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Anuario de Sexología © Anuario de Sexología A.E.P.S.

2008 | nº10 | pp. 125-134 ISSN: 1137-0963

Representaciones sociales
de la masculinidad y la feminidad
Enrique Gil Calvo
Facultad de Ciencias Políticas y Sociología
Campus de Somosaguas, s/n
28223 Pozuelo de Alarcón. Madrid
gilcalvo@telefonica.net

Estas ideas fueron presentadas en la Ponencia “Representaciones sociales de la masculinidad y la


feminidad”. XXIV Universitat d’estiu d’Andorra. Andorra, 27 al 31 d’agost del 2007.

Resumen
Hablar de representaciones sociales de la masculinidad y la feminidad no resulta sencillo,
pues el de representación es un concepto tan polisémico que usarlo a la ligera puede causar
muchos equívocos. Este artículo comienza por precisar primero el sentido en que se utiliza
aquí el concepto, para pasar después a su aplicación a los códigos socialmente aplicables a
mujeres y hombres que hemos heredado de la tradición occidental. Finalmente, me referiré
a la codificación asimétrica de las relaciones entre unas y otros, así como a su problemática
transformación actual en dirección a la equidad.

Palabras clave: Masculinidad, feminidad, identidad sexual, relaciones de género, equidad.

Abstract
Social representations of masculinity and femininity
To speak about masculinity and femininity social representations is not simple, because of the meaning
of representation: it is a polysemic concept and to be used it carelessly could cause a lot of mistakes.
This paper starts specifying the sense in which I am going to use it and covering later its application
to men and women’s social codes that we have inherited from Western tradition. Finally, I will refer
to the asymmetric codes of relationships between them, as well as its current problematic transformation
towards the equity.

Keywords: Masculinity, femininity, sexual identity, gender relationship, equity.


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1. Representaciones sociales: Y, finalmente, hay otros dos usos del término


roles y códigos “representación social” que sí se aproximan
bastante a aquello de lo que voy a hablar. El
El concepto de representación admite varios primero se refiere a la representación escénica
significados múltiples en función de su uso o representación teatral, de larga tradición
en uno u otro juego de lenguaje (Wittgens- en el campo de la sociología, que ha hecho de
tein). Así, por limitarnos a su utilización la teoría del rol o papel social a desempeñar,
en la jerga de las ciencias sociales, aparecen basada en la metáfora del juego teatral, uno
cuando menos cuatro campos semánticos. de sus fundamentos epistemológicos, siendo
Ante todo la representación metodológica, Erving Goffman uno de los últimos grandes
como sucede por ejemplo con la representa- maestros que con su metodología dramatúr-
ción gráfica o la representatividad estadística. gica contribuyó a renovar la teoría del rol
Este uso es asimilable a la cartografía, como social. Pues bien, aquí voy a utilizar el con-
cuando pensamos en que un mapa geográfico cepto de representación social en este mismo
o un callejero urbano representan a determi- sentido de máscara teatral, al entenderla
nada escala un territorio o una ciudad. Y como representación escenográfica. Es lo que
lo mismo ocurre con ciertos instrumentos en el campo de los estudios de género ya ha
metodológicos, como los datos demográficos venido haciendo Judith Butler (2001) a par-
o las estadísticas sociales, que representan de tir de su concepto de performance o mascarada
modo fidedigno ciertos fenómenos cuantifi- (interpretación o ejecución escenográfica).
cables de la realidad social. Por ejemplo, las
tasas de nupcialidad, la fecundidad extracon- Pero para representar bien un papel teatral
yugal o el antes llamado estado civil. No es hay que creer en él, pues de no ser así los
éste el uso del concepto de representación roles de género se convertirían en una mera
que yo utilizaré aquí, aunque los modelos de ficción. De ahí que el concepto de repre-
mujeres y hombres a los que aludiré estén sentación escénica haya de ser completado
por supuesto indirectamente relacionados con el de representación mental, de larga
con estas variables sociodemográficas. tradición en el pensamiento sociológico a
partir de Durkheim. Y esta concepción dur-
El siguiente juego de lenguaje en que se kheimiana de la representación mental está
maneja el concepto de representación en hoy encarnada por las obras de dos grandes
las ciencias sociales es el de la representa- autores recientemente desaparecidos: Pierre
ción política, como cuando hablamos del Bourdieu, con su concepto de capital sim-
Gobierno representativo por oposición a bólico asociado al habitus; y Mary Douglas,
otro autocrático, cuando decimos que los con su metáfora del pensamiento institucio-
parlamentarios representan a sus electores, nal codificado según la clase social (grid) y
o cuando criticamos el déficit de representa- la integración grupal (group). Pues bien,
tividad de los partidos políticos respecto de aquí hablaré de las representaciones sociales
sus bases sociales. También este uso del con- entendiéndolas en este mismo sentido como
cepto está relacionado con la materia que voy clasificaciones compartidas de la realidad,
a tratar, como revela la actual polémica sobre que permiten definirla, calificarla y codifi-
las políticas de paridad (cuotas de género, carla en términos morales.
acción afirmativa, discriminación positiva,
listas cremallera, etc.), siempre discutibles De este modo, las representaciones sociales
desde el punto de vista de la teoría pura de la de las feminidades y las masculinidades a las
representación política en un régimen demo- que aquí aludiré tendrán dos caras. De un
crático. Pero aquí no me referiré a este sen- lado serán roles teatrales: papeles reconoci-
tido del concepto más que indirectamente. bles que se ponen en escena para representar
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REPRESENTACIONES SOCIALES DE LA MASCULINIDAD Y LA FEMINIDAD

ante los demás un tipo definido y socialmente lucha por la vida que no todos logran supe-
compartido de feminidad o de masculinidad. rar con éxito. Aquellos que logran pasar la
Y, por otro, serán códigos morales: marcos prueba ascienden a la categoría dominante
interpretativos (frames) o encuadres cogni- de patriarcas u hombres de poder que ocupan
tivos con los que se define, se califica y se las posiciones revestidas de autoridad hacién-
juzga el comportamiento de las personas en dose cargo de las responsabilidades institu-
función de su género. Un concepto éste, el de cionales. Y los que pierden o se evaden de
framing, inaugurado por el propio Goffman las pruebas son apartados del común de los
con su Frame análisis (Goffman, 2006), que hombres para ingresar en la categoría margi-
hoy goza de múltiple aceptación y respaldo nal de monstruos estigmatizados u hombres
en el campo de las ciencias sociales (socio- de genio (ya sean geniales, sólo ingeniosos
logía política, estudios de opinión publica, o estén poseídos por su mal genio): pobres
etc.). hombres, malos hombres, hombres carismá-
ticos y hombres malditos.

2. Códigos de masculinidad Este esquema triádico puede resultar artifi-


cial, pues su único mérito es su sencillez eco-
Ante todo hay que darse cuenta de que no nómica. Pero tiene la ventaja de que escapa
existe un modelo único de masculinidad al modelo del hombre unidimensional, al
común, sino que siempre aparecen diver- que sólo se valora por su éxito social. De ahí
sos códigos plurales y contradictorios que que sea comparable a los modelos metodo-
compiten entre sí, por lo que el grado de lógicos que se han diseñado para superar el
masculinidad no puede ordenarse unilateral- reduccionista unilateralismo del homo econo-
mente en una sola dimensión jerárquica de micus, que sólo sabe perseguir y maximizar
más hombre a menos hombre. Por el con- su propio interés racional. El más famoso de
trario, hay varias escalas opuestas para medir estos modelos heterodoxos es quizá el pro-
la masculinidad, de modo que quien puntúa puesto por Albert Hirschman en su libro
alto en una escala puede puntuar bajo en Salida, voz y lealtad (1977), donde propone
otra. ¿Qué tipos de códigos plurales existen tres opciones estratégicas de elección racio-
para evaluar el nivel de masculinidad? Por nal, alternativas entre sí, que pueden ser
razones de economía son preferibles los códi- fructíferamente comparadas con el modelo
gos triádicos. tridimensional derivado de Lévi-Strauss. La
salida es la opción típica del homo economicus
En mi libro Máscaras masculinas (Gil Calvo, que abandona sus relaciones cuando le resul-
2005) he propuesto una tipología de tres tan disfuncionales para buscar otras más pro-
ejes de masculinidad fundada en el triángulo metedoras mediante la competencia de mer-
culinario de Lévi-Strauss que disecciona los cado. Pero la salida no es la única estrategia
campos culturales según el esquema sim- posible ante la insatisfacción, pues hay otras.
bólico crudo/cocido/podrido. Los hombres Una es la lealtad: permanecer fiel al compro-
crudos serían los jóvenes inmaduros en vías miso contraído sin desertar de él, a la espera
de desarrollo, los hombres cocidos serían los de que la relación se recupere y mejore. Y
hombres maduros legítimamente realizados la otra opción es la voz: elevar una protesta
como maridos y padres y los hombres podri- pública para abrir un conflicto y exigir nego-
dos serían los hombres fracasados y echados ciaciones, a fin de reformar la relación defici-
a perder. Así surge mi esquema triádico de taria haciéndola más satisfactoria.
héroes, patriarcas y monstruos. Los héroes
son los hombres de acción, puestos a prueba Pues bien, la salida es la opción del aventu-
mediante trabajos duramente competidos de rero hombre de acción, que sale fuera de su
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familia de origen para buscarse la vida en escala micro figuran todos los padres bioló-
el exterior, probando experimentalmente gicos o sociales que ejercen autoridad fami-
diversas relaciones laborales o amorosas liar o educativa: padres, maridos, abuelos,
para quedarse con ellas mientras le parez- tíos, tutores, hermanos mayores, maestros,
can beneficiosas y sustituirlas por otras profesores. Después están los patricios o
cuando ya no le resulten satisfactorias. La autoridades públicas, desde los ediles, con-
salida es también la opción del competidor cejales y alcaldes hasta los gobernantes y
de mercado que emula a sus rivales tratando demás padres de la patria. También apa-
de superarles, lo que aplicado a los héroes recen los patrones o autoridades privadas:
alude a la lucha por la vida de los jóve- propietarios, directivos, empresarios, ejecu-
nes que compiten entre sí en los mercados tivos, etc. Y luego está el lado oscuro de la
académicos, laborales y matrimoniales, en figura patriarcal: el padrino o capo mafioso,
busca de la mejor salida profesional y amo- que dirige autocráticamente una gran fami-
rosa que les permita integrarse y ascender lia criminal o una simple red de patronazgo
socialmente. Por su parte, la lealtad es la clientelar, dedicada al tráfico de influencias
opción del patriarca, obligado como está por que bordea la legalidad. Figuras de patriar-
sus compromisos sociales a hacerse cargo de cado moralmente negativo a las que pueden
sus responsabilidades sin poder evadirse de asimilarse los déspotas tiránicos familiares o
ellas. Y la voz es la opción del monstruo o civiles, según el modelo de personajes como
genio maldito, un transgresor que protesta Otelo, Lear o Macbeth: malos padres, mari-
y se rebela contra el orden patriarcal cons- dos agresores, políticos corruptos, patronos
tituido tratando de recrearlo o subvertirlo: explotadores, etc.
ésta es por ejemplo la opción del gay que
eleva su voz al salir del armario. Y queda finalmente el transgresor hombre de
genio, dispuesto a violar el espíritu y la letra
Pero por supuesto, cada una de estas tres mas- de la ley por deseo, voluntad de poder o puro
culinidades tiene diversas manifestaciones. placer. Esta tercera figura masculina aparece
En el repertorio del competidor u hombre de dicotómicamente escindida en dos imágenes
acción aparecen figuras como las siguientes. especularmente opuestas: una positivamente
En el extremo moralmente positivo destaca atractiva, la del genio creador (artista, lite-
el voluntario altruista (paladín, mártir, sal- rato, científico, sabio); la otra negativa, pero
vador), que se ofrece desinteresadamente a extrañamente fascinante, es la del héroe mal-
defender los derechos de los demás a costa de dito (psicópata, asesino en serie, torturador
los suyos propios, lo que caracteriza al héroe genocida, violador múltiple, …), pugnando
genuino: médicos, bomberos, etc. En el otro ambas por presidir el ranking de la popula-
polo moralmente negativo aparece la figura ridad mediática masculina. Pues no parece
del mercenario sólo movido por el afán de haber duda de que estos grandes genios o
lucro en cualquiera de sus variantes: villano, grandes criminales parecen encarnar el arque-
aventurero, sicario, gorrón, esquirol. Y entre tipo de la masculinidad, en mayor medida
ambos extremos se sitúan otras figuras ambi- incluso que otras figuras carismáticas que se
valentes, como el trabajador, el profesional, sitúan entre ambos extremos, como la del
el funcionario, el militar, el deportista, etc., líder revolucionario o el profeta religioso.
compartiendo todas ellas la característica del Una masculinidad perversa que, dejando al
luchador que ha de enfrentarse al peligro tra- margen la excluida comunidad gay, también
tando de vencerlo para imponerse a él. anida en aquellos monstruos menores que en
su vida cotidiana abusan sin escrúpulos de
El repertorio de los patriarcas u hombres de los más débiles de forma solapada e impune,
poder también es muy variado. A pequeña practicando la mediocre banalidad del mal.
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REPRESENTACIONES SOCIALES DE LA MASCULINIDAD Y LA FEMINIDAD

3. Códigos de feminidad tica de la crianza y a la ética del cuidado, tan


ponderada por las feministas de la diferencia
Pasemos ahora al repertorio de códigos feme- como Gilligan (1985), un cuidado que debe
ninos, utilizando para ello el mismo esquema prestar con entrega altruista y desinteresada
triádico extraído de Lévi-Strauss y Hirsch- a su marido e hijos, así como por extensión
man. En mi libro Medias miradas (Gil Calvo, a todos los demás miembros de su familia.
2000) tuve ocasión de exponer la tríada feme- De ahí el deber de fidelidad que se espera
nina virgen-madre-puta, según terminología de novias o esposas, el espíritu de sacrificio
prestada del título de la psicoanalista Estela que se espera de madres o abuelas y la pie-
Weldon, que también podría denominarse dad filial que se exige a hijas o hermanas. Y
mejor como chica-madre-bruja y que es simé- por último la puta o bruja representa la voz
tricamente análoga a la masculina de héroe- porque la suya es una práctica subversiva y
patriarca-monstruo. Y sus respectivos papeles transgresora que viola las reglas de juego y
pueden definirse en los mismos términos del desafía el poder simbólico impuestos a todas
triángulo culinario crudo/cocido/podrido: la las mujeres por el orden familiar patriarcal.
virgen (la chica: girl) es la mujer libre sexual-
mente disponible para el emparejamiento Por lo tanto, esta tríada de chica/madre/puta
legítimo; la madre es la mujer comprometida implica un claro paralelo con su homóloga
con la familia del cónyuge que la monopoliza masculina de héroe/patriarca/monstruo. De
sexualmente; y la puta (bruja, perra, zorra, este modo, si los héroes compiten entre sí
etc.) es la mujer sexualmente estigmatizada como hombres de acción, las chicas com-
por la autoridad patriarcal a la que se prohíbe piten entre sí como mujeres en exposición
emparejarse legítimamente por haber trasgre- que rivalizan por llegar a ser mujeres de
dido el orden familiar. relación, y para ello se exponen a todas las
miradas como espectáculos atractivos u obje-
Si ahora traducimos este triángulo al esquema tos de admiración a la espera de ser nomi-
de Hirschman obtenemos otra versión aná- nadas como candidatas al emparejamiento,
loga. La virgen premoderna representa la esperando establecer con alguien relaciones
opción de salida en el sentido de que es formales de acceso sexual exclusivo mutua-
objeto del intercambio exogámico entre las mente consentido. De igual modo, si los
familias patriarcales: sale de la familia de su patriarcas son hombres de poder, las madres
padre para ingresar en la familia de su futuro son señoras o dueñas de casa, en la medida
marido. Y en cuanto a la chica moderna, en que deben dirigir y administrar toda la
hoy es una competidora que busca su mejor infraestructura material y moral de la vida
salida personal tratando de ascender social- hogareña, doméstica y familiar. Y si los
mente mediante el estudio, el trabajo y el monstruos son hombres de (mal) genio, las
amor. Para ello debe competir con las demás putas o las brujas son mujeres de cuidado,
jóvenes rivales buscando activamente carrera, mujeres peligrosas, mujeres de armas tomar
empleo y pareja en los mercados académicos, o mujeres de vida airada, que amenazan con
profesionales y matrimoniales, lo que exige llevar a la perdición a los hombres débiles o
salir fuera del hogar participando en los mis- blandos que se colocan bajo su dominio.
mos rituales de cortejo y galanteo que com-
parte con sus coetáneos: una práctica que hoy Y cada una de estas formas de ser mujer
incluye ejercicios de competición académica, posee su propio repertorio de múltiples
laboral y profesional, además de amorosa. variantes que divergen entre sí. Comen-
zando por las chicas competidoras que riva-
La madre representa la lealtad porque su fun- lizan en busca de salida, tenemos ante todo
ción es dedicarse a tiempo completo a la prác- a la menor inmadura, novia casta o virgen
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propiamente dicha, necesitada de protec- persistir. De ahí que sus representantes de


ción y tutela por parte de alguna figura carne y hueso sean insustituibles, aunque
masculina (padre, tío o hermano mayor). tengan la mala fama de la suegra o de la
Pero casi siempre, esta imagen de virgen abuela, figuras dominantes de la edad pos-
insignificante por asexuada tiende a modi- menopáusica que, gracias a la labor de auto-
ficarse para conducir a dos extremos contra- ras como Fisher o Brizendine, hoy recobran
puestos. De un lado, la víctima inerme e un prestigio desaparecido que jamás debie-
indefensa, que ha sufrido o corre el riesgo ron perder.
de sufrir toda clase de ataques, abusos y
sevicias, como el maltrato, la violación o Y, por último, está el tercer tipo maldito,
la tortura. Es el caso de la virgen-mártir o, estigmatizado y transgresor de la puta, la
en nuestros días, de la anoréxica, víctima bruja o la zorra, con variantes tan nume-
propiciatoria que protagoniza la publicidad rosas como los otros dos. Ante todo está
y las pasarelas porque provoca la morbosa por supuesto la femme fatale o vampiresa
lubricidad de las fantasías violadoras. Y en seductora como Lulú, arquetipo cinemato-
el polo opuesto, la chica moderna, que ha gráfico de la mala perversa y devoradora de
de ser tan dinámica y competitiva como las hombres que rompe todos los hogares con
amazonas andróginas, siempre dispuesta a el hechizo fascinante de su displicente des-
competir en pie de igualdad con chicos y dén. Después aparecen la adúltera o esposa
chicas para superar a todos en los juegos de infiel, como Mme. Bovary, y la mala madre:
destreza formal (las modas) o académica (las la madre castradora, la madre indigna o la
oposiciones). Y entre una y otra aparece la madre perversa, como Fedra o como Medea.
guapa o la buena de las películas, que suele Luego viene la machorra hombruna en sus
ser una chica atractiva y adorable adornada dos vertientes, la lesbiana donjuanesca que
con los signos que anuncian su futura meta- compite con los hombres seduciendo muje-
morfosis como madre nutricia. res y la mujer dominante capaz de impo-
nerse a sus parejas llevando en casa los pan-
Respecto al tipo de la madre, también apa- talones. Y finalmente, por debajo de todas
recen diversas variantes. Está por supuesto la estas figuras malditas revestidas de presti-
madonna de la iconografía cristiana, figura gio literario están las pobres putas de carne
de crianza que sostiene amorosamente a un y hueso, humilladas y explotadas por sus
bebé junto a su pecho, de gran éxito actual proxenetas como víctimas representativas
en los anuncios publicitarios. Luego está la de toda una serie de mujeres marginadas
señora, la gran dama elegante que exhibe el y socialmente excluidas que han perdido
estatus y el rango representativo del marido su legitimidad (madres separadas, madres
que le transfiere su misma posición social, adolescentes, viudas sin derechos), a las que
posición que ella debe realzar con dominio todos maltratan, vejan y desprecian con
de sus habilidades sociales como anfitriona la justificación de que son malas mujeres,
cuando recibe a los invitados desde el salón indignas de respeto y por ello carentes de
de su casa. Y por fin está la matrona, autén- derechos como personas.
tica madre-coraje que dirige la vida de los
suyos, se sacrifica incansablemente por ellos
y sale en su defensa cuando las cosas vienen 4. Asimetrías de género
mal dadas. Esta figura es quizá menos deco-
rativa que las otras, pero constituye la auten- ¿Qué relaciones se establecen entre estos
tica espina dorsal de la estructura familiar, códigos masculinos y femeninos? En princi-
pues sin su resistencia, liderazgo y fuerza de pio, parece darse un equilibrio complemen-
voluntad las familias concretas no lograrían tario entre los vértices homólogos de uno y
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otro género. Así, los héroes protegen y cor- edad mientras dependan de la familia, otros
tejan a las vírgenes esperando que ellas acep- familiares acogidos a su cargo, entre los que
ten convertirse en sus novias; los patriarcas destacan las nueras especialmente, así como
se casan con sus esposas y las convierten en el servicio doméstico, si lo hay. Pero esta
madres y señoras de su casa; y por último, autoridad de las matronas sólo es ejercida de
tanto los monstruos como las putas son mal- forma delegada, pues quien ostenta su titula-
decidos, están proscritos y suelen ser castiga- ridad es el marido y padre, o sea el patriarca.
dos. Pero a poco que se mire se advierte que De tal modo que sólo cuando éste se ausenta,
estas relaciones no son enteramente simétri- en condiciones de separación o viudedad,
cas en ninguno de los tres ángulos. pueden las matronas ejercer el poder real.

Y donde mejor se observa la asimetría es Lo peor de esta delegación del poder patriar-
en el ángulo maldito de la transgresión. Es cal, que las mujeres sólo pueden ejercer
verdad que ciertos transgresores masculi- vicariamente como matronas, es que resulta
nos son castigados, como los notorios cri- asimétrica, pues sólo puede transmitirse de
minales múltiples, pero muchos otros no lo hombres a mujeres, pero nunca a la inversa.
son, por ejemplo los delincuentes de cue- Los varones detentan el poder de transmitir
llo blanco. Además, otros héroes malditos su propio estatus a sus parejas e hijos, siem-
resultan socialmente recompensados con un pre que unas y otros sean reconocidos por
elevado prestigio cultural, como sucede con ellos como legítimos, pero esto no ocurre a
los grandes artistas y otros genios creadores la inversa. De ahí que antes eran exclusiva-
que se comportan en su vida privada como mente los varones quienes podían repudiar a
auténticos monstruos. Nada de esto ocurre sus esposas e hijos, retirándoles su reconoci-
en el vértice femenino de la maldad, pues si miento de legitimidad. Es verdad que esto
descontamos algunas excepciones notorias ahora ya no es así, pues hoy son las esposas
del mundo del espectáculo (ciertas estrellas quienes toman mayoritariamente la inicia-
de cine, pocas top models, grandes divas de tiva del divorcio. Pero se sigue manteniendo
la música lírica o popular), lo cierto es que la asimetría del vínculo conyugal, que per-
todas las transgresiones femeninas resultan mite transmitir el estatus social en una sola
culturalmente reprobadas y socialmente cas- dirección, de hombre a mujer y de padre a
tigadas. Y por si esto fuera poco, del juicio y hijos. Al casarse, las esposas se convierten en
castigo de las transgresoras se encarga exclu- “señoras de” su marido, accediendo al mismo
sivamente el poder masculino, representado estatus de sus cónyuges, pero esto no ocurre
por los patriarcas y los agentes de la autori- a la inversa, como revela el ejemplo de reinas
dad. No son las madres, hermanas o rivales o primeras damas, que comparten la realeza
quienes castigan a las mujeres malvadas, sino y la presidencia, mientras nada de esto ocu-
que siempre lo hacen sus padres y hermanos, rre con los maridos consortes, que no com-
sus novios o maridos, sus compañeros o ami- parten nada.
gos, ejerciendo contra ellas su violencia real
o simbólica. Este carácter asimétrico de la institución
del matrimonio ha hecho que esté entrando
También es asimétrico, aunque quizá no en decadencia y franca regresión, pues se
tanto, el vértice de la autoridad, ocupado contradice con el ideal moderno del amor
por matronas y patriarcas. Es en este ángulo romántico como unión simétrica entre libres
donde las mujeres gozan de mayor poder, e iguales (ideología de las dos medias naran-
que ejercen a veces de forma muy dominante jas). Por eso en la Europa nord-occidental las
sobre todas las personas sometidas a su auto- uniones informales entre cohabitantes están
ridad: hijos sólo menores, hijas de cualquier superando a los enlaces matrimoniales, y la
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mayoría de los nacimientos son ya extra- recer o primar su ascenso hasta los cargos
conyugales. Lo que no parece haber mejo- revestidos de autoridad. Son las leyes asi-
rado significativamente la simetría entre métricas de paridad, concesiones del poder
los miembros de la pareja, pues una buena masculino a la voluntad femenina de ascenso
parte de los padres-maridos actuales tienden igualitario, que equivalen al modo en que el
a incumplir sus compromisos familiares tra- vínculo conyugal hace posible que el esta-
tando de evadirse de ellos. tus se transmita de los hombres a sus parejas
pero no a la inversa.
Es el gran problema emergente de la ausen-
cia paterna, que ha determinado un gran Respecto al vértice de las relaciones de
incremento compensatorio de la familia competencia y rivalidad entre héroes y
matrifocal, dirigida por esas nuevas matro- amazonas o chicos y chicas, sin duda es aquí
nas que son las madres separadas y solteras donde más ha avanzado la voluntad polí-
que cargan a solas con el peso de la respon- tica de igualdad entre ambos géneros. Hoy
sabilidad familiar. Fenómeno que a su vez la competencia escolar, académica, laboral
ha provocado como consecuencia reactiva el y profesional está absolutamente abierta a
aumento de la violencia de género dirigida todos, mujeres y hombres, por lo que puede
contra las mujeres (aparentemente mayor decirse que en este campo, y aunque per-
en las uniones privadas entre cohabitantes, sistan ciertas asimetrías residuales (segrega-
según observa Gerardo Meil (2003), como ción ocupacional, discriminación salarial),
peor efecto perverso del backlash denunciado las relaciones entre unas y otros ya se han
por Susan Faludi (1993). Todo lo cual viene hecho casi completamente equilibradas,
a demostrar que estamos muy lejos todavía equiparables y equitativas. Es verdad que
de alcanzar la simetría paritaria entre los todavía subsiste por parte femenina una
poderes relativos de que disponen matronas cierta aversión al riesgo de discriminación
y patriarcas, como si la autoridad familiar y divorcio, lo que lleva a muchas mujeres
hubiera de ser necesariamente masculina y a protegerse con políticas de seguridad
las mujeres sólo pudieran ejercerla de forma (sobretitulación académica, subempleo pro-
vicaria, otorgada por delegación viril. fesional, preferencia por la función pública).
Pero hay fuerte tendencia hacia el ascenso
Todo esto sugiere que la idea de que la asi- de la competitividad femenina en todas las
metría del vínculo conyugal se extiende áreas y profesiones.
también a las demás posiciones revestidas
de autoridad, ya sea pública o privada. Es Por lo tanto, si queremos buscar en este vér-
verdad que hoy las mujeres pueden acceder tice la persistencia de desigualdades y asime-
en igualdad de condiciones con los varones trías tendremos que prescindir del campo de
a todos los puestos institucionales dotados la competencia profesional para centrarnos
con poder de decisión: empresariado, cargos en otros terrenos de juego. Y aquí destacan
directivos de nivel ejecutivo, cuadros inter- dos campos relacionados entre sí, pues ambos
medios, administración pública, función derivan de la cultura del cortejo, como son el
ministerial, judicatura, liderazgo político, culto al cuerpo y el culto al amor (o empa-
etc. Pero todo parece indicar que existe un rejamiento), donde aparecen claras especiali-
invisible techo de cristal, operado por las zaciones asimétricas entre uno y otro género.
redes masculinas de complicidad y ayuda Comenzando por el cultivo corporal, chicos
mutua, que les frena o les impide el paso y chicas prestan una dedicación desmedida a
para lograr la plena equiparación en poder sus estilos de vida y demás prácticas corpora-
y autoridad, por lo que necesitan la ayuda les, desde alimentos, bebidas y drogas hasta
otorgada por sus pares masculinos para favo- vestimenta, accesorios y una gran variedad
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REPRESENTACIONES SOCIALES DE LA MASCULINIDAD Y LA FEMINIDAD

de ejercicios físicos. Pero las chicas se cen- A esto se añade que las jóvenes de hoy,
tran sobre todo en el baile, las tiendas y el mucho más escolarizadas que sus coetáneos
mundo de la moda y la belleza, prestando masculinos, ya no están dispuestas a mante-
gran atención mimética a las modelos de ner relaciones de pareja basadas en la sumi-
pasarela. Mientras que los chicos centran sión machista con segregación de roles. Esto
todo su interés en la música, el mundo del se traduce en un sostenido descenso de la
motor, los deportes de competición, la por- nupcialidad, explicable, al modo feminista,
nografía y el cine de violencia y terror. Lo por que las chicas de hoy buscan novios igua-
cual predispone a las chicas a convertirse litarios que aún no existen mientras que los
en espectáculos visuales expuestos al deseo chicos siguen buscando novias sumisas que
ajeno mientras convierte a los chicos en con- ya no existen. De ahí que las relaciones de
sumidores adictos a las prácticas de riesgo, pareja se formen manteniendo intacta la
como corresponde a su vocación de hombres vieja hipergamia de edades, pues las chicas
de acción. eligen emparejarse con chicos mayores que
ellas por creerlos más maduros y responsa-
Esta asimetría de sus ejercicios corporales bles, mientras éstos prefieren hacerlo con
tiende a transmitirse a su actitud ante el chicas menores que ellos esperando domi-
emparejamiento amoroso. La inercia cultu- narlas con el poder de su mayor edad. Lo cual
ral predispone a los chicos a la promiscuidad viene a reproducir la asimetría del empare-
moralmente ambivalente que les hace ena- jamiento que antes vimos institucionalizada
morarse de las chicas sexualmente inacce- en el vínculo matrimonial y que ahora sigue
sibles; mientras que éstas, por el contrario, aflorando bajo el signo del amor informal.
tienden a enamorarse del amor, perdiendo la
cabeza por el chico que las domine y las sub- Así explica Bourdieu (2000) que persista
yugue emocionalmente. Pero la precocidad casi intacta lo que él llama la dominación
actual de las relaciones sexuales a prueba se masculina, pues lo que aman los chicos es
ha generalizado entre los dos géneros, por lo participar activamente en las competiciones
que cada vez hay mayor simetría en materia o juegos de poder que les enfrentan a sus
de permisividad sexual, por más que las chi- pares y rivales, mientras que las chicas aman
cas sigan prefiriendo el sexo cuando va unido presenciar las rivalidades masculinas como
al amor mientras que los chicos continúan espectadoras pasivas, enamorándose de los
prefiriendo practicarlo sin compromisos vencedores que superan con éxito el juego
amorosos. dominante del poder.

Referencias
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