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EL KERIYGMA EN LAS CASAS MISION

BREVE ESQUEMA PARA PRESENTAR EL KERYGMA

Los temas principales son los siguientes:

1.- DIOS TE AMA


2.- ERES PECADOR Y NECESITAS SALVACIÓN
3.- JESÚS YA TE SALVÓ
4.- CREE Y CONVIÉRTETE
5.- PIDE Y RECIBE EL ESPÍRITU SANTO
6.- PERSEVERA CON JESÚS EN LA COMUNIDAD ECLESIAL

1.- DIOS TE AMA

A. - ¡Dios te ama y quiere lo mejor para ti!...

Toda la Sagrada Escritura se hace eco de ese Amor de Dios para con sus criaturas y repitan
una y otra vez en los salmos:

«Porque es eterno su amor...», (Salmo 135)


«Porque su amor no tiene fin...»

Por eso, el eco de estas palabras debe estar resonando siempre, también, en nuestro corazón.

Dios ama a cada uno personalmente, lo llama por su nombre a la existencia y lo quiere llevar
a la realización plena de su plan de amor y saciar los anhelos más profundos del hombre.

«Así dice Yahvéh tu creador, el que te hizo:


No temas porque Yo te he rescatado,
te he llamado por tu nombre, tú eres mío».
(Isaías 43, 1)

«Con amor eterno y gratuito <;le te amado»


(Jeremías 3/ 3)

Estas palabras de ternura por parte de Dios deben penetrar nuestro corazón y transformar
nuestra vida.

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Aún habiendo pecado, habiendo rechazado a Dios, El no nos abandona.

Dios no nos ama por lo que nosotros hacemos, sino porque El es nuestro Padre:

«Cual la ternura de un padre para con sus hijos,


así de tierno es Vahvéh para quienes le buscan»
(Salmo 103, 13).

B. - Dios te ama incondicionalmente porque El es Amor.


Te ama a ti personalmente, como si no hubiera nadie más en el mundo y de manera
incondicional.

«Dios es amor»

(1 Juan 4, 8)

«¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho,


sin compadecerse del hijo de sus entrañas?
Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido».
(Isaías 49,15)

Dios no te pone ninguna condición para amarte, El. Te ama precisamente como tú eres en
estos momentos:

No importa lo que hayas sido o seas en el presente: pecados, vicios o defectos.


Dios te ama incondicionalmente porque su amor no cambia. Incluso, todo fracaso, problema y
hasta pecado, en tu vida son ahora una oportunidad para que experimentes su amor que
siempre es fiel. Sí, Dios siempre es fiel, su ser mismo es amor misericordioso y fidelidad; es
su propia definición.

Dios, que es Todopoderoso y que hace todo lo que quiere con su fuerza y omnipotencia, hay
algo que no puede hacer: dejar de amarte.

«Los montes se correrán y las colinas se moverán,


pero mi amor de tu lado no se apartará
y mi alianza de paz no se moverá».

(Isaías 54, 10)


Dios te ama personalmente,
no por lo que haces (2 Corintios 6,18)
o porque seas bueno (Gálatas 4,6)
sino porque es tu PADRE. (Hebreos 12, 5)

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Dios te ama incondicionalmente, no importan tus fracasos, tus limitaciones, tus
resentimientos, lo que hayas sido, tu egoísmo, tu orgullo, tus defectos, tus pocas cualidades,
las dificultades:

DIOS siempre te amará..............................................................................(Isaías 54, 10)

No importa cómo eres, DIOS TE AMA


no por tus cualidades, no por tus defectos, sino a pesar de ellos, porque...

DIOS TE AMA CON ELLOS

Ahora bien Dios ama más al que más lo necesita, al más pecador (Rom. 5, 20); Dios no
aprueba lo que haces mal, pero en cambio El te ama a ti. Te acepta, y te acepta con amor.

C. - Dios quiere lo mejor para ti porque eres su hijo.


Precisamente porque Dios te ama el quiere lo mejor para ti, y tiene un plan que El hizo con
toda sabiduría y amor para ti.

«El tiene poder para realizar todas las cosas


Incomparablemente mejor
De lo que nosotros podemos pedir o pensar,
Conforme a su poder que actúa en nosotros».
(Efesios 3, 20)

D.- Dios tomó la iniciativa para amarte.


No se trata de que nosotros intentemos llegar a El. Es El quien quiere llegar a nosotros. Antes
de que nosotros comenzáramos a buscarlo El ya nos andaba buscando. El tomó la iniciativa.

Un día Saulo de Tarso decidió perseguir a Jesús y emprendió el camino de Damasco para
apresar a los cristianos (Hechos 9,1-19). Pero, era Jesús quien lo iba persiguiendo a él, hasta
que lo alcanzó y lo tiró del caballo.

DIOS LO SEDUJO Y EL SIMPLEMENTE SE DEJÓ SEDUCIR


(Jeremías 20, 7)

El nos eligió primero


(Jn. 15, 16)

A veces nosotros buscamos a Dios y lo queremos amar. Pero nadie puede amarlo si antes no
ha experimentado SU AMOR.

Dios nos ama no porque seamos bueno, sino porque el Bueno es El.

DIOS AMA

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Tanto a los buenos como a los malos
Tanto a los hombres como a las mujeres
Tanto a los católicos como a los protestantes
Tanto a los creyentes como a los ateos
Tanto a los que aman su Iglesia como a los que la odian

NOS AMA A TODOS PORQUE TODOS SOMOS SUS HIJOS

El Plan Eterno del Padre, donde expresa su amor, se realiza en Jesús con la acción del Espíritu
Santo. El Padre es la fuente; Jesús es el centro y eje; el Espíritu Santo la clave y motor.

En María, nuestra Madre, encontramos el rostro maternal de Dios.

¿Cómo podremos experimentar ese amor de Dios


y la vida abundante que Jesús nos ofrece?

¿Por qué yo no experimento el amor de Dios?

2 EL P E CA D O

Ahora bien:

1.- Si Dios nos ama, ¿por qué a nivel personal se vive con tantas inseguridades, temores,
envidias, insatisfacciones, desequilibrios emocionales, competencia, angustia, tristeza, celos y
limitaciones, y no experimentamos su amor?

2.- Si Dios nos ama, ¿por qué a nivel comunitario las familias se desintegran, los hijos se
rebelan contra los padres, hay luchas de generaciones, competencias y odios de unos para
con otros?

3.- Si Dios nos ama, ¿por qué la guerra, el hambre, la pobreza, la injusticia, la discriminación,
la opresión y la falta de libertad? ¿Por qué no vivimos a nivel social él maravilloso plan de
amor, justicia y paz?

4.- En el fondo late la siguiente inquietud: Si Dios nos ama, ¿por qué no lo experimentamos?
¿Por qué nuestro mundo no es un paraíso donde se viva en armonía, paz y justicia?

¿Cuál es el PROBLEMA?

Antes de querer solucionar el problema debemos conocer, claramente, cuál es él.

Cuando se nos descompone un automóvil... vamos al mecánico


cuando se nos descompone el reloj.... vamos al relojero
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Pero, cuando se nos descompone la vida ¿a quién debemos recurrir?

El, en su Palabra, nos dice:

«Todos han pecado y por eso están privados


de la manifestación salvífica de Dios».
(Romanos 3, 23)

Vemos como lo que la Palabra de Dios nos descubre, nuestra propia experiencia lo confirma.
El mismo Jesús afirma:

«En verdad, en verdad les digo:


Todo el que comete pecado es un esclavo»
(Juan 8, 34)

No podemos experimentar el amor de Dios y la vida abundante que Jesús nos promete,
porque por el pecado nos hemos separado de Dios, única fuente de vida. El hombre desde el
principio ha querido construir un reino de este mundo prescindiendo de Dios.

El Pecado es la causa de todos los males que aquejan a la Humanidad.

Dios ha hecho caer un diluvio de amor sobre nosotros, pero nosotros estamos bajo un cristal
irrompible que nos permite ver llover; pero nosotros no nos mojamos con el Agua Viva del
Amor de Dios.

« El último día, el más importante de la fiesta, Jesús, de pie ante la muchedumbre,


afirmó solemnemente: - Si alguien tiene sed, que venga a mi y beba, Como dice la
Escritura, de lo más profundo de todo aquél que crea en mí brotarán ríos de agua
viva». Decía esto refiriéndose al Espíritu que recibirían los que creyeran en él. Y es
que aún no había sido dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado»

(Juan 7, 37-39).

El PECADO es ese impedimento


que no nos permite experimentar el Amor de Dios.

Lo peor es que no podemos evitarlo, porque el pecado no es algo que podamos impedir que
entre en nosotros, sino que sale del fondo de nuestro propio ser:

« Y llamando de nuevo a la gente, les dijo: . Escúchenme todos y entiendan esto:


Nada de lo que entra en el hombre puede mancharlo. Lo que sale del su interior es lo
que mancha al hombre».
(Marcos 7, 14-15).

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Así como un árbol de limones da siempre frutos agrios y ácidos porque tiene raíces de limón y
no puede dar sino limones. Así también nosotros manifestamos frutos de pecado porque
nuestra raíz, el corazón, es de pecado. Necesitaríamos que Alguien nos cambiara el corazón...

Nosotros somos pecadores, por eso precisamente pecamos.

EL PECADO ES COMO UNA SOMBRA, inseparable de nosotros. Sólo hay dos maneras de
que no tengamos sombra:

- Estar en la completa oscuridad, lo cual resulta aun peor.

- Ser luz, porque la luz no tiene sombra, pero esto resulta imposible para la fuerza humana.
Querer salvar la vida por nuestras propias fuerzas es hundirnos más en la desesperación de la
impotencia.

Cuando comenzaron a enviar. Los primeros cohetes al espacio sideral muchos de aquellos
primeros cohetes no tenían suficiente fuerza para oponerse a la fuerza de gravedad de la
Tierra.

Eso mismo nos pasa a nosotros cuando con nuestras propias fuerzas y medios queremos
alcanzar la felicidad, y la realización de nuestra vida.

San Pablo experimentó esto muy claramente cuando escribe en su carta a los Romanos:

«Soy un hombre de apetitos desordenados y vendido al poder del pecado y no acabo


de comprender mi conducta, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que
aborrezco, (...) y que no soy yo quien lo hace, sino la fuerza del pecado que actúa en
mí. Y yo se bien que no hay cosa buena en mí, en lo que respecta a mis apetitos
desordenados. En efecto, el querer el bien está a mi alcance, pero el hacerlo no.
Pues no hago el bien que quiero, sino el mal que aborrezco. (...) ¡Infeliz de mi!
¿Quién me librará de este cuerpo, que me lleva a la muerte? ¡Tendré que
agradecérselo a Dios por medio de Jesucristo, nuestro Señor! En resumen: soy yo
mismo quien con la mente sirvo a la ley de Dios y con mis desordenados apetitos
vivo esclavo de la ley del pecado»
(Romanos ~ 14-25)

Aquí se describe el drama diario del creyente, mientras el Espíritu Santo no pueda ser
realmente la nueva fuerza que domine en nosotros.

Al rehusar reconocer a Dios como su principio, el hombre pierde la unión con su fin último y
rompe toda armonía consigo mismo, con los demás hombres y con toda la creación. Las
consecuencias las vemos a diario:

- Cuando buscamos por caminos falsos:


Humanismo sin Dios, materialismo, mesianismo político, racionalismo sin fe, vanas promesas
de paz, meditación trascendental. etc.

- Cuando creemos en ídolos falsos:


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Brujerías, curanderismo, santería, espiritismo, cartománticas, adivinos, satanismo, esoterismo
y ocultismo, control mental, hedonismo, erotismo y sexualismo desenfrenado, alcoholismo,
drogadicción y otros.

- Cuando dependemos de nosotros mismos:


El cumplimiento de una ley, nuestra propia justicia, nuestras buenas obras, el creernos mejor
que el resto de las personas, etc.

Dios no es responsable de este mal, ni lo quiere ni lo manda.

El responsable de este desorden es el hombre mismo.

Somos ciegos.... no atinamos a coger el camino. Y nadie nos puede ayudar porque, como
nosotros, ellos también son ciegos. Necesitamos un poder de lo Alto que no tenemos.
Dios hablando por boca de Jeremías dirá:

«Me dejaron a Mi, manantial de aguas vivas,


para hacerse cisternas agrietadas que el agua no retienen».
(Jeremías 2, 13)

EL PECADO es, básicamente, no creerle a Dios; no confiar en El porque confiamos más en


nosotros mismos. Creer más en nosotros que en El. No querer depender de su voluntad. Es
tener ídolos en nuestra vida; y por ídolos hemos de entender todo lo que de alguna manera
suplanta a Dios.

PECADO es todo lo que no proviene de la fe en Dios (Romanos 14, 23)" toda actividad
contraria a la fe o actitud de desconfianza.

Los pedidos son todas las formas concretas con las que manifestamos que estamos creyendo
en nosotros mismos, en nuestros caminos y medios para conseguir la felicidad y realización
personal:

Odios, injusticias, robos, abusos de sexo, celos, asesinatos, terrorismo, hedonismo,


orgullo son frutos del pecado.

El pecado hace más daño al hombre que a Dios, por eso El no quiere que pequemos: tanto así
nos ama:

«El que me ofende hace daño a su alma»


(Proverbios 8, 36)

«El salario del pecado es la muerte»


(Romanos 6, 23)

Una Mala Noticia:

EL HOMBRE NO PUEDE SALVARSE A SÍ MISMO

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Dios tiene un enemigo: Satanás, que actúa e influye con sus mentiras nos presenta el poder,
las riquezas, el ateísmo, una vida fácil sin riesgos, como fuentes de felicidad; nos engaña y
nos hace dudar de Dios.

Tienes que reconocer tu pecado:

EL PEOR PECADOR ES EL QUE


NO RECONOCE SU PECADO.

Sólo Dios tiene la solución al problema del hombre; ya la ha dado y nos la ofrece a cada
uno, ahí encontraremos la salvación. La solución de Dios es la única, porque sólo ésa es
total, radical, definitiva y auténtica.

3 JESÚS ES TU SALVADOR

Dios nos ama, pero el pecado nos impide experimentar ese amor. El hombre solo no puede
salvarse, pero hay

UNA BUENA NOTICIA


Como el hombre no podía llegar a Dios, El vino al hombre: Por eso dice San Juan, en su
evangelio:

«Tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo único;


no para condenar al mundo, sino para salvar al mundo».
(Juan 3, 16-17)

JESUS ES EL SALVADOR
y TRAE LA SALVACION

(Es el Médico y la medicina al mismo tiempo)

Jesús es el único que ha vencido al espíritu del mal y su mundo tenebroso.

¡Ánimo!, Yo he vencido al mundo (Juan 16, 33). Su Nombre significa su Misión: «Yahvéh
salva». Por su encarnación, Jesús une ya el cielo con la tierra. El puente queda ya puesto.
Jesús nos libra del pecado, porque pagó nuestra falta a Dios con su propia vida. Su sangre nos
purificó. Dios olvidó nuestra deuda.

Además Jesús suprimió todas las consecuencias del pecado. Si el pecado es la causa de todos
los males en este mundo, al ser arrancada esa raíz por Jesús, fueron suprimidas todas las
nefastas consecuencias del pecado:
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- Con su resistencia pacífica murió toda violencia
- Con la entrega de todo murió el afón de las riquezas
los que tenía y la ambición de poder
- Con su impotencia murió el deseo de dominio y
de poder terreno
- Con la sumisión al Padre Eterno murió la independencia frente a Dios
- Con el abandono en las manos murió toda confianza y seguridad
de su Padre terrena
- Con el perdón otorgado a sus murieron odios, rencores y
verdugos resentimientos
- Con su confianza murió toda desesperación y angustia
- Con su entrega murió todo egoísmo.

En la cruz de Jesús,
murió todo lo que no nos dejaba vivir como hijos de Dios.
La obra salvífica de Jesús no terminó en la Cruz. En la Resurrección Jesús vence a la peor de
todas las consecuencias del pecado: la MUERTE. Por eso podemos cantar victoriosos:

¿Dónde está, Oh muerte, tu victoria?


(1 Corintios 15, 55)

Jesús, muerto, resucitado y glorificado, es la solución de Dios para el mundo.


El es la única solución. No hay otro camino, lo repite San Pedro ante los sacerdotes, el jefe de
la guardia del Templo y los saduceos:

«No hay otro Nombre dado a los hombres


por el cual podamos ser salvados»
(Hechos 4, 12)

4 FE Y CONVERSIÓN
Si Jesús ya nos salvó, ¿por qué entonces no experimentamos todos los frutos de la salvación
en nuestra vida y en nuestro mundo.

Porque depende ya de nosotros, ciertamente El ya nos salvó y nos dio la Nueva Vida, pero lo
que hace falta es que nosotros aceptemos y recibamos lo que Jesús ya ha ganado para
nosotros.

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Ustedes, me preguntarán y ¿Qué debemos hacer para vivir la vida de Jesús?
Eso mismo le preguntaron a Pedro.

Y la respuesta de Pedro fue muy sencilla: Crean en Jesús, conviértanse de sus pecados, y
entonces podrán vivir la vida del Hijo de Dios resucitado. Fe y Conversión es lo único
que nosotros necesitamos para vivir la vida de Dios traída por Jesús.

Fe que no es un sentimiento, ni se mide por la EMOCIÓN, ni tampoco es


AUTOSUGESTIÓN. Es una decisión total del hombre que envuelve todo su ser y compromete
toda su persona.

Dice San Pablo a los Romanos:

Si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y que Dios le resucitó de entre los
muertos, serás salvo. Pues con el corazón se cree para conseguir la justicia y con la
boca se confiesa para conseguir la salvación.
(Romanos lO, 9-10)

O sea san Pablo quiere decirnos que la fe tiene que ser profunda como manifiesta, todavía
mejor la Fe nos lleva a actuar conforme a lo que creemos, cambiando nuestra forma de vivir.
De otra manera no es fe, sino sentimiento, ideología o creencia. La forma más concreta cómo
se manifiesta la fe es mediante:

LA CONVERSIÓN
¿Qué tenemos que hacer?

La exigencia inicial del Reino es la conversión. Jesús comenzó a proclamar:

«Conviértanse porque ha llegado el Reino de los cielos»

(Mateo 4,17)

Conversión, «metan oía» significa cambio del corazón. Primero transformación interior
realizada por Dios y en referencia a El; para después cambiar de vida, de actitudes, de obras,
con proyección y compromiso con el mundo.

Siempre se ha dicho que la conversión es un cambio de vida. Pero la conversión es mucho


más que un cambio de conducta. La conversión es un cambio total: dar la espalda, dejar
atrás, abandonar todo lo que es incompatible con Dios y su plan de amor para con nosotros:
romper con el pecado y los ídolos como rechazo y sustitución de Dios, rechazar al espíritu del
mal instigador para el mal y cortar con sus ataduras. La conversión es ante todo un volverse
a Dios, buscar su Rostro, reconociendo su presencia que nos hace un llamado personal. .

Entregamos nuestra vida sin valor, tal y como está con nuestro pecado. Entregamos una vida
devaluada por el pecado pero a cambio hemos recibido la Vida misma de Jesús: la única que
en verdad tiene valor y que jamás se devalúa.

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Es una Vida que ciertamente vale la pena porque es vida de gozo, paz, justicia, entrega y fe.

«¿Qué Dios hay como tú que quite la iniquidad, la rebeldía y el pecado? Tú no


mantienes tu cólera por siempre, pues eres un Dios que te complaces en el amor. Tú
te vuelves a compadecer siempre de nosotros y pisoteas nuestras iniquidades. Tú
arrojas hasta el fondo del mar todos nuestros pecados».

(Miqueas 7; 18-19)

PROCLAMACION DE JESUS
SALVADOR PERSONAL

Jesús, yo creo firmemente, que tú eres el Hijo de Dios, el Mesías. Que viniste a este mundo no
para condenarme por mis pecados, sino para salvarme. Reconozco que soy un gran pecador,
pero al mismo tiempo

Consagración y entrega de cada área: salud y enfermedad, penas y alegrías, proclamo que tu
misericordia y perdón son más grandes que mis pecados.
Hoy proclamo con mi boca lo que creo firmemente en mi corazón: Tú eres el único
Salvador de este mundo.

Tú eres mi Salvador personal. Creo en ti, confío en ti y te pido que me des la Nueva
Vida en abundancia que Tú ganaste para mí con tu muerte en la cruz y tu gloriosa
resurrección.

Quiero tener un encuentro personal contigo y tu salvación. Sé y confío en que Tú


nunca defraudas al que cree en ti.

CRISTIANO no es el que tiene una imagen de Jesús en su casa o en su cuello, sino el que es
una imagen de Jesús en su casa y fuera de ella.

CRISTIANO no es el que dice con su boca «Señor, Señor», sino el que realmente vive
haciendo la voluntad del Padre de los cielos.

«No todo el que me dice: ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos,
sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos».
(Mt. 7, 21)

CRISTIANO es el que vive según la voluntad del Señor, regido por los valores del
Evangelio, con los criterios de Cristo y al impulso del Espíritu Santo.

Tal vez te surja la pregunta: Pero, ¿cómo nos dirá Jesús cuál es su voluntad?

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Muy sencillo. En cada circunstancia en que nos encontremos bastará con preguntarnos ¿cómo
actuaría Jesús si estuviera en mi lugar? Y hacer lo tal como lo haría Jesús.

¿Cómo hacer de Jesús tu Señor?

Primero reconocer lo como Señor, después de haberlo aceptado por la fe y una sincera
conversión. Reconocer que es Dios, que es el centro, el Camino, la Verdad y la Vida; la clave
de la historia y de la realización del hombre, el único Salvador de la sociedad y del mundo.

Aceptarlo como Señor para ti, en tu corazón y en tu vida.


Invitarlo expresamente a que sea el Señor y el centro de tu vida.
Consagrar y rendir cada área de tu persona y de tu existencia a su Señorío.

Es entregarle las llaves de cada apartado de tu persona y de tu vida.

«Les exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios,


a que ofrezcan sus cuerpos como una víctima viva, santa,
agradable a Dios: tal será su culto espiritual».

(Romanos 12, 1)

Consagración y entrega de cada área: salud y enfermedad, penas y alegrías, trabajo y


descanso, vida conyugal y familiar, dinero y posesiones, cuerpo, alma y espíritu, vida y
muerte (Lumen Gentium 34)

Cuando Jesús es mi Señor yo ya no trabajo, por ejemplo, para sostener a mi familia, sino
para extender el Reino de Dios y construirlo allí en ese trabajo. Yo ya no busco únicamente
que mis hijos sean felices, sino que se realicen en esta vida para que puedan vivir en la otra.
Yo busco alabar al Señor en todas y cada una de mis actividades y que otros, porque ven mi
vida, también le alaben y bendigan.

Mi vida entonces, quiere ser feliz, profunda, amorosa, porque quiero contagiar a otros el amor
a mi Señor. Nos ponemos por encima de las contingencias cotidianas porque tenemos un
objetivo más alto, que da sentido y unidad a nuestra existencia.

«Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo;


como tampoco muere nadie para sí mismo.
Si vivimos, para el Señor vivimos;
y si morimos, para el Señor morimos.
Así que ya vivamos, ya muramos, del Señor somos.
Porque Cristo murió y volvió a la vida para eso,
para ser Señor de muertos y vivos».
(Romanos 14,7-9)

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Analicemos cada aspecto de nuestro ser y de nuestra vida, individual, familiar y social, y
veamos cuáles son las motivaciones de nuestro actuar, cuál el centro de intereses, cuál la
meta de nuestros anhelos.

PROCLAMACION DEL SENORIO DE JESÚS

JESÚS, yo creo que en tu Resurrección Dios te glorificó, te llenó de Espíritu Santo y te dio un
Nombre que está sobre todo nombre.

Doblo mis rodillas ante ti (se arrodilla) en señal de que te reconozco como SEÑOR, MI SEÑOR:
el dueño de toda mi vida y me rindo totalmente a ti ya tu santa voluntad para que hagas de
mi lo que tú quieras. Ya no quiero, Señor, ser yo centro de mi vida. Toma tú la dirección de
toda ella; Hazme desear y hacer lo que Tú quieres. Te entrego todo mi ser. Quiero ser tuyo,
sólo tuyo y de nadie más. Te proclamo Señor de toda mi vida; mi único Señor. No quiero
servir ni al dinero, ni al placer, ni a ningún otro vicio o apetito que me aparte de ti. Rindo toda
mi vida a ti para siempre. Toma tú, todas las decisiones según tu voluntad, y que yo .sea,
como María, un esclavo de tu Palabra, que es la única manera de ser verdaderamente libre.
Va no quiero vivir yo vive Tú en mí.

Dome tu vida a cambio de la mía que hoy te entrego para siempre. Sé que Tú has tomado en
serio mis palabras así como Yo he tomado en serio tu llamado. Te abro completamente la
puerta de mi corazón. Entra en mi y quédate conmigo toda la vida.

5 EL DON: EL ESPÍRITU SANTO

LOS PROFETAS LO ANUNCIARON

«He aquí que días vienen, oráculo de Yahvéh, en que yo pactaré con la casa de
Israel una Nueva Alianza; no como la alianza que pacté con sus padres, cuando les
tomé de la mano para sacarles de Egipto; que ellos rompieron mi alianza, y yo hice
estrago en ellos, oráculo de Yahvéh. Sino que esta será la alianza que yo pacté con
la Casa de Israel, después de aquellos días, oráculo de Yahvéh: pondré mi Ley en su
interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Ya no tendrán que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano,
diciendo: Conozcan a Yahvéh, pues todos ellos me conocerán del más chico al más
grande cuando perdone su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme».

(Jeremías 31, 31-34)

«. .. yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su


carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne para que caminen según
mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y
yo sea su Dios.»
(EzequieI11,19)

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«Derramaré agua sobre el sediento suelo, raudales sobre la tierra seca.
Derramaré mi Espíritu sobre su linaje»
(Isaías 43, 3)

«Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne.


Sus hijos Y sus hijas profetizarán... Y realizaré prodigios en el cielo y en la tierra,
sangre, fuego, columnas de humo. El sol se cambiará en tinieblas y la luna en
sangre...

Y sucederá que todo el que invoque el nombre de Yahvéh será salvo».

(JoeI3, 1. 3-5) (Hechos 2, 17-19)

Después de su Resurrección, Jesús dijo a sus discípulos:

«Yo voy a enviar sobre ustedes la Promesa de mi Padre. Permanezcan en


JERUSALEN hasta que sean revestidos de la Fuerza de lo Alto».
(Lucas 24, 49)

«Serón bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días».


(Hch. 1, 5)

«Recibirán la Fuerza del Espíritu Santo


que vendrá sobre ustedes
y serán mis testigos en Jerusalén, Judea, Samaría,
y hasta los confines de la tierra».
(Hch. 1, 8)
Jesús había venido a traer Nueva Vida, pero ésta no se podía vivir sin un Espíritu Nuevo y un
Corazón Nuevo.

El corazón del hombre sólo puede ser cambiado por Dios, Se necesita, pues, la renovación
interior del hombre por el Espíritu de Dios que lo transforme. La novedad del Evangelio no es
Jesús dando una nueva Ley, sino dándonos su Espíritu para que el viva en nosotros.

«Pero cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su propio Hijo, nacido de
una mujer, nacido bajo el dominio de la ley, para liberarnos del dominio de la ley y
hacer que recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios.» Y prueba de que
ustedes son hijos es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que
grita: «Abbá», es decir, «Padre».
(Gálatas 4,6)

Para el que vive en el Espíritu la única leyes la ley de la fe que da la Vida. El no evita las cosas
malas porque están prohibidas por una ley, sino porque son malas en sí.,

La acción del Espíritu en el hombre le hace cambiar todos sus apetitos criterios y valores. El
Espíritu Santo es un Fuerza interior al hombre que lo cambia y transforma radicalmente.

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Pentecostés no fue otra cosa que Cristo glorificado, lleno de Espíritu Santo, que abrió su
corazón para derramar su Espíritu sobre los suyos y así transformarlos en nuevas criaturas.

Para beber el Agua Viva sólo existe una condición: tener sed de ella. ¿Qué es lo primero que
se necesita para prender una vela? Lo primero que se necesita es que esté apagada. De igual
manera para recibir el Don de Dios hay que, necesitarlo. El no viene a los que se creen justos
y buenos sino a los necesitados y pecadores. El más pecador experimentará más amor, más
perdón y misericordia, «porque donde abunda el pecado sobreabunda el amor de Dios». Aquél
que más necesite, se le dará más. Lo primero que se necesita para llenar un vaso con algún
líquido es que esté vacío. Por tanto nosotros necesitamos estar vacíos de nosotros mismos y
de todo pecado.

Pero no es todo. También hay vasos pequeños, medianos, grandes e inmensos ...
dependiendo de tu apertura, y tu capacidad de recibir así se te llenará de Espíritu Santo. Dios
te dará todo el Espíritu Santo que tu corazón necesita. A los más necesitados les dará más.

«Yo les digo: pidan y se les dará:


busquen y hallarán: llamen y se les abrirá.
Porque todo el que pide, recibe: el que busca; halla;
y al que llama, se le abrirá...»
(Le. 11, 9-13)

Jesucristo es el mismo AYER, HOY Y SIEMPRE (Hebreos 13,8) Y lo que hizo en Pentecostés
hace dos mil años lo puede hacer ahora otra vez.

Un árbol bueno cuando crece, da frutos buenos. Si no, se le corta, se le echa fuera, y se le
quema. Pero si da fruto, se le cuida, poda y abona para que dé más fruto.

Así como un manzano da manzanas y una higuera da higos, los que hemos recibido el Espíritu
Santo debemos manifestar los frutos del Espíritu. Sien verdad el Espíritu Santo está en
nuestros corazones se deben manifestar frutos de santidad en nuestras personas.

San Pablo nos dice claramente cuáles son los frutos del Espíritu:

«En cambio el fruto del Espíritu es amor,


alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad,
fidelidad, mansedumbre, dominio de sí;
contra tales cosas no hay ley».
(Gálatas 5, 22-23)

Por otro, lado los frutos de la cizaña plantada por el enemigo son:
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«Ahora bien, las obras de la carne son conocidas:
fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería,
odios, discordias, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones,
envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes...»
(Gálatas 5, 19-21)

Si nacimos en Cristo ahora crezcamos en El hasta su estatura. Esto no significa otra cosa que
dejarnos inundar más y más por la vida de Dios, que su gracia nos vaya transformando y que
Cristo crezca mientras nosotros disminuimos, como decía, Juan, el Bautista:

«Es necesario que él crezca y que yo disminuya».


(Juan 3, 30)

Dios no ha terminado su trabajo con nosotros. Su plan es que nosotros reflejemos el rostro de
Cristo, así como Cristo refleja el suyo.

Dios necesitó un solo segundo para perdonarnos, pero necesita toda nuestra vida para
transformarnos. Es un proceso.

En la ciudad de Taxco (México) hay muchos plateros que hacen verdaderas obras de arte con
todo tipo de artículos de plata. Cuando un obrero está trabajando una bandeja del metal, la
tiene que pulir y pulir hasta que su rostro se refleje con toda claridad y nitidez en la misma.
De esa manera es la obra de Dios en nosotros. El nos va puliendo y purificando hasta que en
nosotros se refleje el rostro de Cristo.
Este crecimiento se manifiesta de dos maneras:

a.- Viviendo las BIENAVENTURANZAS que son el Evangelio puro.

b.- Viviendo LA FE, la cual se vive o se pierde.

La fe es certeza en Dios y en su fidelidad.


Es seguridad en sus promesas.
Es vivir conforme a lo que creemos y
tener la experiencia de la fidelidad de Dios que cumple sus promesas.
Esta fe se vive en todos los ámbitos de la existencia humana
y sus relaciones con la creación:

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En el terreno personal
en el terreno comunitario
en el terreno social
en el área política
en el terreno económico
en los aspectos laborales
en los aspectos religiosos
en fin en toda la vida.
hasta llegar a decir como San Pablo:

«Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mi».


(Gá/atas 2, 20)

6 LA COMUNIDAD, CUERPO DE CRISTO

Sólo en comunidad podemos crecer y perseverar


en la Vida en el Espíritu.

La Iglesia es instrumento de salvación, medio necesario para hacer presente los méritos y los
frutos de la acción salvífica de Cristo Jesús. El fue enviado por el Padre, y Jesús mismo envió a
los suyos con la misma misión: INSTAURAR EL REINO DE DIOS EN ESTE MUNDO.

En la Iglesia, comunidad de creyentes, se da el encuentro de Dios con el hombre. Cristo Jesús,


verdadero Dios y verdadero hombre, es el nuevo y definitivo Templo donde se encuentran y
se unen para siempre la Divinidad con la humanidad. Si no formamos este Templo, siendo
piedras vivas, y no integramos ese Cuerpo, jamás se logrará nuestra unión con el Señor.

El misterio de la Iglesia se vive también además de universalmente, diocesanamente,


parroquialmente y también familiarmente (Iglesia doméstica). La comunidad no es una
estructura sino un ambiente de fe donde se hace efectiva y palpable la salvación de
Jesús.

No consiste necesariamente en vivir juntos, pero sí en vivir unidos por el vínculo del amor y
por un objetivo común: VIVIR EL EVANGELIO. No está integrada por santos y
perfectos, sino por personas que están decididas a seguir adelante en su proceso de
conversión. En este punto me gusta sacar la imagen, que cierto obispo español, hace de la
Iglesia, dice él: Me gusta vera la Iglesia como un hospital, ¿quienes van a los hospitales? se
pregunta el obispo y a renglón seguido responde: los que necesitan sanar de alguna
enfermedad He aquí la necesidad que tenemos de la Iglesia, en Ella podremos encontrar la
sanación integral de toda nuestra persona.

Si la comunidad es necesaria para todos, lo es de manera especial e imperiosa para los recién
nacidos en la fe, para quienes han renovado sus sacramentos de iniciación y están deseosos
de vivir más plenamente su Cristianismo. Es allí donde van a recibir todo el amor, apoyo y
cuidado que necesitan para la Nueva Vida que inician.

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Sin embargo, el desarrollo pleno de una persona no se da en la medida que recibe sino
especialmente al compartir cuanto es y tiene, con otros. Esto es precisamente la comunidad.
El lugar y el ambiente que favorece la comunión . de todos con Dios y la participación entre
todos los miembros.

La pequeña comunidad es un grupo estable, integrado por quienes han vivido ya la


experiencia inicial de la conversión, han tenido su encuentro personal con Jesús resucitado y
han recibido la efusión del Espíritu que los ha dejado marcados para siempre.

En esta pequeña comunidad se abre el corazón, las relaciones son más profundas. Allí se
recibe y comparte amor, comprensión, acompañamiento en la fe, corrección fraterno, se ora
por las necesidades personales y se camina en el proceso de sanación integral de las
personas.

La comunidad es el desemboque lógico y normal de una Evangelización bien llevada. La


comunidad es fruto de la Evangelización fundamental. Es más, formar el Cuerpo de Cristo no
es opcional o facultativo. ES UN IMPERATIVO.

«Así como nuestro cuerpo, en su unidad,


posee muchos miembros, y no desempeñan
todos los miembros la misma función, así
también nosotros, siendo muchos, no formamos
más que un sólo cuerpo en Cristo, siendo
cada uno por su parte los unos miembros de los otros».

(Romanos 12,4-5)

Quien ama a Jesús cabeza del cuerpo, ama igualmente a todo el cuerpo.
Quien recibe a Jesús recibe a los discípulos de Jesús.

La comunidad cristiana no es un producto de una técnica o dinámica. Es la obra del Espíritu


que no se detiene jamás. El Espíritu siempre conduce a la Unidad.

La comunidad cristiana, integrada por personas evangelizadas es a su vez evangelizadora por


su propio modo de vida, mostrando al mundo que existe una mejor manera de vivir, sin
criterios consumistas o de prestigio y poder que rigen las relaciones de nuestra sociedad, sino
un estilo de vida basado en los valores del Evangelio.

La Comunidad en este sentido es testigo de que el Reino de Dios ha llegado y que estamos
viviendo ya sus primicias.

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Estas comunidades, y no individuos aislados, serán quienes transformen el mundo y sus
estructuras injustas.

Jesús quiere familias convertidas y no individuos convertidos. El busca famil ias


evangelizadas.

Si no nos atrevemos a dar el paso de formar verdaderas comunidades donde exista la unidad
del Espíritu, sin rivalidades ni competencias, buscando más servir que ser servidos, jamás
experimentaremos la vida en abundancia traída por Jesús.

«Yo he venido para dar vida a los hombres


y para que /a tengan en abundancia».
(Jn. 10, 10)

«Nos lo preguntamos con confiado optimismo, aunque sin minusvalorar los problemas. No nos
satisface ciertamente la ingenua convicción de que haya una fórmula mágica para los grandes
desafíos de nuestro tiempo. No, no será una fórmula lo que nos salve, pero sí una Persona y
la certeza que ella nos infunde; ¡Yo estoy con vosotros!

No se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre,


recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que
hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la
historia hasta su perfeccionamiento en la J erusalén celeste. Es un programa que no cambia al
variar los tiempos y las cuJturas, aunque tiene cuenta del tiempo y de la cultura para un
verdadero diálogo y una comunicación eficaz».

(Papa Juan Pablo I1 en Nava Millennío Ineunte,


Al comienzo de un Nuevo Milenio, 29)

TEXTOS BÍBLICOS PARA MEMORIZAR


Apéndice

1.- El amor de Dios


Con amor eterno te he amado: ( Jeremías 31, 3)
Dios es amor: (1 Juan 4, 8)
Los montes se correrán y las colinas se moverán, pero mi amor de ti no se apartará:
(Isaías 54, 10)
¿Podría una madre olvidarse de su hijo? Pues aunque ella
se olvide yo nunca m~ olvidaré de ti: (Isaías 49, 15)
- Otros textos: (IsalCs 43,1), (Juan 4, 19).

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2.- El pecado
- Todos pecaron y están privados de (la gloria de) Dios: (Rom, 3, 23).
- Todo el que comete pecado es esclavo: (Juan 8, 34)
- El salario del pecado eS la muerte: (Romanos 6, 23) - Otros textos: (Romanos 11,32;
14,23), (Salmo 51, 7), (Génesis 2, 17).
3.- La salvación
- Tanto amó Dios al mundo, que le envió a su Hijo único... no para li/ iI condenar al mundo,
sino para que el mundo se salve: (Juan 3, 16-17).
- Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia: (Jn 10, 10).
- Jesús Nuestro Señor fue entregado por nuestros pecados y fue resucitado para nuestra
Justificación. (Romanos 4,24-25).
- Otros textos: (Romanos 5, 8), (Col. 2, 13-14), (Ef. 2,4-5), (1 Juan 1, 7), (Miqueas 7,19),
(Juan 16, 33), (Hechos 4,12), (1 Timoteo 2, 5).
4.- Fe y conversión
- Han sido salvados por gracia, mediante la fe, y esto no proviene de ustedes mismos, sino
que es un dos de Dios: (Efesios 2, 8).
- El que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios: (Juan 3, 3).
-Arrepiéntanse y conviértanse para que sus pecados sean borrados: (Hch. 3,19).
- Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre la puerta, cenaré con él
y él conmigo: (Apocalipsis 3,20).
- Otros textos: (Jeremías 31, 18), (Romanos 5, 1-2), (1 Juan 1, 9), (Hch. 2, 38).
5.- El Espíritu Santo
- Yo les daré un corazón nuevo e infundiré un Espíritu nuevo: (Ez. 36, 26).
- Serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días: (Hechos 1, 5).
- La Promesa es para ustedes y sus hijos y para todos los que están lejos; para cuantos llame
el Señor Dios nuestro: (Hechos 2, 39).
- El que tenga sed, que se acerque; y el que quiera, reciba gratuitamente el Agua de Vida:
(Apocalipsis 22,17).
- Otros textos: (Jn. 7, 37-39), (Lc. 11,13), (Ezequiel 37, 14), (Gálatas 3, 14).
6.- La comunidad
- Nosotros, siendo muchos, no formamos sino un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno
miembro de los otros: (Romanos 12, 5).
- (El creyente) unido a Cristo, en quien todo el cuerpo, por medio de junturas y ligamentos,
recibe nutrición y cohesión, para realizar N"' . ~ su crecimiento en DIOS: (Colosenses 2, 19).
- Ustedes son linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido ahora son
pueblo de Dios:
(1 Pedro 2, 9-10) A:;:"'¡ h - Otros textos: (1 Tlm. 3, 15), (Efeslos 2, 20; 4. 11-13), (Hch 2, 42)

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