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Causas de la pobreza en el mundo

Algunas causas de la pobreza en México son la desigualdad económica


entre clases, el desempleo, los bajos ingresos en muchos puestos de
empleo y el crecimiento demográfico. A pesar de que muchos países de
América Latina han logrado reducir significativamente los niveles de
pobreza en sus naciones, México es uno de los pocos que todavía lucha
contra este problema social.

De hecho, cerca de la mitad de la población de este país se ubica en el estrato


social bajo. Además de esto, el 10% de la población vive en pobreza
extrema; más de 20 millones de niños viven en pobreza y, de ellos, al menos
5 millones viven en pobreza extrema; más de 25 millones de mexicanos
ganan menos de 14 $ al día y un cuarto de la fuerza de trabajo está
desempleada. Estas cifras han incrementado desde el año 2006.

Sumado a esto, el crecimiento económico anual de México es más bien bajo


(entre el 2% y el 3%), lo que no hace sino incrementar la pobreza en la
nación.

En cualquier caso, el incremento sólo beneficia al porcentaje de la población


que pertenece a los estratos sociales medio y alto. Cabe destacar que las
entidades federativas con mayor índice de pobreza son Chiapas, Puebla,
Oaxaca, Veracruz, Yucatán y Guerrero.

Estos datos son curiosos, puesto que México se encuentra entre los 15
primeros países por su riqueza económica.

Estas son, a mi modo de ver, las diez principales causas de la desigualdad global.

1- Sistemas fiscales injustos. La desigualdad aumentará si los que menos


ingresos tienen siguen pagando más impuestos que los ricos. Warren Buffet
reconoció que paga un porcentaje de impuestos más bajo que su secretaria;
multinacionales como Google, Amazon o Starbucks pagan menos del 10% de
impuestos sobre sus beneficios. Las leyes y reglas actuales deben cambiar para
evitar que los impuestos sobre el consumo o sobre los salarios sean superiores a
los impuestos sobre las rentas del capital.
2- Corrupción y flujos ilícitos de capitales. Hay que poner fin a la hemorragia
financiera y robo que provocan la corrupción, la deuda pública odiosa y la evasión
fiscal. Para ello, es imprescindible combatir la opacidad del sistema financiero
internacional, con especial énfasis en la lucha contra los paraísos fiscales. Según
GFI, entre 1970 y 2008, 854.000 millones de dólares salieron de África hacia el
resto del mundo por culpa de la corrupción y los flujos de capitales ilícitos, el doble
de la cantidad recibida como ayuda oficial al desarrollo en el mismo período.
3- Distribución injusta de la inversión y el gasto público. La desigualdad
aumenta cuando determinados grupos de ciudadanos o instituciones, sea por
razones étnicas, de clase, geográficas, religiosas, etc., se benefician de mayores
niveles de inversión y gasto público que el resto, lo cual se traduce en mejor acceso
a servicios sociales básicos como salud o educación, o mejores infraestructuras,
como por ejemplo, en energía y comunicaciones. En muchas ocasiones las
decisiones políticas sobre inversiones y gasto público no se rigen por criterios de
justicia social, sino de conveniencia y connivencia.
4- Distribución injusta de la tierra. En muchos países se han promovido
procesos de concentración de la tierra en manos de los más poderosos. El
acaparamiento de tierras por inversores extranjeros también está dejando a
millones de persones en el mundo sin tierra para cultivar. Cada segundo, los países
en desarrollo pierden una superficie de tierra equivalente a un campo de fútbol. De
las políticas de acceso a tierra depende el nivel de beneficios de unos cuantos miles
de individuos, y también la seguridad alimentaria de millones de personas.
5- Acceso desigual al capital, conocimiento y tecnología. Nuestra posibilidad
de progresar como individuos depende de la oportunidad que tenemos para
acceder a conocimientos, tecnología y capital. Es el débil acceso a estos factores lo
que explica, por ejemplo, que determinadas poblaciones sean mucho más
vulnerables que otras a sufrir las consecuencias de una sequía; de estos factores
depende también el desarrollo de un sector privado doméstico que permita la
creación de puestos de trabajo de calidad.
6- Privatización. En algunos casos, la privatización de servicios públicos como el
agua, energía, salud o educación ha comportado la exclusión a los mismos de
personas que no se pueden permitir pagar los precios establecidos por el mercado.
La política debe servir para tomar las medidas necesarias para asegurar que la
privatización de servicios públicos, cuando se produce, no contribuye a la violación
de derechos humanos fundamentales. En Suráfrica, por ejemplo, la privatización
de servicios públicos ha comportado que algunos analistas se refieran a un nuevo
‘apartheid’ entre ricos y pobres.
7- Acceso injusto a la información y exclusión de los espacios de toma de
decisiones sobre políticas que influyen en nuestras vidas. Allí donde hay un
déficit democrático producido por la falta de transparencia, la escasez de
mecanismos de participación ciudadana y la debilidad de sistemas de rendición de
cuentas por parte del gobierno a la ciudadanía se establece el caldo de cultivo
perfecto para que las élites capturen el sistema político en beneficio propio.
8- Desigualdad de género. Las desigualdades actuales entre hombres y mujeres
son el resultado de políticas, prácticas y creencias injustas. Muchas de las
injusticias descritas en los puntos anteriores afectan mucho más a las mujeres que
a los hombres, por ejemplo, en cuestiones de acceso a tierra o capital, o en forma
de exclusión de la vida pública. Necesitamos políticas que promuevan la justicia de
género. No sólo para el beneficio de las mujeres, sino de toda la sociedad.
9- Impunidad y control del sistema judicial. La ley se debe aplicar a todos por
igual. Nadie debería disfrutar de impunidad por delitos cometidos, sea la violencia
organizada, el robo de dinero público o la colusión entre intereses políticos y
económicos. En países donde la impunidad de los más poderosos es evidente, los
ciudadanos tenemos la obligación de luchar para proteger uno de los pilares
básicos de la democracia.
10-Conflicto. En ocasiones, la violencia y el conflicto no sólo producen pobreza,
sino que son un mecanismo para reforzar y perpetuar el poder de determinados
grupos de población sobre otros, o una vía para consolidar el acceso privilegiado
de unos cuantos a dinero público o recursos naturales, en su país o fuera del
mismo. El poder económico, el político y el militar se pasean muchas veces cogidos
de la mano.
Desigualdad social
Desigualdad social. Se refiere a una situación socioeconómica, no necesaria a la
apropiación o usurpación privada de bienes, recursos y recompensas, implicando
competencia y lucha. La acción de dar un trato diferente a personas entre las que
existen desigualdades sociales, se llama discriminación. Esta discriminación puede
ser positiva o negativa, según vaya en beneficio o perjuicio de un determinado grupo.

Es el trato desigual que indica diferencia o discriminación de un individuo hacia otro


debido a su posición social, económica, religiosas, sexo, raza, color de piel, entre otros.

Las minorías sociales son las que más sufren trato desigual. Las grandes entidades o
grupos usan la discriminación para mantener control de los pequeños grupos. Esto se ve
mayormente en el área de la política y la religión donde éstos aislan a los grupos
minoritarios para así seguir controlando y acaparando ciertas áreas de la sociedad.

Generalmente es admitido que valores como la libertad, la justicia, la paz, el respeto o la


solidaridad tienen un carácter universal; de manera que además de considerarse
indispensables, se constituyen en los pilares básicos de todas las sociedades
democráticas. No obstante, no todos tienen el mismo protagonismo, y no todos son
asimilados o interiorizados igualmente.

Un trabajo reciente o metaestudio basado la comparación de más de 150 artículos


científicos revela que los países con mayores desigualdades económicas tienen mayores
problemas de salud mental y drogas, menores niveles salud física y menor esperanza de
vida, peores rendimientos académicos y mayores índices de embarazos juveniles no
deseados.

En esos casos también se comprobó que no es el nivel de renta sino la desigualdad


económica el factor explicativo principal. Por lo que los autores de dicho estudio
concluyen que entre los países más desarrollados, los más igualitarios obtienen un mejor
comportamiento en una serie amplia de índices de bienestar social.

Ivan Illich critica el fortalecimiento de las desigualdades sociales de los sistemas


sanitarios mundiales, y Freidson analiza el poder de los especialistas. Uno de los factores
que impiden que sea no sólo una necesidad de todos, sino una meta alcanzable, es la
desigualdad social. España, al igual que otros países, tiene la dura tarea de enfrentar esa
realidad.
El estudio antropológico y arqueológico de las sociedades ha revelado que las
sociedades paleolíticas eran bastante igualitarias, y salvo las diferencias de sexo y
edad en las tareas, existe poco o ninguna diferenciación adicional. En general
hombres y mujeres de la misma edad tienen habilidades y conocimientos similares, y
parece existe muy poca especialización en las sociedades de cazadores-recolectores.