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Dirección General de Educación a Distancia

Actividad 4

CARRERA: Profesorado Universitario


MATERIA: Política y organización educativa
COMISIÓN: “U”
PROFESORA: Laura Segovia
ESTUDIANTE: Melisa Teixido
FECHA: 02-11-2019
Carrera: Profesorado Universitario Profesora: Laura Segovia
Materia: Política y Organización educativa Comisión: “U”
Estudiante: Melisa Teixido
Introducción
La relación entre política y educación en Argentina a lo largo de la historia ha sido tan diversa
como modelos de estado hemos tenido. Cada uno de ellos implementó políticas educativas propias que
definieron distintos modelos de sistemas educativos. Filmus (1996) reconoce al menos tres modelos
de Estado: el oligárquico-liberal, el benefactor y el estado post-social, aunque durante la crisis del
estado benefactor, se implementaron otros tres modelos que intentaron dar batalla a dicha crisis.
Brígido (2005) manifiesta que los sistemas educativos, tal como los conocemos hoy, son un
producto reciente en la historia de la humanidad, desde su aparición entre mediados y fines del siglo
XIX, hasta la actualidad, han sufrido cambios importantes en su configuración interna y en sus
relaciones con la sociedad.
Desde la sanción de la Constitución Nacional, cada modelo de Estado, elaboró un sistema de
leyes educativas acorde a sus ideologías. Desde el año 1884 en el que fue sancionada la ley de
educación común hasta la actualidad, se sucedieron distintas normativas destinadas a organizar el
sistema educativo argentino y se implementaron diversos cambios y modificaciones, no solo en su
estructura sino también en su duración, obligatoriedad, contenidos curriculares y financiamiento entre
otros aspectos.
En cuanto a la regulación del sistema formador de docentes, el mismo actualmente se rige por
los principios dispuestos por dos leyes nacionales: la Ley de Educación Nacional N° 26.206 y la Ley
Nacional de Educación Superior Nº 24.521, a las cuales se suman otras nacionales provinciales. Pero
desde los orígenes del magisterio con Sarmiento y la formación de las maestras normales, hasta
nuestros días, la formación y profesión docente ha enfrentado diversos desafíos y problemáticas que
caracterizaron a las diferentes épocas, así como también ha sostenido el carácter binario de formación.
Por estos días el sistema educativo argentino y el de la mayoría de los países latinoamericanos,
está en crisis. Necesita un cambio urgente ya que la manera de enseñar en las aulas es obsoleta y los
retos a los cuales se enfrentan los docentes hoy en día, demandan una modificación en el sistema
formador y la necesidad de adoptar políticas inclusivas que logren achicar la brecha que existe en la
sociedad actual del conocimiento y la información, y terminar con las nuevos modos de exclusión
surgidos en los últimos tiempos en el contexto de globalización.
Desarrollo
A partir del siglo XIX en Argentina, así como en el resto de América Latina, el estado comenzó
a ejercer una intervención muy fuerte en torno a la educación, y con la nacionalización de los bienes
eclesiásticos tuvo que hacerse cargo de muchas funciones educativas que hasta ese entonces
desempeñaba la iglesia.

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Así se consolida el estado oligárquico-liberal, donde si bien la ciudadanía ejercía su derecho al
voto y elegía a sus representantes, la participación política estaba reservada a un sector exclusivo de
la sociedad. Se constituye la llamada “generación del 80” donde un grupo de dirigentes políticos
termina de organizar al país y sientan las bases de la Argentina moderna.
El país por aquel entonces experimentaba un proceso de expansión económica llevada a cabo
por el modelo de acumulación agro-exportador que requería integrar al proceso productivo a la gran
variedad de inmigrantes y a sectores sociales que hasta ese momento estaban fuera del sistema. En
palabras de Brígido (2005), el sistema educativo nace básicamente para satisfacer una necesidad
política.
Birgin (2000) expresa que tanto la escolarización como el trabajo docente tal como los
conocemos hoy en día son construcciones históricas, que dan cuenta de los modos de gobierno. Es así
como con el objetivo de terminar con el analfabetismo y lograr homogeneizar a la población,
Sarmiento, presidente por aquellos años, se propuso formar un cuerpo de maestros capaces de
garantizar el logro del mencionado objetivo.
A partir de 1868 y durante casi treinta años, decenas de maestras norteamericanas llegaron a la
Argentina con el objetivo de formar maestros y maestras. Durante la presidencia de Roca, llegaron
algunas más, todas con la intención de educar y enseñar.
La primera escuela de maestros normales de Argentina, fue creada por sarmiento, en Paraná,
Entre Ríos, en el año 1870. Continuando luego con la escuela de maestras normales de Tucumán en el
año 1875, a la cual le sucedieron muchas otras a lo largo y ancho del territorio argentino.
Una de las condiciones requeridas para el ejercicio de maestros en las escuelas comunes según
Alliaud (1993) era el diploma que acreditaba su idoneidad. Es así como al institucionalizarse una
formación sistemática y especializada para los maestros, surge la profesión docente y es posible
referirse a la consolidación del magisterio como grupo social desde entonces.
Para aquella época, si bien el salario de las maestras era modesto, la docencia, dentro de las
otras profesiones femeninas, resultó un modo relativamente seguro de subsistencia, ascenso social,
obtención de reconocimiento y prestigio para las mujeres. Birgin (2014) señala que históricamente los
aspirantes al magisterio provenían de sectores sociales heterogéneos. Un sector mayoritario estaba
formado por las primeras generaciones de familias que lograban el acceso al nivel medio de enseñanza
a través de las escuelas normales. Los docentes fueron el ejemplo del discurso social de la época: la
posibilidad del ascenso social por medio de la educación.
El 8 de julio de 1884, buscando homogeneizar a la población, se sanciona la Ley 1420 de
educación común, durante el período de presidencia de Julio Argentino Roca. Fue la base de nuestro
sistema educativo nacional y establecía los principios generales sobre la enseñanza pública en las

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escuelas primarias, que determinaba la obligatoriedad para niños y niñas de 6 a 14 años. Tenía vigencia
sólo en los territorios que tenían dependencia directa del estado Nacional, como lo eran la capital, el
Chaco y la Patagonia. Luego de extensos debates se definió que fuera laica, permitiendo la enseñanza
religiosa que debía ser impartida por los ministros autorizados de los respectivos cultos, antes o
después de las horas de clase y con la autorización de los padres.
La ley fomenta la construcción de escuelas en todo el territorio argentino así como también de
bibliotecas populares que debían prestar gratuitamente libros al vecindario y facilitar su adquisición a
precios razonables, también se crea el cargo de inspector de escuelas primarias.
En 1905 se promulgó la Ley Láinez permitiendo que cada provincia pudiera instalar escuelas
fiscales o escuelas Láinez a partir de fondos que giraba el Estado. Sin embargo la consolidación del
Estado Nacional como principal agente educador, generó fuertes desequilibrios regionales, se fundaron
escuelas nacionales donde ya existían escuelas provinciales, y de ésta manera surgió un doble sistema
escolar.
El modelo de país planteado por una explotación extensiva de campos y una incipiente
industria, no requería un modelo de hombre con altos niveles de capacitación o formación, y ante la
eventual necesidad de ello, esos puestos eran cubiertos por inmigrantes europeos que tenían mejor
formación en el oficio. Queda evidenciado esto con una ley que sólo regulaba la escolaridad primaria,
dejando de lado el nivel secundario o superior, claramente la capacitación de mano de obra no fue una
preocupación de los sectores dirigentes por aquel entonces.
Birgin (2000) dice que en la Argentina del siglo pasado, la expansión y consolidación del
sistema educativo, buscó sentar juntos al rico y al pobre, sosteniendo que las diferencias serían
compensadas por la escuela, que tenía la función de igualar las oportunidades. De este modo la
expansión del sistema educativo por todo el territorio, creó y extendió el conjunto de escuelas normales
en las que se formó al cuerpo docente.
Las intenciones homogeneizadoras del estado, terminaron por generar más heterogeneidad en
la sociedad. Estableciendo una estratificación social en la cual una base numerosa accedía a los
elementos mínimos y el sistema de enseñanza media se presentaba más restringido, sus funciones eran
proveer de personal idóneo a la administración pública y seleccionar a la élite que podía acceder a la
cúspide del sistema y lograr participar de los sectores dirigentes de la sociedad.
La escasa posibilidad de acceso a la educación que tenían los sectores rurales, hicieron que se
incrementara la demanda de la misma por parte de aquellos, ya que veían en ella la posibilidad de
aumentar su participación y lograr así una integración social y política plena.
En el caso de los sectores obreros, impulsaron el desarrollo de una educación alternativa desde
el movimiento sindical, ya que consideraban que la educación oficial era utilizada como un

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instrumento para dominar a la sociedad impartiendo una ideología burguesa. Es así que surgieron las
opciones educativas no oficiales, compuestas en su mayoría por comunidades extranjeras, la iglesia
católica y en una menor proporción escuelas sindicales.
Grandes sectores de la población continuaron excluidos del sistema educativo, así como
también continuó habiendo marcadas desigualdades educativas entre las diferentes regiones del país.
Con la llegada del radicalismo al gobierno en el año 1916, comienzan a cuestionarse los
aspectos elitistas y restrictivos del modelo y se reclama una mayor participación promoviendo la
incorporación social de los sectores medios. Filmus (1996) destaca que al momento de asumir el
gobierno radical, más de la mitad de los niños en edad escolar se encontraban fuera del sistema, así
como también existían profundas desigualdades educativas entre las diferentes regiones del país.
Mientras que en la Capital estudiaban siete de cada diez niños, solo dos o tres de cada diez lo hacían
en provincias como Chaco, Formosa, Neuquén o La Pampa.
Se ampliaron las posibilidades de la clase media de aspirar a la educación superior y se crearon
nuevas universidades. Ruta (2015) relata la importancia de la reforma de 1918 en la Universidad
Nacional de Córdoba, que constituyó una ruptura, una fuerte demanda de autonomía de la universidad
como institución separada del estado, independiente de los poderes religiosos, inviolable en sus
recintos, con elección de autoridades por los claustros y cogobierno.
En el contexto de una crisis internacional y con el golpe militar del 30, comienza a evidenciarse
una caída de las exportaciones de materias primas y de las importaciones manufactureras, que
obligaron a la Argentina a impulsar el desarrollo de la industria local. El nuevo tipo de estado que ha
de constituirse se conoce como estado benefactor, y se caracterizó por incorporar a la conducción del
país a sectores que habían sido históricamente marginados. El estado deja de ser protector de los
derechos individuales y pasa a ser garante de los derechos sociales, redistribuyendo los recursos en
favor de los sectores trabajadores, ocupándose de las necesidades sociales básicas como educación,
salud y vivienda, en contraposición con el modelo anterior cuyo desarrollo económico se basaba en la
concentración de riquezas, Filmus (1996).
Tedesco (2003) expresa que desde 1930 el sistema educativo comenzó a perder
progresivamente los rasgos del neutralismo, siendo una de las primeras medidas de los gobiernos
militares el eliminar el laicismo de la enseñanza primaria, reinterpretando el texto de la ley 1420 y
reformando los programas de enseñanza, que la convirtieron en la práctica en religiosa. Destaca un
crecimiento de la enseñanza media con fuerte participación privada, sobre todo durante la denominada
década infame (1930-45), en donde el esfuerzo estuvo puesto en controlar sobre todo el magisterio,
explicado por la tendencia de la Iglesia Católica, principal agente de la educación privada en este

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período, hacia el control de la formación de maestros, concebidos como pieza central en el área de
difusión ideológica.
El desarrollo de la incipiente industria torna necesarios ciertos niveles de conocimientos de
oficios y una disciplina laboral que solo podía brindarse a través del sistema educativo, para llegar así
a los millones de trabajadores rurales que provenían del interior del país y se dirigían a las grandes
ciudades industrializadas del centro. Tedesco (2003) relata la creación de las cuatro primeras escuelas
técnicas de oficios en 1934 en la ciudad de Buenos Aires, con especialidades en hierro, electricidad,
carpintería y construcción. La educación comenzó a verse como una inversión y no un gasto social y
como expresa Filmus (1996) fue incorporada como una estrategia de capacitación de mano de obra
para satisfacer las demandas de la incipiente industria.
A partir del derrocamiento del Gral. Perón (1973-76) surge el modelo desarrollista, considerado
un sub tipo de estado benefactor que centró su acción en el desarrollo económico proponiendo un
modelo de acumulación, que consideraba que la participación de los sectores populares era un peligro
para el mismo. En cuanto a la educación a la vez que se formulaban discursos modernizantes en torno
a la universalización y el papel de la misma en el desarrollo, se desentiende de la distribución social
del conocimiento. Y la mayor demanda de educación que siguió creciendo no se correspondió con un
incremento de recursos destinados a políticas educativas. Ésta contradicción se evidenció en un franco
deterioro de la calidad educativa, con ajustes en los salarios docentes y deterioro de las condiciones
materiales de enseñanza, Filmus (1996).
Este deterioro, como relata Filmus (1996) se intensificó durante los gobiernos militares (1976-
83) con la intervención de las universidades, la reducción del presupuesto para educación, el éxodo
masivo de docentes e investigadores y las transformaciones curriculares entre otras variables.
En los 80, coincidiendo con la vuelta de la democracia en manos del radicalismo (1983-89), la
crisis se acentúa y hacia fines de la década la crisis del estado benefactor se torna imposible de
remontar, se profundiza la tendencia hacia la globalización que disminuye la capacidad de decisión del
Estado nacional. Al nuevo estado que emerge se lo designa Estado post-social, neoliberal o
democrático-liberal entre otros términos.
Se caracteriza por un modelo de acumulación que se orienta más hacia la competitividad
externa que al mercado interno, mientras por un lado pretende integrar a través de los procesos de
democratización, por otro lado las políticas de ajuste y modernización conducen a la exclusión social.
Filmus (1996) refiere que reconstruir las escuelas como ámbitos de convivencia democráticos era una
de las tareas prioritarias del nuevo período, y así fue como se normalizó el funcionamiento de las
universidades, se implementaron campañas de alfabetización, se garantizó el libre ingreso a todos los
niveles del sistema educativo, así como la libertad de agremiación de estudiantes y docentes, se

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reincorporaron los docentes cesanteados y estudiantes expulsados por la dictadura. Sin embargo el
Estado adopta políticas a través de las cuales comienza a desentenderse de la distribución de educación,
lo que conlleva a un deterioro de la calidad educativa.
En el año 1991 se sanciona la Ley 24049 de transferencia de sistemas educativos, la cual
profundiza el desmantelamiento del sistema, generando la fragmentación del mismo en 24 regímenes
independientes, el estado Nacional no coordinaba los contenidos que se dictaban en las diferentes
provincias y el traspaso de escuelas no se acompañó con los fondos necesarios para que éstas
funcionaran correctamente. El descentralizar el sistema educativo y dejarlo librado a los recursos de
cada jurisdicción, generó aún más desigualdades.
En 1993 se sanciona la Ley Federal de Educación 24.195 durante la presidencia de Carlos Saúl
Menem. La misma, que estuvo vigente por sólo una década, regulaba el ejercicio del derecho
constitucional de enseñar y aprender en todo el territorio Argentino, a diferencia de la ley 1420 que
sólo era aplicable en Capital Federal y territorios nacionales.
Ésta nueva ley generó una profunda modificación del sistema educativo argentino que si bien
era necesaria, dado que las características de la sociedad habían cambiado, los buenos propósitos que
se expresaban en el texto y la progresiva implementación de las modificaciones planteadas de acuerdo
a las resoluciones que tomara el consejo federal de educación que la misma ley creaba, no pudieron
ser llevados a la práctica de manera exitosa. La estructura que hasta ese entonces se dividía en primaria
y secundaria, ahora se divide en 5 niveles, ampliando la obligatoriedad a 10 años.
Quedó integrada por la Educación inicial que comprendía el jardín de infantes para niños/as de
3 a 5 años de edad; siendo obligatorio el último año, la EGB obligatoria, de 9 años de duración a partir
de los 6 años, la Educación Polimodal después del cumplimiento de la EGB, de tres años de duración
como mínimo y que presentaba cinco orientaciones, la Educación Superior, profesional y académica
de grado luego de cumplida la Educación Polimodal y la Educación Cuaternaria de capacitación
especializada de profesionales.
Esta modificación no contempló la construcción de edificios que respondieran a las nuevas
necesidades planteadas por la ley y en muchos casos, fueron las escuelas primarias las que tuvieron
que asumir los últimos años del tercer ciclo de la EGB.
La ley de educación superior Nº 24521, fue sancionada en 1995 y comprende a todas las
instituciones de formación superior, sean universitarias o no, nacionales, provinciales o municipales,
tanto estatales como privadas. Tal como lo plantea Marquina (2014), fue la primera norma en la historia
de la educación argentina que regula al conjunto de las instituciones de educación superior,
determinando el carácter binario del sistema integrado por dos instituciones: las universitarias y las no

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universitarias, también denominadas institutos terciarios, y destaca la autonomía que tienen las
universidades, conferida por la Constitución Nacional.
Luego de transcurrida poco más de una década, en el año 2006 durante la presidencia de Néstor
Kirchner, se sanciona una nueva Ley, la 26206, llamada Ley nacional de Educación, que busca
garantizar la integración social, construir una sociedad más igualitaria y consolidar la unidad nacional,
respetando las particularidades provinciales y locales, reemplazando a la normativa de 1993.
Dentro de los objetivos de la presente ley se destacan el asegurar igualdad de oportunidades sin
desequilibrios regionales ni inequidades sociales, respetar la diversidad cultural, asegurar condiciones
de igualdad sin admitir discriminación de género ni de ningún otro tipo, respetar los derechos de los/as
niños/as y adolescentes establecidos en la Ley N° 26.061, asegurar a los pueblos indígenas el respeto
a su lengua, desarrollar las competencias necesarias para el manejo de los nuevos lenguajes producidos
por las tecnologías de la información y la comunicación, brindar conocimientos para la formación
integral de una sexualidad responsable, prevenir las adicciones y el uso indebido de drogas.
En su artículo 15 establece que El Sistema Educativo Nacional tendrá una estructura unificada en
todo el país que asegure su ordenamiento y cohesión, la organización y articulación de los niveles y
modalidades de la educación y la validez nacional de los títulos y certificados que se expidan.
La obligatoriedad escolar en todo el país se extiende desde la edad de cinco años hasta la
finalización del nivel secundario. Esta extensión de la obligatoriedad lleva a que surjan nuevas
condiciones y demandas, ya que la inclusión de un sector de la población que tradicionalmente estuvo
excluido del sistema, no está exenta de conflictividad.
La nueva estructura del Sistema Educativo Nacional comprende ahora cuatro niveles. La
Educación Inicial desde los cuarenta y cinco días hasta los cinco años de edad inclusive, siendo
obligatorio el último año. La Educación Primaria obligatoria, a partir de los seis años de edad con un
mínimo de veinte horas reloj de clases semanales. La Educación Secundaria obligatoria, destinada a
quienes hayan cumplido con el nivel primario. Se divide en un Ciclo Básico, de carácter común a todas
las orientaciones y un Ciclo Orientado, de carácter diversificado según distintas áreas del
conocimiento, del mundo social y del trabajo. Se establece un mínimo de veinticinco horas reloj de
clase semanales y la vinculación de las escuelas secundarias con el mundo del trabajo a través de
prácticas.
La Educación Superior que comprende las Universidades e Institutos Universitarios y los Institutos
de Educación Superior, será regulada por la Ley de Educación Superior Nº 24.521, la Ley de Educación
Técnico Profesional N° 26.058 y por las disposiciones de la presente ley en lo que respecta a los
Institutos de Educación Superior.

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La nueva ley establece ocho modalidades, así como la obligatoriedad de la enseñanza de al
menos un idioma extranjero en todas las escuelas de nivel primario y secundario y el acceso y dominio
de las tecnologías de la información y la comunicación indispensables para la inclusión en la sociedad
del conocimiento. Determina el fortalecimiento de las bibliotecas escolares existentes y asegura su
creación y adecuado funcionamiento en aquellos establecimientos que carezcan de las mismas.
Contempla la modalidad de educación a distancia como una opción pedagógica y didáctica aplicable
a distintos niveles y modalidades del sistema educativo nacional
Crea el Consejo Nacional de Calidad de la Educación, los Consejos Consultivos de políticas
educativas, económico y social y de actualización curricular, y el Consejo Federal de Educación,
organismo interjurisdiccional, de carácter permanente, como ámbito de concertación, acuerdo y
coordinación de la política educativa nacional, asegurando la unidad y articulación del Sistema
Educativo Nacional.
La reorganización del sistema, revierte la tendencia a desintegrar el sistema de educación
pública, ya que si bien continúan habiendo tantos sistemas escolares como provincias, el Consejo
Federal de Educación actúa como coordinador del sistema.
Con respecto al sistema formador, la presente ley establece que la carrera docente admitirá al
menos dos opciones: desempeño en el aula y desempeño de la función directiva y de supervisión. La
formación continua será una de las dimensiones básicas para el ascenso en la carrera profesional.
En su artículo 72 determina que la formación docente es parte constitutiva del nivel de
Educación Superior y tiene como funciones, entre otras, la formación docente inicial, la formación
docente continua, el apoyo pedagógico a las escuelas y la investigación educativa. Se estructura la
formación docente en dos ciclos. Una formación básica común, centrada en los fundamentos de la
profesión docente y el conocimiento y reflexión de la realidad educativa y, una formación
especializada, para la enseñanza de los contenidos curriculares de cada nivel y modalidad.
A partir de la implementación de esta normativa, la formación docente para el Nivel Inicial y
Primario tiene cuatro años de duración y se introducen formas de residencia, según las definiciones
establecidas por cada jurisdicción y de acuerdo con la reglamentación de la presente ley. Asimismo,
el desarrollo de prácticas docentes de estudios a distancia deberá realizarse de manera presencial.
Se establece la creación del Instituto Nacional de Formación Docente como organismo
responsable de planificar y ejecutar políticas de articulación del sistema de formación docente inicial
y continua, así como de impulsar políticas de fortalecimiento de las relaciones entre el sistema de
formación docente y los otros niveles del sistema educativo. También debe promover políticas
nacionales y lineamientos básicos curriculares para la formación docente inicial y continua, coordinar
las acciones de seguimiento y evaluación del desarrollo de las políticas de formación docente inicial y

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continua, instrumentar un fondo de incentivo para el desarrollo y el fortalecimiento del sistema
formador de docentes, e impulsar y desarrollar acciones de investigación y un laboratorio de la
formación así como acciones de cooperación técnica interinstitucional e internacional.
La citada ley supone un avance muy importante en materia educativa, en cuanto busca terminar
con la fragmentación del sistema formador a través de la creación del INFD, así como diferenciar la
formación para quienes se desempeñen en las aulas y quienes elijan los roles directivos o de
supervisión. También amplía la duración de la carrera, que si bien no iguala a los estudios
universitarios, sí implementa prácticas y observaciones desde el primer año de formación.
Sin embargo se observa un cambio en la composición de los estudiantes de profesorados, según
Tedesco (2015) la carrera docente no está atrayendo en los últimos años a los jóvenes más talentosos
y motivados de la sociedad. Birgin (2000) propone que para atraer a otros jóvenes, a los mejores, son
imprescindibles cambios en las remuneraciones y el reconocimiento. Ya que si bien a partir de la
sanción de la Ley Nacional de Financiamiento Educativo se ha mejorado la remuneración, en el
presente se observa un aumento del desprestigio y desvalorización social, lo cual no estimula a los
jóvenes a tomar la docencia como una opción de estudio y empleo valiosa.
En palabras de Birgin (2000), se ha reducido la heterogeneidad de la población que accede al
magisterio, con un incremento de los sectores más pobres o empobrecidos. Relaciona esto con la
ampliación de cobertura del nivel medio, que determina que grupos considerables de quienes hoy
ingresan a la docencia constituyen la primera generación de la familia que llega al nivel medio o
superior. Y agrega que el aumento de la desocupación lleva a que haya más ingresantes en la carrera
docente además de un retorno a ella de quienes no ejercían hace años, dado que el magisterio aún
conserva rasgos característicos del empleo público. Así la docencia aparece como un puerto seguro,
pero cuando hay otras perspectivas laborales, tiende a abandonarse.
Oliveira (2006) plantea que ante las diferentes funciones que asume la escuela pública
actualmente, surge una intensificación del trabajo docente, un aumento de las exigencias a los
docentes, que presupone mayor responsabilidad de ellos y demanda mayor autonomía, se encuentran
muchas veces frente a la necesidad de responder exigencias que van más allá de su formación.
Continúan siendo remunerados por horas/clase, cuando en la actualidad se les exige que participen de
actividades que van más allá del aula.
Tedesco (2003) agrega que la sobrecarga docente es uno de los motivos de ausentismo laboral.
La organización de puestos con horas cátedras lleva a que un profesor secundario promedio puede
tener entre quinientos y setecientos estudiantes por semana, distribuidos en dos o tres escuelas. Y dado
que las escuelas cumplen más funciones que antes surge el reclamo docente que se expresa en frases
como “a mí no me prepararon para esto”.

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Oliveira (2006) sostiene que esa diversidad de lugares de trabajo, hacen que el profesor no se
identifique con una escuela en particular, y no llegue a conocer a la mayoría de sus alumnos, acabando
sin tiempo para preparar sus clases, estudiar y actualizarse.
Conclusiones
El sistema educativo actual se enfrenta a múltiples desafíos, relacionados con el fenómeno de
la globalización y la tendencia mundial a la mercantilización de la educación. En Argentina las
desigualdades son evidentes, sobre todo como manifiesta Dussel (2004), una de las más persistentes
es la político-territorial en las provincias.
Los diferentes modelos de estado, han implementado diversas políticas y numerosas reformas
legislativas, pero ninguno de ellos logró resolver por completo los conflictos o responder a las
demandas de la sociedad de la época. Así como tampoco ninguna ley por sí sola resulta suficiente.
La actual sociedad del conocimiento y la información tornan necesario el aprendizaje continuo,
ya que el ciudadano del mañana debe insertarse laboralmente en un mundo globalizado donde los
conocimientos nunca serán suficientes y el aprendizaje a lo largo de toda la vida será la herramienta
fundamental para enfrentar el futuro de manera satisfactoria. Es el estado como garante del bien social
el que debe intervenir haciendo frente a las demandas de la población.
Tal como lo expresa Brígido (2005) para que el sistema educativo pueda dar respuesta a la
necesidad estructural, de proveer capital humano, y la individual, de proveer las competencias que el
individuo necesita para satisfacer sus expectativas, debe poder articular la educación con el mundo del
trabajo.
En éste sentido el cambio en la formación docente es un requisito indispensable si se pretende
lograr una verdadera transformación del sistema educativo. Debe ser un profesional dotado de las
herramientas necesarias para desenvolverse en los diversos ámbitos educativos con los que cuenta el
territorio Argentino. No menos importante resulta devolverle a la docencia el prestigio y la
valorización social que la caracterizaron en otra época, además de implementar una mejora salarial
que establezca una remuneración digna para quienes la ejercen.
Los orígenes de nuestro sistema educativo con Sarmiento y la búsqueda de la homogeneidad a
través de la educación para integrar a una población heterogénea, difieren de las características
actuales, donde debemos pensar la igualdad no en términos de homogeneidad, sino de tolerancia a la
diversidad. Diversidad que no solo debe ser conocida y entendida, sino atendida. Y con esto me refiero
a la imperiosa necesidad de adaptar la educación a las individualidades de los estudiantes y a las
particularidades del contexto.

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La escuela de hoy debe ser menos expulsiva y elitista de lo que fue en el pasado. Ya que
coincidiendo con Dussel (2004) la escuela no solo reproduce las desigualdades sociales sino que
produce sus propias marcas de exclusión.
Grandes desafíos enfrentan los docentes en la actualidad y quienes elijan la profesión en el
futuro. La clave serán políticas de estado pensadas a largo plazo, teniendo en cuenta los tiempos
necesarios para ver cambios en la educación, una formación docente de calidad, y capacitación
continua, así como perfeccionamiento a los docentes en ejercicio.

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