Sie sind auf Seite 1von 14

UNIDAD 1: ETICA Y FILOSOFÍA DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

1.! INTRODUCCIÓN: HOMBRE Y HOMBRE RACIONAL.

El hombre al tener un alma espiritual, o que sea racional, lo que determina su inherente moralidad. El hombre sea
racional "que tenga razón"significa que posee dos grandes facultades que son propias de los seres racionales: la
inteligencia y la voluntad.
La primera, la inteligencia, es aquella facultad de la razón que le permite al hombre poder evaluar, poder conocer la
realidad más allá de las puras apariencias, más allá de las puras imágenes que le presentan los sentidos, y esto a
diferencia de otros animales. Recordemos que lo distintivo del hombre respecto a los otros animales, en su calidad de
animal racional, es que el hombre posee inteligencia y voluntad, es decir razón; el resto de los animales no pueden ir
más allá de lo que les es presentado como realidad por sus sentidos, no pueden ver más allá de las apariencias, en
cambio el hombre a través de su inteligencia puede conocer las esencias, puede conocer, en pocas palabras, lo que está
detrás de las apariencias de las cosas. Por lo tanto, puede conocer las cosas en una dimensión mucho más profunda, más
fundamental, más esencial y más completa que el resto de los animales.
Precisamente, la palabra inteligencia, el concepto inteligencia, proviene del latín intelligere que, a su vez, proviene de la
raíz intus-legere, que significa, más o menos, "leer dentro" y que podríamos también significar o interpretar como ver
detrás de las cosas, o conocer que hay tras las apariencias. Esta interpretación es un poco menos literal pero quizás
capta de mejor manera el sentido de la idea de inteligencia. El hombre, entonces, puede usar la inteligencia en todas las
situaciones, frente a todas las decisiones, ante todas las acciones; el hombre tiene la capacidad de evaluar la
conveniencia o la inconveniencia de decisiones y de acciones mucho más allá de lo que se presenta por las apariencias,
mucho más allá de lo que determinan sus propios instintos. Un animal reaccionará normalmente de la misma manera
ante determinados estímulos, el hombre no; y no, en parte, porque es un ser inteligente y puede observar realidades que
el animal no puede ver.
Entonces, una primera conclusión que podemos extraer es que el hombre es un ser inteligente, que puede captar
realidades mucho más profundas que el resto de los seres de la Tierra.
La segunda facultad es la voluntad. El hombre, como es un ser racional, posee voluntad, que es, junto a la inteligencia,
la otra gran facultad del alma racional. La voluntad es la facultad del hombre que quiere, que desea, y que queriendo,
deseando, mueve al hombre, y lo mueve no sólo espiritualmente, sino que lo mueve también físicamente a conseguir
aquello que desea , que quiere. La inteligencia, digámoslo así, no toma decisiones, la inteligencia delibera, lo propio de
la inteligencia es deliberar hasta el infinito. Ejemplifiquémoslo por medio de la figura del indeciso. El indeciso es la
persona débil de voluntad y lo que hace es deliberar y deliberar sin decidir; y siempre va a encontrar nuevas aristas,
nuevos aspectos que evaluar para tomar decisiones, eso es lo propio de la inteligencia. Precisamente, con la luz de la
inteligencia, con la información, con el conocimiento de la realidad que nos aporta la inteligencia, con ese material, la
voluntad decide. Es la voluntad la que dice: "¡Se sigue una acción!"; corta el proceso deliberativo de la inteligencia y
mueve al hombre, entonces, implícitamente, a decir "¡Ya!, tengo suficiente información, o no la tengo, pero hay que
tomar la decisión y mi decisión es tal o cual".
Ahora bien, la inteligencia y la voluntad, como se aprecia, son dos facultades que se necesitan, se complementan, se
suponen una a otra. Nada sacaría un hombre "un hombre utópico, inexistente"con tener pura inteligencia: ese hombre no
actuaría. O un hombre que tuviera pura voluntad, ese hombre actuaría irracionalmente; andaría, a lo mejor, como un
animalito sin ningún aporte de deliberación, de inteligencia. Estas dos facultades propias de un ser racional hacen que
un hombre sea un ser libre. Y sólo el hombre entre los seres de esta Tierra es un ser libre, puesto que es racional, puesto
que tiene inteligencia y puesto que tiene voluntad, en ello radica su dignidad.
La preocupación por la dignidad de la persona humana es hoy universal: las declaraciones de los Derechos Humanos la
reconocen, y tratan de protegerla e implantar el respeto que merece a lo largo y ancho del mundo. Los errores que pueda
haber en la formulación de esos derechos no invalidan la aspiración fundamental que contienen: el reconocimiento de
una verdad palmaria, la de que todo ser humano es digno por sí mismo, y debe ser reconocido como tal. El
ordenamiento jurídico y la organización económica, política y social deben garantizar ese reconocimiento.
Por eso, la dignidad, en general y en el caso del hombre, es una palabra que significa valor intrínseco, no dependiente de
factores externos. Algo es digno cuando es valioso de por sí, y no sólo ni principalmente por su utilidad para esto o para
lo otro. Esa utilidad es algo que se le añade a lo que ya es. Lo digno, porque tiene valor, debe ser siempre respetado y
bien tratado. En el caso del hombre su dignidad reside en el hecho de que es, no un qué, sino un quién, un ser único,
insustituible, dotado de intimidad, de inteligencia, voluntad, libertad, capacidad de amar y de abrirse a los demás.

a. La ética y su relación con el hombre.


La palabra ética (del latin ethĭcus, y este del griego ἠθικός) proviene de la íntima relación con la moral; tanto es así que
ambos términos se confunden con frecuencia. Etimológicamente tienen el mismo significado , con diferencia que moral
deriva del latín (mos) y ética del griego (ethos).

La ética sin embargo, no prescribe ninguna norma o conducta; no manda ni sugiere directamente qué debemos hacer. Su
cometido consiste en aclarar qué es lo moral, cómo se fundamenta racionalmente una moral y cómo se ha de aplicar ésta
posteriormente a los distintos ámbitos de la vida social. En la vida cotidiana constituye una reflexión sobre el hecho
moral, busca las razones que justifican la utilización de un sistema moral u otro.

Algunos han dado a la ética el título de arte de vivir bien, lo cual no parece exacto, pues que si se reuniesen todas las
reglas de buena conducta, sin acompañarlas de examen, formaría un arte, mas no una ciencia. (Balmes, "Lógica y
Ética").

La ética estudia la moral y determina qué es lo bueno, y desde este punto de vista cómo se debe actuar. Es decir, es la
teoría o la ciencia del comportamiento moral. Se puede clasificar como lo que define algo como bueno o malo, a
diferencia de la moral, lo que define lo correcto e incorrecto.

El hombre, que es un ser móvil, un ser vivo, también tiende a su fin, que es su perfección. Perfección de su naturaleza; y
esto es lo bueno, es el bien para su naturaleza. Luego, hay que decir que lo bueno y lo malo es objetivo, no se puede
hablar de bueno o malo en relación a la nada. Cuando se dice esto es bueno, es bueno para algo, es bueno porque
complementa algo, es bueno porque termina o define algo, es bueno porque hace crecer o desarrollarse algo. Cuando se
dice esto es malo, es malo porque deteriora, corrompe, disminuye las potencias de algo, de algún ser. Cuando se señala
aquello que es bueno o es malo, en materia de moralidad del hombre, tiene que pensarse que es una realidad objetiva,
contrariamente a una opinión bastante corriente en nuestros tiempos en que lo bueno y lo malo pareciera depender de
los gustos de las personas, de sus simples pareceres. Hay que ser bastante enfático en señalar que "¡no!": lo que es
bueno o malo es una cuestión objetiva y dice directa relación con la naturaleza de los seres sobre los cuales estamos
diciendo bueno o malo. Lo bueno y lo malo, entonces, es objetivo en el hombre, responde a una naturaleza.
No obstante lo anterior, otra cosa es tener que captar qué es lo bueno o lo malo; ésta es una cuestión a veces difícil de
determinar. El hombre es un ser muy complejo y no siempre es tan claro lo que es bueno y lo que es malo. Hay
situaciones en que no es tan evidente lo que es bueno o malo, conveniente o inconveniente, pero siempre es objetivo.
Ahora, ¿qué distingue al hombre respecto al resto de los animales y al resto de los seres móviles que tienden a su
perfección? Que el hombre es el único ser en la Tierra que se mueve a su perfección por un principio interno, que se
automoviliza hacia su perfección, tiende a ella, pero con un "motor interno". Los animales y los vegetales, no;
reaccionan siempre determinadamente a los estímulos, no pueden escapar a su naturaleza vegetativa o instintiva. El
hombre, por contraste, es el único ser que tiene que conocerse a sí mismo para ser plenamente lo que es. Sabiendo
quién es, cuál es su naturaleza y qué es lo que es bueno y malo, conveniente o inconveniente, para su desarrollo, para su
plenitud (y esto lo puede hacer porque es un ser inteligente), a diferencia de otros seres, el hombre se mueve
voluntariamente hacia su bien o se mueve voluntariamente hacia su mal (no obstante que, esto último, ocurra bajo la
razón de bien) por un principio interno de su naturaleza. Por ejemplo, no tiene sentido, en estricto rigor, hablar de la
vaca desnaturalizada, no obstante tiene mucho sentido hablar de la madre desnaturalizada.

b. La persona y la libertad
El hombre, la persona, tiene libertad, tiene este principio interno que le permite moverse por sí mismo hacia su bien,
hacia su perfección, hacia la plenitud de su naturaleza; pero, por no estar determinado como el resto de los animales,
tiene al mismo tiempo la posibilidad de desviarse del camino de la plenitud, de la perfección de su naturaleza.
Entonces, si se resume lo que hemos establecido hasta el momento, podemos decir lo siguiente: el hombre es un ser
racional, ¿por qué es racional?, porque tiene inteligencia y voluntad; y porque tiene inteligencia y voluntad, es un ser
libre; y porque es un ser libre es un ser esencialmente ético o moral (según sigamos la raíz griega o latina de la palabra).
Es esencialmente ético, el hombre no puede escapar a esta realidad, es un ser ético en sí mismo, o dicho de otro modo,
la ética es inherente al hombre; de otra manera, el hombre es intrínsecamente un ser moral puesto que se mueve hacia
su fin libremente y, por lo tanto, siempre sus acciones pueden ser evaluadas como buenas o malas acciones, en tanto que
el hombre esté tomando decisiones, realizando acciones que lo encaminan o lo apartan de la perfección de su
naturaleza.
Y éste es otro punto que debe destacarse abiertamente. El hombre no puede escapar a esta realidad: ser persona humana
significa ser un ser intrínsecamente moral, o sea, la ética no es una cuestión añadida o sobreañadida a la realidad de la
persona. Nadie puede decir, por mucho que quisiera, no quiero ser moral, no soy moral, voy a realizar tal acción pero
me voy a sacar la moralidad de encima, ésta va a ser una acción moralmente neutra. ¡No!, porque está en nuestra
naturaleza ser éticos, ser morales. Puesto que el hombre es un ser naturalmente libre es un ser naturalmente moral y toda
su acción está traspasada por esta realidad. Será buena entonces la acción humana libre que perfeccioneal hombre y
será malala acción humana libre que corrompa, que aleje de la perfección de la naturaleza humana.
Interesa decir dos cosas más sobre la acción moral o la acción ética. Resulta que el hombre es también por naturaleza un
ser social, como prístinamente estableció Aristóteles. El hombre es un ser social por naturaleza. Y puesto que es social,
es un ser que se interrelaciona, que interactúa. Eso es propio del hombre, que sólo puede alcanzar su perfección humana
viviendo en sociedad, interactuando con los demás, porque los demás complementan todas aquellas potencialidades y
perfecciones que cada hombre no puede alcanzar por sí mismo. Puesto que el hombre es un ser social, las acciones
humanas tienen siempre una doble repercusión. Sobre la misma persona que realiza la acción; es decir, la acción
humana y la ética es autorreferencial, cada vez que una persona actúa libremente se hace más y mejor o menos y peor
persona, siempre la acción que realiza revierte sobre ella. Pero, además, como es un ser social, las acciones revierten en
terceros, con los cuales la persona interactúa. Sus acciones no solamente la hacen a ella mejor o peor persona, sino que
ayudan a que otros hombres se perfeccionen, o ayudan a que otros no se perfeccionen o se corrompan. Por eso es que el
hombre tiene además naturalmente un compromiso, por llamarlo de alguna manera, no solamente con su propio bien.
El hombre está siempre atado en sus decisiones a alejarse o a acercarse a su bien y perfección. Pero, al mismo tiempo,
está con todas sus acciones influyendo o determinando siempre el bien de los otros, es decir, el bien común. Cuando un
hombre decide actuar contra su naturaleza, buscar el camino que no es el de la perfección, no solamente se está dañando
a sí, sino que está perjudicando de algún modo a la sociedad toda porque no le está aportando las plenitudes y las
perfecciones que están ínsitas en su naturaleza. Por ende, es importante actuar conforme a la moral no solamente por
uno mismo.

2.! EL HOMBRE Y EL TRABAJO


El trabajo es toda actividad humana destinada a producir bienes o servicios. Con el trabajo, el hombre gana el sustento
para sí mismo y para su familia y contribuye al continuo progreso de las ciencias y de la técnica, y sobre todo a la
incesante elevación cultural y moral de la sociedad en la que vive en comunidad con sus hermanos. Entre los seres de la
naturaleza, sólo el hombre es capaz de trabajar, esta es una característica distintiva del hombre. El hombre necesita
trabajar, porque sino lo hace no es feliz, sus energías se paralizan y se convierte para sí mismo en un frustrado y para la
sociedad en un parásito.

a. La técnica
La técnica es un conjunto de instrumentos que se utilizan para el trabajo, es una aliada del hombre, ya que lo facilita,
acelera o multiplica; pero puede estar en contra del hombre cuando la mecanización del trabajo lo suplanta al hombre,
produce desocupación o cuando el hombre se convierte en esclavo de la máquina.

b. Valor y dignidad del trabajo


El trabajo del hombre va acompañado por la fatiga, que a veces es pesada. Sin embargo esa fatiga no cambia el hecho
de que el trabajo es el camino que el hombre debe recorrer para dominar la tierra. El trabajo es un bien para el hombre
porque mediante él no sólo transforma la naturaleza, adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí
mismo como hombre, es más en cierto sentido se hace más hombre.

c. El trabajo y la cuestión social


El nacimiento de la economía capitalista, fruto de las revolución industrial, dio origen a graves problemas sociales,
especialmente en las relaciones entre proletariado y capitalistas. La ausencia de leyes que protegieran a los trabajadores
y la total prescindencia del Estado en el campo del trabajo, habían llevado a situaciones de explotación tales como
salarios de miseria, jornadas agotadoras, falta total de seguridad de higiene y seguridad laboral, trabajo de niños, etc.

d. La familia
Por esta característica del trabajo, la de ser base de sustento de la familia, uno de los criterios básicos para evaluar la
justicia de la remuneración que el trabajador percibes es precisamente que sea suficiente para fundar y mantener
dignamente una familia y asegurar su futuro. Debe asegurarse al trabajador:
•! fácil acceso a la asistencia sanitaria
•! el descanso semanal
•! vacaciones anuales
•! educación de los hijos
•! subsidio por matrimonio, nacimiento
•! derecho a al jubilación y pensión
•! la compensación por accidentes de trabajo

e. La mujer y el trabajo
La vocación propia de la mujer el la maternidad, por lo que el trabajo debe garantizar que pueda cuidar los hijos, ya que
es ella quien da amor afecto, para poderse desarrollar como personas responsables moral y religiosamente maduras y
psicológicamente equilibradas.

f. Los minusválidos
Los discapacitados son plenamente humanos y tienen los mismos derechos, sagrados e inviolables que las personas que
no sufren ninguna limitación física e intelectual, a pesar de ello hay vastos casos de discriminación en perjuicio de los
discapacitados. Las personas minusválidas son sujetos de derecho, debe facilitársele el participar en la vida de la
sociedad en todas las dimensiones y a todos los niveles que sean accesibles a sus posibilidades.

3. EL HOMBRE Y LA EMPRESA
El hombre es un ser integral, una unidad "como hemos dicho"y que es ético por naturaleza; por lo tanto, no hay ningún
área o ámbito de la acción del hombre, de la expresión de la humanidad, de la vida del hombre, que escape a su eticidad.
El hombre no puede dejar de ser un ser moral ni en familia, ni en el club deportivo, ni en la universidad, ni en el grupo
de amigos, ni por cierto en el mundo de la empresa y del trabajo. Por ser una actividad esencialmente humana, la
actividad empresarial, la actividad de los negocios, es también una actividad intrínsecamente sujeta a la moralidad. Por
lo tanto, también en el mundo de los negocios, en el mundo de la empresa, la ética no es una cuestión sobreañadida,
como suele ser presentada o como algunos quisieran creerlo.
No es cierto aquello de que "los negocios son los negocios", es decir, que en ellos imperarían otros cánones, otros
principios. ¿Cuáles? Los de los negocios, que serían otros, otra moralidad si se quiere. Hay que ser enfático ante esta
posición "por desgracia, en algún sector de la vida empresarial mundial y chilena bastante difundida", en decir que
¡no!, que no es así, y ello en un doble sentido.
Primero, que los negocios son parte de la actividad humana y, por lo tanto, están intrínsecamente sujetos a la moralidad,
o son intrínsecamente morales. No se puede separar la actividad profesional, técnica, productiva, financiera-económica,
de marketing, la actividad empresarial en general, de su inherente dimensión moral. No se pueden tomar decisiones
técnicas puras; se puede hacer la distinción, para mejor conocimiento y aprendizaje, entre la acción técnica y la acción
moral. Pero cuando se actúa como persona y se toma una decisión sobre qué campaña publicitaria lanzar o qué tipo de
producto hacer, si se va a engañar o no al consumidor con la comunicación, si se va a aceptar o no la práctica de la
"coima" para obtener ventas y negocios; cuando una persona toma todas estas decisiones, no puede separar lo técnico,
lo profesional, lo económico, lo financiero, de lo moral. Y si la decisión ha de ser plenamente humana, plenamente
empresarial por lo tanto, los dos aspectos tienen que ir íntimamente unidos.
Por otro lado, tampoco se puede aceptar la posición que sostiene que "los negocios son los negocios". Frente a la
persona que lo dice o lo sostiene, debe afirmarse que la persona es moral o no es moral. Ahora, nadie es perfectamente
moral o perfectamente inmoral, los hombres somos seres imperfectos, pero nadie puede decir: mire yo soy muy ético en
la familia, muy moral cuando voy al estadio, soy un tipo ejemplar, pero a mí en los negocios déjenme tranquilo. Eso no
es aceptable, no se puede aceptar porque no es ésa la naturaleza humana: o somos una unidad integral, o no lo somos.
¿Qué implicancia tiene esto? La implicancia de que el mundo de los negocios es un mundo esencialmente moral, que
por constituir un ámbito de la acción humana está traspasado por la moralidad, quiere decir que en el mundo de la
actividad empresarial, de la vida empresarial, y a través de las acciones que se realizan en el empresa, en la vida laboral,
en la vida del trabajo, el hombre también tiene que tender a su perfección y a su plenitud, por lo menos a aquella parte
de su perfección y de su plenitud que le permite la vida empresarial. Desde luego cada uno de nosotros alcanza su
plenitud como persona con los bienes o plenitudes parciales que va obteniendo en los distintos ámbitos en que se
mueve, en la familia, entre los amigos, en su vida política, en su vida empresarial.
En la teoría económica se sostiene que el fin, el objetivo de la empresa consiste en la maximización de los beneficios.
Al respecto, debe decirse: no, pero sí. Intentaré explicar por qué "sí," pero no en lo esencial. Puesto que la vida
empresarial, la vida de los negocios, es una actividad humana, el fin finalde la actividad empresarial es y debe ser la
perfección de las personas. Por lo tanto, debe estar al servicio de las personas, ayudar a que las personas sean más
plenamente personas. ¿Cómo? En ese su ámbito concreto, y con las particularidades que tiene ese ámbito concreto, que
no es la familia, ni es el club deportivo, sino que es la actividad donde se generan bienes y servicios que son útiles al
hombre, para su vida, para su bienestar y, en último término, para su bien ser. Así es que la maximización de los
beneficios económicos no puede ser el fin final.
La plenitud en la actividad empresarial no se alcanza teniendo en cuenta exclusivamente la consecución o la
maximización de beneficios económicos. Sostener eso como fin final de la empresa es materialismo. Es lo mismo que
sostener que en la actividad empresarial resulta que lo primario no es el espíritu sino la materia. Y esto es una
aberración. La persona es una en todas sus actividades.
Por otra parte, tampoco se trata de darle un golpe de gracia al principio de la maximización de los beneficios sin dar una
explicación a ello. Porque resulta que el modo concreto, el modo específico que tiene el mundo de la empresa y la
actividad de los negocios como medio, como camino para ayudar a la plenitud de las personas, es a través del uso
eficiente de los recursos económicos-financieros. Ese es el medio específico, ésa es la forma concreta en que en la
actividad empresarial permite el desarrollo de las personas. Es un medio, un medio fundamental, la forma principal, el
camino, pero no el fin final. Y esto también es una realidad que me gustaría enfatizar. La exigencia económica es el
medio propio que tiene la empresa para cumplir su finalidad, y su finalidad no puede ser otra que el bien de las personas
que trabajan en la empresa o que se interrelacionan con esa empresa, llámense clientes, proveedores, desde luego los
trabajadores, los dueños, y por cierto, la sociedad como un todo. El fin final de la empresa, como el de todas las
actividades humanas, tiene que ser el buscar la plenitud de las personas, el bien en el ámbito concreto de que se trata. Y
esto implica también que la empresa tiene un compromiso no solamente por el biende las personasen cuanto tales, sino
con el bien común de la sociedad. Bien personal y bien común se necesitan, se suponen uno a otro.
¿Cuál es el camino que la vida de los negocios, que la vida empresarial, más inmediatamente le abre al hombre para su
perfección en esta vida, para su plenitud, para buscar su bien? El trabajo. Y por eso es que el trabajo debe merecer una
especial consideración, puesto que el trabajo lo realizan personas.
Nótese que el hombre tiene derecho a trabajar y es reconocido el derecho al trabajo, pero el hombre tiene el derecho a
trabajar como correlación al deber y a la necesidad de trabajar. El hombre, en términos generales "podrá haber una
excepción, pero no modifica la situación de fondo", necesita trabajar para poder velar por el sustento y el desarrollo de
él mismo y de la familia, especialmente cuando estamos hablando del jefe de familia. Y además, el hombre tiene el
deber ineludible de trabajar, porque ésta es una forma propiamente humana de aportar al bien común. Hay un deber de
trabajar, aunque no se necesitara para cubrir las propias necesidades, porque es una forma de aportar a una sociedad más
plena, más desarrollada. Y por esos deberes que la persona tiene, es que existe el correlativo derecho.
Al respecto, hay que decir que este trabajo y concretamente la remuneración de este trabajo debe permitir al hombre una
vida digna, de acuerdo a su dignidad de ser corpóreo-espiritual. Luego, nada más errado que pensar que el trabajo debe
permitir "o basta con que permita"cubrir lo que en economía se llaman las necesidades básicas, que podríamos decir,
son necesidades de subsistencia; puesto que cuando se cubren las necesidades de subsistencia, lo que permite esto es
que la persona siga viviendo y nada más. Se convierte así a la persona en un ser puramente material, corpóreo o
biológico. Lo que debe permitir un trabajo, es que el hombre viva de acuerdo a su dignidad de ser corpóreo-espiritual,
que a través de su trabajo pueda satisfacer por supuesto sus necesidades materiales, como es obvio, pero, además, que le
quede tiempo y la posibilidad de satisfacer las necesidades del espíritu, las necesidades culturales, las necesidades
artísticas, las necesidades filosóficas, las necesidades morales, todo aquello que está más allá de su pura corporeidad.
Entonces, aquí encontramos una primera forma de perfección que el trabajo abre a las personas o que debiera abrir a las
personas en el mundo de la empresa, si se quiere, de un modo indirecto: permitir no solamente una subsistencia sino que
también la apertura de espacios y posibilidades para un desarrollo del espíritu del hombre.
Otra forma en que el trabajo se constituye en fuente de perfección para las personas, dado que el hombre es un ser
social, es a través del aporte que el hombre hace con su trabajo al bien común. A través del trabajo "del trabajo de cada
persona"se aporta una cierta perfección a la sociedad que todos, en conjunto, conformamos. Un ser social necesita de
las perfecciones que los demás aportan y que a él lo complementan. El hombre, entre todos los seres de la Tierra, es el
menos especializado al nacer y el más indefenso. El perro, la vaca, el caballo, nacen bastante más perfectos como perro,
vaca o caballo, que el hombre como hombre; bastante menos indefensos y más especializados. El perro nace perro
guardián; tiene pocas posibilidades en su vida más que ser perro guardián; cuando pequeño será un perro guardián que
juega y más tarde será un perro guardián en propiedad, más perfecto y más pleno. En cambio, el hombre nace casi
completamente en potencia. Es ser humano, pero todos hemos podido apreciar que al bebé recién nacido, si no se le
cambia, si no se le alimenta, si no se le abriga, lisa y llanamente se muere; y cabe destacar que este período es bastante
largo en el hombre. ¿Qué le pasaría a un niño de dos años si no se le alimenta, si no se le cambia, si no se le abriga, si
no se le cuida?
Sin embargo, es precisamente esta falta de especialización original la que permite al hombre muchas más posibilidades
de desarrollo. En potencia, un ser humano, cuando nace, puede ser físico nuclear como fue Von Braum o un físico como
Einstein; puede ser un filósofo como Aristóteles o historiador como Eyzaguirre; podrá ser todo eso, en potencia, pero
cada uno de nosotros solamente podemos alcanzar unas pocas de esas posibilidades, puesto que tenemos limitaciones
espacio-temporales. Una persona, por más que quiera, no puede ser al mismo tiempo médico, futbolista, pintor,
dibujante, filósofo, profesor, ejecutivo. ¡No puede!
Respecto al hombre que, según cuenta la historia, se presenta como el más versátil, más genial, esto es, Leonardo da
Vinci, podríamos preguntarnos: ¿cuántas cosas fue Leonardo? Fue pintor, arquitecto, anatomista, fisiólogo" podrían
citarse cuatro, cinco, seis o más virtualidades distintas" Esto respecto al hombre aparentemente más virtuoso que en este
sentido ha conocido la historia. Y, ahora revirtiendo la pregunta, cuestionándonos acerca de todas las cosas que no fue
Leonardo, podríamos estar días completos mencionando todo aquello que Leonardo no fue, a pesar de su genialidad.
Entonces, podemos apreciar que todo lo que el hombre requiere, toda esa plenitud que él no puede desarrollar, la
obtiene a través de su vida social. De algún modo, cada hombre participa de las perfecciones humanas del médico
porque hay alguien que ha desarrollado las perfecciones humanas del médico, y puede participar de las perfecciones
humanas propias de las matemáticas porque hay personas que han cultivado las matemáticas. De allí se sigue que una
nueva forma de perfección humana, enraizada fuertemente en el carácter societario del hombre, es a través de su trabajo
y del aporte al bien común social que éste significa.
Por último, aparte de las dos ya señaladas, el trabajo en sí mismo representa una de las formas de perfección, de
enriquecimiento y de crecimiento interior propias del hombre. Hay un crecimiento en cuanto a la plenitud de la
naturaleza del hombre en el trabajo bien hecho. Y digo bien hecho en su doble perspectiva: bien hecho en cuanto al
hacer técnico, puramente profesional "me gusta el término técnico, creo que lo define mejor", económico-financiero,
eficientemente hecho, aprovechando bien los recursos; pero, al mismo tiempo, "bien hecho ese bien", hecho
moralmente, hecho virtuosamente, realizado éticamente, pensando para el servicio de las personas, orientado a la
perfección personal de quien realiza ese trabajo y puesto al servicio de los demás que participan de la perfección que
significa dicho trabajo. Ambos aspectos del hacer bien hecho del trabajo "técnica y moralmente bien hecho", están
íntimamente unidos, no se pueden separar. Si queremos decir este trabajo es bueno, y estamos pensando que es un
trabajo bueno humanamente, tiene que ser bueno en lo técnico y en lo moral; y si decimos que esto es bueno porque
técnicamente es bueno y resuelve el problema, pero no está al servicio del hombre, de algún modo atenta contra su
persona.

a. La empresa
Desde un punto de vista ético, la empresa, el empresario o el directivo, como muchos de ustedes están en camino de ser,
deben considerar el bien del hombre como un fin y a las personas en especial, dada su especial dignidad, de seres
espirituales, de seres racionales, como el norte de toda su acción. El fin de la acción del hombre de empresa, del
ejecutivo, del ingeniero comercial, no está únicamente en maximizar beneficios económicos. Maximice el uso de sus
recursos, optimícelos, úselos del modo más eficiente que sea posible, en tanto usted está prestando un servicio a las
personas, está ayudando al bien de los que trabajan en la empresa, al bien de aquellos que consumen vuestros servicios
o vuestros productos finales, viendo la sociedad como un todo.
Y dentro de este poner como norte de toda actividad empresarial, de toda actividad de negocios, a las personas, por
supuesto hay que tener una preocupación y una dedicación muy especial por el trabajo, porque es la forma fundamental
en que las personas se manifiestan en la vida empresarial. En este sentido, me atrevo a afirmar que sin lugar a dudas la
persona constituye al mismo tiempo el centro y el fin de la actividad empresarial. Una persona no es simple medio, es
un fin, es lo principal para la empresa. No es un medio, la persona no debe ser vista nunca como un puro instrumento,
no se puede disponer "en la búsqueda de la eficiencia de la empresa"de las personas como se dispone de una
herramienta o del capital financiero, puesto que ésas son realidades inertes, son cosas; y las personas, desde luego, no
son cosas.
Por lo tanto, naturalmente también y dada la dignidad de la persona en su trabajo, hay una prioridad del trabajo sobre el
capital, esto no quiere decir que el capital sea algo malo. No, por cierto que no; como todas las cosas materiales, como
todos los medios, depende del uso que se le dé, y por supuesto es una realidad muy beneficiosa. Y en el fondo, para
realizar una actividad empresarial se requiere, por supuesto, de personas y de capital, ambos tienen importancia. Pero
hay una prioridad moral del trabajo sobre el capital, es decir, de las personas sobre el capital. El capital existe porque
alguien ha trabajado para formarlo previamente.
Este mundo no se originó lleno de capital, menos aún de lo que hoy conocemos como el capital financiero; éste se ha
ido acumulando por hombres que han trabajado para formarlo y para que sea una realidad actualmente. Por lo tanto, la
prioridad del trabajo sobre el capital es doble: no solamente "que es lo fundamental"desde la perspectiva moral de lo
que es un ser corpóreo-espiritual, racional, libre, versus una cosa, sino que además esa cosa es debida, existe y es
posible porque ha sido originada por el trabajo, es decir, por personas. Luego, dado que la primacía del hombre sobre
las cosas es lo que le conviene al hombre, entonces siempre la persona y su trabajo deberán estar primero; por sobre
toda otra consideración, cuando ustedes se encuentren en su trabajo, como empresarios, como ejecutivos, como sea,
¡siempre! No lo olviden.
La actividad empresarial sólo cobra sentido humano en la medida en que es ética , que le sirvea las personas para su
bien. Si no es así, será una actividad que, mirada desde un punto de vista de la plenitud de lo que es el ser humano,
resultará pobre, disminuida, reduccionista del hombre. Me parece que esto es en esencia lo que he querido decir en este
breve tiempo; transmitirles una visión ética de la actividad empresarial.
Y recuerden: esta visión ética no es una opción, no es algo que yo puedo tomar o dejar, puesto que somos personas y
somos seres esencialmente morales. Cada uno en particular y las empresas como instituciones, debemos hacernos
responsables de esta realidad.

4.! La ética en la gestión de las organizaciones


Según Argandoña (2004), un programa o sistema de gestión ética es un conjunto de reglamentaciones a lo interno de la
organización, la cual utiliza la alta dirección con el propósito de estandarizar y modelas las conductas de los individuos
que componen la empresa con miras a obtener objetivos de naturaleza ética.

Por otra parte, Los sistemas de gestión ética, suponen la existencia en la empresa de algunos instrumentos tales como:
el código de ética, herramientas de comunicación por ejemplo (líneas éticas para consultas, denuncias o reclamos),
comités de ética (para el desarrollo de políticas éticas, la valoración de los resultados, la investigación, así como la
imposición de sanciones), gestores éticos (ethical officers), ombudspersons, programas de formación en ética y valores
compartidos en las organizaciones, informes éticos, entre otros.
En consecuencia, puede concluirse, según Argandoña (2004), que la gestión ética la constituyen un conjunto de
esfuerzos, en el interior de la organización que consisten en la elaboración de políticas, planificación e implementación
de políticas, con el objeto de lograr alcanzar unos resultados de los que se deriva el mejor cumplimiento de los deberes
éticos de las empresas, así como la mejora ética de las personas que interactúan en la misma.
Por otra parte, la gestión ética, de acuerdo a Guillen (2008), está constituida por instrumentos o herramientas para
asegurar una actuación social ética, la cual facilita gestionar y evaluar las políticas de responsabilidad social ética en las
organizaciones, tanto en el orden interno como al externo, poniendo énfasis en la obtención de certificaciones de calidad
ética debido al cumplimiento de unas normas o procedimientos establecidas con anterioridad por algún organismo
externo. A continuación, se mencionan como ejemplos de este tipo de sistemas que se han expandido en los últimos
tiempos, las certificaciones ISO 14000, la SA 8000 sobre prácticas éticas, la norma AA 1000, complementadas por la
guía Global Reporting Initiative y por último el SGE 21 de la española Forética.
Debido a lo anteriormente expuesto, es conveniente apuntar que estos instrumentos de gestión ética constituyen medios
y no fines. En este sentido, cada organización está en el deber de reflexionar sobre cuáles medios desea utilizar con el
propósito de contribuir a la mejora de los miembros de la empresa así como al bien común de la sociedad donde se
desenvuelve, lo que constituye la finalidad que se debería perseguir con la aplicación de estas herramientas.
Sería contraproducente para las organizaciones no tener claridad en la finalidad acerca de la dimensión ética, lo cual los
llevaría a convertir en fines lo que en realidad son medios, la construcción de la confianza y la reputación corporativa
pasan inevitablemente por la actuación honesta en los fines y en los medios. Por lo consiguiente, es menester establecer
los medios para actuar bien, lo cual no es malo darlos a conocer o promocionarlos, sin embargo, se debe estar atento
para no proyectar una imagen de lo que no se es, pues son los hechos los que al final terminan por sustentar la confianza
así como la reputación corporativa.
Por lo consiguiente, para Debeljuh (2009), el tipo y la cantidad de herramientas de gestión ética a implementar
dependerán de varios factores. En las organizaciones pequeñas algunos dilemas éticos pueden ser resueltos de manera
informal, educando según el ejemplo de los líderes así con el compromiso de actuar según lo prometido, a fin de
transmitir estándares éticos que se espera que los demás cumplan. En grandes organizaciones, por la misma dinámica y
estructura organizacional, son necesarios esfuerzos formales para garantizar un comportamiento ético estable en toda la
empresa.
Al discernir sobre estos aspectos, en la medida en que cada persona se decida de una manera libre y conscientemente a
ser coherente con estas pautas de acción orientando su conducta hacia ellas, las políticas serían eficaces; solo así, se
demostraría que por medio de sistemas de gestión ética se puede lograr educar a las personas en el desarrollo de sus
virtudes.
Atendiendo a estas consideraciones, el verdadero cometido de un sistema de gestión ética empresarial ha de ser ayudar a
la excelencia en el trabajo de todas las personas y, en concreto, facilitarles el desarrollo de sus virtudes así como el
despliegue de todas sus potencialidades; solo así las políticas éticas penetran dentro de la intimidad da cada uno de los
empleados para arraigarlo en la virtud. Cabe destacar que, en las organizaciones, la ética no consiste en entregar a cada
miembro de la empresa un catalogo de políticas formales y una lista de acciones permitidas o prohibitivas, sino mas
bien, por medio de la formación, hacer que el mismo hombre descubra el amplio margen que posee de hacer el bien así
como la perfección intrínseca que lleva consigo, la cual los mejora como persona.
En este orden de ideas, según Foretica (2005), la gestión ética implica crear, así como mantener, un clima laboral
óptimo, en el que las personas que integran la organización se identifiquen con la misión, visión y valores de ésta,
además de participar en la consecución de los objetivos estratégicos de la organización. Asimismo, la gestión ética
viene a convertirse en una respuesta de las organizaciones de hoy en día a los retos de transparencia, integridad y
sostenibilidad, entendida esta última en su triple vertiente: económica, social además del importante aspecto
medioambiental.
Las nuevas tendencias mundiales y el rápido cambio de las expectativas ciudadanas están contribuyendo a que las
organizaciones más eficientes incorporen en sus prácticas mecanismos que permitan conocer las motivaciones de sus
grupos de interés (clientes, proveedores, personas que integran la organización, inversores, etc.) así como hacer posible
anticiparse a ellas, para crear capital social además de ir creando las condiciones para el bien común en la sociedad.
En este sentido, la adopción de un sistema de gestión ética es un proceso voluntario por parte de las organizaciones,
aunque requiere no obstante un compromiso que parte de la alta gerencia y se orienta a demostrar al menos tres
elementos esenciales para su normal desarrollo. En primer lugar, su integración en la estrategia y procesos de la
organización. En segundo lugar, el impulso del diálogo, así como el conocimiento de las expectativas de todos los
grupos de interés con los cuales interactúa la empresa. Por último, el fomento de la transparencia y la comunicación.
Como complemento a estas definiciones, es pertinente destacar que según Martin (2007), la gestión ética implica un
saber el cual sirve de factor integrador de las fases del conocer, valorar, preferir, actuar y evaluar, en un continuo
movimiento en espiral ascendente, involucrando progresivamente nuevos actores dentro o fuera de la organización.
En el ámbito empresarial ello implica que la gerencia velará así como promoverá la calidad de los actores (accionistas,
directivos, empleados, proveedores, entre otros), de los procesos (toma de decisiones, asignación de recursos), en el
marco del concepto actual de “calidad integrada”. Asimismo, la gerencia podrá involucrar además de motivar a todo
personal de las empresas dentro de un marco de complejidad, riqueza y pluralidad de sus capacidades, competencias y
posibilidades.
Para esta investigación, la gestión ética es un proceso organizado, integrador, sistemático y continuo, a través del cual
las organizaciones, con o sin fines de lucro, bien sea públicas o privadas, logran sistematizar, operativizar e internalizar
los valores contenidos en su plataforma ética (misión, visión, valores, código de ética, estrategias) con sus actividades
cotidianas, de manera tal que la producción, distribución y comercialización de productos o servicios estén siempre
dentro del marco de la ética, contribuyendo con al fomento del bien común de la sociedad, con el fin de lograr afianzar
el capital moral organizacional, así como la reputación corporativa.

5.! ETICA DE LA EMPRESA COMO ÉTICA APLICADA


"La ética en la empresa depende en gran medida de cómo actúan sus directivos". La frase la pronunció el profesor
Antonio Argandoña durante una sesión de continuidad dirigida a antiguos alumnos. Porque una empresa debe ser ética
si quiere ser una buena empresa y un directivo debe ser ético si quiere ser un directivo, y "no hay decisiones buenas si
no son éticas".
En el portal de noticias de IESE, el titular de la Cátedra La Caixa de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno
Corporativo del IESE advirtió que "Ser ético en la empresa no es fácil". Esto se debe, en su opinión, a la naturaleza del
trabajo y a que, en muchos casos, la ética no se considera una cuestión relevante en los negocios.
Pese a todo, la ética está presente en cada decisión que toma un directivo. De ahí la importancia que tienen los
ejecutivos a la hora de promover la ética en las organizaciones en las que trabajan. Argandoña enumeró una serie de
consejos prácticos para fomentar la ética en la dirección:
1. Entender la realidad. El directivo debe aprender a valorar correctamente la realidad: lo que nos gusta no siempre
coincide con lo que nos conviene. "Has de tener en cuenta las consecuencias de tus acciones sobre ti mismo, y sobre el
resto de los empleados", incide el profesor. Por ese motivo, las personas que ocupan puestos de responsabilidad en las
empresas deben esforzarse por descubrir las necesidades de los demás, y tenerlas en cuenta. Esto también implica,
llegado el momento, reconocer los errores y dejarse ayudar.
2. Ayudar al prójimo. Una misión fundamental de cualquier directivo es, además de conseguir unos buenos resultados
económicos, lograr que el lugar de trabajo sea un espacio en el que los trabajadores puedan desarrollarse como
personas. "Debemos fomentar la sensibilidad de la gente que nos rodea. También hay que fiarse de los demás, y que
ellos lo sepan: hay que saber darles responsabilidad, y dejar que se equivoquen", asegura Argandoña. Un buen ejecutivo
debe eliminar las acciones que puedan mover a otros a actuar de manera egoísta. Para ello es necesario desarrollar una
cultura del diálogo en la compañía, y crear confianza con el resto del equipo.
3. Complicarse la vida. No vale rebajarse a objetivos parciales. Es básico que los directivos superen la tentación de lo
cómodo y que huyan de la cobardía. Para conseguirlo, resulta esencial que todo líder haga cada día lo correcto y lo que
le corresponde. Así podrá llevar a cabo una adecuada gestión del riesgo, de los impactos y de las prácticas del negocio.
Si aprende a actuar y adquiere una serie de hábitos operativos, tendrá mucho ganado. "Pregúntate qué es lo mejor en
cada caso, y pon las medidas para que lo malo no vuelva a ocurrir", recomienda el profesor.
4. Definir la misión de la organización y sus valores. En cada una de sus decisiones, los directivos deben generar
satisfacción en la organización en la que trabajan para mejorar los resultados futuros. Y han de crear y difundir una
cultura profesional y ética en la que los valores de la empresa estén alineados con la manera de actuar en la misma. Para
ello, es clave que los cuadros de dirección creen controles y revisen las estructuras, los procesos, las rutinas y los
incentivos. Otro aspecto igualmente importante es impulsar la ética en las políticas de Recursos Humanos: selección,
formación, promoción.
"La ética del directivo es una condición para dirigir mejor. El directivo observa los valores de otra manera, busca otros
resultados, tiene otras motivaciones, se plantea otras alternativas… Pero esto solo lo ve el que se atreve a ponerlo en
práctica", afirma Argandoña.

6.! ETICA Y RESPONSABILIDDAD SOCIAL EMPRESARIAL


El concepto de responsabilidad y su aplicación a las organizaciones ha sido trabajado en profundidad por la literatura
académica (Davis, 1990; Carroll, 1999; Garriga y Melé, 2004; Argandoña 2008). Las diferentes aproximaciones al
concepto han derivado en diferentes tipos de responsabilidad que puedan afectar a las organizaciones, entre otras:
responsabilidades morales, sociales y legales. Las responsabilidades morales, a su vez son clasifi cadas en:
responsabilidades como atribución (se atribuye una acción y sus consecuencias), como rendición de cuentas (dar cuenta
de las acciones (acountability)), como deber u obligación (crean deberes de presente o futuro) y como actitud
(disponibilidad frente a necesidades de los demás (responsiveness)). Las responsabilidades sociales se entienden
fundamentalmente como respuesta a las expectativas genera-das por la sociedad (responsibility). Por su parte las
responsabilidades legales se fundamentan el la ley civil o criminal y en el cumplimiento de la misma (compliance).
(Argandoña, 2008).Desde un punto de vista ético en el mundo empresarial las dos responsabilidades que más nos
interesan son las morales y las sociales. Por un lado la responsabilidad como obligación de rendir cuentas
(accountability), genera que las empresas se vean cada vez mas obligadas a ser más transparentes en la información que
ofrecen a la sociedad en relación con sus prácticas y formas de gestión. Por otro lado, como ya ha sido comentado, la
empresa como institución social tiene una credibilidad y legitimidad social que necesita mantener para garantizar su
existencia. Esta legitimidad se consigue mantener respondiendo (responsibility) a las expectativas que la sociedad tiene
de ella y asumiendo los valores y los comportamientos que la misma sociedad le marca. (Argandoña, 2007).La
aceptación de esta responsabilidad frente a las expectativas de la sociedad generó una visión donde la empresa debe
atender no solo los interés de sus accionistas sino también los intereses de los grupos de interés (stakeholders)
(Freeman, 1984). Esta visión donde la empresa da respuesta a una pluralidad de intereses legítimos (accionistas,
proveedores, clientes, empleados, reguladores, etc.), buscando un equilibrio entre los mismos, unida al concepto de
responsabilidad es la que dio lugar a la aparición del concepto de RSC (Brower y Mahajan, 2013). La unión de estos
conceptos de responsabilidad y grupos de interés forman parte fundamental de la definición de RSC desarrollada por la
Comisión Europea en su Libro Verde de 2001: “integración voluntaria por parte de las empresas, de las preocupaciones
sociales, y medioambientales en sus operaciones comerciales y en su relaciones con sus interlocutores”. La aplicación
de estos conceptos en los grupos de interés ha hecho que se tengan en consideración todas las dimensiones de la
actividad empresarial: responsabilidad económica, productiva, comercial, jurídica, social y medioambiental (Moreno
Izquierdo, 2006; Rodriguez, 2007; Brower y Mahajan, 2013).
Numerosas empresas han decido aceptar esta concepción de la empresa y se puede decir que las empresas más
representativas han formalizado sus prácticas en materia de RSC y las difunden habitualmente (Nieto y Fernández,
2004; Porter, 2011)). Diversos trabajos han expuesto (Nieto y Fernández, 2004; Moreno Izquierdo, 2006) las causas de
esta generalización en empresas tanto nacionales como multinacionales entre los cuales podemos destacar: la presión
reguladora (iniciativas promovidas por gobiernos, organizaciones de empresas e instituciones y organismos
internacionales (OCDE, UE, ONU)); la presión de los mercados de productos(la demanda social intensa ha hecho que
los mercados empiecen a incorporar consideraciones sociales, medioambientales o de tipo ético en la elección de sus
productos y marcas); la presión de los mercados financieros(incorporación de los criterios sociales, éticos y
medioambientales en las decisiones de inversión y creación entre otros instrumentos de la denominada inversión
socialmente responsable (ISR)); la presión de la sociedad civil (presión ciertamente difusa pero cada día mas
perceptible de exigencia a la empresa (sobre todo a la gran empresa) de mejores comportamientos y mayores
aportaciones al bienestar social, exigencias que superan claramente lo exigible legal-mente y que abarcan campos como
localidad, el precio, la trasparencia, las relaciones laborales, el respeto a los derechos humanos, el medioambiente, etc.)
y por ultimo determinados cambios en el entorno(particularmente la crisis y el acceso a las nuevas tecnologías de la
información que han generado cambios sociales que apuntan a un aumento de la conciencia ecológica y social de los
ciudadanos y han facilitado la denuncia de situaciones que no se consideran aceptables).En este contexto han aparecido
numerosos principios de Responsabilidad Social Corporativa (Pacto Mundial de Naciones Unidas, Directrices de la
OCDE para empresas multinacionales, Libro Verde de la RSC de la Comisión Europea, Global Sullivan Principles of
Corporate Social Responsibility, etc.) y nomas de aplicación (GRI, AA1000, ISO 14001, EMAS, SA 8000 Social
Accountability, SIGMA Project, Down Jones Sustainability, ISAE 100, ISO 26000, etc.) al que la empresas, muchas
veces, sin una reflexión pausada han decido acogerse o aplicar. Se podría decir que ha existido una sobreproducción de
normas y principios al que las empresas en una carrera por no quedar fuera de la moda o del estándar del entorno se han
acogido de manera mayoritaria. A modo de ejemplo podemos decir que todas la empresas españolas del Ibex 35
incluyen en sus memorias la RSC, una gran mayoría cuenta con departamentos internos dedica-dos exclusivamente a la
RSC, las veinte empresas más admiradas del mundo según el informe de PriceWatherhouseCoopers (PWC, 2004)
desarrollan practicas de RSC y las difunden de manera activa y la práctica totalidad de la empresas listadas en Fortune
250 elaboran informes de RSC (Nieto y Fernández, 2004).Pero al mismo tiempo que esto ocurre nos encontramos con
una realidad plagada de escándalos, donde numerosas empresas que contaban con importantes y sofisticados
departamentos de RSC, que elaboraban memorias de RSC anuales, que estaban acogidas a principios de RSC y que
incluso se habían certificado con alguna norma se han visto involucradas en comportamientos que, cuando menos
podrían ser clasificados de “irresponsables”, (salarios de directivos escandalosos y aprobados de manera inaceptable,
inversiones desmesuradas y poco ponderadas en sectores puramente especulativos, préstamos concedidos en
condiciones sin trasparencia alguna, etc.) y en otras ocasiones en actividades de corrupción puramente delictivas
(blanqueo de capitales, pago de salarios en paraísos fiscales, soborno de políticos, uso información privilegiada, etc.)No
es de extrañar que en este contexto según el informe Foretica 2011 una mayoría (61%) de la opinión pública este no
conocer que es la RSC (o no la conocen o no saben lo que significa ética) y los que la conocen demuestren un nivel de
conocimiento muy bajo sobre la misma. La causa fundamental de esto es que las empresas se han empeñado en
demostrar que son res-ponsables (incluso gastándose dinero y haciendo esfuerzos por mejorar sus comportamientos)
pero no han basado su actividad y negocio en un comportamiento realmente ético. Y aquí radica el problema
fundamental, la ética es primero y como consecuencia de ella las empresas deben ser responsables. Dicho de otra
manera la ética no es una parte de la responsabilidad social sino justo al revés: la responsabilidad social es una
dimensión de la ética empresarial (Cortina, 2004, 2006; García Marzá, 2006). Y no es una cuestión de hacer muy
voluminosos Códigos Éticos, que dan cierta publicidad pero muchas veces no se cumplen. Solamente desde una
perspectiva ética profunda, basada en los contratos morales, en entender que los comportamientos de la empresa tienen
consecuencias, poniendo en juego los principios de “responsabilidad” y “responsividad” frente a las expectativas
legitimas de los grupos de interés, y generando la cultura (carácter) y las virtudes necesarias para tomar decisiones
justas y prudentes la empresa podrá desarrollar una RSC autentica. Una RSC estratégica, inserta en el core business de
la organización, que de verdad legitime y de credibilidad a la actuación de la empresa y que realmente la conïfi anza y
reputación en ella, potencie su capital relacional, garantizando su supervivencia y aumentado el rendimiento y la
eficacia de la misma (Manescu, 2010; Robins, 2011).Como consecuencia de lo anterior, la RSC podrá convertirse en un
instrumento de competitividad, mejorando la calidad de la gestión (mejora de información, mayor conocimiento de las
características y necesidades de los grupos de interés, mejora de la coordinación, mejora de la evaluación de los riesgos,
mejora de la calidad, mejora de la reputación) aportando valor a los distintos grupos de interés garantizando la
supervivencia y legitimidad de la misma (Moreno Izquierdo, 2006).Sin embargo según el, ya comentado, informe
Forética 2011 la percepción de la RSC en los me-dios de comunicación, la opinión pública y la propia empresa dista
mucho de ser esa herramienta de gestión que aporta un importante factor de competitividad. Por lo que respecta a los
medios de comunicación españoles el 38% entiende que no tiene relación con la rentabilidad y el 28% la identifican con
la atención a los más débiles de la sociedad y a la ayuda a las ONG. Por su parte solo un 23% de los ciudadanos dicen
saber que es la RSC (aunque otro 16% dice poder intuir lo que signifi ca) e identifican la misma sobre todo con
actividades sociales (65%) medioambientales (11%) y económicas (22%). En cuanto a las empresas el 80% de las
mismas declara que es difícil cuantifi car los benefi cios que aporta la RSC y se entiende más como una obligación
que no tiene por que aportar beneficios claros (64%) Así mismo el 51% de las empresas declara que la RSC es una
cuestión de imagen, útil únicamente para las grandes empresas. Los medios de comunicación, la opinión pública, y lo
que es peor las propias empresas, ven a la RSC como un puro compromiso social (acción social, fi lantropía, altruismo
etc.) y no como una exigencia ética de comportamiento responsable frente a los grupos de interés, insertada en el
carácter de la compañías, que mantenga la credibilidad, legitimidad y reputación garantizando la supervivencia de las
mismas y convirtiéndose en factor de competitividad (Global Etchics Forum, 2011).Los datos anteriormente aportados
corroboran que esta falta de visión ética de la RSC ha contribuido a convertir a la misma en un cajón de sastre difícil de
conceptuar, de establecer límites en sus contenidos y de crear estándares que permitan medición y comparabilidad.
Parece que en muchos casos la filantropía y la acción social han ganado la partida a una concepción ética e integral de
la RSC, dando lugar a lo que algunos han denominado “el efecto halo asociado a la filantropía”, en el que la mayoría de
los agentes han formado un impresión general de un concepto (RSC) en virtud de uno solo de sus rasgos (filantropía y
acción social). Las causas que habrían contribuido a esto serian fundamentalmente tres: falta de claridad conceptual y
no univoca defi nición; concepto excesivamente amplio y lleno de contenidos difícilmente abarcable e identiï¬ cación
por parte de las empresas de la RSC como un palanca para mejorar su imagen (Andreu y Fernández, 2011). Así muchas
empresas han optado mas por una RSC reactiva frente a una RSC estratégica, tratando de recuperar mediante
ï¬ lantropía o acción social su legitimidad frente a la sociedad, legitimidad que habían perdido en el día a día de sus
actuaciones y en el modo de concebir sus negocios. Y aquí, de nuevo, está el problema, la empresa, si sus actuaciones
son éticas, no necesita recuperar ninguna legitimidad, pues la tiene suï¬ cientemente contrastada como factor
generador de riqueza y desarrollo. La empresa solo necesita recuperar su credibilidad cuando la ha perdido, y la ha
perdido precisamente no por no realizar acción social o ï¬ lantropía sino por tomar decisiones poco éticas (injustas e
imprudentes) consideradas irresponsables por los grupos de interés con los que se relaciona, erosionando su posición
competitiva y poniendo en entredicho su viabilidad en largo plazo. La recuperación por tanto de la legitimidad y
credibilidad, no tiene sentido tratar de hacerla con grandes campañas de ï¬ lantropía, acción social, etc. más propias de
políticas de marketing destinadas a recuperar la reputación perdida, sino en aceptar las consecuencias que sus actos
tienen frente a sus grupos de interés y en tomar sus decisiones de manera ética y responsable.La introducción de esos
valores y la generación de esa cultura se convierten en imprescindibles para la actuación de las empresas en el mundo
en el que vivimos, siendo cada empresa (en función de su tamaño, sector y entorno) la que deba decidir como
implantarlos. La mera apro-bación de Códigos Éticos no garantiza en absoluto estos comportamientos, será el fomento
real de esos valores en el día a día de la empresa y la inclusión de los mismos en la cultura de la misma, junto con una
adecuada vigilancia en su cumplimento, los que abran este camino. Como todo cambio cultural requerirá, entre otros
factores: implicación de la alta dirección, cambios en la estructura organizativa, generación de nuevas políticas de
recursos humanos, trabajo en equipo, recursos económicos, tiempo y esfuerzo. En un intento de dar solución a estos
problemas han aparecido recientemente estudios que incorporan nuevos conceptos tales como Creación de valor
Compartido (CVC) y Sostenibilidad Corporativa (SC), que en muchas ocasiones ha generado aun mas confusión, los
cuales tratare-mos en profundidad en el siguiente apartado.4. Creación de Valor Compartido (CVC), Sostenibilidad
Corporativa (SC) y ética En el año 2002 los profesores Porter y Kramer comenzaron una serie de tres artículos (Porter,
M; Kramer, M., 2002, 2006, 2011) que culminaron con el desarrollo del nuevo concepto de Creación Valor Compartido
(CVC).

todo.