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El primer rostro que todos vimos, recién nacidos, fue el de nuestra madre.

Poco a poco aprendimos a reconocerlo y a responder a su sonrisa, y así nos


abrimos confiados a todos los demás rostros y a la vida. También fue así para
Jesús.

En la tradición bizantina, entre los muchos iconos de la Virgen María, se


encuentra uno llamado “la Virgen de la Ternura”, que representa al niño Jesús
con el rostro apoyado —mejilla con mejilla— en el de la Madre. El Niño mira a
la Madre, y esta nos mira a nosotros, casi como para reflejar hacia el que observa,
la ternura de Dios, que bajó en ella del cielo y se encarnó en aquel Hijo de
hombre que lleva en brazos. En este icono mariano podemos contemplar algo de
Dios mismo: el signo del amor inefable que lo impulsó a “dar a su Hijo único”
(Jn 3, 16).
En María, Madre siempre virgen del Hijo delPadre, aprendemos a recibir
al Niño que por nosotros nació en Belén. Si aceptamos a ese Niño como nuestro
único Salvador, podemos ser llamados, y seremos realmente, hijos de Dios: hijos
en el Hijo.
El evangelista san Lucas repite varias veces que la Virgen meditaba
silenciosamente esos acontecimientos extraordinarios en los que Dios la había
implicado: "María conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón"
(Lc 2, 19). En la escuela de María podemos captar con el corazón lo que losojos y
la mente por sí solos no logran percibir. Y es precisamente en este camino de fe
donde María nossale al encuentro, nos ayuda y nos guía.
El salmista, vislumbrando de lejos este vínculo maternal que une a la
Madre de Cristo con el pueblo creyente, profetiza a propósito de la Virgen María
que “los más ricos del pueblo buscan tu sonrisa” (Sal 44,13). De este modo, los
cristianos han buscado siempre lasonrisa de Nuestra Señora, esa sonrisa que los
artistas en la Edad Media hansabido representar y resaltar tan prodigiosamente.
Este sonreír de María es paratodos; pero se dirige muy especialmente a quienes
sufren, para que encuentrenen Ella consuelo y descanso. Buscar la sonrisa de
María no es sentimentalismodevoto o desfasado, sino más bien la expresión justa
de la relación viva yprofundamente humana que nos une con la que Cristo nos ha
dado comoMadre. Desear contemplar la sonrisa de la Virgen no es dejarse llevar
por unaimaginación descontrolada.En la sonrisa que nos dirige la más destacada
de todas las criaturas, se reflejanuestra dignidad de hijos de Dios. Esta sonrisa,
reflejo verdadero de la ternura de Dios, es fuentede esperanza inquebrantable.
Y sabemos lo que agrada a María por las palabras que dirigió a los
sirvientes de Caná: “Hagan lo que Él les diga” (Jn2,5). La sonrisa de María esuna
fuente de agua viva.
En la secuencia litúrgica de estamemoria de Nuestra Señora de los
Dolores, se honra a María con el título de Fons amoris, “Fuente de amor”. En
efecto, del corazón de María brotaun amor gratuito que genera en nosotros como
respuesta un amor filial, llamado a arder constantemente. Como toda madre, y
más que toda madre, María esla educadora del amor.
Por último,María, la Madre del Señor, es una mujer que ora.En este
diálogo con Jesús la vemos realmente como Madre que pide, queintercede. De
ella debemos aprender el modocorrecto de orar. María propiamente no hace una
petición a Jesús; simplementele dice: “No tienen vino” (Jn2, 3). Informa a Jesús
y le deja decidir lo que conviene hacer. Asívemos su cordial bondad y
sudisponibilidad a ayudar. Esta es la Madre a la que tantas personas,confiamos
nuestras preocupaciones, nuestras necesidades y nuestrasdificultades. Pero
además hay otro aspecto que podríapasarnos fácilmente desapercibido: María lo
deja todo al juicio de Dios: “Yo soy la esclavadel Señor; hágase en mí según tu
palabra" (Lc1, 38). Esta sigue siendo suactitud fundamental. Así nos enseña a
rezar: no querer afirmar ante Diosnuestra voluntad y nuestros deseos, sino
presentárselos a él y dejar que él decida lo que quiera hacer.
María es la gran creyente que, llena de confianza, se pone en las manos
deDios, abandonándose a su voluntad. Pidámosle en este día que bendiga a todas
las madres del mundo.

Que la Virgen Madre las llene de fortaleza.

Que Ella será modelo de todas las madres.

Señor Jesús: Que también ellas luchen por la justicia y que confíen en el
Dios de los pobres: El Dios que quiere pan en todas las mesas y paz en todos los
hogares;el Dios que odia la corrupción de los niños y protege a los indefensos y
humillados.

Señor Jesús: Ilumina la vida de nuestras madres. Premia sus desvelos y


trabajos. Da paz a las madres ya difuntas. Bendice a todos los hogares y que los
hijos sean siempre gloria y corona de sus madres. Amén.