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Una vida en permanente actividad

En la sala de su casa, rodeada de flores y plantas, Sonia María Rodríguez Bedoya empieza un
recorrido que se traduce en un viaje a la memoria. Ya las hormigas arrieras, primeras pobladoras
de esa zona, como ella las excusa, devoraron varias de sus flores, pero no el encanto de un jardín
bien cuidado.

Trabajó en COMFAMILIAR durante 39 años. Dice que tuvo la fortuna de compartir parte de su vida
laboral con Don Luis Eduardo Baena, quien fue el primer director con remuneración y estuvo al
frente de la institución durante 22 años; quienes le habían precedido eran personas de la ciudad
vinculadas a lo social, pero que habían hecho su labor ad honorem.

Tuvo la oportunidad de pasar por muchos de los cargos en la corporación, eso le permitió conocer
la institución desde lo más pequeño hasta lo más complejo, en razón a que creció laboralmente al
interior de ella.

Cuando ingresó a COMFAMILIAR su tarea era solamente pagar el subsidio familiar, una asignación
creada básicamente para ayudar a las familias que tenían muchos hijos, con altas cargas familiares.

Entró como auxiliar de la sección de aportes, y de manera sucesiva ocupó los cargos de asistente
de la dirección administrativa, primera subdirectora de servicios. Más adelante, cuando en razón a
la ley 100 se tornó mucho más complejo el manejo de la salud, pasó a ser la subdirectora de salud.
Adicionalmente pudo desempeñar otros cargos como asesora jurídica, secretaria general,
secretaria de la asamblea de la corporación y directora suplente. Además, cumple ocho años en el
Consejo Directivo como suplente.

La vinculación inicial se dio a raíz de que COMFAMILIAR estableció unos nexos muy fuertes con el
SENA porque fueron instituciones que nacieron paralelas, entonces fue de las primeras entidades
que decidió patrocinar aprendices, ingresó con esa función cuando estudiaba secretariado
ejecutivo en el SENA.

Después inició los estudios superiores. Es abogada de la Universidad Libre, con especialización en
derecho de familia, un posgrado en seguridad social, luego alta gerencia en la Universidad de los
Andes y finanzas en la Eafit.

En COMFAMILIAR Risaralda se dio un desarrollo de un portafolio muy amplio, porque con muy
buen criterio la demanda en el sector empresarial de la ciudad nunca creó otra Caja, entonces fue
creciendo y se volvió muy sólida, generando una fortaleza social y un reconocimiento que pervive
hoy en día.

De puertas para adentro

Cuando ingresó, la institución funcionaba en la séptima con ventidós, en los bajos de una casa de
un ferretero, el señor Germán Calle, padre del hoy presidente de la Cámara de Comercio. Ahí
empezó todo, en un primer piso en alquiler, la nómina no ascendía a más de 14 personas.
La institución, a través de Don Luis Eduardo, logró tener un sello que hoy conserva, una
característica que se ha logrado perpetuar: “uno no entraba a una empresa, uno entraba a una
familia, entonces el colegaje trascendía más allá”, dice con entusiasmo. Recuerda cómo se
compartían ellos las alegrías, cómo se compartían las tristezas y los momentos que pudiese
presentar la vida.

Don Luis Eduardo creía mucho en la juventud, fue una persona supremamente abierta en ese
aspecto, dice. Confiaba mucho en los jóvenes, tenía muy buen olfato para determinar en quién
podía asignar responsabilidades, y hacía que cada uno pudiera tener un desarrollo personal y
profesional muy cohesionado. De este modo se gestó otra característica que permanece intacta:
sentirse vinculado a una institución en la cual los empleados sabían que era posible un proyecto de
vida.

Vida activa

Su casa parece el punto de encuentro de la familia. A pesar de vivir sola, el tránsito de hermanos y
sobrinos es algo de todos los días. Pero no siempre está en casa, la enorme actividad social y
laboral que todavía mantiene en diferentes esferas le exigen estar ocupada. Así, tiene una oficina a
través de la cual presta servicios de asesoría y consultoría a diferentes empresas y particulares. Por
supuesto, no ha perdido el interés por lo social, por ello pertenece a la junta directiva de la
Fundación Colsalud y en otras iniciativas que buscan proteger a poblaciones vulneradas.

Su familia era numerosa, pues eran en total 11 hijos, más sus longevos padres: Gabriela, ama de
casa, y Leopoldino, quien vendía seguros y a través suyo tuvo contacto con Don Luis Eduardo,
debido a que COMFAMILIAR apoyaba mucho a los hijos de las personas y empresas afiliadas al
momento de patrocinar a los aprendices. Recuerda a su familia como unida, con vocación para el
estudio y contando también con el apoyo de los padres, deseosos de tener hijos profesionales y
dueños de una formación de calidad.

Aunque contrajo matrimonio con un abogado pereirano, posteriormente se divorció. De esa unión
quedó una hija, Natalia, en la actualidad residente en el exterior, pero con muchos vínculos con la
región debido a que ha tenido profunda sensibilidad por lo social, lo que incluso la llevó a estudiar
un posdoctorado con énfasis en genética del cáncer.

¿Pero cómo es su vida cotidiana? En la mañana realiza alguna actividad física, para ella es esencial
el bienestar corporal, entonces lo primero que hace es una actividad física de unos 30, 45 minutos.
Normalmente el despertar en la mañana es entre cinco y media y seis. Por épocas asiste al
gimnasio donde hace ejercicio cardiovascular y un poco de pesas; en el evento de que haya
demasiada lluvia, entonces prefiere quedarse en casa y trabajar la bicicleta elíptica.

Luego lee el periódico, sintoniza en la televisión los noticieros del mundo, una rápida mirada para
ver cuáles son las noticias del momento. Igualmente, “me gusta tener los ratos de ocio, me gusta el
cine, es un hobbie que cultivo desde que estaba en la institución. Cuando estaba en COMFAMILIAR
se legalizó en el ministerio como sala de cine y no únicamente como teatro; pero con la
característica de cine club”. Normalmente es más amiga del cine arte que del cine comercial, por
eso le gustan las películas de Woody Allen, a quien considera muy extraordinario como director y
actor.

Sus ratos libres los dedica a leer, escuchar música, socializar con la gente, compartir los temas del
momento: politicos, económicos y avances científicos. Trata de conservar los amigos de juventud y
siempre saca tiempo para ellos. Prefiere mucho el campo en sus ratos libres: “me gusta ir a
‘florear’, conocer sitios, tomar aire, ponerme en contacto con la tierra. Me gusta mucho la
naturaleza, amo la jardinería, me encanta el jardín”.

Su flor favorita es la rosa amarilla, la que considera espectacular, pero en materia de jardineria
procura tener un jardín que sea fácil de manejar por las múltiples ocupaciones que mantiene, pero
se preocupa de que sea estéticamente agradable.

En este momento de la conversación, como si de repente cayera en cuenta de su importancia, se


detiene a detallar la que considera una “vocación tardía”: preparar alimentos. Comenta que en
esta etapa de la vida, cuando uno ingiere no tanto lo que quiere sino lo que puede, cualquiera se
vuelve entonces más selectivo y descubrió que realmente la cocina no es tan difícil, la asumió
como un laboratorio de experimentación. Además, para ella es muy grato saber que hay resultados
positivos, por eso lo hace con relativa frecuencia, tanto para la familia como para las amigas.

Elabora sushi, comida que aprendió a preparar asistiendo a una escuela gastronómica, las cuales
alaba porque permiten cursos cortos con temáticas específicas. Su preparación de sushi es la
tradicional: con alga, arroz, salmón, crema de queso; no es muy experta pero sí intenta manejar un
poco la técnica. En la preparación considera primordial la presentación armoniosa, no solamente
en su elaboración sino en la calidad de los productos, así que exige que sean muy buenos y
aproximados a la directriz inicial.

“Soy de Pereira, amo esta tierra, espero que mis últimos años transcurran en ella, que me muera
de años, mas no de enfermedades, de enfermedades incapacitantes. Creo que la ciudad merece en
este momento que se vuelque la mirada de una manera dinámica, armoniosa y coherente con lo
que es ella”, dice con firmeza.

Para terminar, hace una invocación a la retoma del afecto por la ciudad, a demostrar con actos el
afecto que muchos dicen tener por ella. “Pereira es una ciudad de puertas abiertas, ha dado la
opción a mucha gente de llegar a la ciudad y creo que es hora de que tanto propios como extraños
le devolvamos parte de la pujanza que, por una u otra circunstancia, se ha ido como perdiendo.
Creo que es hora de mirar más el interes colectivo que particular y que hay entidades que reforzar
y arropar con la energía y pujanza que ha caracterizado a la ciudad y, como le digo, eso sería como
una invitación no solamente para los pereiranos sino para todos a los que la ciudad les dio la
oportunidad de llegar y pernoctar en ella y que hoy en día dicen quererla tanto como otro
paisano”.

DESTACADO

“Creo que es hora de mirar más el interes colectivo que particular y que hay entidades que reforzar
y arropar con la energía y pujanza que ha caracterizado a la ciudad y, como le digo, eso sería como
una invitación no solamente para los pereiranos sino para todos a los que la ciudad les dio la
oportunidad de llegar y pernoctar en ella y que hoy en día dicen quererla tanto como otro
paisano”.