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José Fabricio Conde Martínez

Disciplinas Formativas II

LAS DOCE TRANSGRESIO NES

Capítulo 1. La transgresión de Elí: Cuando la debilidad se vuelve pecado.


Debemos evitar la tolerancia. Llega un momento en el cual el siervo de Dios debe saber corregir. La
edad trae consigo la debilidad física, pero no tiene porqué traer debilidad espiritual o timidez. Esto
revela la propia falta de madurez espiritual. Debemos actuar en el momento preciso, demasiado
tarde propiciará que más adelante tendremos que enfrentar las consecuencias de la maldad,
infidelidad y la desobediencia. Los líderes que caminan en desobediencia pueden quedar
descalificados. La presencia de Dios en la iglesia no cubre el pecado, debemos permanecer fuertes
en espíritu.

Capítulo 2. La transgresión de Jacob: El uso de medios carnales para obtener la


bendición divina
Vivir nuestra vida cristiana en un estado de quebrantamiento es la mejor forma de caminar con Dios.
Nunca debemos usar medios carnales para obtener la bendición divina. Debemos Buscar justicia y
no actuar movidos por la codicia. La impaciencia siempre es fruto de la carnalidad. La ignorancia no
nos salva, una media verdad siempre será una media mentira. No debemos ignorar las señales de
advertencia cuando las tenemos frente a nosotros. No debemos tratar de apresurar lo empezado
por nuestra cuenta, quien no espera a que se abran las puertas en el ministerio nunca respetara la
autoridad. Necesitamos regresar a la honradez, sinceridad y a la verdad. Someter todo al Señor,
tomar la decisión de ser personas integras cambiar por honestidad todos fingimiento y mentira.

Capítulo 3. La transgresión de Sansón: Carisma sin carácter


Debemos tener un carácter cristiano sólido que nos respalde y no sólo carisma, de lo contrario sería
coquetear con el mundo. Sería un peligro tener carisma sin tener carácter moral. El estar preparados
y enseñados en la palabra no significa que vayamos a escoger la senda de santidad, coqueteamos
continuamente con el mundo, tomamos decisiones en desobediencia. Los milagros no dan por
sentado una correcta relación con Dios. Debemos alejarnos de la impulsividad, observar nuestras
motivaciones, perdonar el pasado. Nosotros somos siervos de Dios, la obra no gira alrededor
nuestro. La iglesia es el lugar al cual debemos pertenecer. Debemos aceptar el llamado a la pureza
moral y sexual.

Capítulo 4. La transgresión de Moisés: La ira Santa usada de una forma impía


Es importante desarrollar un espíritu semejante al de Cristo, controlar las emociones y el carácter.
La falta de control propicia inseguridad y limita la confianza. La ira descontrolada deshonra a Dios,
son impulsos de la desobediencia. Cuando nos movemos en la ira revelamos que estamos
confiando en nosotros mismos, es decir: en la carne. Con frecuencia los arrebatos de ira son

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consecuencia de sufrimientos internos que nos vuelven incapaces de responder en alguna situación
de forma controlada y mesurada. Debemos cuidar de no hacer uso de la ira excediendo nuestra
autoridad espiritual. Nunca debemos hacer uso de nuestra frustración, cuando debemos de usar la
obediencia. Hacer uso de la ira en un momento inadecuado, movido en la frustración, puede
propiciar presentar indebidamente a Jesús.

Capítulo 5. La transgresión de Elías: La desilusión


La desilusión puede afectar al hombre o mujer de Dios tanto como a una persona débil. Nunca
debemos perder de vista lo que Dios ha realizado en nuestra vida y a través de ella. Nuestro deseo
siempre debe ser trabajar fuertemente por el reino de Dios. Sin embargo nuestra vida parece estar
cada vez más ocupada, que nos agotamos tanto al punto de quedarnos dormidos. Cuando tenemos
el corazón lleno de desilusión, amargura y resentimiento es que no estamos listos para el fuego de
Dios. Sólo El Señor puede reemplazar el miedo a través del Espíritu y la unción de Dios. Él nos
llama a la purificación de nuestro corazón y mente, que quedemos libres de temor. La depresión
puede debilitar nuestro sistema inmunológico, hacernos susceptible a enfermedad, llevarnos a
salidas falsas cómo adicciones para mantener la mente distraída. Debemos orar y andar por el
camino de Dios.

Capítulo 6. La transgresión de Josué: El pecado de presuposición


Las transgresiones son pecados o debilidades que nos desvían tarde o temprano de la senda
cristiana, trayendo derrota y desastre a nuestra vida. Debemos resolver nuestras derrotas
acercándonos al Señor y permaneciendo en Él todo el tiempo, para escucharlo, dejarnos guiar y
mostrar qué cosas debemos cambiar en nuestra mente y de qué forma enfrentar el futuro. Debemos
ser leales, nuestra primera preocupación siempre debe ser honrar a Dios más que a nosotros
mismos. No hay oportunidad de ganar cuando existe pecado en nosotros, aun cuando la obra sea
de Dios. Si seguimos alimentando la carne llegaremos a un punto en que no podremos enfrentar
correctamente la obra. Cualquier cosa que pongamos como gratificación de la carne, por encima
del Espíritu de Dios, debemos destruirla. Busquemos hoy la santidad y la pureza, así no viviremos
en lamentación. Necesitamos que el espíritu nos guíe a las cosas que debemos cambiar.

Capítulo 7. La transgresión del Rey Saúl: La insensatez se vuelve pecado


No hay santidad donde hay insensatez, ambas cosas nunca van juntas. La persona insensata no
sabe fijar límites; en el caso de Saúl nombrado rey no respeto los límites y se salió de su propio
llamado. Si nuestra santidad no invade todos los aspectos de nuestra vida entonces no somos
Santos, no basta con una santidad al 98%. Cuando retardamos la obediencia lo reflejamos en
cualquier área de nuestra vida. Como parte de un ministerio debemos dejar de lado nuestra agenda
personal e involucrarnos en la visión y el ministerio local, debemos dejarnos guiar por el Señor para
mantenernos centrados en la realidad del llamado y dejar de lado nuestro ego. No debemos

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quedarnos aislados de quién nos puede llevar a la madurez espiritual hacer lo contrario es muestra
de insensatez.

Capítulo 8. La transgresión de David: Falta de límites claros


Esta es una advertencia para llevar nuestra vida aún estado de alerta. Se requiere disposición del
corazón constantemente a la obra santificadora del Espíritu Santo. Nuestra forma de usar el tiempo
libre afecta nuestro rendimiento en el trabajo, no saberlo manejar puede ser causa de caída. No
debemos hacer mal uso de nuestra autoridad ni de sus privilegios, no manipular los sucesos y las
circunstancias de la vida para echar abajo los límites de la moralidad y la santidad. Debemos utilizar
la autoridad que Dios nos ha otorgado ver alejadas de nosotros cualquier influencia negativa. El
pecado no confesado desata una terrible progresión de acciones pecaminosas, mismas que
acarrean consecuencias, que se tendrán que enfrentar a causa del fallo. Debemos permanecer
rodeados de amigos, facilitará la resistencia a las tentaciones. También omitir cualquier literatura
sensual, luchar por la integridad y la ética. Mantener lealtad hacia la familia y amigos.

Capítulo 9. La transgresión de Salomón: Distracciones fatales


Los enredos emocionales son luchas que muchos cristianos tenemos. Necesitamos entregar esas
relaciones hoy. El Señor nos da poder y autoridad para librarnos de las cosas que nos están
distrayendo. Las raíces de la sensualidad, legalismo o crítica pueden crecer inadvertidas en nuestra
vida durante muchos años antes de dominarnos, necesitamos escudriñar continuamente nuestro
corazón dejándonos guiar por el Espíritu Santo para que detectemos aquellos pecados escondidos.
Necesitamos mantener pura nuestra mente. Es posible desarrollar una disciplina divina, ungida para
mantenerse centrado en Jesucristo. No debemos permitir que cosas como los medios de
comunicación se conviertan en sustitutos de la comunión con Dios. Asimismo no debemos
distraernos por nuestra impaciencia o falta de entusiasmo. Alejarnos de toda pasión inmoral
presente en nuestra vida y no distraernos esperanzados en recibir reconocimiento.

Capítulo 10. La transgresión de Jonás: Servir a Dios de mala gana


Aunque algo parezca imposible debemos realizarlo con la actitud correcta. Hace falta el poder divino
para pulverizar esos muros invisibles de nuestro ser que se resisten a las verdades divinas. La
desobediencia causa varios problemas Uno de ellos es el retraso. Debemos tomar decisiones en
las cuales siento por siento nuestra vida esté dispuesta a obedecer al señor. No podemos pretender
retrasar nuestra responsabilidad intentar ver negociar o poner excusas a Dios. La mala actitud de
arrastrar los pies mientras servimos es una muestra de servir a Dios de mala gana, la obediencia
demorada sinónimo de desobediencia. Otro problema que causa es la influencia negativa que ejerce
sobre los que nos rodean. La ausencia de gozo es resultado que nuestro corazón no está
sincronizado con nuestras acciones. Cuando comenzamos a quejarnos y sentir descontento es
señal que hay algo que no anda bien, sin embargo el fuego de Dios nos da pasión para dejarnos

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guiar. Hacer lo que debemos hacer sin la actitud es desobediencia. El señor usa siempre gente
consagrada debemos consagrar un tanto nuestras acciones como nuestras actitudes.

Capítulo 11. La transgresión de Pedro: Temer más a los hombres que a Dios
Necesitamos proteger la imagen cristiana que proyectamos, es nuestra responsabilidad proteger
nuestra integridad ante los ojos de la gente lo mejor posible así como la reputación de nuestro
ministerio. No tiene por qué caer en la transgresión de hipocresía, aunque sean muchos hayan caído
enredados en ella. Si nos preocupa vernos bien ante los demás, mantener un testimonio
ministrando, es señal de que hemos empezado a actuar con hipocresía. Parecer ser mejores de lo
que somos es algo que se ha convertido en algo común entre los cristianos, sin embargo ser una
persona sincera significa que en nosotros no hay falsedad, qué tenemos cohesión moral, que no
hay nada falso en nuestro carácter. El mundo tiene que ver creyentes sinceros, que no mientan, ni
engañen, que sean veraces.

Capítulo 12. La transgresión del joven rico: El último ídolo


Si nuestra conciencia no está limpia es porque hay algo que necesita cambiar, es echar abajo último
ídolo, la última transgresión. Este es siempre algo que amamos más que a Dios. Siempre se halla
escondido en un rincón secreto de nuestro corazón, muchos cristianos somos ineficaces porque a
pesar de haber dado nuestra vida al Señor hemos guardado una parte para nosotros. Debemos
andar los pasos hacia una entrega total de admiradores a adoradores. Obedecerle al Señor como
Dios, fidelidad, receptividad, disponibilidad. Identificar y destruir el último ídolo, sea el orgullo, una
falta de perdón, una ofensa recibida. Nuestra espiritualidad no se ve en lo que queremos hacer, sino
en lo que decidimos hacer, es decir cuando tomamos decisiones de someter todo al Señor.

Comentario personal.
“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” Jer 17:9 Para no repetir la historia
debemos aprender de ella. No existe una santidad parcial y no existen pecados pequeños. La
verdadera santidad es una obra interior del Espíritu Santo en el corazón del creyente. La Biblia
escudriña zonas escondidas de nuestra vida que no vemos. Es por esto que debemos demostrar
fortaleza y no debilidad. No debemos hacer uso de medios carnales buscando a través de ellos
recibir algo de Dios. También recordemos que la integridad no la reemplaza nada, no existe la ira
santa… usarla siempre significarán consecuencias. Cuando nos inunda la depresión llegamos
alimentar pensamientos de desaliento. Nunca podremos dar por sentada una victoria si
desconocemos el pecado que existe en el campamento. Debemos ser capaces de esperar y no
tomar asuntos adelantándonos precipitadamente. Debemos de poner límites claros para no vivir
consecuencias. Omitir las distracciones en nuestro andar diario. Nunca servir de mala gana o con
una actitud desobediente. Guardar respeto a Dios antes que a los hombres. También debemos
entregar nuestro último ídolo, obedecer sólo no basta.