún se mantenía cuando la gran
propiedad territorial y el señorío feudal habían reducido a una situación de depen-
dencia a numerosas personas libres, y aun cuando el elemento gentilicio había sido
eliminado de todos los ámbitos importantes de la nueva sociedad. De modo que el
patrón del fundo, el gran feudatario, permanecía frecuentemente como miembro de
la comunidad de la marca. Mientras en un principio la comunidad de la marca fue
la única organización democrática de hombres libres dentro de un territorio, de las
relaciones de dependencia constituidas bajo el feudalismo, se desarrolló poco a poco
un segundo tipo de comunidad: la comunidad de la “villa”. Esta abarcaba la hacien-
da del propietario y las granjas de todos los campesinos que se habían convertido en
sus siervos.

La comunidad de marca era, pues, una organización democrática que abarcaba


todo el territorio; la comunidad de la villa, una relación de clase entre el patrón del
fundo y los campesinos que vivían dispersos. Como el territorio comunal era natural-
mente utilizado por los habitantes del lugar, o sea por todos aquellos que pertenecían
a un centro poblado, independientemente del hecho de estar ligados a uno u otro
propietario, se comprende por qué los grandes terratenientes tuvieron un interés muy
concreto en continuar formando parte de la comunidad de marca. Era de este modo
que fácilmente podían asegurarse el derecho de utilizar en común con los demás el
territorio comunal.

Por lo tanto, la comunidad rural, a la que los germanos llamaban “marca”, era
aún de gran importancia en la vida social de las tribus invasoras. En ella, según las
regiones y las tribus, los germanos practicaban en parte la agricultura y en parte la
cría de ganado. Durante mucho tiempo cultivaban una mitad de la tierra, mientras que
la otra servía para pastoreo. Con el transcurrir del tiempo, al influjo de los progresos
técnicos, aumenta el número de tribus sedentarias o la duración de su sedentarismo.
Y la alternancia entre tierras de cultivo y de pastoreo llegó a ser más regular y con
intervalos más breves. Finalmente se llegó a la triple alternancia, ya muy difundida
en el siglo IX: un tercio de tierras queda por un año en barbecho, mientras en los dos
tercios restantes se cultivan cereales estivales e invernales. Al prosperar este sistema
de cultivos, ya en un estadio posterior del cultivo con pastizal, también se desarrolla
la propiedad privada de modo cada vez más intenso. Mientras originariamente la
tierra era sorteada cada año entre los miembros de la marca, con el transcurso del
tiempo el sorteo anual tiende a desaparecer; entonces, la tierra será trabajada con más
frecuencia por una misma familia durante largo tiempo, de modo que solo una parte
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 123

quedaría como propiedad comunal: las tierras baldías, los pastizales, los bosques y
las aguas. Este desarrollo, característico de los pueblos germánicos, tuvo lugar en
las regiones de Alemania, Francia, Bélgica, Dinamarca, Suecia, Noruega, Inglaterra,
España, Austria e Italia. Posteriormente, las tierras de cultivo y los prados fueron
distribuidos por trienios entre los miembros de la comunidad. Pero, poco a poco, las
tierras más próximas a la casa y, más tarde, las de labranza comenzaron a ser trans-
mitidas en usufructo hereditario dentro de cada familia.

Cuando los germanos invaden Italia y saquean Roma en el año 410, no se tra-
ta de una conquista estrictamente económica, realizada con la expresa intención de
acumular riqueza; lo que ocurre es mucho más primitivo. Entonces, los germanos se
lanzan, como lo hacían antes, a la conquista de nuevos pastizales o de nuevas tierras
cultivables. Engels describe este proceso del siguiente modo: “Por haber librado a
los romanos de su propio Estado, los bárbaros germanos se apropiaron de dos tercios
de sus tierras y se las repartieron. El reparto se efectuó según el orden establecido
en la gens; como los conquistadores eran relativamente pocos quedaron indivisas
enormes extensiones, parte de ellas en propiedad de todo el pueblo y parte en pro-
piedad de las distintas tribus y gentes. En cada gens, los campos y los prados fueron
divididos en partes iguales, sorteándoseles entre todos los hogares… Los bosques y
los pastos permanecieron indivisos para su uso colectivo; este uso, lo mismo que el
modo de cultivar la tierra repartida, se regulaba según la antigua costumbre y por
acuerdo de la colectividad. Cuanto más tiempo llevaba la gens en su poblado, más
se iban confundiendo germanos y romanos y borrándose el carácter familiar de la
asociación ante su carácter territorial. La gens desapareció en la marca, donde, sin
embargo, se encuentran bastante a menudo huellas visibles de parentesco original
de sus miembros. De esta manera, la organización gentilicia se transformó desaper-
cibidamente en una organización territorial y se puso en condiciones de adaptarse
al Estado, por lo menos en los pueblos donde se sostuvo la marca (norte de Francia,
Inglaterra, Alemania y Escandinavia)”5.

Durante el medio milenio subsiguiente al primer ataque victorioso contra el


Imperio romano (entre los años 400 y 900 d. n. e.), los germanos no habían alcanza-
do una evolución suficiente como para dirigirlo políticamente. Pudieron destruirlo,
pero no sustituirlo con un imperio germánico. El Imperio romano se disgrega y los
germanos se apoderan de cuantas tierras posibles. En ellas viven libres, aunque poco
seguros, dada la sucesión de desórdenes y guerras. Los germanos, en primer lugar,
aportan a la historia económica la figura del trabajador libre, del hombre que vive de
los frutos de su trabajo y no por “gracia” de su amo, como sucedía con los esclavos.
En resumen, era el hombre que, si bien es cierto, no había absorbido la sabiduría de la
ciencia antigua, pero que sí poseía iniciativa democrática, esa iniciativa tan necesaria
e importante para el progreso de la economía. En segundo lugar, aportan nuevas

5 Ibídem, pp. 645-646.


124 Francisco Chaparro Zapana

formas de sociedad, aunque como embrión primitivo y nebuloso de Estado nacional,


cuyo pleno desarrollo solo será realidad, de manera natural, mil años después. Así,
dan impulso a la creación de comunidades mucho más grandes que las simples uni-
dades económicas, de verdadera vida provincial bajo el abrigo del Imperio romano,
rechazando sin embargo la decadente estructura que las envolvía.

Al finalizar el período de transición, los hombres han encontrado un nuevo


camino en su actividad económica y comienzan a transitarlo activamente, aunque
no todos a la vez, pero con un gran movimiento que abarca a todo el mundo civi-
lizado. Por tanto, la humanidad ha sido empujada hacia este nuevo camino por los
oprimidos sublevados contra la opresión: los esclavos, quienes con sus insurreccio-
nes agrietaron las bases del dominio esclavista sin haber podido avizorar un nuevo
rumbo para el desarrollo social; las masas de ciudadanos pobres que luchaban de
modo permanente contra los ricos que los explotaban6; y, finalmente, por las tribus
bárbaras, sojuzgadas o en peligro de ser sometidas, que destruyeron definitivamente
a la sociedad esclavista romana.

1.2. Establecimiento del sistema económico feudal


Los distintos pueblos transitaron al feudalismo por diversas vías; sin embargo,
pese a la diversidad y especificidad de condiciones del origen de la sociedad feudal,
las características económicas esenciales de este proceso fueron las mismas en todas
partes: 1. La creación de la gran propiedad territorial (el feudo), y 2. La transforma-
ción de los productores directos en siervos dependientes de los señores feudales.

Como ya lo señalamos, la formación de la gran hacienda latifundista como


una unidad económica –base del régimen feudal– empezó en el siglo III d. n. e., al
disgregarse casi simultáneamente el régimen esclavista y la comunidad rural, y cul-
minó solo a fines del siglo VIII, cuando las tierras comunales y las propiedades cam-
pesinas desprendidas de las comunidades, así como los diversos tipos de propiedad
territorial del régimen esclavista (allí donde existía un esclavismo desarrollado como
en Roma), pasaron a manos de la nueva casta aristocrática seglar y eclesiástica. Y
esta se feudaliza en la medida en que los jefes de los nuevos Estados y sus allegados,
los gobernadores civiles y jefes militares, algunos esclavistas y el alto clero, se su-
man a esta emergente casta de poder.

Las tribus invasoras, al conquistar el Imperio romano, se apropiaron de enor-


mes extensiones de tierras del Estado y muchas otras de propiedad de los grandes te-

6 Marx señala en el prefacio de El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, que “en la antigua Roma la lucha de clases
solo se ventilaba entre la minoría privilegiada, entre los libres ricos y los libres pobres, mientras la gran masa pro-
ductiva de la población, los esclavos, formaban un pedestal puramente pasivo para aquellos luchadores”. (Obras
escogidas, p. 158).
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 125

rratenientes esclavistas. Con el tiempo, las tierras repartidas pasaron a ser propiedad
privada de los campesinos. Fue formándose así, una amplia capa de pequeños cam-
pesinos relativamente libres. Pero estos no pudieron conservar por mucho tiempo
su independencia; porque la consolidación de la propiedad privada sobre la tierra y
otros medios de producción fue acentuando inevitablemente la desigualdad patrimo-
nial entre los diferentes miembros de la comunidad rural. De entre los campesinos
aparecieron familias acomodadas y familias pobres. En unos casos, al profundizarse
las desigualdades, los miembros enriquecidos de la comunidad asumían cada vez
más una posición dominante dentro de la propia comunidad. En otros, las parcelas
campesinas pasaron a manos de los labradores más pudientes, quienes por una serie
de motivos se habían independizado de las comunidades y ampliado sus tierras a
expensas de la ruina económica de los vecinos. Así, las mejores tierras resultaron
concentradas en manos de las familias más ricas de la nobleza gentilicia y los jefes
militares. Y la gran masa de campesinos resultó despojada de sus tierras y sometida
al yugo de la dependencia personal de los nuevos grandes terratenientes, los señores
feudales.

De esta forma, fueron surgiendo y consolidándose las nuevas relaciones de


producción, que solo en la época feudal alcanzaron su pleno desarrollo. Solo a partir
del siglo IX podemos considerar la plenitud del nuevo período, el establecimiento
del sistema feudal estructurado en todos sus caracteres7.

De otro lado, la conquista del Imperio romano aceleró el proceso de desinte-


gración del régimen gentilicio entre las tribus invasoras. Para consolidar su poderío
sobre la gran masa de campesinos sometidos a su servidumbre, la nueva clase terra-
teniente necesitaba órganos de poder para defender sus privilegios, de cuyo proceso
de institucionalización resultó configurándose el nuevo Estado. Los jefes militares,
apoyándose en la nobleza gentilicia y en sus tropas, fueron concentrando la supre-
macía y acabaron por convertirse en reyes, en monarcas absolutos del nuevo poder
estatal.

Sobre las ruinas del Imperio romano se levantaron nuevos Estados menores.
Los terratenientes y el rey encabezaban la conducción del Estado. El rey distribuía
las tierras conquistadas entre sus allegados y estos, en reciprocidad, se comprome-
tían a servirle en la guerra bajo su mando. Así, él y sus jefes subalternos recibían en
propiedad gigantescas extensiones. La Iglesia (que cumple el rol de sostén ideológi-
co del naciente régimen feudal) se asocia con ellos. Esta no solo se asegura posesio-
nes cada vez mayores mediante guerras y conquistas, tal como lo hacen los príncipes
seculares, sino que también recibe en herencia grandes dominios a cambio de pro-
mesas de “vida eterna”. Inmensas extensiones de tierras terminan en manos de las

7 Kuczinski, Jürgen. Breve historia de la economía. México, 1976, pp. 102-103.


126 Francisco Chaparro Zapana

mesnadas reales y los servidores de la corona, de la Iglesia y los monasterios. Dichas


tierras eran cultivadas por la gran masa de campesinos siervos, obligados entonces a
realizar una serie de prestaciones a favor de los nuevos señores.

La propiedad territorial de la Iglesia (sobre todo de los claustros) y del rey


crece de tal manera hasta el siglo XII, que las numerosas investiduras con concesio-
nes de tierras a los jefes subordinados no impiden el ulterior engrandecimiento de
aquella. La concentración de las tierras se da en parte mediante las guerras y nuevas
conquistas, en parte por el despojo de que son objeto los campesinos. A comienzos
del feudalismo el número de campesinos libres no era considerable, sin embargo, la
inseguridad reinante induce a muchos a ponerse bajo la protección de los grandes
señores (comprendidos los príncipes eclesiásticos), aunque esto significaba renun-
ciar a su derecho de propiedad. También se daba el hecho de que muy a menudo los
campesinos eran obligados a prestar servicio militar, siéndoles requisada la tierra
durante su ausencia. Además, el endeudamiento consiguiente al alejamiento de sus
tierras se convertía en causal de pérdida del título de propiedad sobre estas. Marx
observa que: “el servicio militar, que tanto aceleró la ruina de la plebe romana, fue
también el medio principal de que se valió Carlomagno para fomentar, artificialmen-
te, la transformación de los campesinos alemanes libres en siervos y vasallos”8. No
son raros los casos en que el campesino transfiere el título de propiedad de su tierra
al señor feudal, a cambio del usufructo y también de la provisión de ganado y semi-
llas; o casos en que los señores feudales conceden tierras a la gente que ha luchado
por ellos, pero reservándose siempre la propiedad sobre estas. Como contraparte del
usufructo, el campesino es sometido a la servidumbre, o a dar tributos en productos
naturales y ponerse bajo la jurisdicción del terrateniente.

Aunque el proceso de establecimiento del feudalismo discurriera de diversas


formas en los diferentes pueblos, su contenido esencial fue en todas partes el mismo:
los campesinos antes libres iban cayendo bajo la dependencia personal de los seño-
res feudales, que se apoderaban de sus tierras. Esta relación de dependencia era, en
unos casos, más flexible; y en otros, más rígida. Con el tiempo, fueron borrándose
las diferencias entre los antiguos esclavos, los colonos y los campesinos libres, para
convertirse todos ellos en una masa única de campesinos vasallos, quienes en deter-
minadas circunstancias devinieron en siervos de la gleba. Así se llegó, poco a poco,
a la situación que expresa la máxima medieval de “no hay tierra sin señor” (es decir,
no sujeta a los vínculos del señorío feudal).

La historia de la humanidad nos enseña que no necesariamente cada pueblo


debe transitar de manera secuencial todas las etapas del desarrollo social.

8 Marx, Carlos. El capital, óp. cit. T. 3, p. 588.


Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 127

La desintegración del régimen comunal en Rusia trajo consigo la aparición de


la esclavitud patriarcal. Pero aquí la sociedad no siguió, en lo fundamental, el cami-
no del esclavismo clásico, sino la vía feudal. El paso del régimen comunal primitivo
al feudalismo en Rusia se realizó cuando en Europa occidental hacía ya mucho que
el régimen esclavista se había extinguido y se habían consolidado las relaciones
feudales.

Al establecerse el feudalismo en otros pueblos, los campesinos también fue-


ron quedando gradualmente atados a la tierra de propiedad de los señores feudales.
Este proceso se llevó a cabo durante el período colonial de los pueblos latinoameri-
canos, particularmente en el Perú, durante los siglos XVI al XIX, estructurándose un
régimen feudal atípico9, bajo la administración de un Estado colonial dependiente de
la Corona española.

2. EVOLUCIÓN DE LAS RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN Y DE


LAS FUERZAS PRODUCTIVAS DEL RÉGIMEN FEUDAL

2.1. Las formas de explotación del campesinado siervo y la renta feudal


La característica esencial de este régimen es la explotación de los campesinos
siervos por los señores feudales. El campesino sojuzgado no era ya un esclavo, pero
se hallaba en estado de servidumbre. A diferencia del esclavo, poseía su propia eco-
nomía, basada en su trabajo personal. El sistema económico feudal presuponía ne-
cesariamente una relación de dependencia personal del campesino respecto al señor
feudal, que era de coerción extraeconómica bajo formas y grados diversos, desde la
servidumbre hasta la desigualdad estamental del campesino.

Una mayor parte de las tierras pertenecía a la hacienda del señor feudal. Otra
parte era entregada por este en usufructo a los campesinos, en condiciones muy gra-
vosas. El señor concedía (“parcelaba”) la tierra a los campesinos. Y quienes vivían
en las tierras del señor feudal dependían personalmente de este. Los campesinos se
hallaban, de un modo u otro, vinculados a la tierra. La parcela (o lote) entregada al
campesino aseguraba al propietario la mano de obra que le era necesaria. Los campe-
sinos, que usufructuaban hereditariamente sus lotes, estaban obligados a trabajar de
por vida y de generación en generación para el terrateniente, cuyos campos labraban
con sus propios aperos y su ganado de labor, o bien debían entregarle el plusproduc-
to, en especie o en dinero.

El tiempo de trabajo del siervo de la gleba se divide nítidamente en dos partes:


el tiempo necesario, durante el cual el campesino elaboraba el producto necesario
para sustento propio y el de su familia. Y el tiempo adicional que creaba el plus-

9 Macera, Pablo. Trabajos de historia. Lima, 1986, pp. 157-178.


128 Francisco Chaparro Zapana

producto, del que se apropiaba el señor feudal. El plusproducto del campesino que
trabajaba en las tierras del señor y el creado en su propia microhacienda (del que
también era despojado), en conjunto, adoptan la forma de renta feudal del suelo.
Esta renta absorbía frecuentemente no solo el plustrabajo del campesino, sino in-
cluso una parte de su trabajo personal y el de sus familiares. La base de esta renta
eran la propiedad feudal sobre la tierra y el señorío directo del terrateniente sobre los
campesinos que dependían de su fundo.

En el feudalismo, históricamente, la explotación del campesino por el terra-


teniente se materializaba en la producción de la renta del suelo bajo tres formas:
1. Renta en trabajo, 2. Renta en especie y 3. Renta en dinero.

La renta en trabajo o prestación personal predominó en las primeras etapas


de desarrollo del feudalismo. El campesino estaba obligado a trabajar cierta parte de
la semana –tres o más días– con sus propios instrumentos de producción (el arado,
el ganado de labor, etc.) en las tierras del señor; dedicando los restantes días de la
semana a cultivar su parcela. Así pues, el campesino araba la tierra, sembraba y cose-
chaba, apacentaba el ganado, hacía trabajos de carpintería, talaba árboles y acarreaba
con su caballo los productos agrícolas y materiales, todo al servicio de su señor. En
la prestación personal, el trabajo necesario y el plustrabajo del campesino aparecían
nítidamente separados en el tiempo y en el espacio. Las formas de prestación perso-
nal eran muchas y diversas. En este sistema, el siervo de la gleba solo tenía interés
en elevar la productividad de su trabajo mientras laboraba en su propia parcela de
tierra. En cambio, no era lo mismo cuando labraba las tierras del señor. Por eso, para
obligar a trabajar a los campesinos siervos, los señores feudales optaron por mante-
ner mayordomos encargados de vigilar su cumplimiento.

En el transcurso de su desarrollo, la renta en trabajo se convierte más y más en


renta en especie, en el censo en productos. Bajo esta modalidad de renta, el campesi-
no estaba obligado a entregar regularmente al terrateniente determinadas cantidades
de ganado, aves, cereales y otros productos agrícolas. Sin embargo, el campesino ha-
bía adquirido, relativamente, más independencia. Además, distribuía todo su trabajo
–tanto el necesario como el plustrabajo– según creía conveniente. Esto estimulaba
hasta cierto punto la elevación de la productividad del trabajo.

En la etapa de desarrollo feudal de la Baja Edad Media, cuando ya el comercio


había alcanzado un desarrollo bastante amplio, se propaga cada vez más la renta
en dinero, que adopta la forma de tributo en metálico. La renta en dinero es rasgo
característico del período de desintegración del feudalismo y de la aparición de las
relaciones económicas capitalistas.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 129

Los señores feudales, a fin de incrementar sus ingresos, abrumaban al campe-


sino con una serie de exacciones. En muchos casos monopolizaban la tenencia de los
molinos, las fraguas y otros instrumentos. El campesino se veía obligado a requerir
estos servicios pagando precios exorbitantes en especie o en dinero. Además de pa-
gar el censo en frutos o en dinero al señor, debía satisfacer toda clase de tributos al
Estado, como las contribuciones locales, y en algunos países el diezmo, es decir, la
entrega a la Iglesia de un décimo de sus cosechas.

El rasgo esencial del feudalismo en todas partes es la explotación de los cam-


pesinos siervos por los señores feudales, pero en cada país presenta sus propias pecu-
liaridades. En los países orientales estas relaciones se conjugaron –en mayor o menor
medida– por mucho tiempo con las relaciones esclavistas. Así fue en China, India,
Japón y otras culturas. En el Oriente, era importante la propiedad privada feudal del
Estado sobre la tierra. Por ejemplo, en el califato de Bagdad, durante la dominación
árabe (en los siglos XVIII y XIX d. n. e.), gran parte de campesinos comunales vivía
en las tierras del califa y pagaba la renta feudal directamente al Estado. Además, las
aguas y las obras de irrigación también eran estatales. Sin embargo, entre los pueblos
nómades, las tierras eran usadas como pastizales. También el feudalismo oriental se
caracteriza por la vigencia de las relaciones patriarcales gentilicias, en las cuales los
señores feudales se apoyan para reforzar la explotación de los campesinos. La ex-
tensión de las posesiones feudales dependía de la cantidad de ganado del señor. Los
grandes ganaderos feudales, que sojuzgaban y explotaban a los campesinos, eran, al
mismo tiempo, propietarios de extensos pastizales.

En el feudalismo, la producción beneficiaba mayormente a los señores feuda-


les, quienes –por su condición de propietarios de la tierra– se apropian de la renta
feudal del suelo, producto de la explotación a los campesinos avasallados. El trabajo
excedente de los campesinos, que cultivaban la hacienda del señor, o el plusproduc-
to creado en la propiedad de aquel era aprovechado por el señor valiéndose de las
relaciones de dependencia personal. La renta del suelo expresa una relación social
asimétrica entre los hombres y una relación entre ellos y la tierra como objeto de
propiedad.

2.2. El desarrollo de las fuerzas productivas en el feudalismo


El modo de producción feudal aseguró el incremento de las fuerzas producti-
vas de la sociedad y un progreso considerable en la historia de la humanidad. La pro-
ducción de bienes materiales ascendió, aunque lentamente, a un nivel superior al de
las sociedades anteriores, elevándose, asimismo, la productividad del trabajo social.

En el seno de la sociedad feudal, en general las fuerzas productivas alcanza-


ron un grado más alto de desarrollo que en la época del esclavismo, repercutiendo
130 Francisco Chaparro Zapana

en todas las ramas de la economía, tanto urbana como rural, y se caracterizaron


por la supremacía de la agricultura sobre la industria y, en relación con esto, del
campo sobre la ciudad. Y eso debido principalmente al perfeccionamiento de los
medios de producción y a la ampliación de la división del trabajo. El desarrollo de
las fuerzas productivas fue influido en gran medida por los adelantos en la técnica, la
minería, la siderurgia, la metalurgia, la energética y en otras ramas productivas, lo-
grados a comienzos de la Baja Edad Media, en especial durante los siglos XV-XVI.

Pero en la etapa del Alto Feudalismo, los aperos agrícolas eran muy escasos.
Los instrumentos de trabajo del labrador se reducían al arado primitivo con reja de
hierro, la hoz, la guadaña y la azada. Para moler el trigo, durante mucho tiempo se
empleó solo el molino de mano. Pero, una vez consolidado el régimen feudal, pro-
gresaron todas las ramas de la agricultura. Se perfeccionaron los instrumentos de
producción y los métodos de cultivo. El mejoramiento de los aperos ejerció influen-
cia decisiva en el avance de las labores agrícolas; se difundieron el arado de cuerpo
de hierro y otros instrumentos del mismo metal. Por entonces se inventó el molino
de viento y se perfeccionó el de agua, así como la prensa para la uva y algunos otros
dispositivos y mecanismos. Va imponiéndose poco a poco la rotación trienal de culti-
vos. Surgen nuevas ramas de cultivo, y se desarrollan en considerables proporciones
la viticultura, vinicultura, oleicultura, fruticultura y la horticultura. Se incrementó
también la ganadería, en especial la cría de ganado equino, estimulada por las nece-
sidades del servicio de transporte y el servicio militar de los señores feudales.

Más tarde se perfeccionaron gradualmente las herramientas de los artesanos y


los métodos de elaboración de las materias primas en la industria, que paulatinamen-
te vuelve a renacer. Comenzaron a especializarse los antiguos oficios. En los siglos
XVI y XVII se extendió por Europa el torno de hilar. En el año 1600 se inventó el
telar de cintas. Entre otros progresos cabe mencionar también las bombas hidráuli-
cas, los ascensores de minas, los hornos de fundición, las máquinas-herramientas
simples para la elaboración del metal, el perfeccionamiento del molino de viento y
de la rueda hidráulica, la invención de la rueca y de la imprenta, los progresos de las
construcciones navales, etc. Y en determinada etapa de la sociedad feudal, el incre-
mento de la producción, gracias a la especialización de los oficios, trae consigo una
nueva separación entre la industria y la agricultura, que ya había tenido lugar en la
época del establecimiento del régimen esclavista.

En el curso del siglo XIII, se agotan las posibilidades de procurarse superficies


muy grandes de nuevo territorio para la agricultura, a no ser a través de sangrientas
campañas de colonización, como la de la parte oriental de Germania; o bien con es-
fuerzos extraordinarios, por ejemplo, cuando se ganan nuevas tierras arrancándolas
al mar, a los pantanos, a los aguazales, como ocurre en el norte de Inglaterra, en Bél-
gica, Holanda, en algunas zonas de Germania y en muchas regiones de Francia. Para
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 131

estas nuevas colonias de difícil creación era necesario ofrecer mejores condiciones,
porque de otro modo no se encontraba la fuerza de trabajo necesaria.

Por otro lado, después de las epidemias llegadas de Oriente y que ocasiona-
ron grandes pérdidas, la población retrocedió de tal modo que a las malas cosechas
determinadas por factores climáticos, a menudo, se sumaban otras por causa de una
aguda deficiencia de mano de obra apta. La deficiencia de mano de obra que ya se
hacía sentir en el siglo XIII, en el XIV llega a ser aún más fuerte. Por primera vez,
bajo el feudalismo, la falta de mano de obra se constituye en factor relevante en la
transformación de la estructura económica, como lo subraya M. Dobb en sus intere-
santes estudios. Y en efecto, para obtener y mantener mano de obra disponible, los
grandes señores feudales deberán hacer concesiones a los campesinos que a menudo
significan importantes libertades para estos. Lo que no denota un período de ímpetu
y progreso general para los campesinos europeos, pues a esta tendencia se opondrá
otra, en parte de igual eficacia, que conducirá a una más fuerte limitación de la liber-
tad y a la imposición de gravámenes aun más onerosos.

La separación entre la industria y la agricultura representó uno de los mo-


mentos cruciales en el desarrollo de las fuerzas productivas durante la época feu-
dal, en la división social del trabajo en gran escala, cuyo exponente más expresivo
fue la creación de las ciudades feudales, y en la separación de la ciudad y el
campo.

Los progresos logrados en la fundición y elaboración del hierro contribuye-


ron, de modo decisivo, al perfeccionamiento de las herramientas. Al principio, este
metal se obtenía por procedimientos muy primitivos. En el siglo XIV comenzó a ser
usada la rueda hidráulica como fuerza motriz de los molinos que movían fuelles y
pesados martillos para triturar el mineral. Al reforzarse el tiro de los hornos, en vez
de una masa maleable, fue posible obtener una masa de hierro fundido. El empleo
de la pólvora en las guerras y la aparición de la artillería (en el siglo XIV) requerían
gran cantidad de metal fundido para las balas. A comienzos del siglo XV empezaron
a fabricarse municiones de hierro colado. Cada vez se necesitaba más metal para la
fabricación de armas, aperos de labranzas y muchas otras herramientas. En la prime-
ra mitad del siglo XV aparecieron los altos hornos. Tuvo gran importancia el invento
y la difusión de la imprenta. Por su lado, la invención de la brújula imprimió mayor
impulso a la navegación e hizo posible los grandes descubrimientos.

Las fuerzas productivas y la cultura alcanzaron ya un considerable desarrollo


en la China de los siglos VI al XI, sobrepasando en muchos aspectos a la Europa de
entonces. Los chinos fueron los inventores de la brújula, la pólvora, el papel de escri-
bir y, en forma rudimentaria, la imprenta. Sin embargo, los estrechos marcos en los
que se desenvolvían las relaciones feudales de producción, frenaban cada vez más el
132 Francisco Chaparro Zapana

desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. Los campesinos, sometidos al


yugo de la explotación feudal, cada vez eran más renuentes a continuar incrementan-
do la producción agrícola. La productividad del trabajo campesino, con su carácter
forzado, era extremadamente pobre. Mientras tanto en la ciudad, el ascenso de la
productividad del trabajo del artesano tropezaba con las barreras impuestas por las
normas y reglamentos gremiales. Por eso, en general, el régimen feudal se caracteri-
zó por el lento progreso de la producción, por la fuerza de la tradición y la rutina.

Al desarrollarse en el seno de la sociedad feudal, las fuerzas productivas entra-


ron en contradicción con las relaciones feudales de producción. La ley de la corres-
pondencia de las relaciones de producción con el carácter de las fuerzas productivas
requería imperiosamente el paso del feudalismo al capitalismo.

2.3. Los rasgos esenciales y las leyes económico-sociales fundamentales


del sistema
No obstante las particularidades de cada país, el modo de producción feudal
se desarrolla en todas partes con sujeción a las leyes generales que son inherentes al
sistema.

La hacienda del señor feudal –como también la pequeña hacienda del campe-
sino siervo– era, en esencia, una unidad de economía natural. Por tanto, cada feudo,
formado por la hacienda del señor y las aldeas de su jurisdicción, desarrollaba una
vida económica cerrada. Las necesidades del señor feudal y de su familia y las de su
numerosa servidumbre las satisfacían predominantemente, en los primeros tiempos,
con los productos obtenidos en la hacienda señorial y los que aportaban los campesi-
nos tributarios. Las grandes haciendas disponían también, más o menos, del número
requerido de artesanos para sus necesidades, reclutados la mayoría de ellos entre los
siervos domésticos. Estos artesanos confeccionaban los vestidos y calzados; fabrica-
ban y reparaban las armas, los aparejos de caza y los aperos de labranza; y construían
los edificios. La base existencial de la sociedad feudal era, por tanto, el trabajo de los
siervos de la gleba. Los campesinos, además de atender las faenas de campo, tenían
a su cargo una serie de trabajos relacionados con la producción de materias primas en
la misma hacienda, como hilar, tejer, confeccionar utensilios, aperos, etc.10.

La economía feudal, durante mucho tiempo, se caracterizó por combinar la


agricultura y la industria doméstica; destacándose la primera como su rama funda-
mental y la segunda como una actividad accesoria. Los contados productos ajenos,
de los que no se podía prescindir –por ejemplo, la sal o los artículos de hierro–, los
suministraban en los primeros tiempos los mercaderes ambulantes. Más tarde, al

10 Editorial Grijalbo. Manual de economía política. México, 1969, p. 42, de la Academia de Ciencias de la URSS, Insti-
tuto de Economía.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 133

crecer las ciudades y aparecer los artesanos, progresaron ampliando la división del
trabajo y el intercambio comercial entre la ciudad y el campo.

La base de las relaciones feudales de producción, como la de cualesquiera


otras, radica en la propiedad de los medios de producción. Las relaciones de produc-
ción constituyen el rasgo esencial y determinante del modo de producción. Como
lo que caracterizaba al feudalismo era el predominio de la agricultura sobre las
industrias, la propiedad del medio fundamental de producción –la tierra– adquiría
excepcional trascendencia para la vida económica de la sociedad. Marx decía al
respecto que “la propiedad territorial era el auténtico cimiento de la sociedad feudal
del Medioevo”11. En tal sentido, el elemento característico del régimen feudal era el
monopolio de los grandes propietarios sobre la tierra; así los productores directos,
los campesinos, carecían de toda forma de propiedad territorial.

De por sí, la propiedad feudal, privada por su contenido económico-social, no


era, sin embargo, una propiedad totalmente privada. Por el contrario, le era inherente
una condición muy bien definida: cada señor feudal recibía la tierra de manos de
otro señor siempre y cuando asumiese determinados compromisos; si se compro-
metía a servirle, a participar en sus campañas bélicas y, a veces, a ayudarle con su
consejo y con sus medios pecuniarios si llegaba el caso. En virtud de esta peculia-
ridad, se creaba una serie escalonada de dependencia de unos señores a otros. De ahí
el sistema jerárquico, signo característico del régimen feudal, sancionado jurídica-
mente, en lo que se refiere al feudalismo europeo en particular.

El fraccionamiento político de los estados feudales se origina en la desmem-


bración de la propiedad feudal en los países europeos. En Oriente, sobre todo durante
la primera etapa del feudalismo e incluso durante la etapa de madurez de este régi-
men, las peculiaridades específicas de la vida material de la sociedad motivaron que
la propiedad feudal no siguiese, en la mayoría de los casos, el camino de la división
de la tierra entre señores feudales aislados, sino el de la observancia y mantenimien-
to de la propiedad feudal estatal sobre la tierra y los canales, depósitos de agua e
instalaciones de riego. Esta es la razón por la que en Oriente no se observa el frac-
cionamiento político, sino la centralización de los estados feudales, particularmente
en el primer período del feudalismo.

La mayor parte de la tierra, propiedad de los señores, se componía de numero-


sas parcelas que los propietarios otorgaban en usufructo perpetuo a los campesinos,
lo que permitía a estos mantener su economía en las pequeñas haciendas individua-
les. Por consiguiente, durante la época feudal, el productor directo no es dueño de

11 Marx, Carlos y Federico Engels. Obras escogidas. T. 3, p. 253.


134 Francisco Chaparro Zapana

la tierra, sino un usuario, que se limita a usufructuarla cultivándola al servicio


del terrateniente.

El monopolio de los señores feudales sobre la tierra determinaba la depen-


dencia económica del campesino respecto del señor feudal. Pero el hecho de que
los campesinos poseyeran economías individuales, y disfrutaran de una relativa in-
dependencia económica, no era suficiente para que se concretara el proceso de pro-
ducción feudal. La coacción y la dependencia económica iban acompañadas de una
presión violenta y descarnada, para obligar a los labriegos a trabajar en las tierras
de los propietarios feudales. Al respecto, Lenin precisaba que: “Si el terrateniente
no hubiera dispuesto de autoridad directa sobre la persona del campesino, no habría
podido obligar a trabajar para sí a un hombre dotado de tierra y dueño de su econo-
mía. Como dice Marx cuando caracteriza este régimen económico (…) Las formas
y el grado de coacción pueden ser los más diversos, comenzando por el derecho de
servidumbre y terminando por la desigualdad estamental del campesino”12.

La dependencia económica territorial de los campesinos respecto de los se-


ñores feudales, unida a la coacción extraeconómica, constituía el sistema de de-
pendencia feudal de los campesinos.

Si ahora imaginamos las relaciones sociales imperantes bajo el modo feudal


de producción, es decir, en el seno de la clase de los propietarios feudales de la
tierra, caracterizadas como una escala jerárquica y el sistema de dependencia de
los productores directos (campesinos y artesanos) respecto de los señores feudales,
podemos definirlas, en su conjunto, como relaciones de dependencia personal. “Aquí
el hombre independiente ha desaparecido, todo el mundo vive sojuzgado: siervos y
señores de la gleba, vasallos y señores feudales, seglares y eclesiásticos. La sujeción
personal caracteriza, en esta época, así las condiciones sociales de la producción
material como las relaciones de vida cimentadas por ella”13.

La dependencia personal que impera en el feudalismo no representa otra cosa


que relaciones directas de dominio y subordinación. La dependencia personal de
los campesinos respecto de los señores, su sometimiento y obligación de permane-
cer atados a la tierra –propiedad de la tierra– significaban que bajo el feudalismo
existían, en esencia, peculiares relaciones de propiedad incompleta de los señores
feudales sobre los campesinos siervos.

La superioridad del feudalismo con respecto al esclavismo consiste en que


el campesino siervo se halla relativamente interesado en su trabajo, puesto que

12 Lenin, Vladimir Ilich. Obras completas. T. 3, p. 159.


13 Marx, Carlos. El capital, óp. cit., T. 1, p. 44.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 135

posee su propia economía y trabaja parte de su tiempo para sí mismo. El paso de


la renta en trabajo a la renta en especie, y de esta a la renta en dinero, confiere a los
campesinos un margen mayor de libertad en cuanto a la posibilidad de disponer de
su tiempo y su trabajo, lo que acrecienta su interés con respecto a los resultados de
su trabajo. Este hecho se tradujo en el incremento paulatino de la producción feudal.
Pero, a la par, se acentúa la explotación de los campesinos vasallos por los señores
feudales y se acrecienta la renta feudal.

La ley económica fundamental del feudalismo se la puede definir como: la


necesidad objetiva y la posibilidad de producir mediante el trabajo forzado de los
productores directos (campesinos siervos), dependientes de los señores feudales, el
producto excedente del que los señores se apropian en forma de renta del suelo.

La producción feudal, como cualquier otra, se llevaba a cabo de manera inin-


terrumpida y, por consiguiente, tenía lugar el proceso de una reproducción sistemá-
tica. El rasgo característico fundamental del feudalismo era la reproducción simple,
aunque en ciertos momentos tuviera lugar, en mayor o menor grado, una reproduc-
ción ampliada.

3. Las clases y las capas sociales en el feudalismo. La jerar-


quía social y el estado feudal
La esencia de las relaciones feudales de producción se reflejaba en su estruc-
tura de clases sociales. Esta se dividía, ante todo, en dos clases fundamentales: la de
los señores feudales y la de los campesinos siervos. La primera, detentadora de la
tierra, medio esencial de producción, donde imponía su dominio. Sin embargo, la
clase aristocrática feudal dominante no constituía un todo homogéneo.

La estructura jerárquica de la propiedad territorial en el feudalismo determi-


naba también la jerarquía social. Los señores feudales menores pagaban tributo a
los grandes y les ayudaban en las guerras, en retribución, se amparaban bajo su
protección. El protector se llamaba “señor”; y el protegido, “vasallo”. Los señores,
a su vez, eran vasallos de otros potentados feudales más poderosos que ellos. Así se
formó la piramidal jerarquía de la dependencia feudal.

Los terratenientes feudales y el rey, como clase dominante, encabezaban la


conducción del Estado. Formaban la capa social de la nobleza. Los nobles disfruta-
ban, además de grandes privilegios económicos, sociales y políticos, de los honores
reservados a la capa social más alta. El segundo estamento lo constituía el clero (re-
gular y monacal), que ocupaba la posición privilegiada de capa social dominante al
lado de la nobleza, por poseer también grandes dominios territoriales (con numerosa
población campesina dependiente y muchos siervos).
136 Francisco Chaparro Zapana

La masa de campesinos siervos conformaba la amplia base de la gran “pirámi-


de feudal”. Estos se hallaban sujetos a los terratenientes y a la autoridad suprema del
más poderoso señor feudal que era el rey. Los campesinos formaban una capa social
explotada económicamente y privada de derechos políticos. El terrateniente feudal
podía llegar a vender a sus siervos, como también imponerles severos castigos cor-
porales. Por eso, Lenin calificó la dependencia del siervo como “esclavitud feudal”.
La explotación de los siervos de la gleba era casi tan brutal como la de los esclavos.
No obstante, el siervo podía cultivar su parcela –fuente de vida familiar– con parte
de su trabajo y era dueño, hasta cierto punto, de su propia persona.

La contradicción fundamental de clases de la sociedad feudal era la que me-


diaba entre la aristocracia y la gran masa de los siervos de la gleba. La lucha de
los campesinos explotados contra los terratenientes explotadores tuvo vigencia a lo
largo de toda la época feudal y cobró un carácter especialmente agudo en sus postri-
merías, al recrudecer en proporciones extremas la explotación de la que eran objeto
los siervos.

También en las ciudades se observa una diferenciación de clases sociales. La


mayor parte de la población se componía de artesanos y comerciantes. Sin embargo
estas clases no estaban definitivamente articuladas ni eran homogéneas. Entre los
artesanos cabía distinguirse a maestros, oficiales, aprendices y peones, los cuales
tenían diferencias e intereses contradictorios.

En las ciudades emancipadas de la tutela feudal, el poder era monopolio de los


vecinos ricos: mercaderes, comerciantes, usureros y los grandes propietarios de tie-
rras y casas en la ciudad, quienes conformaban la élite dirigente denominada patri-
ciado urbano, al que podían incorporarse los maestros enriquecidos, quienes, en su
mayoría, habían sido activos dirigentes gremiales. Los artesanos agremiados –parte
importante de la población urbana– actuaban a menudo contra las capas altas de la
ciudad, pugnando por participar en su gobierno al lado de la aristocracia urbana.
Los maestros ordinarios, los oficiales, los aprendices, los jornaleros y los mercade-
res arruinados integraban la plebe urbana. Entre los distintos grupos sociales de la
población de las aldeas y de las ciudades tenía lugar una encarnizada lucha de clases
que muchas veces llegaba incluso a la confrontación armada.

En las postrimerías de la época feudal, la población urbana estaba ya muy


escindida. Por un lado, se encontraban los comerciantes y los maestros ricos de los
gremios; por el otro, las amplias capas de oficiales y aprendices y la gente pobre de la
ciudad. Las capas bajas luchaban contra las fuerzas unidas de la aristocracia urbana
y los señores feudales. Y esta lucha se fundía de modo espontáneo en una corriente
única con la lucha que los siervos de la gleba libraban contra la explotación feudal
en el campo.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 137

La economía feudal, así como la lucha de clases suscitada en su seno, deter-


minaba el carácter de la superestructura política de la sociedad feudal. El Estado
feudal desempeñaba el papel más relevante entre las instituciones políticas que con-
formaban la superestructura de la base económica feudal. Este, cuya función esen-
cial era crear y defender el sistema de explotación feudal, sometiendo a la obediencia
a los productores directos, adquirió formas diversas. Durante el establecimiento del
feudalismo se fundaron grandes monarquías (como el imperio de Carlomagno, por
ejemplo), en las que se aglutinaron los señores feudales en torno al jefe del Estado.

Una vez consolidado el sistema feudal, las monarquías se fraccionaron en


numerosos estados pequeños, independientes o semidependientes, hecho que marca
el comienzo del desmembramiento feudal y que corresponde, en muchos países, al
período del feudalismo desarrollado. Posteriormente, debido al sucesivo progreso
económico –al multiplicarse la división social del trabajo y difundirse las relaciones
monetario-mercantiles gracias a la ampliación del mercado– se llega a situaciones
en las que desaparece el aislamiento de los feudos y surge la tendencia a suprimir
el fraccionamiento político y a constituir estados centralizados. Entonces, los reyes,
apoyándose en la capa social más numerosa de la baja nobleza terrateniente, en los
“vasallos de sus vasallos”, y también en las ciudades que iban en ascenso, asesta-
ron golpes decisivos a la nobleza feudal y reforzaron con ello su propia autoridad,
convirtiéndose no solo nominalmente, sino de facto, en los soberanos del Estado. Se
constituyeron grandes estados nacionales bajo la forma de monarquías absolutas. La
superación del fraccionamiento feudal y la creación de grandes estados centraliza-
dos facilitaron el nacimiento y aceleraron el desarrollo de las relaciones económico-
sociales del capitalismo.

La agudización de la lucha de clases y la necesidad de defenderse de los ene-


migos externos contribuyeron, en gran medida, a la formación de los Estados feuda-
les centralizados. Se crearon Estados nacionales con instituciones estamentales re-
presentativas (en Inglaterra, el Parlamento; en Francia, los Estados Generales, etc.),
o bien estados multinacionales, como en el caso de Rusia. Pese a la diversidad de for-
mas del Estado feudal, su esencia clasista fue en todas partes la misma. Lenin decía
al respecto: “Hemos visto diferentes formas de Estado; hemos visto aquí monarquía
y república, aunque esta última bastante menos acusada; pero los terratenientes feu-
dales han sido siempre la única clase dominante. Los campesinos siervos han estado
absolutamente excluidos de todo cuanto se asemeje a derechos políticos”14.

4. RASGOS CARACTERÍSTICOS DE LA ECONOMÍA URBANA MEDIEVAL


Las ciudades habían nacido y desarrollado ya bajo el régimen esclavista, ge-
neralmente junto a las vías fluviales y en ubicaciones estratégicas de las riveras ma-

14 Lenin, Vladimir Ilich. Obras completas. T. 29, p. 444.


138 Francisco Chaparro Zapana

rítimas. El desmoronamiento del esclavismo trajo consigo la decadencia de muchas


de estas.

4.1. Los gremios y las hermandades artesanales


En los inicios del feudalismo, los agricultores en las aldeas elaboraban ma-
terias primas accesorias suministradas por la agricultura. Más tarde, de entre los
campesinos aparecieron los artesanos que producían para la aldea. Al alcanzar cierto
grado de desarrollo, los oficios artesanales se separaron definitivamente de la agri-
cultura. Se producían más artículos que los necesarios para el señor feudal o para los
campesinos de la aldea. Los artesanos comenzaron a establecerse alrededor de los
castillos feudales, en los extramuros de los monasterios, en los grandes poblados y
en otros centros comerciales. Los terratenientes feudales comenzaron a comprar los
productos artesanales en la ciudad, pues ya no les satisfacían los artículos que les
suministraba su propia servidumbre.

Durante las dos primeras etapas de la Edad Media, las ciudades y los oficios
progresaron débil y muy lentamente. Los artesanos de las ciudades producían para la
venta, pero era su propia parcela de tierra la que les suministraba la mayor parte de
los bienes necesarios de subsistencia. Con el tiempo, cuando los artesanos alcanzaron
un mayor perfeccionamiento en sus oficios y fue aumentando la productividad de su
trabajo, la actividad artesanal fue haciéndose cada vez más diversa y lucrativa.

Las ciudades nacidas en los dominios de los señores feudales, seculares o


eclesiásticos, estaban sometidas a su poder. Los vecinos de la ciudad debían cumplir
una serie de prestaciones en beneficio del señor feudal. Le pagaban diversos tipos
de censo, en especie o en dinero, y estaban sujetos a su jurisdicción administrativa y
judicial a cambio de su “protección”. La población urbana comenzó pronto a luchar
por liberarse de la dependencia feudal. En parte por la fuerza y en parte redimiéndose
de sus cargas, las ciudades fueron conquistando el derecho de gobernarse por sí mis-
mas, a tener su propia fuerza de seguridad, sus propios tribunales y las prerrogativas
de acuñar moneda y cobrar contribuciones.

La población urbana estaba formada, principalmente, por artesanos y comer-


ciantes. En muchas ciudades encontraban refugio los siervos campesinos que huían
de la explotación terrateniente feudal. La ciudad pasó a ser un centro de producción
de mercancías, a diferencia de la aldea, donde seguía imperando la economía natural.
La intensificación de la competencia por parte de los siervos fugitivos que afluían
a la ciudad y la lucha contra la explotación y las vejaciones de los señores feudales
obligaron a los artesanos a agruparse en gremios.

Los artesanos de la ciudad que ejercían un determinado oficio o varios afines


se agrupaban en los gremios, donde solo los maestros disfrutaban de plenos dere-
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 139

chos. Cada maestro tenía un pequeño número de oficiales y aprendices. El gremio


defendía celosamente el derecho exclusivo de sus miembros a ejercer el oficio a que
estaban dedicados y reglamentaba los detalles del proceso de producción estable-
ciendo: la duración de la jornada de trabajo, el número de oficiales y aprendices que
podía tener cada maestro en su taller, la calidad de las materias primas y del produc-
to acabado (la mercancía), y el precio a que debía venderse este; además, muchas
veces, el propio gremio se encargaba de comprar las materias primas. Todos esta-
ban obligados a acatar los métodos de trabajo sancionados por una larga tradición.
Esta rigurosa reglamentación tenía por finalidad evitar que ningún maestro artesano
descollara sobre los demás. Además, los gremios actuaban como organizaciones de
asistencia mutua.

Entonces, la forma feudal de organización de los oficios fueron los gremios.


En sus inicios, estos cumplieron un rol progresista contribuyendo a fortalecer y de-
sarrollar los oficios en las ciudades. Pero a medida que se intensificaba la producción
mercantil y se ampliaba el mercado, se iban convirtiendo cada vez más en un freno
para el progreso de las fuerzas productivas. Por tanto, la principal función econó-
mica y política de los gremios era utilizar al máximo el mercado local, ya que la
lucha por los mercados distantes tropezaba con innumerables dificultades de orden
económico-cultural y rebasaba los límites de las posibilidades económicas del taller
artesanal.

La severa reglamentación de la producción artesanal por los gremios frenaba


la iniciativa de los artesanos y entorpecía el desarrollo de la técnica. Para restringir la
competencia, imponían toda una serie de trabas a los artesanos que deseaban adquirir
el rango de maestros. A los aprendices y oficiales, cuyo número crecía en grandes
proporciones, en la práctica, se les cerraba el camino para convertirse en maestros
independientes, viéndose obligados a permanecer toda la vida en situación de tra-
bajadores asalariados. Esto determinaba que las relaciones entre el maestro y sus
subordinados perdiesen su anterior carácter, más o menos patriarcal. Los maestros
reforzaban la explotación de los trabajadores que dependían de ellos, obligándolos
a trabajar jornadas diarias de 14 o 16 horas a cambio de un salario mísero. Los ofi-
ciales comenzaron también a agruparse en asociaciones secretas –las hermandades–
para defender sus intereses. Los gremios y las autoridades de la ciudad reprimían a
las hermandades de oficiales.

Allí donde iba surgiendo la manufactura capitalista, la reglamentación gremial


de la técnica resultaba reaccionaria. Eso venía sucediendo en determinadas ciudades
durante los siglos XIV y XV (particularmente en Italia y en Flandes), y en el siglo
XVI en todas partes. Así, el régimen gremial resultó una organización corporativa de
140 Francisco Chaparro Zapana

la producción mercantil al servicio del feudalismo; fruto de la estrechez del sistema


económico medieval, al que le eran inherentes la tradición y rutina de la técnica y la
reproducción simple.

4.2. Las corporaciones de comerciantes


Dentro de las ciudades uno de los efectos de la sucesiva división del trabajo
fue la separación entre la producción y la circulación, entonces aparece el comer-
ciante. Ello fue de singular trascendencia para acelerar el ascenso económico de las
ciudades y de la sociedad en su conjunto. Con la expansión del comercio, las villas
entablaban relaciones cada vez más estrechas y frecuentes entre sí; de esta manera
desaparece la limitación local. En consonancia con la estructura feudal de la propie-
dad de la tierra y con la organización gremial, corporativa, de las industrias urbanas,
se crea una organización determinada en la esfera del comercio llamada corpora-
ción. Las corporaciones comerciales, es decir, las asociaciones de comerciantes, te-
nían como fin combatir la competencia de los comerciantes de fuera, reglamentar los
precios, las pesas y medidas y defender los intereses de los comerciantes frente a los
señores feudales.

Las personas más ricas de la población urbana eran los comerciantes. Las
actividades comerciales habían ido desarrollándose tanto en las ciudades originarias
de la época esclavista como en las de la época feudal. En casi todos los pueblos exis-
tieron durante el feudalismo corporaciones de comerciantes. Durante los siglos IX
y X alcanza particular desarrollo el comercio entre los países de Oriente y Europa,
con activa intervención del Estado.

Convertidas en centro de la industria y del comercio, las ciudades progresan


con mucha más rapidez que el campo; el desarrollo de las fuerzas productivas es
mucho más acelerado, y las ciudades constituyen el motor de la producción mer-
cantil.

El crecimiento de las ciudades y el desarrollo del comercio repercutieron fuer-


temente sobre las aldeas feudales. La hacienda del señor fue incorporada a la órbita
del mercado. Los señores, para adquirir los objetos de lujo y los artículos elaborados
por los artesanos de las ciudades, necesitaban dinero; por eso requerían que los cam-
pesinos les pagasen los censos en moneda y las prestaciones personales en especie.
La transformación de estas cargas en censos en metálico recrudeció aún más la ex-
plotación feudal. También fue agudizándose la contraposición entre la ciudad y el
campo; contradicción surgida y experimentada también bajo el esclavismo.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 141

5. SURGIMIENTO DE LOS ELEMENTOS DEL CAPITALISMO EN EL SENO


DEL FEUDALISMO. CRISIS Y HUNDIMIENTO DEL SISTEMA FEUDAL

5.1. Evolución del sistema económico mercantil


La economía mercantil en la época feudal fue desarrollándose gradual y es-
pontáneamente. Se extendieron los oficios en las ciudades, y los productos de la
economía rural se vieron atraídos cada vez más a la órbita del mercado.

La producción de los pequeños artesanos y campesinos, basada en la propie-


dad privada de los medios de producción y en el trabajo personal, y materializada
en mercancías para el mercado, constituye la economía mercantil simple, que ya
existía en los primeros tiempos del feudalismo y que apareció antes en la ciudad
que en el campo. La producción mercantil simple constituyó el punto de partida de
la posterior producción mercantil capitalista. La producción capitalista fue surgien-
do, en el seno del feudalismo, en forma de talleres, sobre la amplia base del trabajo
asalariado de los operarios. Esta utilización se lleva a cabo, en mayor o en menor
escala, en la forma de la cooperación capitalista simple. Posteriormente, gracias a
esta cooperación y su desarrollo, aparecieron las manufacturas, que fueron grandes
talleres basados ya no solo en la unión, sino en la división del trabajo sistemático de
los obreros allí ocupados.

La cooperación capitalista simple y la manufactura elevaron el rendimiento


de la mano de obra e impulsaron la producción social. Los talleres impulsados por
la cooperación simple del trabajo asalariado y también las manufacturas fueron los
gérmenes de la gran producción capitalista. Aparecieron en Europa en los siglos XIV
y XV, y, ante todo, en las ciudades-repúblicas de Italia.

La mercancía es, como ya lo definimos, el producto creado para ser cambiado


por otro. Los distintos productores invierten en la producción de mercancías simila-
res una cantidad distinta de trabajo. Esto depende de la diversidad de condiciones en
las que son elaboradas: quienes disponen de herramientas más perfeccionadas gas-
tan en la producción de la misma mercancía menos trabajo que los demás. Influyen
también en esto las diferencias existentes con respecto a la fuerza, la destreza y la
habilidad de cada trabajador, etc. Pero al mercado le son indiferentes las condiciones
en que se produce tal o cual mercancía y las herramientas que para ello se emplean.
Una misma mercancía obtiene en el mercado, como precio, la misma cantidad de
dinero, cualesquiera hayan sido las condiciones individuales de trabajo en las que se
elaboró.

De ahí que los productores de mercancías cuya inversión individual de trabajo


es superior a la inversión media, debido a las peores condiciones en que producen,
142 Francisco Chaparro Zapana

solo pueden cubrir con la venta de sus mercancías una parte de sus gastos de produc-
ción, y, en consecuencia, se arruinan. Por el contrario, los productores cuyos gastos
individuales, gracias a las mejores condiciones de producción, son inferiores a la
media, se encuentran en situación ventajosa al vender sus mercancías y, por tanto,
se enriquecen. Por eso, la existencia de una producción mercantil más o menos de-
sarrollada determinó que ya en la sociedad feudal actuaran las leyes del valor y de
la competencia. La ley del valor se manifestaba, sobre todo, como la fuerza promo-
tora de la diferenciación de los pequeños productores, cuya mayoría se empobrecía
mientras que una minoría se enriquecía cada vez más, en especial en la época de la
desintegración del feudalismo y la acumulación primaria del capital.

La fragmentación política propia del feudalismo era el mayor obstáculo para


el desarrollo de la producción mercantil. Los señores feudales –al imponer arbitra-
riamente toda clase de aranceles a la importación de mercancías que cruzaban por
sus dominios– obstruían el desarrollo del comercio. Las exigencias del desarrollo
comercial y del progreso económico de la sociedad, en general, imponían la necesi-
dad de acabar con la fragmentación feudal. El incremento de la producción artesanal
y agrícola y el desarrollo de la división social del trabajo entre la ciudad y el campo
reforzaron los nexos económicos entre las distintas regiones de cada país y contribu-
yeron a la formación del mercado nacional; hecho que sentó, a su vez, las premisas
económicas para la centralización del poder estatal. La naciente burguesía urbana,
que era partidaria de la creación de un Estado centralizado, estaba vivamente intere-
sada en la desaparición de las barreras feudales.

5.2. El rol del capital comercial


La formación del mercado mundial se debió en gran medida a la aparición y
consolidación del tipo de economía capitalista como sistema.

Los turcos, en la segunda mitad del siglo XV, se apoderaron de Constantinopla


y de toda la parte oriental del Mediterráneo. Quedó cortada, así, la importantísima
arteria comercial que unía a la Europa Occidental con el Oriente. Buscando una ruta
marítima a la India, Colón descubrió América en 1492, y en 1498 Vasco de Gama,
con su viaje de circunnavegación del continente africano, abrió la ruta marítima a
la India. Como resultado de estos descubrimientos geográficos, el epicentro del co-
mercio europeo se desplazó del mar Mediterráneo al océano Atlántico, con lo que el
predominio comercial pasó a los Países Bajos, Inglaterra y Francia.

Al aparecer el comercio y el mercado mundiales, los oficios ya no eran su-


ficientes para satisfacer la creciente demanda de mercancías. Esto aceleró el paso
de la pequeña producción artesanal a la gran producción capitalista, basada en la
explotación de trabajadores asalariados. Las empresas capitalistas donde trabajaban
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 143

manualmente obreros asalariados, debido a la división del trabajo, se llamaron ma-


nufacturas.

Los gremios pudieron poner coto a la competencia y a la diferenciación de


los artesanos mientras la producción mercantil estaba débilmente desarrollada. Al
intensificarse el comercio, se hizo cada vez mayor la competencia. Los maestros de
los gremios, que ahora contaban con un mercado más amplio, procuraban unas veces
modificar las restricciones gremiales y otras, sencillamente, prescindían de ellas.
Fueron prolongando la jornada de trabajo de los oficiales y los aprendices, aumen-
tando su número y aplicando métodos de trabajo más productivos. Los maestros más
ricos se convirtieron gradualmente en capitalistas; y los maestros más pobres, los
aprendices y los oficiales, en obreros asalariados.

El capital comercial, al desintegrar la economía natural, contribuyó al naci-


miento de la producción capitalista. Al principio, las funciones del mercado eran:
la de intermediario del cambio de mercancías entre los pequeños productores (ar-
tesanos y campesinos), y la de convertir en dinero una parte del plusproducto, del
que se apropiaban los señores feudales. Más tarde, el mercader comenzó a comprar
regularmente a los pequeños productores sus mercancías y a revenderlas luego en
un mercado más amplio. El comerciante se convirtió en mayorista. Este adelantaba
dinero, materias primas y otros materiales a los maestros artesanos empobrecidos, a
condición de que le vendiesen los artículos de su producción a un bajo precio, fijado
de antemano.

Así, muchos maestros empobrecidos fueron cayendo paulatinamente bajo la


férula de dominación de los mayoristas ricos. Estos les facilitaban la materia prima,
por ejemplo, hilados, para que los transformasen en tejidos a un determinado precio,
convirtiéndose en empresarios distribuidores. Más tarde, los mayoristas también les
suministraron los instrumentos de trabajo. Con ello, el artesano se vio privado hasta
de la última traza de independencia y deviene, de manera definitiva, en obrero asala-
riado, mientras los mayoristas se convierten en capitalistas industriales.

Al desarrollarse la producción mercantil y aumentar la importancia del dinero,


en la aldea se produjo el mismo proceso de desintegración de las relaciones feudales.
Los terratenientes feudales sustituyeron por censos en dinero las prestaciones que
los campesinos venían tributando en especie. Esto obligó a los campesinos a vender
los productos de su trabajo para poder pagar a los señores feudales con el dinero
obtenido. Los campesinos empezaron a sentir una necesidad permanente de dinero.
Los mayoristas y usureros se aprovechaban de ello para tenerlos sujetos económica-
mente. El yugo feudal se acentuaba y empeoraba la situación de los siervos.
144 Francisco Chaparro Zapana

El desarrollo de las relaciones monetario-mercantiles imprimió un fuerte im-


pulso a la diferenciación entre los campesinos, es decir, a su escisión en diversos
grupos sociales. La inmensa mayoría de ellos fue cayendo en la pobreza, y se arruinó
agobiada por el peso de un trabajo extenuante. Y, a la par, comenzaron a surgir en la
propia aldea campesinos ricos. Eran los que se dedicaban a esquilmar a los vecinos
pobres por medio de préstamos expoliadores y comprando a bajo precio los produc-
tos agrícolas, el ganado y los aperos de labranza.

5.3. El proceso de acumulación originaria del capital


El llamado proceso de acumulación primaria u originaria del capital consti-
tuyó el punto de partida del capitalismo industrial, es decir, del establecimiento del
modo de producción capitalista. Este proceso representa la prehistoria del capitalis-
mo, pues precedió al proceso de acumulación que luego se desarrolló sobre una base
netamente capitalista.

La consolidación del sistema de producción capitalista presupone dos pre-


misas fundamentales: a) la existencia de una masa de indigentes, libres estos en el
sentido personal, pero a la vez privados de medios de producción y de subsistencias
y, por consiguiente, obligados a vender su fuerza de trabajo a los empresarios capita-
listas; y b) la acumulación de medios pecuniarios indispensables para crear grandes
empresas capitalistas.

En estas premisas radica la acumulación primaria del capital. Al analizar esta


última, Marx reveló su esencia y desenmascaró los falaces argumentos de los his-
toriadores y economistas burgueses que describen un nacimiento “idílico” del ca-
pitalismo, alegando que la acumulación de riquezas se llevó a cabo en la remota
Antigüedad gracias a “la laboriosidad y el ahorro” de unas pocas personas y a “la
pereza y el despilfarro” de muchas otras. Pero los hechos históricos evidencian que
la acumulación originaria del capital acarrea una nueva forma de opresión y que fue
acompañada de una violencia directa y descarnada.

Al referirse a la acumulación originaria del capital, Marx decía: “El régimen


del capital presupone el divorcio entre los obreros y la propiedad sobre las condi-
ciones de realización de su trabajo (…) Por tanto, el proceso que engendra el capi-
talismo solo puede ser uno: el proceso de disociación entre el obrero y la propiedad
sobre las condiciones de su trabajo, proceso que de una parte convierte en capital
los medios sociales de vida y de producción, mientras de otra parte convierte los
productores directos en obreros asalariados. La llamada acumulación originaria no
es pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios
de producción”15.

15 Marx, Carlos. El capital, óp. cit. T. 1, p. 655.


Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 145

Un ejemplo clásico de cómo transcurrió la acumulación originaria del capital


fueron los acontecimientos que se dieron durante los siglos XVI y XVII en Inglate-
rra, donde la producción capitalista adquirió un desarrollo considerable antes que en
cualquier otro país.

A fin de aprovechar las tierras transformándolas parcialmente en pastizales


para las ovejas, cuando la creciente industria manufacturera incrementó la demanda
de lana, la nobleza aburguesada expulsó de estas tierras mediante la violencia a los
campesinos, quienes, privados de toda posibilidad de mantener una economía inde-
pendiente, se vieron obligados a contratarse en las empresas capitalistas. Paralela-
mente se verifica el proceso de formación del capitalismo agrícola, representado por
los granjeros. La expropiación de los productores agrarios fue el fundamento de todo
el proceso de acumulación inicial del capital. “El recuerdo de esta cruzada de expro-
piación –describe Marx– ha quedado inscrito en los anales de la historia con trazos
indelebles de sangre y fuego”16. Los campesinos arruinados y desposeídos formaron
la enorme masa indigente que, en busca de trabajo y de medios de subsistencia, in-
vadió los caminos y ciudades de Inglaterra. Así, se crearon las premisas para que los
capitalistas dispusieran de una mano de obra barata.

El siguiente paso del proceso de acumulación originaria del capital fue la crea-
ción de una nueva disciplina del trabajo de los productores directos, subordinándolos
al sistema de explotación capitalista. Los poderes públicos, en apoyo al despojo de
tierras de los campesinos por los capitalistas, aprobaron leyes especiales para regular
el “amojonamiento de tierras”, e implantaron la nueva disciplina, aplicando una “le-
gislación sanguinaria” contra los “vagabundos” e “indocumentados”, para obligarlos
a acudir en busca de trabajo a las empresas capitalistas. Así, no solo los campesinos
despojados de sus tierras fueron convertidos en obreros asalariados, sino también los
artesanos arruinados por la competencia de la gran industria en desarrollo.

La creación de reservas de mano de obra era solo un aspecto del proceso de


acumulación originaria del capital. El segundo aspecto era la concentración, en ma-
nos de unas pocas personas, de sumas cuantiosas para organizar empresas capitalis-
tas basadas en el trabajo asalariado.

Con frecuencia, las riquezas amasadas por los mercaderes y usureros sirvie-
ron de base para fundar numerosas empresas capitalistas. Pero habían también otros
métodos de acumulación de riquezas, entre los cuales destacan: el saqueo colonial de

16 Ibídem, pp. 608-609.


146 Francisco Chaparro Zapana

los pueblos; el comercio colonial; el tráfico de esclavos; las guerras comerciales; el


sistema de préstamos; los impuestos y la política proteccionista del Estado.

Así fue como se crearon las premisas para el desarrollo de la producción ca-
pitalista en el seno del feudalismo, mediante el saqueo y la ruina de la gran masa de
pequeños productores; mediante la guerra entre países por la dominación hegemóni-
ca, y mediante la esclavización de los pueblos coloniales.

5.4. La revolución burguesa y las luchas insurreccionales del campesinado


Las bases económicas del feudalismo se debilitaron a causa de la paulatina
emancipación de los siervos, la expropiación posterior, la conversión de antiguos
campesinos y de artesanos arruinados en obreros asalariados, y la concentración
de los recursos monetarios fundamentales en manos de la naciente burguesía. Las
relaciones feudales de producción acabaron por desintegrarse y desaparecer. Pero
los regímenes económico-sociales no dejan de existir automáticamente, de por sí.
Tampoco lo hizo el feudalismo. Su derrumbamiento fue fruto de la lucha de los cam-
pesinos contra los terratenientes feudales, la cual abarca toda la época del feudalismo
pero adquiere un carácter especialmente agudo a fines de este período.

Históricamente, son famosas las insurrecciones campesinas como, por ejem-


plo, la liderada por Wat Tyler en Inglaterra, en el siglo XIV; la de las Vendas Ama-
rillas, que estalló por la misma época en China; la de los campesinos franceses
(Jacquerie) también en el siglo XIV; las guerras husitas en Bohemia, en el siglo XV;
la guerra campesina en Alemania encabezada por Tomás Munzer en el siglo XVI; las
insurrecciones campesinas de Rusia, lideradas por Iván Bolótnikov y Stepán Razin
en el siglo XVII, y en el siglo XVIII la que encabezó Emilián Pugachev, y muchas
otras.

Pese a su espontaneidad y carencia de organización, las luchas campesinas


conmovieron los pilares del régimen feudal, preparando y acelerando su caída.

Las aspiraciones igualitarias de las masas explotadas del campo y la ciudad se


expresaban en el postulado de la comunidad de bienes.

En las postrimerías de la época feudal, surgieron dos descollantes socialistas


utopistas: el inglés Tomás Moro, que escribió el Libro de oro, tan útil como ameno,
sobre el régimen ideal de Estado y la nueva isla Utopía (siglo XVI), y el italiano
Tomás Campanella, cuyo libro lleva el nombre de la Ciudad del Sol (siglo XVII).
Estos pensadores, ante las crecientes desigualdades y las contradicciones de la so-
ciedad en crisis en que vivían, expresaron bajo una forma peculiar sus ideas acerca
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 147

de las causas de los males sociales: trazaron la pintura de las condiciones, a su juicio
ideales, de la sociedad en la que estos males podrían ser superados.

Los libros de estos utopistas describen un régimen social sin propiedad pri-
vada y sin ninguno de los vicios inherentes a ella. En esta sociedad, todos trabajan,
unos como artesanos, otros en la agricultura. Ninguna ocupación excede de seis e
incluso de cuatro horas al día, y los frutos de este trabajo bastan para satisfacer todas
las necesidades. Los productos se distribuyen con arreglo a las necesidades. La edu-
cación de los niños es de incumbencia social.

Las obras de Tomás Moro y Campanella influyeron progresivamente en el


desarrollo del pensamiento social. Había en ellas ideas que se anticipaban conside-
rablemente al progreso de la sociedad de aquel tiempo. Pero ni uno ni otro conocían
las leyes del desarrollo social; sus ideas eran irrealizables, utópicas. En aquel tiempo
no era posible acabar con la desigualdad social; el nivel de las fuerzas productivas
requería el paso de la explotación feudal a la explotación capitalista.

El nuevo tipo de economía capitalista que iba desarrollándose rápidamente,


y el régimen económico y político del feudalismo entraron en contradicción. Este
conflicto solo podía resolverse por la vía de un cambio revolucionario. Y el tránsito
del feudalismo al capitalismo en Europa Occidental se operó a través de las revolu-
ciones burguesas. La burguesía ascendente encabezó la lucha por el derrocamiento
del feudalismo. Se aprovechó de la lucha de los campesinos contra los terratenientes
para acelerar el hundimiento del feudalismo, sustituir la explotación feudal por la
explotación capitalista y capturar el poder en sus manos. En las revoluciones burgue-
sas, los campesinos conformaban la gran masa de combatientes contra el feudalismo.
Así sucedió en la primera revolución burguesa de los Países Bajos, en el siglo XVI;
como también en la revolución inglesa del siglo XVII; y lo que ocurrió en la revo-
lución burguesa de Francia, a fines del siglo XVIII. Posteriormente tuvieron lugar
revoluciones burguesas en muchos otros países, entre ellos EE. UU. en 1776, en
Rusia en 1905 y 1917, y en el Perú recién en 1968.

Generalmente, las conquistas de la lucha revolucionaria del campesinado fue-


ron aprovechadas por la burguesía, que se encaramó sobre sus hombros para ascen-
der al poder. La fuerza de los campesinos radicaba en su odio a los opresores. Pero
las insurrecciones campesinas tenían un carácter espontáneo. Los campesinos, como
clase de pequeños propietarios privados, se hallaban diseminados y no eran capaces
de enarbolar un programa claro de reivindicaciones ni una organización fuerte y
unida para la lucha. Las sublevaciones campesinas solo habrían podido triunfar si se
aliaban con un movimiento organizado de la clase obrera y demás capas democráti-
148 Francisco Chaparro Zapana

co-progresistas del pueblo. Pero en los siglos XVII y XVIII, la clase obrera era aún
muy débil, poco numerosa y se hallaba desorganizada.

En las entrañas de la sociedad feudal fueron madurando, más o menos defini-


das, las formas de la economía capitalista. Fue creciendo la nueva clase explotadora,
la clase de los capitalistas; y al lado de esta apareció una masa de gente carente de
medios de producción: los proletarios.

Las revoluciones burguesas dieron al traste con el régimen feudal e instaura-


ron la dominación del capitalismo.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 149
CAPÍTULO V

Economía de mercado capitalista: la mercancía 1

y la ley del valor

1. LUGAR HISTÓRICO Y RASGOS GENERALES DE LA ECONOMÍA DE


MERCADO CAPITALISTA

1.1. Lugar histórico de la producción mercantil


El sistema económico capitalista –cuarto modo histórico de producción y
tercero de clases sociales antagónicas– se basa en el predominio de la propiedad
privada sobre los medios de producción y la explotación del trabajador asalariado.
Históricamente, le precedieron los sistemas económicos: primitivo comunal, escla-
vista y feudal.

La economía capitalista difiere completamente de la economía natural del ré-


gimen comunal primitivo, pero comparte rasgos comunes con las economías escla-
vista y feudal, a la vez que también se diferencia sustancialmente de aquellas. El ras-
go común más importante es el predominio de la propiedad privada de los medios
de producción. La forma concreta de este tipo de propiedad, tanto en el esclavismo,
el feudalismo, como en el capitalismo, es que dichos medios pertenecen a propieta-
rios privados y no a la sociedad en su conjunto. Otro rasgo común a los tres sistemas
es la división de la sociedad en clases antagónicas, cuyos intereses económicos son
contradictorios e irreconciliables entre sí.

Pero cada sistema económico tiene sus particularidades. El capitalismo se di-


ferencia del esclavismo y el feudalismo por las siguientes particularidades:

En primer lugar, el capitalismo se caracteriza por el predominio de la eco-


nomía mercantil, mientras que las economías precapitalistas se caracterizan por el
predominio de la economía natural (cerrada), en la que los bienes producidos por el
trabajo social son consumidos directamente por las propias unidades productoras.

En segundo lugar, la economía capitalista se basa en la explotación del trabajo


asalariado, a diferencia de las formas de explotación del trabajo de los esclavos y de

1 El término “Economía de mercado”, en el presente texto contiene dos acepciones: una como sinónimo de sistema
de economía capitalista y otra como expresión general de cualquier tipo de economía de intercambio mercantil,
incluyendo a sus formas pre o poscapitalistas.
150 Francisco Chaparro Zapana

los siervos en el esclavismo y en el feudalismo, respectivamente. La explotación del


trabajo asalariado presupone la transformación de la fuerza de trabajo en una mercancía
“específica”, la cual es vendida por los productores directos (o trabajadores asalariados,
privados de los medios de producción). En las formas precapitalistas de explotación de
la fuerza de trabajo imperaban las modalidades de economía autoritaria, por las cuales el
productor directo (esclavo o siervo campesino), debido a que era considerado patrimonio
del amo esclavista o feudal, estaba obligado mediante la coerción extraeconómica (la
violencia institucionalizada bajo la forma del trabajo forzado) a participar como agente
activo de la producción. Pero en el capitalismo, el trabajador asalariado está obligado
económicamente (para no morirse de hambre) a vender su fuerza de trabajo al capitalista
y producir para este, porque carece de los medios de producción.

En tercer lugar, en la econ omía capitalista, sus problemas microeconómicos


centrales (de qué, cómo y para quién producir) se resuelven mediante un sistema
de precios de mercado, de ganancias y pérdidas. En ella las empresas producen las
mercancías que proporcionan las ganancias más altas (el qué) mediante el empleo de
las técnicas menos costosas (el cómo), y el consumo de los individuos deriva de sus
decisiones sobre las formas de gastar los ingresos o rentas generados, aparentemen-
te, por la propiedad capitalista (la ganancia) y el trabajo de los obreros (el salario,
el para quién). Mientras que en las economías esclavista y feudal las decisiones
relativas a la producción y distribución de bienes y servicios las imponían autorita-
riamente el amo esclavista o el señor feudal, aplicando la violencia institucionalizada
por el régimen correspondiente.

El capitalismo en su desarrollo transita por tres etapas fundamentales:

La primera etapa, la del capitalismo mercantil, comprende desde los oríge-


nes formativos del sistema económico-social capitalista de fines del siglo XV hasta
el último tercio del siglo XVIII, y se caracteriza por el proceso de acumulación pri-
maria del capital patrocinado por la política expoliadora del Estado colonial sobre
las clases y pueblos explotados y por el predominio de la política proteccionista en
el comercio internacional.

La segunda etapa, la del capitalismo librecambista o concurrencial, desde


fines del siglo XVIII hasta las postrimerías del XIX. En el sistema capitalista “se
distinguían tres procesos relativamente autónomos: a) el proceso de producción;
b) el proceso de circulación y c) el proceso de realización de la producción, re-
gido cada uno por sus propios capitales: el capital industrial, el capital comercial
y el capital bancario, los dos últimos obteniendo su parte de beneficios de la
plusvalía extraída a los trabajadores en el proceso de producción” 2.

2 Palloix, Christian. L’èconomie mondiale capitaliste et les firmes multinationales, T. II. Edit. Francois Maspero, París,
abril 1975, p. 103.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 151

Y la tercera etapa, la del capitalismo monopolista o imperialismo, desde


fines del siglo XIX hasta la actualidad. “Con el surgimiento del capitalismo monopo-
lista a fines del siglo XIX y comienzos del XX, que se consolida en la segunda mitad
del siglo XX con la llamada revolución científica y técnica (electrónica, informática,
etc.) se producen dos hechos fundamentales en la economía mundial: el papel hege-
mónico que asume el capital financiero en el sistema capitalista y la desaparición de
la competencia como mecanismo autorregulador (o relativamente autorregulador)
del mercado. Las sociedades transnacionales pasan a ser las estructuras básicas del
actual sistema económico-financiero mundial y sustituyen al mercado como método
de organización de la economía internacional” 3. Sin que por ello deje de existir la
competencia entre los grandes monopolios, que suele ser encarnizada y sin cuartel.

A las tres etapas también les son comunes rasgos esenciales, entre los cuales
destacan, ante todo, la propiedad privada sobre los medios de producción y la explo-
tación del trabajo asalariado. Las leyes económicas generales del capitalismo, como
la del valor-trabajo, la ley de la plusvalía, las leyes de la circulación monetaria, de
la acumulación y concentración del capital y muchas otras, también, tienen vigencia
en sus tres etapas.

Pero, a su vez, la etapa monopolista o imperialista tiene sus rasgos particula-


res, los que la diferencian de las formas premonopolistas. Mientras que a la primera
etapa le fue característico el predominio del proteccionismo mercantil amparado por
el Estado y a la segunda, la libre competencia entre los empresarios privados, a la ter-
cera le es característico el predominio hegemónico de los monopolios. En esta última
etapa los monopolios empiezan a predominar sobre todo en la industria, en cuyo sec-
tor las posiciones rectoras y hegemónicas las desempeñan los conglomerados mono-
pólicos de las más grandes empresas capitalistas (carteles, sindicatos, trusts, consor-
cios y corporaciones). Posteriormente, los monopolios también avasallan la esfera
de la banca, las finanzas y la tecnología, en cuyos campos los bancos más poderosos
controlan el movimiento de la mayor parte de capitales financieros de cada país. La
dominación monopólica no solo se circunscribe al contexto de las fronteras de cada
país; sus actividades traspasan los límites de las economías nacionales y se expanden
a la esfera de la economía mundial capitalista. En ella dominan los monopolios bajo
la forma de corporaciones transnacionales. Y como instrumento de dominación en
el mercado le sirven tanto la exportación de bienes y servicios como la exportación
de capitales, las cuales constituyen la forma típica de las relaciones económicas con-
temporáneas en la época del imperialismo de economía globalizada.

El capitalismo monopolista se distingue del premonopolista no solo por haber


trastocado profundamente las relaciones capitalistas de libre competencia por las

3 Ibídem, pp. 106 y 107, en cita a Stephen Hymer (“The efficency (contradictions) of multinacional corporations” en
The American Economic Review, mayo 1970, n.° 2, p. 441).
152 Francisco Chaparro Zapana

de dominación monopólica, sino también por haber profundizado la irracionalidad


económica del sistema, cuyas consecuencias a nivel mundial son: un desarrollo de
mayor desigualdad social; el derroche improductivo de colosales cantidades de re-
cursos y la contaminación ambiental; la generación de una monstruosa deuda ex-
terna; un mayor desempleo y deterioro sistemático de la capacidad productiva de
grandes sectores sociales de la humanidad, entre los problemas de mayor actualidad
de la sociedad contemporánea.

1.2. La producción mercantil y los rasgos esenciales que la caracterizan


La economía de mercado –a diferencia de la economía natural, en la cual
los productos del trabajo son consumidos directamente por los mismos producto-
res– es aquel sistema de producción cuyos productos (las mercancías) son desti-
nados al cambio, al mercado.

Los rasgos esenciales que caracterizan a la economía de mercado son:

A) La división social del trabajo. En la economía de mercado, la producción


social está conformada por muchas unidades económicas heterogéneas, cada
una de las cuales se especializa en la producción de determinados bienes. Así,
al separarse la industria de la agricultura, aquella, a su vez, se subdivide en
una serie de ramas de especialización diversa, como la de alimentos, tejidos,
calzados, metalurgia, etc. De modo que la división social de trabajo es una
premisa histórica indispensable para el surgimiento de la economía mercantil,
aunque por sí sola la división social del trabajo no es capaz de engendrarla.
Por lo tanto, es inconcebible la economía mercantil sin la respectiva división
social del trabajo; sin embargo, es posible que esta última funcione sin una
economía mercantil. Por ejemplo, en las sociedades primitivas ya tenía lugar
la división social del trabajo, pero en ellas predominaba la economía natural,
mas no la economía mercantil.

B) La producción sistemática del plusproducto. Al elevarse la productividad a


consecuencia de la división social del trabajo, la sociedad logra consolidar su
capacidad de producir sistemáticamente el plusproducto o excedente econó-
mico (parte del producto no consumido por los productores directos), cuyo
elemento es la base material sobre la cual surge y se amplía la propiedad pri-
vada de los medios de producción.

C) El predominio de la propiedad privada capitalista sobre los medios de pro-


ducción. Por ser los medios de producción propiedad privada de los empre-
sarios capitalistas, los productos del trabajo (las mercancías) les pertenecen
íntegramente. En tales condiciones, los empresarios como productores indi-
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 153

viduales, vinculados solo por la división social del trabajo, están obligados a
intercambiar sus productos en calidad de mercancías.
D) El carácter espontáneo y anárquico de la producción social. Al interior de cada
unidad empresarial (microeconomía), el proceso productivo es organizado pla-
nificadamente, pero por acción del sistema predominante de propiedad privada
de los medios de producción, que fragmenta la economía nacional en numerosas
empresas privadas autónomas, se excluye la planificación del ámbito nacional,
generándose así inevitable y permanentemente la anarquía de la producción y el
mercado, la cual trae consigo pérdidas y destrucción de recursos.

1.3. Economía mercantil simple y economía mercantil capitalista


Desde el punto de vista histórico y según la lógica del análisis científico, se
distinguen dos tipos de economía mercantil:

La economía mercantil simple, en la cual las mercancías son producidas y


comercializadas directamente por los mismos pequeños productores independientes
(artesanos y campesinos), quienes son propietarios de sus micro y pequeñas empresas.

La economía mercantil capitalista, que es dirigida por los empresarios ca-


pitalistas (en mérito a su condición de dueños de los medios de producción), y está
basada en la explotación del trabajo asalariado de la clase obrera (o proletariado).

Ambas modalidades forman parte de un mismo sistema económico interco-


nectado, cuya base común está estructurada en función a la división social del traba-
jo y al imperio de la propiedad privada de los medios de producción. Pero al mismo
tiempo, entre ambas modalidades de economía también existen las siguientes dife-
rencias sustanciales:

En primer lugar, según su forma de realización, la economía mercantil simple


se expresa mediante la fórmula M-D-M (mercancía-dinero-mercancía), cuyo proce-
so se inicia con la venta de una mercancía (M-D) y concluye con la compra de otra
mercancía (D-M).

En segundo lugar, en la producción mercantil simple los medios de produc-


ción pertenecen al productor, mientras que en la producción mercantil capitalista los
medios de producción pertenecen a los empresarios capitalistas, y los productores
directos (trabajadores asalariados) que, por carecer de estos medios, están obligados
a vender su fuerza de trabajo.

En tercer lugar, en el capitalismo, el obrero solo se vincula a los medios de


producción después de vender su fuerza de trabajo a los capitalistas; aquí el trabajo y
la propiedad de los medios de producción se encuentran divorciados, a diferencia de
la producción mercantil simple, donde ambos elementos están íntimamente unidos.
154 Francisco Chaparro Zapana

En cuarto lugar, la producción mercantil simple se basa en el trabajo perso-


nal, mientras que la producción mercantil capitalista, en el empleo del trabajo asala-
riado, que es el que produce el mayor volumen del excedente económico o plusvalía,
fuente material de la ganancia capitalista.

Y en quinto lugar, en la economía mercantil simple los artesanos y campe-


sinos producen ellos mismos sus mercancías, mientras que en el capitalismo labora
todo un colectivo de trabajadores asalariados en cada empresa.

1.4. El carácter universal de las relaciones mercantiles en el capitalismo


Pese a su prolongado desarrollo histórico, la economía mercantil alcanza su más
elevado desarrollo en el sistema económico capitalista. El predominio de la economía
mercantil se manifiesta en que todos los bienes y servicios, por lo general, son produci-
dos para el cambio, propiedad esencial que los convierte en mercancías.

Y lo que es más, el carácter universal de las relaciones mercantiles en el ca-


pitalismo se manifiesta en que la propia fuerza de trabajo de la gran masa de pro-
ductores directos también se convierte en mercancía. Por eso, en el capitalismo las
relaciones económicas entre las diferentes empresas no solo se realizan mediante las
transacciones de compra y venta de mercancías, sino que también las relaciones en-
tre empresarios y trabajadores asalariados adquieren la forma de relaciones mercan-
tiles, las mismas que se materializan en la compra y venta de la fuerza de trabajo.

Por cuanto la riqueza capitalista está conformada por un enorme arsenal de


mercancías, y las relaciones mercantiles tienen en el capitalismo un carácter general,
Marx tipificó a la forma mercantil del producto del trabajo como la célula económica
de la sociedad capitalista.

Toda ciencia inicia su investigación a partir de los elementos más simples


y generales, y solo después pasa de lo simple a lo complejo. Como el intercambio
mercantil constituye en sí el fenómeno más simple, masivo y generalizado de la
economía capitalista, el análisis de la mercancía sirve de punto de partida de la in-
vestigación del sistema económico capitalista.

En esa secuencia, la mercancía es la categoría teórica que precede a las demás


categorías económicas del sistema, la de dinero, mercado, capital, plusvalía, salario,
ganancia, etc., no solo desde el punto de vista lógico de la investigación sino también
desde el punto de vista histórico, ya que la economía mercantil existió varios mile-
nios antes de que se forme el sistema económico capitalista.

2. LA MERCANCÍA Y SUS PROPIEDADES

2.1. Definición de mercancía


Durante largos períodos históricos, los hombres han producido bienes mate-
riales no en calidad de mercancías, sino en calidad de productos destinados direc-
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 155

tamente al consumo. Y en la economía socialista, los productos, en la medida que


vayan dejando de ser mercancías, también tenderán a pasar directamente de la pro-
ducción al consumo. Por consiguiente, la mercancía no es un fenómeno eternamente
perdurable sino históricamente transitorio.

La mercancía –en la sociedad capitalista– es todo bien o servicio capaz de


satisfacer alguna necesidad humana y producida para el cambio.

Toda mercancía posee dos propiedades esenciales: 1. Su capacidad de satis-


facer alguna necesidad humana (utilidad o valor de uso) y 2. Su capacidad de ser
cambiada por otras mercancías (valor de cambio) en determinadas proporciones
cuantitativas, expresada mediante los precios monetarios.

2.2. La utilidad o valor de uso de la mercancía


Se llama valor de uso a la capacidad que posee un bien para satisfacer al-
guna necesidad humana, al margen de que su consumo beneficie o perjudique al
hombre. El valor de uso de la mercancía depende directamente de sus propiedades
naturales. Por ejemplo, el trigo, la carne, la mantequilla, las frutas, las legumbres,
etc., tienen valor de uso alimenticio porque contienen proteínas, grasas, hidratos de
carbono y vitaminas que son necesarios al organismo humano; los libros, las revis-
tas, los periódicos, la radio y la televisión satisfacen necesidades culturales porque
contienen informaciones y conocimientos; o, por otro lado, las armas y las drogas
que pueden servir como medios de defensa o destrucción de la integridad física del
hombre. Por tanto, productos diferentes son capaces de satisfacer necesidades hu-
manas diferentes.

El valor de uso de un determinado producto no depende de la cantidad de


trabajo gastado en su producción. Por ejemplo, una arroba de trigo cultivada con
ayuda de un tractor contiene una cantidad mucho menor de trabajo que una arroba
producida con solo la ayuda de una chaquitaclla. Sin embargo, el valor de uso de
ambas arrobas de trigo es el mismo.

El valor de uso se manifiesta como tal en cualquier sociedad humana y en


cualquier etapa histórica de su desarrollo. Sin embargo, con el progreso los hom-
bres modifican sus hábitos de consumo. Por ejemplo, las necesidades de transporte
han venido siendo satisfechas, según cada época, por el caballo, la carreta, la bicicle-
ta, el tren, el automóvil, el avión, etc.

Las propiedades utilitarias de las cosas son descubiertas por los hombres
como resultado del desarrollo histórico. Por ejemplo, los árboles han sido usados
desde la más remota antigüedad para construir viviendas y muebles, pero el empleo
de la madera para elaborar fibra sintética es muy reciente.
156 Francisco Chaparro Zapana

2.3. El carácter histórico del valor de uso de la mercancía


El valor de uso de la mercancía se diferencia del valor de uso de los productos
de la economía natural por las siguientes particularidades:

En primer lugar, en la economía natural los productos poseen valor de uso


para sus propios productores, mientras las mercancías poseen valor de uso social, o
sea valor de uso para los demás miembros de la sociedad.

Pero en una economía natural los objetos también pueden tener un valor de
uso social. Así, el trigo, entregado en forma de tributo natural al terrateniente por el
siervo campesino era un valor de uso “para otros”.

En segundo lugar, el valor de uso de una mercancía es aquella utilidad que,


a través del cambio, es transferida del productor al consumidor. Por consiguiente,
el valor de uso de la mercancía tiene un carácter histórico específico. En la economía
de mercado los valores de uso llegan a ser portadores esenciales del valor de cambio.

2.4. El valor de cambio de la mercancía


Solo el valor de uso aún no convierte a un producto en mercancía. La segunda
propiedad fundamental de la mercancía es su valor de cambio, que le permite ser
canjeada por otras mercancías en determinadas proporciones cuantitativas. Las pro-
porcionalidades del intercambio de mercancías, sujetas a frecuentes variaciones, a
primera vista se presentan como fenómenos casuales, sin embargo estas variaciones
son impuestas por determinadas regularidades. Así, por ejemplo, un par de botines podría
ser cambiado por 100 kilogramos de trigo un día, pero al día siguiente por 90 o 110.

Las proporcionalidades de intercambio de las mercancías son reguladas por


su tendencia de oscilación en torno a un determinado nivel promedio. Por ejem-
plo, en el caso de los botines y el trigo, sus proporcionalidades de cambio oscilan en
torno al nivel promedio de:
1 par de botines = 100 kilogramos de trigo

Este nivel promedio entre ambas mercancías actúa en calidad de PROPOR-


CIÓN NORMAL DE CAMBIO. Y las desviaciones, por arriba o por debajo de ese
nivel promedio durante un período relativamente largo (por ejemplo, una década), se
equilibran mutuamente.

Los poseedores de mercancías no pueden equiparar una mercancía con otra en


las proporciones que se les ocurra. La equiparidad de las mercancías entre sí en el
proceso de cambio presupone una igualdad objetiva entre ellas, cuya existencia es
anterior a que se produzca el cambio.

¿Es acaso el valor de uso lo que le otorga la igualdad a las mercancías


equiparadas en el cambio? De ningún modo. Como valores de uso las mercancías
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 157

no son equiparables entre sí; entre ellas hay diferencias cualitativas. Por ejemplo, el
trigo tiene un determinado valor de uso, un traje sirve como vestido, una silla para
sentarse, etc. Según sus valores de uso las mercancías son inequiparables porque
no es posible calcular, por ejemplo, en cuántas veces es más útil un par de anteojos
que un par de zapatillas. Sin embargo, como valores de cambio las mercancías son
equiparables entre sí, lo que se expresa perfectamente en determinadas proporciones
cuantitativas. Por ejemplo:

1 par de anteojos = 2 pares de zapatillas

La propiedad común y objetiva que les permite a las mercancías equiparar-


se unas con otras es la cantidad de trabajo social gastada en su producción. Las
mercancías, como materialización del trabajo social, son cualitativamente homo-
géneas en medio de la enorme diversidad de valores de uso. Por ello, el trabajo
social contenido en ellas las hace equiparables cuantitativamente. En consecuencia,
el trabajo social es la base del valor de cambio de la mercancía, permitiéndolas equi-
pararse entre sí en determinadas proporciones cuantitativas.

2.5. El valor de la mercancía


El trabajo social materializado en la mercancía constituye su valor, que se
pone de manifiesto al ser intercambiada una por otra. Las mercancías que poseen
valores equivalentes son intercambiables entre sí.

El valor de la mercancía está estrechamente ligado al valor de cambio (o pre-


cio), pero no por eso son categorías económicas idénticas. El valor es una propiedad
interna de la mercancía, mientras que su valor de cambio es la expresión externa del
valor mediante el cambio de una mercancía por otra.

La expresión indirecta del trabajo social –a través de la equiparación y el inter-


cambio de mercancías– es un rasgo característico propio de la economía mercantil,
y diferencia el valor de la mercancía del gasto de trabajo como tal. En la economía
natural los hombres calculaban y medían su trabajo directamente en unidades de
tiempo de trabajo (horas, días o semanas), y en esas condiciones el trabajo no se
manifestaba en forma de valor. En cambio, en la economía mercantil el trabajo social
no se expresa directamente en unidades de tiempo de trabajo, se manifiesta indirec-
tamente a través de los precios de intercambio mercantil. Por ejemplo, cuando un
castor se equipara con dos ciervos, solo entonces se descubre por esta vía que en la
producción de ambos bienes se ha gastado la misma cantidad de trabajo social.

De este modo, el valor no es un simple gasto de trabajo. El valor es aquel


trabajo social gastado en la producción de una mercancía, el cual solo se pone de
manifiesto al ser cambiada esta mercancía por otra. Por consiguiente, el valor es
una categoría económica histórica tan solo propia de la economía mercantil; y es
158 Francisco Chaparro Zapana

una categoría indesligable de la categoría “mercancía”; no puede existir fuera de la


mercancía. En la economía natural no existía el valor, no obstante que entonces el
trabajo social ya existía.

Según Marx y Lenin, el valor no es una propiedad intrínseca de los objetos


como tales, sino que expresa las relaciones sociales de producción de los hombres en
las condiciones de la economía de mercado.

2.6. La contradicción entre el valor y el valor de uso


En la mercancía, el valor y el valor de uso son propiedades que conforman una
sola unidad, porque no puede existir el uno sin el otro. Por ejemplo, si el hombre va a
producir una cosa que es incapaz de satisfacer alguna necesidad, entonces el trabajo
no estará creando valor alguno. De igual forma, el valor de uso de la mercancía tam-
poco puede existir sin el valor, ya que aquella solo podrá ser consumida después de
que su valor se haya realizado en el proceso del cambio (o comercializado).

Pero, al mismo tiempo, el valor y el valor de uso son propiedades contradic-


torias de la mercancía: como valores de uso las mercancías son heterogéneas (dis-
tintas) cualitativamente e inconmensurables cuantitativamente; pero al contrario,
como valores las mercancías son homogéneas cualitativamente y conmensurables
cuantitativamente.

Por lo tanto, una misma mercancía no puede servir al mismo tiempo a una
misma persona en calidad de valor de uso y valor porque una forma excluye a la
otra. Para su productor la mercancía no posee valor de uso; esta le sirve solo como
medio de cambio por otra mercancía, es decir, se la emplea como valor y valor de
cambio. Al retener en sus manos el valor, el productor se desprende del valor de uso
de una determinada mercancía. Al contrario, en manos del comprador la mercancía
es empleada en calidad de valor de uso. De esta forma, no obstante que el valor de
uso y el valor de la mercancía se presuponen mutuamente, al mismo tiempo se
excluyen entre sí. Por lo tanto, el valor de uso y el valor representan en sí una unidad
de contrarios.

3. EL CARÁCTER DEL TRABAJO CONTENIDO EN LA MERCANCÍA

3.1. El doble carácter del trabajo: el trabajo concreto y el trabajo abstracto


Las dos propiedades de la mercancía están determinadas por el doble carácter
del trabajo contenido en ella.

El trabajo de cualquier productor posee, ante todo, un aspecto cualitativo, ya


sea este del agricultor, del minero, del tejedor, del cerrajero, o de cualquier otro tipo
de trabajo concreto. Cada forma particular de actividad económica, diferenciándo-
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 159

se cualitativamente de las demás, representa en sí el trabajo concreto. Los trabajos


concretos se diferencian entre sí:

1. Según la finalidad productiva. Al ejecutar los diversos trabajos concretos,


los hombres se proponen obtener bienes concretos diferentes. Por ejemplo, el
sastre confecciona de las telas los trajes, el panadero elabora de la harina el
pan, el zapatero confecciona del cuero los calzados, el pescador extrae del mar
los peces, etc.
2. Según los objetos de trabajo. Al desarrollar diferentes clases de trabajo se
transforman distintos objetos de trabajo, cuya fuente primaria es la naturaleza,
como las telas, la harina, los cueros o el mar, en los ejemplos mencionados
anteriormente.
3. Según el carácter de las operaciones productivas. Cada actividad productiva
presupone determinados procedimientos y métodos, los cuales son singulares
para la obtención de cada producto. Así, el hilandero produce el hilado del algo-
dón, el tejedor teje las telas del hilado, la costurera confecciona los vestidos de las
telas, etc.
4. Según los instrumentos de trabajo. Los diversos trabajos concretos requieren
de instrumentos de trabajo diferentes. Así, la máquina tejedora sirve como
instrumento de trabajo del tejedor; los hornos de fundición, a los fundidores
de acero; la máquina de coser, a la costurera; la locomotora, para el transporte
ferroviario, etc.
5. Según el resultado. El resultado de cada trabajo concreto es siempre un determi-
nado valor de uso. Por ejemplo, el resultado final de la hilandería es el hilado; el
automóvil, de la industria automovilística; el pan, de la panadería. Por consiguien-
te, el trabajo concreto es aquel que crea un determinado valor de uso.

Pero el trabajo del hombre no es la única fuente que crea el valor de uso: la
riqueza social, que es el conjunto de valores de uso, se obtiene como el resultado de
la interacción del trabajo humano con los recursos naturales.

El trabajo concreto, principal fuente creadora de los valores de uso concretos,


no puede ser al mismo tiempo la fuente creadora del valor de las mercancías. Porque
el valor es aquella propiedad común que hace equiparables entre sí a las diferentes
mercancías, en tanto que los trabajos concretos cualitativamente son heterogéneos.

Por lo tanto, en medio de la gran diversidad de trabajos concretos, hay un


común denominador: el gasto de fuerza humana de trabajo en el sentido fisiológi-
co. La presencia de este rasgo común en las diversas actividades productivas permite
a los hombres migrar de unas formas de trabajo concreto a otras. En la economía
de mercado esta migración se realiza espontáneamente, como resultado de las osci-
160 Francisco Chaparro Zapana

laciones parciales de la demanda de fuerza de trabajo. Por ejemplo, si se reduce la


demanda de mano de obra en la minería y en la pesca, pero se amplía en la industria
textil, una parte de trabajadores mineros y pesqueros se verán obligados a convertir-
se en hilanderos y tejedores.
El consumo de la fuerza de trabajo en general materializado en todas las
mercancías es lo que las hace homogéneas y equiparables, porque representa en sí
el trabajo abstracto. El concepto “abstracto” significa en este caso la prescindencia
de las formas concretas del trabajo, cuyo fenómeno tiene lugar no en el pensamiento
sino en el propio objeto, en la realidad objetiva. Porque cuando los poseedores de
mercancías diferentes las equiparan unas con otras, ellos en realidad se abstraen de
la diversidad de trabajos concretos, y las mercancías son intercambiadas como partí-
culas de un trabajo humano abstracto y homogéneo.

El trabajo abstracto se caracteriza:

En primer lugar, porque es un fenómeno material. No es algo imaginario,


sino un gasto efectivo de fuerza de trabajo en la acepción fisiológica de la palabra.

Y en segundo lugar, porque es un fenómeno social e histórico solo propio


de la economía de mercado. En la economía natural los productos de los diversos
trabajos concretos son transferidos directamente del productor al consumidor, y los
gastos de trabajo concreto se miden directamente en unidades de tiempo de trabajo:
horas, días, semanas-hombre de trabajo. Por eso los hombres no tenían ninguna nece-
sidad de enajenarse de las formas concretas de su trabajo. En cambio, en la economía
mercantil los hombres están obligados a equiparar unas formas de trabajo con otras
a través del intercambio de mercancías. De este modo un determinado gasto objetivo
de fuerza de trabajo en sentido fisiológico se convierte en trabajo abstracto solo bajo
determinadas condiciones históricas, es decir, en la economía de mercado.

A diferencia del trabajo concreto, que crea el valor de uso, el trabajo abs-
tracto es la forma de trabajo que crea el valor. Por eso, allí donde no hay producción
mercantil, tampoco hay trabajo abstracto. El trabajo concreto existe en cualquier for-
ma de economía, pero su desdoblamiento en concreto y abstracto es un fenómeno
específico propio de la economía mercantil.

3.2. La contradicción fundamental de la economía mercantil simple


El trabajo concreto de los productos actúa directamente en calidad de trabajo
privado. Se entiende por trabajo privado: en primer lugar, como el trabajo gastado
en una determinada unidad económica (empresa) privada, basada en la propiedad
privada sobre los medios de producción; y en segundo lugar, como el trabajo gasta-
do al azar y espontáneamente, sin conocimiento ni cálculos previos de las necesida-
des sociales. Los empresarios privados, aislados unos de otros, eligen independien-
temente una u otra forma de trabajo concreto, guiándose, como lo prescribe Adam
Smith, según sus propios intereses individuales.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 161

Pero los productores no solo gastan trabajo privado, sino también trabajo so-
cial, por cuanto entre ellos hay una división social del trabajo, en la práctica coope-
ran entre sí, porque unos trabajan para otros. Sin embargo, en la economía mercantil,
basada en la propiedad privada, el trabajo de los productores de mercancías solo está
encubierto (directa e indirectamente) por la forma social, y su carácter social llega a
descubrirse como tal solo a través del intercambio mercantil.

La contradicción entre trabajo privado y trabajo social es solo una particu-


laridad de la economía mercantil basada en la propiedad privada de los medios de
producción. En cambio, en la economía natural el trabajo no tenía carácter privado.
Por ejemplo, en la economía primitiva el trabajo poseía carácter social directo: el tra-
bajo concreto era al mismo tiempo social. Por el contrario, en la economía mercantil,
el trabajo concreto perdió su carácter social directo, convirtiéndose en trabajo priva-
do; la función del trabajo social es desempeñada no por el trabajo concreto de uno u
otro tipo, sino por el trabajo abstracto, el cual se pone de manifiesto solo mediante la
vía indirecta del intercambio mercantil.

La contradicción entre el trabajo privado y el trabajo social es la contradic-


ción fundamental de la economía mercantil simple. Esta se manifiesta bajo diversas
formas concretas en la producción y el intercambio de mercancías. De esta contra-
dicción deriva la posibilidad (aunque todavía no la necesidad) de la sobreproducción
de mercancías y la crisis. La contradicción fundamental de la producción mercantil
simple provoca también las oscilaciones espontáneas de los precios de las mercan-
cías, empobreciendo a la gran mayoría y enriqueciendo a unos pocos productores.

La contradicción que nació en las entrañas de la producción mercantil sim-


ple adquiere vigencia plena en la economía capitalista. Sin embargo que en los
centros de producción capitalista laboran centenares e incluso miles de trabaja-
dores asalariados, su trabajo tiene un carácter directamente privado, ya que este
es consumido en empresas privadas y sin un cálculo previo de las necesidades
sociales. Al mismo tiempo, de modo encubierto, su trabajo tiene un carácter so-
cial, por cuanto existe la división social del trabajo y ellos producen mercancías
para sí y para los demás miembros de la sociedad. El carácter social del trabajo
en el capitalismo se manifiesta solo en forma indirecta, a través del intercambio
de las mercancías en el mercado.

3.3. La importancia del análisis marxista sobre el doble carácter del trabajo
El significado trascendental del análisis sobre el doble carácter del trabajo,
efectuado por Carlos Marx, radica en que la base de este análisis contiene la fun-
damentación científica de la teoría del valor-trabajo en su expresión más elevada.
Los clásicos de la economía política llegaron a la conclusión correcta de que la
fuente del valor es el trabajo, no obstante, ellos no llegaron a esclarecer qué clase
162 Francisco Chaparro Zapana

de trabajo crea el valor. Se quedaron a medio camino. Por consiguiente, el valor


no es simplemente el trabajo, sino el trabajo social abstracto contenido en las
mercancías.

El análisis del doble carácter del trabajo, realizado por primera vez por Marx, es
de excepcional importancia porque revela la naturaleza contradictoria de la producción
mercantil. La contradicción entre el trabajo concreto, privado, y el trabajo abstracto, so-
cial, es el punto de partida del desarrollo de todas las contradicciones no solo de la pro-
ducción mercantil simple, sino también de la producción mercantil capitalista.

3.4. El tiempo de trabajo individual y el tiempo de trabajo socialmente necesario


El valor representa en sí el trabajo social materializado en la mercancía, por
ello la magnitud del valor depende de la cantidad de trabajo gastada en su produc-
ción. Y la cantidad de trabajo se mide según las unidades de tiempo de trabajo –ho-
ras, días, semanas, etc.–; por eso la magnitud del valor es demasiado genérica. El
problema radica en que la cantidad efectiva de trabajo gastada en producir una de-
terminada mercancía no es igual para todas las empresas, debido a la diversidad de
niveles de productividad del trabajo. Por ejemplo, en los EE. UU., después de la
primera guerra mundial, había fábricas de calzados en las cuales se confeccionaban
dos pares de zapatos por cada día-hombre de trabajo, pero al mismo tiempo había fá-
bricas en las que su elevado nivel de productividad les permitía producir doce pares
de zapatos por día-hombre de trabajo.

El tiempo de trabajo gastado en la producción de una mercancía en una determina-


da empresa se llama TIEMPO INDIVIDUAL DE TRABAJO. Si la magnitud del valor
por la que se comercializa una mercancía fuera determinada por el tiempo individual de
trabajo, entonces mercancías similares tendrían valores diferentes y deberían ser vendi-
das a precios también diferentes. Pero esto no es así. El mercado no opera en función de
las condiciones individuales de producción. En él todas las mercancías de una misma es-
pecie (por ejemplo, el calzado o el paño de una determinada calidad) se despersonifican
y actúan como parte de un todo, y son vendidas por un valor social único, independien-
temente del tiempo individual del trabajo contenido en ellas.

La magnitud del valor de una mercancía no está determinada por el tiempo


individual de trabajo, sino por el tiempo de trabajo socialmente necesario; es decir,
por el tiempo promedio de trabajo gastado en la producción de cada unidad de
dicha mercancía en el contexto de la sociedad. Según Carlos Marx, “El tiempo de
trabajo socialmente necesario es aquel que se requiere para producir un valor de
uso cualquiera, en las condiciones normales de producción y con el grado medio
de destreza e intensidad de trabajo imperantes en la sociedad” (subrayado y cursi-
va corresponden a F. Ch. Z.) 4.

4 Marx, Carlos. El capital., Óp. cit, T.1, p. 7.


Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 163

Por condiciones socialmente normales de producción se entiende aquellas


condiciones típicas y predominantes en la sociedad en un determinado momento.
El tiempo de trabajo socialmente necesario oscila en torno al tiempo de trabajo
individual de las empresas que producen para el mercado el mayor volumen de
una determinada mercancía.

En la determinación del tiempo de trabajo socialmente necesario cumplen un


rol decisivo no el número de empresas ni la cantidad de trabajadores ocupados en la
actividad productiva, sino la cantidad de mercancías producidas en estas. Por ejem-
plo, existen y operan siempre muchas más empresas micro y pequeño-productoras
artesanales que grandes empresas capitalistas; sin embargo, el peso específico de su
producción en el volumen total de la producción mercantil es insignificante, mientras
que la producción de las grandes empresas es muchísimo mayor. En consecuencia el
tiempo de trabajo socialmente necesario oscila en torno a la cantidad de tiempo del
trabajo individual gastado en la producción de cada unidad de las mercancías de las
grandes empresas.

En semejante situación el destino de las pequeñas empresas es la incertidum-


bre y la ruina. El mercado no les reconoce sus gastos individuales de trabajo, porque
2, 3, 5 o más horas de trabajo individual del pequeño productor las equipara tan sólo
con 1 hora de trabajo socialmente necesario. A consecuencia de ello, los pequeños
productores se arruinan porque no pueden competir con las grandes empresas. De
esta forma, la ley económica del valor-trabajo (según la cual la magnitud del valor
de las mercancías es determinada por el trabajo socialmente necesario) logra dar una
explicación profunda sobre el importante fenómeno económico relacionado con el
sistemático desplazamiento de las pequeñas empresas por las grandes en el fragor de
la lucha competitiva.

Por eso, el tiempo de trabajo socialmente necesario no es precisamente la


media aritmética de los diferentes gastos individuales de trabajo. Esto significa que
si en una rama industrial, un primer grupo de empresas gasta 1 hora de trabajo, un
segundo grupo 2 horas y un tercer grupo 3 horas, entonces el tiempo de trabajo so-
cialmente necesario no puede ser calculado como la suma de gastos individuales de
trabajo (1 + 2 + 3) dividida entre tres. Al calcular el tiempo de trabajo socialmente
necesario, es necesario considerar el peso específico de la producción de las diversas
categorías de empresas en el contexto de toda la producción social, el cual se expre-
sa en el aporte de cada grupo de empresas al volumen total de la producción de una
determinada rama.

En el proceso de determinación de la magnitud del valor pueden configurarse


tres variantes: En la primera, que el tiempo de trabajo socialmente necesario coin-
cide con el tiempo de trabajo gastado por las empresas de tecnología intermedia; en
164 Francisco Chaparro Zapana

la segunda, que éste tiende hacia el tiempo de trabajo gastado por las empresas de
mejor tecnología; y en la tercera, que éste tiende hacia el tiempo de trabajo gastado
por las empresas de tecnología más atrasada. Todo depende del peso específico de
los diversos grupos de empresas en la producción de un determinado tipo de mercan-
cía. En todos los casos, la determinación de la magnitud del valor de una mercancía,
según el tiempo de trabajo socialmente necesario, se efectúa en forma espontánea a
través de los mecanismos de la competencia en el mercado.

3.5. La magnitud del valor y la productividad del trabajo social


En general, la productividad del trabajo se mide a través de la cantidad de
bienes producidos por cada unidad de tiempo de trabajo. A mayor productividad
del trabajo –es decir que si en cada hora-hombre de trabajo se produce una mayor
cantidad de mercancías– menor será la cantidad de trabajo contenida en cada unidad
de dichas mercancías, por consiguiente, tanto menor será su valor. Además se tiene
en cuenta el nivel de productividad de trabajo en el contexto de toda la sociedad,
ya que la magnitud del valor de las mercancías está determinada por el tiempo de
trabajo socialmente necesario, y no por el trabajo individual. En consecuencia, la
magnitud del valor de una mercancía es directamente proporcional a la cantidad
de trabajo social e inversamente proporcional a la productividad de trabajo.

El nivel de la productividad del trabajo depende de los siguientes factores:

A) De la técnica y la tecnología de la producción. A mayor nivel de desarrollo


técnico, a mayor perfeccionamiento de los métodos tecnológicos y en cuanto
sean aplicados con mayor amplitud en la producción sus logros, tanto mayor
será la productividad del trabajo.
B) De la organización del trabajo y la producción. Cuanto mejor organizada
esté la producción (en especial, cuanto más ampliamente se emplee el trabajo
colectivo de muchos trabajadores, así como la división técnica de trabajo entre
ellos) y menos sean interrumpidos los procesos productivos, tanto mayor será
la productividad del trabajo.
C) De la calificación y destreza de la mano de obra. Cuanto más perfeccionados
sean los conocimientos y los hábitos productivos del trabajador (su destreza,
ingenio creativo y disciplina de trabajo), tanto mayor será la productividad del
trabajo.
D) De las condiciones naturales. Los factores naturales influyen particularmente
en la agricultura y en las industrias extractivas. Por eso, a mayor fertilidad del
suelo mayor será la productividad del trabajo agrícola, y cuanto más ricos sean
los yacimientos mineros, tanto más productivo será el trabajo en la minería.

La función inversamente proporcional de la magnitud del valor de las mer-


cancías en relación al nivel de la productividad del trabajo social, la confirman los
datos reales sobre el movimiento de los precios, mediante los cuales se expresan sus
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 165

valores. Por ejemplo, a mediados del siglo XIX, cuando la tecnología productiva del
aluminio era aún rudimentaria, el precio de un kilogramo de aluminio en el mercado
mundial era aproximadamente de 45 dólares, y después que su fundición pasara a
procesarse con energía eléctrica, la productividad del trabajo en la siderurgia se ele-
vó varias veces y el precio del aluminio descendió a 0,55 dólares por kilogramo en
1913. En los EE. UU. el precio de una libra de aluminio descendió, posteriormente,
de 0,61 a 0,23 centavos de dólar entre 1916 y 1963.

3.6. El trabajo simple y el trabajo complejo


Se llama trabajo simple al trabajo no calificado, aquel que puede ser ejecu-
tado por cualquier persona saludable, sin previo proceso de aprendizaje. Y se lla-
ma trabajo complejo a toda actividad productiva calificada, que sólo puede reali-
zarse previo proceso de aprendizaje de la especialidad requerida. Como ejemplo de
trabajo simple tenemos la actividad de un obrero que cava una zanja o carga ladrillos
en una construcción, o el que paña algodón en el campo, etc.; y de trabajo complejo:
las actividades del joyero, el carpintero, el albañil, el ingeniero, etc.

Las mercancías producidas por el trabajo complejo contienen mayor valor que
las mercancías producidas por una cantidad igual de trabajo simple. Por ejemplo,
supongamos que 1 m3 de leña contiene 10 horas de trabajo simple, y un anillo de oro,
10 horas de trabajo del joyero; al intercambiarse ambas mercancías, lo más probable
es que el anillo no se cambie por 1 m3 de leña, sino por 10, 20 o más metros cúbicos
de leña. A primera vista pareciera que esta relación contradice a la teoría del valor-
trabajo, pero es sólo en apariencia.

El hombre, para calificar su mano de obra, debe aprender durante algún tiem-
po una determinada especialidad, invirtiendo en ese proceso también una determi-
nada cantidad de trabajo. Además, durante el aprendizaje el trabajador consume y
malogra muchos materiales en los cuales también está materializada una cantidad de
trabajo social. Entonces, para la sociedad el gasto de trabajo complejo representa:
a) los gastos de trabajo de quien aprende un oficio o profesión; b) los gastos de
trabajo de las personas que le enseñan; y c) los gastos de trabajo contenidos en
los materiales utilizados en el proceso de aprendizaje-enseñanza.

Por eso, el trabajo complejo representa para la sociedad un trabajo simple


multiplicado varias veces, y es capaz de crear un valor superior que el valor del
trabajo simple. Por ejemplo, si 1 hora de trabajo simple produce un valor equivalen-
te a un dólar, y si a cada hora de trabajo complejo le corresponde 4 horas de gastos
previos de trabajo en la calificación de la mano de obra, entonces el valor producido
por una hora de trabajo complejo representa 5 horas de trabajo simple. Por consi-
guiente, el valor del producto acabado será igual a 5 dólares.

Semejante reducción del trabajo complejo a trabajo simple se lleva a cabo en


forma espontánea, a través de los mecanismos de mercado.
166 Francisco Chaparro Zapana

4. EL PROCESO HISTÓRICO DE DESARROLLO DEL CAMBIO Y LAS FOR-


MAS DEL VALOR

4.1. El valor y el valor de cambio


La esencia del valor es el trabajo abstracto. Pero así como el valor se revela
en forma indirecta a través del intercambio de mercancías, así también el valor de
cambio sirve de forma necesaria de expresión del valor. Por ejemplo, cuando el trigo
es cambiado por paño, hierro, libros u otras mercancías, tras estas formas se está
manifestando el trabajo abstracto, es decir sus respectivos valores.

Al mismo tiempo que el valor es una propiedad interna de la mercancía, la


forma del valor, o valor de cambio, es la expresión externa de los valores de las
mercancías equiparadas unas con otras a través del intercambio.

Las formas del valor en su evolución histórica son: a) la forma simple del
valor; b) la forma ampliada del valor; c) la forma general del valor; y d) la forma
dinero del valor.

A) El intercambio casual y la forma simple (o casual) del valor

En las etapas aurorales del desarrollo de la sociedad primitiva tenía lugar sólo
la forma casual y esporádica del cambio. Por ejemplo, si en una comunidad, en forma
casual, como resultado de una caza abundante se disponía del producto excedente y
en otra comunidad, también en forma casual, se disponía de una cantidad excedente
de peces, entonces, al entablar relaciones entre sí ambas comunidades podían inter-
cambiar sus respectivos productos excedentes: carne por peces.

La forma de cambio casual puede ser representada mediante la fórmula:


x cantidad de la mercancía A = y cantidad de la mercancía B
Ejemplo: 1 venado = 100 bonitos

La forma del valor, cuando el valor de una mercancía se expresa en otra


única mercancía, se llama la forma simple del valor. Al mismo tiempo, esta es la
forma casual del valor, por cuanto en ella se expresa un hecho casual del cambio.

La forma simple del valor presupone la existencia de dos mercancías: La pri-


mera de nuestro ejemplo (el venado), al expresar su valor por intermedio de la se-
gunda, cumple un rol activo, porque representa en sí la forma relativa del valor. En
tanto que la segunda, sirviendo de medio de expresión del valor de la primera, asume
un rol pasivo: se opone a la primera mercancía en calidad de valor equivalente, y
representa como tal la forma equivalente del valor.

Ninguna mercancía puede expresar su valor en sí misma; su valor se expresa


siempre mediante otra mercancía. Por eso la forma relativa del valor es imposible
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 167

sin la forma equivalente. La forma equivalente del valor, a su vez, no es posible sin
la forma relativa.

De otro lado, los dos elementos de la forma simple del valor se excluyen
mutuamente el uno al otro. En el proceso del cambio, cada mercancía asume bien el
rol de forma relativa o bien la forma equivalente del valor, pero no puede encarnar
ambas formas al mismo tiempo. De modo que las formas relativa y equivalente son
los dos polos de una misma expresión del valor.

A-1. La esencia y la magnitud del valor relativo (o precio de la mercancía)


A primera vista la ecuación, x cantidad de mercancía A = y cantidad de mer-
cancía B, se nos presenta solo como una relación cuantitativa del cambio, pero con
una análisis más detenido del problema percibimos su aspecto cualitativo. Que cada
cabeza de ganado se cambie por 100, 50 o 150 bonitos depende de las circunstancias
concretas; pero en cualquiera de ellas la carne de venado y los bonitos son iguales
entre sí por cuanto ambos productos contienen en sí trabajo social. La esencia del
cambio consiste en que mediante el intercambio de mercancías, los hombres (e in-
cluso las naciones) intercambian su trabajo.

Se llama VALOR RELATIVO (o precio) al valor de una mercancía expre-


sado en una determinada cantidad de mercancía equivalente. Las variaciones de
la magnitud del valor relativo dependen de las magnitudes de los valores de las
mercancías A y B.

PRIMER CASO: cuando el valor de la mercancía B es constante, el valor


relativo de la mercancía A varía en proporción directa a las variaciones de su propio
valor. Por lo tanto, si en el ejemplo inicial el valor del venado disminuye en 50%,
entonces su valor relativo también disminuirá en esa misma proporción:
*De: 1 venado = 100 bonitos
(100 h-h. de t. s.) (1 bonito = 1h-h de t. s.)
a: 1 venado = 50 bonitos
(50 h-h. de t. s.) (1 bonito = 1 h-h. de t. s.)

SEGUNDO CASO: cuando el valor de la mercancía A es constante, la magni-


tud de su valor relativo variará en proporción inversa a las variaciones de la magnitud
del valor de la mercancía B. Por ejemplo, si el valor de cada unidad de la mercancía
B disminuye en 50%, entonces:
A: 1 venado = 200 bonitos
(100 h-h de t. s.) (1 bonito = 1/2 h-h de t. s.)

TERCER CASO: cuando varían simultáneamente las magnitudes de los va-


lores de ambas mercancías (A y B), sus valores relativos variarán en proporción

* Horas-hombre de trabajo social: h-h. de t.s.


168 Francisco Chaparro Zapana

directa al sentido y grado de variación de las magnitudes de sus propios valores. Por
ejemplo, si el valor de A disminuye en 50% y el de B aumentan en 100% entonces:
A: 1 venado = 25 bonitos
(50 h-h de t. s.) (1 bonito = 2 h-h de t. s.)

CUARTO CASO: cuando las magnitudes de los valores de ambas mercancías


(A y B) varían simultáneamente en el mismo sentido y grado, entonces sus valores
relativos se mantienen constantes. Por ejemplo: si los valores de las mercancías A y
B se reducen simultáneamente en 50% o se elevan en 100%, entonces:
1 venado = 100 bonitos
(50 h-h de t. s.) (1 bonito = 1/2 h-h de t. s.)

O en su defecto:
1 venado = 100 bonitos
(200 h-h de t. s.) (1 bonito = 2 h-h de t. s.)

En consecuencia, los ejemplos aludidos demuestran que no se puede iden-


tificar las variaciones de la magnitud del valor relativo de una mercancía con las
variaciones de la magnitud de su propio valor. Porque el valor relativo de la mer-
cancía puede variar incluso cuando su propio valor no sufre ninguna variación, y
otras veces, a pesar de variar el valor de una mercancía, su valor relativo se mantiene
constante.

A-2. Las particularidades de la forma equivalente del valor

La mercancía-equivalente (el dinero, en su expresión más evolucionada),


como cualquier otra mercancía, posee su propio valor de uso. Por ejemplo, el valor
de uso del bonito radica en que sirve como producto alimenticio. Pero su papel de
mercancía-equivalente consiste en que sirve no como valor de uso, sino que a través
de él se expresa el valor de la mercancía-venado. Por consiguiente, en relación a la
primera mercancía (A) la mercancía-equivalente (B) actúa como la materialización
del valor.

Para comprender mejor este problema podemos apelar a la analogía. Cuando


se averigua el peso de un cuerpo hace falta colocar a este en un platillo de la balanza,
y en el otro, las pesas de hierro. El hierro tiene una serie de propiedades físico-quí-
micas, por ejemplo, es un buen conductor del calor, es altamente oxidable, etc., pero
al servir como medida del peso, aquellas propiedades del hierro pierden importancia,
salvo la de poseer peso. De forma análoga, para la mercancía-equivalente su valor de
uso no tiene importancia; ella sirve solo como la materialización del valor.

Y así, la primera particularidad de la forma equivalente del valor es que el


valor de uso de la mercancía-equivalente sirve como forma de expresión del valor
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 169

de la mercancía opuesta. Es decir, el valor de la mercancía A se expresa a través del


valor de uso de la mercancía B.

La mercancía-equivalente como valor de uso es el resultado de un determina-


do trabajo concreto. Por ejemplo, los bonitos son producto de la pesca. Sin embargo,
para el productor de la mercancía, al cambiarla por la mercancía opuesta, el trabajo
concreto contenido en el equivalente sirve solo de materialización del trabajo huma-
no abstracto y homogéneo, creador del valor. Por lo tanto, la segunda particularidad
de la forma equivalente del valor consiste en que el trabajo concreto contenido en la
mercancía-equivalente sirve como forma de expresión de su contrario, el trabajo
abstracto.

El productor de la mercancía A, al cambiar esta por la mercancía B, logra el


reconocimiento social de su trabajo. Por eso el trabajo materializado en la mercancía
B, pese a que el mismo posee también directamente carácter privado, participa en
relación al productor de la mercancía A no como trabajo privado, sino, al contrario,
como la personificación del trabajo social. Por eso, la tercera particularidad de la
forma equivalencial del valor es que el trabajo privado contenido en la mercancía-
equivalente actúa como su contrario, directamente en calidad de trabajo social.

A-3. La contradicción interna de la mercancía y su expresión externa


Las contradicciones internas de la mercancía –entre trabajo privado y trabajo
social, y entre valor de uso y valor– adquieren formas de expresión externa cuando
dos mercancías son intercambiadas entre sí.

La mercancía que asume la forma relativa del valor actúa directamente como va-
lor de uso, como producto de un trabajo privado concreto. No es necesario, por ejemplo,
equiparar una tela con un trozo de hierro para descubrir que la tela es producto del teje-
dor, que posee un valor de uso y que de ella se puede confeccionar vestidos.

Pero la mercancía por ser, al mismo tiempo, materialización del trabajo social
abstracto, posee valor. Sin embargo, este segundo aspecto se encuentra camuflado en
la mercancía y sólo se descubre al equiparársela con otra. Por eso la mercancía que
asume el papel de equivalente participa en forma directa como la materialización del
valor, como la personificación del trabajo social abstracto.

De esta forma, en la relación cuantitativa de las mercancías A y B, la pri-


mera actúa directamente como valor de uso, como producto de un trabajo privado
concreto, y la segunda mercancía se le contrapone como la materialización directa
del valor, como resultado del trabajo social abstracto.

A-4. El tránsito de la forma casual del cambio a la forma regular


La primera gran división social del trabajo –la división entre tribus agricul-
toras y tribus ganaderas (y pesqueras en la antigua costa del Perú)– trajo consigo el
170 Francisco Chaparro Zapana

establecimiento regular del cambio. Las tribus pastoras o ganaderas producían car-
nes, pieles, grasas y otros productos pecuarios por encima de sus elementales nece-
sidades, y la tribus agricultoras producían granos, frutas, verduras y otros productos
en cantidades también mayores a las necesarias para satisfacer su consumo interno.
Sobre esta base surgió y se consolidó el intercambio sistemático entre las primeras
comunidades ganaderas y agricultoras.

Así como los medios de producción y los productos del trabajo eran de propie-
dad social, también el intercambio de mercancías se llevaba a cabo no entre personas
individuales privadas, sino entre comunidades primitivas, a través de sus jefes triba-
les. Entonces, la necesidad del cambio estaba determinada por la división social del
trabajo y por la existencia de diferentes colectividades de propietarios de los me-
dios de producción y de los productos del trabajo (cada comunidad se contraponía
a otra como propietaria independiente). Posteriormente, al desarrollarse las fuerzas
productivas de la sociedad, cuando el régimen comunal empezó a descomponerse y
los productos del trabajo (ganado, tierras de cultivo, granos, etc.) se transformaron
de propiedad colectiva a propiedad privada, el tipo de intercambio colectivo también
fue sustituido gradualmente por el tipo de intercambio individual. La necesidad de
la forma privada del cambio fue impuesta por la división social del trabajo y por la
propiedad privada de los medios de producción y de los productos de consumo.

B) La forma plena o ampliada del valor

El tránsito de la forma casual a la forma regular del cambio trajo consigo el


tránsito de la forma casual, o simple, a la forma ampliada del valor, la cual se repre-
senta de la siguiente forma:

x mercancía A = y mercancía B = z mercancía C, o = n mercancía D, etc.

Por ejemplo:
= 1 frazada, o
= 1 carnero, o
1 saco de trigo = 6 moldes de queso, o
= 1 piel de vacuno, o
= 2 brazadas de paño, etc.

La forma ampliada del valor se diferencia de la forma simple porque en


aquella intervienen como objetos del cambio diversos productos del trabajo social
y no dos únicos productos, y por ello a cada mercancía que asume la forma rela-
tiva del valor se le contrapone una multitud de equivalentes. Semejante sistema de
intercambio mercantil era practicado hasta hace poco por algunos pueblos nativos.
Por ejemplo, aún en pleno siglo XX los turistas podían observar que la tribu africana
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 171

batúa cambiaba carne disecada por bananas, frutas secas, maíz u otros productos a
las tribus vecinas, al igual que muchas tribus de la Amazonía peruano-brasileña.

Mientras el cambio era un fenómeno casual y esporádico, las proporcionali-


dades cuantitativas, por las cuales las tribus cambiaban una mercancía por otras, no
tenían mayor importancia. Al transitar hacia el cambio regular, las proporciones re-
gulares empezaron a jugar un rol esencial y también fueron adquiriendo un carácter
regular relativamente estable. Si una tribu ganadera cediera siempre en el cambio
los productos de su trabajo a una tribu de agricultores por debajo de su valor, enton-
ces parte de su trabajo no sería compensado, sería obsequiada gratuitamente, lo que
redundaría en perjuicio de su propia economía. La necesidad de reponer sistemá-
ticamente el trabajo social gastado impone la necesidad de que una mercancía sea
cambiada en promedio según su valor.

C) El desarrollo posterior del cambio y la forma general del cambio

La forma plena o ampliada del cambio adolecía de serias limitaciones:

En primer lugar, el valor de cada mercancía difícilmente llegaba a expresarse


a cabalidad, porque el número de mercancías equivalentes con el desarrollo del mer-
cado podía multiplicarse ilimitadamente.

En segundo lugar, el valor de la mercancía carecía de un patrón único de


cambio, porque tenía formas múltiples y distintas de expresión. Por ejemplo, el valor
del trigo o de las frutas se manifestaba a través de la carne, el aceite, la lana, etc. En
semejante diversidad de formas de expresión del valor, a los dueños de las mercan-
cías les resultaba muy difícil establecer las proporciones cambiarias, y orientarse en
qué, cómo y para quién producir.

En tercer lugar, el cambio directo de una mercancía por otras se hacia impo-
sible con frecuencia, porque el trabajo de los productores privados requería de un
reconocimiento social generalizado, pero eso no era posible porque la mercancía
producida poseía valor de uso no para todos los miembros de la sociedad, sino sola-
mente para una parte de ella.

Con el desarrollo del cambio de la economía mercantil, de entre todas empezaron


a destacar determinadas mercancías, las cuales en un momento dado y en el ámbito de al-
gún mercado local empezaron a cumplir el papel de principales medios de cambio. Tales
mercancías eran el ganado, en algunas tribus: los granos, la sal o las pieles, en otras, etc.
Pero con el transcurso del tiempo todos los miembros de la sociedad empezaron a ex-
presar el valor de sus mercancías a través de una determinada mercancía, la cual debido
a esa función se convierte en EQUIVALENTE UNIVERSAL. Así, la forma ampliada
del valor fue sustituida por la forma general del valor, según la cual el valor de todas
las mercancías se expresa en un equivalente general.
172 Francisco Chaparro Zapana

x A = 5 carneros =
y B = 10 sacos de trigo =
z C = n mercancía G 30 moldes de queso = 1 res
n D = 20 Kg. de lana =
p G = 10 sacos de trigo =
Etc.

Según la forma ampliada del valor, a la mercancía que asume la forma rela-
tiva del valor se le oponen muchas mercancías equivalentes. Por el contrario, bajo
la forma general del valor, al conjunto de mercancías que asumen la forma relativa
del valor se les opone un equivalente universal. Entonces, cada mercancía no es ya
intercambiada directamente por otras mercancías diferentes, porque sus poseedores
las cambiarán por una sola mercancía que servirá de equivalente general y solo des-
pués cambiarán a esta última por las mercancías que les son necesarias (o sea, M-D
y D-M).

Pero el rol de equivalente universal del cambio no se consolidó en forma in-


mediata y exclusivamente en una sola mercancía, ya que esta función era desem-
peñada alternadamente por una u otra mercancía. De acuerdo a las condiciones y
etapas de desarrollo de los diversos mercados locales, el rol de equivalente universal
era asumido por diferentes mercancías. Por ejemplo, en la antigua Irlanda el rol de
equivalente universal del cambio lo desempeñaron el ganado, así como costales de
cebada; en el imperio de los Incas, el maíz, la coca, la sal, etc.

D) El tránsito de la forma universal a la forma dinero del valor

Como resultado del desarrollo posterior del cambio, de entre dos o más mer-
cancías, que alternadamente cumplían el rol de equivalente general o universal, fue
destacando una que empezó a desempeñar esta función en forma permanente. Así
es como fue surgiendo gradualmente la forma dinero del valor. La diferencia entre
la forma dinero del valor y la forma universal no consiste en qué objeto (ya sea el
ganado o el oro) sirve como equivalente universal, sino en si el rol de equivalente
general se consolidó en una determinada mercancía (cualquiera que ella fuera) o no.
Mientras el rol de equivalente general aún no se consolida en una mercancía única,
cuando una determinada mercancía (por ejemplo, el ganado) sirve de equivalente
general solamente por un tiempo corto y en el ámbito de un mercado local, ésta con-
tinúa siendo la forma general del valor. Pero cuando una determinada mercancía
(aunque fuera el ganado) monopoliza en forma permanente el rol de equivalente
general, entonces estamos ante la forma dinero del valor.

4.2. La conclusión general del análisis de las formas del valor


El análisis de las diversas formas del valor permite establecer que las formas
del cambio han evolucionado históricamente, y que, como resultado de un prolonga-
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 173

do desarrollo natural y espontáneo, apareció la forma dinero del valor. Con la apari-
ción del dinero, todas las mercancías empezaron a expresar con regularidad su valor
en una forma valorativa única, a través de la mercancía-dinero, la cual monopoliza
la función de equivalente general. Y al valor de la mercancía expresado en dinero
se llama PRECIO de las mercancías.

5. LAS FUNCIONES DE LA LEY DEL VALOR EN LA ECONOMÍA DE MERCA-


DO CAPITALISTA

5.1. El contenido esencial de la ley del valor


La ley del valor es el vínculo causal entre el trabajo social, el valor y el pre-
cio de las mercancías. Los rasgos esenciales de la ley del valor son: a) que solo en
determinadas condiciones históricas, en las condiciones de la economía de mercado,
el trabajo social adquiere la forma de valor, es decir que se manifiesta mediante la
equiparación de unas mercancías con otras; b) que la magnitud del valor de las mer-
cancías está determinada por la cantidad de trabajo socialmente necesaria para su
producción; y c) que los precios, por los que se intercambian las mercancías entre sí,
se sustentan en la base objetiva del valor, porque al fin y al cabo están determinados
por este. Por lo tanto, la fuente del valor de las mercancías es el trabajo abstracto,
la magnitud del valor está determinada por el tiempo de trabajo socialmente nece-
sario, y las proporcionalidades del intercambio de mercancías, al fin de cuentas,
están determinadas por sus valores.

La ley del valor actúa en cualquier forma de economía mercantil, pero la natu-
raleza de su accionar depende de la forma imperante de propiedad de los medios de
producción. Tanto en la economía mercantil simple como en la mercantil capitalista,
la ley del valor actúa de modo espontáneo, ya que ambas se basan en la propiedad
privada de los medios de producción. Por el contrario, en la economía socialista,
cuya base es la propiedad social, la ley del valor será usada consciente y planificada-
mente según los intereses de la sociedad.

5.2. La ley del valor como instrumento regulador del desarrollo espontáneo
de la economía de mercado
Para satisfacer adecuadamente las múltiples necesidades de la sociedad, la
suma total de su trabajo social debe ser distribuida para producir los diversos bie-
nes y servicios en las proporciones correspondientes. Por ejemplo, la extracción del
carbón de piedra debe encontrarse en proporción con la fundición de los materiales
ferrosos necesarios; asimismo, la producción de hierro y acero debe guardar propor-
ción con la producción de máquinas, herramientas y otros artefactos elaborados con
esos materiales.

Sin embargo, como resultado de la espontaneidad y la anarquía de la pro-


ducción, propias de la economía mercantil, las proporcionalidades entre los diver-
174 Francisco Chaparro Zapana

sos sectores de la producción se rompen inevitablemente, y los diversos tipos de


mercancías son producidos en cantidades excesivas o deficientes. Supongamos que
para mantener las proporcionalidades de la producción social de un millón de traba-
jadores, en la industria textil deben laborar doscientas mil personas; en la industria
de calzado, cien mil; pero si, como resultado de la anarquía de la producción, la so-
ciedad dispone de cien mil tejedores y doscientos mil zapateros, la producción textil
será insuficiente y la del calzado será excesiva. ¿Qué sucederá entonces?

Una desmesurada oferta de calzado en relación a su demanda provocará la


caída de sus precios por debajo de su valor. Y a la inversa, una reducción drástica
de la oferta de productos textiles en relación a su demanda provocará la elevación
de sus precios por encima de su valor. En tal situación, la producción de calzado no
será rentable; esto obligará a una parte del empresariado a transferir sus inversio-
nes de la producción de calzado a la industria textil, ocasionando: a) la reducción
de la producción y oferta de calzado, y la consiguiente elevación de sus precios; y
b) el incremento de la producción y oferta de tejidos, y la caída de sus precios. De
esta forma, los precios tenderán a desplazarse con dirección hacia el valor, y en el
momento en que la demanda y la oferta se equilibren, cuando sean alcanzadas las
proporciones necesarias en la distribución del trabajo social, entonces el precio será
igual al valor.

Pero como la producción mercantil es anárquica, el tránsito de una parte de los


productores de la industria del calzado a la industria textil motivará que su número
en esas ramas no solo alcance la norma necesaria, sino que se volverá a alejar de su
nivel normal, pero ahora en el sentido contrario. En tal caso, los tejidos serán produ-
cidos en exceso y el calzado en cantidad insuficiente; así, el precio de los tejidos cae-
rá por debajo de su valor y el precio del calzado de elevará por encima de su valor.
Pero entonces empezará a migrar una parte de los trabajadores de la industria textil a
la del calzado, como resultado de ello los productos textiles escasearán y sus precios
se elevarán, mientras la producción de calzado aumentará y sus precios caerán.

De esta manera, la ley del valor-trabajo es la fuerza reguladora espontánea


de las dimensiones de la producción mercantil y de las proporcionalidades de la
producción entre las diferentes mercancías, mientras que la tendencia hacia una
distribución proporcional del trabajo social se realiza solo como un término medio
de las constantes desproporcionalidades.

De lo expuesto se desprende que las desviaciones entre lo que es el precio y el


valor de la mercancía no contradice la ley del valor-trabajo en la economía mercantil. Las
desviaciones de los precios de la magnitud del valor orientan a los productores mostrán-
doles qué mercancías han sido producidas en exceso y cuáles en cantidades insuficientes.
Sin las señales de este barómetro económico los productores no sabrían qué mercancías
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 175

y en qué cantidades producirlas. Pero en el largo plazo estas desviaciones entre los pre-
cios y el valor, hacia arriba y hacia abajo, se equilibran mutuamente, de modo que en
promedio las mercancías son comercializadas según su valor.

5.3. La ley del valor como acelerador del desarrollo espontáneo de las fuer-
zas productivas
La comercialización de las mercancías según su valor, trae consigo mayores
beneficios para aquellos productores cuyos gastos individuales de trabajo son meno-
res que el tiempo de trabajo socialmente necesario, ya que ellos no solo compensan
el trabajo gastado, sino que además obtienen una ganancia adicional.

Supongamos que 1 metro de paño contiene 5 horas de trabajo socialmente ne-


cesario, y que 1 hora de trabajo produce un valor por el equivalente monetario de 2
dólares. En este caso el valor social de 1 m de paño será 10 dólares. Supongamos que
algunos productores de paño han introducido innovaciones técnicas en sus fábricas,
a consecuencia de las cuales el tiempo de trabajo individual gastado en la confección
de cada metro de paño se redujo a 2,5 horas; estos no lo venderán por 5 dólares (que
es su valor individual), sino por 10 dólares (que es su valor social). Entonces, al
mismo tiempo que el ingreso del productor medio (que labora en condiciones social-
mente normales de producción) es de 20 dólares por jornada diaria de 10 horas de
trabajo, el productor que en la misma jornada de 10 horas produce 4 m de paño, en
lugar de 2 m, percibe un ingreso de 40 dólares. Por consiguiente su ingreso adicional
por cada metro de paño es 5 dólares, y por la jornada diaria, 20 dólares.

En su afán por obtener una ganancia adicional, los productores reducen el


valor individual de sus mercancías aplicando innovaciones técnicas en sus empresas.
La lucha competitiva empuja a los demás empresarios a enrolarse en el proceso de
la innovación tecnológica. En consecuencia, tarde o temprano, los nuevos métodos
tecnológicos alcanzan difusión masiva. En tales circunstancias, la ley del valor de
la economía mercantil cumple el rol de acelerador espontáneo del desarrollo de las
fuerzas productivas de la sociedad.

5.4. La ley del valor como base del proceso de diferenciación entre los pro-
ductores
Muchos economistas burgueses (por ejemplo, Gray en Inglaterra, Proudon en
Francia) consideraban la ley del valor como la “ley del cambio justo” y suponían
que si su accionar no se obstruía, reinaría la armonía y la igualdad más plena. Se-
mejante idealización de la ley del valor es errada. Por lo general la ley del valor no
promueve de manera espontánea la igualdad económica entre los empresarios, como
equivocadamente afirman algunos economistas burgueses; por el contrario, de modo
permanente se genera entre ellos la desigualdad y el desequilibrio económico de la
sociedad, cuyas consecuencias extremas son las crisis económicas del sistema.
176 Francisco Chaparro Zapana

Esto se explica por el hecho de que los gastos individuales de trabajo no coinci-
den con los gastos de trabajo socialmente necesarios. Figuremos que con un tiempo de
trabajo socialmente necesario de 5 horas para producir 1 metro de paño, hay un primer
grupo de productores que gasta 5 horas efectivas de trabajo; un segundo grupo que solo
gasta la mitad, o sea 2,5 horas; y un tercer grupo que gasta el doble de tiempo, es decir 10
horas de trabajo individual. En consecuencia, al venderse el paño según su valor social
de 10 dólares cada metro (suponiendo que cada hora de trabajo socialmente necesario
produce un valor de 2 dólares), unos productores obtendrán de la venta de los productos
de su trabajo diario (con una jornada diaria de 10 horas) 20 dólares; los otros, 40 dólares;
y los terceros, solo 10 dólares. En definitiva, tanto el enriquecimiento de algunos em-
presarios como el empobrecimiento, e incluso la ruina económica de muchos otros, es
el resultado inexorable de la acción espontánea de la ley del valor.

Hasta ahora suponemos que las mercancías son vendidas sobre la base de sus
valores. Pero las desviaciones espontáneas de los precios en relación a la magnitud
del valor, agudizan aún más las diferencias entre los empresarios. Está claro que con
la elevación de los precios los dueños de las mercancías ganan, y con la caída de los
mismos, pierden.

La diferenciación que se lleva a cabo entre los empresarios-productores de


mercancías, debido a la acción de la ley del valor, en determinadas condiciones
históricas, promueve el tránsito espontáneo de la economía mercantil simple a
la economía mercantil capitalista. Si las condiciones son tales que a los pequeños
productores empobrecidos no les queda otra salida que vender su fuerza de trabajo,
entonces un reducido grupo de productores enriquecidos se convertirá en grupo de
empresarios capitalistas, y en reemplazo de la producción mercantil simple se im-
pondrá una típica producción capitalista.

5.5. La ley del valor en las formaciones económico-sociales precapitalistas


y en el capitalismo
Tanto en el esclavismo como en el feudalismo predominaba la economía na-
tural; entonces la ley del valor actuaba no en el contexto de toda la economía social,
sino solo en el contexto de aquella parte relativamente pequeña de la economía mer-
cantil.

En el capitalismo, la producción mercantil se generaliza y se integra final-


mente como un sistema de producción predominante. La ley del valor, a la vez que
alcanza su pleno desarrollo, se constituye también en regulador espontáneo de toda
la producción social. Sin embargo, en el capitalismo el rol de la ley del valor no solo
se limita a ser lo que anteriormente enunciamos.

Lo nuevo y específico para el capitalismo es que sobre la base de la ley del


valor se realiza la explotación de los trabajadores asalariados por los capitalistas.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 177

Esta función de la ley del valor la revelaremos con mayor amplitud en el siguiente
capítulo.

6. EL FETICHISMO MERCANTIL

6.1. El poder del fenómeno mercantil y el dominio de la mercancía sobre los


productores
A consecuencia de la anarquía de la producción, generada por la propiedad
privada de los medios de producción, los productores de mercancías no están en
condiciones de establecer un control sobre la producción y el mercado. El valor y
los precios de las mercancías son fenómenos sujetos a variaciones espontáneas, y las
variaciones espontáneas del mercado ejercen una influencia decisiva sobre el destino
de los empresarios-productores, ya que los puede conducir hacia el enriquecimiento
o a la ruina.

La escritora australiana K. S. Prichard describe crudamente el poder del fe-


nómeno mercantil sobre los productores en su obra El granjero feliz, donde relata
cómo el granjero Tom se arruina a consecuencia de la caída de los precios del trigo,
por lo que termina suicidándose. “Durante los primeros tres años –acota la escrito-
ra– todo marchaba de maravilla. Las cosechas de trigo eran abundantes y sus precios
altos, parecía que el futuro estaba asegurado, la vida se tornaba de ensueño… Pero
inesperadamente en el mercado empezó a gestarse algo increíble. Los precios del
trigo cayeron de modo tal que la venta total de la cosecha no cubría ni los gastos des-
embolsados para la compra de las semillas… El corazón de Molly se despedazaba
pensando en Tom. De todo su gran amor, de su valentía y energía inagotables, con
que crearon su empresa, no quedaba nada, fuera de los sufrimientos de un hombre
arruinado e indefenso ante la fuerza ciega que lo despoja sin clemencia de todo por
lo que valía la pena vivir”.

A causa del predominio de la propiedad privada y la anarquía de la produc-


ción, el destino del productor mercantil en la sociedad capitalista está a expensas
de la buena o mala suerte de sus mercancías en el mercado, ya que en él los hom-
bres no dominan las cosas, sino que son las cosas, las mercancías las que dominan
a los hombres.

La prosperidad o la ruina de los productores de mercancías, toda su suerte,


está sujeta al movimiento de los precios de sus mercancías, sobre el cual no tienen
poder de decisión. Por eso las mercancías adquieren un carácter enigmático y mis-
terioso. La situación se presenta como si los objetos –o las mercancías en este caso–
poseyeran una fuerza mágica propia que les permite intercambiarse entre sí.

El producto del trabajo no adquiere un carácter misterioso por sí mismo, sino


solo en la medida que adopta la forma de mercancía y se la cambia por otras mer-
178 Francisco Chaparro Zapana

cancías. Precisamente, no es el valor de uso ni el trabajo por sí mismos los que


determinan el embrujo y el carácter misterioso del producto del trabajo, sino su
forma mercantil, su valor de cambio.

En la sociedad capitalista, el intercambio mercantil es el fenómeno más di-


fundido, masivo y general, que se repite infinidad de veces. Los hombres ven que
día a día las mercancías son vendidas e intercambiadas entre sí en determinadas
proporciones cuantitativas; por eso les parece que lo que se cambia son las propie-
dades inherentes de las cosas. En realidad, el carácter espontáneo de las variaciones
de la magnitud del valor de las mercancías y las desviaciones espontáneas de los
precios en relación al valor, ocultan la relación entre las proporciones de cambio de
las mercancías y sus valores. Todo esto motiva que a los ojos de los poseedores de
mercancías el valor actúe como si fuera una propiedad misteriosa de las cosas como
tales, la cual en apariencia les es inherente por naturaleza.

6.2. Las imágenes fetichizadas de la mercancía


No solo los poseedores de mercancías comunes y corrientes, sino también
destacados economistas burgueses atribuyen la propiedad de cambio a las cosas
como tales. Como ejemplo elocuente de ello citan las siguientes expresiones del
economista inglés de comienzos del siglo XIX Bayle: “El valor (el valor de cambio)
es propiedad de las cosas, y la riqueza (el valor de uso) es un atributo del hombre”. Y
en la segunda mitad del siglo XIX, el economista austriaco E. Böhm-Baberk sostenía
que el valor de cambio es “la fuerza o la propiedad inherente a los bienes materia-
les”. Semejantes interpretaciones distorsionan la realidad; porque en los hechos el
valor de uso está determinado por la naturaleza de los mismos objetos, y el valor
de cambio de ningún modo es inherente a las cosas, sino que es la forma específica
de expresión del trabajo social en la producción mercantil. Por eso, Marx equipara
irónicamente las palabras de Bayle con la afirmación de un personaje cómico, quien
pretende hacer creer que “una apariencia feliz es un atributo de las circunstancias, y
el arte de leer y escribir es un don de la naturaleza”.

En realidad, el valor de cambio de ningún modo es “inherente a los propios


bienes materiales” sino que representa en sí un fenómeno social propio de la produc-
ción mercantil.

Atribuir a las cosas como tales el valor y la capacidad de ser intercambia-


das unas por otras es una suposición fetichizada de la mercancía, o el fetichismo
mercantil en sentido subjetivo, que tiene algo común con las ideas religiosas. Desde
las épocas primitivas los hombres rendían culto a los ídolos, a los objetos, a los cua-
les atribuían sus propias cualidades humanas, pero en calidad de virtudes divinas y
sobrehumanas. De modo análogo, las ideas fetichizadas de la mercancía radican en
que el cambio, no obstante ser una relación económica entre los hombres, se presenta
como una relación entre las mismas cosas, como si su capacidad de ser cambiadas
entre sí fuera una propiedad natural.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 179

6.3. El fetichismo mercantil en su sentido objetivo


El fetichismo mercantil no solo tiene un aspecto subjetivo sino también un
aspecto objetivo.

En una economía mercantil, el trabajo interviene directamente en calidad de


trabajo privado y su carácter social se expresa solo de modo indirecto, soterradamen-
te, a través del cambio de las mercancías. Los poseedores privados de mercancías
se relacionan socialmente entre sí mediante el intercambio. Por eso los objetos-mer-
cancía cumplen una función social especial, porque a través de estos se entabla el
contacto social entre los diseminados productores privados.

En el cambio, los hombres de hecho equiparan su trabajo, pero, externamen-


te, la igualdad de los trabajos de los hombres adopta la forma de igualdad de los
objetos-mercancía. Por ejemplo, si el trabajo del tejedor se equipara con el trabajo
del zapatero, del panadero, etc., en la economía mercantil logra una expresión indi-
recta en forma de equiparación en el intercambio de paño por zapatos, o de pan por
otras mercancías.

Así como el trabajo social de los hombres en la economía de mercado adquie-


re la forma del valor de los objetos-mercancía, así también la cantidad de trabajo
solo adquiere una expresión indirecta mediante las proporcionalidades de cambio
de las mercancías. Si en la producción de una arroba de trigo la sociedad gasta 10
horas-hombre de trabajo, y en la producción de 1 metro de paño, 1 hora, entonces
se expresará como la forma de “capacidad” que tiene una arroba de trigo para ser
cambiada por 10 metros de paño.

En conclusión, el trabajo social de los productores mercantiles privados adquiere


la forma de valor, y la cantidad de trabajo, la forma de la magnitud del valor de las mer-
cancías, de lo cual se deriva que las relaciones sociales de producción de los hombres
adquieren la forma de relaciones entre objetos. Cuando el agricultor produce trigo y el
tejedor, el paño para el mercado, y después ambos intercambian sus mercancías, aquí se
hace presente una relación económico-social entre los hombres; pero la relación de una
persona con otra (el agricultor y el tejedor) se realiza solo mediante las relaciones de una
cosa con otra (el cambio del trigo por el paño). La socialización objetiva de las relacio-
nes de producción de los hombres, propia de la economía mercantil, constituye en sí el
fetichismo mercantil en el sentido objetivo.

6.4. El fetichismo mercantil como un fenómeno histórico


El fetichismo mercantil no es un fenómeno imperecedero. Este no existió en
las condiciones de la economía natural. Por ejemplo, en el régimen de la sociedad
primitiva los hombres disponían colectivamente de los medios de producción, produ-
180 Francisco Chaparro Zapana

cían bienes con el trabajo colectivo y los distribuían entre sí en forma igualitaria. El
trabajo social conjunto no estaba conformado por un complejo de trabajos privados,
sino que cada trabajo concreto representaba una partícula del trabajo social. En tales
condiciones las relaciones sociales de producción de los hombres no se cosificaban,
no adoptaban las formas de relaciones entre cosas u objetos.

En la economía natural esclavista y feudal tampoco se cosificaban las rela-


ciones de producción. Los esclavistas y los terratenientes feudales explotaban di-
rectamente, y no a través del intercambio mercantil, a los esclavos y a los siervos
campesinos, se apropiaban de su trabajo mediante la coacción violenta y directa.

Tanto la producción mercantil como el fetichismo mercantil son típicos de la


sociedad capitalista. Aquí la forma mercantil se hace universal, todo es susceptible
de ser comprado y vendido, y las relaciones de producción de los hombres se reali-
zan a través de los objetos-mercancía. Precisamente aquí, los objetos dominan a los
hombres, las mercancías se imponen sobre los productores mercantiles.

Con el tránsito de la sociedad capitalista al socialismo, se liquida o limita


la propiedad privada capitalista de los medios de producción y sus nefastas conse-
cuencias, incluida la anarquía de la producción. En el socialismo los hombres de-
ben producir, distribuir e intercambiar los bienes y servicios en forma consciente y
planificada. La situación del hombre en la sociedad dependerá de su trabajo y no de
las oscilaciones espontáneas del mercado. Solo entonces los hombres se impondrán
sobre las cosas, y no viceversa. En ese momento, le habrá llegado su final al poder
de la anarquía del mercado, a la vez que al fetichismo mercantil. Y esta será una de
las pruebas contundentes de la superioridad del sistema económico socialista sobre
el capitalista.

7. CRÍTICA A LAS TEORÍAS BURGUESAS SUBJETIVAS DEL VALOR

7.1. Crítica a la teoría del valor de los clásicos


El mayor mérito de los clásicos de la economía política burguesa –los eco-
nomistas ingleses William Petty (1623-1687), Adam Smith (1723-1790) y David
Ricardo (1772-1823)– fue que ellos crearon la teoría del valor-trabajo. Ellos fueron
los primeros en diferenciar los precios de mercado del valor, llegando a la conclusión
correcta de que el valor de las mercancías está determinado por el trabajo 5.

El verdadero autor de la teoría del valor-trabajo fue William Petty. Él sostenía


que si la producción de una onza de plata cuesta la misma cantidad de trabajo que la
que se necesita para producir un quintal de harina, entonces una onza de plata tendrá

5 Ver: Backhaus, Hans Georg. Dialéctica del valor. Contribución à la théorie marxista de la connaissance/Beisträge zur
marxistischen Erkenntnistheorie. Alfred Schnidt editor, Frankfort, Suhrkamp Verlag, 1969.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 181

el mismo precio natural que un quintal de harina; pero si la productividad del trabajo
en la extracción de plata se duplica, entonces el precio natural de un quintal de harina
será de dos onzas de plata. De esta forma, W. Petty hizo un análisis correcto de la
magnitud del valor de las mercancías.

Smith consideraba el intercambio mercantil como un intercambio de trabajo


humano, y a la magnitud del valor –continuando a Petty– la definía como una canti-
dad de trabajo. “El precio real de cualquier objeto, es decir, lo que realmente le cues-
ta cada objeto a quien quiera adquirirlo –decía Smith– es el trabajo y los esfuerzos
necesarios para la adquisición de este objeto”6. También Petty, al analizar preferen-
temente el valor de cambio en su forma monetaria, identificaba el trabajo que crea el
valor con una determinada forma de trabajo concreto –con el trabajo dedicado a la
extracción del oro y la plata–. También, según Smith, todo trabajo gastado en cual-
quier rama de la producción era capaz de crear valor.

Sin embargo, este autor no fue capaz de desarrollar hasta sus últimas conse-
cuencias la teoría del valor-trabajo; él compartía diversas definiciones del valor con-
tradictorias entre sí. En algunos pasajes, Smith sostiene que el valor de la mercadería
está determinado por la cantidad de trabajo gastada en su producción, pero en otros,
dice que el valor está determinado por la cantidad de trabajo comprado a cambio de
una mercancía dada. Además, él relacionó la definición del valor de las mercancías
con el trabajo de “la sociedad en su estadio primitivo”, en cuya interpretación incluía
la economía mercantil simple. Para el capitalismo, Smith deducía el valor de la suma
de tres clases de rentas: el salario, la ganancia y la renta. Pero esta definición del va-
lor a través de los ingresos se contradecía con la definición basada en el trabajo.

A David Ricardo le cupo el mérito de liberar la teoría del valor de las limi-
taciones y contradicciones de Smith. Proclamaba resueltamente que “el valor de
cambio de las mercancías está determinado por la cantidad de trabajo materializado
en ellas”7, es decir, gastada en su producción. Al mismo tiempo, Ricardo aplicó la
ley del valor a la producción capitalista, superando la interpretación estrecha y limi-
tada de Smith en el sentido de que esta ley solo actúa en el período de la producción
mercantil simple.

Sin embargo, en toda la economía política clásica, incluida la de Ricardo, la


teoría del valor adolecía de las siguientes insuficiencias cardinales:

1. La perpetuación de las categorías “mercancía” y “valor”. La mayor insufi-


ciencia de la teoría del valor de los clásicos de la economía política burguesa
era su interpretación de la producción mercantil, de la mercancía y el valor
como fenómenos eternos y ahistóricos, como si fueran propias de cualquier
sociedad.

6 Smith, Adam. La riqueza de las naciones. T. 1, Moscú, 1935, p. 30.


7 Ricardo, David. Principios de economía política y la tributación. Moscú, 1935, p. 7 (en ruso).
182 Francisco Chaparro Zapana

2. El enfoque unilateral de la magnitud del valor. Orientando toda su investi-


gación al análisis cuantitativo del valor, Petty, Smith y Ricardo perdieron de
vista el análisis cualitativo. Ellos no llegaron a descubrir la esencia del valor
como la expresión de las relaciones de producción de los hombres en las con-
diciones históricas de la economía mercantil.
3. Una teoría del valor-trabajo inconclusa. Ellos afirmaban que en la base del
valor se encuentra el trabajo, pero no aclararon ni precisaron qué clase de tra-
bajo es el que crea el valor. Ninguno de ellos logró analizar el doble carácter
del trabajo materializado en la mercancía. Se quedaron en medio camino.

Las limitaciones de la teoría del valor-trabajo de los clásicos de la economía


política burguesa fueron superadas por Marx, quien por primera vez demostró que la
mercancía y el valor son categorías históricas de la producción mercantil, descubrió
su esencia, formuló y resolvió el problema del doble carácter del trabajo. La teoría
del valor de Marx significó un vuelco revolucionario en la ciencia económica.

7.2. Crítica a la teoría de la demanda y la oferta


La economía política burguesa subjetiva –a diferencia de la economía política
burguesa clásica (predominantemente objetiva), que fue científica aunque no en su
integridad– se sustenta en posiciones pseudocientíficas, en la medida en que asume
la función apologética del capitalismo. En el campo de la teoría del valor, la degene-
ración de la economía política burguesa, de su versión clásica a la subjetiva –o vul-
gar, según Marx–, se puso de manifiesto en su rechazo a la teoría del valor-trabajo,
sustituyéndola por diversas pseudoteorías.

Según la teoría de la demanda y la oferta, el valor se reduce solo a las propor-


ciones de cambio de las mercancías, las cuales son determinadas exclusivamente por
las condiciones del mercado, por la correlación entre la demanda y la oferta. Según
palabras de uno de los más acérrimos defensores de esta teoría, el economista inglés
McKleod, “el único regulador del precio es la ley general de la economía política que
relaciona la demanda y la oferta” 8.

La principal insuficiencia metodológica de la teoría de la oferta y la deman-


da radica en que ella concede un significado preponderante al cambio, al merca-
do. En la vida real, las mercancías deben ser producidas antes de ser intercambiadas,
por eso el principal significado en el quehacer económico lo tiene la producción, y
no el cambio.

La teoría de la oferta y la demanda es inconsistente en la medida en que


identifica exclusivamente el valor con los precios de mercado. Los precios de las
mercancías en el mercado en realidad oscilan en función de las variaciones de la de-
manda en torno al valor, y tanto la demanda como la oferta determinan las desviacio-

8 McCleod, G. D. Los fundamentos de la economía política. 1865, p. 117, en ruso.


Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 183

nes de los precios del valor, pero no dan ninguna explicación científica de la esencia
del propio valor. Si en el mercado la demanda de hierro se equilibra con su oferta, y,
a la vez, la demanda de cobre se equilibra con su oferta, entonces el hierro y el cobre
se intercambiarán según sus valores, pero la referencia a la demanda y la oferta no
puede explicar por qué, por ejemplo, en el proceso del intercambio: 1 castor es igual
a 2 ciervos o 1 kg de cobre es igual a 5 kg de hierro.

Finalmente, la inconsistencia de la teoría de la oferta y demanda radica en que


la misma se enreda y se pierde en un círculo vicioso; toda vez que explica los precios
de las mercancías mediante la demanda y la oferta, pero resulta que ambas, a su vez,
dependen de los precios. Así, cuanto más bajo sea el precio de la mercancía, tanto
mayor será su demanda; y cuanto más elevado sea el precio, tanto menor será su de-
manda. Los precios de las mercancías influyen también sobre la oferta: la elevación
de los precios estimula a incrementar la producción, y por consiguiente, también la
oferta de mercancías; y a la inversa, la caída de los precios conduce a la disminución
de la producción y de la oferta de las mercancías. Es evidente la inconsistencia de
semejante teoría, porque se mueve en un círculo vicioso: define el significado de
los precios mediante la oferta y la demanda y, a su vez, la oferta y demanda me-
diante los precios.

7.3. Crítica a la teoría de los gastos de producción


Según la teoría de los gastos o costos de producción, el valor de la mercancía
está determinado por los gastos demandados en su producción, entre los cuales se
incluyen la suma de gastos monetarios del capitalista efectuados en la compra de
medios de producción y fuerza de trabajo. El economista inglés R. Torrens (1780-
1864), partidario de esta teoría, sostiene que si, por ejemplo, el propietario de una
fábrica de paño gasta 3000 dólares en la compra de máquinas y 1000 dólares en la
compra de materias primas y fuerza de trabajo, y en forma simultánea, el propietario
de una fábrica de sedas gasta 1000 dólares en máquinas y 3000 en materia prima y
fuerza de trabajo, entonces los gastos de producción de cada uno de ellos son iguales
a 4000 dólares, y por eso el paño y la seda, producidas en sus respectivas empresas,
tendrán igual valor de cambio.

La inconsistencia de la teoría de los gastos de producción radica, antes que


nada, en que ella gira en un círculo vicioso de explicaciones de los precios me-
diante los precios. Según esta teoría, el precio del paño lo determina la suma de
gastos efectuados en la compra del tejido, en combustible, tintes, máquinas de tejer
y demás medios de producción, gastados en la confección del paño, así como de los
salarios pagados a los trabajadores. Sin embargo, estos gastos representan en sí no
otra cosa que una suma de precios. De esta forma, el precio de una mercancía (en el
ejemplo dado del paño) está determinado por los precios de otras mercancías (del
hilado, combustible, tientes, máquinas, fuerza de trabajo), o sea que un elemento
desconocido se explica por otros elementos también desconocidos.
184 Francisco Chaparro Zapana

Además, la teoría de los gastos de producción es inconsistente porque se con-


tradice con la realidad de los hechos, ya que el precio de la mercancía en la economía
capitalista no es igual a los gastos de producción, porque en aquel se incluye también
la ganancia obtenida por los capitalistas, cuya base es la plusvalía.

7.4. Crítica a la teoría de la utilidad marginal


Cuando las ideas de Marx adquieren una amplia difusión desplazando las vie-
jas teorías vulgares, la economía política burguesa en su lucha contra el marxismo
recurre a la formulación de una nueva teoría vulgar, la teoría de la utilidad marginal.
En la segunda mitad del siglo XIX apareció la teoría de la utilidad marginal, formu-
lada por el economista inglés W. S. Jevons y los economistas austriacos K. Menger,
F. Wieser y Böhm-Bawerk. Esta teoría tiene amplia difusión incluso en la moderna
economía política burguesa.

Los partidarios de la teoría de la utilidad marginal sostienen que, a medida


que aumenta la cantidad de bienes que se encuentran a disposición del hombre, la
demanda de estos se satura cada vez más y su utilidad disminuye. Los economistas
burgueses llaman utilidad marginal a la menor utilidad, o a la utilidad de la última
unidad de un determinado bien material, con cuya ayuda se satisface la necesidad
menos apremiante.

La idea central de la teoría de la utilidad marginal radica en que el valor de


cambio objetivo de las mercancías depende de una “valoración subjetiva”, es decir,
de la forma como los “sujetos económicos” valoran los bienes materiales: de cómo
los valoran según el principio de la “utilidad marginal”.

Böhm-Bawerk ilustraba esto con el ejemplo del “colono primitivo que vive
solo en su cabaña del bosque”. Él supone que el colono dispone de cinco sacos de
granos, de los cuales el primer saco le sirve para saciar su hambre y no morir; el
segundo saco, para mejorar la dieta alimenticia; el tercero, para alimentar a sus aves
de corral; el cuarto, para preparar licor, y finalmente el quinto saco lo emplea para
alimentar a los loros, domesticados para la distracción. Según la teoría de la utilidad
marginal, el segundo saco de granos tiene menor valor que el primero, el tercer saco
menos que el segundo, etc., de modo que la utilidad puede ser expresada mediante
una serie de cifras decrecientes: 10, 9, 8, 7 y 6. La utilidad del quinto saco de granos,
representada por la cifra 6, es la utilidad marginal, la cual determinaría el valor de
cambio de los granos.

La teoría de la utilidad marginal es inconsistente por las siguientes razones:

En primer lugar, porque ella le asigna un significado determinante en la


vida económica al consumo y no a la producción. La teoría de la utilidad marginal
ignora en absoluto el significado del trabajo, se enajena de la producción de bienes
materiales, la cual cumple un rol primordial en la vida económica de la sociedad.
Considera a los hombres no como productores, sino solo como consumidores. Los
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 185

defensores de la sociedad burguesa requieren de borrar el rol del trabajo en la vida


económica para ocultar la verdadera fuente del valor y, al mismo tiempo, atenuar la
cruda realidad de que todo el sistema capitalista se basa en la explotación del trabajo
de los obreros asalariados.

En segundo lugar, porque la metodología de la teoría de la utilidad marginal


es subjetiva e idealista, ya que esta teoría coloca en primer plano la conciencia de los
hombres, y porque extrae de sus valoraciones psicológico-subjetivas el concepto de
un fenómeno económico objetivo, el valor de cambio de las mercancías. De la mis-
ma forma, los fenómenos de la vida social son colocados literalmente en la cabeza
de los hombres: en la vida real los precios de las mercancías no son determinados por
las valoraciones subjetivas de los hombres, al contrario, los poseedores de mercan-
cías aun en sus valoraciones subjetivas están obligados a basarse en los precios de
las mercancías estructurados objetivamente.

En tercer lugar, porque el carácter metafísico y antihistórico de la teoría


de la utilidad marginal es también uno de sus defectos metodológicos capitales.
Esta teoría analiza la economía de la sociedad humana fuera del movimiento, fuera
de la historia e inventa una ley del valor, cuya argumentación se cifra en la “ley de
la utilidad marginal”, como si fuera una ley universal y eterna. En la realidad de los
hechos el valor expresa, en las condiciones de la economía mercantil, las relaciones
de producción de los hombres. No solo en la mítica economía de Robinson Crusoe,
sino también en la economía natural, que existió durante un dilatado período históri-
co, los objetos no eran mercancías y, por lo mismo, no tenían valor.

En cuarto lugar, porque la inconsistencia de la teoría de la utilidad marginal


radica en que ella intenta medir lo inconmensurable. Según su valor de uso, las
diferentes mercancías son cualitativamente heterogéneas y cuantitativamente incon-
mensurables, por eso no se puede determinar el valor de cambio mediante el valor
de uso o mediante la utilidad. “Como valores de uso, las mercancías representan,
ante todo, cualidades distintas; como valores de cambio, solo se distinguen por la
cantidad: no encierran, por tanto, ni un átomo de valor de uso” 9.

Y en quinto lugar, porque la teoría de la utilidad marginal se confunde en


sus propias contradicciones internas. Ella mide la magnitud del valor de las mer-
cancías mediante su utilidad marginal, y la utilidad marginal mediante la intensidad
de las necesidades humanas y según la escasez de los bienes materiales. Pero la “es-
casez” de ningún modo puede ser una propiedad inherente a los bienes materiales, ya
que en su mayor parte ella misma depende del valor. Aquellas mercancías que tienen
un elevado valor se consumen en menores cantidades; solo por eso ellas son poco
producidas y resultan “escasas”. De este modo, resulta el absurdo círculo vicioso,
como que la magnitud del valor de la mercancía depende de su utilidad marginal, y
esta última de la escasez, y la escasez de la magnitud del valor.

9 Marx, Carlos. El capital, óp. cit. T. 1, p. 5.


186 Francisco Chaparro Zapana

La esencia social de clase de la teoría de la utilidad marginal consiste en que


sirve a la burguesía como arma ideológica, orientada contra la clase trabajadora asa-
lariada. Los economistas burgueses, en su afán de justificar y perpetuar el régimen
capitalista, niegan su esencia explotadora y niegan que la verdadera fuente del valor
sea el trabajo, además de ser fuente de la plusvalía expropiada por los capitalistas, la
cual es producto del trabajo adicional de los obreros asalariados.

7.5. Crítica a la moderna teoría ecléctica del valor


A fines del siglo XIX y comienzos del XX surge la teoría ecléctica del valor de
la escuela angloamericana de la moderna economía política burguesa, cuyo fundador
más destacado fue el economista inglés Alfred Marshall (1842-1924). Esta teoría no
aportó ninguna explicación teórica nueva acerca del valor, pero representa en sí un
intento por injertar combinadamente las tres teorías antes analizadas: la teoría de la
demanda y la oferta, la teoría de los gastos de producción y la teoría de la utilidad
marginal. La economía política burguesa contemporánea también se caracteriza por
compartir el enfoque ecléctico de la teoría del valor. En particular, el más destacado
representante de esta explicación trinitaria del valor es el economista estadounidense
Paul A. Samuelson.

La teoría ecléctica del valor tiene como punto de partida “la ley de la
oferta y la demanda”, a la cual considera como reguladora de los precios de las
mercancías. De ahí es que los capítulos 4 y 18 del manual de P. A. Samuelson y
W. D. Nordhaus –Economía– se intitulan: “La oferta y la demanda: sus elemen-
tos básicos” y “La determinación de la producción y el precio por la oferta y la
demanda”, respectivamente. Asimismo, los partidarios de dicha teoría reconocen
que la oferta y la demanda, a su vez, dependen de los precios, mientras la deman-
da de una mercancía varía en proporción inversa a la variación del precio (cuanto
más alto es el precio de una mercancía tanto menor es su demanda), y la oferta
varía en proporción directa al precio (cuanto más elevado sea el precio de la mer-
cancía tanto mayor será su oferta). Marshall delimitó “los precios de demanda”
y “los precios de oferta”, incluyendo entre los primeros aquellos precios por los
cuales los compradores estarían dispuestos a pagar por una determinada mercan-
cía, y entre los últimos a aquellos precios por los cuales los vendedores estarían
dispuestos a vender su mercancía. Si el precio de una mercancía es menor, enton-
ces su demanda será mayor, y su oferta será pequeña, ya que la demanda supera
a la oferta, lo que trae consigo la elevación del precio. A medida que se eleva el
precio, la demanda de la mercancía será menor, y su oferta será mayor. Al fin de
cuentas, el precio de la mercancía se establece en un nivel dado, en el cual se
alcanza el equilibrio entre la demanda y la oferta. Samuelson y Nordhaus sostie-
nen: “Nuestra tarea consiste en poner a trabajar los instrumentos de la oferta y la
demanda: para mostrar cómo nos sirven para explicar las variaciones del precio,
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 187

tanto a corto plazo como a largo plazo (...) Siempre nos preguntaremos en qué
medida y con qué grado de eficiencia cumple nuestro equilibrio de la oferta y
la demanda sus funciones básicas, y comprobaremos la equidad o la justicia del
sistema de precios, además de su eficiencia” 10.

Esta teoría considera a la oferta y demanda como factores determinantes di-


rectos de los precios, aunque no definitivos. En relación a ello se formula la pregun-
ta: ¿qué elementos determinan la propia oferta y demanda? Intentando responder
a esta pregunta, Marshall, Samuelson y otros representantes de la teoría ecléctica del
valor recurren a otros dos factores: a los gastos de producción y la utilidad marginal.
Según ellos, la oferta de las mercancías la determinan los costos de producción, y
la demanda la determina la utilidad marginal. Para Samuelson y Nordhaus “El costo de
producción solo afecta al precio competitivo en tanto afecte a la curva de oferta” 11. Al
mismo tiempo, ellos sostienen que “Cuando los economistas pensaron sobre la utilidad,
proclamaron la ley de la utilidad marginal decreciente, según la cual la cantidad
de utilidad adicional o marginal disminuye a medida que una persona consume una
mayor cantidad de un bien” 12. Es más, ellos también sostienen que gastando su in-
greso en comprar las diversas mercancías, el consumidor hace una elección racional,
guiándose por el principio de la utilidad marginal, es decir que este organiza su con-
sumo y las compras de mercancías, de modo tal que cada mercancía individualmente
le reporte la utilidad marginal, en rigurosa propensión a su precio.

Matemáticamente, “la ley de las utilidades marginales iguales en dólares” se


expresa de la siguiente forma:
MU Mercancía 1 MU Mercancía 2 MU Mercancía 3 media MU por un
= = = dólar de ingreso
P1 P1 P1
Donde MU: Es la utilidad marginal
P : precio de la mercancía

La teoría ecléctica del valor es inconsistente, antes que nada, porque en sí


misma es una amalgama de una serie de teorías falsas. Por cuanto la teoría de la
demanda y la oferta, la teoría de los costos de producción y la teoría de la utilidad
marginal, son erróneas e inconsistentes cada una por separado, como ya lo hemos
demostrado. Entonces está claro que la unión de estas tres teorías falsas no puede
arrojar una explicación científica del valor de las mercancías.

La teoría ecléctica del valor, al igual que las demás teorías burguesas vul-
gares y subjetivas, se caracteriza por reducir el valor a las simples correlaciones
cuantitativas y a las proporcionalidades del cambio de las mercancías, en tanto

10 Samuelson, P. A. y W. D. Nordhaus. Economía. México D. F., 1987, p. 457.


11 Ibídem, p. 471.
12 Ibídem, p. 496.
188 Francisco Chaparro Zapana

que se ignora el aspecto cualitativo del valor, su esencia como expresión de un


trabajo social específico materializado en las mercancías, como una relación de pro-
ducción de los hombres en la economía mercantil. Al igual que la teoría de la oferta
y la demanda, la teoría ecléctica mezcla y confunde el valor de las mercancías con
los precios de mercado.

La pretensión de esta teoría por reducir la demanda a la utilidad marginal es


también erróneo. Sin duda, la inconsistencia de las demandas de las diversas mercan-
cías ejerce una determinada influencia sobre la forma como el consumidor dispone
la demanda entre ciertas mercancías. Pero la demanda de mercancías depende fun-
damentalmente de la magnitud de su valor y de cómo se distribuye la renta nacional
entre las diferentes clases de la sociedad. Por ejemplo, los obreros y los campesinos,
quienes en el capitalismo perciben ingresos precarios, están obligados a plantear solo
una demanda de las mercancías más baratas; mientras que los capitalistas, quienes
perciben enormes ingresos, pueden plantear con preferencia una demanda de las
mercancías de lujo. La estructura y las dimensiones de la demanda en el capitalismo
se conforman en función del carácter antagónico de la distribución de la renta nacio-
nal. La teoría ecléctica del valor se esfuerza por evadir y ocultar los antagonismos
de clase, definiendo la demanda mediante una supuesta utilidad marginal desligada
de las clases sociales.

En lo que respecta a las fórmulas matemáticas, con cuya ayuda se enmascara


la esencia anticientífica de esta teoría, cabe destacar lo siguiente:

En primer lugar, la representación de la utilidad marginal mediante la sigla


MU no le da de ningún modo una definición cuantitativa. Ningún “agente econó-
mico” es capaz de expresar las “valoraciones psicológicas” de los bienes materiales
en cantidades concretas. En segundo lugar, de ningún modo debe deducirse, según
la fórmula de Samuelson y Nordhaus, que los precios de las mercancías están de-
terminados por las utilidades marginales; al contrario, más bien se puede sostener
con fundados argumentos que las utilidades marginales están determinadas por los
precios de las mercancías. Dicho de otro modo, esta fórmula no contribuye un ápice
al descubrimiento de los vínculos causales de los fenómenos económicos.

8. LA TEORÍA MARXISTA DEL VALOR EN EL ESTUDIO DEL CAPITALISMO


IMPERIALISTA “GLOBALIZADO”

8.1. Importancia actual de la ley del valor de Carlos Marx


En las reflexiones del economista nicaragüense Israel Benavides13 se confirma
que la ley del valor de Carlos Marx es un principio según el cual todo nuevo valor

13 Extracto resumido de Benavides, Israel, 06 de mayo del 2005, www.nicaraguita.org


Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 189

creado es producto del trabajo del hombre y todos los factores restantes, como el
capital, la tecnología, las materias primas, el sistema de organización e inclusive
todo el know how de las empresas, son resultados del trabajo pretérito del hombre, es
decir, es trabajo materializado o trabajo muerto.

Por lo anterior es de suponer que toda la función productiva de las empresas


entendiendo como tal la asociación de trabajo, capital, tecnología y organización en
la perspectiva de la economía convencional no son más que el resultado del trabajo
abstracto del hombre (todo el desgaste de energía física e intelectual que el hombre
invierte), para producir, digamos, los edificios, las maquinarias y demás equipos
(demanda derivada), necesarios para la producción bienes y prestación de servicios
de consumo personal (o demanda directa).

Ahora bien, semejante análisis presupone que el eje central que regula la de-
manda y la oferta de una mercancía en el mercado es la ley de valor, y que el pre-
cio como su expresión monetaria estará determinado más o menos en función de
la cantidad de trabajo abstracto necesario para su producción; si un producto tiene
valor, es por ser resultado del trabajo del hombre, no obstante, algunos fácilmente
argumentan que en la era digital o período de la globalización hay muchos bienes
y servicios en los que el trabajo no tiene mucha relevancia y, sin embargo, tienen
mucho valor, sobre todo los productos de alta tecnología y que por lo tanto la noción
de valor asociado únicamente con el trabajo no tiene validez.

El argumento anterior cae por su propio peso sencillamente porque en el marco


de la globalización es el ser humano con su cultura creativa, inventiva e innovadora,
el que crea un alto valor agregado, es decir, el desgaste de neuronas para desarrollar
el talento creativo e innovador, la creación de ideas útiles que es parte del trabajo
abstracto crea mucho más valor que el desgaste de energía física, y la tecnología no
es más que trabajo pretérito materializado.

Si metodológicamente podemos separar el trabajo en abstracto y concreto, po-


dríamos también separar el trabajo abstracto en dos partes: la primera simplemente como
desgaste de energía física (trabajo abstracto simple o tangible), que en el proceso de
producción crea determinado trabajo concreto como pan, maíz, frijoles etc., y la segunda
como desgaste de energía intelectual y profesional (trabajo abstracto complejo o intangi-
ble), que crea valores agregados exponenciales, aquí lo que prima es lo que no podemos
ver: las ideas creativas, el talento, la innovación, la inteligencia, la experiencia que se
materializan en un nuevo producto, la creación de un nuevo software, el diseño de un
nuevo computador, de un nuevo negocio, la producción de productos biotecnológicos
hasta la creación de nuevos sistemas de comunicación satelital, etc.

Pero debemos diferenciar el trabajo abstracto y concreto de la economía con-


vencional y el trabajo abstracto y concreto de la nueva economía, así como también
190 Francisco Chaparro Zapana

diferenciar la parte de trabajo abstracto simple orientado a la producción de trabajo


concreto simple y la parte del trabajo abstracto complejo orientado a la producción
del trabajo concreto complejo.

En la época de la agricultura el trabajo abstracto simple tenía preeminencia


sobre el trabajo abstracto complejo, porque la demanda directa estaba constituida en
su mayoría por productos básicos elementales o simples, evidentemente el hombre
mismo era más elemental y obviamente una demanda directa simple presuponía una
demanda derivada sencilla. No obstante, en la época de la globalización el trabajo
abstracto complejo, tiene más relevancia porque la demanda está constituida de pro-
ductos mucho más sofisticados cuya producción implica trabajo altamente calificado
o trabajo abstracto complejo.

Es más bien irónico que a medida que la era de la información se cierra en tor-
no a nosotros, las organizaciones se están volviendo más dependientes de la gente de
lo que nunca lo habían sido. La capacidad de los ordenadores para captar, procesar
y distribuir información nos deja perplejos. Pero las empresas siguen hoy más que
nunca dependiendo del trabajo abstracto complejo, es decir, de la inteligencia, crea-
tividad y experiencia para convertir esa información en conocimiento útil y buenas
decisiones, es tan así la dependencia de las organizaciones respecto al ser humano
que el trabajo abstracto complejo (creatividad, experiencia y conocimiento), está
desplazando al capital, el conocimiento humano es la fuerza motriz del desarrollo de
las organizaciones, por eso no importa cuánto capital tenga una empresa si los seres
humanos que ahí laboran son mediocres la organización siempre será mediocre. La
grandeza de Microsoft o de Linux no se deriva del capital sino de la inteligencia, del
ingenio creativo de sus fundadores.

Evidentemente, como el capitalismo es un sistema de contradicciones dialéc-


ticas que no tienen soluciones inherentes, la era de la globalización como estadio his-
tórico del desarrollo del capital, presenta contradicciones cualitativamente diferentes
al capitalismo de libre competencia, en primer lugar, la globalización discrimina
al trabajo abstracto simple y por ende a la producción de trabajo concreto simple:
maíz, frijoles, arroz, trigo etc., su precio es marginal en los mercados internaciona-
les, aunque este último representa la alimentación básica del ser humano; en segundo
lugar, aun cuando estimula el trabajo abstracto complejo creador de grandes valores
agregados, el resultado de esa producción de valores agregados exponenciales se
concentra en grupúsculos élites mientras la inmensa mayoría vive en la miseria.

Otra de las características intrínsecas del sistema capitalista es la desigualdad


extrema entre diferentes regiones del mundo, mientras en las regiones capitalistas
desarrolladas se utiliza de manera intensiva el trabajo abstracto complejo creador de
bienes y servicios con altos valores agregados, otras regiones siguen dependiendo
de productos intensivos en trabajo abstracto simple con poco valor agregado y con
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 191

mucha dificultad para penetrar en mercados desarrollados. De ahí que los términos
de intercambio en el mercado internacional sean desiguales. Ahora bien dicha divi-
sión del trabajo abstracto, en trabajo abstracto simple y trabajo abstracto complejo,
solo es una orientación metodológica para vislumbrar el hecho real de que aun con
la tecnología más avanzada el ser humano con su trabajo simple o complejo es el
único que crea valores agregados y que la telemática, la informática así como la
creación de nuevos software y hardware inteligentes aceleran la productividad en la
producción y como resultado aumenta la cuota de plusvalía, ¿pero son acaso estos
últimos los que crean valor? Por supuesto que no, ellos (el software y el hardware),
son trabajo anticipado o trabajo pretérito creado por el trabajo abstracto complejo
(inteligencia, creatividad e innovación).

Sin duda el sistema capitalista es un entramado de contradicciones que tienen


un efecto en cascada y cada vez que se cree que se soluciona un conflicto surge
otro, de la misma naturaleza pero con mucha más sofisticación. Hace muchos años
se creía por ejemplo, que el problema de la lucha de la clase obrera sería eliminado
con el surgimiento de la Revolución Industrial y la utilización de maquinarias en la
producción lo cual condicionó la disminución de la jornada laboral y la consecuente
obtención de plusvalía relativa. Sin embargo, esto desencadenó otra contradicción:
el capitalista, al modernizar su taller, incrementó la productividad dando lugar a la
reducción de la jornada laboral, creando de esta manera plusvalía relativa, pero la
posibilidad de obtener plusvalía relativa era posible solamente a costa de un cambio
relativo en la composición orgánica del capital; es decir, la relación entre el capital
constante y el capital variable o entre el trabajo muerto y el trabajo vivo. Lo anterior
creó un conflicto: como la teoría del valor plantea que todo nuevo valor agregado es
producto del capital variable (fuerza de trabajo), y no del trabajo pretérito (maqui-
narias, equipos, edificios; es decir, trabajo muerto), entonces la tasa de plusvalía se
reduce y esto entra en flagrante contradicción con la lógica del sistema, que debe ser
la del permanente crecimiento de la plusvalía.

8.2. La ley del valor como teoría crítica de las actuales contradicciones de la
globalización
La teoría del valor de Marx actualmente es una reflexión esencial por las ideas
críticas que contiene para captar integralmente el siglo XXI14, así como las prin-
cipales formas, funciones y estructuras contradictorias y destructivas que tiene la
dinámica económica y global de la sociedad capitalista. A continuación la extracta-
mos sucintamente en las siguientes tesis de mayor vigencia y trascendencia por su
potencialidad crítica:

1. La teoría del valor de Marx es la primera y, hasta ahora, la única teoría cientí-
fica crítica que ha captado el conjunto de la economía como una totalidad or-

14 Ver: Cobière, Emilio J. El mito de la globalización capitalista. Socialismo o barbarie, editado por e-libro.net, enero
2002.
192 Francisco Chaparro Zapana

gánica de fuerzas, relaciones y procesos sociales. Esta es el basamento central


de su crítica total a la sociedad burguesa; la cual, a su vez, forma parte de una
visión crítica materialista de toda la historia humana, denominada por Engels
como crítica general de la civilización.

A diferencia de lo que muchos creen, la teoría crítica del valor de Marx no se


limita a ofrecer una interpretación de lo que ocurre en el proceso del intercam-
bio mercantil. Lo más relevante de su visión está en la manera en que capta la
totalidad de la economía y la sociedad burguesa como riqueza humana.

La teoría del valor no solo está construida siguiendo la manera en que se


relaciona la totalidad de la producción (o división del trabajo), con la to-
talidad de la distribución y el consumo; a la vez que estudia la manera en
que se desenvuelven progresivamente la producción, la reproducción glo-
bal y el desarrollo general. Sino que la mercancía, el dinero, el capital, la
ganancia, etc., como riqueza, son vistos como la unidad de un contenido
material y su forma social. Por lo mismo, como un conjunto de relaciones
materiales sociales en curso de desarrollo. De ahí que Marx ponga mucho
énfasis en la comprensión de la manera en que todas las estructuras eco-
nómicas son creadas y revertidas históricamente por el trabajo y la praxis
general de la sociedad.

La explicación del valor como tiempo de trabajo socialmente necesario,


si bien comienza con el análisis de las contradicciones presentes dentro
de la forma mercancía, la forma dinero y la metamorfosis general de la
economía mercantil simple, después de un extraordinario periplo, tiene el
sentido de concluir con la interpretación de la totalidad del metabolismo
capitalista de la riqueza a escala mundial. Descifrando la manera en
que dentro del mercado mundial se acumulan y escalan todas las contra-
dicciones, neutralizaciones manipulatorias de las contradicciones, así
como las crisis intermedias y finales del sistema. El cuadro completo de
la crítica total de Marx se condensa genéticamente, como si se tratara de
un complejísimo organismo vivo, en las progresivas etapas expositivas de
su crítica de la economía política.

2. La teoría del valor de Marx se distingue de la economía política clásica bur-


guesa por la manera en que logra explicar críticamente cómo el trabajo social-
mente necesario en un colectivo atomizado en propietarios privados se vuel-
ve una realidad invisible y misteriosa, que solo puede comunicarse mediante
representaciones fetichizadas que trastocan por completo la comprensión de
las relaciones sociales. Conjunto de ideas que incluyen la demostración de
cómo todas las mistificaciones de la economía mercantil capitalista se organi-
zan como una superposición interminable de capas que se encuentran unas a
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 193

otras, ocultando las verdaderas relaciones entre las capacidades y necesidades


colectivas, la manera en que estas son dominadas por el capital, la manera en
que este explota a los productores de la riqueza, etc. Desmantelamiento y re-
construcción de las apariencias mistificantes que culmina con la demostración
de cómo las creencias mistificadas de los economistas vulgares funcionan
orgánicamente como el último velo autoencubridor de la irracionalidad
capitalista.

No es casual que con la globalización del capitalismo todos los misterios y


fetichismos de la mercancía, el dinero, el capital, el salario, la circulación,
el Estado, etc., se hayan extendido y profundizado, escalando al extremo
todos los engaños de la economía capitalista. Lo que ha desembocado en
la conversión de la “teoría económica” en la forma más estratégica del ac-
tual pensamiento único o dogma fundamentalista neoliberal. La necesidad
de invertir esta nueva y sofisticada economía política vulgar, colocándola
de nuevo sobre sus pies, evidencia la imprescindible utilidad actual de la
vieja crítica marxista.

3. La ley del valor describe la tendencia del desarrollo histórico de la cre-


ciente necesidad humana de enriquecer y universalizar las capacidades y
necesidades creadas por las diversas formas civilizatorias y culturales. De
ahí que esta teoría permita entender en el proceso histórico del largo plazo
al proceso neoliberal actual de unificación general de todas las capacida-
des y necesidades humanas del planeta, correspondientes a toda la produc-
ción y todo el consumo globales. Pues dicha unificación lleva a término
un trabajo histórico de apertura de fronteras culturales y civilizatorias ini-
ciado hace miles de años por el mercado (ver: parágrafro 4 del capítulo
II). En la medida en que este ha venido derribando durante siglos, desde
adentro y desde afuera de las diversas comunidades, las murallas de todas
las civilizaciones organizadas de forma comunitaria, la actual integración
del libre mercado global del capitalismo neoliberal aparece con una fuerza
arrolladora.

Para Marx, el mercado mundial es la fase final de un largo y doloroso ciclo de


transición histórica entre las culturas y civilizaciones precapitalistas, aisladas
y limitadas pero centradas en torno del valor de uso; y una nueva era humana
en la que sin disolverse ni erosionarse la diversidad cultural podrá existir una
unidad global armónica, así como una relación equilibrada pero abierta entre
la sociedad y la naturaleza. Nueva era en la que el valor de uso, la calidad de
vida y el respeto por las condiciones naturales y ambientales de existencia
retornarán como nunca al centro del metabolismo social, pero produciendo y
reproduciendo un valor de uso tendencialmente ilimitado.
194 Francisco Chaparro Zapana

La globalización neoliberal acorrala actualmente a la humanidad entre dos


callejones sin salida: un mundo hipertecnologizado que pretende suplantar
definitivamente la otredad con el cuidado de la naturaleza y terminar de una
vez y para siempre con el cuidado de la naturaleza externa e interna; y otro
mundo hipotecnologizado que retorna a la fragmentación cultural del mundo,
a la mistificación sobrenatural de la naturaleza y de sus ciegos dictámenes
sacrificiales. Si bien, en ambas pesadillas se termina asfixiando a un creciente
segmento de la población considerada como sobrante. Entre este futuro de
ciencia ficción donde el sujeto diluye al objeto y este otro futuro arcaico don-
de el objeto diluye al sujeto, destaca la pertinencia que hoy tiene pensar a la
riqueza desde el punto de vista de la sociedad y la naturaleza en el contexto
de su verdadero desarrollo histórico y pensar a la riqueza material como una
solución a la felicidad de todos.

A estos dilemas históricos se refiere la teoría del valor de Marx cuando


fundamenta a la teoría del valor aludiendo a lo “socialmente necesario”.

4. La ley del valor de Marx no se restringe a reconocer la profunda necesi-


dad transhistórica que cumple el mercado de universalizar capacidades
y necesidades, y enriquecer la producción y el consumo general de las
diversas sociedades que coexisten en el mundo, sino que al mismo tiempo
reconoce la forma social progresivamente represiva en que se “integran”
las comunidades dispersas que comienzan a intercambiar mercancías o
los propietarios privados atomizados en que se fragmentan las anterio-
res comunidades. Esta explicación del intercambio mercantil reconoce la
necesidad que existe en este período histórico de transición de organizar
progresivamente −conforme las comunidades se atomizan en propietarios
privados− el metabolismo de la riqueza tomando como clave distributiva
la medición del desgaste o sacrificio que sufre el trabajador en el proceso
directo de producción.

La ley del valor explica adicionalmente que la expresión colectiva del trabajo
y las necesidades propias de la sociedad mercantil no ocurre como un proceso
de comunicación directamente comunitario y autogestivo, como comunica-
ción abierta y transparente entre los miembros de la sociedad, sino como un
extraño y absurdo proceso de “conversación” indirecto cedido a las relaciones
de intercambio entre las mercancías mismas. Lo que les impide a las personas
reconocer cotidianamente la vida de sus propias relaciones interpersonales
al momento de crear, reproducir y desarrollar la riqueza objetiva y subjetiva.
La ineludible necesidad de comunicación es satisfecha entonces mediante un
proceso represivo de representaciones simbólicas cosificadas e inconscientes
generadas mediante el poder autónomo que la mercancía y el dinero adquieren
mediante su grado de fetichización (ver: sección 6 del presente capítulo).
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 195

5. Cuando la teoría crítica del valor descifra la necesidad histórica que la socie-
dasd tiene de organizar la distribución de la riqueza partiendo de la medición
del desgaste promedial del trabajador, dando pie al intercambio equivalente
de mercancías como intercambio de magnitudes de valor o de mortificación
laboral, también se descifra la magnitud de valor como la base general so-
bre la que se levanta la sociedad burguesa. La ley del valor muta en ley de
la plusvalía como expresión del deseo de apropiación de las magnitudes de
aquel desgaste laboral que miden los valores de las mercancías, pero ya no
como deseo de intercambio recíproco de desgastes laborales entre productores
privados, sino como afán por apropiarse unívocamente del desgaste laboral de
los otros.

Si el productor privado de una mercancía no podía recibir más riqueza de la


que aportaba su trabajo, pues el propietario de una mercancía no podía reci-
bir del intercambio más valor del que contenía la mercancía que ofrecía; sin
embargo el dinero, al momento de comprar la peculiar mercancía fuerza de
trabajo, permite que el propietario del dinero, aun cuando no sea un trabaja-
dor, pueda comprar medios de producción además de la fuerza de trabajo, y
con ello apropiarse de la riqueza resultante del proceso de producción. La cual
encarna más valor del originalmente desembolsado.

El principio represivo de solo querer reconocer el desgaste laboral como único


criterio para distribuir la riqueza, da un paso adelante cuando se convierte en
codicia del dueño del dinero por apropiarse porciones cada vez mayores del
desgaste laboral que padecen los vendedores de fuerza de trabajo.

Siguiendo su propia lógica interna de miedo a la escasez y de aprehensiva


medición igualitaria de los desgastes laborales, la democrática y fraterna
sociedad mercantil se transforma en la sociedad de clase y explotación
más brutal de todos los tiempos. Miedo desbocado por la escasez de rique-
za y la muerte que parece concentrarse hasta el extremo como condición
creadora de las nuevas condiciones materiales que podrían superar esa
escasez.

Entonces, el culto neoliberal por el valor de las mercancías y el dinero se


devela entonces como una pesadilla que solo sabe de los sacrificios labora-
les de los otros y la represión de las necesidades de toda la sociedad. Pero el
neoliberalismo apuntala la creencia del amor fanático por el trabajo ajeno al
exacerbar como nunca antes el miedo a la extinción, a la muerte. Por ello en
este período se le da rienda suelta a este miedo, sobre todo en la globalización
neoliberal se crean artificialmente todas las condiciones, medios y formas que
lo recrean, reproducen y escalan. El neoliberalismo es la acumulación amplia-
da y el desarrollo catastrófico del ancestral miedo social a la muerte.
196 Francisco Chaparro Zapana

6. Como la organización del proceso productivo bajo la forma de relaciones


sociales contractuales entre trabajadores asalariados y capitales implica que
todos los productores deben ser paulatinamente despojados de la propiedad
directa de sus medios de producción (acumulación originaria del capital), el
resultado más significativo de este proceso es la modificación de la relación
general entre la sociedad y la naturaleza. Pues la codicia infinita por el desgas-
te laboral ajeno (o sed insaciable de plusvalía) solo resulta viable en el largo
plazo cuando se logra sustentar en una tendencia a la manipulación laboral de
la naturaleza como uso científico técnico de las fuerzas infinitas de la misma
naturaleza como base para la producción de la plusvalía relativa.
Por eso, la globalización de las capacidades y necesidades a las que conduce
la ley del valor deviene en globalización de la acumulación originaria del ca-
pital, así como globalización de la codicia por el trabajo ajeno, estimulando el
desarrollo de la forma y el contenido de todos los mercados, mientras simul-
táneamente se escala su medida nacional e internacional.

La maduración de una ley de la plusvalía se impone a su vez como globaliza-


ción de una nueva relación científico-técnica entre la sociedad y la naturaleza
apropiada para la extracción de plusvalía. No es casual que el desarrollo de la
tecnología de los siglos XX y XXI permite integrar unitariamente todos los
procesos de trabajo del mundo, es cuando mejor se globaliza la subordinación
de la forma del proceso de trabajo inmediato bajo el capital, como globali-
zación del comando del capital sobre el trabajo, y como globalización de la
explotación y superexplotación de los trabajadores.

7. Sin embargo, esta codicia ilimitada de plusvalía (en forma de ganancia) no


produce una mediación neutral científico-técnica entre la sociedad y la na-
turaleza, sino un conjunto de conocimientos y herramientas unilateralmente
organizados en función de la codicia y explotación del trabajo ajeno. Lo que
desde su base ocasiona una gestión histórica deforme del desarrollo científico
técnico, que además se promueve de forma ilimitada. Por ello, el sometimien-
to real del proceso de trabajo inmediato bajo el capitalismo implica la gestión
de una manipulación represiva ilimitada de todas las posibilidades de pensar
científicamente y manipular tecnológicamente los medios de producción y
con ellos a toda la naturaleza exterior e interior.

El hecho de que sea la ley del valor y la plusvalía la que empuja el desarrollo
de la revolución científico-técnica, implica que la automatización creciente
del proceso de trabajo desde su origen es distorsionada siempre íntegramente
para extorsionar mejor a los trabajadores asalariados. Pero, más allá de esta
finalidad mezquina, de modo contrafinalista para el propio capital, ocurre que
el desarrollo de la automatización del proceso de producción ocasiona que
la elaboración unitaria de cada mercancía requiera tendencialmente de cada
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 197

vez menos tiempo de desgaste laboral en su producción. Desarrollo que, en


el largo plazo, progresivamente resulta en la destrucción del principio básico
sobre el cual se levanta la ley del valor y la plusvalía: la necesidad de medir el
desgaste laboral como criterio de intercambio y la necesidad de extorsionar el
desgaste ajeno como criterio productivo. Desarrollo que en el mediano y largo
plazo se manifiesta como caída tendencial de la tasa de ganancia.

Por eso, el capital también se ve obligado a desarrollar una segunda ronda de


deformaciones en la ciencia y la tecnología, ahora directa e increíblemente en-
caminadas a evitar el colapso de la base del capitalismo (la medida del valor),
promoviendo el desarrollo de fuerzas productivas que mutan en destructivas
(guerras, armamentismo, obsolescencia industrial programada, destrucción
sistemática de la salud y el medio ambiente, destrucción de población so-
brante, etc.), para de esta forma ampliar artificialmente la escasez general de
la riqueza y, con ella, la necesidad absurda de cada vez más desgaste laboral
humano.

8. Es así como la globalización del mercado capitalista y su ley del valor han
terminado produciendo un descomunal autómata disforme y perverso de
escala global. Un autómata que está organizado como redes crecientes inter-
conectadas de forma supranacional, a la manera de fábricas inmuebles globa-
les de alta tecnología (caso de la industria automotriz, o aérea); en ocasiones
como redes jerarquizadas verticalmente a la manera de fábricas inmuebles y
semimuebles (como el caso de la industria textil y sus sistemas de sofisticadas
fábricas y maquiladoras periféricas); o como un nuevo sistema creciente de
fábricas completamente móviles (caso de los barcos factoría de la talabartería
asiática, los barcos pesquería o los barcos de procesamiento industrial del pe-
tróleo, o también es el caso de los “conteiners factoría” de la industria minera
o la nueva megaestación espacial apta para las nuevas manufacturas de la
nanotecnología, la ingeniería genética, etc.).

La gran red del autómata global es una nueva realidad que sobre todo madura
en el hemisferio norte como un entramado cada vez más orgánico e integrado
por el tupido desarrollo de diversas y yuxtapuestas infraestructuras físicas de
servicios de redes intermodales, electroinformáticas, energéticas y de agua,
que enlazan de forma compleja pero en tiempo real (simultánea) a la totalidad
de los centros de producción urbano-industrial (o tecnopolis globales).

Gracias a las nuevas tecnologías de red se han desarrollado todo tipo de


autómatas, sofisticadamente estructurados por los micro y nanocircuitos
electroinformáticos (ya pronto de orden micro y nanobiológico), y geo-
gráficamente articulados por los macrocircuitos fabriles, urbanos, de in-
fraestructuras y corredores (urbano-industriales y biológicos). Es el caso
198 Francisco Chaparro Zapana

ejemplar de las nuevas redes tejidas por las tecnologías transgénicas que
parten del empleo de complejos biotools electroinformáticos pero que a la
vez tejen una trama entre los monopolios metropolitanos de semillas y sus
códigos genéticos con el control de la totalidad de los campos de cultivo y
la totalidad de las granjas del mundo.

Sobre esta compleja base material discurren los flujos de capitales productivos
(industriales, agropecuarios, etc.), que a su vez brindan una base a los flujos
de capitales comerciales y financieros. Operaciones financieras y comerciales
que a su vez apuntalan la expansión progresiva del capital industrial. Por eso
la ley de la plusvalía deviene en ley de integración mundial del capital, y esta
en ley de la globalización específicamente capitalista, siempre y cuando la
globalización total se base en la globalización del capital industrial (y no en
la del capital financiero o la del capital comercial, según rezan las teorías del
imperialismo).

9. El desarrollo de la ley de la plusvalía como ley de la automatización crecien-


te del proceso de producción dispara un proceso de reproducción general en
el cual se escalan las contradicciones entre las fuerzas productivas técnicas
(FPT) y las fuerzas productoras de población (FPP). No solo porque el desa-
rrollo de esta reproducción de capital implique una concentración y centrali-
zación progresiva del capital, a la vez que una dispersión y segmentación pro-
gresiva de la población (como ejército obrero activo-EOA y ejército industrial
de reserva-EIR). Sino, sobre todo, por la manera caótica y catastrófica con
que el desarrollo de las FPT gobierna al desarrollo de las FPP. Propiciando
crónicamente que la población crezca más cuando o donde en realidad ya no
lo considera socialmente necesaria.

De ahí que la viciada necesidad de tener que crear una problemática su-
perpoblación creciente y el resultante plustrabajo de los empleados, sean
los dos resultados básicos ocasionados por el violento desgobierno y los
progresivos desencuentros entre la técnica y la demografía.

Desencuentros, contradicciones neutralizaciones, miserias y relaciones catas-


tróficas que tienden a globalizarse. Pues no solo se mundializa la concentra-
ción y centralización del capital o los ejércitos obreros en activo y el ejército
industrial de reserva. También se globalizan las contradicciones generales (por
progreso técnico y reincidencia cíclica de las crisis) entre el desarrollo técnico
global y el desarrollo demográfico global. Masificando la neutralización del
EIR mundial y el sobretrabajo mundial.

10. La integración de un mercado mundial de mercancías y de fuerza de trabajo


acentúan el peso muerto que la circulación tiene sobre el autómata global.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 199

Para neutralizar la contradicción se intensifica la eficiencia y se globalizan


todos los servicios de la rotación del capital. Al tiempo que los servicios fi-
nancieros acentúan su función impulsora de la producción y todas sus fuerzas
productivas.

De manera que el dinero de crédito sirve para expresar el tiempo de trabajo


futuro que aunque no se ha objetivado todavía, la sociedad (el capital social y
por eso el Estado) considera como extraordinariamente útil. Por eso, la expan-
sión global del autómata exige el desarrollo de la mediación crediticia, como
una fe en el desarrollo de las fuerzas productivas, sobre todo como una fe en la
expansión de las tecnologías de red y en la red de las infraestructuras de comu-
nicaciones, transportes, energía y agua. Por ello, el crédito financiero global
permite metabolizar el intercambio entre parte del gasto laboral ya objetivado
en el mundo y parte del desgaste futuro mundial con posibilidad de resultar
socialmente necesario.

En los momentos cíclicos de mayor euforia, la ley del valor y las funciones ca-
pitalistas del dinero estimulan la neurótica ceguera regulatoria del Estado; de
la misma manera que estimulan las crisis económicas, y muy especialmente
las crisis en la fe financiera del Estado como prestamista de rescate (Klinde-
berger), cuando la crisis crediticia muta en crisis industrial, recesión, crisis de
los servicios financieros, comerciales, etc.

La globalización de la producción capitalista implica entonces el desarrollo


de una ley del control cada vez más integral de la reproducción en su conjun-
to. De ahí que la creación del autómata global sea el punto de partida para la
organización de la reproducción global madura, en la cual se redisciplina y
resubordina el capital financiero (aparentemente automatizado como un es-
peculador) como una mediación al servicio del capital industrial. Si bien el
desarrollo del autómata global va mucho más lejos pues también es el tras-
fondo que organiza la aplicación de la totalidad de los servicios de transporte,
comunicación, almacenamiento, circulación y la reproducción técnica y social
como la columna vertebral del proceso general de subordinación real del con-
sumo bajo el capital.

Pero el control integral también muta en globalización de la reproducción


capitalista, y de todos sus elementos.

11. Por este motivo, la ley del valor, aunque parte de la consideración de la tota-
lidad de las relaciones orgánicas entre la producción y el consumo, no supone
ni implica ingenuamente la existencia de un equilibrio reproductivo armóni-
co dentro del metabolismo capitalista. Pues parte de la consideración de la
manera progresivamente compleja en que operan los principios sacrificiales
200 Francisco Chaparro Zapana

del desgaste de los trabajadores y sus necesidades, así como los principios
sacrificales de la explotación del trabajo y la tierra implícitos en la máquina,
o los principios sacrificiales operantes en las contradicciones entre las FPT y
las FPP, y en las contradicciones de la circulación y la producción, o entre
las divergentes composiciones orgánicas de capital de los diversos capitales
industriales de la ramas de la división social del trabajo (que requieren de la
tasa media de ganancia), así como entre los diversos tipos de capital (indus-
trial, comercial y financiero), entre el trabajo presente y el trabajo futuro (que
encarna en la fe del crédito) o entre los capitales y los terratenientes. Pues todo
este tipo de contradicciones sacrificiales no implican ni pueden implicar un
equilibrio ecológico.

La ley del valor y la plusvalía, por el contrario, reiteradamente hablan de di-


versas y progresivas relaciones de unidad subordinada represiva, cada vez más
complejas y peligrosas, que tienen como base principios sacrificiales de todo
tipo, que necesariamente terminan creando condiciones generales destructivas
y autodestructivas. ¿Cómo una entidad que por esencia es autodestructiva
podría a final de cuentas sostener una propuesta sustentable? No por ca-
sualidad el capitalismo usa gratis y depreda toda la naturaleza que puede, sin
contabilizar durante siglos estos pasivos ambientales.

Por lo tanto, no es Marx, sino el funcionamiento regular del capitalismo el


que no contabiliza los pasivos ambientales. Pues para contabilizarlos debería
tener una verdadera visión histórica de largo plazo. (Sino recordemos el cinis-
mo nihilista con que Keynes se refería al problema… en el largo plazo todos
estaremos muertos). Por eso la ley del valor y la plusvalía no contabilizan
verdaderamente las externalidades.

¿La manera en que la crisis ambiental actual –según los Foros Mundiales
de Kyöto y Copenhague– ha obligado a tenerlo relativamente en cuenta,
querrá decir que el capitalismo cambió de forma de operar, o que en tanto
la teoría del valor ignora los pasivos ambientales ha vuelto obsoleta su capa-
cidad científica? En primer lugar, lo que el capitalismo podría contabilizar a
lo más es solo un segmento de las consecuencias ambientales, no el equilibrio
de la sociedad con la naturaleza, en el largo plazo. En segundo lugar, la teoría
del valor nunca se ha dedicado a calcular cual es el TTSN. Pues considera que
este es intangible. El caos ambiental lo único que ocasiona es que torna más
invisible al TTSN.

Por eso el marxismo no contabiliza pasivos, pues si los contabilizara se estaría


implicando un tratamiento equilibrado que no supone sacrificios, contradic-
ciones y más sacrificios. Marx no incluye las externalidades porque las ignore
teóricamente y cometa con ello un error de cálculo. Sino que quien las ignora
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 201

es el capital. Y sabiendo de tales externalidades, su ausencia en la ley del valor


es más bien una denuncia, contenida de forma abstracta, de cómo es que el
capital tiene razones civilizatorias que le llevan a la acumulación de destruc-
ciones ambientales que se entretejen con la acumulación del capital.
Y aunque el marxismo no contabiliza pasivos ambientales sí que se dedica a
desnudar contradicciones sacrificiales que destruyen severa, peligrosa y no
sabemos si ya de manera irreversible a la totalidad social ambiental, volviendo
cada vez más ininteligible el destino de la totalidad y, por ende, lo que debe ser
considerado como el tiempo de trabajo socialmente necesario.

El tiempo de trabajo socialmente necesario sí que supone todos los pasivos


ambientales, e incluso los sociales. Pero que los suponga como ley gravitato-
ria no quiere decir que su tarea sea contabilizarlos; sino más bien identificarlos
cualitativamente como necesidad que se impone y regula el decurso de la
historia y la revolución.

Por ello, aunque la teoría del valor no sirve para facilitar la organización prag-
mática de los mercados de servicios ambientales, si que sirve como una ex-
traordinaria herramienta para movernos ante la disyuntiva crucial de nuestro
tiempo: socialismo o barbarie capitalista.

En consecuencia, la ley del valor y la ley de la plusvalía terminan necesa-


riamente en proletarización total y global, en extorsión total y global de la
tierra.
CAPÍTULO VI

Sistema monetario

PARTE I: EL DINERO: PROPIEDADES Y FUNCIONES

1. LA PROPIEDAD ESENCIAL DEL DINERO

1.1. La mercancía y el dinero como la unidad de contrarios


El dinero es una mercancía especial que sirve como instrumento de cambio,
o sea como equivalente universal de las mercancías equiparadas en el mercado
entre sí.

El dinero, ante todo, es una mercancía que, desde su propio origen, se disgre-
gó de modo espontáneo y paulatino del universo restante de mercancías en circula-
ción, mediante un prolongadísimo proceso de desarrollo de las formas históricas del
cambio (o del valor). Históricamente, en diversas épocas y en distintos pueblos del
mundo, el rol de dinero-mercancía ha sido desempeñado por diferentes productos: el
ganado, la sal, el tabaco, la coca, los granos, las conchas marinas, etc.1. Con el correr
del tiempo, la función del dinero terminó encarnándose en los metales preciosos (oro
o plata), cuyas propiedades de homogeneidad, divisibilidad, conservabilidad y trans-
portabilidad le permitieron adaptarse con mayor facilidad al cumplimiento de sus
funciones. Pero después de separarse del universo mercantil, el dinero no pierde su
condición de mercancía, continúa conservando las propiedades esenciales inherentes
a toda mercancía: valor y valor de uso.

Por eso, el dinero no es una mercancía cualquiera; cumple un rol social muy
especial contraponiéndose y equiparándose con todas las demás mercancías en cir-
culación.

Con la aparición de la forma dinero del valor todo el universo mercantil se di-
vide en dos polos contrapuestos: la mercancía y el dinero. Cada una de las mercan-
cías comunes y corrientes a menudo actúa directamente solo como valor de uso; pero
el valor se encuentra oculto en la mercancía, y se descubre cuando esta es equiparada
con el equivalente universal: el dinero. De esta forma, el dinero, en contraposición

1 Ver: Sedillot, René. Historia de las principales monedas. Cap. XIII, Madrid, 1975, p. 179.
204 Francisco Chaparro Zapana

a todas las demás mercancías, actúa como la encarnación universal y directa del
valor.
Tanto en la mercancía como en el dinero están contenidos en sí el trabajo con-
creto y el trabajo abstracto. Pero cada mercancía actúa en forma directa solo como
producto del trabajo concreto, mientras que el trabajo abstracto permanece oculto en
aquella y se manifiesta solo al ser equiparada con el dinero. Por eso el dinero, en
contraposición a todas las demás mercancías, actúa como la encarnación univer-
sal y directa del trabajo abstracto.

Al producir mercancías en forma aislada y a tientas, sus productores, recién al


cambiarlas por dinero, logran enterarse si su trabajo es o no necesario a la sociedad.
En contraposición a todas las demás mercancías, el dinero tiene la propiedad de ser
cambiado directamente, por eso el dinero actúa como la materialización directa del
trabajo social.

Así, el dinero como una mercancía específica, que sirve de equivalente uni-
versal, posee los siguientes rasgos que lo caracterizan: 1. A través de su valor de uso
se manifiesta el valor de todas las otras mercancías; 2. El trabajo concreto contenido
en el dinero sirve de forma universal de manifestación del trabajo abstracto; y 3. El
trabajo privado contenido en el dinero actúa directamente como trabajo social.

1.2. La forma dinero del valor resuelve la contradicción interna de la mercancía


A cada productor, su propia mercancía solo le sirve como valor de cambio;
a la inversa, las mercancías de los demás le sirven como valores de uso. Sin em-
bargo, las necesidades del productor son múltiples, al mismo tiempo que él por lo
general produce solo un determinado tipo de mercancías. Por ejemplo, el carpintero
solo produce muebles, que tienen un valor de uso específico y limitado, mientras que
requiere de alimentos, abrigo, vivienda, herramientas, etc. Sin embargo, si quisiera
cambiar una mesa por cualquiera de las demás mercancías solo sería posible en el
caso de que poseyera valor de uso para todos los miembros de la sociedad; es decir,
un valor de uso universal; atributo que a la postre también resultaría siendo un equi-
valente universal. De la misma manera sería la situación con todas las demás mer-
cancías. Pero todas las mercancías no pueden servir al mismo tiempo como valores
de uso específico y como equivalente universal.

La contradicción interna de la mercancía –contradicción entre el valor de


uso y el valor–, puesta de manifiesto mediante el proceso del cambio, se resuel-
ve mediante la bifurcación de todo el mundo mercantil en mercancías y dinero.
Precisamente el dinero es aquella mercancía especial que posee la capacidad de ser
cambiada por otras en forma directa y universal, o sea que tiene valor de uso univer-
sal. Por eso el productor, al cambiar su mercancía por dinero, logra la posibilidad de
adquirir cualquier mercancía que le sea necesaria.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 205

1.3. El dinero como instrumento contable espontáneo del trabajo social en la


economía mercantil
La contradicción entre el trabajo privado directo y el trabajo social encubier-
to también logra resolverse a través del cambio de las mercancías por dinero. Si el
productor de mercancías produjo objetos innecesarios para la sociedad, entonces no
podrá venderlos ni convertirlos en dinero, y su trabajo privado no obtendrá reconoci-
miento social. Pero si logra cambiar su mercancía por dinero, entonces se confirmará
que su trabajo es útil a la sociedad. El dinero otorga al productor privado el reco-
nocimiento social por su trabajo.

El dinero permite descubrir no solo si un determinado trabajo concreto es


necesario o no a la sociedad, sino también la cantidad en la que es necesario este tra-
bajo. Por ejemplo, si un determinado trabajo necesario a la sociedad es empleado en
excesiva cantidad, solo al vender la mercancía –producto del trabajo– en el mercado
por una menor cantidad de dinero que la que le corresponde a su valor, el productor
de mercancías descubrirá que su trabajo fue en parte malgastado.

De todo lo expuesto se desprenden las siguientes conclusiones:


1. Que el dinero, debido a su condición de mercancía especial, cumple el rol de
equivalente universal.
2. Que en la economía de mercado, basada en la propiedad privada, el dinero
sirve espontáneamente de instrumento de cálculo del trabajo social de los pro-
ductores privados.

1.4. El fetichismo monetario


En la economía mercantil, bajo la forma monetaria del valor se realizan todas
las relaciones de producción de los hombres a través del cambio de las mercancías
por el dinero. De este modo, la realización de la relaciones de producción de los
hombres encuentra en el dinero su forma de expresión general.

Este es un fenómeno objetivo que surge de la propia naturaleza de la econo-


mía mercantil, reflejada en forma distorsionada en la conciencia de los hombres: la
capacidad general del cambio les parece a los hombres una propiedad natural del oro
como tal, de manera semejante a la propiedad que tiene el imán para atraer el hierro.
El dinero es visto como un objeto que por su propia naturaleza está dotado de una
cualidad mágica para ser cambiado por todos los demás objetos.

En la sociedad burguesa el dinero actúa como una fuerza todopoderosa, in-


vestida de un enorme poder avasallante sobre los hombres. Este poder del dinero
es descrito pintorescamente por Guy de Maupassant, en su novela El Monte-Ariol,
206 Francisco Chaparro Zapana

mediante las palabras del banquero Andermath: “En las grandes batallas de nuestros
días se enfrentan las monedas. Para mí las monedas de cien son como pequeños sol-
daditos en pantalonetas rojas; las monedas de veinte francos, los tenientes brillantes;
los billetes de cien francos, los capitanes; y los de mil francos, los generales. Y yo
también tomo parte en esta batalla. Yo combato desde el amanecer hasta el anoche-
cer: con todos y contra todos en este mundo, ¡que Dios me ampare!”.

Al descubrir magistralmente el secreto del fetichismo mercantil, Marx tam-


bién descubre y desenmascara el fetichismo monetario. Él demuestra que el dinero
no es un objeto como tal, sino una relación de producción de los hombres y que
está materializado en un objeto.

1.5. El contenido de clase social del dinero


En las sociedades clasistas el dinero sirve como instrumento de explotación
del hombre por el hombre.

Durante el régimen esclavista, el dinero ya era usado como medio para comprar
esclavos y, a la vez, servía como elemento influyente que ampliaba la explotación
esclavista. Además, tanto en el esclavismo como en el feudalismo los comerciantes
y los usureros empleaban sus tesoros monetarios para explotar a los pequeños pro-
ductores: los comerciantes compraban los productos de los artesanos y campesinos
a precios inferiores a su valor, y los usureros otorgaban a los pequeños productores
préstamos con tasas de interés expoliadoras. El dinero servía también como instru-
mento de explotación a los pequeños productores de parte de los estados esclavista y
feudal, imponiendo elevados aranceles a los artesanos y campesinos. Finalmente, en
la última etapa del feudalismo, al descomponerse la economía natural y producirse el
tránsito de las formas de renta en trabajo y en especie a la forma monetaria, el dinero
contaminó las relaciones entre el señor feudal y los campesinos, constituyéndose en
el medio de enajenamiento del trabajo adicional.

La esencia clasista del dinero como medio de explotación adquiere pleno


desarrollo en el capitalismo. A las sociedades clasistas precapitalistas les fueron
típicas la economía natural y la apropiación del trabajo ajeno mediante la coacción
directa no económica, o sea a través del trabajo forzado. Por el contrario, la explo-
tación de los trabajadores asalariados por los capitalistas siempre se realiza a través
del dinero, mediante la compra-venta de la fuerza de trabajo.

2. LAS FUNCIONES DEL DINERO


El dinero cumple una serie de funciones en las cuales se pone de manifies-
to su naturaleza. El dinero sirve como: 1. Medida del valor; 2. Medio de circula-
ción; 3. Medio de pago; 4. Medio de atesoramiento; y 5. Dinero internacional.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 207

2.1. El dinero como medida del valor


El valor de todas las mercancías se expresa en forma generalizada y homo-
génea en el dinero, y la magnitud del valor de estas mercancías se mide al equi-
parárselas con determinadas cantidades de dinero. De este modo, el dinero es la
materialización universal y medida del valor de todas las mercancías. Pero esto
no significa que el dinero las haga equiparables y conmensurables. La base para
que las mercancías sean equiparables es el trabajo abstracto socialmente necesario
contenido en ellas (o sea la magnitud de sus valores), en representación de cuya ma-
terialización actúa el dinero.

La particularidad de la función del dinero como medida del valor es que esta
puede ser asumida por el dinero ideal, cuando los poseedores de las mercancías lo re-
presentan solo imaginariamente en tanto no disponen del dinero en efectivo. Porque
antes de ser intercambiadas, las mercancías son equiparadas imaginariamente, y así una
gran suma de valor puede ser expresada en dinero sin necesidad de la presencia física
de una pizca de oro en manos del poseedor de la mercancía.

Sin embargo, la función de medida del valor no la cumplen los signos conven-
cionales, sino el dinero real de pleno valor, es decir, aquel que posee su propio valor
autónomo. Porque medir el valor de algo que no tiene valor es tan imposible como
medir el peso de algo que carece de peso.

El valor de una mercancía expresado en dinero es su precio. Pero así como las
magnitudes del valor de las diversas mercancías no son iguales, así también estas se
expresan en diferentes cantidades de oro (o plata). Para equiparar aquellas magnitudes
de valor, es decir, para comparar los precios de las mercancías, es necesario establecer
una determinada cantidad del metal-dinero como una unidad de medida o patrón. El
patrón de precios es una determinada cantidad de oro en peso adoptada como unidad
monetaria en un país dado, que sirve para medir los precios de todas las demás mercan-
cías. Por ejemplo, en los EE. UU. el dólar está considerado por mandato de ley igual a
1/35 de onza de oro puro, o sea cerca de 0,89 gramos de oro puro.

No se deben de confundir los conceptos: “medida del valor” y “patrón de


precios”; entre ambos median diferencias significativas. En primer lugar, como medi-
da del valor, el oro se relaciona con las demás mercancías expresando y midiendo sus
valores; como patrón de precios, el oro se relaciona consigo mismo; o sea que se toma
por unidad una determinada cantidad de oro, y con el conjunto de unidades se mide
cualquier cantidad de oro que exprese el precio de una mercancía. Y en segundo lugar,
como medida del valor el dinero funciona espontáneamente, pero el patrón de precios
lo establecen los gobiernos mediante dispositivos legales. Inicialmente el patrón de pre-
cios coincidía con el peso-patrón, pero más tarde se desvinculó de aquel. La principal
causa de esto fue el paso de la función de dinero de unos metales a otros. Por ejemplo,
208 Francisco Chaparro Zapana

cuando en Inglaterra la plata fue reemplazada por el oro, la denominación de “libra


esterlina” a cada unidad monetaria se mantuvo, pero esta ya no representaba el peso
de una libra, sino un peso mucho menor en oro. Otra causa de esta desvinculación fue
el deterioro de las monedas por las medidas de política económica gubernamentales,
a consecuencia de las cuales el contenido metálico de cada libra esterlina se redujo en
más de tres veces desde 1290 hasta 1616.

Cuando la demanda iguala a la oferta, las magnitudes de los precios de las


mercancías, por ser estas la expresión monetaria del valor, dependen: 1. Del valor
de las propias mercancías; y 2. Del valor del dinero. Cuanto menor sea el valor de
una mercancía, tanto menor será su precio. Cuando el valor de las mercancías es
constante, sus precios son mayores en la medida en que es menor el valor del dinero.
Por ejemplo, después del descubrimiento de América y sus ricos yacimientos de oro
y plata, el valor de los metales preciosos disminuyó drásticamente. Como resultado
de aquello, los precios de todas las mercancías en Europa descendieron en dos y tres
veces; desencadenándose la llamada “revolución de los precios”.

De esta forma, los precios de las mercancías, en promedio, varían en propor-


ción directa a su propio valor y en proporción inversa al valor del dinero. Al variar
el valor del dinero metálico, la escala de precios no varía en absoluto. El valor del
oro puede reducirse en la mitad, pero 10 gramos de oro será igualmente 10 veces
más que 1 gramo.

2.2. El dinero como medio de circulación


Según Carlos Marx, los precios son como las miradas amorosas que las mer-
cancías le prodigan al dinero. Pero los poseedores de mercancías no se conforman
con su amor platónico por el dinero, ellos se afanan por disfrutar a plenitud del obje-
to de su pasión. Después de expresarse el valor de una mercancía mediante el dinero
ideal, cuyo proceso ocurre antes de ser vendida, continúa la transformación de esta
en dinero real (su venta efectiva), y solo después su dueño compra otras mercancías
con el dinero obtenido. El proceso de la circulación mercantil en su conjunto se
expresa como: M - D - M, es decir una transacción de venta (M - D) para realizar
una transacción de compra (D - M). En este proceso el dinero cumple la función de
intermediario del cambio de mercancías y cumple la función de medio de circula-
ción, igual que en la economía mercantil simple.

La circulación mercantil, valiéndose de la intermediación del dinero, se diferencia


sustancialmente del trueque o cambio directo de una mercancía por otra (M - M). En
primer lugar, porque no requiere de la correspondencia mutua de necesidades entre
dos poseedores de mercancías dispuestos a intercambiar. Por ejemplo, para que se
lleve a cabo el intercambio directo de una tela por un par de zapatos hace falta
que el tejedor necesite de zapatos y, a la vez, que el zapatero demande de la tela.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 209

Al contrario, con la intermediación del dinero el cambio puede realizarse en el mo-


mento en que al tejedor le hagan falta los zapatos, y cuando al zapatero le haga falta
pan y no tela. En ese caso el tejedor comprará los zapatos solo después de vender
su tela, digamos, al agricultor y no al zapatero. En segundo lugar, en la circulación
mercantil no es necesario que las transacciones de venta y compra coincidan en el
tiempo. Por ejemplo, un tejedor puede vender la tela un día, y con el dinero obteni-
do comprar hilados después de un mes. Y en tercer lugar, la circulación mercantil
tampoco requiere que dichos actos coincidan en el espacio: el poseedor de una mer-
cancía puede venderla en un mercado, y con el dinero obtenido comprar mercancías
en otro mercado.

De ese modo, el dinero como medio de circulación supera aquellas limita-


ciones (individuales, temporales y de lugar) con las cuales tropieza el trueque y, al
mismo tiempo, dinamiza el desarrollo del intercambio mercantil.

Sin embargo, la aparición del dinero no elimina las contradicciones del


proceso del cambio, sino que por el contrario, las agrava. En el trueque la ena-
jenación de una mercancía significaba al mismo tiempo la adquisición de otra
mercancía. En cambio, la circulación mercantil M - D - M se separa en dos actos
contrapuestos: M - D y D - M, venta y compra, respectivamente. Entre la venta y
la compra es posible una interrupción: al vender su mercancía, el poseedor puede
no comprar mercancías ajenas, sino quedarse con el dinero.

Pero si después de vender una mercancía su propietario no compra otra, sig-


nifica entonces que la mercancía de algún otro vendedor se quedará sin realizarse; y
por consiguiente, este no podrá comprar la mercancía de algún tercer vendedor, etc.
De igual modo a como los rayos de luz se concentran en el foco, las relaciones socia-
les espontáneas entre los productores privados encuentran su expresión concentrada
en el dinero. Por eso, la ruptura del vínculo entre la venta y la compra en uno de los
eslabones de la circulación mercantil ocasiona el rompimiento de una serie de otros
eslabones, a consecuencia del cual en el mercado puede ponerse de manifiesto la
sobreproducción de un volumen de mercancías. La posibilidad de ruptura entre las
ventas y las compras, vinculada a la función del dinero como medio de circulación
constituye la primera posibilidad de crisis. Sin embargo, esta es solo una posibili-
dad; porque lo inevitable de la crisis no se genera en la economía mercantil simple,
sino en el sistema económico capitalista.

La función del dinero como medio de circulación se diferencia de su función


como medida del valor en dos aspectos. En primer lugar, el dinero ideal no sirve
como medio de circulación, sino el dinero en efectivo. Se puede representar el valor
de las mercancías en sumas grandes sin requerir de la presencia física del oro; pero
para poder comprar una mercancía, el dinero debe encontrarse en manos del com-
210 Francisco Chaparro Zapana

prador y no solo en su imaginación. Y en segundo lugar, el dinero de pleno valor


no necesariamente debe ser medio de circulación. En el proceso de la circulación
el dinero se transfiere permanentemente de mano en mano. Hoy el dinero puede ser
recibido por un productor al vender su mercancía, pero mañana pasará a otras manos,
cuando este compre otras mercancías ajenas. La existencia del dinero como medio
de circulación es parecida a la existencia de la chispa eléctrica que en el momento
de la descarga aparece y desaparece instantáneamente. Como en la función medio
de circulación el dinero actúa solo como intermediario transitorio del intercambio
mercantil, el dinero de pleno valor (oro o plata) puede ser reemplazado por los signos
representativos, en dicha función.

Inicialmente, el dinero metálico circulaba en forma de lingotes. Pero como


esto creaba grandes incomodidades para la circulación, en cada transacción se hacía
necesario pesar los lingotes, fraccionar los lingotes grandes en pequeñas porciones,
etc. Por eso más tarde apareció la acuñación de monedas, empezando en la antigua
Grecia de los siglos VIII-VII a. n. e., para continuar después en escala cada vez ma-
yor. Se llama moneda a una determinada porción de metal precioso, dotada de una
determinada forma y provista de un sello nacional que certifique el peso y los qui-
lates que contiene. Con el desarrollo posterior de la circulación monetaria apareció
junto a las monedas el dinero-papel.

2.3. El dinero como medio de pago


Las mercancías no siempre son vendidas a cambio de dinero en efectivo.
Cuando un vendedor oferta su mercancía en el mercado sus compradores con fre-
cuencia aún no disponen del dinero en efectivo. Y esta situación se debe a que: 1. Los
períodos de producción de las diferentes mercancías son desiguales; 2. Los períodos
de circulación de las distintas mercancías también son de duración desigual; y 3. La
producción y la comercialización de muchas mercancías tienen carácter estacional.

Por ejemplo, cuando un tejedor y un zapatero ofrecen sus productos en el mer-


cado, podría ser que el agricultor no disponga de dinero para comprarlos, ya que aún
no ha podido cosechar ni vender sus productos. Por eso, ante semejante situación surge
la necesidad de comprar y vender al crédito, es decir, se posterga el pago en dinero. Y
cuando las mercancías son vendidas al crédito, intervienen como medio de circulación
las obligaciones de pago a largo plazo, por ejemplo, las letras de cambio bancarias, al
vencimiento de cuyos plazos el deudor está obligado a pagar al acreedor la suma estipu-
lada de dinero. Así, sirviendo como medio de amortización de una obligación de pago,
el dinero cumple la función de medio de pago o instrumento de crédito.

Si la mercancía es vendida al contado, entonces transcurre el acto inicial M - D


(la venta) y luego el acto D - M (la compra). Pero si se lleva a cabo la compra-venta
de mercancías al crédito, entonces se produce la compra de una mercancía ajena a
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 211

cambio de una obligación de pago, luego continúa la venta de la propia mercancía y,


finalmente, el pago en dinero amortizando la obligación contraída. Este circuito puede
ser representado por las siguientes fórmulas: 1. O - M; 2. M - D; y 3. D - O, en las que
O representa la obligación de pago. Mientras que en la función de medio de circulación
el dinero sirve como intermediario pasajero del intercambio de mercancías, en su fun-
ción como medio de pago el dinero es el eslabón culminante del proceso del cambio,
actuando como la materialización independiente del valor mercantil.

El dinero funciona como medio de pago no solo cuando se tiene que cancelar por
las mercancías compradas al crédito, sino también cuando se amortizan otras obliga-
ciones de pago, por ejemplo, cuando se devuelven los préstamos de dinero, o cuando se
cancelan los abonos por pagos de alquiler de la tierra, o al pagarse los impuestos, etc.

En el ínterin entre la compra de mercancías al crédito y su cancelación en dinero


efectivo puede ocurrir algún hecho imprevisto por el prestatario, como la caída de los
precios de sus mercancías. O que, en su defecto, la comercialización de las mercancías
requiera de más tiempo que el previsto. En ambos casos, al momento de vencer el
plazo de las obligaciones de pago, el prestatario no dispondría de la suma necesaria
de dinero para su amortización, poniéndose entonces de manifiesto su incapacidad de
pago. Además, cuando muchos productores se venden sus mercancías unos a otros al
crédito, la incapacidad de pago de alguno de ellos provocará la incapacidad de pago de
un segundo, o de un tercero, y así sucesivamente.

En consecuencia, en la función del dinero como medio de pago radica la po-


sibilidad de que el circuito sea interrumpido en algún momento, situación esta que
constituye la segunda posibilidad de las crisis del sistema económico.

2.4. El dinero como medio de atesoramiento


Por ser un medio que permite adquirir cualquier mercancía en cualquier mo-
mento, el dinero se constituye en la personificación universal de la riqueza social. El
afán de poseer riqueza empuja a los productores de mercancías a acumular dinero.
Pero para ello es necesario que tras la venta de una determinada mercancía (M - D)
no continúe la compra inmediata de otra mercancía (D - M). En tal caso el dinero se
separa de la circulación y se convierte en tesoro.

Cuando el cambio era aún poco desarrollado, solo los valores de uso exce-
dentes se transformaban en tesoro, al que se solía enterrar para su conservación.
Con el desarrollo de la economía mercantil, la acumulación de tesoros se hace una
condición indispensable para el funcionamiento regular de la misma. El productor de
mercancías debe comprar permanentemente artículos de consumo personal y medios
de producción; pero la venta de sus propias mercancías depende de factores espontá-
neos del mercado, los que no siempre funcionan con regularidad. Sin embargo, du-
212 Francisco Chaparro Zapana

rante el período en que sus mercancías todavía no logran ser vendidas, el productor
necesita comprar mercancías ajenas. Y para comprar sin vender, hace falta primero
vender sin comprar, es decir, que es necesario convertir previamente en tesoro el
dinero obtenido a cambio de las mercancías.

Con el desarrollo de las relaciones monetario-mercantiles, el poder del dine-


ro crece en la sociedad. El dinero se transforma en una poderosa fuerza social, que
puede ser usada en beneficio de quien lo posee, a fin de lograr poder y dominio sobre
las demás personas. Esto infunde nuevos estímulos a la acumulación del dinero.

El ser factor de estímulo para la acumulación de tesoros monetarios constituye


el carácter especial que tiene el dinero como mercancía universal, cuyo poder es su
capacidad de ser cambiado por cualquier mercancía. Pero, a pesar de que el dinero
cualitativamente es ilimitado, en la medida en que puede transformarse en cualquier
mercancía, cuantitativamente toda suma de dinero es limitada, ya que posibilita a su
poseedor comprar solo una determinada cantidad de mercancía. La contradicción
entre el carácter cualitativamente ilimitado del dinero y su carácter cuantitati-
vamente limitado inspira en los hombres una avaricia insaciable por acumular
tesoros.

Como ya lo dijimos, solo el dinero de pleno valor puede medir el valor, ya


que él actúa en forma ideal, representado imaginariamente. En cambio, como medio
de circulación necesariamente debe actuar el dinero efectivo, aunque para ello no es
imprescindible que sea el dinero de pleno valor. Aquellas dos propiedades, las que
en momentos diferentes son inherentes a las funciones de medida del valor y medio
de circulación (valor pleno y existencia efectiva), se unen en el dinero como tesoro:
para cumplir la función de tesoro este debe ser al mismo tiempo dinero en efectivo
y de pleno valor.

Como medio de circulación el dinero se encuentra en permanente movimiento;


y como tesoro, por el contrario, se encuentra inmovilizado, fuera de la circulación.
Pero ambas funciones están estrechamente vinculadas entre sí; por cuanto un mismo
dinero con frecuencia pasa de la función de medio de circulación a la de medio de
atesoramiento, y viceversa.

En épocas diferentes de la historia, el dinero como medio de atesoramiento se


manifiesta bajo formas distintas. Antes del capitalismo se encontraba más o menos
disperso en manos de muchos coleccionistas individuales de tesoros. En el capita-
lismo adquieren mayor importancia los tesoros acumulados en los bancos centrales
y las arcas fiscales. A fines de 1966 las reservas de oro centralizadas de todos los
países capitalistas eran de aproximadamente 412 000 millones de dólares.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 213

2.5. Del dinero internacional


Las relaciones económicas y políticas internacionales, el comercio internacio-
nal, los préstamos internacionales, los gastos militares, etc., requieren del funciona-
miento del dinero en el mercado mundial. Allí el dinero se despoja de sus uniformes
nacionales.

Si bien al interior de cada país pueden circular simultáneamente en forma


indistinta el dinero de pleno valor, los signos monetarios y el dinero-papel, en el sis-
tema internacional los signos del valor necesarios para ser aceptados por los ciudada-
nos de cualquier Estado pierden su fuerza. El dinero internacional actúa en su forma
natural, como lingotes de metal noble, y sobre todo en el capitalismo desarrollado,
en forma de oro.

El dinero internacional cumple tres funciones:

1. Medio de pago internacional. Gracias al amplio desarrollo del crédito in-


ternacional, la compra de cada mercancía en el extranjero comúnmente no
requiere de su cancelación inmediata al contado. Pero al finalizar cada año
el país debe hacer efectivo el pago de una determinada suma de dinero a los
otros países (por los bienes y servicios importados, por los préstamos recibi-
dos con anterioridad, etc.), pero a su vez dicho país también cobrará de los
demás países una determinada suma de dinero por sus exportaciones. Si los
pagos efectuados superan a sus ingresos, entonces el país debe exportar oro en
calidad de medio de pago.

2. Medio de compra internacional. Si algún país, en circunstancias especiales


(por ejemplo, en el caso de una mala cosecha, o de alguna tempestad), necesita
importar mercancías de pago inmediato en oro, en tal caso, el dinero interna-
cional actúa como medio de compra y no como medio de pago.

3. Como la materialización absoluta de la riqueza social. El dinero en la socie-


dad capitalista, por ser la materialización absoluta de la riqueza, sirve de me-
dio para transferir la riqueza de un país a otro. El dinero internacional cumple
esta función en los pagos por las contribuciones de guerra, en los pagos por los
servicios de la deuda externa, etc.

3. LAS LEYES DE LA CIRCULACIÓN MONETARIO-MERCANTIL

3.1. La cantidad necesaria de dinero circulante


Circulación monetaria es el movimiento del dinero en la esfera de la circula-
ción mercantil, cumpliendo sus funciones de medio de circulación y medio de pago.
En un período dado en cada país circula una determinada cantidad de dinero.

Los factores determinantes de la cantidad necesaria de dinero circulante (D) en el


cumplimiento de la función de medio de circulación son: 1. La cantidad de mercancías
214 Francisco Chaparro Zapana

que han de venderse en el mercado; 2. El nivel de precios de las mercancías (P); y 3. El


número promedio de ciclos (o ritmo) de rotación de cada unidad monetaria (T).

A) La cantidad de dinero circulante depende, antes que nada, de la cantidad


de mercancías puestas en circulación. Si, por ejemplo, el volumen de mer-
cancías vendidas en el país aumenta en dos veces, entonces, en condiciones
estables que garanticen la circulación mercantil, hará falta una cantidad de
dinero dos veces mayor que antes. Supongamos que el volumen inicial de
producción sea de mil toneladas de acero, cuyo precio unitario, es 200 dó-
lares y el ritmo de rotación de cada unidad monetaria igual a 10, entonces
D será igual a 20 000 dólares, según las siguientes operaciones:

Q # P 1000 # 200
D=
T = 10 = 20 000 dólares

Y luego, si la producción se duplica: D = 40 000 dólares, porque:

Q # P 2000 # 200
D=
T = 10 = 40 000 dólares

B) El nivel de precios de las mercancías también influye decisivamente sobre


la cantidad de dinero circulante. Si los precios de todas las mercancías se
elevan en dos veces, cuando su volumen físico (medida en unidades como:
toneladas, metros, litros, etc.) no varía, entonces para garantizar su comercia-
lización hará falta una cantidad dos veces mayor de dinero.

Q # P 1000 # 400
D= = 40 000 dólares
T = 10

Ambos factores, cantidad de mercancías vendidas y nivel de precios de las


mismas, pueden expresarse en una sola idea general “suma de precios” (SP),
que representa en sí la sumatoria de los productos del volumen de cada mer-
cancía por su precio (Q × P).

C) El tercer factor determinante de la cantidad de dinero circulante es el núme-


ro promedio de ciclos de rotación de cada unidad monetaria en un período
dado. Así como durante un año una misma unidad monetaria pasa varias veces
de mano en mano, sirviendo como intermediario en la venta de muchas mer-
cancías, en esa medida, la cantidad de dinero circulante debe ser menor que la
suma total de los precios de dichas mercancías. De la misma forma que en un
comedor universitario, donde –supongamos– almuerzan mil estudiantes, no es
indispensable disponer de mil cubiertos, porque cada día un mismo cubierto
sirve a varios comensales; así también en el país no se necesita disponer de
una suma de dinero circulante igual a la suma de los precios de las mercancías
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 215

vendidas. Si la suma de precios de las mercancías vendidas en el país en un


año es 20 000 dólares, y cada dólar realiza 10 ciclos promedios de rotación
por año, entonces la cantidad necesaria de dinero circulante solo será de 2000
dólares:
Q P
D = # = SP = 2000 = 2000 dólares
T T 10
De lo expuesto se desprende que la cantidad necesaria de dinero circulante
(D) varía en proporción directa al volumen de las mercancías en circulación
(Q) y al nivel de sus precios (P), y en proporción inversa al ritmo de circula-
ción del propio dinero (T). Esta es una de las leyes básicas de la circulación
monetaria.

3.2. La primacía de la circulación mercantil sobre la circulación monetaria


Externamente, la circulación monetaria aparenta cumplir un rol decisivo en
comparación con la circulación mercantil, como si el dinero pusiera en movimiento
a las mercancías. Pero en realidad la circulación monetaria depende de la circulación
mercantil. Porque en la realidad de los hechos el movimiento del dinero se basa en la
circulación de las mercancías. En efecto, las dimensiones de la circulación mercantil
aumentan y disminuyen a consecuencia del incremento o la reducción de la produc-
ción mercantil, y no debido al flujo o reflujo de la cantidad de dinero circulante. Las
variaciones de la circulación mercantil, causadas por las condiciones de la produc-
ción, provocan a su vez las variaciones de la circulación monetaria.

Todos los factores que determinan la cantidad de dinero circulante dependen,


en última instancia, de las condiciones de la producción. Así, a mayor desarrollo de
la división social del trabajo, mayor será la cantidad de mercancías vendidas en el
mercado; y a mayor productividad del trabajo, tanto menores serán los valores y los
precios de las mercancías.

Es importante destacar que los precios de las mercancías no están determina-


dos por la cantidad de dinero circulante, como lo sostienen muchos autores, sino,
al contrario, la cantidad de dinero circulante depende del nivel de los precios de las
mercancías. Los precios, por ser expresión monetaria del valor de las mercancías, se
configuran antes del proceso de la circulación, razón por la que a este último solo debe
ingresar la cantidad de dinero que sea necesaria para la realización de una determinada
suma de precios mercantiles.

3.3. La dependencia de la cantidad de dinero circulante en función de la


magnitud de su propio valor
La cantidad de dinero circulante depende del nivel de los precios de las mercan-
cías, y los precios están determinados por los valores de las propias mercancías y del
216 Francisco Chaparro Zapana

dinero mismo. De ello se desprende que la cantidad de dinero circulante se encuentra en


función inversamente proporcional al valor del propio dinero. Por ejemplo, si el valor
del oro disminuye en dos veces a consecuencia de que la productividad del trabajo en la
industria aurífera se ha elevado al doble, entonces, en condiciones de igualdad estables,
los precios de las mercancías se elevarán al doble; por consiguiente, para garantizar su
realización hará falta una doble cantidad de dinero. “La ley según la cual –dice Carlos
Marx–, una vez dadas la velocidad de rotación de la moneda y la suma de los precios de
las mercancías, la cantidad de medios de circulación está determinada, puede también
expresarse como sigue: cuando los valores de cambio de las mercancías y la velocidad
media de sus metamorfosis están dadas, la cantidad del oro en circulación depende de
su propio valor”2.

Esta ley explica los fenómenos económicos de la vida real, los que a simple vista
se presentan en forma distorsionada. Por ejemplo, después del descubrimiento de Amé-
rica los precios de las mercancías en Europa se elevaron vertiginosamente. Muchos
estudiosos explican este fenómeno como un simple incremento de la cantidad de dinero
circulante. Pero, en realidad, la causa de fondo fue otra: la elevación de la productividad
del trabajo en la extracción de metales preciosos provocó la disminución del valor del
oro y la plata; esto ocasionó la elevación de los precios de todas las mercancías y, a
consecuencia de esta elevación, aumentó la cantidad de dinero circulante.

3.4. La influencia de la función medio de pago sobre la cantidad de dinero


circulante
Cuando las mercancías son vendidas al crédito, los pagos de compra en dinero
se postergan, y por eso el funcionamiento del dinero como medio de pago disminuye
la cantidad total de dinero necesario para la circulación. Esto se debe a que una parte
significativa de las obligaciones de pago es saldada no con dinero efectivo, sino me-
diante las amortizaciones mutuas de exigencias y obligaciones de pago. Por ejemplo,
si A debe pagar por una letra de 1000 dólares a B, B debe pagar en el mismo plazo
también 1000 dólares por una letra a C, y este último, a su vez, debe pagar el mismo
día 1000 dólares a A, por consiguiente, A, B y C pueden saldar entre sí sus exigencias
y obligaciones sin la mediación de pago de dinero en efectivo.

De todo lo expuesto se deduce lo siguiente:


1. Que el volumen de la producción mercantil influye directamente sobre la
masa de dinero circulante.
2. Que el nivel de los precios de las mercancías también influye en forma direc-
ta sobre la cantidad de dinero circulante.
3. Que el grado de desarrollo del crédito ejerce una influencia inversa sobre la
cantidad de dinero: cuanto más desarrollado esté el crédito, tanto menor can-
tidad de dinero hará falta para la circulación mercantil.

2 Marx, Carlos. Contribución a la crítica de la economía política. Buenos Aires, 1975, pp. 100-101.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 217

4. Que el grado de desarrollo de las compensaciones bancarias ejerce una in-


fluencia inversa sobre la cantidad de dinero circulante: cuantas más obliga-
ciones de pagos sean amortizadas mediante compensaciones bancarias, tanto
menor será la cantidad necesaria de dinero circulante.
5. Que el ritmo de la rotación monetaria influye en proporción inversa sobre la
masa de dinero circulante. Como velocidad de circulación monetaria se consi-
dera el número promedio de ciclos de rotación del dinero en el cumplimiento
de las funciones de medio de circulación y medio de pago.

En general, la ley que determina la cantidad de dinero circulante puede ser


representada por la siguiente fórmula:
D = SP - C + P - M
T
Donde:
D: cantidad necesaria de dinero circulante.
SP: suma de precios de las mercancías.
C: suma de precios de las mercancías vendidas al crédito.
P: suma de pagos por deudas y obligaciones.
M: suma de pagos que compensan mutuamente.
T: número promedio de ciclos de rotación de cada unidad monetaria.

3.5. La ley de circulación de los diversos tipos de dinero


La que acabamos de analizar es la ley general de la circulación monetaria,
relacionada con cualquier forma de dinero. A la vez existen también leyes especiales
de circulación del dinero metálico, dinero papel y dinero de crédito.

La particularidad de la circulación del dinero metálico consiste en que en ella


la cantidad de dinero circulante siempre se sustenta en el nivel necesario, es decir,
que en la circulación no existe excedente ni insuficiencia de dinero. Al contrario,
la particularidad de la circulación del papel moneda radica en que en ella se emite
con frecuencia una cantidad crecientemente mayor de signos monetarios que el oro
requerido para la circulación. Una emisión excedente de dinero papel trae consigo
su devaluación, y en el capitalismo sirve como medio de enriquecimiento de la gran
burguesía a expensas de la explotación de las clases trabajadoras. Este fenómeno,
llamado inflación, lo analizaremos más adelante.

4. ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS TEORÍAS BURGUESAS DEL DINERO

4.1. Crítica a la teoría metalista del dinero


Durante los siglos XVI y XVII los representantes de las tesis mercantilistas
–en especial el economista inglés Thomas Mun– proclamaron al dinero como una ri-
218 Francisco Chaparro Zapana

queza social plena. Esta concepción expresaba las condiciones históricas de aquella
época, en la que se acumulaban ingentes riquezas en manos de la burguesía, sobre
todo en forma de dinero. Los mercantilistas se caracterizaron no solo por identificar
la riqueza con el oro, sino también por identificar el dinero con los metales precio-
sos, que es donde radica la teoría metalista del dinero. Según esta teoría, los metales
preciosos se erigen en dinero debido a su propia naturaleza.

Los metalistas no comprendían la esencia socioeconómica del dinero y ca-


yeron en el fetichismo, atribuyendo las propiedades del dinero al oro y a la plata
como tales. Pero en realidad el dinero no es el objeto, no lo son el oro ni la plata por
sí mismos, sino las relaciones de producción de los hombres expresadas a través del
objeto en la economía mercantil. La función del dinero no proviene en absoluto de
la naturaleza del oro y la plata.

Los metales preciosos se convierten en dinero solo en la economía mercantil,


porque la esencia del dinero radica no en su caparazón material ni en el hecho de ser
oro y plata, sino en su rol social de equivalente general.

Distorsionando la esencia del dinero, la teoría metalista interpreta unilateral-


mente las funciones de este. Esta teoría solo focaliza su atención en aquellas funcio-
nes para cuyo cumplimiento es necesario el dinero metálico (de medida del valor, de
tesoro y de dinero internacional), pero ignora las demás (de medio de circulación y
medio de pago), funciones que pueden también ser asumidas por los signos del valor.
Uno de los partidarios de la teoría metalista del dinero es el economista alemán Knis,
quien llegó a la conclusión de que el concepto de “dinero papel” es tan absurdo como
decir el “pan de papel”. Pero semejantes razonamientos se contradicen flagrante-
mente con la porfiada existencia real del dinero papel.

Por tanto, la inconsistencia de la teoría metalista del dinero radica en que:


1. Identifica el dinero con los metales preciosos, y al no advertir su rol social
específico cae en el fetichismo, en la medida en que atribuye las propiedades del
dinero al oro y la plata como tales; 2. Analiza unilateralmente solo algunas funcio-
nes del dinero, pero ignora las demás; y 3. Es incapaz de explicar con objetividad la
existencia del dinero papel.

4.2. Crítica a la teoría nominalista del dinero


En contraposición a la teoría metalista, la teoría nominalista considera al di-
nero como si fuera solamente un signo convencional, que no tiene nada en común
con las mercancías. Para los nominalistas es fundamental la asignación de la unidad
monetaria (la libra esterlina, el franco, el marco, etc.), pero el contenido metálico no
tiene ningún significado. Uno de los partidarios de la teoría nominalista del dinero es
el filósofo inglés G. Berckeley del siglo XVIII, quien negaba que el dinero fuera una
mercancía, sino más bien, una unidad contable convencional.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 219

Entre los más visibles representantes del nominalismo del siglo XX destacan
los economistas Knapp (Alemania) y H. D. Dickinson (Austria). La teoría nomina-
lista del dinero de Knapp era al mismo tiempo la teoría oficial del dinero, ya que él
proclamaba al dinero como “producto del orden legal”, como obra del poder estatal.
El dinero creado por el Estado, sostiene Knapp, es aquel aceptado para los pagos en
total independencia de su contenido metálico; el dinero se “libera” de toda vincu-
lación con el metal y se constituye como “medio de pago a la carta” (de la palabra
“carta”, signo), es decir, como signo convencional, al cual el Estado le confiere una
determinada capacidad de pago.

F. Bendicksen opta como punto de partida de la teoría del dinero el principio


del “intercambio de servicios”, el cual se encuentra en la base de la economía capita-
lista. Alabando al capitalismo, él destacaba que: “Este admirable mecanismo social,
este trabajo de todos para todos en base al principio del equilibrio individual de los
servicios, tiene dos propuestas: en primer lugar, una capacidad general para medir
las valoraciones mediante la aplicación de una unidad valorativa reconocida por la
generalidad; y en segundo lugar, el empleo de los signos que expresan una unidad
valorativa y da testimonio de reconocimiento general por los servicios prestados y la
valoración de estos últimos. El dinero satisface estas premisas”3. Según Bendicksen,
el dinero es aquel signo convencional de valor y testimonio por el servicio prestado
a los demás miembros de la sociedad, otorgando el derecho para obtener un servicio
opuesto.

El principal error de la teoría nominalista es que niega la naturaleza mer-


cantil del dinero. Ignora el origen natural del dinero del mundo mercantil, niega,
además, la unidad entre la mercancía y el dinero. Pero como ya lo aclaramos ante-
riormente, el dinero no es un signo convencional, sino una mercancía sui géneris.
La teoría nominalista del dinero está impregnada de una concepción idealista, ya
que traslada la esencia del dinero de las relaciones de producción existentes a la con-
ciencia humana. Así, el nominalista estadounidense contemporáneo John S. Gambs
sostiene que “el dinero es más una idea que una cosa”4.

Los nominalistas tergiversan simultáneamente tanto la esencia como el rol


del Estado. A este último, Knapp lo supone “creador” del dinero. Pero en realidad el
dinero expresa las relaciones de producción que los hombres contraen objetivamente
en el contexto de la economía mercantil. No obstante que el Estado puede establecer
mediante disposición legal una escala de precios, no está en condiciones de fijar ar-
bitrariamente el valor del dinero. Al atribuir al Estado la capacidad de crear dinero y
de fijar su valor, la teoría nominalista estatista confunde la función del dinero como

3 Bendicksen, F. El dinero. Petrogrado, 1923, p. 25, en ruso.


4 Gambs, J. S. Man, Money and Goods. Nueva York, 1952, p. 216.
220 Francisco Chaparro Zapana

medida del valor con la escala de precios, transformando al dinero de categoría eco-
nómica en categoría jurídica.

A Bendicksen le sirve como punto de partida de su teoría del dinero, la inter-


pretación apologético-burguesa del capitalismo en el supuesto de un sistema eco-
nómico armónico, en el cual todos los hombres se prestan “servicios” unos a otros.
Pero al mismo tiempo ella oculta la esencia explotadora del capitalismo, el cual de
ningún modo está basado en “el intercambio de servicios”, sino en la explotación de
los trabajadores asalariados por los capitalistas.

La teoría nominalista del dinero oculta también el carácter espontáneo de la


producción capitalista. Considerando al dinero como un “signo convencional”, una
“certificación”, etc., compara el dinero con los vales o las fichas de un guardarropa,
que otorgan el derecho de reclamar la devolución de los abrigos entregados para su
cuidado. Sin embargo estos vales se emiten planificadamente, pero el dinero en la
economía mercantil, basada en la propiedad privada, funciona espontáneamente.

Los nominalistas no solo sitúan en un mismo plano el dinero metálico y el


dinero papel, proclamando a ambos como “signos convencionales”, sino que a la
vez ensalzan al dinero papel como la forma más perfecta del dinero, cuya forma de
“signo convencional” o de “certificación” es la que más corresponde a la naturaleza
del dinero. La esencia social de clase del nominalismo contemporáneo radica en que
ella justifica las políticas antipopulares de los estados burgueses, aplicados a favor de
los intereses de los monopolios mediante la emisión del dinero papel.

De esta forma, la teoría nominalista del dinero es inconsistente porque:


1. Niega la naturaleza mercantil del dinero; 2. Confunde la función de medida
del valor con la escala de precios; 3. Sobredimensiona el rol del Estado burgués
imaginándolo como el “creador” del dinero; y 4. Oculta la naturaleza explotadora del
capitalismo y el carácter espontáneo de la economía capitalista.

4.3. Crítica a la teoría cuantitativa del dinero


La idea fundamental de la teoría cuantitativa del dinero radica en el supuesto
de que la magnitud del valor del dinero es inversamente proporcional a su propio
volumen, o sea que a mayor volumen de dinero circulante, menor sería su valor. Los
padres de la teoría cuantitativa del dinero fueron en el siglo XVIII: Montesquieu en
Francia y Hum en Inglaterra. A comienzos del siglo XIX, David Ricardo se empeño
en combinar la teoría cuantitativa del dinero con su teoría del valor-trabajo. En el
siglo XX, la teoría cuantitativa del dinero se ha difundido con mayor amplitud en la
economía política burguesa.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 221

El economista estadounidense Irwin Fisher pretende fundamentar la teoría cuanti-


tativa del dinero matemáticamente, mediante la “ecuación del cambio”: M x V = P x Q,
donde: M es la cantidad de dinero circulante, V es la velocidad de rotación del dinero,
P el nivel medio unitario de precios de las mercancías y Q es la cantidad de mercancías
vendidas. Fisher proclama que: “Del simple hecho que la cantidad de dinero gastada en
la compra de bienes, debe ser igual a la cantidad de dichos bienes multiplicada por sus
precios, se desprende la conclusión de que el nivel de los precios se eleva o baja en
proporción de las variaciones de la cantidad de dinero, siempre que al mismo tiempo
no se produzcan variaciones en la velocidad de su circulación o en el volumen de los
bienes cambiados”5.

La teoría cuantitativa del dinero ignora la importancia que tiene la función


del dinero como medida del valor. Los partidarios de esta teoría ven en el dinero so-
lamente la función de medio de circulación, suponiendo que antes de la circulación
del dinero no se tienen ningún valor y que solo en la circulación el dinero adquiere
“capacidad de compra”. Esto es totalmente falso. El dinero, antes de funcionar como
medio de circulación, cumple la función de medida del valor. Pero para cumplir esta
función el dinero mismo debe poseer su propio valor, el cual es determinado en él
por el trabajo socialmente necesario. Como advertía Marx, el error fundamental de
la teoría cuantitativa del dinero consiste en que “por esta absurda hipótesis de que
las mercancías se lanzan al proceso circulatorio sin precio y el dinero sin valor y que
luego, allí, una parte alícuota de la masa formada por las mercancías se cambia por
una parte alícuota de la montaña de metal”6.

El otro craso error de la teoría cuantitativa del dinero consiste en que niega
las leyes objetivas de la circulación monetaria. Según los partidarios de esta teoría,
a la circulación puede ingresar cualquier cantidad arbitraria de dinero, pero cuanto
mayor sea esta tanto menor será su capacidad adquisitiva. Pero en los hechos, a la
circulación no ingresa cualquier cantidad de dinero de pleno valor, sino tan solo
aquella que sea necesaria para la circulación.

La teoría cuantitativa del dinero distorsiona el verdadero vínculo causal


entre el valor del dinero, los precios de las mercancías y la cantidad del dinero en
circulación. Sostiene que la cantidad de dinero en circulación determina el nivel de
los precios de las mercancías, y que este nivel determina el valor (la “capacidad ad-
quisitiva”) del dinero. En los hechos el vínculo causal de los fenómenos es al revés:
con un valor dado de las mercancías el nivel de sus precios se encuentra en propor-
ción inversa al valor del dinero, y la cantidad de dinero en circulación se encuentra
en proporción directa al nivel de los precios de las mercancías.

5 Fisher, I. La capacidad adquisitiva del dinero. Moscú, 1926, p. 17.


6 Marx, Carlos. El capital. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1980, p. 88.
222 Francisco Chaparro Zapana

Por tanto, los principales errores de la teoría cuantitativa del dinero consisten
en que: 1. Ignora todas las funciones del dinero, excepto la función de medio de
circulación; 2. Niega la ley objetiva que determina la cantidad de dinero en la cir-
culación; y 3. Distorsiona el verdadero vínculo causal entre el valor del dinero, los
precios mercantiles y la cantidad de dinero en la circulación.

4.4. Crítica a la teoría de la “moneda regulable a voluntad”


En la época de la crisis general del capitalismo, los economistas burgueses,
uniendo las teorías nominalista del dinero y cuantitativa, crearon la teoría de la “mo-
neda voluntariamente regulable”. El más visible representante de esta teoría es el
economista inglés John M. Keynes. Él –quien considera al dinero metálico un “re-
zago bárbaro”– sostiene que el dinero papel es significativamente superior al dinero
metálico. La ventaja del dinero papel, según Keynes, es que su volumen circulante
puede ser regulado por el Estado.

La apología del dinero papel fue copiada por Keynes de la teoría nominalista
del dinero. Según él, mediante la regulación del volumen de dinero papel circulante
el Estado burgués puede regular el nivel de los precios de las mercancías, el nivel del
salario y de toda la economía capitalista. El dinero papel se le revela como la “mo-
neda voluntariamente regulable”, y en la capacidad de incrementar su volumen ve la
llave tanto para ampliar la demanda de mercancías como para liquidar gradualmente
el desempleo y las crisis.

La teoría apologético-burguesa de la “moneda voluntariamente regulable” es,


a su vez, parte conformante de la teoría del “capitalismo regulable”. Pero ambas teo-
rías son erróneas, porque la propiedad privada absoluta de los medios de producción,
en la que está basado el capitalismo, genera inevitablemente la anarquía de la pro-
ducción y las crisis; ella excluye la posibilidad de una regulación planificada tanto
de la economía nacional en su conjunto como también de la circulación monetaria
en particular.

El dinero papel en la sociedad burguesa no es una “moneda regulable a


voluntad”, y menos es capaz de liquidar el desempleo y las crisis; al contrario, es
la peor forma de dinero circulante, expuesta a devaluaciones violentas y devasta-
doras. Por eso, al defender al papel-moneda circulante, los partidarios de la teoría de
la “moneda regulable a voluntad” en el fondo están justificando la emisión extraor-
dinaria de dinero-papel, porque, mediante la inflación, enriquece a la gran burguesía
monopolista a costa de un mayor empobrecimiento de las clases trabajadoras.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 223

PARTE II: PROBLEMAS ACTUALES DE LA CIRCULACIÓN MONETARIA

5. LA CIRCULACIÓN DE LA MONEDA METÁLICA

5.1. El monometalismo y el bimetalismo


Según la clase de metal que se desempeñe como divisa metálica, es decir, que
es adoptado en calidad de equivalente universal y de base del dinero circulante, se
diferencian dos tipos de sistemas monetarios: a) el monometalismo, en el cual el rol
de divisa metálica corresponde a un solo metal: bien sea la plata o bien el oro; y b) el
bimetalismo, en el cual este rol es compartido por ambos metales preciosos.

Según el sistema del monometalismo en cada país se adopta como unidad


monetaria un determinado peso de un metal, ya sea de plata (en el monometalismo
de la plata), ya sea de oro (en el monometalismo del oro), en tanto que a la libre acu-
ñación7 de monedas accede solo un determinado metal.

En el sistema del bimetalismo se adopta en calidad de unidad monetaria tanto


una determinada cantidad de peso en plata como también una determinada cantidad
de peso en oro, mientras las monedas son acuñadas libremente de ambos metales.

Durante los siglos XVI al XVIII, el bimetalismo se propagó con mayor am-
plitud. Pero este es un sistema monetario frágil. La correlación (o patrón) de precios
establecida por el Estado entre el oro y la plata, que actúa en la reacuñación de sus
lingotes en monedas, tarde o temprano entra en contradicción con las variaciones
espontáneas de los valores de mercado de estos metales. Resulta que uno de los
metales preciosos está sobrevaluado según disposición legal por encima de su valor
de mercado, y el otro por debajo de su valor. Entonces entra en acción la ley de Gres-
ham8; las monedas del metal devaluado desplazan de la circulación a las monedas
del otro metal.

Como un ejemplo didáctico de la acción de esta ley puede servir el período de


las décadas del sesenta y setenta del siglo XIX, cuando se produjo la caída del valor
de mercado de la plata en comparación con el oro. La relación del valor del oro con
el de la plata entre 1866-1870 era de 15.5: 1; y entre 1876-1880 de 17.8: 1. Mientras
tanto en varios países europeos –Francia, Bélgica, Suiza e Italia– se mantuvo por ley
en la correlación de 15.5: 1. En consecuencia, por disposición legal la plata resultó
revaluada por arriba de su valor de mercado y el oro, por debajo. Por eso era ventajo-

7 Se entiende por libre acuñación al derecho que tienen todos los poseedores de metal adinerable para acuñar mone-
das de los lingotes de este metal en la Casa de la Moneda (gratuitamente o con un pequeño pago por derecho de
acuñación).
8 Esta ley lleva el nombre del político y financista inglés del siglo XVI, Thomas Gresham. Aunque en realidad dicha ley
ya era conocida antes de él.
224 Francisco Chaparro Zapana

so cambiar el oro en lingotes por plata a la cotización de mercado, obteniendo cerca


18 kg de plata por 1 kg de oro, reacuñando plata en monedas y saldando las cuentas
según la cotización de mercado de 15.5: 1. Como resultado, las monedas de oro eran
apartadas de la circulación y se refundían en lingotes; al devaluarse la plata afluían
en gran cantidad a la circulación. El peligro de un desplazamiento total de las mone-
das de oro por las de plata indujo a los mencionados estados a dejar el bimetalismo.

5.2. El estándar monetario de oro


El monometalismo del oro fue introducido en Inglaterra recién a fines del siglo
XVIII. A fines del siglo XIX este ya era un sistema monetario predominante en todo
el mundo capitalista. Asimismo, el monometalismo, o el estándar oro, tuvo vigencia
hasta antes de la Primera Guerra Mundial en forma de estándar monetario de oro,
cuyos principales rasgos característicos fueron los siguientes: 1. La libre acuñación
de monedas de oro con un determinado contenido constante de oro en cada unidad
monetaria; 2. El libre cambio de los signos del valor en monedas de oro; y 3. La li-
bertad de exportar e importar oro. Este sistema monetario fue relativamente estable
(pese a que de ningún modo garantizaba la estabilidad de los precios) y contribuyó
al desarrollo de la economía capitalista.

Según la ley determinante de las proporciones de la circulación monetaria (ver


la primera parte), la cantidad de dinero circulante depende de la suma de los precios
de las mercancías vendidas, de la amplitud del crédito y las cuentas no efectivas,
además de la velocidad con la que circula el dinero. En las condiciones de circu-
lación del oro, cuando se reducen las necesidades del dinero en movimiento, una
parte de las monedas de oro se aparta de la circulación y se convierte en tesoro. Por
el contrario, si se empieza a necesitar gran cantidad de dinero para servir al movi-
miento mercantil y monetario, entonces una parte del oro atesorado retorna, en forma
de monedas, a los canales de la circulación. De esta forma, la ley específica de la
circulación del dinero metálico consiste en que mediante un traslado constante de
dinero metálico de la esfera de la circulación al atesoramiento y del atesoramiento
a la esfera de la circulación, la cantidad efectiva de dinero de pleno valor que se
encuentra en circulación se adapta espontáneamente a las necesidades de pago
del movimiento mercantil; es decir, se iguala con la cantidad de dinero necesaria
para la circulación.

6. LOS INSTRUMENTOS DE CRÉDITO DE LA CIRCULACIÓN

6.1. La necesidad de los instrumentos de crédito para la circulación


La circulación monetaria metálica pura requería de la abstracción no produc-
tiva de una parte significativa del trabajo social para la extracción de los metales
amonedables y del enorme aumento de los gastos netos de la circulación, debido
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 225

al incremento de la producción y la circulación mercantil. El incremento de la pro-


ducción se obstruye por la estrechez de la base metálica de la circulación. Esto hace
necesario la sustitución del dinero metálico por instrumentos de créditos para la
circulación, los cuales no tienen valor independiente, pero sirven como signos de
crédito en representación del dinero de pleno valor. Los instrumentos de crédito para
la circulación intervienen en forma de: 1. Letras de cambio bancarias; 2. Notas de
crédito bancarias; y 3. Cheques.

6.2. La circulación de las letras de cambio bancarias


Representan en sí, ante todo, obligaciones de pago de largo plazo (o exi-
gencias de largo plazo), basadas en el crédito comercial 9. El capitalista, al vender
sus mercancías al crédito, en lugar de guardar consigo la letra de cambio bancaria
hasta que culmine su plazo, puede usarla para comprar mercancías. En tal caso, re-
gistra en dicha letra la firma de transferencia (o endosamiento), y la traspasa a otro
comprador, quien, a su vez, puede usar aquella letra para comprar otras mercancías
a un tercer capitalista, etc. Sin embargo, la letra está habilitada solo para rotar en un
círculo limitado de capitalistas, conocedores del librador de la letra y de su solvencia
de pago.

Los estrechos límites de circulación de la letra de cambio hacen necesaria la


sustitución de letras corrientes por letras especiales, las cuales deberán poseer una
circulación generalizada. Así surgen las notas de crédito bancarias.

6.3. La circulación de las notas de crédito bancarias


La nota de crédito bancaria es un documento impreso en formularios de los
bancos, que se emplea para efectuar depósitos de dinero, cheques, giros u otros va-
lores entre dichos establecimientos; por ello se denomina comúnmente boleta de
depósito. Se llama nota de crédito bancaria porque el banco acredita en sus libros al
depositante el importe del depósito10.

Según Marx: “El billete de banco no es otra cosa que una letra de cambio
librada sobre el banquero, pagadera a la vista y al portador y que el banquero lo
emite en vez de letras privadas” 11 (la forma cursiva corresponde a F. Ch. Z.). Las
notas de crédito bancarias se diferencian de las letras comerciales por las siguientes
particularidades: 1. Son emitidas por los bancos y no por los capitalistas industria-
les ni comerciales; 2. Son obligaciones de largo plazo sin límites, por los cuales el

9 La letra de cambio bancaria simple es una obligación del prestatario-portador o librador de una letra de cambio ban-
caria por la que se debe pagar una determinada suma de dinero en un determinado plazo a su acreedor; la letra de
cambio bancaria es una orden del prestatario-librador de la letra a su librado o deudor sobre el pago de una suma
dada de dinero en un plazo fijo.
10 Diccionario de contabilidad. Terminología empresarial. Lima, 1999/2000, p. 426.
11 Marx, Carlos. El capital. En: Marx, Carlos y F. Engels. Obras. T. 25, Parte I, p .444, cita traducida por F. Ch. Z.
226 Francisco Chaparro Zapana

banco emisor que las puso en circulación está obligado a hacer efectivo su pago en
cualquier momento, cambiándolas por metal; y 3. Poseen capacidad de circulación,
porque son emitidas por un banco central o por un conjunto de grandes bancos emi-
sores, cuya capacidad de pago está fuera de dudas.

Las notas de crédito bancarias son una forma del dinero de crédito. Su emisión
se realiza mediante las operaciones de crédito y a través de la cuenta de las letras de
cambio de los bancos emisores.

Por intermedio de las letras de cambio comerciales, la circulación bancaria


empalma con las necesidades de dinero para la circulación mercantil. Al ampliarse
esta última, la circulación requiere de una mayor cantidad de dinero que antes. Al
mismo tiempo surge también una mayor cantidad de letras bancarias comerciales,
la cual se presenta en la caja del banco emisor, y sobre la base de la cuenta de estas
letras en circulación se emite mayor cantidad de notas de crédito bancarias. Al re-
ducirse la circulación mercantil y disminuir sus necesidades de dinero, la emisión
de notas de cambio bancarias también se reduce. Por consiguiente, si las notas de
cambio se emiten tomando en cuenta las letras comerciales, las dimensiones de la
circulación de las notas de cambio bancarias oscilarán en función a las necesidades
de la circulación expresadas en dinero.

Así como las notas de cambio bancarias se emiten en función a la concesión


de un crédito, y los créditos al vencer su plazo son sujeto de devolución, al fin de
cuentas, las notas de cambio bancarias retornan a los bancos que las emitieron. La
emisión de las notas de cambio bancarias depende del otorgamiento del crédito y
el flujo regular de su retorno al banco emisor. Así es la ley de circulación de las
notas de cambio bancarias.

Las notas de cambio bancarias pueden retornar al banco emisor no solo me-
diante la amortización del crédito. En el transcurso de un largo período, las notas de
cambio bancarias eran cambiadas libremente entre los bancos emisores por mone-
das metálicas. Mientras las notas de crédito bancarias son objeto de libre cambio,
no pueden circular en cantidad excedente, ya que sus poseedores siempre podrán
cambiar por metal aquellas notas de crédito que no son más necesarias para la circu-
lación, y el metal se transforma en tesoro.

El libre cambio de notas de crédito bancarias tiene gran significado, ya que


excluye la posibilidad de estancamiento en la circulación de la cantidad excedente de
notas de crédito y previene su devaluación en relación al oro. El carácter crediticio
de la emisión de las notas de crédito por sí solo no es una garantía automática contra
la aparición del excedente de las mismas en circulación. El problema radica en que
además de las letras comerciales, surgidas sobre la base de transacciones reales de la
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 227

compra-venta de mercancías, existen las letras de banco (del tesoro) emitidas por los
Estados capitalistas y que no tienen ninguna relación con la circulación mercantil.
Si los bancos emisores consideran también las letras de cambio, emitiendo en su
reemplazo notas de cambio bancarias, entonces la cantidad de estas notas en circu-
lación puede superar a la demanda de la cantidad de dinero para la circulación. Sin
embargo, con el libre cambio de las notas de crédito bancarias por oro, el excedente
de notas de cambio no se mantiene en circulación y las notas de crédito bancarias por
sí mismas no pueden devaluarse en relación al oro.

De esta forma, la ley específica de la circulación de las notas de cambio


bancarias cambiables consiste en que, en realidad, la cantidad de notas de crédito
bancarias cambiables que se encuentran en circulación es igual a la cantidad de
oro necesaria para la circulación y cada nota de crédito bancaria representa una
cantidad de oro asignada a ella.

6.4. Las notas de crédito no cambiables y su transformación en dinero papel


Es necesario diferenciar las notas de crédito bancarias no cambiables, típi-
cas del capitalismo contemporáneo, de las notas de crédito bancarias cambiables
por metal. Aún durante la Primera Guerra Mundial en muchos países capitalistas
fue suspendido el cambio de las notas de crédito bancarias por oro. Después de la
guerra, a consecuencia de las reformas monetarias del período 1924-1928, se resta-
bleció el cambio, pero en forma recortada. En algunos países (Inglaterra y Francia)
se introdujo el estándar de oro en lingotes, sistema monetario en el cual las notas de
crédito bancarias son cambiadas no por monedas de oro, sino por oro en lingotes. En
muchos otros países se introdujo la divisa estándar de oro, sistema monetario en el
cual las notas de crédito bancarias se cambian por divisas (divisas extranjeras). Sin
embargo, en la década del treinta, el libre cambio de las notas de crédito bancarias
por oro quedó prohibido en todos los países capitalistas, y desde entonces no volvió
a restablecerse12.

En ausencia del libre cambio por oro, las notas de crédito bancarias no
cambiables se asemejan al dinero papel. En la medida en que las notas de crédito
bancarias no cambiables se emitan en función de las necesidades del crédito en la
circulación mercantil, estas llegan a cumplir las funciones de dinero de crédito, aun-
que no sean de primera clase. Pero si la emisión de las notas de crédito bancarias
se usa para el financiamiento del Estado burgués, para cubrir sus gastos militares,
entonces las notas de crédito bancarias se transforman de dinero de crédito en dinero
papel. Las notas de crédito bancarias no cambiables, al igual que el dinero papel,
pueden emitirse en cantidad excedente y propensa a devaluarse en relación al oro.

12 Desde fines de 1958 en una serie de países (Inglaterra, Francia, RFA y otros) se introdujo la así llamada convertibi-
lidad de divisas, es decir que para los tenedores extranjeros de divisas quedó reservado el derecho de cambiarlos
(por ejemplo, las libras esterlinas, los francos, los marcos) por divisas extranjeras (el dólar y otros). Sin embargo,
esto no significa restablecer el libre cambio de notas de cambio bancarias por oro.
228 Francisco Chaparro Zapana

La transformación del dinero de crédito en papel moneda se produjo aun du-


rante la Primera Guerra Mundial. Entonces quedó prohibido cambiar las notas de
crédito bancarias por oro, y en lugar de su emisión en reemplazo de los cheques co-
merciales, comenzaron a emitirlas como garantía del Estado sobre las obligaciones
de largo plazo. En la medida en que los países en guerra emitían estas obligaciones
y las cambiaban por notas de crédito bancarias en los bancos emisores para cubrir
sus gastos militares, el incremento de la circulación de las notas de crédito bancarias
perdió todo vínculo con el volumen de la circulación mercantil, más bien, empezó a
reflejar el incremento de los gastos militares de los estados capitalistas. Tras la más-
cara de la emisión de notas de créditos bancarias se escondía la emisión de papel mo-
neda. De igual forma volvió a repetirse durante la Segunda Guerra Mundial. Después
de la guerra, en muchos países, la emisión de las notas de créditos bancarias continúa
sirviendo como fuente de financiamiento del Estado, el que las usa para cubrir sus
déficits presupuestales. Y las notas de crédito bancarias que reciben semejante deno-
minación, en realidad, son papel moneda.

6.5. La circulación de los cheques


Los cheques representan es sí las obligaciones giradas a los bancos para un
pago en dinero, los cuales son endosados por quienes poseen cuenta corriente en
vales especiales desglosados de un talonario de cheques. El cheque puede ser usa-
do directamente para obtener dinero del banco, pero también puede ser usado para
pagar las compras de mercancías o servicios. En la medida en que los cheques circu-
lan sirviendo como instrumentos de compra-venta de mercancías, estos cumplen la
función de medio de circulación.

En el contexto del capitalismo desarrollado, la circulación de los cheques cum-


ple una función muy importante. A la vez que en el comercio al por menor circula la
mayor parte de dinero en efectivo, en el comercio al por mayor en lo fundamental se
emplea la circulación de cheques.

7. LA CIRCULACIÓN DEL PAPEL MONEDA Y LA INFLACIÓN

7.1. Las diferencias entre el dinero papel y el dinero de crédito


El papel moneda se diferencia del dinero de crédito o de las notas de crédito
bancarias, por las siguientes referencias:
A) Según su origen, el papel moneda está vinculado a la función del dinero como
medio de circulación, mientras que las notas de crédito bancarias surgen sobre
la base de la función del dinero como medio de pago. Entonces, el Estado dota
al papel moneda de una fuerza artificial de pago.
B) Según el carácter de la emisión, el papel moneda se diferencia de las notas de
crédito bancarias porque no es emitido para acreditar la circulación mercantil,
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 229

sino para cubrir el déficit presupuestal relacionado estrechamente con fuertes


gastos militares.
C) Según su carácter de circulación, una vez emitido, el papel moneda tiene la
propiedad de estancarse sostenidamente (por largo tiempo) en los canales de
circulación, mientras que las notas de crédito retornan regularmente al banco
que las emite.
D) Según su relación con el oro, durante mucho tiempo las notas de crédito ban-
carias solían cambiarse por oro, mientras que el papel dinero se caracterizaba
por no ser libremente cambiable.
E) El dinero papel se diferencia por su inestabilidad, porque, por lo general, se
devalúa en relación con el oro, mientras que las notas de créditos bancarias
cambiables son estables.

7.2. Las leyes de la circulación del dinero papel


El dinero papel no cambiable es el representante del oro (o de la plata), pero
no de la cantidad nominal de oro que está consignada en él, sino de aquella cantidad
a la que en realidad sustituye. El Estado puede poner en circulación cualquier canti-
dad de dinero papel, pero no puede asignarle capacidad de compra a su antojo. Todo
el volumen de cualquier suma de dinero que fuese puesta en circulación representa
solo aquella cantidad de oro que en un determinado momento es necesaria para la
circulación. Por eso, si se emite papel dinero en una cantidad mayor que la cantidad
de oro requerida para la circulación, en un determinado momento, su devaluación en
relación al oro y las mercancías es una reacción natural frente a la emisión excesiva
de papel dinero. Si, por ejemplo, para servir a la circulación de mercancías y de pa-
gos se requieren 15 000 millones de dólares de dinero oro, y se han emitido 30 000
millones de papel moneda, entonces 1 dólar papel representará 0,5 de dólar oro, es
decir, el dinero papel se devalúa en la mitad.

Las leyes de la circulación del dinero papel se basan en las leyes de la circu-
lación del dinero metal. Pero la circulación del dinero papel se diferencia sustancial-
mente de la circulación del metálico, y sus leyes específicas se resumen en que:
1. El valor, representado por todo el volumen de dinero papel, está determinado
por el valor de aquella cantidad de oro (o plata) que se necesita para la circu-
lación.
2. El valor, representado por cada unidad de dinero papel (por ejemplo, el dólar
papel o el franco papel), corresponde al valor de aquella cantidad de oro (o
plata) necesaria para la circulación dividida entre la cantidad que en realidad
se encuentra en la circulación del dinero papel.
230 Francisco Chaparro Zapana

7.3. La inflación
La inflación no debe ser confundida con cualquier forma de devaluación del
dinero. La elevación de los precios de las mercancías, al igual que la devaluación del
dinero, puede producirse independientemente de la inflación; por ejemplo, a conse-
cuencia de la caída del valor del oro o como resultado de la elevación de los precios
por los monopolios. Semejante devaluación del dinero se produce incluso en presen-
cia de la divisa de oro; entonces, la inflación es un concepto aplicado solo al dinero
papel o a las notas de crédito bancarias.

La inflación es una sobresaturación de la esfera de la circulación por una


cantidad excesiva de signos monetarios, la misma que provoca su devaluación y
trae consigo la redistribución de la renta y la riqueza nacionales en provecho de
las clases explotadoras y en desmedro de las clases trabajadoras explotadas.

El Estado burgués recurre a la emisión excesiva del dinero papel cuando sus
finanzas atraviesan por una situación crítica13. En particular, la inflación es el rasgo
característico de los períodos de las grandes conflagraciones bélicas. Los enormes y
crecientes gastos militares no pueden ser financiados solo con los impuestos, ya que
el aumento de los impuestos a los trabajadores provoca siempre un rechazo frontal,
y las ganancias de los capitalistas son exoneradas de carga impositiva por el Estado
burgués. Entonces este recurre a la emisión del dinero papel, porque este mecanis-
mo tiene la ventaja de permitirle confiscar, de manera camuflada, una parte de los
ingresos de los trabajadores para el presupuesto nacional. La inflación actúa como
un impuesto encubierto.

La historia del capitalismo conoce numerosos ejemplos de inflación, aun des-


de los siglos XVIII y XIX. Así, una aguda inflación tiene lugar en los Estados Unidos
en los años 1775-1780, cuando libraban la guerra de la Independencia con el Rei-
no Unido. La segunda inflación, en los mismos Estados Unidos, se produjo en los
años 1861-1865, en el período de la guerra civil entre los estados del norte y el sur.
Una inflación descomunal se desató en Francia durante la revolución burguesa del
siglo XVIII. La cantidad de dinero emitida para la circulación (de las así llamadas
asignaciones) se incrementó de 400 millones en 1790 hasta los 46 000 millones de
libras en 1796, y el papel dinero se devaluó en relación a la plata casi en 280 veces.
En Inglaterra, la inflación sucedió a la suspensión del libre cambio de las notas de
crédito bancarias por oro en 1797 y continuó en el curso de las dos primeras décadas
del siglo XIX. El surgimiento de esta inflación estuvo ligado a la guerra de Inglaterra
contra Francia.

13 En algunos países (en particular en Rusia) la emisión excesiva de dinero papel la realizaba el Estado aun durante el
feudalismo.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 231

7.4. El carácter social clasista de la inflación


La inflación perjudica, antes que nada, a la clase trabajadora. A consecuencia
de la constante lucha de la clase obrera, el salario nominal empieza a elevarse, pero
después y más lentamente que los precios de los artículos de consumo de los traba-
jadores, lo que significa la caída del salario real.

Los campesinos pequeños productores de mercancías y los artesanos también


sufren pérdidas por la inflación, porque los precios de sus mercancías siempre se ele-
van más tarde y más lentamente que la producción de los grandes capitalistas indus-
triales, en consecuencia, su ingreso real cae. La pequeña burguesía también soporta
pérdidas y por eso en el curso de la inflación se devalúa el dinero ahorrado.

La inflación perjudica también a los empleados y pensionistas, en la medida


en que sus sueldos y pensiones no se elevan en correspondencia con la elevación de
los precios mercantiles, por cuya causa sus ingresos reales también caen.

Al ocasionar enormes pérdidas al proletariado y a las demás clases trabaja-


dores, las clases explotadoras se enriquecen empleando el mecanismo de la infla-
ción. La caída del salario real de los obreros, ocasionada por la inflación, trae consi-
go la elevación de las ganancias capitalistas. En adelante, los capitalistas industriales
y comerciales ganan como acreedores, amortizando los préstamos obtenidos de los
bancos con dinero devaluado. Los capitalistas de la industria bélica obtienen enor-
mes ganancias con la inflación, ya que el Estado burgués hace uso de la emisión del
dinero papel para la adquisición de armamentos con elevados precios.

Junto a los capitalistas (excepto los capitalistas del dinero, quienes soportan
pérdidas por la devolución monetaria), también se benefician con la inflación los
grandes terratenientes, quienes tienen la posibilidad de amortizar sus deudas con
dinero papel devaluado. Además, muchos terratenientes son al mismo tiempo em-
presarios agrícolas, por eso se benefician a costa de la disminución del salario real
de los obreros agrícolas.

7.5. Efectos negativos de la inflación sobre la economía nacional


La inflación ejerce una influencia destructiva sobre la economía nacional. Una
de sus principales consecuencias es la agudización de las desigualdades en la econo-
mía capitalista. Por estar ligada frecuentemente al incremento de los gastos militares,
la inflación favorece en gran medida a la elevación de los precios del armamento, a
la elevación de la tasa de ganancia en la industria bélica, hacia donde fluyen los capi-
tales expandiendo la industria bélica en perjuicio de la industria civil. La influencia
perniciosa de la inflación sobre la producción, también se manifiesta en que estimula
la fuga de capitales de la esfera de la producción a la esfera del comercio especula-
232 Francisco Chaparro Zapana

tivo, donde se obtienen en especial ganancias elevadas, debido a una rotación más
rápida del capital y por la elevación ostensible de los precios mercantiles.

Una inflación intensa genera la destrucción del comercio. A consecuencia


de la propagación desigual de la demanda inflacionaria hacia las diversas regiones,
se forman significativos desniveles de precios para unas mismas mercancías en los
diversos mercados del país, lo que conduce a la destrucción de las vías normales
del movimiento mercantil y a una especulación desenfrenada. La inflación también
desorganiza el comercio, porque distorsiona la normal estructura de demanda de
bienes de consumo; en tiempos de aguda inflación se observa “la fobia al dinero”, los
consumidores compran cualquier mercancía para librarse de una rápida devaluación
de dinero. Semejante “fobia al dinero” con frecuencia es acompañada por los fenó-
menos de una aguda escasez de mercancías.

La inflación, cuando alcanza elevados niveles, ejerce una influencia destructi-


va del sistema crediticio. Con semejante inflación resulta poco beneficioso el otorga-
miento del crédito, por cuanto los acreedores reciben en devolución por las deudas
un dinero devaluado. Por eso, en condiciones de una aguda inflación se observa una
contracción del crédito.

La inflación provoca una profunda depresión del sistema monetario. Du-


rante una aguda inflación, la circulación descarta el empleo del dinero papel, incluso
como unidad contable (ya que no puede ser más medida del valor) y obliga a trans-
ferir las cuentas al oro o a divisas extranjeras. El dinero papel, al ser confirmada la
devaluación, también es incapaz de servir como medio de atesoramiento. Con el es-
tallido de la inflación se reducen de igual modo las posibilidades de funcionamiento
del dinero papel en calidad de medio de pago, por cuanto los acreedores empiezan
a reclamar de los prestatarios pagos en oro o en divisas extranjeras. Finalmente,
cuando la inflación alcanza un punto culminante, el dinero papel termina siendo
incapaz de servir incluso como medio de circulación, los poseedores de mercancías
empiezan a exigir a cambio oro u otras mercancías, produciéndose el retorno de la
circulación mercantil al cambio directo de mercancías (o trueque).

De esta forma, la inflación, cuando adquiere mayor profundidad, provoca


un desbarajuste de todo el proceso de la reproducción capitalista. A la vez que se
profundiza el descontento de la clase obrera y demás sectores de la gran masa traba-
jadora, la inflación trae consigo la agudización de las contradicciones y la lucha de
las clases sociales.

7.6. Las reformas monetarias


Cuando la inflación ocasiona una fuerte destrucción de la economía nacional
también ocasiona una agudización de las contradicciones de clase, la cual se perfila
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 233

como una amenaza para el régimen existente. Es entonces que la misma clase capita-
lista termina interesándose por superar la inflación y estabilizar el sistema monetario.
Con este objeto, los estados burgueses llevaron a cabo muchas reformas monetarias,
mediante los siguientes métodos: 1. La nulidad del dinero papel devaluado, es decir,
declarándolo no vigente; 2. La restauración de la divisa monetaria anterior, es decir,
el restablecimiento del cambio de los signos monetarios por oro según su valor no-
minal; y 3. La devaluación del dinero, es decir, mediante la disminución del conteni-
do metálico de cada unidad monetaria.

La anulación del dinero papel se llevó a cabo en Francia por una ley de 1797,
la que disponía la nulidad del dinero papel circulante fuertemente devaluado (los
así llamados “asignatarios” y los “mandatos de la tierra”). Desde entonces Francia
retornó a la circulación metálica.

La restauración de la divisa de oro tuvo lugar en Inglaterra en 1821, cuando se


restableció el cambio de las notas de crédito del Banco de Inglaterra según su valor
nominal, es decir, que por cada libra esterlina cambiada por notas de crédito banca-
rias se podía obtener del banco una libra esterlina en moneda oro.

Como ejemplos de devaluación podemos tomar las dos reformas monetarias


llevadas a cabo en el siglo XIX en Rusia. La reforma de 1839-1843 se puso de ma-
nifiesto en que los billetes de papel moneda devaluados eran cambiados por billetes
de crédito bancario –con una tasa de cambio de 3,5 rublos por 1 rublo de plata–, los
cuales, a su vez, eran sujetos de cambio por oro y plata conforme su valor nominal.
Según la reforma monetaria de 1897, los así denominados “billetes de crédito”, los
cuales de hecho se habían transformado en dinero papel, y cuya cambiabilidad ha-
bía sido suspendida desde la época de la guerra de Crimea (1853-1856), volvieron
nuevamente a ser cambiados por monedas de oro según su valor nominal (rublo por
rublo), pero a su vez el contenido de oro del rublo quedó disminuido en un 1/3 (de
26,1 hasta 17,4 partes de oro puro).

7.7. Crítica a las diversas interpretaciones burguesas del proceso inflacio-


nario
Tergiversando la esencia y las causas de la inflación, los economistas bur-
gueses frecuentemente identifican la inflación con la elevación general de los pre-
cios mercantiles. Así, por ejemplo, los economistas burgueses estadounidenses F.
Luthringer, L. V. Chandler, D. C. Cline y otros comparten la siguiente definición:
“Cualquier período, en el cual el nivel de los precios se eleva, sea este un cambio
secular, cíclico o irregular, es un período inflacionario”14.

14 Luthringer, G. F.; L. V. Chandler and D. C. Cline. Money Credit and Finance. Boston, 1938, p. 140.
234 Francisco Chaparro Zapana

La falsedad más importante de esta definición radica en que bajo el concepto


de “inflación” se comprende todas las formas de elevación general de los precios
mercantiles sin considerar las causas que las provocan. Pero el incremento de precios
puede tener tanto un carácter inflacionario como no inflacionario. Si la elevación
de los precios está determinada por la sobresaturación de los canales de la circu-
lación por signos monetarios, entonces esta es una inflación. Si la elevación de
precios es provocada por otras causas, por ejemplo, por la disminución del valor del
oro, la imposición de precios elevados por los monopolios, o por el incremento de la
demanda por encima de la oferta de las mercancías en los momentos de expansión
industrial, entonces, no hay ningún fundamento para adscribirla al concepto de “in-
flación”. Al proceder así, los economistas burgueses pretenden expiar de culpa a los
monopolios por la elevación de los precios y, también, explicar la alternancia del
auge y la crisis como consecuencia de las oscilaciones de la circulación monetaria y
no como obra de las contradicciones de la producción capitalista.

Los economistas burgueses, por lo general, ocultan la relación entre la infla-


ción y la elevación de los gastos militares de las potencias imperialistas. También
ocultan o incluso niegan abiertamente las consecuencias perniciosas de la inflación
para la clase obrera. Por ejemplo, el economista inglés G. Hutton, tergiversando la
realidad, anuncia que con la inflación “los obreros más sólidamente organizados
actúan en mejores condiciones: los trade-uniones”15.

Muchos de aquellos economistas incluso responsabilizan a la clase obrera por


la inflación. Para este propósito sirve la difundida teoría burguesa contemporánea de
la “espiral inflacionaria de los salarios y los precios”. Por ejemplo, los partidarios de
esta teoría, los economistas estadounidenses Hart, Chandler y otros, como también
los socialistas de derecha, sostienen que la elevación del salario que obtienen los
obreros con ayuda de los sindicatos provoca el incremento de los precios, y que este
trae consigo una nueva elevación del salario, y así sucesivamente. En ello se expresa
la afamada “espiral inflacionaria”.

La base teórica de esta errada concepción se fundamenta en la teoría burguesa


de los gastos de producción, según la cual el salario, por ser uno de los elementos de
los gastos de producción, elevaría el nivel de los precios mercantiles. Sin embargo,
los precios de las mercancías son determinados por el valor y no por los gastos de
producción. La elevación del salario en condiciones uniformemente estables trae
consigo no una elevación de los precios, sino una reducción en la ganancia de los
capitalistas.

La teoría de “la espiral inflacionaria del salario y los precios” es inconsis-


tente desde sus propias raíces, ya que tergiversa la relación causal de los fenóme-

15 Hutton, G. Inflation and Society. London, 1960, p.107.


Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 235

nos presentando la consecuencia como la causa. La inflación, puesta de manifiesto


en la elevación de los precios mercantiles, concita una lucha tenaz de los trabajado-
res por la elevación del salario monetario, y no al revés. Es decir, que la elevación
del salario de ningún modo es la causa de la inflación. La orientación clasista y el
carácter reaccionario de la teoría de la “espiral inflacionaria” consiste en que, deposi-
tando la responsabilidad de la inflación en la clase obrera, justifica la brutal ofensiva
de la burguesía sobre el nivel de vida de los trabajadores, e intenta fundamentar la
política de “congelamiento” de salarios aplicada por los Gobiernos burgueses (bajo
el eslogan de la “lucha contra la inflación”).

8. LAS PARTICULARIDADES DE LA INFLACIÓN EN EL CAPITALISMO CON-


TEMPORÁNEO

8.1. Las dimensiones mundiales de la inflación


En los siglos XVIII y XIX, la inflación tenía un carácter mayormente local, es
decir, que afectaba en uno u otro período solo a un país. Por el contrario, en la época
de la crisis general del capitalismo la inflación no se localiza, sino que envuelve al
mundo capitalista entero. Aun en los años de la Primera Guerra Mundial, la inflación
se producía al mismo tiempo en varios países protagonistas de la guerra –Inglate-
rra, Francia, Alemania, Rusia y otros–. La crisis económica mundial de 1929-1933,
tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados, y la Segunda Guerra
Mundial desencadenaron el torbellino de una enorme inflación en todo el mundo
capitalista.

La dimensión mundial de la inflación está relacionada no solo con la dimen-


sión mundial de la guerra, sino con las causas que en forma directa generan la in-
flación, como son las enormes sumas en gastos militares y los déficits en los presu-
puestos nacionales, los cuales se ponen de manifiesto en todos los países del sistema
capitalista.

8.2. El carácter prolongado de la inflación


La inflación tuvo un carácter esporádico durante los siglos XVIII y XIX, en-
tonces, los períodos de su relativa corta duración se alternaban con otros de larga
duración de funcionamiento de las divisas estables16. Por el contrario, en la época
de la crisis general del capitalismo, la inflación se hace casi un fenómeno crónico.
Los períodos de permanencia de las divisas relativamente estables se presentan solo
como intervalos relativamente breves en medio de los períodos de inflación prolon-
gada. Así, de los 25 años transcurridos desde el inicio de la Primera Guerra Mundial
hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de divisas capitalistas se

16 La Rusia zarista fue una excepción, donde la inflación se prolongó, y la moneda de oro estable fue introducida solo
a fines del siglo XIX.
236 Francisco Chaparro Zapana

mantuvo estable solamente durante 5 años (1924-1928). En los siguientes 25 años,


que incluyen la Segunda Guerra Mundial y los años posteriores, en algunos países
capitalistas la inflación fue permanente, y en otros, de un prolongado período.

La inflación prolongada, casi crónica, era determinada por una profunda


contracción de la economía capitalista y sus finanzas en las condiciones de la
crisis general del capitalismo. En la etapa premonopolista del capitalismo, su eco-
nomía era relativamente estable.

Las grandes guerras transcurridas de tiempo en tiempo generaban en uno u


otro país una inflación de corta duración, pero al final de la guerra la inflación como
siempre era superada rápidamente. La situación, sin embargo, es otra durante la cri-
sis general del capitalismo, cuando la economía capitalista experimenta profundas
conmociones y no por breves plazos, sino que es permanentemente inestable. El mi-
litarismo se transforma en el mundo capitalista en un fenómeno crónico; los gastos
militares alcanzan dimensiones colosales, se desbarajustan las finanzas del Estado y
la inflación se hace casi crónica.

8.3. La inflación sirve también como instrumento para obtener una elevada
ganancia de monopolio
En las condiciones del capitalismo monopolista, la inflación sirve también
como una de las palancas empleadas por la burguesía monopolista para obtener ele-
vadas ganancias. Como los precios de las mercancías de las empresas monopolistas,
en especial en los períodos de inflación, se incrementan fuertemente, los monopolios
se apropian de la mayor parte de la superganancia inflacionaria total obtenida por
toda la clase capitalista.

Los monopolios no solo se valen en mayor grado de la situación inflacionaria


para elevar los precios de sus mercancías, sino que disponen de mayores posibilida-
des de reacción contra la elevación del salario nominal, empleando tanto su propio
poderío económico como también la fuerza del Estado burgués para aprobar leyes
que disponen el “congelamiento” de los salarios.

Los monopolios se valen de la inflación para reforzar no solo la explotación de


los asalariados, sino también de los pequeños productores. Aquí tiene gran importan-
cia el hecho de que en las condiciones de una inflación, los precios de los productos
de los pequeños productores se elevan más lenta y menos intensamente que los pro-
ductos de la industria monopolizada.

Como los monopolios venden sus mercancías a precios elevados y compran


productos de los campesinos y artesanos a precios relativamente bajos, se enriquecen
a costa de apropiarse de una parte significativa del valor creado por el trabajo de los
pequeños productores.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 237

Los monopolios usan también la inflación para redistribuir a su favor la plus-


valía en perjuicio de la burguesía no monopolista. El problema radica en que la de-
manda inflacionaria adicional la plantea el Estado burgués, ante todo, para las mer-
cancías de las empresas monopolistas (armas, pertrechos, equipos militares, etc.), las
cuales se benefician con precios elevados de los pedidos estatales. Con esa finalidad
la emisión monetaria adicional se la emplea abiertamente para el financiamiento de
los monopolios. Mientras tanto, a las empresas no monopolistas la demanda infla-
cionaria les llega más tarde y en menor grado, por cuya razón los precios de sus mer-
cancías se elevan más lentamente que las mercancías de la industria monopolizada.
Por eso, la inflación altera la correlación de los precios de las diversas mercancías en
favor de la burguesía monopolista y en perjuicio de los productores independientes
(out saiders), y trae consigo la redistribución del volumen total de la plusvalía en
beneficio de los monopolistas.

8.4. Los nuevos fenómenos en el mecanismo de la inflación


Durante los siglos XVIII y XIX, la inflación se realizaba generalmente a través
del mecanismo de emisión del papel moneda por el tesoro público. En el siglo XX los
Estados burgueses, como regla, no usan la emisión de bonos del tesoro público para
financiar sus déficits presupuestales, sino la emisión de notas de crédito bancarias no
cambiable por los bancos emisores. Debido a ello es que la inflación externamente
actúa en forma de crédito; su mecanismo opera así: el Estado emite letras de cambio
del tesoro público y las deposita en la cuenta del banco emisor, obteniendo de este
último préstamos en forma de notas de crédito bancarias no cambiables por oro, y
también sumas de dinero colocadas en la cuenta corriente del tesoro público. Con
estos medios monetarios, el Estado cancela cuentas con los abastecedores de armas,
con los oficiales militares, con los funcionarios, etc. Tras la careta de la emisión de
notas de crédito y cheques bancarios, aquí se esconde la emisión inflacionaria del
dinero papel.

En el contexto del capitalismo contemporáneo, el proceso inflacionario in-


cluye en sí no solo la emisión de una cantidad excesiva de notas de crédito banca-
rias, sino también una elevación inflacionaria de los depósitos bancarios. Cuando
los bancos abren en una línea de crédito las cuentas corrientes a sus clientes y estos
firman los cheques y los usan para comprar los papeles estatales valorados, enton-
ces, la circulación de cheques bancarios gira en base a tales “depósitos ficticios”,
se desvincula de las reales necesidades de la circulación mercantil, haciéndose tan
excesiva como la circulación de las notas de crédito bancarias.

En las condiciones del capitalismo contemporáneo las devaluaciones mone-


tarias también adquieren un nuevo aspecto. En el siglo XIX las devaluaciones por
lo general eran acompañadas por el restablecimiento del cambio de los signos del
valor por oro, mientras ellas servían como método de estabilización de las divisas.
238 Francisco Chaparro Zapana

Pero, desde la década del treinta de siglo XX las devaluaciones ya no se acompañan


por las vueltas al estándar oro, y tampoco conducen a la estabilización de las divisas.
Por ejemplo, en 1934 se produjo la devaluación del dólar (su contenido de oro fue
disminuido de 1/20 a 1/35 de una onza de oro) sin el respectivo restablecimiento de
la divisa de oro, y en adelante el dólar continuó devaluándose. En 1949, 37 países
capitalistas, incluida Inglaterra, y en 1967, Inglaterra y 20 países más, devaluaron
sus unidades monetarias, igualmente, sin introducir una divisa de oro estable.

8.5. El nivel inflacionario en los diversos países


En resumen, tanto durante la inflación del período de la guerra como en la de
posguerra, se observa una gran desproporción entre el incremento de la masa mone-
taria y la ampliación de la producción. Esto se evidencia en el siguiente cuadro:

Índices de la masa monetaria y de


la producción industrial en 1966
Masa monetaria en circulación
(1937 = 100)
PAÍSES
En miles de millones Producción
Masa monetaria
1937 1966 industrial

Estados Unidos 5,5 39,0 709 370


Inglaterra 0,46 2,8 609 200
Francia 0,94 69,9 7436 294
Italia 18 4567 25372 462
Japón 2 2589 129450 530

Fuente: International Financial Statistics de los años correspondientes.

Los datos del cuadro muestran que en los países capitalistas, desde 1937 hasta
1966, la masa monetaria se incrementó significativamente: en los Estados Unidos en
7 veces; en Inglaterra en 6,1; en Francia en más de 74; en Italia casi en 254; en Japón
en 1295 veces. En todos estos países este crecimiento supera en mucho al crecimien-
to de la producción industrial, producción que durante este período se incrementó en
los Estados Unidos en 3,7 veces; en Inglaterra en 2; en Francia en 2,9; en Italia en
4,6; en Japón en 5,3 veces. Además de poner en circulación los bancos emisores una
cantidad excedente de signos monetarios, tenía lugar también un aumento inflacio-
nario de los depósitos bancarios.

La inflación se puso de manifiesto en la caída significativa de la capacidad


adquisitiva del dinero. El índice de precios al por mayor se elevó de 1937 a 1966 en
los Estados Unidos en 2,2 veces; en Inglaterra, en 3,9 veces; en Francia, casi en 40
veces; en Italia, en 56; en Japón, en 272 veces. La inflación en los países capitalistas,
posterior a la Segunda Guerra Mundial, está estrechamente ligada a la carrera arma-
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 239

mentista y confirma la profunda contracción de la circulación monetaria, que es una


de las expresiones de la crisis de todo el sistema capitalista.

Tanto en amplitud como en su grado de profundad y agudeza, los procesos


inflacionarios son distintos en los diversos países y en los diferentes períodos histó-
ricos. Para las principales potencias imperialistas la inflación fue mayor en Francia,
Italia y Japón durante la Segunda Guerra Mundial y en los primeros años posteriores
a la misma. Esto se debió a que en dichos países, a consecuencia de la guerra, al
enorme incremento de la masa monetaria se le contraponía una producción decre-
ciente de mercancías (el volumen de la producción industrial anterior a la guerra solo
fue recuperado en Francia e Italia en 1948 y en Japón en 1952). En los años cincuen-
ta y en la primera mitad de los sesenta, el ritmo de crecimiento de la masa monetaria
en los países capitalistas desarrollados se redujo significativamente en comparación
con el de los años cuarenta, mientras que el volumen de la producción creció noto-
riamente, en contraposición al desarrollo del proceso inflacionario.

La expansión de la masa monetaria en la mayoría de países continúa, más


o menos, superando al crecimiento de la producción, lo que motiva un proceso
inflacionario. Así, desde 1960 hasta 1966, en Inglaterra, la cantidad de dinero
en circulación aumentó en 34% y la producción industrial solo en 19%; para
Francia los índices respectivos son 73% y 36%; para Italia, 91% y 54%; y para
Japón, 136% y 95%.

Una muestra innegable de inestabilidad monetaria en la segunda mitad del


siglo XX fue la devaluación de la libra esterlina inglesa en noviembre de 1967,
puesta de manifiesto en la disminución del tipo de cambio de L1 = $2,8 a L1 = $2,4.
La devaluación de la libra esterlina trajo consigo la elevación generalizada de los
precios en Inglaterra. Esta devaluación afectó a los sistemas monetarios de más de
veinte países.

En esta misma etapa, la inflación ha sido más aguda en los países económica-
mente menos desarrollados, en especial en América Latina. En estos países, por su
mayor dependencia económica de los EE. UU., los gastos de sus presupuestos nacio-
nales han superado sistemáticamente a sus ingresos, y el déficit se cubre mediante la
emisión inflacionaria de dinero papel. En un período relativamente corto, de 1960 a
1966, la cantidad de dinero en circulación se incrementó en Argentina en 3,6 veces;
en Brasil en 12,8 veces; y en Chile en 6,4 veces. Este incremento supera significati-
vamente a la circulación mercantil (por ejemplo, durante este período, en Argentina
la producción industrial aumentó solo en 22%; y en Chile, en 46%), ocasionando una
aguda devaluación de las monedas latinoamericanas.

De todo lo expuesto, se evidencia que el capitalismo contemporáneo se carac-


teriza por un profundo desorden en su sistema monetario.
240 Francisco Chaparro Zapana

8.6. La actual crisis financiera global y la guerra monetaria


Harry Dexter White, uno de los fundadores de las instituciones de Bretton
Woods (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, etc.), comentó en cierta
ocasión que las guerras monetarias son la forma más destructiva de guerra económi-
ca. La guerra económica conduce por último a la guerra armada.

A inicios del 2010 la actual crisis financiera global lleva ya tres años de su
irrupción en escena, y desde entonces no hace más que agravarse. En sus expresio-
nes manifiestas, esta crisis –como dice Raúl Sagastizabal17– es el resultado de una
combinación peligrosa: especulación y avaricia, promoción abierta y activa de la
apertura de los mercados de capital a bancos extranjeros e instrumentos financieros
innovadores, y falta de control y regulación. Y los culpables directos son: la banca
y las instituciones financieras privadas, con la complicidad de las calificadoras de
riesgo crediticio, los organismos multilaterales de crédito, promotores activos de la
apertura de los mercados de capital y de los instrumentos financieros estructurados,
y finalmente los Gobiernos, que deciden en exclusiva, por un lado, en qué invierten
sus fondos soberanos, y por otro la regulación y los controles internos. Los miles de
millones de dólares volcados en la banca en sucesivos rescates ponen en evidencia la
magnitud del problema en las potencias imperialistas industrializadas.

El foro elegido para buscar una salida concertada, el Grupo de los 20 (G-20),
hace suponer que estamos ante la incapacidad de los líderes de las grandes potencias de
dar una respuesta desde foros más cerrados, como el G-5 o el G-8, o bien, simplemente,
ante una estrategia de reparto de costos para cuando repercutan los mayores impactos
globales. Los países en desarrollo y las economías en transición, muchos de las cuales
no tienen ni arte ni parte en la crisis ni en la solución, pagarán culpas ajenas con más
pobreza y desempleo, y endeudándose nuevamente, a cambio de promesas de mayor
participación en la toma de decisiones, que tendrá lugar, si es que se concretan, entre el
2010 y el 2011. De los países en desarrollo de América Latina, hay dos señales a tener en
cuenta: Brasil aportará 10 000 millones de dólares para recapitalizar el FMI; México, por
el contrario, solicita una línea de crédito del organismo por 47 000 millones. Una tercera
señal es la falta de un foro político regional para actuar como bloque, con más fuerza
que aisladamente, para tratar de evitar las consecuencias más penosas y obtener algo en
contrapartida por cargar con costos ajenos.

China, por su parte, que es la tercera economía del mundo, cobra fuerza como
actor en la toma de decisiones reclamando un lugar de par en la mesa chica, y a cam-
bio acepta poner más recursos para reactivar la economía mundial, mientras mantie-
ne su propia estrategia de liderazgo comercial de facto, mediante acuerdos y swaps
bilaterales y regionales. En los últimos tres meses el gigante asiático ha celebrado
swaps por más de 100 000 millones de dólares, ingresando como país miembro en

17 Sagastizabal Raúl. "Crisis financiera global y guerra monetaria". In Depth News Analisis That Matters. Montevideo, 2009.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 241

el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y liderando el reclamo de reforma de


la condicionalidad del FMI y de la redistribución del poder de voto en el organismo
(su poder de voto en el FMI es de tan solo 3,67%, en tanto que el de EE. UU. es de
16,83%). Los países industrializados, aunque en forma calculada, culpan a EE. UU.
por la crisis, en tanto este sostiene que su capacidad de consumo no puede ser el
único motor del crecimiento, y que este último arrastró al mundo durante el reciente
ciclo ascendente. Sin embargo, en esta crisis hay muchas responsabilidades y culpas
compartidas.

Entre tanto, sobre la crisis se ha montado un debate económico y monetario,


casi una guerra monetaria. Algunos líderes del mundo hablan de un nuevo orden eco-
nómico internacional y otros adelantan un nuevo orden mundial multipolar. Desde
comienzos de marzo del 2008 la ruta a la cumbre de Londres aparecía jalonada de
obstáculos insalvables. En particular, en cuanto a las medidas inmediatas: la posi-
ción de EE. UU., que pedía un gran estímulo fiscal y rechazaba la idea de crear un
superregulador y la de la Unión Europea que se negaba a inyectar dinero público en
la economía y hacía hincapié exclusivamente en una mayor regulación y supervisión
interna e internacional.

En el camino aparecieron otros debates, como el papel de China en la mesa


de las decisiones, urgencia de fondos de algunas economías emergentes y países
en desarrollo, los paraísos fiscales y la reforma de los organismos multilaterales
de crédito. Y algunas sorpresas, como el documento del gobernador del Banco de
China, proponiendo la creación de una nueva supermoneda de reserva, que podría
ser el derecho especial de giro (DEG) del FMI. De inmediato la propuesta fue apo-
yada por Rusia, que ya había hecho un pedido similar, considerada legítima por el
FMI, e impulsada rápidamente por el premio Nobel Joseph Stiglitz, quien desde su
Comisión en la ONU adelanta que podría estar en curso en apenas doce meses. La
otra sorpresa, tal vez mayor, es que todos coinciden en reflotar a los organismos
multilaterales de crédito, FMI y Banco Mundial, que llevan ya una larga década de
desprestigio, tras tantos fracasos en la prevención y solución de crisis, episodios de
corrupción y cuestionados resultados en materia de desarrollo, y que además, como
ya se mencionó, son parte del problema. Los líderes del G-20 han acordado aumentar
sus recursos para apagar el incendio en las economías emergentes y países en desa-
rrollo y por ahora han prometido un cambio en la condicionalidad y poder de voto.
La magnitud del aumento indica la gravedad de los impactos previstos. Entre tanto
varios países iniciaron una devaluación competitiva de los tipos de cambio y otros
tantos adoptaron una gran cantidad de medidas proteccionistas.

El presidente Barak Obama llegó a la cumbre morigerando el tono de las dife-


rencias. Reconoció que las medidas que propone son costosas y que los contribuyen-
tes reclaman certeza sobre el destino de ese dinero. Que temen que los Gobiernos
sigan poniendo dinero en rescatar a la banca, a la que consideran responsable de
esta catástrofe, sin consecuencias para la solución de sus problemas concretos. Sos-
242 Francisco Chaparro Zapana

tuvo, asimismo, que EE. UU. no podía solo, que no estaba allí buscando culpables
sino soluciones, y que la gente esperaba una muestra firme de esfuerzos concerta-
dos. No dejó de mencionar, sin embargo, que los países no podían esperar aumentar
sus ingresos de exportación sobre el irracional consumo estadounidense. Finalmente
sostuvo que confiaba en llegar a una postura común. Contó no solo con el apoyo
británico frente al eje Alemania-Francia en la pelea entre estímulo fiscal o mayor
regulación, sino que otros países, como los del BRIC (Brasil, Rusia, India y China),
por ejemplo, compartieron su postura de impulsar la demanda y el consumo para
reactivar el comercio y la economía en general. La suerte estaba echada: lo peor que
podía pasar en Londres era que entre todos empeoraran las cosas. Entre bastidores
primó la urgencia, y finalmente llegaron, por temor, a una solución de compromiso.

Ahora parece asomar un mundo multipolar en el que ya se vislumbran tres


grandes bloques: el anglosajón; el de Alemania y Rusia + Francia, y el de China y sus
vecinos asiáticos. Cada polo parece dispuesto a pelear por su espacio y suponemos
nuevamente a arrastrar a los países menores, que a lo sumo solo podrán elegir dónde
alinearse. Repasemos escuetamente la nueva agenda planteada por los principales
actores de este tiempo turbulento:

Por ejemplo, la Unión Europea adopta un enfoque diferente frente a la crisis


financiera. Las autoridades de EE. UU. han pedido repetidamente a los países de la
UE que tomen medidas de estímulo fiscal para impulsar la demanda, como medio
para salir de la actual crisis financiera. En vísperas de la cumbre de la UE, Angela
Merkel y el presidente francés Nicolás Sarkozy recalcaron que la posición común
de la UE para la cumbre de Londres se centrará en la construcción de un nuevo sis-
tema financiero internacional. Esta posición fue adoptada por todos los líderes de
la UE. En la reunión de los ministros de finanzas y autoridades de bancos centrales
de los países del G-20, del 14 de marzo de 2008, Brasil, Rusia, India y China, que
conforman el BRIC, pidieron la adopción de medidas inmediatas para ampliar el
poder de esos cuatro países en el FMI. Aparentemente existen desacuerdos incluso
entre los tres grandes de la UE, Gran Bretaña, Francia y Alemania. Estos dos últimos
temen ahora que en la cumbre de Londres, Gran Bretaña cambie su actual postura y
apoye finalmente a EE. UU., lo que debilitaría la posición europea común. La actual
crisis financiera mundial trae consigo una oportunidad para crear un nuevo orden
económico, sostuvieron la canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro
holandés, Jan Peter Balkenende.

Las máximas autoridades de Alemania culpan a EE. UU. por la crisis financie-
ra. “Estados Unidos, y permítanme enfatizarlo, Estados Unidos, es el único culpable
por la crisis financiera (…) no Europa, ni la República Federal de Alemania”. El mi-
nistro de Finanzas alemán predijo además que “el mundo nunca más será como era
antes de la crisis; el sistema financiero se volverá más multipolar. Wall Street nunca
más será lo que fue”.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 243

Las medidas adoptadas por Suiza encienden la chispa de una guerra mo-
netaria. El Banco Nacional de Suiza intervino en el mercado de cambios para
devaluar el franco suizo: esta es la primera vez que un gran banco central in-
terviene en este sentido, desde que Japón hizo lo propio en 2004, para devaluar
el yen. “Esta medida es el inicio de guerras monetarias”, dijo Chris Turner, de
ING Financial Markets. Países de todo el mundo, enfrentados con el problema
de tasas de interés cero, pueden considerar aceptable intervenir para devaluar sus
monedas a modo de facilitar las condiciones monetarias, dijo, y agregó que otras
economías dependientes de las exportaciones, como Japón, probablemente estén
“a la cabeza de la cola”.

El estallido de la actual crisis y su propagación en el mundo nos plantea una


pregunta de larga data que aún no tiene respuesta; qué tipo de moneda de reserva
internacional necesitamos para garantizar la estabilidad financiera global y el creci-
miento económico mundial, que fue uno de los objetivos del FMI. Confiar parte de
las reservas de los países miembros a la administración centralizada del FMI debe
mejorar la capacidad de la comunidad internacional para enfrentar las crisis y man-
tener la estabilidad del sistema monetario y financiero internacional, ampliando el
papel de los derechos especiales de giro (DEG).

China pide la creación de una nueva moneda que eventualmente reemplace


al dólar como parámetro mundial, reflejando un creciente descontento con el papel
de los EE. UU. en la economía global. La inusitada propuesta, formulada por el
gobernador del Banco Central de China, Zhou Xiaochuan, en un ensayo publicado
ayer en Beijing, es parte del firme y progresivo enfoque de China en la búsqueda de
una respuesta global a la crisis financiera. La propuesta del gobernador Zhou fue
presentada en medio de los preparativos para la Cumbre de Países Industrializados
y en Desarrollo, el Grupo de los 20, prevista para la próxima semana, en Londres.
En el pasado, en esas reuniones, las naciones desarrolladas han criticado las políticas
económicas y monetarias de China. Esta vez China está a la ofensiva, respaldada
por otras economías emergentes, como Rusia, dejando claro que quiere un nuevo
orden económico mundial menos dominado por los EE. UU. y otras naciones ricas.
Al igual que China, Rusia recomienda que sea el FMI el que emita la nueva moneda,
e hizo hincapié en la necesidad de actualizar el “obsoleto orden económico mundial
unipolar”.

La nueva moneda de reserva podría llegar rápidamente. La propuesta de un


sistema de moneda de reserva basado en la unidad del FMI, en lugar del dólar de
los EE. UU., presentada por China, podría introducirse paulatinamente en el curso
de un año, reiteró el economista premio Nobel Joseph Stiglitz, porque “El sistema
de reserva basado en el dólar es deflacionario, inestable y conlleva además algunas
desigualdades”.
CAPÍTULO VII

El capital y la plusvalía

1. LA PROPIEDAD PRIVADA CAPITALISTA DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN


Ningún fenómeno de la sociedad capitalista puede ser comprendido ni ex-
plicado a cabalidad sin el estudio de las relaciones de producción del sistema. La
base esencial del régimen burgués es la propiedad capitalista sobre los medios de
producción, a la cual no se la debe confundir de ningún modo con la propiedad
privada de los medios de consumo.

1.1. Los rasgos esenciales de la propiedad capitalista


A diferencia de la pequeña propiedad privada de la economía mercantil simple,
caracterizada por la unidad entre la propiedad y el trabajo, la propiedad capitalista
se caracteriza por la disociación entre la propiedad y el trabajo. En el capitalismo,
los medios de producción son de propiedad privada de los capitalistas, quienes al
producir bienes y servicios no gastan su propio trabajo, sino el trabajo ajeno, porque
los productores directos son los trabajadores asalariados. La característica esencial
de la propiedad capitalista es que sirve como base de la explotación del trabajo
asalariado.

En el capitalismo, cuyo sistema de propiedad privada es el más evolucionado


de los modos de producción, los agentes económicos fundamentales son: la clase
empresarial capitalista, propietaria de los medios de producción, y la clase traba-
jadora asalariada, privada de aquellos medios. La interacción económica de ambas
clases se reproduce sobre la base de la sistemática reproducción del plusproducto
bajo la forma de plusvalía (fuente material de la ganancia capitalista), cuyo elemen-
to constituye, a su vez, la fuerza motriz propulsora del propio sistema económico
capitalista.

1.2. Las principales formas de propiedad capitalista


La primera forma de propiedad capitalista es la propiedad individual de los
medios de producción, predominante durante las etapas del capitalismo mercantil y
de la libre competencia.

Al desarrollarse y consolidarse la producción capitalista en gran escala, se ini-


cia el desarrollo acelerado de la forma de propiedad capitalista asociativa o corpo-
246 Francisco Chaparro Zapana

rativa, o sea la propiedad de las compañías accionistas. En la época del imperialismo


esta segunda forma de propiedad se hace predominante, la cual actúa en gran medida
como propiedad monopólica u oligopólica de las más grandes corporaciones.

Los economistas burgueses ocultan la naturaleza social de clase de la propie-


dad capitalista corporativa, presentándola en forma de propiedad “popular” y al capi-
talismo contemporáneo como “capitalismo popular”. Pero en realidad la naturaleza
económico-social esencial de la propiedad capitalista corporativa no difiere de la
forma de propiedad individual. A una y otra les son característicos dos rasgos fun-
damentales, inherentes a cualquier forma de propiedad capitalista: 1. La separación
entre el trabajo y la propiedad de los medios de producción, los cuales pertenecen a
los capitalistas; y 2. El uso de la propiedad de los medios de producción como medio
de explotación del trabajo asalariado.

La tercera forma de propiedad es la propiedad capitalista estatal. Aún en el


siglo XIX, en algunos países capitalistas (Alemania, Francia, EE. UU., incluso el
Perú), los ferrocarriles y algunas empresas productoras de bienes y servicios también
eran de propiedad del Estado, pero dicha forma de propiedad adquiere su mayor de-
sarrollo en el capitalismo contemporáneo. Por ejemplo, después de la Segunda Gue-
rra Mundial en Inglaterra fueron estatizados: la industria del carbón, las centrales
eléctricas, el transporte ferroviario y la banca; y en el Perú, durante la primera mitad
de la década del setenta, se constituyeron la gran mayoría de empresas estatales,
entre ellas: Petroperú, Mineroperú, Hierroperú, Electroperú, etc.

Los economistas burgueses, al distorsionar la naturaleza de la propiedad es-


tatal capitalista, tratan de presentarla como una forma de propiedad no capitalista.
Incluso hay corrientes teóricas reformistas de diversas tendencias que sostienen que
la propiedad estatal en los países capitalistas constituye un elemento del socialismo,
cuyo fenómeno es tema de ardua discusión. Sin embargo, semejantes teorías aún no
tienen suficiente asidero en la realidad, porque el Estado burgués continúa siendo
un órgano de dominación de la clase capitalista. Mientras tanto, la propiedad estatal
burguesa sobre algunos medios de producción es solo una variante especial de la
propiedad capitalista, ya que: 1. Ella pertenece y sirve a la clase capitalista, mientras
acapare el poder en beneficio de los capitalistas y en desmedro de las clases trabaja-
doras; y 2. Porque sirve de instrumento de explotación del trabajo asalariado.

2. LA TRANSFORMACIÓN DEL DINERO EN CAPITAL

2.1. La circulación mercantil simple, la fórmula general del capital y su con-


tradicción
En la sociedad capitalista, tanto los medios de producción como el dinero, al
concentrarse en manos de los capitalistas, se transforman en capital.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 247

A diferencia de la circulación mercantil simple (M - D - M), la circulación del


dinero como capital (D - M - D) se pone de manifiesto en que el capitalista compra
inicialmente con dinero determinadas mercancías y solo después de vender sus mer-
cancías recupera de la circulación su dinero. La fórmula D - M - D es la fórmula
general del capital, porque en todos los sectores de la economía capitalista el movi-
miento del capital transcurre de esta forma.

Los rasgos comunes entre la circulación mercantil simple y la circulación del


dinero como capital son:
En primer lugar, ambos procesos de circulación están conformados de dos
fases: la venta y la compra.
En segundo lugar, en cada una de esas dos fases figuran los mismos elemen-
tos: la mercancía y el dinero.
Y en tercer lugar, en ambos procesos de circulación los hombres se vinculan
entre sí como vendedores y compradores.

Pero, al mismo tiempo, entre ambos procesos de circulación hay diferencias


sustanciales:

La primera diferencia es que las mismas fases de la circulación tienen una


continuidad contrapuesta. La circulación mercantil simple se inicia con la venta
y culmina con la compra. La circulación del dinero como capital se inicia con la
compra y culmina con la venta. Por consiguiente, la circulación mercantil simple
representa en sí una venta para efectuar una compra, mientras que la circulación del
dinero como capital es una compra para efectuar una venta.
La segunda diferencia consiste en que en la circulación mercantil simple el di-
nero se gasta definitivamente en un solo proceso de rotación sin retornar a manos
del productor de la mercancía; pero, al contrario, en el ciclo mercantil capitalista
D - M - D el empresario solo anticipa una suma de dinero que debe ser recuperada
de nuevo al finalizar este.
La tercera diferencia, la más importante entre ambas formas de circulación,
radica en que los objetivos finales que motivan su movimiento son totalmente dife-
rentes.

En la circulación mercantil simple, el productor vende su mercancía porque


esta no representa para él un valor de uso (por ejemplo, un paño), pero compra una
mercancía ajena capaz de servirle como valor de uso (por ejemplo, el trigo). Aquí la
causa motriz propulsora de las transacciones de intercambio es la satisfacción de las
necesidades, o sea la obtención del valor de uso.

En la fórmula general del capital la situación es completamente distinta. En


ella, el valor de uso no sufre ninguna modificación, por cuanto el dinero tiene el mis-
248 Francisco Chaparro Zapana

mo valor de uso al iniciar y al finalizar su circuito. Evidentemente, si el capitalista


pusiera en circulación una determinada suma de dinero, digamos 5000 dólares, y lo-
grara recuperar de la circulación exactamente la misma suma, entonces toda aquella
circulación monetaria carecería de sentido. La presente circulación monetaria tendrá
sentido solo si la suma final de dinero, obtenida por el capitalista al vender sus mer-
cancías, supera a la suma inicialmente anticipada.

Por eso la fórmula general del capital debe expresarse como: D - M - D’,
donde D’ = D + dD, es decir que la suma final de dinero obtenida por el capitalista,
luego de vender sus mercancías, es igual a la suma de dinero inicialmente anticipada
más algún incremento, que representa en sí la plusvalía. Del mismo modo que para
la circulación M - D - M la finalidad es la obtención de un valor de uso, para la
circulación D - M - D’ la finalidad es el incremento del valor, la obtención de plus-
valía bajo la forma de ganancia.

Y, finalmente, la cuarta diferencia entre la circulación mercantil simple y la


fórmula general del capital radica en que la primera tiene su límite en la necesidad
del productor mercantil, mientras que la finalidad del capitalista es el incremento
ilimitado del valor, el enriquecimiento permanente, por cuanto la codicia capitalista
por obtener mayores ganancias es insaciable.

2.2. La imposibilidad de que la plusvalía se origine en la esfera de la circulación


A primera vista pareciera que el capitalista logra incrementar el valor del ca-
pital en el proceso mismo de la circulación mercantil (en el comercio), como si
lograra vender a más precio las mercancías compradas por él. Esta es la explicación
que dan muchos economistas burgueses sobre la obtención de la plusvalía por los
capitalistas. Sin embargo, Marx demostró que semejante interpretación es absurda1,
fundamentando sus conclusiones con los siguientes argumentos:

Si la oferta y la demanda son iguales (O = D), entonces procede un intercam-


bio de equivalentes, en cuyo proceso de circulación no se puede dar incremento de
valor alguno. El intercambio de equivalentes significa que se produce solamente
una mutación de las formas del valor, sin variar la magnitud del mismo.

La plusvalía no puede originarse en el proceso de la circulación y tampoco en


los distintos casos del intercambio desigual.

Primera variante: supongamos que todos los capitalistas venden sus mercan-
cías con 10% más de su valor. En tal caso, ellos ganarían al vender sus mercancías
exactamente la misma suma que perderían al comprar las mercancías ajenas sobre-
valuadas. En consecuencia, no puede originarse incremento alguno de valor.

1 Marx, Carlos. El capital. T. 1 Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1980. pp. 123-126.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 249

Segunda variante: si todos los capitalistas compraran mercancías con un 10%


menos de su valor, entonces ellos ganarían al comprarlas la misma suma que perde-
rían al venderlas, o sea que tampoco habría incremento alguno del valor.

Y así, tanto las ventas sobrevaluadas de todas las mercancías como las com-
pras subvaluadas de todas las mercancías no pueden originar plusvalía alguna,
porque todos los capitalistas a su turno, alternadamente, intervienen ya sea como
vendedores o como compradores.

Tercera variante: el intercambio desigual entre capitalistas aislados. Supon-


gamos que antes de la circulación, el capitalista A posee mercancías con un valor
de 90 000 dólares, y el capitalista B, mercancías con un valor de 110 000 dólares;
posteriormente, el capitalista A logra engañar al capitalista B, de modo que a conse-
cuencia del proceso de circulación en las manos de A aparecen las mercancías con
un valor de 110 000 dólares, en tanto que en las manos de B aparecen las mercancía
con un valor de solo 90 000 dólares. En tal caso los 20 000 dólares ganados por el
capitalista A son exactamente la misma suma perdida por el capitalista B. Pero la
suma conjunta de valores de ambos capitalistas continúa siendo la misma, o sea
200 000 dólares. El intercambio desigual entre capitalistas individuales puede
ocasionar la ganancia de unos y la pérdida de otros; pero toda la clase capita-
lista no puede lograr por esta vía un incremento del valor. La clase capitalista no
puede enriquecerse a costa de sí misma.

2.3. El surgimiento de la plusvalía no puede prescindir de la circulación


La esfera de la circulación está conformada por el conjunto de todas las rela-
ciones monetario-mercantiles, contraídas por los productores entre sí a través de las
transacciones de compra y venta de mercancías. Si se prescinde de la circulación,
significaría prescindir de aquellas relaciones por las que un poseedor de mercancías
contrae relaciones con otros. Pero ¿podrá obtener plusvalía el capitalista que no ha
logrado comercializar sus mercancías por no haberse relacionado con los demás
capitalistas poseedores de mercancías? No, es imposible que pueda obtenerla.

El productor de mercancías puede aplicar sobre la materia prima comprada


su trabajo personal y convertirla en producto acabado. Por ejemplo, el carpintero
produce muebles de la madera. Pero la diferencia entre el valor de los muebles,
confeccionados por el carpintero, y el valor de la madera no se la puede considerar
como plusvalía. Porque la plusvalía es el incremento del valor del cual se apropia el
capitalista, quien en el proceso de producción no gasta trabajo personal alguno; el
valor creado por el trabajo personal del productor mercantil no es plusvalía.
250 Francisco Chaparro Zapana

2.4. La contradicción de la fórmula general del capital


De este modo, como lo destaca Marx, se arriba a una conclusión ambigua:
“... el capital no puede brotar de la circulación, ni puede brotar tampoco fuera de
la circulación. Tiene necesariamente que brotar en ella y fuera de ella, al mismo
tiempo”2 (cursiva en negrita corresponde a F. Ch. Z.). En ella se resume la contradic-
ción de la fórmula general del capital.

Al analizar la forma en que se resuelve esta contradicción, es necesario exa-


minar el cambio de equivalentes, por cuanto las desviaciones de los precios por
encima o por debajo del valor en el curso de un determinado período se equilibran
mutuamente y, en promedio, los precios de las mercancías se igualan a sus valores.
A primera vista, el origen de la plusvalía se contradice con el cambio de equivalentes
realizado sobre la base de la ley del valor. En realidad la plusvalía no se encuentra
en contradicción con la ley del valor, sino, todo lo contrario, se forma basándose en
ella. Y esto se explica en la sociedad capitalista por la existencia de una mercancía
especial: la fuerza de trabajo.

3. LA FUERZA DE TRABAJO COMO MERCANCÍA. LA ACUMULACIÓN PRI-


MARIA DEL CAPITAL O ETAPA DE CAPITALISMO MERCANTIL

3.1. La fuerza de trabajo y el trabajo


La fuerza de trabajo es el conjunto de capacidades físicas e intelectuales del
hombre, desplegadas en el proceso mismo de la producción. El concepto “fuerza
de trabajo” como categoría económica, no debe confundirse con el concepto “tra-
bajo”. La fuerza de trabajo es la capacidad para trabajar, mientras que el trabajo es
el proceso mismo de gasto o consumo de la fuerza de trabajo. La distinción de estas
dos categorías fundamentales fue dada por primera vez por Carlos Marx, y ella sirve
de punto de partida para comprender el origen de la plusvalía.

La fuerza de trabajo es el principal elemento de las fuerzas productivas de


cualquier sociedad. Pero de ningún modo la fuerza de trabajo actúa en todas las
sociedades como mercancía ni se vende en el mercado. Los esclavos y los siervos
no eran propietarios libres de su fuerza de trabajo, y por eso no la podían vender. La
primera condición para que la fuerza de trabajo se convierta en mercancía es que el
trabajador sea formalmente libre.

La segunda condición es que el productor sea “liberado” (separado) de los


medios de producción. El pequeño productor, poseedor de medios de producción,
vende en el mercado los productos de su trabajo. Para verse obligado a vender su

2 Ibídem, p. 128.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 251

fuerza de trabajo, él debería estar privado o despojado de la propiedad de los medios


de producción.

Y así, la libertad individual del trabajador crea la posibilidad de que su fuer-


za de trabajo sea vendida, y que la carencia de medios de producción de parte del
trabajador convierta esa posibilidad en una necesidad. +

3.2. La esencia de la acumulación primaria del capital


Históricamente, la transformación masiva de la fuerza de trabajo en mercancía
se produjo por primera vez en gran escala en la etapa del capitalismo mercantil (a la
que Marx denomina como la acumulación primaria del capital), la cual comprende
en Europa Occidental desde fines del siglo XV hasta inicios del XIX. La acumula-
ción primaria del capital es el proceso de formación del proletariado y la burgue-
sía. Ella sirvió de punto de partida para la formación del sistema económico capita-
lista. La base inicial de este proceso fue el despojo de tierras al campesinado, que se
tradujo en separación masiva de los productores de sus medios de producción.

Simultáneamente, al formarse la clase obrera también se formó la burguesía


capitalista. El desarrollo de las relaciones monetario-mercantiles en el campo, por
acción espontánea de la ley del valor, trajo consigo la descomposición del campesi-
nado, por cuya razón los miembros de su cúpula enriquecida se convirtieron primero
en granjeros y después en hacendados capitalistas, y los campesinos empobrecidos
y arruinados, en obreros asalariados. Como factores que contribuyeron al rápido
enriquecimiento de los granjeros capitalistas actuaron las devaluaciones monetarias
de los siglos XVI y XVII, debido a que la elevación de los precios de sus productos
no estaba acompañada de la respectiva elevación de los salarios de los obreros agrí-
colas. Además, los granjeros se enriquecían no solo esquilmando a sus trabajadores,
sino también a costa de los terratenientes, en la medida en que con la devaluación del
dinero también se devaluaban las rentas pagadas a los terratenientes.

La burguesía industrial la conformaron en gran medida los comerciantes y los


usureros enriquecidos. Con el desarrollo de la artesanía y el comercio se produjo una
creciente diferenciación entre los artesanos, de los cuales los maestros acomodados de
las secciones se convirtieron en acaparadores inicialmente, y en empresarios industriales
posteriormente, cuando lograron instalar los primeros talleres industriales.

3.3. El rol de la violencia en el origen del capitalismo


La violencia cumplió un rol muy importante en acelerar el tránsito del feu-
dalismo al capitalismo. Se la empleó principalmente para despojar de sus tierras al
campesinado. Por ejemplo, en Inglaterra de los siglos XVI y XVII los señores feuda-
les “cercaron” por la fuerza las tierras comunales del campesinado, convirtiéndolas
en propiedad privada y, a la vez, en pastizales para la crianza de ovejas, fuente pro-
veedora de la principal materia prima industrial, la lana. Al sistema de despojo ilegal
252 Francisco Chaparro Zapana

y directo de tierras, le sucedió la forma legalizada de despojo, en el siglo XVIII; a


petición de los lores, el Parlamento inglés aprobó muchas “leyes de cercas”.

El poder estatal, aplicando métodos violentos, cumplió así un rol muy impor-
tante en la formación de la burguesía industrial:

En primer lugar, el sistema colonial, instaurado después de los grandes des-


cubrimientos geográficos de fines del siglo XV e inicios del XVI, sirvió como el
principal y más eficaz instrumento de enriquecimiento de la burguesía industrial.
La naciente burguesía no solo saqueó a los pueblos coloniales bajo la bandera del
comercio, sino que se apoderó por la fuerza de sus tesoros en oro y plata, así como
de sus tierras.También se enriqueció con el tráfico comercial de esclavos.
En segundo lugar, el régimen colonial estuvo estrechamente vinculado al
sistema de préstamos estatales. La conquista de las colonias y las guerras de los si-
glos XVI y XVII por la hegemonía en el comercio mundial entre España, Inglaterra,
Francia, Holanda y Portugal, demandaron enormes gastos estatales, los cuales en su
mayoría se financiaron con préstamos. Y con el otorgamiento de préstamos al Estado
se enriquecieron los comerciantes y los usureros, quienes obtenían elevados intere-
ses y especulaban con las obligaciones de pago por dichos préstamos.
En tercer lugar, en estrecha relación con los préstamos estatales actuaba el
sistema tributario: los gastos fiscales, entre ellos los pagos de la deuda, se financia-
ban con los impuestos; por eso la creciente deuda pública repercutía inevitablemente
elevando los impuestos que empobrecían a los pequeños productores. Mientras que
los grandes comerciantes y usureros, quienes recibían “por derecho” la recaudación
de impuestos de la población, se enriquecían rápidamente.
En cuarto lugar, el proteccionismo industrial fue otra poderosa palanca de
la acumulación primaria, sobre todo los incentivos a la industria nacional mediante
aranceles elevados a los productos industriales importados, así como los premios por
la exportación. Limitando la importación, el proteccionismo permitía a los empresa-
rios nacionales vender sus mercancías a precios altos en el mercado interno, para que
de ese modo se enriquecieran rápidamente.

Durante la acumulación primaria del capital, la fuerza de trabajo se convirtió


en mercancía y el dinero, en capital.

3.4. La fuerza de trabajo como mercancía y su valor


La fuerza de trabajo como tal existe en cualquier sociedad, pero la fuerza
de trabajo como mercancía es una categoría histórica solamente propia de una
determinada formación socioeconómica, del capitalismo. En las formaciones pre-
capitalistas, la fuerza de trabajo no era una mercancía, como gradualmente dejará de
serlo en una futura sociedad de economía socialista de mercado.

El valor de la mercancía-fuerza de trabajo, al igual que el valor de cualquier


otra mercancía, está determinado por la cantidad de trabajo necesario para su pro-
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 253

ducción. Pero la producción de la fuerza de trabajo consiste en que el trabajador la


renueva mediante la satisfacción de sus necesidades, es decir, reproduce su fuerza
de trabajo.

Los medios de subsistencia requeridos para reproducir la fuerza de trabajo


incluyen los siguientes elementos:
En primer lugar, los medios de subsistencia requeridos para satisfacer las ne-
cesidades físicas del trabajador, por ejemplo: la alimentación, el vestido, la vivienda,
el descanso, etc.
En segundo lugar, las necesidades socioculturales del trabajador correspon-
den a determinadas condiciones históricas. Por ejemplo, en la actualidad el obrero de
los países capitalistas desarrollados tiene necesidad de libros, revistas, cine, televi-
sión, etc. Estas necesidades no las experimentaron los obreros de esos mismos países
de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, y aún hoy no las conocen los obreros
de algunos países subdesarrollados. Como lo precisara Marx, “A diferencia de las
otras mercancías, la valoración de la fuerza de trabajo encierra, pues, un elemento
histórico moral”3.
En tercer lugar, el trabajador necesita de medios de sustento familiar, sin los
cuales no podría mantener a su familia, y se interrumpiría, al agotarse la vida de cada
generación, la afluencia de mano de obra al mercado, mientras que los capitalistas
demandan de la afluencia de nueva fuerza de trabajo. Por eso el valor de la fuerza de
trabajo incluye en sí no solo el valor de los medios de subsistencia del propio obrero,
sino también el valor de los medios de subsistencia necesarios para el mantenimiento
de una familia promedio.
Y, en cuarto lugar, el trabajador necesita de medios para instruirse y capaci-
tarse, y cuantos mayores sean estos, más calificada y productiva será su mano de obra.

En conclusión, el valor de la fuerza de trabajo es igual al valor de los medios de


subsistencia necesarios para satisfacer, en un país dado y en un determinado período,
las necesidades físicas, culturales y educativas del trabajador y su familia.

3.5. Las tendencias del valor de la fuerza de trabajo


Los factores determinantes de la tendencia decreciente del valor de la fuerza
de trabajo son: la elevación de la productividad del trabajo, la explotación del trabajo
de la mujer y el niño y la reducción de los gastos de capacitación.

1. La elevación de la productividad del trabajo. Cuando se eleva la productivi-


dad del trabajo en los sectores que producen bienes de consumo para los traba-
jadores, así como también en los sectores que producen medios de producción
para producir los medios de subsistencia necesarios, entonces se produce la
caída del valor de la fuerza de trabajo.

3 Ibídem, p. 133.
254 Francisco Chaparro Zapana

2. La explotación del trabajo de la mujer y del niño. Al emplearse el trabajo


femenino e infantil, una parte de gastos del trabajador en sustento familiar es
financiada con los salarios de las mujeres y los niños que han sido enrolados
a la producción. En consecuencia, estos gastos son, al menos en parte, exclui-
dos del valor de la fuerza de trabajo de los obreros varones mayores de edad,
por cuya razón repercuten en la caída del valor de la fuerza de trabajo en su
conjunto.
3. La reducción de los gastos de capacitación. Con el desarrollo del capitalis-
mo, el trabajo de la gran mayoría de productores tiende a simplificarse debido
a la creciente división del trabajo por operaciones, a la introducción de la
producción en cadena, etc. En la medida en que la mayoría de trabajadores ya
no necesita de prolongados procesos de aprendizaje, disminuyen los gastos de
instrucción. Así este tercer factor tiende a disminuir el valor de la fuerza de
trabajo.

A los factores anteriores se contraponen otros que neutralizan sus efectos:


En primer lugar, con el desarrollo del capitalismo y la elevación del nivel
cultural de la clase obrera, crecen sus necesidades y, por consiguiente, se amplía la
canasta de vida familiar necesaria para la reproducción de la fuerza de trabajo. En
segundo lugar, con el desarrollo del capitalismo se eleva la intensidad del trabajo,
y cuanto más intensamente trabajen los obreros, tantos más medios de vida deman-
darán para restablecer su fuerza de trabajo. Estos dos factores contribuyen a elevar
el valor de la fuerza de trabajo; y aunque son incapaces de eliminar los efectos del
primer conjunto de factores, sí logran moderar significativamente la caída del valor
de la fuerza de trabajo.

El valor de la fuerza de trabajo se realiza en el mercado, en la esfera de circu-


lación, pero su valor de uso se realiza en el propio proceso de producción capitalista.
El consumo de la mercancía-fuerza de trabajo es el trabajo mismo.

4. EL PROCESO DEL TRABAJO Y EL PROCESO DE INCREMENTO DEL


VALOR

4.1. El proceso de la producción y sus particularidades


En todas las épocas históricas y en cualquier sociedad, el proceso de trabajo,
o proceso de la producción, es necesario para la existencia del hombre. Este proceso
(ver: parágrafos 1.2. y 2.1. del capítulo I y parágrafo 8.1. del capítulo V) siempre
incluye en sí tres elementos: 1. El trabajo mismo, 2. Los objetos de trabajo y 3. Los
medios de trabajo.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 255

El trabajo no solo es la acción del hombre sobre la naturaleza, sino es también


un proceso social en el cual los hombres establecen determinadas relaciones econó-
micas entre sí. En el capitalismo, el proceso de trabajo se realiza como consumo de la
fuerza de trabajo comprada por el capitalista. Le caracterizan dos particularidades:
En primer lugar, este es el trabajo de los obreros asalariados controlado por
el capitalista. Por ser propietario de los medios de producción, el capitalista controla
el trabajo de los obreros, quienes actúan como una propiedad del capital.
En segundo lugar, el producto íntegro del trabajo es propiedad del capita-
lista. Por lo mismo que los medios de producción se encuentran en manos de los
capitalistas, a ellos les asiste el derecho de apropiarse en su integridad del producto
del trabajo de los obreros asalariados.

4.2. La fuente creadora de plusvalía


El proceso de producción en el capitalismo tiene carácter ambiguo: de una
parte, es producción de valores de uso. Por ejemplo, en la industria textil se producen
tejidos, en la de metal-mecánica se construyen máquinas, etc. Pero el valor de uso
como tal no es lo que más interesa al capitalista. A él le es indiferente producir ali-
mentos o tejidos, centrales de energía eléctrica o bombas atómicas, libros o drogas,
etc. De otra parte, la producción capitalista es un proceso de crecimiento del valor, o
sea que es un proceso de producción de plusvalía. La finalidad suprema del capita-
lista no es la producción de valores de uso, sino la obtención de plusvalía, que es la
fuente material de la ganancia capitalista.

Como lo demuestra Marx, la plusvalía se crea en el proceso mismo del con-


sumo de una mercancía específica, de la mercancía-fuerza de trabajo.

La fuerza de trabajo, convertida en mercancía, encierra en sí dos propiedades:


el valor y el valor de uso. El valor de la fuerza de trabajo está determinado por el
trabajo pasado, el cual está contenido en los medios de vida necesarios al obrero y
su familia. Y el valor de uso se pone de manifiesto en el trabajo vivo que él ejecuta
en el proceso de producción. Pero el trabajo pasado y el trabajo vivo son magnitudes
distintas. Según Marx, “el valor diario o semanal de la fuerza de trabajo es algo com-
pletamente diferente del gasto diario o semanal de dicha fuerza, así como el forraje
necesario para alimentar al caballo y el tiempo en el que este pueda transportar al
jinete de ningún modo representan en sí la misma cosa. Aquella cantidad de trabajo,
que limita el valor de la fuerza de trabajo del obrero, de ningún modo es el límite de
aquella cantidad de trabajo que su fuerza de trabajo es capaz de realizar”4.

Supongamos que el valor diario de la fuerza de trabajo es igual a 5 horas, o


sea a 10 dólares, si convenimos que una hora-hombre de trabajo es igual a 2 dólares.
¿Significa esto que el capitalista empleará la fuerza de trabajo tan solo durante 5

4 Marx, Carlos. “El salario, el precio y la ganancia”. En: Marx, C. y F. Engels. Obras completas. T. 16, pp. 134-135, en
ruso, traducido por F. Ch. Z.
256 Francisco Chaparro Zapana

horas al día? De ningún modo. El capitalista, al comprar la mercancía-fuerza de tra-


bajo, adquiere el derecho de disponer de su valor de uso. En otras palabras, él puede
obligar a trabajar al obrero no solo 5 horas, sino 10 ó 12 horas.

Con cada hora de su trabajo concreto el obrero crea un determinado valor de


uso, y con su trabajo abstracto crea el nuevo valor materializado en la mercancía
producida. La magnitud de este nuevo valor depende del tiempo que dure la jorna-
da diaria de trabajo. La duración de la jornada diaria en las empresas capitalistas
siempre es mayor que el tiempo de trabajo equivalente al valor diario de la fuerza de
trabajo. Por eso el nuevo valor, creado por el trabajo de los obreros, supera al valor
de su fuerza de trabajo (o sea que: (v + p) > v). El valor excedente, creado por el tra-
bajador asalariado por encima del valor de su fuerza de trabajo, es la plusvalía 5.

En el ejemplo de la mercancía-frazada, supongamos que el valor del hilado de


algodón transformado en tejido durante una jornada diaria por un obrero es igual a
10 horas de trabajo, o a 20 dólares (expresado en forma monetaria), el desgaste de la
máquina y las herramientas de tejer por día de funcionamiento es igual a 3 horas, o a
6 dólares, el valor diario de la fuerza de trabajo (o salario) es de 5 horas, o sea igual
a 10 dólares. En este caso, la suma total de gastos efectuados por el capitalista en
medios de producción y en fuerza de trabajo (K = c + v) será igual a 36 dólares.

Entonces, ¿cuál será el valor de la nueva mercancía acabada? Siendo la


jornada diaria de trabajo de 10 horas y creándose en cada hora un valor de 2 dólares,
dispondremos de los datos del cuadro siguiente:

FORMACIÓN DE LA ESTRUCTURA DE COSTOS DE PRODUCCIÓN Y DEL


VALOR DEL PRODUCTO ACABADO (MERCANCÍA-FRAZADA)
(En horas-hombre de trabajo social (T) y en unidades monetarias de dólar (D))

GASTOS DE PRODUCCIÓN VALOR DEL PRODUCTO ACABADO

T. D. T. D.
Valor del hilado Valor de los medios de
de algodón ................ 10 h. = $ 20 producción consumidos,
transferidos al nuevo
Desgaste de máquinas producto ................ 13 h. = $ 26
y herramientas .......... 3 h. = $ 6
Valor nuevo creado por el
Valor diario de fuerza trabajador asalariado ................ 10 h. = $ 20
de trabajo .................. 5 h. = $ 10

TOTAL: 18 h. = $ 36 TOTAL: 23 h. = $ 46

5 Marx señala la plusvalía con la letra M (de la palabra alemana Mehrwert, que significa plusvalía. En Spiridonova.
Atlas y otros, Curso superior de Economía política. Ed. Grijalbo, México, 16. D. F., 1965. p. 116.
Teoría económica del capitalismo. Análisis marxista actualizado 257

En este ejemplo, el valor de los medios de producción consumidos (el hilado


de algodón, las máquinas y herramientas) es igual a 26 dólares, suma de gastos que
conforma el capital constante, cuya magnitud de valor es transferida sin ninguna
variación al valor de la mercancía producida (la frazada). Completamente distinta es
la situación de la fuerza de trabajo, ya que el capitalista paga al obrero 10 dólares por
la fuerza de trabajo, suma que es reproducida por el obrero con 5 horas de su trabajo,
pero él está obligado a trabajar no 5 horas, sino 10 horas creando un nuevo valor por
20 dólares. El valor excedente, creado por el trabajo del obrero por encima del valor
de su fuerza de trabajo, es de 10 dólares ($20 – $10), cuya suma es la plusvalía.

En la economía capitalista, la jornada de trabajo del productor directo se divi-


de en dos partes. Durante la primera parte el trabajador produce el valor equivalente
a su fuerza de trabajo. Esta parte de la jornada es necesaria para la existencia del
propio trabajador, porque con ella reproduce su fuerza de trabajo, por ello representa
en sí el tiempo necesario de trabajo, y el trabajo gastado en ese lapso es el TRABAJO
NECESARIO. Durante la segunda parte de la jornada de trabajo se crea la plusvalía.
Esta parte de la jornada representa en sí el tiempo adicional de trabajo, y el trabajo
gastado en ese lapso es el TRABAJO ADICIONAL.

En general, la fuente creadora de plusvalía es el trabajo adicional no re-


munerado de los trabajadores asalariados. Los capitalistas obtienen la plusvalía
apropiándose directamente del trabajo adicional de los trabajadores asalariados, e
indirectamente del trabajo adicional de los pequeños y medianos productores inde-
pendientes, a través del intercambio desigual de los productos en el mercado capi-
talista.

4.3. Particularidades de la explotación capitalista


La explotación capitalista –a diferencia de las formas precapitalistas de ex-
plotación, basadas en los métodos de coacción directa no económica– se realiza
mediante las relaciones monetario-mercantiles y representa en sí la explotación
del trabajo asalariado. Los trabajadores asalariados no son propiedad del capitalista,
porque jurídicamente son libres. Sin estar obligados formalmente a trabajar para los
capitalistas, los obreros económicamente están obligados a hacerlo, ya que por care-
cer de los medios de producción, ellos no tienen otra alternativa que vender su fuerza
de trabajo a los capitalistas para poder subsistir. Por lo tanto, así como en las socie-
dades esclavista y feudal la motivación laboral la imponía la disciplina del látigo y el
garrote, en la sociedad capitalista esta es impuesta por la disciplina del hambre.

La expropiación del trabajo no remunerado por parte de los capitalistas a los


trabajadores asalariados no se contradice con la ley del valor. Al contrario, la ex-
plotación capitalista se realiza sobre la base de la acción de la ley del valor. La
258 Francisco Chaparro Zapana

plusvalía no se origina porque el capitalista paga por la fuerza de trabajo con un equi-
valente inferior a su valor, sino porque al consumirla se crea un nuevo valor (o valor
agregado), cuya magnitud es mayor que el valor de la propia fuerza de trabajo.

4.4. La fórmula general del capital: solución de su carácter contradictorio


Aquella contradicción de la fórmula general del capital, a la que nos referi-
mos ya antes, se re suelve en la mercancía-fuerza de trabajo: el capital en realidad
se origina en la circulación y fuera de la circulación. La transformación del dinero
en capital se realiza ya en la esfera de la circulación; por cuanto, la fuerza de trabajo
ha sido comprada por el capitalista en el mercado, y sin esa compra sería imposible
la aparición de la plusvalía. De otro lado, el capital no se origina en la circulación,
ya que la compra de la fuerza de trabajo es solo la fase preparatoria del proceso de
producción. La creación misma de plusvalía transcurre en la esfera de producción y
no en la esfera de circulación. De esta forma, la plusvalía es creada por el trabajo
adicional de los obreros asalariados en el proceso de la producción capitalista,
pero, con la intermediación ineludible del proceso de circulación.

La mercancía-fuerza de trabajo se vende en el mercado como cualquier otra


mercancía, pero se la consume en el proceso de la producción. En la transacción de
la compra-venta de la fuerza de trabajo se realiza su valor de cambio, y después de
ser comprada esta fuerza de trabajo por el capitalista, se realiza su valor de uso en
el proceso de producción; precisamente, es allí donde se produce el incremento del
valor: la plusvalía. El valor de uso específico de la mercancía-fuerza de trabajo
radica en su capacidad de crear plusvalía.

4.5. La esfera de circulación y la esfera de producción


En la esfera de la circulación se contraponen entre sí el obrero y el capi