Sie sind auf Seite 1von 22

INTRODUCCIÓN

En la actualidad el asunto de las drogas es uno de los mayores problemas a los que
se enfrenta la sociedad. Cada día está más en auge y sus efectos son de lo más
diversos, desde la comisión de delitos y sanciones administrativas hasta problemas
de salud e incluso la muerte. En 2014, por ejemplo, se descubrieron más de cien
sustancias psicotrópicas nuevas en Europa, manteniéndose las pautas y tendencias
a largo plazo.

Sin embargo, surgen novedades en las pautas de consumo y en las respuestas Para
estudiar más a fondo el tema en cuestión, es necesario saber a qué tipo de drogas
nos estamos enfrentando y de qué manera se relaciona con la delincuencia.

La conducta criminal está influenciada por el ambiente inmediato en el que ocurre,


este no tiene un papel pasivo, sino que participa como elemento criminógeno
afectando al comportamiento y al proceso de toma de decisiones del criminal. El
crimen, a su vez, no se distribuye de manera azarosa, sino que se concentra alrededor
de ambientes que, por sus características, facilitan la actividad criminal.

Espero que este material llene las expectativas del lector y sirve como manual de
apoyo a aquellos estudiantes interesados por el estudio de la criminología.
INFLUENCIA LA DROGA Y EL MEDIO AMBIENTE EN LA
CRIMINOLOGÍA.

Las drogas y la criminología

Concepto de Criminología.

La Criminología es la ciencia empírica e interdisciplinaria que se ocupa del delito, del


delincuente, de la víctima y del control social del comportamiento desviado

Concepto de la Drogadicción.

Como drogadicción se denomina la adicción a las drogas. Como tal, la drogadicción


supone el consumo recurrente, abusivo y autodestructivo de sustancias de efecto
estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno, con graves consecuencias para la
salud tanto física como mental del individuo.

El consumo de drogas en relación a la conducta delictiva es un problema social que


está en auge y por ello ha despertado el interés entre investigadores, políticos,
legisladores y medios de comunicación de masas a lo largo de los últimos años. Este
interés ha venido motivado principalmente por los elevados costes humanos,
económicos y sociales, entre otros, que representan para la sociedad.

A la hora de analizar estos dos fenómenos de manera aislada, desde una perspectiva
histórica, han dado lugar a un gran conjunto de datos empíricos que han facilitado su
comprensión. De todos modos, ni el consumo de drogas ni la delincuencia han podido
ser explicados en su totalidad, dado que se trata de fenómenos complejos, en los que
intervienen una gran variedad de factores potencialmente causales.

Pero a la hora de relacionarlos, el problema viene cuando hay que decidir cuál es la
causa y cuál es la consecuencia. Y es que tanto si el punto de partida es el análisis
del consumo de drogas como si lo es la conducta delictiva, resulta difícil apartar la
existencia de ciertas características comunes a ambos fenómenos.
En efecto, se habla de un aumento en el consumo de drogas ilegales, como así
también en el abuso de psicofármacos en Argentina. Y, por otro lado, se ha visto un
aumento considerable en materia de criminalidad con un excesivo uso de la violencia
en los delitos.

Obviamente esto no es casual en un país donde los mecanismos de control social se


han relajado sobremanera, sumado a la desintegración de la unidad familiar y la baja
en la calidad educativa. Igualmente, es interesante tener en cuenta estas dos últimas
variables, ya que en el curso del presente trataremos de dar cuenta que la reducción
de estas dos Instituciones (Familia y Educación) operan como factores de riesgo a la
hora de que un sujeto incurra en conductas adictivas y cometa delitos.

Aspectos legales y criminológicos

El problema de las drogas tiene un gr4ado de incidencia legal y criminológica, la


producción, el tráfico o la comercialización. El fenómeno del tráfico de drogas es delito
en la mayoría de países del mundo. El consumo de estas sustancias puede favorecer
a algunas formas de comportamiento criminal Intoxicación aguda por droga y delito.

El consumidor cuando se halla bajo la influencia de la droga, en estado de


intoxicación, tendrá reacciones las cuales pueden inducir a una conducta delictiva.

Clases de delitos

Se ha planteado a menudo la hipótesis de que la droga es un estadio o condición


previa a la delincuencia. Esto debe entenderse en el sentido de que la droga, por su
coste algunas veces muy elevado y por la dificultad de su adquisición, al ser
sustancias ilegales, da lugar a la delincuencia.

También es frecuente la comisión de delitos contra la salud pública en su modalidad


de tráfico de drogas, ya que el consumidor, para subvenir sus necesidades, se
convierte también, muchas veces, en pequeño traficante, bien entrando a operar en
las organizaciones o redes de tráfico como distribuidor o vendedor, lo que se conoce
como delincuencia relacional. También existe el comercio y tráfico de drogas por
sujetos que no consumen drogas, ya que su único fin es lucrativo.
La drogodependencia y su relación con el delito

La drogodependencia es un agente de incuestionable incidencia en la etiología.


Cuando se habla de él es imposible dejar de hacer consideraciones acerca del rol que
las drogas cumplen en su génesis y al tratar las toxicomanías no podemos omitir sus
aspectos criminológicos.

Si la criminología, tiene por objeto no sólo ni específicamente el estudio del delito,


sino que lo trasciende, ocupándose de la conducta humana peligrosa como fenómeno
individual y social, en su descripción, diferenciación, correlaciones y causalidad, surge
con claridad que las drogas ostentan un lugar de privilegio dentro de las múltiples y
complejas causas criminógenas.

Un drogadicto, por el solo hecho de serlo, no debe ser visto como un delincuente,
pero no se puede negar que tal condición lo enfrentará con más posibilidad y
frecuencia con las conductas peligrosas e ilícitas.

La acción negativa de la droga relaciona siempre, a quien está de cualquier forma


vinculado con ella, con el delito, aunque no llegue a cometerlo.

Si entendemos, con Grispigni, que "la peligrosidad criminal es la capacidad de una


persona para convertirse con probabilidad en autora del delito" el adicto, sin dudas,
la tiene. Todos representan una peligrosidad "latente", presta a materializarse ante
circunstancias desencadenantes.

Psicología de la delincuencia y factores de riesgo de criminalidad

De la psicología de la delincuencia se ha hablado mucho desde diversas ópticas


científicas o cuasi-científicas. El psicoanálisis entre ellos ha pretendido dar un cuadro
acabado de la cuestión sin incurrir en casuística empírica o bien, haciendo
elucubraciones de escaso contenido científico comprobable. No obstante estas
aclaraciones, es interesante hacer un recorrido muy somero sobre las principales
teorías que han dado cuenta de la psicología de la delincuencia, para tener claros los
procesos y mecanismos psicológicos que se dan en la misma, como así también, una
vez hecho el mismo, identificar factores de riesgo que nos puedan hablar de ciertas
probabilidades de un sujeto devenga delincuente. Las principales teorías explicativas
de la delincuencia.
Delitos relacionados con la obtención de la droga

El hábito, o sea, la adaptación del organismo a la droga y a la etapa subsiguiente de


dependencia, es decir, cuando ya se está sujeto a ella, psíquica o psicofísicamente,
hacen que el adicto trate de conseguirla a cualquier precio, sin medir las
consecuencias. Cuando es presa del síndrome de abstinencia y padece la dramática
sintomatología de la carencia, que puede ser suprimida sólo con la administración de
una nueva dosis, el "hambre de droga" –la "necesidad"- lo enfrenta con una dramática
situación que debe resolver sin demora, y el delito violento, caracterizado por su
impulsividad y agresividad, puede ser la única alternativa para obtenerla.

Son frecuentes los robos, hurtos, fraudes, estafas, asaltos, falsificación de recetas,
malversaciones, calumnias, chantajes, etc. Generalmente, intentan no ejercer
violencia contra las personas, pero cuando la situación supera esa posibilidad, se
cometen lesiones y homicidios.

La delincuencia en estas circunstancias puede ser individual o asociada, siendo


frecuente que se organicen grupos e integren bandas entre jóvenes adictos para
conseguir la droga, ya sea robándola directamente de farmacias y droguerías, o
logrando, mediante el delito, dinero para obtenerla, soliendo ser las primeras víctimas
familiares y amigos.

El adicto, inmerso en una degradación física, psíquica y moral, acepta cualquier


situación para lograr la droga, que llega a ser su única preocupación, resultando así
víctima de delitos. Comete actos que resultan perjudiciales para su propio patrimonio,
transformándose en presa fácil y codiciada de traficantes y usureros.

La prostitución también guarda relación con la droga. La mujer adicta no vacila en


vender su cuerpo para conseguirla, pero si bien el hecho individual tiene gran
importancia criminológica, el uso que de las drogas hacen los tratantes para arrastrar
a las mujeres a la prostitución lo es de manera superlativa. El empleo de las drogas
es uno de los instrumentos que han facilitado el auge del proxenetismo y ha permitido
abandonar, en muchos ámbitos, otros medios de sujeción que resultaban de mayor
riesgo para los tratantes. Es hacerlo contra la criminalidad en general.
Delitos cometidos bajo la influencia de la droga

Las características modalidades guardan generalmente relación con el efecto que la


acción tóxica de la droga produce en el sujeto. Serán actos violentos, cargados de
agresividad cuando se esté bajo la influencia de un estimulante, que se traducirán en
homicidios, lesiones, desacatos, etc. en muchos casos la presencia de otros
componentes, como la ansiedad, el temor, el pánico, etc., dan al delito peculiares
características.

Las perturbaciones perceptivas producidas por los alucinógenos ya sea por sí misma
o generando delirios de distinto contenido son frecuentes causas de delito. Desde el
conductor alucinado que produce un accidente fatal hasta el que mata ante visiones
terroríficas y amenazantes, existe una gama de posibilidades.

Delitos por omisión también pueden ser originados por drogas, ya sea por el efecto
propio de las depresoras o el "paradójico" de los estimulantes.

Sabemos que el organismo sufre las modificaciones específicas que la acción de las
drogas le genera y en tal sentido se producen sus efectos, pero éstos pueden ser
paradójicos y contrarios a los esperados, eventualidad que debe siempre
considerarse para efectuar la correcta valoración de los hechos.

Delincuencia asociada

Importancia de las asociaciones criminales.

Esto es evidente, sobre todo hoy cuando las grandes compañías industriales y
comerciales legales parecen tener un exacto paralelo en los grupos que se dedican a
las actividades delictivas.

La elección relativamente libre, de las asociaciones a que uno ha de pertenecer: grupo


de amigos, clubes, centros de diversión y otras asociaciones, entre ellas las
criminales, antisociales. Hay, bandas, especialmente juveniles, dedicadas a que sus
miembros hallen facilidades para drogarse o beber alcohol.

Las asociaciones criminales son principalmente urbanas, aunque no faltan casos


rurales, (campesinos que elaboran cocaína). Se ha podido comprobar que la
delincuencia asociada en mucho mayor, en número y de gravedad que en las llevadas
a cabo por criminales aislados.
Son relativamente escasas las bandas o sectas integradas exclusivamente por
mujeres aunque abundan las constituidas exclusivamente por hombres. Hay mayor
número de mujeres en grupos pequeños, como las parejas; eso sucede en el aborto
y el infanticidio, la ejecución es frecuente en adolescentes y jóvenes.

Clases de asociaciones criminales

Haciendo la advertencia de que existen tipos intermedios difíciles de encasillar, por


un lado, tenemos las asociaciones en las cuales el delito es una obra planeada, en
que existe una racional distribución de medios y actividades, que se da en una
organización previa a la acción delictiva, similar a otras asociaciones legales.

Dentro de este grupo se hallan la pareja delincuente, la banda criminal y la secta. Por
otro lado, tenemos asociaciones meramente circunstanciales y pasajeras; no existe
una planificación cuidadosa ni permanente, sin fines claros a perseguir, se trata de
amorfas sin estructuración definida.

Modelos explicativos de consumo de drogas y relación con la


comisión de delitos

Ya hemos visto que tanto el consumo de drogas como la criminalidad presentan


factores de riesgo en común. Tal es así, que, en el caso de la criminalidad, un factor
de riesgo es el consumo de drogas. Lejos de agotar la temática en este punto es
interesante ver cómo algunos autores han tratado estas cuestiones. Por otro lado,
creo que sería estéril plantear que el consumo de drogas lleva a la criminalidad, y
viceversa. Sería una dicotomía que nos puede retrotraer a quién nació primero, si la
gallina o el huevo.

Por lo tanto, lo que quiero hacer en este apartado es presentar la discusión al


respecto, y ver la tensión que se observa entre estos dos fenómenos; es decir el
consumo de drogas, y la criminalidad, que como dijimos más arriba, nos abocaremos
exclusivamente al microdelito.

Un autor muy interesante en esta línea es Nicholas (Nicholas, 2001), quien señala
cinco temáticas en relación al tópico de las drogas y su relación con el delito:

 El suministro y el uso de drogas ilícitas, las cuales en sí mismas constituyen


un delito.
 El desarrollo de organizaciones criminales dedicadas al comercio de drogas
ilegales, y la comisión de crímenes como asesinatos, corrupción de la policía,
y el uso de la violencia para facilitar las actividades del tráfico ilícito de drogas.
 La comisión de delitos bajo la influencia de drogas ilícitas.
 La comisión de delitos para obtener dinero para comprar drogas.

En efecto, en todos los casos de los autores analizados, surge esa complejidad, que
es bien propia del accionar del sujeto. Cada cual posee sus propias características.
Pero igualmente, es interesante resaltar que confluyen en algún punto en común
cuando se habla de subcultura criminal y cuando enumeramos los factores de riesgo,
tanto de criminalidad como de consumo de drogas.

Si bien no son determinantes, y esto es lo que el paradigma de la Gestión del Riesgo


siempre plantea, sí por otro lado nos marcan una línea común a seguir como así
también las presencias de los mismos nos hablan de la probabilidad de aparición de
determinados patrones conductuales en los sujetos que los presentan.

Modelo de atribución

Como se ha señalado, la conexión entre droga y delito reconoce, siguiendo a


Goldstein, tres tipos de asociación: una conexión sistémica, una económico-
compulsiva y una psicofarmacológica. La conexión sistémica comprende cualquier
delito, distinto del de tráfico, que se cometa en el contexto del mercado ilegal de
drogas, lo que generalmente responde a luchas que comprometen a productores,
intermediarios y consumidores en la búsqueda de ventajas de mercado. Los delitos
más habituales son organizacionales y transaccionales que incluyen robos y
sustracciones de drogas entre traficantes o enfrentamientos entre traficantes y policía.

En este estudio se amplía el modelo de Goldstein al considerar también como delito


sistémico el tráfico mismo, aunque se hará la distinción entre delito contra la ley de
drogas y delitos concomitantes que resultan de la operación de las redes de
producción e intercambio de drogas (delito dentro del mercado de drogas). La
información sobre esto último se obtuvo por autorreporte a través de la pregunta
“¿Podría decirme si este último delito por el que ha sido condenado tuvo que ver con
luchas o peleas entre traficantes o entre traficantes y la policía?”.
Estos delitos adquisitivos son muy comunes entre quienes declaran abuso o
dependencia de drogas, es decir, entre quienes muestran alguna forma de uso
compulsivo de drogas.

En el caso de las estimaciones realizadas se consideró como delito para conseguir


droga a cualquier delito que se declare que fue realizado con este fin, medido por
autorreporte con la pregunta “¿Lo hizo para comprar o conseguir droga?”. De esta
manera, se amplía el modelo de Goldstein, ya que, como se ha señalado, el objetivo
no es ver sólo el vínculo con la violencia, sino con cualquier tipo de delito.

Ahora bien, como el delito adquisitivo puede ser objeto de sobredeclaración, dado
que sirve de excusa para muchas actividades delictivas, se hace necesario precisar
la asociación económica entre droga y delito mediante evidencia complementaria
acerca de abuso y/o dependencia.

El porcentaje atribuible como delito económico-adquisitivo será el dado por la


proporción de infractores, del total que declaran haber cometido el delito para adquirir
drogas, que marca dependencia de alguna droga al momento de cometer el delito por
el que está condenado.

La dependencia ha sido obtenida por autorreporte mediante el cuestionario DSM IV,


que incluye medidas de privación, tolerancia y uso compulsivo para marihuana y
alguna cocaína (cocaína o pasta base).

Las drogas en los ambientes cotidianos

49Actualmente el consumo de determinadas sustancias como el cannabis acontece


casi como un hecho cultural. Hemos analizado que tanto los informantes como los
sujetos objeto de estudio han señalado a esta sustancia como de alta ascendencia
en los grupos de adolescentes. Coincidimos con los hallazgos de Brackenbury, Ladd
y Anderson, ya que mientras no existan indicios de conductas adictivas, podemos
analizar su uso como un hábito no integrado adecuadamente.

La rápida generalización de su consumo preocupa a las familias y desubica a los


propios adolescentes. Para ellos como para muchos adultos, “los porros no son
droga”, no llegan a adquirir esa categoría, puesto que toda droga supone una
adicción, y la consciencia de sumisión no despierta ese instinto como tal. Inicialmente
el objetivo del consumo de sustancias responde a un uso recreativo y moderado, pero
a medida que se generaliza puede vincularse a otras prácticas de riesgo. Faltar a
clase, protagonizar actos violentos, tener problemas con los padres o conectar con
otros colectivos socialmente desviados. Estas situaciones muestran mayores
posibilidades de verse involucrados en una trayectoria delictiva.

Los adolescentes construyen sus idearios en función de sus experiencias, añadiendo


a lo conocido su particular visión de la práctica. ya que entienden que tanto las
experiencias positivas como las redes de apoyo que envuelven a los adolescentes
constituyen un auténtico salvoconducto para su recuperación. Sin embargo, aquellos
que se asientan en la fragilidad sucumben a la seducción del consumo. Los tópicos
ayudan en su referencia.

Algunos números

La estadística sobre estas cuestiones en Argentina está desordenada y se deben


buscar varias fuentes a la hora de armar un cuadro de situación lo más fiel posible a
la realidad. Existen estadísticas propias de los diversos Servicios Penitenciarios
donde se detalla la cantidad de condenados que son consumidores de drogas y por
lo tanto realizan tratamientos específicos en tales recintos, como así también los
organismos que atienden esta problemática de manera ambulatoria donde se
pretende dar un tratamiento específico siendo que se considera que el consumo es
“causa” de la criminalidad, y la medida cautelar o de protección va en esa vía, dejando
de lado la pena privativa de la libertad.

En otro orden de cosas, siguiendo con los números expuestos, también los mismos
son parciales. No nos hablan de los lugares de residencia ni de origen de los
consumidores, como así tampoco dónde son alojados una vez condenados, o bien,
qué medidas judiciales se han impuesto sobre los mismos por los delitos. Obviamente
no deja de ser significativa, vuelvo a insistir, la correlación entre ambas problemáticas,
pero todos estos cuestionamientos nos hablan de la complejidad de su manifestación
y análisis, como así también la intervención sobre las mismas.

Cuando se agrega el alcohol, la estimación global del delito psicofarmacológico sube


a 53,6% (Tabla Nº 1), lo que indica que algo más de la mitad de los delitos adultos
está relacionada con alcohol y/o drogas. El alcohol interviene en la atribución
psicofarmacológica de un modo directo (el delito se cometió cuando estaba bajo la
influencia del alcohol) o bien indirecto (cuando la víctima lo estaba).

La influencia directa del alcohol es similar a la de las drogas ilegales, ya que casi 10%
de los delitos se cometen con alcohol y otro 14% con alcohol y drogas al mismo
tiempo, de modo que el alcohol está presente, al igual que las drogas, en alrededor
de uno de cada cuatro delitos.

Asimismo, casi el 9% de los delitos se cometen con una víctima que se reconoce bajo
la influencia del alcohol o drogas, pero en este caso no se dispone de una pregunta
contrafactual que permita atribuir causalidad a esta relación ni se ha podido
diferenciar el tipo de sustancia comprometida en el delito.

Una manera indirecta de atribuir causalidad en este caso es distinguir aquellos delitos
en que se reconoce la intoxicación de la víctima, pero no del victimario, en la comisión
del delito (lo que refuerza la hipótesis de que la incapacidad psicofarmacológica de la
víctima pudo motivar el delito en un contexto en que el victimario permanecía
completamente alerta): según los datos disponibles, el 27% de los delitos que
presentaron víctimas bajo la influencia de alcohol o drogas se cometieron con
victimarios alertas, lo que haría descender la atribución total correspondiente a este
ítem de 9% a 2,4%.

La aproximación a los espacios delictivos

La relación de los adolescentes con los espacios delictivos se debe principalmente a


efectos condicionados por lo ajeno. plantean tres circunstancias: a) el adolescente se
relaciona con un grupo en el que desea destacar por encima del resto hacerse el
importante; b) necesidad de liquidez económica para acceder a los bienes de
consumo materiales y/o drogas deseados, y que le imposibilita acceder por otra vía;
c) para satisfacer sus aspiraciones y alcanzar un bien de consumo valorado por su
grupo de referencia.

La causa que genera el delito durante las primeras fases de irrupción delictiva la
encontramos en a) y en b), que se integran en las trayectorias ACLTI y ACLTM. Pero
es en c) donde se establece la identidad delictiva, asociada a una trayectoria
consolidada.
La socialización en el ocio recreativo no supervisado se presenta como importante
espacio para el intercambio y el fortalecimiento de las relaciones. la tolerancia a
patrones desviados en el seno grupal favorece el mantenimiento de la trayectoria
delictiva. Los resultados nos informan que a medida que las trayectorias delictivas se
agravan, los consumos se incrementan, y los mecanismos de control social pierden
ascendencia para el ACL. Existe relación entre el abuso de drogas y el afianzamiento
de los riesgos. Otros investigadores, como, detectaron concordancia entre los delitos
violentos durante el fin de semana y las pautas de consumo de drogas de los
adolescentes en espacios recreativos mayoritariamente nocturnos.

El medio ambiente geográfico.

La Criminología medioambiental es una disciplina que comienza a abrirse camino


durante los años 70, momento en el que sus precursores, mayoritariamente del
ámbito anglosajón, comienzan hacerse eco de la necesidad de abordar el estudio del
daño ambiental a través de la Criminología.

Siguiendo esta línea, cada vez más autores llevan a cabo sus investigaciones
criminológicas desde una perspectiva medioambiental, estudiando el daño ambiental
en sus distintas manifestaciones. De este modo, se ha ido consolidando un nuevo
ámbito en el saber criminológico que aborda numerosas cuestiones. Así, a
continuación se dará cuenta del origen de la Criminología medioambiental, se
analizará en qué consiste y se destacarán algunos de los aspectos conexos que más
relevancia han tenido en los últimos años, realizando una revisión bibliográfica y
otorgando una visión general de la disciplina.

Montesquieu, fue el primero en enunciar una regla acerca de las regiones una regla
acerca de las regiones entre el clima y la delincuencia. Los delitos contra las personas
crecen a medida que nos acercamos al "Ecuador" y a las regiones calurosas, a
medida que nos alejamos del "Ecuador" y nos acercamos a las regiones frías, los
delitos contra la propiedad.

Adquiere mayor relieve porque los sociólogos buscan explicar los fenómenos sociales
como consecuencia de los factores ecológicos, originada en el campo de la botánica,
es provechoso para el estudio de los fenómenos sociales humanos, estudio de la
habitación, la movilidad, concentración de la población en las urbes, etc. para el
estudio de la delincuencia y los fenómenos sociales en general.

Medio ambiente físico y criminalidad.

Lombroso llamó la atención sobre las repercusiones del medio ambiente físico en el
número y especie de los delitos. Halló poca relación entre geología y delito, solo por
caminos indirectos, (provocando alteraciones en la alimentación), yodo y la aparición
del bocio endémico.

En la orografía, la montaña, inclina preferentemente a los delitos contra las personas.


En los llanos predomina los delitos contra la propiedad y las violaciones. El primer
fenómeno lo atribuyó a que las montañas favorecen las emboscadas y que allí habitan
las poblaciones más activas; luego en lo tocante a las violaciones fue atribuido al
hecho de que en los llanos la población se encuentra más concentrada.

Delincuencia Costeña, sobre mares tropicales y templados, el mar posee un especial


poder erógeno, lo que explicaría el predominio de los delitos sexuales, la montaña
daría lugar a la criminalidad violenta.

el concepto de daño ambiental es muy amplio y los puntos de vista desde los que se
abordan los estudios criminológicos en este ámbito son también muy variados. Por
ello, no es posible describir pormenorizadamente todos los elementos que trata esta
disciplina. No obstante, podemos distinguir una serie de temas recurrentes en la
bibliografía criminológico-ambiental que debemos destacar.

Partiendo de la clasificación de Walters (2016), dentro del objeto de estudio de la


Criminología medioambiental podemos destacar tres ámbitos: el delincuente, la
víctima y el delito en sí mismo. Esta clasificación se corresponde con la definición de
Criminología que da García-Pablos de Molina, según la cual la Criminología tiene por
objeto de estudio el delincuente, el delito, la víctima y, añade, el control social del
comportamiento desviado.

Así, en primer lugar, en relación con estudio del delincuente, resulta especialmente
relevante en el ámbito de la Criminología medioambiental el papel del Estado,
empresas y organizaciones que obtienen beneficios de la explotación del medio
ambiente.
Delitos violentos y delitos contra la propiedad

El modelo tripartito de Goldstein fue construido para estimar la relación entre drogas
y violencia delictiva, algo que se puede realizar con los datos de autorreporte
disponibles y a partir de las atribuciones realizadas. Los delitos violentos incluyen
robos con intimidación o violencia, agresiones sexuales y homicidio, mientras que los
hurtos, robos simples y robos con fuerza en las cosas son clasificados como delitos
contra la propiedad.

El 25,2% de los delitos violentos que comete la población adulta está relacionado con
drogas, una cifra muy similar a la que se obtiene entre adolescentes (24,8%). En
cambio la relación con los delitos contra la propiedad es inestable: entre adultos los
delitos contra la propiedad relacionados con drogas pueden alcanzar hasta 33%, casi
ocho puntos por encima que los delitos violentos, pero entre adolescentes son menos,
solamente 18,6%, seis puntos menos que los delitos violentos. En población adulta,
la diferencia prácticamente desaparece cuando se comparan robos simples y robos
con violencia que marcan cifras alrededor del 30%, pero resulta muy significativa
cuando se comparan robos y delitos violentos como violación y homicidio: apenas el
10% de estos últimos puede atribuirse a drogas.

El Clima

Sobre todo, sus componentes de temperatura y humedad. Según Lombroso; el calor


excesivo conduce a la inercia y a sentimientos de debilidad, como consecuencia, a
una vida social caracterizada por extremismos que, a manera de espasmos, va, desde
la anarquía completa a la más absoluta tiranía.

El frío moderado, induce a reacciones enérgicas y activas, el frío excesivo termina por
moderar la actividad nerviosa e inhibe todo lo que implique gran consumo de
energías. Según Lombroso, el clima opera fundamentalmente a través de influencias
excitantes o inhibitorias ejercidas sobre el sistema nervioso. También ejercen ciertos
vientos, sobre todo los que portan olas de calor, sobre alteraciones producidas en el
organismo, y repercuten en la delincuencia, relación directa entre los vientos cálidos
y delitos de violencia sexuales.
Criminalidad urbana y rural.

En la rural es menos que en la urbana, pero, en la ciudad son más leves. Existen
delitos típicos rurales como el abigeato, destrucción de sementeras, y otros más de
ciudades que rurales, como la estafa, bancarrotas, falsificaciones que requieran de
alta técnica, fabricación y expendio de estupefacientes, vicio comercializado, etc. La
urbana es de tipo propiamente fraudulentos, mientras que la delincuencia campesina
es de tipo violento.

En proporción de cantidades es mayor en las ciudades, y para explicar se puede decir


que la ciudad ha destruido o relajado los vínculos familiares y vecinales, en el campo
aún es fuerte. La ciudad ofrece mayores tentaciones pro la esperanza de la ocultación
y el anonimato, incrementa el número de necesidades, el vicio comercializado
(alcoholismo, diversiones nocturnas, drogas, estupefacientes, juego, prostitución) las
bandas infantiles y juveniles son fenómenos urbanos.

Habitación – Movilidad – Barrios intersticiales.

Habitación.

Ejerce influencia sobre la criminalidad cuando la habitación carece de sol, luz, aire y
comodidades, por causa de pobreza, no se suele considerar como verdadera sede
del hogar, los adultos prefieren la taberna, los amigos y dejan de ejercer próxima
vigilancia sobre los niños. Estos prefieren la calle, la banda, la aventura, etc. Hay que
anotar que la habitación estrecha conduce a la promiscuidad, fuente de malos
ejemplos y hasta de delitos, sobre todo sexuales.

Movilidad.

Cuanto mayor es, más delitos provoca; la movilidad se refiere a las personas que
cambian realmente de residencia. El incremento de la criminalidad puede deber a dos
razones:

1) la movilidad excesiva implica carencia de un centro fijo, con la consiguiente


inestabilidad personal y familiar.

2) los inmigrantes deben buscara en cada lugar al que llegan, un nuevo ajuste cultural
el que se logra después de roces de muy variada intensidad, o no se logra.
Los barrios intersticiales.

Estos barrios se encuentran en los límites entre las secciones urbanas y suburbanas
o rurales que difieren entre sí notoriamente por caracteres sociales, raciales, políticos,
económicos, etc. allí suelen hallarse las bandas y delincuentes individuales que se
amparan bajo la protección ofrecida por la jurisdicción diferente: realizan sus delitos
en las ciudades y burlan o entorpecen la persecución pasando al suburbio.

El consumo de drogas tiende a ser alto entre las personas que han cometido delitos;
pero esto no quiere decir que la mayoría de los consumidores de drogas incurran en
delitos. La evidencia disponible en torno a esta relación está asociada, como es fácil
comprender, a casos de delitos efectivamente cometidos.

A partir de ellos y del examen de personas privadas de libertad por esa circunstancia,
se puede advertir que entre ellos los niveles de consumo son mucho más altos que
los mostrados en las tasas de prevalencia nacional. Estudios basados en test
biológicos en detenidos han encontrado tasas muy elevadas de consumo y
demuestran que la probabilidad de cometer un delito o de reincidir en la comisión de
un delito es mayor en quienes consumen drogas.

Sin embargo el hecho que estas personas sean consumidoras regulares de drogas
no relaciona directamente al consumo con la ocurrencia del delito; es decir, no prueba
que los delitos ocurrieran bajo la influencia de una droga o hayan sido motivados por
la necesidad de consumir una droga.

La economía ilegal de la droga y la inseguridad

El problema de drogas es también el de una economía ilegal. La decisión de la


sociedad de declarar la ilicitud de algunas substancias convierte automáticamente en
ilícitas las actividades asociadas a las distintas etapas de su puesta en acceso a los
ciudadanos para los cuales su uso o consumo ha sido declarado ilegal: cultivo,
producción, tráfico y comercialización. Se trata de una actividad económica o, si se
quiere, de un “negocio”, cuyas características y potencialidades principales en tanto
tal radican justamente en su carácter “ilegal”, esto es en el hecho de estar sustentado
en una prohibición.
La experiencia histórica enseña que en la medida que existan bienes y servicios
demandados por la sociedad que permanecen prohibidos, existirán los incentivos
para que prospere la actividad económica destinada a abastecerlos.

Esa actividad económica, al estar asociada a tal prohibición, automáticamente


calificará como ilegal, es decir en la categoría de delito y su práctica calificará de
manera igualmente automática como delito organizado. Desde ese punto de partida
se puede afirmar que existe una relación directa y automática entre el problema de
drogas y la (in)seguridad.

A esa vinculación directa es preciso agregar otra: puesto que esta economía ilegal
genera mercados igualmente ilegales, tales mercados no están sujetos a regulaciones
o normas ni están abiertos a procesos regulares de competencia.

En consecuencia las únicas normas y procesos regulatorios que pueden regir en ellos
son los que imponen los propios practicantes del negocio –esto es los delincuentes-
y la única competencia que puede existir para que el negocio prospere y se expanda
es la violencia.

El tráfico de drogas puede contribuir a explicar los altos niveles de homicidios en


algunos países de la región. No obstante, no hay evidencia suficiente para argumentar
que los cambios en las rutas del tráfico han generado bajas en las tasas de muertes
violentas, lo cual hace necesario poner atención a otros factores subyacentes.

Si se toma la lista de los países con mayores tasas de homicidio en el hemisferio, un


factor común es que se han visto afectados de manera notable por el tráfico de drogas
a través de su territorio.

Este es el caso de los países del Triángulo Norte (Honduras, El Salvador y


Guatemala) y Venezuela. La reciente intensificación del tráfico de drogas en estos
países, con la influencia mayor de organizaciones de delincuencia transnacional
mexicanas - en el caso de Centroamérica - y colombianas - en el caso de Venezuela
han sido señalados como factores claves que explican la intensidad de la violencia.

La causa que genera el delito durante las primeras fases de irrupción delictiva de
estos adolescentes se encuentra en el deseo de estos de satisfacer sus necesidades
y conseguir con ello la ascendencia del grupo de relación en el que socializa. Según,
la socialización de estos grupos de ACL se articula a través del desorden que suponen
su vida, sus relaciones y sus objetivos cotidianos.

El grupo de iguales se incrementa en función de los ámbitos en los que se relaciona


el adolescente, y también atendiendo el compromiso al que lo unan determinadas
circunstancias que generan riesgo. Desde estas posiciones, incide en que “el grupo
puede inhibir la responsabilidad individual, favorecer la excesiva dependencia y
conformismo, inhibir la toma de decisiones libre y personal o facilitar conductas
inadecuadas, entre las que se incluye el consumo de alcohol u otras drogas y otras
conductas problema”.

Atendiendo a ello, es interesante recuperar las aportaciones de Morán, quien plantea


que el grupo apoya estas acciones, y ello genera dinámicas de compromiso, tanto en
las acciones delictivas como en los consumos de drogas, o cualquier otra situación
que se vivencie internamente desde la capacidad de movilización grupal.

Dependiendo del nivel de gestión o contacto con la dificultad, el grupo asumirá control
sobre las manifestaciones delictivas reduciendo riesgos, o, por otro lado, ampliando
el espectro delictivo, incrementándolos.

Así pues, la asociación con otros iguales antisociales y consumidores constituye un


factor que las investigaciones han relacionado con la asunción de comportamientos
delictivos.

En aquellos grupos donde existe mucha diferencia de edad se fortalece la relación


entre delito y consumo de drogas. Por tanto, el estilo de vida del adolescente influye
en la relación de este con su entorno de referencia, sea con o sin drogas. refiere que
el mundo adulto tolera elevadas dosis de violencia, y que en este escenario el
adolescente actúa como por mímesis de un estilo de vida que identifica y proyecta;
por tanto, las drogas forman parte del escenario de estímulos que rodean al
adolescente en unión con otras persuasiones “tanto o más desafiantes que las
drogas”.

Las tasas de prevalencia tienden a ser mayores entre los adolescentes que, según
soportan diferentes carencias (abandono físico, emocional, trayectorias vulnerables
convergentes con la exclusión). La incorporación de nuevos factores de riesgo como
pudieran ser la delincuencia o el diagnóstico de patologías duales agrava la
dependencia del ACL. Es decir, las cifras más bajas estarían representadas por
adultos sin riesgos asociados, y la incidencia alta, por la asunción de riesgos paralelos
a la dependencia.

El cambio en los perfiles criminales responde a cambios en los tipos y prácticas de


consumo de drogas. los adolescentes con perfil no marginal rompen las grandes
tradiciones del estudio del delito, que explican este tipo de procesos de asociación
con el riesgo y la conducta deliberadamente antisocial.

Cuestiones victimológicas

La cuestión de las víctimas del delito medioambiental también es una de las más
estudiadas en el ámbito de la Criminología medioambiental.

En este ámbito destaca, en primer lugar, el estudio de los derechos de los ciudadanos
a un medio ambiente adecuado. En efecto, en los últimos años se ha abogado por el
reconocimiento del derecho al medio ambiente en el ámbito de los derechos humanos
(Zarsky 2002, Hiskes 2009, Anuar 2012, Lewis 2012, Orellana 2012, Nagaraja 2015,
Naseem 2015, Manou 2016). Este derecho no solo se reconoce para con la población
actual, sino también para las generaciones futuras (Hiskes 2009). Ciertamente, las
constituciones modernas ya reconocen dicho derecho. Así lo hace, por ejemplo, la
Constitución española de 1978 en su artículo art. 45, que indica: “todos tienen derecho
a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como
el deber de conservarlo”.

Activismo medioambiental

Desde la Criminología verde se aborda también el estudio de la reacción de la


sociedad ante el daño ambiental y las peticiones sociales en relación con el medio
ambiente. Así, “los movimientos medioambientales se han convertido en un elemento
central en la identificación, detección y prevención del crimen medioambiental”
(Walters 2016: 24). Ciertamente, el activismo en materia de medio ambiente ha
llevado al movimiento social medioambiental a involucrarse de forma dinámica en las
estructuras reguladoras. De este modo, los movimientos sociales en este ámbito se
institucionalizan y configuran como un grupo de presión, constituyendo un influyente
actor[i] en materia político criminal medioambiental.
CONCLUSIÓN

Una vez comenzado el presente trabajo, debo admitir, tenía una postura bien definida.
Ahora que estoy sobre el final, debo decir, que esta postura se ha ido diluyendo con
el discurrir de los apartados hasta llegado el presente. En efecto, cuando empecé a
escribir, consideraba que el consumo de drogas era determinante en un sujeto para
que el mismo delinquiera.

De hecho, lo consideraba al micro delito como un problema criminológico conexo a la


problemática del consumo de drogas. Habiendo analizado el estado del arte,
habiendo hecho discutir a los diferentes autores que se han encargado de relacionar
estas problemáticas, parece ser que la cuestión no es tan tajante ni clara. Más bien
la considero difusa y por, sobre todo, compleja. No existen causalidades
unidireccionales ni etiologías donde reducir estas cuestiones.

La influencia que en la criminalidad ejercen factores geográficos y ecológicos no


puede ser puesta en duda, sin embargo, hay que tener presente que las influencias
directas son menos frecuentes que las indirectas.
BIBLIOGRAFÍA

 Akers, R. L. (2006). Aplicaciones de los principios del aprendizaje social.


Algunos programas de prevención y tratamiento de la delincuencia.
 En Guzmán Dálbora J. L., y Serrano Maíllo A. Derecho penal y criminología
como fundamento de la política criminal: estudios en homenaje al profesor
Alfonso Serrano Gómez.
 Cairns, Robert, B. 2006. Lifelines and Risks: Pathways of Youth in our Ttime.
Nueva York: Cambridge University Press.

Webgrafía

 Relación de las drogas y el crimen:


https://journals.openedition.org/revestudsoc/346.
 Consumo de drogas y criminalidad: https://www.nacion.com/archivo/consumo-
de-drogas-y-criminalidad/V4X2GEE5JNEI7KAUTHJP7YD7ZI/story/
 El problema de las drogas y la criminología:
http://www.cicad.oas.org/drogas/elinforme/informeDrogas2013/drogasSegurid
ad_ESP.pdf
 criminología del medio ambiente:
http://crimina.es/crimipedia/topics/criminologia-ambiental-2/
 criminología ambiental: http://crimina.es/crimipedia/topics/criminologia-
ambiental/
Universidad Autónoma de Santo Domingo
(UASD)

Sustentante:

Arelis Rosario Cubilete

Matricula:

AH-6742

Asignatura

Criminología

Profesor:

Pérez Borquez

Tema:

Influencia de las drogas y el medio ambiente en la Criminología

Sección:

01

Fecha de Entrega:

23 de noviembre de 2019