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La red como medio de vida.

Apuntes para una cartografía


Barrionuevo Lisandro
IDH-CONICET – FFyH
lisandrobarrionuevo@hotmail.com
Eje 2: “La inscripción espacial del futuro: espacio, lugar y ubicación como categorías políticas”

Introducción

El año pasado invitaron al grupo de investigación del que participo a preparar unas charlas
para el Domo Digital de la Feria del Libro de Córdoba. El grupo Dédalus gira en torno al
pensamiento sobre la técnica, y el pedido por parte de la municipalidad cordobesa fue claro: “que
las charlas sean bien Black Mirror”. Tanto así que el ciclo se terminó llamando El espejo negro en
que nos vemos. La charla que yo preparé fue sobre la investigación que vengo llevando adelante
sobre el Sistema Federal de Identificación Biométrica para la Seguridad (SIBIOS). Esa
investigación comenzó muy vinculada a los estudios de la vigilancia, por lo que no me fue muy
difícil encontrar elementos para narrar la historia de SIBIOS y describir el mundo que configura en
términos de horror.
La municipalidad de Córdoba estaba en ese momento (y aún hoy) en manos de Cambiemos,
quienes también administran a las fuerzas federales que gestionan SIBIOS. ¿Por qué una fuerza
política buscaría que se la critique en un ámbito público? Lo más probable es que sea porque a
nadie le importa. De cualquier manera a mí me conecto con una serie de discusiones sobre el
carácter de la crítica a la tecnología y sus efectos.
Creo que la clave de todo esto se encuentra en lo que pasó cuando llegó el momento,
terminada mi exposición, de que circule la palabra y de dar el debate. Ocurrió lo que siempre ocurre
cuando uno describe una estructura terrible: “esto es muy malo, pero existe. Deberíamos lograr que
se use para el bien”. Es decir, SIBIOS existe, es bastante fuerte, nuestra única opción es legislar
para que no se use en contra de las personas buenas; es decir, que SIBIOS se parezca más a lo que
las propagandas muestran de él: “Si nos conocemos, más nos cuidamos mejor”.
Creo que mi relato tecno-fatalista solamente pudo desembocar en un tecno-optimismo
ingenuo. La forma y el contenido de la actividad, su voluntad crítica, terminó cayendo en lo que
Andrew Feenberg (2012, pp. 24-25) llama las trampas de las perspectivas sustantivistas e
instrumentalistas de la técnica. El sustantivismo sostiene que la tecnología es un nuevo sistema
cultural que reestructura todo el mundo social como un objeto de control, a partir de lo cual
solamente un retorno a la tradición o a la simplicidad ofrece una alternativa política. El
instrumentalismo se caracteriza por cuatro supuestos básicos: a) la tecnología es neutral, un medio
instrumental que se relaciona a valores sustantivos que le son externos y a los cuales sirve; b) la
tecnología es indiferente a la política y a las instituciones legales y religiosas; c) la neutralidad
sociopolítica de la tecnología se atribuye usualmente a su carácter ‘racional’; d) la tecnología es
neutral porque se sostiene en la misma norma de eficiencia en cualquier contexto.
“Más allá de sus diferencias, la teoría instrumental y la sustantiva comparten una actitud del
tipo ‘tómelo o déjelo’ sobre la tecnología” (Feenberg, 2012, p. 28). El problema en estas dos
perspectivas es que el fenómeno técnico aparece como separado de los movimientos de la sociedad
(Lévy, 2000, p. 19). Y el problema es que al separar a la técnica del cambio social producimos
abstracciones que parecieran escapar a nuestra posibilidad de acción, encerrándonos en en un
fatalismo despotenciador o en un utilitarismo despolitizante. La pregunta que desde ese entonces me
habita es: ¿cómo trabajar un acceso a la realidad técnica que acepte la irreversibilidad del cambio de
nuestro mundo sin eliminar “la pertinencia de las intervenciones humanas que se encarnan en
políticas y micropolíticas” (Guattari, 2017, p. 31)?

El medio técnico como medio de potencia

Un buen primer punto para esta tarea tiene que ver con lo que Feenberg considera podemos
rescatar tanto del sustancialismo como del instrumentalismo. Del primero interesa el planteo según
el cual “[l]a tecnología no es simplemente un medio sino que se ha convertido en el entorno de
nuestro modo de vida”, y del instrumentalismo la negación de la tecnología como unidad total y
fatal que arrastra a la sociedad hacia el horror (Feenberg, 2012, p. 28). Pensar a la tecnología como
entorno es no pensarla como medio para un fin sino como medio ambiente, como un medio
ambiente no clausurado.
La filósofa Muriel Combes considera que caemos en un error al concebir a la técnica
(solamente) como un medio para un fin. En sintonía con el plateo de Feenberg, ella considera que
debemos abordarla más bien como un medio-ambiente “que condiciona el obrar humano” (Combes,
2017a, pp. 126-127). La autora señala, retomando a Ernst Jünger, que “la técnica pertenece a la
esfera de los medios de potencia” (Combes, 2017b, p. 154), y eso la lleva a plantear que “solo hay
técnica en relación con una forma de vida que se afirma a través de ella, que busca acrecentar su
potencia. Un medio de potencia siempre es medio de potencia para tal o cual Figura, tal o cual
forma de vida”1 (Ibid.: p. 156).
El concepto de Figura es el utilizado por Jünguer (2003, pp. 147-187) para dar cuenta del
Trabajador como subjetividad que se afirma a partir de la técnica industrial y bélica que, según él,
iba a dar por tierra a la era de la burguesía, el clero y la aristocracia. Combes aclara que deja de lado

1 Cursivas en el original.
el concepto de Figura porque el mismo propone “la hegemonía de una forma de vida”2 (Combes,
2017b, p. 158). Ella opta por pensar a la técnicas y su medialidad como “zonas de subjetivación”
(Ibid.: 159), de realización, sostenimiento, prolongación, disputa y transformación de múltiples
formas de vida.
El geógrafo brasilero Milton Santos se hacía la pregunta “¿cómo trabajar la cuestión de la
técnica de modo que sirva como base para una explicación geográfica?”, y para él la respuesta era,
acercándose a los planteos de Combes y Feenberg, “considerar la propia técnica un medio” (Santos,
2000, p. 34). Para este autor actualmente nos encontramos en la era cibernética (Ibíd., p. 181),
caracterizada por el tipo de objetos y relaciones que le dan forma. “En este período, los objetos
técnicos tienden a ser al mismo tiempo técnicos e informacionales” (Ibíd, p. 201). Esto quiere decir
que que “un objeto puede transmitir informaciones a otro objeto (…) [y] ya no trabajan sin el
control de la información, pero, además, pasan a ser sobre todo información” (Ibíd., p. 181). Esto
quiere decir que la existencia de los objetos no puede pensarse por fuera de una red en la que
informan a otros a la vez que son informados. El medio de potencia de nuestra era está conformado
en gran medida por redes informáticas.
Muriel Combes, en su preocupación por las formas de vida, está intentando pensar una ética
de las redes. Para ello recurre a Gilbert Simondon. Este autor, que también habita poderosamente
las reflexiones de Santos, sostenía que debíamos actualizar nuestro pensamiento ético y técnico a la
realidad de las redes técnicas que cada vez más dan forma al mundo que vivimos. Este llamamiento
se basa en un cambio en las técnicas mismas: las herramientas o los instrumentos simples existen
como extensiones de la voluntad de quien los porta, y por ello “no tienen poder normativo porque
están a disposición del individuo de manera permanente” (Simondon, 2007, p. 238), pero cuando las
técnicas existen formando redes cada vez más complejas “la tecnicidad forma parte del mundo, no
es sólo un conjunto de medios, sino también un conjunto de condicionamientos de la acción y de
incitaciones a actuar”, y por ello “cuanto más grande sea la resonancia interna de la actividad
humana a través de las realidades técnicas, más poder normativo adoptarán las redes técnicas”
(Ibíd.). La vida social está entonces tan potenciada como capturada por las redes que la realizan y la
afirman en el mundo. Las posibilidades de hacer, las maneras de relacionarse de la personas con sus
pares, con sigo mismas y con las fuerzas cósmicas no pueden comprenderse por fuera de las redes
técnicas que le dan forma.
¿Cómo recorrer y relatar nuestro mundo de redes batallando contra el optimismo neoliberal a
la vez que contra el catastrofismo y la inacción? El primer punto es asumir que “[t]ras las
revoluciones informáticas, robóticas, tras el progreso de la ingeniería genética y tras la
mundialización del conjunto de los mercados, el trabajo humano o el hábitat ya nunca volverán a

2 La cursiva es mía.
ser lo que eran hace tan sólo algunos decenios” (Guattari, 2017, p. 33), y así poder desplegar una
práctica cartográfica: la búsqueda de un “lenguaje capaz de decir al mismo tiempo la condición que
nos es hecha y lo posible que la agrieta” (Comité Invisible, 2015, pp. 17-18).
Al trabajar con redes técnicas, la condición que nos es hecha debe ser analizada en dos
sentidos: uno genético y uno actual. El estudio actual supone la descripción de lo que constituye a
una red, y entenderla como soporte corpóreo de la vida, el genético intenta dar cuenta de la
instalación de la misma (Santos, 2000, pp. 222-223).
Y lo posible que la agrieta implica comprender que el medio técnico como superficie de
subjetiviación es tanto conducción de la vida hacia una forma como conjunto de posibilidades
donde se puede activar el devenir de la vida. El medio de potencia es un territorio existencial donde
la subjetividad puede aparecer como dispuesta hacia el futuro (Guattari, 2017, p. 27). Pero en este
punto hay que tener en cuenta que “el futuro se produce sólo si hay alguna operación que abra una
perspectiva del después” (Lewkowicz, 2004, p. 110).
Actualidad, genealogía y porvenir son los tres registros de esta propuesta cartográfica.

Actualidad: topología de redes

Recorrer y relatar son operaciones vinculadas a la capacidad de orientarnos en los mundos


que nos hacen, y orientarse “es tanto la capacidad de seguir instrucciones cartográficas como la de
dibujar un mapa” (Berardi, 2018, pp. 327-358). Ahora bien, cómo recorrer y relatar, cómo
cartografiar nuestro mundo de redes, presenta un problema central: el lugar que nos toca en este
medio técnico que es soporte y realización de los vínculos sociales es el de usuaries. Cada vez más,
para más interacciones sociales, para tener amigues, parejas, escuchar música, recibir un beneficio
social, subir datos al SIGEVA, faltar al trabajo y un cada vez más largo etc., debemos tener una
cuenta usuaria en diferentes plataformas, que a la vez se van integrando entre sí (Srnicek, 2018).
Esta posición no permite ninguna clase de toma de decisión más allá de lo que ocurre en un
minúsculo espacio de interacción posibilitado por la red. El problema es que el uso de una red no
dice nada de cómo funciona ni de cómo fue montada (Latour, 2013, p. 45). Simondon consideró que
debíamos, al pensar la relación técnica en la era de las redes, reinterpretar el concepto de alienación
para incluir en el mismo “la ruptura entre el saber técnico y el ejercicio de las condiciones de
utilización” (Simondon, 2007, p. 265).
La figura del usuariado, como forma de vida, se presenta con una serie de imágenes según la
cual la red es un conjunto de lazos entre individualidades que ya existen. Este imaginario ultra-
liberal (Hui & Halpin, 2013) no nos permite ver que “éste [el individuo] está posición de «terminal»
respecto a procesos que implican grupos humanos, conjuntos socio-económicos, máquinas
informáticas, etc.” (Guattari, 2017, p. 22).
Un desplazamiento interesante de esta postura creo que puede darse mediante una concepción
de la naturaleza afectiva de la información. 3 Tal como sostienen Blanco y Rodríguez, “[l]a
información no es una cosa sino un proceso relacionado con energías potenciales de
transformación” (Blanco & Rodríguez, 2015, p. 116). La información es una relación que regula las
posibilidades de transformación de quien la recibe. No es ni el dato que emana de un emisor, ni lo
que recibe el receptor, sino el proceso por el cual la instancia receptora transforma sus posibilidades
regulando sus propias energías de acuerdo a las señales que fue capaz de percibir de una instancia
emisora. El mensaje emitido por el emisor debe ser capaz de afectar a la instancia receptora, pero
también el receptor debe ser capaz de ser afectado por el mensaje emitido por la instancia emisora.
Hay una capacidad de afectarse y a partir de ello adquirir forma, por eso se trata de un proceso de
in-formación.
La pregunta cartográfica por la red técnica en la era de la información es la pregunta por quién
o qué puede afectar a quién o qué y de qué manera, y en esta pregunta se actualiza un problema
fundamental de la actividad de mapear: la distancia. Según Chamayou las ‘tele’ tecnologías basadas
en redes replantean la cuestión de la distancia vinculándola a la noción de alcance. Este concepto da
cuenta de cómo se distribuyen las posibilidades de producir un efecto o sufrirlo y de percibir o ser
percibide. Las capacidades de actuar, ser vulnerade, percibir y ser percibide circulan conformando
redes, por lo que el problema de la “co-presencia pragmática” se reconfigura y es necesario tomar
nuevos conceptos que nos ayuden a orientarnos. La co-presencia, es decir la existencia de las
fuerzas en el campo de alcance de otras, está estructurada y no es simétrica (Chamayou, 2016, pp.
232-233).
Comprender la circulación de estas afecciones implica entender que una red es un conjunto de
trayectorias que conectan a seres de lo más diversos y que requieren entre sí las traducciones
necesarias para que todo funcione (Latour, 2013, p. 54). Estas traducciones ocurren a través de una
ecología de interfaces encargadas de poner en contacto distintas cadenas de operaciones y
adaptarlas, es en ellas donde se organiza el pasaje entre flujos de afecciones de naturaleza distinta y
donde se define sus ritmos (Lévy, 2000, p. 72; Scolari, 2018, p. 28).
Otro elemento fundamental cuando hablamos de las posibilidades de circulan por la red es la
de la memoria, y esta debe ser entendida al menos en dos sentidos. La primera es la organización
misma de la red, que es una espacialización del tiempo. Una red organiza y garantiza la repetición
de los cursos de acción de las operaciones técnicas, haciendo del pasado la plataforma del presente,
volviendo a las maneras de circular de las afecciones algo estable y poniéndolas así a salvo del caos

3 Tomo la idea de naturaleza afectiva de la interpretación que hace Deleuze del poder en Foucault. Para Deleuze el
poder constaría de una naturaleza activa que es la capacidad de una fuerza de afectar a otras y una naturaleza pasiva
que es la capacidad de una fuerza de ser afectada por otra (Deleuze, 2005, pp. 101-102).
(Campagno & Lewkowicz, 2007, p. 76; Latour, 2013, p. 47; Stiegler, 2002).4 La segunda tiene que
ver con la capacidad de las máquinas de información de transformar los estímulos en datos que
pueden ser almacenados en diferentes soportes y replicarse al infinito (Berti & Blanco, 2016). Es en
ese sentido que tenemos que pensar, por ejemplo, a las bases de datos alojadas en servidores
inaccesibles para la mayoría de las personas. Se trata de exteriorizaciones de las operaciones de
retención: verdaderas “memorias colectivas” de la era digital (Bateson, 2010, p. 490; McLuhan &
Powers, 1994, p. 174; Stiegler, 2016, p. 18 y ss.). Estas memorias constituyen lo que Simondon
(2007, p. 238) llamó puntos-clave de una red: se trata de operaciones que deben ser protegidas con
especial esmero porque una vulneración a las mismas implica no sólo consecuencias prácticas sino
la puesta en cuestión del sistema de referencias que estructura al medio y su poder normativo. Es
decir, las redes digitales no solamente estabilizan las maneras de circular de las afecciones, sino que
además producen imágenes que pueden volver a ser puestas en circulación.
El registro actual de una cartografía del medio de potencia debería prestar atención a la
economía de las percepciones y efectos que permite una ecología particular de interfaces y
memorias, preguntándose por qué flujos de operaciones se conectan, en qué sentido y qué
traducciones se realizan. Además debe tener en cuenta qué ritmos de almacenamiento y re-
circulación posibilitan sus memorias. Se trata de un análisis de las topologías y cronologías que una
estructuración particular de la co-presencia actualiza en una red.

Genealogía de la red

Un medio de potencia es aquello a lo que Feenberg denomina maquinaria de poder: “un


orden de ideas y prácticas que crea una red de restricciones y oportunidades dentro de las cuales los
sujetos individuales y colectivos emergen como actores” (2012, p. 117). Para este autor el carácter
opresivo de los sistemas técnicos no está tanto en los fines que los sectores dominantes le otorgan a
la técnico sino en el “encaje”, en la configuración específica de un mundo real de tiempos, lugares,
herencias históricas. Esta mirada nos invita a corrernos de la crítica a las relaciones de poder como
“mal uso” de la tecnología para pensar que el poder de los grupos hegemónicos se encuentra en la
capacidad de definir los horizontes de desarrollo de la red a través de garantizar las conexiones que
profundizan y sostienen las relaciones de dominación (Ibíd.: pp. 133-135). 5 El conjunto de estas

4 “Todo está ahí a la vez. Todo se manifiesta al mismo tiempo, conjuntamente. Lo que constituye el elemento
esencial, el primer impulso, que engendra todos los demás con él, es la organización inorgánica de la memoria. (...)
Es una de esas instancias concernidas por la transformación total del paisaje en las que consiste la organización de
lo inorgánico.” (Stiegler, 2002, p. 259)
5 “Las técnicas de poder no son herramientas empuñadas por las élites, sino que más bien forman un espacio, una
‘interioridad’, desde las cuales esas élites actúan en la sociedad. La distancia social, implicada en el par metafórico
conexiones es lo que se denomina como código técnico. Podríamos decir, intentando pensar desde
la arista espacial, que el código técnico es aquello a lo que Lessig se refiere como “arquitectura de
control”: el código que estructura y constriñe los poderes sociales con el propósito de sostener un
modo de vida (Lessig, 2009, p. 35).
El código técnico no se encuentra hecho de una vez y para siempre, sino que es un
movimiento permanente de diferenciación e integración. La historia de una red debe comprenderse
como un movimiento por el cual una cadena de operaciones se extiende, esparce e intensifica
(Latour, 2013, p. 90). En estas operaciones ocurre una diversificación entre gestos receptivos,
gestos efectivos y, entre ellos, un estado interno 6 (Simondon, 2015, p. 382). Insertar esta
diversificación en el tiempo es hacerse “preguntas cada vez más pragmáticas” (Debaise & Stengers,
2018, p. 56) en el sentido de llegar a comprender las fuerzas que trabajan las sensibilidades y
efectos de una cadena de operaciones que logro diferenciarse y establecer una red.
Pero al seguir este trayecto no tenemos perder de vista que la realidad técnica se caracteriza
por su apertura, y que para que una red pueda ser completada, mejorada y mantenida es necesaria la
estandarización de los subconjuntos que se han diferenciado (Simondon, 2017, pp. 299-302). Seguir
entonces los movimientos de diferenciación que permiten la extensión de la red, pero a la vez seguir
los movimientos de estandarización que permiten la compatibilidad y la fluidez en la circulación. Se
trata de dar cuenta de la creciente capacidad de coordinación y anticipación que brinda la
protocolarización y traducción al código técnico digital (Cf. Galloway, 2013). De esta manera
podemos seguir el proceso de por el cual se establece el código técnico: “No existen objetos,
espacios o cuerpos sagrados por sí mismos, cualquier componente puede ser conectado con
cualquier otro si la pauta y el código correctos pueden ser construidos para el procesamiento de
señales en un lenguaje común” (Haraway, 1991, p. 278).

Porvenir: devenir hacker colectivo

Creo que la condición de usuaries que describí más arriba está muy vinculada al hecho de que
a medida que una red adquiere consistencia esta se vuelve cada vez más difícil de ver (Latour, 2013,
p. 101). Es el proceso que se ha denominado cajanegrización: nos construirnos como usuaries frente
a una serie de operaciones de las que solamente podemos entender lo que en ellas entra y sale. El
interior/exterior, es vertical: crea una posición ‘sobre’ la sociedad desde la cual verla y controlarla. A esta posición
corresponde lo que he llamado autonomía operacional del sujeto hegemónico. En las sociedades modernas, este
enfoque puede ser generalizado, con ciertas modificaciones, a cualquier actividad técnicamente mediada.”
(Feenberg, 2012, p. 138)
6 Simondon usa el término “motivaciones”, le permite realizar movimientos analógicos a través de diferentes niveles
de la individuación. Yo elijo ahora utilizar el de “estado interno” porque es más adecuado al concepto de “caja
negra” que aparecerá más adelante y al lenguaje técnico vinculado a las máquinas de la información.
esquema de funcionamiento de las técnicas que organizan nuestra vida se nos ha vuelto
completamente opaco e inabarcable (Combes, 2017b, p. 154; Comité Invisible, 2015, p. 87; Latour,
2013, p. 211; Scolari, 2018, p. 34). La cerrazón del código técnico implica la solidificación de la
subjetividad usuaria, y el proceso de cajanegrización de la red es la mediación que garantiza la
alienación a la vez que la captura. El problema del porvenir, de otros futuros posibles, de la
modificación de la red, implica la pregunta por la posibilidad de apertura de la caja negra y por la
ruptura del código técnico.
Para abordar este problema creo que es importante recuperar la idea de tecnicidad, y un
primer concepto que hay que tener en cuenta para pensarla es el de irreversibilidad. En este punto
irreversibilidad hace referencia a la técnica como acontecimiento social que modifica las formas de
vida: “Aunque fuese posible abandonar algunas técnicas como modo de hacer, permanecen aquellas
que se impusieron como modo de ser, incorporadas a la naturaleza y al territorio” (Santos, 2000, p.
153). Esta idea de irreversibilidad tiene que ver con que cada medio técnico trae al mundo nuevos
elementos que pasan a ser parte de él modificándolo.
Según Simondon “no son los conjuntos técnicos, ni siquiera los individuos, los que pueden
pasar de una época a otra, sino los elementos que esos individuos, agrupados en conjuntos han
podido producir”7 (2007, p. 91). Esas partes o elementos técnicos surgen de descubrimientos tan
básicos que son, en palabras de Feenberg, neutrales. Prefiero no utilizar el concepto de neutralidad y
sí el más preciso de indeterminación: los elementos técnicos son indeterminados en tanto no están
atados a una función precisa, sino que su funcionamiento está cargado de potencialidades. De
acuerdo a cómo forme red ese elemento con otras formas de existencia es que toda esa virtualidad
se actualizará. A esto hace referencia el concepto de tecnicidad.
Debemos recordar en este punto que el código técnico opera a través de la composición, de la
unión, de conexiones, de establecer maneras de resonar. Y eso tiene que ver con que las tecnologías
modernas están hechas de partes cada vez más concretas. Cuando pensemos en elementos técnicos
debemos pensar en principios específicos no en cosas. Los elementos son relaciones entre forma y
materia, y la tecnicidad es el grado de consistencia de esa relación (Ibíd.). Estos elementos “[u]na
vez descubiertos son como el vocabulario de un lenguaje: pueden ser enhebrados juntos -
codificados- para formar una variedad de ‘oraciones’ con diferentes significados e intenciones”
(Feenberg, 2012, p. 128). Feenberg es muy claro respecto al campo de acción política que abre el
encuentro con la tecnicidad:
“cuanto más descendemos hacia los fundamentos, más ambiguos son los elementos con
los cuales estas aplicaciones han sido construidas. Esta es la fuente de la ambivalencia

7 En esta cita por individuo debemos entender individuo técnico, es decir máquinas que portan herramientas e
instrumentos, pero sobre todo dotadas de mecanismos de estabilidad dinámica y autorregulación.
de la tecnología. Se necesita entonces un código técnico que enlace las aplicaciones a
los propósitos hegemónicos, ya que la ciencia y la técnica pueden ser integradas en
distintos órdenes hegemónicos. Esta es también la razón por la que la nueva tecnología
puede amenazar la hegemonía de los grupos dominantes hasta tanto sea codificada
estrategicamente.” (Feenberg, 2012, p. 131)

Los elementos técnicos, expresiones del medio técnico que les dio existencia, están cargados
de tecnicidad. El encuentro con esa tecnicidad es un encuentro desterritorializante del medio
técnico, en tanto hace saltar por los aires al código técnico: aquellos elementos que se presentaban
integrados en un conjunto ligado a una función son des-ensamblados y aparecen como signos-
partículas, como puros funcionamientos capaces de re-ensamblarse de maneras inesperadas
(Deleuze & Guattari, 2010, p. 71).8 Una relación con la tecnicidad es necesariamente una apertura
de la caja negra, una desarticulación de las interfaces y sus operaciones.9
Ahora bien, si como estuve tratando de plantear, el código técnico territorializa una
subjetividad usuaria, el movimiento de encuentro con la tecnicidad arrastra también a la
subjetividad, abrirla y lanzarla al porvenir. 10 Se trata de un devenir (Deleuze & Guattari, 2010), más
precisamente de un “devenir-hacker colectivo” (Fernández-Savater, 2015).
Para Deleuze y Guattari el devenir no puede entenderse por fuera de una zona de encuentro en
la que las formas molares (el medio técnico y el usuariado en este caso) exponen sus componentes,
sus moléculas a nuevos agenciamientos posibles (Deleuze & Guattari, 2010, p. 275 y ss.). Esta zona
está dada por el arrastre de la relación que constituye al medio técnico y al usuariado desde el
código técnico hacia la experimentación. En el caso de la relación técnica implica un encuentro de
la subjetividad con todo lo que hay en ella de pre-individual y con la técnicidad y todo lo que hay en
ella de trans-individual, es decir un encuentro con la energía potencial disponible para la invención
de nuevas formas (Simondon, 2007, pp. 263-264).
¿Qué es un hacker?
“Un hacker es cualquiera que tiene curiosidad por crear algo nuevo o por resolver un
problema, un apasionado del saber-hacer, un bricoleur. Podemos pensarlo también por

8 Nadie sabe lo que puede un elemento técnico podría ser una lindo principio para explorar a la naturaleza afectiva de
la información.
9 Es a lo que se refiere Stephenson (2003, p. 38) al señalar que cuando se perfora la interfaz de usuarie, el ordenador
libera su potencia y flexibilidad.
10 Es la pregunta qué moviliza Simondon: ¿qué movimientos en las maneras de existir nos permitirán retirarnos del
paradigma de la esclavitud, sin por eso comenzar a tratar a las técnicas como esclavos? ¿qué maneras de
relacionarnos con la técnica nos permitirán encontrarnos con ellas por fuera de los parámetros del uso, la utilidad y
la eficacia?
fuera del mundo de los bytes, en un sentido social más amplio, como todo aquel que se
pregunta (siempre mediante el hacer) cómo funciona esto, cómo se puede interferir en
su funcionamiento, cómo podría funcionar de otro modo. Y se preocupa por compartir
sus saberes.”11 (Fernández-Savater, 2015)

El hackeo consigue arrancar las técnicas al código técnico para liberarlas de él (Comité
Invisible, 2015, p. 88).12 Y es en este punto que resuena una vieja idea marxista: “la liberación de la
máquina es, en sí misma, la condición de la liberación humana” (Bontems, 2015, p. 196). Ese es el
núcleo de la ética hacker: el acceso a cómo funciona el mundo ingeniado con el que somos debe ser
irrestricto, y en ese acceso existe la experimentación y la invención de nuevas formas de vida (Levy,
2010). Y es que “[s]i el poder es ‘infraestructural’ se trata entonces de hackear las infraestructuras
existentes y/o de construir nuevas, articuladas con otros prácticas vitales y otros mundos en
marcha” (Fernández-Savater, 2015, p. s/d). Es por esto que para acercarnos al medio técnico como
medio de potencia de las formas de vida no podemos dejar de pensarlo como superficie de disputa y
subjetivación (Combes, 2017b), prestándole especial importancia a “todos los espacios donde se
comparten riquezas, medios y saberes, (...) puntos de cruce entre técnicas y formas de vida
disidentes” (Fernández-Savater, 2015, p. s/d).
El registro cartográfico de las redes técnicas vinculado a la posibilidad del porvenir buscará
conectar con los puntos de singularidad de la situación (Berardi, 2018, p. 272; Guattari, 1996, p.
155). Aquí importan esos espacios donde se desarticulan código técnico y subjetividad usuaria, y es
preciso prestarle especial atención a las interfaces que emergen, porque no se trata de una
desconexión de la red, sino de un acceso, de una proximidad muy especial, y “[s]in mediación no
hay acceso” (Latour, 2013, p. 74). Se trata de un acceso que permite la visbilización de la red como
conjunto de líneas de operaciones, y de la construcción de un pensamiento estratégico, de la
posibilidad de distinción, de encontrar entre esas trayectorias aquella que al ser seguida implica un
“incremento de potencia” en las formas de vida (Tiqqun, 2008, pp. 10-11).

Bibliografía

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Editorial LOLHÉ – LUMEN.

11 Cursivas en el original.
12 Me interesa resaltar aquí una oposición que realiza el Comité Invisible para futuros trabajos: “La figura del hacker
se opone punto por punto a la figura del ingeniero, sin importar cuáles sean las tentativas artísticas, policiales o
empresariales para neutralizarla. Donde el ingeniero consigue capturar todo lo que funciona para que todo funcione
mejor, para ponerlo al servicio del sistema, el hacker se pregunta ‘¿cómo funciona?’ para encontrarle fallas, pero
también para inventarle otros usos, para experimentar” (Comité Invisible, 2015, p. 88).
Berardi, F. (2018). Fenomenología del fin: Sensibilidad y mutación conectiva. Buenos Aires: Caja
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