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La cuestión del "castigo popular" como práctica reparatoria frente a delitos

especialmente ultrajantes en sectores populares de la Ciudad de Córdoba

Silvina Meritano1 (SECyT- UNC- FCS)


Resumen
La propuesta del presente trabajo, se inscribe en el marco de una serie de reflexiones que vengo
llevando adelante respecto de la problemática de la (in)seguridad en sectores populares de la ciudad
de Córdoba. A lo largo de la presente ponencia me interesa recuperar, el análisis de un conflicto
ocurrido en barrios populares de la ciudad y los modos en que los vecinos han gestionado estos
hechos, a partir de prácticas que denomino como “reparatorias” y que se encuentran asociadas a
diversas formas de “castigo popular”. Considero especialmente relevante analizar los modos
informales que adquiere el castigo en las comunidades, para poder comprender, las formas en que
estas prácticas se instalan y operan, en circunstancias donde las formas institucionales o formales
se encuentran total o parcialmente ausentes. Las preguntas que me formulo son ¿Cómo gestionan
los sectores populares los delitos especialmente ultrajantes? ¿Cómo definen las comunidades estos
delitos? ¿Cuáles son los límites de la tolerancia en las barriadas frente a estos delitos? ¿Cómo y
en qué circunstancias operan las prácticas reparatorias? ¿Qué caracterísiticas revisten? ¿Quiénes
son los sujetos protegidos y desprotegidos frente a estas prácticas? ¿Qué alianzas se tejen al
interior de las comunidades a la hora de desarrollarlas?
Palabras claves: abuso sexual, castigo popular, Córdoba, disciplina, moralización.

“para vengar una muerte cuyos culpables podíamos ser todos.”


Gabriel García Máquez, 2016.

I. Introducción
“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para
esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones
donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por
completo salpicado de cagada de pájaros” (García Márquez, 2016:11). De esta manera Gabriel
García Márquez da inicio a una de las obras más bellas del realismo mágico latinoamericano
“Crónica de una muerte anunciada” (1981). Obra en la que reconstruye la vida de Santiago Nasar
a partir del acontecimiento de su muerte, la que se va tejiendo con la vida de su pueblo, de su

1 Licenciada en Trabajo Social por la Universidad Nacional de Villa María. Becaria de Maestría por la
Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Córdoba (SECyT-UNC). Maestranda en
Sociología y Doctoranda en Estudios Sociales de América Latina por el Centro de Estudios Avanzados de la
Facultad de Ciencias Sociales (UNC). Docente Universitaria por la Universidad Centro de Estudios
Latinoamericanos (UCEL). Docente adscripta en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional
de Córdoba. Investigadora proyecto de “Biosubjetividades: Neoliberalismo, control y resistencias” SECyT
Consolidar 2018-2021, a cargo de la Dra. Andrea Torrano. Integrante del Programa de investigación
“Biopolítica, gubernamentalidad y subjetividad” del CIECS-CONICET, bajo la dirección de Dra. María Inés
Landa y co-dirección de la Dra. Andrea Torrano.
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familia, de sus amigos, amores y asesinos. Los malos entendidos, las confusiones y la búsqueda
de “justicia” frente al honor mancillado de la familia Vicario, son los que motivan este homicidio en
“defensa del honor” de Ángela Vicario, llevado adelante por sus hermanos, los gemelos Pedro y
Pablo Vicario. Luego de mantener algunas entrevistas en mi trabajo de campo, volví a esta
maravillosa novela porque algunos de los hechos que voy a relatar aquí, ocurridos en Barrio
Argüello, me recordaron la obra del Gabo. Muertes esperadas, muertes anunciadas, que a pesar
de todo no logran ser detenidas. Muertes que más que responder a la lógica del acontecimiento,
parecen haber estado preparándose durante años, macerando en la serie de conflictos, hartazgos,
cansancios, enfrentamientos, en la acumulación de disputas y denuncias no oídas. Me pregunto si
muchas de las muertes que vemos en los barrios populares, no serán acaso crónicas de muertes
anunciadas.
A los fines prácticos elegí para el análisis un hecho ocurrido en la zona donde realicé el
trabajo de campo de mi tesis de Maestría, espacio en el que continuaré trabajando para mi
investigación doctoral. Esta Barrio al que denomino genéricamente como Argüello, se encuentra
enclavado al noroeste de la ciudad de Córdoba, dista a 12 kilómetros del casco urbano y es uno de
los límites de la ciudad, limitando con la localidad de Villa Allende, de la que se encuentra separada
por una calle. Se trata de una zona en constante crecimiento demográfico, que actualmente cuenta
con 142.955 habitantes según en Censo de 2001, siendo la tercera en importancia en la ciudad.
Administrativamente comprende en total 47 barrios, de los cuáles la mayor parte de los mismos
corresponden a asentamientos o barrios populares, construidos por medio de programas
habitacionales (nacionales, provinciales o municipales) en los últimos 40 años. Muestra de esto, es
que el actual “Plan Integral de Seguridad Ciudadana y Prevención del delito” de la provincia de
Córdoba creado por Ley Provincial N.º 10.437 en el año 2016, que fue el instrumento de análisis de
mi ponencia del año pasado, ha señalado al 70% de Argüello como una zona vulnerable a muy
vulnerable en relación a la problemática de la (in)seguridad. Los vecinos del sector, refieren
encontrarse en una “zona roja”:

Sandra: Bueno acá tenemos un sistema, que ya ni entran a dejar folletos, con la miseria que hay no
entran ni a dejar folletos (risas). Ni el cartero entra acá, ni el cartero. Muy raro que entre. Una vez al
mes puede llegar a entrar. Si nos tiene que llegar algo, tenemos que ir nosotros por ejemplo, si es
correo argentino, tenes que ir hasta allá a preguntar, no entran ni a avisarte que llegó, tenés que ir
varias veces hasta que está porque acá no entra nadie. Tenes que ir a la casa. Vamos a la casa del
cartero. Podes cobrar la asignación, mandar encomienda. Porque si por ejemplo te mandan algo o
compras algo que te tiene que llegar, ven que esto está como “zona roja” y no entra nadie.
E1: ¿Cómo era eso que me decías de la zona roja del cartero? ¿Cómo es?
Sandra: No entran porque tienen miedo, que va a entrar el cartero si no entra ni el basurero. El
basurero entra hasta la primera cuadra, nada más. Acá entran los carreros, los carreros se llevan la
basura y lo tiran atrás del Atalaya. Cada dos meses, viene el de (inaudible) pero ya tuvieron problemas
porque la gente de Atalaya no quieren que tiren basura ahí. Estaban juntando firmas y lo carreros se
iban a quedar sin trabajo. Hay gente que le conviene que esto sea una zona roja, un barrio marginal,
a los políticos les encanta poner lo de la zona roja. Los pobres de Argüello, los olvidados, los
vulnerables (…) (Sandra, E1: Agosto 2018).

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La elección de este hecho para el análisis surgen de emergentes en mi trabajo, cuando al
hablar del problema de la (in)seguridad, varios vecinos asocian esto con la muerte de un joven
ocurrida hace algunos años. Si bien, en un primer momento había pensado en realizar el análisis
de tres situaciones de características similares, narradas por los vecinos y que son, a mi criterio
ilustrativas del fenómeno que pretendo explorar, finalmente por cuestiones de extensión de la
ponencia, decidí analizar solamente una. Espero que la misma pueda servir para la reflexión acerca
los modos en que se gestiona el conflicto en los sectores populares. En estas entrevistas los vecinos
del barrio, cuentan tres situaciones: dos hechos de abuso sexual y un homicidio. El primero de ellos
ocurrido en el año 2012, el segundo en el 2016 y el tercero en el año 2019. En este trabajo, propongo
analizar la situación acontecida en el año 2016, en la que resultó muerto un joven de 19 años.
Para realizar el análisis de la situación me valdré de la cobertura que los medios de
comunicación de la ciudad y de las entrevistas mantenidas con vecinos, además de contar con
observaciones y fotografías tomadas en el sector. El desarrollo de teórico de las intuiciones que dan
forma a este artículo, me llevaron algunos lugares que quizás sean un poco distantes de las
primeras preguntas que me formulé en la escritura del resumen. Las preguntas que me formulo a
partir de estos hechos, tienen la característica de asemejarse a un análisis literario, quizás por las
reverberaciones de la obra de García Márquez, algunas de las mismas son: ¿Cómo se reconstruye
el suceso? ¿Quiénes lo narran?¿Se puede considerar estos hechos desde la óptica del castigo
popular? ¿Qué aporta esta categoría? ¿Remite al castigo informal? ¿Qué es lo que se pretende
con estas acciones?¿Qué lugar tiene la sedimentación de conflictos en la expulsión de estas
familias del barrio? ¿Quiénes son los castigados y por qué? ¿Hay inocentes y culpables? Cómo se
construye a las víctimas? ¿Quiénes serían los damnificados (si es que los hay)? ¿Cuál es el rol de
la policía? ¿De qué dan cuenta estas situaciones emergentes? ¿Qué delitos son tolerados y cuáles
castigados?

II. “Yo conservaba un recuerdo muy confuso (…) antes de que hubiera decidido rescatarla a
pedazos de la memoria ajena.
El problema del castigo en Foucault, como señala Castro Gómez (2018) tiene en su centro
del problema del poder. Las referencias al castigo en su obra aparecen de manera temprana en
“Historia de la locura en la época clásica” (1961), pero será en “Vigilar y castigar” (1975) donde
alcance su punto más alto, siendo de especial interés para nosotros las reflexiones desarrolladas
por el autor en las lecciones del Collège de France, en especial en “Teorías e instituciones penales”
(1971-1972), la “Sociedad Punitiva” (1972-1973) y “Defender la sociedad” (1975-1976) . Además de
la conferencia que brindó en Río de Janeiro titulada“ La verdad y las formas jurídicas” (1978). Si
bien diversos autores se habían ocupado del problema del castigo, la novedad que introduce
Foucault, se basa en la capacidad productiva de los mecanismos punitivos, los que lejos de ser
meramente represivos inducen efectos positivos en la población, lo que da cuenta de su compleja
función social. Otro aporte importante que realiza el autor, es la reconstrucción del procesos de

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“humanización” del castigo a partir del análisis del suplicio vivido por Damiens en 1757 hasta las
formas modernas impuestas por la prisión como castigo único, pasando por las disciplinas como
prácticas pedagógicas (Foucault, 2008). A lo largo de sus trabajos da cuenta de las
transformaciones en los modelos punitivos, los cuales ya no estarán dirigidos a fenómenos
puntuales y no tendrán como objetivo el exterminio del cuerpo del condenado, sino que sus
estrategias han variado; su proceso se ha vuelto lento y continuado, extiende su influencia sobre el
sujeto durante el mayor tiempo posible. Como consecuencia de esta dimensión procesual, se
genera una acumulación de saberes y conocimientos, que son producidos en torno al castigo y que
conformarán un campo de verdad. Esta comprensión del castigo como práctica política, lo vuelve
una “técnica general de los procedimientos de poder” (Castro Gómez, 2018:81).
Para intentar adentrarnos en el problema del “castigo” y problematizar las formas que
adquiere esta práctica en un barrio popular, quisiera realizar una breve distinción entre los aspectos
formales e informales del castigo. Foucault habla del castigo como “una de las formas empleadas
por nuestra sociedad para definir tipo de subjetividad, formas de saber y en consecuencia relaciones
entre el hombre y la verdad que merecen ser estudiadas” (Foucault, 1978:10). La dimensión
subjetivante y a la vez comunitaria del castigo, tiene una función social fundamental, puesto que las
normas establecidas a través de los códigos o de acuerdos tácitos entre los miembros de un grupo,
establecen de algún modo los límites de lo posible, intentan reparar o prevenir los sucesos gravosos
de acuerdo a esas normas, conformando una teoría social casi colectiva (Foucault, 1978). Quisiera
destacar que a la hora de pensar el problema del castigo en el barrio popular, me interesa ocuparme
de los aspectos informales que adquieren las prácticas de “castigo”, es decir, que no me ocuparé
aquí del rol de la justicia, del derecho, las políticas de seguridad, ni de la prisión como instancias de
control social (aspectos formales); sino que siguiendo la propuesta de David Garland (2005) me
propongo romper con los impulsos que nos convocan a centrarnos en las políticas penales para
prestar atención a los aspectos informales de la respuesta social frente al delito.
Mi interés es ocuparme de los aspectos informales del castigo como práctica política, a
escala microfísica, para develar que es lo que se está gestando “desde abajo” (Gago, 2015). Para
lo cual analizo las formas en que los vecinos de barrio Argüello abordaron hechos graves ocurridos
dentro del territorio barrial y las estrategias que implementaron frente a los mismos, preguntándome
si pueden ser pensadas desde las lógicas del "castigo popular”. Foucault, señala a la dimensión
microfísica del castigo, casi como un “área de vacancia” en los estudios. Subraya que se conservan
hasta hoy los registros de la opinión ilustrada acerca del castigo, pero “se habla menos de todas las
agitaciones populares en torno de la práctica punitiva. Rara vez, en efecto, han rebasado el marco
de una ciudad, y a veces de un barrio” (Foucault, 2008:74). Si bien Foucault, se refiere puntualmente
a los efectos que el suplicio tenía en la antigüedad y se pregunta por el lugar del pueblo, aquí me
interesa indagar en los efectos que produce la ausencia de estructuras formales de castigo, debido
a la inacción judicial y policial, que ha sido referida por los vecinos en numerosas entrevistas.
Considero que en estas ausencias se encuentran elementos claves para pensar las formas de

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violencia que se tejen en torno a hechos especialmente graves, los que deben ser analizados desde
las condiciones de profunda precariedad que viven las barriadas de la ciudad.
A lo largo de este trabajo, pretendo realizar una humilde y germinal contribución a partir de
recuperar un hecho de las historia barrial, ocurrido en Julio 2016 que es actualizado y rememorado
por los vecinos a partir de un suceso de similares características ocurrido durante el transcurso de
este año (Mayo 2019). Trabajaré principalmente con entrevistas mantenidas con dos vecinas del
barrio a las que nombro como Gabriela y Sandra, con ambas mantuve un total de 6 entrevistas en
distintos momentos a lo largo de 2018 y 2019. Con ambas realicé además cartografías sensibles,
llevadas adelante circulando junto a ellas por sectores del barrio. Sólo a los fines ilustrativos o
cuando considere necesario realizar alguna aclaración tomaré los relatos de algún otro vecino de la
zona. También me valdré de observaciones realizadas durante el período mencionado en el sector
y si bien cuento con registro documentales (fotografías) de los espacios habitacionales que fueron
destruidos, no serán incluidos en este trabajo.
¿Cuál sería el objeto de recuperar estas formas de saber-memoria en este barrio popular?
En principio, creemos que estos saberes descalificados (Foucault, 2001) guardan un saber histórico
acumulado de las luchas que se han librado en el barrio, los combates que buscaron mejorar las
condiciones de vida, lidiar con conflictos y situaciones límites que de algún modo, amenazaban con
destruir lo que queda de la vida en común. Son también el efecto y consecuencia de múltiples
ausencias y de la precariedad en la que muchos vecinos de barriadas populares llevan adelante
sus vidas. Por lo que la situación descripta no puede ser leída sino desde esta óptica. Siguiendo a
Foucault considero que el “saber de la gente”:

no es en absoluto un saber común, un buen sentido sino, al contrario, un saber particular, un saber
local, regional, un saber diferencial, incapaz de unanimidad y que sólo debe su fuerza al filo que opone
a todos los que lo rodean (Foucault, 2001:21).

Recuperar estas memorias-saberes, nos permiten poner en juego los saberes locales, “contra la
instancia teórica unitaria que pretende filtrarlos, jerarquizarlos, ordenarlos en nombre de un
conocimiento verdadero, en nombre de la ciencia” (Foucault, 2001:22). Es permitir que estos hechos
y sus protagonistas nos hablen y buscar junto con ellos, formas de explicación a ciertos
acontecimientos barriales, que por su gravedad han quedado inscriptos en la memoria y en los
territorios.
¿Qué es lo que hace que un hecho sea recordado? La memoria del barrio, es un espacio de
múltiples recuerdos que como un collage han sido construidos desde la superposición de sus
fragmentos, algunos son olvidados por haber pasado “sin pena ni gloria”, otros por sus
características han sido fundantes y recordados por las comunidades que los han protagonizado o
padecido, han transformado el paisaje barrial, y han sido construidos y reconstruidos una y otra vez
para intentar volver inteligibles situaciones que a primera vista, parecen ser “como un rayo que cae
desde un cielo sereno” (Marx, 2003:2). Por lo que el acto de recordar, implica necesariamente volver

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a producir un hecho en cuya actualización, se verá modificado. El recuerdo también representa los
límites de lo decible y lo pensable por parte de nuestros interlocutores y se enmarcan dentro de un
espacio y tiempo limitado, al cual apelaremos a la hora de realizar el análisis. Porque como ya se
ha dicho "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y como la recuerda para contarla”
(García Márquez, 5: 2002). Los barrios tienen su propia vida y sus propias memorias que esperan
ser reconstruidas y contadas. La situación de la que me voy a ocupar aquí, es narradas por vecinas,
pero también por imágenes, espacios y registros, los que buscan recuperar y a los que apelan a
través del recuerdo, sucesos que pueden permitirnos comprender las formas en que se gestaron y
resolvieron graves situaciones barriales, y que nos brindan pistas, para comprenderlas e intentar
evitar que vuelvan a ocurrir.

III. “Yo lo ví en su memoria”


Durante una entrevistas que mantuve con una vecina de la zona de Argüello y mientras
dialogábamos acerca de la (in)seguridad barrial, ella me cuenta que en el mes de Julio de 2016
había ocurrido una situación muy grave, la que narra a modo de ejemplo, identificándola con un
hecho de (in)seguridad:

Gabriela: cerca de la casa de mi vieja, que está en la parte de la villa, entraron a robar a la casa de
un chico y entre tres, abusaron de la mujer, la violaron. El chico no estaba, el marido, la violaron a la
chica, un caso horrible, muy feo.. eh.. te marca, porque el chico era amigo de mi hermano y la piba
muy jovencita. Y la violaron, la violaron mal le metieron un palo, mal. Eh.. encima el bebe estaba ahí
lloraba, el chico cuando volvió los encontró así, sacó una escopeta y los salió a buscar. (Gabriela, E2:
Septiembre 2018)

El relato se ubica en un determinado espacio geográfico, la villa, un territorio que viene cargado
junto a sus habitantes con un fuerte estigma, los vecinos del barrio narran los sucesos que allí
acontecen desde la exterioridad y con un cierto exotismo, intentando más allá de la cercanía
geográfica (y también social) producir una diferencia entre lo que ocurre en la villa y en el barrio.
Aún cuando separen a ambos espacios, unas pocas cuadras y aún cuando hechos similares han
ocurrido en la cercanía de sus viviendas e incluso dentro de la propia familia. Muchos detalles de la
situación vivida han sido olvidados, pero sí son recordados los aspectos más morbosos y macabros
del abuso, los que reales o no, continuaron apareciendo en entrevistas con otros vecinos de la zona.
Durante las entrevistas, cuando salía el tema, todos los que estaban en la casa y que escuchaban
que hablábamos sobre el hecho querían hablar de lo sucedido y como cuenta García Márquez en
su libro hubo que “pedir (…) refuerzos para encauzar a la muchedumbre que se precipitaba a
declarar sin ser llamada, ansiosa de exhibir su propia importancia en el drama” (García Márquez,
2016:88).

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Pero hasta aquí, nada diferencia este hecho de otras situaciones de abuso, muy violentas
ocurridas en el sector2 y que aparecen cotidianamente en los relatos de las vecinas, quiénes son
las que las traen a la memoria al hablar de (in)seguridad a la violencia sexual, dando cuenta que
para ellas este problema aparece también asociada a situaciones de abuso las que no se remiten
sólo a hechos que puedan ocurrir en el exterior, en las calles, sino que están presentes en sus casas
de manera cotidiana. Las mujeres entrevistadas, expresan una fuerte sensibilidad frente a diversas
formas de violencia especialmente sexual que se viven en el barrio. Dichos hechos que no aparecen
enunciados en los relatos de los hombres, los que se centran en prácticas reactivas frente a la
(in)seguridad y la violencia. Por lo que el acto de tomar “un escopeta y salir a buscarlos", se acopla
y debe ser leído en relación a formas de masculinidad construidas en el barrio, mandatos que exigen
a los hombres medir fuerzas “el que más fuerza tiene es el que más vale, son los códigos que se
manejan acá. Por eso fue ese quilombo allá” (Gabriela, E2: Junio 2018) y a las mujeres denunciar,
“las mujeres son las que denuncian, son las que cuando les pasa algo van a la Comisaría, o a algún
lado a decir lo que pasó. Son las que hacen eso… los hombres no denuncian” (Gabriela, E2: Junio
2018). Observaciones de las vecinas, que han sido corroboradas por los registro que existen en la
Comisaría del barrio (E1: Comisario Barrio Argüello) donde el mayor número de denuncias recibidas
son efectuadas por mujeres. Habitualmente las situaciones de violencia doméstica y sexual no
reciben como respuesta formas organizadas de “castigo popular”, solo son comentadas y
repudiadas en la intimidad. Las mujeres habitualmente realizan la denuncia, si estos hechos son
cometidos por personas no convivientes, mientras que las situaciones perpetradas por sus parejas
o familiares quedan invisibilizadas. En este caso, el hecho que desencadena el conflicto no es la
situación de abuso, sino lo que ocurre después. Gabriela prosigue:

Gabriela: Y… tan varios ahí. La chica les dijo quién eran, eran conocidos y la chica le dijo, fueron los
de la P., los hijos de la P. La P. Él les cayó y ellos le dijeron nosotros no fuimos, haciéndose los malos.
Ellos le dijeron fue tal.. le echaron la culpa a otro. Cuando el chico se da vuelta lo mataron. Hubo un
intercambio de balas y cuando el chico se dio vuelta lo mataron (Gabriela, E2: Septiembre, 2018).

Estos relatos, que como recuerdos llegan a la entrevista, empiezan a dibujar una serie de
sucesos ocurridos en el espacio barrial, donde un "joven conocido por todos” (Gabriela, E2:
Septiembre 2018), frente a un robo y la situación de abuso de su novia, no realiza una denuncia en
la Policía, ni busca atención médica para su pareja, sino que sale a buscar a quiénes abusaron de
ella. Y así como el joven es alguien “conocido”, el hecho de robo/violencia/violación, no es
perpetrado por individuos desconocidos ni para la víctima, ni para el barrio. No son sujetos anónimos
quiénes llegan desde afuera, sino que como relata Gabriela: “La chica les dijo quién eran, eran

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En el mes de agosto de 2019, la zona de Argüello volvió a ser noticia en los medios locales por el brutal abuso sexual
que vivió una joven de 15 años, cuando tres individuos entraron en horas de la mañana a robar en su casa, mientras ella
se encontraba durmiendo. En esta situación se repiten elementos descriptos constantemente por las vecinas, se trata de
jóvenes del barrio a quiénes conocen de toda la vida. Estas situaciones son habitualmente seguidas de amenazas hacia
quienes denuncian lo ocurrido. Más información: https://lmdiario.com.ar/noticia/180055/la-familia-de-la-chica-violada-
en-nuevo-arguello-denuncio-nuevas-amenazas
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conocidos y la chica le dijo, fueron los de la P., los hijos de la P.” (Gabriela, E2: Septiembre, 2018).
Esta familia a la que nombramos P., es residente histórica de “la villa”, es una familia conocida por
todos, distintos vecinos del barrio refieren haber tenido conflictos con ellos. Habitualmente están
involucrados en situaciones de robo y violencia, distintos vecinos manifiestan que se habían
efectuado denuncias en distintas oportunidades pero “nadie hizo nada” (Sandra, E3: Mayo 2019) y
también personal policial corrobora estos dichos, diciendo que conocían a esta familia. Los hijos de
P. son calificados como problemáticas por distintos agentes del barrio:

Sandra: (…) porque eran como vecinos choros, como quién dice, rata, dañinos y se fueron a la casa
de una vecina de acá cerca y entraron a la casa en ese momento estaba la chica con la nenita sola.
(Sandra, E3: Mayo 2019)

En el barrio popular en que me encuentro trabajando, los sujetos categorizados como “peligrosos”,
son personas que se han criado en el barrio “los conocemos de toda la vida” (Cristina, E1: Octubre
2018) pueden ser identificadas por sus nombres y apellidos, se conoce su trayectoria vital, quiénes
son sus padres, etc. El proceso de calificarlos/producirlos como peligrosos inicia muy temprano,
incluso cuando son niños, muchas veces incluso hay niños que son “peligrosos” por herencia, por
los antecedentes familiares, las formas de crianza, en un proceso cargado de estigmatización y
violencia (Meritano, 2019a) del que participan distintos actores del barrio como vecinos, instituciones
barriales, los agentes de la Policía, las escuelas, las vecinales, etc.
A partir del homicidio del joven, se desencadenan una serie de sucesos barriales que reciben
una amplia cobertura en los medios de comunicación de la ciudad, quienes se hacen eco de la
violencia barrial y del asesinato del joven. El abuso sexual aparece solo en un segundo momento,
quedando el homicidio envuelto la confusión. Los principales medios de comunicación de la ciudad
como los diarios La Voz del Interior y el diario digital Día a día, la web de noticias de Cadena 3,
realizan una amplia cobertura del homicidio y de los sucesos posteriores. Titulan a los hechos como:
“Joven asesinado en barrio A.” (Día a día, 15/07/16), "Joven asesinado en barrio A.: hay tensión en
la zona y está la guardia de Infantería” (La Voz del Interior, 15/07/16), “Tensión en barrio A. por el
crimen de un joven” (Día a día, 17/07/2016), ““Tarde de furia: queman la casa a sospechoso de un
crimen” (Cadena 3, 19/07/16), Un detenido por el crimen de B.G.” (Día a día, 18/07/16), “Un detenido
por el crimen de un joven en C. Argüello” (La Voz del Interior, 18/07.16), “Abuso sexual, el trasfondo
del homicidio en villa M. S.” (Día a día, 21/07/16) “Abusaron de su novia, fue a recriminarles a los
autores y lo mataron” (Día a día, 21/07/16), “Espiral violenta que terminó de la peor manera” (La
Voz del Interior, 27/05/18). Los distintos medios, reproducen de algún modo en su cobertura la
confusión que existía en el barrio, cambian repetidamente los nombres del lugar donde ocurrió el
hecho, nombrando distintos asentamientos, villas y barrios, confundiéndolos a pesar que algunos
no se encuentran cercanos entre sí. También realizan confusas explicaciones de las causas del
conflicto, en las entrevistas que estos medios mantienen con los vecinos, son contradictorias, pero
coinciden en que se trataba de personas conocidas y conflictivas en el barrio llegando a hacer

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referencia al homicidio como “algo que podía llegar a pasar” (Cristina, E2: Febrero 2019). Por otro
lado, los medios destacan el accionar de algunos vecinos del barrio y “allegados a la familia” quienes
primero prenden fuego la casa del sospechoso, luego atacan la casa de su madre, puesto que el
joven autor del disparo se encontraba prófugo y finalmente terminan incendiando tres viviendas y
derrumbando otras dos, pertenecientes a familiares del presunto autor del homicidio.
Las noticias destacan la confusión que imperaba en el barrio, la acción policial frente a los
intentos de incendiar las viviendas y derrumbar otras. Decisión que en los relatos de las
entrevistadas no aparece como casual ni fortuita, sino que responde a conflictos barriales de larga
data, que eclosionan con este episodio. Como comenta mi entrevistada:

Gabriela: La misma gente de ahí fue y les quemó la casa. Fue el caso que más.. fueron le quemaron
la casa, se agarraron con la Policía, eh.. y la policía hizo esto (hace una seña como abriendo las manos
y después otra seña lavándose las manos) porque ya tenían muchas denuncias, eran gente my
pesada, muy ya… con esa familia, mi mamá también se agarró por el tema de mi hermano… todo
presos, todos con antecedentes, todos, todos, todos. Terminaron quemándoles la casa, hicieron que
se fueran (Gabriela, E2: Septiembre, 2018).

Distintas familias del barrio, incluso la familia de Gabriela habían tenido problemas con los hijos de
P. (se los nombra por el apodo de su madre, quien según cuentan conocen de toda la vida). Habían
sufrido agresiones, robos y se hablaba de otros hechos de abuso que no habían sido denunciados,
esta acumulación de situaciones fueron los componentes del desborde barrial. El cual no puede ser
pensado en los términos de un acontecimiento, como un fenómeno sorpresivo, sino que es la
consecuencia de un desborde (Colectivo Juguetes Perdidos, 2014). Una acumulación de
situaciones conflictivas que venía desarrollándose hace años y del cual el asesinato de este joven
fue solo un catalizador. Y esta situación iba más allá incluso de los vínculos que pudieran tejerse
entre los vecinos, y la realidad de las personas involucradas, puesto que una de las entrevistada,
no duda en comparar a ambas familias, a las que califica como “lo mismo”:

E1: La familia de la chica, y la del chico los conocías ¿Eran vecinos del barrio? ¿Eran buenas
personas?
Sandra: No… Son todos de los mismo, robaban de acá, robaban de allá, eran todo de lo mismo. Acá
hay mucho robo. Y mucho ajuste de cuentas, porque compiten los grupos, no es que se quedan en el
molde. Entonces ellos no sé se disputan el barrio, las esquinas, todo… (Sandra, E3: Mayo 2019)

Lo que da cuenta, que el acto de quemar la casa y expulsar a la familia, no estuvo supeditado ni
requirió de la construcción de una víctima “inocente” (Pita, 2010), sino que algunos vecinos del
barrio, pretendían expulsar del barrio a la familia P., más allá de la inocencia o culpabilidad de la
víctima y más allá de los vínculos o conflictos que podían mantener entre ellos. Tampoco importaba
tanto, si los declarado por la joven era o no verdad, algunas vecinas dudan de su relato:

Sandra: y ahí se contradijo, mucho. Porque ella dijo que abusaron, que la manosearon. Entonces
cuando llegó el marido, se vino con los amigos y se tiraban tiros, él de allá y los otros de acá. Entonces
él se fue corriendo y cuando dio la vuelta, el chico le salió de atrás y le pegó por la espalda y lo mató.
En el acto. Y que pasó… los amigos del muerto, como la mujer dijo que la manosearon todo, que
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hicieron, se juntaron todos y le quemaron la casa, todo. (…) Y bueno, después con el tiempo salió a
la luz que la chica mintió, ellos en ningún momento la quisieron abusar, no la abusaron, no la tocaron,
ellos solamente fueron a robar. Después yo me crucé con la mamá del chico, tienen todo un problema
con la justicia porque la chica mintió. Y ahora pénele que le den 14 años uno porque ella dijo que
abusó y porque lo mató y ahora con ese tema le van a dar menos años al pibe, pero como el chico ya
tiene muchas caídas, porque quisieron violar de una chica, porque le pegaron a un policía, porque
mataron a un policía, tenían varias causas y por eso va a quedar preso. (Sandra, E3: Mayo 2019)

Una de las demandas principales era que el joven que había cometido el homicidio se entregara,
porque estuvo prófugo durante los primeros tres días: “Al final, después de todo el quilombo se
entregaron” (Gabriela, E2: Septiembre, 2018).

III. ¿Castigo popular, justicia popular o castigo informal?


En esta tercera parte, quisiera detenerme a considerar si el hecho descripto y las prácticas
a las que dio lugar pueden ser pensadas desde la óptica del castigo desde una perspectiva
foucaulteana. En su libro Vigilar y Castigar (1975) Foucault realiza un análisis pormenorizado de los
aspectos productivos del castigo, al que ubica como una limitación al derechos del Rey (Soberano)
quién era la referencia a toda ofensa, el único que podía juzgar, que podía disponer de los cuerpos
de los súbditos y que ejercía su poder de castigar por medio de suplicios. Las demandas de
“humanizar” el castigo ampliamente difundidas a lo largo del siglo XVIII se asocian a toda una serie
de fenómenos como, la elevación general en el nivel de vida, el crecimiento demográfico y la
multiplicación de las riquezas (Foucault, 2008). Su consecuencia fue la emergencia de la necesidad
de seguridad, y una modificación en los delitos que serían perseguidos, los que pasaron de los
“crímenes de sangre” (los que habían disminuido considerablemente) a los delitos contra la
propiedad. También se transformaron los sujetos que serían perseguidos los que pasaron de la
delincuencia difusa y ocasional de las clases pobres a la delincuencia “limitada y hábil” (Foucault,
2008:88). Foucault (2008) sugiere que debemos leer esta reforma del derecho criminal como una
estrategia de reacondicionamiento del poder dentro de una perspectiva general del poder, que
responde a una serie de regularidades y que tiene por objetivo el aumento de los efectos del castigo
con una reducción de los costos económicos y políticos, dando lugar a una nueva economía política
del castigo.
Castro Gómez (2018:81) señala que Foucault fija cuatro reglas al ocuparse del castigo:

1) No centrar el estudio de los mecanismos punitivos sólo en sus efectos negativos, represivos, que
corresponden a la sanción, sino, más bien, situar el castigo en la serie de efectos positivos que puede
inducir, lo cual implica tomar la punición como una función social compleja. 2) Considerar los castigos
desde el punto de vista de la táctica política. La punición no es simplemente la consecuencia de la
aplicación de las reglas jurídicas o un indicador de las estructuras sociales, sino una técnica específica
en el campo general de los procedimientos de poder. 3) Situar la tecnología del poder como principio
de la humanización de la penalidad y del conocimiento del hombre. 4) Investigar si el ingreso del saber
científico, del “alma”, en la práctica judicial no es el efecto de una transformación de la manera en la
que las relaciones de poder invisten al cuerpo.

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La capacidad productiva del castigo se basa en organizar las penalidades (establecer los límites de
lo tolerable) y ubicarlas dentro de instituciones penales, en el establecimiento de normas que se
representan como un pacto que hace posible la vida en común y codifican los distintos tipos de
delitos, que deben ser descriptos al detalle incluyendo a los pequeños ilegalismos que antes eran
tolerados. El surgimiento/creación de un aparato penal que se ocupa de administrar la criminalidad
de manera diferencial comporta los procesos necesario para la construcción del criminal como
opuesto a la sociedad, como enemigo social, con una serie de mecanismos de saber/poder. El
castigo y sus reglas se vuelve coextensivo a la sociedad, quienes se transforman en “guardianes
del pacto social”, el fenómeno del castigo, no puede ser escindido de su dimensión social y de la
participación de la comunidad barrial en los procesos de identificación del culpable. La principal
función social que tiene el castigo, la de reparar el daño ocasionado y evitar la posibilidad que se
repita, no está tanto dirigido al sujeto damnificado, sino que al ser la comunidad toda, la que se ha
visto dañada por el delito: “el daño que hace un crimen al cuerpo social es el desorden que introduce
en él: el escándalo que suscita, el ejemplo que da, la incitación a repetirlo si no ha sido castigado,
la posibilidad de generalización que comporta” (Foucault, 2008:107), es así mismo la comunidad
toda la que deberá ser restituida.
Más adelante con la generalización de la prisión como forma de castigo, y la obligatoriedad
del trabajo de la mano del protestantismo, la prisión se muestra como un aparato de saber y a la
vez, como una máquina para modificar el espíritu de los condenados para permitir su reforma. El
encarcelamiento es un dispositivo dirigido al futuro que pretende bloquear la repetición del hecho,
singularizar la pena según su duración, naturaleza y carácter individual, pero que se enfoca
principalmente a la reconstrucción del sujeto obediente, del individuo sometido a hábitos, el cual
para poder ser corregido debe estar completamente sometido al poder que se ejerce sobre él. Hasta
aquí hemos considerado la dimensión formal del castigo, en su evolución y en la generalización de
la prisión. La maquinaria de castigo se pone en marcha habitualmente por una comunicación, una
denuncia de un hecho delictivo, que señala un acontecimiento que da cuenta de la ruptura del pacto
social, pero ¿Qué ocurre si esta denuncia nunca llega? ¿Qué pasa si a pesar de llegar no recibe
respuesta y los hechos se van acumulando sin que la maquinaria de castigo se ponga en marcha?
En situaciones dominadas por una precariedad totalitaria, ¿son también precarios los
castigos?¿Qué ocurre con el castigo en países como los nuestros signados por crisis económicas,
cuando las condiciones de riqueza y bienestar no son extensivas a toda la población? ¿Las bases
del castigo formal pueden verse minadas? ¿Puede ser pensadas estas prácticas populares de
castigo como antagónicas o complementarias al castigo formal?
En principio, quiero destacar que desde esta perspectiva el “castigo popular” como práctica
se encuentra cimentado en las distintas formas que adquiere el castigo formal, y no puede ser
pensado por fuera de este. Debido a que las acciones que son castigadas, se encuentran dentro de
los códigos y normas, es decir constituyen un delito y son reconocidos como tales y además,
encierran el reclamo por los mecanismos formales. En la entrevista con Sandra, ella relataba que

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los vecinos reclamaban por el accionar policial, la presencia del fiscal, el levantamiento de pruebas
y el encarcelamiento del culpable. Por lo que había una clara demanda dirigida al Estado, investido
con el poder de imponer un castigo formal, la acción reactiva de los vecinos, era también una
manera de expresar una protesta, una forma de protesta en un barrio en el que la presencia policial
ante delitos no es frecuentes:

Andrea: Nosotros tenemos problemas porque acá la Policía no llega mas que para hacer
allanamientos. Acá si te entran a robar no viene nadie, si tu marido te caga a palo, jodete. Nosotros
tenemos que ayudarnos entre nosotros. No hay seguridad, más que lo que nos ayudamos en el barrio
(Andrea, E1: Junio 2018).

En este horizonte de precariedad y desborde, en el que la presencia policial es sólo punitiva, es


interesante que el reclamo, se siga inscribiendo como demanda a las instituciones formales de
castigo. Los sectores populares intentan por la vía del reclamo y la protesta acceder a bienes y
derechos que son reconocidos para el resto de la sociedad (Meritano, 2016). Más allá que los
entrevistados, descreen y cuestionan la eficacia de la prisión en la tarea de “reforma” o inclusión
social. La cárcel es para ellos un depósito, un espacio donde se mantiene a aquellos considerados
peligrosos fuera del barrio: “son enfermos mentales, psicópatas, para mí esa gente no tiene cura”
(Sandra, E1: Agosto 2018).
Las distintas formas de castigo popular, al igual que los medios formales de castigo tiene
una eminente función productiva, primero porque producen subjetividades. El sujeto “peligroso” o
“culpable” es una forma de caracterización que recae sobre ciertas personas dentro del barrio de la
que participan diferentes agentes y agencias dentro del espacio barrial. No es casual que los
involucrados en este conflicto, tanto la persona fallecida, como los demás son varones jóvenes del
barrio. La persona fallecida tenía 18 años, mientras que los victimarios tenían en ese momento entre
18 y 20 años. Al igual que en otros sectores de la sociedad, las barriadas populares (re)producen a
los jóvenes como responsables de la (in)seguridad y la violencia barrial y las prácticas de “castigo”
o disciplinamiento por lo general recaen sobre ellos. A quiénes están también dirigidas las prácticas
de seguridad que intentan prevenir/actuar ante situaciones de (in)seguridad.
Otro punto que ilustra la dimensión productiva del castigo popular es el disciplinamiento
social que genera en otras familias del barrio, la acción de expulsión de sus viviendas de los
producidos como culpables, y la posterior destrucción de las mismas. Este es un acto mayor de
despojo, puesto que se los expulsa de un espacio al que han accedido por medio de una política
pública. Esta idea de expulsar, separar, desalojar a ciertos vecinos o grupos del espacio barrial
aparece entre los reclamos cotidianos que se efectúan a las agencias estatales, aparecen en
Consejos barriales, reuniones vecinales, etc. Se pretende mediante esto poner una distancia entre
los sujetos “peligrosos” y el resto de la sociedad. Pero los reclamos son por lo general desoídos,
por lo que el acto de desalojar o expulsar, tampoco aparece de manera excepcional en este hecho,
sino que ya había aparecido como demanda y como idea anteriormente. Si bien como señalan los

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vecinos se pretendía o reclamaba la presencia de las instituciones y agencias estatales, no se puede
desconocer que también se pretendía expulsar a la familia del barrio:

Gabriela: Terminaron quemándoles la casa, hicieron que se fueran. (…) Se fueron de ahí, la madre
con los hijos, se fue de ahí y la hermana vivía al frente también se fue, porque también le quemaron
la casa a la hermana. Y todos queríamos que se fueran, eso ya era insoportable y si las cosas no se
acomodan la gente tarde o temprano termina haciendo “justicia por mano propia”, con ellos el problema
de venía desde hace un montón, y fue la gota que termino de llenar el vaso. Nosotros fuimos al lugar,
chicos conocidos estuvieron en la quema de las casas. También fuimos con mi familia a la marcha
que se hizo después por el crimen en el CPC de Argüello porque al principio no los habían agarrado
a todos y los otros secuaces seguían en el barrio. No sabés lo que fue, se paseaban por la casa del
B., era un desastre. La familia estaba mal, todo el barrio estaba mal. Y ellos agitaban haciendo eso.
(Gabriela, E2: Septiembre, 2018)

La decisión de atacar el domicilio no sólo del autor del homicidio sino de los familiares se sustenta
en que el problema no podía ser circunscripto al homicidio, ni tampoco a una sola persona, sino que
se lee a todos como culpables: “Y nosotros decíamos pero la familia, sí sabía, eran todos complices”
(Sandra, E3: Mayo 2019). Así como se produce a toda la familia como “peligrosa”, también todos
los integrantes de la misma son considerados como “lo mismo” (Sandra, E3: Mayo 2019), cómplices
o culpables. Los efectos moralizantes de estos sucesos no sólo están dirigidos a los autores de este
delito, no se circunscriben a esta acción, sino que se transforman en un mensaje para el resto de
los grupos familiares. Muchas mujeres refieren tener temor de las situaciones en que se involucran
sus hijos tales como robos, conflictos barriales, peleas, etc. ya que corren el riesgo de que les
“quemen la casa” (Meritano, 2019a). Lo que da cuenta tanto de la fragilidad de los vínculos barriales,
las prácticas de disciplinamiento y castigo que se dan en su interior y la cercanía del desborde, ya
que no se sabe ni cuando, ni sobre quién puede recaer una nueva condena.
Más allá que hay un reconocimiento que esta acción no produce una modificación sustantiva
en la dinámica de poder barrial, que luego de la expulsión vuelve a recomponerse, el estado de
excepción momentáneo que se declara en el barrio y que es reflejado por los medios de
comunicación, da lugar a una alianza entre vecinos y Policía, que habilita la expulsión de la familia
del barrio (la que se traslada a un asentamiento en las proximidades) es leída como una victoria por
los vecinos. El paisaje barrial conserva los escombros de las viviendas, los que tres años después
aún siguen diseminados por el lugar y se han configurado como lugares peligrosos e inhabitables.

Gabriela: La familia de este chico, se fueron a otro barrio, pero allá siguen haciendo el mismo desastre.
Y en ese terreno nadie se quiere meter, porque de allá dan ordenes que el que se meta ahí lo van a
cagar matando. Quedaron los escombros todo quemado, después cuando vamos para lo de Rosa te
paso a mostrar para que veas donde fue eso. Y bueno.. están los yuyos, árboles quemados, los
escombros. Pero está todo con escombro, después de un par de meses, mucha gente se empezó a
llevar ladrillos, pero nadie se hace casa, porque de allá dan órdenes. La madre y la hermana siguen
dando vueltas por estos lugares porque tienen amigas acá en la zona. Pero están en la zona de A.
Que igual es acá no más. Entendés…Y bueno, pero la madre y la hermana andan por acá. La madre
se encargó de ir casa por casa, a amenazar a la gente que había denunciado, había gente que no
sabía nada. Pero ella se encargó de ir casa por casa a amenazar a la gente, casa por casa. (Gabriela,
E2: Septiembre, 2018)

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El momento del “castigo popular” es recordado como un momento de expiación, casi ritual por los
vecinos quienes conservan fotos y videos de lo ocurrido, de los bienes saqueados y quemados. La
expulsión del barrio, que como condena cae sobre la familia del presunto culpable, da cuenta de
que la afrenta no solo estuvo dirigida hacia el vecino que falleció, sino que todo el sector se sintió
afectado por esa muerte, la que habilitó el desborde. La familia es considerada también culpable
del crimen, son descriptos como cómplices o encubridores, se culpa de lo ocurrido especialmente
a la madre del joven la que es acusada de haber “fallado” en su crianza. Es responsabilizada
también por la situación de sus hermanos que se han visto involucrados e situaciones delictivas en
el barrio. En la expulsión de la familia, se pretende castigar al “criminal” pero también a esta familia,
desde una lógica de solidaridad y corresponsabilización. La práctica restitutiva por el daño producido
está dirigida no sólo a los familiares y amigos de la víctima sino a la comunidad entera. El acto del
“expulsión” implica un acto de destitución simbólica del lugar de poder que se ocupaba en el barrio
y la posibilidad de sacar afuera de la comunidad a quiénes son considerados “enemigos”. Pero
también encierra un mensaje hacia el futuro, que intenta evitar que actos de este tipo vuelvan a
cometerse y se constituye en un mensaje para otras familias que podrían verse involucradas en
situaciones similares. Es un acto que pretende moralizar a la comunidad y disciplinar a aquellos que
se evaden de las normas. Pero también es un mensaje dirigido a las instituciones formales de
castigo, porque esta situación da cuenta de la ausencia de referentes institucionales, de la
precariedad de las agencias estatales, que no logran constituirse en referentes, ni frenar el
desborde. La Policía, trabajadores sociales, psicólogos, punteros políticos y demás referentes no
logran mediar en el conflicto, el cual según cuentan los vecinos, sólo logró apaciguarse cuando
vieron: “quemarse las casas” (Gabriela, E2: Septiembre 2018)

III. Consideraciones finales


“Muchos coincidían en el recuerdo de que era una mañana radiante con una brisa de mar
que llegaba a través de los platanales, como era de pensar que lo fuera en un buen febrero de
aquella época. Pero la mayoría estaba de acuerdo en que era un tiempo fúnebre, con un cielo turbio
y bajo y un denso olor de aguas dormidas, y que en el instante de la desgracia estaba cayendo una
llovizna menuda como la que había visto” (García Márquez, 2016:12). Los recuerdos de la mañana
en que se desato el conflicto barrial siguen guardados en un lugar confuso de la memoria colectiva,
atravesados por la desorientación que generó el desborde. Algunos cuentan detalles que parecen
haber salido de una novela policial, pero los vecinos coinciden en los puntos principales, los
conflictos sin resolver, la ausencia de la Policía, que se desoyeron las denuncias y el hartazgo frente
a diferentes situaciones que se fueron acumulando. Consideramos que dados los elementos
analizados podemos considerar los sucesos ocurridos, desde la lógica del “castigo popular”, se
podría hablar de castigo puesto que se comparten los fines y medios con las estructuras formales y
los reclama. Entendemos que la situación ocurrida, no se inscribe desde la excepcionalidad y que
se constituye en una práctica alternativa y complementaria al castigo formal. Que solo puede ser

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comprendida dentro de los marcos de precariedad en que se encuentran los vecinos del sector. Y
si como sostiene Foucault “castigar será, por lo tanto, un arte de los efectos” (Foucault, 2008:107).
Los efectos restitutivos comunitarios fueron uno de los aspectos principales que subrayaron los
vecinos quiénes manifestaban la necesidad de reparar algo de lo ocurrido y “recuperar la paz” barrial
que se ve perdida cuando ocurren situaciones conflictivas y violentas. Y además al igual que el
castigo formal, fueron un mensaje dirigido al futuro, porque pretendían que estos escenarios de
conflicto no vuelvan a sucederse. Esta claro, que lo que ocurrió, no sorprendió a nadie, todos
coincidían que era algo que “se veía venir” (Cristina, E1: Octubre 2018) no resultan anómalos,
impredecibles, ni extraños, sino como la muerte anunciada de Santiago Nasar, todos sabían que
algo podía pasar, pero que nadie logro evitarlo.

Bibliografía
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Aires: Tinta y Limón.
Gago, V. (2014) La razón neoliberal. Buenos Aires: Tinta y Limón.
García Márquez, G. (2002) Vivir para contarla. Buenos Aires, Sudamericana.
García Márquez, G. (2016) Crónica de una muerte anunciada. Madrid, Editorial de Bolsillo.
Foucault, M. (1978) La verdad y las formas jurídicas. Buenos Aires: Gedisa.
Foucault, M. (2001) Defender la Sociedad. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Foucault, M. (2008) Vigilar y castigar: el nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Siglo XXI.
Marx, K. (2003) 18 de Brumario de Luis Bonaparte. Buenos Aires: Editorial Agebe
Meritano, S. (2015) La Puña: estrategias de supervivencia y trayectorias habitacionales en un Barrio popular.
Trabajo final de Licenciatura en Trabajo Social. UNVM. Inédito.
Meritano, S. (2019a) “Cuando la vieja se pone la gorra. Conflictividad juvenil y prácticas de policiamiento en
la Ciudad de Córdoba”. Revista Question, Vol. 1, N.o 61, pp. 1-13. Disponible en:
http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/76250/Documento_completo.pdf?sequence=1
Meritano, S. (2019b) ¿Cómo se construye un pibe chorro? Los jóvenes como productores de riesgo en el
discurso de la [in]seguridad neoliberal. Revista Margen, Nº92. Disponible en:
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6950126

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