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Deberes de ambos cónyuges

1. Viviendo el uno con el otro. Él tiene que dejar “A su padre y a su madre, y allegarse a su
mujer” (Génesis 2:24), y ella tiene que olvidar su “pueblo, y la casa de [su] padre” (Salmos
45:10).
2. Amándose el uno al otro. Este es un deber tanto del esposo (Colosenses 3:19) como de la
esposa (Tito 2:4).
3. Siendo fieles el uno al otro. Cada varón debe tener (sexualmente) su propia esposa, y cada
esposa su propio marido (1 Corintios 7:2), y sólo los suyos propios.
4. Ayudándose el uno al otro. La esposa ha de ser “ayuda idónea” para su esposo (Génesis
2:18), lo cual implica que ambos deben ayudarse mutuamente. Deben compartir estas cosas:
a. Su trabajo. Si ella trabaja en casa y él trabaja fuera, el trabajo de ambos será más fácil. Para motivación, preste él
atención a todo el libro de Proverbios, y ella especialmente al último capítulo.

b. Su cruz. Aunque los recién casados esperan que el matrimonio sea sólo placer, las dificultades de seguro llegarán (1
Corintios 7:28). Quizás tengan que enfrentar la pérdida de bienes mundanales, daño a sus hijos, aflicciones causadas
por amigos tanto como por enemigos. Cada cónyuge tiene que ser un amigo para el otro venga lo que venga.

C. Su consagración a Cristo. Vivan como herederos “juntamente de la gracia de la vida” (1 Pedro 3:7). La meta más
alta del matrimonio es promover la felicidad eterna mutua.

5. Siendo pacientes el uno con el otro. Este deber es hacia todos, pero especialmente hacia
nuestro cónyuge (Efesios 4:31, 32).

6. Salvando el uno al otro. 1 Corintios 7:16 insinúa que nuestro gran deber es promover la
salvación de nuestro cónyuge. ¿De qué sirve disfrutar del matrimonio ahora y luego irse al
infierno juntos?

7. Manteniendo relaciones sexuales matrimoniales con regularidad pero


moderadas. “Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas a los fornicarios
y a los adúlteros juzgará Dios” (Hebreos 13:4).

8. Cuidando el uno los intereses del otro en todas las cosas. Ayúdense a mantener una
buena salud, y estén enfermos juntos, por lo menos en espíritu. (1 Corintios 7:33 - 34).

9. Orando el uno por el otro. Pedro advierte qué hacer para que “vuestras oraciones no sean
impedidas” (1 Pedro 3:7), lo que sugiere es que deben orar el uno por el otro y juntos. “Oró
Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril” (Génesis 25:21).
A continuación los 10 mandamientos para los esposos cristianos.

I. Ama a tu esposa como Cristo amó a la iglesia.

Este mandato quizás pueda resumir como debe ser el amor de un esposo hacia su esposa. Mandamiento
que describe la mayor responsabilidad del esposo dentro del matrimonio. Esto incluye la fidelidad que el
esposo debe tener hacia su esposa (Efesios 5:25).

II. Expresa tu amor con palabras de cariño y afecto.

Tomando como ejemplo que Dios nos demuestra y “expresa” su amor a través de palabras, el amor de un
esposo también debe componerse de expresiones de cariño y afecto (Cantar de Cantares 4).

III. Pregúntale como se siente.

Nunca asumas que todo está bien. El simple hecho de ser cristianos no siempre debe interpretarse como
que todo está en orden. Siempre hay algo que arreglar o mejorar. Y para eso, la confianza debe ser
provista por el hombre para que la esposa tenga la libertad de expresarse y de hablar lo que siente, y
desde allí buscar soluciones si es necesario.

IV. Tu esposa será prioridad antes que tus hijos.

Tus hijos son un regalo de Dios y son una bendición. Pero ellos no deben ocupar el lugar de tu esposa,
porque eres “una sola carne”(Génesis 2:24) con ella y no con tus hijos. No descuides tu matrimonio por
estar enfocado en tus hijos. Ambas responsabilidades tienen su lugar y pueden cumplirse sin conflictos.
Un buen matrimonio engendra buenos hijos y familias saludables.

V. No le gritarás.

No podemos tratarlas ásperamente. Recuerda que tu esposa es un “vaso más frágil’ que debe ser tratada
con respeto(1 Pedro 3:7).

VI. No le pegarás.

El abuso a una mujer es un acto digno de la condenación divina. Dios nunca llamó al hombre a abusar de
los suyos, sino a protegerlos. (Colosenses 3:19).

VII. Si tienes diferencias con ella, invítala a conversar.


Las diferencias y discrepancias son parte de las relaciones. Pero nunca debemos esperar las crisis o los
momentos de tensión para abordarlas. Mejor, provoca una conversación, con respeto, con responsabilidad
y ajena de discusiones.

VIII. Ora con ella.

Matrimonio que ora unido, permanece unido.

IX. Sal periódicamente a pasear o a una cita romántica solo con ella.

Para que el amor siga vigente, deben salir solos y compartir tiempos juntos. Esto no necesariamente debe
representar un gasto mayor, pues tomarte un café solo con tu esposa, traerá el mismo beneficio. No
obstante, si puedes hacer el esfuerzo de invitarla a algún restaurante, recuerda que no es un gasto, es
más bien una inversión. (Proverbios 5:18)

X. Hazle un regalo de vez en cuando.

Es importante, expresar el afecto a través de regalos o detalles porque estos comunican interés, afecto y
amor. Las rosas, los chocolates están entre los más comunes. Quizás algo que ella siempre a deseado.
No obstante puedes ser creativo y sorprenderla. El valor de un regalo no siempre está en el precio, sino en
el interés que ese regalo transmite.
Deberes conyugales

La palabra de Dios nos enseña que dentro del matrimonio son varios los deberes
conyugales, sin embargo para el presente artículo solo mencionaremos algunos de ellos.
En el caso de la ESPOSA
1. Ser ayuda idónea para su marido.
2. Respetar a su marido.
3. Obedecer a su marido.
4. Amar a su marido.
Tratemos de entender cada uno de los deberes para el caso de la esposa.
1. Ayuda idónea. “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda
idónea para él.” Génesis 2:18
Lo primero que tendríamos que preguntarnos ¿Qué es ayuda idónea?
Ayuda idónea es una persona que se pone a lado de otra para ayudarle, no enfrente, ni
detrás.
Dios dijo, “No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea para él”. En otras
palabras Dios quiere que la mujer esté a lado de su marido para ayudarle a construir un
hogar sólido.

Áreas en las que una esposa puede ayudar a su marido:


A. Siendo fiel y digna de confianza. Proverbios 31:11-12 “El corazón de su marido está en
ella confiado, Y no carecerá de ganancias. Le da ella bien y no mal todos los días de su
vida”.
B. Siendo cumplida con las responsabilidades de la casa. Proverbios 31:15,21 “Se levanta
aun de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas”. “No tiene temor de la nieve
por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles”.
Tito 2:3-5 “Las ancianas…..enseñen a las mujeres jóvenes… a ser cuidadosas de su casa”.
C. Siendo diligente, creativa y buena administradora con el dinero, sea mucho o poco.
Proverbio 31:13-14 “Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos. Es como
nave de mercader; trae su pan de lejos”.

2. Respetar a su marido. “Y la mujer respete a su marido”. Efesios 5:33


Áreas en las que una esposa debe respetar a su marido:
A. Su autoridad, la esposa no debe restar autoridad al esposo y mucho menos frente a los
hijos, si está en desacuerdo, debe buscar el lugar y el momento adecuado para hacérselo
saber.
B. Habilidades y talentos, nunca debe comparar a su esposo con otra persona.
C. Su trabajo, por muy sencilla que sea la actividad con la que el esposo dignamente busca
el sustento económico, la esposa debe reconocerle su esfuerzo.

3. Sujetarse a su marido. Colosenses 3:18 “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos,


como conviene en el Señor”.

Hay muchos malentendidos en cuanto a la sujeción en el matrimonio:

Lo que la sujeción NO es:


• La sujeción no es un concepto sólo para mujeres, sino para todo creyente.
• La sujeción Bíblica No es servilismo.
• La sujeción de la mujer No significa que NO abra la boca, o que NO pueda dar consejos y opiniones.
• La sujeción NO significa que la mujer es inferior al hombre.

Lo que la sujeción SÍ es:


• La sujeción es un acto voluntario.
• La sujeción de la mujer es un mandato, no una sugerencia.
• La sujeción de la mujer es asunto espiritual.
• La sujeción de la mujer traerá orden y paz al hogar “El hombre es la cabeza, pero la mujer es el corazón del
hogar”.
4. Amar a su marido.
“..Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos ”. Tito 2:4 Dios ha llamado a la esposa
no sólo a ayudar, respetar y sujetarse a su marido, sino también a amarle.

En el caso del ESPOSO


1. Ser la cabeza y sacerdote del hogar.
2. Ser proveedor y responsable del hogar.
3. Tratar con amabilidad a su esposa.
4. Amar a su esposa.

1. Ser la cabeza en el hogar.


“Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su
Salvador”. Efesios 5:23 “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de
la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. ”. 1ra. Corintios 11:3

• Ser cabeza no implica ser superior.


• Un buen esposo debe tener un corazón de siervo.
• El esposo debe ser firme de carácter, pero no duro y áspero.

2. Ser proveedor y responsable del hogar.


“Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un
incrédulo.” 1 Timoteo 5:8 El esposo debe encontrar realización en su trabajo, debe de ser para él no sólo una
responsabilidad, sino también un privilegio y gozo proveer económicamente para los suyos.

3. Ser amable con su esposa.


“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y
como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”. 1ra. Pedro 3:7 Un
buen esposo no tratará a su esposa con aspereza ni permitirá que tampoco sus los hijos lo hagan. Colosenses
3:19 “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.”

4. Amar a su esposa.
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,….Así
también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo
se ama…. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su
marido ”. Efesios 5:25,28,33

Para el esposo representa un verdadero desafío llegar a ser el hombre que Dios quiere que sea. No es nada fácil,
pues esto le exige la vida misma, que ponga su empeño, dedicación y perseverancia.

Para un esposo que no ha recibido a Cristo como su Salvador, es imposible llegar a ser el esposo ideal, pues
sólo a través de Él, tendrá la capacidad de amar a su esposa como a sí mismo.

Finalmente, ningún deber es más importante que el otro, más bien son una combinación que con la ayuda de
Dios, si los ponemos es práctica podemos ser la clase de esposas y esposos que Dios quiere en medio de un
mundo lleno de tinieblas.
Los deberes conyugales (Ef 5:21-23)

Sermones sobre la Iglesia basados en Efesios 4-6

Reemprendemos hoy el tramo que nos faltaba de esta carta para completar la parte práctica que trata
acerca de los deberes en la familia o en el hogar, siendo el primero el de los esposos, el segundo el de
padres e hijos y el tercero de los amos y siervos.

1. La sumisión mutua (v. 21)


Es importante considerar primero este versículo porque describe las consecuencias
de la plenitud del Espíritu. Además de hablar, cantar, alabar y dar gracias debemos
añadir someter. Se trata de un versículo de transición que hace de puente entre dos
secciones. Esta noción de sumisión está siendo contestada fuertemente en nuestros
días porque se opone a las actitudes actuales permisivas.

¿Cómo debemos reaccionar frente a esta corriente moderna? Los que creemos en
Cristo debemos reconocer que en la historia de la Iglesia ha habido épocas en que
se ha ayudado a perpetuar algunas formas de opresión humana, pero en el texto
que hemos leído no hay nada que resulte inconsistente con la verdadera liberación,
puesto que Jesucristo fue el primero que honró a las mujeres, los niños y los siervos
en contra de la manera que eran tratados en su tiempo y no debemos pensar que el
apóstol Pablo escriba de manera contraria a las actitudes fundamentales de Jesús.
Así, pues, a la luz de la enseñanza de Jesús y los apóstoles podemos afirmar tres
verdades importantes:
a. la dignidad de la mujer, los niños y los siervos,
b. la igualdad ante Dios de todos los seres humanos sin distinción de etnia, rango,
clase, cultura, sexo y edad porque todos hemos sido hechos a su imagen;
c. la unidad de todos los cristianos, como miembros de la familia de Dios.
La sumisión de la que habla Pablo no significa inferioridad. Debemos captar la diferencia entre las
personas por un lado y su papel o función, por el otro. Esposos y esposas, padres e hijos, amos y siervos
tienen la misma dignidad como seres humanos, pero ejercen funciones diferentes dadas por Dios. El
Señor ha establecido un ordenamiento de la vida humana en el que hay algunas funciones de autoridad o
liderazgo. Se trata de una autoridad delegada por Dios porque la palabra griega traducida por “someter”
incluye el término orden.
La sumisión es el reconocimiento humilde del ordenamiento divino de la sociedad y tiene su aplicación
también en la iglesia. En ésta como creyentes todos debemos someternos unos a otros, pero en cuanto a
la función de autoridad están los ancianos a los que nos sometemos siempre que sus decisiones estén
fundamentadas en la Palabra de Dios porque tiene que haber orden y no anarquía.

De la misma manera se dice a las esposas que se sometan a los esposos como al Señor que es el que
tiene la autoridad, a los hijos que obedezcan a sus padres en el Señor y a los siervos que sean obedientes
a sus amos terrenales como a Cristo. O sea, detrás del esposo, los padres, y los amos deben discernir al
mismo Señor que les ha dado su autoridad. Lo mismo sucede con la sumisión mutua de todos los
cristianos ya que es en el temor de Cristo (Dios en RV) que debemos someternos unos a otros, ya que es
él quien ostenta la autoridad como Señor, pero también se humilló como siervo.

Ahora bien, esta autoridad no significa obediencia incondicional o ilimitada. Cuando se utiliza mal,
ordenando lo que Dios prohíbe o prohibiendo lo que Dios ordena, entonces nuestro deber es rehusar la
obediencia porque estaríamos desobedeciendo a Dios.

El deber de las esposas (vv. 22-24)


Encontramos dos razones para la sumisión de la esposa, la primera surge de la
creación y se refiere a que el esposo es “cabeza” de la esposa y la segunda de la
redención y se refiere a Cristo como cabeza de la iglesia.
. Estar sujetas a sus maridos como al Señor (v. 22,23).
Pablo no expone aquí el origen de la autoridad, ya que para eso debemos ver otros
pasajes (1 Co. 11:3-12 y 1 Ti. 2:11-13). Ambos pasajes nos remiten a la narración de
Gn. 2 y señala que la mujer fue hecha después del hombre, pero añade que el
hombre también nace de la mujer de manera que ambos son dependientes el uno del
otro. Pero como Pablo basa su argumento sobre la autoridad del hombre en el relato
de la creación tiene validez permanente y universal. La nueva creación en Cristo nos
libra de la distorsión de las relaciones entre sexos causada por la caída, pero
establece la intención original de la creación.

Fue a este comienzo al que Jesús apeló cuando habló acerca del matrimonio. Evidentemente,
hombres y mujeres somos iguales ante Dios, pero no idénticos. Dios ha creado al ser humano
masculino y femenino a su semejanza, así que ambos llevan su imagen, pero cada una
complementa la otra. De ahí que podemos sostener la igualdad y complementariedad a la vez de
ambos. ¿Cuál es, pues, la distinción?

La respuesta es que Dios ha dado al hombre (y especialmente al esposo en la relación matrimonial)


una cierta autoridad y que la esposa se encontrará a sí misma y descubrirá su verdadera función
dada por Dios, no en la rebelión contra él o a su mandato, sino en la sumisión voluntaria y gozosa.

a. Estar sujetas como la iglesia a Cristo (v. 24).


Para entender lo que es el gobierno del esposo en la nueva sociedad que Dios ha
inaugurado, necesitamos mirar a Cristo. Porque el Señor es la referencia a la que
Pablo señala al utilizar las palabras “cabeza” y sumisión”. El hecho de que Cristo es
la cabeza de la iglesia ya lo vimos en 4:15-16 y es partir de ahí que el cuerpo deriva
su salud y crece hacia la madurez. Su autoridad expresa cuidado más que control,
responsabilidad más que gobierno.
Esta verdad se ve apoyada por la frase final del v. 23: “y él es su Salvador”. El que el
esposo sea cabeza de la mujer es semejante a que Cristo lo sea de la iglesia,
entonces la sumisión de la esposa es similar a la de la iglesia (v. 24). No hay nada
vejatorio en esto, porque la sumisión no es una obediencia ciega a sus reglas, sino
una aceptación agradecida de su cuidado.
Dice Markus Barth: “La sumisión y el respeto que se exhorta a la esposa
específicamente a tener por el esposo…… no es de manera alguna la sumisión de
un gatito, o la de un perro temeroso….. Pablo está pensando en un vínculo
voluntario, libre, gozoso, como lo muestra la analogía de la relación de la iglesia con
Cristo”.

El deber de los esposos (vv. 25-33)


Si la palabra que caracteriza el deber de la esposa es “sumisión”, la que caracteriza
el deber del esposo es “amor”. Mientras los estoicos de la época de Pablo
enseñaban a los esposos a “amar” utilizando el verbo “phileo” (amor de amistad), el
apóstol usa el “amor-agape”, fuerte, sacrificial, en el matrimonio. Pablo utiliza dos
analogías para ilustrar el cuidado amoroso que el esposo debe tener por su esposa.

. El esposo debe amar a la esposa como Cristo amó a la iglesia (vv.25-


27).
El apóstol usa cinco verbos para indicar los pasos sucesivos del compromiso de
Cristo con la iglesia: “la amó, se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, la
purificó (sin mancha ni arruga), para presentársela a sí mismo”. No puedo
detenerme en cada uno de estos aspectos que merecerían otro mensaje. Lo que
sí debemos ver son las consecuencias prácticas: Cristo como cabeza no somete
a la iglesia ni la aplasta, sino que se sacrifica por ella para servirla a fin de que
ella pueda llegar a ser lo que él desea. Así también el esposo nunca debería
usar su autoridad para anular a su esposa.

a. El esposo debe amar a la esposa como a su mismo cuerpo (vv.28-


30).
Da la impresión que Pablo desciende a un nivel más mundano del amor hacia
uno mismo, pero la razón es que es realista. La verdad es que nadie aborreció a
su propia carne, sino que la sustenta y la cuida. Esta exhortación es coherente
no sólo con el cuidado y sustento, sino porque también han llegado a ser una
sola carne, expresión de unión total.
Conclusión. Este pasaje nos enseña que la sumisión es un deber cristiano general. La instrucción no es
“casadas someteos, esposos dirigid”, sino “casadas someteos, maridos amad”. Lo que el apóstol enfatiza
no es la autoridad sobre la esposa sino su amor por ella. La cabeza envuelve un grado de iniciativa e
implica sacrificio un darse por amor.