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Hacia las sociedades complejas

(IV y III milenio cal B.C.) en la Iberia


Mediterránea
Joan Bernabeu Aubán y Teresa Orozco Köhler

Publicado en: protohistoria de la península ibérica:


del neolítico a la romanización
ISBN: 978-84-92681-89-1 (Edición impresa)
978-84-92681-90-7 (e-book)
Hacia las sociedades complejas
Joan Bernabeu Aubán*
(IV y III milenio cal B.C.)
y Teresa Orozco Köhler en la Iberia Mediterránea

La etapa comprendida a lo largo del IV y III mile- fase no es sencillo. El inicio de una nueva etapa –neo-
nios cal a.C. en la prehistoria del mediterráneo penin- lítico final– se sitúa hacia mediados del IV milenio, a
sular no resulta fácil de definir en este amplio marco partir del repertorio material que muestra influencias
geográfico. Si tenemos en cuenta que la implantación del sur de Francia1.
de la economía neolítica, basada en recursos domés- Las interpretaciones tradicionales sobre el patrón
ticos, se fecha a mediados del VI milenio cal. a.C., el de asentamiento explicaban la “invisibilidad” de los re-
transcurso de un ciclo largo, cercano a dos milenios, gistros del neolítico final y calcolítico a partir del aban-
debe reflejar en el registro arqueológico transforma- dono de los grandes poblados, y una ocupación intensa
ciones de diversa índole. de las áreas de montaña. Los datos actuales muestran
Tradicionalmente se considera que hacia el final que no hay una ruptura clara en el patrón de asenta-
del ciclo neolítico se desarrollan tendencias socioeco- miento: la continuidad de las ocupaciones en algunos
nómicas que impulsan el tránsito hacia una mayor poblados del neolítico medio, a lo largo del IV y III
complejidad social que culminará en épocas poste- milenio es una realidad. Al mismo tiempo aparecen
riores con la cristalización de jerarquías, ya a lo largo nuevos asentamientos al aire libre: Camp del Rector2,
del II milenio. Valorar los cambios que acontecen en La Prunera3, Ca L’Estrada4, Espina5 o Serra del Mas
el marco temporal considerado plantea ciertas difi- Bonet6 son algunos de los que han salido a la luz a tra-
cultades, atendiendo a la desigual cantidad y calidad vés de intervenciones de urgencia o preventivas.
del registro arqueológico. Un recorrido geográfico va
Los elementos estructurales que aparecen en los
a poner de manifiesto la inexistencia de fronteras cla-
poblados corresponden principalmente a estructuras
ras entre áreas culturales (Fig. 1), incidiendo en una
negativas de morfologías, tamaños y funciones dife-
idea clave para valorar esta etapa: el incremento de la
rentes: cubetas, estructuras de combustión, fosas, silos,
interacción y el contacto, a diferentes escalas.
agujeros de poste; un amplio repertorio coincidente
En las páginas siguientes presentamos en unos a lo largo del mediterráneo peninsular, y que en los
apartados de carácter general –asentamiento, cultu- últimos años incorpora nuevos ejemplos en la zona
ra material, mundo funerario y simbolismo– los ele- septentrional, configurando una característica de esta
mentos más notables, haciéndonos eco de los recien- etapa más frecuente de lo que hasta no hace mucho
tes trabajos y enfoques. tiempo se suponía. Se presentan auténticos palimpses-
tos de difícil interpretación en los que la dispersión ho-
rizontal de las estructuras y/o la existencia de diversos
Patrón de asentamiento, hábitat y subsistencia momentos de ocupación dificulta, en ocasiones, cono-
cer la secuencia de construcción, uso y amortización.
La instalación de asentamientos al aire libre, en
En muchos casos la gran dispersión de restos y
valles fluviales, así como el uso de cavidades como
estructuras dificulta realizar estimaciones sobre la su-
lugar de hábitat está atestiguado desde los inicios del
perficie ocupada por los poblados, lo que impide su
neolítico en el ámbito mediterráneo. En el área sep-
evaluación y comparación. Las evidencias arquitectó-
tentrional, a lo largo del V milenio, se desarrolla la
nicas son escasas, de manera que son las estructuras
etapa denominada “sepulcros de fosa” o neolítico me-
de combustión y la dispersión o agrupación de restos
dio, definida como un momento de consolidación y
materiales los que permiten definir áreas de hábitat y
expansión de las comunidades agropecuarias, a partir
de la existencia de poblados abiertos en zonas llanas
(Bòbila Madurell sería un ejemplo), el abandono de 1
Martín, 2003.
cuevas y abrigos, y un registro funerario característi- 2
Font, 2005.
co (inhumaciones en fosa). Establecer el final de esta 3
Alcalde et al., 2005.
4
Fortó et al., 2006.
5
Piera et al., 2009.

*
Universidad de Valencia, jbauban@uv.es 6
Rosillo et al., 2012.
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Figura 1. Localización de los yacimientos citados en el texto: 1. Serra del Mas Bonet; 2. La Prunera; 3. Costa de Can
Martorell; 4. Ca L’Estrada; 5. Regueres de Seró; 6. Espina; 7. Camp del Rector; 8. Carrer París; 9. Riereta; 10. Reina
Amalia; 11. Cova de Can Sadurní; 12. Costamar; 13. La Vital; 14. Ereta del Pedregal; 15. Colata; 16. Arenal de la Costa;
17. Covad’En Pardo; 18. Niuet; 19. Les Jovades; 20. Cova de la Pastora; 21. Illeta dels Banyets; 22. Tossal de les Basses;
23. La Torreta; 24. El Prado; 25. Camino del Molino; 26. Molinos de Papel; 27. Casa Noguera; 28. Cueva Sagrada.

de actividad. Las intervenciones recientes han permi- estructuras y materiales que muestran la ocupación a
tido conocer la singularidad de ciertos restos, como lo largo del neolítico final, cuando se estima un entor-
las grandes estructuras de combustión rectangulares no ecológico altamente favorable, con lagunas de agua
que se han reconocido en Ca l’Estrada y Can Piteu, dulce y la proximidad a la montaña de Montjuïc, que
cuyas dimensiones, morfología y relleno tienen claros proporcionaría recursos forestales. La existencia de po-
paralelos en el sureste francés, y cuya función más blados en zonas costeras está bien atestiguada a lo largo
probable se considera la cocción de alimentos7. de la geografía, como ejemplifican en un recorrido ha-
Los asentamientos no se localizan únicamente en cia áreas meridionales los emplazamientos de Costa-
valles interiores, también las zonas de costa están ocu- mar10, La Vital11, o Illeta dels Banyets12, entre otros.
padas a lo largo del IV y III milenio a.C. como han evi- Hacia el sur contamos con un registro importan-
denciado algunas intervenciones urbanas en Barcelona: te y conocido desde hace tiempo que muestra un
los yacimientos de Riereta8 y Reina Amalia9 presentan patrón de asentamiento que se repite con ligeras va-

7
Fortó et al., 2008. 10
Flors, 2010.
8
Carlús y González, 2008. 11
Pérez et al., 2011.
9
Bordas y Salazar, 2006. 12
Soler, 2006.
hacia las sociedades complejas (IV y III milenio cal b.c.) en la iberia mediterránea 73

riaciones: junto a los yacimientos costeros referidos, productivas de estas comunidades que, frente a ho-
las comunidades ocupan desde mediados del IV mi- rizontes anteriores, muestran un incremento de la
lenio cal. a.C. poblados de gran extensión, ubicados producción agraria, sostenido en el tiempo. Los datos
en zonas bajas o en fondos de valle, junto a cursos carpológicos en el ámbito meridional indican que a
fluviales o en las inmediaciones de áreas endorreicas. partir de mediados del IV milenio cal a.C. se detecta
La cercanía a los recursos hídricos y la proximidad a una reducción de las variedades de cereales cultiva-
terrenos favorables para la producción agropecuaria dos, que ahora se concentran en los trigos desnudos
son características compartidas. Son los denomina- (Triticum aestivum/durum), la cebada desnuda (Hor-
dos “poblados de silos”, cuya existencia se documen- deum vulgare var. nudum) y leguminosas. Esta reduc-
ta ya en etapas anteriores, y que se generalizan a lo ción responde no sólo a condicionantes ambientales,
largo del IV y III milenio cal a.C., cuando se ocupan sino también al cambio hacia un modelo agrario ex-
y ponen en explotación nuevas áreas. En ellos las tensivo: se abandonan las prácticas anteriores (culti-
estructuras excavadas (silos, fosas, cubetas) son uno vo de diferentes especies), y el trabajo se invierte en
de los elementos más notorios y visibles del registro: el cultivo de dos o tres especies de cereales; ello debe
Colata13, Niuet14, Jovades15 o La Torreta16 son algu- estar compensado por un aumento de las cosechas,
nos ejemplos (Fig. 2). Este patrón de asentamiento que permita disponer de reservas20. Se atestigua en
alcanza hacia el sur la cuenca del río Segura y el alti- este momento la explotación de vegetales con fines
plano de Yecla-Jumilla donde se localiza El Prado17. no subsistenciales, como el lino (Linum usitatissi-
Será en momentos avanzados del III milenio, con el mum), que se ha recuperado –ya transformado– en
desarrollo del horizonte campaniforme, cuando en- algunos contextos funerarios.
contremos variaciones en el patrón de asentamiento Es difícil cuantificar la producción agraria, pero
a escala regional. En el área sur se desarrolla un mo- las diferencias en la capacidad de almacenaje de los
delo que combina la aparición de enclaves en altura, silos y su ubicación en el interior de un poblado, así
con amplia visibilidad sobre cuencas y valles, que como la desigualdad en la capacidad de almacenar
presumiblemente ejercen una función de control, que se observa entre poblados responden a la con-
con poblados abiertos, establecidos en zonas llanas, servación de una producción excedentaria. La ges-
que en ciertos casos continúan las ocupaciones des- tión de este producto refleja la dinámica social de
de momentos anteriores, o son abandonados. estas comunidades: una distribución desigual de las
Al igual que en otras áreas peninsulares, la exis- estructuras con mayor capacidad tanto dentro de los
tencia de recintos de fosos que limitan un espacio es poblados como entre aldeas, que puede interpretarse
una realidad que está presente en el paisaje desde el como diferencias intra e intergrupales.
final del neolítico hasta el horizonte campaniforme18, Como en otras áreas de la Península Ibérica hay
aunque todavía estamos lejos de conocer su significa- una intensificación de la actividad ganadera, clara-
do y función (Fig. 3). Si bien los excavados hasta la mente patente desde mediados del IV milenio cal
fecha en tierras valencianas no son muy numerosos a.C. Esta intensificación no va dirigida hacia una
(Niuet, La Torreta, Arenal de la Costa, entre otros), especie determinada, sino que hay una explotación
cabe destacar en el nordeste peninsular la localiza-
complementaria y diversificada de las principales
ción de una estructura de estas características en Ca
especies domésticas (oveja, cabra, bóvidos, suidos)
L’Estrada19, donde el tramo exhumado presenta un
en algunos casos encaminada a la obtención de
recorrido sinuoso.
productos derivados. La variedad de registros ex-
Este patrón de asentamiento no sólo es reflejo de humados no facilita establecer con carácter general
un incremento demográfico, sino de la consolidación el papel tanto de la cabaña ganadera como de las
del sistema agrícola que pivota tanto sobre la puesta actividades cinegéticas. En estos momentos están
en explotación de nuevas tierras como sobre una re- bien documentadas patologías óseas en los restos de
orientación del papel de la cabaña ganadera. bovinos, resultado de su explotación como fuerza
En el ámbito mediterráneo se confirma un re- de trabajo21.
pertorio variado de estructuras dedicadas en buena Nuestro conocimiento sobre la arquitectura de
medida al almacenaje, lo que habla de las prácticas los espacios habitacionales es muy limitado, y dispo-
nemos de una colección de datos heterogénea. De
manera general podemos reseñar la condición pere-
13
Gómez et al., 2004. cedera de gran parte de los materiales constructivos
14
Bernabeu et al., 1994.
15
Bernabeu, 1993. (madera, ramajes, cañas, enlucidos de barro) y la pér-
16
Jover, 2010.
17
Jover et al., 2012.
18
Bernabeu et al., 2012. Pérez y Carrión, 2011.
20
19
Fortó et al., 2006. Pérez Ripoll, 1999.
21
74 PRotoHISTORIA DE LA PENÍnsula ibÉrica

Figura 2. Plano de Les Jovades (Cocentaina, Alicante). La mayoría de los asentamientos al aire libre muestran una amplia
dispersión de restos y estructuras, que forman un auténtico palimpsesto (según Bernabeu et al., 2006).
hacia las sociedades complejas (IV y III milenio cal b.c.) en la iberia mediterránea 75

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Figura 3. Fosos y recintos de fosos de dimensiones muy variables aparecen en asentamientos al aire libre: 1) La Vital (Gan-
día, Valencia), 2) C/ La Pau (Muro de Alcoy, Alicante, 3) Tros de la Bassa (Planes, Alicante). Fotografía de los autores.

dida de elementos arquitectónicos aéreos (paredes y Artesanías especializadas: elementos singulares,


cubiertas), ello nos indica que la inversión de trabajo elementos de prestigio
en la construcción y mantenimiento del espacio de
hábitat es limitada. En muchos casos el registro de Resulta difícil sintetizar las características del re-
las cabañas se define por la presencia de agujeros de pertorio material de manera conjunta, entendiendo
poste o estructuras de combustión, delimitando áreas que las diferentes artesanías hablan no sólo del desa-
o plantas aproximadamente elípticas, pero general- rrollo tecnológico de las comunidades, sino también
mente incompletas. de sus contactos e interacciones.
Ocasionalmente se identifican zócalos de piedra en En la industria lítica tallada los rasgos que singula-
rizan esta etapa son el desarrollo de las producciones
la construcción del espacio habitacional en esta etapa.
laminares, en especial de los soportes de gran forma-
Uno de los poblados tradicionalmente conocido por
to, y del retoque plano, destinado a la confección de
su arquitectura en piedra es Ereta del Pedregal, que
puntas de flecha y puñales (Fig. 4). Estos instrumen-
muestra muros rectilíneos con zócalos de piedra que tos suelen estar confeccionados sobre sílex de cali-
definen grandes espacios, aunque no se puede precisar dad. En efecto, las grandes láminas de sílex son uno
con exactitud la planta de las estructuras22. El uso de de los elementos más representativos de este periodo
mampostería se reconoce en Illeta dels Banyets que y su carácter singular viene definido tanto por el alto
presenta una cabaña de planta ovalada, con zócalo de grado de especialización que requiere su obtención,
tierra y piedras; también las intervenciones recientes para la que se ha identificado recientemente la ta-
en El Prado han sacado a la luz la planta incompleta lla por presión reforzada o con palanca, como por
de tres cabañas de tendencia ovalada con zócalo de su presencia mayoritaria en contextos funerarios, for-
mampostería23. Los datos son excesivamente parciales mando parte de los ajuares, lo que les confiere cierta
y no permiten reconocer diferencias significativas, ni a carga ritual o simbólica24; sin embargo se ha compro-
escala de los asentamientos como tampoco entre po- bado que buena parte de estos útiles se emplearon
blados, atendiendo a las viviendas. en actividades como el trabajo de la piel, descarnado
de animales, modificación de alguna materia mine-

Juan-Cabanilles, 1994.
22

Jover et al., 2012.


23 24
García y Juan-Cabanilles, 2009.
76 PRotoHISTORIA DE LA PENÍnsula ibÉrica

Figura 4. Cueva de la Pastora (Alcoy, Alicante). Estas grandes láminas de sílex son características de los conjuntos del IV
y III milenio a.C. Fotografía O. García.

ral, pero también se ha documentado el empleo de También se detecta un cambio en el repertorio


grandes láminas en las tareas de siega y procesado de los elementos de adorno. El interés por la variscita
de cereales25. En el ámbito mediterráneo, la aparición pasa a ser testimonial, coincidiendo a grandes rasgos
de las láminas de gran formato responde claramen- con el declive de la explotación en las Minas de Gavà.
te a un fenómeno de circulación de estos productos, Ahora los adornos personales van a ser elaborados
sobre el cual las investigaciones están abiertas. No mayoritariamente sobre soportes de distinta natura-
debemos perder de vista que en este momento otras leza: conchas, hueso, marfil, ámbar, lignito, esteatita y
herramientas líticas, como los útiles pulimentados, metal (oro y cobre).
además de desarrollar nuevos tipos para realizar nue- En efecto, el metal ha jugado siempre un importan-
vas actividades, permiten trazar interacciones a escala te papel en la definición de este periodo, equiparando
regional y peninsular a partir de la identificación de durante mucho tiempo el inicio de la metalurgia con el
la materia prima26. inicio y desarrollo de la desigualdad social. Se conside-
Si atendemos al repertorio cerámico podemos con- raba que la escasa presencia de recursos metálicos en el
siderar esta etapa como un mosaico, donde el extre- entorno y la complejidad tecnológica de la manipula-
ción de minerales metálicos incidían en la escasa rele-
mo septentrional muestra relaciones con el sureste de
vancia de esta actividad en este marco geográfico, que
Francia, atendiendo a las cerámicas de tipo veraziense,
quedaba limitada a la obtención de determinadas pie-
mientras que el extremo meridional habla de las rela-
zas metálicas a través de los circuitos de intercambio.
ciones con el área andaluza, considerando elementos
diversos como las cerámicas pintadas, los vasos de yeso En el caso del oro, su presencia está limitada al
y otros testimonios. Entre ambos extremos, se desarro- nordeste peninsular, donde aparece de manera tími-
lla un mundo donde predominan las cerámicas lisas, da desde finales del IV milenio cal a.C. Las cuentas
con formas abiertas. Hacia el final del periodo, con la áureas de tipología y fabricación diversa, recupera-
aparición de las cerámicas campaniformes de estilo in- das en contextos del neolítico final, se interpretan
ternacional podemos rastrear un elemento unificador. como resultado de las interacciones entre esta zona
Los trabajos recientes de caracterización petroarqueo- geográfica y el sur de Francia29. En cuanto a la me-
talurgia del cobre, en esta zona los datos apuntan a
lógica realizados sobre cerámicas campaniformes tanto
un origen en el sur de Francia, no sólo por las fechas
en Cataluña27 como en tierras valencianas28 enfatizan
más antiguas de las explotaciones mineras del área
la complejidad del fenómeno, al mostrar la existencia
francesa, sino también por los paralelos tipológicos
de producciones locales.
y las interacciones culturales (Véraza, Treïlles, Fe-
rrières y Fontbuisse) que refleja la cultura material.
25
Gibaja et al., 2010. La primera producción metalúrgica en Cataluña
26
Orozco, 2000.
27
Clop, 2007.
28
Molina y Clop, 2011. Soriano et al., 2012.
29
hacia las sociedades complejas (IV y III milenio cal b.c.) en la iberia mediterránea 77

corresponde a momentos antiguos del ciclo campa-


niforme (2800-2350 cal. a.C.) y aparecen las piezas
“clásicas”: punzones, puntas, hachas planas, entre
otros objetos. La idea de la complejidad tecnológica
necesaria para la elaboración de estos objetos está
superada; se han recuperado materiales sencillos que
permiten el procesado de este producto, como los
vasos-horno o las toberas de cerámica, entre otros.
En cuanto a la repercusión de estas actividades en
el seno de estas sociedades, se considera que el con-
junto de la comunidad participaría en las tareas de
extracción y procesado del mineral a través de pe-
queñas explotaciones a cielo abierto en algunos filo-
nes localizados en el territorio, mientras que el resto
del proceso metalúrgico quedaría restringido a un
grupo específico de personas30.
Los datos recientemente obtenidos en tierras va-
lencianas amplían nuestra imagen sobre los primeros
momentos de actividades metalúrgicas, evidenciando
otras posibilidades. En La Vital además de diversos
objetos de cobre se ha recuperado metal en bruto y
otros restos de actividades metalúrgicas (bolitas de
metal, gotas, fragmentos de crisol), en un contexto
anterior a la aparición de los primeros campanifor-
mes. La interpretación de los hallazgos de este yaci-
miento indica que el cobre bruto, tal como se obtenía
en los lugares de producción (nódulos y bolitas) era Figura 5. Hacha plana de cobre procedente de una tumba
objeto de intercambio, y su manipulación se realizó en silo, del yacimiento de La Vital (Gandía, Valencia). Fo-
en el asentamiento; en este caso, el análisis de los tografía de los autores.
isótopos de plomo sugiere la procedencia de otras
zonas peninsulares, y más concretamente del área en
torno a Almizaraque31. Y aunque ambos modelos ha-
blan de una actividad a pequeña escala, una práctica El mundo funerario
doméstica que deja escasos restos y quizás esporádica
en el tiempo, no podemos obviar que la metalurgia es Si hay una característica que, a grandes rasgos,
un elemento de diferenciación social, especialmente define el registro funerario del IV y III milenio cal.
el consumo de las piezas elaboradas (Fig. 5). a.C. es la inhumación múltiple, un concepto que ad-
mite un repertorio muy variado de prácticas funera-
Otra artesanía de escasa visibilidad en el registro rias, como veremos seguidamente. La utilización de
son los textiles. Tanto la manufactura del lino como cuevas naturales, sepulcros megalíticos o covachas
–quizás– la lana, están reflejadas en piezas como las artificiales, entre otros tipos de sepulturas, y el desa-
placas de telar, recuperadas en La Torreta o El Prado. rrollo de rituales diversos, no facilita su apreciación
En este caso, la singularidad no se define tanto por la conjunta.
complejidad tecnológica de su producción, sino más
bien por el hallazgo de estos productos en contextos En el nordeste peninsular, uno de los rasgos que
singulares, formando parte de ajuares funerarios de caracterizaba el neolítico medio era la proliferación
relevancia, como se detalla en el apartado siguiente. de enterramientos en fosa, formando auténticas ne-
crópolis. En estos momentos se inicia la construcción
Estos son algunos ejemplos que reiteran la impor-
de las primeras estructuras megalíticas de carácter
tancia y el incremento notable en las relaciones de in-
funerario. El rito de inhumación (individual o doble)
tercambio intergrupales en este momento. También
practicado es uno de los principales elementos dife-
en el registro funerario se detecta un aumento en la
renciadores frente al neolítico final – calcolítico. El
distancia social, lo que incide en la percepción de la
apogeo del megalitismo en tierras catalanas se loca-
consolidación de algunas élites.
liza a fines del IV milenio cal a.C., con la aparición
de los llamados sepulcros de corredor evolucionados
Soriano, 2013.
30 o galerías catalanas, y durante la primera mitad del
Rovira y Montero, 2011.
31
III milenio, con la construcción de dólmenes sim-
78 PRotoHISTORIA DE LA PENÍnsula ibÉrica

ples y cistas megalíticas32. La planta y dimensiones tructuras de combustión en este nivel hace pensar en
de estas arquitecturas funerarias son muy variadas, y acciones rituales o profilácticas. Al igual que en otras
no se reconoce de forma clara una evolución entre áreas peninsulares, el uso del fuego en las sepulturas
los diferentes tipos de sepulturas. En cualquier caso, está bien atestiguado en el mediterráneo, y afecta en
todas las variedades están destinadas a recibir inhu- ocasiones a los restos humanos de forma parcial.
maciones sucesivas, ya sea a través de un rito de tipo Otra zona geográfica en la que el registro funera-
primario o secundario.
rio es bien conocido corresponde al área central del
Los hipogeos o cuevas artificiales son, tal vez, el mediterráneo. También aquí, aunque con un registro
tipo de sepultura que está recibiendo más atención poco destacado, se ha establecido que la utilización
en los últimos años. Al igual que las sepulturas mega- de cuevas con carácter funerario pudo iniciarse en las
líticas, su apogeo se detecta a lo largo del III milenio primeras fases del neolítico38. La función sepulcral de
cal a.C. y desaparecerán a partir del inicio de la Edad las cuevas junto a la ausencia de arquitectura megalí-
del Bronce; la presencia de cerámica campaniforme tica y un ritual específico –inhumación múltiple– se
en los hipogeos de la zona catalana se considera una consideran rasgos característicos del IV y III milenio
constante33. La tipología y dimensiones de estas es- en tierras valencianas. Tradicionalmente se ha consi-
tructuras varía en función de la zona geográfica y derado que este ritual se desdibujaba a lo largo del
también de la naturaleza de la roca en que son ex- horizonte campaniforme, cuando aparecían inhu-
cavados (granito, arenisca, granito descompuesto o maciones en fosas o silos al interior de los poblados,
“sauló”, arcilla). Se considera que estas covachas con preludiando de alguna manera la evolución hacia la
corredor o pozo de acceso son, por lo general, de pe- Edad del Bronce. Los trabajos recientes ponen de re-
queñas dimensiones y carecen de complejidad cons- lieve un panorama de mayor complejidad.
tructiva34. En Cataluña se han localizado en la zona
costera y prelitoral. Los hipogeos mejor conocidos Además del uso sepulcral de cavidades, trabajos
son los excavados en fechas recientes: Costa de can recientes indican que los enterramientos en el interior
Martorell muestra la inhumación de unos 200 indi- del hábitat también se practican desde momentos an-
viduos en un corto lapso temporal, entre los que el teriores al final del ciclo neolítico. Esta sencilla forma
segmento de edad mejor representado son los adul- de enterramiento está presente desde el V milenio
tos35. Llama la atención el escaso ajuar que se de- a.C., quizás reaprovechando estructuras excavadas
positó en esta sepultura, que comprende de forma con otro fin, como muestran algunos yacimientos:
casi exclusiva puntas de flecha en las que se recono- Costamar, Tossal de les Basses39 y La Vital. Las inhu-
cen fracturas de impacto, lo que permite intuir un maciones en silos o fosas en el espacio habitacional
episodio de violencia. Por el contrario, la excavación conviven con el periodo de desarrollo y utilización de
del hipogeo de Carrer París de Cerdanyola36 muestra las cuevas de enterramiento múltiples. Las diferen-
la deposición de ajuares más abundantes y variados cias se aprecian no sólo en el tipo de sepultura, sino
junto a los inhumados: puntas de flecha, cerámicas también en el ritual de deposición.
lisas y campaniformes, evidenciando una tendencia En este caso –enterramientos en estructuras ex-
diferente en el ritual. cavadas– el ritual identificado es variado: en su ma-
El uso funerario de cuevas naturales es bien cono- yor parte corresponde a inhumaciones individua-
cido en el ámbito catalán, y ya se documenta desde los les, de carácter primario o secundario; en ocasiones
inicios del neolítico. Como ejemplo de la utilización los inhumados aparecen prácticamente enteros, en
de cavidades con esta finalidad destacaremos el nivel otros casos son restos parciales. Tampoco se rastrea
9 de la secuencia de Can Sadurní, donde se localiza una composición clara de los materiales depositados
el depósito de unas 300 inhumaciones primarias y como acompañamiento de los difuntos (Fig. 6). En un
sucesivas, con ajuar del que forman parte puntas de mismo territorio cabe encontrar poblados con sepul-
flecha, botones de marfil, cerámicas –algunas cam- turas que contienen ajuares de cierta relevancia (por
paniformes– a lo largo del neolítico final-calcolítico. ejemplo, La Vital), mientras que en otros poblados
Las dataciones obtenidas en este yacimiento sitúan (Arenal de la Costa) los depósitos son irrelevantes40.
este amplio periodo entre finales del IV y la primera Además de estas dos situaciones, el registro fune-
mitad del III milenio cal a.C.37 La presencia de es-
rario muestra una mayor complejidad: por un lado
destaca la aparición frecuente de restos humanos
32
Tarrús, 2003. dispersos en los asentamientos, sin una ubicación
33
Tarrús, 2003.
34
Petit y Pedro, 2005.
35
Mercadal, 2003. 38
Bernabeu et al., 2001.
36
Francés et al., 2004. 39
Rosser, 2010.
37
Martínez y Edo, 2011. 40
García et al., 2013.
hacia las sociedades complejas (IV y III milenio cal b.c.) en la iberia mediterránea 79

Figura 6. Además de cerámicas, los ajuares funerarios ofrecen un amplio repertorio de adornos hechos de hueso, sílex,
ámbar, lignito y de otros materiales. Objetos del Neolítico Final / Calcolítico de la Cueva de la Pastora (Alcoy, Alicante).
Fotografía O. García.

ordenada y sin elementos de ajuar41; por otro, cada primeros resultados obtenidos remarcan el interés de
vez es más reiterativa la deposición ritual de animales estas líneas de investigación: en Cova de la Pastora
domésticos en estructuras localizadas al interior de –un enterramiento colectivo bien conocido desde su
los poblados (silos, fosas), aislados o acompañando descubrimiento en los años 40, por el carácter espe-
alguna inhumación (Fig. 7). Sin profundizar en el sig- cial que revisten las trepanaciones craneales– se han
nificado de las actividades o rituales que dan lugar a identificado un mínimo de 59 individuos, de los que
estos depósitos, vemos que, cada vez con más fuerza, buena parte corresponden al neolítico final. El análisis
están presentes en el registro de la Península Ibérica osteológico ha puesto de relieve la incidencia de pa-
a lo largo del IV y III milenio. tologías relacionadas con la salud oral (caries, pérdida
En tierras valencianas, las excavaciones recientes de piezas dentales, periodontitis) y claras deficiencias
de cavidades funerarias, como Cova d’En Pardo42, así nutricionales (cribra orbitalia, hiperostosis porótica);
como la reevaluación de enterramientos múltiples ex- sobre esta misma muestra poblacional el análisis de
cavados a mediados de siglo pasado, están aportando isótopos estables evidencia una dieta terrestre con
nuevas perspectivas no sólo en cuanto a cronología o altos niveles de proteína animal, sin indicación de
ritos sepulcrales, sino también al conocimiento de os- recursos marinos43, resultados a priori concordantes
teopatologías y paleodieta de estas poblaciones. Los con los obtenidos para otras poblaciones europeas
contemporáneas, sobre los que se sigue trabajando.

Bernabeu, 2010.
41

Soler, 2012.
42
McClure et al., 2011.
43
80 PRotoHISTORIA DE LA PENÍnsula ibÉrica

de teñido, depositada plegada, junto a un cráneo44. La


datación obtenida sitúa estos hallazgos en el último
cuarto del III milenio cal. a.C.45
Las investigaciones actuales reflejan también en
esta área una pluralidad de rituales en el registro fu-
nerario calcolítico. Entre las intervenciones recientes
señalaremos el carácter excepcional de Camino del
Molino, una cavidad en la que se localizó un enterra-
miento múltiple, en el que se han reconocido un mí-
nimo de 1300 individuos, cuyas edades abarcan todos
los segmentos de población, con escasos objetos depo-
sitados como ajuar, y acompañados de 50 cánidos46. Se
trata de un inmenso registro cuyo estudio permitirá
deslindar algunos de los aspectos menos conocidos de
un enterramiento múltiple, como el número mínimo
de individuos, la asociación de buena parte de la cultu-
ra material, conocer fases de uso y el proceso de depo-
sición de los depósitos, y manipulaciones posteriores,
visualizando de manera más detallada el componente
ritual. Las primeras dataciones indican la utilización
de Camino del Molino en un lapso temporal de unos
350-400 años, que se enmarca en la primera mitad del
III milenio cal. a.C. Atendiendo a la cantidad de in-
humaciones, resulta llamativa la escasez de elementos
Figura 7. Restos de un bóvido completo depositado en un silo
de ajuar recuperados en este depósito: algunas hachas
cerca de una tumba femenina de La Vital (Gandía, Valencia).
Este tipo de depósito ritual aparece en la Iberia mediterránea pulimentadas, puntas de flecha y otros elementos de
en el IV y III milenio a.C. Fotografía de los autores. sílex, muy pocos elementos metálicos (17 punzones,
una punta y un puñal de lengüeta).
Además de las inhumaciones múltiples, también
En el extremo meridional, el mundo funerario se en esta zona los depósitos funerarios en el espacio de
estructuraba a través de enterramientos en abrigos y hábitat, utilizando estructuras de almacenaje (silos),
cuevas o en estructuras megalíticas, sin que se detec- como se documenta en los poblados de Casa Nogue-
taran diferencias significativas en los contenidos en- ra y Molinos de Papel47. A buen seguro los trabajos en
tre ambos tipos de sepulturas. Los enterramientos en curso no sólo ampliarán los datos actuales sino que
sepulturas megalíticas, se vinculan al área andaluza abrirán nuevas perspectiva de investigación sobre el
mundo funerario.
y al desarrollo del mundo millarense, tal como refle-
jan determinados elementos de la cultura material,
como los vasos de yeso y de piedra, cerámicas pin-
La expresión de las ideas: el repertorio simbólico e
tadas, entre otros objetos. Y aunque geográficamente ideológico
se circunscriben a sectores occidentales de Murcia,
hay que destacar la coexistencia en el espacio con En la fachada mediterránea encontramos una diver-
cavidades de uso sepulcral. Aunque buena parte de sidad de expresiones simbólicas y elementos de cultura
los depósitos sepulcrales del ámbito murciano fue- material que permiten conocer no sólo el alcance de los
ron excavados hace años, la notoriedad de algunos contactos e interacciones, facilitando la delimitación de
ajuares hace obligada su mención. La naturaleza del diferentes territorios, sino también una aproximación
terreno (margas yesíferas) ha posibilitado la conser- al mundo ideológico de las comunidades.
vación excepcional de objetos de naturaleza orgánica Hay que destacar la aparición reciente en el nor-
en este área, posibilitando recuperar piezas singulares deste de elementos singulares de arte megalítico: es-
en algunos yacimientos, de los que Cueva Sagrada es telas y estatuas-menhires, algunas con rasgos antro-
uno de los mejores exponentes. En esta cavidad se re-
gistran al menos tres inhumaciones, acompañadas de
esteras, cordeles y alpargatas de esparto (Stipa tenaci-
44
Ayala 1987.
45
Eiroa, 2006.
sima L.), restos de cuero, recipientes de madera, flo- 46
Lomba et al., 2009.
res y fragmentos y una túnica de lino, con evidencias 47
Álvarez y de Andrés, 2009.
hacia las sociedades complejas (IV y III milenio cal b.c.) en la iberia mediterránea 81

pomorfos. Estas manifestaciones se enmarcan en la


estatuaria europea del neolítico final-calcolítico, y se
han recuperado tanto en contextos sepulcrales, en los
principales núcleos megalíticos, como habitaciona-
les48. El conjunto de estelas antropomorfas de Regue-
res de Seró, las estelas de Serra de Mas d’En Bonet, así
como las estatuas-menhir de Ca l’Estrada y Pla de les
Pruneres –éstas con rasgos antropomorfos esquemáti-
cos– conforman un panorama de creciente compleji-
dad y, aunque se revelan como símbolos con carácter
propio y singular, comparten rasgos con otros grupos
figurativos próximos49. En Serra de Mas d’En Bonet se
descubrieron los restos de seis estelas, fragmentadas,
en las estructuras habitacionales. Su particularidad
reside en la morfología –trapezoidal– y la presencia
de dos apéndices o cuernos tallados en un extremo.
Se descarta su consideración como simples elemen-
tos funcionales, interpretándose como representación
relacionada con el toro50. Las investigaciones en curso
en estos territorios se centran ahora en establecer la
conexión entre asentamientos al aire libre y sepulcros
megalíticos, así como el papel que tienen menhires y
rocas con grabados como marcadores territoriales.
En el área meridional, uno de los ejemplos conside-
rados para abordar el análisis no sólo de los contactos,
sino de las manifestaciones simbólicas, son los moti-
vos oculados, que se expresan de manera muy diversa.
Este símbolo aparece sobre soportes mobiliares de na-
turaleza variada (hueso, marfil, madera, caliza, pizarra,
cerámica, …), así como en las figuras rupestres pinta-
das y/o grabadas y en monumentos megalíticos, mos-
trando un diseño compositivo similar: ojos y tatuaje
facial, lo que se entiende como la representación de Figura 8. Ídolo oculado calcolítico de la Ereta del Pedregal
un mismo tema o ideograma (Fig. 8). Su distribución (Navarrés, Valencia). Fotografía del Museu de Prehistòria
enlaza un vasto territorio que comprende buena parte de València.
de la Península Ibérica a lo largo de IV y III milenios:
desde el sudoeste (Portugal) hasta el mediterráneo y
centro, evidenciando además de los movimientos e in- que no han dejado evidencia en el registro arqueológi-
tercambio de objetos, la circulación de información a co. El nordeste peninsular muestra relaciones con el sur
través de los contactos, que se plasma en un repertorio de Francia, pero también hacia el sur, como evidencia
iconográfico compartido entre comunidades próximas la circulación de herramientas pulimentadas; del mis-
y alejadas. Ello subraya el interés de profundizar en el mo modo, desde el área valenciana se rastrean interac-
conocimiento de estas redes a diferente escala, a tra- ciones con el área del sureste, ya desde los inicios del
vés de las cuales también la ideología circula y penetra neolítico51. Esa larga duración temporal se entiende a
en los distintos territorios, valorando su alcance en los partir de la creación de vínculos interpersonales, del es-
procesos de cambio cultural. tablecimiento y definición de identidades o la construc-
Las redes de intercambios y contactos se pueden ción de alianzas, pero también por el establecimiento y
trazar a diferente escala y nivel. A través de ellas de- mantenimiento de desigualdades, como puede reflejar
bieron circular personas y objetos, en algunos casos he- el consumo de bienes de prestigio, de uso restringido.
rramientas cotidianas, en otros artesanías singulares, y La fluidez de estas relaciones deriva de la variedad de
muy posiblemente un repertorio más amplio de bienes objetos, tecnologías, conocimientos y gentes que circu-
lan a través de ellas. Ahondar en su conocimiento am-
pliará nuestra visión de estas comunidades.
48
Tarrús, 2011.
49
Moya et al., 2010.
50
Rosillo et al., 2010. Orozco, 2000.
51