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Prologo
El mérito, o uno de los méritos de la nueva jornada de este
La selva ha sido un personaje en la literatura de nuestra América fabuloso relato de Casanare de González Martínez, están en que
desde los tiempos de la conquista. Cuatro siglos antes de que reconociendo en los insectos, en los pájaros, en los tigres, en la
Rivera escribiera “La Vorágine”, ya el personaje verde figuraba en boa, en el venado, personajes con derecho a hablar, los hace
la historia de Fray Pedro de Aguado o en los versos de Juan de hablar. Desde que comienza la novela el lector se ve metido en un
Castellanos. Lo extraño está en que pasemos del siglo XVI al XX mundo en donde los hombres y los animales dialogan. “Pájaro
y siga lo mismo de envenenada y mágica esta floresta virgen Pollo dice que ha llegado hoy tarde a su cazadero...” “¡Cállate ya,
donde los peces se comen a los hombres hasta dejarlos en huesos pájaro garlero! – dijo Misael...” “No hables muy duro, hermano –
pelados, las hormigas talan los árboles, y vuelan enormes dijo el oso hormiguero...” “Nadie que guste más del silencio que
mariposas azules por un aire de color de malva donde se afinan los nosotros – contesto la nutria.”
zancudos. Las primeras versiones de la selva no fueron menos
dramáticas que el libro de José Eustasio, ni hay menos brujería en Los diálogos no son para sacar lecciones morales. La novela no es
un relato de los tiempos del Tuerto Orellana o del Tirano Aguirre una invención poética, ni un infierno de fantasía. El autor tiene
que en las páginas de la “Canaima” del gran Gallegos. Lo una escuela que podría situarse entre Kipling y Fabre. Ha
estupendo en todos los relatos de la selva es su diversidad. Tomas estudiado la vida de los animales como un naturalista. Conoce las
Carrasquilla en “La Marquesa de Yolombó” pobló el monte de costumbres y el estilo de cada bicho, y los cuentos que en torno
duendes, diablos, espantos, sacados de las leyendas populares, y suyo ha forjado el habitante de los Llanos. Sabe cómo pelea un
creó un mundo fantástico de una belleza subyugante... que no oso hormiguero con un tigre, cómo el güio se traga un venado,
tiene nada que ver con el embrujo de “Canaima”. Y Hudson, que cómo ocurre la lucha por sobrevivir en un mundo que no es
en realidad traía sus fantasmas del río Paraná, inventó un Orinoco primitivo para el animal, sino campo tradicional de sus
poético que parece hecho con las de mariposa. El libro de Hudson experiencias mortales. El hombre, ahí, no es sino otro animal que
es la anti vorágine. tiene otras armas, y que como un tigre o como un sapo o como oso
trata de mantener su pequeña provincia en el reino de la selva.
Ahora surge en Colombia una novela sin precedentes, sobre el
mismo tema. La ha escrito Manuel González Martínez, quien se ha El resultado es delicioso: cuando el hombre aparece más bestia, la
movido dentro de esa zona en donde confinan los Llanos y la novela se hace más humana. Los animales que hablan no agregan
selva, la misma comarca de “La Vorágine”, de “Canaima”, de con esto nada a su inteligencia. Muestran, sencillamente, por qué
“Doña Bárbara”. La novela de González Martínez se llama actúan como actúan en la batalla de cada día. Y siguen siendo tan
“Llanura, Soledad y Viento”. Tres personajes que se devoran al humanos en sus defensas y en sus acometidas como los han visto
hombre. Otra vez, como desde los tiempos de Jiménez de no digamos los ojos de La Fontaine, sino la lente de Fabre, la
Quesada, el hombre se ve diminuto y secundario. Más aún: de paciencia de Maeterlinck. Tenemos ahora la selva humanizada con
1538 a hoy parece que la selva ha crecido y el hombre ha mil pequeños personajes que nos cuentan sus íntimas maravillas.
disminuido. Los conquistadores – si lo queréis, más animales –
lograban sobreponerse al infierno verde si lo queréis, con más La selva sigue siendo la misma, pero la han visto otros ojos. Y con
diablos, y acababan sacando a flote sus ejércitos. Sacaba el pecho esta nueva visión se ensanchan ante nosotros sus horizontes
como una proa cubierta de algas, lagartos, sapos y culebras, y el infinitos.
oleaje de las ramas verdes y calientes se estrellaba contra este
mascarón de su voluntad empecinada. Hoy la selva se traga a estos GERMAN ARCINIEGAS.
capitanes.
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en donde comenzaba el imperio de la sabana ilímite,
LIBRO PRIMERO salvaje, amarillenta.

JORNADA PRIMERA - Gugudú; Gugudú – repetía el pequeño,


acercándose a los intestinos de un terecay (1) que, junto
¿El hombre encuentra un Güio, o es el Güio el que encuentra a con otros desperdicios de carne fresca, la madre acababa
un hombre? de arrojar allí. Guardó silencio el pequeño cuando la
Pájaro Pollo, el chismoso del Llano. pesada cabeza de color de cobre envejecido, achatada
La curiosidad del ciervo, aprovechada en su contra. como un candado monstruoso, apareció en el patio. Ya la
madre había vuelto al fogón y la pesada mole del reptil
I detuvo su marcha, dejando más de un metro de cuerpo
fuera de la paja, y mirando tiernamente, si es que ojo así
En cierto lugar de las llanuras orientales de Colombia, cuyo pueden hacerlo, a aquel menguado desayuno. El chiquillo
nombre trae a mi memoria los mejores recuerdos, hace se sentó en el suelo, abiertas y estiradas las piernecillas
apenas pocos años vivía un llanero de cetrino rostro, como si se dispusiera a contemplar un juguete.
mirada de águila, ademán desenvuelto y descarnado
cuerpo, cuya delgadez ocultaba una dureza de macana. Las fauces del monstruo se abrieron perezosamente y los
intestinos de la tortuga iban desapareciendo como sorbidos,
No lejos del caño y entre el pajonal bravío, se alzaba en silencio. Gugudú engulló la merienda en un instante,
apenas la cumbrera del improvisado rancho, techado de poca cosa era aquel día; otras veces era todo el entresijo
moriche, sin paredes, y con un zarzo que a la vez servía de de un venado, o de una danta, y más comúnmente las
dormitorio a la madre y el pequeño, y de despensa cuando cabezas y patas de borugos (2) y chacures (3).
algo había que guardar.
Misael lo encontró un día recién fundado allí, cuando se
Sobre el suelo apisonado por el uso, sin más ajuar que un dirigía al caño con los anzuelos y la escopeta. Quiso
ligero ropón que no alcanzaba a las rodillas, hacía sus destrozarle la cabeza de un tiro a boca de jarro, más lo vio
primeros pasos un mocozuelo que no llegaba a los dos tan quieto entre el estero, y
años; los mismos ojos del padre y en los carrillos Al parecer tan inofensivo, que pensó que era mejor
regordetes, redondos, toda la transparencia de un economizar la pólvora. Llevaba también el machete, tres
enfermizo querubín atacado de paludismo. buenos machetazos bastarían para acabar con él; podía
- ¡Gugudú! – balbuceó, viendo cómo por entre la aquel monstruo asustar cualquier día a la mujer que ya
paja se acercaba hasta el patio algo que venía a raíz de llevaba en sus entrañas al pequeño Tatí, que ahora
suelo, reptando pesadamente y moviendo el pajonal en correteaba por el patio imitando los gritos de las mochileras
distintas direcciones. (4) y los arrendajos.

- ¿Ya tay el Güio, mijo? – contesto la madre sin Resolvió dejarlo y seguir su camino hacia el caño. Después
volver el rostro y agachada ante e fogón -. Vino a tiempo de todo, Rosa, su compañera, era también una llanera
por su comía – y sin más decir, se levantó con una artesa cabal; a nadie ni a nada tenía miedo, a no ser que se
entre las manos, y vació su contenido en el límite del patio, tratase de las fiebres que continuamente atacaban al
pequeño Tatí. Entonces si sentía pavor, y rogaba al marido
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que no se alejase del rancho, como si la presencia de su de mi cólera, viejo Galán, que no faltará un entresijo de
Misael hiciera más eficaz las aguas con zumo de bejuco, danta para tu regalo, si es que aceptas mi ley.
que a pequeñas dosis suministraba al enfermito.

Largos minutos contempló Misael el enorme güio perdicero


que atravesado en su camino le había hecho detener la II
marcha aquella mañana. Al fondo, la mata de monte y por
entre ella el caño, lo esperaban como todos los días. Allí Gugudú nada dijo; ¿qué podía decir? Aplastó aun más la
estaba su despensa, su hato poblado de cuadrúpedos cabeza contra el fango del estero, como pudiera hacerlo la
salvajes, y el límpido estanque del río, en el cual los cabeza de un noble can sobre las rodillas del amo, cuando
anzuelos cebados con flores de guarumo (5) engarzaban la a la hora de la mesa espera un bocado con los ojos ávidos,
cachama (6), o si bien era de carne el cebo, entonces sería más ávidos quizás que su apetito. En buena me he metido
una corvinata (7) y hasta algunas veces el gigantesco – rezongó el reptil, cuando ya Misael dejaba la linde del
valetón (8), con el cual había que pelear hasta rendirlo, a estero para adentrarse en la montaña -, dejé mis antiguos
muchos kilómetros río arriba, o corriente abajo, según el cazaderos en donde mi voluntad era mi ley, para evitarme
capricho del pez coloso de los Llanos. el fastidio de las luchas, estoy ya viejo, es verdad, pero no
tanto como para que se me llame decrépito, “Viejo Galán”
- Te perdono la vida, viejo Galán, por toda esa me ha llamado, pero no sabe que apenas hace tres lunas
colección de tayas, mapanares y cascabeles que te habrás estrangulé a Balacú (12), el jaguar diestro en la caza, el
comido en tu largo viajar por este Llano; te la perdono, amo y el señor de las llanuras del Meta, por haberse
también, por lo viejo que eres, según lo dice tu tamaño y la atrevido a disputarme un ciervo que cacé en buena lid.
aspereza de tu piel. De nada me serviría tu muerte, pero si Balacú tenía hambre, necesitaba esa carne para su
llegares a acercarte a mi rancho, y asustaras a mi mujer, te compañera y sus cachorros. Pero, acaso, ¿cuándo disputé
convertiría en carne picada para arrojarla a los voraces yo a él los becerros robaba y los lechones que casi debajo
caribes (9) de que está lleno el caño. Aquí mando yo, de las hamacas sacaba de los hatos? Mal camino llevaba
sometido a mi ley tendrás la garantía de tu vida. Tu este ladrón de ganados, y aun más mala es la caza de los
presencia quizás ahuyente la caza, pero en cambio las animales que viven con el hombre; su carne algunas veces
serpientes venenosas estarán bajo tu mandato; te las dejo, mata, como mata el curare (13) de las flechas de esos otros
buen provecho te hagan, pero cuidado con tocarme los hombres que, a pesar de serlo, viven desnudos, no tienen
cervatos, las nidadas de perdiz, y los huevos de pato ganados y andan por estas selvas y llanuras, tan salvajes
carretero (10) y real que en este estero cuido para surtir mi como nosotros, y quizá peor, pues comen carne a medio
pobre despensa. Ya puedes escuchar, la historia que todos podrir, rebajándose a la condición de los viles guaras (14),
los días cuenta el Pájaro Pollo (11), del caimán, grueso esas aves enlutadas y despreciables que no saben cazar
como un tronco y áspero como una roca sin pulir, que quiso como el águila o el juca (15), sino que esperan las sobras
robarme los peces que guardaba cautivos; ya sabrás por él, de nuestras comidas, o que el verano nos mate de sed a
como era de larga su piel cuando a rastras la llevaba hacia todos, para devorar nuestros cadáveres.
el hogar, tinta en sangre el agua del río cuando mi cuchillo
agujereaba sus entrañas, y cómo la fuerza de sus De repente Pájaro Pollo, de quien hablara Misael, comenzó
coletazos, capaces de partirle el espinazo a un toro, a chillar desde su mirador, bien oculto entre el frondaje,
revolvían las aguas del silenciosos caño. Guárdate, pues, desde el cual podía observarlo todo sin que fuera visto.
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desde las riberas del Arauca hasta el nacimiento del
- Pío, pi, pío, pipí. – Las mochileras también Quenane.
comenzaron a alborotar con sus chillidos y revuelos,
matizando de amarillo el verdeoscuro del bosque, que - Que vengan cuando quieran y cierra ese pico ya,
aquella mañana aparecía vestido de gala, en virtud de las miserable, que vas a espantar la caza a Galaí – dijo
primeras lluvias. Gugudú.

- Pájaro Pollo dice que ha llegado tarde hoy Galaí, el Con la ornamenta en alto, sondando el viento en todas
hombre, a su cazadero. Esta mañana las venadas pacían direcciones con la estirada nariz, avanzaba lentamente el
los remuevos de paja en el quemado (16), una cervatuela ciervo hacia el quemado, en donde habían estado las
de tres meses, salpicado el espinazo de manchitas blancas, venadas en la mañana. Su poderoso, fino olfato le decía
se halla escondida por orden de la madre, en una maleza a que las hembras no andaban lejos, pues tras ellas iba; pero,
la orilla del monte; la amamantó antes de seguir con las al mismo tiempo el viento le traía también emanaciones de
compañeras hacía otros montes, a donde van en busca de Galaí; por ello, sin probar bocado, avanzaba
pastos nuevos. cautelosamente, esquivando rozarse con todo aquello que
pudiera denunciar su paso. Llegó al quemado no sin haber
- Cállate ya, pájaro garlero! – dijo por lo bajo Misael. dado antes muchos rodeos explorando el terreno. Encontró
Quien acababa de ver impresas, en la tierra blanda, las más fresco el olor de las ciervas en aquel pedazo de
huellas de una tropa de venados. Gugudú escuchó lo que sabana, limpio de toda mata, en donde el viento galopaba
decía Pájaro Pollo; bien sabía él que aquel soplón del Llano libre de todo obstáculo, trayendo noticias de todas partes.
nunca decía mentiras. Podría ir a buscar la cervatuela, pero Su oído le dijo que un cervato o cervatuela, escondido en el
aquel diablo de pájaro lo denunciaría; mejor era aguardar la rastrojo alto, se rascaba las picaduras de las moscas. –
noche y que Galaí cazara primero, conforme a las buenas Qué imprudente chiquillo – penso el venado -, hacer un
maneras y al pacto celebrado; además, sentía el deseo de ruido así; se conoce que no le han enseñado todavía las
continuar allí, recibiendo el sol y terminando una digestión primeras letras de nuestra ciencia, o que en estos
que duraba ya tres días. comederos se puede vivir tranquilamente, sin temor a
Balacú, a Gugudú o Galaí el hombre. – Agachó la cabeza y
- Pío, pi; pío pipí. Alerta, viene un soberbio macho de se dispuso a triscar la fresca paja, mas levantándola
venado a quien yo no conocía – gritó Pájaro Pollo – qué nuevamente, y estirando la nariz, añadió -: Si me habré
bello es su color leonado, más perece un novillo que un equivocado, el viento habla de Galaí, pero seguramente el
ciervo, por lo grande. tiene muchas puntas su cornamenta, olor venga del rancho aquel que dejé a mi derecha, hace un
y qué pulida y brillante está; parece que la hubiera momento; había fuego encendido y con el humo no pude
abrillantado contra los troncos de muchos árboles. Oh. qué distinguir bien su olor, ya lo aprenderé como me tengo
piernas más delgadas, largas y ágiles. Este sí es un digno sabidos de memoria otros muchos de la región de donde
competidor de Balacú en la carrera, si Balacú viviera; pero vengo.
el Guara, que hace días no visita estos parajes, ha dicho
que Balacú murió, que su carne era muy dura y sabía a En aquel instante Pájaro Pollo se agitó en su rama: pío pi,
mal. También dijo el Guara, que sabe más que yo, que fue
Gugudú quien lo mató y que su compañera y sus hijos han - Ya comienza la danza – dijo Gugudú levantando la
jurado vengar su muerte, así tengan que atravesar el Llano cabeza para mirar mejor.
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Hiriendo el blando suelo con los cascos de las manos, tal
como lo hacen los corderos, y resoplando ruidosamente; ya
III marchando o ya deteniéndose, salía el venado al encuentro
de aquel ser desconocido que tanto picaba su curiosidad.
Por el lindero del bosque y hacia el quemado, que distaba Más de ochenta metros faltaban para encontrase frente a
cerca de trescientos metros, puesto en cuatro pies y con la frente. El corazón del venado latía aceleradamente, sentía
espalda hacia el ciervo, avanzaba retrocediendo, si es que impulsos contradictorios de arrojarse sobre aquel bicho y
así puede llamarse la acción de gatear hacia atrás, una destrozarlo con las pezuñas y los cuernos o emprender
figura que no alzaba más de cincuenta centímetros del veloz huida, con toda la celeridad de que eran capaces sus
suelo. Sin pelamen alguna, lisa y moreno-amarillenta la piel, afiladas piernas, habituadas a devorar distancias. Se detuvo
se destacaba entre la verdura del pajonal. Deteníase un momento, desconfiado, pues aquel raro animal había
algunas veces, y elevando el arco de la cintura y estirando desaparecido por completo entre la paja. Quiso avanzar
las piernas, miraba por entre ellas al venado, que unos cuantos pasos más, cuando aquel desconocido ser
sorprendido y asombrado, no acertaba a calificar qué raro asomó apenas a flor de tierra la cabeza y con ella el
ejemplar era aquel. Varias veces le pregunto al viento qué estampido de su disparo rompió el silencio de la tranquila
era aquello, que se movía en su dirección, al parecer sin llanura. Pájaro Pollo dio un brinco en su rama y
cabeza y sin cuello; que crecía algunas veces y otras ahogándose del susto chilló -: Galaí dejó sus plumas en el
quedaba oculto entre la paja, pero el viento estaba en monte, desnudo como un sapo; puesto en cuatro patas y
contra y nada podía contestar. caminando como el cangrejo, se acercó hasta Zamará (17),
y cuando ya se iban a encontrar se estiró para soltarle el
- Es demasiado pequeño para que pueda conmigo trueno. Zamará se muere, lo mató su curiosidad.
en velocidad – dijo el ciervo -, no es un Balacú, porque no
es esta su táctica cuando va de caza; tampoco su piel es - Y yo he de matarte a ti, grandísimo soplón, por
manchada. ¿Qué bicho será este que yo no he visto nunca, bellaco y entrometido – dijo Gugudú cambiando de sitio,
ni oído comentario en que se hable de él? No tiene pelo el para buscar el amparo de la sombra de una palmera de
pobrecillo, y el color de su cuero se parece al del vientre de cuesco.
un caimán. ¿Cómo se defenderá de las moscas y de la
lluvia? Camina muy despacio y tengo impaciencia por A los lejos, entre el monte, las chicharras vibraban hasta
mirarlo, con que iré a su encuentro para ganar tiempo. reventar, y sobre la llanura se cernía el silencio como una
masa densa, inquebrantable, poblada de misterio, de
Pájaro Pollo cantó -: Si en los Llanos no hubiese más tragedias y soledad.
curiosos que yo, mejor marcharían las cosas. No es lo
mismo mirarlo todo sin meterse en nada, que meter las Cuchillo en mano y con el cañón de la escopeta aún
narices arriesgándolo todo, por mera curiosidad. humeante, Misael llegó al sitio en el cual el venado se
agitaba en las postreras convulsiones. Su cuerpo moreno-
- Conmigo no es la cosa – dijo Gugudú -, pero si ese amarillento, completamente desnudo, estaba cubierto de
pajarraco se llega a mezclar en mis asuntos, aunque tenga sudor. Con el pequeño cuchillo ultimó al ciervo para evitarle
que taparme las narices he de engullirlo vivo para evitar sus sufrimientos, y con la grave serenidad de quien ha cumplido
chismes. un deber, regresó al monte para buscar sus ropas y el cabo
de la soga con qué atar el venado, para llevarlo a cuestas
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hasta el rancho. – Rosa se pondrá feliz – decía el cazador -;
apenas tenemos carne para hoy y ella necesita alimentarse, Gugudú nada escuchaba, se había desenroscado del todo
ahora más que nunca... como va a ser madre, y como voy a y, ya estirado, abrió las fauces tan desmedidamente, que el
se el llanero más feliz, con mi primer hijo, que ha de ser llanero se quedó plasmado, al ver cómo aquel medio ciervo,
varón... que tenía más de treinta centímetros de diámetro, cabía por
tan estrecho túnel, dando lugar a una grotesca dilatación de
Con la escopeta en la mano y el venado cargado a la la garganta del reptil, que ahora parecía tuviese un coto
espalda llegó al estero por donde cruzara esa mañana. Los inmenso, que se iba deslizando hacía el estómago,
ojos de Gugudú le salieron al encuentro, en tanto que la lentamente.
mole semienroscada quedaba oculta entre la maleza que
circundaba la palmera. Pájaro Pollo lo había visto todo desde su mirador del monte
que quedaba oculto en las más altas ramas de un guarumo.
- Qué perezoso eres, viejo Galán, apenas te has Vio cuando Galaí arrojó las entrañas del venado a pocos
movido cinco metros del lugar en que te dejé esta mañana. pasos de la palmera de cuesco, que solitaria se alzaba en
Por lo visto no has cazado hoy, pero conforme a nuestro el estero; vio, también, cuando el hombre se alejaba hacia
pacto vas a recibir parte de mi caza – y diciendo así, el rancho cargando nuevamente el venado. Mas le llamó
descargó el ciervo en un lugar seco, acomodándole el poderosamente la atención que el hombre hubiese dejado
espinazo en una pequeña hendidura del terreno, y con el allí los intestinos de Zamará, como si fuese un cebo para
pequeño cuchillo que nunca le faltaba al cinto, le abrió el cazar algún carnicero. ¿Para qué había hecho esto Galaí,
vientre, y extrayendo los intestinos los arrojó a tres palmos cuando Pájaro Pollo, según lo tenía averiguado, muy bien
de las narices del reptil. – El hígado no te le he de dar, mi sabía que en el rancho del hombre no se desperdiciaba
viejo amigo; este ha sido siempre el bocado preferido de mi nada, tratándose de carne? Calculó la distancia entre su
mujer, perdona esta falta de cortesía llanera, que no es más mirador y la palmera del estero. Era grande, pero no tanto
que una ley de caza: el que mata, cobra la cabeza o la piel, como para sus alas, que podían cruzarla en el instante,
o lo que guste y el resto es para los compañeros, porque para averiguar aquello. Ya iba a emprender el vuelo, cuando
según he pensado desde nuestro encuentro esta mañana, recordó que por sobre el estero volaba siempre, trazando
hemos de ayudarnos mutuamente, a fuer de buenos grandes círculos, un veloz Juca, el halcón de los Llanos,
cazadores del Llano. Me encantaría que te dedicases a la que no perdonaba pájaro alguno, y aun acometía a los
caza de cuanta bicha venenosa haya en este banco de enormes patos reales, cuatro veces mayores en tamaño
sabana. Te doy permiso para que dispongas de una que que el rapaz. Aquel temor lo detuvo, mas se consoló
otra perdiz, cuando tengas antojos delicados; más ten pensando que el Guara, que tenía mejores ojos y que
cuidado con los huevos, pues si te los comes hoy, mañana viajaba todo el día, podría llegar de un momento a otro a
no tendrás ni huevos ni perdices. ¿Qué es un huevo de devorar aquella pitanza, y entonces Pájaro Pollo sabría si
perdiz para tu estómago? Pesa más un pequeño grano de aquello era un cebo, y con destino a quién, pues si se
arena. Cuenta una nidada de estos huevos, son diez, o trataba – como él suponía -, de alguna trampa para capturar
doce cuando de trata de una hembra de segunda postura. a Juca, iría con la mayor alegría a llevar la noticia a todo el
Una vez que los hayas contado, espera dos meses y la mundo alado que habitaba el sotobosque, y que no se
onza que pesaban estos diez huevos, en ese tiempo, se atrevía a salir a la sabana por miedo al merodeador.
habrá convertido en cinco libras, cuando te comas las diez
perdices. ¿Cómo te parece mi trato?
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IV - Qué he de callar viéndote a ti – repuso el pájaro -;
¿a ti, pedazo de tronco podrido, si eres un peligro para
Pasaban las horas. Era ya mediodía y el cielo despejado todos? – y alzando más la voz continuó -: ¡tiemblen los
dejaba ver el confín de la llanura. Amarillo abajo y azul polluelos, griten de angustia las madres que calientan sus
arriba se juntaban allá, a millares de kilómetros, a donde huevos! ¡Todo el mundo que viste de pelo, fíjese por donde
Pájaro Pollo no podía llegar en un solo vuelo, como lo hacía camina! ¡Ha llegado Gugudú, cara de sapo; huyan los
el Guara, el Juca y un los rechonchos patos. Cansado de cervatillos, los saínos, cafuches, chacures y lapas (18)
esperar la llegada del Guara y comido por la impaciencia, ¡Encomiéndense a la velocidad de sus patas, y pelen el ojo
Pájaro Pollo estaba por vencer el miedo y arriesgarse en un que debajo de este cuesco del estero está escondido Buche
rápido vuelo hasta la palmera. Oteó el horizonte. Ninguna sin Fondo!
mancha negra, ni rastro de ave alguna, rasgaba el azul
inmaculado de los cielos. Encogió el cuello y estirando las El bosque se alborotó con el escándalo que armara Pájaro
alas se lanzó al espacio, como todo un valiente y sin dar Pollo. Especialmente los loros comenzaron a gritar
siquiera un grito. Tal fue su emoción al llegar al cuesco y formando una algarabía infernal, que a su vez interrumpió la
elegir un sitio donde detenerse, que sus alas tropezaron siesta del resto de las aves. La noticia cundió rápidamente
con las hojas secas haciendo un ruido inusitado. Repuesto a los largo de la mata de monte. Una tropa de saínos que
de la emoción miró hacia abajo, nada se veía allí distinto del se dirigía al bañadero gangoso desvió la ruta, huyendo
alto pajonal. Apenas si entrevió algunas manchas de atropelladamente por entre el monte y dejando oír sordos
sangre, ya secas, sobre las cuales se agitaban las moscas gruñidos. Las oropéndolas, pirzas (19) y mochileras dando
azules. agudos chillidos revolaban en torno de sus nidos colgados
de un árbol seco. Aquello era una confusión de gritos,
Gugudú se despertó con el ruido que hiciera Pájaro Pollo, carreras y vuelos angustiados. Nadie sabía la causa de su
entre las ramas al posarse y levantando un poco la cabeza miedo, pero el pánico había cundido y todo el mundo
descubrió al pájaro, al tiempo que este también alcanzo a andaba aterrado buscando refugio, sin saber de qué peligro
verlo. se trataba.

- ¿No has aprendido a volar, grandísimo bellaco, que Pájaro Pollo había gritado “Alerta general”, y eso era
así vienes a interrumpir el sueño de la gente sosegada? – le suficiente. De ahí que el bosque pareciera un hormiguero
dijo indignado. en desbandada; pues hasta los mismos araguatos (20),
dando enormes saltos que partían las ramas, aumentando
- ¿Con que eras tú, lombriz negra, cara de sapo? el ruido, huían por las copas de los árboles
¿Cuándo llegaste que yo no te viera? ¿Seguramente llegas aceleradamente.
a esconderte aquí, huyendo de las garras hirientes de la
mujer de Balacú a quien mataste hace poco porque te pidió - En buen lío has metido a toda esa gentuza, soplón
un pedazo de carne para sus cachorros? alborotador. ¿Qué vas a hacer ahora para serenarlos? –
dijo Gugudú satisfecho del pánico que su presencia había
- Yo no huyo de nadie, pajarraco fisgón y causado en el bosque.
despreciable; cállate ya que me fastidian tus chillidos-
repuso enojado Gugudú. - Gritar más y llamar a Balacú para que te destroce,
Lombriz Podrida – contesto el pájaro.
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propio cuerpo, bajo el cual dejó a Pájaro Pollo, oprimiéndolo
Aquel alboroto atrajo la atención de Juca, que en esos apenas para que no escapase.
instantes volaba a considerable distancia, ajeno a aquel
desconcierto pajaril del cual se hubiera aprovechado, de - ¿Y bien, ahora qué me dices, mosquita? – lo
estar allí, para elegir la mejor presa entre tamaña confusión. interrogó, esbozando una ancha sonrisa, tan ancha como la
Mas, enderezando el ala tomó altura, y en un instante se ancha hendidura de su boca -. Había prometido devorarte
encontró sobre el bosque, que en aquel momento no sin antes taparme las narices, porque hueles a cosas no
enmudeció como por encanto ante el silbido de sus rápidas muy buenas. ¿Dí algo, defiéndete, o es que acaso eres tú
alas. Conservando siempre la altura que es la característica de los que atacan en la sombra, hurtando siempre el cuerpo
de su ataque, comenzó a trazar grandes círculos, a menor y escondiendo en tan menguada estatura un alma más
velocidad y con los ojos puestos ya sobre el bosque, o pequeña aun? Pobre diablo, más pareces un ratón que se
sobre el llano. alimentara de calumnias, que un pájaro. Tienes alas, es
verdad, paro las tuyas no son propiamente de ave, sino de
Pájaro Pollo lo vio y estuvo a punto de desplomarse de cucaracha, o de vampiro, para actuar en las sombras.
terror. Gugudú, alzando la cabeza por sobre la paja, vio Odias a todo el mundo, porque todos te desprecian, y vives
también a Juca y soltó una carcajada que atemorizó más al del insulto a las águilas, a las aves nobles, a quienes no
petrificado Pájaro Pollo, que apenas se atrevía a respirar. puedes imitar ni en el vuelo, ni en el colorido del plumaje.
Estarás pensando ahora que te libré de las garras de Juca,
- Estás en mis manos, mosca impertinente. Ahora sí para regalarme con tu carne mal oliente; más, he de decirte
es la ocasión de gritar; ¿por qué no me llamas Cara de que si el de nariz partida, a quien Galaí llama Mapanare, no
Sapo, o Buche sin Fondo? – El infeliz pajarillo se había tiene poder alguno en mi contra, tú sí lo tendrías, por el
reducido de tamaño, y su corazón latía con la rapidez de asco que me inspiras, y por el remordimiento que me
una vibración eléctrica. Desgraciadamente aquella mataría al haber devorado una sabandija tan despreciable
semidesnuda palmera no podía ocultarlo suficientemente y como tú. Anda a tu mirador, a fisgonearlo todo, a envenenar
pensó que estándose quieto y sin chistar podía pasar el ambiente de este bosque, con tus chismes, que no seré
desapercibido a los ojos del rapaz. Ingenua esperanza fue yo quien te rompa una pluma; pues tu manera despreciable
aquella, pues los ojos de Juca sabían distinguir un ratón, de vivir es necesaria para contraste de las vidas buenas,
por más que se escondiera entre la paja; así que antes de provechosas. Véte ya, que me apesta tu presencia – y lo
que transcurrieran tres minutos, con la celeridad del rayo se dejo partir hacia el bosque, bajo el sopor del mediodía.
lanzó desde la altura, haciendo un poderoso estruendo, con
las alas encogidas y las garras abiertas. Pájaro Pollo vio
que se acercaba por instantes, y desmayándose se dejo JORNADA SEGUNDA
caer de la rama, como muerto. El ave presa cruzó a dos
palmos del suelo, casi rozó con las alas la cabeza de Nace Tatí. – Las primeras lecciones de la lucha. –
Gugudú, que en una rápida maniobra aprisionó a Pájaro Victoria de las hormigas.
entre las fauces.
I
Juca se alejo dando chillidos de rabia, y el reptil, doblando
el cuello, metió la cabeza debajo del tercio superior de su Muchos inviernos y lunas, como dijera Gugudú, habían
pasado sobre las llanuras casanareñas. Pequeñas
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tragedias, sobresaltos, emboscadas, gritos de terror y regalaba con carne casi todos los días, hizo de Güio un
suaves llamadas de celo se habían sucedido. Tatí nació una monstruo manso, que llegó a ver en Misael no un enemigo,
tarde, cuando menos se esperaba, a los pocos días de la sino a un compañero, a un protector que compartía su caza
caza del ciervo. La sabana se había inundado varias veces, sin egoísmo. Acostumbrado a la lucha por conseguir el
el río había cambiado de cauce y el rancho de Misael alimento diario, encontró demasiado cómoda aquella nueva
continuaba allí, con su penacho de humo, como un jalón y regalada manera de vivir. En sus andanzas por el Llano,
humilde, perdido en la sabana, marcando una ruta que que contaban toda su vida, había tenido que luchar a diario;
nadie había de seguir; la ruta de los llanos, o lo que es lo defenderse y atacar según la ley salvaje de la pampa y las
mismo, la ruta del olvido y el silencio. malezas. Durante mi vida, que ya es larga – pensaba
Gugudú, mirando el pedazo de carne -, el único animal que
Gugudú se había acostumbrado a la presencia de Galaí, y no he hecho daño es Galaí. He tenido que defenderme
para mayor comodidad de ambos, hombre y reptil, este hasta de las hormigas, y recordó aquel episodio sucedido
último redujo su radio de acción al trayecto que mediaba hacía muchos inviernos; tantos que había perdido la cuenta,
entre el rancho y el estero. Rosa, advertida por su marido pues apenas recordaba que no tenía el tamaño ni la fuerza
de la presencia del monstruo en el estero, se había también de hoy, y que aquella fue una de sus primeras grandes
acostumbrado a verlo, cuando todos los días acudía por batallas por la vida, en la que aprendió que quien ataca
agua al pequeño manantial, cuya límpida corriente formaba primero podrá defenderse mejor.
el estero mismo. Gugudú había escuchado el primer lloro
de Tatí cuando éste naciera. Notó asimismo, que después Discurría buenamente por una angosta trocha del bosque,
de aquel acontecimiento, Misael dejó una semana de salir cuando por la misma, y en dirección opuesta, asomaban el
del monte sin alejarse del rancho; así que decidió acercarse silencio tres cafuches (21). El encuentro fue tan de manos a
hasta el patio y llegó a éste en el momento mismo en que el boca, que el pequeño Güio apenas pudo desviar medio
llanero, que andaba atareado en el fogón, lo alcanzó a ver cuerpo de la senda, buscando la retirada que resultó
cuando asomó la cabeza por entre el pajonal. Ya era un infructuosa, pues el cafuche que abría la marcha se arrojó
hábito para el reptil la periódica ración de carne, o de sobre el reptil, hiriéndolo con las afiladas pezuñas en la
intestinos que, tanto Rosa como Galaí, le dejaran cerca del mitad del cuerpo. Con la celeridad del rayo, Gugudú volvió
rancho. Por consiguiente cuando el hombre lo vio en el la cabeza y agarrando a su enemigo por debajo de una
patio, dedujo que el Güio reclamaba su ración, y partiendo oreja lo atrajo con tal violencia, por entre el pequeño
un gran pedazo de tasajo de venado se lo arrojó, sin espacio que mediaba entre dos gruesos árboles, que la
cuidarse de más, para volver al fogón en donde cocinaba columna dorsal del valiente marrano crujió como una caña
una pequeña olla de caldo. Arriba, en el zarzo, se que se partiera en dos. Entretanto los compañeros,
escuchaba un canturreo. Era algo así como un arrullo, que aprovechando la breve tregua, con el espinazo erizado de
entre música y monólogo la madre trataba de dormir al agudas cerdas, y gruñendo endemoniadamente, atacaban
recién nacido. al Güio a mordiscos y pezuña. El reptil se defendía
valientemente, a pesar de tener medio cuerpo destrozado;
Gugudú se limitó a mirar el gran pedazo de carne seca que ya había eliminado a uno de sus adversarios y se aprestaba
Galaí le arrojaba, sin osar tocarla. Había venido no a comer, ahora a defenderse mejor de los dos restantes, que, dando
sino a indagar la causa por la cual su amigo había dejado vueltas a su alrededor, como para tomar un respiro, se
de volver al monte. Aquella actitud del hombre con el reptil, lanzarían de un momento a otro, para molerlo a mordiscos y
al que nunca hiciera el menor daño, sino al contrario, lo machacarlo con las patas agudas y afiladas como puñales.
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enemigo, que la mayoría de las veces queda reducido a
Con la cabeza baja y las pupilas enrojecidas que parecían polvo.
saltar de las órbitas; chorreando baba y sonando las
quijadas como si los colmillos triturasen cuescos o corozos, Si bien Gugudú había salido vencedor, en cambio las
los cafuches se arrojaron al ataque. Uno de estos fue heridas que recibiera apenas le permitían moverse. La
cogido por un brazo y en la batahola, el Güio logró sangre chorreaba de los profundos desgarrones que llevaba
envolverse a él, tan fuertemente y con tantas vueltas, que lo a todo lo largo del cuerpo, y pensando el reptil que por
redujo a la impotencia. Entretanto, el compañero atacaba aquella misma vía pudiera venir una nueva tropa, numerosa
ciegamente aquel nudo movedizo, ya hundiendo sus esas sí, pues había sido una rara casualidad encontrase
colmillos en la carne del reptil, como en el cuerpo de su apenas con tres, se dispuso a abandonar aquella senda
propio compañero, que gruñendo sordamente se asfixiaba peligrosa, que en realidad era una de tantas trochas que los
bajo la presión de los anillos, que lentamente se iban cuadrúpedos salvajes se abren en la selva, para transitar
cerrando a manera de nudos corredizos que se apretaran por ellas diariamente.
más y más. Haciendo un poderoso esfuerzo, el Güio,
desangrado y con la carne hecha jirones, sin deshacer el Sin mirar siquiera los cadáveres de sus enemigos, que en
nudo, levantó la cabeza para hacer frente al enemigo que otras circunstancias hubieran sido codiciada comida,
aún quedaba en pie. El cafuche, de un salto se colocó a Gugudú se alejó no con la rapidez que él quisiera, sino
prudente distancia y allí permaneció sin atacar. Había lentamente y haciendo grandes esfuerzos para moverse.
cesado todo ruido, apenas se percibía el crujir de las Así anduvo toda la tarde buscando un refugio donde
costillas del cafuche preso, que se iban partiendo a medida esconderse y esperar la cicatrización de sus heridas, o la
que el reptil lo estrangulaba. El nudo comenzó a muerte misma. A medida que llegaba la noche se sentía
deshacerse después de un corto intervalo, y el cadáver del más débil, estaba casi desangrado y viendo que
puerco rodó sobre la capa de hojas secas, como una masa materialmente no podía moverse, sin grandes dolores, se
informe, blanduzca y cubierta de su propia baba. El refugió cerca de un tronco carcomido que encontró
sobreviviente de los cafuches no quiso atacar de nuevo; atravesado en su camino y que no pudo trasponer. Allí
apenas estaba levemente estropeado y ante la actitud del permaneció hasta la mañana siguiente, cuando un ejército
Güio, pronto a la lucha, se fue retirando cautelosamente de hormigas lo cubría por completo. El olor de la sangre las
hasta desaparecer por completo entre la maraña del había atraído.
bosque. II

Aquella había sido toda una jornada de valor y de coraje: Aquellas voraces carniceras diminutas, en el transcurso de
una página corta, si se quiere, de las que a diario se horas dejarían apenas los huesos mondos del
suceden en las llanuras caldeadas por el sol y batidas por el imposibilitado reptil. Era aquella otra batalla que tenía que
viento. El héroe había sido un Güio joven, que al hacer sus librar, y contra un enemigo que no presentaba blanco
primeras armas, confirmó la ley del Llano: matar para vivir. alguno compacto, para herirlo de un solo golpe, o para
Los cadáveres de los dos cafuches atestiguan la magnitud envolverlo entre sus anillos. Aquella masa oscura,
de aquella lucha. Estos bravos cerdos de monte son un compuesta por millones de seres que se movían de un lado
enemigo nada despreciable aun para el mismo Balacú, que para otro, cubriendo por entero el cuerpo del Güio, había
muchas veces los rehuye por su táctica de acometer en comenzado su labor de roer, por pequeñas partículas, la
manada, de atacar todos al mismo tiempo a un solo desgarrada carne de su víctima, causándole dolores
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atroces a todo lo largo y ancho del cuerpo, con las aceradas incalculable poder; la otra formada por legiones de seres
tenazas. Gugudú, soportando los horribles dolores que le microscópicos, cuyo número fabuloso constituye una sola
ocasionara el más pequeño esfuerzo, comenzó a agitarse fuerza, quizá más agresiva que la del adversario.
dando latigazos con la cola, con toda la violencia de que era
capaz. Se recogía unas veces formando nudos que iba Después de haber atravesado casi todo el bosque sin parar
cerrando rápidamente y revolviéndose de un lado al otro, se un momento, Gugudú se dio cuenta de que el enjambre que
restregaba a sí mismo y contra todo aquello que pudiera cabalgaba sobre su lomo se había reducido, pero no como
libertarlo del voraz ejército. Las hormigas caían a su para pensar que había cesado el ataque. Continuó su
alrededor apenas atontadas, para volver con más furia al marcha haciendo uno de la misma estrategia; la de meter la
ataque; penas si morían algunas pocas, pues la coraza cabeza por debajo de todo aquello que pudiera rozarle
quitinosa de que está revestida la cabeza, el tórax y el fuertemente el dorso, y así, después de varias horas de
abdomen las favorece de manera tal, que un hombre, jornada, llegó al río, en el cual de hundió hasta tocar el
tomando una entre los dedos y restregándola fuertemente, fondo. Todo esto recordó Gugudú ante el pedazo de tasajo
apenas si le destroza las patas quedando el resto del que Galaí le arrojara en el patio del rancho. – El único
cuerpo intacto, favorecido por aquella coraza con que la animal que no me ha hecho daño – volvió a decir, y más por
Naturaleza las dotó para su defensa. gratitud que por apetito, devoró su ración y enrollándose
tranquilamente se durmió allí mismo, en el pequeño patio
Enloquecido Gugudú por el dolor de las mordeduras, que del rancho.
removían especialmente las heridas que sacra de la batalla
con los cafuches, emprendió rápida fuga, sin saber a donde
ir y llevando a cuestas aquel ejército microscópico, que lo JORNADA TERCERA
descarnaba lenta, pero implacablemente. Con la velocidad
de que era capaz se encaminó en línea recta, resuelto a La voz de la selva. - ¿Lloran los venados?-
morir cuando ya no pudiera moverse más. En su carrera La inteligencia enfrentada al instinto.
metía a cabeza debajo por debajo de troncos, ramas, y
capas de hojas secas, con la intención de que sus I
enemigas quedaran allí retenidas por aquellos obstáculos,
por entre los cuales pasaba adelgazándose cuanto más Tatí crecía rápidamente como un pequeño animalillo
podía; pero las aceradas tenazas, clavadas en su carne montaraz, a despecho de fiebres, picaduras de garrapatas,
continuaban fijas como espinas incrustadas. El bosque zancudos y jején; molestias estas que su mente de niño
escucho los silbidos de dolor y de cólera y la quebrazón de nacido en aquel ambiente consideraba como cosas
ramas en la precipitada fuga del coloso. Era un monstruo, el naturales. Sabía sacudirse los zancudos de los brazos y
monstruo por excelencia de las llanuras casanareñas, que pernezuelas con un golpe seco, dado con la mano, tal como
huía del ataque del enemigo más pequeño, lanzando viera que lo hacían sus padres. Se arrimaba al fogón, y en
silbidos de dolor, de cólera y por qué no, también de miedo. cuclillas pasaba largos ratos mirando el fuego y quemando
pequeñas varitas de paloevela (22), cuya ceniza, sin
Un insecto, si se quiere insignificante, ponía en fuga al disgregarse, formaba caprichosas figuras, retorcidas y
poderoso Güio que no retrocediera ante una pareja de grises, que iba colocando sobre el piso de tierra. Una de
jaguares. Eran dos fuerzas que luchaban con distintas sus mayores alegrías la constituyó el descubrimiento que
armas; la una integrada por un solo individuo, de hiciera con las semillas de algodón. En una tapara (23), que
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colgaba del zarzo había permanecido mucho tiempo, Galaí llover, Tatí, los araguatos le dicen, y tu papá se va a mojar si
guardaba semillas de algodón, con intenciones de no llega pronto.
sembrarlas en la primera oportunidad en la pequeña roza
donde cultivaba el topocho (24), los guineos y la yuca.
Aquel calabazo sacudido por el viento, cayó un día y las II
semillas se desparramaron por el suelo. Tatí se dedicó a
recogerlas y habiendo arrojado por casualidad unas al ¿Cuándo habían dicho esto los monos, que Tatí no lo
fogón, entre gritos de alborozo y saltos de júbilo, celebró el hubiera escuchado? ¿Acaso era que ellos hablaban una
acontecimiento, al ver cómo las semillas estallaban, y a lengua que sólo su madre pudiera interpretar? El entendía
maneras de cohetes salían proyectadas y hechas ascuas todo lo que sus padres le hablaran; conocía, también, el
lejos de las llamas. Aquel acontecimiento le duró varios grito de las mochileras cuando se peleaban entre si, o
días, hasta que se agotaron las semillas y con ellas la cuando las hembritas, con una avispa en el pico, llamaban
alegría del pequeño Tatí. a los pequeños para alimentarlos. Asimismo entendía el piar
de Pájaro Pollo, pues ya sabía que cuando éste chillaba su
Otras veces, tirado de bruces en el patio, excavaba Padre andaba por ahí, o estaba por llegar al rancho; o bien,
pequeños fosos en los cuales mantenía cautivos a algún venado o danta había atravesado el monte. Más, el
pequeños saltamontes y escarabajos, o bien improvisaba alarido de los monos iba más allá de sus conocimientos, y
corralitos para encerrar hormigas que después de muchas acrecentaban más su curiosidad las palabras de su madre.
tentativas terminaban por escapar. Estos eran los juguetes “va a llover, los monos lo dicen”. Mientras durara el zumbido
de Tatí, y con ellos mataba todo su tiempo, sin salir de aquel de los monos, Tatí no se pertenecía. Vivía en esos
patiecito, que para él era todo el universo. A veces, el momentos en un mundo aparte del suyo, en el que sin
zumbido de los monos araguatos, que en grandes manadas pensar como niño, se desvelaba como hombre, tratando de
cruzaban por la cercana mata de monte gritando interpretar aquel sonido extraño, aquella voz tan sabia, que
ruidosamente, lo sumía en una profunda meditación. Y así, predecía la lluvia para esa misma tarde, o en el curso de la
con los vivos ojos clavados en la lejanía, escuchaba aquel noche, según lo había podido comprobar muchas veces.
grito ronco y prolongado, como una cosa misteriosa y ¿Era la selva, en realidad, lo que hablaba? ¿Qué cosa eran
sobrenatural; como la voz de la selva misma que hablara, él los araguatos? ¿Serían éstos una de las muchas voces de
no acertaba a comprender si para atraerlo con aquella la selva, que escuchaba sin poder interpretar? ¿Entonces,
llamada o para atemorizarlo con aquella voz prolongada e qué significaba aquella otra voz que en medio de la noche,
indefinible, que a la vez tenía de zumbido bronco, o de procedente también de la selva, llegaba como un alarido,
alargado grito cavernoso, acrecía unas veces aquel gritar, como un gemido de mujer y que al escucharlo se apretaba
para luego languidecer con las tonalidades de una sonata más contra su madre, lleno de terror, allá en el zarzo
salvaje, que arrebatando unas veces, hacía sumir en el cuando no podía dormir? Aquel alarido lo hizo llorar de
temor las otras, si que decayera el interés con que Tatí miedo las primeras noches que lo oyera; más la voz
escuchaba, como si aquella oración de la selva fuera acariciante de su madre, apretándolo más contra el pecho
pronunciada solamente para él. Qué raras emociones le decía: es el Perico Ligero (25) que llora porque mi niño
despertaba en el alma naciente del niño ese gritar lejano, no quiere dormir. Perico Ligero no hace mal a Tatí ni a
que de tarde en tarde se escuchaba en la entraña de la nadie, llora porque no sabe cantar.
selva, y que al ser oído por su madre la hacía decir: - Va a
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Abajo, en la hamaca, se revolvía Galaí sin poder dormir infeliz ciervo muera destrozado a dentelladas; que entre
tampoco. - ¿Será que tiene fiebre el niño? – le pregunto a balidos capaces de ablandar las rocas de los páramos,
su mujer. dejan que sus gozques lo devoren vivo, cuando ha caído
rendido de cansancio; después de haber corrido largas
- No es fiebre, son los zancudos puyones que le horas, salvando toda clase de obstáculos, y muchas veces
aprovecharon un brazo que dejo junto al toldillo; como le apoyándose en el muñón destrozado de una pata, que le
gusta dormir atravesao y con los brazos abiertos... – fuera mutilada por un disparo de escopeta.
contesto la madre.
Aquel balido terminó por desvelar del todo a Galaí. El lo
Y volvió a reinar el silencio en el rancho. Momentos había escuchado desde niño, cuando impelido por el
después Rosa y el pequeño dormían tranquilamente; sólo hambre y la de los suyos tenía que matar para comer, pero
Galaí como un noble perro de guarda continuaba despierto, entonces se apresuraba con su pequeño cuchillo a
con los ojos muy abiertos y como escrutando. Se oía el rematarlo, para no escuchar esa especie de lloro, que
revuelto de los murciélagos, como pequeñas ráfagas de turbaba su alma simple, llana, sin honduras tenebrosas;
viento, que girando alrededor del rancho dejaban escapar como la llanura en que había nacido y en la que esperaba
griticos leves, como chirridos de un pequeño gozne morir.
enmohecido. La noche era pesada, calurosa, densa como
una maza que hubiera de romperse a cincel para dar paso
a la brisa. Era una de esas noches de verano llanero, en III
que la luna camina más despacio y como fatigada también
por el sopor. De repente rasgó el silencio de la noche clara
el balido de un venado. Misael, como disparado, quedó
sentando en la hamaca con los pies colgando, atento el
C uando Rosa bajó del zarzo a la mañana siguiente, a
prender candela para preparar el café, Galaí ya había
salido para el monte. – Algo ha pasado – se dijo la mujer –
oído hacia la pampa. Un segundo balido lo sacó de dudas y Misael no sale nunca sin haber tomao su cajé, que muchas
hablando bajo para no despertar a su gente dijo veces, cuando toy mala de fiebre, lo prepara él mismo. La
encolerizado: - Maldita sea, el güio se ta tragando un escopeta tampoco ta en su lugar y se llevo también la
venado. – Sintió deseos de vestirse, tomar la escopeta y lanza. ¿Será que los Chigüiros (26) andan en el yucal. O si
salir en busca del ladrón para acabar con él; más, a pesar a mano alguna danta? – Así, cavilando, con el oído atento,
de la claridad de la luna, aquella empresa sería inútil a tal dio comienzo a su labor de todos los días. Momentos
hora, pues con toda la finura de su oído, no pudo precisar el después la columna de humo se levantaba del rancho,
lugar de donde se había partido aquel balido quejumbroso como una oración muda bajo la claridad del amanecer.
de un ciervo en agonía. Todo aquel que haya escuchado
ese balar del venado, cuando se siente herido e En el cercano bosque, las voces de las aves saludaban al
imposibilitado para huir, no podrá, como dice la conocida día, en una confusión de trinos, gorjeos y chillidos de
frase “olvidarlo ya nunca”. Los más avezados cazadores, a diferentes tonalidades, entre las cuales se destacaba,
no ser que se trate de seres inferiores o anormales, que inconfundible, el alegato de Pájaro Pollo, que denunciaba la
gocen con el dolor, aunque ese dolor sea el de un animal, presencia de algo en la mata de monte.
no pueden soportar aquel grito quejumbroso, aquel alarido
de terror y de súplica; y sin embargo cuántos hay – - Galaí busca lo que no ha perdido, porque nada
pensaba Galaí -, cuántos conozco yo, que permiten que un encuentra – decía el pájaro – Siguió el rastro de Gugudú
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hasta hallarlo cerca del caño; le habló largo rato y ahora dormimos los que no comemos carne de hermanos
continúa buscando por el monte. ¿Qué buscará Galaí, que inocentes.
ha pasado por sobre muchos rastros de caza, sin seguir
ninguno? - ¿De manera que no escuchaste la serenata?

- Yo también escuché, a pesar de mi sordera, el - ¿Cuál serenata? – replicó vivamente el pájaro,


bramido de Zamará cuando lo hirieron anoche – comentó picada su curiosidad.
Gugudú -, más mi estómago vacío le ha dicho a Galaí que
no he sido yo quien se almorzara tan rico bocado. Ahora - Pues la de los patos carreteros, que llegaron
busco también a Zamará, a quien he de encontrar vivo o anoche, y a los cuales no quiero siquiera mirar, para no
muerto, para indagar la causa de su llamada. – Viendo a provocarme y para evitar la ira de Galaí si llegara a
Pájaro Pollo medio oculto entre las ramas le dijo -: Escucha comerme alguno – se apresuro a contestar el reptil,
mosca importuna. Tú que lo fisgoneas todo, ¿sabes lo que convencido ya de que Pájaro Pollo no había oído el lamento
busca Galaí. del venado cuando fue atacado -. Tanto mejor – pensó el
güio -, que este chisgarabis, a quien he perdonado la vida
- Será lo mismo que buscas tú, Cara de Sapo – porque hasta cierto punto la creo útil para todos, no sepa
contestó el pájaro - ¿Qué haces en el bosque cuando tus nada -, y reanudando su marcha agregó a manera de
dominios están en el sucio barro del estero? Aquí no hay despedida: - Adiós, mosca verde, si encuentro a Juca, le
perdices que engullir enteras, pues entre tú y el hombre han diré de parte tuya que lo esperas en el palo de merecure
acabado con ellas. Tampoco se le ve la cara a mapanare, y (27), junto a los sarrapios, con las plumas recién lavadas
en las noches ya no se escucha la campana de Rabo Seco, para no oler tanto. – Pájaro Pollo enmudeció
otra de esas víboras que custodian nuestro monte, sin dejar instantáneamente ante aquella amenaza, y sin ánimo
arrimar a nadie, y que tú paladeas tan deleitosamente. siquiera para buscar un mejor escondrijo, vio al güio que se
alejaba a lo largo de la mata de monte, serpenteando
- Entonces ahora si sentirás segura tu vida – silenciosamente. - Ya podré buscar tranquilo – dijo Gugudú
contestó Gugudú -, ya podrás bajar al suelo a comer una -, sin la amenaza de Juca, este soplón me hubiera seguido
que otra hormiga, sin temor a la cascabel ni a la taya, a todas partes, denunciando mi presencia, y echando a
¿verdad mosca valiente? perder mi trabajo.

- Yo no como esas porquerías, nada que se arrastre IV


despreciablemente, que viva a flor de suelo como tú, es
comida apetecible para nadie – contestó Pájaro Pollo. Galaí cruzó el bosque en todas direcciones, buscando,
como dijera Pájaro Pollo, lo que no había perdido. Vio
- Y hablando de otras cosas, ¿cómo pasaste la huellas frescas de chacures y venados, sobre las cuales
noche? – preguntó Gugudú socarronamente -, pues e a pasó sin encontrar las que buscaba. A su paso, una tropa
tarde mi a Juca por estos lados. de saínos (28) barajustó estrepitosamente, presentando un
blanco fácil para el tiro; más el hombre no iba de caza esa
- Qué te importa a ti, que yo haya dormido o no – mañana. Tenía carne fresca para muchos días, y los dejó
contestó el pájaro, que no sabía a donde iba a parar el reptil huir entre sordos gruñidos que entonaron su alma
con aquella pregunta -. Dormí como siempre, como preocupada, despertándola con ese estremecimiento de
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emoción súbita, que entre alegría y asombro, experimenta
el cazador al ver que se levanta una pieza repentinamente - Hoy traje ese Murruquito güérfano, la mamá se la
en donde menos lo esperaba. Eran las doce del día y aún tragó un lechuzón anoche; le servirá de juguete al niño,
continuaba buscando. Así pudo descubrir muchas pero hay que darle carnecita, cucarrones y hormigas,
madrigueras de borugos, cuya ubicación fijó en se memoria, mientas sale a comer solo.
para buscarlos cuando los necesitara. Del pie de un
centenario y robusto capoc (29), recogió un murruquito (30) - ¿Y pa qué llevó la lanza? – lo interrumpió Rosa,
joven, que había caído del nido, al querer huir del ataque de que demasiado conocía las costumbres de su marido.
una rapaz nocturna, que devoró a la madre, allí cerca, Sabía que su Misael sólo empleaba aquella arma en casos
según lo decían las plumas esparcidas por todas partes. en que había que atacar a piezas peligrosas. Galaí guardó
Atravesó el caño por distintos sitios, buscando rastro en las silencio. comía el topocho lentamente y poniendo el plato
riberas; revolvió los montes bajos y espesos, hurgando con sobre las rodillas se dedicó a roer una costilla de saíno, sin
la lanza y dando voces, y fatigado al fin, regresó al rancho contestar nada, con los ojos puestos muy lejos, como
con el ceño fruncido y en silencio. siguiendo el pensamiento. Rosa no insistió en su pregunta;
guardo silencio también, no por rencor, sino por ese natural
En la punta de una vara de la cual colgaba muchas veces la sometimiento de toda mujer que ha visto en su hombre,
escopeta, colocó el murruco, que ante los gritos de alegría además de marido y compañero, a un ser quizá infalible,
de Tatí, miraba a todas partes con los redondos ojos protector y bueno. Le sirvió el café y se dispuso a liar la
hundidos en su enorme cabeza. ropa para irse al caño a lavar.

- Y qué jue – le dijo Rosa, tenía aján de que hubiera


pasao algo malo. JORNADA CUARTA

- No, que me puse a vigiar el río por si subía el Hombre y Güio buscan un rastro. – El garcero. –
valentón, pero... ta muy demorao, será puel verano y tengo Para qué sirven las garras. – La codorniz viuda.
ganas de comer pescado grande.
I
- Gugudú tampoco lo he visto hoy, no ha venío –
añadió la mujer alargándole un plato con yuca y topocho, en Silenciosamente Gugudú exploraba el bosque. Por el balido
tanto que Misael se sentaba sobre un tronco cercano al de angustia del ciervo, que escuchara la noche anterior,
fogón y limpiándose la frente con la mano. sabía el reptil poco más o menos a qué atenerse. Aquel
había sido un ataque simultáneo, fulminante, en el cual el
- Ya llegaron los patos al estero – dijo Misael por venado tuvo tiempo apenas para quejarse dos veces.
decir algo, y con la boca medio llena. Después, silencio absoluto, lo que hacía pensar en una
muerte inmediata y violenta. Con la cautela y prudencia
- Los vimos esta mañana, con Tatí, cuando íbamos características de su raza, y en el más completo silencio,
por agua. Llegó también el pato rial del año pasao. Tatí se avanzaba el reptil buscando siempre lo más espeso del
puso a gritar del gusto, cuando vio la manada tan grande. monte. Su cuerpo, de más de siete metros de largo, se
hacían sombra sobre la sabana – contestó la mujer deslizaba sin hacer crujir una hoja seca. A veces, en los
sentándose junto a Galaí y mirándolo dulcemente. claros, asomaba apenas la cuadrada cabeza de robusto
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cuello, que entre el tejido de las ramas no era posible blancas, rosadas y azules desplegadas sobre la soledad de
distinguir, y así permanecía largo tiempo, mirando a todas la llanura y rompiendo el aire diáfano de la mañana en
partes, antes de atreverse a cruzar los sitios despoblados lentas aletadas.
de maleza. Zigzagueando siempre, llegó a la linde del
bosque, muy lejos ya del estero y del rancho de Galaí; y Gugudú cruzaba el pantano silenciosamente, rompiendo la
como en aquella ribera no encontrase nada, atravesó el río quietud de las aguas, y rozando con su cuerpo frío la seda
para buscar en la margen opuesta, que él sabía más blanca y rosada, que como un tapiz de gasas, cubría casi
intrincada, y en la cual pocas veces el hombre había puesto por entero las aguas del pantano. Toda aquella opulencia,
la planta, por su condición fangosa, poblada de guafillas todo aquel esplendor, yacía en la manigua desparramado
(31) y bambú que la hacían impenetrable. Abandonó el caprichosamente sobre el espejo empañado del pantano,
caño y se internó sigilosamente para llegar a un pantano de dando la sensación de un cristal roto; de un rico vaso que al
aguas oscuras, en donde la vegetación acuática, estrellarse en mil pedazos hubiera desparramado millares
exuberante y nunca hollada, ofrecía toda su magnificencia. de pétalos de orquídeas. El reptil terminó de cruzar el
Por encima, las copas de los árboles apenas dejaban pasar pantano y reptando muy despacio, para no perder detalle,
uno que otro rayo de sol, que llegaba hasta las aguas se dirigía al sitio de partida, por la margen opuesta del caño
quietas poniendo en ellas como tímidas gotas de oro que que ahora excursionaba. De pronto un vaho acre,
temblaban al contacto de aquella sombría belleza. Sobre desagradable y característico, filtrándose a través de la
las plantas flotantes, sumergidas en el agua, deshechas ya maraña espesa, llegó hasta su nariz, haciéndole detener la
algunas, pendientes otras como farolillos chinescos de las marcha. Desvió Gugudú su camino, y tomando toda clase
ramas de los árboles, matizando aquel paisaje triste y en de precauciones, se fue acercando al lugar por donde a él
profusión nunca soñada, se veían como jirones de nieve, le parecía más a propósito para obrar libremente en caso
como alargados pétalos de rosa sonrosado, las plumas de de ataque. Era el mediodía y en aquel momento todo
las garzas reales; de las rosadas, de las morenas, de las parecía entregado al descanso; apenas el ambiente
amarillas o veraneras, como se vieran las albas e intocadas húmedo de la selva se movía a impulsos de una tenue
vestiduras que una pléyade de ninfas arrojara loca y brisilla fatigada. En el sitio en donde el bambú era más
precipitadamente para hundirse entre las aguas. Era espeso e intrincado, se veía apenas una brecha, por la cual
aquella una fiesta de colores. Era el trópico, volcado de un se adentró el reptil recibiendo en plenas narices aquel vaho
solo golpe en un pedazo de llanura casanareña, que quizá inconfundible, que momentos antes le advirtiera la
los ojos de un solo hombre, Galaí, habían contemplado con proximidad de lo que buscaba y que sabía habría de
curiosidad meramente emotiva, como hubiera podido encontrar tarde o temprano.
contemplar un poeta aquel arco iris disperso, sin empañar
su mente con un solo pensamiento de codicia.
II
La brisa apenas si movía las copas de los inmensos
guateros, bototos y floramillos más altos; y abajo, en el
recinto de aquel templo salvaje, el ambiente era cálido,
saturado de humedad y de miasmas venenosos. Las
T endida de costado, como un gatazo inmenso que
recibiera el sol despreocupadamente, dormía la hembra
Balacú; la tigra llanera, de pequeñas orejas y desteñida piel
garzas, como todos los días, habían abandonado aquella amarillenta, levemente salpicada de negro. Sus poderosas
mañana su dormitorio, para visitar los lejanos esteros manos extendidas iban a perderse entre el nido de hojas
volando en bandadas simétricas, como tristes banderas secas, y la cabeza caída indolentemente dejaba ver el
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pelamen blancuzco de la garganta, ligeramente manchado quedando brillantes como un suave terciopelo exótico. Miró
con la sangre del venado que aquella noche devorara. hacía arriba, en dirección a la bandada de loros y así
Gugudú no se aventuró mucho a acercarse a su viejo permaneció mucho tiempo, escuchando aquella charla
enemigo, que respiraba pesadamente y como impedido por confusa, que no entendía y trataba de adivinar. Sabía que
el hartazgo. Tampoco pensó en atacarlo allí mismo, porque los loros no podían vivir un momento sin gritar; por ello
la trabazón de troncos de bambú impedía luchar con todos los habitantes de la selva, que tampoco entendían
eficacia. Así que recogiéndose sigilosamente, salió del jaral aquella jerga, no sabían a que atenerse, si era una llamada
y acelerando la marcha se encaminó hacia el caño para de alarma lo que anunciaban, o simplemente una
buscar su querencia. demostración de alegría, o de pesar. Después de oírlos
largo rato, se enderezó con una suavidad de movimientos,
- Si Pájaro Pollo nos hubiera visto – pensaba el reptil que su cuerpo todo parecía fuese de seda por lo dúctil. Su
-, habría formado la fiesta antes que nosotros; quizá me piel, soberbia piel de tigra adulta, era apenas comparable al
hubiese llamado cobarde por no haber atacado a Balacú. más caprichoso tapiz de oro y negro. Sobre la curva grácil
Mas Pájaro Pollo, que tiembla ante una hormiga, no sabe del flanco, las manchas oscuras se apiñaban como
qué es una pelea en la que va la vida, ni por qué se ha de mariposas negras, golosas de la miel leonado claro que las
pelear. Detesto a toda la familia de Balacú que mata por rodeaba, para ir disminuyendo en finas rayas caprichosas
matar, por untar de sangre las garras y por recibir el vaho hacía el tibio vientre. La cabeza pequeña, sin ser chata,
de las entrañas calientes de sus víctimas. Raras son las daba realce a una ligera nariz delicadamente respingada y
veces en que mata para aplacar sus hambres, como lo llena de coquetería; nariz que había sorbido el efluvio acre y
hacemos Galaí y yo. Si Balacú me hubiese encontrado tormentoso del aliento de su compañero, aquel Balacú de
dormido no habría titubeado en matarme, pero, es que en la las riberas del Arauca y el Meta, que rozando su mejilla con
selva, no todos pensamos como Pájaro Pollo, no obramos la suya le rugía quedamente las más dulces razones,
como tigres. – Y antes de llegar al río, para atravesarlo, cuando la época del celo se cernía sobre la sabana,
encontró el rastro que dejara la tigra al arrastrar al ciervo llenándola toda de rugidos, sollozos y gorjeos. Entonces era
para devorarlo lejos del sitio en el cual lo cazara. – Ya el rugir suave y quebrado, en que el compañero, secas las
conozco su camino – continuó diciendo el reptil -. Ha fauces por el ansia, rompía el silencio del bosque para
buscado lo más difícil del monte para establecer su llamarla; y ella, perezosa, agitando apenas la cola y con la
vivienda. Sabe que todos los adiamos a ella y a toda su naricilla arriscada, retardaba el momento del encuentro,
gente; aunque la mayoría de los habitantes de la selva los caminando desdeñosamente y restregando el lomo contra
temen, tampoco esquivan la lucha cuando ven las los troncos, como si quisiera dejar en ellos parte de la fiebre
posibilidades de matarlos. que locamente la invadía.

Entretanto la tigra despertó, incomoda por el parloteo de Pero Balacú había muerto entre los anillos asfixiantes de
una bandada de loros, que llegó a posarse a inmediaciones Gugudú hacía ya muchas lunas, y ahora la tigra paseaba
de la mancha de bambú. Con los ojos medio abiertos y sola por la cálida pampa la esbelta viudez de sus flancos,
enderezando apenas la cabeza, bostezó largamente, envueltos en regia piel de oro salpicada de luceros negros.
enseñando el rosa pálido de sus encías y la blancura de La tarde caía mansamente sobre el llano, y la selva
sus dientes; y luego, estirándose toda, como para despertar comenzaba a llenarse de sombras propicias al merodeo y al
los dormidos músculos, lamió largamente sus ijares y las pillaje. Era la hora de la caza, que para el tigre comienza en
manos, que, al áspero contacto de la lengua, iban el crepúsculo y termina con la aurora. También, a esta hora,
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la serpiente de cascabel deja oír el diminuto son de sus de él, el río trazaba una gran curva dejando una playa
campanas de muerte que paralizan el ánimo y llena de amplia, cubierta de menuda arena gris, en la cual quedaban
pavor a quien lo escucha. Era la hora del colmillo y el en las grandes avenidas anuales enormes troncos, árboles
zarpazo. enteros, que la corriente no podía arrastrar. En el codo de
esta curva o recostón, según el lenguaje llanero, el caño era
III profundo, y las aguas en continuo remolino impulsadas por
la corriente iban lamiendo el barranco arcilloso, que
Marchaba silenciosamente la hembra de Balacú, por sus lentamente se desmoronaba, dando lugar a que la playa del
nuevos dominios y no había recorrido mucho, cuando de lado opuesto fuera ampliándose cada vez más, para
repente se contrajo como un resorte. Un ruidillo, casi regocijo de Tatí, que correteaba por ella libre del obstáculo
imperceptible, de pequeñas uñas que escarbaran la tierra, que en los alrededores del rancho presentaban la paja de la
la hizo poner en guardia. Metiéndose toda en sí misma, y sabana. Cuando Rosa se disponía a lavar la ropa, era día
como ocultándose entre las paletas, que sobresalían de la de fiesta para el pequeño. Acompañaba a su madre hasta el
línea del lomo desproporcionadamente. Con el cuello río, con el Murruco bajo el brazo, bien agarrado como si
estirado, y el entrecejo partido por profundos surcos fuera un muñeco de trapo. En realidad, aquel pequeño ser
verticales; reptando casi, como una víbora; con pasos ignoraba que existieran los juguetes. A veces, cuando la
cortos y rápidos, se encamino al lugar de donde procedía el ocasión se presentaba, agarraba las maracas que Misael
ruido, rozando el suelo con el ancho pecho. Se detuvo un comprara un día en Orocué, las cuales manejaba
instante, curvó el espinazo y como una flecha saltó. Como diestramente, cuando antes de encontrar a su Rosa,
el escándalo que pudiera formar un ratoncillo atrapado, así andaba por los hatos en joropos y corridos, cantando coplas
fueron los gritos breves de un borugo hembra, que trataba que sabía improvisar bellamente, en las cuales había un
de excavarse una madriguera. Dos minutos bastaron para lejano sabor sentimental y romántico, que en lugar de
su muerte. El zarpazo le había destrozado la cabeza. alegrar a los muchachos de la vaquería que lo escuchaban
Largamente lo olfateó la tigra sin hincarle el diente, pues su con los ojos llenos de nostalgia, los hacia suspirar soñando
apetito estaba más que colmado con el medio ciervo que quizás en amores imposibles.
devorara la noche anterior, y cuyos despojos había
escondido cerca al caño, entre el monte espeso. Sin dar Desde la llegada del Murruco al rancho, la vida de Tatí
una ojeada más a su víctima, que yacía partida en dos, había cambiado por completo. Ahora era un niño feliz. A
siguió su marcha hacía el río, moviendo lentamente la cola fuerza de manosear al cabezón y casi feo pájaro nocturno,
y con los ojos hundidos en la oscuridad de la selva había terminado por desplumarlo, quedándole apenas el
silenciosa. plumaje de la cabeza, que contribuía a darle un aspecto
grotesco y risible. El Murruco soportaba aquel tratamiento
Garras que se hincan, ya en la carne como en la rama. dócilmente, sin protestar, abriendo el pico para recibir el
saltamontes o la hormiga, o pequeños trozos de carne
IV fresca. Aguantaba los apretones del chiquillo, que para
darle de comer se sentaba en el suelo, lo sujetaba entre las
A pesar del verano, el caño “Suspirador” como lo llamara piernecillas y abriéndole el pico lo embutía como si fuese un
Galaí, mantenía un buen volumen de aguas. Su curso a lo chorizo, empujándole el bocado con el dedo. El pobre
largo del monte quedaba oculto por la selva; sin embargo, pájaro tenía que estirar el pescuezo desmesuradamente, y
frente al sitio en el cual quedaba el rancho y muy distante haciendo mil contorsiones, poniendo los ojos en blanco,
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lograba con gran esfuerzo tragar los bocadazos con que su había encaramado en aquella rama única, desprovista de
amigo y protector lo regalaba cada día, sin medida, y a follaje, que a manera de un poderoso brazo mutilado se
veces a la fuerza; por consiguiente no era raro que el pájaro levantaba hacía el cielo, emergiendo del tronco, como en un
viviera enfermo de indigestiones. Tampoco disgustaba al ademán de súplica en medio de la playa gris, salvaje y
Murruco este tratamiento. Se dejaba hacer y tornar, como si silenciosa.
las molestias del pequeño le proporcionaran más bien un
placer. Así permanecía inmóvil como una cosa inanimada, Para poderlo ver a distancia, el niño lo había colocado allí, a
cuando el chiquillo utilizando un trapo le improvisaba un manera de cúpula funeraria, sobre la ruina de un coloso de
ropón, del cual asomaba apenas la cabeza inmensa, con la selva llanera. El uno hacía y el otro lo dejaba hacer como
los ojos muy abiertos y con esa mirada inexpresiva y lo viniera en gana.
redonda, característica de las aves nocturnas, que durante
el día miran a todas partes sin mirar a ninguna. Este En tanto que el niño buscaba algunas hormigas para llevar
estrigido que en otros lugares es considerado como ave de a su amigo, que sin moverse de aquella especie de
mal agüero, cuyo grito en la noche hace pensar en la alcándara miraba a todas partes girando la enorme cabeza
muerte de los enfermos, y llorar de miedo a los niños; era el redonda, se escuchó un áspero y breve chillido, y al mismo
único, el amado juguete de Tatí en su soledad de la pampa tiempo, rompiendo el aire con la celeridad del rayo, Juca, el
llanera. Ya no improvisaba corrales para encerrar ave de presa, se precipitó sobre el desprevenido y ciego
escarabajos o chicharras, ni jugaba con tizones encendidos. Murruco. Le hundió las garras en la cabeza y la espalda, y
Su vida insignificante, ignorada, como la del ave que le quiso arrancarle de la rama aprovechando el impulso de su
servía de juguete, giraba ahora alrededor del mundo de los vuelo oblicuo. El ruido de las alas de Juca y su grito de
ensueños. Aquel pájaro triste, calumniado, que no sabía guerra, aturdieron por un momento al manso pájaro
canciones y gorjeos, con su inmensa cabeza pensativa y su nocturno, que al presentir el peligro, clavó sus uñas, que al
corvo pico, convirtió a Tatí en un verdadero niño, que reía, final de cuentas eran también garras, en la rama, y se
que soñaba y que era feliz en aquel rincón de la llanura, en recogió como queriéndose esconder entre las pocas plumas
donde la tristeza de la sabana amarillenta es la mayor de que le quedaban. Batiendo las alas fieramente y hundiendo
sus bellezas. Ave y niño, juntando su desamparo, habían aún más sus aceradas garras, Juca se agitaba en el aire,
llegado a ser alegres. La tristeza del uno, con sus gritos tratando de arrancar a su víctima de la rama a que se había
bulliciosos, alegraba la eterna oscuridad del otro, que lo aferrado con todas las fuerzas de que era capaz. El ruido
escuchaba todo, mirando atentamente y entreviendo de la lucha y los chillidos de socorro del Murruco, llamaron
apenas, pero adivinando el regocijo. la atención de Rosa y de Tatí. La mujer, dando gritos, corrió
por la playa logrando llegar en momentos en que al pájaro
V le faltaban las fuerzas y sus uñas comenzaban a resbalar
sobre la superficie lisa y endurecida de la rama. La
Aquella mañana de verano, Tatí con su Murruco jugaba en presencia de Rosa ahuyento al raptor, que emprendió la
la playa, en tanto que los golpes que las manos de Rosa fuga abandonando su presa y llevando entre las patas una
sacaban a la ropa, repercutían apagadamente. El Murruco, que otra pluma ensangrentada.
en la mitad de la playa, sobre la rama de un tronco
envejecido, que a medio enterrar asomaba entre la arena, Tatí, con los ojos más negros aún, y con las mejillas más
esperaba mansamente el desarrollo del juego, que la pálidas que una pálida rosa; con la manecita morena en
voluntad del chiquillo quisiera imponerle. Por lo pronto, lo que llevaba algunas hormigas, fuertemente apretada, había
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contemplado toda la lucha, sin saber en el fondo de qué se – y lleno de satisfacción, como hinchado el pecho de
trataba. Sus pies largos y delgados se hundían entre la orgullo, continuó -: - los marranos no nos hacen falta
arena, pues la emoción de aquella escena lo había hecho mientras haiga saíno y cafuches que matar pa comer.
clavarse en el suelo, como si con esto hubiera querido
ayudar a su amigo a sostenerse firme. - Tal vez un marranito si quisiera yo – interrumpió
Rosa.
Si antes la figura del Murruco, desplumado y sucio,
inspiraba risa, ahora, herido y más desplumado aun, - Ta desigente mi petriva (33) hoy – contestó Misael
parecía un pájaro mendigo que inspiraba lástima. Desde echándole el brazo por el hombro -, ¿no sabés, mija, que el
aquel momento el niño ya no abandonó al pájaro. Se sentó marrano es el mejor bocao pal tigre y es mejor no dar
junto a su madre, cerca al lavadero, y allí permaneció hasta motivo pa que ande cerca del rancho?
que Rosa terminó su tarea y regresaron al rancho bien
entrada la tarde. En ese instante se avivó en su mente la sospecha de que
fuera un tigre el que atacara al venado aquella noche hacía
ya más de un mes. Y como desde entonces buscara
VI sistemáticamente sus huellas por todas partes, sin
encontrarla, pensó que tal vez se había equivocado, pero
Misael llegó al anochecer con dos racimos de topocho y un sin alejar del todo la idea que lo atormentaba a cada
saco de yuca. Apenas hablaba lo necesario. Desde hacía instante y que no quería confiar a su compañera, para
algunos días andaba preocupado. Podía verse en su rostro, evitarle intranquilidades.
enjunto y moreno, un no sé qué de ansiedad y de desvelo,
muy desacostumbrado en él, siempre tan alegre y risueño. La muerte de la taya y el nido abandonado.
Su mujer lo había notado y varias veces estuvo a punto de
interrogarlo, pero lo dejaba siempre para después, VII
esperando el momento más oportuno en que su marido
podría abrirle el corazón, como tantas veces lo hacía En las proximidades del estero Gugudú tomaba el sol,
después de la comida de la tarde, cuando, sentados el uno precisamente sobre la senda que conducía a la topochera y
junto al otro, en el mismo tronco cercano al fogón, entre los al yucal de Galaí. Estirado, sobre aquel angosto caminillo
ronquidos del pequeño que dormía en el regazo de la entre el pajonal, más que un ser vivo, semejaba un largo
madre, discutían apaciblemente sus proyectos para el tronco de corteza morena y lisa, con manchas oscuras,
porvenir y se confiaban sus más íntimos anhelos. Rosa diseminadas irregularmente, que corrían desde el lomo
contó a Misael lo sucedido al Murruco en la playa aquel día. hacia el vientre. A lo lejos, sobre el hilo de agua que servía
El hombre escuchó atentamente el relato y lacónica, de desagüe al estero, para desembocar al río, una codorniz
sentenciosamente, añadió: macho llamaba a su compañera que se había quedado
rezagada. Sobre un pequeño montículo cercano a la
- Para evitar esas vainas yo no tengo aquí gallinas, corriente, después de haber aplacado su sed, el pajarillo,
ni marranos, ni perros. Los pollos se los traga el gavilán y entre llamada y llamada a la compañera, se alisaba con el
los perros, a pesar de la falta que me hacen para pico las plumas coberteras de sus alas. A intervalos
marisquiar (32), prefiero no tenerlos, si han de morir tragaos regulares, interrumpiendo su labor de acicalamiento, la
puel caimán, como el “Bambuco” que ya rastriaba al borugo codorniz lanzaba el juíiquio, juíiquio sin que su compañera
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hembra al fin, se molestara en contestar o apresurara el El Güio, sin hacer caso al chismoso, continuó metiéndose
paso para reunirse al esposo. Atareada como estaba en en el agua. La taya terminó devorando la perdiz y oyendo a
devorar hormiguillas y larvas en un pequeño hormiguero medias, a causa de su sordera congénita, el alegato del
que encontrara a su paso, hacía caso omiso del llamado emboscado pajarraco, se dio media vuelta para meterse en
prudente del amigo. El macho seguía llamando sin su escondrijo; más una ráfaga de brisa trajo hasta la nariz
encontrar respuesta, y alarmado de la tardanza, iba a de Gugudú un olor sobradamente conocido, y saliendo de la
emprender camino de regreso para buscarla, cuando el vertiente, con una velocidad increíble a su volumen, reptó
grito de auxilio de la hembra se dejó oír por un instante: re con la cabeza en alto siguiendo en línea recta el rastro que
pri, pri, pri, pri, sin que se escuchara el arranque ruidoso cabalgaba en alas de la brisa.
del vuelo de huida. El macho repitió el grito y de dos saltos
se metió entre la paja emprendiendo veloz carrera hacia la - Allá va Tronco Podrido – continuó gritando el
sabana. anónimo tinterillo de los bosques, atreviéndose apenas a
sacar la cabeza por entre el ramaje -. Más parece volar que
Apenas tuvo tiempo para gritar la glotona codorniz. De una arrastrarse. Huya todo el mundo que se encuentre en esta
madriguera abandonada, cerca del hormiguero, había parte del bosque, porque se ha lanzado al ataque urgido
salido sigilosamente una enrome taya, que de una por el hambre.
tarascada la agarró por la mitad del cuerpo, sin darle tiempo
para escapar. Ahora, atragantada casi, la venenosa La horrible taya, cuyo peso y tamaño la imposibilitaban ya
serpiente hacia grandes esfuerzos para engullir su presa, para una existencia dendrófila, se había dedicado desde
que se debatía barriendo el suelo con el ala que le quedara hacía unos años a la vida terrestre, siendo en las artes de la
libre, fuera de la boca del reptil. Entretanto, Gugudú, que caza una verdadera maestra. Cuando encontraba algún
tenía muy mal oído, nada había podido escuchar, y nido de perdiz en sus merodeos vespertinos o nocturnos,
habiendo recibido ya suficiente sol siguió por el camino solía esperar hasta dos días, oculta entre un matojo
hacia el hilo de agua con el deseo de refrescarse y pasar en cercano, a que el pajarillo llegase a aumentar sus huevos, y,
el estero las horas de la mañana. una vez que el ave descuidada y amorosa se recogía en el
nido, caía sobre ella de un solo golpe, sabiamente
Pájaro Pollo, que lo había oído todo aunque sin ver nada, calculado, devorando de una vez no solamente al ave sino
por su costumbre de andar, ocultándose, volaba de árbol en también los huevecillos. Así llevaba mucho tiempo en
árbol, buscando lo más espeso del ramaje, y en esta forma aquella guarida, situada a pocos pasos del camino que
llegó al sitio en el momento mismo en que Gugudú se metía frecuentaba Galaí al dirigirse del rancho al conuco en busca
al riachuelo. del topocho y la yuca.

- Buche sin Fondo – le grito al reptil -; ¿cuándo Su color moreno oliváceo pálido, con manchas oscuras en
saciarás tu apetito, que madrugas atacar a las perdices?; forma triangular, rematadas por bordes claros, se distribuían
¿no te bastan los sapos y los lagartos para tu desayuno? en forma opuesta a cada lado del lomo y formando X en la
Oiganló bien los que piensan venir al estero, Gugudú, Cara primera parte superior del cuerpo; la mitad inferior era más
de sapo, anda de caza; devoró ya una perdiz y tiene el corta, salpicada también por algunas manchas y su grosor
buche liso como un palo, pero quiere llenarlo. Aléjese todo remataba de repente hacia el nacimiento de la cola, la cual
el mundo, que Tronco Podrido amaneció con hambre. era desproporcionadamente delgada y larga. Gugudú llegó
al hormiguero, y pasando sobre él vio la entrada de la
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cueva por la cual metió la cabeza sin vacilación de ninguna mirar al hombre que, con la escopeta en la mano, y un
clase. A pesar de los rápidos vuelos de Pájaro Pollo, tardó racimo de plátanos al hombro, se dirigía tranquilamente al
más tiempo del que empleara el Güio para llegar a la hogar. Pájaro Pollo, despechado al ver que su alboroto no
madriguera. alborotaba a nadie esta vez, redobló sus chillidos. Galaí por
su camino que trillaba casi todos los días, pasó frente al
Como no podía aventurarse de un solo vuelo, sino teniendo hormiguero; escuchó la alharaca del pájaro, pero
que ir de rama en rama, mirando a todas partes, lleno de acostumbrado como estaba a su continuo piar de alarma,
terror, llegó al borde del bosque cuando ya Gugudú había no le concedió importancia alguna; mas sus ojos habituados
introducido más de dos metros de su cuerpo en el pequeño a mirar entre el bosque, y a detallarlo todo, vieron al Güio
antro. que no daba muestras de querer sacar la cabeza del fondo
de la madriguera.
Al alado tinterillo, mirando una vez más a todas partes, para
asegurase de que podía gritar sin peligro de que lo oyera VIII
Juca, ni rapaz alguna, descubrió al reptil, que como una
enorme raíz oscura que hubiera sido desenterrada a Lo miró por un instante y viéndolo completamente inmóvil
medias, se contraía ligeramente dando muestras de que pensó que estaba muerto. – Lastima de mi Güio – dijo
había comenzado la lucha con la taya, en el fondo de la rascándose la cabeza, y después de mirarlo atentamente, lo
madriguera. El pajarraco lo contempló largamente, y ante empujó con el pie, seguro que el reptil no reaccionaría. Más
una súbita contracción de la parte del cuerpo del reptil, que al sentirse tocado, Gugudú se contrajo y en un instante
era visible, guardo silencio y se dedicó a espiar asaltado por sacó de la cueva la parte superior del cuerpo, asomando
un miedo indefinible. Pasaron unos instantes, que para el por último la cabeza cuadrada, de cuya boca pendía la
pájaro se hicieron largas horas. De repente, un arrendajo cabeza y la mitad superior del cuerpo de la taya, que no
lanzó un grito en las vecindades del conuco (34) y aquella había terminado de devorar. En la región del cuello del Güio
voz fue suficiente para alertar a Pájaro Pollo que soltó la se veían las mordeduras con que la serpiente había tratado
lengua: de defenderse en el fondo de su cubil. Eran pequeños
orificios, casi imperceptibles a simple vista, de los cuales
- Pío pi, vengan todos los enemigos de Gugudú, fluía un hilillo oscuro, acuoso. Galaí se dio cuenta de loa
para que acaben con él. ¡Se metió en la casa de una lapa y ocurrido y sintió deseos de acariciar al monstruo, que
se la está comiendo! No podrá ver ahora quién lo ataca, silenciosamente seguía engullendo su asquerosa presa.
porque tiene la cabeza entre la tierra. ¿Dónde andan todos Mientras lo contemplaba, con la faz morena radiante de
los Tragacuescos (35), de erizadas cerdas y afiladas alegría, recordó satisfecho el día en que lo encontrara por
pezuñas, que no vienen a machacar a éste, que ahora no primera vez cerca al estero y cuyo primer impulso fue de
pueden defenderse? Gente del bosque que me escucha; matarlo, temiendo que pudiera asustar a su Rosa y
acudid todos aquí que podréis hundir vuestras garras, picos malograr al hijo que estaba por nacer. Ahora se había
y colmillos en la carne blanca de este ragón, que no podrá convencido que su Güio, efectivamente era un destructor de
haceros nada. ¡Aprovechad el momento, tropa de cobardes! serpientes venenosas, y su cariño al reptil aumentó cuando
se dio cuenta de que aquella taya tenía su escondrijo a
Pero el bosque permaneció silencioso. El arrendajo que se pocos pasos del camino, por el cual algunas veces
asustara al paso de Galaí, que se dirigía del conuco al transitaba su mujer, con el pequeño Tatí cogido de la mano
rancho, se tranquilizó guardando silencio, limitándose a a llevarle el parco almuerzo hasta el conuco, cuando la
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urgencia del trabajo no le permitía venir hasta el rancho al la salida del sol. Los loros, los arrendajos y todos los
mediodía. pobladores de la mata de monte, cantando a la vez, se
movían de un lado a otro para dirigirse a sus comederos.
- Hasta otra vista, viejo amigo – dijo al reptil, como Solo la codorniz no se había apartado de su sitio junto al
quien se despide de una persona y emprendió la marcha no nido, ni había abierto el pico para llamar, ni para quejarse
sin sentirse modificado por la chillería de Pájaro Pollo. Dio de su pena. Con el plumaje erizado, encogida toda, como si
algunos pasos y con curiosidad levanto la cabeza para estuviese enferma, permaneció allí hasta bien entrada la
buscar entre los árboles al intruso, al que localizó mañana. Ya no miraba al nido ni se estremecía al más
escondido, como pudiera esconderse una rata, en lo más ligero ruido; por último tomo una ruta cualquiera. Se alejó
alto y espeso de una rama: con su plumaje opaco de ave de allí no con pasos ágiles y rápídos, sino lentamente y sin
anónima. Bajó la cabeza para contemplar el cañón de su cuidarse de mirar cautelosamente a todas partes. Se
escopeta, y luego, hablando consigo mismo, y adentró por la sabana sin buscar el amparo de la sombra de
emprendiendo de nuevo la marcha, se le oyó decir -: “Sería los matojos y la paja; y siguió caminando, al azar, en tanto
una lástima gastar el tiro en esta porquería.” que en el rancho de Galaí, la voz de Rosa cantaba:

Entretanto, la codorniz detuvo su carrera por entre el Perdiz no salgas al llano


pajonal cuando creyó que había pasado el peligro. Gavilán te cogerá.
Jadeante y asustada, después de permanecer inmóvil largo Si no te asusta te espanta,
rato comenzó a llamar: juí quió, juí quió juí juí quió, llamada Quien viviere lo vera.
que se quedó desde ese día sin respuesta alguna. Vagó por
la sabana el resto del día, sin acertar a explicarse por qué Perdiz no vayas al monte,
su compañera no contestaba a su llamada, que terminó por Que el zorro te ha de coger,
convertirse en ruego; en súplica doliente, que escuchó la Si no te asusta te espanta,
sabana hasta la caída de la tarde, cuando regresó al nido Quien viviere lo ha de ver.
esperando encontrarla allí calentando los pintados huevos.
Permaneció junto al nidal hasta la llegada de la noche. Luego, volvió a reinar el silencio; y a los lejos cruzó Juca,
Renunció a llamarla, y todo pequeño ruido que sintiera de la sabana hacia el bosque, con una ave entre las garras
hacía brincar su corazón creyendo que llegaba. Ahora, ante que al parecer tenía el pecho salpicado de manchitas
el nido vacío, ante los huevecillos fríos que él no sabía blancas.
calentar, para darles vida, escondió la cabeza bajo el ala no
quizás para dormir, sino para soñar que la veía como otras
veces, con el plumón del pecho salpicado de matices JORNADA QUINTA
blancos, hinchado sobre el nido, cuando él le daba las
buenas noches para volar a su rama, próxima al hogar. Oso Hormiguero traba amistad con Perro de Agua, -
Aquella vez no pudo cazar al tigre. – Una “candela” en la
A lo lejos el cantar de otras parejas se escuchaba feliz. Los sabana.-
machos se despedían de sus compañeras y lentamente el Una laguna puede producir lechugas.
silencio de la noche iba cayendo sobre la llanura y sobre el
oprimido corazón de la codorniz. Amaneció sobre el Llano. I
La misma alegría de todos los días saludó desde el bosque
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Oso Hormiguero apareció una mañana en aquel “campo de oído no hablemos, es todavía más sordo que Gugudú o que
sabana” caminando lentamente y moviendo la espesa cola. Cuatronarices.
Siguiendo la margen del río, llegó al sembrado de Misael;
estuvo largo rato oliendo las huellas que en la tierra fresca En un barranco inclinado en forma de rampa, habían
había dejado el hombre la tarde anterior y comprendiendo formado su tobogán las nutrias. Una tras otra, como en un
que se trataba de un enemigo peligroso, se alejó de allí, juego de niños, dejándose deslizar por aquella pendiente,
siguiendo siempre, por entre el monte, la ribera del caño. A caían de cabeza al agua ladrando alegremente y
poco andar escuchó unos breves ladridos que parecían salir desapareciendo entre la espuma del profundo remanso.
del silencioso río. Oso Hormiguero sabía muy poco de agua Pasada la zambullida reaparecían en la orilla, y subiendo al
y nunca le habían interesado sus pobladores. Apenas si barranco tornaban a deslizarse por la suave pendiente, en
había oído lejanas historias, en que se contaba que caimán un rosario continuo, tanto chicos como grandes. Oso
devoraba chigüiros enteros, con la misma facilidad con la Hormiguero no había visto aquello nunca, y por más que
cual Oso Hormiguero engullía cientos de hormigas que fuese un habitante de la selva, poco dado a juegos ni
atrapaba con la viscosa y protráctil lengüecilla. Por ello, entretenimientos, le llamó la atención aquella agilidad y
cuando impelido por la sed abrevaba en los ríos, lo hacía aquella maestría, para desaparecer bajo el agua. Tomando
rápidamente, para volver a la sabana despejada, en donde asiento cómodamente, en vista de que su presencia no
pasaba la mayor parte del tiempo, rondando alrededor de había sido tomada en cuenta, o, al menos no había
las pirámides de tierra removida por las colonias de interrumpido aquel juego, se dispuso a contemplar a
hormigas, en las cuales se dedicaba a cavar. aquellos seres tan raros que, con la misma soltura, se
desempeñaban dentro del agua como en tierra. La cabeza y
Con el agudo hocico estirado y la cola en alto, como un la cara eran aplanadas; tenían bigotes como Balacú y entre
penacho suntuoso, Oso Hormiguero se acercaba al caño, las pequeñas garras se veían membranas como las que
intrigado por el continuo ladrar. - ¡Cómo han de ser perros – unen los dedos de los patos. Su pelamen corto y espeso,
pensaba -, si yo conozco muy bien su manera de hablar! brillaba al sol con suaves tonalidades opacas. Pero lo que
Más perece esto una bulla de juego que una charla entre más llamaba la atención de Oso Hormiguero eran aquellos
gente de esa raza traidora que, vistiendo el traje de pelo de ojillos tan separados uno del otro y que casi desaparecían
los habitantes de la selva, hablando todavía nuestro bajo los desparramados bigotes. - ¿Te gusta nuestro juego,
lenguaje, se han aliado con Galaí, para convertirse en Rabo de Escoba? – le dijo uno de los jugadores que
nuestros perores enemigos. Si Galaí el hombre no parecía el más alegre, deteniéndose antes de llegar a la
dispusiera de las narices de los perros, muy distintas fueran rampa.
las cosas en estos Llanos. Verdaderamente Galaí es un ser
temible; dispone del rayo con el cual nos da muerte a - No siendo nosotros amigos, ni siquiera conocidos –
distancia, más sin esta arma y sin el traidor perro, sería contesto Oso Hormiguero -, me sorprende esa manera de
juguete nuestro. ¿Cuántas veces, con sólo quedarme quieto hablar a los extraños. ¿Quién eres tú, a quien yo veo por
entre la paja, lo he visto pasar a mi lado sin que sus ojos primera vez, para llamarme Rabo de Escoba?
pudieran descubrirme? Su nariz es más imperfecta aun: - No te disgustes, Hocico y Medio, que a mí me
con todo el rastro, el olor, que deja Zamará entre las matas, llaman Perro de Agua (37), y ya lo ves, a pesar de
no es capaz de ventearlo como lo hacemos todos los que compararme con esa raza de traidores, conservo mi buen
vestimos de pelo, y cruza junto a él sin percibir su olor que humor. Tú no me habrás visto a mí nunca, más todos
cualquiera de nosotros captamos a larga distancia. De su nosotros te conocemos perfectamente; te hemos visto
26
cuando llegas al río a aplacar tu sed, y sabemos que no
comes carne de hermano, por eso te dejamos beber En ese momento se movieron las grandes hojas de un árbol
tranquilo, sin que dejemos de reír algunas veces, a costa próximo, cuyas ramas alargadas en sentido horizontal se
de tu largo hocico y tu rabo espeso. extendían a poca distancia por sobre la cabeza de la nutria,
y simultáneamente, al tiempo que ésta se arrojaba de
- Está bien, hermano, piensas como yo, como los cabeza al río, interrumpiendo su charla, cayó sobre el
otros habitantes de la selva y esto es suficiente, te autorizo barranco, sobre el lugar mismo que antes ocupara Perro de
para que me llames como quieras, ya que dices que no Agua, el pesado cuerpo de Balacú, cuyas garras chocaron
comes carne de hermano. Te advierto – continuó Oso contra las hojas secar al errar el golpe. En un instante el
Hormiguero – que a pocos pasos de este lugar encontré remanso quedó silencioso y desierto. El juego había
huellas de Galaí y esto es un peligro para todos nosotros, terminado, comenzaba la tragedia.
así pues procuremos alejarnos de este lugar.
II
- Lo conocemos desde hace muchas lunas. Cuando
nos establecimos aquí. Nos puso algunas trampas cebadas
con cachama y corvinata, que son los peces que más nos
gustan, pero cometió el pecado de dejar en todo su olor a
T oda la tropa de nutrias había zambullido; apenas sobre
la superficie de las aguas, flotaban pequeñas burbujas
de espuma, formadas por el remolino de la corriente.
Galaí; ese olor repugnante, que contamina hasta el agua Balacú, al sentirse defraudado, lanzó un pequeño y sordo
del río durante varios días. En la arena, en los árboles, en ronquido de rabia y volviendo la cabeza, fruncidas las
todo aquello que encuentra a su paso, deja el rastro narices y mostrando el estuche de sus afilados colmillos,
aborrecido, pero él no lo sabe y sólo la voracidad, la retó a Oso Hormiguero, que apenas si se había movido de
glotonería, o poco olfato de algunos habitantes de la selva su sitio y conservaba toda su serenidad.
los hace caer en las trampas que dispone para acabar con
nosotros. Sin embargo, en nuestra lucha de siglos, hemos - Cómo no me ataques por la espalda, ya sabes a
logrado supervivir, sin que hayamos apelado a medios qué atenerte, devorador de Chigüiros! – contestó Oso
distintos de los que naturalmente nos han sido dados. Galaí Hormiguero al reto de la tigra -. Roncas de rabia cuando
es un habitante de la selva imperfecto y por ello emplea el pensabas acompañar tus ronquidos con el crujido de los
rayo, las trampas y las razas traidoras. Nosotros no usamos huesos de Perro de Agua al partirse entre tus dientas.
nada distinto de lo que recibimos al nacer, y la lucha Saboreaste de antemano el desayuno al preparar el ataque
continúa planteada. solapado y traidor; pero qué poca inteligencia en el asalto.
¿No será que te estás volviendo vieja? Te hace falta
- No hables muy duro, hermano, soy más viejo que técnica, no es lo mismo saltar sobre un chacure o un saíno
tú y he aprendido que nuestra locuacidad es la que nos que sobre uno de estos hermanos, que más parecen peces
pierde – añadió Oso Hormiguero alargando la nariz y que habitantes de la selva. Decididamente, eres ya una
olfateando el viento. vieja para esta clase de cacerías.

- Nadie que guste más del silencio que nosotros – La tigra enfurecida, frunciendo más la nariz y moviendo la
contestó la nutria, sólo en la época de nuestros amores, o cola pausadamente, se preparaba a saltar sobre Oso
cuando hay abundancia de peces, alborotamos con Hormiguero sin dejar de roncar sordamente. Entretanto el
nuestros ladridos el silencio sabio del río. oso, comprendiendo las intenciones de su carnicera
27
enemiga, dobló la cola sobre el lomo y se dispuso a recibir delgada; los ojos despedían fuego bajo las aplastadas
el ataque, girando el cuerpo, a medida que la tigra daba orejas; y con la cara toda fruncida, de un aspecto
rodeos buscando el sitio y momento favorable para caerle verdaderamente feroz, iba de un lado a otro dispuesta a
encima. lanzarse sobre el pequeño Oso Hormiguero apenas tuvo
tiempo para ponerse en guardia, siempre con las uñas en
- Decídete ya, gata flaca – gritó encolerizado el oso alto y la espalda contra el suelo. El rugido de la tigra y los
-. Y no trates de asustarme mostrándome la remangada pequeños gruñidos del desdentado se confundían en uno
nariz, como para que te dé la espalda y entonces atacarme solo, formando un ruido infernal. Balacú, tratando de
descuidado, como es tu costumbre. abrazar a su contendor para clavarle los colmillos en la
garganta, había sido abrazada también, en tanto que las
Estrechando el cerco la tigra giraba alrededor del oso sin uñas de los miembros posteriores del oso trataban de
atreverse a saltar; crecía más su furia al ver la tranquilidad explorarle las entrañas. Nada consiguió la tigra esta vez, en
de aquel peludo y estrafalario contendor, que por más que cambio su vientre estaba a merced de las garras largas y
tuviese dos palmos de nariz, no se arredraba, y sin dar curvas de Oso Hormiguero que, soportando el peso de su
muestras de miedo la desafiaba, como si se tratase de un enemiga, comenzaba a hacer uso de sus armas. Un
enemigo cualquiera y no un Balacú, el temible carnicero de instante más que se hubiera prolongado aquel asalto y las
las pampas llaneras. En una de estas vueltas y cuando lo vísceras de la tigra hubieran sido vaciadas; más el sentido
creyó más descuidada, la tigra saltó sobre Oso Hormiguero, del peligro la hizo retroceder logrando desprenderse de su
dispuesta a romper de un manotazo la columna dorsal de adversario, y sin esperar más, dando la espalda, se alejo
su enemigo; mas éste, con una agilidad increíble, se tendió por la mata de monte, río abajo y en completo silencio.
de espaldas y con sus afiladas uñas de cavador, en el aire,
recibió a su atacante buscándole el vientre para - Todo esto me sucede por andar de día más de la
desgarrarlo. cuenta – pensaba Oso Hormiguero, mientras se sacudía la
tierra y las hojas que habían quedado prendidas a su lomo
La tigra conocía este peligroso sistema de defensa, en el y a su cola -. ¿Pero acaso se me deja tranquilo alguna vez?
cual quedaban los intestinos enredados entre las uñas de ¿Qué presas le disputo yo a Balacú, para que sea mi
Hocico y Medio; por lo tanto su brinco fue instantáneo, de enemigo? No como carne de ninguna especie, a no ser que
sondeo, y se retiro no sin haber recibido en el cuello unas los cientos de hormigas y comejenes con que aplaco mis
cuantas sajaduras. Oso Hormiguero se levantó con la hambres sean considerados como tal. Y Galaí, ¿acaso
misma celeridad, dando la cara a Balacú. Sabía, también, come hormigas, también, para que sea mi enemigo?, ¿por
que iniciado el primer asalto, cualquier descuido suyo qué me persiguen, pues? Balacú come carne de hermano
podría perderlo irremediablemente, al presentar la espalda sin diferenciar si es buena o mala; pero Galaí ¿por qué me
o el flanco a la tigra. Ahora era Oso Hormiguero quien persigue si mi carne, según creo yo, ha de tener un sabor
roncaba encolerizado; pues de la región posterior de una concentrado a ácido fórmico? Seguramente los dos tengan
oreja fluían gotas de sangre, que resbalando por el largo paladares iguales – y pensando así se encaminó hasta la
pelamen caían sobre el piso de hojarasca tiñéndolo de orilla de la corriente para aplacar su sed. Bebió poco y
púrpura. La tigra, por los desgarrones recibidos, o por el luego se revolcó en la arena para quitarse la sangre que
olor de la sangre fresca, se excitó más, y su ronquido de chorreaba de la herida.
irritación subió de tono para convertirse en franco rugido.
Los ijares palpitantes y trasijados la hacían aparecer más
28
III llamas, aumentando con sus aullidos de dolor la confusión y
el pánico de aquel infierno vivo. Por encima de la capa de
Oso Hormiguero era valiente. Venía de muy lejos, de la humo sin que pudieran verse, se escuchaban las
sabana ilímite; por uno de tantos caminos del Llano, que carcajadas de los loros, y los gritos de sorpresa, cuando
recorridos una vez no vuelven ya a ser transitados nunca. alguno era atrapado por las aves de rapiña. Oso
En su antigua querencia, a muchas leguas de distancia, Hormiguero y su compañera huían. Corrían sin alborotar, en
vivía con su compañera, sin que faltaran las hormigas, y dirección contraria al viento; en tanto que todos los
con buenos bosques espesos. Había también allí habitantes de la selva se precipitaban a favor de la brisa,
numerosos rebaños de ganado, que divididos en partidas siguiendo la misma dirección de las trombas de humo.
numerosas se habían señalado cada una un sitio en la
sabana para pastadero, capitaneadas por un toro padre de - ¡Ya no puedo más, hermano! – dijo la hembra -,
morrillo tan ancho y cuajado como las anchas ancas. Había ¡pesa mucho mi vientre y el humo no me deja respirar!
campo suficiente para todos los habitantes de la selva. Más
una mañana, leves penachos de humo comenzaron a - El paso está cerca; fíjate que allí al frente, en el
elevarse a la distancia, y en distintos sitios. Eran apenas pequeño estero no se ven llamas – contesto el oso -. Si
unos copos grises, perceptibles sobre la inmensa sabana apuramos, podremos salir antes que el fuego haya cerrado
amarillenta. Nadie les prestó atención, y mucho menos Oso el paso. Haz un esfuerzo más – añadió, acariciando con su
Hormiguero, que durante el día no podía ver a gran largo hocico al abultado vientre de la compañera, en el cual
distancia. Entre tanto el brisote (37) del río Meta comenzó a se agitaba convulsivamente una vida por nacer.
soplar con fuerza. Los copos de humo ya no eran pequeños
penachos, sino inmensas columnas espesas y elevadas, Corrían sin descansar. Los aullidos, gruñidos y alaridos de
que a impulso del viento comenzaban a cubrir la sabana y a dolor de los cuadrúpedos que caían entre las llamas, se
oscurecerla. Leves mugidos se escucharon entonces; las escuchaban cada vez más cerca. Asimismo, las
madres llamaban a sus crías; grupos de ciervos dando detonaciones de los calcinados cuerpos de las tortugas, de
estornudos y casi asfixiados se precipitaban en distintas las serpientes y de otros animales al estallar entre las
direcciones, haciendo resonar el suelo con sus cascos. Los brasas, aumentaban el horror de aquella hecatombe. Los
chacures dando alaridos de terror, salían de sus arbustos de las pequeñas manchas de monte esparcidas en
madrigueras para lanzarse, como locos, a la sabana, sin la sabana, y las palmeras aceitosas, lamidos todos por las
saber a donde ir, porque el humo lo había invadido todo y llamas, se retorcían como cuerpos humanos, crepitando, al
ocultaba hasta el sol. Todo ser vivo de pelo, o pluma, huía, tiempo que lanzaban por el aire trozos de corteza
gritaba desesperado, y no era raro oír, entre aquella encendidos, que propalaban más el incendio. Todo era
confusión, las campanas secas de la serpiente de cascabel, horror, desesperación y miedo, en aquella sabana inmensa.
que huyendo también del peligro, no se acordaba de sus El fuego había sido dado en la mañana en distintos sitios, y
venenosos colmillos. Las llamas crepitaban cada vez más formando un círculo que abarcaba muchas leguas, lo
cerca, Oso Hormiguero y su compañera huían también. La devoraba todo a su paso. La paja de la sabana, que durante
una cerca del otro, con toda la celeridad que les era posible. largos años había logrado, por renovación natural sucesiva,
Las perdices, abandonando sus nidos con vuelo acumular residuos vegetales para defensa y fertilidad del
estrepitoso, se lanzaban al azar. Los zorros aullaban, suelo, ardía ahora. Se consumía como un inmenso brasa,
atropellando en su carrera a las piezas que antes dejando un suelo negro, empobrecido, quemado y estéril.
codiciaban, y ciegos, asfixiados por el humo, caían entre las La confusión de los habitantes de la selva se había
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convertido en locura. Cercados por todas partes, y medio Quedó bien la quema, verdá, mi blanco (38) – decía el
asfixiados, caían sobre la paja, o se precipitaban entre las llanero administrador, caballero en un trotón alazán, al
rojas llamas en un desesperado deseo de huir. dueño de las tierras y del hato, días después de aquella
jornada de progreso -. ¡Como la sabana taba seca, no
- ¡Me muero, hermano! – dijo la hembra de Oso quedó sin quemar! Fíjese mi blanco, hasta el morichal
Hormiguero, dejándose caer presa de convulsiones y de quedó arrasao. Entre quince jinetes, y al mismo tiempo, le
golpes de tos, causados por la asfixia; en tanto que los dimos candela en redondo.
dolores de la maternidad torturaban sus entrañas, en la
urgencia de un alumbramiento prematuro. Su compañero, El dueño del hato nada contestó. Medía con los ojos, la
sin pensar abandonarla, se colocó a su lado. De repente, un magnitud del desastre. Desde niño, cuando aún vivía su
creciente tropel acompañado de gruñidos, que cada padre, había presenciado la quema de las sabanas,
momento más se acercaba, oculto entre la espesa considerada como una medida necesaria para renovar los
humareda, se precipitó sobre la angustiada pareja, pastos. Le repugnaba aquel salvaje sistema que imperaba
derribando a su paso al Oso, y hollando con sus pezuñas el desde siglos. Sabía, porque era un hombre ilustrado, que el
cuerpo de la hembra. Era una numerosa tropa de cafuches, suelo se iría empobreciendo lentamente. No era él de
que al ser sorprendida por el fuego en las cercanías del aquellos héroes que, consagrados por la ignorancia oficial,
caño, buscaba refugio en la sabana incendiada también. y particular “...había edificado pueblos descuajando
Oso Hormiguero se defendió como pudo; más su bosques, y abierto las entrañas de la tierra fecunda ayer
compañera tendida de costado, no logró esquivar el salvaje, para convertirla en emporio de riqueza...”, como
pisoteo, y sin dejar escapar un gruñido se dejó morir. Medio decían los discursos del político del pueblo, que veía en las
ciego, magullado y siguiendo siempre su ruta contra el quemas, en la tala de los bosques, y en la destrucción total
viento, Oso Hormiguero, aunque chamuscado, salió por de los suelos, “...la magna gesta de los forjadores de la
aquel bosque que las llamas terminaron por cerrar. patria. Loor y gratitud para esos titanes...”

Aquel banco se sabana de amarillenta paja, salpicado de Al galope del caballo, cuyos cascos resonaban sobre el
trecho en trecho por pequeños bosquecillos, verdes y suelo quemado y desnudo, levantando una polvareda
alegres, era ahora una planicie negra. En algunos sitios negra, caliente aún, el dueño de “Matepalma” recorría la
humeaba el suelo; los árboles que habían quedado en pie sabana, seguido por su administrador, sin despegar los
con los troncos carbonizados se venían a tierra, al soplo de labios.
la brisa, produciendo un golpe sordo, apagado, como el
último suspiro de un moribundo. Aún se oían, en aquel - ¡Mire, blanco! – dijo el llanero, señalando con la
campo de muerte, débiles balidos de pequeños cervatos, mano el retorcido cuerpo de un cafuche que, atascado entre
que con los miembros achicharrados, y a medio quemar el dos troncos, era apenas una piltrafa achicharrada y
cuerpo, se revolvían entre las cenizas. renegrida - ¡hasta la cajuchada (39) se quemó!

Víctor Ramón Galán, el propietario, tenía el alma


Uno que no quiere ser héroe. atravesada en la garganta. Aquel paisaje negro, como la
visión de un luto se le había metido muy adentro, y como el
IV fuego que arrasara la sabana, lo quemaba ahora a él.
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Galopaban, galopaban por el banco de sabana, como dos su Departamento. Antes de exponerles su idea, había
sombras blancas, sobre un paisaje negro. De repente calculado. La compra de tractores, y de un tipo especial de
Ramón, sofrenando su cabalgadura que paró en seco, segadora, que pudiera cortar la paja, a ras de suelo,
llamó al administrador para decirle: implicaba un gasto tres veces mayor, que el valor de las
sabanas y ganados de Matepalma. Después de vacilar
- ¡Escucha bien, y de una vez por todas! En las mucho, de consultar catálogos y revistas, en una de las
sabanas de Matepalma no se volverán a hacer quemas cuales halló el llamado rodillo argentino, muy adecuado al
nunca, nunca. Y no me vengas a decir que no habrá paja caso, resolvió apelar a la ayuda de los padres de la patria.
tierna; que se morirá de hambre el ganado; o, que buscarán Veía la inutilidad de su empeño. En la sonrisa de perro
las sabanas de los hatos vecinos para comer; o, que es el cuando gruñe, del político profesional; en ese gesto de
único sistema de renovar los pastos. ¡Ya lo sabes! suficiencia, y de protección compasiva, con que fue acogida
su idea, vio el entierro de sus esperanzas. El Llano no era
El administrador se quedó perplejo. Quiso reír de la broma; una fábrica de votos. No servía bien los intereses del juego
mas mirando los ojos del patrón, optó por guardar silencio. político, que era la única máquina que funcionaba a
perfección en su Departamento pobre, abandonado y
- Está loco – se dijo desilusionado. Cuando explotado por los políticos profesionales de todos los
esperaba una felicitación, por el éxito de la quema, le salía partidos. Además, aquello de que el Gobierno comprara esa
ahora con que en Matepalma no se quemarían nunca, maquinaria costosa, y como un auxilio nacional, como
nunca, las sabanas. Sintió lástima por el blanco. lo conocía tantas partidas que votan en el presupuesto, para auxilio a
desde niño; le había enseñado a nadar, a manejar la soga, obras de ínfimo carácter local, fuera cédida a precio de
desde arrojar un chambuque (40), hasta amarra una costo, o arrendada a un precio módico, a los dueños de
cagaleriada (41) a la cola del caballo. “Era un blanco hatos en el llano, no sonaba bien. Se crearía todo un tren
avispado”, que a los doce años ensillaba solo un potro, y se burocrático. Se gastarían grandes sumas en la instalación
arrimaba a los novillos, o a la torada que despedía para de almacenes de repuestos, de depósitos para lubricantes,
colear, como todo un llanero. Cada seis meses bajaba de de garajes, de apertura de carreteras. - ¡Es una perfecta
Sogamoso hasta el hato, junto con su padre, el viejo utopía! – dijo sentenciosamente el ungido por los votos de
Ramón, de quien se contaban tantas historias de valentía, su provincia -. ¡Esa tierra no da para un debate. Mucho
audacia y serenidad. Pasaba la temporada de vaquería, menos para la apropiación de fondos de esa magnitud!
regresaba al estudio, al colegio, con las lecciones del Llano
bien aprendidas y amando, cada vez más aquella vida - ¿Conoce usted el Llano? – lo interrogó Ramón, con
brava, en donde cabía todo, desde el zarpazo hasta el la misma mirada con que había silenciado al llanero,
arrullo. cuando le prohibió las quemas.

- ¡Pobre blanco! – pensaba el llanero -. Si el viejo - Pues hombre, nosotros, los representantes al
Ramón lo hubiera dejao conmigo, aquí en llano, sin llevarlo Congreso, no necesitamos del conocimiento material de las
a la ciuda pa volverlo un flojo, no se hubiera engüerao la cosas, para apreciarlas, para señalarles su verdadero valor.
cabeza. No me entusiasman a mí, personalmente, los mosquitos, ni
los bosques ni las sabanas. Bien pueden seguir
Meses más tarde, Víctor Ramón, en un café de Bogotá, quemándolas, como es la vieja costumbre. Esto no hace
hablaba con dos representantes a la Cámara, elegidos por
31
daño a nadie, en vista de la extensión de esas tierras. Coja El llanero se mordió los labios. Había ignorado siempre a
un mapa, y se convencerá. los políticos profesionales. Ahora, que los conocía de cerca,
no acertaba a decir si era desprecio o repulsión lo que le
- ¡Es que yo no conozco – contestó Víctor Ramón inspiraban.
enfurecido – los Llanos por el mapa! ¡Los he trajinado y
trabajado por muchos años, con la misma constancia - ¿Con que las cebollas, ajos y lechugas valen más,
fervorosa con que usted trajina las elecciones! en la mente del doctor Caipa, que esos depósitos naturales
de agua, cuya riqueza no es posible calcular todavía en
- Son cosas de poca monta, en las cuales no puede este país?
ocuparse el Congreso; dedicado ahora al estudio de la
desecación de los lagos de Tota, Fúquene, La Cocha y de Si otras naciones habían sepultado millones de pesos, en la
muchos otros lagos más, para aprovechar esas grandes construcción de lagos artificiales, ya que no disponían de
extensiones de tierra perdidas y dedicadas al cultivo de las los naturales, en cambio este ilustre político profesional iba
hortalizas. ¿Acaso usted no sepa – continuó el a desecarlos, para aprovechar la tierra de sus lechos.
Representante – que la industria de las hortalizas, como Desecar lagunas aquí, cuando lo que sobran son tierras
renglón exportable, nuevo, dentro de nuestra modalidad de carentes de agua. ¡Ah, doctores Caipa del Congreso! La
pueblo agricultor, puede superar a la exportación del café, historia pasará sobre vuestros nombres, no despectiva, sino
nuestro oro vegetal, nuestra industria básica? – Ramón misericordiosamente, cubriéndoos con el manto de su
sudaba frío, de despecho y de ira. Ya no se acordaba de las caridad.
quemas, ni de los rollos de alambre de púas, para las
cercas; ni del cemento para los abrevaderos, ni de nada La máxima caridad del silencio.
que se refiriese a su plan de redención del Llano. Pensaba
en su Departamento. En ese pedazo de tierra, olvidado y V
sufrido, que durante veinte años venía eligiendo como su
representante a aquel eminente personaje. Apuró la taza de No había podido Víctor Ramón exponer su plan a
café, tragándose su propia rabia, mientras el otro cabalidad. La incomprensión, la insuficiencia del uno, y la
representante, que había guardado silencio, debido a su vacuedad lírica del otro, que deseaba conocer el Llano,
calidad de debutante de hombre público, insinuó babeante: como turista despreocupado y alegre, a costa del Estado, lo
anonadaban. Todo su programa de hombre práctico, perito
- ¡Sin embargo, don Víctor Ramón; como se trata de en el sistema ganadero, típico del Llano, quedó arruinado.
un acaudalado llanero, que si lo quisiera podría ponernos... Con la siega de la paja de las sabanas, vendría el sistema
en el Llano unos cuantos voticos más, podríamos pedir, de cercas, y la siembra de forrajes adecuados. La
junto con mi ilustre colega, el doctor Caipa, una comisión de empradización que convertiría esas sabanas en dehesas
estudio al Llano. Así tendría yo la ocasión de conocer esa delimitadas por cercas vivas, o de alambre, en las cuales se
llanura de leyenda; de bañarme en sus ríos, que según el recluiría el ganado para evitar su dispersión y el
decir, son brazos de mar, y de comerme un pedazo de consiguiente desperdicio de pastos, que sin ser consumidos
ternera a la llanera, asado en plena pampa. – Y remató con en su totalidad, y en plena sazón, se agotaran
una graciosa carcajada, y unas palmaditas de joven obispo convirtiéndose en malezas, a las cuales había que dar
cariñoso, en el hombro de Víctor Ramón. fuego. En sus largas meditaciones, había llegado a la
conclusión de que la población ganadera del Llano, con ser
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tan crecida, por lo dispersa no alcanzaba a aprovechar los distintas en una población; cada una de las cuales tenía su
pastos de la estación. Había que reducir el límite del candidato a tesorero, que a la vez era, también candidato a
pastoreo. Despastada una pradera, ya la otra estaría lista la asamblea, encontró noticias del Llano. “La policía de
para recibir los rebaños. Así, sería más fácil, también, Pauto sufrió dos bajas a manos de los cuatreros, a quienes
combatir las epizootias y las gusaneras que diezmaban los se persigue todavía. Se hace necesario el aumento de la
hatos, cuya población no podía siquiera calcularse por la guardia, y que se la dote de elementos, para poder actuar
libertad en que vivían las reses, sin más fronteras que los con eficacia contra los ladrones de ganado.”
ríos y la sabana ilímite. Se acabarían así las quemas. En
una palabra, se redimiría el Llano, cuya riqueza era cien - ¡Qué Quijote es ese corresponsal! – exclamó -, si
veces superior al cultivo de hortalizas, que fatigaban la será que la pampa casanareña nos hechiza; nos embruja,
mente del doctor Caipa, hombre genial, que iba a redimir al haciéndonos creer que somos colombianos, y que
país desecando sus lagunas, para sembrar lechugas. merecemos la misma atención que otras secciones del
país. ¿Cuántas cabezas de ganado tendrán los Llanos – se
Con el disgusto reflejado en el rostro, Víctor Ramón salió preguntaba -. Algo más de treinta mil. Pues Matepalma, que
del café, en momentos en que los vendedores de diarios es un hato pequeño, que no puede compararse con las
voceaban la prensa de la tarde. Compró la “Gaceta grandes fundaciones llaneras, que son muchas, tiene más
Nacional” y, con ella bajo el brazo, se refugió en su cuarto de cinco mil reses... ¿De manera que la creación de esta
del hotel. El editorial señalaba la necesidad de rebajar el riqueza, el esfuerzo de tantas generaciones, de hombres
interés a las sumas prestadas a los pequeños agricultores y que se han perdido allí, haciendo patria silenciosamente, no
ganaderos, por los institutos oficiales de crédito. - ¡Qué merecen la atención de los políticos profesionales? Ahora
oportuno y consciente es esto! – decía el llanero, tendido me explico por qué, el llanero nacido, ese que no ha salido
sobre su cama de hotel -. Más, desgraciadamente, la voz nunca de sus sabanas, no sabe siquiera que lo dirigen
de este diario no es la de un representante a la Cámara. desde aquí. Desde aquí lo están dejando morir de
Este diario siente, en carne viva, nuestras angustias, pero paludismo, de miseria, de hambre y olvido; y sus tierras,
es porque a los diarios, seguramente, no tienen acceso los que son las reservas del futuro en las cuales florecerá una
doctores Caipa, que abundan en todas las actividades civilización distinta a la de las serranías, una cultura
oficiales de esta tierra. Mas, la prensa escrita, solamente nivelada, de acuerdo con el ideal de humanidad, y en un
ésta, se encargará de librarnos, no sólo del político todo ajustada a la línea horizontal; esas tierras – pensaba -,
profesional, cuya verdadera profesión es la de estorbar el continúan siendo quemadas, destruidas y deforestadas.
progreso, sino que también acabará con el encastillamiento;
con la torre de marfil, en la cual se refugian los Ministros y JORNADA SEXTA
altos funcionarios, que iluminados por un poder
sobrenatural, dirigen la cosa pública, sin escuchar, La espera. – Un nuevo personaje y una pata menos. –
precisamente, a los que en el fondo somos esa cosa que Perro de Agua huye.
ellos pretenden conocer y administrar.
I
Buscó en otras secciones del diario, y se detuvo en las
corresponsalías. Por allá, al terminar la columna, Oso Hormiguero se radicó en aquel banco de sabana, en
confundida entre los telegramas en que se daba cuenta de donde, a pesar de su lucha con Balacú, había encontrado la
la instalación de dos Concejos municipales, de corrientes alegre amistad de Perro de Agua. Algunas veces
33
permanecía en la sabana semanas enteras, sin acercarse - Ya que me insultas, debías dejarte conocer, para
al río, para abrevar; pues a menudo encontraba agua en los deducir si mereces mi cólera, o mi desprecio. Soy un poco
esteros, y en los charcos que formaba la lluvia. Desde su ciego durante el día; pero no tanto para no distinguir y
entrevista con Perro de Agua, aquella mañana en que clasificar a mis enemigos. Deja, pues, que mis ojos te vean.
fueron atacados por la tigra, sólo una vez volvieron a Que sepa a qué clase de habitantes de la selva
charlas; mas con tan mala fortuna que, apenas iniciada la permaneces. Más ahora recuerdo que el sistema que
conversación, una de las nutrias centinelas dio una alarma, empleas, de insultar oculto entre la sombra, tratando de
y cada cual buscó sus elementos para esconderse. imitar la voz y la autoridad de Balacú, cuando en realidad
no serás más que un ratón, tiene en la tribu de Galaí un
Una tarde, Oso Hormiguero se dirigió al río, con la cola en nombre compuesto, específico, que no menciono, para que
alto, como acostumbraba hacerlo cuando estaba satisfecho lo averigües y te lo apliques tú mismo. Ya puedes imitar la
– y en aquella sabana lo había estado siempre -, pues las voz, el ademán, y hasta tomar el nombre de los habitantes
hormigas menudeaban por todas partes; cuando faltaba mayores de la selva, para insular de lejos, poco más o
muy poco para llegar a la mata de monte, que bordeaba el menos, que en estos casos se trata, bien de una cucaracha,
río, escuchó una especie de carcajada, que le hizo levantar o a lo sumo de un animalejo, cuyo tamaño apenas llega al
la cabeza hacía el ramaje, y detener la marcha. de una babosa. – Y siguiendo su marcha se alejó monte
adentro, en tanto que la voz chillona de Pájaro Pollo lo
- Desde hacía muchos inviernos no veíamos por seguía de lejos.
aquí a ningún Hocico de Espina – exclamó una voz entre
los árboles -; es el colmo, que gentes hambrientas y sucias Al llegar al río, lo encontró todo cambiado. El tobogán de las
se vengan a establecer en nuestra casa. Algo malo habrán nutrias había desaparecido, junto con el barranco,
cometido, cuando tienen que abandonar sus cazaderos arrastrado por la crecida de la semana anterior. Algunos
para meterse en campo ajeno, sin pedir permiso a nadie. – bobos y guásimos (42), lamida la tierra de sus raíces por las
Por más que se esforzaba Oso Hormiguero en mirar hacia corrientes, yacían sobre el río, formando puentes e
los árboles, no vio a nadie, y no sabiendo a quien contestar, interceptando el curso de las aguas, que cambiaron por
siguió su marcha hacia el río, erizando el cerdoso pelamen completo el aspecto del paraje.
del dorso, como un síntoma de irritación.
Por un instante, Oso Hormiguero creyó que había errado el
- ¡Que descaro! – continuó diciendo la voz – que camino; mas su delicada nariz le indicó que aquella era la
tengamos que soportar la presencia de gentes deformes; querencia de las nutrias, aun cuando el rastro era ya de
que tienen lengua alargada para barrer el suelo; que la muchos días. El color turbio de las aguas ayer cristalinas y
mueven de un lado a otro, como la de las serpientes, y una límpidas, había dejado la marca de su paso en los troncos
cola que parece un sucio pabellón de andrajos. de los árboles y en la maleza, en el furor de la crecida;
alcanzando más de dos metros sobre el nivel del cauce.
El Oso se paró de repente. El impulso de rabia que sintiera, Algunas playas desaparecieron, también cubiertas por el
en un principio, se trocó en una serenidad completa, y agua. Oso Hormiguero, que como ya de ha dicho, para el
poniendo la cola en ángulo recto con el lomo, dijo agua era un oso polar, se detuvo a prudente distancia del
tranquilamente: río, y adoptando la posición más cómoda, pacientemente
esperó el ladrido de su amigo, o algo que, aparte del olor ya
viejo, le indicara su presencia en aquel lugar, en donde
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habían trabado amistad meses atrás. Nada interrumpía el peces, como si fuese un propio pez. ¿Cómo sería la
silencio de la selva, en aquel instante. Apenas la superficie habitación de Perro de Agua, cuya entrada quedaba muy
de las aguas mansas era rota, a largos intervalos, por el por debajo del nivel de las aguas? ¿Cuánto hubiera dado
salto de los coporos y payaras (43) que, sacando medio Oso Hormiguero por llegar hasta allí y buscar a su amigo,
cuerpo sobre el agua, se disputaban las flores de guarumo, cuya alegre compañía le hacía olvidar el recuerdo de su
arrastradas por la turbia corriente. desaparecida compañera? Pensaba, también, que quizá la
corriente, al arrastrar el barranco donde estaba el sitio de
Oso Hormiguero esperaba con esa serenidad apacible que recreo de las nutrias, había destruido la casa de éstas. Mas
en todos los momentos de su vida la hacía aparecer el olor de su amigo persistía, a pesar de la inundación y del
tranquilo. Quizás entre los habitantes de la selva, después arrastre del barranco. Pasaban las horas y llegó la
de Perico Ligero, era Oso Hormiguero el menos dado a medianoche. Hiriendo el silencio tibio de la selva se quejó
movimientos que no fueran indispensables a su manera de Perico Ligero: arí, iará, arí, iaarariii. Lúgubre alarido, que
vivir. Esta cualidad, sin embargo, nada restaba a su agilidad desde lo alto del espeso ramaje en la noche oscura, cayó
y rapidez, en los momentos en que era indispensable. sobre la sabana como un prolongado grito de angustia,
Quien lo hubiera observado, cavando la tierra, en busca de desolación y miedo.
la subterránea vivienda de las hormigas, se habría
pasmado de la rapidez y destreza de sus patas. Mas, una A los lejos, otra voz contestó con el mismo lamento, que se
vez encontrado el salón principal de la colonia, o la galería fue atenuando, como alejándose, diluyéndose entre la
más poblada de insectos, sin demostrar voracidad alguna, oscuridad y la distancia.
tendido sobre la tierra removida, y metiendo el hocico por la
galería, estiraba la delgada y viscosa lengüecilla, en la cual - Pobres hermanos estos, que no saben sino llorar –
quedaban prendidos los insectos por veintenas. Durante pensó Oso Hormiguero -. Sólo en la noche pueden
esta labor, nunca levantaba la cabeza para mirar receloso a quejarse. Pues si lo hacen en el día, serían destrozados por
todas partes, dando muestras de miedo, como suelen los grandes Jucas, que acechan revolando sobre la selva.
hacerlo la mayoría de las especies salvajes, que temen Viven colgados de las ramas, silenciosos, indefensos y
verse sorprendidos en momentos en que sacian su apetito. tristes, sin hacer mal a nadie, y sin importarles, tampoco, lo
Aplacada su hambre, que ha reducido el hormiguero a una que sucede a su alrededor. Cuando todos nosotros huimos
tercera parte de su población, se retira silenciosamente, de la quema, o de la tala de los bosques, o de la tempestad,
caminando despacio, agitando la cola como un plumero ellos, sabiendo que no pueden moverse con la agilidad que
para sacudir la tierra y las hormigas que han quedado nos ha sido dada al resto de los hermanos, no se mueven
prendidas al pelamen. de su rama. Girando la cabeza a todos lados, y dejando fluir
las lágrimas, silenciosamente, prefieren perecer en su
II propio trono, sin abandonarlo, achicharrados por el
incendio, o reventados en tierra, al desplomarse el árbol al
La espera llevaba ya tres horas, y Oso Hormiguero no daba golpe inmisericorde del hacha.
muestra alguna de impaciencia. De ves en cuando, se
acercaba hasta el borde de las aguas, y permanecía allí Interrumpiendo el soliloquio de Oso Hormiguero, las aguas
inmóvil, silencioso, meditando quizá en la virtud concedida del río se agitaron, como heridas por el salto de un pez
a Perro de Agua; que siendo un hermano que vestía de piel, enorme. El Oso se asomó al barranco, estiró la nariz,
sabía permanecer largo tiempo sumergido, y atrapando los esperando recibir el olor de sus amigos, pero nada. Las
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aguas se deslizaban tranquilas, como si o hubiese sido Sin lanzar un quejido se tendió respirando ansiosamente, a
sacudida. Dando un pequeño rodeo bajó del barranco, llegó consecuencia del dolor y la carrera. En aquel lugar, cubierto
hasta el borde del agua, y acercó la nariz a la corriente. de matojos permaneció el resto de la noche, moviendo
Olfateó en distintas direcciones, y no encontrando olor apenas la cabeza, y resignado con su suerte. Hacia el
fresco alguno de las nutrias, quiso emplear su llamada, una amanecer sintió sed; una sed torturante, que aumentaba a
especie de sonido gutural débil, que sólo usaba en cada momento, y fue entonces cuando se dio cuenta de
contadas ocasiones, por parecerle más prudente el silencio que se había alejado mucho del río, en su carrera de huida.
absoluto. Se preparaba, pues, a llamar, cuando la superficie El estero quedaba a gran distancia, y como la sed lo
mansa y silenciosa del río, agitando las aguas de la orilla, apuraba, a medida que el calor se iba acentuando,
emergió algo así como un pez alargado, y a manera de arrastrándose unas veces, cojeando otras, y haciendo
vertiginoso latigazo lo azotó rudamente, haciéndolo rodar estaciones a cada tres pasos, se dirigió al estero, luchando
por tierra, a pocos centímetros del agua. El golpe de aquel con la paja, que, si antes era su mejor refugio, ahora le
coletazo, que recibiera en todo el cuerpo, no alcanzó a hacía retardar la marcha, enredándose en la pata coja, que
arrojarlo al río. Entonces oso Hormiguero, con una rapidez llevaba a rastras y proporcionándole enormes dolores. En
igual a la del ataque, se enderezó, en momentos en que a esta travesía, en que hubiera gastado un cuarto de hora
dos cuartas de distancia, asomaba sobre la arena, saliendo estando sano, empleó dos horas, y en medio de aquel
de las aguas, un alargado hocico, que avanzaba sobre doble tormento, de sed y de dolor, se estiró hacia el primer
tierra, dejando al descubierto no a un pez, sino a un enorme charco dejándose caer sobre el barro y hundiendo el hocico
Caimán, que abriendo las fauces lanzó una tarascada para entre el agua cenagosa.
atrapar a oso Hormiguero, si éste no hubiera tenido tiempo
de huir, en momentos en que las mandíbulas del Caimán se Aplacada la sed que lo atormentaba a consecuencia de la
cerraban produciendo un chasquido seco. A pesar de su herida, se retiró del estero, cojeando ya para toda la vida, y
serenidad habitual, Oso Hormiguero sintió esta vez buscando entre la paja un refugio que lo ocultara de sus
verdadero miedo. Iniciada la carrera de huida, cayó enemigos. Levantó la cola, y abriendo sus largas cerdas se
enredado en sus propias patas, y al quererse levantar, una cubrió con ellas; quedando por entero oculto, disimulado
pierna le flaqueó, doblándose, y cayendo de nuevo, al bajo aquel edredón pardusco, que los ojos más avisados no
tiempo que el saurio se le echaba encima. Apoyándose podrían distinguir entre el pajonal.
solamente entras patas, y balanceando la cola, para
guardar el equilibrio, huyó como pudo, cayendo muchas Semanas atrás, en plena crecida del caño, cuando las
veces, enredado en las ramas y bejucos, con la pierna aguas “salidas de madre” cubrían parte de la sabana, se
colgante que se movía de un lado a otro, partida en dos a presentó en el charco de las nutrias, sin hacer ninguna
consecuencia del pencazo (44) que le diera el caimán, con clase de alboroto. El Caimán, era un ejemplar macho, de
la enorme y vigorosa cola. A medida que oso Hormiguero se envejecidas escamas, que remontando el curso del Meta se
alejaba sin haber encontrado a su amigo, los dolores de la adentró por la corriente del “Suspirador”, hasta llegar a los
pierna fracturada aumentaban, en términos tales que tuvo dominios de Galaí. La colonia de nutrias, compuesta por los
que detenerse, agotado por el dolor. padres y cuatro pequeñuelos, no se dio cuenta de la llegada
del saurio; pues las aguas revueltas y crecidas, la afluencia
de peces, y el arrastre de la vivienda, los tenían demasiado
III ocupados, para haber tomado de la llegada del intruso.
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- Ya habrá tiempo de fabricar ora casa, y hacer un El ruido de la lucha atrajo la atención del Caimán, que
nuevo deslizadero – decía el jefe de la familia -, ahora, a reposaba sobre la arena, aletargado, recibiendo
comer hasta hartanos, que no siempre hay abundancia de mansamente los rayos del sol, varios kilómetros de la
Payaras, Palometas y Morrocotos. querencia de las nutrias. Sin perder un momento de tiempo,
y aprovechando el barullo de las aguas revueltas, se lanzó
Siguiendo este consejo, la colonia se dedicó, durante el día, al caño, y nadando tan rápidamente como le era posible, se
a atrapar peces. No era raro ver, pues, las aguas del charco dirigió al centro del río, donde las aguas eran agitadas por
continuamente agitadas por los saltos de los peces que, la lucha del pez y la nutria. Una angosta franja oscura, la
perseguidos en el fondo, subían a la superficie para dar que media entre la nariz y los ojos, era apenas visible entre
grandes saltos, huyendo de la tropa de nutrias. De ves en las aguas, e indicaba el camino seguido por el saurio. Al
cuando, una de éstas asomaba la cabeza a flor de agua, llegar al centro del río, la franja desapareció, y un momento
mostrando una dorada cherna presa entre los dientes, y después, la corriente fue removida estrepitosamente por el
después de mirar desconfiada a todas partes, entre el coletazo del Caimán, al tiempo que una estela de burbujas,
forcejeo de la víctima por desasirse, llegaba a tierra, indicaba ahora el curso de la persecución. La nariz de la
depositaba su presa sobre la arena, y sujetándola con las nutria asomó a flor de agua, un instante. Renovó el aire de
garras, le hincaba los agudos dientes en la cabeza. Por un sus pulmones, y volvió a desaparecer. Al darse cuenta del
momento, el pez, en las últimas convulsiones, se retorcía ataque del Caimán, soltó su presa, y con un quiebre
sobre la arena, dando fuertes coletazos, y las escamas, vigoroso eludió la primera tarascada, a la que siguió el
heridas por el sol, centelleaban como un reguero de coletazo. En ese instante tuvo tiempo para respirar, y
diamantes, que se volcara de repente. lanzándose al fondo, inició la retirada corriente arriba, sin
acordarse de las enseñanzas, que prohibían la carrera de
Una de las nutrias jóvenes, siguiendo la corriente del caño, huida opuesta al curso del río.
se alejó más de lo ordenado, persiguiendo de cerca de una
ágil cachama, la que trazando círculos, subiendo a la La lucha con el pez, cuyo tamaño era casi igual al suyo,
superficie y tornando al fondo, evadía certeramente los había agotado a Perro de Agua; y la fuerza del agua
ataques del ictiófago perseguidor. En una de estas correntoso no le permitía remontar con la celeridad que él
escapadas, la nutria alcanzó al pez por la aleta caudal quería. De una banda a otra, y siempre contra la corriente
trabándose una lucha ruidosa, en la cual la cachama, en busca de los suyos, nadaba haciendo uso de todas sus
tratando de escapar, subió a flor de agua, moviéndose fuerzas, en tanto que el caimán como en un juego divertido,
estrepitosamente, y describiendo zigzags a una velocidad lo seguía d cerca rompiendo la corriente como una flecha.
tal, que no parecía que llevase a remolque al joven Perro de Agotada la nutria, recordó que entre los recursos
Agua. Este, sin soltar su presa, aguardaba el momento en aconsejados para la defensa le quedaba el último, al que
que el pez se agotara de cansancio, para agarrarlo por el solamente podía apelarse en casos extremos, y nadando
lomo, conducirlo a tierra, y devorarlo, como era la en línea recta se dirigió a la orilla, para huir por tierra. Más
costumbre. ella no sabía que solamente a los quites, a los giros
rápidos, a las curvas estrechas, y cambios vertiginosos de
rumbo, debía hasta ese momento su vida. Pues, al nadar
IV en línea recta, su velocidad, con ser tanta, no podía
equiparase a la del saurio, especialmente conformado para
nadar en esta forma. Por consiguiente, ofuscada como
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estaba, y apelando a todas sus reservas de energía, que ya destruirla, creyendo aprovecharla mejor, demostraba, una
eran pocas, se dirigió derecho hacia la ribera, nadando vez más, que tenía la fuerza suficiente para cubrirse de
vigorosamente contra la corriente. Dos metros faltaban para verdura y de riqueza, precisamente allí, en donde el hombre
tocar la arena de la playa, cuando fue cogida por el reptil la despojaba de sus materias nutricias, acumuladas durante
que, sacando del todo la cabeza fuera del agua, levantó siglos, para defenderse de la aridez.
atravesado entre sus fauces, el lustroso cuerpo de la joven
nutria. La que dando ladridos de terror, alcanzó a dar aviso Caballero en su mocho trotón, el dueño de Matepalma salió
a sus compañeros, antes de recibir el coletazo que le una mañana a la sabana, a los pocos días de su regreso de
partiera la columna dorsal, silenciando sus lastimosos la capital, en donde fracasara su iniciativa ante los
gritos. representantes al Congreso, a favor de la redención de los
Llanos. La vista del quemao (45) que se cubría ahora de
Momentos después, el Caimán, tendido sobre la arena, verdura, el olor a paja tierna y la brisa fresca que le azotaba
dormitaba a la luz del sol de nuevo, satisfecho el apetito, en las mejillas, se conjuraron para alegrar su abatido ánimo.
tanto que la colonia de nutrias huía desaforadamente para A galope corto recorría la sabana dejando que el caballo
siempre aquel lugar, en el que hacía mucho tiempo se escogiera la ruta. Aquella salida no tenía finalidad alguna,
había establecido. Por esto Oso Hormiguero esperó en aparte de la de sentirse solo ante sus sabanas, y quizá la
vano, toda una noche, la llegada de su amigo, recibiendo en de planear los futuros linderos con que pensaba dividir las
cambio de aquella muestra de amistad, el ataque del dehesas para cautivarlas (46) definitivamente. Obligaría a
caimán, que lo tornara cojo para toda su vida. los rebaños a pastar en un solo sitio, para evitar que la paja,
sin ser consumida en sazón, y totalmente, se madurase
JORNADA SEPTIMA convirtiéndose en maleza impenetrable. Sabía que la causa
de aquel enmalezamiento era la poca población ganadera,
La venada que derrotó a un hombre. – que dispersa, fraccionada, se diseminaba por la amplia
Cómo una piel de güio puede amansar a un caballo. – sabana en una libertad absoluta, sin poder aprovechar
“Zamuro comerá tu ojo.” todos los pastos. Planearía las cercas, de tal manera que
los futuros potreros tuviesen acceso al Pauto, para que
I abrevaran los ganados. Más, el resto de sabanas que
quedaban bloqueadas, sin salida al río, ¿cómo las
En las sabanas de Matepalma, después de la quema, la aprovecharía? Ya había pensado en los molinos de viento,
vida siguió su curso normal. La tierra renegrida y reducida a en los tanques australianos, y en la perforación de pozos,
un polvillo delgado, se fue tornando pardusca, y al poco para surtir de aguas esos sectores. Mas el desarrollo de
tiempo después de los primeros aguaceros, comenzaron a ese gran programa estaba muy por encima de sus limitadas
aparecer briznas verdes, diseminadas por el suelo, como posibilidades económicas. Se arruinaría al intentarlo. Sólo
campos de trigo cuando la simiente empieza a reventar. podría iniciar la obra para dejarla inconclusa, por falta de
Algunos árboles que habían quedado en pie, dejaban fondos. Pignorar sus ganados y sabanas era entregarse a
asomar brotes verdes; renuevos vigorosos, por entre la la voracidad de las instituciones bancarias, particulares y
corteza ahumada y carcomida, que a manera de llaga oficiales, cuyas ratas de interés estaban calculadas,
oscura, habían dejado las llamas, a lo largo de sus troncos. precisamente, para despojar a los incautos que caían en
Era la vida. La feracidad de esa tierra, que a pesar de los sus garras, sin manera de poder libertarse nunca, y que a la
asaltos del fuego con que el hombre la atacaba para postre, de propietarios que eran se convertirían en
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administradores, en sirvientes de la especulación amparada estado de la venada, y a medida que se iba acercando, al
por la ley. verla hecha una miseria viviente, esa lástima se convirtió en
indignación, en cólera consigo mismo, al darse cuenta de
Nuevamente, el pesimismo y la cólera se apoderaron de que el infeliz cuadrúpedo no solamente tenía quemados los
Víctor Ramón, a pesar de la belleza alegre de sus sabanas cascos de los miembros anteriores, unto con la caña, sino
cubiertas de verdura. Galopando siempre, y dando rienda también una oreja, y el medio lado correspondiente.
suelta a su pensamiento, dejaba que el trotón corriese a su
antojo. Descuidado iba, apenas apoyándose en los estribos Aquella oreja retorcida caía sobre el ojo sin párpados, que
y escuchando con deleite de muchacho, cómo el viento, al se abría sobre la carne quemada, eternamente desplegada
estrellarse en su cara, zumbaba gratamente en sus oídos y fija, como una acusación. Como el testimonio de una
haciéndole recordar sus primeras lecciones de vida llanera. acción injusta, criminal y abominable. Por uno de esos
hechos inexplicables, que la mente humana está lejos de
De repente, el caballo paró en seco, torció el rumbo y, dilucidar, el animal no huyó; antes bien, permitió que Víctor
asustado quiso lanzarse en desenfrenada carrera, con las Ramón se acercara a ella, y pudiera apreciar de cerca el
orejas tiesas y resoplando ruidosamente. A punto estuvo el miserable estado a que la quema de las sabanas la habían
jinete de ser arrojado al suelo. Mas su rapidez y pericia de reducido. O, bien, la intensidad de los dolores de las
equitador evitaron la caída. Recobrando las riendas, y quemaduras no le permitían huir más: y prefirió esperar al
asegurándose en la silla vaquera, le habló al caballo que hombre, para que la matase de una vez. Sabía que la raza
piafaba nerviosamente, levantando polvo. de Galaí y de Balacú eran sus ternos enemigos. Ya no
podía huir, estaba impedida para toda la vida; ¿por qué no
- ¡Quieto, Pajarero (47), quieto! – el noble bruto, esperar más bien la muerte para que acabara con aquellos
temblando de bríos, obedeció a las riendas y a la voz del dolores atroces?
amo, y volviendo la cabeza hacia aquello que lo asustara,
se detuvo dócilmente, al tiempo que Ramón vio cómo una Ramón, en cuclillas, cerca de la venada, vio cómo ésta se
venada esquelética, con el pelo erizado y cojeando de apoyaba en las rodillas de los miembros anteriores, ya que
ambas manos, se había levantado de repente, del pie de un no podía hacerlo sobre los cascos, que habían
guayabillo, y avanzando a saltos estrambóticos, como los desaparecido, dejando descubiertos los huesos de los
de un canguro, se alejó un poco, para detenerse y volver la dedos. La cierva no se quejaba. Miraba al hombre sin
cabeza hacia el jinete, al que miró largamente con sus ojos muestras de miedo. Y el hombre la miraba en silencio,
tristes, mansos, de una humildad que acongojaba. queriendo más bien huir de ella, para evitarse el dolor de
aquel espectáculo, que le quemaba el alma, quizá con la
Ramón se apeó, y soltando el cabestro, amarró el caballo al misma intensidad que ardía en las carnes del infeliz animal.
guayabillo para acercarse cautelosamente a la cierva. Era
esta un ejemplar joven, según lo demostraba el colorido del Recordó las palabras de su mayordomo, semanas atrás,
pelamen; los huesos de las costillas y el coxal aparecían a cuando le mostró la sabana quemada: - “¡Mire, mi blanco!,
la vista apenas forrados en la piel. Tal era el estado de hasta la cajuchada se quemó. Entre quince jinetes, le dimos
flacura del animal, que ramón, hombre del Llano, candela al tiempo, y por todo lao.”
acostumbrado a ver morir sus reses y caballos atacados por
epizootias desconocidas; a verlos sufrir largamente, sin El hombre se enderezó. Gruesas gotas de sudor,
poder ayudarlos con verdadera eficacia, sintió lástima por el resbalando de la frente, corrían por las mejillas, como
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transparentes gotas de lluvia. Es que, a veces, no sentimental? ¿Un hombre flojo de espíritu, que se acongoja
solamente las lágrimas son la demostración de un dolor ante el sufrimiento de un animal quemado? ¿Será esto una
moral, o material. Aquel hombre no lloraba, no podía llorar, muestra de falta de hombría? - ¡Maldita sea!! – gritó, lleno
porque no sabía hacerlo, porque no había llorado nunca. de ira, con su voz gruesa, que asustó a la cabalgadura.
Mas la expresión mansamente dulce y resignada de la
cierva, aquellas carnes, que había desaparecido, devoradas - ¿Qué puede importarme a mí, que se quemen
por el fuego, dejando al descubierto parte de los huesos, y cuantas venadas haya en el mundo? Que se acaben los
aquel ojo, que más parecía el hueco de una máscara bosques, que esta llanura se convierta en un desierto sin
grotesca y cruel, la hacían sufrir atrozmente, apretándole el vida animal ni vegetal. ¿Acaso soy un apóstol, para pensar
alma tan impecablemente, que el dolor buscó su salida a y obrar en forma distinta de como lo hacen los demás?
través de los poros de la frente, en forma de gruesas gotas, Ahora me explico la sonrisa irónica del administrador,
que no por ser de sudor dejaban de ser, en ese momento, cuando le expuse mis ideas sobre la redención del Llano.
abundantes y copiosas lágrimas. Todo lo que me hace falta – añadió – es hacerle a la luna un
canto en alejandrinos, para quedar convertido en un poeta,
Ya de pie, se llevó la mano a la cintura. Palpó la en toda la magnífica extensión de la palabra. ¡Maldita sea!
empuñadura de la pistola, que nunca le faltara al cinto. Y sin
vacilar, sin temblarle la mano, como quien cumple un De regreso, a galope rápido y parejo, Víctor Ramón cruzaba
doloroso deber, disparó a quemarropa las cinco balas del la sabana en dirección a la casa de Matepalma. Una ráfaga
arma sobre la frente de la cierva, que se doblo dando un de brisa, de repente, arrastró una hoja seca casi de debajo
ligero ronquido, para no moverse más. Convencido de que de las patas del caballo, que se asustó cambiando de
estaba perfectamente muerta, con el arma en la mano rumbo, tan súbitamente, que por segunda vez Ramón
todavía, se dirigió a pasos lentos al caballo. Montó como un estuvo a punto de caer, distraído como iba dando rienda
autómata, en tanto que en su mente martillaban las suelta a ideas contradictorias. La cólera del jinete, esa
palabras del administrador. “¡Mire, mi blanco, hasta la cólera sorda, cuya causa no sabía él mismo si provenía de
cajuchada se quemó”! haber dado muerte a la cierva, con sus propias manos, en
lugar de haberla dejado vivir, pese al estado de sus
quemaduras; ¿o de haberse exhibido tan lamentablemente,
II en su condición de hombre de negocios, de llanero práctico
y rudo, abogando por una causa de despertaba la risa de
Después de galopar un buen trecho, sus labios apretados los representantes al Congreso? Esa cólera, que más que
por la ira, dejaron escapar una frase que se perdió, llevada todo era el convencimiento profundo de una
por el viento, diluyéndose sobre la inmensidad de la irresponsabilidad general, que, comenzando en las
sabana, y de la cual sí quedó resonando lo siguiente: “Esto Cámaras, se abría en todas direcciones, y como una
es lo natural, somos una tropa de salvajes....” enfermedad infecciosa llegaba hasta el campesino
analfabeto, que quemaba las tierras; que gastaba su vida
- ¿Por qué no me había dado cuenta antes de estas rasguñando el predio, cada día más estéril, e inadecuado al
cosas? – pensaba – Estamos destruyendo la vida vegetal monocultivo inmemorial. Esa cólera, lentamente acumulada,
de las sabanas, y al mismo tiempo, que arrasamos los subió hasta el punto de hacerle perder el control, en el
bosques, acabamos con la vida animal. Pero... si antes no instante en que el caballo se asustara, y tomando el
pensaba así. ¿Será que me estoy volviendo un azotador de las riendas, fustigó cruelmente al pajarero, con
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azotes que, desde las orejas hasta los ijares, le cruzaron las Los tres hombres contemplaban la escena. La mujer del
carnes en todo sentido, a tiempo que lo hacía pasar, casi administrador, una mulata guajiba (48), desde la puerta de
desbocado, por sobre el sombrero que en la espantada la cocina apenas dijo para sí: “San Pablo, blanco golvió
había caído al suelo. El caballo, cubierto de sudor, pasaba loco.”
una y otra vez por encima del sombrero blanco, bajo una
lluvia de látigo, y oprimido por las piernas del jinete que, Sereno ya, sin decir palabra, detuvo al caballo y se apeó a
como tenazas cerradas sobre sus costillas, lo apretaban pocos pasos de la piel del güio, que había quedado cubierta
despiadadamente. Cubierto de sudor, el noble bruto, de tierra y perforada por las herraduras del caballo. El
tascando el freno nerviosamente, y con el belfo chorreando administrador acudió a recibir al trotón para llevarlo a la
espumarajos, terminó por obedecer los deseos del amo, y casa, y en ese momento uno de los vaqueros, el dueño de
así pisoteó consecutivamente el sombrero, logrando la piel, dijo encolerizado:
dominar su miedo, y tornando a la serenidad.
- ¡Oiga blanco, le quitó el miedo al mocho pero se
tiró mi cuero...! y esa vaina no me ha gustado mucho.

III - ¿Con que no te gusta? Contesto Ramón con el rostro


nublado.
En el camino de regreso, intencionalmente, Víctor ramón lo
hacía galopar ceñido a los matojos, con la esperanza de - Qué me va a gustar. Si lo tenía vendío al turco por
que algún pájaro, al escapar, asustara con su vuelo al dos mudas de ropa. Me va a tocar meterme a las
caballo. Nada de esto sucedió en el resto de la marcha. matemontes del Pauto otros quince días, pa encontrar un
Más al llegar a la casa se dio cuenta de que el güio así de grande.
administrador, ayudado por dos vaqueros, terminaba de
estaquear la piel de un enorme güio, cazado seguramente Víctor Ramón guardó silencio ante aquella argumentación y
ese mismo día. tomando maquinalmente de las manos de la mulata la taza
de café, que en silencio le alargaba, la apuró de tres
Ver ese pie y encaminar sobre ella al caballo, fue todo uno. sorbos.
Los hombres, sin creer lo que veían, se apartaron en
carrera para evitar ser atropellados. Ramón, sin sombrero, El vaquero, en vista de aquel silencio, que interpretó como
cubierto de sudor también, y con un rostro que era el retrato una muestra de debilidad del joven dueño de Matepalma,
del estado de su alma, lanzó la cabalgadura sobre un se le acercó envalentonado, con los ojos brillantes por la
extremo de la piel para recorrerla toda. cólera, y no sin haberse palpado antes la cintura de la cual
pendía un largo y afilado cuchillo de monte, le gritó:
El caballo no vaciló un instante, enderezó las orejas
apenas, y sin inclinar la cabeza para olfatear, asentó los - ¡Escuche Don, me paga el cuero, o aquí va a haber
cascos sobre la piel y la recorrió de extremo a extremo, vaina!
cuantas veces quiso el jinete, rompiendo las estacas y
echando a perder aquel valioso trofeo. Un estremecimiento frío; una como súbita descarga
eléctrica recorrió de pies a cabeza la piel de Víctor Ramón.
Con el rostro pálido, y los labios apretados, avanzó sobre el
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vaquero, que así lo desafiaba, y como un rayo, sin proferir nosotros, los llaneros. Supongo que no irás a salar una res;
palabra, sin darle tiempo a desenfundar el cuchillo, lo ¿para qué necesitas más?
golpeó en la cara con su grueso puño, arrojándolo a tierra
entre la revuelta piel, sobre la cual quedó estirado cuan - No, mi blanco; es pa salar un pescaíto y pa la
largo era. Con la misma celeridad, volviéndose al comía. Eso de matar ganao ajeno se queda pa los
compañero que no se había movido de su sitio, y lo miraba marisquiadores (51), como ese que se acaba de dir, que
todo, entre sorprendido y regocijado, le dijo: andan de hato en hato robando lo que encuentran y
metiéndose en los conucos pa no dejar ni el topocho verde.
- ¿También quieres tu parte? , ¡acércate! L´iba a decí, que el tal Flaminio es un mal sujeto; y tiene
que andar con tiento el blanco, porque ése no se queda con
- A mi no me meta en la vaina, blanco – contestó -, las narices reventá. ¡Hay que madrugarle, mi Don, no vay
vine a que me regale un poco de sal, y de acomedido le lo meta en un vainazo! En las vaquerías del Tigre y
ayudaba a ése a estaquiar el cuero, cuando nos echó el Platanares, oí decir que el tal Flaminio es de los que arrean
potro encima. ganao de Matepalma, quemándole el cuero pa borrarle la
marca, y dejan esos novillos que da lástima verles la
El aporreado se incorporó sacudiéndose la tierra con las gusanera que les cae en las quemaduras.
manos. Recogió el sombrero de pelueguama (49) que había
rodado lejos, y se dirigió a la sabana, en retirada. Cuando Se despidió sonriente, y cargando el saco se dirigió a la
hubo caminado un buen trecho, se volvió y arriscándose el sabana.
ala del sombrero con el dorso de la mano extendida,
amenazó a Ramón.

- Algún día nos toparemos, pata pelúa (50). IV

El llanero se limitó a sonreír. Lentamente se dirigió a la Bajo la grata sombra del caney, recostado en su chinchorro
casa, seguido por la mulata y el vaquero que hasta de cumare (52), Víctor Ramón dejaba pasar las horas de
entonces no se había dado cuenta de las robustas espaldas intenso calor que preceden a los grandes aguaceros del
del blanco, y la gruesa musculatura de sus brazos. Una vez Llano. Su mente, despejada ahora, como si se hubiese
que ordenó le diesen la sal que necesitaba, le dijo: - descargado de intensas preocupaciones, elaboraba, a
Llévatela. No vale nada. Ya sabes que pronto habrá trabajo grandes rasgos, el programa que se proponía desarrollar en
en las sabanas, puedes venir cuando quieras. la fundación. No seguiría cometiendo la equivocación de
dejar, durante meses, abandonados sus ganados y
- Eso l´iba decí al blanco, hay mucho cimarrón que propiedades en manos del administrador. Se radicaría allí,
lo tan soguiando otros – y levantando con una mano el como lo había hecho su padre, definitivamente. Vendería
saco, calculó su peso. Era más de la sal que necesitaba. las cosechas de ganado a puerta del corral. Reduciría las
Ramón, que se dio cuenta del cálculo que hacía el hombre, cimarroneras (53), pues tenia informes de que en los
lo interrogó: rodeos de muchos hatos vecinos se capturaba gran
cantidad de reses de sus sabanas, que por haber nacido en
- ¿Te parece poca? No te doy más porque no se estado completamente salvaje, y deambular sin hierro y
consigue sal ni en Orocué. Es un artículo de lujo para sin señal, pasaban a ser propiedad de quien les pusiera la
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soga. Este ganado cimarrón, pensaba, es la consecuencia escopeta alguna, o carabina al vaquero, cuando después
de la falta de cercas; una demostración de que hace falta de golpearlo se alejó por la sabana. El caballicero se dio
control sobre los ganados. Hay necesidad de restringir el cuenta de la curiosidad que le causaba a Ramón aquella
límite de los pastoreos. Su meditación fue interrumpida por serie de pequeños agujeros, e interrumpiendo su labor, le
la voz del administrador. dijo, a manera de consulta: - Le metió to los guáimaros (55)
en la porra. Es fino pal tiro el tal Flaminio, ¿verdá blanco?
- ¿Estaquiamos de nuevo el cuero?, es lástima que
se pierda, porque va a llover. - ¿Pero con qué escopeta? – preguntó Ramón.

Después de una pausa, durante la cual se sentó en el - Con cual había e sé. Pues con la que usan
chinchorro, contestó con una entonación enérgica, hasta siempre, la de Matepalma, y con los propios guáimaros que
entonces desconocida en él: trajo el blanco pa marisquiar al tigre que dicen se ta
carniando (56) al ganao.
- Póngale las estacas. Después de todo, ese cuero
es mío, fue cazado en mis sabanas, y todo lo que haya en - Y a vos qué te importa julleriar – interrumpió el
ellas, hasta los güios, es de mi propiedad y no de quien le administrador, poniéndose de pie, y empuñando la maza de
dé la gana cogerlos. madera con la cual clavaba las estacas -. ¿Es que pensás
que el blanco va a mezquinar la morocha (57) y los
El hombre se quedó asombrado. Aquella era una orden tan guáimaros?
peregrina, tan desconocida en el Llano, como la de no
quemar las sabanas. – “El blanco ta loco, ya lo había - ¡Párese ay amigo. Suelte esa vaina y no se
maliciao desde cuando nos echó el potro encima” – pensó avaliente!, no es que la blanco mezquine, es que tal ve no
el administrador -. “¿A quien se le ocurría, en plena llanura, le va a gustá que le vendan el ganao que sacan pa Orocué,
reclamar como de su propiedad un cuero de güio, sin arriao puel Flaminio y su ralea, cuando el blanco ta por
haberlo cazado? ¿Acaso no era una ley llanera cazar donde Sogamoso, pa después decile que jueron los indios, o el
y cuando se quisiera? ¿No había libertad, también, hasta tigre. – Acobardao el administrador, con el rostro pálido, no
para coger el ganado que no tuviera fierro ni señal alguna supo qué contestar. Soltó la maza maquinalmente, y
en la oreja? Pobre guate, parece que lo haigan rezao (54), mirando ya a Ramón, o ya al muchacho, como quien espera
o dao algún bebedizo.” Sin discutir nada, llamó al verse agredido, no se movió de su sitio.
caballicero para que le ayudara a estirar la piel con las
estacas. - ¿Con que esas tenemos? – dijo Ramón
cruzándose de brazos, contraído el ceño.
Cuando ya habían comenzado el trabajo, se acercó ramón
a examinar el cuero. Tenía más de ocho metros de largo. En - Si el negocio ta bien estableció con el turco de
algunas partes se veían rozaduras ocasionadas por los Orocué, que ya tiene fundación propia, y pa granjeo l´iban a
cascos del caballo. Mas, hacia la cabeza aparecían unas llevar ese cuero de güio. Si viera el blanco la cantidá de
pequeñas perforaciones circulares agrupadas cuero e cajuche, saíno, venao y chigüiro que hay en la troja.
irregularmente. Se inclinó para examinarlas de cerca, De perro diagua nomás hay un bulto listesito, esperando
llegando a la conclusión de que eran impactos causados que el blanco se vaya, pa venir el Flaminio con su gente a
por arma de fuego. Más no recordaba haberle visto arriar con el ganao y to lo que pueden.
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De algo sirve ser ave nocturna.
- Qué miserable – gritó Ramón enfurecido -, no te
rompo el alma por respeto a la memoria de mi padre, que te I
dejó aquí, y porque eres un viejo palotiao (58) que no
aguantaría un pescozon. ¡Ahora mismo, ya!, te largas de La caza comenzaba a escasear, o al menos Galaí no la
aquí, junto con tu mulata y lo que tengas. encontraba con la misma facilidad que en épocas
anteriores, en las cercanías del rancho. Cuando quedaban
Media hora más tarde, un caballo viejo, que no prestaba ya apenas unas pocas tiras de tasajo, silenciosamente
servicio alguno, ni siquiera el de topochero (59), aparecía descolgaba su escopeta; ponía en la bolsa de cuero, en
cargado con los enseres del administrador. Conducidos del donde llevaba la pólvora y los perdigones, algún bastimento
cabestro por la mulata, atravesó frente al caney, bajo el cual de tajadas de topocho, yuca cocida y un trozo de carne de
se guarecían de la lluvia, Ramón y el caballericero. La venado, o saíno asado, en previsión de que pudiera
mujer, encarándose al muchacho, con el rostro empapado demorarse uno o dos días en busca de carne.
por la lluvia, y los lacios cabellos chorreando agua, les
lanzó la amenaza india, temblándole los ojos, como en la Meses atrás, sólo bastaba con asomarse a la sabana, o
fulguración de un relámpago. buscar la ribera del Suspirador para encontrar caza
abundante. Ahora tenía que hacer largas jornadas, que
- ¡Zamuro comerá tu ojo, guelta mala! – y se alejó muchas veces resultaban infructuosas, para regresar
por el tranquero, bajo la lluvia torrencial, tomando la después de muchas horas con un paujil o dos o tres patos
dirección de barranco Pelao, en cuyo camino la esperaría el carreteros, cuya carne no compensaba el trabajo de
administrador, que temiendo complicarse más, había huido, desplumarlo, siendo generalmente obsequiados a Gugudú
sin que nadie la viera, llevando en una guambía (60) el fruto que terminó por radicarse en las cercanías del rancho.
de sus latrocinios.
La ausencia de caza en aquellas sabanas era notoria. Galaí
Reinó un momento de silencio, que ninguno de los dos había dado fuego a los pajonales, para que los venados
hombres se atrevió a romper. Las gruesas gotas de lluvia se acudiesen a pacer los tiernos brotes del retoño, pero nada.
estrellaban en el techo de la casa, y contra el endurecido La sabana parecía cada día más despoblada de
piso del patio, como un eco ronco de las palabras de la cuadrúpedos salvajes; las semillas de cuesco, de corozo y
india. A lo lejos, las siluetas de la mujer y el viejo caballo otras palmaceas, que son el alimento más buscado por los
comenzaban a esfumarse, a hundirse entre el dilatado marranos de monte, formaban montones al pie de los
pajonal, bajo el cristal opaco del aguacero. troncos, sin haber sido tocadas desde meses atrás. ¿Qué
sucedía en esos criaderos, que de un momento a otro se
- Güeno, blanco, me tocara jalarle a la cocina, y a habían convertido en desiertos?
cuanta vaina haiga qui hacer en el hato, mientras se
arreglan las cosas. Pero me quité dencima esa vaina que - Será que he matao ya to los venaos, ¿pero onde
me tenía atorao. andan los cajuches y esas manadas de saínos que antes
topaba en los jozaderos del caño? Gugudú no se los habrá
JORNADA OCTAVA tragao todos en un momento. – Y con los ojos fijos en las
angostas sendas, buscando rastros, caminaba sin rumbo
La cacería de la lapa. – El sural de las ánimas. – fijo alguno. Bajo un sol de fuego, dejo la sabana para
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internarse en el monte buscando la sombra, con la asegurado carne para tres días al menos, le hizo olvidar el
esperanza de encontrar, aun cuando fuese, la madriguera examen del extremo de la vara, para cerciorarse, por los
de una lapa, cuya fácil captura había desdeñado siempre, a pelos adheridos, de la clase de animal que esperaba
pesar de los delicado de su carne. Registró el bosque hasta escondido en el fondo de la cueva.
los más apartados rincones, encontrando solamente
madrigueras vacías, con las entradas obstruidas por capas Arrojó la vara y se tendió sobre la tierra, dispuesto a
de hojas secas, demostrando que habían sido introducir el brazo y agarrar con la mano aquella pieza que
abandonadas desde tiempo atrás. en esta minuciosa había despreciado siempre, por su menguado tamaño,
requisa, vio como al pie de un añoso guatero (61) se abría aunque de carne tan exquisita. Nada importaban no o dos
una pequeña madriguera, cuya entrada aparecía limpia de mordiscos en los dedos. Tendido de costado, comenzaba a
hojas y con algunas señales, como si la pieza, al introducir el brazo, cuando vio impresas en la vara unas
encorvarse, hubiera barrido la tierra con el vientre. Buscó leves mordeduras, que no eran propiamente las de los
las otras salidas de que generalmente están provistas estas incisivos de un roedor. - ¡Coma avispas, que cigarrón es
madrigueras, encontrándolas tapadas, y, al parecer sin uso veneno! – exclamó retirando el brazo, e incorporándose de
alguno. Esto le pareció anormal, pues las lapas utilizan dos un salto. Sin perder tiempo, enrolló su pañuelo, formando
o más de los túneles comunicados con la cámara central, un grueso nudo, al extremo del palo, y lo introdujo por la
saliendo por una puerta y haciendo uso de otra al regreso. galería dando fuertes hurgonazos, convencido de que la
Después de haber dado algunas vueltas más, buscando la pieza encovada había mordido el trapo, comenzó a extraer
otra salida despejada, o al menos con muestras de uso, la pértiga con lentitud, encontrando la natural resistencia del
regresó medio desconfiado a la entrada en donde había animal, que pugnaba por no salir. Tomando la escopeta con
encontrado rastros. Su convicción de que la cueva estaba la mano que le quedaba libre, la empuño a manera de
habitada, se afirmo del todo, al observar algunas moscas martillo, al tiempo que daba un fuerte tirón a la vara.
diminutas revolando en torno a la entrada. Con hojas y con
tierra procedió a tapiar las entradas, apisonando con el pie, Hundidos los largos colmillos venenosos en el trapo, y
por si la lapa buscara otra salida al sentirse acosada. Cortó agarrada fuertemente a él, apareció la cabeza triangular de
una vara, y con ella y el cuchillo comenzó a ampliar la una serpiente cascabel que, en un instante, bajo los golpes
entrada. Cuando había removido buena cantidad de tierra, y de la cantonera del arma, quedó convertida en una masa
calculando que se acercaba a la cámara central, aplicó el informe.
oído a la galería, seguro de escuchar el ronquido del roedor.
Nada oyó. Desalentado quiso abandonar la empresa, - Jepuya (62), que tal si no miro el palo, taba criaíta
creyendo que se había equivocado, pero... no era él de los – dijo sonriente, extrayendo del antro el cuerpo de la
que dejan una obra sin darle finalidad. Febrilmente siguió serpiente, al cual corto los cascabeles que fueron a parar al
removiendo la tierra, y despejado la galería, hasta una fondo del bolsillo del pantalón.
profundidad que juzgó suficiente para poder meter el brazo,
o el extremo de la vara para alcanzar la escondida lapa. Después de haber registrado otras matas de monte, se
internó por la sabana hacía el río Pauto, cuyo lejano curso
Sondeó con el palo, encontrando, efectivamente, un cuerpo se adivinaba, por la franja negra, esfumada, del bosque que
blando en el fondo, que reaccionaba y de defendía con los oculta sus riberas, y que rompiendo la monotonía del
dientes, al ser pinchado con la vara. La alegría del cazador paraje, se veía allá, a muchas leguas y tocando el cielo
al ver que no había perdido el tiempo, y que había como si fuese el límite de la llanura.
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II III

Desalentado caminaba el cazador bajo un sol de fuego. En Como un punto fijo prendido en la distancia, la silueta de un
muchos años que llevaba establecido en la región, nunca jinete apareció de pronto ante sus ojos. Para otra persona,
viera las sabanas tan despobladas de caza. No podía ser aquel punto gris, minúsculo, confundido entre el distante
una peste, la que tan rápidamente acabara con venados, pajonal, habría pasado desapercibido, pero no para Misael,
cafuches y saínos. No había encontrado la primera cuyos ojos estaban habituados a sondear los horizontes. A
osamenta, luego era otra la causa. Meditando largamente medida que el jinete avanzaba acortando la distancia, se
recordó los balidos del ciervo aquella noche, como si hacía más perceptible. Por último se vio un caballo alazán,
hubiera sido atacado de repente y reducido a la impotencia; que a galope tendido y con el cuello estirado, iba a pasar de
las pesquisas que hiciera al día siguiente, sin encontrar largo, a buen trecho de Misael, sin haberlo visto.
nada sospechoso. ¿A qué obedecía, pues, que la región
apareciese sin un cuadrúpedo salvaje? - ¡Eeeeeepaaa! – grito el cazador, y agitando el
sombrero con la mano llamó la atención del jinete. Este lo
- Me tocará comer mico – dijo para sí, desesperado oyó, detuvo el caballo y al trote se dirigió por entre el
de haber caminado tanto sin encontrar nada. Al buscar la pajonal. Sobre un sillón (63) de vaquería, de ancha y
caja de fósforos para encender un tabaco y disipar el aplastada cabeza, con la coraza deslucida y ajada,
fastidio de aquella larga y solitaria jornada, sus dedos aparecía el cetrino jinete, cuya indumentaria no iba más allá
tropezaron con los seis cascabeles de la serpiente, que de una franela listada, y un pantalón corto, rueduemaduro
había guardado en la mañana, sin acordarse más del (64), que no alcanzaba a las rodillas, dejando al desnudo el
episodio en que estuvo a punto de perder la vida al ser resto de la pierna, cuyo pie se apoyaba en el estribo de aro
mordido por el crotálido. Con ellos en la mano, mirándolos, apenas con el extremo de los dedos. - ¡oiga, si es Misael! –
no si cierta curiosidad, detuvo la marcha, y de repente, dijo el jinete.
como quien encuentra la solución de algo que antes no ha
podido resolver, exclamó: - ¡estas bichas si abundan!, ¿y no - Echa palante el mocho, ta sudaito. Se ve que la
será el tigre, el que ha ahuyentado los venaos? – Penso en sabaniada jue larga – contesto Misael.
Tatí, para quien había cortado los cascabeles, en su mujer;
en el rancho lejano, perdido en la sabana, expuesto ahora - De aquisito nomás, de Guaracuras, pero no jallé a
por su ausencia a una acometida del felino, que al sentirse nadie y en Matepalma se necesita gente.
hambreado por la falta de carne, llegaría hasta acercarse al
rancho.... Sin vacilar un momento, volvió sobre sus pasos, - Ajá – se limitó a contestar el cazador, alargando la
cuando ya la tarde dibujaba su sonrisa oscura sobre la mano para componer la barbada del freno del caballo que
caldeada llanura silenciosa. Orientándose por el sol, se estaba suelta.
dirigió en línea recta hacia el lugar en donde le parecía
estaba el rancho, para evitar los rodeos que diera en la - Diga manito, por qué no echa pal hato y se deja de
mañana. Urgido por el deseo de llegar antes de que tar enmontao, como los indios. De golpe canta millón (65) y
oscureciera, devoraba la llanura a marcha forzada y nuay quien le prenda cuatro velas, ni lo eche al hoyo.
sostenida, dando fuertes chupadas al tabaco y con los ojos
puestos en la lejanía.
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- Pa evitarme vainas, Pancho. Ya sabey cómo soy Con el ruedo del justán (68).
yo. No me gusta que me manden, y pa comé tajadas y
tasajo, me los como en lo mío, y cuando quero. Esa vaina Galaí se acordó de otros tiempos. Cuando improvisaba
de que un blanco, porque tiene cuatro mautes (66) ande coplas al son de sus maracas. La botella de ron blanco iba
como el zamuro, dándole gueltas a la mujé diuno, no va y venía, en manos de los sedientos vaqueros, en las
conmigo. noches de corrío y galerón (69), o en cualquier fiesta que se
improvisara en los hatos por un motivo cualquiera. Las
- Eso e verdá, manito. muchachas sabían que donde se encontrara Misael había
motivo suficiente para echar un patirralo (70) o promover un
- Recordá en las que tuve que meterme pa librar a la desafío de coplas, sólo por escucharlo. “Vamo a cantá,
Rosa del blanco aquel de “Morrocoicito”, que como un Misaé”. Esto era suficiente para oírlo improvisar. El
zancudo, la seguía a sol y a sombra. recuerdo de aquella época moza de su vida, entonó el
ánimo abatido de Galaí, y arrojando el tabaco cantó; ya no
- Puel volantín diun piojo no lo mataste. En una copla de amores, como aquellas que improvisara a
Matepalma, es distinto. Tamos sin gente y apenas toy yo Rosa, en el caney de “Morrocoicito”, el hato en donde la
solo, jalándole a todo. Ya conoces al blanco, es un palo e conociera, sino una copla que describía su vida solitaria,
macho, y en cuestión de faldas muy respetooso. independiente, enfrentada a una naturaleza hostil e
inmisericorde, en donde medraba sin la ayuda de nadie:
- Yo lo conozco. Me gusta el hombre. Voy a pensarlo
a ver, y allá les caigo un día destos. De los males que padezco
Yo mismo soy cirujano,
- Ojalá juera mañana el viaje. Veo un chubasco e Yo me aliento, yo me curo,
vainas, que no tarda mucho. El blanco le pegó al Flaminio, y Yo mismo me doy la mano.
como éste es amigo e los indios, y pa más vainas la mujé
del administrador, la mulata, nos amenazó cuando el blanco La mujé es una nave
los botó por ladrones. Que a todo el mundo atropella,
No sabe del mundo nada
- Güeno manito, adiós – dijo Galaí, y los hombres se Aquel que se embarca en ella.
separaron en direcciones opuestas. El caballo rompió el
galope y el cazador pudo escuchar la copla que entonó el
llanero al abrir la marcha.
IV
Mi mujer y mi caballo
Se me murieron al tiempo, La noche se posó sobre la pampa como una mariposa
Mujer onde quera jallo negra. De vez en cuando las aves nocturnas, espantadas
Mi caballo es lo que siento. por la presencia del caminante, emprendían silencioso
vuelo dejando escapar lóbregos chillidos, que hubieran
Las muchachas de Orocué llenado de terror supersticioso a oro que no fuera Galaí.
Yo no les como su pan, Avanzaba a paso largo, sin perder el rumbo; atento el oído y
Porque limpian el budare (67) con los ojos muy abiertos, tratando de orientarse entre la
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oscuridad. Hacía muy poco ruido con sus pisadas, pues desolación y tristeza de su aspecto, y otro situado en un
comprendía que si en su camino se encontrara con una bajo, pero a una distancia tan grande del rancho, que para
serpiente de cascabel, está no huiría; antes bien, enfurecida llegar a él habría tenido que tomar una ruta contraria a la de
por el ruido que se iba acercando, se prepararía para atacar su casa. Nada importaba a Galaí pasar una noche en la
con toda la seguridad y alevosía que el daban sus hábitos sabana, con lluvia o sin ella. Quería llegar a su rancho, y lo
nocturnos. Sin perder la serenidad, caminaba, caminaba, a intentaría de todas maneras, pese al dicho llanero de que
grandes zancadas, y cubierto de sudor. Al acercarse a un “dos y dos son cuatro”. Lo importante, por el momento, era
matorral que apenas si se adivinaba por el ruido del viento alejarse del sural, y dando la espalda al rumbo que antes
entre las ramas, oyó un chillido, al tiempo que la sombra de llevara, inició la contramarcha sin hacer caso del pájaro que
un pájaro enorme quiso detenerse sobre su cabeza, como a vuelos cortos lo seguía, posándose siempre unos cuantos
para posarse en ella. Sin detenerse dio unos cuantos pasos pasos adelante y dejando oír su grito. Anduvo así algún
más, para caer de bruces entre los primeros huecos de un tiempo y cuando creyó haberse alejado del sural, torció a la
sural (71). Se levantó rápidamente. Tanteó el terreno con izquierda y se encamino en línea recta. Un relámpago
los pies y se convenció de que había errado el camino, fugaz, seguido de un prolongado y formidable trueno,
yendo a parar a aquel laberinto de hoyos, distante muchas iluminó la sabana por un instante. Quiso aprovechar la
leguas del rancho y fuera de la ruta. Sin perder la calma se brevísima claridad para examinar el terreno, mas todo lo
desvió a la derecha. Dio unos cuantos pasos más y volvió a que consiguió fue quedar más desorientado aún. Siguió la
caer en otro hoyo. Entre dientes dejó escapar una marcha y los primeros goterones de la lluvia lo golpearon
maldición, en tanto que el pájaro, dando chillidos, se posó con una violencia inusitada. Momentos después, el ruido del
en tierra cerca del cazador. Entre la oscuridad distinguió la chubasco sobre la sabana era como un tropel confuso y
forma del ave. Encendido de cólera por las caídas, alargo la monótono, por entre el cual se filtraba de vez en vez, el
mano para espantar a tan inoportuno personaje; más al chillido del Murruco.
hacerlo, el pájaro abrió las alas, y agitándolas, comenzó a
chillar, como lo hiciera en el patio del rancho, cuando Tatí lo Resbalando unas veces, chapoteando otras, Galaí
embutía de hormigas y escarabajos. Era el Murruco, el marchaba entre la oscuridad. ¿A dónde iba? No lo sabía;
juguete de su hijo, que ahora bien plumado, convertido en mas la esperanza de encontrar una mancha de monte, una
persona mayor, se buscaba la vida por su cuenta, saliendo palmera o un caño conocido, que le permitiera orientarse e
todas las noches a la sabana, sin dejar de regresar en las indicar el camino que debía seguir, lo animaba a caminar
mañanas a su vara, que sobresalía del zarzo en el humilde pese a la oscuridad. De pronto notó que los chillidos del
rancho de Galaí. Murruco se hacían más débiles y lejanos, y que ya no lo
seguían dando cortos vuelos. “Debe estar como yo, calado
Después de meditar un momento, por primera vez en su de agua hasta los huesos, y sus alas mojadas no le
vida Galaí se dio cuenta de que estaba completamente permiten volar”, pensó; y de pronto, faltándole el piso cayó
desorientado. El cielo sin una estrella, aparecía cada vez de nuevo entre un hoyo, golpeándose la cabeza contra el
más negro y hosco. Una ráfaga de brisa fresca y húmeda barranco. Sin decir palabra alguna, resignado, se incorporó.
azotó el rostro del hombre, anunciándole la proximidad del Recogió a tientas la escopeta de entre el barro y tanteando
chubasco. con la cantonera el terreno, se dio cuenta de que había
vuelto al sural.
¿A cuál de los surales había ido a parar? Había dos en
aquella sabana. El de las “Animas”, llamado así por la
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- Estas ya son vainas del mandingas (72) – dijo siguió. Anduvo mucho en esta forma, sin saber hacia dónde
desesperado, y luego gritó -: ¡Murruquitooooo! se dirigía. Después de todo, ¿qué importaba caminar o
permanecer quieto hasta que llegase la mañana? El cielo
El chillido del pájaro de oyó a los lejos, contestándole. Tomó iba clareando a medida que el aguacero decrecía. Las
esa dirección bajo el convencimiento supersticioso de que matas, la paja, iban tomando forma. La mancha oscura de
el ánima del llanero, que según la leyenda había muerto mata de monte, lejana, se iba haciendo más precisa a
desnucado, al caer con su cabalgadura en aquel sural, medida que Misael, siguiendo los vuelos del pájaro, se
hacia muchos años, lo tenía cogido; lo había atraído hasta acercaba a ella. El Murruco con las alas ya secas del todo,
allí, para que le hiciese compañía. Por algo llamaban a volaba sin hacer ruido y dejando escapar su chillido. De
aquel sitio el “Sural de las Animas”. pronto Galaí dio un grito, había llegado al conuco.
Reconoció la topochera, las matas de sarrapio y café. Una
Sometido, ahora sí, a una fuerza superior, aquel maestro de vez orientado, por el angosto senderillo se encaminó al
llaneros de valentía y audacia, se sintió humillado. ¿Cómo rancho con el corazón que parecía salírsele del pecho.
había podido perderse él, que conocía aquellas sabanas Llegó al patio en donde se detuvo un momento mirando a
tan detalladamente como pudiera conocer el patizuelo de su todas partes, examinándolo todo, para convencerse de que
rancho? durante su ausencia nada había sucedido. Iba a llamar a
Rosa, cuando por sobre su cabeza sintió el vuelo del
Bajo la recia lluvia, cuya violencia no parecía decrecer, a Murruco que llegaba a posarse a su alcándara. Sonrió y
tientas siempre, se dirigió al sitio en que le parecía se dijo:
encontraba el Murruco. Allí pasaría el resto de la noche,
hasta que llegase la mañana, ya que el ánima del sural así - ¡Eeepa, aquí tamos!
lo quería. Chapoteando entre el agua apozada y juzgando
que el pájaro habría elegido algún sitio seco para posarse, Rosa que no había podido dormir contesto desde la troje:
lo llamó de nuevo: - ¡Murruquitoo!
- ¿Cómo le jue?, ¿con quén vino?
El pájaro contestó, pero esta vez más alejado y en dirección
contraria a la que seguía el cazador. Cambió de nuevo el - Con quén había de ser, con el Murruco, que me
rumbo, y hacia allá se dirigió pensando encontrar un sitio en viene acompañando desde la lejura de to los diablos. – y sin
que sus pies pudieran estar fuera del agua, el resto de la esperar más, arrojando la escopeta, trepó por la escarerilla
noche. Salió del terreno anegado a un lugar seco, y de sus hacia el zarzo, a convencerse de que su mujer estaba en
pies se levantó, de repente, el Murruco en vuelo realidad allí, junto con su hijo, que dormía profundamente.
estruendoso a consecuencia de sus alas mojadas. Eran las tres de la mañana.
Chillando siempre, se posó de nuevo delante del cazador.
Misael lo siguió, maquinalmente, por hacer algo, durante un
largo trecho. El aguacero comenzaba a decrecer y el cielo
despejándose lentamente dejó ver algunos luceros. Más JORNADA NOVENA
claro ya, Misael distinguió la silueta del Murruco sobre un
matojo. Allí, cerca del pájaro, en cuclillas, resolvió esperar Balacú busca la caza prohibida. – El verdadero amo de los
resignado el mandato del ánima hasta el amanecer. El Llanos no es el Tigre.- Tatí recibe le primer susto.
pájaro voló de nuevo perdiéndose en la oscuridad, Misael lo
49
I de venado, saíno y nutria, dobladas y secas estaban listas
para el transporte, junto con un bulto de sarrapia. Tatí iba de
Más que too puel Tatí: nosotros, ya nada nos importa nada. un lado a otro, a pesar de los fríos y calenturas que desde
Somos puro rezago. hacía días lo habían puesto más amarillo y seco. Sus
pernezuelas delgadas, casi transparentes por lo pálidas, se
- Y aprovechar pa que lo bauticen. Bien vestío, movían ahora jineteando una silla de vaquería, sacada del
estrenado calzones y liquiliqui (73), con sus cotizas que zarzo, con otras cosas y cubierta de chorreaduras blancas
tengo pensao hacele. causadas por la digestión del Murruco. Sobre ella
cabalgaba el pequeño, apoyando los pies en el suelo y
- ¿No querrás voz también la casamba (74), mi moviéndose de un lado a otro.
negra?
Según lo habían convenido ya, dentro de tres días llegaría
- Ya pa qué; más de la suelta (75) con que me teney Pancho, el caballericero de Matepalma, con caballos
cogía... que me hace acordar de la cana que me echaste: suficientes para su traslado al hato, así que en el rancho
todo era actividad y preparativos de viaje. Había que
Al palo que no florea recoger el resto del café que quedaba en las matas del
No le baja cigarrón, conuco, lo que harían al día siguiente Misael y su mujer
Lo durce de la patilla para llevarlo, aun cuando fiera en cereza.
Es como puro corazón.

- Amanecite alegre. Yo también lo estoy, porque ya II


me ta haciendo falta boliar la soga, montar en güen mocho
que arrime pa la coliada (76) bien pegaito. A medida que se acercaba la tarde, la sabana se vestía de
oro. El sol se tornaba suave y amarillento. El Murruco
- ¿Por qué no decís, más bien, que son las maracas despertaba a veces y desde la alcándara, agachaba la
y el patirralo lo que te llama pa Matepalma? cabeza redonda para mirar hacia abajo, silenciosamente,
con los ojos amarillos también, y como sorprendidos de la
- También eso, mi negra, y uno que otro palo e ron, y inusitada actividad y ruido que metían ahora en el rancho.
tal cual bailaito, paque vean los muchachos que mi mujé es Ya no era el juguete de Tatí. Sus garras curvas, tersamente
la mejor bailaora del hato. En cuanto a yo, el mismo Misaé pulidas y afiladas, parecían de ámbar, y le daban un
de siempre, güeno pa todo, hasta pa queré a su Rosa. aspecto de ferocidad risible. Su plumaje opaco, sin lustre de
ninguna clase, aparecía poblado, espeso, dándole un
- Arsa pué, jendeme (77) la leña que voy a hacé la volumen que en realidad no tenía. Durante el día nadie se
comía. – dijo por último Rosa, poniendo fin a la charla. acordaba de él, y el pájaro tampoco se preocupaba por
hacer notar su presencia, dedicado como estaba a dormir.
En el patizuelo del rancho se asoleaba el café y en el Mas cuando comenzaba a anochecer, después de algunos
conuco quedaba parte de la cosecha que no había breves chillidos, y sacudidas de las alas como para
madurado bien. En la troje quedarían los chismes que no desperezarse, volaba hasta el suelo apisonado, rondaba
era necesario llevar, y que tampoco eran muchos: Ollas, alrededor de Tatí, pedía su ración de carne fresca, que
arreos de cocina, redes rotas y un par de remos. Las pieles muchas veces era Rosa o Misael quien se la daba, y
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después de ir de un lado a otro, levantaba silenciosamente - Ese no va hasta allá; aquisito nomás; en el estero,
el vuelo, para perderse en la oscuridad. tiene su comía – dijo la mujer y volvió a reinar el silencio.
Horas más tarde dormía la sabana. También el rancho, con
No era que Tatí le hubiese perdido el cariño; era que el el techo estirado hacia el suelo, como para acoger mejor a
pájaro no le gustaba ya los manoseos y brusquedades de sus moradores, dormía bajo la quietud.
las manos del muchacho. Gustaba de su compañía, pero
desde lejos, sin dejarse acariciar y desde que había Sólo Galaí meciéndose en su chinchorro, repetía
aprendido a volar, y a buscarse el sustento en la sabana, no mentalmente las palabras de su mujer: “... repiquetea
se dejaba agarrar, a pesar de las carreras y trampas que le seguido, como si juera gente, a animal grande”. ¿Qué
ponía el muchacho para atraparlo. Ya no recibía de sus quería decir con esto su mujer?
manos los trozos de carne fresca; a prudente distancia
esperaba que se los arrojasen al suelo, y tomándolos con
las garras volaba a su vara, y con el pico amarillo y corvo, III
los iba desgarrando glotonamente. Tatí se acostumbro a
esa modalidad del Murruco, y terminó por dejarlo en paz; El zarpazo fallido resultó ser el postrero.
mas cuando el muchacho, desde abajo, gritaba a cualquier
hora del día – muquitooo -, el pájaro le contestaba siempre, Anduvo toda la noche a lo largo de la Mata de Monte,
con aquel chillido suave y desapacible, que era el mismo después de haber rondado por la sabana inútilmente. Varios
con el cual había orientado a Galaí la noche que vagaba días llevaba sin comer, y sus entrañas voraces, urgidas por
pedido por la sabana bajo el aguacero torrencial. el hambre, reclamaban la presa, cualquiera que ella fuese.
Con los ojos brillantes, afiebrados, en los que comenzaba a
La noche llegaba mansamente. Por entre la rojiza claridad anunciarse la ferocidad ciega de su raza, contempló el
del crepúsculo vino hasta el rancho, atenuado por la desfile de monos araguatos, que, de árbol en árbol, de
distancia, el piar de Pájaro Pollo. Después de mucho tiempo rama en rama, haciendo alarde de agilidad y de acrobacia,
de no oírlo, Misael “paro la oreja” interrumpiendo su labor cruzaban por la copa de los árboles más altos, luciendo el
de recoger el café que se secaba en el patio. Lo escuchó rojizo vellón de su pelamen brillante, que hubiera querido
largamente, y después de meditar un momento mientras desgarrar en busca de la entraña caliente, palpitante, que
miraba su escopeta colgada en la columna, dijo a Rosa: calmara el suplicio de sus hambres atrasadas.

- Hay ta otra vez el Pájaro jullero. Serán lagartos lo Trepó a un laurel negro, hasta el lugar en que lo permitía la
que ve, porque no han de ser venaos, ni cajuches. bifurcación de las ramas, con el propósito de alcanzar la
copa, y sus ojos, cada vez más inyectados por la rabia,
- Repiquetea seguido como si juera gente, o animal tuvieron que resignarse a mirar el fugitivo desfile de los
grande – añadió Rosa desde el fogón, en donde preparaba araguatos, que, sin dar muestras de alarma, sino riendo y
una agua de limonaria para la fiebre de Tatí. haciendo morisquetas al intruso, escapaban fuera de su
alcance. Cuánto hubiera dado por atrapar uno de aquellos
- ¿No será que ta insultando a Gugudú? El güio monos; ella, que la mayoría de las veces mataba a sus
debe andar tan escaso e carne como nosotros, y tará víctimas para abandonarlas luego, sin tocarlas.
mariscando cerca al monte.
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Sobre una rama gruesa, casi horizontal, se tendió sabana, la voz de Pájaro Pollo le hizo levantar la redonda
afirmando sus garras en la corteza y con la cabeza en alto cabeza.
escrutó la sabana en actitud inmóvil.
- Pío, pío, pío. Desde ayer tarde el maestro de caza
Sabia de la existencia del rancho. Muchas veces el viento está pensando y no se atreve. Zamará, como cuescos y
trajo hasta su nariz el olor acre, odiado y temido, de Galaí y todos los habitantes de la selva han huido, pero... queda la
de los suyos. En la sabana tropezaba, también, con las mejor presa. Si yo tuviese hambre, y también las garras del
huellas y rastros del hombre; mas su instinto la alejaba maestro Balacú, ya habría comido. Cuentan las leyendas
siempre de aquellos lugares, que había considerado que la carne de Galaí tiene el sabor de todas las carnes
siempre como sitios de peligro. juntas. ¡Quién pudiera comerla!

La tarde anterior, escondida entre la maleza baja, a la orilla Con la cola estirada, los ijares flacos y hundidos, y la boca
del monte, permaneció mucho tiempo recibiendo en plena entreabierta, Balacú adoptó la marcha de caza, dando un
nariz las fuertes emanaciones, llevadas por el viento, del largo rodeo, e interrogando a cada paso a la brisa que traía
sudor de los habitantes del rancho, cuyo trabajo las hacia frecuentes olores. Llegó al estero y después de cruzarlo
más constantes e intensas. recibió no solamente en la nariz, sino en las fauces
entreabiertas, cada vez más intenso y más cercano, el olor
Desde la rama a donde había trepado veía, bajo el sol de la de pequeño Tatí, que sentado ahora sobre el bulto de
mañana, la quietud del rancho silencioso, que se sarrapia, bajo el sopor de la fiebre, miraba hacia el bosque,
agazapaba en medio de la sabana queriendo pasar tratando de interpretar los chillidos de Pájaro Pollo.
desapercibido. El penacho de humo se había extinguido Levantando la enorme cabeza para gustar más
desde el amanecer, cuando apurado el trago de café, Rosa intensamente el olor de la presa cercana, Balacú se detuvo
y Galaí se dirigieron al conuco, a recoger el resto de la para estudiar el terreno. Miró de un lado a otro. Por fin se le
cosecha del café. presentaba la ocasión de realizar el más grande de sus
sueños, ¡darle caza a Galaí!
Pasaba el tiempo y los ojos de la fiera no se apartaban del
lejano rancho. De repente, una figurilla menuda, un poco Avanzó pausadamente, con los músculos tensos, rozando
más crecida que un araguato, apareció en el patizuelo del casi el suelo con el pecho; anhelantes los ojos y
rancho. Era el Galaí pequeño, el inquieto Tatí, que entreabierta la reseca boca. Nunca, hasta el momento, la
atormentado por la sed de las fiebres, bajó del zarzo en emoción de la caza había sido más intensa para la vieja
busca de agua para refrescar su garganta. Sus endebles tigra. Gustaría por primera vez, en su ya larga y
brazuelos levantaron el taparo de agua fresca hasta la accidentada vida, el sabor de la carne prohibida. Por
boca, y colmada su sed, se sentó en el suelo, a la sombra, primera vez sus colmillos se hundirían en aquella presa tan
más pálido aún y con los ojos brillantes que la fiebre hacía temida de todos, y que tan cercana y descuidada tenía
aparecer más negros. ahora ante sí. Apenas unos metros faltaban para
desembocar al patio del rancho. ¿Cómo se batiría Galaí?
Balacú lo vio, y un estremecimiento de hambre y cólera Balacú, por su parte, saltaría de pronto, según la vieja
revueltos, erizaron su pelamen desde la nuca hasta la cola. táctica, y con las garras extendidas haría presa en el cuello
Silenciosamente se deslizó hasta el suelo, y al enderezar la de la descuidada víctima. De dos zarpazos la destrozaría.
marcha por sobre la capa de hojas secas, en dirección a la Después vendría el festín.
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el conuco se habían escuchado los rugidos. Galaí,
Un ligero rozar de la paja a es espalda, como si la agitase el arrojando al suelo la tapara en que recogía el café, apenas
viento, le hizo volver la cabeza, en el momento mismo en pudo gritar, “el tigre” y como una flecha desapareció
que un golpe poderoso se descargó sobre una de sus patas seguido por Rosa. Durante un largo trayecto escucharon el
traseras, y sujeto como por una tenaza, el felino fue continuo rugir. Después un largo silencio.
arrastrado violentamente, como un guiñapo. Un rugido, no
ya de ataque sino de defensa, se escuchó entre la paja que Los ojos de la tigra queriendo salirse de las órbitas por la
se revolvía como azotada por el huracán. Tatí dio un brinco violencia del estrangulamiento, fueron tornándose opacos,
de susto, y en carrera se dirigió a buscar la escalera para vidriosos. Y a medida que los anillos se iban cerrando, más
esconderse en el zarzo. Ponía el pie en el primer travesaño y más, se escuchaba un macabro y sordo rugir de huesos
cuando un segundo rugido lo detuvo, y vio cómo en el rotos.
borde mismo del patio, entre la paja, se revolvía una masa
deforma, voluminosa, en que alternaban colores diversos, Tatí, olvidando su fiebre, agitaba las manos y daba ánimos
pues por entre los gruesos anillos del cuerpo de Gugudú, a Gugudú, llamándolo y saltando de gusto iba de un lado a
asomaba el dorado pelamen de la tigra, cuya cabeza y otro, siguiendo las evoluciones del güio, que había
parte anterior del cuerpo se movía de un lado a otro, terminado por envolver del todo el cuerpo de su adversario.
atacando unas veces y tratando de desasirse, otras. El Había cesado la lucha. El cuerpo de la tigra, doblado en
nudo se hacía cada vez más compacto, más grueso, varios repliegues, resquebrajado y blanduzco, iba quedando
envolviendo a la tigra; y a medida que el güio apretaba sus sobre el piso, a medida que el güio deshacía sus anillos
anillos, formando uno nuevo, la tigra rugía más. lentamente.

Rodaba aquella masa de un lado a otro; ya en el centro del Fue en esos instantes, cuando sin sombrero, pálido el
patio o ya entre la paja, entre ronquidos sordos, silbidos rostro, jadeante, y con el cuchillo desenfundado, llegó
aterradores y golpes de zarpa. El Murruco, despierto por los Galaí. Una rápida ojeada le hizo comprender lo que allí
rugidos y la batahola, escuchaba desde su vara entreviendo había pasado. Con su hijo en los brazos el llanero no sabía
apenas lo que sucedía en el patio. si llorar, o reír, o agacharse hasta el güio para acariciarlo.
Sin acertar a decir una palabra, ni interrogar al niño, quedó
Sin saber en el fondo de qué se trataba, el pequeño Tatí se como alelado; iba de un lado a otro, como un autónoma,
dio cuenta de que su amigo Gugudú había cogido una con su hijo en los brazos y sin apartar los ojos del güio y de
presa, y estaba peleando para matarla y comérsela. la tigra, que tendida de costado, alargada como una hebra
¿Tendría hambre, acaso no hacía muchos días que en el de hilo, muerta, dejaba escapar gotas de sangre por la
rancho no se comía carne, también? La lucha se acercaba nariz.
a su fin, en medio de una batahola macabra. Ya Balacú no
rugía, apenas hacía el último esfuerzo para librarse de los Solamente a la llegada de su mujer el hombre volvió en sí.
anillos del Güio que la envolvían por completo. Tan
certeramente había atacado Gugudú desde el principio, que - Virgen de Manare – exclamó ésta y prorrumpió en
la tigra no había podido defenderse. Su musculatura toda, sollozos. Entonces Tatí, que había soportado en silencio la
aprisionada, envuelta como en una red de acero, que se iba fuerte presión de los brazos de su padre, que lo apretaban
estrechando lentamente, de nada le servía; pues no podía contra el pecho, le dijo.
ya ni moverse y mucho menos intentaba huir. Entretanto en
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- Bájame papá, que me teney apretado el buche y su padre, los más dulces recuerdos infantiles. Pues fueron
me ta doliendo. muchas las veces que se escondió dentro de ellas, huyendo
de las horas de colegio. En un rincón, una mesa; sobre ésta
muchos libros, revueltos con los enseres de afeitar; frascos
Momentos después se oían en el rancho comentarios con quinina, cigarrillos, una palmatoria con la vela a medio
alegres, una piel fresca de tigre se secaba al sol, y se consumir; libros de cuentas, y rodando por todas partes, sin
ultimaban los preparativos para el viaje a Matepalma. Cerca encontrar descanso, una corbata que Víctor Ramón no se
del rancho, entre la paja, Gugudú había terminado con el puso nunca, y que nadie se atrevía a arrojar a la basura,
festín, y allí mismo se preparaba a dormir el sueño de la pues inspiraba algo así como respeto. Completaba el ajuar
digestión. Tatí, que por sus padres vino a saber que había de aquella pieza un viejo arcón de madera oscura y gruesa.
corrido un gran peligro, se paseaba ahora, jactancioso, por Andaban revueltos allí una cantidad de objetos diversos.
el patio haciendo comentarios sobre lo que había visto Espolines oxidados, de rodajes enormes y agudas; estribos
algunas horas antes. de aro, de cobre; medicinas, pertrechos de caza, botainas
para gallos de riña y todo un arsenal de cosas
JORNADA DÉCIMA heterogéneas que para nada servían, pero que nadie se
atrevía a arrojar del arcón; pues era fama que aquella vieja
La copla llanera. – En el caney suena un galerón. caja atesoró, durante muchos años, todo el oro que
circulaba por los llanos, cuando Matepalma era la capital
I ganadera de la región, y cuando el viejo Ramón era un
especie de califa llanero, a quien arruinaron posteriormente
La “fundación” de Matepalma, sobre la ribera izquierda del las guerras civiles. A un lado de la puerta del cuarto, en el
Pauto, era de clásica construcción llanera. Paredes de corredor, una caramera (78) de venado de catorce puntas
bahareque y techo de palma. Cuatro habitaciones formaban servía de percha. La piel de la cara del ciervo, apolillada,
la llamada casa grande, residencia de los blancos; y dos había desaparecido hacía mucho tiempo, dejando al
caneyes independientes el uno del otro, para peonada, desnudo los huesos amarillentos y sucios. En uno de los
vaqueros, trojes y arreos de vaquería. Aparte de los candiles aparecía colgada una soga, bastante usada y
guindaderos para los chinchorros, único adorno de las suave como un guante. Aquella cabeza de ciervo llanero
paredes, el moblaje consistía en seis butaques rústicos, era el único trofeo de caza, y también, el único adorno que
fabricados en Orocué, los cuales aparecían unas veces en aparecía a todo lo largo del ancho corredor. A la cabecera
la cocina y otras regados por el patio. En el cuarto de Víctor de la cama, colgada de una estaca ligeramente enmohecida
Ramón, demás de su chinchorro, había una cama de metal, por la falta de uso, aparecía la faja de cuero charolado
oxidada, que en un tiempo fue el lecho del viejo Ramón, su negro, cundida de dibujos bordados con hilo amarillo, ancho
padre, y que ahora servía para aislar de la humedad del y pesado, con varios bolsillos de tapas retorcidas por el uso
piso a una carga de petacas de cuero crudo, que en vida y la vejez. Metido entre su funda, con las cachas nacaradas
del viejo iban sobre la mula, llevando el bastimento; ropas, y brillantes, dormía el sueño de los recuerdos el revólver del
dinero y cuanta impedimenta era necesaria para un viaje de viejo, pendiente de la faja y señalando con su grueso
doce días, a lomo de mula, desde el hato hasta Sogamoso; cañón, como si fuese el dedo de una mano, la vieja cama y
o de esta ciudad a la llanura, con encargos y provisiones las petacas que dormían, también el sueño de las cosas
para varios meses. Víctor Ramón nunca abría aquellas veneradas, que precisamente por serlo, se van cubriendo
petacas que guardaban, junto con las ropas de campo de de polvo y saturando de olvido.
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Cantador admirable, repunteaba el pimpom (79) con ciertos
Desde días atrás había comenzado a llegar la peonada, asomos de artista, y sacudía las maracas con la misma
junto con algunas mujeres. Unos venían únicamente a la soltura con que movía las piernas al bailar un torbellino, o
temporada de vaquería, y otros a establecerse un joropo llanero.
definitivamente en Matepalma. Luis Cubillán había sido
contratado como ayudante del caballericero, y su mujer Ya bien entrada la noche, después de un trabajo de
atendía ahora a las labores de la cocina, que iban reparación a los corrales, y a la cerca de paloapique (79ª)
creciendo, a medida que la gente aumentaba. Anselmo que rodeaba la casa, la peonada descansaba bajo el cobijo
Manzano, don Girón, Crisóstomo, Francisco Carpio, el fresco del caney. Esperaban los primeros aguaceros, que
tuerto Moisé y Plácido, para las vaquerías. El negro Jaspe, debían presentarse muy pronto, para trabajar el ganado
que atendía al ordeño y al mismo tiempo hacía de pinche, y cimarrón.
cuanta ocupación menuda se presentara; y por último
Misael, que desempañaba las funciones de caporal general, Esa misma tarde, junto con algunas provisiones, había
su mujer, y también Tatí. llegado de Orocué el famoso ron blanco, y Víctor Ramón
para tener más contenta a su gente, les anticipó dos
Matepalma, pues, volvió a vivir la alegría sana y regocijada botellas para que pasaran el rato. Menudeaban, pues, los
de los días de trabajo, en que el chiste y la ironía graciosa palos (80), y entre saboreos y carcajadas, el negro Jaspe
del llanero revientan en forma de estruendosas carcajadas, apareció con las maracas saliendo de la cocina.
que volaban de caney en caney, mezcladas con alegres
tintineos de estribos, relinchos, voces y gritos. Ramón, que reposaba en el corredor, fumando cigarrillo, al
sentir que el negro iniciaba con las maracas un alegre son,
se dirigió al caney en donde estaba reunida la gente, y tomó
II asiento allí, en el butaque que le cediera uno de los
vaqueros.
El negro Jaspe, como de unos 35 años, era un hombre feliz.
Amaba con locura el aguardiente, y su temperamento - ¡Vamos a cantá, negro! – gritó Crisóstomo,
alegre y dispuesto se acomodaba a toda clase de oficios. quitándose el sombrero, y destacándose entre el grupo de
Hábilmente eludía el rudo trabajo de la sabana; prefería hombres.
quedarse en la casa fumando un largo tabaco. Rondaba por
la cocina tras el sorbo de café tinto, haciendo reír a las - Allá voy, manito – y acercándose a Ramón,
mujeres con la gracia de su lenguaje ágil y suelto. Le seguido por los muchachos, sin dejar de tocar las maracas,
sobraba tiempo para todo, de ahí su fama de medio cantó:
holgazán. Algunos decían que era del Cauca, otros que
venezolano, por las narraciones que hacía de El Guárico y Aquí ta don Ramóncito
Apure, en donde, según decía, había pasado su juventud. Que es un blanco muy decente,
Lo cierto del caso es que nadie sabía el origen del negro, ni Que primero da el trabajo
éste daba su brazo a torcer. Más al hablar de Arauca, el Y después el aguardiente.
negro ponía toda su alma al describirla como la mejor suidá
de los Llanos todos.
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Una salva de aplausos y gritos saludó al negro. Crisóstomo iniciar el baile. Luisa, una morena de 20 años, sobrina de
con su tabaco en la mano y en la otra el sombrero don Girón, bonita, y con un cuerpo espigado y airoso, se
pelueguama, se acercó a ramón para contestar la copla. destacó de entre el grupo de mujeres, esperando tener el
honor de ser la elegida por el blanco. Más éste, alargando
El señor don Ramoncito la mano a Rosa, la atrajo suavemente e inició los primeros
Que es un hombre tan bizarro, pasos del baile. Nadie más saco pareja; se daba en esta
¿Me prestará su candela forma una muestra de respeto, de consideración hacía el
Pa Encender este cigarro? patrón, que más que amo, era un compañero cordial y buen
amigo.
Risas y abrazos, el ron comenzaba a surtir su efecto, y en
medio de todos, riendo también, como si fuese oro vaquero Las manos del negro jaspe bailaban sobre los trastes y
más, Ramón rastrilló la cerilla que alargó encendida al cordaje de la enorme bandola, arrancando una música que
mozo. solamente en el Llano se puede oír. Allí nació, inspirada por
el ambiente, por la soledad caldeada de las pampas; por el
Misael, cuyo carácter de caporal mayor le hacía observar trabajo rudo y heroico, envuelto en un celaje de brava
cierta compostura para con los vaqueros, se acercó a poesía; por el amor tormentoso y a la vez suave del llanero,
ramón. que no quiere saber nada que no sea su caballo, su mujé y
su Llano. Allí está el galerón, vivo, como un color más en la
- ¿El blanco se toma un palo? bandera de la patria. Ardiente como un borbotón de sangre
que se escapa del pecho, al golpe de un puñal alevoso y
- Claro, Misael, tráigase unas botellas más, o mejor vengador. Allí está el galerón, vestido de liquiliqui y cotizas,
un garrafón lleno. – Aquella fue la orden, la autorización con una soga en el brazo, esperando al rapsoda que lo
para el desbordamiento de alegría, franca y sincera. Los coloque en el sitio que han usurpado otros aires que son
chinchorros fueron recogidos de los guindaderos, el caney ajenos, extraños, que no tuvieron el abolengo de haber
se despejó de monturas y cuanta impedimenta rodaba por animado, con su ritmo cálido, el alma de los llaneros,
el suelo, y las mujeres fueron apareciendo de una en una, cuando morían de hambre y frío en los páramos de Pisva,
sin que nadie las llamase, con la cara lavada, y húmedos tras el caballo de Bolívar, sin lanzar una queja ni un
aún los cabellos por el reciente tocado. reproche. Allí está el galerón, como el símbolo escondido de
una raza idealista, valiente y olvidada.
Entre todas, Rosa era la más fresca. Quizás no era la más
joven, pero si la más bonita y mejor acicalada. Llevaba Galerón vámole dando
sobre la sien, entre el pelo, una flor roja de Paluecruz (81), Con tripas y corazón
que hacía más encantadora su palidez morena. El negro Que en la orilla pica el bagre
Jaspe agarró el pimpom, e inició el repunteo de un galerón, Y en la mitá el valentón.
que acompañaba Misael con las maracas.
Iniciada la copla por el negro Jaspe, Misael contestó:
La música alegre, original, castamente original y sencilla
inundó el caney. Todos guardaron silencio, y hubo un Blanco, ya que ta bailando
momento de expectativa cuando ramón, en mangas de Dígamele a su pareja,
camisa, se dirigió al grupo de mujeres para sacar pareja e ¡Que me regale esa flor!,
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Que carga tras de la oreja.
Y me causa mucha risa
Rosa de detuvo para desprender la flor de sus cabellos, y Ver un tuerto enamorao,
Ramón la condujo del brazo, entre las risas y aplausos de Por verle relampagía
los vaqueros, hasta el rincón en donde estaba Misael. Le El ojo que liá quedao.
quitó a éste las maracas y entregándole a su mujer le dijo:
Efectivamente, el ojo de Moisé, ante las coplas,
- Baila, caporal, con tu mujer. – El galerón continuó. relampagueó pero no de alegría sino de tristeza, de tristeza
Tomaban parte ahora todos los que encontraron pareja. honda, entre la explosión de risa de sus compañeros. Sabía
Ramón, sonriente, tocaba las maracas, acompañando al que con su ojo tuerto no llegaría hasta el fondo del corazón
negro Jaspe, que se sentía más feliz que nunca, mano a de una mujer. Bajo aquel convencimiento, se sintió
mano, que marcaba el ritmo cual si fuese un consumado derrotado, y sin agitar ya por el aire el sombrero, replicó:
músico.
El mundo es un campamento
Ora que la paja pica Y la vida una batalla,
Y el gramalote florea, Siempre la lleva perdida
A las mujeres les gusta El hombre que sufre y calla.
El hombre que se menea.
El negro jaspe, adivinando el dolor de su amigo, que
- ¡Vamo al tigre, ante que lo pero lo muerdan! - gritó el siempre tenía para él un buen tabaco que obsequiarle, se
tuerto Moisé, echándose un palo doble, y con su ojo único puso de pie y sin dejar de tocar el pimpom, replicó:
puesto en Luisa, a quien enamoraba sin ser correspondido
del todo, soltó la copla, agitando en el aire el sombrero. El hombre que sufre y calla
No se encuentra donde quera,
No quiero que me mirei No hay corazón como aquel
Prenda que me desdeñai, Que sufre, calla y espera.
Si no merezco la vida
¿Por qué no me la quitai? Circulaba el ron por el caney de mano en mano. Las
mujeres tenían brillantes los ojos y sonrosadas las mejillas.
Luisa reía, feliz, al sentirse cantada y amada en aquella Ramón estaba feliz. Sentado en medio de todos, y gozando
forma romántica y dulce, pero el ojo blanco de Moisé... “Ay con la alegría de sus muchachos. Las mujeres charlaban
ese ojo blanco – penso – es lo que no me deja quererlo” – y alegremente, sin empacho alguno por la presencia del
su compañero de baile, Plácido, que también andaba tras el patrón. La fiesta continuaba cada vez más animada y
amor de la llanera, dejó de bailar y sin soltar su pareja, cordial. El negro Jaspe, alegre como el que más, no dejaba
contesto la copla: el pimpom y con sus ágiles dedos repiqueteaba el cordaje
modulando sones, joropos, corridos y ahora un nuevo
Ah bonito que es mirá galerón.
Un tuerto cuando enamora,
El ojo güeno se alegra Galerón vámole dando
Y el otro apenas le llora. Con tripas y corazón
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Quel pendejo amarra el bongo Algo dijo el negro al oído de Misael, y riendo ambos, canto
Aunque venga el patrón. el primero:

Galerón vámole dando La negra que ta bailando


Con tripas y corazón, Tiene el pelo ensortijao,
Quial pendejo no le afilan Parece raboe cochino
Aunque pesque en ribazón. (82) Cuando ta recién lavao.

Don Girón, siguiendo el ritmo, desde el lugar en donde Ramón reía hasta reventar. Las mujeres y los vaqueros por
estaba mirando bailar, cantó: igual celebraron el chiste con ruidosa carcajada, sin que por
ello la negra depusiese su actitud afectada de gran dama.
Voy a ensillar mi caballo, Anselmo Manzano, que era su compañero de baile,
No el moro sino el rosao, haciendo gran esfuerzo para no reír en la cara de la negra,
Que me vine a Matepalma salió al ruedo obligadamente.
A repuntiar el ganao.
La negra que ta bailando
Misael no le dejó concluir; cambiando el tono Tiene el pelo ensortijao,
replicó: A mí no me importa nada
Siendo güeno su bailao.
Si me viene un toro bravo
Lo dejo cachiclavao, Y el negro Jaspe, como rayo, repuso:
Pa decile a don ramón
Así se colea el ganao. La negra que ta bailando
Tiene el pelo ensortijao,
Rosa bailaba con el caballericero. A ella le cantó el tuerto ¿Nada le importa al Anselmo
Moisé: Que le güela hasta el bailao?

La dama que ta bailando Allí fue el reír de todo el mundo. Y lo gracioso del caso, fue
Parece una Santa Rita, que la negra reía también, sacudiendo el grueso
A naide le quebro güeso promontorio de su busto, y mostrando su dentadura blanca
Con decile qués bonita. y desportillada, como el teclado roto de un piano. Sus ojos,
que blanqueaban también como sus dientes, en el
Entre las parejas había una negraza que, con la mujer de panorama negro y adiposo de su cara grasienta, se
Cubillán, había llegado a trabajar al hato, y como el negro clavaron en el negro Jaspe, con el brillo y fiereza de su
Jaspe no simpatizara mucho con ella, por haberle negado ancestro de fiera africana, y dejando de reír le dijo:
alguna vez una taza de café que le pidiera en la cocina,
encontró el momento de vengarse. Vio como bailaba - ¡Gua, con el zambo pa irrespetoso! ¿Y vos a qué
airosamente, sacudiendo sus gorduras y aparentando una goley?
juventud que había pasado hacía mucho tiempo.
- A cajé tinto, mi negra, al puro cajé que me negaste.
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Tengo quiandar corcovao.
Hubo un momento de quietud, que aprovecho el negro para
afinar las cuerdas del pimpom, sin dejar de reír. Ramón, con Fue ahora a Luisa a quien le relampaguearon los ojos. Si
los brazos cruzados y con el butaque recostado contra la fue de cariño o de vanidad aquella mirada, nadie lo supo en
columna del caney, contemplaba la fiesta con la satisfacción el fondo, y entre el silencio general, pues ahora nadie
sana de quien ha proporcionado un momento de alegría a bailaba, el negro dijo su canta.
los demás. A pesar de los continuos asaltos al garrafón,
todavía quedaba aguardiente para unas tandas más. El Echeme la bendición
blanco se había metido sus palos como los demás, pero en Padrino, si soy su ahijao.
su alegría tomó nota de la actitud dolida, humillada quizá Pero no me lleve a Arauca
del tuerto Moisé, que con el ala del pelueguama caía sobre A cambiarme por ganao,
el ojo blanco, con las manos apoyadas sobre las rodillas, le Cámbieme por una mula
relampagueaba el ojo, siguiendo los pasos de la voluble Pa quiande bien montao.
Luisa que no se daba por aludida. De pronto el negro
afinando el instrumento se dejo oír. Gavilán pío, pío,
Gavilán pao, pao,
Si el gavilán se comiera Quiero tar junto a mi negra
Como se come al venao, Aunque sea crucificao.
Ya me lo hubiera comío
Al gavilán colorao. Interrumpió la copla un ruido de cabalgaduras en el
tranquero, al tiempo que alguien, desde el exterior, saludó
Gavilán pío, pío en la oscuridad.
Gavilán pao, pao,
Con candela se endereza - Nooooches.
El palo ques corcovao.

El tuerto, entonces, sacudiendo su tristeza y quitándose de


nuevo el sombrero, como si sintiera el aleto de la III
inspiración sobre la frente ruda, tomó el pie de la copla para
cantar, echando afuera el pecho, y seguro de si mismo otra Misael tomó una vela y seguido de algunos muchachos se
vez. dirigió al tranquero, a ver quién llegaba a horas tan
desacostumbradas al tránsito por las sabanas.
Con candela se endereza
El palo que ta torcío, - Abre hijo – dijo el recién llegado con voz humilde -,
¿Quién me pudiera sacar me agarró la noche en plena sabana, y el indio que me
Lo que tengo aquí metío? acompañaba se largo cuando íbamos a llegar a Guachiría.

Gavilán pío, pío, - Es el Padre Alberto, mi blanco – dijo en voz alta


Gavilán pao, pao, don Girón, descorriendo las varas del tranquero para dar
Pa no asustar a mi negra paso al jinete.
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habían llevado, también, las vestiduras y ornamentos
- Hágalo seguir. sacerdotales.

Reunidos en el corredor, a la luz de las velas, mientras - ¡Vamo al cajé que nos cojió el día! Carpio y
algunos vaqueros quitaban la silla a la mula, el padre contó Crisóstomo a empujar los madrineros (84) pal bancoe
la breve historia. Matemalino, onde ha de salir el levante (85) del ganado –
ordenó Misael terminando de amarrar la soga en el soguero
Venía de La Parroquia y se dirigía a la morua (83) de Santa de su silla.
Rosalía, en su misión de catequizador de indios. A pesar de
conocer la sabana, el guajivo que le servía de guía lo había Reino un momento de silencio en el que se oía el ruidoso
extraviado en las costas del Guachiría, y huido con algunas sorber del café caliente y aromático, que apuraban los
chucherías destinadas a los mismos indios. vaqueros a grandes sorbos.

- ¿Padre, se toma un aguardiente? No hay más que - ¡Vamo al tigre antes que lo muerdan lo perro! – dijo
ofrecerle en el momento, en tanto que le preparan algo – alguno.
dijo Ramón.
- ¡Arza arriba, muchachos, ligerito y bien soguiao! –
- Gracias don Ramón, no tomo nunca. se escuchó de nuevo la voz de Misael, y entre la sonajera
de la lluvia se oyó el escape de la cabalgada que se alejó
- Métase un palo, Padre Alberto, alegre el cajel hacia la sabana, con el rumor de un trueno lejano. El Padre
cuerpo pa que pueda descansá – añadió el negro Alberto dio una vuelta en su chinchorro y de dejó sumir en
alargándole una copa rebosante de ron. el agradable sueño de la mañana. Cuando despertó de
nuevo era ya bien entrado el día y la casa permanecía
JORNADA UNDÉCIMA silenciosa, como una colmena vacía.

Como se enlaza un toro y se enamora una mujé. – Al salir al corredor, alguien lo saludó desde la cocina, y
El rodeo. – La escapada final. Rosa se apresuró a llevarle el café.

I - ¿Y don Ramón?

A las cuatro de la mañana llovía copiosamente. El Padre - Salieron remontaos (86) pa la cimarronera (87),
Alberto, en la habitación contigua a la de Ramón, dende la madrugada.
enfundado en su chinchorro, sintió cuando el blanco, se
levantaba precipitadamente. Del caney en donde dormían Del corral llegaba la voz del negro Jaspe, que les hablaba a
los vaqueros, y de la cocina, llegaban voces, ruidos y piafar las vacas en el ordeño.
de caballos a los que parecía se ensillaba
apresuradamente, entre el tintineo argentino de frenos y de - ¡Mariposa, Mariposa, déjate acaricia que teney
estribos. El Padre Alberto no había podido dormir. Junto con lleno el almacén!
lo que él llamaba chucherías destinadas a los indios, se
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Las mujeres se apresuraron a saludar al Padre. Lo
rodearon con curiosidad respetuosa, en tanto que el
religioso la emprendía con el parco desayuno de tajadas,
carne y café.
II
Por el extremo del corredor, con una tapara rebosando de
espumosa leche asomó el negro en dirección a la cocina, y Bajo el amanecer lluvioso, los jinetes en pequeños grupos
viendo al padre rodeado por las mujeres, puso la tapara en se aproximaban a Matemalino. Era este lugar un banco de
el suelo, corrió al caney y apareció de nuevo con las sabana alto, seco y despejado de monte; a donde el
maracas. Sacudiéndolas se acercó al grupo entre un ganado salvaje o cimarrón acudía, huyendo de la
silencio hostil, pues nadie encontró bien la música a tempestad que azotaba los cimbrapotrales (88) en donde
aquellas horas. La negra que lo detestaba con toda su alma vivía en completa libertad, sin haber visto nunca a hombre
desde la noche anterior, lo increpó. alguno, ni ser molestado jamás. Desde días atrás, los
madrineros fueron apartados del resto del ganado manso, y
- ¡Ese zambo ta borracho, Padre, no le haga caso! dejados sobre la ruta de Matemalino en un potrero
recientemente cercado, que encerraba parte de la sabana
El negro, sin inmutarse, mirando al misionero con ojos con una pequeña mata de monte y un jagüey. (89) A este
risueños y trasnochados, le espetó. potrero llegaron Carpio y su compañero, cuando apenas
comenzaba a clarear, y sacando los novillos, los guiaron
Reverendo Padre Alberto hacía a sabana, donde debía salir el desagüe (90) de
Hágame una regalía, ganado cimarrón, acosado por los jinetes del levante.
Que me alcance pa la sal
El jabón y la comía. - ¡Joco, Jo, Jo, joooo!; corriendo güey viejo.

Reverendo Padre Alberto - El blanco vale una plata, porque hay otros
Hágame una regalía, patepelúa... con más hambre que pelos tiene un cuero.
Emprésteme cinco pesos, Taba güueno el ron, ¿verdá manito?
Haga una gracia algún día...
- Y purito regalao, otro nos cobra un ojo. ¡Espaaaa
El padre rió de buena gana, pasándose el pañuelo, a guisa novillooooo!
de servilleta, por los labios carnosos y pálidos.
En el amanecer, bajo la lluvia, se sentía el chocar de las
- Te los daré, mas con una condición. astas de los madrineros, empujados al trote por los
muchachos. Entretanto los demás vaqueros, dando un
- ¿Cuál, mi Padrecito? amplio rodeo, se acercaban al cimbrapotral, que era una
sabana inmensa, cubierta de monte bajo, espeso e
- Que dejes de tomar aguardiente. intrincado, en el cual el cimarrón se refugiaba durante el
día, como en una fortaleza. Escasamente a pie, y
- Ah, ocurrencia de mi Padre. ¿Por qué no me dice, agachándose, podía un hombre aventurarse por aquel
más bien, que me güelva blanco? laberinto de senderos angostos, abiertos entre la maleza
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erizada de espinas y de obstáculos. Estos caminillos,
desembocando el uno en el otro, formaban un verdadero - Bichoooo, ja, ja, ja.
laberinto, en el cual podía perderse el llanero más avisado.
Generalmente, en dichos caminos no era raro encontrar, - ¡Ooooora, ooora, ooora! – Y un torón, un viejo
como el dragón de los cuentos que guarda la entrada a una padrote encerao (91), de astas larguísimas, como dos
gruta, a un inmenso torón, haciendo su jay o durmiendo antenas curvas, se desembarazó (92) hacia la sabana,
perezosamente. seguido por un grupo numeroso de reses que, con la cola
en alto, buscaban la libertad. Los caballos, con el cuello
Llovía copiosamente cuando los primeros jinetes llegaban a estirado y sin esperar orden alguna, volaron sobre la paja
la linde del cimbrapotral, para desplegarse en forma de de la sabana, tratando de alcanzar la cabeza del grupo de
abanico hacia la sabana despejada, arreando el ganado reses fugitivas, para hacerlas volver hacia el rodeo, que
que había salido de su refugio huyendo de los truenos y la guiado por los demás jinetes, no podía detener la marcha.
lluvia.
Resonaba el piso de la llanura como un tambor ronco,
- ¡Arriar parejo, chico y grande, muchachos, cuanto golpeado por el tropel de los cascos de la torada fugitiva,
caiga! – grito Ramón viendo el barajuste de las reses que seguida de cerca por los veloces caballos llaneros.
escapaban a todo correr.
- ¡Bicho viejo, te voy a quitar la maña de cabestriar
- ¡Ja, jajá, bichoooo! el ganao!

Las sogas iban arrebiatadas a la cola de los caballos y Inclinado sobre la silla, rozando con las rodillas las ancas
recogidas en cagaleriada o cadeneta, quedando atada en el del ganado que corría atropelladamente, el tuerto Moisé se
soguero de la silla solamente la parte de rejo indispensable acercaba a las reses que iban a la cabeza del barajuste,
para enlazar de cerca, y a la carrera. Los caballos de entre las cuales el toro encerao abría la marcha. A medida
trabajo, maestros en el rodeo, volaban tras de las reses que el caballo del tuerto dejaba atrás gran número de reses,
bravías empujándolas, en grupos compactos, hacía los el toro encerao, sin hacer caso de los gritos del jinete, corría
médanos de Matemalino, en donde los madrineros, levantando las ancas a una velocidad cada vez mayor. Se
hábilmente colocados, formaban una bolsa o semicírculo, estableció un duelo de celeridad, en que competían el toro y
esperaban el chorro de ganado cimarrón con la cabeza el caballo del tuerto. El resto del ganado, reducido por don
levantada, atentos y graves, verdaderamente empapados Girón y Misael, regresaba al grueso del levante, mientras el
de la misión que les tocaba cumplir. padrote con el jinete pegado a las ancas, devoraban la
sabana perdiéndose casi de vista. El tuerto se agachó más,
Desperdigados por la sabana, a todo correr, los jinetes cuando la cabeza de su caballo llegaba a los ijares del toro.
trataban de reunir los hatajos dispersos, arreándolos Alargando el brazo lo agarró por la cola, y dejando correr la
siempre hacia el lugar convenido. El cimarrón, en principio, mano hacia la extremidad cerdosa, se la envolvió en la
aceptó ser conducido en aquella forma. Más, viendo que los mano. El caballo no esperaba sino la agachada del jinete,
jinetes estrechaban el cerco móvil, en el cual trataban de sabía lo que tenía que hacer. Pegándose al torón se supero
encerrarlo, comenzó a disparar hacia los costados. en velocidad y se abrió hacia la izquierda, cuando el brazo
del tuerto, de una delgadez acerada, levantaba al toro por la
- ¡Hay te sale!, tuerto Moisé. cola para hacerlo rodar como una pelota entre el pajonal.
62
Esta vez fue a Plácido a quien le tocó reducir la
- ¡Bicho viejo, carajo! desbandada. Montaba un caballo mosqueado, veloz y
práctico en el trabajo, que se adelgazó como un hilo tras el
El caballo se detuvo, mientras el jinete, apeándose, lo grupo de reses. Siguiéndolo para ayudar, aunque muy
prensaba con las riendas a la cabeza de la silla, para evitar quedados, iban Ramón y el tuerto. A la cabeza de las reses
que escapara. Una vez en el suelo, soltó el pedazo de que huían, iba un mestizo de cebú, descendiente de un
cobija roja que llevaba enrollado a la cintura, y reproductor que el viejo Ramón trajera del Brasil, para
desenfundado el pequeño cuchillo, se enfrentó a la fiera. mejorar la cría de ganado de Matepalma.
Delgaducho, pálido por el esfuerzo y la emoción; con el ojo
blanco que lanzaba destellos, Moisé era un pelele, un Ramón al ver tan bello ejemplar, que quería escaparse,
muñeco despreciable frente a aquel castillo con astas, que grito al vaquero:
repuesto de la revolcada, se le vino encima agachando el
morro y rozando el suelo con los cuernos. El tuerto lo - Hay que soguiarlo, Plácido, aunque se vayan las
esperó sin moverse. Agitaba apenas el trapo rojo, que voló demás.
por el aire como una banderola, trazando un círculo aéreo,
cuando el toro pasó bufando frente al vaquero, quien estiró - No se van, blanco, aquí toy yo diacaballo –
el brazo con el cuchillo en la mano, y de paso desgarró la contestó el tuerto con los talones hundidos en los ijares de
pierna del bruto, trozándole el femoral. El torón, deteniendo su mocho (94) -; cortemos el chorro y dejemos a Plácido
la carrera, vino a tierra como una catedral que se desploma. con el bicho. – Efectivamente, parte del ganado volvió al
rodeo obligado por el tuerto y Ramón, a excepción de un
- ¡Paloe bicho pa trepao! (93) pequeño grupo, en el cual corría el cebú.

Cuando alcanzó a sus compañeros, el golpe de reses Los vaqueros que habían conducido el ganado madrinero,
desembocaba en el bolsón formado por los madrineros entraron a reforzar la guardia reemplazando al tuerto y a
hábilmente distribuidos, los que mugiendo unas veces y Ramón, quienes volviendo riendas se encaminaron a
corneando otras, trataban de apaciguar al cimarrón, que iba ayudar a Plácido, ya que éste no había podido dominar el
quedando encerrado entre el cerco de jinetes y toros grupo de reses, entre los cuales había quedado el codiciado
amaestrados. Las estampías del cimarrón, hacia la sabana, cebú.
se sucedían con frecuencia. Generalmente eran
encabezados por los toros padres, o las vacas en celo. Los caballos corrían parejos, dando alcance al jinete y al
Despedía una res, y tras ella, como un torrente arrollador, grupo de reses.
se precipitaba parte del ganado en el momento menos
pensado, y por diferentes sitios. El trabajo, pues, de - Perece que el Cebú o han soguiao, blanco; miré
caballos y madrineros era continuo. cómo se engolfa entre el grupo.

- ¡Ojo amigo, se desembarazó el bicho! Plácido boleaba la soga de la cagaleriada, esperando el


momento propicio para echar el lazo. Lo arrojó cuando el
- ¡Jajá, novillooooo! tuerto y Ramón, exigiendo el máximo de carrera a sus
caballos, hicieron torcer el rumbo a las reses. Silbó la soga
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por el aire, yendo a rebotar en las ancas del toro, al tiempo Hecho esto, montó. Una vez a caballo se acercó al toro que
que el vaquero despechado, lanzaba una maldición. yacía tendido de costado, y sin apearse, se agachó hasta
alcanzar con la mano el nudo corredizo del maneador que
- ¡Lo pelates, cochino! – rugió el tuerto, soltando del imposibilitaba al cebú para levantarse. Dio un tirón y
soguero su soga con una nueva cagaleriada -, te voy a enderezándose, espoleó al caballo que salió despedido, en
enseñá cómo se enlaza un toro cuando ta machiriao (95), y tanto que el toro forcejeando se levantaba.
cómo se enamorá a una mujé.
Furioso, chorreando sangre, quiso embestir al jinete, pero
Plácido era el rival del tuerto. La noche anterior había éste que ya lo sabía, no le dio tiempo. Corría en zigzag,
escarnecido su tuertera con unas coplas cobardes, dando fuertes tirones a la nariz, y después de algunos
cantadas teniendo del brazo a Luisa, y había bailado con momentos, viendo el toro la imposibilidad de escapar, se
ella todo el tiempo. Era el momento de vengarse. dejaba conducir como si fuese un buey manso. Plácido
rumiaba en silencio la amargura de su derrota. Siempre
El ojo güeno se alegra había despreciado al tuerto, por eso, por el ojo blanco. Un
Y el otro apenas le llora... hombre así no era, para él, un hombre completo. Hasta las
mujeres lo despreciaban. ¿Acaso la misma Luisa no le
Ceñido a la punta de reses, gritando como un demonio y había dicho la noche anterior? “Moisé, e güena persona, lo
boleando el rejo de enlazar, el tuerto parecía darle alas a su que no me gusta e su ojo.”
caballo. De repente lanzó el rejo en cuya extremidad se
abrió, como un anillo, el lazo por el cual entró la cabeza del Cuando el tuerto alcanzó al levante, metió al cebú entre las
cebú. El caballo se detuvo maquinalmente, volviendo la demás reses, soltando el extremo sin argolla de la soga,
grupa hacia el toro que huía, deshaciendo la cadeneta, para dejar libre al toro. Plácido lo miró de reojo, fingiendo
cuya extremidad de hallaba fuertemente atada a su cola. El indiferencia. Si antes lo despreciaba, ahora comenzaba a
noble bruto, adiestrado en la escuela del trabajo, se estiró odiarlo, alegrándose en el fondo de haberlo ridiculizado en
afirmándose en el suelo y levantando la cola, aguardó el el baile con aquellas coplas.
fuerte tirón. El cebú, detenido por la soga atada a la cola del
caballo, cayó haciendo rodar a otras reses, y medio - ¡Vaca vieja, jajaa!
ahorcado por la presión del lazo tirante, hizo por levantarse,
pero ya las rodillas del tuerto se habían clavado en su Los madrineros, a los costados y a la delantera del rodeo,
costado, al tiempo que una de sus patas y la mano del lado formaban un compacto cerco que impedía que el ganado
correspondiente eran inmovilizadas por el maneador. despidiera hacía la sabana. Formando otro cerco, a
prudente distancia se movían los jinetes. De vez en cuando
El tuerto respiró, enderezándose. Con el ojo bueno oteó la algún toro, alzando la cabeza imponente, se detenía para
distancia, viendo a Plácido y a Ramón tratando de olfatear el viento, mirando hacía la lejanía.
encaminar el resto del ganado hacia el rodeo. Se inclinó de
nuevo sobre el toro, y con el agudo cuchillo le perforó el - Ojo, amigo, se va a desembarazar el bicho. Los
tabique nasal, pasando por le hueco la punta de la soga, caballos, con las orejas paradas, más atentos quizás que
cuyos dos extremos fueron asegurados a la cabeza de la los jinetes, arrancaban súbitamente tras de la res que
silla. despedía atropellando cuanto encontraba a su paso.
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- Bonito lazo el que le echaste al cebú, tuerto – dijo costillas de su contendor. Lo hacía retroceder hasta
Ramón. revolcarlo, acompañando la lucha con una música de
sordos mugidos. Entretanto las hembras, con los ojos
- Jue que le salío puel lao del ojo güeno; pura chiripa cansados y tendidas en grupos, apenas si prestaban
– terció Plácido lleno de rencor, queriendo con la burla atención a la tremenda lucha, ocupadas como estaban en la
atenuar su derrota. tranquila rumia, bajo la fresca sombra. Hasta el momento,
todas las escapadas habían sido contenidas. Los
- Qué tal si me salen puel lao tuerto, las enlazo a madrineros, como un cordón de centinelas, rodeando al
todas pa enseñarte a vos. ganado salvaje, cumplían su misión cabalmente.

- Y cómo al toro encerao sí le tuviste miedo, lo - Abrase a la derecha, que al frente hay un bajumbal
dejaste ir porque ese sí era un palo e bicho... (97) – gritó Misael al vaquero que iba adelante.

- ¿Qué lo dejé dir? Mirá, aquí te raigo las - Es que puede reventar al ganao pal monte,
guandumbias (96) pa que te las pongas en el sitio, a ver si caporal.
aprendés a ser hombre -–grito enfurecido el tuerto, sacando
de entre la piel y la camisa los testículos del toro que había Hacía la derecha cerraba la sabana un extenso bosque, y al
desjarretado, y arrojándoselos por la cara a Plácido. El frente, cubriendo una gran extensión, se abría un fangal de
vaquero se mordió los labios, y su cara amarilla de palúdico varios kilómetros, que no podía franquear el ganado sin
se tornó terrosa, azotada por las palabras del tuerto y las quedar atascado. Obedeciendo el mandato del caporal, el
risas de sus compañeros. Trotando unas veces, al paso vaquero desvió la ruta para evitar el atascadero,
otras, el cimarrón se encaminaba hacia los corrales de acercándose a la mata de monte en busca de terreno firme
Matepalma, acosado por los madrineros y el continuo ir y para el paso. Reanudó el cantar y puso el caballo a trote. El
venir de los jinetes. Rompiendo la marcha, para señalar el mal paso había que cruzarlo rápidamente. Algunos
camino, iba un vaquero cantando en una tonalidad suave, vaqueros, encabezados por el caporal, reforzaron el cerco a
acariciante, que entendían muy bien los madrineros, cuya lo largo del monte, para prevenir la fuga del ganado, que
actitud mansa y confiada contribuía a aquietar al cimarrón azuzado por los gritos se lanzó a la carera siguiendo a los
que, sin saberlo marchaba hacia la esclavitud del hierro, la madrineros.
oreja desportillada y la mutilación.
- ¡Se alborotó el ganao!

III - Ojo al toro negro, que va a salir despedido.

Allá lejos, en el cimbrapotral, quedaba la libertad, las - Aquí jue la vaina grande, carajo, mano a las sogas.
inmensas sabanas de pastoreo; el morichal fresco, a cuya
sombra los toros padres contemplaron el desfile de vacas y Ni los gritos de los jinetes, ni las cornadas de los
novillonas, que sumisas acudían a la ronca y apasionada madrineros fueron suficientes para impedir la desbandada
llamada. Allá quedaban, también, los recuerdos de las del cimarrón hacia el cercano monte. Como un volcán que
luchas a muerte, cuando el vencedor de los aspirantes a reventara de súbito, unas en pequeños grupos, aisladas
capitanear un hatajo, hundiendo medio cuerpo entre las otras, y a la cabeza de todas las más veloces y levantiscas,
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las reses volaban hacia el monte, como haca una promesa milenarios que se deshacían al tocarlos; sacando el quite a
de libertad. los gajos espinosos y haciendo mil proezas, los vaqueros
perseguían al ganado, logrando reunir un buen núcleo que
Carpio, don Girón y dos vaqueros más quedaron allí con marchaba ahora por entre el bosque cabestreado por Marfil,
algunos madrineros guardando el cimarrón que no había el madrinero sardo que mañosamente, después de muchas
huido. Era el momento en que podía perderse todo el vueltas, logró ponerse a la cabeza y dirigir la marcha. Iba
trabajo. Una vez que el ganado se metiera al monte, de también, allí Paro Pinta, otro madrinero de piel amarilla con
nada serviría los caballos, ni las sogas, ni el coraje de los machas blancas, confundido entre la torada que sin
llaneros. sospecharlo, se dejaba guiar hacia la sabana, por la
aparente carrera de huida de los madrineros.
- ¡Vamo al tigre, que nos cogió el día!
Buscando siempre el mejor paso, Marfil señalaba el camino,
- Paloe mocho el que monta el tuerto – dijo alguien, dando ligeros rodeos a galope, con la actitud y autoridad de
cuando Moisé en su caballo que el negro Jaspe llamaba quien conoce el camino y sabe capitanear un hatajo. Los
“Espantarrocío”, pasó como una ráfaga dejando atrás el vaqueros, conociendo la calidad del trabajo del buey, lo
resto de jinetes, y dando alcance al grupo de reses que iba dejaban hacer a su antojo, limitándose a seguir tras de la
a la cabeza de la desvandada, las obligaba a desviarse de punta de ganado a velocidad moderada por los obstáculos,
la línea recta en que se dirigían al monte. y ojo alerta.

Muy cerca, a escape también, y forzando el ganado a - Ya vamo a salí. Abranse pa los costaos y pelen las
volver, corrían Misael y Plácido. sogas – grito el caporal a la torada -, aunque sean meros
tres llevaremos arrebiataos si el ganado se desperdiga al
A aquel grupo de reses que encabezaba la huida, era salir del monte.
imposible reducirlo. Demasiado bravío para ser sometido
solamente por tres hombres; pues el resto, o sea la mayoría - ¿Y quen siabre? Toy vigiando al tuerto desde hace
del ganado que estaba formado por vacas, novillones y rato y no lue mirao – contesto Plácido -, debió quedar
mautaje (98), regresaba hacia los madrineros entre los ensartao en algún palo.
gritos y careras de los muchachos. Los torones, y en
general la flor del levante, se aproximaban al bosque, a Cuando el cimarrón desembocó a la sabana, llevado por
pesar de los esfuerzos de los tres vaqueros. Marfil que no se había dejado quitar la delantera, Ramón y
otros jinetes que rondaban cerca de la mata de monte, a la
Antes de llegar a los primeros árboles, las reses se expectativa de la res que saliera, corrieron a prestar ayuda,
disgregaron, buscando la manera de internarse cada uno en momentos en que parte del grupo abandonaba el
por distinto sitio, y rompiendo la maleza baja de la entrada, madrinero para buscar sus sabanas, disparando a todo
reses y llaneros desaparecieron en un instante. No era correr. Incorporadas nuevamente al rodeo las reses que
aquel un cimbrapotral, sino el bosque de un pequeño caño, rescatara Marfil, ayudado por los vaqueros, la cimarronada
cuyas riberas estaban pobladas de árboles inmensos, por continuó la marcha hacia los corrales del hato.
entre los cuales se podía, con cierta dificultad, andar a
caballo. Tratando de reunir el ganado, esquivando las Hacían falta muchas reses. La mayoría de los toros había
ramas bajas, saltando por sobre árboles caídos y troncos quedado en el monte, favorecida por la espesura de la
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maleza, y la ventaja que le daban sus hábitos salvajes para
burlar al hombre. L uisa sería del que quedase con vida. “Te voy a enseñá
cómo se enlaza un toro y se enamora una mujé”. Esta
frase, que en la plena sabana y delante de los vaqueros y el
Solo Plácido se dio cuenta de la ausencia del tuerto. Misael blanco le había lanzado el tuerto, lo quemaba como un
y Ramón, preocupados por el trabajo que les daba el brasa que no es posible desprender de la piel, una vez que
ganado, no echaron de menos al vaquero, y el rival se curó ha caído sobre ella. Se vengaría como fuese. Ya lo estaba
muy bien de decir nada. Se alegraba de que le hubiera haciendo, al no decir a nadie que el tuerto había quedado
sucedido algo en el monte, con algunos de toros; o que su entre el monte.
cabeza, al chocar contra alguna gruesa rama, hubiera
quedado espichada, o como fruta ensartada en un chuzo. - Ojo amigo, no se quede resagao – gritó Misael
Lo odiaba más que nunca, y deseaba con todas las fuerzas viéndole distraído -, el caballo no es pa dormirse.
de su alma encontrarlo muerto en el monte, cuando el
caporal o Ramón se diesen cuenta de su falta y ordenaran - Es que el hombre va aquí pero el pensar anda lejos
buscarlo. Mientras más tiempo transcurriese – pensaba - – contestó un llanero entre carcajadas.
menos probabilidades habrá de encontrarlo vivo, y ojalá
haya sido una cornada, pues así ya estará desangrándose. Se acercaban a las majadas. Los madrineros, viendo los
corrales, apresuraron el paso, entrando atropelladamente
- Jajá, ea, ea, toro viejo. por la angosta puerta, y tras de ellos la cimarronada. Era
demasiado tarde, ya, para herrar y señalar; por lo tanto el
Mediaba la tarde cuando el levante de ganado se acercaba resto del trabajo fue dejado para el día siguiente.
a las sabanas próximas a la fundación. Ya se veían,
diseminados, rompiendo la monotonía amarillenta de los Mientras los hombres aflojaban la cincha, para que los
pajonales, hatajos de ganado manso, que en filas caballos pudiesen descansar antes de desensillarlos, entre
irregulares se dirigían a los abrevaderos del pauto. Al fondo, comentarios alegres saboreaban de antemano el trozo de
sobre la línea azulosa de los montes, se elevaba un tenue carne de "mamona" asada, pues el grato olor llegaba desde
hilillo de humo grisáceo, apenas perceptible. Allí estaría la cercana hoguera, cuyo fuego no dejaba de avivar el
Luisa, atareada en la cocina esperando el regreso; el negro Jaspe. Las mujeres, dejando por un momento sus
regreso, sí, ¿pero de quién? Quizás del tuerto, pues en el quehaceres, se llegaron hasta los corrales a mirar el
baile, acaso, ¿no había dicho con cierta amargura, que lo encierro, donde, remolineando entre el fragor de astas que
único que le alejaba de Moisé era “su ojo”? ¿Y en la manera chocan, de mugidos y de embestidas contra la cerca de
de pronunciarlo – pensaba Plácido -, en la entonación paloapique, el cimarrón semejaba una marea de diversos
acariciante de la voz, no lo había dicho todo? Está colores opacos, yendo de un lado a otro, tratando de
enamorada del tuerto – dijo en voz baja y mordiéndose los escapar, aglutinada, tupida como la masa hirviente de un
labios -, tendré que disputársela, como se disputan una volcán que rugiendo buscara una salida.
hembra dos torones bravíos, o una presa dos implacables
carniceros. De pronto una voz de mujer pregunto en vos alta, como si
gritara:

IV - ¿Onde ta Moisé?
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La pregunta corrió de boca en boca. Moisé, Moisé, Moisé. - Puede quedarte con Espantarrocío. Un llanero
Los vaqueros se miraron a los ojos, creyendo encontrar la como tú necesita un caballo como este, te lo regalo.
respuesta los unos en las pupilas de los otros.
Los vaqueros, en silencio, se miraron unos a otros, sin
- Se metió de primero al monte cuando el barajuste muestra alguna de envidia, pues sabían que Espantarrocío
– contesto el caporal -, y endespués, con la brega se me era el primer caballo propio que montaría el tuerto, desde
olvidó. Arsa muchachos; vamo a buscarlo. aquel momento.

Plácido era el único que había quitado por completo su - Mil gracias, blanco, se lo agradezco, pero yo quería
montura al caballo, y la colgaba de la estaca del caney, pedirle un favor:
contra la vieja costumbre de esperar que la bestia se
desacalorara. Para despojarla. Apenas se movió cuando - Ajá.
Misael dio la orden de montar de nuevo. Ya los vaqueros de
disponían a montar para buscar al compañero, cuando por - Que tando en Matepalma el Padre Alberto, nos
los lados del corral hubo un revuelo inusitado. Las mujeres, apadrine, porque me voy a casá con la Luisa, horita mismo.
que desde el paloapique contemplaban el ganado, corrieron Y si alguen se cré con derecho a ella que me la venga a
a refugiarse en la cocina, entre gritos y empujones, en tanto quitá, que aquí lo espero. – Y se apeó de un salto.
que Luisa, con las manos en la cintura, con los ojos que
fulguraban de orgullo, gritó para que la oyeran todos. - Concedido, tuerto; cásate, si es que Luisa quiere.

- ¡Ahí ta el hombre, con un novillo soguiao! - ¡Ay, manito! – terció el negro Jaspe cogiendo de la
mano a Luisa, y acercándose al grupo formado por los
Con lo que le quedaba de sombrero, que era apenas una vaqueros que rodeaban a Moisé.
maltrecha ala, calada hasta las orejas, dejando asomar el
pelo por el hueco de la copa, sin copa, el tuerto, bajo las - Vas a teney que casate a la llanera, porque el
primeras sombras de la tarde, caballero en Espantarrocío, Padre Alberto se jue dende esta mañana.
parecía un héroe estrafalario, un centauro desharrapado,
sin otra arrogancia que el grotesco platear de su ojo tuerto, Los muchachos entre risas y chistes abrazaban a Moisé, en
que brillaba con reflejos blancos sobre la morenez tanto que Luisa como si en realidad fuera ya su mujer, tomó
amarillenta del rostro. Cubiertos de sudor, caballo y a Espantarrocío por la brida y, entre sonreída y grave, lo
caballero, llegaron hasta la puerta del corral, en donde llevó frente al caney donde estaban las otras caballerías.
remolineaba el ganado cimarrón.
Plácido no se había movido de su sitio. Lo había visto y
Cogido por la nariz, con los ijares palpitantes de fatiga, escuchado todo, desde el entusiasmo de Luisa al anunciar
cabestreaba el cebú que momentos después entraba al la llegada del vaquero, y el regalo del caballo, hasta el reto
corral tras el jinete. Al ver el famoso ejemplar capturado por que le lanzara escuetamente por el amor de la llanera. Vio
segunda vez, Ramón, que ya se había dado cuenta de la cuando ésta, con el caballo cogido por la brida, se acercaba
clase de llanero que era Moisé, dijo: al caney. La encontró entonces más hermosa. ¿Acaso el
amor no embellece a las mujeres? Qué lejos la sentía ahora
de su vida. Y los ojos de Luisa, como dos laos negros,
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mansamente dormidos por los grandes y oscuros, supieron Bajo el Floramillo se excava una fosa.
decirle en una mirada: “Yo no tengo la culpa de queré a
Moisé en esta forma. Me embruja el alma con su ojo malo, y I
voy tras él como si me llevase amarrada con la soga,
cabestriando, feliz de sentirme así, dominada, por quien A pesar del apetito y del grato olor que despedía la ternera
igualmente sabe enlazar un toro, como cautivar una mujer.” asada, sobró la mitad de la carne dorada a fuego lento por
Todo esto leyó Plácido en los ojos de aquella tornadiza el negro. Nadie, como otras veces a la hora de la comida,
hembra, cuyo cuerpo lleno de ondulaciones, al cruzar frente dijo un chiste, ni pretendió reír. El plátano y la carne fúe
a él, puso en sus sentidos de hombre primitivo, de una servida en común, a la luz de dos velas cuya llama era
barbarie apenas contenida, toda una escala de encantos agitada continuamente por el viento de la sabana.
femeniles, que exasperándole de pasión lo enloquecieron, y
rápido como el rayo, con la agilidad característica del Comían en silencio y el Caporal dijo en voz queda, a
llanero, saltó sobre el Espantarrocío y rodeando con su manera de reproche:
brazo la cintura de la mujer codiciada, la levantó hasta la
cabeza de la silla, en tanto que el caballo asustado con las - A mí nada me incumbe, don Girón, pero usté ha
ropas de Luisa que le rozaban la cara, partió desbocado debío ir por la sobrina, o es que nues su sangre.
hacia la sabana, entre los gritos y la sorpresa de todos.
- Párese ay, Caporal, y escuche: por ser mi sangre
Una nube de polvo, entre los primeros parpadeos de la es que la dejo sola. El Plácido no sabe que esa es mucha
noche, cerró las huellas de los fugitivos. Y tras ellos en un mujé pa él, porque una Girona brava es como una tigra, que
caballejo que hacía todo lo posible por sacar velocidad de en lugá de tené que defenderse, ataca primero. Ir dos
donde no había, inclinado iba Moisé con una soga en la hombres contra uno no es ley de güen llanero; y yo no
mano y al viento un mechón de pelo que asomaba por la quero ver cómo las cobra el tuerto, que es mucho gallo pal
copa del roto pelueguama. Plácido. ¿A qué iba pues, yo?

- No lo puede alcanzá; no hay caballo aquí pa - ¿Pero, entonces don Girón, si conviene que la Luisa sea
ganarle a Espantarrocío. pal tuerto? – interrogo el negro.

- Ya paqué, a ese pasó ya tan muy lejos – comentó - Yo no convengo en nada – contestó el viejo
el negro con amargura. pasándose la mano por la barba entrecana y espesa -, ella
ya decidió, y una mujé decidía es como un caño crecío, hay
- Hastonde el mocho resista con dos, hasta allí que sabelo vadiar pa que no lo arrastre a uno.
llegan. Lo qués el tuerto... el tuerto los alcanza – añadió el
tío de la muchacha. Volvió a reinar el silencio, interrumpido apenas por la
batahola del ganado en los corrales. Los chinchorros fueron
apareciendo a lo largo del caney; el humo de los tabacos
JORNADA DUODÉCIMA floreció entre la noche, para irse disipando lentamente, a
medida que la peonada se fue quedando dormida bajo la
Espantarrocío se desboca. – “Una Girona brava, es como una caricia tibia de la brisa del Llano.
tigra.” –
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se oyó en el silencio de la noche cuando los palos del
Una estrategia contra el cimarrón. tranquero fueron corridos hacia un lado, dejando abierto el
corral, y en medio del tropel del cimarrón que escapaba
II hacia la sabana, que alguien grito:

El cimarrón no se deja rodear. Para poderlo reducir, es - Zamuro comerá tu ojo, racional queriendo vacabitó
necesario soguearlo y llevar una a una las reses desde sus indio no dejando.
dominios hasta los corrales. Luego viene la labor del
pastoreo, en que el cimarrón, revuelto con los madrineros y Al día siguiente en la tarde, Moisé, montado en
rodeado por los jinetes, sale a la sabana durante unos días, Espantarrocío y llevando el otro caballo de cabestro, llegó a
hasta que al cabo del tiempo termina por amansarse, Matepalma. En la cara del llanero, flaca de por sí y pálida,
acostumbrándose a la presencia del hombre y del ganado se reflejaba un hondo abatimiento. La gente lo rodeó
manso. Por consiguiente, lo realizado por el Caporal Misael esperando que dijese algo, pero el tuerto, como un
y los vaqueros en Matepalma, fue una jornada sin autómata, se apeó del caballo y sin solarle siquiera el
precedentes en toda la llanura. Para ello fueron necesarios pisador, se dirigió al caney, buscando un rincón en donde
muchachos como el tuerto y sus compañeros, además de esconder la tristeza de su derrota. Don Girón, siguiéndolo
gran cantidad de ganado madrinero adiestrado de cerca y esperando en vano que dijese algo, lo interrogó,
especialmente. Para obrar así, fue necesaria una gran labor en tanto que vaqueros y mujeres, con el ansia pintada en
preparatoria, llevada a cabo por el Caporal y de su los rostros, llegaron hasta el rincón del caney en donde
exclusiva invención. Táctica que comenzó dejando sal al Moisé se había sentado sobre una jamuga, ocultándose la
ganado salvaje cerca de sus comederos, y más tarde, cara con las manos.
cuando el ganado acostumbrado venía a buscarla, atraído
por el olor, se encontraba con partidas de ganado manso - ¿Decí algo, onde ta Luisa?
llevadas allí, para que el cimarrón se habituase a verlo y
familiarizado con su olor tratara de juntársele. Esto no fue - Cuando la saqué, ya taba ahogada.
posible durante mucho tiempo. El cimarrón prefería no
comer sal, a acercarse al ganado manso, que también le - ¿Hogada, y el Plácido onta?
huía. Más a fuerza de constancia y de táctica resulto lo que
Misael había pensado, y que ya había puesto en práctica - Hogao también. Tuve que luchá pa quitársela.
con ciervos y marranos de monte. Encaminó el caballo hacia el Pauto y el mocho esjetao se
tiró al caño. Luisa a nadar y el hombre a no dejarla. Cuando
El cimarrón llegó a lamer la sal revuelta con el ganado yo logré agarrarlos, ambos taban muertos, y solo echándole
manso, y conseguido esto, se podía pensar en un rodeo. Y cuchillo a las manos del hombre logré desprenderla de
fue aquel el primero que se practicase en el Llano, el único entre los brazos, en lo hondo del río.
del cual se tenga noticia.
Después, en la arena de la playa, bajo la perenne y fresca
A eso de la medianoche “Trabuco”, el viejo perro tigrero, sombra de un floramillo, fue excavada la fosa por el tuerto,
ladró unos momentos, para callarse después, como si sin más instrumento que un palo aguzado con el pequeño
hubiera identificado a alguna persona conocida por los cuchillo. Fue aquella una labor de varias horas, en que el
lados del corral. Muy claramente, después de los ladridos, hombre alternaba el cavar con el ir y venir hasta el sitio en
70
donde había colocado el cuerpo de la mujer amada. De
rodillas, junto a ella, le cerraba los párpados con unción
cariñosa, queriendo alejar del rostro de la muerte, aquel LIBRO SEGUNDO
gesto de terror, que transforma las facciones de los
ahogados. Cómo era, entonces, de tierno el canto de las JORNADA PRIMERA
mochileras, cuyos nidos, colgados de las ramas del
floramillo, semejaban cunas balanceadas por el viento. El güio se pregunta por qué el hombre, siendo niño,
Cómo fue dulce y caritativa la mirada del ojo bueno de Camina en cuatro patas. – Y, ¿por qué han de ser mis ojos los
Moisé para con la amada, y cómo fue sabia la mano que que paralicen a mis víctimas? – La Pirza tiene tres hijos como
arregló los cabellos y acarició las mejillas frías, rígidas y tres gotas de oro derretido.
pálidas, con esa palidez definitiva de los muertos.

Cuando haciendo un esfuerzo violento, los brazos del tuerto


levantaron el cadáver de Luisa para llevarlo a la fosa, al
sentir el llanero cerca de sus labios y rozándole la cara I
aquel cuerpo para siempre helado, tuvo el deseo de morir
también; de quedarse allí, en aquel hoyo junto a su muerta. Al fin despertó Gugudú una mañana, bajo el cielo claro del
Más el pensamiento de que el cadáver de Luisa fuese pasto Llano, cuando las mochileras y la gente alada de la Mata de
de las bestias y aves salvajes lo contuvo en momentos en Monte, después del desayuno buscaba el cobijo de las
que empuñaba el pequeño cuchillo dirigido a su garganta. ramas para escampar del sol, entre una vocinglería
discordante. Era aquel un desconcierto de trinos, chillidos,
¿Cuánto tiempo pasó, antes de que la primera manotada de gorjeo que va y viene; y, también, por qué no, sordos
arena cayera sobre la cara, sobre el busto y sobre el cuerpo gruñidos y balidos quejumbrosos, y por encima de todo esto
todo de aquella muerta, que tan virgen como naciera se se escuchaba, claramente, el piar de Pájaro Pollo.
entregaba a la tierra? Moisé no lo supo, ni lo supo nadie;
mas con hojas frescas y con ramas le hizo un sudario para - Más orden. Gente irresponsable – decía -. Mejor
aislar la cara de la tierra. fuera que en lugar de gritar tan desaforadamente pensarais
que Juca puede llegar de un momento a otro y almorzar con
Lentamente la arena fue cayendo, cubriéndolo todo hasta algunos de nosotros.
emparejar el piso. Cuando iba a ser fijada la cruz sobre la
humilde tumba, flotó sobre las aguas dl cercano Pauto, con - Le cedo el honor – interrumpió una pirza de suave
el vientre hinchado y deformada la cara por los mordiscos color dorado – de ser la presa elegida por Juca. A mi,
de los peces, el cadáver de Plácido. precisamente, no me asusta. Sé cómo debo defenderme.

El tuerto lo vio cuando la corriente lo arrastraba río abajo, y - Ya que tiene tanto miedo, debía abandonar nuestra
sin alegrarse ni compadecerse, se representó en la mente compañía si le perjudica y reservarse sus consejos para
el cuadro, muy común por cierto en el Llano, del paseo de usted mismo. ¿Qué le importa que nosotros gritemos, o no?
los guaras, que embarcados sobre los cadáveres de las Cuídese de sus enemigos, ya que lo hacen delirar de miedo
reses ahogadas, van río abajo, royéndoles las entrañas, y no se meta en nuestras vidas.
hasta devorar del todo la trágica embarcación.
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- Acuérdese que tiene hijos – contesto Pájaro Pollo, llenas de paz y de cariño que había visto a lo largo de su
humillado, con voz servil. vida, en las que una vez crecidos los cachorros, o,
plumados los polluelos, cada cual cogía por su lado. A vivir
- Ya sé que tengo hijos. Por ello es que soy feliz su vida. A disputar con los demás el derecho de poder
contándoselo a todo el mundo. – Y en tono más alto vivirla.
continuó -: No se quede nadie en esta Mata de Monte sin
que lo sepa. ¡Tengo tres hijos; tengo tres hijos como tres Pero... Tatí, ¿acaso era ya un miembro de la tribu de Galaí,
gotas de oro derretido! capaz de vivir su vida? Recordó las pernezuelas endebles y
pálidas del muchacho. Aquellos brazos en los que apenas
- Después de todo – añadió Pájaro Pollo se notaban el hueso y los nervios. Y aquellos ojos negros,
despechado -, tenías que ser hembra, para ser testaruda y que, como los de toda esa tribu, despedían un brillo que era
comprometernos a todos, con esa manera de chillar. una fuerza tal, que ningún habitante de la Mata de Monte
podía resistirla, teniendo que huir atemorizado.
- ¿Cuándo sabrá usted, pollo sin madre – contestó la
pirza erizando las plumas de la cabeza -, que las hembras - Se me achaca el poder de paralizar con mis ojos a
no solamente somos testarudas, sino, también, tornadizas y mis víctimas – siguió pensando el güio, mirando hacia el
que esta manera inestable: hoy si, mañana no, es la rancho abandonado -. Qué errores comete Galaí con todos
esencia de nuestra estrategia, a la cual debemos nuestra los que vestimos de pelo, o de pluma, o de escama o
supremacía sobre los machos? No me venga con sus coraza, que es lo mismo. No son mis ojos los que disponen
consejos inspirados por su propio miedo. Todos sabemos de tal poder. Es el poder del miedo el que paraliza a mis
que usted, a pesar de ser pollo, no tendrá nunca espuelas. víctimas; mucho más cuando éstas son pequeñas, como
Porque solamente éstas le nacen a aquel que tenga coraje una rata o un pajarillo, a quienes a menudo desprecio,
para usarlas. Confórmese con su plumaje opaco; de color porque apenas si alcanzan a rellenarme el hueco de una
de hoja madura. Esta es su arma, pues por ella pasa muela.
desapercibido entre las ramas, espiando la vida de los
demás. Tiene lo que necesita su vida de soplón. – Y Si Galaí nos conociera mejor, y no diera crédito a toda esa
saltando de rama en rama siguió de largo gritando: leyenda, a toda esa invención que corre acerca de
nosotros, propalada por aquellos que, precisamente, por no
- ¡Tengo tres hijos; bellos como la fruta de conocernos nos calumnian, podríamos vivir en paz, y, cada
Lechemiel! cual cumpliría la misión que ha venido a desempeñar en
este Llano inmenso; siempre en beneficio de alguien o de
Entretanto Gugudú terminaba de desperezarse. Había algo. Más, Galaí, en su delirio de dominarlo todo, lo
dormido nueve días seguidos, después de su combate con destruye todo, y nosotros, los habitantes de la selva, pese a
Balacú y el banquete que se diera con el despojos. Como quien nos destruye por el placer de destruirnos, somos un
tenía costumbre, se asomó al patizuelo del rancho, diente del engranaje universal. Un eslabón de esa cadena
reptando sobre la paja tronchada en donde se había sin fin, que al ser roto, al destruírsenos, hay algo que
desarrollado su pelea con la tigra. Hasta su nariz no llegó, comienza a cojear; a desbaratarse lenta e implacablemente.
como otras veces, el olor a leña quemada, ni las En la Mata de Monte continuaba la chillería que Gugudú no
emanaciones de Galaí y de los suyos. Aquel nido había sido podía oír bien a causa de su sordera.
abandonado, como tantas guaridas; como tantas nidadas
72
Asomado al patio contemplaba, en toda su tristeza, la La alegría de unos, y el hambre de otros.
soledad del rancho como un nido vacío. Algo queda de
nosotros, por más que nos alejemos definitivamente de I
algún sitio. Allí estaban los recuerdos. La curiosidad que
despertó en el reptil la presencia y el llanto del niño en Apartada de la Mata de Monte y rodeada por el espeso
brazos de la madre. La carne fresca, o el tasajo que le pajonal se veía, solitaria como una isla, una pequeña
daban, cada vez que asomaba la cabeza al patio, por entre mancha vegetal, de la que sobrepasando el matorral bajo,
la paja de la sabana. Los primeros balbuceos de Tatí, y su se elevaba un árbol de algarrobo, que a manera de viva
manera de gatear por el patio. Viéndolo así, caminando en atalaya oteaba sobre la llanura en todas direcciones.
cuatro pies, Gugudú llegó a la conclusión de que Galaí era Colgados de una y otra rama de aquel árbol gigantesco,
un habitante de la selva, que a fuerza de tiempo y como farolillos chinescos, o más bien, como frutas
adaptación, había abandonado la forma cuadrúpeda, para alargadas que se columpiaran al paso de la brisa,
andar solamente en dos pies. No conocía él ninguna tribu aparecían más de nueve mochilas o nidos de una colonia
cuyos primeros pasos fueran dados en aquella forma, para de arrendajos, entre los cuales se contaba el de la “pirza
cambiar después ya más crecido el individuo, por la forma vocinglera”.
bípeda.
Un poco más alto, en una de las ramas centrales, se
- Los monos, aún pequeños – pensaba -, adoptaban distinguían también, entre el follaje verde-oscuro por su
ya la una o la otra forma, y a las pocas semanas eran seres color de barro seco, un voluminoso nido de avispas
independientes, que sabían comer, jugar y defenderse. arrendajeras, que en grata asociación convivían con las
¡Qué misteriosa es la vida de Galaí! ¡Qué indefenso nace... aves, prestándose siempre mutua ayuda, y respetando una
y después, qué cruel e invencible se torna! Más, en nuestra colonia las costumbres de la otra. Las avispas necesitaban
tribu, desde que nacemos ya sabemos pelear, matar; y la vecindad de las pirzas, porque estas no dejaban arrimar
buscamos nuestra vida sin que nos amamanten, no nos pájaro insectívoro alguno que tratara de cazarlas, o de
guíen, pues llegamos aprendidos. Y por entre al pajonal romper la pelota de barro para devorar las larvas.
amarillento se dirigió al estero, pensando siempre en la vida Asimismo, el arrendajo que capitaneaba la colonia de
rara de Galaí. mochileras, conociendo qué clase de aliado tenía en las
avispas, había dispuesto allí la colocación de los nidos de
Pájaro Pollo comenzó a comprender que nadie lo quería. sus pirzas; pues, tanto las aves rapaces, como cualquiera
Para evitarse mayores enemistades, mil veces se había otro enemigo de pelo o de pluma no se atrevería, con su
hecho el propósito de callar el pico y cerrar el ojo a cuanto presencia, a desafiar la cólera de una colonia de estas
bueno y malo pudiera ver y contar. Así que meditando en lo avispas.
que le dijera la pirza, guardó silencio, agachada la cabeza y Entre los chillidos de los pichones, que asomaban las
sin moverse en su oculto mirador. cabezas a las puertas de los nidos, se escuchaban las
disputas entre las vecinas, por la captura afortunada de un
JORNADA SEGUNDA insecto a las puertas mismas de la casa, en tanto que otra
amenazaba a su único polluelo con dejarlo morir de
Y por encima de todo aquel concierto, la voz del arrendajo hambre, si no se atrevía a salir de la cama, para dar un
macho dejaba desgranar, una a una, las estrofas de su pequeño salto hasta la cercana rama, en donde lo
enamorado poema. – esperaban una gorda larva en el pico.
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pequeñuelo. Tanto la madre como el monito padecían de
A todas estas, el patriarca, el sultán de aquel diminuto hambre. Y el Araguato, por más que ponía en juego toda su
serrallo, sin prestar atención a la revuelta bulla que metía ciencia para encontrar bocados escondidos, hallaba
su tribu, en la que él era el único varón, se ocupaba en apenas, bajo las resquebrajadas y secas cortezas, uno que
seducir con sus trinos, y deslumbrar con lo bizarro y subido otro insecto xilófago, cuyo tamaño bastaría, apenas, para
de tono de su plumaje, a una pirza joven, cariafilada y iniciar el desayuno de una pequeña avecilla.
pulida, a quien la música del mañoso y viejo trovador, sabio
en las artes de la seducción, comenzaba a marear, Pájaro Pollo, que los sintió llegar, chilló:
produciéndole un hormigueamiento en el cuerpo, que la
obligaba a dar saltitos nerviosos de una a otra rama; y, para - Una avecilla de cotudos aulladores no hace
demostrar también la fragilidad y finura de su cuerpo, con el invierno. Por más que grite roncamente, nunca traerá agua.
fin de que el enamorado galán cantara mejor, ¿Qué hacen esos araguatos que no buscan su tribu, para
describiéndola ante las demás hembras, como la más incorporarse a ella? ¡Ah!, si no me equivoco, es uno que
pulcra y linda de las esposas de su harén. quiere formar colonia, pues ya tiene el primer hijo y debe
andar huyendo del capitán.
Era la hora en que aquel que en la Mata de Monte no haya
probado bocado por falta de qué comer, siente cómo el - Ya estás metiéndote en lo que no te importa. ¿Qué interés
apetito lo obliga a ser osado; atreviéndose a las más tienes tú en la vida ajena, soplón hediondo? – intervino
descabelladas hazañas. Gugudú, asomando la cabeza por entre la maleza en que
se hallaba oculto -. Verdaderamente, como lo ha dicho la
Limpiaban las unas, con el pico, el anaranjado plumaje. pirza, eres un pollo sin madre.
Cantaban las otras, y las más remolonas tejían la
complicada malla que va formando la mochila, que guarece - ¡Y quien lo mete a usted, Buche sin Fondo, en los
el blando nido. Por encima de todo aquel concierto la voz asuntos que le atañen solamente a la gente de aquí arriba?
del arrendajo macho dejaba desgranar, una a una, las ¿Acaso puede levantar la cabeza del barro, para alcanzar
estrofas de su enamorado poema. hasta nosotros, nosotros que vivimos a gran altura del
suelo?
Por sobre las copas de los árboles viajaba una pareja de
monos araguatos, que desde hacía algunos días había - También puedo trepar a los árboles – contesto el
huido, o se había descarriado de la manada de la cual Güio, sin inmutarse -, lo hice en mi juventud, y ahora mismo
formaba parte. Era ella una madre joven, cuyo hijuelo podría hacerlo si encontrase una buena pieza de caza, que
enfermizo, apenas si tenía fuerzas para mantenerse no fueses tú. Pues con sólo mirarte siento asco. Asco de
agarrado, abrazando a la madre lo más apretadamente aquel que mata el apetito, por más hambre que se tenga.
posible.
- Los cotudos están arriba. ¿Por qué no subes hasta
Las frutas, los renuevos y bretones tiernos de los árboles ellos, ya que dices que podrías hasta volar?
escaseaban como nunca. Era la estación de verano; y las
hojas maduras, casi leñosas a consecuencia de la sequía, La pareja de monos había detenido su marcha. Mientras el
no eran un manjar apropiado para alimentar a la madre, y al hijuelo, a quien la madre sujetaba por la cola, emprendía la
mismo tiempo transformarse en leche para el sustento del búsqueda de gusanillos entre la corteza de una rama
74
horizontal, de gran espesor, el Araguato no quitaba los ojos y arrojándolos a su compañera que, en el suelo, entre el
de la cercana mancha de arbustos, por sobre la cual se pajonal, no alcanzaba a engullir tanta carne tierna y huevo
elevaba el algarrobo, con su colonia de pirzas. fresco, o empollado. El monito comía también, pero
maquinalmente. Con los ojos desmesuradamente abiertos,
Hasta el lugar en donde se encontraban los monos llegaba prestaba más atención a los gritos y vuelos de las aves, que
el parloteo de las aves, junto al desabrido chillar de los a la comida. Sin entender aquella barahúnda, que por
pichones. El polluelo a quien la madre llamaba desde fuera primera vez contemplaba, se quedó con medio pichoncillo
había logrado salir del nido y miraba como alelado a todas recién nacido entre la boca; mirando cómo el arrendajo
partes. macho, que no había perdido su serenidad, pues por algo
era el sultán, golpeaba con las alas y con el pico el nido de
El cotudo acercóse a su hembra y restregó suavemente su las avispas; que excitadas ya por la inusitada gritería y
mejilla contra la suya, al tiempo que su garganta emitía revuelo de las aves, comenzaron a salir de su pelota de
breves sonidos. La mona obligó al hijuelo a que se barro, enfurecidas, y arrojándose como una diminuta y
prendiese nuevamente al pecho. numerosa flota aérea sobre el intruso lo aguijonearon,
haciéndole huir entre alaridos de dolor que se oyeron a los
- ¡Ya se van los aulladores! – gritó Pájaro Pollo, largo de la Mata de Monte.
viéndolos ponerse en marcha, silenciosamente, como
habían llegado -. ¡Hasta luego, gentuza errante, aquí no El arrendajo, para excitar más alas avispas, remedaba la
queremos vagabundos, sin oficio conocido! voz de todos los animales conocidos en el Llano. Ya era el
gruñido sordo y agresivo de los saínos; ora, el grito de
Sin romper una rama, sin hacer el menor ruido, a medida guerra de las águilas miqueras, de cuando en cuando el
que los monos se iban alejando, iban descendiendo hasta rugir de Balacú, entre los chillidos del chacure perseguido; y
llegar a tierra a buena distancia del sitio en que se había desplegando una rica gama de diversos sonidos, llegaba
quedado Pájaro Pollo. El macho iba adelante, y una vez en hasta imitar el martilleo del pico del pájaro carpintero,
el suelo se internaron entre la paja, siempre guardando un excavando un túnel entre la corteza de un árbol carcomido.
absoluto silencio.
- Nos vamos a morir, gente desalmada – gritaba
No pasó mucho tiempo. De repente los trinos y gorjeos de Pájaro Pollo atribulado, sin entender qué sucedía -. Oíd
alegría de las pirzas se trocaron en chillidos de espanto. esos lamentos, y ninguno de estos cobardes es capaz de ir
a asomarse a ver qué sucede en la casa de las pirzas.
Entre aquella confusión, nadie sabía qué estaba
sucediendo. Pájaro Pollo, escondido siempre, gritó - Anda tú, ave valiente; ya que nosotros somos unos
asustado desde su rama: cobardes, a saciar tu curiosidad malsana. ¿Para qué tienes
alas, cucaracha del bosque?
- ¡Tormenta, incendio, algo grave pasa!

Por sobre el árbol donde anidaba la colonia, revolaban las


pirzas aterradas, chillando estrepitosamente. El araguato, Las cuatro manos de la Araguata.
trepado en el árbol y saltando de nido en nido, metía la
mano entre las mochilas e iba sacando pichones y huevos, II
75
- Por estar enamorado de otra, pues todas les
Una vez entre el pajonal, el mono de libro de la persecución parecemos pocas – intervino la mochilera que en la mañana
de las avispas, no sin haber recibido muchos aguijonazos se vanagloriaba tanto de sus hijos -. No pasará mucho
venenosos en la cabeza especialmente, y en el cuello, que tiempo – continuó -, sin que todas las que hemos perdido a
lo hacían gritar endemoniadamente. nuestros hijos por su culpa, le saquemos los ojos a esa
intrusa descolorida.
La mona corría tras de su macho, también ocultándose
entre la paja; con la boca llena, y llevando en cada mano - Estos ya son celos, y no lamentaciones por los
fuertemente agarrado un pichonzuelo. Cuando llegaron a la hijos – contestó Pájaro Pollo, cobrando las frases
linde del bosque, el Araguato sin dejar de gritar trepó al despectivas que en la mañana le dirigiera la pirza.
primer árbol que hallara a mano, casi a tientas, pues el
dolor de los pinchazos sobre los ojos comenzaba a dejarlo - Ya está el soplón metido nuevamente en las vidas
ciego. Gugudú lo había entendido todo, sin moverse de su ajenas. Vaya al caño, que el agua no mata a nadie, para
sitio. Hasta su nariz finísima, ya que el oído le funcionaba quitarse el mal olor y luego piense en los demás.
imperfectamente, llegaron las emanaciones de pavor de las
pirzas, así como las de Araguato cuando fue atacado por - Lo dicho – contestó enfurecido el pájaro -, aquí no
las avispas. puede uno ni condolerse de la desgracia de los otros. ¡Qué
malo es convivir con esta ralea de malagradecidos!
Todo el día duró el alboroto de las aves. A la caída de la
tarde, la noticia era conocida en todo aquel inmenso pedazo La tarde subía desde el Llano hacia la altura azul y
de sabana. transparente de los cielos. Cabalgando en las ráfagas de la
brisa llegaban, desde la lejanía, los mugidos apagados de
- Ya le decía yo a la pirza que no hiciera tanta algún toro encelado, llamando a su compañera. El silencio,
alharaca. ese silencio precursor de la noche en el Llano, comenzaba
a envolverlo todo; a impregnarlo todo de melancolía y de
¿A qué provocar a los demás, contándoles cuántos hijos quietud. Las aves, buscando el cobijo de los nidos, o el
tenía, y de qué color eran? refugio de las ramas tupidas, guardaban silencio para no
denunciar así su presencia a los merodeadores nocturnos.
- En fin, en este país nadie sabe en quién confiar.
Todos son enemigos de todos. Nadie cuenta con un amigo Gugudú había llegado desde hacía algún rato, hasta el pie
aún cuando esté viéndole la cara todos los días, o lo de la habitación de los arrendajos. Tostados por el sol,
encuentre a cada rato en su camino. ¿Cuándo se había ennegrecidos y fétidos ya, se veían, desparramados por el
visto que los cotudos atacasen a la gente de pluma, para suelo, los cadáveres de algunos pichones que los monos no
devorarla medio viva? El culpable de todo esto es el marido habían alcanzado a devorar. Igualmente, los huevos
de las pirzas – continuó Pájaro Pollo -, ¿por qué estando de destrozados ponían manchas amarillas sobre la paja gris, al
guardia no dio el alerta a tiempo, para que sus avispas pie del árbol solitario. Filosofar – se dijo el reptil – es la
atacasen antes de que el mono metiera la mano en los ocupación obligada de los viejos. O de los que, sin serlo,
nidos? han sufrido mucho. Solamente los desengañados; los
reveses; las injusticias; todo aquello que trae pesar; que
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duele en el corazón y en el cerebro, hace filosofar. ¿Cómo - Ya están podridos, Cotuda. De nada te servirán –
es posible una filosofía alegre? le dijo tranquilamente.

El hambre, sólo el hambre obligo al Araguato a asaltar la - No trates de engañarme, Buche sin Fondo. Ataca
colonia de pájaros, seguramente en busca de alimento para ya, para que cesas que no soy presa tan fácil como tú
su compañera y su hijo. Bien sabía lo que iba a costarle su piensas. Ataca; tengo prisa.
arrojo, al asaltar aquella fortaleza custodiada por tan
venenosas avispas; y con un centinela celoso como el - Si hubiera querido matarte, lo habría hecho cuando
arrendajo. Pobres hermanos todos, hermano cotudo y recogías los pichones, pues estabas a tiro y completamente
hermanas pirzas. El uno por buscar un bocado, encontró las descuidada. Más, tenía curiosidad de mirarte de cerca, y ya
picaduras venenosas. Las otras sin padecer hambre, veo que no tienes nada de extraordinario. Como ustedes
soportan el dolor de perder a los hijos sin poder defenderlos hacen correr de que pertenecen a la tribu de Galaí; yo tenía
eficazmente. Hermanos somos todos, pues aun cuando deseos de comprobar tal versión, y he salido defraudado.
parezcamos diferentes, ya en la conformación de nuestro
esqueleto en el número de vértebras o de miembros para la - Galaí no puede viajar por los árboles, como lo
locomoción, en nuestra manera de vivir o de alimentarnos; hacemos nosotros. Disponemos de cuatro manos y con
todos tenemos un ropaje afín. Una vestidura del mismo ellas, si queremos, podemos tomar cuatro cosas de comer
material, ya sea de escama, pluma, pelo; todo es córneo. a la vez. Esto ya es una ventaja sobre él. en su tribu, según
Luego el molde original ha sido sólo uno. Por ello los ha contado Guara, por haberlo visto en sus viajes cuando
considero hermanos. llega hasta sus propias viviendas, las manos son el todo
para ellos. Por las manos, Galaí el hombre, ha llegado a
Discurriendo así, el reptil se vio obligado a pegar la cabeza apartarse por completo del medio al cual pertenece. Ya ni
contra el suelo, tratando de ocultarse. Vio cómo la paja se nos reconoce como a sus parientes más cercanos, y eso
movía dando paso a algo que no acertaba a conocer, pues que nosotros tenemos cuatro manos, como lo estás viendo.
el viento no traía hasta su nariz noticia alguna.
- Sí, pero no sabéis cómo emplearlas, y por ello
De repente, surgió de entre el pajonal la mona con su continuáis en el mismo estado de hace muchos siglos.
hijuelo prendido al pecho después de mirar a todos lados,
especialmente hacia la copa del árbol, para cerciorarse de - Buche sin Fondo – contestó la mona en tono
que no corría peligro, comenzó a recoger los cuerpos desolado -. Es sabido entre los habitantes de la Mata de
putrefactos de los pichones, que no pudo aprovechar en la Monte, que los de vuestra tribu son la prudencia y la
mañana. sabiduría personificadas. Más, contéstame: ¿Con qué fin
perfeccionamos nuestras manos, más allá de nuestras
Agarrando dos o tres en cada mano, se disponía a regresar, necesidades y nos desadaptamos de nuestro ambiente,
cuando la voz de Gugudú le hizo dar un salto. Volviéndose como lo ha hecho Galaí? ¿Acaso con ello evitamos que
hacia el 9üio, con el espinazo erizado, lanzando una mañana una rama se rompa bajo nuestro peso, y con ella
especie de bufido y sin soltar el botín, se aprestó a eludir el nos rompamos los huesos en la caída; o, que una de las
asalto, pensando en brincar lo más lejos posible, cuando el grandes Jucas, cuando menos lo pensamos, nos abra el
güio soltara el resorte de su cuerpo enroscado. vientre con sus garras y de con nosotros un festín? ¿Acaso
la podido Galaí librase de sus enemigos naturales, y con
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toda su ciencia evitar morir? Cuando Galaí un muera, Viendo la actitud tranquila de la madre, el pequeño cotudo
entonces la creeré superior. Entretanto, nosotros, los de abandonó el regazo materno, al cual vivía prendido la
cuatro manos, nos servimos de ellas a plenitud, y si es mayor parte del tiempo, para dar un vistazo y curiosear un
necesario usamos también la cola, como una mano más, poco; a ver si se repetía la escena de las aves que en la
para suspendernos de ella. Sin complicarnos la vida mañana había despertado tanto su curiosidad. Mas, al
tratando de desadaptarnos, nos queda tiempo para reírnos encontrase frente a la erguida y descomunal cabeza del
de Galaí, remedando lo que él hace. Celebra nuestras güio, que lo miraba atento, dio un gran salto y agarrándose
ocurrencias; pero en el fondo no sabe quienes somos al pecho de la madre, comenzó a dar chillidos de terror.
nosotros, caricaturizando lo que él hace.
El Araguato, que lo oyera, contestó el grito de llamada de su
La Araguata había depuesto su tono agresivo y hijo, desde el lejano y tupido árbol en donde lo dejara su
desconfiado. Ya para marcharse agrego: compañera. Se entabló entones un diálogo:

- Mi compañero esta ciego. Tiene la cabeza tan - No ha sido nada – decía la mona – no parece este
hinchada, que parece más grande que su mismo cuerpo. un hijo tuyo. Se asusta de todo. Hasta de los amigos.
Se queja mucho de sed. Ahora voy al caño a llevarle agua
en la boca, pues no se puede mover del sitio en que lo he - ¿Qué amigos podemos tener nosotros? – contestó
dejado. irritado el mono -. Si hasta de los de nuestra propia tribu
tenemos que defendernos.
- ¿Pero a ti no te falta el apetito, verdad, Cotuda?
- Sí tenemos. Aquí está Gugudú que ha podido
- Estos pájaros no son para mí. Son para él, que no atacarme desde hace rato y sin embargo no lo ha hecho.
prueba bocado desde hace muchos días. Como no hay Su cara desconocida es la que ha asustado al hijo.
nada que comer, todo lo que encuentra me lo da. El hijo
come mucho y yo sufro de hambre. - Desconfía siempre, y ven ya; o iré a buscarte. –
contestó más irritado todavía.
La mona estaba flaca, en un estado tal de delgadez, que el
hijo apenas sacaría unas gotas de leche de entre aquella - No le guardes rencor a mi compañero por lo que
piel, cuyo espesor no alcanzaba a disimular la acaba de decir, Buche sin Fondo. Siempre ha sido
descarnadura del esqueleto. Su pelamen, brillante en otras vanidoso, porque es valiente. Fuimos arrojados de nuestra
épocas, no ostentaba ese bello color leonado encendido, tribu porque todos, hembras y machos, se juntaron para
característico de la raza, que en los machos llega a ser castigarlo porque no obedecía al capitán. Riñeron, mi
cuando abundan las bayas y las frutas silvestres, casi rojo. compañero lo venció; mas no pudo soportar los golpes de
Ahora su piel hirsuta, de un colorido pardusco quemado, le todos. Entonces huyó y yo me fui tras él, porque sabe
daba un aspecto más triste todavía. encontrar las mejores frutas, y halle siempre el camino más
corto y seguro para llegar a un árbol distante.

III Gugudú la vio desaparecer por el camino que había traído,


tan rápidamente, como si nada llevase entre las manos.
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Entretanto, otra noche comenzaba a cernerse sobre la los araguatos; pues, debido a la ceguera del mono, era
llanura como ave gigantesca, cuyas alas oscuras abarcasen imposible hacerlo por sobre los árboles.
los cuatro puntos cardinales.
A cada momento las ramas que cedían al paso de la mona,
- Que en la oscuridad haya siempre un camino de recobraban su posición natural, y actuando como resorte,
luz para los necesitados, que generalmente son los buenos azotaban la cara del infeliz, el cual lleno de sobresalto al
y por ello sufren hambre – dijo Gugudú. transitar por la senda terrestre, que no era la suya, no se
atrevía siquiera a quejarse a cada golpe que recibía su
cabeza monstruosa.

Desgarrados por las espinas. Sediento el afiebrado.


JORNADA TERCERA Convertido en una miseria física, en su lucha con la tupida
maraña, el mono dio un tirón a la cola de su compañera que
En busca de agua. – A veces se encuentra un amigo en el se detuvo asustada, mirando a todas partes llena de terror.
camino del ciego. – Oso Hormiguero ríe de Araguato. Haciendo un poderoso esfuerzo para olfatear la brisa, el
mono venteó la proximidad del agua; distinguiendo al
I mismo tiempo el olor acre de emanaciones fórmicas de un
habitante de la Mata de Monte, cuyo carácter y costumbres
Mediaba la tarde. Aún bajo la sombra del follaje, el calor conocía muy poco; pues apenas había visto s los miembros
sofocante parecía asfixiarlo todo. La brisa contagiada por de aquella tribu solamente algunas veces, y eso desde la
aquel vaho cálido que fluía de todas partes, tanto de la copa de los árboles, a gran distancia.
llanura como del bosque, había terminado por
adormecerse, también, entre las ramas, como un pájaro - Hay agua cerca para matar mi sed, pero otros nos
que repone las fuerzas para continuar el viaje. han tomado la delantera – dijo trabajosamente.

Reinaba una quietud total. Hasta el tiempo parecía que - También he recogido ya su olor – contesto la mona
hubiese detenido su jornada de siglos, para asomarse a – No parece de tribu enemiga a la nuestra. Acerquémonos
aquel paréntesis de silencio y de quietud, que era en esos algo, para ver.
momentos la llanura.
- ¡Sólo tú, que nunca has sabido nada de las luchas
Con la cabeza hinchada, de la cual habían desaparecido los cuerpo a cuerpo, confías en la bondad de los demás!
ojos, cubiertos por la inflamación. Afiebrado, débil, ¿Cómo quieres que me acerque a disputar una gota de
apoyándose apenas en tres de sus miembros y agarrando agua, ni no puedo ver quién, ni de qué lado me lanzará la
con el restante la cola de su compañera que marchaba primera dentellada o el zarpazo? ¿Has olvidado, acaso –
delante, abriendo camino, la pareja de monos se dirigía continuó el mono en todo irritado -, que estamos pisando
hacia el caño. No ya por la copa de los árboles, que son tierra, y que aquí hasta el viento marcha contaminado?
para ellos como un camino expedito, sino por entre la Llévame a un árbol. Quiero estar en mi medio. Que me dé
maraña del sotobosque, poblada de bejucos y malezas, que el aire puro en la cara. Morir allí de sed, agarrado a un
como una muralla vegetal, se oponía a la marcha a pie de tronco si es necesario; bajo ese azul que hemos mirado
siempre desde las copas de los árboles, y que ahora no
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puedo ver, por más que levante la cabeza. Quiero ir arriba, encontrárselo cara a cara, y jugarse la vida como ya lo
muy arriba de esta atmósfera en donde se mezclan y había hecho con la tigra y con el caimán, de cuyo ataque
confunden las emanaciones de los cadáveres a medio saliera con una pata rota.
devorar, con el olor de los vivos, que no es sino olor de odio
y de lujuria. La cara enflaquecida de la mona fue asomando a la ribera
por entre unas cañas; y tras ella, sin soltarla de la cola,
- Cállate ya; pueden descubrirnos. Quédate aquí, yo apareció Araguato. Las lágrimas o secreciones de sus ojos
iré por agua que te traeré en la boca. No todo el caño ha de afectados por el veneno de las avispas, trazaban dos
estar lleno de enemigos. – le dijo la mona en tono surcos que le llegaban hasta el pecho, hinchado también, y
suplicante. como formando un solo cuerpo con la deforme cabeza, de
la cual había desaparecido el cuello.
- No, yo quiero ir a matar mi sed. Hundirme todo en
el agua para apagar este calor que me envuelve. Araguata y Rabo de Escoba se miraron largo rato
silenciosamente. Más curiosa que asustada la una,
Reanudaron la marcha recibiendo en plena nariz, cada más inclinaba de uno a otro lado la cabeza para ver mejor; en
intenso, el olor del otro habitante de la mata de Monte, a tanto que el otro, deponiendo su actitud de lucha y bajando
quien si bien no temían, tampoco podían confiarse hasta su sitio la pelambre despeluzada, movía sus ojos de
demasiado. Así, pues, cada vez con más cuidado, madre al hijuelo, pegado como un ácaro al vientre de la
procurando no mover ni una hoja y sin hacer ruido alguno, mona, y de éste al mono viejo, que era quien más excitaba
se fueron acercando a la ribera, alentados por el olor fresco su curiosidad.
del agua corriente.
- Venimos en sonde paz, buscando agua – dijo la
Con el pelamen erizado desde la punta de la nariz, hasta la mona.
última cerda de la cola, que por lo abierta y erguida parecía
una palmera de vegetación exótica. Con los ojuelos Oso Hormiguero, sin contestar nada, se tendió en la arena
inyectados y fijos en la maleza: clavadas firmemente las para contemplar a sus anchas cómo bebían agua aquellos
patas en el piso de arena, y dándole la espalda al río, Oso seres extraños, a quienes nunca había visto sino de lejos,
Hormiguero, resuelto a combatir una vez más, esperaba el sobre los árboles y siempre de paso, congregados en
asalto. No había lanzado, siquiera, el más leve gruñido de grandes manadas. Recordó cómo algunas veces, en los
reto, seguro como estaba de ser atacado sin previo aviso. A días de invierno, aullaban lastimeramente; y otras, como
pesar de su pata coja, le había tocado luchar más de una perseguidos por un enemigo invisible, viajaban en silencio,
vez con enemigos valientes; más en esta ocasión, por falta tratando de hacer el menor ruido posible.
de brisa en su favor, no sabía si sería con Balacú, con el
güio, o con algún chigüiro con quien tendría que disputar su Sin soltar la cola d su compañera, el mono hundió la cara
derecho al abrevadero. Había escuchado, desde hacía rato, en el agua y bebió. Bebió de una vez hasta que la
un ruido intermitente como de pisadas que se acercan respiración contenida se lo permitió. Resoplando de
sigilosamente, a favor de la fronda. O de algo, que al reptar, satisfacción hundió del todo la cabeza hasta el torso, varias
moviera las hojas secas. Conocía de oídas episodios de la veces y se retiró luego del agua, en tanto que la Araguata
vida de Gugudú, narrados a todo viento por Pájaro Pollo, y las emprendía con los bretones tiernos de una planta
contaba de antemano con que alguna vez tendría que acuática. Después de haber masticado bien el primer
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bocado, le dio al hijuelo de boca a boca, y acercándose al
mono le dio en la misma forma el resto de hierba molida. - Ya entiendo, ya entiendo – contestó
socarronamente Oso Hormiguero -. De manera que los
- Está amarga, pero tengo hambre. Quiero más – cotudos son de la misma ralea de Pájaro Pollo, que
dijo el mono atormentado por el estómago vacío, y los tampoco se rebaja, descendiendo hasta el piso de
aguijones de las avispas. nosotros...

- Hay bastante tallo tierno sobre el agua – contestó - Veo que Rabo de Escoba no quiere entender nada
la mona -. Nos quedaremos aquí hasta acabarlos. Tendrás – gruño el mono -; si ha querido ofenderme, al compararnos
agua fresca todos los días para clamar tu sed, mientras con ese chismoso, es porque se aprovecha de esta ocasión
sanas de los ojos. en que puede dirigirnos la palabra. De lo contrario,
solamente podría vernos mirando hacia arriba, ya que
- He desobedecido las consignas de nuestra raza y nosotros solamente andamos por lo alto; sin mirar nunca
estoy pagando mi falta. No se debe atacar nunca la hacia abajo, ni ocuparnos de los que habitan en el suelo.
vivienda de las pirzas. Cuentan con amigos muy pequeños,
pero con armas venenosas. ¿En dónde está Hocico y - Por no mirar hacia la tierra es que a veces pasáis
Medio, que me llega su olor como si estuviera rascándome hambres. Por creeros de la misma tribu de Galaí, os habéis
la nariz? granjeado la antipatía de los habitantes de la selva que
vestimos de pelo, como vosotros, y el desprecio y la risa de
- Se ha tendido en la arena a mirarnos. Parece que Galaí, que para nada os toma en cuenta.
en nada le ofendemos – contestó la mona sin dejar de
comer, y mirando una vez más a Oso Hormiguero. - No es Galaí quien nos desprecia – continuó el
Araguato, cada vez más enfurecido -; somos nosotros
- Yo sabía – dijo al fin el Oso, en el tomo más cordial quienes lo ignoramos, y, para ridiculizarlo, solemos imitar
– que los cotudos se alimentaban de frutas y algunas veces grotescamente lo que él hace. Es un traidor a su raza y al
de huevos y de pajarillos, pero no sabía que engullecen, medio en que nació. Nosotros hemos permanecido fieles a
como lo hacen ustedes, ese pasto que sólo lo comen los la tradición. Galaí desertó. Cambió sus costumbres. Se
manatíes y algunas veces los chigüiros. Tampoco sabía que hace llamar rey, gigante, héroe, inmortal, y no ha podido,
era la hembra la que alimentase al macho, y que éste fuera con toda su inmortalidad dejar de comer lo mismo que
ciego. comía cuando vivía en las selvas, junto con nosotros – y
dirigiéndose a la mona añadió -: dadme más hierba, me
- Pues no sabe, Rabo de Escoba, nada de nada – atormenta el hambre... – Oso Hormiguero guardó silencio.
interpuso el mono montando en cólera -. En nuestra tribu ni Comenzaba a entender a los monos, a quienes siempre
la hembra da de comer al macho, ni éste tampoco es ciego. había mirado como seres ridículos. Ahora tenía otro
No se presentan entre nosotros, según cuenta Guara, ese concepto de ellos; no por lo que hubiese dicho Araguato,
caso que con frecuencia se ve en la tribu de Galaí. Estoy sino por la hazaña de haber desafiado a aquellas avispas, a
ciego porque me atacó una bandada de avispas, cuando quienes temían todos los habitantes del Llano.
buscaba el alimento para los míos. He violado nuestra ley, y
por ello es que hemos descendido hasta el piso de ustedes, - Si queréis saciaros de fruta – dijo a la pareja -,
rebajando nuestra categoría. venid conmigo. Hay una mata de guayaba en plena sabana,
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a donde no llega nadie. Junto a ella, y cuajada de fruta, está ¡Cuántos hubo y cuántos hombres hay, llanura casanareña,
otra mata de lechemiel. Como están en plena llanura, que se han entregado a ti, renunciando a todo, nada más
aisladas, ningún pájaro osa llegar allí, por miedo a los que para que los devores de anemia y de fiebres, pero con
Jucas. la inmensa alegría de tenerte a la vista! ¡De sentirse metido
dentro de ti, como entre unos brazos de mujer apasionada y
- No podemos ir – contestó el mono -. Estamos tierna, cuyas caricias sabemos que se llevan el jugo de
encadenados a la selva. Esta es nuestra morada y nuestra nuestra vida! ¡Llanuras casanareñas, cómo la brisa tuerce
defensa. Si salimos de ella, perecemos. ¿Cómo podríamos rumbo, y corre tras el llanero nada más que por oírle las
defendernos de nuestros enemigos en plena sabana, por la coplas del coplas del Galerón!
cual no sabemos ni siquiera correr entre la paja?

- El hambre también mata - insistió el Oso -. JORNADA CUARTA


Habiendo comida y teniendo ustedes hambre, ¿por qué no
arriesgarse? Allí no hay arrendajeras. El árbol de lechemiel, solitario de las sabanas. –
Duelo de Aguilas.
- Ya violé una vez la ley. No lo haré más nunca.
I
- No pasará nada. Tengo hambre – inició
tímidamente la Cotuda, que hasta entonces había guardado
silencio. L ejos de la Mata de Monte. Desapercibida y solitaria,
perdida en plena sabana entre el pajonal, por sobre el
cual había logrado asomar la cabeza, para no morir
Horas más tarde Oso Hormiguero, cojeando, se abría paso asfixiada, se veía a la fuerza de mirar largo rato para
con gran maestría entre el tupido pajonal dejando un amplio distinguirla, una mata de guayaba.
surco por el cual caminaba la Araguata seguida del mono
fuertemente agarrado a su cola. Las frutas maduras, intocadas, junto con las bayas
deliciosas del lechemiel que medraba también junto al
guayabo, rodaban al pajonal, apenas perforadas por las
II larvas de las mosca frugívoras. De vez en cuando, alguna
ave fatigada detenía allí su vuelo, por breves instantes, para
Llanura; nuevamente la llanura. Esa llanura casanareña seguir luego apresuradamente hacia la Mata de Monte, en
cálida e ilímite, en donde la mirada es corta para abarcar, busca de cobijo seguro, las pirzas y demás aves que
siquiera, un retazo de ella. El llanero, y aquel que la vio una aumentaban su régimen alimenticio con algunas frutas,
vez, la llevan metida en el alma y también en el cuerpo. En preferían las bayas y pequeñas semillas del bosque, que si
el alma, como el recuerdo de una hembra hermosa y cruel, no tan dulces y jugosas, como las que ahora se perdían
a quien se amo sin esperanzas y a quien no se puede entre la paja, no representan el peligro de verse expuestas
olvidar ya nunca; y en el cuerpo, como la cicatriz de una a los ataques de sus enemigos, sin tener en donde
quemadura de las fiebres, de la brisa candente como una guarecerse.
ascua, que torna en tostada y morena la color blanca de la
piel del hombre. Las frutas, podridas a fuerza de madurez, habían terminado
por incorporarse a la tierra, y convertidas en fertilizante,
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comunicaban al pajonal que rodeaba a las dos plantas tan De la mata de monte a la sabana, y de ésta a otro bosque
milagrosamente reunidas, un vigor y una frescura como quien pasea su displicencia por lugares propios y por
desacostumbrados en el resto de la sabana. ende demasiado conocidos, volaba silenciosamente la
arpía.
Desde las más altas tierras de la cordillera, a donde la
llevara la urgencia de la migración vertical, hendiendo los Su presencia fue anunciada no solamente por las pirzas,
aires con los poderosos remos extendidos y el avizorante sino también por Pájaro Pollo, mucho antes de que la rapaz
ojo sondado las profundidades había descendido se aproximara a aquellos lugares. La ansiedad era general.
nuevamente a la llanura, la reina de las aves de presa: la Se hizo un silencio pesado, al cual contribuía la brisa, no
gran Juca, el águila máxima. moviendo siquiera una hoja. El corazón de Pájaro Pollo
parecía escapársele del pecho a fuerza de latir tan
La inmensa cabeza grisácea, de plumaje erguido, que aceleradamente, y lleno de terror, no movía siquiera ni los
remata sobre la corona como un enhiesto moño y que en ojos, afianzando las uñas en la rama cuyo follaje ocultaba
estado de reposo le da un aspecto de fiereza; era, en su del todo su exigua figura.
excursión de caza, aguzada y fina como un estilete pronto a De repente, en lo alto de los cielos, se escucho un ruido
hincarse en la blandura de las carnes. indescriptible. Una especie de silbido estruendoso y espeso
hendió los aires al tiempo que una sombra oscura, como
Lenta, majestuosamente, inclinándose de lado algunas una exhalación, se desplomó verticalmente sobre la
veces, como se inclina una vela en el mar al soplo del sabana, hundiéndose sobre el pajonal precisamente en el
huracán, no era que volara, sino que se dejaba deslizar, sitio que ocupaban las matas de lechemiel y de guayaba,
como impulsada por una suave pendiente. Nada escapaba para ascender un instante después no ya hecha una
a la potencia visual de sus ojos. El más ligero movimiento sombra, sino batiendo las alas fuertemente al elevarse con
de un pajarillo que buscase el amparo de las ramas, apenas dificultad, llevando entre las garras el cuerpo del Araguato,
si le hacía volver la cabeza despectivamente, para luego que se debatía inútilmente dejando oír horribles alaridos,
seguir oteando. De bosque en bosque vagaba aquella que resonaban sin eco sobre la inmensidad de la sabana.
mañana, sin que el ruido alborotado de las palomas
guarumeras, que se precipitaban huyendo; o el alarido de En vano fueron las dentelladas que el mono propinó a los
alarma de los loros; o los gruñidos de espantada del tarsos de la rapaz, protegidos por escudetes que como
chacure, llamasen su atención. Fueron sí, años atrás, armaduras de acero, embotaron el filo de los dientes del
cuando era apenas un aprendiz, las piezas comunes, en las mono.
cuales perfeccionó las artes de la rapiña, destrozando
plumajes, o abriendo el tierno vientre de los pequeños Una vez a conveniente altura, bastaron tres golpes del pico
cuadrúpedos. de la rapaz, que resonaron como tres martillazos sobre el
cráneo de su presa, para vaciarle la masa encefálica,
Cuántas veces, desde grandes alturas, se había lanzado acallando así los gritos de la víctima.
sobre una azorada torcaz, que una vez aprisionada entre
las garras, herida mortalmente, era dejada en libertad para Por sobre la Mata de Monte, en donde todo era expectativa
precipitarse luego tras ella, como un rayo, agarrándola y miedo, cruzo majestuosamente, dejando oír, de cuando
nuevamente antes de que llegase a tierra. en cuando, su característico chillido que llena de sobresalto
aun a los venados mismos, a quienes muchas veces
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arrebataba el cervatillo de pocos días de nacido. En lo alto El venado que parecía el capitán enfocó las orejas hacia la
de un floramillo la rapaz detuvo el vuelo. Pocos minutos lejana Mata de Monte y, estirando la nariz, interrogó a la
bastaron para que del cuerpo robusto del Araguato, no brisa.
quedaran sino unas piltrafas sanguinolentas, prendidas a
los huesos y a pedazos de piel. - No hay peligro – dijo -, el viento habla solamente
de Juca, que con nosotros no se atreve.
Para algo había matado su hambre el mono, en aquellos
pocos días que permaneció junto con su compañera y el - Es muy parecido su vaho al de Gugudú, o al de
hijuelo, al pie del lechemiel y el guayabo que les indicara Galaí – intervino una cierva estornudando -. No puedo
Oso Hormiguero. aguantarlo.

- Todos los comedores de carne – continuó el


II venado – hieden, y es muy parecido su hedor. Juca, Balacù,
Galaì... ¡hieden igual!
En el bosque nadie se atrevía siquiera a respirar. A lo lejos,
otra rapaz con idéntica majestad de vuelo, manchaba de - Caimán, el habitante de los caños, huele también
gris la lejanía azul del cielo despejado, trazando un camino así, - Dijo la cervatilla más joven de todas. – Yo no puedo
aéreo caprichoso e invisible, por el cual se iba aproximando todavía distinguir, como Zamará, cuál es el vaho de Galaì, o
a la Mata de Monte. El águila que se daba el festín, al el de Balacú. Por eso huyo lo más rápidamente posible
advertir la presencia de su compañera, o su enemiga, o su cuando percibo algo parecido a este olor.
hija, dejó oír un agudo chillido que se escuchó a larga
distancia. Este grito, bien podía ser de guerra, o de llamada - Son iguales en hedor y en el ataque. Hay que huir
amorosa, o tal vez, el requerimiento tierno y desinteresado de ellos, siempre, obedeciendo a nuestra ley.
de una madre a su hijo. El grito volvió a repetirse más
sonoro todavía. ¿Seria un aviso a su compañera de que en Entretanto, el águila recién llegada, redoblando sus gritos
determinado sitio había una presa igual a la que ella estaba describía círculos estrechos sobre el árbol donde se
disfrutando? Ningún habitante de la Mata de Monte pudo encontraba la otra. Esta, sin abandonar su presa,
interpretar aquel aviso. Sólo que cada vez que era altivamente erguida, erizando las plumas de la cabeza y
escuchado ponía un grado de terror más en aves y poniendo más enhiesto y abierto aun el penacho, hacía
pequeños cuadrúpedos, y muy especialmente en la girar la arrogante cerviz, siguiendo las evoluciones de la
Araguata que, pegada a tierra como un ratoncillo, esperaba recién llegada, con los ojos luminosos, como cargados de
verse llevada por los aires, como momentos antes entre un electricidad.
estruendo de alas jamás escuchado, lo fuera su
compañero. Ahora no era solamente el águila posada la que De repente, como dos fuerzas que se atraen, se lanzaron la
gritaba. Lo era también la otra, que por momentos se una contra la otra encontrándose en el aire, y oponiendo
aproximaba, establencièndose así un diálogo de gritos mutuamente las garras al zarpazo contrario se trabaron
estridentes, que mantuvo suspensos y con las cabezas como una sola masa, rodando por el aire, entre un estrépito
erguidas, a un rebaño de ciervos que pastaban a lo lejos. infernal, de chillidos y aletadas. Tan ceñidas estaban, que
parecía un solo cuerpo el cual agitasen cuatro potentes
alas.
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hijos a los cuales arroja las entrañas palpitantes, calientes
Antes de llegar a tierra se separaron, para remontarse aún de un pequeñuelo de nuestra tribu, o de un Cotudo,
nuevamente hacia el espacio. Ya se dirigían la una contra la como ahora sucede. A nadie respeta, ni a los de su propia
otra, con la rapidez del huracán, cuando, recogiendo las tribu; pues muchas veces arrebata la presa de la propia
alas, doblegando el cuello y floja toda, como un pañuelo esposa, para devorarla solo; sin más afecto o cariño que su
que se arroja desde lo alto y es llevado por el viento, la propio apetito. – Mirando hacia el bosque con sobresalto,
recién venida cayó a tierra, con el corazón partido por las guardo silencio, pues creyó haber escuchado un ligero
garras maestras de su enemiga que, sabía en el zarpazo, rozar de hojas.
supo a dónde lo dirigía cuando se trabaron en combate
momentos antes. El temor de ver surgir, de un momento a otro, al venado
rival que viniese a disputarle el dominio de sus hembras, lo
Ni un estremecimiento, ni una palpitación, ni un movimiento mantenía intranquilo y siempre en guardia. Era la época del
de alas, anunció la agonía del águila moribunda, cuando celo, y viva estaba en sus recuerdos la derrota sufrida en la
deslizándose entre los hilos verticales del pajonal llegó a pasada estación; cuando por su inexperta juventud tuvo que
tierra perfectamente muerta. Su rival, incitándola al ataque abandonar su rebaño de hembras, al esforzado y viejo rival
la esperaba en el aire, trazando pequeños círculos entre que lo venciera después de una larga lucha en plena
agudos chillidos y con las armas prontas. sabana, bajo los rayos de la luna, sin más testigos que los
ojos dulces, profundos e indiferentes de las ciervas, que
Después de algunos revuelos ágiles y cortos, viendo que su mansamente esperaban la vencedor para seguir tras él, sin
contendora no correspondía al desafío, la rapaz victoriosa reparos de ninguna clase.
regresó a la copa del floramillo, en donde la esperaban las
sobras de su festín, por las cuales se había batido con la Aquella había sido la primera experiencia de su vida. El
maestría y fiereza de su estirpe. primer encuentro con otro venado que fatalmente le
aventajaba en edad, en estatura, experiencia, y número de
cuernas, que como una rama bifurcada, rematando en
JORNADA QUINTA candiles agudos, se abría desafiante sobre el amplio y regio
testuz. Dos inviernos habían pasado desde el día en que,
No solamente las águilas se baten; los ciervos también suelen junto con otras venadas, por seguir tras el reclamo y
hacerlo, pero no por la presa... compañía de un ciervo, la madre lo había abandonado, sin
que intentara defenderlo de las embestidas del venado, que
I no toleraba su compañía en el rebaño.

¿Por qué no entendemos, los zamarás, el idioma de Juca? Cómo fue grande su asombro al ver la indiferencia de la
– dijo la cierva, a quien tanto ofendía el olor de los madre, cuando con el balido de angustia reclamó su ayuda
carniceros. y protección. Meses atrás, siendo un cervatuelo, aquella
madre cariñosa que ahora no quería defenderlo, no toleraba
- No es que no lo entendamos – repuso el ciervo -. siquiera la proximidad de las perdices, temiendo que
Es que su idioma no es más que un grito; grito de rapiña, de ocasionaran algún daño al hijuelo lindo, de lomo salpicado
guerra y de sangre. Con el mismo grito se lanza a atacar de rayas y puntitos blancos y de orejas velludas y suaves
una paloma; se defiende de sus enemigos, o despierta a los como las hojas tiernas del frailejón. Más que cervatuelo,
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parecía un animado juguete de vitrina exótica. Aquellos La cuerna maduró. La piel vellosa y fina que como un suave
eran otros tiempos. Decepcionado vio alejarse el rebaño en guante la cubría, se fue agrietando y endureciendo,
el cual iba su madre, atenta solamente a los caprichos del cayendo a pedazos, a medida que las astas, ampliamente
amo que acababa de arrebatársela. ramificadas, iban tomando la consistencia del marfil.

Vagó solitario por la llanura, sin probar bocado durante dos Ya no era el cervatillo de ayer. Era un ciervo de imponente
días; llamando siempre a la madre sin encontrar respuesta. alzada y pulida piel. Ya no sentía miedo de nada, ni se
Esperaba verla surgir de pronto, contestando a su llamado. acordaba, tampoco, de la madre cuyo olor ya no podría
Así pasó algún tiempo. Se acercó a muchos rebaños, distinguir entre las otras ciervas. A medida que fue entrando
buscándola siempre y de todos fue rechazado con la el verano comenzó a sentir en sus entrañas un impulso y un
amenazadora cornamente del macho déspota y absoluto anhelo nuevos, que lo impelían a algo que no acertaba a
que los capitaneaba. definir. Buscaba la compañía de los de su tribu, con una
ansiedad y un cariño muy distintos de los que sentía
cuando buscaba a la madre.
II
Oliscando la brisa y husmeando entre la paja tierna,
Un buen día, al dirigirse al caño para abrevar, al meter la siempre en busca de olor que presentía; que sin haberlo
cabeza por entre la tupida ramazón, sintió un agudo dolor olido le quemaba la sangre, vagaba de la sabana al bosque
en el testuz. Se había herido con una espina la naciente y del bosque a la sabana.
cuerna, que cubierta de una piel vellosa y gris, era tierna y
quebradiza como un tierno bretón. Comenzó a enflaquecer Una tarde después de haber errado sin rumbo, interrogando
y huyendo de las moscas que lo perseguían para chuparle siempre a la brisa; después de haber afilado y pulido contra
la sangre de los blandos y jugoso candiles, se refugiaba en los troncos de muchos árboles la limpia cornamenta, se
la maleza; o buscaba las plantas altas y ventiladas de la detuvo de repente. El viento había traído hasta su nariz
sabana en donde la brisa fuerte impedía que las moscas le aquel olor perseguido durante tanto tiempo, y alzando la
revolotearan sobre la cabeza. cabeza lanzó por primera vez el balido de amor. El grito del
sexo que reclama el sexo, cuyo eco, cabalgando en la
Se había convertido en un solitario. Huía y tenía miedo de brisa, se fue dispersando por la sabana hasta perderse en
todo; porque el instinto le decía que al ser atacado no la lejanía. Repitió la llamada, y husmeando la brisa con la
podría defenderse con aquellas armas que apuntaban, nariz cuajada de gotas de humedad, llegó hasta él; hasta
como dos tallos incipientes y quebradizos. Soportó el sus entrañas mismas, la emanación del sexo contrario que
hambre durante muchos días y noches. Buscó para le hizo erizar el pelamen desde la cola a las orejas, y, presa
esconderse la más tupida maleza, de la cual no se atrevía a de un acceso raro; de algo así como un delirio de alegría,
salir, presa de un temor instintivo que no había conocido de súplica y de dolor se lanzó al encuentro, dando
antes, sino ahora cuando comenzaba a ser un ciervo inmensos saltos, de una cierva joven que amorosa y
adulto. dulcemente acudía a su llamada.

Transcurría el tiempo. El invierno comenzó a decrecer. Las Llegada la noche, tranquilo ya el venado la llevó a su
aguas aposadas en la sabana iban descendiendo hacia los querencia; a sus propios pastaderos por donde había
caños y dejando a su paso inmensas manchas de verdura. paseado su soledad, y entonces sí entendió el por qué del
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abandono de la madre, cuando muchos meses atrás lo los de las paletas parecían estallar. Con los espinazos
dejara entregado a sus propias fuerzas. Era la época de encorvados, resoplando fieramente; hundidas las pezuñas
celo, que coincidía con el reventar de las orquídeas en las en el piso y con los ojos que parecían iban a salirse de las
matas de monte, cuyas flores simulaban gigantescas órbitas por el esfuerzo continuo, ninguno cedía terreno al
piedras preciosas, colgadas de los árboles. Una mañana, otro. Entretanto las venadas pacían tranquilamente; o se
llegó hasta la pareja otra venada, adulta y de bello pelamen rascaban el anca dando pequeñas mordiscadas,
que fue admitida sin reparos por la cierva joven, y acogida indiferentes a esta lucha que nada tenía que ver con ellas.
con grandes manifestaciones de alegría por el venado. ¿Y de qué asombrarnos?
Tranquilos iban de sabana en sabana, paciendo siempre
pastos frescos, o ramoneando en los arbustos. ¿Acaso, en la función de la reproducción, las hembras de
algunas especies no constituyen, pues, nada más que el
Después de algún tiempo de tranquila convivencia, una molde, la vasija en donde tuvo vida y se ha de formar el
noche, al conducir a sus compañeras al abrevadero, les nuevo ser, sin que la parte afectiva, sentimental y amorosa
salió al encuentro un venado cuya talla sobrepasaba la del entre para nada en tal función? La vida del macho que se
enamorado y feliz galán. El erguido y membrudo cuello del reproduce, la suerte que pueda correr durante el himeneo,
recién llegado más parecía el de un toro joven, que el de un les es perfectamente indiferente; y en algunas, como ciertas
ágil venado. En los amplios costados, entre el pelamen especies de arañas, en los alacranes languedocinos y
leonado y maduro por la edad, se veían varios rayones otras, ¿no hacen, acaso, del rendido amante, el simbólico
negros, desprovistos de pelo, que denunciaban largas pastel de bodas, devorándolo tranquila y ávidamente una
cicatrices de rudos combates. vez cumplida su misión? El zángano que fecunda a la reina
de la colmena, en las alturas infinitas a donde lo lleva su
El venado joven, sorprendido, hiriendo con los cascos sed de amor, ¿no entrega como un trofeo nupcial sus
delanteros el duro suelo, que resonaba como un tambor de propias entrañas, que quedan adheridas y pendientes del
guerra, le retó a combate dejando oír un ronco resoplido. El abdomen de la reina una vez fertilizada, como largas
otro pareció no hacerle caso y con pasos confiados, banderolas ofrendadas en tributo del amor?
tranquilos, como de quien llega a su propia casa, se dirigió
a las hembras que no lo rechazaron al iniciarles un intento Continuaba la lucha de los venados sin que ninguno cediera
de caricia. Cegado por los celos y la cólera, el ciervo joven una línea de terreno al contrario; pues al hacerlo estaría
partió como un rayo, con la cabeza inclinada, apuntando perdido, porque en la marcha atrás, al relajarse los
con las astas al cuerpo del intruso. músculos y perder la posición de arco, formada por el
espinazo y las patas, sería arrastrado por el adversario, que
Este lo esperó sin retroceder un paso, arqueando el cuello y al ganar terreno podría a su antojo herirlo en los costados o
oponiendo su testa, admirablemente armada, a la del en el propio vientre.
atacante. Con un sonido seco resonaron las cornamentas al
encontrase violentamente. De repente, los músculos de los brazos y los del cuello del
ciervo joven, comenzaron a temblar. Demasiado esfuerzo
Inclinados ambos, pegando casi las narices al suelo y era aquél, para sus pocos años, y sintiendo que las
juntas las frentes como si estuviese soldadas la una a la vértebras cervicales se incrustaban la una entre la otra; que
otra, en un derroche de esfuerzo; cada uno se empeñaba las rodillas se doblaban, agotadas por el esfuerzo, y que
en hacer retroceder al contrario. Los músculos del cuello y delante de los ojos se ponía una como niebla vaporosa que
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le impedía ver; dejó oír un balido lastimero, y hurtando lo
más rápidamente que pudo el cuerpo, empujado
violentamente por su adversario hacia atrás, emprendió JORNADA SEXTA
veloz huida hacia el cercano bosque, sin ser perseguido por
su contendor. Antes de penetrar en la maleza, se detuvo; y “Por algo te hicieron cojo”, dice Pájaro Pollo. - ¿Qué sabes tú
bajo la luz de la pálida luna, volvió los ojos hacia sus Cuándo se comete una cobardía, o se ejecuta un
compañeras, que no se dieron cuenta de aquella mirada, Acto de abnegación y de prudencia?
atentas como estaban al olisqueo tibio y húmedo que a sus
ágiles flancos prodigaba el venado vencedor.
I
Momentos después, las venadas, que apenas si se habían
dado cuenta del cambio de esposo, se dejaban conducir por Estamos lejos de Juca y aún siento su hedor – dijo
éste hacia el abrevadero, para ser llevadas luego a lejanos nuevamente la cierva estornudando -, mejor sería que nos
pastaderos. alejásemos, para estar tranquilas. Cada vez que me inclino
sobre el pasto tropiezo con ese hedor que me pone a
III temblar y me impide probar la hierva.

- Yo también lo siento y me parece que cada vez


Humillado por la derrota, el vencido buscó el refugio de las llega de más cerca – añadió una de las venadas adultas -.
sombras. La estación fue pasando. Las hembras, grávidas Pero como Zamará, que debe saberlo mejor que nosotras,
ya, cumplida la misión que las había congregado alrededor dice que no hay peligro; que es Juca el que huele, no tengo
del ciervo, se iban disgregando de los rebaños, por voluntad miedo alguno y puedo comer tranquila.
propia, tal como habían llegado. La cuerna de los machos,
como una muela vieja que se desprende del alvéolo, se fue Atento como estaba el venado en captar la brisa, a la
aflojando más y más cada día, hasta rodar por el suelo; espera de encontrar en ella, noticias de la proximidad de
como ruedan confundidos entre el polvo, al final de un algún odiado rival, no hacía caso alguno de la inquietud de
festín, los ornamentos que le dieron lucidez y vida. Con el sus hembras; ni tampoco de las crecientes emanaciones a
verano venidero llegaría una nueva cuerna; tan pulida y carnicero que continuamente llegaban mezcladas con la
dura como la que ahora había caído. Vendrían, también, brisa.
nuevas hembras y por su posesión se presentarían nuevos
y rudos combates. Sabía que Galaí no estaba ya en aquellas sabanas, y en las
continuas andanzas de su vida anterior de solitario no había
Por ello, el vencido de ayer, era hoy un apuesto y encontrado enemigo alguno que lo inquietara. A esto
experimentado ejemplar, que ardía en deseos de cobrar la obedecía su permanencia en las proximidades de aquella
derrota sufrida en la pasada estación; y de imponer a otro la Mata de Monte, en donde se había desarrollado la lucha de
soledad y amargura que él había experimentado. las águilas y en la cual se ocultaba en las horas de calor,
para dormir una tranquila siesta.
Usando todos sus sentidos, vivía en un eterno alerta;
esperando el peligro porque sabía que el rival llegaría, en Apenas tuvo tiempo para volver la cabeza, al sentir que
un instante cualquiera, irremediablemente. algo que se había disparado con gran ligereza, entre la
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paja, había dado un fuerte golpe a una de las ciervas, un mandato, al cual no pudo sustraerse; pues, al olisquear
haciéndola balar de terror. la brisa con las dilatadas fosas, recibió, como una caricia
anticipada, las fuertes y acre emanaciones del macho que
Formando grandes arcos que la cruzaban por sobre los la encadenaron para siempre, sometiéndola a su despótica
lomos y la cabeza, cerrándose después en forma de voluntad.
gigantescos anillos, que la envolvían toda, como si hubiese
sido un atado, enrollada por una fuerte y larga cinta, se Momentos después los anillos del güio comenzaron a
debatía la cierva, sintiendo cómo una inmensa tarasca, al envolverla de nuevo, entre un nuevo crujir de huesos rotos,
morderla en la paletilla, la había derribado, ciñéndola luego cuyas astillas, unas perforaban la piel asomando como
en mil abrazos que al cubrirla por todos lados comenzaba a espolones, y las otras se hundían en la carne magullada,
asfixiarla. reblandecida por la presión a que era sometida.

Gugudú, estirándose cuanto le era dable, adelgazado ya - No solamente Juca mata y derrama hoy la sangre
como una hebra para abarcarla más y mejor, acababa de de sus propios hermanos – chilló Pájaro Pollo en la cercana
apresar entre sus anillos a la inexperta cervatuela, de Mata de Monte -. Sino que ese tragón, Buche sin Fondo,
apenas un invierno de nacida, cuyos balidos de auxilio sólo que nos mira a todos con ojos de apetito insaciable, ha
sirvieron para ahuyentar más a la despavorida tropa, que dado muerte a la más pequeña de las venadas de Zamará.
sin prestarle auxilio alguno huyó por la sabana con el Y han huido todos en tropel, con el capitán a la cabeza
venado a la cabeza, entre el repiqueteo de las pezuñas al como todo cobarde, cuando bien podía todavía acometerlo
herir la endurecida tierra. La finura de su olfato no la había a pezuña, y reducir a trizas a esa víbora gigantesca, que
engañado. Por más que Zamará garantizó no haber peligro, nos tiene amenazados, a chicos y grandes, no dejándonos
diciendo que era Juca el del hedor, ella comenzó a temblar vivir en paz en esta Mata de Monte, tan tranquila
desde que presintiera el peligro. Fue tal su miedo, que sus anteriormente.
sentidos se entorpecieron en tal forma, que no se dio
cuenta cuando el reptil, en acecho desde la mañana, se le - Ayer era Galaí – continuó, quien nos hacía
fue acercando lentamente, hasta alcanzarla de una permanecer mudos y temiendo a todas horas. Hoy es
tarascada. Buche sin Fondo, que ha quedado como amo absoluto de
esta comarca. Cuando llegó Balacú, sentí verdadera
Solamente dejó de balar cuando ya le fue imposible bajo la alegría. Creí que sus garras acabarían con ambos, y que al
presión de los anillos del güio, los que como una tenaza fin nosotros, los que no comemos carne, no siquiera
comenzaron a cerrarse, apretándola hasta dejarla hormigas, ni hacemos mal a nadie, íbamos a estar
convertida en un nudo. Retorcida brutalmente. Con la tranquilos. Pero, esa lombriz de pantano, gorda a fuerza de
cabeza hundida entre la carne pulpa de las ancas; con el delitos, echó a perder los planes de Balacú y lo mató
espinazo roto en más de cinco partes, resquebrajada y cuando todo comenzaba a ir. Y aquí estamos, sin nadie que
convertida en una masa blanda, apareció por un instante nos garantice el derecho que tenemos a vivir.
libre de los anillos del reptil. Era la víctima una cervatuela
pequeña y tierna como una fruta tierna; que ayer, nada - Tú no eres una presa para Gugudú; no chilles
más, la madre dejara abandonada y a cuyo desamparo tanto. – Dijo desde la sabana Oso Hormiguero, que lo había
llegó, como una campanada de consuelo, la llamada visto y escuchado todo. – Primero me insultaste a mí, sin
imperativa del ciervo; que siendo una súplica, era también haberte hecho daño nunca. Insultaste, también, a los
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cotudos, y no hay ocasión en que no ofendas a Gugudú. ¿A cuándo puedan ser mis enemigos. Tus chismorreos
Zamará le acabas de llamar cobarde? ¿Qué sabes tú imprudentes, han llamado muchas veces la atención de
cuándo se comete una cobardía, o cuándo se ejecuta un Juca o de las grandes águilas; y corriendo yo, quizás, más
acto de abnegación y de prudencia, en que hay que vencer peligro que tú de ser atacado por una de estas carniceras,
primero al orgullo ofendido, al amor propio humillado, en he sentido alegría al darme cuenta de que la presencia de
obsequio a aquellos que necesitan de nosotros para poder estas rapaces es lo único que logra hacerte callar. Sólo el
vivir, pues somos el sustento y el pan que ellos comen y miedo te hace enmudecer.
que, al arriesgar nuestra vida, al cobrar una felonía,
comprometemos la vida de ellos también? ¿Por qué - Guarda eso como un regalo – dijo el Oso, tratando
insultas a todo habitante de este Llano, si nadie se ocupa de localizar con sus ojillos entre lo alto del ramaje, a Perico
de ti? Ligero, cuya tonalidad de pelamen guardaba una perfecta
armonía con el color gris pardo de las grandes hojas de la
- Por algo te hicieron cojo – rezongó Pájaro Pollo -. cecropia, quedando así mimetizado.
Anda a aprender a caminar y luego vienes a asustarme con
esa planta que tienes. ¿Quién ha nombrado aquí, a esa otra - ¡Juca, Juca vuelve! – gritó una pirza volando
monstruosidad que tiene vara y media de nariz que mete angustiosamente.
entre los agujeros de la tierra, y, cuya lengua, como una
sierpecilla pegajosa recorre las galerías de los hormigueros, Oso Hormiguero levantó la cabeza y se quedó mirando
para sacar prendidos a ella, gran cantidad d estos largo rato. Después de una minuciosa observación, dijo en
despreciables insectos. ¿Cuál es aquel habitante de los tono de burla:
Llanos que quiera mantener amistad con este ser
estrambótico, que siendo un comedor de hormigas, lo - Ya puedes envalentonarte de nuevo. Cucaracha
llaman oso? ¿Será un oso sin dientes, porque éste no los emplumada. No es Juca el que viene, sino Guara.
tiene; y por qué teniendo una cola deforme no lo llaman
Rabo de Escoba?
JORNADA SEPTIMA
- No quiero la amistad de nadie, porque no la
necesito – intervino desde lo alto de una cecropia Perico El denigrado escarabajo sagrado de los egipcios. –
Ligero -. Mucho menos desearía ser amigo tuyo. No todo, en la Naturaleza, ha de ser mariposas que se
alimenten del néctar de las flores.
- ¿También tú, oruga dormilona, te atreves a
defender a seres que no son de tu tribu y que pueden I
devorarte de un momento a otro, como Gugudú, o que
repugnan a la vista como Rabo de Escoba? Que la Naturaleza a veces se equivoca, lo han asegurado
muchos. Sea de ello lo que fuere, Pájaro Pollo no era la
- No conozco de cerca de nadie. Sé que Oso equivocación del Llano. Detestado de todos, era el centinela
Hormiguero es mi pariente cercano. Y si no lo es, tanto él que anunciaba el peligro para todos. Así se trate de un
como yo vivimos sin dientes. Mi sistema de vida me impide enemigo pequeño, cuyo único objetivo fuese la caza de
hacer amistades; pero a fuerza de oírte hablar mal de todos insectos. Era una especie de ser fanático, obcecado por la
los que vivimos aquí, he llegado a simpatizar con ellos, aun idea de vigilarlo y denunciarlo todo para provecho de los
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demás, y mengua de sí mismo. Cuántos pájaros succión y el cuerpo mismo, hasta alcanzar aquel elixir que
encontramos así, a cada paso, en otros órdenes de la vida. no encuentra en otra flor y que constituye la clave de su
Si el güio se movía en alguna dirección antes de llegar a vida.
cualquier lugar, ya Pájaro Pollo lo había denunciado.
¿Acaso, también, en el reino animal, la perdiz llamada de
Que una cierva ocultaba a su hijuelo entre la maleza, que lo las nieves no cambia su vistoso plumaje de verano, por el
estaba amamantando o simplemente lo oliscaba, ya lo plumaje blanco que la confunda con la nieve, para poder
sabía todo aquel que quisiera escucharlo y aprovecharse sobrevivir a los ataques de sus enemigos? ¿Y el lagarto; el
del aviso. En cambio, también, cuando los grandes humilde y común lagarto, a fuerza de querer sobrevivir, no
merodeadores se acercaban, ya fuesen estos de pelo o de ha llegado a obtener la propiedad de cambiar el color de su
pluma, odas las especies se ponían a cubierto; huyendo a piel, adaptándolo al color ambiente, ya sea éste el rojizo
tiempo o escondiéndose antes de que el enemigo tuviera amarillento del barranco arcilloso, o el gris oscuro del
tiempo de presentarse. pedrusco a donde llega a recibir el sol, o finalmente el verde
claro del follaje donde acecha a la mosca? ¿Entre las aves
Pájaro Pollo no era una equivocación. No estaba por tiranidas, de régimen insectívoro integral, algunas especies
demás; como se ha dicho de muchas especies de insectos, no logran engañar al incauto insecto abriendo las plumas de
reptiles y cuadrúpedos, cuya vida apenas se conoce la cabeza que imitan una roja y abierta flor, hacia la cual
superficialmente, quedando oculto en el misterio de las dirige el vuelo el inocente abejorro para morir aprisionado
selvas el papel que desempeñan en la comedia, en la cual entre el pico del inteligente pájaro?
el hombre es el primer actor.
Hemos de creer, antes que todo, en la inteligencia de los
Cuántas abejillas diminutas, que no recolectan sino el animales, cuyos grados de evolución, a medida que el
néctar que necesitan para vivir, son indispensables a la vida mundo se transforma, han llegado a tanto, que es necesario
de ciertas flores, que de otra manera no serían fecundas, colocarlos por encima del instinto ciego, inmutable, aunque
pereciendo así la especie por esterilidad al ser imposible el vario y poliforme, con que la Naturaleza ha dotado al reino
contacto entre los órganos masculinos y femeninos, que de los vegetales, con los cuales s han operado maravillas,
viven dentro de la misma corola; o cuya simiente masculina sí, pero por obra de la inteligencia humana, que cruza, los
es llevada a larga distancia en la cabeza o espaldas del híbrida y los perfecciona a su acomodo; en tanto que los
himenóptero, hasta la casta y complicada flor femenina animales salvajes han evolucionado por cuenta propia,
que, sin este diminuto insecto, perfectamente inútil para otro urgidos por la necesidad de adaptarse a nuevas
acto, habría muerto agostada; como un esposa que muere condiciones de vida, cada vez más difíciles y precarias.
esperando al esposo que no ha de estrecharla nunca.
Quién, sin la necesidad de subsistir, ha perfeccionado el
Se dice que ha sido la inteligencia de las plantas, cuya flor pico de las cypselidas y las hirundinidas, haciéndolo corto,
ha adoptado sus órganos a la conformación del cuerpo del ancho y achatado en la base, con la boca profundamente
insecto, goloso de sus azúcares. Más, sin afirmar nada hendida, para poder abrirla como una copa redonda y
creemos que haya sido el insecto, el que a fuerza de una profunda y coger al vuelo el abejorro, o la mariposa que
larga y dura lucha por penetrar las profundas y apretadas cruzan por los aires desapercibidamente.
entrañas de la flor, tras el perfumado néctar que guarda en
el fondo, haya ido modelando la cabeza, la trompa de
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¿Ha sido el colibrí el que ha adaptado el pico y la
lengüecilla, para alcanzar el fondo de la flor y succionar el No son los terrenos en donde de han establecido apriscos,
néctar; o ha sido la flor la que se ha alargado, colocando en fértiles simplemente por la acumulación superficial de
el fondo del cáliz el alimento solicitado por el pajarillo, para heces. Son altamente fértiles por la inoculación y
adaptarse a la forma y extensión del pico de éste? transformación química que los vegetales digeridos
verifican lentamente estos “despreciables” escarabajos.
II
Cada galería o comedor subterráneo de estos insectos es,
Al hablar de las criaturas a quienes se juzga inútiles, o también, un canal por el cual penetran las aguas lluvias,
monstruosas, nada más que porque no presentan aspecto vivificando las tierras y complementando la labor de
ninguno de belleza o poesía, sino que, más bien, muestran inoculación de fertilizantes llevada a cabo por estos
la faz grotesca del papel que les tocó representar en el calumniados y valiosos auxiliares del hombre del campo.
drama universal, algún ilustre autor europeo, cuya obra Aquí tenemos, si no un aspecto bello, sí un aporte
respetamos y hemos admirado siempre al referirse al valiosísimo de este coleóptero y sus similares excavadores,
insecto en sí, lo define en la siguiente forma: “El insecto a la conservación de los suelos, de los cuales deriva todo
ofrece algo que no parece pertenecer a las costumbres, a ser vivo el sustento.
la moral y a la psicología de nuestro globo. Diríase que
viene de otro planeta, más monstruoso, más atroz, más Y la lombriz de tierra... Qué diremos de esta obrera agrícola
infernal que el nuestro...” y para afirmar su definición, cita de la oscuridad, que alimentándose exclusivamente de
en primer término al Escarabajo Sagrado de los egipcios, al tierra, va intercambiándola. Llevando la de las capas
escarabajo pelotero, que diremos nosotros, cuyo alimento superficiales a la profundidad, y las de ésta las va
exclusivo lo constituyen las heces de las caballerías, con depositando a flor de suelo, en forma de afloraciones
cuyos componentes, más cargados de jugos, forma unas apelotonadas, finamente molidas y grasas, aptas en
pequeñas pelotas que acarrea hasta el fondo de una extremo para la agricultura.
subterránea galería, en donde se entrega a devorar y
digerir aquello que ya ha sido digerido, hasta agotarlo por Las galerías o agujeros que va excavando esta lombriz,
completo. permiten una fácil remoción de las tierras; aparte de la
aireación que le establecen. ¿Hemos de condenar a esta
A simple vista, la misión nada delicada y poética, y sí ignorada criatura porque se alimenta no ya de pétalos de
altamente repugnante, encomendada por la naturaleza a flor, ni siquiera de bosta alguna, sino simplemente de tierra,
este coleóptero, puede ser motivo de censura y desprecio de escueta y cruda tierra, de la cual apenas aprovecha
para quien estudie solamente esta faz; pero no para aquel pequeñas porciones de materia orgánica, para devolverla
que ve en este y otros escarabajos similares, el papel de mullida, suave y grasosa; ejecutando así una labor que
hábiles químicos y cirujanos de la corteza terrestre, en la ninguna complicada maquinaria agrícola podría realizar?
maravillosa obra de inocular el terreno, de llevarle hasta las ¿Hemos de considerarla, pues, como un ser grosero y
entrañas, aquella materia nutricia que le ha sido sustraída; monstruoso, porque se alimenta de tierra?
de devolverle, en forma de abono redigerido, todas las
sales minerales, los elementos nitrogenados, fosfóricos, Así en todos los órdenes del universo. No hay criatura, por
potásicos y de cal, extraídos por las plantas, y de pequeña, deforme y despreciable que parezca, que no haya
reincorporarle la materia orgánica lentamente perdida. sido creada para desempeñar un papel, o muchos al mismo
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tiempo. Sólo que la falta de observación y de estudio, o la cernía sobre él, trazando lentos círculos y espiándolo
presteza con que se llega a conclusiones tomadas la cuidadosamente.
mayoría de las veces en ambientes de estufa, o laboratorio
que no son, propiamente hablando, los ambientes naturales - Aquel me cree muerto – se dijo el güio -; no me
en que vive la especie observada, hace que se la condene moveré, para ver por donde comienza a meterme el pico.
y calumnie en muchos casos. ¿O será que, en realidad, huelo a muerto, o lo parezco
después de tan prolongado ayuno?
JORNADA OCTAVA
Después de revolar durante algún tiempo, se abatió el
La sangre de la tierra, al ser sacada de sus venas, torna en gallinazo, agitando fuertemente el aire y posándose a pocos
árida aquella misma tierra en donde sea regada. pasos del reptil. Su cabeza implume, de un sonrosado
ingenuo, que le llegaba hasta el pescuezo, se inclinó casi
I hasta el suelo, para mirar los ojos del güio, cuyos párpados
permanecían cerrados. Este detalle lo detuvo, cuando ya
No sin algún trabajo, logró el güio sorberse entera aquella anticipadamente creía saborear este primer bocado de
masa blanduzca, convertida en papilla, contenida dentro de reglamento. – Si estuviese muerto – pensó -, los ojos
la piel de la cierva. Primero fue el cuello que, deformándose estarían abiertos; turbios y secos.
al paso de la pitanza, con un diámetro varias veces superior
al de la cabeza, mostraba una insólita protuberancia. Se decidió a esperar antes de atreverse a nada. Gugudú
apenas si respiraba. Cansado de esperar, viendo que
A medida que las contracciones de la garganta y el esófago Guara no se atrevía a pellizcarlo, que ni siquiera se había
empujaban la masa hacia abajo, la deformación iba movido del lugar en donde se había posado, dijo de pronto:
decreciendo, hasta quedar detenida entre la cavidad
estomacal; en donde el proceso de disolución comenzaría - Tendrás que conformarte con algo más pequeño
en breve, entrando en juego los ácidos gástricos que yo.
disolventes, y el alto poder de absorción de la mucosa
intestinal. - No hueles a carroña todavía – contestó Guara,
alejándose a prudente distancia con toda la celeridad que le
Sin querer transportar a ningún sitio el peso de varias permitían sus piernas -. Ha sido por curiosidad – añadió.
arrobas que llevaba dentro, el reptil se dispuso a esperar el
proceso digestivo allí mismo; en plena sabana descubierta, - Qué curiosos somos cuando tenemos hambre. Yo
y dormir entretanto una siesta que, según las sentí una curiosidad igual a la tuya por ver de cerca de una
circunstancias, sería de varias semanas. de las hembras de Zamará; y me gustó tanto, que ahora la
tengo aquí, dentro, para que no se me escape.
Ya comenzaba a entrar en letargo sin cuidarse siquiera de
recogerse en ondas, sino tirado cuan largo era, cuando sus - Iguales las he comido apenas dos lunas. Pero a
ojos, con ese poder de movilidad de que han sido dotados, pedacitos y no enteras como lo haces tú. Hay que
sin alzar la cabeza, vieron de Guara, planeando en el aire saborear...
con una elegancia y majestad dignas de mejor estirpe, se
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- Por hoy no tienes mucho que comer – dijo el güio -.
Apenas una presa pequeña, que viste pluma, como tú. Está “Los Guaras les estamos muy agradecidos. Vamos siempre
esperándote desde hace largo rato, antes de llegar a la tras de ellos completando su labor. Ellos matan, nosotros
mata. comemos. Así hemos llegado a probar bocados que en otra
forma nos hubiera sido imposible. Alguno de los Galaís
- Qué generoso estás con tus sobras. mató en un solo día tantos pájaros, entre ellos tantos
carpinteros, que por la tarde, incapaz de cargarlos por el
- Mías no; pero si te demoras en buscarla, sólo peso y porque ya olían, los tiró. Nosotros vimos el montón,
encontrarás las sobras que te hayan dejado las hormigas. y allí encontramos en qué entretenernos algunos de mis
Hubo pelea de Jucas, y la que murió podrá servirte de algo. compañeros y yo.

- Tu generosidad me hace pensar que necesitas - Dicen otros más viejos – continuó Guara -: que
algo de mí. No esperes que más tarde te indique en dónde hace ya muchos, muchos inviernos, así comenzaron estos
podrás cazar – repuso Guara y continuó -: En cambio de la Galaís al otro lado del gran Río Turbio, del cual nos separa,
muestra de amistad que me das, te diré algo que te apenas, esta serranía que tú no puedes ver. Pero que yo,
conviene más; y es que, desde hace ya varias lunas, viene cuando sediento de descanso me remonto hacia el azul, la
hacia acá una tropa numerosa de Galaís. Traen viviendas veo como una raya negra desde allá arriba.
que mueven de una sabana a otra y todos los días están
agujereando y revolviendo la tierra de los sitios a donde “Eran esos campos, dicen los abuelos, más tupidos de
llegan, con grandes truenos que resuenan en la llanura peor selva que estas matas de monte. Las orillas del gran Río
que el Gran Trueno de los cielos. Turbio en esos parajes, apenas eran pisadas por las tribus
de esos Galaís que siempre han vivido allí, sin hacer daños
“Son muchos. Mientras los unos buscan en lo profundo de a la selva, ni a la tierra, ni a los habitantes de pelo o de
la tierra, qué sé yo qué sustancias, los otros pasean la pluma que los poblaban.
llanura y van dejando marcas, que he visto desde arriba,
que resaltan como las que dejan las babosas, para señalar - ¿Qué? – interrumpió el reptil.
su paso entre un sembrado de legumbres.
- No digo mentiras, tú lo sabes Gugudú – contestó
“Al mismo tiempo otros, con pequeños truenos, que sueltan Guara y prosiguió -: Si vieras ahora esas tierras como las
contra nosotros, no perdonan ni a los más pequeños he visto yo. Hasta el color les han cambiado. Aquel no es un
pájaros. Las ardillas huyen aterradas, muriendo insoladas color de tierra, es un color negro, más fúnebre que el color
en la sabana, ahogadas por el calor del pajonal, y las que de mi plumaje; y parece que a aquellas tierras les cae muy
logran llegar a otra mata de monte, son recibidas a truenos, bien ese color de luto porque están muertas, no produce
que les sueltan unos tras otros. A Perico Ligero, que no nada, ni siquiera hierbas venenosas. Todo es árido, negro,
gusta de moverse, ni huir, tuve que darle piadosa sepultura impregnado de un olor repugnante que envenena el
en mi estómago. Le soltaron muchos truenos, cayó al fin ambiente y mata hasta las mariposas que llegan a
medio vivo. Lo miraron un momento, dándole patadas para acercarse a aquellos campos.
voltearlo de un lado a otro y satisfecha su curiosidad, lo
dejaron y se fueron tras las guacamayas, que en esos Hizo una pausa para ver cómo el güio comenzaba a
momentos llegaron haciendo un imprudente alboroto. recogerse, doblándose en grandes ondas, y continuó:
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matarán para sacarte la piel ya que no aprovechan tu
- Los viejos Guaras, con quienes aprendí a viajar, al sangre y tu carne, como la de la tierra. Luego te dejarán, y
preguntarles por aquello, me dijeron que era la sangre de la yo, con mucha tristeza al recordar tu buena amistad, tendré
tierra que la estaban chupando, y que al regarse por el que comerte cumpliendo la ley nuestra; cada cual a lo suyo.
suelo lo tornaba en árido y seco como un pedrusco, en
castigo de los que así procedían. - Guara – le dijo Gugudú disponiéndose a regresar a
la Mata de Monte -, ha pasado el tiempo y las hormigas no
- ¿Está muy lejos el gran Río Turbio? – interrogó te dejarán sino los huesos, me voy.
Gugudú interesado por el relato.
- Lo que menos nos falta ahora es comida. Ya
- ¿Qué importa que esté lejos, si ya están aquí los pueden hartarse las hormigas. En las sabanas en donde
que mañana harán de esta inmensa llanura otros campos está establecida la tropa de Galaí, encontramos a cada
negros como los que están en la ribera del Río Turbio? paso zamarás, chigüiros, osos hormigueros y de ves en
cuando alguna danta, que después de recibir los truenos,
- Me alegro que así sea. Que estén aquí cerca. A huyen heridas a morir silenciosamente a sus querencias, en
partir de hoy serán sagradas para mí todas las serpientes donde no tengan que agregar a sus dolores la presencia, o
venenosas que cada paraje rico en habitantes de pelo y el odiado olor de Galaí.
pluma, guarda para defenderse. Rabo Seco podrá agitar las
campanas de muerte de su cola, cuanto quiera. Las Tayas, - ¿Te sobra la carroña...?
Cuatronarices, voladoras y corales y canto pariente
venenoso o no, haya aquí, ya no será mi alimento natural, - Somos muchos y le damos a diario. No nos
sino las defensas de esta región. Que cumplan la misión quejamos.
que se les ha encomendado.
- Vete, Guara, nos ha llegado el momento de cumplir
- No te entusiasmes mucho, ingenuo morador de los con nuestra misión.
bosques. ¿Qué podrías hacer tú y toda tu legión de
parientes, contra esta otra legión, que manda en el trueno y Cada cual tomó su rumbo. El uno reptando pesada,
es capaz de extraer la sangre de la tierra? lentamente, por entre el pajonal; el otro, después de una
pequeña carrerita a saltos, casi ridícula, abrió los remos y
- ¿Qué haremos? Pues... matar, como tú dices que se remontó a los aires.
hacen ellos con nosotros.

- Mientras tú y los tuyos matéis a uno o dos, si es JORNADA NOVENA


que tenéis valor suficiente, ellos arrasarán con todo.
Tierra buena, rica, mansa, hasta para los desmanes. –
- Pues ya que nos arrasan, moriremos arrasando Araguato aprende el grito de la raza.
también, como lo manda la ley del bosque.
I
- No es conveniente – agregó Guara, sacudiendo las
alas sobre los costados – que te arriesgues mucho. Te
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Oiga, don; aquí ta prohibido marisquiar, o pa hablale claro, quel dueño desta sabana, es dueño hasta de los micos y
aquí no se puede cazar. – Gritó a lo lejos el jinete llanero pájaros que viven en ella.
acercándose al galope, a un grupo de hombres que
apostados a orillas de una pequeña mata de monte, - Stop, Flaminio, stop – intervino el geólogo y
disparaban sus escopetas a cuanto animalillo de dejara ver. dirigiéndose a Misael, añadió -: decir su manager venir
Era la tarde de un día sábado. aquí. To speak, mi hablar.

- Quí raro – contestó al jinete, que paró en seco, un - Oiga don – contesto Misael empinándose sobre los
hombre alto, enjuto, de piel enrojecida y cabello claro -, aquí estribos -, mi ese manager que usté dice, si es que se
nadie prohibir... – y después de un momento de vacilación refiere al blanco, ya le dije que se llama Juan Ramón Galán.
agregó -: I am; my company tener permiso Minister of War. Si tuviera aquí, él mismo habría venido, porque también
habla en jurungo, pero actualmente ta en Bogotá.
- Pero aquí no le sirven, don; porque estas sabanas
no son del gobierno, sino del blanco Juan Ramón Galán. - ¿Conque es el jullero y no el patapelúa, el que
viene a prohibirnos el marisqueo? – añadió Flaminio, en
- ¿Quí blanco? – contesto sonriendo el mismo torno de burla -; ¿qué otra cosa manda?
hombre, que parecía el jefe de aquel grupo, al mismo
tiempo que dirigía una mirada de congraciamiento a tres - Si mandara yo, te tendría en la gayola – replicó
hombres como él, y a varios peones que los acompañaban, Misael -, agradecé que estos jurungos no saben qué clase
portando las municiones -, aquí no blancos, haber poco de alacrán se han echado al seno, al almitir tu compaña.
blancos in these countris.
Mientras así replicó Misael, el geólogo hablaba en inglés,
- Ta bien, don – contestó imperativo el jinete -: aquí con otro de los que formaban el grupo, igualmente vestido
no blancos porque nos quema el sol, pero aquí sí dueños, de caqui amarillo; botas altas y camisa de manga corta con
porque par´eso se la peliamos al chapetón. el cuello abierto. Tanto el Caporal de Matepalma, como su
contendor, guardaron silencio, tratando de penetrar, cada
- Dejánte de ser pendejo, Misael – le gritó uno, el sentido de aquel lenguaje que no entendían.
destacándose un hombre, que teniendo todas las trazas del
llanero, parecía capataz, al tiempo que se llevaba la mano a Terminada la breve conversación en inglés, se acercó hasta
la cintura, de la cual pendía un largo machete -. Mister el jinete el intérprete del geólogo, y en tono tranquilo le
Weber es el jefe de los giologos de la Compañía de habló:
Petróleos Aligator. Con que date cuenta si podrá matar no
sólo unos infelices pájaros y micos, sino todo lo que se le - No se empeñe usted, buen hombre, en impedirnos
dé la gana. Y pa que lo sepás diuna vez, yo soy el baquiano cazar aquí. Estamos autorizados por el Ministerio de
que organiza los marisqueos. Guerra, para usar libremente nuestras armas. Para
permanecer, revisar, y perforar estas tierras en donde
- Ni yo soy pendejo, ni es a usté, ladrón de ganao, a queramos. Por consiguiente, váyase usted tranquilo por
quien vengo a prohibi la matanz´e bichos. A usté ya se la donde ha venido. Guarde su altanería para otra ocasión, y
prohibió el blanco mismo, cuando le rompió la mula p´uel no busque conflictos por diez loras o tres Osos
cuero de güio. Es a ese don empolainao, a quen le digo Hormigueros que podamos matar.
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- En cuanto a que revuelquen las tierras, con


dinamita – replicó Misael sin deponer su tono – hagan Los solitarios de la Sabana.
cuanto quieran. Pero en matar esa cantidad de bichos como
han matao, sí no reza con ningún permiso del Gobierno, ni II
con las órdenes del blanco, que es el único amo de estas
sabanas – y afirmándose nuevamente en los estribos
continuó -; asimismo les advierto que sería güeno que
dejaran, pa la semilla, una que otra matica de parásita, y no
L as mismas alegres mañanas y las mismas tardes tristes
de verano se sucedían sobre la llanura. La Cotuda y su
hijuelo, desde la desaparición del Araguato, no se habían
se las trastiaran todas – sarcásticamente concluyó -; ¿o es movido del pie de las matas de lechemiel y de guayaba,
que también tienen petrolio? cuyas ramas, prodigiosamente entremezcladas, parecían
un solo árbol, que arrancando de dos troncos, mostraba dos
Nadie contestó nada. vegetaciones distintas y distintos frutos.

Ante ese mutismo, Misael se despidió: - Hasta la vista. Ya El tronco grueso, de corteza áspera y rugosa del árbol de
les dije que paren la matanza. Y vos, Flaminio, ya sabés lechemiel era más bien como el tutor, como la sombra
onde paro, pa cuando querás a solas los dos repetirme lo benéfica y cordial bajo la cual vegetaba el guayabo, que a
de jullero. manera de hermano menor buscaba el amparo de su tronco
para esconderse tras él, cuando el brisote del Llano,
Y partió como había venido, galopando, por la sabana silbando entre el pajonal los sacudía impiadosamente;
amarillenta que lentamente lo fue devorando hasta amenazando destrozarlo todo y llevarse de cuajo a aquellos
desaparecer en la lejanía. dos solitarios y atrevidos moradores de la sabana.

- Quí cosa, carramba. Personas tropical esta tierra – Arrastrada por las aguas de la invernada, desde algún
exclamó el ingeniero. remoto lugar; o, después de haber sido despojada de su
apetitosa envoltura en el estómago de algún paujil, aquella
- No le haga caso Mister – intervino el capataz -, ese semilla del árbol de lechemiel fue transportada sabana
es un jullero, y el tal Ramón un alocao, que no deja ni adentro, hasta el retiro en donde ahora, después de
quemar la paja de las sabanas. muchas luchas, convertida en vigoroso árbol desafiaba las
embestidas del viento, y los agotadores calores del verano.
- ¿Quí es juller? – interrogó el ingeniero, y en inglés
le contestó el que había hecho de intérprete. Soltó aquél Posteriormente, alguna pirza, u otro pájaro frugívoro menor,
una explosiva carcajada; rieron ambos regocijadamente y llegaron hasta allí, y deteniéndose en las armas para tomar
rieron, también, los peones con risa servil, forzada, sin descanso, u otear la llanura para continuar el viaje, dejó la
saber de qué se reían. muestra imperceptible de su paso, depositando con ella la
semilla del Guayabo.
Momentos después penetraron todos en la Mata de Monte y
a intervalos irregulares se escuchaban los disparos dobles Bajo tan fresco amparo, allí germinó, también, el diminuto
de las escopetas de dos cañones. arbolillo un día la cabeza por sobre el pajonal, alargó los
brazos, para enlazarse al robusto protector a cuya sombra
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había crecido, y confundir con las suyas sus débiles y una soledad mayor, como lo era la soledad y desamparo de
bejucosas ramas. la madre y el hijo.

A medida que pasaba el tiempo y crecían, más se iban Solamente en las tardes, y no sin haber vacilado mucho,
estrechando. Metiendo el arbolillo sus largos y endebles poniendo oído atento en todas direcciones, la mamá
gajos por entre la tupida ramazón del otro, así, abrazado, trepaba por el tronco del árbol, y una vez en lo alto, dejaba
lograba defenderse de las furiosas arremetidas del libre al hijuelo para que se regodease con las frutas que
vendaval, y sentir menos sed cuando el verano asolaba la quisiera, y para que se fuera ejercitando en el arte de
llanura. caminar por las ramas; o de suspenderse por la cola, para
alcanzar un fruto lejano. Siguiéndole siempre los pasos, la
Cuando el lechemiel se cuajaba de frutos, era entonces una madre no lo dejaba un momento. Recorrían el árbol muchas
fiesta para las avispas y abejillas diminutas, golosas del veces. De arriba abajo y otra vez hasta la copa siguiendo
jugo azucarado; ya que ave alguna no se atrevía a llegar siempre por distintos caminos, y haciendo hoy, el hijo, las
hasta allí, por miedo de ser atacada por las rapaces durante acrobacias a que no se había atrevido ayer.
la larga travesía. Rodaban los frutos a pudrirse junto con las
maduras guayabas, apenas tocados por los diminutos Desde la desaparición del compañero, era a la Araguata a
insectos que, agrupados todos, sobre la piel del fruto quien tocaba resolver los pequeños problemas que se
cercano al tallo, chupaban los jugos saturados de azúcar; presentaban. Entre ellos, el de mitigar la sed, acrecentada
dejando intacta la otra mitad, o sea la que va hacia el punto por las cálidas exhalaciones de la tierra y por el abrigo del
pistilar, en donde el resto del fruto está impregnado de un pajonal, en donde pasaban la mayor parte del día
jugo blanco, y espeso como la leche. escondidos, medio asados por el bochorno, pero a cobijo de
los ataques de sus enemigos. Desesperada por la sed que
Si el insecto o pajarillo gustaba solamente de la miel, la pulpa sonrosada y tierna de la guayaba no lograba
bastaba mosdicarlo sobre las carnes que de la mitad del aplacar, y después de haber buscado saciarla con los tallos
fruto iban hacia el tallo, para que de estas fluyese un hilillo tiernos de la paja y las hojas verdes del guayabo, se llevó a
dorado, de sabor a miel; o, si al contrario, lo que se la boca un renuevo grueso y tierno de lechemiel, cuyo jugo
buscaba era la leche, entonces, con sólo hincar el diente amargo en extremo mitigó algo aquel momento que la
desde la mitad hacia el extremo de la fruta, era suficiente asediaba a tarde y mañana.
para ver destilar espesas gotas blancas, azucaradas
también, y provocativas como la leche. La Araguata había engordado y el monito no era aquel
esquelético animalillo sin fuerza para dar un salto, que
No era una vida alegre la de aquellos dos solitarios de la Gugudú conociera al pie de los nidos de las mochileras.
sabana. Jamás el calor ni la ternura de un nido tibió por un Ahora se sentía con fuerzas hasta para desobedecer a la
momento la corteza de sus ramas, ni trino alguno se escapó madre, que para sujetarlo, tenía que mostrarle los dientes,
de entre sus frondas. Apenas si, muy de tarde en tarde, se entre ruidosas gesticulaciones y uno que otro manotón,
escuchaba el ruido de las alas de alguna ave, que fatigada mientras lo mantenía sujeto por la cola para que no trepase
detenía el vuelo allí, por breves instantes, para seguir al árbol en horas de peligro.
después, silenciosamente como había llegado. Ahora, con
la llegada de la Araguata y su hijo, aquella soledad había El moniato, que comenzaba a sentir aquella curiosidad e
cobrado un poco de movimiento y de vida, agregando a ella inquietud congénita de su raza, no quería permanecer ya
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prendido al busto materno a toda hora, sino solamente los aprenderás a cazar. A distinguir las frutas de las venenosas;
momentos necesarios para mamar. Una vez satisfecho el y a mirar, sin probarlos, los tallos tiernos de ciertos árboles
apetito, abandonaba el regazo materno para fisgonear y engañosos, que al comerlos, reventarías. Acatarás al
para llevarse a la boca todo aquello que encontrase a Araguato Jefe cuando te mande trepar por los gajos más
mano. Tanto era el deseo de hacer algo, que alguna vez, delgados y débiles, que se romperían bajo el peso, a
viendo una gran hormiga exploradora, que con trabajo se alcanzar para él una fruta o un nido de pajarillos.
abría paso entre las hojas secas, al pie de los árboles, se Aprenderás el grito, la voz de nuestra raza, cuando en
atrevió, primero, a tocarla varias veces con el dedo, grandes asambleas lo proferimos todos, a tarde y mañana,
retirando la rápidamente. en lo más alto de los árboles, poniendo en este grito toda
nuestra tristeza y nuestra alegría; para llamar a las aguas;
Luego, de un mantón, en que se llevó de rastra tierra y para atraerlas hacia la tierra, hasta verlas llegar al conjuro
hojas, la arrojó lejos; y tomándola bruscamente la llevo de nuestro gemir.
hasta la nariz, con tal brusquedad y miedo, que la hormiga
enfurecida ya, le clavó las tenazas sobre el labio superior. - Quiero la mosca grande. Quiero comerla.

Ni los gritos de dolor y manotadas que se daba en la boca - No sabes nuestra ley. Te la explicará – contestó la
lograron desprender al insecto, hasta que la madre que no mona -. Esa mosca es sagrada. Su gritar de ahora es como
lo desamparaba un momento, alarmada y diligentes, acercó el nuestro, atrae también a las aguas. Más, si es ronco y
la boca a la del hijo y no sin gran trabajo para que el prolongado, entonces anuncia la estación de los grandes
moniato guardarse quietud, dejando de brincar por el dolor, calores y de la sequía.
le arrancó la hormiga con los dientes y después de
masticarla la engulló, ante el asombro del pequeño Cotudo, - Quiero la mosca grande para comerla, como tú
que viendo la actitud serena de la madre, se dijo: comiste la hormiga.

- Todo aquello que nos cause dolor, debemos La madre pareció no escucharlo, y trepando por el árbol de
comerlo – pero dudó momentos después, al convencerse lechemiel, hasta la copa, miró largamente hacia la lejana
de que el dolor no desaparecía, por más que Aragauta se Mata de Monte aguzando el oído. Así permaneció largo
había tragado el insecto que lo causara. rato, sumida en una silenciosa quietud. Entretanto el
pequeño Cotudo, con algo más de miedo que de curiosidad,
Un día, sin saber cómo ni a qué hora había llegado hasta se detuvo en una rama ante el hemíptero y sin acercársele
aquella soledad, rompió el silencio del atardecer la trémola mucho, lo miró largamente.
y pertinaz tonada de una chicharra.
- Es una mosca grande, muy grande – murmuró -.
- Tarrrr, tarrrr, tarrrr, tar, tar, tar – que llenó de Debe ser amarga porque es verde. No tiene todavía el
alborozo a la Cotuda, y de temor al monito, que de dos color maduro de las otras moscas y de las frutas que me da
saltos quedó prendido al busto de la madre. a comer Cotuda. Cuando esté madura, la comerá. – Y
evitando siquiera rozarla, subió por el tronco hasta la rama
- No te asustes - le dijo, con una voz alegre y como en donde estaba Araguata, con los ojos puestos en la
luminosa -. Es apenas una mosca grande. Iremos a viajar lejanía.
muy pronto. Conocerás a los de nuestra raza y con ellos
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- ¿Cuándo estará madura esa mosca? – le preguntó. por entre el pajonal, llevando la misma senda que les
indicara Oso Hormiguero hacía ya muchos días.
- Iremos a viajar muy pronto – musitó Araguata sin
haber oído al hijuelo y sin dejar de mirar. La soledad de la llanura, cuyo símbolo eran aquellos dos
árboles aislados, se fue quedando atrás, envuelta apenas
- ¿Me ayudarás a comerla cuando madure? Es muy en el susurro opaco de la cigarra viajera, que mañana
grande y le tengo miedo. Tú la matarás, como a la hormiga, también se alejaría, dejando el paraje sumido en el silencio.
y yo la comeré cuando esté muerta.

- Escucha, escucha... Me parece sentirlo, todavía


muy lejos – musitó la mona -. La brisa me habla de ellos, JORNADA DÉCIMA
pero en voz baja. ¿No oyes? Son nuestros hermanos que
se aproximan para el viaje de lluvias. Nos iremos con ellos. Araguata se reintegra a su tribu. – “Ni el llorar de los heridos,
Llegaremos hasta las sierras; allá lejos, en donde la tierra Ni el golpe sordo y seco de los que caían, al estrellarse contra
se levanta y hace jorobas tan altas que llegan hasta el cielo. el suelo, aplacaba el deseo de exterminarnos.”
Imprecación al Agua.
El monito prestó atención, interesado por lo que decía
Araguata de viajar. Aquella quietud de todos los días; aquel I
estar metido como ratones, entre la paja, sin poder,
siquiera, en las horas de calor de mediodía asomarse hasta Dos días más tarde se presentaron los Araguatos. El viejo
las ramas, lo tenía cansado. Quería moverse, aprender, Jefe había muerto, con otros compañeros más. Entre los
hacer algo distinto a cada instante. Guardó silencio y que llegaban, había algunos heridos en la cara y el pecho. A
acercándose a la madre escuchó. otro le faltaba media cola, como si se la hubieran cortado de
un solo tajo. Hacía las veces de jefe un Araguato joven de
Araguata se fue animando. Se le iluminaron los ojos de lustroso pelamen y aire grave, que oliscando varías veces a
pronto, como si hubiese cruzado por ellos un relámpago. la mona y su hijuelo, los admitió en la tribu, diciendo:
Enderezóse sobre los cuatro miembros y levantando la - Oléis a lechemiel. En nuestro viaje, apenas hemos
cabeza con actitud mesurada, serena, emitió el grito encontrado hojas que comer. Más tarde nos llevaréis allí; si
bronco, áspero y quejumbroso a la vez, para hacer coro al es que ha quedado algo.
murmullo apagado que traía la brisa del gritar lejano de sus
congéneres. - Hay mucha fruta – respondió la Cotuda -, pero en
el viaje quedaríamos muchos prendidos a las patas de
El monito, con el pelo erizado al principio, se fue tornando Juca. Araguato fue llevado por los aires en esta forma, y
sereno a medida que la madre continuaba en su grito; y, desde entonces ando sola. A partir de aquel día las Jucas
quieto como una estatua, comenzó a gritar también, con no han dejado de pasar ronda por los aires, dando vueltas y
tanto vigor y maestría como si no hubiese hecho otra cosa mirando hacia abajo. Yo los veía por entre el pajonal, a
desde que nació: - ¿Cooooioioioioiooo...! tarde y a mañana, cuando tenía que vivir agazapada,
pegada a tierra, casi metida entre ella como una lombriz.
Era bien entrada la tarde, cuando la Araguata y su hijuelo
prendido al busto, iniciaron el regreso a la Mata de Monte
100
- Pero has vivido. De los grandes Jucas podemos metían los dedos en la boca para humedecerlos, y luego
defendernos; en cambio de otros enemigos, como Galaí... aplicarlos a las heridas, a donde comenzaban ya a acudir
Muchos de los nuestros han quedado allá atrás, muertos las moscas de la carroña.
por los truenos que unos tras otros nos arrojaron; como si
les hubiésemos matado a algunos de sus pequeños, o Cuando el nuevo Jefe dejo de hablar, se fueron acercando
hecho mal irreparable en sus labranzas; o en sus viviendas, a la recién llegada, uno tras otro, todos los Araguatos de la
o robado algunas de sus hembras. tribu, para oliscarla; corroborando en esta forma la admisión
a la tribu que ya había concedido el capitán.
- Y a los Jucas – terció la Araguata, con ira -, ¿qué
mal les hizo mi compañero, que hasta ciego estaba, para Cada vez que uno de los aulladores acercaba su nariz a la
que lo devoraran? cara de la mona; el hijuelo le mostraba los dientes,
desagradado y confuso, pensando que le ocasionarían
- ¿Ciego? ¿Por qué ciego?, ¿cuándo debía ser algún daño.
ahora el jefe?, ¿con quién peleó?
- Si queréis comer lechemiel y guayaba en
- No hubo pelea. Lo atacaron las avispas abundancia – dijo la mona una vez terminado el
arrendajeras. Teníamos hambre y asaltó sus viviendas. reconocimiento -, venid conmigo en silencio. Allá, en mitad
de la sabana, se pudre la fruta madura.
- La ley; nuestra ley lo ha matado por violarla.
- No es la sabana nuestro dominio – advirtió el Jefe
- Entonces el Jefe – arguyó la Cotuda -, y los demás erizando el pelamen del espinazo y mostrando fieramente
que han muerto, con los truenos de Galaí en estos días, los dientes.
¿violaron la ley?
- El que quiera violar nuestra ley, que comience a
- La violaron; si, yendo por la parte del bosque en morir desde ahora. Todos los castigaremos; como
que la brisa traía olor a carnicero. Pájaro Pollo avisaba castigamos al compañero de ésta, arrojándolo de la tribu, y
peligro. Nada de esto quisieron oír, y los que seguían tras el ya lo han oído cómo después de quedar ciego fue atrapado
Jefe, murieron unos, y otros están por morir. Yo tomé por la por Juca.
linde opuesta del bosque y los que fueron conmigo están
sanos. Los truenos reventaban a cada instante, sacudiendo El Jefe continuó: - Si conviniera a nuestra tribu que cada
las hojas de los árboles como si arrojaran granizo desde cual anduviese disperso, la ley no mandaría que viviéramos
abajo. Al huir, sentíamos cómo el trueno, al perseguirnos, congregados, obedeciendo solamente al que más sabe y
cruzaba por cerca de nosotros silbando; con un silbido más puede. La llanura es para los habitantes del Llano;
largo, como el que saca el brisote entre las ramas secas. Ni nosotros pereceríamos en ella. El pajonal nos ahogaría
el llorar de los heridos; ni el golpe sordo de los que caían, al entre sus oleadas de calor; nos mantendría atados, sin
estrellarse contra el suelo, aplacaba en aquella tropa de dejarnos mover. Nuestra ley manda nacer, vivir y morir en lo
Galaís, el deseo de exterminarnos. más alto de las copas de los árboles; a mucha distancia de
la tierra en donde viven Galaí, Balacú, Caimán, Buche sin
- Mejor entonces que nos devoren las Jucas – Fondo, y todos los que nacieron para vivir a costa de la vida
exclamó la Cotuda, viendo cómo algunos de los heridos de otros habitantes de la selva y la sabana.
101

- Gugudú – interrumpió la mona, mirando hacia - ¡Para que los ríos, hinchados, salgan de su cauce
abajo -, la podido matarnos al hijo y a mí, y no lo hizo. El y en donde viven prisioneros y corran libres por est llanura;
Oso Hormiguero son buenos amigos. llevando la semilla de los árboles que nos dan qué comer,
hasta las regiones en donde sólo impera la soledad del
- Estaría ahíto – sentenció el Jefe -, o te encontraría pajonal!
demasiado flaca. Oso Hormiguero mal podía hacerte daño;
a no ser que... te confundiese con una hormiga. - ¡Gooooooioioioioooo!

Los centinelas y vigías, apostados en distintos sitios de la - ¡Para que el morichal se cubra de hojas y haya
Mata de Monte dieron la señal de que no había peligro. sombra sobre el manantial y en él puedan beber aquellos a
Araguato se incorporó con arrogante lentitud, levantando la quienes la sed enloquece y vagan por la llanura sin dar con
cabeza para dar la orden. el camino del agua!

- Es la hora de la plegaria por la lluvia – dijo, y Y aquel zumbido extraño, mezcla de impetración y de
mirando que todos estuviesen dispuestos, adoptando la alarido que todos emitían a la vez, fue resbalando por sobre
actitud ritual, continuó: las copas de los árboles, deslizándose entre el follaje hasta
derramarse sobre la sabana, llevado por la brisa de la tarde.
- ¡Agua Para que vengas de las regiones altas en
donde duerme el gran trueno, a refrescar las hojas y mojar - ¡Agua!, ¡agua!, ¡agua!, que permaneces dormida
nuestros cuerpos, para dejarnos limpios. en las regiones del azul; despierta y desciende hasta
nosotros, que te llamamos; que llevamos la voz de todos
- Para que no haya más sed, y el árbol deje de ser aquellos que no saben hablarte.
gris y se cubra de hojas verdes.
- ¡Goooooioioioooooo!!
- ¡Para que nuestras bocas te puedan tomar;
cuando, en forma de granos transparentes, que ruedan al - ¡Agua!, ¡agua!, ¡agua!, la flor que lleva en las
tocarlos, amaneces dormidas sobre la piel de las hojas! entrañas la semilla que no ha podido brotar; porque está en
la savia muriendo de sed, esperando que tú llegues para
- ¡Goooooioioioooooo! asomarse por entre el renuevo.

- ¡Para que esta llanura sedienta y quemada - ¡Agua!, ¡agua!, ¡agua!, deja llegar hasta nosotros
aplaque su sed! los cristales transparentes de tu llanto, que lo vivifica todo;
que lo hace nacer todo, y que lo deja limpio todo.
- ¡Goooooioioioioooooo!!
- ¡Agua!, ¡agua!, ¡agua!, por tu llanto hay
- ¡Para que todos tengamos qué comer y qué beber! manantiales; hay lagos; hay rocío. Por ti la fuente es más
Desde los carniceros, nuestros enemigos, y las aves y las fuente, y el lago es más azul y el rocío tórnase en aljófar.
hormigas y las moscas; hasta los que viven ocultos entre la
tierra; que comen y beben de ella sin ver nunca la luz. - ¡Goooooioioioiooooo!
102
Un estruendo inusitado de troncos que chocan y ramas que
- ¡Agua!, ¡agua!, ¡agua!, que haces hinchar la semilla se quiebran se escuchó, haciendo callar a Pájaro Pollo. Era
como si fuera un vientre en el que palpita la vida de la vida. algo así como una piedra inmensa, rodando desde una
colina, arrollase lo que se le opusiera a su paso, y
- ¿Agua!, ¡agua!, ¡agua!, despierta ya de entre el acercándose cada vez más llegó hasta las proximidades del
azul; y que los blancos vellones de las nubes comiencen a árbol en donde se encontraba Pájaro Pollo, que asustado
volverse oscuros y a hincharse del presagio de tu por aquel desorden, y por los fuertes resoplidos que ahora
advenimiento. se escuchaban, estiró cuanto pudo el pescuezo para ver
qué era aquello. Una vez identificado lo que producía aquel
- ¡Agua!, ¡agua!, ¡agua!, ven a cicatrizar y lavar las fragor, serenóse del todo y exclamó:
heridas de nuestros hermanos, que están muriendo de
dolor y de sed. ¡Agua!, ¡agua!, ¡agua! - No es esta la hora para jugar así. Traernos tanto susto
cuando ya íbamos a dormir. ¿A qué se debe el retozo?
- ¡Goooooioioioioooo!
El recién llegado trató de mirar hacia arriba, sin contestar;
palpitantes los ijares y anhelosa la respiración por el
La muerte de Danta. – Pájaro Pollo se llena de razón. esfuerzo de la carrera.

II - Si es Danta – siguió chillando Pájaro Pollo cuanto más


duro podía -. Qué susto el que trae. Parece un conejo
Ya están ahí los aulladores – exclamó Pájaro Pollo -. Pronto perseguido. No te pongas así, a temblar; que viéndote tan
tendremos agua. grande y fuerte no inspiras lástima sino risa.

Y como ningún habitante de la Mata de Monte contestara, - Estoy herida de trueno – contestó jadeante -. Creo que voy
prosiguió para que lo oyeran: a morir y tengo miedo.

- Qué ruido más extraño el que hacen. Nunca he sabido si - El Gran Trueno duerme todavía – arguyó el Pájaro -.
es que lloran, o es que ríen. Yo los odio, porque cuando ¿Cómo pudo herirte si ninguno de los que estamos aquí lo
aúllan así, hacen venir la lluvia; el sol huye a esconderse y hemos oído? Los Araguatos quieren despertarlo ya, pero
vive uno mojado de día y de noche. tarda todavía en volverse negro el azul de allá arriba.

- Así estarás un poco aseado, siquiera una vez en muchas - No fue el Gran Trueno, sino el de Galaí quien me hirió.
lunas. Soplón – contestó una voz a flor de tierra, entre la
espesura -. Deja quietos a los monos y vigila mejor; que - ¿Qué? – gritó enfurecido el Pájaro -. ¿Otra vez regresa el
para todos hay peligro. implacable carnicero? – Y sin poderse contener chilló más
fuerte todavía -: Pío, pí, pí, escuchen todos. Ya no es sólo
- Ya te conozco por la voz, Cara de sapo. ¿Por qué estás Buche sin Fondo a quien debamos temer. A nuestros
escondido? ¿Acechas a otra venada, Tragón? sobresaltos, hambres y amarguras se agrega ahora la
presencia de Galaí, que le soltó el trueno a Danta y ha
venido a morir entre nosotros. Galaí ha llegado. El carnicero
103
terrible está entre nosotros; poned atención por donde agrupaciones de gallinazos que actuaban anteriormente en
caminais y guardad silencio, pues ya sabéis que su ataque apartadas y diversas regiones del Llano. Cuando ya
es a traición. comenzaban a dispersarse las aves, quedando apenas
cerca de los despojos las más perezosas, entre las cuales
- Me ahogo – exclamó Danta, viendo que Pájaro Pollo y la de contaba Guara, el amigo de Gugudú, regresó a su
selva misma, envueltos como una gasa vaporosa, se iban mirador Pájaro Pollo, después de haberlo meditado mucho.
alejando hasta perderse de vista. Lentamente fue doblando
los miembros posteriores que no podían sostenerla ya por Guara lo vio cuando llegaba y conociendo su locuacidad
el temblor, y de repente se desplomó sobre la hierba; esperó que comenzara a chillar. El resto de los guaras,
ahogada en su propia sangre que comenzó a fluir, molestos por la presencia del chismoso, fue levantando el
burbujeante y espumosa por boca y nariz. Tenía los vuelo, uno tras otro, para evitarse la reprimenda que ya
pulmones perforados. veían llegar. Pasados unos instantes Guara rompió el
silencio:
A los lejos se escuchaba el aullar de los monos, que en el
claroscuro del anochecer era como un prolongado y - ¿Qué, no dices nada?
estridente lamento que fuese al mismo tiempo de súplica y
de miedo. - ¿Para qué? – contestó en tono dolorido el Pájaro -.
¿Para decir que vi morir a Danta? ¿Qué el aullar de los
Pájaro Pollo se estremeció al escucharlos de nuevo, y en Araguatos ha entristecido estos parajes, y que luego
un alarde de valor, voló lo más lejos que pudo; huyendo de ustedes, ¡caterva maloliente!, han venido a infestar este
aquel gritar siniestro y del rojo borbotar de la sangre de la retazo de sabana con su color y su olor? ¿Y más que todo;
Danta. a devorar los cadáveres de nuestros amigos?

- ¿Amigos? ¿Puedes tú tener amigos?

JORNADA UNDÉCIMA - Soy el amigo de todos. Más, como les digo lo que
son, para su propio bien, y no los que creen ser, han dejado
I de quererme. ¡Quién, sino yo, les avisa el peligro! ¡Les da
noticias del que llega y el que sale! ¿Qué harán sin mi,
Guara trae noticias. ahora, cuando Galaí la comenzado de nuevo a acabar con
nosotros?
Al tercer día Danta era apenas una armazón blanca y pulida
de huesos que aparecía en el centro de un círculo de tierra - Ten mucho cuidado – dijo Guara tomándolo en
pelada, de la cual había desaparecido la vegetación, molida serio, en vista del interés que demostraba por la suerte de
por el pisoteo de las aves necrófagas. Tan numerosa era la los demás -. ¡Pueden llegar de un momento a otro! A uno de
colonia de guaras, que el cuerpo de la Danta apenas había estos Galaís, a quienes hace muchas lunas conocemos por
servido para estimular aquel apetito voraz. estas sabanas, lo he visto buscando por las orillas del
estero, a un tragavenao (99). Pájaro Pollo se estremeció,
La abundancia de pitanza que rodeaba el campamento de pero guardo silencio. Guara continuó:
los exploradores había reunido, en una sola, las muchas
104
- Hace tres días esperó a Gugudú para advertirle. Pájaro Pollo guardó silencio. Acababa de comprender
Pero no asoma las narices por ningún lado. cuánto lo despreciaban aquellos que lo habían llamado
maloliente.
- Estará escondido ese cobarde – interrumpió Pájaro
Pollo -. A mi no me engaña. Siempre ha sido amigo de
Galaí; pues al comerse a Nariz partida, a Rabo Seco y a “Si Guara dice verdad, Galaí me ha engañado.”
cuanta taya encuentra, no hace más que abrir las puertas
del Llano, para que todos nuestros enemigos entren por ella II
sin peligro alguno, y lleguen hasta nosotros para
exterminarnos. El Güio, vencido por el violento proceso digestivo, había
terminado no por adormecerse, sino por quedar
- Gugudú no es cobarde – dijo Guara. Es el único profundamente dormido. Conociendo que en este estado de
que puede, todavía, defenderos de Galaí. Que se coma las verdadera catalepsia podía ser sorprendido y aniquilado
tayas y demás parentela venenosa, nos conviene a todos, a hasta por el más inerme de sus enemigos, había buscado lo
pesar de que las víctimas de Nariz Partida o Rabo Seco son más espeso de la intrincada maleza, por entre la cual, a
la única comida que a veces encontramos en este Llano, fuerza de trabajo, había logrado pasar el voluminoso nudo
para no morirnos de hambre. que llevaba en el estómago y que ya comenzaba a
deshacer.
- Sólo Balacú podría defendernos, pero fue muerto
por Buche sin Fondo – repitió apesadumbrado el Pájaro -. Antes de entregarse al descanso había pensado en Galaí.
Gugudú no se atreve nunca a luchar con Galaí. Han Tendría que intentar la cacería prohibida por la ley del
compartido sus presas de caza, yo lo he visto. bosque. Luchar con aquel que había dejado de ser un
habitante de la selva; que no vestía de pelo, ni de pluma, ni
- Balacú no defiende a nadie. Es demasiado egoísta. de escama, y a pesar de todo el miedo y odio que
Extermina por exterminar; como si hubiera sido creado para despertaba su presencia entre los moradores del Llano, él
evitar que los demás que visten de pelo llenaran estas miraba con alguna simpatía. Recordaba el patizuelo del
sabanas, aumentando en tal forma las especies, que no rancho a donde asomaba la cabeza para curiosear un poco,
alcanzaría el pasto para todos y murieran de hambre, y otro poco para convencerse de que Galaí no era su
desapareciendo para siempre de la tierra. enemigo; puesto que le daba las entrañas de Zamará o de
Danta, cuando las había, o el pedazo de carne seca,
- Balacú es nuestro mejor amigo, pues no come saturada de sal que le hacía hormiguear el paladar al
habitante alguno que vista de plumas. Me alegro que así lo humedecerla para tragarla.
reconozcas, Guara, y por esto no volveré nunca a llamarte
maloliente. ¿No había podido Galaí aquel día de su primer encuentro
en el estero soltarle el trueno, o acabarlo a machetazos?
- Me da lo mismo que me llames así, o no; esto Naturalmente, él también se habría defendido. Quizá ambos
apenaría a otro, no a mí, pues de los contrario no podría hubiesen muerto. Pero Galaí le había hablado en el tono
comer. suave de amigo, y él se había dejado conquistar por la
dulzura grave de aquella voz, y por el brillo cambiante de
los ojos; que hablaban también, pero sin sonido alguno y
105
que tenían el poder de atemorizar, o de atraer y subyugar
definitivamente. Lluvia

Recordó los gritos de alegría de Tatí. Su llanto cuando se le El campamento de los geólogos cambiaba de lugar,
escapaba de las manos y se perdía entre el pajonal el acercándose cada vez más hacia la Mata de Monte, cuando
cucarrón, de pulidos y lindos colores, o la cigarra, que un día, inesperadamente, habiendo comenzado ya la
traídos de la Mata de Monte por Galaí, mantenía prisioneros temporada de las lluvias, fue levantada definitivamente,
entre las manos, dejándolos apenas asomar la cabeza por dispersándose el personal que lo formaba.
entre los dedos, y que guardaba en las noches encerrados
en las taparas de acarrear el agua, colocados muy cerca de Los ingenieros, después de haber revuelto y examinado las
su cabecera, entre el pobre jergón. Contra todo aquello tierras con una minuciosidad preciosista, iniciaron el
tendría que luchar. Su misión no era la de centinela que regreso. Los peones y el baquiano eligieron, cada uno, un
guardase los tesoros del bosque; esa tarea la camino por entre la llanura; y que era, precisamente, el que
desempeñaban Balacú, Rabo Seco, Cuatronarices y toda los llevaba en menos tiempo a su distante cobijo:
su parentela, que incluía a muchas culebrillas inocuas, cuyo
poder radicaba en infundir pánico, por ser culebra. “Llanero no toma caldo
Ni pregunta por camino...”
Si Guara había dicho la verdad, Galaí lo había engañado;
haciéndole ver que sólo mataba lo que necesitaba pata La llanura comenzó a ser triste. Ya el azul de arriba que
comer. dijeron los monos, no era azul, sino gris y a veces negro; de
una negrura fosca, que ponía en aquella soledad un tono
- Pero Guara no miente, y el engañado debo ser yo más de angustia y de zozobra. El silencio de las tardes dejó
– pensaba -, al creer que toda la tribu de Galaí obra y de ser roto por el gritar de los monos; pues habían seguido
piensa como aquel Galaí del rancho de la sabana; casi tan su viaje hacia Occidente, buscando las faldas de la
salvaje como él; cuya vivienda olía a todos los olores de los serranía, después de haber despertado al Gran Trueno, y
árboles del bosque cuando ardía la leña en el fogón de la hecho desgranar las lluvias. La mayoría de la población
humilde morada. volátil había emigrado. El resto de las aves guardaba
silencio, con el cuello encogido y las alas apretadas a los
No podía apartar de su memoria el cuadro de aquellos costados, para que resbalase el agua. Hasta los mismos
pajarillos que, podridos y en montón, había encontrado árboles, con la cabeza agachada, juntándose unos contra
Guara y sus compañeros, matados por Galaí en un solo los otros, al impulso de viento, volvían la espalda al
día, no para aplacar el hambre, sino para ejercitar la temporal que los azotaba inmisericordemente, de día y de
puntería del trueno. Y la agonía de Danta; aquel borbotar de noche. Entretanto, la llanura comenzaba a mostrar,
sangre espumosa que la ahogaba; ¿no lo había conmovido diseminados irregularmente entre el pajonal, los espejos de
hasta hacerlo huir de allí, para no verla cuando se agitaba la inundación; por sobre los cuales las garzas, patos y
espasmódicamente entre profundos estertores? gansos enanos formaban unas veces largos cordones
caprichosos; y, otras, gigantescos triángulos movedizos,
- Lucharé – repetía -. Cumpliré con la ley: “Mata si dejando oír sus gritos desabridos, entre los cuales se
quieres vivir.” destacaba con una insistencia triste y monótona, el guisisí,
106
guisisí, sisí, de los pequeños gansos de pico y patas de contagiados por aquella pasión desenfrenada de matar,
color de rosa. habían terminado por cobrarle especial afecto y tener en
gran valía al cuatrero, que era un experto cazador, a quien
- ¡Lluvia!, ¡lluvia!, ¡lluvia!, y lluvia sobre la llanura y reconocían haberlos iniciado en los secretos del acecho en
sobre el bosque y en el día y en la noche y a todas horas los abrevaderos, y en el descubrimiento, por medio de las
¡lluvia!, ¡lluvia!, y ¡lluvia! pisadas, senderos o ramas tronchadas del fugitivo
cuadrúpedo; que acosado por todos los francos, atropellaba
Legiones y legiones de aves acuáticas migratorias, por la única salida al parecer libre; en donde lo esperaban
poblaban los esteros. No había gorjeos ni trinos en el los cañones, hábilmente disimulados, de la escopeta del
bosque; pero a orillas de los charcos inmensos, tan ingeniero Jefe, y tras éstos, el fino rifle confiado al
inmensos como la sabana misma que era un solo charco, bandolero, por si era necesario rectificar la puntería del
estas aves, algunas de ellas olorosas todavía a líquenes y explorador; o rematar a la enloquecida pieza, que ya era
hielos nórdicos nativos; con gritos diferentes; quizás una danta o un azorado ciervo, o un oso hormiguero.
desapacibles y ásperos, se hacían el amor; se incitaban a la
lucha y vivían y morían también, entre breves aleteos de El acopio de pieles en aquella sabana había sido inmenso.
agonía, apresados por las fauces de las babillas, o entre las Camino de Orocué iban doce mulas de las que habían
garras de los halcones que los seguían de cerca. venido con los bastimentos y enseres de la exploración,
cargadas de pieles, consignadas a la casa Matute, por
Monotonía del horizonte gris y el cielo gris. Tamborilear del cuenta de Flaminio, quien más tarde viajaría a recoger el
agua sobre el agua y sobre la hoja y sobre el tronco y sobre valor de la venta de su mercancía. En otras tantas cargas,
la dilatada llanura, que comenzaba ya a pagar su sed, no ya por cuenta del capataz, sino de los exploradores,
bebiéndola sorbo a sorbo, por entre las grietas, las raíces y viajaban millares de plantas de orquídeas; producto del
las galerías y los túneles que ignotos excavadores, durante despojos de los bosques, algunas de las cuales al florecer
medio año, trabajaron abriendo millares y millares de ponían el exotismo de sus colores como una bandera de
gargantas, pera que la tierra abrasada y febril apagase el despedida a la tierra que las vio nacer.
calor de sus entrañas, volviendo a ser húmeda, porosa y
fresca y fecunda, como un vientre fecundo. En las carteras de topografía iban anotadas, pulgada a
pulgada, todas las incidencias de las tierras exploradas.
Toda aquella riqueza subterránea – “Toda la sangre de la
¡Orquídea blanca del Llano; quién te pudiera agarrar! tierra”, como dijera Guara -, sopesada y medida ya, iría a
ser, como ahora lo eran la fauna y la flora; aprovechada,
III destruida por gentes ajenas a aquellas tierras. En cambio
los verdaderos dueños, cruzados de brazos, impotentes,
Flaminio, el ladrón de ganados de ayer, cuya audacia y despojados, mirarían más tarde el desfile de la riqueza que
conocimientos de la llanura lo habían llevado hasta les tocó en heredad; no ya en forma de caravanas
convertirlo en guía de los exploradores, y, lo que es más: en cargadas de pieles y orquídeas; sino por medio de canales
maestro en las artes de la caza, había encontrado la metálicos hacia el mar, a engrosar las arcas de gentes
ocasión de vengarse del dueño de aquellas sabanas, extranjeras, las que sin conocer siquiera aquellas tierras,
exterminando, secundado por los geólogos, toda la vida les bastaba señalarlas con el dedo sobre un mapa, para
animal que se pusiera a su alcance. Los ingenieros, decir: “esto es nuestro y vale millones y millones y millones,
107
y una vez que los hayamos extraído, entonces Las mañanas comenzaron a ser despejadas, y de nuevo,
perforaremos aquí. Estas reservas también son nuestras”. por encima, muy por encima de los árboles, reapareció el
azul. La lluvia fue menos frecuente cada día, hasta que
Flaminio había hecho una oferta al turco Matute en su cesó por completo de llover, cuando ya los patos y demás
último viaje a Orocué, hacía ya varios meses y estaba aves migratorias habían continuado su viaje hacia el Sur.
dispuesto a cumplir su palabra. Por falta de aquella piel de
güio, no viajó con las cargas y los geólogos. Ahora solo Se iniciaba el regreso de los fugitivos. Los primeros en
esperaba que las aguas comenzaran a bajar, para llegar fueron las palomas guarumeras, a cuyos tristes
emprender la búsqueda en aquellas matas de monte que no arrullos se mezclaba la alegre algarabía de las bandadas de
fueron exploradas por la llegada del invierno y la rapidez loros y periquillos, que llegaban también de la sierra. La
con que fue levantado el campamento. tristeza del invierno y el temor a los enemigos fueron
desapareciendo a medida que los árboles cubrían su
desnudez, y la llanura sonreía vestida de un verdiamarillo
Aquel que busca una piel pone en peligro la suya. nuevo. Se aproximaba la época de los amores. Mientras los
unos excavaban una cueva, y otros daban las últimas
IV puntadas para colgar el nido, el resto andaba
desasosegadamente, de un lado a otro en busca de pareja,
En vano habían esperado los habitantes de la Mata de como si presintiera que pasados aquellos días en que
Monte, que no huyeron al presentarse las lluvias, la tan reventaban flores y se escuchaban trinos y gritos y balidos,
anunciada y temida visita de aquella tropa de Galaís de que sin encontrar al compañero, tendrían que arrastrar una
hablara Guara, y sobre cuya vecindad peligrosa tantos dolorosa soledad durante toda la estación.
comentarios hiciera Pájaro Pollo. La voz de alerta había
corrido por toda la Mata de Monte, llegando hasta los más Pasaba el tiempo y una mañana Flaminio se internó por la
ocultos escondrijos, en donde, agazapados, desvelados por llanura, en busca de la codiciada piel de güio, que tan
el miedo vivían hasta los más pequeños roedores. encarecidamente le pidiera el turco. Sonreía el cuatrero al
iniciar la marcha pensando en la cara de satisfacción que
Las pirzas, encaramadas en lo más alto de los árboles, se pondría su socio, cuando le extendiera, a todo lo largo de la
olvidaban hasta de comer; fijos los ojos en la lejanía, tienda, aquella oscura y escamosa piel, que bien podría
esperando ver aparecer en un instante cualquiera la medir desde nueve hasta doce metros de longitud. Lo veía
detestada silueta de Galaí, y adelantarse a Pájaro Pollo asomar por la puerta del grasiento mostrador, oloroso a
siendo ellas las primeras en gritar alarma, para que todos petróleo y aceite de seje; ventrudo, calvo, y dando la
tuviesen tiempo de huir o refugiarse en sus madrigueras. Ya impresión, según lo demostraban las ropas empapadas, de
no era el temor a los enemigos menores, como Juca y las resumir grasa por todos los poros. Luego, con ojos
Arpías, lo que inquietaba a las aves y pequeños asombrados le diría moviendo apenas los enormes y
cuadrúpedos. Ahora era el terror al más grande de los retorcidos bigotes, tras de los cuales habían desaparecido
enemigos; al más detestado, puesto que sin usar las garras, los labios hacía mucho tiempo.
o los dientes, o los anillos para asfixiar como lo hacían los
habitantes del bosque, se valía de poderes que no eran los ¡Esta sí es un biel, gombadre! ¿Bar guando la astima?
suyos, como el trueno, y de razas traidoras, como el perro.
108
- Y acariciando con el pensamiento mil planes para trato y la amistad como una soga suave, reblandecida por el
el futuro, el cuatrero se adentró por la sabana de uso entre las astas de los toros y los postes de las
Matepalma, apretándose la copa del sombrero pelueguama corralejas. En la casa, “Rodamonte” era respetado y
fuertemente con la mano, como quien afirma una querido tanto de los vaqueros como de las mujeres de la
resolución. cocina. Para todos era algo así como la sombra, como un
pedazo de recuerdo del viejo Ramón, que al morir no había
desaparecido del todo, quedando en su perro tigrero algo
de aquel mesurado continente, de aquella bondad que al
JORNADA DUODÉCIMA tiempo que infundía cariño, inspiraba un sano respeto.

“Rodamonte” desaparece. – “¿Vos? Vos no sos na porque no Cuando los llaneros en la madrugada andaban apurados
espirás na.” con los arreos de montar, aquietando con palmaditas en el
cuello y frases cariñosas, a los caballos para ensillarlos,
Rodamonte, como en los mejores días, llegaba a sentarse
sobre las patas traseras, frente a la columna del caney, en
I donde tradicionalmente se amarraba el caballo del patrón


para ensillarlo. Desde su muerte, aquella columna
Rodamonte”, el perro anciano de Matepalma, permanecía solitaria, sin que nadie se atreviese, ni aún el
compañero del ya fallecido “Trabuco”, que en sus mismo hijo, a atar un caballo, por respeto a la memoria del
buenos años sabía darle al tigre, cuando el viejo Ramón en blanco desaparecido.
persona, obligado por la continua desaparición de becerros
salía a darle caza al forajido, sin más armas que una lanza Partían los llaneros al galope hacia las rudas faenas de la
antigua, ni más compañía que un mozo llanero y ese perro sabana, y el perro quedaba allí, frente a la columna,
que ahora medio ciego y achacoso, andaba por los esperando largo tiempo; hasta que convencido de que ni
corredores y la cocina buscando en todas partes un rincón caballo ni patrón llegaban a su lugar, se retiraba silencioso,
donde echarse; hacía ya algunos días que había con un trotecito que más tenía de paso temblón y achacoso
desaparecido. que de trote, a tirarse en un rincón en el cual permanecía
todo el día, sin levantar cabeza y sin recibir alimento
Desde la muerte del viejo amo, “Rodamonte” no había alguno.
vuelto a salir de la casa. Entendía que después de haber
sido el compañero de aquel viejo bueno y cariñoso, en Los llaneros al regresar bulliciosos en la tarde, o durante la
todas sus salidas a la sabana, así fuese a las rudas faenas noche, viendo que el perro con su trotecito tardo llegaba a
de vaquería, en las que había que trabajar de sol a sol, o colocarse frente a la columna a esperar al amo, guardaban
bien, trotar durante todo el día por la llanura medio silencio, contagiados de la pesadumbre que agobiaba al
inundada, teniendo muchas veces que nadar durante largos can, que parecía interrogarlos con sus ojos medio ciegos:
trechos, sólo para seguir tras el caballo del patrón;
desaparecido éste, “Rodamonte” no encontraba persona - ¿Dónde está? ¿Por qué no viene?
alguna digna de ser acompañada por él, que había sido el
compañero, testigo y amigo de todas las horas, de aquel Era ya el tercer día en que “Rodamonte” faltaba de la casa.
viejo duro para el trabajo como un botalón, y suave para el
109
- Hay que tenerle al blanco Juan Ramón, aunque Así fueron de una sabana a otra. Siempre con la esperanza
sea el cuero – dijo Misael -, paque vea que el alimalito de encontrarlo, pues sabían que por la edad avanzada, el
murió aquí, sin faltarle nada. perro había perdido casi por completo la vista y el olfato, y
que podía andar extraviado.
- ¡Hora a ver – animaba a los muchachos que
ensillaban para salir a la sabana para buscarlo -, al que lo Llegó la noche y regresaron los llaneros sin noticia alguna.
tope y lo traiga vivo, o traiga el cuero, le encajo su litro´e Se sirvió la comida, y como Misael guardara silencio, nadie
ron. quiso hablar, oyéndose hasta el corredor el ruido que
hacían los peones con los labios, al sorber el jugoso
- Seguro que cayó al Pauto, como andaba sancocho de plátano, yuca y carne, que en profusión fue
tuntuniento por lo ciego... – Intervino el negro Jaspe, con las servido.
manos cogidas atrás, sin levantar los ojos del suelo. – era
mi compañero, aquí en la casa, pa toíto lao iba tras de yo. Después de cavilar mucho, Misael dispuso:

- Tu compañero, sí, como no te gusta salí a trabajá a - Naide ha ido pa los laos del caño Suspirador.
la sabana como los hombres. Sino tar metío en la cocina, Mañana iré yo. Que me traigan el potro rosao – y salió de la
tras de nosotras – rezongó la negra cocinera, que no cocina sin decir siquiera hasta mañana y limpiándose la
desperdiciaba ocasión de zaherir a Jaspe. boca con el dorso de la mano.

- ¿Tras de vos decí. Acaso creyís que vos sos una - Va a remontase en el “Desafío”; el pajarero del
mujé? blanco. Está que revient´e gordo – comentó en voz baja el
caballericero.
- ¿Y qué soy, entón?
- Siempre es güeno que le dé una sentá, pa quel
- ¿Vos? Vos no sos na porque no espirás na. blanco no lo incuentre apoltronao – dijo otro, sin dejar de
masticar.
Cubillán, Anselmo y Carpio partieron hacia la llanura, con
distintas direcciones, llamando a grandes voces: - Yo digo que jue el caimán cuando el perro se
acercó al Pauto. Si hubiera muerto en la sabana ya se
- Rodamonteeeee, Cúuuuuchitooo, cúuuuuchitooo, había visto la zamurada revolotiando p´uencima – añadió
Rodamonteeeee. desde el corredor el negro Jaspe, y abriendo los brazos en
cruz, los apoyó en el marco de la puerta de la cocina sin
Y la humedad de la sabana ahogó el sonido de las pisadas traspasarla.
de las cabalgaduras, que se alejaban a paso lento, en tanto
que los jinetes, volviendo la cabeza de uno a otro lado - Ya tay el dotó; que lo sabe toíto, menos trabajá –
escudriñaban la llanura con la experta mirada, sin dejar de exclamó la negra poniéndose en jarras y dando la espalda
llamar. al fogón. Su silueta, con la luz del hogar que le daba de
lleno por la espalda, la hacía aparecer más negra y
- Rodamonteeeee. descomunal -. ¿Por qué no te echay al río – añadió -, y se
lo quitay?
110

- Negra, vos tas queriendo que yo te tantié; pero mis La caza prohibida.
manos no se queman en esa brasa. No me busquey la
lengua ni la yema´e los deos; porque la una es pa cantá la II
mujé que ha de ser cantá, y los otros pa tantiá algo más fino
y delicado que las arrobas de cebo que teney vo en los Oculta entre los árboles que la rodeaban y sobresaliendo
tentaderos. por encima de ellos las vetustas palmeras, la casa de
Matepalma iba quedando atrás y como sumiéndose
Los peones soltaron la carcajada y rieron estrepitosamente lentamente entre la llanura, hasta que al fin, perdidos los
durante largo rato. Las mujeres que en la cocina estaban, contornos fue apenas una mancha leve, nada más; junto a
mirándose unas a otras y ocultando luego la cara, reían otras pequeñas manchas que se destacaban en la lejanía.
también pero en silencio.
Cubierto de sudor y dando resoplidos vigorosos, avanzaba
- Ya te lo he dicho, negrita: no te metay conmigo – y el potro rosado jineteado por Misael. Con el ala del
como la negra guardara silencio, entonó a media voz la sombrero levantada por la brisa; ceñido el barboquejo hasta
siguiente copla: hundirse en las enjutas carnes de la cara; rudos el mentón y
el ceño, el llanero se mostraba descontento de sí mismo, al
“Dicen que soy malo y güeno, no explicarse la desaparición del perro.
Yo soy como la candela,
De lejos no enciende nada Comprendía que “Rodamonte” no tenía alientos para haber
Más quien la toque se quema.” llegado hasta la sabana por donde ahora galopaban. Era un
tiempo perdido al deambular por aquellos solitarios,
- La lengua será la que te voy a quemá – repuso la agrestes y apartados parajes, que fueron en otro tiempo la
negra con voz entrecortada por la ira -, pa que aprendás a despensa en la cual encontrara el sustento, cuando
respetá a la mujé. apartado de los hombres, vivía con su Rosa en aquel
rancho solitario y acogedor, al cual sin quererlo así, se iba
Jaspe sin contestar, tomó el camino del caney cantarreando aproximando cada vez más.
alegremente:
- ¿Cómo estaría aquel rancho? – murmuraba para sí
“No aparentás estar tigre -, ¿Lo habría derruido la invernada? – El patizuelo en donde
Pero te siento el rosnido, jugara Tatí estaría invadido por la paja, y el conuco con sus
De nada sirven los truenos sembrados de plátano, café, y yuca, los veía ahogados por
Tanto caliente entre el nido.” la maleza, y comidas las sementeras por los saínos y
chacures. No llegaría hasta el rancho; había sido tan feliz
“De la tortuga lo güevo, en él, que sentía pesar encontrarlo ahora abandonado.
De la iguana la papá, Frías las piedras del fogón, y barridas por el viento las
De la mujé aquellito cenizas.
Y del hombre no digo na.”
Al salir de un pequeño morichal, grande fue su sorpresa, al
ver que en dirección a su Mata de Monte, y mucho antes de
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llegar a ella, una bandada de zamuros remolineaba por los Tendido de costado, con las ropas abiertas por las costuras
aires. para dar paso a la monstruosa hinchazón de las carnes;
con las piernas y brazos rígidamente estirados y gruesos
- Allá va´tar el perro hecho mortango – dijo en voz como troncos; violácea, y más que violácea denegrida la
alta por decir algo, y volviendo las riendas encaminó su color de la piel; con los ojos desmesuradamente abiertos y
cabalgadura en aquella dirección. Más a los pocos instantes ya secos, aparecía un cadáver que, no por la forma
recordó que era imposible que el perro hubiese llegado humana, pues tan hinchado estaba que no tenía ninguna,
hasta allí. sino por la de las ropas, podía deducirse que fuese el
cadáver de un hombre.
- Tal vez algún venado o alguna danta que ta
carniando el tigre, porque la zamurada no se atreve a bajar Temblaba el caballo que el caporal no lograba mantener
– dijo nuevamente en voz alta. Pero esta suposición quieto un instante. Con la boca reseca y pálido el
también fue desechada; lo mismo de que fuese la carroña semblante, el llanero repuesto ya de la sorpresa se apeó
de una res; pues aquellas sabanas permanecían siempre del caballo y tomándolo por el cabestro llegó hasta el
solitarias, y en ellas no aquerenciaba, siquiera, el ganado cadáver. El cinturón, del cual pendía la vaina de un machete
cimarrón. vacía, se había reventado. Al verla, Misael sintió que un
estremecimiento de pavor lo sacudía de nuevo, y clavado
- ¿Pero qué demónchiros vendría a morirse allí? – en el suelo, sin atreverse a dar un paso más, recordó que
exclamó por último y hundiendo los talones en los ijares del aquella vaina, de manufactura extraña, distinta de las que
potro, partió como una exhalación. Momentos después se conocían en el Llano y quizás también en el país,
conoció que iba aproximándose a lo que buscaba, cuando guardaba un fino machete, también de marca desconocida,
de repente el potro paró en seco y desviando la línea recta que él había visto colgado del cinturón de Flaminio, cuando
de su carrera, con la misma celeridad que traía, estuvo a meses atrás llegó hasta el campamento de los geólogos a
punto de arrojar por el costado a Misael, que no esperaba prohibirles la matanza de los animales silvestres.
aquella espantada, ni menos el haberse encaminado en
línea recta, por entre el pajonal, a lo que apenas vislumbró. Sólo hasta entonces Misael reconoció en aquel rostro
desfigurado; en aquellos bigotes erizados como púas, por la
- ¡Jijuepuyita! Conmigo hay que comer avispas; hinchazón, el rostro de su enemigo, y quitándose el
potro´e los diablos – le grito al caballo, y castigándolo por sombrero se dirigió al cadáver en tono solemne:
las orejas con el azotador, lo hizo volver, después de
haberlo sofrenado bárbaramente. - Flaminio, te esperé mucho pa arreglar como
hombres una cuenta; pero ahora que nos topamos, has
Caminando al paso se acercó. Primero fue una oleada, que cantao millón, y por eso te perdono. La muerte es un
a manera de calofrío intenso lo sacudió como una descarga descanso o un castigo. ¡Lo que haya sio pa vos, tú lo
eléctrica, desde las uñas de los pies hasta el cuero sabrás! – Sin proferir una palabra más, se cubrió de nuevo
cabelludo. Luego, serenándose lentamente, comenzó a y recogiendo el ronzal se dirigió al caballo que pugnaba por
acercarse obligando cuanto más podía al potro que se alejarse de allí, cuando a unos pasos vio la desnudez del
resistía a llegar hasta aquello, resoplando nerviosamente. machete, que brillaba entre el pajonal. Se acercó a mirarlo
con la curiosidad e interés de un experto en esta clase de
armas, encontrando junto a él, partida en varios pedazos, a
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una serpiente cuatronarices que las hormigas no habían Los vaqueros quedaron perplejos. Más uno pensó en la
terminado de devorar. La miró largamente, moviendo la vieja enemistad del cuatrero, tanto con Juan Ramón, como
cabeza de un lado a otro, en silencio. Después de meditar con el Caporal. Misael que entendió aquel silencio y leyó en
algunos momentos y perdido ya el interés por conocer el sus rostros lo que no decían en palabras, añadió:
machete, montó, murmurando entre dientes -: “La machetió
después que lo había mordido, pero ella también lo mató. - Ahí, cerquita, quedó el zancarrón de la culebra. No
Mal fin tuvo el hombre. Que Dios lo acompañe:” sea que lo pisen y se les pueda enterrar un güeso. Como va
don Girón, él sabe como se ponen los calafres de los que
mueren mordidos de taya.
III
- Tuvo la muerte que merecía – respondió el viejo -.
Cuando llegó al patio de la casa “Rodamonte” alentaba aún. Sino juera porque en el mundo tamos, y porque el Caporá
El negro Jaspe, sin sombrero, arrodillado junto al perro con lo manda, yo lo dejaría que se lo zamparan los zamuros.
una totuma de leche entre las manos, le daba de beber por
cucharadas. Alrededor del can la gente de la casa formaba - Habla del cuerpo y no del alma, don Girón. Apure
un apretado círculo. Hablaban todos a la vez, insinuando que se hace noche – terció Cubillán; dirigiéndose al caney
cada uno lo que a su parecer más le convenía al envejecido de las monturas.
“Rodamonte”, cuyas fuerzas no le alcanzaban ya ni para
abrir los ojos. - Si has dir con miedo, mejor no vas. Quédate en la
cocina. – Respondió el viejo con zocarronería.
Al llegar Misael, todos los que formaban el círculo se
volvieron para darle la noticia del hallazgo creyendo darle - No es miedo; agüelo. – Rugió el aludido. – Dígame
una sorpresa y pensando en la botella de ron. Más, al ver la que vaya a traerle soguiao horita mismo un toro cimarrón, y
cara sombría del Caporal, ninguno despegó los labios. verá que le amanece en el corral. Pero a los muertos yo no
quero ni oírlos mentá; dende que me tocó tar con uno toda
- ¿Quen lo topó? – dijo desmontándose, en tanto la noche, solos, he quedao machiriao.
que el caballericero tomaba por la brida al potro, para
llevarlo. - Es mucha cosa un muerto, manito – intervino el
negro Jaspe, tomando al perro en brazos como a un niño,
- Naiden – se apresuró a contestar el negro -. Pero para llevarlo al caney -. Yo tengo que mentásela a uno pa
yo lo vide primero. Llegó solo, tembleque y se tumbó aquí que me deje dormí tranquilo.
pa no golverse a levantá. Mírelo como ta trozaó´e jambre.
- Algo le harías tando vivo.
- Hacele una cama en el caney viejo y encargate del,
Jaspe. Los demás a ensillar pa irse pal morichal del - ¿Algo? ¡Algo no es na! Tuve que madrugale, o si
Suspirador a enterrar al Flaminio que lo mató una taya hará no es él el que me estaquea el cuero.
unos tres días. Pero corriendo, porque la zamurada anda
encima, y en esto no van a dejá sino los güesos pelaos. - Con razón que siás tan feo, y renegrío como tizón
de los infiernos – le grito la negra desde la puerta de la
cocina -. ¡Ya no servís sino pa cargar perros!
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y con la cola en alto llegó de la llanura, con la celeridad que
- Hay, negraza – contestó riendo Jaspe -. Es que le era dable. A lo lejos volvió a chillar la pirza, más inquieta
Rodamonte, con goler a perro, no güele como goley vo; y aún.
yo tengo la narí mu delicá.
- Déjate de bromas, Rabo de Escoba – replicó
Pájaro Pollo -, no se debe jugar con la tranquilidad de
JORNADA DECIMOTERCERA nadie. Somos muchos para que un advenedizo como tú,
deforme y baldado, intente burlase de nosotros.
Al fin, la voz de alarma.
- ¿Cuándo no has de insultar? Prepárate. Y
I escuchad todos vosotros: Galaí se acerca. He sentido el
vaho de su cuerpo desde muy lejos y me he turbado todo
Por sobre la Mata de Monte cruzó, sin detenerse, una como si me hubiese atrapado. Tan intenso es su olor que
bandada de loros, que al romper la quietud y el sopor del me hizo latir la sangre en todo el cuerpo, no sé si de coraje
mediodía despertó a la adormilada población de aves y o de pavor. Huid, pues; sin pérdida de tiempo. Pongámonos
cuadrúpedos, que bajo la grata sombra dejaba transcurrir a salvo todos, antes de que sea tarde.
las horas de calor. Hubo un momento de expectativa. Una
pirza chilló a lo lejos, volando de un árbol a otro; y Zamará, - Huyamos, ayúdame – gritó desolado Pájaro Pollo.
que desde hacía ya algunas horas se había dedicado a la
rumia, dejó de mover las quijadas, y volviendo las orejas - Huye tú – dijo una voz demasiado conocida, a ras
hacia la llanura, estiró la nariz para olfatear largamente. de suelo, entre la fronda -. Huya todo aquel que quiera
Tres veces repitió esta misma operación, y a la última se conservar la vida. Yo espero aquí, en donde llevo muchas
levantó; no con la tranquilidad acostumbrada, sino más bien lunas esperando. Es a mí, a Gugudú, a quien busca Galaí y
con premura, y abandonando la tranquila sombra se alejó no a ninguno de vosotros.
en silencio, internándose entre el pajonal.
- ¡Cada cual salve su pellejo! – replicó el Pollo -.
Pájaro Pollo que lo vio a gran distancia, comenzó a chillar: Cada uno está dentro de su piel y no metido en la de los
demás. Adiós, yo me voy. – Y comenzó a ascender de rama
- Aún no es hora de que Zamará vaya a comer. El en rama dando pequeños vuelos cortos.
sol no ha bajado todavía a la llanura. Apenas va por encima
de nosotros; ¿por qué pues, Zamará deja la sombra en la - No hay que desafiar a Galaí – dijo Oso
que pasa la mayor parte del día? Si ha sentido algo, debía Hormiguero, y habiendo identificado al reptil, se retiró a
avisar, para favorecernos todos. ¿O es que el peligro es prudente distancia sin quitarle un momento los ojos -. Tanto
solamente para él? Galaí como tú, Buche sin Fondo, sois mis enemigos. Os
detesto por igual; pero en el presente caso el peligro es
- El valiente, el centinela del bosque comienza a tanto para ti como para nosotros. He venido –continuó – a
sentir miedo. ¿Acaso no pregona todos los días que sólo a cumplir con nuestra ley, trayendo la voz de alarma para
su desvelo y sacrificio debemos la vida? Es el momento de amigos y para enemigos; por consiguiente puedo, en
que lo demuestre, porque en realidad ahora sí hay peligro – nombre de ella, ordenar que te alejes del peligro.
dijo jadeante Oso Hormiguero que cojeando grotescamente,
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- ¿Ordenar? ¿Tú? Solamente ordena – contestó producen espinas venenosas para defender sus frutos?
irritado el Güio – aquel que pueda hacerse obedecer. Se Nosotros somos esas espinas venenosas que el bosque
obedece por miedo; por cariño; por conveniencia, o por produce para defenderse. Que Galaí ni carnicero alguno
negocio. Ninguna de estas cosas tiene que ver con profane nuestros dominios, y se verá libre de morir a
nosotros dos. Así que no ordenes nada y ándate tranquilo; consecuencia de las mordeduras de los de nuestra tribu.
sabiendo que si yo me quedo aquí es, precisamente, para
garantizar la vida de todos vosotros, que apenas si sabéis Como si se le hubiese dado fuego a la Mata de Monte,
defenderos corriendo... todos los pobladores, tanto de pelo como de pluma,
andaban alborotados. Vuelos y carreras en distintas
- ¡Yo no soy un cobarde, Buche sin Fondo, os lo direcciones se escuchaban al tiempo. Nadie sabía a dónde
puedo demostrar ahora mismo si quieres! Sólo que no es a ir, ni tampoco de qué lado se presentaría el peligro.
mí a quien toca sondear qué tanto valor tengo.
- Huyamos a tiempo – chillaba Pájaro Pollo -, y
- Tu misión no es la defender la vida de los dejemos al tragón para ver de qué es capaz. Es a él a quien
hermanos; sino la de mantener a raya a las hormigas, que buscan.
sin tu lengua acabarían con los bosques. Sé que no eres
cobarde; mas yo sí puedo ordenarte que te alejes. Tú lo - ¡Peligro! Carnicero viene – coreaban las pirzas.
comprendes y te irás sin que yo te obligue. El papel tuyo es
muy distinto al de mi tribu. Toda la casta de cuatronarices y - Ponerse a salvo. La prudencia nunca ha sido
tayas anda diseminada alrededor de esta Mata de Monte cobardía, - se escuchó a los lejos, atenuada por la
impidiendo la entrada de enemigos. No creo que Galaí distancia, la voz de Pájaro Pollo, al alejarse. Un chacure,
cruce vivo esta línea de centinelas que a la fuerza después de haber dado varias carreras y olisqueando la
mantengo en sus puestos. Mas, si llegase a pasar, por brisa en distintas direcciones, sin saber en definitiva de qué
descuido o miedo de estas parientes mías, aquí estoy yo se trataba, resolvió ponerse, con gran ardimiento, a excavar
esperándolo desde antes de que comenzara el invierno. El una cueva entre las gigantescas raíces de un paraguatán,
agua se desgranó del cielo durante muchas lunas. La para ocultarse allí creyendo estar más seguro. El pánico
llanura cambió de color, como nosotros de escama. Pasaba cundía. Los alaridos de las pirzas; los gritos destemplados
el tiempo, las aguas se alejaron con la llegada del verano y de las guacamayas que chillaban porque oían chillar y la
yo continuó aquí, como nuestra ley lo manda. Listo a confusión general, provocaban estampías desaforadas y
defender lo que se me ha confiado y a entregar mi piel a ruidosas de las lapas, que desde las puertas de sus
costa de la vida de aquel que me la quiera quitar. madrigueras a donde se habían asomado para indagar,
corrían hasta la linde del bosque, y sin atreverse a cruzar la
“No entiendo a Galaí – continuó -, cuando se queja de que sabana, regresaban nuevamente más miedosas y confusas
nuestra tribu lo ataca y mata instantáneamente. ¿Somos aún.
nosotros, acaso, lo que vamos hasta sus dominios a
hacerle mal alguno? ¿Las avispas no defienden su panal, Oso Hormiguero no quiso huir. Muchos peligros había
que es al tiempo su nido, cuando alguien intenta robárselo? sorteado durante el breve curso de su vida; y si de unos
¿Nuestra tribu por qué mata?, por conservar la propia vida había sacado largas cicatrices y una pata coja, en cambio
a la cual tiene el mismo derecho que Galaí, y para defender en el resto de sus luchas, si no había salido vencedor, al
la de los demás. ¿Acaso no has visto cómo muchos árboles menos se había ganado el respeto de sus enemigos.
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- Me quedaré aquí para veros luchar contra Galaí. Por toda contestación Perico Ligero repitió su grito, y, con la
Tengo curiosidad por verlo de cerca – dijo al Güio en tono lentitud característica de sus movimientos, comenzó a
amistoso -; en algo podría ayudaros. descender hasta otra rama, desde la cual entabló diálago
con Chacure.
- No necesito ayuda alguna. Nunca la he necesitado.
Mas tu presencia echaría a perder la mejor de mis armas: la - No te fatigues así, Rata sin Cola – dijo el roedor -.
serenidad: pues como tu vida está desde este momento Con lo que has ahondado entre las raíces es suficiente para
bajo mi protección, al quererla defender de los ataques de la que nos acaba de librar del carnicero mayor pueda
Galaí, tal vez hiciera algún movimiento falso; quedando, librase del sol y dormir tranquila, si es que te hace el honor
tanto tú como yo, a merced del más poderoso de nuestros de ocupar tu habitación.
enemigos. Escóndete en la Mata de Monte si quieres
mirarlo, aun cuando creo que no tendrás ocasión de verlo - ¿Qué dices? Como nunca se te oye, cuando dices
vivo. algo lo haces tan mal, que no se te entiende.

El bosque iba quedando silencioso después de aquel tropel; - ¿Acaso crees que soy Pájaro Pollo para estar
y por último era solamente la brisa la que volaba entre las hablando de todo a cada instante?
ramas. Unos habían huido, y los otros temblaban en el
fondo de sus madrigueras, o en sus escondites. - ¿Qué es eso de que otra venga a ocupar esta
cueva, por habernos librado de quién?

Entre en escena Perico Ligero. – Chacure formula algunos - Anda ya que te precias de ser tan veloz, a llevar la
reparos. noticia de que yo, Perico Ligero, el más tardo e inútil de
todos vosotros, el más ignorado, mudo y calumniado de los
II que aquí vivimos, soy el único cuyos ojos van más allá de lo
que pueda alcanzar la vista de Arpía o de los Jucas; y por
Suspendido en lo más alto de la rama horizontal de un esto. Acabo de ver, cómo una de las muchas cuatronarices
anciano y gigantesco paraguatán entre cuyas raíces a quien Gugudú ha perdonado la vida, pero que mantiene
Chacure excavaba su cueva; indiferente a todo lo que alejadas de aquí desde hace mucho tiempo, acaba de
sucedía; sereno y altivo bajo su humilde pelamen gris; asaltar a Galaí y a estas horas debe estar muriendo, porque
girando la cabeza de uno a otro lado, se quejó Perico lo he visto caer, revolcarse entre la paja, al tiempo que en
Ligero: - Arí iaaaa, iraiiii, iaaaaaaiii. sus manos brillaba, como un rayo de sol, algo con que
Chacure dejó de excavar para mirar hacia arriba, azotaba el suelo persiguiendo a nuestra hermana buena y
asombrado de que en aquellos instantes, cuando todos valiente.
huían o guardaban silencio temblando por sus vidas, Perico
Ligero, que de ordinario era mudo y más que mudo tímido, - A mí no me creerán – contestó Chacure -. Como
se atreviese a cometer aquella imprudencia. siempre ando huyendo; asustado de todo, dirán que el
miedo me ha hecho daño; que ando diciendo disparates,
- Cállate, imprudente – le gruño -. Ya que la pereza enloquecido por el terror.
no te deja huir, guarda silencio, al menos.
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- ¿Por algo te llaman rata, entonces? de pelo. Perdonémosle su glotonería, ya que ha querido
librarnos de la muerte a manos de nuestro detestado
- ¿Y qué he de hacer? Dejar que me llamen como enemigo.
quieran; más, si no confío en la velocidad de mis piernas y
en el miedo que duplicándola me hace huir y desconfiar de - Nos libra de la voracidad de Galaí, si es verdad lo
todo, ¿crees que habría podido vivir hasta hoy? que tú dices; pero nos deja vivir para saciar en nosotros su
apetito – terció Chacure asomando apenas la punta del
- Anda a llevar la noticia, yo no puedo ir porque hocico a la puerta de su guarida -. Si no fuese por Gugudú,
estoy encadenado a los árboles – arguyó Perico Ligero -; mi compañero estaría todavía conmigo. Apenas hace dos
con esta vestidura espesa y tupida que me defiende de las lunas que se le sorbió como si fuese una mosca. Yo
lluvias me enredaría entre el pajonal; mis patas tampoco se escapé, gracias a mi desconfianza de hembra. Cuánto bien
han hecho para caminar o correr como las tuyas. no hubiese hecho Galaí al librarnos de ese tragón.

- No iré. Tampoco creo en lo que dices. Galaí es - Pensáis lo mismo que Pájaro Pollo – replicó Oso
invencible. Por algo tiene el rayo y el trueno en sus manos. Hormiguero -, porque sois una caterva de infelices. Hoy con
un amo, mañana con el otro, según os convenga. Si Galaí
- Yo iré – dijo llegando Oso Hormiguero. A esta voz hubiese llegado hasta esta Mata, no habría quedado vivo
Chacure quedo a medio metro bajo tierra, sepultándose en ninguno de nosotros, ¡Qué importa a la vida de todos, un
la cueva que se había improvisado. chacure de más o de menos! ¿Hasta cuándo entenderéis,
rata negra, que todos los de vuestra tribu habéis sido
- ¿Con tu cojera, no has huido Rabo de Escoba? – creados para ser pasto de otros, que desempeñan una
Preguntó Perico Ligero. función más grande que la vuestra, que no consiste sino en
roer y más roer; producir hijos tras de cada luna, y vivir
- No soy de la tribu de Chacure, y creo que si Galaí huyendo hasta del ruido de la brisa? No defiendo a Gugudú;
no nos ataca a traición, como suele hacerlo, podríamos pero tampoco le temo. Mas, en su defensa del bosque y de
hacerle frente. Yo, al menos, con ocultarme entre la paja y todos nosotros, ni yo, ni Perezoso, ni tú, podemos hacer
permanecer quieto, logro que sus ojos no me distingan. nada de lo que él hace y los de su tribu.
Ahora lo que me inquieta es Gugudú. Sin decirlo ha hecho
entender que una vez que venciera a Galaí, “cada cual en - Decid lo que queráis. No creo que Galaí pueda
su sitio, y a lo suyo”. La amenaza pues, ha sido para todos. morir. Es demasiado poderoso y grande para que muera
así, como uno de nosotros, tan vulgarmente. He oído
- Estar alerta es nuestra consigna, Rabo de Escoba. muchas cosas sobre él, para que ahora tratéis de hacerme
¿Te sientes amenazada por los carniceros de tierra y agua? creer que Cuatronarices, esa insignificante lombrizuela
¿Qué diré yo de los carniceros del aire, que son todavía verdosa, incapaz de fabricarse una madriguera y que
más voraces y atrevidos? Ahora me explico que el miedo de buscando nuestro calor viene a vivir tanto a mi casa como a
Chacure sea una manera de vivir alerta, como lo manda la de Borugo, pueda causarle daño a él, que lo puede todo,
nuestra ley. Vi cuando te aproximabas a Gugudú llevando la que le basta, como lo sabemos todo, alargar la mano del
voz de alarma y pensé que ibas a morir entre sus anillos; pajonal o al bosque para que éstos se incendien y las
pues desde comienzos de la última temporada de lluvias no llamas vayan hasta más allá de donde pueden ir nuestras
ataca a las tayas, sino vive a expensas de los que vestimos miradas. ¿Podrá morir, quien sea capaz de hacer esto?
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En su ruta había tropezado varias veces, ya con una
- Cada cual a los suyo, Chacure. Haces bien en serpiente de cascabel o con una taya, que aletargadas por
pensar así, como os corresponde, como a un ratón – y sin el calor de mediodía, dormían enroscadas, a la sombra de
decir más, Oso Hormiguero partió hacia la sabana, en cualquier matojo, a falta de una cueva en la cual
dirección a las lejanas y esparcidas manchas de pequeños guarecerse.
bosques que a manera de islotes medraban en las
cercanías de la Mata de Monte, que sobre las márgenes del Cojeando o no, por entre el alto y duro pajonal, avanzaba
río Pauto era el refugio de cuadrúpedos y aves en aquella abriéndose paso con u entusiasmo poco acostumbrado en
vasta región de la sabana. él, que revelaba hasta cierto punto una recóndita alegría.

Hacia aquellas pequeñas islas de verdura, que se alzaban - Ahora ya podremos vivir nuevamente tranquilos –
por sobre la masa gris e inconmensurable del pajonal, decía para sí -, Galaí ha muerto. ¿Qué importa que entre
habían huido aquella misma mañana todos los habitantes nosotros unos seamos devorados por los otros, si desde
del bosque. que nacimos lo tenemos sabido y hemos aprendido a
defendernos? Ya no escucharemos más su trueno, ni
Perico Ligero, ascendiendo nuevamente por la misma rama, sentiremos su rayo, que después de atravesarnos va a
se marchó en silencio; sin mirar siquiera a Chacure, que clavarse en los troncos de los árboles de los cuales
humillado y mohino terminó por meterse hasta el fondo de comienza a manar jugo, como de nosotros brota la sangre
su refugio. hasta que se nos sale toda. – Monologando así, se iba
acercando al primer montecillo de los varios que rompían
- Todos me llaman ratón – murmuró entristecido -, con su verdura alegre la monotonía amarillo-grisacea de la
me desprecian porque no doy zarpazos como Balacú. dilatada llanura.
Porque no tengo dentadura de caimán, o la fuerza de
Gugudú. ¿Acaso esta manera de defenderme, sin armas de - Qué miedo el que tienen todos – dijo llegando -.
ninguna clase, y sin buscar pelea a nadie no es, también, Nadie se atreve a chillar. Parecen desiertas estas matas.
una ciencia como la del que ataca y mata para poder vivir? Pájaro Pollo, ¿dónde estás?
Zamará corre y yo me escondo. Nadie lo llama por esto
cobarde, a pesar de ser el más grande de los habitantes de Sólo una pirza, que volaba en silencio hacia la linde del
pelo que vivimos con esta Mata. En cambio, a mí, que no bosquecillo, afanada e indecisa se atrevió a contestar:
tengo piernas tan largas como las suyas, ni poseo las
orejas de él, que recogen el más pequeño y lejano ruidillo; - Nadie ha visto a Pájaro Pollo y no alborotes tanto,
ni que dispongo, tampoco, de la finura de su olfato, me Nariz y Media, pues ya sabes lo que tenemos demasiado
llama rata, cobarde, porque me defiendo corriendo o cerca.
escondiéndome. ¿Qué será lo que quieren? ¿Qué me
ponga a rugir como Balacú para larlas de valiente; o que - Cerca, sí. Muy cerca del pico de los Guaras. Allá
caiga sobre Gugudú, a zarpazos, con estas uñas que no junto al estero; en donde Cuatronarices le ha dado muerte.
sirven ni para rascarme?
- Déjate de bromas. Tengo a mis hijos aguantando
Entretanto Oso Hormiguero avanzaba por entre el pajonal hambre desde la mañana en nuestra vivienda. Y como
hacia los primeros árboles que ya se distinguían a lo lejos. hasta ahora Galaí no ha aparecido, estoy deseando
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regresar para llevarles algo. Cierto o no lo que cuentas, me Viendo cómo la pirza chillaba discordantemente,
voy ahora mismo. anunciando pitanza a sus pollos y, alarmado por su
desenvoltura, como si nada fuera a ocurrir; voló en silencio,
- Puedes irte tranquila. Busca a Perico Ligero para desde su alto escondrijo de ramas y con el plumaje de la
que desde lo alto de los árboles pueda mostrarte en donde cabeza erizado; ahuecando las alas en ademán de pelea y
quedó, tendido entre la paja; como un árbol que podridas con el pico entreabierto, amenazo a la mochilera, que
sus raíces, viene a tierra para no volverse a levantar ya sorprendida por aquella retadora actitud del Pollo, guardó
nunca. silencio; no por miedo, sino por curiosidad, para saber hasta
donde llega la amenaza de aquel que de todo tenía fama,
menos de peleador ni de valiente.

Cuando estuvo cerca de la mochilera, le dijo a media voz,


en tono irritado:

- ¡Debía castigarte por escandalosa.


Hasta para huir se necesita valor. – De nada sirven las
Alas cuando el alma es de corto vuelo. - ¡Atrévete; cuentero hediondo!

III - Atenida a tu condición de hembra, abusas. Pero


como se trata de la vida de todos, te castigaré. Cumpliré la
En vano Oso Hormiguero buscó a Pájaro Pollo para que ley.
regase la noticia, ya que divulgarlo todo era su
especialidad. Pero por ninguna parte lo encontró. Ni a Y con el plumaje más erizado aun, quiso acercarse a la
habitante alguno de pelo o de pluma, aparte de la pirza que pirza, cuando en esos momentos perico Ligero se quejó de
volaba ya hacia la Mata, en donde estaban los nidos de la nuevo a los lejos y la tonalidad de su lamento, como una
colonia. Al llegar a los primeros árboles detuvo el vuelo, oleada de tristeza, se fue regando por la sabana.
fatigada, y dando pequeños saltitos de una rama a otra vio
cómo un gusanillo se arrastraba diligente por una rama, Tanto la pirza como Pájaro Pollo guardaron silencio,
tratando de llegar a las hojas tiernas. Dejó escapar un grito embargados por la melancolía de aquel gritar, cuyo cambio
de júbilo y sin darle tiempo para esconderse, se lanzó a de tonos lograba apaciguar hasta la cólera.
cazarlo pensando en el desayuno de los hijos. Fue en aquel
instante cuando se hizo presente Pájaro Pollo. - ¿Por qué no vas a reñirlo, también por haber
gritado así? – interrogó la pirza dispuesta a marcharse -.
No habiéndose arriesgado a hacer la travesía con el resto Tanto quieres saber, que ignoras lo que hasta el mudo
de las aves, por aquella sabana desguarnecida de árboles; Perico Ligero está pregonando.
y más que todo, paralizado por el miedo, se había refugiado
en el extremo opuesto de la Mata de Monte, dispuesto a - ¿Pregonando qué?
guardar silencio, y con los ojos cerrados para no gritar de
terror ante lo que hiciera Galaí. - Averígualo, ya que ese es tu oficio.
119
Cuando se hubo marchado, y Pájaro Pollo trataba de Había llegado hasta allí, sólo para llamar la atención de
explicarse la actitud de la pirza y el gritar de Perico Ligero, aquellos charlatanes, haciéndoles ver el peligro que corría.
que solamente lo hacía de noche, y eso en contadísimas Mientras todo el bosque era silencio, sólo ellos -
ocasiones, una bandada de loros que venía de los lados dl inconscientes e irresponsables, pensaba – se atreven a
estero, por parejas y a gran altura, descendió para posarse denunciar su presencia, excitando así la codicia de Galaí,
en la Mata de Monte, no lejos del lugar en donde se que sin vacilar se dirigirá a esta Mata y no a otro sitio
encontraba el Pollo, que perplejo puso oídos a la jerigonza alguno.
de aquel vocabulario: Enfurecido por aquel ruido que lo exasperaba, sin poder
contenerse un instante más, chilló desde su alto mirador:
- Alcorialcorí, alcooooooria, corí, quiro.
- Callaos ya, pajaretes vagabundos e indeseables.
- Quién pudiera saber lo que dicen estos charlatanes Continuad vuestro viaje que aquí nadie os necesita.
– murmuró -; llegaron por la misma vía por la cual ha de
venir Galaí. No se sabe si es alarma su gritar, o es Hubo un momento de silencio y expectativa entre la
simplemente su vocinglería insoportable. bandada, que Pájaro Pollo aprovechó para continuar:

Volando a su manera, lo más cortó y silenciosamente que - Ahora que necesitamos a Juca, para que aleje a
podía, siempre de un árbol a otro, fue acercándose hasta estos charlatanes de oficio, no aparece. Sólo se presenta
donde la charla de los loros impedía oír nada que no fuese cuando alguno de nosotros, los que sí valemos algo, puede
aquella estridencia. Colocado lo más cerca posible de la ser atrapado al descuido. Idos de aquí, ya que no hacéis
bandada, y en lo más alto de la copa de un árbol, paseó su falta en ninguna parte.
mirada de centinela avezado por aquella dilatada extensión
que, de mirarla tantas veces, ya conocía de memoria, y en Una de las loras, imitando la voz de Pájaro Pollo, trató de
la cual lograba distinguir, por distante que estuviese, repetir algo de lo que éste había dicho, y aquella fue la
cualquier silueta por vaga e imprecisa que apareciese en la señal para que toda la bandada, sin miramientos de
distancia. ninguna clase, formarse el más grande de los barullos,
remedando al mismo tiempo, todos, la voz chillona del
Entregado de lleno a su tarea de otear, pareció olvidarse de Pollo. Lo que antes fuera un desabrido parloteo, se había
la algarabía de los loros y de todo lo que lo rodeaba. Así, convertido de repente en la más desagradable de las
sumido en profunda mudez permaneció durante largo zambras.
tiempo, sorprendido de no haber encontrado nada que
inquietase la apacible quietud de la sabana en aquellos La pirza después de haber dado a la carrera un vistazo a
momentos. Pensando que su mirada tropezaría con la sus hijuelos, se reunió al grupo, encantada de poder zaherir
silueta de Galaí, ya cercana a la Mata, sólo encontró la al tradicional crítico.
lejana monotonía de siempre. Los mismos contornos vagos,
esfumados, de pequeños arbustos solitarios que muchas - Esto es lo que mereces – le gritó llegando -. Ahora
veces había tomado equivocadamente, como siluetas vivas desafíalos a pelear, como a mí, ¡Cucaracha!
de enemigos que asomaban la cabeza por sobre el pajonal.
- Grita tú también. Es el momento en que tienen la
palabra los irresponsables. El que más duro grite y más
120
disparates diga, será considerado el mejor. Nada importa lo sima, oyó, llegando al suelo, los alaridos de una de las loras
que pueda traernos el tumulto. Lo interesante es hablar, y al desconcertado y ruidoso vuelo de todas las demás aves
gritar, hacerse oír incitando a los demás a la imprudencia. que huían en distintas direcciones, chocando contra las
¡Grita, grita más alto pirza! que si ayer los Araguatos ramas en busca de refugio.
dejaron algo en tu vivienda, el que ahora llegará podría si le
viene en gana, no solamente destruirnos a todos; ya que la Entretanto la lora atrapada por las garras de Juca, gritaba
irresponsabilidad, el tumulto y la estulticia están por encima cada más débil y lejanamente, batiendo las alas, en un afán
de la prudencia y la sensatez. ¡Qué momentos los que han de recobrar su libertad.
escogido estos insensatos para hacerse oír! Momentos después, en el esqueleto de un árbol seco,
achicharrado por un rayo, en donde ni ramas ni follaje
Nadie escuchaba a Pájaro Pollo. Los loros redoblaron su alguno ocultaban la vista, la rapaz detuvo el vuelo y se
gritar, emulados por la locuacidad de la pirza. A estas voces entregó al festín, del cual iba fluyendo un remolino de
se juntaban las nuevas que iban llegando. El bosque diminutas plumas verdes y azules que el viento se encargó
silencioso horas antes se había convertido, en un instante, de dispersar por la sabana.
en una indescifrable algazara en la que iban mezclados los
gritos, revuelos y trinos, con las carreras y saltos de las
ardillas; que saliendo de sus escondrijos arbóreos tampoco JORNADA DECIMOCUARTA
se quedaban mudas, dejando oír sus voces ligeras, apenas
perceptibles. “Así como la mula adivina al zambo viejo, sin haberlo ventiao,
Así siente uno ciertas cosas.”
La fiebre de la alegría se había apoderado de todos. Cada
cual daba rienda suelta a su garganta, como para resarcirse I
de las horas de silencio que la voz de alarma les había
impuesto, a la fuerza, en un día tan claro y despejado como Sin más responso que el sollozar de la brisa entre las hojas
aquél, en que lo menos aconsejable era guardar silencio y del cercano morichal, y dentro de un hoyo en el cual apenas
permanecer sosegados. cupo, fue sepultado el cuerpo del cuatrero, junto con su
machete. Pues ninguno de los llaneros, ya por superstición
¿Quién se iba a cuidar de los sermones de Pájaro Pollo, ni o por un elevado concepto del decoro personal, quiso
a hacer caso de sus advertencias? Todos sabían que en él apropiarse el arma, a pesar de su belleza y calidad.
era un hábito molesto criticar y estar indicando a los demás,
qué debían o no, hacer. Por ello cada cual gozaba a sus Cuando don Girón, que por su edad y categoría gozaba de
anchas esa bendita alegría de saberse libre y ajeno al gran ascendente entre los peones, arrojó la primera
peligro que horas antes los redujera al más absoluto garlanchada de tierra húmeda sobre el cadáver, puso
silencio, lleno de inquietudes y zozobra. también en un ángulo de la fosa el machete, al tiempo que
decía:
Queriendo hacerse oír iba Pájaro Pollo de un árbol a otro;
enfurecido unas veces, suplicante otras, ante la indiferencia - Como tendrás que defenderte de tanto cargo que te harán,
burlona de todas las aves allí congregadas. De repente te dejo la peinilla pa por siacas... y por an dispues de todo,
guardó silencio, y dejándose caer desde lo alto de su juites un güen llanero.
mirador, como una piedra que se arrojara al fondo de una
121
- De nada sirven las armas cuando la hora llega, don Girón. - ¡Cuidado, tuso! Al potro lo picó una culebra. ¡Yo la vide
¿De qué le sirvió al dijunto haber matao la talla? cuando la jondió de la primera patada!

- Era que taba carga´e veneno, porque haría rato que no - ¡Maldita sea, y jue al mío! – exclamó Cubillán, buscando a
mordía. No le dio tiempo ni de arrimar algún lao a buscar la la víbora con los ojos, por el suelo; más el tuso Carpio, que
contra. – Añadió Anselmo. por estar cerca del caballo la vio caer, le gritó:

- ¿Y a onde arrimaba dende esta lejura? - Déjala quieta, que el potro le partió el espinazo de la
patada. Así se la zamparán medio viva las hormigas y en
- Pus a Matepalma, carijo, ¿acaso pensás que se iba a algo pagará el mal que te hizo.
negar auxilio a un hombre mordio´e culebra?
- Ta queriendo juir, pero no puede. Es la compañera de la
- Habría sio güeno que hubiera ido a recoger sus pasos. que mató al Flaminio – dijo Anselmo -. Vino a cobrar la vida
de la otra.
- Recogiéndolos andaba – repuso don Girón -. Dende que
se dedicó a ladrón llevaba la muerte encima. Se la De lejos, desde el fondo de la Mata de Monte, vino como un
teníamos sentenciada todos. mensaje dolorido la voz de Perico Ligero. Nadie reparó en
ella, ni hizo caso de aquel lamento. Sólo los caballos,
- Todos no, don Girón – intervino Cubillán, en tono enfático girando las orejas levantadas, volvieron la cabeza en
-. A mí nada güeno ni malo me hizo, pa que me metan en aquella dirección.
vainas con el muerto.
Don Girón, ayudado por los muchachos, logró reducir al
- ¿Pero a vos qué mal o qué bien se te puede jasé; sino caballo y después de liarle fuertemente la caña, bajo el
tenés ni pa lo uno ni pa lo otro? ¿Sino que sos sólo mieo? corvejón, dio la orden para que Cubillán, a todo escape, se
fuese a Matepalma, a tratar de curarlo.
- Y dale con la vaina del miedo. Quisiera horita mismo
matame con alguno, pa que vean si es miedo. - Ya sabía yo – dijo el mozo antes de montar y con el rostro
terriblemente pálido -, que trae desgracia hablar mal del
- Déjate de cachorriar – contestó don Girón -, y échale tierra muerto. Ni ganas me dan d´ir; lo ques el mocho se muere.
al muerto pa que no se salga esta noche y te saque del Mírelo cómo tiembla...
chinchorro por las patas.
- Déjate de ser pendejo, Cubillán, te lo digo yo – le gritó el
Algunos rieron, pero su risa fue interrumpida por los tuso – andate aprisa antes quel veneno le corra por tuel
corcovos y coces al aire quem en forma desesperada y cuerpo y sea demasiado tarde.
violenta comenzó a dar uno de los potros alborotando a los
demás caballos, que pugnaban por soltar las maneas, Partió el llanero sobre la inquieta bestia cuyos ojos
llenando de confusión a los peones que abandonaron su brillantes y como extraviados parecían mirar sin ver lo que
tarea para saber de qué se trataba. le rodeaba, sino las oscuras sombras de la muerte.
122
- ¡Bien dice el dicho que culebra que pica no anda sola! – - La Mata de monte ta muy lejos, para cortar un palo –
Dijo en voz alta y como para sí el tuso. contesto don Girón -, ¿y pa que diablos se necesita, en
estas lejuras, saber onde lo han echao a podrir a uno?
- Yo no creo en esas pendejás – replicó don Girón -; de lo
que sí toy convencido es que hay gentes que hasta en - Yo quisiera dir a cortar el palo – intervino Crisóstomo -,
dispués de muerta traen la mala. pero el corazón me dice ques mejor dirnos. Por algo ta el
culebrero alborotao.
- Acabemos de echarle tierra a este calafre, pa dirnos. –
Intervino Crisóstomo. – No me gusta esta sabana. Siento, - Mire que llamar culebrero a dos bichas, meras, que tal vez
comezón en tuel cuerpo, como si me tuvieran mirando de al sentirse pisadas han picao; si es mucha desageración –
todas partes y yo sin poder ver ni oír a nadie. dijo Carpio -. Hue la casualidá.

- ¿Hora vos, también – dijo colérico don Girón -, vas a sentir - ¿Y te parecen pocas dos casualidaes tan seguidas? Estas
y ver vainas que no son realidad? sabanas eran muy limpias antes.

- Es quiay vainas quiuno siente sin velas. Así como la mula - Vámonos.
siente al zamboviejo (100) sin haberlo ventiao así siente
uno ciertas corazonadas. Una vez a caballo, galopando por la sabana de regreso a la
fundación, al sentir en los curtidos rostros el golpe de la
- En devitar pensaos que le aflojan a uno el ánimo, ta el ser brisa, como la caricia de una mano conocida y fiel, los
machos. Todos tenemos corazonadas; pero el que se deje llaneros recobraron su aspecto alegre, olvidándose por
cabestriar por ellas ta perdío. completo del muerto.

- Yo lo que digo es que hay golpes de mala suerte – añadió Habían recorrido ya un buen trecho cuando un grito lejano y
Carpio -; hoy le tocó al Cubillán, mañana será a otro. largo, que salió del fondo del pajonal, los detuvo.

Nadie dijo más. Continuaron su labor en silencio. Apenas si - Ooooooiiiiijoooo – contestó Carpio.
se oía el golpe de la tierra, arrojada a paletadas. Querían
ser cordiales, olvidar la tarea que estaban cumpliendo, pero - Parece la voz del Cubillán, pero no lo veo.
ninguno acertaba a encontrar la frase adecuada. Sobre
cada uno de ellos caía, como una masa densa, el peso de Momentos después, por entre la mancha de paja, que se
sus propios pensamientos y de algo más que no acertaba a partía en dos, apareció el llanero, sudoroso, con cara de
definir, y que los llenaba de zozobra. pocos amigos y con los arreos de montar, cargados a la
espalda. Los compañeros se acercaron solícitos, y al
Cuando terminaron, alguno dijo: interrogarlo don Girón, por toda respuesta el peón arrojó su
carga al suelo.
- ¿Le ponemos una cruz?
- No digás na. - exclamó el viejo -; ya sabemos que el
caballo cantó millón. Montate en ancas de alguno, y otro
que lleve la silla.
123
caridad no se niega a naide”, y después de contarle sobre
- Es pa que se convenza don Girón, que yo a los muertos el descornamiento de una de las vacas lecheras, entraba a
no quero ni oírlos mentá. Y usté se puso a toriarlos narrar la epopeya de los geólogos petroleros. “La mortandá
hablando mal del Flaminio. e bichos era pa vela, no pa escribirla, Blanco. Cuando les di
el alto, los jurungos no hicieron sino reíse, diciendo que
- Pero a qué diablos llamás vos mal hablar. Juera mal tenían permiso del Gobierno reinoso pa acabar con todo;
hablar llamar bandío al que no lo jue, o decile güena como si estas sabanas no jueran cautivas desde en vida del
persona al que jue un bandío. ¿O es que pensás que la Blanco viejo, don Ramón.”
muerte puede borrar lo que hizo el hombre en la vida? Las
aiciones güenas o malas se olvidan, pero no se borran y lo “Al principió creí que jueran huchaos puel Flaminio, por
que se olvida puede volverse a recordar. desfogarse de los moquetes quel Blanco le dio y por la
quitada del cuero´e güio; pero cuando vide que habían
- ¿Onde quedó el mocho? – interrogó Crisóstomo. armao toldas, que le daban pólvora a la tierra, quivan diun
lao pal otro, como en patio propio, desgajando las parásitas;
- Comenzó a tambaliase. Yo me desmonté, y cuando cayó, sacando madera de los montes y matando cuanto animal
pa evitale agonías lo degollé con mi cuchillo, pero no salió veyan, les dije que las sabanas tenían dueño; que debían
ni una gota de sangre, la tenía cuajada tando tuavía medio tocar con el Blanco pa cometer tuesos desmanes; entonces
vivo. jue cuando el Flaminio me la quiso armar, y los otros
seguramente me la mentaron en jurungo, porque no les
entendí nada de lo que decían. Ganas tuve de embestirles
JORNADA DECIMOQUINTA con el mocho pa sacalos de lo ajeno, pero me acordé que el
Blanco taba en el reino y podía pediles cuentas. No dejaron
El otro pillaje, el más bárbaro de todos. vivo ni siquiera un jiringüelo y como que alborotaron el
culebrero porque hemos topao muchas.”
I
Juan Ramón dobló cuidadosamente la carta guardándola
Tenía preparado su viaje de regreso a la llanura, cuando en el bolsillo interno del saco, y comenzó a pasearse a
recibió carta de Misael. Entre los sucesos triviales, grandes pasos por su estrecha habitación del Hotel.
acaecidos en Matepalma, durante su ausencia, el Caporal
le contaba de las misteriosas escapadas de Rodamonte, Mil ideas vagaban por su mente. Sentía ira y desprecio al
cuyo escondite en la sabana no había podido ser mismo tiempo. Pero no acertaba a definir bien se tales
descubierto aún; y del cual regresaba sin que nadie lo sentimientos se los inspiraban los hombres extraños, más
viese, cuando ya el hambre lo había convertido en una que extraños, extranjeros, que así habían violado sus
espina. tierras. O sus propios conciudadanos, los legisladores,
políticos y hombres de gobierno que habían entregado a la
Entre las salutaciones y recuerdos de todos los llaneros, y voracidad ajena y rapaz toda la riqueza petrolera a cambio
el pedido de drogas, el Caporal le describía de cuatro centavos que la Nación recibía, no como
pormenorizadamente la muerte del caballo de Cubillán, y a participación legal, justa y honorable; sino como una
renglón seguido la de Flaminio. “Lo tuvimos que enterrar en merced que cubría de vergüenza más a quien la daba que a
las sabanas del Blanco, onde cayó picaoe taya, porque esta quien la recibía.
124
explotar nuestros petróleos, por falta de técnica y
- ¿Por qué – decía crispando las manos -, elementos, pues, entonces dejémoslos intactos, para
continuamos siendo unos despojados? Ayer fue Panamá; cuando la Nación sea mayor de edad y pueda hacerlo en
hoy los petróleos; el platino, el oro; mañana serán las provecho de sus propios dueños. Lo que estamos haciendo
esmeraldas, la caoba, el acero y quizás las costas del no es malbaratar nuestra riqueza petrolífera, ojalá así lo
Pacífico y del Caribe, para excavar otros canales y fuera, sino regalándola y sobre esto suministrando obreros
establecer bases. de centavo y medio, mecanógrafas y porteros más baratos
aún, pues el resto del personal es extranjero. Y después de
¿Cómo mencionar, siquiera, estos hechos, si la sola hacernos el honor de despojarnos, nos arrojan, para cubrir
enunciación de ellos bastaba, como lo había comprobado, las apariencias, algunas migajas que nos afrentan como
para ser calificado de comunista? dueños de lo que se llevan.

- Hombre, Juan Ramón – le decía aquella misma - No te exaltes, Juan Ramón, de ellos es el capital y
tarde en el Café Los Comuneros, su amigo de siempre, un la técnica. Nosotros no tenemos ni lo uno ni lo otro,
publicista notable, a quien leyó el contenido de la carta de somos...
su mayordomo.
- Somos unos pobres diablos. Esta es tu expresión
En aquel rincón solían reunirse todas las tardes, para favorita, y no la digas más, que a fuerza de repetírmela
comentar los sucesos diarios, entre el aroma de una taza todos los días, has llegado a convertirse en eso que dices.
de tinto, y terminar hablando de la llanura que los tenía
hechizados a ambos. - Pero hombre, demuéstrame que somos algo, en
algo.
- Tú eres un hombre de trabajo, rico e inteligente.
Déjate de estar pensando en cosas que ningún provecho te - No quiero demostrarte nada. Sino que entiendas
raen y sí te perjudican. que si ellos suministran el capital y la técnica, nosotros
aportamos lo que ni el capital ni la técnica pueden producir:
- ¿Perjudicarme? la materia prima. Por consiguiente no es una participación
lo que nos corresponde, sino la mitad del producto. Si no la
- Sí, llanero amigo. Te estás poniendo en ridículo. obtenemos es porque no la hemos pedido; y si no la
Eso de recordar lo de Panamá está pasado de moda. Y pedimos, ellos no nos la dan, pues saben, nosotros no lo
hablar de petróleos nacionales, peor. Este asunto olía hace sospechamos siquiera, de cuanto tendrían que
algunos años a nazismo y ahora agitarlo podría oler a Oso desprenderse.
Blanco, que es lo mismo, o peor. No te conviene, centauro
montaraz, e iluso. - ¡Cállate, llanero montaraz! ¿Tú lo que quieres es
que nos embarquemos en un conflicto internacional? ¿Qué
- Espero que no me vayas a favorecer con el expropiemos los petróleos? ¿Qué venga la intervención?
calificativo de chauvinista, pues ya sabes el concepto que
desde niño he tenido sobre estas cosas, y sobre todos los - Nada de expropiar a nadie. Al contrario; hablo de
Juan Vicentes Gómez de América y Europa. Así hablen en defender la propiedad del despojo a que está sometida.
ruso o en criollo. Lo que yo digo es que si no podemos
125
- ¿Despojo dices? Qué zafio eres, hijo. Llamar concesiones; que se está empobreciendo, arruinando a una
despojo a concesiones estudiadas y discutidas durante nación, después de haberla desmembrado; esa entidad, en
largos años; ratificadas por leyes de la República que está donde se libran las más grandes batallas de la oratoria y del
obligada, en virtud de cláusulas especiales, a defender con talento en pro de la libertad y de la democracia, no
las armas nacionales esos cuantiosos intereses. permitirá, en nombre de ese pueblo del cual es vocero, que
la voracidad económica de un grupo siga sembrando el dio
- Sí, y aun a permitir a los concesionarios el uso de y alejando más la buena vecindad de los pueblos situados
armas de guerra, y de gases, para evitar que los al sur del Golfo de México.
verdaderos amos, los cuatro o cinco indios motilones que
defienden sus selvas, puedan hacer uso de sus flechas. - ¿Qué le importa al senado norteamericano, ni a
extranjero alguno que los petróleos colombianos no sean de
- Claro está, “liebre del monte”. Esperas, luego, que Colombia? ¿Qué te importan a ti esos petróleos, llanero
una inversión de muchos millones de pesos esté así nomás, ingenuo e idealista, si de ellos no vives?
¿desamparada? Por algo somos la comunidad de naciones
americanas. - De ellos no vivo – contestó enfurecido Juan Ramón
-, y sé, también, que la nación que necesita gasolina la
- No confundas las cosas. No mezcles los paga, incluso nosotros, sin preguntar si esa gasolina es de
compromisos internacionales de cada nación, con los Colombia, Venezuela o México, y si esa gasolina ha sido el
intereses particulares de un grupo de gentes, que conforme botín de un despojo o es, simplemente, el producto de una
tiene su sede en Nueva York, puede tenerla en Palestina. industria honorable, que beneficia por igual a toda la
humanidad, comenzando por las gentes de la Nación que la
- Ahora son los judíos. produce.

- Judíos o explotadores da lo mismo. Pare ellos no Los concurrentes al café, porque en Bogotá el café es el
existe sino una idea, y en ellas resumen la noción de patria club, el tertuliadero, el sitio en donde se celebra toda clase
y de todo ideal: el dinero, la especulación. de negocios, en donde se compra y vende desde una
riquísima esmeralda, o una hacienda con medio millón de
- Ten en cuenta que el pueblo norteamericano no es matas de cafeto, hasta un libro de cuarta mano o un cuadro
esa taifa de gentes desalmadas, voraces, que tú supones. de Vázquez y Ceballos; estos concurrentes, de muy diversa
cultura y procedencia, había seguido con demostrado
- Estamos de acuerdo. El pueblo de Lincoln, el interés la charla de los dos amigos. Llamaba la atención, a
pueblo que deslumbró al mundo al ser el primero en abolir primera vista, el contraste no sólo de la figura e
la esclavitud. El pueblo de las grandes jornadas por la indumentaria de los contertulios, sino la manera de exponer
democracia; que ha vertido la sangre de varias de sus sus argumentos. Juan Ramón vestido de gris, sin chaleco,
preciosas generaciones por la libertad del universo. El dejaba adivinar a cada instante, bajo la blancura
pueblo altruista que libró del hambre y del frío a millares de inmaculada de la camisa de lino, el ancho tórax en cuya
niños europeos, mal puede ser el pueblo que esté plenitud no encontraba sitio alguno en donde alojarse la
aprovechándose de la ignorancia de unos, y la mala fe de corbata. Su rostro pálido, afilado y moreno, cuyos ojos
otros. Yo te garantizo que si el senado norteamericano tenían la vivacidad de la mirada de las aves nobles, más
investiga a fondo y establece que son leoninas estas parecía la cara de un joven hidalgo de Almería o de Málaga,
126
tostado por el sol del sur de España, que la faz de un por granjearte la desconfianza de la gente sensata y a
hacendado llanero. En cambio, la manera de hablar de su acarrearte el calificativo de comunista.
amigo, cuya voz apenas si rompía el silencio, sin que
ademán o gesto alguno diera acento a las palabras, más - O de bandido, también, y deja quieto al comunismo
parecía el soplo de una rígida figura de cera, vestida de que me parece la más grande y peligrosa de las
negro, cuyas manos, de cera también, reposaban dobladas equivocaciones humanas. Si ayer existía la esclavitud
en el fondo de los bolsillos del pantalón. negra, hoy existe una pero; la blanca. En la negra había
muchos amos y cada uno podía tener los esclavos que
Una segunda taza de café, traída por el mozo que conocía pudiera comprar. En la blanca, los esclavos no se compran,
de atrás a sus dos parroquianos, puso un momento de pertenecen todos a un solo amo. Tampoco se cazan en el
tregua en la contienda verbal. Notó sí, extrañado, que frica, sino que seducidos por la más hábil de las
aquella tarde no habían sido las escenas del Llano, con sus propagandas, caen en la trampa, yendo a parar en las más
caños crecidos, sus potros salvajes o sus corridos y odiosa de las satrapías modernas, deslumbrados por el
galerones bajo la luz de la luna, el motivo de la charla viejo lema de libertad, igualdad y fraternidad, que no pasa
evocadora y agradable que gustaba escuchar recostado de ser una de las más hermosas locuciones que pueda
contra una columna cerca de la mesilla de los dos amigos. pronunciarse en cualquier lengua.
Varios sorbos de exquisito café tinto fueron apurados en
silencio. En los ojos de Juan Ramón, fulgentes como dos - Al fin has dicho algo sensato. Ahora tienes que
relámpagos entre una tempestad, asomaba la ira que a convenir en que sin este pueblo, a quien consideras como
duras penas era contenida. En cambio los ojos muertos de voraz, fuéramos hoy los esclavos de la cruz gamada, o del
su amigo miraban sin mirar el vaporcillo aromado que se oso blanco.
escapaba de la taza, o la blancura fastidiosa de la mano
que la sostenía. - No hagas rabulismo. Una cosa es el pueblo y otra
los traficantes internacionales que viven a la sombra de ese
- Has hecho una escena – dijo a Juan Ramón en voz pueblo, y que, seguramente, ha especulado con el dolor y
apenas perceptible -, mira cuánto auditorio tenías. las angustias de ese mismo pueblo, en sus grandes
jornadas por la libertad y dignidad humanas.
El llanero contestó en el mismo tono asordinado:
- Me encanta que así lo entiendas, Centauro. Me
- Odio lo espectacular. Detesto la oratoria place esa manera de pensar, respecto al gran pueblo de la
populachera que busca en las calles el combustible para América.
alimentar su llama. Si he hablado duro, no ha sido para
llamar la atención de nadie, sino porque me indigna que - En la América, señor pensador, todos los pueblos,
siendo tú un pensador, al menos así te llaman, no te aún los más pequeños, son grandes por su amor a la
importe nada este tópico. libertad. Así sea soportando los ferrados tacones de sus
dictadores, o mirando con piedad las inepcias de algunas d
- Llanero, tú eres un niño. ¿Cuándo aprenderás a sus democracias. Más lo que he dicho, inspirado por un
ser un hombre práctico? ¿Para qué complicas tu vida con sentimiento de justicia, no implica que esté identificado
cosas que sólo a los petroleros interesan? Vas a terminar con el pueblo que tú admiras. Mi manera de pensar es
completamente latina, o mejor que latina: indohispánica.
127
Las tres gotas de sangre de Castilla, que llevo, me hacen parroquianos que beben cerveza o toman café, a cuyas
amar y entender las cosas que atañen a los dos pueblos puertas y en la calle misma, otra multitud abigarrada, pese
que me dieron la vida. Mal puedo amar a esa nación a la al intenso frío callejero, hace tertulia, esperando que algún
que no me une ningún vínculo espiritual, ni racial, ni de cliente exasperado por el humo de tabaco, o por aquel ruido
gratitud y a la que estoy ligado por un simple accidente de mil voces, salga a la calle dejando un sitio en alguna
geográfico. Ellos viven de espaldas a nosotros, y es tal su mesa, para apresurase a ocuparlo.
desconocimiento sobre nuestra vida interior, sobre nuestro
temperamento un tanto complejo por lo soñador, agresivo y
desenfadado, que cuando nos visitan para ver qué pueden
vendernos, regresan a publicar intencionadas crónicas +
sobre la incomodidad de nuestros hoteles, adobadas con ++
unas cuantas fotografías de negros medio desnudos, o de +++
harapientos pordioseros que, claro está, no faltan en ningún ++++
lado del mundo. +++++
++++++
“Esta manera tan disímil de ver las cosas, es el reflejo del +++++
temperamento, y el temperamento, creo yo, lo impone la ++++
raza. Por ello amo a España, porque entiendo y admiro sus +++
grandes virtudes y sus tremendos defectos. España se ++
nutre de lo español. Nada toma de ninguna nacionalidad +
extraña. Española es su ciencia, su arquitectura, su teatro,
su poesía, su pintura y su música. A este pueblo le sobra NOTAS Y CITAS
personalidad hasta para ser bárbaro, como lo demostró en
su última guerra civil, en que lo fue hasta la grandeza.
1) – Terecay: Reptil quelonio, llamado también
- Tu españolismo te convierte en un intransigente, tortuga, de carne muy apreciada y por esto muy
casi en un obcecado. perseguido.
2) – Borugo: Roedor sudamericano, de carne
- Tómalo como quieras – respondió tranquilo el exquisita, quizá la más fina de los cuadrúpedos
llanero -. Y si esta manera de pensar mía, perjudica tu menores de caza. Se lo distingue con distintos
calidad de abogado jefe de una entidad petrolera, bien nombres según la región. En Cundinamarca se le
puedes prescindir de mi amistad, que al fin y al cabo, nada llama Borugo; en Antioquia, Guagua; en el Meta,
te reporta. Lapa; en Santander, Guartinaja; en Bolívar,
Tinajo y en otras Aguatinajo.
- Qué zafio eres. No me indigna tu insulto, porque te 3) – Chacure: Este roedor lleva distintos
conozco desde el colegio. Eres un niño grande que aún nombres según la región de donde proceda. Los
sueña. más conocidos son los de Ñeque, Carmo, Guatín
y Picure.
Salieron a la calle, a la hora en que los cafés de San 4) – Mochilera: Aves de la familia de los
Francisco son una masa densa, apretujada, de icteridos, de vistoso plumaje amarillo y negro,
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que reunidas en colonias, cuelgan sus nidos en cálidas y templadas, alcanzando su distribución
un mismo árbol. La familia comprende más de 15 casi hasta las zonas frías. Una disposición
especies bien diferenciadas. especial del hueso hioides comunica a su voz
5) – Guarumo: Arbol de elevada talla. una fuerza notable, que a manera de zumbido
6) – Cachama: Pez escama, de poco más o ronco suele escucharse a grandes distancias,
menos 50 centímetros de largo, por 35 de ancho, mucho más cuando tal zumbido lo emite una
de carne altamente fina. Muy abundante en un colonia numerosa. Generalmente se los escucha
tiempo en los ríos del Llano, y muy raro hoy a en la tarde o en las mañanas, lejos de los
consecuencia de los bárbaros sistemas de pesca caminos que atraviesan las montañas. Hay
con barbasco o dinamita. momentos en que tal zumbido acrece para luego
7) – Corvinata: Pez llanero de finas carnes. decaer por breves instantes, continuando
8) – Valentón: Pez gigante de los ríos del siempre como una nota bronca, que pone
Llano. muchas veces en el alma de quien lo escucha un
9) – Caribes: Peces de tamaño pequeño. sentimiento como de tristeza. El alimento de este
Carniceros voracísimos, que reunidos en gran mono consiste en frutas y hojas de todas clases;
número atacan a sus víctimas, dejándolas a los insectos y también pichones de pájaros que
pocos momentos convertidas en esqueletos. puede atrapar.
10) – Carretero: Pequeño ganso silvestre. Esta especie, según referencias, parece que no
11) – Pájaro Pollo: Llámanlo también Chao, ataca los cultivos de maíz ni sembrado alguno.
Pollo, etc. Hasta hora se han señalado cuatro variedades
12) – Balacú. Nombre dado en algunas regiones de este mono, incluida la que habita en la costa
del Llano al Tigre americano o Jaguar. Caribe, pero es de esperarse que un estudio más
13) – Curare: veneno paralizante. a fondo localice algunas variedades más, ya que
14) – Guaras: Aves de la familia de las el habitat para la especie no es idéntico en
Cathartidas, llamadas también gualas, lauras, o nuestras distintas zonas montañosas.
más comúnmente gallinazos. El género a que pertenece este mono está
15) – Juca: Cualquiera de las aves de presa distribuido desde Guatemala hasta el Paraguay.
diurnas. Son monos de porte voluminoso, cabeza regular,
16) – Quemado: Toda aquella parte de la sabana cuello alto, revestido de abundante barba. La
cuya vegetación ha sido reducida a cenizas. cola es prensil, desnuda hacia la parte inferior en
17) – Zamará: Venado o Ciervo Llanero. algunas variedades. La garganta presenta un
18) – Lapa: Borugo. aspecto original, notándose en seguida una
19) – Pirza: Ave de la familia de los icteridos, prominencia ósea; de ahí el nombre de cotudo
más pequeña que el llamado arrendajo. Se les que le dan en algunas regiones del país. Esta
llama indistintamente, pirzas, mochileras, etc. prominencia redonda, del tamaño de un huevo
20) – Araguato: Mono de la familia de los de gallina, pequeño, es una prolongación del
cébidos. La especie más común de Colombia, es hueso hioides, característico del género, y, como
de color leonado más o menos oscuro. La ya se ha dicho, imprime a su ronquido o zumbido
espalda más calara que el resto del cuerpo. una resonancia peculiar que puede escucharse
Habita en los bosques espesos de las regiones hasta a más de media legua de distancia. Los
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hábitos de vida del género son muy semejantes la tierra.” En algunas localidades flageladas por
entre sí. Alejándose del hombre busca las zonas el bocio o coto, los curanderos pretenden hacerlo
más apartadas de la montaña, eligiendo los desaparecer, haciendo aplicaciones externas de
árboles corpulentos, en donde se congregan en “paños” empapados en agua en la que haya
bandos, generalmente compuestos de tres hasta permanecido durante algún tiempo el gran hueso
diez o más individuos de diversa edad y sexo, hioides de dos araguatos machos. Hueso este
que obedecen las órdenes de un macho viejo, que, como se ha dicho, es la causa anatómica
por ende experimentado, que actúa como capitán del gran papo de tales simios.
Cuando son perseguidos por el cazador, muchas Según las narraciones de los campesinos, el
veces, en vez de buscar retirada, procuran denominado capitán – que es el patriarca de la
esconderse entre el follaje de las ramas más banda -, entre otras funciones desempeña la de
altas. Utilizan mejor quizá que las manos, la cola vigía, que es el encargado de dar la voz de
prensil, de la cual se valen para arrojarse a una alarma cuando se aproxima el enemigo, o
rama apartada, colgándose por la cola a manera cuando los miembros restantes de la familia se
de péndulo. Esta posición la utilizan, también, dedican al saqueo. Cuando este centinela es
para recoger retoños tiernos, frutas, etc., sorprendido y por tal motivo la banda se ve
permaneciendo colgados así durante largo rato. atacada, entonces es castigado por sus
Cuando quedan heridos pueden durar varios días compañeros que lo vapulean sin compasión.
suspendidos por la cola, y aún se dice que A pesar de las costumbres sociales de esta
solamente se desprende el cadáver cuando ya especia, tuve ocasión de observar el 18 de abril
ha entrado en descomposición. de 1943, perfectamente aislada, a una pareja de
Las madres son extremadamente cariñosas con araguatos que a gran velocidad seguía el curso
sus hijuelos, a quienes transportan cargados a la del caño “Caraño”, por sobre las copas de los
espalda o fuertemente agarrados al pecho. grandes árboles, en un bosque que cubría las
Cuando el pequeño se desprende y ensaya márgenes del mencionado caño, en la
caminar o trepar por alguna rama, la madre lo Intendencia del Meta, frente al sitio denominado
agarra por el extremo de la colita, y sin dejarlo en “El hachón”. Como digo, la pareja viajaba a lo
plena libertad para sus acrobacias, le permite largo del bosque, llevando la hembra su hijuelo
ejercitarse. Algunos cazadores del campo comen prendido. El macho era un ejemplar
su carne; mas, cuando se le quita la piel, queda perfectamente desarrollado; de brillante y
el cuerpo con todo el aspecto de una criatura leonado pelamen de color rojo parejo, es decir,
desollada, y, francamente, se necesita un gran sin cambio notorio en su tonalidad. No logré
valor o un apetito ciego para hacer los honores a encontrar el resto de la colonia, ni tampoco logré
esa clase de platos. oírla. Me llamó poderosamente la atención el
Muchos naturalistas y la gente del campo tamaño del macho y en consecuencia su peso.
atribúye cualidades meteorológicas al zumbido Se trataba nada menos que de un verdadero
de los araguatos. Dicha creencia asegura que el capitán entre los de su especie. Seguramente
zumbido persistente es anuncio de lluvias. Al estas cualidades fueron tenidas muy en cuenta
respecto es bien conocida una cola popular por los indios al aprovechar su carne como
brasileña que dice: “Guariba en la sierra, lluvia en alimento, según cuentan los Misioneros de la
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Compañía de Jesús, en la “Relación Abreviada perseguidos. Son muy buenos nadadores, contra
de la Vida y Muerte del Padre Cipriano Barraza” todo lo que pudiera creerse, y sus movimientos
en sus andanzas evangélicas por el país de los en el agua son de gran rapidez. El primer
Bauros, en el Amazonas. Obra traducida y naturalista en descubrir el aspecto “natatorio” del
publicada por la Biblioteca nacional. Tal relación Perico Ligero, fue el doctor Agenos Couto de
dice textualmente: “En los viajes el único Magallanes, en Riocharo (Brasil).
alimento que tomaba eran raíces de las que Todo el cuerpo de este Perezoso está cubierto de
crecen en el país. Era mucho regalo cuando una basta manta de pelos secos, semiduros, que
añadía un trozo de mono ahumado que de le aseguran un permanente abrigo para el frío y
limosna le daban los indios.” las lluvias. A los lados de los ojos nace una lista
21) – Cafuche: Variedad del marrano de monte, negra, que llega hasta el pescuezo, dándoles así
o saíno. Se distingue de éste, en que carece del un aspecto grotesco, ya que la cabeza es
collar blanco, característico del saíno. Su tamaño blancuzca. Su alimentación predilecta la
es un poco más grande y por consiguiente su componen las hojas. Este animal vive
peso es mayor. El pelamen del cafuche es generalmente solitario, excepto en las épocas de
completamente negro, sin los anillos blancos que los amores en que se ven en nuestras selvas por
tiene el pelo del saíno, y menos abundante. parejas. Su arma de defensa la constituyen las
Cuando una piara de cafuches encuentra a una uñas, que son verdaderas garras por lo fuertes y
de saínos, se acometen ferozmente, quedando curvas, las cuales emplean con algún éxito
dueña del campo la primera. contra los ataques de su enemigo tradicional: las
22) – Paloevela: Arbusto resinoso. grandes rapaces. Uno de los modos de defensa
23) – Tapara: Especie de calabazo grande. del Perico Ligero es el de enrollarse en los gajos
24) – Topocho: Plátano. de los árboles, semejando un nido de avispas, o
25) – Perico Ligero: mamífero americano, que escondiéndose entre las hojas, fuertemente
lleva también el nombre de perezoso y Ay, Ay, del pegados a los troncos. Contra lo que indican los
orden de los desdentados, familia de los libros de Zoología, Lunderkald pudo comprobar
Brandipódidos. En Colombia, según los que el Perezoso no duerme suspendido, es decir,
naturalistas, no ocurren más de dos géneros; en la posición que le es habitual. Duerme
mas nos atrevemos a insinuar que en las selvas sentado, cruzando los brazos por sobre la
del sur del país, está por señalar de manera cabeza; este dato ha sido comprobado, también,
oficial, el género Arctopíthecus. El Perico Ligero, por varios naturalistas sudamericanos.
motivo de esta nota, pertenece al género Ofrece este mamífero varias particularidades
Brafypus. Su color es de ceniza con manchas anatómicas, entre ellas la de poseer nueve
blancas. Los machos se distinguen fácilmente vértebras cervicales, cuando los del género B.
por una mancha negra, circundada por una orla Torcuatus presentan solamente ocho, y G.
de color marrón, de una extensión de cerca de Hoffmani, seis, en tanto que todos los demás
diez centímetros, localizada en la región dorsal, mamíferos poseen invariablemente siete
espacio interescapular. Son animales muy lentos, vértebras en esa región.
pero capacitados para movimientos más o La tráquea es curva, en forma de S, y en el
menos vivos, especialmente cuando son cráneo se encuentra una osificación
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prehipofisiaria descrita por primera vez por el entrañas de los saínos que logre cazar en
profesor Bovero. Libra solamente un hijo en cada aquella región. Sólo me fue dable examinarla
alumbramiento, cuando la literatura sobre el ligera y superficialmente, y la persona que me la
particular les señala dos. facilitó no me permitió abrirla para examinar su
26) – Chigüiros: Roedor considerado como uno contenido interno, ni quiso desprenderse de ella
de los más grandes del mundo. Es una especie por ningún precio.
completamente americana. Se le llama también, Es un hecho científico, perfectamente
Yulo, Poncho, Lancho, Roncho, etc. comprobado, que la raza de cerda es inmune al
27) – Merecure: Arbol frondoso, de gran talla. veneno de las serpientes. En las luchas que se
28) – Saínos: Llamados también marranos de entablan entre saínos y reptiles, generalmente
monte, Tatabra, Manao, etc. Cuadrúpedos de son los últimos los que perecen. El saíno sólo
carne muy apreciada, sobre todo en las presenta a su enemigo los hombros y las mejillas
poblaciones ribereñas del río Atrato (Choco), en para recibir la mordedura que fatalmente es
donde su consumo es considerable y puede inevitable en esa clase de combates. Es en el
decirse que forma el comercio entre los momento del ataque a aquellas partes inmunes
indígenas y las pobladores de aquella región. cuando la serpiente es agarrada por cerca de la
Una libra de carne salada, en muy malas cabeza con los agudos colmillos del saíno, y
condicione de conservación, valía en 1941, afianzando las afiladas pezuñas sobre el
$o.70. movedizo cuerpo de la culebra la machaca, la
Los indígenas persiguen las grandes piaras, a desgarra rompiéndole el vientre. A los pocos
través de las selvas, por las huellas que dejan en minutos tan temible adversario queda convertido
el terreno por lo general húmedo en toda época en piltrafas malolientes, en carne blancuzca y
de año. escamosa cubierta de sangre y de baba entre la
Estos cazadores recogen en una sola batida removida tierra del combate.
hasta 15 ejemplares que debidamente Me atrevo a pensar que la aplicación del brebaje
descuartizados y salados son transportados en preparado a base del mencionado tumor haya
ligeras embarcaciones llamadas champas, hasta tenido éxito sólo en aquellos casos en que la
las poblaciones o caseríos en donde la carne es mordedura fue producida por alguna especie de
vendida o canjeada por petróleo, sal, telas, culebra no venenosa, por estar provista de
aguardiente o pertrechos para las escopetas de dientes sólidos, sin hendedura, perforación o
los indígenas. La piel de este mamífero tiene una surco alguno para la inoculación del veneno que
alta demanda para la exportación. ha quedado a flor de piel, sin peligro alguno; o
En la región chocoana, cercana al Atrato, es por las de aquella otra serie cuya cavidad bucal
general la creencia de que una secreción o tumor es muy pequeña y los dientes que reciben la
que suele algunas veces encontrarse entre los secreción venenosa por estar colocados muy
órganos internos del saíno, es un poderoso atrás, y ser demasiado cortos, no alcanzan a
antídoto contra las mordeduras de las serpientes. herir los tejidos, por no permitirlo el pequeño
Dicha secreción de forma y tamaño irregulares, ángulo a que puede abrirse la boca del ofidios al
de color carmelita oscuro y tan pesado como el atacar. Los dolores, reacciones locales, etc, etc.,
corcho, no me fue posible encontrarla en las que producen las mordeduras de algunas
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serpientes de estas series, no tienen el carácter 42) – Guásimo: Arbol llamado también Guaco.
mortal alguno y seguramente ha sido sobre 43) – Payara: Pez de los ríos del Llano.
casos ocasionados por mordeduras de estas 44) – Pencazo: Golpe dado por la cola del
serpientes, que los curanderos del Atrato han caimán.
tenido éxito con sus pacientes. Mas al tratarse de 45) – Quemado: toda aquella parte de la sabana
la mordedura de un crotaliano, o de otra especie cuya vegetación ha sido reducida a ceniza.
verdaderamente peligrosa por la disposición de 46) – Cautiva: Sabana desmontada, libre de
los dientes, necesariamente el curandero está malezas y más comúnmente con dueño o
condenado al fracaso. propietario.
Según la misma creencia, solamente los saínos 47) – Pajarero: Nombre dado no sólo en el
que han sido atacados y mordidos por serpientes Llano, sino en algunas regiones de Boyacá, al
venenosas son los que presentan el mencionado caballo asustadizo, espantador.
tumor interno que, según dicha creencia, es el 48) – Guajira: India de la tribu de los guajiros.
anticuerpo elaborado por el organismo del saíno 49) – Palueguama: Sombrero alón,
para contrarrestar los efectos del veneno. impermeable, de color carmelita, amarillento,
Basados en esto, fabrican bebidas y emplastos llamado también peluenutria.
con la referida secreción. 50) – Patapelúa: Llaman así los llaneros al
29) – Capoc: Especie de ceibo. hombre del interior del país, a quien consideran
30) – Murruco: Ave nocturna de la familia de los incapaz para el rudo trabajo de la llanura.
Bubónidos. Especie que no es muy común en el 51) – Marisquiadores: cazadores o pescadores.
centro del Llano. 52) – Cumare: Palmera fina, de cuya fibra en
31) – Guafilla: Planta ribereña. hilos retorcidos fabrican los indios y los llaneros
32) – Marisquiar: cazar, salir de caza a las el famoso chinchorro de tejido de red.
sabanas. 53) – Cimarroneras: Refugio o lugar de
33) – Petriva: Palabra guajira que significa querencia del ganado cimarrón.
mujer. 54) – Rezao: Sometido a maleficio, por medio de
34) – Conuco: Lugar sembrado con yuca, “oración”.
plátano, café, etc. 55) – Guáimaro: Perdigón, bala cilíndrica,
35) – Tragacuecos: Marranos de monte, saínos. generalmente llamada munición.
37) – Perro de Agua: Nutria. 56) – Carniando: Dicen carná a la presa que
37ª) – Brisote: Vientos alisios. devora el Tigre, y carniando por comiendo o
38) – Blanco: Dueño o amo de los hatos. devorando.
Persona distinguida. 57) – Morocha: Escopeta de dos cañones.
39) – Cajuchada: Piera o manada de cafuches, 58) – Palotiao: Viejo, deteriorado.
variedad del marrano de monte o saíno. 59) – Topochero: Caballo o mulo viejo,
40) – Chambuque: Bucle de rejo de enlazar que empleado solamente para carga dentro del hato.
se lanza sin volear la soga. 60) – Guambía: Bolsa tejida por los indios.
41) – Cagaleriada: Cadeneta formada con la 61) – Guatero: Arbol corpulento, frondoso.
soga o rejo de enlazar, cuyo extremo va 62) – Jepuya: Expresión abreviada y deforme de
asegurado a la cola del caballo. la famosa frase de elogio a la hija de Sancho,
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dicha por el escudero del Caballero del Bosque, 78) – Caramera: Cabeza de res, disecada, trofeo
en su coloquio con Sancho: - “Partes son esas – de caza.
respondió el del Bosque – no sólo para ser 79) – Pimpom: Instrumento de cuerdas, más
Condesa, sino para ser ninfa del verde bosque. grande que una mandolina.
Oh... y qué debe tener la bellaca”. Cervantes. “El 79ª) – Paloapique: Madero enterrado para
Quijote”. formar las corralejas.
63) – Sillón: Silla de vaquería, generalmente 80) – Palos: Tragos de licor. Libaciones.
pequeña. 81) – Paluecruz: Flor roja.
64) – Rueduemaduro: Pantalón corto, de tela 82) – Ribazón: Migración de los peces hacia el
ligera, que apenas alcanza a la rodilla, usado nacimiento de los ríos, en busca de los afluentes,
especialmente en invierno por los jinetes, para cuyas aguas, por descender de las cordilleras en
evitar la humedad del pantalón del pantalón forma correntosa y formando pequeñas
largo. Pues la ropa generalmente se seca sobre cascadas, contienen mayor cantidad de oxígeno.
el cuerpo en los días de trabajo. Fenómeno este que los pescadores del río
65) – Millón: Cantar millón. Morir. Magdalena llaman “Subienda” y que corresponde
66) – Mautes: Becerro o ganado adulto enteco, a la maduración de las glándulas sexuales. Esta
parasitado, cuyo crecimiento el sido detenido por maduración va emparejada a las necesidades
las enfermedades. respiratorias, y por ello instintivamente los peces
67) – Budare: Aparato largo, en forma de bolsa, remontan los ríos, buscando mayor cantidad de
tejido de fibras de palma, que usan las indias oxígeno en las aguas para poder respirar a
para exprimir los jugos venenosos de la yuca, cabalidad. Esta migración es, pues, prenupcial.
con la cual fabrican el casabe. Muchas especies marinas y lacustres llevan a
68) – Justán: Parte interior del ruedo de la falda cabo sus migraciones sin salir del mar o de los
de la mujer. lagos.
69) – Galerón: Aire musical, original de la llanura 83) – Morua: Caserío indígena o lugar en donde
colombiana. se hallan establecidos los indios.
70) – Patirralo: Vocablo suplementario de la 84) – Madrineros: Bueyes mansos, educados
palabra baile. para amansar e inducir por determinada senda al
71) – Sural: Terreno bajo, lleno de hoyos. ganado bravío.
72) – mandingas: El Diablo. 85) – Levante: Ganado en movimiento, arreado
73) – Liquiliqui: Saco o blusa para hombre, de por jinetes.
tela ligera, generalmente blanca, cuya 86) – Remontao: Cabalgar en buena bestia.
botonadura llega hasta el cuello. 87) – Cimarroneras: Refugio o lugar de
74) – Casamba: Matrimonio. querencia del ganado cimarrón.
75) – Suelta: Especie de amarra o manea 88) – Cimbrapotrales: Monte tupido de
aplicada a las caballerías, para evitar que se Cimbrapotro, que es un arbusto más bien
alejen demasiado. pequeño, que forma una espesa maleza en la
76) – Coliada: Asir las reses por la cola, en cual se refugia el ganado cimarrón.
carrera, para derribarlas. 89) – Jagüey: Manantial.
77) – Jender: Partir o rajar leña.
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90) – Desagüe: Lugar a donde sale el ganado,
ya sea a pastorear o a abrevar.
91) – Encerao: De color terroso oscuro.
92) – Desembarazar: Igual que barajustar.
93) – Trepao: Alto, de gran talla.
94) – Mocho: caballo de trabajo.
95) - Machiriao: Mañoso, pícaro.
96) – Guandumbias: Testículos de res, con el
escroto.
97) – Bajumbal: Terreno pantanoso, en el cual
quedan enterradas las cabalgaduras o el ganado.
98) – Mautaje: Ganado de pequeña talla y largos
cuernos, del tamaño de un becerro normal.
Ganado degenerado.
99) – Tragavenao: Boa-güio o Anaconda.
100) – Zamboviejo: Tigre cebado.